sábado, 3 de enero de 2026

Comunicado de la República Bolivariana de Venezuela EEUU ataca Venezuela

Recomiendo: Comunicado de la República Bolivariana de Venezuela EEUU ataca Venezuela Por | 03/01/2026 | Venezuela Fuentes: Aporrea / TeleSur Una serie de fuertes detonaciones han sacudido la capital venezolana durante la madrugada de este sábado, generando alarma generalizada en la población. Los reportes, que comenzaron a circular aproximadamente a las 2:00 a.m., indican que las explosiones fueron de tal magnitud que hicieron vibrar estructuras residenciales en diversos sectores de la ciudad. Puntos críticos bajo ataque Informaciones preliminares, aún por confirmar de forma oficial por las autoridades de defensa, señalan que varios objetivos estratégicos y militares habrían sido blanco de ataques coordinados: Instalaciones Militares: Se reportan incidentes en el Fuerte Tiuna (corazón del poder militar) y en la base aérea de La Carlota, en el centro-este de la ciudad. Sedes de Gobierno: Residentes de las zonas aledañas al Palacio de Miraflores reportaron estruendos y una fuerte presencia de seguridad en los perímetros. Infraestructura de Comunicaciones: Se han recibido reportes de ataques en la zona de El Volcán (El Hatillo), donde se encuentran antenas repetidoras vitales para las telecomunicaciones del país. Zona Costera: Las detonaciones también habrían alcanzado las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, en el estado La Guaira. Presencia de aeronaves estadounidenses Testigos presenciales en el área metropolitana han denunciado de forma recurrente el sonido de vuelos rasantes y motores de aviación a reacción. Asimismo, circulan versiones sobre el avistamiento de helicópteros con presuntas insignias estadounidenses sobrevolando sectores estratégicos de Caracas, lo que coincidiría con las recientes amenazas de intervención, ataques y bloqueo naval anunciadas por la administración de Donald Trump. Este evento ocurre apenas días después de que el Gobierno venezolano denunciara planes de sabotaje y detuviera a ciudadanos estadounidenses implicados en supuestos actos de terrorismo. La situación en las calles es de máxima incertidumbre; se reportan cortes intermitentes de energía en algunas zonas y el despliegue inmediato de las Unidades de Defensa Integral (ODI). Hasta el momento, no hay un balance oficial de víctimas ni daños materiales, mientras el país espera una cadena nacional para conocer el alcance de lo que podría ser el inicio de una escalada militar abierta en territorio venezolano. Venezuela denuncia «gravísima agresión militar» de EE.UU. La República Bolivariana de Venezuela emitió este sábado un comunicado oficial rechazando «la gravísima agresión militar perpetrada por el Gobierno actual de los Estados Unidos de América contra territorio y población venezolanos». El texto detalla que los ataques afectaron «localidades civiles y militares de la ciudad de Caracas, capital de la República, y los estados Miranda, Aragua y La Guaira». El Gobierno venezolano subraya que «este acto constituye una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, especialmente de sus artículos 1 y 2, que consagran el respeto a la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza». Además, alerta que «tal agresión amenaza la paz y estabilidad internacional, concretamente de América Latina y el Caribe, y pone en grave riesgo la vida de millones de personas». Según el comunicado, el propósito de la agresión es la apropiación de los recursos estratégicos venezolanos. «El objetivo de este ataque no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la Nación. No lo lograrán», afirma el texto. Venezuela reafirma su independencia, recordando que «Desde 1811, Venezuela ha enfrentado y vencido imperios», evocando la proclama del Presidente Cipriano Castro en 1902: «‘La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria’.» El Gobierno Bolivariano ha instado a la población a la movilización, indicando que «el pueblo de Venezuela y su Fuerza Armada Nacional Bolivariana, en perfecta fusión popular-militar-policial, se encuentran desplegados para garantizar la soberanía y la paz». De forma paralela, la diplomacia venezolana elevará «las correspondientes denuncias ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el Secretario General de dicha organización, la CELAC y el MNOAL, exigiendo la condena y rendición de cuentas del Gobierno estadounidense». El Presidente Nicolás Maduro ha activado «todos los planes de defensa nacional» y ha ordenado «la implementación del Decreto que declara el estado de Conmoción Exterior en todo el territorio nacional, para proteger los derechos de la población, el funcionamiento pleno de las instituciones republicanas y pasar de inmediato a la lucha armada». Se ha dispuesto el inmediato despliegue del Comando para la Defensa Integral de la Nación. En línea con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, Venezuela «se reserva el derecho a ejercer la legítima defensa para proteger a su pueblo, su territorio y su independencia». Finalmente, el comunicado hace un llamado a la solidaridad internacional, citando al Comandante Hugo Chávez Frías: «‘ante cualquier circunstancia de nuevas dificultades, del tamaño que fueren, la respuesta de todos y de todas los patriotas…es unidad, lucha, batalla y victoria’». El comunicado fue emitido en Caracas el 3 de enero de 2025. Los acontecimientos se desarrollan en el contexto de máximas amenazas de Washington con el despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe y el bloqueo naval contra Venezuela anunciado por la administración Trump el pasado 16 de diciembre. La operación militar estadounidense en el Caribe, iniciada en agosto, incluye destructores, un submarino nuclear, el portaaviones USS Gerald R. Ford y más de 4.000 militares. Este movimiento militar es considerado por el Gobierno venezolano como una violación al derecho internacional. COMUNICADO REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA La República Bolivariana de Venezuela rechaza, repudia y denuncia ante la comunidad internacional la gravísima agresión militar perpetrada por el Gobierno actual de los Estados Unidosde América contra territorio y población venezolanos en las localidades civiles y militares de la ciudad de Caracas, capital de la República, y los estados Miranda, Aragua y La Guaira. Este acto constituye una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, especialmente de sus artículos 1 y 2, que consagran el respeto a la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza. Tal agresión amenaza la paz y estabilidad internacional, concretamente de América Latina y el Caribe, y pone en grave riesgo la vida de millones de personas. El objetivo de este ataque no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la Nación. No lo lograrán. Tras más de doscientos años de independencia, el pueblo y su Gobierno legítimo se mantienen firmes en defensa de la soberanía y del derecho inalienable de decidir su destino. El intento de imponer una guerra colonial para destruir la forma republicana de gobierno y forzar un «cambio de régimen», en alianza con la oligarquía fascista fracasará como todos los intentos anteriores. Desde 1811, Venezuela ha enfrentado y vencido imperios. Cuando en 1902 potencias extranjeras bombardearon nuestras costas, el Presidente Cipriano Castro proclamó: «La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria.» Hoy, con la moral de Bolívar, Miranda y nuestros libertadores, el pueblo venezolano se alza nuevamente para defender su independencia ante la agresión imperial. Pueblo a la calle El Gobierno Bolivariano llama a todas las fuerzas sociales y políticas del país a activar los planes de movilización y repudiar este ataque imperialista. El pueblo de Venezuela y su Fuerza Armada Nacional Bolivariana, en perfecta fusión popular-militar-policial, se encuentran desplegados para garantizar la soberanía y la paz. Simultáneamente, la Diplomacia Bolivariana de Paz elevará las correspondientes denuncias ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el Secretario General de dicha organización, la CELAC y el MNOAL, exigiendo la condena y rendición de cuentas del Gobierno estadounidense. El Presidente Nicolás Maduro ha dispuesto todos los planes de defensa nacional para ser implementados en el momento y circunstancias adecuadas, en estricto apego a lo previsto en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la Ley Orgánica sobre Estados de Excepción y la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación. En este sentido, el Presidente Nicolás Maduro ha firmado y ordenando la implementación del Decreto que declara el estado de Conmoción Exterior en todo el territorio nacional, para proteger los derechos de la población, el funcionamiento pleno de las instituciones republicanas y pasar de inmediato a la lucha armada. Todo el país debe activarse para derrotar esta agresión imperialista Del mismo modo ha ordenado el inmediato despliegue del Comando para la Defensa Integral de la Nación y de los Órganos de Dirección para la Defensa Integral en todos los estados y municipios del país. En estricto apego al artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, Venezuela se reserva el derecho a ejercer la legítima defensa para proteger a su pueblo, su territorio y su independencia. Convocamos a los pueblos y gobiernos de América Latina, el Caribe y el mundo a movilizarse en solidaridad activa frente a esta agresión imperial. Como señaló el Comandante Supremo Hugo Chávez Frías “ante cualquier circunstancia de nuevas dificultades, del tamaño que fueren, la respuesta de todos y de todas los patriotas…es unidad, lucha, batalla y victoria”. Caracas, 3 de enero de 2026 Noticia en desarrollo… Fuentes: https://www.aporrea.org/ddhh/n413953.html https://www.telesurtv.net/venezuela-denuncia-gravisima-agresion-militar-de-ee-uu/

Tribunal Supremo de Justicia ordena que Delcy Rodríguez asuma como encargada la presidencia

Actualidad RT Tribunal Supremo de Justicia ordena que Delcy Rodríguez asuma como encargada la presidencia El presidente Nicolás Maduro fue secuestrado esta jornada por EE.UU. durante un ataque aéreo masivo contra la nación bolivariana. Tribunal Supremo de Justicia ordena que Delcy Rodríguez asuma como encargada la presidencia El Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ha ordenado que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma como encargada de la presidencia mientras Nicolás Maduro se encuentra secuestrado por EE.UU. Brasil considera a Delcy Rodríguez la presidenta interina de Venezuela en ausencia de Maduro Brasil considera a Delcy Rodríguez la presidenta interina de Venezuela en ausencia de Maduro "Esta Sala [Constitucional] estima existen elementos que indican la configuración de una situación de imposibilidad del presidente, [...], y estima igualmente esta Sala que la Constitución en su artículo 239.6 atribuye al vicepresidente ejecutivo o vicepresidenta ejecutiva la función de suplir las faltas temporales del presidente", dice el comunicado. "Se ordena que la ciudadana Delcy Eloina Rodríguez Gómez, vicepresidenta ejecutiva de la República, asuma y ejerza en condición de encargada todas las atribuciones, deberes y facultades inherentes al cargo de presidente de la República Bolivariana de Venezuela, con el fin de garantizar la continuidad administrativa y la defensa integral de la Nación", agregó. El sábado, EE.UU. lanzó una acción militar masiva contra la nación latinoamericana, que afectó la ciudad de Caracas "y los estados Miranda, Aragua y La Guaira" y concluyó con la captura del presidente del país, Nicolás Maduro, y de su esposa. El Gobierno venezolano calificó las acciones de Washington de una "gravísima agresión militar". Caracas advirtió que el objetivo de los ataques "no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la Nación". Delcy Rodríguez: "Estamos listos para defender a Venezuela y a sus recursos naturales" Delcy Rodríguez: "Estamos listos para defender a Venezuela y a sus recursos naturales" La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, exigió "la inmediata liberación del presidente Nicolás Maduro y de su esposa". Agregó que Maduro es el "único presidente de Venezuela". Muchos países del mundo, entre ellos Rusia, instaron a liberar a Maduro y a su esposa. Moscú repudió el ataque y señaló que Venezuela debe tener el derecho de decidir su destino sin cualquier intervención desde el exterior, declaró este sábado el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso al comentar el ataque de EE.UU. contra el país bolivariano. "Se debe garantizar a Venezuela el derecho a decidir su propio destino sin ninguna intervención destructiva, y mucho menos militar desde el exterior", reza el comunicado de la cancillería rusa.

ataque contra Venezuela constata "la irracionalidad total del Gobierno de EEUU"

ataque contra Venezuela constata "la irracionalidad total del Gobierno de EEUU" Agresión de EEUU contra Venezuela, Sputnik Mundo, 1920, 03.01.2026 La escalada militar contra Venezuela es "un ataque totalmente ilegal, híbrido, sin ninguna justificación" que viola flagrantemente la carta de Naciones Unidas, constata a Sputnik el analista intencional Tadeo Casteglione. "Con este ataque, todo lo que dijo el comandante Hugo Chávez, todo lo que dijo el presidente Nicolás Maduro durante todos estos años sobre la intervención e injerencia de EEUU en contra de Venezuela, la guerra económica, todas las sanciones y todo el sufrimiento del pueblo venezolano, se acaba de constatar", señala. El analista señala que la escala en Venezuela sigue el patrón de intervenciones de EEUU en América, como las elecciones de Argentina o en las elecciones de Honduras. En sus palabras, este ataque "marca que estamos delante de un año totalmente sin ningún control, sin ningún tipo de regla y de total injerencia de Estados Unidos en nuestra América". "Esto demuestra la peligrosidad que se está llegando en la irracionalidad total del Gobierno de los Estados Unidos", concluye. Fuertes detonaciones se escucharon cerca de las dos de la madrugada de este 3 diciembre en Caracas (GMT-4) y en el estado venezolano de La Guaira (norte). Más tarde también se registró una explosión en la ciudad turística de Higuerote, en el estado de Miranda (norte). Unas horas después, el presidente estadounidense, Donald Trump, confirmó en su plataforma de comunicación Truth Social que su país había ejecutado un ataque a gran escala contra Venezuela, y que Maduro y su esposa fueron capturados y trasladados fuera del territorio. Trump brindará más detalles en una conferencia de prensa a las 16:00 GMT. La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, confirmó el secuestro del presidente del país, Nicolás Maduro, y de la primera dama, Cilia Flores, por parte de fuerzas estadounidenses durante una operación militar a gran escala contra el país. Rusia condenó el ataque, instó a evitar una escalada de tensiones y abogó por el diálogo, según declaró este sábado el Ministerio de Asuntos Exteriores.

viernes, 2 de enero de 2026

Vergüenza para la ONU por ratificar un genocidio

Recomiendo: Vergüenza para la ONU por ratificar un genocidio Por Richard Falk | 31/12/2025 | Mundo Fuentes: Voces del Mundo [Foto de Nathaniel St. Clair] Tras el 7 de octubre A lo largo de este período se ha cuestionado la competencia de la ONU frente al genocidio ante la conciencia de que se negaba a respetar las sentencias de los principales tribunales internacionales (la Corte Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional). Pero es necesario comprender mejor que, cuando se fundó la ONU hace 80 años, la Carta otorgó la última palabra en cuestiones de seguridad mundial a los cinco Estados vencedores de la Segunda Guerra Mundial, y no al derecho internacional, como creían sus más fervientes defensores. Con una intención muy clara, a pesar de la prioridad otorgada a la prevención de la guerra en el preámbulo de la Carta, se privó a la Organización de la capacidad de actuar de forma coercitiva contra la agresión, el apartheid y el genocidio. En cambio, a los vencedores (es decir, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad) de la guerra contra el fascismo que había concluido recientemente se les concedió también un derecho de veto que equivalía a un derecho ilimitado de cualquiera de los cinco en el único órgano político de la ONU con autoridad para tomar decisiones vinculantes, y esta disposición implicó no solo la posibilidad de excluirse de las decisiones contrarias a su voluntad, sino también la de impedir que el Consejo de Seguridad actuara aunque los otros 14 miembros votaran unánimemente a favor de la decisión. En la práctica esto significó que las perspectivas de paz y seguridad en situaciones de conflicto grave quedaban en manos de los cálculos geopolíticos y las alianzas de estos cinco miembros más poderosos y peligrosos de la nueva organización. Durante la Guerra Fría, que prevaleció entre 1945 y 1991, la parálisis de la ONU en relación con la gestión de la seguridad mundial se debió principalmente a la prudencia de que hicieron gala las opuestas alianzas de las fuerzas de la OTAN lideradas por Estados Unidos, por un lado, y de las fuerzas de Varsovia lideradas por la Unión Soviética, por otro, divididas por la rivalidad ideológica y estratégica. La ONU se contentó con ser un espectador o un escenario de denuncias propagandísticas opuestas en lo que respecta a la guerra de Vietnam, las intervenciones de Moscú en Europa del Este y otros escenarios de conflictos violentos que afectaban a los intereses estratégicos de los cinco permanentes (5P). Esto se debió en parte al marco constitucional de la ONU, pero también reflejó la falta de voluntad de muchos países líderes para diluir su soberanía en lo que respecta a la seguridad nacional. Esta negativa se ilustró de forma dramática con el rechazo del desarme nuclear y la preferencia por la disuasión, lo que puso de manifiesto la orientación militarista de las élites de la política exterior de los gobiernos líderes. Combina una versión militarizada del poder duro de la seguridad global con las ambiciones estratégicas de los 5P de reinventar la dominación occidental en un periodo de colapso del colonialismo europeo. En este contexto, el papel de la ONU, aunque decepcionante, no resultaba sorprendente, dados los fuertes lazos entre el Occidente blanco e Israel en este enfrentamiento con una Palestina de mayoría musulmana en la estratégicamente importante región de Oriente Medio. Esto dotó a la lucha de una dimensión intercivilizacional, al tiempo que supuso un desafío para la hegemonía occidental en relación con las reservas energéticas, la venta de armas y, en general, el comercio y la inversión. Esta línea de interpretación se vio acentuada por Hamás, una organización antioccidental y de orientación religiosa, una entidad no estatal que los medios de comunicación occidentales y la propaganda estatal caracterizaron como nada menos que una organización terrorista. Esta postura ignoró la victoria política de Hamás en las elecciones de 2006, supervisadas internacionalmente, y su papel como centro de la resistencia palestina, con base legal, ante una ocupación israelí que violaba sistemáticamente las normas jurídicas humanitarias internacionales establecidas en el IV Convenio de Ginebra de 1949, que regula la «ocupación beligerante». Los miembros de la ONU cómplices de Israel han apoyado el genocidio en Gaza durante dos años, y si han retirado de alguna forma su apoyo se ha debido principalmente al aumento de las protestas públicas en sus países, ya que Israel ha excedido todos los límites de la ley y la moral al persistir en su campaña genocida. Cabe destacar que, el 19 de julio de 2024, la CIJ, por votación casi unánime, declaró ilegal la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania (e incluso de Jerusalén Este), decretando su retirada, un resultado que la Asamblea General apoyó formalmente y que, como cabía esperar, Israel y su grupo de apoyo ignoraron. Esta agenda política explica que en el Consejo de Seguridad se vetaran las seis iniciativas de alto el fuego, junto con el fracaso de los Estados cómplices, sobre todo Estados Unidos, a la hora de utilizar la influencia de su poder blando para inducir a Israel a detener su embestida sobre Gaza y satisfacer las legítimas reivindicaciones del pueblo palestino. Esa voluntad se ha visto inhibida por el realismo político adherido a la era prenuclear, los intereses especiales de las industrias armamentísticas y una burocracia gubernamental largamente militarizada. La vergonzosa respuesta de la ONU al plan de Trump En mi opinión, los 15 miembros del Consejo de Seguridad votaron vergonzosamente por unanimidad a favor del proyecto de resolución de Estados Unidos, adoptado como Resolución 2803 del Consejo de Seguridad el 17 de noviembre de 2025, que respalda el plan de Trump para la estabilización de Gaza. El plan surgió con la aprobación de Israel y se dio a conocer, de manera significativa, durante una visita de Netanyahu a la Casa Blanca en una conferencia de prensa conjunta. La característica fundamental del plan era recompensar a los autores de un prolongado genocidio, precedido de apartheid y que ha convertido Gaza en un páramo. En la resolución no sólo no se hacía referencia al desafío de Israel a las sentencias de la Corte Internacional de Justicia, las resoluciones de la Asamblea General o las evaluaciones de académicos independientes sobre el genocidio. Ni Israel, ni Estados Unidos, ni los demás Estados cómplices se han visto obligados a pagar indemnizaciones por los daños ilegales causados en Gaza, sino que esta cuestión se dejó en manos de las fuerzas combinadas del capitalismo buitre, que operaba libremente como si la reconstrucción de Gaza fuera una empresa inmobiliaria, y de las contribuciones monetarias de los gobiernos árabes. En este proceso, no solo se impuso el marco diplomático a los palestinos, sino que se aceptó a Estados Unidos como el «pacificador» legítimo, a pesar de que colaboraba abiertamente con Israel en la redacción del plan y excluía deliberadamente la participación palestina. De hecho, el Gobierno de los Estados Unidos llegó incluso a denegar visados a cualquier delegado de la Autoridad Palestina que quisiera asistir a la reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas o participar de cualquier otra forma en los procedimientos de las Naciones Unidas que determinaban el futuro de Palestina. Esto hace que la resolución sea un paso atrás frente al objetivo de lograr una serie de acuerdos para un futuro pacífico y justo, elaborados con la participación de una representación palestina adecuada y dedicados a una paz justa y duradera. En cambio, la resolución 2803 del Consejo de Seguridad, si se considera en su conjunto, exime indirectamente a los culpables de su comportamiento pasado, llevando la impunidad al extremo. Más allá de esto, la 2803 reconoce visiblemente el control total de Estados Unidos sobre los actuales esfuerzos diplomáticos para sustituir la violencia israelí desenfrenada por un alto el fuego que Israel ignora a su antojo. El sangriento resultado ha sido cientos de violaciones letales del alto el fuego que, según estimaciones del Ministerio de Salud de Gaza, han causado hasta ahora la muerte de más de 400 palestinos, sin que Israel recibido reproche alguno de Washington por abusar así del acuerdo de alto el fuego. En cuanto al futuro, la resolución 2803 respalda un acuerdo colonialista de transición que se hace realidad gracias a una Junta de Paz, presidida, por supuesto, por Donald Trump, y que aporta estabilidad a Gaza mediante la creación de una Fuerza Internacional de Estabilización formada por las contribuciones de tropas de los miembros de la ONU que respaldan el plan. Estados Unidos ha reconocido descaradamente sus propios objetivos transaccionales al prometer 112.000 millones de dólares para reconstruir Gaza como centro mundial de comercio, inversión y turismo. La gobernanza de Gaza se deja en parte en manos de Israel, que parece reclamar una presencia permanente de seguridad en el norte de Gaza, por encima de la llamada línea amarilla. Dada la forma tan dudosa de aliviar la catástrofe de Gaza en esta fase tan tardía, ¿cómo podemos explicar el amplio apoyo internacional y la desaparición de la oposición en el Consejo de Seguridad? Los cinco miembros del Consejo de Seguridad del Sur Global (Argelia, Somalia, Guyana, Sierra Leona y Panamá) hicieron algunos comentarios críticos sobre la resolución 2803 durante el debate formal que precedió a la votación, centrándose en su vaguedad en cuanto a detalles cruciales e incluso en su parcialidad, pero todos acabaron votando a favor. ¿Reflejó esa votación un acuerdo genuino o, más probablemente, fue una votación que reconoció la primacía geopolítica en lo que respecta a la gestión de la seguridad mundial? ¿Y por qué Indonesia y Pakistán, países de mayoría musulmana, aunque no son miembros del Consejo de Seguridad, se esforzaron por expresar su aprobación de la vía del 2803 hacia el futuro? Más comprensible fue la aprobación expresada por la Unión Europea, que volvió a servir como recordatorio de que el trato que Israel da a los palestinos forma parte del largo juego civilizatorio judeocristiano de mantener la hegemonía en Oriente Medio. Igual de preocupante fue el respaldo a la resolución 2803 por parte del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, quien no sólo la acogió con satisfacción, sino que expresó su esperanza de que su impulso se tradujera en «medidas concretas». Afortunadamente, la relatora especial de la ONU sobre los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados, Francesca Albanese, expresó su «grave preocupación por la adopción de la resolución 2803 por parte del Consejo de Seguridad, advirtiendo que va en contra del derecho palestino a la autodeterminación, consolida la presencia ilegal de Israel en los territorios palestinos ocupados, incluidas las políticas y prácticas ilegales en curso, y, por lo tanto, corre el riesgo de legitimar la violencia masiva actual». De manera reveladora, Albanese pronunció la verdad de estas palabras ante el poder después de soportar las sanciones punitivas impuestas en julio por su valiente disposición a dar testimonio oficial de lo que se estaba volviendo demasiado evidente a los ojos y oídos de los pueblos del mundo. Resulta irónico que la respuesta de la ONU a la 2803 se haya visto en cierto modo rescatada de la mancha de la complicidad por una persona designada sin remuneración y no sujeta a la disciplina de la ONU. Sus palabras coinciden con las de Craig Mokhiber, quien dimitió de un alto cargo en la ONU por su incapacidad para tratar de forma responsable las reivindicaciones palestinas y que, en los últimos años, se ha convertido en el crítico más informado e incisivo del enfoque de la ONU, reforzando la franqueza de Albanese en nombre de la ley y la justicia con respecto a las reivindicaciones y los derechos palestinos, pero el propio enfoque transaccional de la Organización chocó entre los imperativos geopolíticos y el cumplimiento de la Carta de las Naciones Unidas. También resulta extraño que Rusia y China, aunque expresaron algunas críticas durante el debate, no utilizaran su derecho de veto para bloquear la aprobación de la resolución 2803, especialmente teniendo en cuenta el frecuente uso del veto por parte de Estados Unidos en favor de Israel y considerando los principios que estaban en juego. Es probable que les impresionara la aceptación por parte de Hamás del enfoque general y no quisieran ser vistos como los responsables del fracaso del Plan Trump, lo que sin duda habría significado el fin del ya deteriorado alto el fuego. Además, tanto China como Rusia parecen considerar que la estabilidad mundial depende de un cierto grado de reciprocidad geopolítica en relación con sus relaciones trilaterales. En este sentido limitado, Trump parece estar más de acuerdo con la idea de que las relaciones de cooperación con estos dos países aportarían estabilidad y beneficios transaccionales que el enfoque de Biden de luchar contra Rusia a través de Ucrania para preservar el dominio estadounidense tras la Guerra Fría, una vía que aumentaba el riesgo de una tercera guerra mundial con armas nucleares, lo que habría prolongado la guerra de Ucrania con numerosas víctimas en ambos bandos. El enfoque de Trump, aunque frágil debido a su estilo voluble, hacía hincapié en la estabilidad geopolítica si ello significaba aceptar esferas de influencia que comprometían la soberanía de los Estados más pequeños e incluso, como en este caso, pasar por alto el genocidio. El rechazo de la resolución 2803 por parte de Hamás no fue del todo una sorpresa. No explica por qué Hamás aceptó la diplomacia de Trump en un principio, salvo por las perspectivas de alto el fuego y retirada de las Fuerzas de Defensa de Israel. La aceptación de Hamás se extendió a todo el plan de Trump, pero con esta postura en contra de la resolución 2803 y su anunciada negativa a desarmarse, ahora puede ser la base de un compromiso mejor o, al menos, un punto muerto en busca de nuevos progresos. Hamás e Irán, el otro crítico vocal de la resolución, también están reaccionando sin duda a la ausencia por parte de Israel de cualquier voluntad de mostrar signos de adoptar una política de reconciliación, ni de respetar concienzudamente el alto el fuego inicial, la retirada parcial y el fin de las rígidas restricciones a la ayuda humanitaria. El hecho de que Israel no haya mostrado piedad alguna hacia una población que vive sin calefacción, sin refugios seguros y sin alimentos y suministros médicos adecuados transmite el escalofriante mensaje de que Israel ni siquiera ha considerado abandonar sus ambiciones expansionistas, que incluyen una mayor limpieza étnica en Gaza y un aumento del crecimiento de los asentamientos en Cisjordania. El representante estadounidense insistió en que «un voto en contra de esta resolución es un voto a favor de volver a la guerra», lo cual formaba parte del enfoque de Trump de «o lo tomas o lo dejas». Tampoco es de extrañar que Netanyahu aplaudiera el respaldo a la resolución 2803 declarando que «el plan del presidente Trump conducirá a la paz y la prosperidad porque insiste en la desmilitarización total, el desarme y la desradicalización de Gaza». Tampoco es sorprendente que Francia y el Reino Unido endulzaran su respaldo al plan de Trump con declaraciones verbales de apoyo condicional a la eventual creación de un Estado palestino, tal y como se afirma en su patrocinio de la Declaración de Nueva York, que prevé la futura representación palestina bajo la autoridad de una Autoridad Palestina (AP) reconstituida, creada a su vez por la diplomacia dominada por Estados Unidos e Israel, que ha eludido la autodeterminación palestina, pero que ahora se está reutilizando para aplicar el plan de Trump. El apoyo anunciado por la AP a la resolución 2803 es una medida calculada para convencer a Israel y a Estados Unidos de que se puede contar con ella para seguir su escenario de estabilización, a pesar de su rechazo a las reivindicaciones palestinas y su negación del derecho de Palestina a la autodeterminación. Ofrecer estas migajas a la AP, al tiempo que se descalifica a Hamás de cualquier papel en la representación del pueblo palestino, es emblemático de la siguiente fase del juego final sionista, que implica la rendición política de Palestina y la eliminación de Hamás y de la resistencia palestina. Observaciones finales Las maniobras de los Estados, que siguen sus propios intereses en lugar de los valores supuestamente compartidos asociados con la Carta de las Naciones Unidas y el estado de derecho internacional, son lo que cabe esperar dada la historia de las relaciones internacionales y la orientación política realista de la mayoría de las élites de política exterior. No obstante, es lamentable, dada la flagrante indiferencia hacia la justicia y los derechos que impregna el Plan Trump y el poder diplomático y militar de que dispone Estados Unidos. No augura nada bueno para afrontar otros retos del orden mundial, como el cambio climático, los flujos migratorios, la estabilidad ecológica, una distribución menos desigual de la riqueza y los ingresos entre las personas, los Estados y las regiones, así como un compromiso más firme con los modos pacíficos de resolución de conflictos. Esta saga de la 2803 es especialmente desafortunada porque demuestra que la gestión geopolítica de la seguridad mundial va más allá del poder de veto de los cinco miembros permanentes. En aras de la estabilidad, la sede de la ONU acepta implícitamente el genocidio israelí en una medida indecorosa al respaldar por unanimidad un futuro neocolonialista para Gaza y la impunidad para Israel y sus cómplices. Simbólico de esta indecorosa sumisión de la ONU y sus miembros es el respaldo a la resolución 2803 por parte del líder de la ONU, una persona declarada persona non grata por Israel hace más de un año. El insultante rechazo de Israel a la ONU como «un pozo negro de antisemitismo» y similares debería haber llevado al menos al secretario general de la Organización a responder con un silencio sepulcral a la resolución 2803, en lugar de arrodillarse en señal de sumisión. Esto envía un mensaje vergonzoso al mundo de que, desde la perspectiva de la ONU, ni siquiera el genocidio descalifica a un Estado para recibir recompensas diplomáticas y territoriales, siempre y cuando los actores geopolíticos o los 5P sigan a bordo. En efecto, la dinámica de la política de poder sigue haciendo historia, a pesar de las desastrosas consecuencias. Richard Falk es Catedrático Emérito de Derecho Internacional Albert G. Milbank de la Universidad de Princeton, Catedrático de Derecho Global de la Universidad Queen Mary de Londres e Investigador Asociado del Centro Orfalea de Estudios Globales de la UCSB. Texto en inglés: CounterPunch.org, traducido por Sinfo Fernández. Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2025/12/30/verguenza-para-la-onu-por-ratificar-un-genocidio/

New York Times presenta el genocidio israelí en Gaza como una aplicación de la ley

Recomiendo: Una vez más, el New York Times presenta el genocidio israelí en Gaza como una aplicación de la ley Por Jonathan Cook | 01/01/2026 | Mentiras y medios Fuentes: Jonathan Cook. SubStack Traducido del inglés por Marwan Pérez para Rebelión Israel está expulsando a 37 grupos de ayuda humanitaria, una probable sentencia de muerte para cientos de miles de palestinos. Pero el Times solo habla de ‘nuevas normas’ en Gaza y ‘suspensiones’ para quienes ‘se resisten al registro’ Esta es otra clase magistral del New York Times sobre cómo vender el genocidio por imperativo legal. Según el titular de hoy, «nuevas normas israelíes” que obligan a “suspender” a grupos de ayuda y socorro, es decir, la expulsión forzosa de 37 organizaciones humanitarias del territorio palestino ocupado ilegalmente por Israel. Estos grupos de ayuda organizan la mayoría de los hospitales de campaña que actualmente operan en Gaza y se establecieron tras la destrucción de los hospitales adecuados por Israel del enclave. Los grupos también gestionan refugios de emergencia, servicios de agua y saneamiento, y centros de tratamiento para niños con desnutrición aguda. Las «normas de registro» de Israel son una sentencia de muerte para una población palestina sin hogar y indigente, vulnerable al hambre, las inundaciones, el frío invernal y las enfermedades debido a la destrucción de su tierra durante dos años. Una captura de pantalla de un artículo de noticias El contenido generado por IA puede ser incorrecto. ¿A quien culpar? Aparentemente a grupos como Médicos Sin Fronteras, Ayuda Médica para Palestinos y CARE. ¿Por qué? Porque están «resistiendo» las «normas» de Israel para «proporcionar información detallada» sobre su personal en Gaza, información que Israel ha utilizado una y otra vez para matar a esos trabajadores humanitarios. Como señala Médicos Sin Fronteras, «apoyamos a uno de cada cinco camas hospitalarias y a uno de cada tres nacimientos» en Gaza. Israel, añadió, que estaba «cortando la asistencia médica que salva vidas a cientos de miles de personas». Otra organización afectada por las “nuevas normas», el Consejo Noruego de Refugiados, señaló que Israel había matado a cientos de trabajadores humanitarios en los últimos dos años. «Para nosotros, es una preocupación de seguridad para nuestro personal. Y reconocer quiénes son – los pone en riesgo.» El New York Times quiere que olvides quién es el criminal aquí. Es Israel quien está ocupando ilegalmente Gaza y otros territorios palestinos —y lo ha hecho durante décadas. Es Israel quien ha bombardeado Gaza hasta la Edad de Piedra. Es Israel quien ha limpiado étnicamente a la población de Gaza de sus tierras, obligándolas a refugiarse en campos de concentración cada vez más pequeños en esas ruinas, rodeadas por la «línea amarilla» israelí. Es Israel quien ha ocasionado la hambruna al pueblo de Gaza durante meses bloqueando toda ayuda. Es Israel quien ha matado al menos a 600 trabajadores humanitarios, 1.700 personal sanitario y 250 periodistas en Gaza en los últimos dos años. Es Israel quien ha erradicado todos los hospitales y centros sanitarios de Gaza, dejando a su población mutilada y hambrienta vulnerable a infecciones y enfermedades. Y ahora es Israel quien expulsa a las organizaciones de ayuda vitales para mantener viva a esta población sin hogar, bombardeada, mutilada, hambrienta, huérfana y traumatizada. Los delincuentes no pueden establecer las «reglas» porque las reglas que establecen, por definición, sirven a su agenda criminal. Israel no ha ocultado esa agenda. Quiere erradicar Gaza y su población. Ha destruido los hogares de la gente de Gaza y la infraestructura que necesitan para sobrevivir, desde hospitales y escuelas hasta servicios de saneamiento. Ha bloqueado la ayuda y los alimentos, y ahora está expulsando a las organizaciones de ayuda de emergencia que servían de parita para mantener a esta población apenas con vida. El objetivo de Israel es hacer la vida tan desesperada, tan imposible, que el resto del mundo consienta la expulsión del pueblo palestino de Gaza por motivos «humanitarios». El New York Times, como el resto de los medios, está usando un lenguaje para persuadirte de que nada de esto está ocurriendo. Antes, los crímenes se justificaban como una «guerra» —una para erradicar a Hamás. Ahora, durante un supuesto «alto el fuego» en el que Israel sigue matando palestinos, los crímenes se justifican como una nueva forma diferente de ordenar los asuntos en Gaza, de nuevo supuestamente necesaria para erradicar a Hamás. Al parecer, las organizaciones de ayuda son las que causan problemas al «resistirse», al incumplir las «normas». Este es el lenguaje del lavado de genocidios, de la negación del genocidio. Tiene una historia larga y fea. Los nazis y sus medios calificaron la detención de las poblaciones judías de los guetos a los que habían sido obligados a entrar como «evacuaciones». Los enviados a campos de exterminio eran «reasentados». Y las cámaras de gas eran donde los «detenidos» recibían un «trato especial». Esta terminología de buena administración —de normas, de orden, de suspensiones, de reasentamiento— es necesaria para insensibilizarnos ante la bárbara realidad de los horrores que se desarrollan minuto a minuto en Gaza. Repetir este lenguaje anestesia, como hace una y otra vez el New York Times, es más que un crimen contra el periodismo. Es un crimen contra nuestra humanidad común. Sin la ayuda de medios como el New York Times, el genocidio habría sido simplemente imposible. Fuente: https://jonathancook.substack.com/p/once-again-the-new-york-times-sells?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F006e82ee-966d-41e3-876e-db4463baac79_699x374.png&open=false Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Europa socava el proceso de paz": lo dice un medio occidental

- Sputnik Mundo, 1920 Conduce Javier Benítez. "Europa socava el proceso de paz": lo dice un medio occidental La reunión, a mediados de diciembre, de líderes europeos en Berlín es una prueba más de que la Unión Europea busca socavar el proceso de negociación para un acuerdo de paz en el conflicto ucraniano. Así lo entiende el periódico 'Berliner Zeitung' en una reciente publicación, en la que hace una radiografía de la conducta de los líderes europeos. La verdad ya es inocultable Según el medio, lo que los europeos intentan vender como "política de paz activa" no es, desde la perspectiva de Moscú y Washington, más que "ruido informativo". Los políticos que, "sin embargo, promueven la idea de introducir tropas occidentales en Ucrania se arriesgan deliberadamente a bloquear todo el proceso", señaló el periódico, agregando que "Europa declara su apoyo a la paz y la diplomacia, pero en la práctica socava el proceso que podría conducir a un compromiso duradero, aunque incómodo". "Europa elude cualquier responsabilidad compartida en la toma de decisiones difíciles, pero al mismo tiempo contribuye a que estas decisiones no se tomen en absoluto. Europa se pierde una vez más en la política simbólica, y la reunión de Berlín es el mejor ejemplo de ello", enfatiza el artículo. Para el doctor en Relaciones Internacionales Alberto Hutschenreuter, este análisis del medio alemán "es bastante acertado". "Porque Europa está 'jugando' con algo que puede ser muy riesgoso. Europa debería pensar en una estructura de seguridad con Rusia, pero en una auténtica estructura de seguridad con Rusia, no en una estructura de seguridad como pasó en los 90 [década de 1990] con la Asociación para la Paz, el Consejo de OTAN–Rusia, etc., que en los papeles sonaba muy bien porque Rusia iba a participar en los debates. Pero después era bastante formal la participación de Rusia. Entonces, para mí, el objetivo de Europa, en lugar de estar 'jugando' a la guerra, debería estar pensando en una estructura de seguridad con Rusia a partir de un acuerdo en Ucrania", concluye Hutschenreuter.

martes, 30 de diciembre de 2025

Irán y el precio de la soberanía: ¿qué se necesita para no ser un Estado cliente?

Recomiendo: Irán y el precio de la soberanía: ¿qué se necesita para no ser un Estado cliente? Por Behrooz Ghamari-Tabrizi | 29/12/2025 | Mundo Fuentes: Voces del Mundo [Foto: Un hombre sostiene un retrato del ayatolá Alí Jamenei (EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH)] El 12 de junio de 2025, por primera vez en más de veinte años, la junta de gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) aprobó una resolución en la que declaraba que Teherán estaba incumpliendo sus obligaciones en materia de no proliferación. Al día siguiente, el 13 de junio, aviones de combate israelíes iniciaron una campaña de bombardeos sobre Teherán y otras ciudades importantes de Irán. Con la ayuda de sus aliados dentro del país, asesinaron a altos mandos militares, mataron a destacados científicos nucleares en sus residencias junto con sus familias, bombardearon la reunión del gabinete en Teherán, hiriendo al presidente, bombardearon indiscriminadamente zonas residenciales urbanas e incluso atacaron la prisión de Evin, donde se encuentran recluidos la mayoría de los presos políticos. Estados Unidos proporcionó información de inteligencia, repostó sus aviones de combate en pleno vuelo y, finalmente, entró directamente en la guerra bombardeando las instalaciones de enriquecimiento nuclear iraníes con armas antibúnker. Este ataque israelí no provocado se produjo en medio de unas negociaciones aparentemente constructivas entre Irán y Estados Unidos en Roma y Mascate. El ataque del viernes 13 se produjo justo antes de que ambos países se reunieran el domingo 15 para ultimar un marco para nuevos acuerdos sobre el programa de enriquecimiento iraní. En total, cerca de 1.000 personas murieron en los ataques israelíes, miles resultaron heridas y cientos de familias perdieron sus hogares. No hay pruebas sólidas de que la junta de la AIEA coordinara la publicación de su informe con los israelíes. Pero la sospechosa coincidencia entre el momento de la publicación del informe y los ataques israelíes da credibilidad a las afirmaciones de la República Islámica de que algunos de los inspectores de la AIEA espiaban para Israel. En su informe, la AIEA desenterró cuestiones de hace veinte años sobre partículas altamente enriquecidas encontradas en tres emplazamientos iraníes. El argumento a favor del incumplimiento iraní se basa principalmente en la conclusión de la Agencia de que «estas ubicaciones no declaradas formaban parte de un programa estructurado y no declarado llevado a cabo por Irán hasta principios de la década de 2000, y que algunas de estas actividades utilizaban material nuclear no declarado» (el énfasis es mío). En el informe se ocultó el hecho de que la AIEA no ha encontrado pruebas de ningún programa de armamento ni componente militar en las actividades nucleares iraníes. Solo unos días después de los ataques, el director general de la AIEA, Rafael Grossi, reiteró que «Irán no ha perseguido activamente la obtención de armas nucleares desde 2003». Israel utilizó el informe de la AIEA para legitimar sus ilegales acciones militares. Sin embargo, ese ataque total se había estado preparando durante meses, cuando no años. No pudo haberse lanzado simplemente en respuesta al informe de la AIEA. Durante más de dos décadas, desde que se estableció uno de los regímenes de inspección más intrusivos sobre el programa de enriquecimiento iraní, la AIEA no había citado a Irán por incumplimiento de sus obligaciones. Esto no era algo sin precedentes. En la década de 1990, la Comisión Especial de las Naciones Unidas (UNSCOM, por sus siglas en inglés), cuyo mandato era eliminar el programa de armas de destrucción masiva de Iraq, colaboró estrechamente con las agencias de inteligencia estadounidenses. A través de la UNSCOM, durante la administración Clinton, la CIA llevó a cabo ambiciosas operaciones de espionaje para infiltrarse en los aparatos de inteligencia y defensa iraquíes. Ahora, la llamada guerra de los doce días ha terminado. Los iraníes han vuelto a la devastadora violencia perpetua de las sanciones lideradas por Estados Unidos y los asesinatos selectivos del Mossad. La administración Trump y sus aliados europeos han pedido a Irán que acepte su derrota, se rinda incondicionalmente y «regrese» a la mesa de negociaciones. Le piden a Irán que desmantele su tecnología nuclear, detenga la producción de su programa de misiles avanzados, cese su apoyo a la causa palestina y ponga fin a su red conocida como el «eje de la resistencia» contra el expansionismo israelí y estadounidense. En otras palabras, que se convierta en un Estado cliente. Irán es uno de los pocos frentes que quedan de desafío contra la postura extorsionadora estadounidense y la carnicería israelí que ha envuelto a Oriente Medio. Ese desafío tiene un precio muy alto. Estados Unidos desea volver a la alineación de Oriente Medio anterior a la revolución de 1979, con Irán como un Estado cliente que proteja los intereses estadounidenses en la región. Durante más de cuatro décadas este objetivo ha determinado la posición estratégica de Estados Unidos hacia Irán. Las sucesivas administraciones estadounidenses han aplicado esta política con campañas de intimidación, la construcción de más de una docena de bases aéreas y navales permanentes en la región, sabotajes, amenazas militares, sanciones draconianas y, en última instancia, bajo la administración Trump, el bombardeo de instalaciones de enriquecimiento nuclear. Estados Unidos no aspira necesariamente a devolver al poder a la monarquía prerrevolucionaria, aunque la CIA utiliza al hijo del derrocado sha como espantapájaros en sesiones fotográficas. Pero busca instaurar un Estado que carezca de la autoridad necesaria para desafiar la influencia regional estadounidense, un Estado sin soberanía. A falta de eso, tal vez un Estado fallido sirva… Estados Unidos ha rodeado Irán con bases militares permanentes para contener cualquier influencia que la República Islámica pueda ejercer en la política regional. El objetivo declarado del Gobierno israelí ha sido el derrocamiento de la República Islámica y la balcanización de Irán. Los israelíes, con la ayuda de sus partidarios estadounidenses y europeos, desean explotar la composición multiétnica de Irán, en particular los kurdos, azeríes y baluchis, y profundizar las tensiones entre las minoritarias comunidades suníes minoritarias y la clase chií gobernante para replicar un modelo sirio/libio de Estado fallido. Desde el final de la guerra entre Irán e Iraq en 1988, el Mossad y los estrategas de las Fuerzas de Defensa de Israel han ideado y ejecutado diversos planes para infiltrarse en los grupos minoritarios de la oposición con el fin de fomentar los disturbios étnicos y dividir Irán. Israel también apoya a los partidos de la oposición, en particular al Mojahedin-e Khalq (MEK) y a las organizaciones monárquicas del hijo exiliado del difunto sha, con inteligencia, fondos y una vasta red de propaganda para crear inestabilidad dentro del país. La aparición del MEK como representante sionista y mercenario del proyecto neoconservador estadounidense muestra lo profundamente que se ha transformado la política de Oriente Medio desde la revolución de 1979. El MEK, una organización revolucionaria de izquierda y antiimperialista en la década de 1970, acoge ahora a John Bolton y Rudy Giuliani como oradores principales en sus convenciones. El ataque no provocado de Israel contra Irán el 13 de junio de 2025 fue posible principalmente gracias al entrenamiento de comandos iraníes por el Mossad dentro del país. Estos sabotearon o destruyeron con éxito las defensas aéreas iraníes antes de los ataques israelíes y permitieron que los aviones de combate israelíes volaran libremente por los cielos iraníes. La guerra de doce días contra Irán produjo dos resultados inesperados importantes. Con su superioridad aérea y su capacidad para decapitar el aparato militar y de inteligencia iraní, los israelíes esperaban un rápido desmantelamiento del régimen. Estaban tan seguros de sí mismos que enviaron un mensaje de voz a los principales líderes militares al comienzo de las operaciones ordenándoles que dimitieran o serían asesinados junto con toda su familia. El mensaje, filtrado al Washington Post y escuchado en farsi, advertía: «Les advierto que tienen doce horas para escapar con sus esposas e hijos», dijo un agente de inteligencia, cuya voz había sido alterada en la grabación. «De lo contrario, están en nuestra lista ahora mismo». Los líderes militares iraníes no solo rechazaron ese «consejo», sino que reunieron a su estructura de mando herida y lanzaron formidables ataques con misiles de contraofensiva. Irán infligió una destrucción sin precedentes en el interior de Israel, lo que obligó a los israelíes a pedir a Estados Unidos una participación más directa en la guerra. Ante el alarmante agotamiento de sus interceptores antimisiles, los israelíes suplicaron un alto el fuego inmediato. Una semana después del inicio de la guerra, Irán logró romper el sistema de defensa aérea israelí «Cúpula de Hierro», supuestamente impenetrable. El segundo acontecimiento inesperado de la guerra de doce días fue la forma en que los iraníes se unieron en torno a la bandera. Las debilitantes sanciones y el capitalismo clientelar que han fomentado han provocado graves dificultades económicas para la mayoría de los iraníes. Los israelíes creían que su ataque convertiría esas dificultades y la corrupción económica rampante de las clases dirigentes en protestas masivas contra la República Islámica. Además, el orden político parecía especialmente vulnerable tras las protestas de «Mujeres, Vida, Libertad» que se prolongaron durante un año. Los estrategas israelíes creían que la discordia social en torno a la política de género en Irán resurgiría tras la campaña de bombardeos. Ese cálculo resultó erróneo; de hecho, las cosas funcionaron en sentido contrario. Atacar Irán con bombas de fabricación estadounidense, lanzadas desde aviones de combate de fabricación estadounidense, que caían sobre las casas y los barrios de la población, reavivó el sentimiento nacionalista y solo dio credibilidad a la larga caracterización de la República Islámica de Estados Unidos e Israel como amenazas existenciales. La percepción pública de que el líder supremo está plagado de una «paranoia ciega» hacia las potencias occidentales ya no podía mantenerse. Esa fugaz sensación de solidaridad podría no durar. Pero el cálculo de que los iraníes estaban dispuestos a aceptar cualquier cosa menos la República Islámica resultó ser prematuro. Durante varias décadas, las agencias de inteligencia occidentales promovieron la idea de que el ayatolá Jamenei sufre un caso crónico de paranoia y cree que Estados Unidos e Israel están conspirando para derrocar a la República Islámica. Este tipo de imágenes se utilizan habitualmente en los medios de comunicación occidentales para representar la mentalidad paranoica de Jamenei. Como suele ocurrir, tras el cese de los combates, comenzó una guerra de relatos. El presidente Trump afirmó que las bombas estadounidenses habían aniquilado las instalaciones nucleares iraníes y obligado al régimen iraní a aceptar su inevitable derrota. Pidió a la República Islámica que se rindiera sin condiciones y aceptara la exigencia estadounidense de cerrar sus programas de enriquecimiento. Los israelíes celebraron la demostración pública de su poderío militar y su capacidad de inteligencia sin revelar el alcance de los daños causados por los ataques con misiles iraníes. Irán demostró que no es otro Iraq, Siria o Libia y que puede resistir el ataque de dos potencias nucleares. Demostró que puede responder y que lo hará con su propio poderío militar. La guerra de relatos determina cuáles serán los próximos pasos en el conflicto entre Irán e Israel y sus aliados occidentales. Estados Unidos, Israel y sus tres socios dispuestos, la troika formada por Reino Unido, Alemania y Francia, han dejado claro que Irán se enfrenta a dos opciones, y que ambas conducirán al estatus de cliente que exige Estados Unidos. Cuando piden a Irán que «vuelva» a la mesa de negociaciones, sin importarles que Irán nunca la haya abandonado, ni que Israel tenga la costumbre de asesinar a los negociadores, lo que quieren decir es que Irán debe someterse a sus condiciones: detener el programa de enriquecimiento, cerrar su producción de misiles y poner fin a sus relaciones con sus aliados en la región. En mayor o menor medida, los grupos de la oposición iraní han intentado aprovechar los ataques israelíes para promover su propia agenda. Los monárquicos, el MEK y otros defensores de la intervención militar creen que la República Islámica está al borde del colapso y que Occidente debe actuar con rapidez para derrocar al régimen de Teherán. Sus miembros colaboraron con el Mossad y promovieron esa colaboración como su misión patriótica para liberar a Irán del yugo de la República Islámica. Tras la guerra, una coalición de grupos y personalidades que han estado trabajando desde dentro del orden político existente para transformar la República Islámica, el Frente Reformista de Irán, emite un comunicado en el que sostiene que la única solución para superar la crisis actual es aceptar los términos y condiciones propuestos por Estados Unidos. La declaración pide una serie de reformas, como la liberación de los presos políticos, el respeto de la libertad de expresión, la revisión de las leyes que promueven la discriminación de género, elecciones libres y políticas anticorrupción. Son demandas que deben respetarse. Hay muchos actores políticos y de la sociedad civil que se han organizado en torno a esas demandas y han obtenido éxitos considerables en esos frentes en las últimas décadas. Muchos de esos actores han pagado un alto precio por su activismo, desde largas penas de prisión hasta el exilio o cosas peores. Lo preocupante de la declaración es que une estas preocupaciones legítimas con la forma en que sitúa a Irán en el orden mundial existente: Irán como el paria. Irán debe poner fin a su hostilidad hacia el orden mundial existente, afirma la declaración, ¡y acabar con su aislamiento internacional! Pero ¿cómo se logra ese objetivo y qué condiciones debe cumplir la República Islámica para ser aceptada en ese orden mundial? ¿Hay lugar en ese orden mundial para una nación que se niega a ser un Estado cliente? Un número considerable de quienes han trabajado desde dentro de las clases dominantes para reformar el orden político, así como muchos intelectuales públicos, suscriben este relato hegemónico que sostiene que: (a) las amenazas de guerra contra Irán disminuirán si la República Islámica inicia una reforma estructural significativa para garantizar las libertades civiles y consiente en celebrar elecciones libres y justas; (b) Irán debe respetar el orden internacional existente y acatar sus leyes y convenciones; (c) la República Islámica es la fuente de inestabilidad en la región y debe detener su programa de enriquecimiento, degradar su capacidad militar, abandonar a sus aliados regionales, «el eje de la resistencia», y reconocer al Estado de Israel, sin responsabilizarlo por el genocidio en Gaza y por atacar a Irán. No es necesario profundizar en la lógica que sostiene que el carácter autoritario de la República Islámica es el culpable de los ataques israelíes y las hostilidades estadounidenses hacia Irán. Si la represión en Irán hubiera perturbado la conciencia de los estrategas estadounidenses, los aliados de Estados Unidos en la región deberían haber sido las cunas de la democracia en Oriente Medio. La apropiación instrumental de la causa de los derechos humanos y las libertades civiles en Irán no es más que una cortina de humo para las ideologías expansionistas israelíes y estadounidenses. Por ejemplo, el 30 de septiembre de 2025, la cuenta Farsi X del Departamento de Estado de EE. UU. publicó una foto de la presa política Pakhshan Azizi en la que colocaron una bandera estadounidense y el sello del Departamento de Estado, pedían a Irán que revocara su sentencia de muerte y la liberara de inmediato. El mensaje original del Departamento de Estado en inglés también instaba a la República Islámica a respetar los actos pacíficos de protesta y a dejar de perseguir a los kurdos y otras minorías étnicas por sus legítimas reivindicaciones contra la discriminación. Cartel del Departamento de Estado de EE. UU., en el que reza: Pedimos al régimen iraní que detenga la ejecución de Pakhshan Azizi y la libere de inmediato. Mensaje de Pakhshan Azizi desde la cárcel: Estados Unidos debe poner fin a su belicismo, sus ataques militares y sus crímenes en la región. Pakhshan Azizi es una trabajadora social kurda que ha prestado activamente servicios sociales y asesoramiento a víctimas del ISIS en el noreste de Siria. Regresó a Irán y fue detenida en el verano de 2023 acusada de pertenecer a un grupo armado kurdo. Fue condenada a muerte por un tribunal de primera instancia y está a la espera del resultado de su recurso. En respuesta al llamamiento del Departamento de Estado de los Estados Unidos para que sea puesta en libertad, desde su celda en el corredor de la muerte de la prisión de Evin, envió un mensaje en el que rechazaba la siniestra instrumentalización estadounidense de su caso. Rechazo todas las acusaciones infundadas que se me imputan y estoy en proceso de apelar la injusta sentencia de muerte dictada por el poder judicial. También me gustaría referirme a la reciente declaración del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que parecía expresar su apoyo hacia mí. Si el Gobierno de los Estados Unidos cree verdaderamente en los principios de los derechos humanos y la humanidad, debe poner fin primero a su belicismo, agresión y crímenes en la región. También debe poner fin a su apoyo explícito al régimen sionista, que comete genocidio contra el pueblo de Gaza. Durante décadas, Estados Unidos ha impuesto sanciones y bloqueos económicos que han causado un inmenso sufrimiento y dificultades a personas inocentes. Si Estados Unidos valora genuinamente la dignidad humana, debe poner fin a estas políticas inhumanas. También espero que el pueblo estadounidense se dé cuenta de que las declaraciones de su Gobierno están muy lejos de la compasión y el respeto genuino por los derechos humanos. (Traducido del farsi por Yassamine Mather). Desde casi la mañana siguiente a la revolución de 1979 que derrocó el régimen del sha los partidos de la oposición han abogado por un cambio de régimen, creyendo que los días de la República Islámica están contados. La oposición a la República Islámica ha adoptado muchas formas diferentes, incluidos movimientos sindicales organizados, campañas por las libertades civiles, la libertad de prensa, movimientos de mujeres por la igualdad de derechos y contra la discriminación de género. Pero siempre ha habido quienes han abogado por la intervención extranjera, desde la invasión iraquí de Irán en la década de 1980 hasta la última guerra israelo-estadounidense contra Irán. La guerra de doce días ofreció una nueva esperanza a aquellos intervencionistas que creen que la servidumbre al imperio es el precio de la libertad. El mensaje de Pakhshan Azizi reitera con fuerza que la lucha por la justicia social no puede encontrar su solución en la aquiescencia ante el imperio. Es curioso que se responsabilice únicamente a Irán de la inestabilidad regional y se pida a la República Islámica que respete los tratados y convenciones internacionales. No hay duda de que la República Islámica se niega a convertirse en un cliente de Estados Unidos, y esta negativa explica en gran medida cómo se resisten al dominio estadounidense en Oriente Medio y han estado compitiendo con los aliados de Estados Unidos, en particular con Israel, por la influencia en la región. Durante las últimas cuatro décadas Irán ha construido una coalición antisionista principalmente como proyecto disuasorio, más que expansionista. El apoyo de la República Islámica a la causa palestina se ha conformado siempre para dar prioridad a los intereses nacionales iraníes sobre la liberación de Palestina. A pesar de su retórica provocadora, Irán nunca ha cometido ninguna agresión contra Israel. De hecho, dentro del país, los defensores radicales de la causa palestina han criticado al Estado por su inacción ante las agresiones israelíes, como los asesinatos de científicos nucleares iraníes durante una década, el bombardeo del consulado iraní en Damasco, el asesinato del negociador jefe de Hamás, Ismael Hanieh, en Teherán, y diversos tipos de sabotajes en las infraestructuras iraníes. La exigencia orwelliana de que Irán respete las leyes internacionales, cuando Israel ha violado repetidamente la soberanía iraní y Estados Unidos ha bombardeado ilegalmente las instalaciones nucleares de Irán, no tiene ningún sentido, salvo pedir a Irán que capitule ante las condiciones estadounidenses e israelíes. Ningún otro país del mundo ha violado las leyes internacionales tantas veces como Israel y Estados Unidos. El orden mundial al que se obliga a Irán a adherirse exige una sumisión total a los intereses del imperialismo estadounidense. Como quedó patente con la publicación del plan de paz de Trump para Gaza, compuesto por 20 puntos, las negociaciones de la Administración Trump no tienen otro significado que «acéptalo o te aniquilaremos». Al igual que sus propuestas unilaterales a Irán, la Casa Blanca redactó la propuesta de paz para Gaza sin ninguna aportación de los palestinos. Revisaron la propuesta original tras consultar con Netanyahu y publicaron el borrador final como plan de paz sin contar con la otra parte del proceso de paz, los palestinos, en la mesa de negociaciones. Estados Unidos permitió a Netanyahu crear lagunas clave en el acuerdo para garantizar que Israel pueda continuar con su genocidio en Gaza, independientemente del acuerdo de «alto el fuego». En efecto, al igual que con Irán, Estados Unidos e Israel siguen la misma lógica política con Hamás: o se rinden o mueren. Esta lógica carece de garantías de que, si se rinden, no serán asesinados. Y para asegurar esta paz duradera han redactado un nuevo «mandato» para gobernar Palestina bajo el virreinato del ex primer ministro británico Tony Blair. La inquietante referencia a un «mandato» es otra muestra de las desenfrenadas ambiciones imperiales que persiguen Estados Unidos, Israel y sus aliados europeos. Muchos iraníes están agotados tras décadas de sanciones y un aparato estatal represivo al que las sanciones otorgan más legitimidad y longevidad. No es de extrañar que muchos dentro del país estén dispuestos a rendirse y aceptar cualquier acuerdo que les ofrezca Estados Unidos. En el país existe la conciencia de que la balcanización de Irán es una posibilidad real, al igual que los escenarios de «Estado fallido» de Libia, Siria e Iraq, con la desintegración total de la sociedad. Al mismo tiempo, seguir viviendo en el purgatorio de las constantes amenazas de guerra y destrucción, mientras se gestionan los efectos de las draconianas sanciones impuestas al país, ha empujado a amplios sectores de la clase política, los intelectuales públicos y la población en general hacia una política de resignación. No quedan buenas opciones para la República Islámica ni para los súbditos a los que gobierna. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha borrado momentáneamente la distinción entre el Estado y la nación. A medida que se desvanece la influencia unificadora de la guerra, los iraníes de todos los ámbitos de la vida se enfrentan a una privación y una disparidad económicas irresolubles, mientras que el asediado Estado lucha contra la avaricia sin límites del imperio estadounidense y sus compinches. Los iraníes deben desvincular la defensa de la soberanía del país de la lucha por la justicia social y las libertades civiles. Queda por ver si la soberanía iraní permanecerá intacta una vez que se calme la guerra. Eso si es que alguna vez se calma el polvo de la guerra con las ambiciones israelíes y el deseo de Occidente de tomar la pluma para redibujar el mapa de Oriente Medio. Behrooz Ghamari-Tabrizi es un historiador, sociólogo y profesor estadounidense nacido en Irán. Behrooz está afiliado al Instituto Elahé Omidyar Mir-Djalali de Estudios Iraníes de la Universidad de Toronto. Es expresidente del Departamento de Estudios del Cercano Oriente de la Universidad de Princeton y autor de Islam and Dissent in Postrevolutionary Iran (2008); Foucault in Iran: Islamic Revolution after the Enlightenment (2016); Remembering Akbar (OR/Books, 2016); y The Long War on Iran: New Events and Old Question (OR/Books, enero de 2025). Texto en inglés: CounterPunch, traducido por Sinfo Fernández. Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2025/12/25/iran-y-el-precio-de-la-soberania-que-se-necesita-para-no-ser-un-estado-cliente/ necesita para no ser un Estado clien Por Behrooz Ghamari-Tabrizi | 29/12/2025 | Mundo Fuentes: Voces del Mundo [Foto: Un hombre sostiene un retrato del ayatolá Alí Jamenei (EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH)] El 12 de junio de 2025, por primera vez en más de veinte años, la junta de gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) aprobó una resolución en la que declaraba que Teherán estaba incumpliendo sus obligaciones en materia de no proliferación. Al día siguiente, el 13 de junio, aviones de combate israelíes iniciaron una campaña de bombardeos sobre Teherán y otras ciudades importantes de Irán. Con la ayuda de sus aliados dentro del país, asesinaron a altos mandos militares, mataron a destacados científicos nucleares en sus residencias junto con sus familias, bombardearon la reunión del gabinete en Teherán, hiriendo al presidente, bombardearon indiscriminadamente zonas residenciales urbanas e incluso atacaron la prisión de Evin, donde se encuentran recluidos la mayoría de los presos políticos. Estados Unidos proporcionó información de inteligencia, repostó sus aviones de combate en pleno vuelo y, finalmente, entró directamente en la guerra bombardeando las instalaciones de enriquecimiento nuclear iraníes con armas antibúnker. Este ataque israelí no provocado se produjo en medio de unas negociaciones aparentemente constructivas entre Irán y Estados Unidos en Roma y Mascate. El ataque del viernes 13 se produjo justo antes de que ambos países se reunieran el domingo 15 para ultimar un marco para nuevos acuerdos sobre el programa de enriquecimiento iraní. En total, cerca de 1.000 personas murieron en los ataques israelíes, miles resultaron heridas y cientos de familias perdieron sus hogares. No hay pruebas sólidas de que la junta de la AIEA coordinara la publicación de su informe con los israelíes. Pero la sospechosa coincidencia entre el momento de la publicación del informe y los ataques israelíes da credibilidad a las afirmaciones de la República Islámica de que algunos de los inspectores de la AIEA espiaban para Israel. En su informe, la AIEA desenterró cuestiones de hace veinte años sobre partículas altamente enriquecidas encontradas en tres emplazamientos iraníes. El argumento a favor del incumplimiento iraní se basa principalmente en la conclusión de la Agencia de que «estas ubicaciones no declaradas formaban parte de un programa estructurado y no declarado llevado a cabo por Irán hasta principios de la década de 2000, y que algunas de estas actividades utilizaban material nuclear no declarado» (el énfasis es mío). En el informe se ocultó el hecho de que la AIEA no ha encontrado pruebas de ningún programa de armamento ni componente militar en las actividades nucleares iraníes. Solo unos días después de los ataques, el director general de la AIEA, Rafael Grossi, reiteró que «Irán no ha perseguido activamente la obtención de armas nucleares desde 2003». Israel utilizó el informe de la AIEA para legitimar sus ilegales acciones militares. Sin embargo, ese ataque total se había estado preparando durante meses, cuando no años. No pudo haberse lanzado simplemente en respuesta al informe de la AIEA. Durante más de dos décadas, desde que se estableció uno de los regímenes de inspección más intrusivos sobre el programa de enriquecimiento iraní, la AIEA no había citado a Irán por incumplimiento de sus obligaciones. Esto no era algo sin precedentes. En la década de 1990, la Comisión Especial de las Naciones Unidas (UNSCOM, por sus siglas en inglés), cuyo mandato era eliminar el programa de armas de destrucción masiva de Iraq, colaboró estrechamente con las agencias de inteligencia estadounidenses. A través de la UNSCOM, durante la administración Clinton, la CIA llevó a cabo ambiciosas operaciones de espionaje para infiltrarse en los aparatos de inteligencia y defensa iraquíes. Ahora, la llamada guerra de los doce días ha terminado. Los iraníes han vuelto a la devastadora violencia perpetua de las sanciones lideradas por Estados Unidos y los asesinatos selectivos del Mossad. La administración Trump y sus aliados europeos han pedido a Irán que acepte su derrota, se rinda incondicionalmente y «regrese» a la mesa de negociaciones. Le piden a Irán que desmantele su tecnología nuclear, detenga la producción de su programa de misiles avanzados, cese su apoyo a la causa palestina y ponga fin a su red conocida como el «eje de la resistencia» contra el expansionismo israelí y estadounidense. En otras palabras, que se convierta en un Estado cliente. Irán es uno de los pocos frentes que quedan de desafío contra la postura extorsionadora estadounidense y la carnicería israelí que ha envuelto a Oriente Medio. Ese desafío tiene un precio muy alto. Estados Unidos desea volver a la alineación de Oriente Medio anterior a la revolución de 1979, con Irán como un Estado cliente que proteja los intereses estadounidenses en la región. Durante más de cuatro décadas este objetivo ha determinado la posición estratégica de Estados Unidos hacia Irán. Las sucesivas administraciones estadounidenses han aplicado esta política con campañas de intimidación, la construcción de más de una docena de bases aéreas y navales permanentes en la región, sabotajes, amenazas militares, sanciones draconianas y, en última instancia, bajo la administración Trump, el bombardeo de instalaciones de enriquecimiento nuclear. Estados Unidos no aspira necesariamente a devolver al poder a la monarquía prerrevolucionaria, aunque la CIA utiliza al hijo del derrocado sha como espantapájaros en sesiones fotográficas. Pero busca instaurar un Estado que carezca de la autoridad necesaria para desafiar la influencia regional estadounidense, un Estado sin soberanía. A falta de eso, tal vez un Estado fallido sirva… Estados Unidos ha rodeado Irán con bases militares permanentes para contener cualquier influencia que la República Islámica pueda ejercer en la política regional. El objetivo declarado del Gobierno israelí ha sido el derrocamiento de la República Islámica y la balcanización de Irán. Los israelíes, con la ayuda de sus partidarios estadounidenses y europeos, desean explotar la composición multiétnica de Irán, en particular los kurdos, azeríes y baluchis, y profundizar las tensiones entre las minoritarias comunidades suníes minoritarias y la clase chií gobernante para replicar un modelo sirio/libio de Estado fallido. Desde el final de la guerra entre Irán e Iraq en 1988, el Mossad y los estrategas de las Fuerzas de Defensa de Israel han ideado y ejecutado diversos planes para infiltrarse en los grupos minoritarios de la oposición con el fin de fomentar los disturbios étnicos y dividir Irán. Israel también apoya a los partidos de la oposición, en particular al Mojahedin-e Khalq (MEK) y a las organizaciones monárquicas del hijo exiliado del difunto sha, con inteligencia, fondos y una vasta red de propaganda para crear inestabilidad dentro del país. La aparición del MEK como representante sionista y mercenario del proyecto neoconservador estadounidense muestra lo profundamente que se ha transformado la política de Oriente Medio desde la revolución de 1979. El MEK, una organización revolucionaria de izquierda y antiimperialista en la década de 1970, acoge ahora a John Bolton y Rudy Giuliani como oradores principales en sus convenciones. El ataque no provocado de Israel contra Irán el 13 de junio de 2025 fue posible principalmente gracias al entrenamiento de comandos iraníes por el Mossad dentro del país. Estos sabotearon o destruyeron con éxito las defensas aéreas iraníes antes de los ataques israelíes y permitieron que los aviones de combate israelíes volaran libremente por los cielos iraníes. La guerra de doce días contra Irán produjo dos resultados inesperados importantes. Con su superioridad aérea y su capacidad para decapitar el aparato militar y de inteligencia iraní, los israelíes esperaban un rápido desmantelamiento del régimen. Estaban tan seguros de sí mismos que enviaron un mensaje de voz a los principales líderes militares al comienzo de las operaciones ordenándoles que dimitieran o serían asesinados junto con toda su familia. El mensaje, filtrado al Washington Post y escuchado en farsi, advertía: «Les advierto que tienen doce horas para escapar con sus esposas e hijos», dijo un agente de inteligencia, cuya voz había sido alterada en la grabación. «De lo contrario, están en nuestra lista ahora mismo». Los líderes militares iraníes no solo rechazaron ese «consejo», sino que reunieron a su estructura de mando herida y lanzaron formidables ataques con misiles de contraofensiva. Irán infligió una destrucción sin precedentes en el interior de Israel, lo que obligó a los israelíes a pedir a Estados Unidos una participación más directa en la guerra. Ante el alarmante agotamiento de sus interceptores antimisiles, los israelíes suplicaron un alto el fuego inmediato. Una semana después del inicio de la guerra, Irán logró romper el sistema de defensa aérea israelí «Cúpula de Hierro», supuestamente impenetrable. El segundo acontecimiento inesperado de la guerra de doce días fue la forma en que los iraníes se unieron en torno a la bandera. Las debilitantes sanciones y el capitalismo clientelar que han fomentado han provocado graves dificultades económicas para la mayoría de los iraníes. Los israelíes creían que su ataque convertiría esas dificultades y la corrupción económica rampante de las clases dirigentes en protestas masivas contra la República Islámica. Además, el orden político parecía especialmente vulnerable tras las protestas de «Mujeres, Vida, Libertad» que se prolongaron durante un año. Los estrategas israelíes creían que la discordia social en torno a la política de género en Irán resurgiría tras la campaña de bombardeos. Ese cálculo resultó erróneo; de hecho, las cosas funcionaron en sentido contrario. Atacar Irán con bombas de fabricación estadounidense, lanzadas desde aviones de combate de fabricación estadounidense, que caían sobre las casas y los barrios de la población, reavivó el sentimiento nacionalista y solo dio credibilidad a la larga caracterización de la República Islámica de Estados Unidos e Israel como amenazas existenciales. La percepción pública de que el líder supremo está plagado de una «paranoia ciega» hacia las potencias occidentales ya no podía mantenerse. Esa fugaz sensación de solidaridad podría no durar. Pero el cálculo de que los iraníes estaban dispuestos a aceptar cualquier cosa menos la República Islámica resultó ser prematuro. Durante varias décadas, las agencias de inteligencia occidentales promovieron la idea de que el ayatolá Jamenei sufre un caso crónico de paranoia y cree que Estados Unidos e Israel están conspirando para derrocar a la República Islámica. Este tipo de imágenes se utilizan habitualmente en los medios de comunicación occidentales para representar la mentalidad paranoica de Jamenei. Como suele ocurrir, tras el cese de los combates, comenzó una guerra de relatos. El presidente Trump afirmó que las bombas estadounidenses habían aniquilado las instalaciones nucleares iraníes y obligado al régimen iraní a aceptar su inevitable derrota. Pidió a la República Islámica que se rindiera sin condiciones y aceptara la exigencia estadounidense de cerrar sus programas de enriquecimiento. Los israelíes celebraron la demostración pública de su poderío militar y su capacidad de inteligencia sin revelar el alcance de los daños causados por los ataques con misiles iraníes. Irán demostró que no es otro Iraq, Siria o Libia y que puede resistir el ataque de dos potencias nucleares. Demostró que puede responder y que lo hará con su propio poderío militar. La guerra de relatos determina cuáles serán los próximos pasos en el conflicto entre Irán e Israel y sus aliados occidentales. Estados Unidos, Israel y sus tres socios dispuestos, la troika formada por Reino Unido, Alemania y Francia, han dejado claro que Irán se enfrenta a dos opciones, y que ambas conducirán al estatus de cliente que exige Estados Unidos. Cuando piden a Irán que «vuelva» a la mesa de negociaciones, sin importarles que Irán nunca la haya abandonado, ni que Israel tenga la costumbre de asesinar a los negociadores, lo que quieren decir es que Irán debe someterse a sus condiciones: detener el programa de enriquecimiento, cerrar su producción de misiles y poner fin a sus relaciones con sus aliados en la región. En mayor o menor medida, los grupos de la oposición iraní han intentado aprovechar los ataques israelíes para promover su propia agenda. Los monárquicos, el MEK y otros defensores de la intervención militar creen que la República Islámica está al borde del colapso y que Occidente debe actuar con rapidez para derrocar al régimen de Teherán. Sus miembros colaboraron con el Mossad y promovieron esa colaboración como su misión patriótica para liberar a Irán del yugo de la República Islámica. Tras la guerra, una coalición de grupos y personalidades que han estado trabajando desde dentro del orden político existente para transformar la República Islámica, el Frente Reformista de Irán, emite un comunicado en el que sostiene que la única solución para superar la crisis actual es aceptar los términos y condiciones propuestos por Estados Unidos. La declaración pide una serie de reformas, como la liberación de los presos políticos, el respeto de la libertad de expresión, la revisión de las leyes que promueven la discriminación de género, elecciones libres y políticas anticorrupción. Son demandas que deben respetarse. Hay muchos actores políticos y de la sociedad civil que se han organizado en torno a esas demandas y han obtenido éxitos considerables en esos frentes en las últimas décadas. Muchos de esos actores han pagado un alto precio por su activismo, desde largas penas de prisión hasta el exilio o cosas peores. Lo preocupante de la declaración es que une estas preocupaciones legítimas con la forma en que sitúa a Irán en el orden mundial existente: Irán como el paria. Irán debe poner fin a su hostilidad hacia el orden mundial existente, afirma la declaración, ¡y acabar con su aislamiento internacional! Pero ¿cómo se logra ese objetivo y qué condiciones debe cumplir la República Islámica para ser aceptada en ese orden mundial? ¿Hay lugar en ese orden mundial para una nación que se niega a ser un Estado cliente? Un número considerable de quienes han trabajado desde dentro de las clases dominantes para reformar el orden político, así como muchos intelectuales públicos, suscriben este relato hegemónico que sostiene que: (a) las amenazas de guerra contra Irán disminuirán si la República Islámica inicia una reforma estructural significativa para garantizar las libertades civiles y consiente en celebrar elecciones libres y justas; (b) Irán debe respetar el orden internacional existente y acatar sus leyes y convenciones; (c) la República Islámica es la fuente de inestabilidad en la región y debe detener su programa de enriquecimiento, degradar su capacidad militar, abandonar a sus aliados regionales, «el eje de la resistencia», y reconocer al Estado de Israel, sin responsabilizarlo por el genocidio en Gaza y por atacar a Irán. No es necesario profundizar en la lógica que sostiene que el carácter autoritario de la República Islámica es el culpable de los ataques israelíes y las hostilidades estadounidenses hacia Irán. Si la represión en Irán hubiera perturbado la conciencia de los estrategas estadounidenses, los aliados de Estados Unidos en la región deberían haber sido las cunas de la democracia en Oriente Medio. La apropiación instrumental de la causa de los derechos humanos y las libertades civiles en Irán no es más que una cortina de humo para las ideologías expansionistas israelíes y estadounidenses. Por ejemplo, el 30 de septiembre de 2025, la cuenta Farsi X del Departamento de Estado de EE. UU. publicó una foto de la presa política Pakhshan Azizi en la que colocaron una bandera estadounidense y el sello del Departamento de Estado, pedían a Irán que revocara su sentencia de muerte y la liberara de inmediato. El mensaje original del Departamento de Estado en inglés también instaba a la República Islámica a respetar los actos pacíficos de protesta y a dejar de perseguir a los kurdos y otras minorías étnicas por sus legítimas reivindicaciones contra la discriminación. Cartel del Departamento de Estado de EE. UU., en el que reza: Pedimos al régimen iraní que detenga la ejecución de Pakhshan Azizi y la libere de inmediato. Mensaje de Pakhshan Azizi desde la cárcel: Estados Unidos debe poner fin a su belicismo, sus ataques militares y sus crímenes en la región. Pakhshan Azizi es una trabajadora social kurda que ha prestado activamente servicios sociales y asesoramiento a víctimas del ISIS en el noreste de Siria. Regresó a Irán y fue detenida en el verano de 2023 acusada de pertenecer a un grupo armado kurdo. Fue condenada a muerte por un tribunal de primera instancia y está a la espera del resultado de su recurso. En respuesta al llamamiento del Departamento de Estado de los Estados Unidos para que sea puesta en libertad, desde su celda en el corredor de la muerte de la prisión de Evin, envió un mensaje en el que rechazaba la siniestra instrumentalización estadounidense de su caso. Rechazo todas las acusaciones infundadas que se me imputan y estoy en proceso de apelar la injusta sentencia de muerte dictada por el poder judicial. También me gustaría referirme a la reciente declaración del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que parecía expresar su apoyo hacia mí. Si el Gobierno de los Estados Unidos cree verdaderamente en los principios de los derechos humanos y la humanidad, debe poner fin primero a su belicismo, agresión y crímenes en la región. También debe poner fin a su apoyo explícito al régimen sionista, que comete genocidio contra el pueblo de Gaza. Durante décadas, Estados Unidos ha impuesto sanciones y bloqueos económicos que han causado un inmenso sufrimiento y dificultades a personas inocentes. Si Estados Unidos valora genuinamente la dignidad humana, debe poner fin a estas políticas inhumanas. También espero que el pueblo estadounidense se dé cuenta de que las declaraciones de su Gobierno están muy lejos de la compasión y el respeto genuino por los derechos humanos. (Traducido del farsi por Yassamine Mather). Desde casi la mañana siguiente a la revolución de 1979 que derrocó el régimen del sha los partidos de la oposición han abogado por un cambio de régimen, creyendo que los días de la República Islámica están contados. La oposición a la República Islámica ha adoptado muchas formas diferentes, incluidos movimientos sindicales organizados, campañas por las libertades civiles, la libertad de prensa, movimientos de mujeres por la igualdad de derechos y contra la discriminación de género. Pero siempre ha habido quienes han abogado por la intervención extranjera, desde la invasión iraquí de Irán en la década de 1980 hasta la última guerra israelo-estadounidense contra Irán. La guerra de doce días ofreció una nueva esperanza a aquellos intervencionistas que creen que la servidumbre al imperio es el precio de la libertad. El mensaje de Pakhshan Azizi reitera con fuerza que la lucha por la justicia social no puede encontrar su solución en la aquiescencia ante el imperio. Es curioso que se responsabilice únicamente a Irán de la inestabilidad regional y se pida a la República Islámica que respete los tratados y convenciones internacionales. No hay duda de que la República Islámica se niega a convertirse en un cliente de Estados Unidos, y esta negativa explica en gran medida cómo se resisten al dominio estadounidense en Oriente Medio y han estado compitiendo con los aliados de Estados Unidos, en particular con Israel, por la influencia en la región. Durante las últimas cuatro décadas Irán ha c