miércoles, 31 de diciembre de 2025

Europa socava el proceso de paz": lo dice un medio occidental

- Sputnik Mundo, 1920 Conduce Javier Benítez. "Europa socava el proceso de paz": lo dice un medio occidental La reunión, a mediados de diciembre, de líderes europeos en Berlín es una prueba más de que la Unión Europea busca socavar el proceso de negociación para un acuerdo de paz en el conflicto ucraniano. Así lo entiende el periódico 'Berliner Zeitung' en una reciente publicación, en la que hace una radiografía de la conducta de los líderes europeos. La verdad ya es inocultable Según el medio, lo que los europeos intentan vender como "política de paz activa" no es, desde la perspectiva de Moscú y Washington, más que "ruido informativo". Los políticos que, "sin embargo, promueven la idea de introducir tropas occidentales en Ucrania se arriesgan deliberadamente a bloquear todo el proceso", señaló el periódico, agregando que "Europa declara su apoyo a la paz y la diplomacia, pero en la práctica socava el proceso que podría conducir a un compromiso duradero, aunque incómodo". "Europa elude cualquier responsabilidad compartida en la toma de decisiones difíciles, pero al mismo tiempo contribuye a que estas decisiones no se tomen en absoluto. Europa se pierde una vez más en la política simbólica, y la reunión de Berlín es el mejor ejemplo de ello", enfatiza el artículo. Para el doctor en Relaciones Internacionales Alberto Hutschenreuter, este análisis del medio alemán "es bastante acertado". "Porque Europa está 'jugando' con algo que puede ser muy riesgoso. Europa debería pensar en una estructura de seguridad con Rusia, pero en una auténtica estructura de seguridad con Rusia, no en una estructura de seguridad como pasó en los 90 [década de 1990] con la Asociación para la Paz, el Consejo de OTAN–Rusia, etc., que en los papeles sonaba muy bien porque Rusia iba a participar en los debates. Pero después era bastante formal la participación de Rusia. Entonces, para mí, el objetivo de Europa, en lugar de estar 'jugando' a la guerra, debería estar pensando en una estructura de seguridad con Rusia a partir de un acuerdo en Ucrania", concluye Hutschenreuter.

martes, 30 de diciembre de 2025

Irán y el precio de la soberanía: ¿qué se necesita para no ser un Estado cliente?

Recomiendo: Irán y el precio de la soberanía: ¿qué se necesita para no ser un Estado cliente? Por Behrooz Ghamari-Tabrizi | 29/12/2025 | Mundo Fuentes: Voces del Mundo [Foto: Un hombre sostiene un retrato del ayatolá Alí Jamenei (EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH)] El 12 de junio de 2025, por primera vez en más de veinte años, la junta de gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) aprobó una resolución en la que declaraba que Teherán estaba incumpliendo sus obligaciones en materia de no proliferación. Al día siguiente, el 13 de junio, aviones de combate israelíes iniciaron una campaña de bombardeos sobre Teherán y otras ciudades importantes de Irán. Con la ayuda de sus aliados dentro del país, asesinaron a altos mandos militares, mataron a destacados científicos nucleares en sus residencias junto con sus familias, bombardearon la reunión del gabinete en Teherán, hiriendo al presidente, bombardearon indiscriminadamente zonas residenciales urbanas e incluso atacaron la prisión de Evin, donde se encuentran recluidos la mayoría de los presos políticos. Estados Unidos proporcionó información de inteligencia, repostó sus aviones de combate en pleno vuelo y, finalmente, entró directamente en la guerra bombardeando las instalaciones de enriquecimiento nuclear iraníes con armas antibúnker. Este ataque israelí no provocado se produjo en medio de unas negociaciones aparentemente constructivas entre Irán y Estados Unidos en Roma y Mascate. El ataque del viernes 13 se produjo justo antes de que ambos países se reunieran el domingo 15 para ultimar un marco para nuevos acuerdos sobre el programa de enriquecimiento iraní. En total, cerca de 1.000 personas murieron en los ataques israelíes, miles resultaron heridas y cientos de familias perdieron sus hogares. No hay pruebas sólidas de que la junta de la AIEA coordinara la publicación de su informe con los israelíes. Pero la sospechosa coincidencia entre el momento de la publicación del informe y los ataques israelíes da credibilidad a las afirmaciones de la República Islámica de que algunos de los inspectores de la AIEA espiaban para Israel. En su informe, la AIEA desenterró cuestiones de hace veinte años sobre partículas altamente enriquecidas encontradas en tres emplazamientos iraníes. El argumento a favor del incumplimiento iraní se basa principalmente en la conclusión de la Agencia de que «estas ubicaciones no declaradas formaban parte de un programa estructurado y no declarado llevado a cabo por Irán hasta principios de la década de 2000, y que algunas de estas actividades utilizaban material nuclear no declarado» (el énfasis es mío). En el informe se ocultó el hecho de que la AIEA no ha encontrado pruebas de ningún programa de armamento ni componente militar en las actividades nucleares iraníes. Solo unos días después de los ataques, el director general de la AIEA, Rafael Grossi, reiteró que «Irán no ha perseguido activamente la obtención de armas nucleares desde 2003». Israel utilizó el informe de la AIEA para legitimar sus ilegales acciones militares. Sin embargo, ese ataque total se había estado preparando durante meses, cuando no años. No pudo haberse lanzado simplemente en respuesta al informe de la AIEA. Durante más de dos décadas, desde que se estableció uno de los regímenes de inspección más intrusivos sobre el programa de enriquecimiento iraní, la AIEA no había citado a Irán por incumplimiento de sus obligaciones. Esto no era algo sin precedentes. En la década de 1990, la Comisión Especial de las Naciones Unidas (UNSCOM, por sus siglas en inglés), cuyo mandato era eliminar el programa de armas de destrucción masiva de Iraq, colaboró estrechamente con las agencias de inteligencia estadounidenses. A través de la UNSCOM, durante la administración Clinton, la CIA llevó a cabo ambiciosas operaciones de espionaje para infiltrarse en los aparatos de inteligencia y defensa iraquíes. Ahora, la llamada guerra de los doce días ha terminado. Los iraníes han vuelto a la devastadora violencia perpetua de las sanciones lideradas por Estados Unidos y los asesinatos selectivos del Mossad. La administración Trump y sus aliados europeos han pedido a Irán que acepte su derrota, se rinda incondicionalmente y «regrese» a la mesa de negociaciones. Le piden a Irán que desmantele su tecnología nuclear, detenga la producción de su programa de misiles avanzados, cese su apoyo a la causa palestina y ponga fin a su red conocida como el «eje de la resistencia» contra el expansionismo israelí y estadounidense. En otras palabras, que se convierta en un Estado cliente. Irán es uno de los pocos frentes que quedan de desafío contra la postura extorsionadora estadounidense y la carnicería israelí que ha envuelto a Oriente Medio. Ese desafío tiene un precio muy alto. Estados Unidos desea volver a la alineación de Oriente Medio anterior a la revolución de 1979, con Irán como un Estado cliente que proteja los intereses estadounidenses en la región. Durante más de cuatro décadas este objetivo ha determinado la posición estratégica de Estados Unidos hacia Irán. Las sucesivas administraciones estadounidenses han aplicado esta política con campañas de intimidación, la construcción de más de una docena de bases aéreas y navales permanentes en la región, sabotajes, amenazas militares, sanciones draconianas y, en última instancia, bajo la administración Trump, el bombardeo de instalaciones de enriquecimiento nuclear. Estados Unidos no aspira necesariamente a devolver al poder a la monarquía prerrevolucionaria, aunque la CIA utiliza al hijo del derrocado sha como espantapájaros en sesiones fotográficas. Pero busca instaurar un Estado que carezca de la autoridad necesaria para desafiar la influencia regional estadounidense, un Estado sin soberanía. A falta de eso, tal vez un Estado fallido sirva… Estados Unidos ha rodeado Irán con bases militares permanentes para contener cualquier influencia que la República Islámica pueda ejercer en la política regional. El objetivo declarado del Gobierno israelí ha sido el derrocamiento de la República Islámica y la balcanización de Irán. Los israelíes, con la ayuda de sus partidarios estadounidenses y europeos, desean explotar la composición multiétnica de Irán, en particular los kurdos, azeríes y baluchis, y profundizar las tensiones entre las minoritarias comunidades suníes minoritarias y la clase chií gobernante para replicar un modelo sirio/libio de Estado fallido. Desde el final de la guerra entre Irán e Iraq en 1988, el Mossad y los estrategas de las Fuerzas de Defensa de Israel han ideado y ejecutado diversos planes para infiltrarse en los grupos minoritarios de la oposición con el fin de fomentar los disturbios étnicos y dividir Irán. Israel también apoya a los partidos de la oposición, en particular al Mojahedin-e Khalq (MEK) y a las organizaciones monárquicas del hijo exiliado del difunto sha, con inteligencia, fondos y una vasta red de propaganda para crear inestabilidad dentro del país. La aparición del MEK como representante sionista y mercenario del proyecto neoconservador estadounidense muestra lo profundamente que se ha transformado la política de Oriente Medio desde la revolución de 1979. El MEK, una organización revolucionaria de izquierda y antiimperialista en la década de 1970, acoge ahora a John Bolton y Rudy Giuliani como oradores principales en sus convenciones. El ataque no provocado de Israel contra Irán el 13 de junio de 2025 fue posible principalmente gracias al entrenamiento de comandos iraníes por el Mossad dentro del país. Estos sabotearon o destruyeron con éxito las defensas aéreas iraníes antes de los ataques israelíes y permitieron que los aviones de combate israelíes volaran libremente por los cielos iraníes. La guerra de doce días contra Irán produjo dos resultados inesperados importantes. Con su superioridad aérea y su capacidad para decapitar el aparato militar y de inteligencia iraní, los israelíes esperaban un rápido desmantelamiento del régimen. Estaban tan seguros de sí mismos que enviaron un mensaje de voz a los principales líderes militares al comienzo de las operaciones ordenándoles que dimitieran o serían asesinados junto con toda su familia. El mensaje, filtrado al Washington Post y escuchado en farsi, advertía: «Les advierto que tienen doce horas para escapar con sus esposas e hijos», dijo un agente de inteligencia, cuya voz había sido alterada en la grabación. «De lo contrario, están en nuestra lista ahora mismo». Los líderes militares iraníes no solo rechazaron ese «consejo», sino que reunieron a su estructura de mando herida y lanzaron formidables ataques con misiles de contraofensiva. Irán infligió una destrucción sin precedentes en el interior de Israel, lo que obligó a los israelíes a pedir a Estados Unidos una participación más directa en la guerra. Ante el alarmante agotamiento de sus interceptores antimisiles, los israelíes suplicaron un alto el fuego inmediato. Una semana después del inicio de la guerra, Irán logró romper el sistema de defensa aérea israelí «Cúpula de Hierro», supuestamente impenetrable. El segundo acontecimiento inesperado de la guerra de doce días fue la forma en que los iraníes se unieron en torno a la bandera. Las debilitantes sanciones y el capitalismo clientelar que han fomentado han provocado graves dificultades económicas para la mayoría de los iraníes. Los israelíes creían que su ataque convertiría esas dificultades y la corrupción económica rampante de las clases dirigentes en protestas masivas contra la República Islámica. Además, el orden político parecía especialmente vulnerable tras las protestas de «Mujeres, Vida, Libertad» que se prolongaron durante un año. Los estrategas israelíes creían que la discordia social en torno a la política de género en Irán resurgiría tras la campaña de bombardeos. Ese cálculo resultó erróneo; de hecho, las cosas funcionaron en sentido contrario. Atacar Irán con bombas de fabricación estadounidense, lanzadas desde aviones de combate de fabricación estadounidense, que caían sobre las casas y los barrios de la población, reavivó el sentimiento nacionalista y solo dio credibilidad a la larga caracterización de la República Islámica de Estados Unidos e Israel como amenazas existenciales. La percepción pública de que el líder supremo está plagado de una «paranoia ciega» hacia las potencias occidentales ya no podía mantenerse. Esa fugaz sensación de solidaridad podría no durar. Pero el cálculo de que los iraníes estaban dispuestos a aceptar cualquier cosa menos la República Islámica resultó ser prematuro. Durante varias décadas, las agencias de inteligencia occidentales promovieron la idea de que el ayatolá Jamenei sufre un caso crónico de paranoia y cree que Estados Unidos e Israel están conspirando para derrocar a la República Islámica. Este tipo de imágenes se utilizan habitualmente en los medios de comunicación occidentales para representar la mentalidad paranoica de Jamenei. Como suele ocurrir, tras el cese de los combates, comenzó una guerra de relatos. El presidente Trump afirmó que las bombas estadounidenses habían aniquilado las instalaciones nucleares iraníes y obligado al régimen iraní a aceptar su inevitable derrota. Pidió a la República Islámica que se rindiera sin condiciones y aceptara la exigencia estadounidense de cerrar sus programas de enriquecimiento. Los israelíes celebraron la demostración pública de su poderío militar y su capacidad de inteligencia sin revelar el alcance de los daños causados por los ataques con misiles iraníes. Irán demostró que no es otro Iraq, Siria o Libia y que puede resistir el ataque de dos potencias nucleares. Demostró que puede responder y que lo hará con su propio poderío militar. La guerra de relatos determina cuáles serán los próximos pasos en el conflicto entre Irán e Israel y sus aliados occidentales. Estados Unidos, Israel y sus tres socios dispuestos, la troika formada por Reino Unido, Alemania y Francia, han dejado claro que Irán se enfrenta a dos opciones, y que ambas conducirán al estatus de cliente que exige Estados Unidos. Cuando piden a Irán que «vuelva» a la mesa de negociaciones, sin importarles que Irán nunca la haya abandonado, ni que Israel tenga la costumbre de asesinar a los negociadores, lo que quieren decir es que Irán debe someterse a sus condiciones: detener el programa de enriquecimiento, cerrar su producción de misiles y poner fin a sus relaciones con sus aliados en la región. En mayor o menor medida, los grupos de la oposición iraní han intentado aprovechar los ataques israelíes para promover su propia agenda. Los monárquicos, el MEK y otros defensores de la intervención militar creen que la República Islámica está al borde del colapso y que Occidente debe actuar con rapidez para derrocar al régimen de Teherán. Sus miembros colaboraron con el Mossad y promovieron esa colaboración como su misión patriótica para liberar a Irán del yugo de la República Islámica. Tras la guerra, una coalición de grupos y personalidades que han estado trabajando desde dentro del orden político existente para transformar la República Islámica, el Frente Reformista de Irán, emite un comunicado en el que sostiene que la única solución para superar la crisis actual es aceptar los términos y condiciones propuestos por Estados Unidos. La declaración pide una serie de reformas, como la liberación de los presos políticos, el respeto de la libertad de expresión, la revisión de las leyes que promueven la discriminación de género, elecciones libres y políticas anticorrupción. Son demandas que deben respetarse. Hay muchos actores políticos y de la sociedad civil que se han organizado en torno a esas demandas y han obtenido éxitos considerables en esos frentes en las últimas décadas. Muchos de esos actores han pagado un alto precio por su activismo, desde largas penas de prisión hasta el exilio o cosas peores. Lo preocupante de la declaración es que une estas preocupaciones legítimas con la forma en que sitúa a Irán en el orden mundial existente: Irán como el paria. Irán debe poner fin a su hostilidad hacia el orden mundial existente, afirma la declaración, ¡y acabar con su aislamiento internacional! Pero ¿cómo se logra ese objetivo y qué condiciones debe cumplir la República Islámica para ser aceptada en ese orden mundial? ¿Hay lugar en ese orden mundial para una nación que se niega a ser un Estado cliente? Un número considerable de quienes han trabajado desde dentro de las clases dominantes para reformar el orden político, así como muchos intelectuales públicos, suscriben este relato hegemónico que sostiene que: (a) las amenazas de guerra contra Irán disminuirán si la República Islámica inicia una reforma estructural significativa para garantizar las libertades civiles y consiente en celebrar elecciones libres y justas; (b) Irán debe respetar el orden internacional existente y acatar sus leyes y convenciones; (c) la República Islámica es la fuente de inestabilidad en la región y debe detener su programa de enriquecimiento, degradar su capacidad militar, abandonar a sus aliados regionales, «el eje de la resistencia», y reconocer al Estado de Israel, sin responsabilizarlo por el genocidio en Gaza y por atacar a Irán. No es necesario profundizar en la lógica que sostiene que el carácter autoritario de la República Islámica es el culpable de los ataques israelíes y las hostilidades estadounidenses hacia Irán. Si la represión en Irán hubiera perturbado la conciencia de los estrategas estadounidenses, los aliados de Estados Unidos en la región deberían haber sido las cunas de la democracia en Oriente Medio. La apropiación instrumental de la causa de los derechos humanos y las libertades civiles en Irán no es más que una cortina de humo para las ideologías expansionistas israelíes y estadounidenses. Por ejemplo, el 30 de septiembre de 2025, la cuenta Farsi X del Departamento de Estado de EE. UU. publicó una foto de la presa política Pakhshan Azizi en la que colocaron una bandera estadounidense y el sello del Departamento de Estado, pedían a Irán que revocara su sentencia de muerte y la liberara de inmediato. El mensaje original del Departamento de Estado en inglés también instaba a la República Islámica a respetar los actos pacíficos de protesta y a dejar de perseguir a los kurdos y otras minorías étnicas por sus legítimas reivindicaciones contra la discriminación. Cartel del Departamento de Estado de EE. UU., en el que reza: Pedimos al régimen iraní que detenga la ejecución de Pakhshan Azizi y la libere de inmediato. Mensaje de Pakhshan Azizi desde la cárcel: Estados Unidos debe poner fin a su belicismo, sus ataques militares y sus crímenes en la región. Pakhshan Azizi es una trabajadora social kurda que ha prestado activamente servicios sociales y asesoramiento a víctimas del ISIS en el noreste de Siria. Regresó a Irán y fue detenida en el verano de 2023 acusada de pertenecer a un grupo armado kurdo. Fue condenada a muerte por un tribunal de primera instancia y está a la espera del resultado de su recurso. En respuesta al llamamiento del Departamento de Estado de los Estados Unidos para que sea puesta en libertad, desde su celda en el corredor de la muerte de la prisión de Evin, envió un mensaje en el que rechazaba la siniestra instrumentalización estadounidense de su caso. Rechazo todas las acusaciones infundadas que se me imputan y estoy en proceso de apelar la injusta sentencia de muerte dictada por el poder judicial. También me gustaría referirme a la reciente declaración del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que parecía expresar su apoyo hacia mí. Si el Gobierno de los Estados Unidos cree verdaderamente en los principios de los derechos humanos y la humanidad, debe poner fin primero a su belicismo, agresión y crímenes en la región. También debe poner fin a su apoyo explícito al régimen sionista, que comete genocidio contra el pueblo de Gaza. Durante décadas, Estados Unidos ha impuesto sanciones y bloqueos económicos que han causado un inmenso sufrimiento y dificultades a personas inocentes. Si Estados Unidos valora genuinamente la dignidad humana, debe poner fin a estas políticas inhumanas. También espero que el pueblo estadounidense se dé cuenta de que las declaraciones de su Gobierno están muy lejos de la compasión y el respeto genuino por los derechos humanos. (Traducido del farsi por Yassamine Mather). Desde casi la mañana siguiente a la revolución de 1979 que derrocó el régimen del sha los partidos de la oposición han abogado por un cambio de régimen, creyendo que los días de la República Islámica están contados. La oposición a la República Islámica ha adoptado muchas formas diferentes, incluidos movimientos sindicales organizados, campañas por las libertades civiles, la libertad de prensa, movimientos de mujeres por la igualdad de derechos y contra la discriminación de género. Pero siempre ha habido quienes han abogado por la intervención extranjera, desde la invasión iraquí de Irán en la década de 1980 hasta la última guerra israelo-estadounidense contra Irán. La guerra de doce días ofreció una nueva esperanza a aquellos intervencionistas que creen que la servidumbre al imperio es el precio de la libertad. El mensaje de Pakhshan Azizi reitera con fuerza que la lucha por la justicia social no puede encontrar su solución en la aquiescencia ante el imperio. Es curioso que se responsabilice únicamente a Irán de la inestabilidad regional y se pida a la República Islámica que respete los tratados y convenciones internacionales. No hay duda de que la República Islámica se niega a convertirse en un cliente de Estados Unidos, y esta negativa explica en gran medida cómo se resisten al dominio estadounidense en Oriente Medio y han estado compitiendo con los aliados de Estados Unidos, en particular con Israel, por la influencia en la región. Durante las últimas cuatro décadas Irán ha construido una coalición antisionista principalmente como proyecto disuasorio, más que expansionista. El apoyo de la República Islámica a la causa palestina se ha conformado siempre para dar prioridad a los intereses nacionales iraníes sobre la liberación de Palestina. A pesar de su retórica provocadora, Irán nunca ha cometido ninguna agresión contra Israel. De hecho, dentro del país, los defensores radicales de la causa palestina han criticado al Estado por su inacción ante las agresiones israelíes, como los asesinatos de científicos nucleares iraníes durante una década, el bombardeo del consulado iraní en Damasco, el asesinato del negociador jefe de Hamás, Ismael Hanieh, en Teherán, y diversos tipos de sabotajes en las infraestructuras iraníes. La exigencia orwelliana de que Irán respete las leyes internacionales, cuando Israel ha violado repetidamente la soberanía iraní y Estados Unidos ha bombardeado ilegalmente las instalaciones nucleares de Irán, no tiene ningún sentido, salvo pedir a Irán que capitule ante las condiciones estadounidenses e israelíes. Ningún otro país del mundo ha violado las leyes internacionales tantas veces como Israel y Estados Unidos. El orden mundial al que se obliga a Irán a adherirse exige una sumisión total a los intereses del imperialismo estadounidense. Como quedó patente con la publicación del plan de paz de Trump para Gaza, compuesto por 20 puntos, las negociaciones de la Administración Trump no tienen otro significado que «acéptalo o te aniquilaremos». Al igual que sus propuestas unilaterales a Irán, la Casa Blanca redactó la propuesta de paz para Gaza sin ninguna aportación de los palestinos. Revisaron la propuesta original tras consultar con Netanyahu y publicaron el borrador final como plan de paz sin contar con la otra parte del proceso de paz, los palestinos, en la mesa de negociaciones. Estados Unidos permitió a Netanyahu crear lagunas clave en el acuerdo para garantizar que Israel pueda continuar con su genocidio en Gaza, independientemente del acuerdo de «alto el fuego». En efecto, al igual que con Irán, Estados Unidos e Israel siguen la misma lógica política con Hamás: o se rinden o mueren. Esta lógica carece de garantías de que, si se rinden, no serán asesinados. Y para asegurar esta paz duradera han redactado un nuevo «mandato» para gobernar Palestina bajo el virreinato del ex primer ministro británico Tony Blair. La inquietante referencia a un «mandato» es otra muestra de las desenfrenadas ambiciones imperiales que persiguen Estados Unidos, Israel y sus aliados europeos. Muchos iraníes están agotados tras décadas de sanciones y un aparato estatal represivo al que las sanciones otorgan más legitimidad y longevidad. No es de extrañar que muchos dentro del país estén dispuestos a rendirse y aceptar cualquier acuerdo que les ofrezca Estados Unidos. En el país existe la conciencia de que la balcanización de Irán es una posibilidad real, al igual que los escenarios de «Estado fallido» de Libia, Siria e Iraq, con la desintegración total de la sociedad. Al mismo tiempo, seguir viviendo en el purgatorio de las constantes amenazas de guerra y destrucción, mientras se gestionan los efectos de las draconianas sanciones impuestas al país, ha empujado a amplios sectores de la clase política, los intelectuales públicos y la población en general hacia una política de resignación. No quedan buenas opciones para la República Islámica ni para los súbditos a los que gobierna. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha borrado momentáneamente la distinción entre el Estado y la nación. A medida que se desvanece la influencia unificadora de la guerra, los iraníes de todos los ámbitos de la vida se enfrentan a una privación y una disparidad económicas irresolubles, mientras que el asediado Estado lucha contra la avaricia sin límites del imperio estadounidense y sus compinches. Los iraníes deben desvincular la defensa de la soberanía del país de la lucha por la justicia social y las libertades civiles. Queda por ver si la soberanía iraní permanecerá intacta una vez que se calme la guerra. Eso si es que alguna vez se calma el polvo de la guerra con las ambiciones israelíes y el deseo de Occidente de tomar la pluma para redibujar el mapa de Oriente Medio. Behrooz Ghamari-Tabrizi es un historiador, sociólogo y profesor estadounidense nacido en Irán. Behrooz está afiliado al Instituto Elahé Omidyar Mir-Djalali de Estudios Iraníes de la Universidad de Toronto. Es expresidente del Departamento de Estudios del Cercano Oriente de la Universidad de Princeton y autor de Islam and Dissent in Postrevolutionary Iran (2008); Foucault in Iran: Islamic Revolution after the Enlightenment (2016); Remembering Akbar (OR/Books, 2016); y The Long War on Iran: New Events and Old Question (OR/Books, enero de 2025). Texto en inglés: CounterPunch, traducido por Sinfo Fernández. Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2025/12/25/iran-y-el-precio-de-la-soberania-que-se-necesita-para-no-ser-un-estado-cliente/ necesita para no ser un Estado clien Por Behrooz Ghamari-Tabrizi | 29/12/2025 | Mundo Fuentes: Voces del Mundo [Foto: Un hombre sostiene un retrato del ayatolá Alí Jamenei (EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH)] El 12 de junio de 2025, por primera vez en más de veinte años, la junta de gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) aprobó una resolución en la que declaraba que Teherán estaba incumpliendo sus obligaciones en materia de no proliferación. Al día siguiente, el 13 de junio, aviones de combate israelíes iniciaron una campaña de bombardeos sobre Teherán y otras ciudades importantes de Irán. Con la ayuda de sus aliados dentro del país, asesinaron a altos mandos militares, mataron a destacados científicos nucleares en sus residencias junto con sus familias, bombardearon la reunión del gabinete en Teherán, hiriendo al presidente, bombardearon indiscriminadamente zonas residenciales urbanas e incluso atacaron la prisión de Evin, donde se encuentran recluidos la mayoría de los presos políticos. Estados Unidos proporcionó información de inteligencia, repostó sus aviones de combate en pleno vuelo y, finalmente, entró directamente en la guerra bombardeando las instalaciones de enriquecimiento nuclear iraníes con armas antibúnker. Este ataque israelí no provocado se produjo en medio de unas negociaciones aparentemente constructivas entre Irán y Estados Unidos en Roma y Mascate. El ataque del viernes 13 se produjo justo antes de que ambos países se reunieran el domingo 15 para ultimar un marco para nuevos acuerdos sobre el programa de enriquecimiento iraní. En total, cerca de 1.000 personas murieron en los ataques israelíes, miles resultaron heridas y cientos de familias perdieron sus hogares. No hay pruebas sólidas de que la junta de la AIEA coordinara la publicación de su informe con los israelíes. Pero la sospechosa coincidencia entre el momento de la publicación del informe y los ataques israelíes da credibilidad a las afirmaciones de la República Islámica de que algunos de los inspectores de la AIEA espiaban para Israel. En su informe, la AIEA desenterró cuestiones de hace veinte años sobre partículas altamente enriquecidas encontradas en tres emplazamientos iraníes. El argumento a favor del incumplimiento iraní se basa principalmente en la conclusión de la Agencia de que «estas ubicaciones no declaradas formaban parte de un programa estructurado y no declarado llevado a cabo por Irán hasta principios de la década de 2000, y que algunas de estas actividades utilizaban material nuclear no declarado» (el énfasis es mío). En el informe se ocultó el hecho de que la AIEA no ha encontrado pruebas de ningún programa de armamento ni componente militar en las actividades nucleares iraníes. Solo unos días después de los ataques, el director general de la AIEA, Rafael Grossi, reiteró que «Irán no ha perseguido activamente la obtención de armas nucleares desde 2003». Israel utilizó el informe de la AIEA para legitimar sus ilegales acciones militares. Sin embargo, ese ataque total se había estado preparando durante meses, cuando no años. No pudo haberse lanzado simplemente en respuesta al informe de la AIEA. Durante más de dos décadas, desde que se estableció uno de los regímenes de inspección más intrusivos sobre el programa de enriquecimiento iraní, la AIEA no había citado a Irán por incumplimiento de sus obligaciones. Esto no era algo sin precedentes. En la década de 1990, la Comisión Especial de las Naciones Unidas (UNSCOM, por sus siglas en inglés), cuyo mandato era eliminar el programa de armas de destrucción masiva de Iraq, colaboró estrechamente con las agencias de inteligencia estadounidenses. A través de la UNSCOM, durante la administración Clinton, la CIA llevó a cabo ambiciosas operaciones de espionaje para infiltrarse en los aparatos de inteligencia y defensa iraquíes. Ahora, la llamada guerra de los doce días ha terminado. Los iraníes han vuelto a la devastadora violencia perpetua de las sanciones lideradas por Estados Unidos y los asesinatos selectivos del Mossad. La administración Trump y sus aliados europeos han pedido a Irán que acepte su derrota, se rinda incondicionalmente y «regrese» a la mesa de negociaciones. Le piden a Irán que desmantele su tecnología nuclear, detenga la producción de su programa de misiles avanzados, cese su apoyo a la causa palestina y ponga fin a su red conocida como el «eje de la resistencia» contra el expansionismo israelí y estadounidense. En otras palabras, que se convierta en un Estado cliente. Irán es uno de los pocos frentes que quedan de desafío contra la postura extorsionadora estadounidense y la carnicería israelí que ha envuelto a Oriente Medio. Ese desafío tiene un precio muy alto. Estados Unidos desea volver a la alineación de Oriente Medio anterior a la revolución de 1979, con Irán como un Estado cliente que proteja los intereses estadounidenses en la región. Durante más de cuatro décadas este objetivo ha determinado la posición estratégica de Estados Unidos hacia Irán. Las sucesivas administraciones estadounidenses han aplicado esta política con campañas de intimidación, la construcción de más de una docena de bases aéreas y navales permanentes en la región, sabotajes, amenazas militares, sanciones draconianas y, en última instancia, bajo la administración Trump, el bombardeo de instalaciones de enriquecimiento nuclear. Estados Unidos no aspira necesariamente a devolver al poder a la monarquía prerrevolucionaria, aunque la CIA utiliza al hijo del derrocado sha como espantapájaros en sesiones fotográficas. Pero busca instaurar un Estado que carezca de la autoridad necesaria para desafiar la influencia regional estadounidense, un Estado sin soberanía. A falta de eso, tal vez un Estado fallido sirva… Estados Unidos ha rodeado Irán con bases militares permanentes para contener cualquier influencia que la República Islámica pueda ejercer en la política regional. El objetivo declarado del Gobierno israelí ha sido el derrocamiento de la República Islámica y la balcanización de Irán. Los israelíes, con la ayuda de sus partidarios estadounidenses y europeos, desean explotar la composición multiétnica de Irán, en particular los kurdos, azeríes y baluchis, y profundizar las tensiones entre las minoritarias comunidades suníes minoritarias y la clase chií gobernante para replicar un modelo sirio/libio de Estado fallido. Desde el final de la guerra entre Irán e Iraq en 1988, el Mossad y los estrategas de las Fuerzas de Defensa de Israel han ideado y ejecutado diversos planes para infiltrarse en los grupos minoritarios de la oposición con el fin de fomentar los disturbios étnicos y dividir Irán. Israel también apoya a los partidos de la oposición, en particular al Mojahedin-e Khalq (MEK) y a las organizaciones monárquicas del hijo exiliado del difunto sha, con inteligencia, fondos y una vasta red de propaganda para crear inestabilidad dentro del país. La aparición del MEK como representante sionista y mercenario del proyecto neoconservador estadounidense muestra lo profundamente que se ha transformado la política de Oriente Medio desde la revolución de 1979. El MEK, una organización revolucionaria de izquierda y antiimperialista en la década de 1970, acoge ahora a John Bolton y Rudy Giuliani como oradores principales en sus convenciones. El ataque no provocado de Israel contra Irán el 13 de junio de 2025 fue posible principalmente gracias al entrenamiento de comandos iraníes por el Mossad dentro del país. Estos sabotearon o destruyeron con éxito las defensas aéreas iraníes antes de los ataques israelíes y permitieron que los aviones de combate israelíes volaran libremente por los cielos iraníes. La guerra de doce días contra Irán produjo dos resultados inesperados importantes. Con su superioridad aérea y su capacidad para decapitar el aparato militar y de inteligencia iraní, los israelíes esperaban un rápido desmantelamiento del régimen. Estaban tan seguros de sí mismos que enviaron un mensaje de voz a los principales líderes militares al comienzo de las operaciones ordenándoles que dimitieran o serían asesinados junto con toda su familia. El mensaje, filtrado al Washington Post y escuchado en farsi, advertía: «Les advierto que tienen doce horas para escapar con sus esposas e hijos», dijo un agente de inteligencia, cuya voz había sido alterada en la grabación. «De lo contrario, están en nuestra lista ahora mismo». Los líderes militares iraníes no solo rechazaron ese «consejo», sino que reunieron a su estructura de mando herida y lanzaron formidables ataques con misiles de contraofensiva. Irán infligió una destrucción sin precedentes en el interior de Israel, lo que obligó a los israelíes a pedir a Estados Unidos una participación más directa en la guerra. Ante el alarmante agotamiento de sus interceptores antimisiles, los israelíes suplicaron un alto el fuego inmediato. Una semana después del inicio de la guerra, Irán logró romper el sistema de defensa aérea israelí «Cúpula de Hierro», supuestamente impenetrable. El segundo acontecimiento inesperado de la guerra de doce días fue la forma en que los iraníes se unieron en torno a la bandera. Las debilitantes sanciones y el capitalismo clientelar que han fomentado han provocado graves dificultades económicas para la mayoría de los iraníes. Los israelíes creían que su ataque convertiría esas dificultades y la corrupción económica rampante de las clases dirigentes en protestas masivas contra la República Islámica. Además, el orden político parecía especialmente vulnerable tras las protestas de «Mujeres, Vida, Libertad» que se prolongaron durante un año. Los estrategas israelíes creían que la discordia social en torno a la política de género en Irán resurgiría tras la campaña de bombardeos. Ese cálculo resultó erróneo; de hecho, las cosas funcionaron en sentido contrario. Atacar Irán con bombas de fabricación estadounidense, lanzadas desde aviones de combate de fabricación estadounidense, que caían sobre las casas y los barrios de la población, reavivó el sentimiento nacionalista y solo dio credibilidad a la larga caracterización de la República Islámica de Estados Unidos e Israel como amenazas existenciales. La percepción pública de que el líder supremo está plagado de una «paranoia ciega» hacia las potencias occidentales ya no podía mantenerse. Esa fugaz sensación de solidaridad podría no durar. Pero el cálculo de que los iraníes estaban dispuestos a aceptar cualquier cosa menos la República Islámica resultó ser prematuro. Durante varias décadas, las agencias de inteligencia occidentales promovieron la idea de que el ayatolá Jamenei sufre un caso crónico de paranoia y cree que Estados Unidos e Israel están conspirando para derrocar a la República Islámica. Este tipo de imágenes se utilizan habitualmente en los medios de comunicación occidentales para representar la mentalidad paranoica de Jamenei. Como suele ocurrir, tras el cese de los combates, comenzó una guerra de relatos. El presidente Trump afirmó que las bombas estadounidenses habían aniquilado las instalaciones nucleares iraníes y obligado al régimen iraní a aceptar su inevitable derrota. Pidió a la República Islámica que se rindiera sin condiciones y aceptara la exigencia estadounidense de cerrar sus programas de enriquecimiento. Los israelíes celebraron la demostración pública de su poderío militar y su capacidad de inteligencia sin revelar el alcance de los daños causados por los ataques con misiles iraníes. Irán demostró que no es otro Iraq, Siria o Libia y que puede resistir el ataque de dos potencias nucleares. Demostró que puede responder y que lo hará con su propio poderío militar. La guerra de relatos determina cuáles serán los próximos pasos en el conflicto entre Irán e Israel y sus aliados occidentales. Estados Unidos, Israel y sus tres socios dispuestos, la troika formada por Reino Unido, Alemania y Francia, han dejado claro que Irán se enfrenta a dos opciones, y que ambas conducirán al estatus de cliente que exige Estados Unidos. Cuando piden a Irán que «vuelva» a la mesa de negociaciones, sin importarles que Irán nunca la haya abandonado, ni que Israel tenga la costumbre de asesinar a los negociadores, lo que quieren decir es que Irán debe someterse a sus condiciones: detener el programa de enriquecimiento, cerrar su producción de misiles y poner fin a sus relaciones con sus aliados en la región. En mayor o menor medida, los grupos de la oposición iraní han intentado aprovechar los ataques israelíes para promover su propia agenda. Los monárquicos, el MEK y otros defensores de la intervención militar creen que la República Islámica está al borde del colapso y que Occidente debe actuar con rapidez para derrocar al régimen de Teherán. Sus miembros colaboraron con el Mossad y promovieron esa colaboración como su misión patriótica para liberar a Irán del yugo de la República Islámica. Tras la guerra, una coalición de grupos y personalidades que han estado trabajando desde dentro del orden político existente para transformar la República Islámica, el Frente Reformista de Irán, emite un comunicado en el que sostiene que la única solución para superar la crisis actual es aceptar los términos y condiciones propuestos por Estados Unidos. La declaración pide una serie de reformas, como la liberación de los presos políticos, el respeto de la libertad de expresión, la revisión de las leyes que promueven la discriminación de género, elecciones libres y políticas anticorrupción. Son demandas que deben respetarse. Hay muchos actores políticos y de la sociedad civil que se han organizado en torno a esas demandas y han obtenido éxitos considerables en esos frentes en las últimas décadas. Muchos de esos actores han pagado un alto precio por su activismo, desde largas penas de prisión hasta el exilio o cosas peores. Lo preocupante de la declaración es que une estas preocupaciones legítimas con la forma en que sitúa a Irán en el orden mundial existente: Irán como el paria. Irán debe poner fin a su hostilidad hacia el orden mundial existente, afirma la declaración, ¡y acabar con su aislamiento internacional! Pero ¿cómo se logra ese objetivo y qué condiciones debe cumplir la República Islámica para ser aceptada en ese orden mundial? ¿Hay lugar en ese orden mundial para una nación que se niega a ser un Estado cliente? Un número considerable de quienes han trabajado desde dentro de las clases dominantes para reformar el orden político, así como muchos intelectuales públicos, suscriben este relato hegemónico que sostiene que: (a) las amenazas de guerra contra Irán disminuirán si la República Islámica inicia una reforma estructural significativa para garantizar las libertades civiles y consiente en celebrar elecciones libres y justas; (b) Irán debe respetar el orden internacional existente y acatar sus leyes y convenciones; (c) la República Islámica es la fuente de inestabilidad en la región y debe detener su programa de enriquecimiento, degradar su capacidad militar, abandonar a sus aliados regionales, «el eje de la resistencia», y reconocer al Estado de Israel, sin responsabilizarlo por el genocidio en Gaza y por atacar a Irán. No es necesario profundizar en la lógica que sostiene que el carácter autoritario de la República Islámica es el culpable de los ataques israelíes y las hostilidades estadounidenses hacia Irán. Si la represión en Irán hubiera perturbado la conciencia de los estrategas estadounidenses, los aliados de Estados Unidos en la región deberían haber sido las cunas de la democracia en Oriente Medio. La apropiación instrumental de la causa de los derechos humanos y las libertades civiles en Irán no es más que una cortina de humo para las ideologías expansionistas israelíes y estadounidenses. Por ejemplo, el 30 de septiembre de 2025, la cuenta Farsi X del Departamento de Estado de EE. UU. publicó una foto de la presa política Pakhshan Azizi en la que colocaron una bandera estadounidense y el sello del Departamento de Estado, pedían a Irán que revocara su sentencia de muerte y la liberara de inmediato. El mensaje original del Departamento de Estado en inglés también instaba a la República Islámica a respetar los actos pacíficos de protesta y a dejar de perseguir a los kurdos y otras minorías étnicas por sus legítimas reivindicaciones contra la discriminación. Cartel del Departamento de Estado de EE. UU., en el que reza: Pedimos al régimen iraní que detenga la ejecución de Pakhshan Azizi y la libere de inmediato. Mensaje de Pakhshan Azizi desde la cárcel: Estados Unidos debe poner fin a su belicismo, sus ataques militares y sus crímenes en la región. Pakhshan Azizi es una trabajadora social kurda que ha prestado activamente servicios sociales y asesoramiento a víctimas del ISIS en el noreste de Siria. Regresó a Irán y fue detenida en el verano de 2023 acusada de pertenecer a un grupo armado kurdo. Fue condenada a muerte por un tribunal de primera instancia y está a la espera del resultado de su recurso. En respuesta al llamamiento del Departamento de Estado de los Estados Unidos para que sea puesta en libertad, desde su celda en el corredor de la muerte de la prisión de Evin, envió un mensaje en el que rechazaba la siniestra instrumentalización estadounidense de su caso. Rechazo todas las acusaciones infundadas que se me imputan y estoy en proceso de apelar la injusta sentencia de muerte dictada por el poder judicial. También me gustaría referirme a la reciente declaración del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que parecía expresar su apoyo hacia mí. Si el Gobierno de los Estados Unidos cree verdaderamente en los principios de los derechos humanos y la humanidad, debe poner fin primero a su belicismo, agresión y crímenes en la región. También debe poner fin a su apoyo explícito al régimen sionista, que comete genocidio contra el pueblo de Gaza. Durante décadas, Estados Unidos ha impuesto sanciones y bloqueos económicos que han causado un inmenso sufrimiento y dificultades a personas inocentes. Si Estados Unidos valora genuinamente la dignidad humana, debe poner fin a estas políticas inhumanas. También espero que el pueblo estadounidense se dé cuenta de que las declaraciones de su Gobierno están muy lejos de la compasión y el respeto genuino por los derechos humanos. (Traducido del farsi por Yassamine Mather). Desde casi la mañana siguiente a la revolución de 1979 que derrocó el régimen del sha los partidos de la oposición han abogado por un cambio de régimen, creyendo que los días de la República Islámica están contados. La oposición a la República Islámica ha adoptado muchas formas diferentes, incluidos movimientos sindicales organizados, campañas por las libertades civiles, la libertad de prensa, movimientos de mujeres por la igualdad de derechos y contra la discriminación de género. Pero siempre ha habido quienes han abogado por la intervención extranjera, desde la invasión iraquí de Irán en la década de 1980 hasta la última guerra israelo-estadounidense contra Irán. La guerra de doce días ofreció una nueva esperanza a aquellos intervencionistas que creen que la servidumbre al imperio es el precio de la libertad. El mensaje de Pakhshan Azizi reitera con fuerza que la lucha por la justicia social no puede encontrar su solución en la aquiescencia ante el imperio. Es curioso que se responsabilice únicamente a Irán de la inestabilidad regional y se pida a la República Islámica que respete los tratados y convenciones internacionales. No hay duda de que la República Islámica se niega a convertirse en un cliente de Estados Unidos, y esta negativa explica en gran medida cómo se resisten al dominio estadounidense en Oriente Medio y han estado compitiendo con los aliados de Estados Unidos, en particular con Israel, por la influencia en la región. Durante las últimas cuatro décadas Irán ha c

La Unión Europea no es una institución democrática"

- Sputnik Mundo, 1920 Ajedrez de geopolítica, Conduce Javier Benítez. "La Unión Europea no es una institución democrática" El fiasco observado en la última reunión del Consejo Europeo, en el que fracasó el intento de robo de los activos rusos para enviarlos al régimen corrupto de Kiev, es la culminación de un patrón prolongado y persistente, según 'The European Conservative'. El medio constata la gran manipulación como conducta del bloque comunitario. La Comisión Europea es "un Titanic, que mejor se hunda ahora" The European Conservative advierte que la Comisión Europea confunde el fervor moralista y la manipulación emocional con la autoridad legal, y el teatro político plagado de eslóganes con el poder real. El estilo de liderazgo de su presidenta, Ursula Von der Leyen —arrogante, performativo, impaciente con la disidencia y torpe— funciona mal en una Unión que aún se basa, inoportunamente, en tratados, unanimidad y balances nacionales. El artículo afirma que esta es una Comisión que se ha extralimitado, ha exagerado sus argumentos y ahora se ve limitada por los mismos Estados miembros a los que pretendía disciplinar. Al fin y al cabo, no fue solo el "préstamo de reparación" de von der Leyen lo que tuvo algo de naufragio. El verdadero Titanic es esta Comisión Europea. Por el bien de Europa, que se hunda ahora, antes de que cause aún más daños. "Ya son muchas voces en toda Europa las que se están oponiendo a este modelo de gobernanza tan equivocado y tan alejado de la realidad política y económica", observa el analista internacional Carlos Martínez. En este contexto, el medio de comunicación sostiene que "en el Parlamento Europeo, los repetidos intentos —si bien hasta ahora infructuosos— de censurar o destituir a Von der Leyen dan testimonio de un nivel de hostilidad que ningún presidente de la Comisión puede ignorar". "Incluso cuando tales esfuerzos fracasan, dejan un residuo tóxico: la sensación de una presidencia permanentemente a la defensiva, sobreviviendo votación tras votación", remacha The European Conservative. "La Unión Europea no es una institución democrática. Ellos [sus líderes] dicen que son el 'jardín del mundo', que son los más democráticos, los que más protegen los derechos humanos, etc., pero no es cierto, porque a la Comisión Europea no la elige el pueblo: el pueblo elige solo al Parlamento [Europeo] en unas elecciones muy trucadas. Pero a su vez, el Parlamento solo tiene unas pequeñas posibilidades de veto, o de destitución o de aprobación de la Comisión [Europea]. Pero quien realmente afecta a la Comisión es el Consejo Europeo. Entonces, durante el resto de su mandato, la Comisión actúa de forma autónoma, sin ningún criterio democrático, sin ninguna consulta a su pueblo, etcétera", sentencia Martínez.

lunes, 29 de diciembre de 2025

EE.UU. y el negocio del odio

Recomiendo: EE.UU. y el negocio del odio Por Editorial de La Jornada | 29/12/2025 | EE.UU. Fuentes: La Jornada El gobierno del presidente Donald Trump pretende habilitar almacenes industriales para encerrar hasta 80 mil personas, al tiempo que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) impulsa un programa de cazarrecompensas que genera millones de dólares en ganancias a empresas privadas. De acuerdo con The Washington Post, los almacenes estarían ubicados cerca de importantes centros logísticos a fin de concentrar a decenas de miles de personas en un mismo punto y acelerar su deportación, mientras The Intercept dio a conocer que los contratos asociados a estos programas superan los mil millones de dólares, a entregarse de aquí a 2027. Se trata de los más recientes ejemplos del negocio multimillonario creado o potenciado por la cruzada antimigrante del trumpismo. Como todo en Estados Unidos, localizar, secuestrar, encarcelar y deportar de manera ilegal a personas en situación migratoria irregular –o a quienes se acusa falsamente de estarlo– se ha privatizado y puesto en manos de empresas muchas veces afines a la agenda de la Casa Blanca. Mantener a una sola persona detenida cuesta 150 dólares al día, y la tarifa puede elevarse hasta los 300 dólares si se le mantiene en “instalaciones especializadas”. Así, el costo de encarcelar a 80 mil personas asciende a entre 12 y 24 millones de dólares diarios. Además, la política de mover a los secuestrados arbitrariamente de un centro de confinamiento al otro a fin de desarraigarlos de sus comunidades y dificultarles el acceso a servicios legales supone sucesivas facturas para los contribuyentes. Antes del regreso de Trump al poder, el ICE ya gastaba alrededor de 600 millones de dólares en vuelos de traslado y deportación, un monto que sin duda ha crecido conforme aumentan las operaciones de la agencia. Como los traslados se realizan en vuelos chárter, cada uno cuesta entre 25 mil y 100 mil dólares, sin importar que a bordo viajen dos o cien personas. En la era digital, gran parte de las tareas recaen en empresas de software como Palantir, del millonario ultraderechista Peter Thiel, quien aboga abiertamente por sustituir la democracia por un totalitarismo encabezado por los titanes tecnológicos. Su compañía integra datos de escuelas, hospitales, registros de tráfico y redes sociales para crear perfiles detallados de “objetivos”, un modelo de vigilancia distópica por el que recibe contratos de cientos de millones de dólares. Anduril, de Palmer Luckey, recibirá 250 millones de dólares por erigir el “muro virtual”, consistente en cientos de torres operadas por inteligencia artificial, desplegadas a lo largo de la frontera con México para detectar a cada ser humano en el área y alertar a las autoridades. Lo anterior es sólo una pequeña muestra de la maquinaria de persecución aceitada con billetes que se enmarca en el presupuesto sin precedentes otorgado a ICE este año, el cual es mayor al de cualquier otra agencia policiaca estadunidense y, de hecho, supera al presupuesto militar de la práctica totalidad del planeta: si el ICE fuera un ejército, sólo los de 16 países (incluido el del propio Estados Unidos) dispondrían de más recursos. Todo ello, mientras el presidente y sus correligionarios republicanos le dicen a la gente que no hay dinero para financiar sus seguros médicos, escuelas ni la infraestructura más deteriorada entre las naciones “desarrolladas”. Si a ello se suma el impacto económico que deja la pérdida de habitantes y de la mejor mano de obra de que dispone el país, está claro que la política de odio es un enorme negocio para un puñado de millonarios a expensas de hacer a la superpotencia cada vez más pequeña. Fuente: https://www.jornada.com.mx/2025/12/27/opinion/002a1editorial

El imperialismo y el largo genocidio palestino

Recomiendo: El imperialismo y el largo genocidio palestino Por Alberto García | 26/12/2025 | Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Hojas de Debate Desde el primer momento la intención sionista ha sido la de ir ocupando cada vez más territorio y confinar a los palestinos, expulsarlos, o sencillamente y como han puesto de manifiesto los últimos acontecimientos, exterminarlos o destruirlos. No se trata de un hecho aislado que ha surgido actualmente, o como consecuencia de los sucesos del 7 de octubre de 1923. El proceso de descolonización puso fin a las formas más groseras de dominación colonialista, pero las potencias imperialistas encontraron formas más sutiles de perpetuar su expolio y dominación sobre los antiguos países colonizados, sobre todo utilizando mecanismos económicos y financieros, como detalladamente ha explicado el artículo publicado en Hojas de Debate titulado “El imperialismo como terrorismo: descifrando la guerra permanente contra África”, en el que se ponen de manifiesto los diversos mecanismos de dominación que se han perpetuado, sobre todo por parte de Francia, y la respuesta que todo esto está provocando en el continente y señaladamente en Burkina Fasso, Mali y Níger. Destaca sobre otros el uso del denominado Franco CFA, moneda que Francia ha impuesto a 14 países africanos a los que obliga a depositar el 50% de sus divisas en el Tesoro francés, impidiéndoles controlar su política monetaria, dificultando la financiación de su desarrollo y garantizándose tasas de cambio que favorecen los intereses franceses. Por su parte EEUU mantiene 30 bases militares en el continente africano. CREACION DEL ESTADO DE ISRAEL Pues bien, a contracorriente del proceso histórico de descolonización que se produjo tras la segunda guerra mundial, se llevó a cabo el que supuso a la creación del Estado de Israel. A mediados del siglo XIX Palestina formaba parte del Imperio Otomano, y su población la constituían fundamentalmente árabes, y algunos otros grupos muy minoritarios, entre ellos población judía. A finales del siglo XIX se desarrolla en Europa fundamentalmente entre sectores judíos la corriente ideológica denominada sionismo, que tenía el objetivo de crear un estado judío. Su principal impulsor fue Theodor Herzl, periodista austríaco que convocó el Primer Congreso Sionista en Basilea, Suiza, en 1897, proclamando la pretensión de obtener “un hogar en Palestina para el pueblo judío”. El flujo migratorio de judíos hacia Palestina fue creciendo. En 1917 se produjo la declaración Balfour, que sostenía que el gobierno británico, principal potencia imperialista en la fecha y titular de facto de la posesión sobre el territorio palestino, veía favorablemente el establecimiento de la patria judía en Palestina, sosteniendo hipócritamente que ello no afectaría los derechos de las comunidades no judías de Palestina. La declaración fue apoyada por EEUU, y se convirtió en antecedente importante después de la primera guerra mundial, cuando la Sociedad de Naciones la asignó al Reino Unido el mandato oficial sobre Palestina. Dicho mandato se extendió entre 1920 y 1948. En 1922 autorizan la creación de la Agencia Nacional Judía, que pasó a ser el embrión de un estado. A partir de 1945 cuando finaliza la segunda guerra mundial se produce una migración masiva de población judía hacia Palestina, y se desarrollan grupos armados sionistas, como el Leji y el Irgún, dirigidos fundamentalmente a combatir el mandato británico, y eliminar a los sectores progresistas israelíes, reprimiendo además a sus oponentes árabes. El 29 de noviembre de 1947 las Naciones Unidas decidieron crear dos estados, uno árabe y otro judío, decisión que los países árabes rechazaron por completo. Jerusalén quedaba bajo administración de las Naciones Unidas. Los británicos comenzaron a retirarse de Palestina. No cabe duda que la conmoción existente tras conocerse a fondo los atroces crímenes cometidos por los nazis contra las poblaciones judías europeas tuvieron un impacto enorme sobre la conciencia mundial, facilitando el éxito de la reivindicación sionista. El día después de la aprobación del plan de partición de Palestina las manifestaciones de alegría sionistas fueron enormes, y una visible oposición árabe. La partición era gravemente lesiva para los palestinos, que constituían todavía las dos terceras partes de la población. Pero dicha división solo fue aceptada tácticamente por los principales dirigentes sionistas, como en su día manifestó el propio Ben Gurión. El historiador isrealí Simha Flapan ha señalado que los sionistas no aceptaban la partición, sino que solo se trataba de una jugada táctica para posteriormente continuar avanzando y expandir los territorios asignados al estado israelí. El 14 de mayo de 1948 el último soldado británico salió de Palestina, y los sionistas declararon la creación del Estado de Israel. La guerra subsiguiente generó el desplazamiento de unos 700 mil palestinos. Tanto Reino Unido como Francia siguieron apoyando los intereses israelíes, concertándose con estos incluso contra los egipcios con motivo de la invasión que llevaron a cabo de aquel país tras la nacionalización del canal de Suez. A partir de 1957 cada vez se fue haciendo mayor la influencia y el respaldo incondicional americano a Israel paralelamente a ponerse de manifiesto de manera descarnada que franceses e ingleses, con su fracaso en Egipto, sin la ayuda americana no podían recuperar el canal. Generalmente se considera este momento como el de plena conciencia mundial de que la hegemonía en el mundo capitalista había pasado a los EEUU, que desde la administración Truman se habían ido estableciendo como máximos valedores del Estado de Israel y cuyo apoyo ya no hizo sino incrementarse. Los palestinos no habían permanecido pasivos ante este proceso de incremento de la población judía, y el apoyo que al mismo iban prestando los dirigentes británicos, surgiendo la gran revuelta de 1936-1939, en la que se opusieron a la presencia tanto judía como británica y que fue duramente reprimida, de manera conjunta por británicos y sionistas; murieron cinco mil palestinos, se fortalecieron las organizaciones paramilitares sionistas y la mayor parte de la elite política y militar palestina fue forzada al exilio. Por su parte todos los gobiernos árabes de la zona declararon su rechazo a la partición de Palestina, pues violaba el principio de autodeterminación nacional de la Carta de la ONU, que otorgaba a los pueblos el derecho a decidir su propio destino. En definitiva, con la creación del Estado de Israel y la ocupación de los territorios palestinos se instauró una situación imperialista, colonialista, violando la autodeterminación del pueblo palestino, justo al contrario de lo que estaba sucediendo en todo el mundo. A partir de esta grave injusticia se instauró una situación colonial en Palestina, y han ido surgiendo el conjunto de conflictos que hemos conocido, incluso las diversas guerras que se han sucedido, en los que Israel ha contado con el apoyo de los países capitalistas, y el ilimitado de EEUU. Desde el primer momento la intención sionista ha sido la de ir ocupando cada vez más territorio y confinar a los palestinos, expulsarlos, o sencillamente y como han puesto de manifiesto los últimos acontecimientos, exterminarlos o destruirlos. No se trata de un hecho aislado que ha surgido actualmente, o como consecuencia de los sucesos del 7 de octubre de 1923. El actual ataque genocida es una de las consecuencias más dramáticas de décadas de ocupación israelí, violencia sistemática y humillación. Se arrastra una política de colonización de décadas. Como indica Amnistía Internacional, “desde que Israel comenzó la ocupación de Gaza y Cisjordania, incluida Jerusalén oriental, en junio de 1967, las implacables políticas israelíes, de confiscación de tierras, asentamientos ilegales, e institucionalizada, han infligido un sufrimiento inmenso a la población palestina, despojándola de sus derechos fundamentales”. “La ocupación militar es un componente clave de un cruel sistema de apartheid que oprime y somete a las personas palestinas, cuyos derechos controla Israel, incluidas las que viven en el territorio ocupado, en Israel, y en la diáspora de donde no se les permite volver.” “La ocupación de Palestina es una de las ocupaciones militares más largas y mortíferas del mundo. Durante décadas se ha caracterizado por la práctica generalizada y sistemática de violaciones graves de derechos humanos contra la población palestina… la población palestina que vive bajo ocupación israelí se ve sometida a innumerables violaciones de derechos humanos, mantenida por un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemática. La vida cotidiana en Palestina requiere lidiar con un complejo sistema de puestos de control, vallas, muros, bases militares. El férreo control de Israel sobre todos los aspectos de la vida en Palestina, desde el Registro Civil, hasta el suministro de agua, de electricidad, de alimentos, de medicamentos, hace insoportable la vida a los ocupados… La política de expansión de asentamientos ilegales es una de las principales fuerzas impulsoras de las violaciones generalizadas de derechos humanos…” Esto es lo que tenemos que tener en cuenta: se trata de una dominación imperialista, colonial, que dura más de 80 años, en la que los palestinos resultan sometidos a una situación insoportable dentro de su propia tierra, por un estado ocupante, que los somete a una explotación colonial y que tiene como objetivo expulsarlos de su territorio, o eliminarlos, y someter a los supervivientes a unas humillantes condiciones de vida y trabajo. Una situación que se perpetúa gracias al apoyo de las principales potencias capitalistas, y a la indiferencia y complicidad de los gobernantes de muchos de los países árabes, después de que los EEUU, Israel y las potencias capitalistas hayan conseguido ir derribando a todos aquellos gobiernos árabes que se oponían ante esta situación, como sucedió en Iraq, Libia, Siria, y pretenden que ocurra en Irán. El insoportable genocidio que hemos contemplado y seguimos viendo perpetrado durante este último periodo ha conllevado también lo que el artículo de la periodista del diario El País, Soledad Gallego-Díaz, publicado el pasado 16-11-25, identifica como “domicidio”, es decir la destrucción deliberada de viviendas, y el que llama “urbicidio”, la destrucción deliberada de ciudades. “Atacar las ciudades garantiza que la gente no tenga donde regresar”. “Los soldados testifican que se les ha ordenado incendiar las casas en las que se han alojado, vertiendo aceite sobre cortinas, libros y colchones”. “En la práctica, la proporción de estructuras arrasadas en Rafah por ejemplo, es mayor que la de las destruidas en Hiroshima y Nagasaki”, hasta el extremo que el propio yerno de Trump ha dicho que “parecía casi como si se hubiera detonado una bomba nuclear». “Testimonios fiables explican que las autoridades israelíes están procediendo a la destrucción programada de todo tipo de documentación que acredite como eran las distintas barriadas o pueblos de la Franja de Gaza. Además, existen grupos de voluntarios que, al frente de potentes excavadoras, proceden a derribar los edificios a su alcance, sin que el ejército israelí oponga resistencia”, continúa señalando dicho artículo. Las perspectivas que se dibujan para toda la Palestina ocupada son siniestras, y en concreto para la Franja de Gaza, sometida a un auténtico martirio, donde Israel sigue asesinando impunemente, y hacen que resulte un sarcasmo hablar de proceso de paz. Trump va a controlar todo el proceso que se ha abierto tras el pretendido alto el fuego, lo que garantiza que el genocidio de los palestinos se prolongue, de forma más o menos visible, tal y como lleva sucediendo desde hace 80 años. Sólo una auténtica descolonización conseguirá reestablecer una situación de justicia para los palestinos. Fuente original: https://hojasdebate.es/economia/el-imperialismo-y-el-largo-genocidio-palestino/

domingo, 28 de diciembre de 2025

Venezuela apoya la defensa de la soberanía de Somalia -

Venezuela apoya la defensa de la soberanía de Somalia - Sputnik Mundo, El Gobierno venezolano rechazó el reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel, y apoyó la unidad e integridad de Somalia. "En consonancia con la posición expresada por el Gobierno somalí y respaldada por naciones hermanas, Venezuela rechaza categóricamente cualquier acción unilateral dirigida a reconocer entidades separatistas dentro del territorio somalí", se lee en un comunicado dado a conocer por el canciller Yván Gil en su cuenta de Telegram. Asimismo, la nación sudamericana invitó a la resolución pacífica de controversias a través del diálogo, el respeto mutuo y los mecanismos multilaterales. En este tenor, la Liga Árabe y la Unión Africana también repudiaron la acción de Tel Aviv, ocurrida el 26 de diciembre. "Cualquier intento de socavar la unidad, la soberanía y la integridad territorial de Somalia va en contra de los principios de la Unión Africana y corre el riesgo de establecer un precedente peligroso con implicaciones de gran alcance para la paz y la estabilidad en todo el continente", indicó la Unión Africana en un boletín.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Seymour Hersh, un periodista que cambió la historia

Seymour Hersh, un periodista que cambió la historia Por Sebastiaan Faber | 27/12/2025 | EE.UU., Mentiras y medios Fuentes: CTXT - Imagen: Seymour Hersh en la oficina de The New York Times en Washington en 1975. / Netflix Un documental de Laura Poitras y Mark Obenhaus rinde homenaje al legendario reportero de investigación que destapó la matanza de Mỹ Lai (1969), los abusos en la cárcel de Abu Ghraib (2004) y el sabotaje del gasoducto Nord Stream (2023) Hay un momento en Cover-Up, el documental sobre Seymour Hersh que se estrena estos días en Netflix, que ilustra perfectamente el método de trabajo del legendario periodista de investigación estadounidense. Ocurre cuando Hersh les explica a Laura Poitras y Mark Obenhaus, los realizadores de la película, cómo dio con el soldado que estaba en el centro de la masacre de Mỹ Lai, uno de los mayores escándalos de la guerra de Vietnam, que Hersh reveló en 1969. Hersh ya llevaba cierto tiempo cubriendo el Pentágono. Pero en lugar de hacer piña con los otros periodistas y transmitir lo que los mandamases se dignaban a comunicarles en sus ruedas de prensa diarias, Hersh iba a la cafetería, donde forjaba amistades con funcionarios y oficiales. Un día, recibe una llamada de una persona desconocida que le transmite un rumor: un soldado se ha vuelto loco en Vietnam, matando a mucha gente. Poco después, Hersh se topa en un pasillo del Pentágono con un coronel amigo al que no ha visto en años y que acaba de ser no solo promovido a general, sino nombrado jefe de gabinete del comandante de las fuerzas norteamericanas en Vietnam, William Westmoreland. Bromeando con su amigo, Hersh le pregunta a bocajarro: “Oye, ¿qué sabes del tipo que se ha cargado a una aldea entera?”.“Mira, Sy”, le contesta el otro, “a ese tal Calley, espero que se lo lleve el mismísimo diablo”. Así, sin darse cuenta, el general no solo le confirmó el rumor, sino que además le proporcionó una pista clave: el apellido del soldado. Esto le permitió a Hersh emprender una búsqueda rocambolesca –incluida una visita al despacho de un abogado, donde logró transcribir una página de un expediente que el abogado había dejado expuesto sin querer, mientras charlaban de otra cosa– que finalmente le llevó a una base militar, donde consiguió entrevistar al soldado. Paso a paso, descubrió que la masacre de Mỹ Lai no había supuesto ninguna atrocidad aislada o individual, sino que encajaba en un patrón de violencia militar contra civiles. La combinación de atrevimiento, persistencia e ingenio que le llevó a esta primicia marcaría toda la carrera de Sy Hersh, un outsider por antonomasia. Nació en plena Gran Depresión, en 1937, en el seno de una familia judía en un barrio negro del South Side de Chicago. Después de la muerte repentina de su padre, se tuvo que encargar del negocio familiar, una tintorería. Fue una casualidad (un profesor que apreció su talento) la que le llevó a la Universidad de Chicago, y otra casualidad (un encuentro fortuito con alguien que trabajaba en un diario) la que le permitió descubrir su vocación de periodista. Como joven reportero, le tocó cubrir a la policía municipal en una ciudad aún dominada por la mafia. Se enamoró del oficio al instante; el flechazo le ha durado más de 60 años. Cover-Up, que combina un repaso de su carrera con entrevistas en las que Poitras y Obenhaus no esquivan las preguntas incómodas, es un tributo a su protagonista octogenario. Pero también es un retrato de toda una generación. De hecho, nos permite inferir cuáles son los rasgos que han definido a la escuela periodística que Hersh ayudó a consolidar y que consiguió destapar algunos de los mayores escándalos políticos de los siglos XX y XXI, desde el Watergate hasta los desmanes de la CIA en Latinoamérica o los abusos de Estados Unidos en Irak. Aunque Hersh y compañía se nutren de las filtraciones, nunca caen en lo que hoy conocemos como periodismo de filtración. Las fuentes que acaban por compartir información secreta con el periodista son importantes, pero no controlan el relato. La confianza que ponen en el reportero se basa, ante todo, en que este tratará la información filtrada con responsabilidad y protegerá su identidad a toda costa. De hecho, Hersh –que tardó 20 años en aceptar la propuesta de Poitras de hacer un documental sobre él– se queja una y otra vez ante el equipo de rodaje, al que ha dado acceso a todos sus apuntes. Varias veces se arrepiente y amenaza con tirar la toalla. Lo que están haciendo, dice, “es malo para mi gente”. Llama la atención que se refiera a sus fuentes como si fueran parientes suyos. Cuando Poitras le pregunta por qué, a lo largo de los años, tantas personas se han mostrado dispuestas a compartir datos sensibles con él, contesta: “La gente filtra por muchas razones diferentes. Yo les ofrezco un servicio. Si la filtración es buena, voy a por ella a toda leche”. Las y los filtradores no siempre comparten los objetivos de Hersh –destapar abusos–, pero no son pocos los que se deciden a dar el paso por motivos éticos. La primicia de Mỹ Lai, que le valió un Premio Pulitzer, fue publicada por una pequeña agencia porque los grandes medios no se atrevían Un segundo rasgo que destaca es que las y los reporteros de la generación de Hersh suelen operar en solitario. Desconfían de los colectivos y de las instituciones, incluidos los propios medios para los que trabajan. No suelen ser colegas de trato fácil; de team players tienen poco. Van a contracorriente, son más bien tercos y se enojan con facilidad. Ponen mucha más fe en su intuición que en el criterio de sus superiores o en los protocolos oficiales. Por otro lado, este modus operandi solitario también les confiere un humanismo y una flexibilidad que les ayudan a mantener sus amplias redes de contactos personales. En tercer lugar, Hersh y compañía no han sido quisquillosos con respecto a los medios de los que se han servido para difundir su trabajo. Han sido importantes los grandes diarios y las revistas establecidas, claro está. Pero la primicia de Mỹ Lai, que le valió un Premio Pulitzer, fue publicada por una agencia de medio pelo porque los grandes medios no se atrevían. Hersh también ha escrito libros –incluido un relato desmitificador sobre el gobierno de John F. Kennedy– y ha colaborado en documentales. Desde hace varios años, escribe en Substack, donde tiene doscientos mil suscriptores. Seymour Hersh en una imagen promocional del documental 'Cover-Up' (Poitras y Obenhaus, 2025). Seymour Hersh en una imagen promocional del documental ‘Cover-Up’ (Poitras y Obenhaus, 2025). Con todo esto, algo más difícil de precisar ha sido la orientación política de Hersh. Richard Nixon le consideraba un peligroso comunista, por el que, sin embargo, sentía un curioso respeto (“El hijoputa es un hijo de puta, pero suele estar en lo cierto”, espeta el presidente en una conversación con Kissinger cuya grabación reproducen Poitras y Obenhaus). Cuando Hersh se dedicaba a descubrir las atrocidades norteamericanas en Vietnam, hubo quien sugirió que fuera deportado a Cuba. Pero aunque Hersh suele identificarse como “viejo progre” (“an old leftie”), en realidad opera desde un marco político bastante más básico: es un patriota norteamericano que, como hijo de inmigrantes, se toma muy en serio los valores democráticos y republicanos que le enseñaron en la escuela pública (“Es la persona más patriótica que conozco”, me dijo Dan Kaufman, un antiguo colaborador). Desconfía de toda forma de poder, empezando por su propio gobierno. Al final del documental, Hersh se emociona al abordar el coste emocional de cubrir episodios de violencia extrema. Poitras le pregunta por qué, a pesar de todo, sigue dedicado a esta labor. “Es que no puedes tener un país que haga esto y dejar que [ese país] mire hacia otro lado”, dice Hersh. “No puedes”. La conclusión más importante del documental, sin embargo, quizá sea otra: el periodismo de verdad –el que cuenta y cambia el mundo– es humano. En todos los sentidos. Puede parecer obvio, pero no sobra reafirmarlo en un momento en que la mayor amenaza que se cierne sobre la profesión es el parasitismo robótico de la inteligencia artificial. Por más que se dediquen a ordenar y sintetizar información, la labor de Hersh y compañía es un producto, por un lado, de valores éticos, solidarios y, por otro, de relaciones interpersonales atravesadas por la confianza y el escepticismo, la intuición y el afecto y, a menudo, una fe francamente irracional en la posibilidad de descubrir y contar la verdad. Que este periodismo sea humano –ético, intuitivo, interpersonal– también significa que es falible. La intuición no siempre acierta. Hersh tiene fama de terco e irascible, pero cuando Poitras y Obenhaus le preguntan por algunos de sus trabajos más criticados –incluida su cobertura amable del gobierno de Bashar al-Assad, que quiso desmentir el uso de armas químicas– Hersh admite que se dejó embaucar por el líder sirio. “Le vi tres o cuatro veces y no creí que fuera capaz de hacer lo que hizo”, confiesa. “Podemos decir que estuve equivocado. Muy equivocado”. “¿Es un ejemplo de lo que puede pasar cuando uno se acerca demasiado al poder?”, le pregunta Poitras. “Por supuesto”, contesta Hersh. El periodista se muestra menos contrito respecto a una historia de 2023 que afirma que el sabotaje del gasoducto Nord Stream, en el mar Báltico, fue obra de los servicios de inteligencia estadounidenses. Esta investigación, como otras recientes de Hersh, tiene toda la pinta de estar basada en una única fuente, algo que muchos del gremio considerarían una práctica deontológicamente dudosa. “La crítica es legítima”, dice Hersh, “pero ¿qué quieres que haga?”. “¿Qué pasa si la fuente se equivoca?” le pregunta Poitras. “Pues entonces llevo veinte años equivocándome”, contesta Hersh impertérrito. “Porque llevo veinte años trabajando con este tipo. Y al final siempre se demostraba que lo que me contaba era verdad”. “A pesar de que no he estado de acuerdo con todo lo que ha hecho, Sy Hersh es uno de mis héroes”, me dice por teléfono David Kaplan, un periodista veterano norteamericano que ha dirigido el Centro de Integridad Pública (CPI), el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación (ICIJ) y la Red Mundial del mismo nombre (GIJN). “Todas y todos los que nos dedicamos a esto le debemos mucho. Su obra marca un hito en una tradición norteamericana de largo abolengo, que comienza con los muckrakers del fin de siglo: gente como Upton Sinclair, Lincoln Steffens e Ida Tarbell”, agrega Kaplan. “Son periodistas que, como Sy, parten de la indignación moral. No es casualidad que, cuando se fundó la asociación estadounidense de periodistas de investigación, adoptara las siglas I.R.E. [ira en inglés]. Además de este punto de partida ético, los principios básicos del gremio siguen siendo los mismos. Se trata de emprender investigaciones sistemáticas, de largo aliento, que partan de hipótesis y busquen evidencia sólida para probarlas o refutarlas”. “Eso sí”, agrega Kaplan, “los muckrakers de antes eran lobos solitarios, como lo ha sido Hersh. Hoy, los cambios tecnológicos y las presiones políticas han hecho que los modelos más efectivos sean colaborativos: muchos trabajamos en equipos de investigación que unen varios medios y que, muchas veces, trascienden las fronteras nacionales. La tecnología, por un lado, ha supuesto una presión añadida, dadas las formas de vigilancia constantes y cada vez más intrusivas que afrontamos las y los periodistas. Por otro lado, las filtraciones también son mucho más fáciles. Hoy es extremadamente difícil guardar un secreto. Todos los registros de un banco, por poner un caso, caben en un solo USB. Y disponemos de métodos de computación que nos permiten analizar datos a una escala que habría sido inimaginable hace quince años”. Pero incluso Hersh, ese lobo solitario, ha tenido colaboradores y equipos de apoyo. “Era siempre impaciente y duro, pero nos tenía un gran respeto”, me dijo el periodista Dan Kaufman, que trabajó varios años con él como fact checker (contrastador de información) en la revista The New Yorker, en la época en que Hersh destapó, en tres piezas sucesivas, los abusos en la cárcel de Abu Ghraib. “Nos apreciaba”, recuerda Kaufman, “porque le importaba que reforzáramos el rigor de sus piezas”. “No hay relación más simbiótica que la de un reportero y sus contrastadores”, dijo Hersh en 2018 en una presentación de libro, “porque se basa en la confianza: según las reglas del New Yorker, el contrastador tiene que hablar con todas mis fuentes, por más secretas que sean”. Su relación con los editores, en cambio, solía ser más tensa. “Hay que entender la presión que pesaba sobre cualquiera de las historias de Hersh. Dados sus temas, la revista siempre se enfrentaba a amenazas legales. Él solía trabajar con dos editores –Amy Sorkin y John Bennet, otra leyenda– y dos contrastadores. Eran días largos, con 40 o 50 llamadas de Hersh, todas brevísimas, impacientes y excitadas. Pero una vez terminado el trabajo, nos agradecía nuestra labor con gran generosidad”. “Como periodista, aprendí mucho de Sy”, dice Kaufman. “En mi propio trabajo, he asimilado a fondo su mantra personal: quítate de en medio para dejar paso a la historia. Uno de los aspectos que más admiro de él es su capacidad para crear un espacio para la voz de los testigos, a quienes a veces trata con algo parecido a la ternura. Otro es su desconfianza perpetua de los relatos oficiales y de las élites que los propagan. En ese sentido, son cruciales sus raíces obreras. Cuando sabe que el relato oficial que se propaga es falso, se ofende personalmente. La indignación moral que le mueve es genuina y constante, como lo es su patriotismo”. “No conozco a ningún periodista que persiga sus historias con más tesón”, agrega Kaufman. “Es increíble que, con sus 88 años, escriba al menos una pieza por semana. Y me consta que en Substack sigue trabajando con verificadores. Aunque las piezas que publica allí tienen menos peso que en una revista como el New Yorker, estar en Substack le permite asumir más riesgo –por más que signifique que puede equivocarse–. A estas alturas, se lo puede permitir. Al fin y al cabo, dos de sus primicias, la de Mỹ Lai en 1969 y la de Abu Ghraib en 2004, expusieron las dimensiones ocultas del poder de Estados Unidos. Y al hacerlo, cambiaron el curso de la historia”. Fuente: https://ctxt.es/es/20251201/Politica/51459/seymour-hersh-periodismo-laura-poitras-documental-my-lai-abu-ghraib.htm