jueves, 8 de enero de 2026

Qué Estado palestino?: la autodeterminación es indivisible

Recomiendo: ¿Qué Estado palestino?: la autodeterminación es indivisible Por Naji El Khatib | 06/01/2026 | Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Viento Sur Hassan Abu Libdeh (exministro de la Autoridad Palestina) mencionó, el 19/12/2025, que en el contexto de la colonización rampante el porcentaje de tierras en las que un Estado palestino sería viable se estaba reduciendo considerablemente. Sugirió que en lugar del 23% de la Palestina del Mandato (correspondiente a Cisjordania y Gaza), los palestinos podrían en la práctica solo obtener entre el 8% (en un escenario optimista) y el 3% (en un escenario realista, teniendo en cuenta la colonización israelí) del territorio ocupado en 1967. Según las fronteras de 1967, la superficie del “Estado de Palestina” es de 6.225 kilómetros cuadrados. La verdad sangrienta y asesina que los líderes palestinos niegan es que la entidad ocupante se ha apoderado de 182 kilómetros cuadrados de Gaza al este de la Línea Amarilla (que Israel declaró como sus nuevas fronteras), de 349 kilómetros cuadrados, el área de Jerusalén, de 2.188 kilómetros cuadrados, para varios asentamientos, 176 kilómetros cuadrados para reservas naturales protegidas, y 1.328 kilómetros cuadrados, el resto de la Zona C después de la asignación del área de los asentamientos previstos para la anexión. Esto significa que nuestro futuro Estado podría establecerse solo en el 32% del territorio del “Estado de Palestina” proclamado tras los Acuerdos de Oslo. Si aceptamos las aspiraciones de la extrema derecha terrorista israelí liderada por Smotrich, según la cual la anexión podría incluir 1.248 kilómetros cuadrados de la Zona B, entonces el “Estado de Palestina” no sería más que una monstruosidad geográfica que represente el 12,2% del territorio. En otras palabras, la superficie de nuestro futuro Estado podría variar entre el 8%, en el mejor de los casos, y el 3%, en el peor, de la superficie de la Palestina histórica. En otras palabras, y sin rodeos, “ni siquiera vale la pena». Entonces podemos concluir que el rechazo de este Estado se impone como un deber nacional para decir: No al Estado como sustituto del derecho de retorno y del derecho a la autodeterminación de todo el pueblo palestino Los sucesivos reconocimientos internacionales del llamado “Estado palestino” se presentan como un logro político histórico, cuando en realidad no constituyen más que un reciclaje de una vieja ilusión, promovida en detrimento de la esencia misma de la causa palestina. Estos reconocimientos, a pesar de su cuidado lenguaje diplomático, eluden deliberadamente las cuestiones fundamentales: ¿quién es el pueblo palestino? ¿Cuál es el contenido real de su derecho a la autodeterminación? ¿Y qué lugar ocupa el derecho de retorno en este supuesto Estado? Es sorprendente observar que estos reconocimientos del Estado de Palestina no hacen ninguna referencia a las resoluciones 181 y 194 de la ONU, como si hubieran sido borradas del registro de la legalidad internacional. La resolución 194, que constituye el fundamento jurídico del derecho al retorno, se margina en favor de una sola resolución, la 242, reducida a una simple cláusula de negociación. Así, el derecho internacional se vacía de su fuerza vinculante y se transforma en un instrumento político selectivo. Incluso cuando algunas iniciativas internacionales mencionan la necesidad de una retirada israelí de los territorios ocupados en 1967, este discurso sigue siendo parte de un marco de negociación que establece una falsa equivalencia entre una potencia colonial ocupante y un pueblo bajo ocupación. La ocupación deja entonces de ser un crimen que debe terminar inmediatamente para convertirse en un «conflicto» gestionado mediante mesas de negociación abiertas indefinidamente. Desde los Acuerdos de Oslo este proceso de negociación se ha consagrado como la única opción ofrecida a los palestinos. La Organización para la Liberación de Palestina desempeñó un papel central en la consolidación de esta elección, no como una opción política susceptible de crítica y revisión, sino como un destino histórico sin alternativa. El resultado es el desmantelamiento interno del proyecto nacional, el abandono gradual del derecho al retorno y la aceptación de una autoridad con autonomía limitada, que opera bajo el control de seguridad y militar de la ocupación. Más de veinte años de negociaciones no han producido ni Estado, ni soberanía, ni siquiera una congelación de la colonización. Por el contrario, estas negociaciones sirvieron de cobertura política y jurídica para una aceleración sin precedentes del colonialismo de asentamiento y una confiscación sistemática de lo que quedaba de las tierras palestinas, incluidas aquellas en las que se suponía que el «Estado» prometido vería la luz. El proyecto estatal se ha transformado así en un conjunto de bantustanes aislados, sin continuidad territorial y perspectiva política. En este contexto, la observación formulada por la abogada francesa Rafaëlle Maison es de particular importancia: la retirada israelí de los territorios ocupados no está, según el derecho internacional, de ninguna manera condicionada a un proceso de negociación. El derecho internacional no otorga a la potencia ocupante el derecho a negociar el fin de su ocupación; le impone una retirada inmediata e incondicional. Por lo tanto, el proceso de negociación iniciado después de Oslo no solo es contrario a los intereses del pueblo palestino, sino también al espíritu mismo del derecho internacional. Esto significa que los palestinos no solo fueron derrotados por el equilibrio de poder, sino que también fueron engañados políticamente. La negociación no fue una forma de obtener la retirada, sino una herramienta para gestionar y prolongar la ocupación. Sin embargo, se presentó como una prueba de sabiduría política, ya que algunos negociadores llegaron a considerar la negociación como un valor en sí mismo, ignorando el hecho de que, desde el punto de vista israelí, este proceso no tenía como objetivo resolver el conflicto, sino gestionarlo al menor coste. Por lo tanto, los reconocimientos internacionales del Estado palestino no pueden considerarse una victoria política. Constituyen, en su esencia, una marginación del corazón de la causa palestina y un intento de sustituir los derechos históricos y jurídicos de todo un pueblo por una entidad soberana incompleta en una parte del territorio. Un Estado sin retorno, sin soberanía y sin unidad del pueblo y de la tierra no es un Estado, sino una forma moderna de perpetuación de la derrota. El derecho a la autodeterminación es indivisible. No puede limitarse a los habitantes de Cisjordania y la Franja de Gaza, excluyendo a millones de refugiados en los exilios, ni a los palestinos dentro de la Línea Verde, que viven como ciudadanos de segunda categoría en un Estado, Israel, construido sobre las ruinas de su pueblo. Tampoco puede reducirse a una bandera, un himno y unas fronteras provisionales, mientras que la estructura del colonialismo de asentamiento permanece intacta, desde el río hasta el mar. Cualquier solución política que ignore la unidad del pueblo palestino y la unidad de sus derechos, y que no se base en la justicia histórica y la igualdad política, no será una solución, sino una reproducción del conflicto en una forma diplomática embellecida. Lo que se requiere no es un Estado a cualquier precio, sino la aplicación efectiva del derecho a la autodeterminación de todo el pueblo palestino. Naji El Khatib es profesor e investigador en sociología política. EHESS-Paris, Universidad An Najah-Nablus, Palestina. Texto en francés: https://blogs.mediapart.fr/naji-el-khatib/blog/251225/quel-etat-palestinien-le-droit-l-autodetermination-est-indivisible?utm Traducción: Enrique García . Fuente: https://www.sinpermiso.info/textos/que-estado-palestino-la-autodeterminacion-es-indivisible

reto de hoy para el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

Recomiendo: El asalto de Estados Unidos contra Venezuela El reto de hoy para el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas Por Jeffrey D. Sachs | 08/01/2026 | EE.UU., Venezuela Fuentes: La Jornada El tema que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tiene hoy ante sí no es el carácter del gobierno de Venezuela. El tema es si cualquier Estado miembro tiene el derecho de determinar por la fuerza, coerción o estrangulamiento económico el futuro político de Venezuela o de ejercer control sobre sus asuntos. La cuestión remite directamente al artículo 2, sección 4 de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. El Consejo debe decidir si esa prohibición se sostiene o se abandona. Abandonarla acarrearía las más graves consecuencias. Permítaseme ofrecer algunos antecedentes. Desde 1947, la política exterior de Estados Unidos ha empleado en repetidas ocasiones la fuerza, la acción encubierta y la manipulación política para producir un cambio de régimen en otros países. Existe un registro histórico cuidadosamente documentado de este asunto. En su libro Covert Regime Change ( Cambio encubierto de régimen), la politóloga Lindsay O’Rourke documenta 70 operaciones encubiertas de intento de cambio de régimen sólo entre 1947 y 1989. Estas prácticas no concluyeron con la guerra fría. Desde 1989, entre las operaciones de cambio de régimen realizadas por Estados Unidos, sin autorización del Consejo de Seguridad, y que han tenido las mayores consecuencias, han estado: Irak en 2003, Libia a partir de 2011, Honduras en 2009, Ucrania en 2014 y Venezuela de 2002 en adelante. Los métodos empleados están bien establecidos y documentados. Incluyen guerra abierta, operaciones encubiertas de inteligencia, instigación y manipulación de disturbios, apoyo a grupos armados, manipulación de medios masivos y redes sociales, soborno a funcionarios militares y civiles, asesinatos selectivos, operaciones bajo banderas falsas y guerra económica. Estas medidas son ilegales conforme a la Carta de la ONU, y típicamente han provocado violencia continua, conflicto letal, inestabilidad política y profundo sufrimiento de la población civil. El registro reciente de Washington con respecto a Venezuela es claro también. En abril de 2002, Estados Unidos conoció y aprobó un intento de golpe contra el gobierno. En la década de 2010, financió a grupos de la sociedad que participaban en protestas contra el gobierno. Cuando el gobierno enfrentó las protestas, Washington respondió con una serie de sanciones. En 2015, el presidente Barack Obama declaró que Venezuela era, y cito: una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. En 2017, en una cena con líderes latinoamericanos al margen de la Asamblea General de la ONU, el presidente Trump abordó abiertamente la opción de que Estados Unidos invadiera Venezuela para derrocar al gobierno. De 2017 a 2020, Estados Unidos impuso sanciones de gran alcance a la compañía petrolera estatal PDVSA. La producción petrolera cayó 75 por ciento de 2016 a 2020, y el PIB real per cápita descendió 62 por ciento. En repetidas ocasiones, la Asamblea General de la ONU ha votado abrumadoramente contra esas medidas coercitivas unilaterales. El 23 de enero de 2019, Estados Unidos reconoció unilateralmente a Juan Guaidó como presidente interino, y pocos días después congeló alrededor de 7 mil millones de dólares de activos soberanos de Venezuela en el extranjero y concedió a la autoridad designada poder sobre algunos de esos activos. Esas acciones forman parte de un continuo esfuerzo estadunidense para un cambio de régimen, que se extiende por más de dos décadas. El año pasado, Washington ha realizado operaciones de bombardeo en siete países, ninguna de las cuales fue autorizada por el Consejo de Seguridad, y ninguna por legítima defensa conforme a la Carta. Entre los países atacados están Irán, Irak, Nigeria, Somalia, Siria, Yemen y ahora Venezuela. El mes pasado, el presidente Trump ha formulado amenazas directas contra seis Estados miembros de la ONU, entre ellos Colombia, Dinamarca, Irán, México y, por supuesto, Venezuela. No se convoca a los miembros del Consejo para juzgar a Nicolás Maduro. No se les convoca para evaluar si el reciente ataque estadunidense y las actuales acciones de cuarentena naval darán resultados en términos de libertad o subyugación. Se convoca a los miembros del Consejo para defender el derecho internacional y, específicamente, la Carta de la ONU. La Organización de las Naciones Unidas surgió como el segundo gran esfuerzo de la humanidad para colocar el derecho internacional por encima de la anarquía internacional. En palabras de la Carta, la ONU fue creada para “salvar a las generaciones subsecuentes del flagelo de la guerra, que dos veces en nuestro tiempo ha ocasionado indecible sufrimiento a la humanidad. Dado que estamos en la era nuclear, el fracaso no puede repetirse. La humanidad perecería. No habría una tercera oportunidad”. Para cumplir sus responsabilidades conforme a la Carta, el Consejo de Seguridad debe afirmar de inmediato las siguientes acciones. Estados Unidos debe cesar de inmediato y desistir de cualquier amenaza explícita e implícita o de usar la fuerza contra Venezuela. Debe poner fin a su cuarentena naval y a todas las medidas militares coercitivas relacionadas, emprendidas en ausencia de autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Debe retirar de inmediato sus fuerzas militares del interior y los alrededores de Venezuela, con inclusión de inteligencia, navales y otros efectivos emplazados con propósitos coercitivos. Venezuela debe adherirse a la Carta de la ONU y a los derechos humanos protegidos por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Recomiendo que el secretario general designe de inmediato a un enviado especial, con el mandato de comprometer a actores venezolanos e internacionales de importancia, y reportarse al secretario general en el curso de los 14 días siguientes con recomendaciones consistentes con la Carta. Y el Consejo de Seguridad debe mantener con urgencia el control sobre este asunto. Todos los estados miembros deben abstenerse de amenazas unilaterales, medidas coercitivas o acciones armadas fuera de la autoridad del Consejo de Seguridad. En conclusión, señor presidente y distinguidos miembros del Consejo, la paz y la supervivencia de la humanidad dependen de si la Carta de las Naciones Unidas sigue siendo un instrumento vigente de derecho internacional o se permite que se vuelva irrelevante. Esa es la opción que se presenta al Consejo este día. Jeffrey Sachs: Profesor y director del Centro para el Desarrollo Sustentable en la Universidad Columbia Traducción: Jorge Anaya Comentarios de Sachs ante la sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Venezuela. Publicado con la autorización del autor Fuente de la traducción al castellano: https://www.jornada.com.mx/2026/01/06/opinion

inexistencia del "Cartel de los Soles" pone en problemas a los aliados sudamericanos de EEUU

La inexistencia del "Cartel de los Soles" pone en problemas a los aliados sudamericanos de EEUU - Sputnik Mundo El desmontaje de la hipótesis del "Cartel de los Soles" deja "mal parados" a los gobiernos sudamericanos que lo habían declarado como "organización terrorista" solo por solicitud de Washington. Expertos consultados por Sputnik señalaron que el episodio es una demostración de la falta de "réditos" del alineamiento automático con Washington. La existencia del supuesto "Cartel de los Soles" y su presunto vínculo con el presidente venezolano, Nicolás Maduro, había sido uno de los sustentos de la operación de secuestro contra el mandatario venezolano del 3 de enero y su traslado a Nueva York para ser sometido a un tribunal estadounidense. Sin embargo, lo que parecía el centro de la acusación contra el mandatario venezolano ahora comenzó a desmoronarse tan pronto el caso llegó a las cortes estadounidenses. Un artículo del diario estadounidense New York Times indicó que el escrito presentado por la fiscalía admite que el Cartel de los Soles no es una organización real e intenta matizarlo como un supuesto "sistema clientelar". Países sudamericanos que celebraron el secuestro de Maduro quieren acelerar la salida de venezolanos Además de ensombrecer el proceso penal que EEUU intenta establecer contra Maduro, el cambio de visión de la fiscalía estadounidense pone en cuestión la decisión de varios países sudamericanos que, a instancias del Departamento de Estado estadounidense, habían declarado al supuesto Cartel de los Soles como una "organización terrorista". En agosto de 2025, los gobiernos de Ecuador y Paraguay aprobaron decretos que pasaban a considerar a esta entidad como "organización terrorista internacional". En los meses siguientes siguieron medidas similares los gobiernos de Perú y Argentina. Un comunicado del Gobierno argentino indicaba, incluso, que la decisión se fundamentaba "en informes oficiales que acreditan actividades ilícitas de carácter trasnacional, entre ellas narcotráfico, contrabando y explotación ilegal de recursos naturales, así como vínculos con otras estructuras criminales en la región". "La resignificación del Cartel de los Soles pone en una posición incómoda a los países que replicaron las políticas de EEUU como un acto reflejo y deja en evidencia la falta de una mirada estratégica sobre lo que implica asumir posicionamientos desde una política exterior propia", comentó a Sputnik la analista internacional Julieta Heduvan. Heduvan señaló que países como Argentina, Ecuador, Perú o Paraguay actuaron en busca de "priorizar el alineamiento con Washington" pero, en este nuevo escenario, la situación "termina exponiendo la ausencia de una planificación real por parte de estos gobiernos". El politólogo y analista internacional argentino Daniel Blinder dijo a Sputnik que los países sudamericanos, y particularmente Argentina, han optado por un "alineamiento absoluto" con Washington que va incluso más allá de los vínculos de la década de 1990 y que, ahora, implica "la aceptación absoluta de las lecturas del mundo que tiene el Gobierno de EEUU". "Estos países toman la agenda del Departamento de Estado de EEUU, la copian y la repiten. Cuando el Gobierno de Trump dicen 'estos son buenos y estos son malos', la Cancillería argentina lo va a copiar", apuntó Blinder. Una alianza con poco rédito Decio Machado, politólogo y sociólogo instalado en Ecuador, dijo a Sputnik que las nuevas derechas latinoamericanas actúan "con una lógica de vasallaje hacia los EEUU" y con la esperanza de una "contraprestación que históricamente nunca ha pasado". El experto remarcó que, históricamente, los países latinoamericanos no se han beneficiado del alineamiento automático con Washington, a pesar de que varios gobiernos de la región han intentado "vender a sus poblaciones la idea de que ser amigo de EEUU es algo que ayuda al país y posiciona al gobernante de turno". "No hay un rédito ni una contraprestación real como consecuencia de estas estrategias. Más bien lo que hay es entrega de soberanía", aseveró. Machado subrayó que este escenario se vuelve más problemático ante un EEUU que "no solo viola el derecho internacional" sino que también basa sus intervenciones "en la mentira", algo que, recordó, ya tiene antecedentes, por ejemplo, en la fallida búsqueda de "armas de destrucción masiva" en Irak en 2003. Las idas y vueltas de EEUU Para Heduvan, "los cambios de postura de Washington responden exclusivamente a los intereses de EEUU y deben interpretarse desde esa lógica". En ese sentido, remarcó que esas posturas "muchas veces tienen escasa relación con los Estados y con los propios actores involucrados". De hecho, el propio Gobierno de Trump ha dado muestras recientes de cambio radicales de postura con respecto a dirigentes políticos latinoamericanos. El último tuvo como protagonista al expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández (2014-2022), que en 2022 fue acusado por la Justicia de EEUU por delitos de narcotráfico. Hernández llegó a ser detenido en Tegucigalpa y extraditado a EEUU, donde fue condenado a 45 años de prisión. Sin embargo, Trump lo indultó en noviembre de 2025, horas antes de las elecciones en Honduras, y afirmando que el exmandatario había sido tratado "injustamente". "La figura de Maduro está en condiciones de crecer y de convertirse en un símbolo" Aunque no llegó a estar en prisión, EEUU también tuvo un cambio de postura con respecto al expresidente paraguayo Horacio Cartes (2013-2018), a quien en 2022 señaló por su participación "en actos de significativa corrupción" y aplicó sanciones económicas contra sus empresas. La posición también fue revisada por el Gobierno de Trump, que levantó las sanciones y retiró los señalamientos. "Algunas decisiones tienen un valor simbólico o instrumental mayor para Estados Unidos que para sus socios, como la denominación del Cartel de los Soles como organización terrorista, aunque otras pueden generar efectos más profundos y duraderos en la región, como puede ser la instalación de una base militar", apuntó Heduvan, señalando que algunas de estas posturas pueden acabar generando algunas tensiones regionales. Blinder, por su parte, opinó que el seguidismo de Washington puede ser "redituable" para países como Argentina en tanto se mantenga un escenario con un Trump fuerte, pero advirtió que el escenario podría comenzar a ser diferente "ante cualquier situación interna que ponga en jaque" al actual presidente estadounidense. "Parece que por ahora no hay problema en aceptar las lecturas hollywoodenses de Washington sobre quienes son buenos o malos, pero el problema se verá una vez que la película acabe y otro sea el devenir", advirtió.

miércoles, 7 de enero de 2026

China, el petróleo y el precio del golpe al derecho internacional

Inicio Avanzada Recomiendo: 4 Las claves económicas del ataque de EEUU a Venezuela Por Ignacio China, el petróleo y el precio del golpe al derecho internacional Ignacio J. Domingo | 07/01/2026 | Economía Fuentes: El diario [Imagen: Delcy Rodríguez, la nueva presidenta de Venezuela, y el dirigente chino Zheng Shanjie, en una imagen de archivo Europa Press] La agresión militar de EEUU está marcada por varios intereses internacionales, especialmente por el petróleo, pero también por la ascendencia de China en la región Los daños colaterales de la intervención militar americana contra Nicolás Maduro no solo atentan contra el principio de no injerencia internacional, sino que implican a China, Rusia y Europa –entre otras latitudes– en una reconstrucción fulgurante con implicaciones económicas, energéticas y de seguridad en el orden mundial. Es la radiografía casi unánime de los observadores diplomáticos del panorama mundial. El rasgo común que preside sus análisis incide en varios hechos relevantes, aunque por encima de todos ellos Michael Hirsh, columnista en Foreign Policy, para quien la decisión de Trump “tritura lo poco que quedaba del respeto a las normas internacionales” y lesiona “la capacidad futura de EEUU para invocar el derecho internacional frente a agresiones exteriores”. En este contexto, ¿cómo se está remodelando el nuevo escenario mundial? Y sobre todo, ¿qué ha supuesto la intervención estadounidense en Venezuela? Estos cinco interrogantes tratan de aportar un halo de luz en medio de las oscuras bambalinas geoestratégicas de la doctrina MAGA. 1. ¿Qué papel juega China y cómo interpreta Pekín esta nueva afrenta de la Casa Blanca? Con un cóctel de prudencia financiera, amortiguadores geopolíticos y contención dialéctica “diseñada para ganar tiempo y limitar daños sin escalar el conflicto con Washington”, aduce Michal Meidan, directora del China Energy Programme del Oxford Institute for Energy Studies. En el frente energético, la pérdida potencial del crudo venezolano –del que China llegó a ser el principal comprador— “es relevante pero manejable”. Aunque Venezuela solo vendió alrededor del 4% de los pedidos de crudo del gigante asiático y de que el oro negro de Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), la estatal venezolana, tenga un alto contenido de azufre por su escasa capacidad de extracción y refino, resulta clave para la construcción de infraestructuras chinas. Meidan aclara que “la pérdida de barriles venezolanos golpea sobre todo a refinerías llamadas independientes” —las conocidas como teapots— que dependen de ese petróleo barato y difícil de sustituir. Sin embargo, otro colchón estratégico amortigua este impacto —afirma— ya que cerca de 82 millones de barriles de crudo están almacenados en buques frente a China y Malasia —casi en su totalidad, bajo sanciones y una parte significativa de origen venezolano— lo que “permitirá a Pekín cubrir sus necesidades a corto plazo”. En paralelo, y mientras arremete oficialmente contra la intervención militar de EEUU en uno de sus más sólidos aliados en América Latina, donde ha dirigido sus tentáculos inversores casi con la misma intensidad en África, Pekín se siente fortalecido sobre sus reivindicaciones soberanas sobre Taiwán. “Venezuela sirve como caso de estudio”, asumen fuentes diplomáticas chinas. Del mismo modo que en el área económica, el equipo del superministro de Finanzas chino Loan Fo’an dispone de un colchón fiscal de 850.000 millones de dólares extensibles según el reciente Decimoquinto Plan Quinquenal 2026-2030 para fortalecer el vigor económico y abordar desafíos geopolíticos. Y alerta sobre un largo escenario de conflicto en su socio caribeño. Así, su banco central ha trasladado a sus entidades financieras que dejen de percibir a Venezuela como centro neurálgico de sus préstamos en América Latina, se aíslen de posibles contagios de activos tóxicos y reputacionales y esperen a que la ocupación estadounidense genere fricciones, costes o algún cambio de escenario que vuelvan a abrir espacio para sus intereses. 2. ¿Quién ganará con el petróleo venezolano? El control efectivo del sector energético venezolano por parte de EEUU promete ser largo y tortuoso y, sobre todo, caro. Aunque Venezuela alberga las mayores reservas probadas de crudo del mundo, de hasta 303.000 millones de barriles, según la OPEP+, está lejos de llegar a su potencial geológico y productivo de manera sostenible tras décadas de expropiaciones y de pésima gestión institucional, su infraestructura petrolera se encuentra próxima al colapso, alerta la consultora Kpler, desde donde calculan que, “incluso bajo una transición política fluida con un levantamiento de las sanciones por parte de Washington —dos supuestos inciertos— la cuota que Venezuela sería capaz de poner en el mercado a finales de 2026 apenas llegaría a los 1,2 millones de barriles diarios. ”Aún muy por debajo de su potencial, pero muy por encima de los 800.000 actuales“. Desde una perspectiva financiera, Bloomberg pone cifras al desafío. Francisco Monaldi, director de política energética latinoamericana en el Baker Institute, estima que “restaurar la capacidad perdida requerirá inversiones de unos 100.000 millones de dólares en una década”, magnitud comparable a una parte sustancial del gasto anual de las supermajors americanas –ExxonMobil, Chevron y ConocoPhillips que, junto a Shell, BP y Total Energies componen las Big Six petrolíferas del mundo— siempre y cuando “los riesgos geopolíticos y legales puedan ser asumibles”. Precisamente las tres petroleras estadounidenses —preferentemente Chevron, dice el consenso del mercado, que lo achaca a su mayor presencia histórica en Venezuela— son las principales aspirantes a hacerse con las riendas de PDVSA. Aunque antes tendrán que recuperar sus cadenas de valor, proyectar extracciones a escala, desembolsar algún centenar de millones de dólares a largo plazo en tecnología y acceder a préstamos de bancos y aseguradoras que, de momento, muestran un tibio interés y una ambigua cautela porque exigirán garantías y avales ante supuestos de indemnizaciones por activos expropiados o posibles litigios o saqueos. 3. ¿Tendrá este shock geopolítico repercusiones económicas globales? Como en todo 2025, los mercados han mostrado resiliencia. Wall Street (tanto el S&P 500 como el Nasdaq) ha registrado avances ligeros impulsados por sectores sensibles al riesgo y a los activos tecnológicos y de defensa que coinciden con las alzas de valores refugio como el oro y la plata. Pero JP Morgan advierte de que los mercados podrían estar subestimando las amenazas geopolíticas de un giro diplomático de la Casa Blanca con estándares de intervención por otras latitudes de su patio trasero, y Goldman Sachs recomienda a sus clientes prudencia ante episodios de volatilidad estructural prolongada, incluso “en ausencia de una crisis financiera sistémica”. No se trata tanto de pánico, sino de una recomposición de peligros “más estructurales de lo perceptible a primera vista en Venezuela”. En S&P suman a esta ecuación primas de riesgo adicionales por nuevas recetas proteccionistas del plano comercial, riesgos de desaceleración global y repuntes inflacionistas si el oro negro se dispara, que no parece que vaya a ser el caso admisible a corto o medio plazo, más bien al contrario. “La combinación de una geopolítica más agresiva con más barreras al comercio podría restringir el crédito a empresas y hogares”, auguran sus expertos. Algo que en Moody’s expresan de manera elocuente: las acciones unilaterales que erosionan normas internacionales tienden a ensanchar los diferenciales de crédito en países y empresas expuestos a arbitrariedad política“. Y, en el caso venezolano, ”puede forzar un patrón de comportamiento que engorde las deudas soberanas, revise los peligros legales y aumente los costes de capital en economías percibidas como vulnerables geopolíticamente“, dentro de un efecto lento, pero persistente. 4. ¿Cuál es el estado de salud de derecho internacional? Arturo Bris, director del IMD World Competitiveness del Center Douglas Geertz donde ejerce de profesor de Asunto Geopolíticos y de Negocios, ahonda aún más en esta tesis, pero precisa que “el derecho internacional no murió [el pasado sábado], sino en 2003, durante la invasión a Iraq sin mandato de Naciones Unidas. Origen —constata— de las más recientes invasiones, anexiones, ocupaciones, genocidios y de una ”abierta muestra de desprecio generalizado a las resoluciones de la ONU“. Desde Georgia hasta Ucrania, pasando por Gaza o Myanmar o las amenazas ya nada veladas contra Panamá o Groenlandia por parte del actual inquilino de la Casa Blanca. Este clima favorable al uso de la fuerza ”se ha convertido en una acción de normalización“ de las relaciones diplomáticas. Bris matiza esta tesis con otro argumento demoledor: “Vivimos en un mundo bipolar, pero no entre Oriente y Occidente, sino entre países que aún creen en las reglas de juego internacionales y los que pretenden regir el orden global bajo coacciones y poderío militar”. A su juicio, “cuando las normas globales se vuelven opcionales, la justicia se debilita, las fronteras pierden sentido, las instituciones su autoridad y, dentro de las sociedades, la opinión pública empieza a creer que el poder, y no las reglas, determina los resultados”. Para Bris, “estamos más cerca de 1914 [preludio de la Primera Guerra Mundial] de lo que algún dirigente está dispuesto a admitir”. En Política Exterior hablan de Venezuela como “protectorado de Washington” después de que Trump traspasase con su orden de intervención los ya “frágiles límites del tablero de ajedrez que surgió en 1948”, de que haya desmontado los controles constitucionales sobre la Casa Blanca y de haber implantado una legitimación, de facto, de futuras agresiones de otras superpotencias. El retorno de la Doctrina Monroe que lleva el apellido del presidente americano en 1823, cuando se asumió como acción exterior el dominio del Hemisferio Sur americano, conocido como patio trasero de EEUU, es ya un signo de realpolitk. La Monroe fue una amenaza de Washington a las naciones europeas de que no toleraría más colonizaciones en Latinoamérica. Ahora —avisan en Política Exterior— “la gunboat diplomacy que aplicó Theodore Roosevelt en los años cincuenta ha regresado”. No es casual —aseguran— que la injerencia de la Delta Force de EEUU en territorio venezolano se produjera horas más tarde de la visita a Caracas de Qiu Xiaoqi, responsable para América Latina del Gobierno chino, ni que un ciberataque dejara sin electricidad al país, facilitando el ingreso de más de un centenar de aeronaves y drones sin ser detectados. Sin embargo, con esta actuación, Washington ha puesto en juego su credibilidad global, “al hacerse responsable del desenlace de la crisis en Venezuela”. En términos de estabilidad, guerra civil o aparición de nuevos autócratas. Como reconocen varios think-tanks estadounidenses, “el éxito operativo inicial contrasta con la complejidad estratégica que se avecina”. 5. ¿Se ha proclamado el estado de emergencia continental y transatlántica? Parece casi indudable. El senador demócrata Mark Warner, vicepresidente del Comité de Inteligencia del Senado, alerta de que la lógica empleada por Trump puede ser replicada por otras potencias. Si EEUU justifica la captura de Maduro por acusaciones penales, China podría invocar argumentos similares contra Taiwán y Rusia contra Ucrania. El peligro —aclara Hirsh— es “el alumbramiento de un nuevo incentivo para que regímenes autoritarios actúen sin preocuparse por la legitimidad internacional”. Lectura que comparte The Economist, donde se enfatiza en el cambio acelerado del orden mundial: “Trump no se limita a eliminar a un dirigente hostil, sino que declara que EEUU dirigirá Venezuela y gestionará su petróleo, lo que evoca el argumentario de la invasión de Iraq y augura la normalización del control directo de recursos estratégicos”, objetivo “incompatible con el compromiso liberal que Washington decía defender”. Hirsh destaca que el despertar de la Doctrina Monroe del sueño de los injustos no es otro guiño a la doctrina MAGA ideada desde la Heritage Foundation y su odio geopolítico a la herencia de Hugo Chávez, sino la primera pica de una estrategia que señala a México, Colombia y Cuba en la órbita americana y a Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa, y que amenaza al club comunitario, sus aliados del otro lado del Atlántico. “Es la puesta en liza de una política exterior coercitiva, pese a que tenga costes geoestratégicos demasiado elevados frente a unos dudosos beneficios económicos y empresariales”, explica. Como lo desvelan los constantes virajes de su justificación –desde acusaciones de tráfico de drogas a flujos de inmigración, petróleo o intereses geopolíticos, señala Hirsh— o la certificación de que “el poder militar sustituye a toda búsqueda de consensos”, como aclara el seminario británico. Fuente: https://www.eldiario.es/economia/china-petroleo-precio-golpe-derecho-internacional-claves-economicas-ataque-eeuu-venezuela_1_12887591.html

martes, 6 de enero de 2026

Recomiendo: Entrevista a Eric Blanc,El antitrumpismo liberal gira a la izquierda

Recomiendo: Entrevista a Eric Blanc, Waleed Shahid y Leah Greenberg El antitrumpismo liberal gira a la izquierda Por Daniel Denvir | 30/12/2025 | EE.UU. Fuentes: Jacobin América Latina - Imagen: Zohran Mamdani y Bernie Sanders. «Bienvenidos a la Resistance». Durante la primera presidencia de Donald Trump, a los socialistas les encantaba repetir esta frase con ironía. La Resistance liberal [el entramado liberal anti-Trump surgido a partir de 2016], sostenían, se limitaba a gestos performativos de oposición, a culpar de todo a Rusia y a depositar una fe ingenua en que los «adultos responsables» del Partido Demócrata retomarían el control y devolverían las cosas al statu quo previo a 2016. Sin embargo, desde que Trump volvió a la Casa Blanca, la situación cambió de manera bastante drástica. Una vez más, buena parte de la base liberal está en abierta rebelión contra una dirigencia que fracasó de forma estrepitosa en el objetivo de frenar el avance sostenido de la extrema derecha. Pero ahora muchos liberales votan a Zohran Mamdani, se desplazan hacia la izquierda en relación con Palestina y miran con creciente simpatía al socialismo como respuesta al fenómeno Make America Great Again [Hacer grande de nuevo a los Estados Unidos, MAGA, por sus siglas en inglés]. Daniel Denvir, conductor del podcast de Jacobin Radio The Dig, conversó con el organizador y activista de Democratic Socialists of America (DSA) de Nueva York Eric Blanc; con el estratega político progresista Waleed Shahid y con la codirectora ejecutiva de Indivisible Project, Leah Greenberg, sobre cómo y por qué los liberales y la llamada Resistance se radicalizaron. Esta transcripción fue editada por extensión y claridad. DD: Una parte importante de lo que la izquierda socialista viene intentando hacer es convencer a la base liberal demócrata de que la única forma de abordar las causas profundas del fenómeno MAGA y de Trump es enfrentando al neoliberalismo y a las guerras eternas, y desplazando al establishment del Partido Demócrata. Lo que parece especialmente significativo en este momento es que estas políticas populistas de izquierda y de socialismo democrático, del tipo que vemos tanto en la coalición de Zohran Mamdani como en la gira Luchar contra la oligarquía de Bernie Sanders, están irrumpiendo con mucha fuerza. ¿Cómo se radicalizó tanto en los últimos doce meses la base liberal, que antes había depositado su confianza en el establishment demócrata para protegerse de Trump? LG: No creo que en este momento se pueda separar la reacción de la base liberal de las dinámicas sociales más amplias que venimos viendo desarrollarse. Durante la administración Trump 1.0 al menos existía una pretensión bastante sólida, por parte de actores corporativos y de muchas instituciones de la sociedad, de que estaban tratando de sostener unas ciertas normas de la democracia liberal, de proteger a algunas poblaciones vulnerables, etcétera. Podemos ser muy claros en que eso no surgía de la bondad de sus corazones. Pero sí generaba un contraste significativo. Lo que vimos esta vez fue un colapso institucional prácticamente total de las élites frente al trumpismo, que comenzó casi inmediatamente después de la elección. Entonces, para quienes creyeron lo que les decía la dirigencia demócrata —que esto era un «fascismo en ciernes», que iba a representar una amenaza personal directa para ellos, sus comunidades y sus vecinos—, ver esta combinación de ineptitud de la dirigencia demócrata, que se replegó hasta enredarse en discusiones internas circulares culpando a distintos grupos en lugar de hacer algún tipo de balance serio, y al mismo tiempo observar cómo un montón de otras instituciones —desde Jeff Bezos y Mark Zuckerberg hasta [la cadena minorista] Target y prácticamente cualquier corporación que se te ocurra— se apresuraban a arrodillarse ante Trump, dejó mucho más claro que el proyecto de consolidar el poder político de MAGA y el proyecto de consolidar el poder corporativo eran una misma cosa. Eso preparó el terreno para gran parte de lo que vino después. WS: Si se mira a las universidades, estudios jurídicos, al gobierno federal, a los medios y a los empleados de organizaciones afectadas por la consolidación del Big Tech, hay una diferencia tangible entre 2017 y 2025 en cuanto al tipo de trabajadores de cuello blanco, de clase media o media-alta, probablemente liberales en términos ideológicos o prácticos, que hoy están siendo realmente presionados y atacados por esta administración. No solo en el plano retórico, sino también en el de las políticas concretas. J. D. Vance, Donald Trump y Elon Musk realmente odian a esta clase liberal. Fantasean con reemplazarla por robots y por inteligencia artificial. Creo que hay una forma muy concreta en la que esta clase está siendo asfixiada, mientras que el partido y los representantes electos que supuestamente deberían representarla no muestran ninguna voluntad de pelear por ella de manera contundente. EB: Coincido con Leah en que el punto central es que no solo Trump es mucho peor esta vez, sino que además las instituciones lo están resistiendo mucho menos. Esa contradicción resulta profundamente radicalizante. Creo, además, que esto antecede a la elección. Por ejemplo, la incapacidad del establishment del Partido Demócrata para desplazar a Joe Biden y todo el fiasco en torno a su edad, que ya medio olvidamos, puso en evidencia ante una parte importante de la base liberal que, más allá de la retórica, las motivaciones de quienes están en la cima parecen tener mucho más que ver con el ego y la carrera personal que con enfrentar seriamente al fascismo. Fue una experiencia muy reveladora. También hay una dinámica más general: dado que el impulso autoritario de esta nueva administración es tan profundo, los liberales, por razones legítimas aunque quizás limitadas, perciben el ataque a la democracia como algo central para su política, en un grado que tal vez otros sectores de la población no sienten de la misma manera. Eso genera una radicalización como respuesta a los acontecimientos. Si nunca creíste que el sistema funcionaba tan bien, como ocurre con muchos sectores de izquierda o con trabajadores no universitarios, quizás los ataques a la democracia no ocupen un lugar tan central en tu cabeza. Pero si realmente creías —y considero que los liberales tienen razón en creerlo— en la importancia de defender la democracia liberal, entonces este momento se vive como un llamado a la acción más potente que para casi cualquier otro sector de la población. DD: Joshua Cohen publicó hace poco un post interesante en el que sostenía que el problema central no era solo Trump, sino que el liberalismo había perdido la capacidad de ofrecer una explicación convincente de por qué la democracia liberal valía la pena. En ese vacío, argumentaba, la derecha autoritaria pudo imponer su propio relato. Me interesa saber hasta qué punto creen que ese diagnóstico ayuda a entender por qué sectores de la base liberal parecen hoy más abiertos a ideas socialistas o populistas de izquierda. WS: Dos de las principales movilizaciones de masas que tuvieron éxito en el último año fueron las protestas contra Tesla y No Kings [No a los reyes], que para mí son dos iteraciones distintas de lo que quizá pueda llamarse «la revuelta liberal autónoma». Creo que estos esfuerzos muestran que la gente está buscando expresar su bronca y su frustración y quiere poder hacerlo de una manera que no se sienta necesariamente como ideológica, ni siquiera socialista, sino como parte de una lucha contra Donald Trump y el fascismo. Creo que la tercera movilización más exitosa con impacto nacional fue la elección de Zohran Mamdani. Donde realmente se pone a prueba todo esto es, obviamente, en las elecciones, porque hay muy pocos lugares en los que personas que son socialistas o incluso socialdemócratas puedan ganar una elección solo con quienes se identifican con esos términos. Hay que construir una coalición que cruce ideologías y demografías. Y muchas veces esas personas —algunos de los candidatos socialistas populistas más jóvenes— encarnan esa lucha contra el autoritarismo mucho mejor que el establishment demócrata. LG: Retomando ese argumento, sobre por qué existe esta crisis de confianza en este momento, la propuesta fundamental de Biden 2020 era que el trumpismo era una locura pasajera que podía corregirse eligiendo al candidato más anodino, más persuasivo. Lo ponías en el cargo, los adultos volvían a estar al mando, las cosas se acomodaban y la fiebre se se terminaba. Esa era la promesa. Y mucha gente la compró, o incluso la aceptó a regañadientes. Y creo que el problema básico que estamos viendo ahora es que no hay una propuesta posterior, no hay una promesa de continuidad por parte de la dirigencia demócrata electa que explique este momento. Claramente no se trata de una fiebre pasajera. MAGA es una fuerza en la política estadounidense y va a serlo durante un período prolongado. ¿Cómo se sale realmente de una situación en la que, cada cuatro años, cada elección se vuelve un referéndum sobre la democracia y una amenaza de consolidación autoritaria? No creo que la dirigencia demócrata haya ofrecido una teoría significativa que reemplace el marco aquél de «esto es una fiebre temporal». Que alguien logre formular de manera convincente una propuesta alternativa es, de hecho, la forma en que vamos a desplazar nuestra política en una dirección que no implique confrontaciones constantes con el peor 30 por ciento de la sociedad estadounidense. Creo que ese es el camino para romper ese techo. EB: Lo que yo agregaría es que esta es, en muchos sentidos, una dinámica sorprendente para la izquierda, en el sentido de que el voto liberal resulta, en varios aspectos, un desarrollo inesperado para la izquierda socialista. No creo que la gente estuviera realmente preparada para ver no solo una repetición de la Resistance 1.0, y eso explica en parte por qué estamos teniendo esta conversación hoy. Hubo un corrimiento hacia tratar de entender lo que está pasando, pero creo que probablemente tengamos que ir más lejos para ser realmente concretos. Por ejemplo, DSA recién se sumó hace poco a la coalición No Kings, y creo que eso es una buena señal de que se está intentando pensar cómo trabajar con este tipo de movimiento de resistencia liberal más amplio. Pero también existió, a veces, una tendencia a ser un poco condescendientes con la protesta de No Kings, por ejemplo. Entonces, cuando pensamos en cómo nos relacionamos con la resistencia liberal, creo que esto es algo importante a tener en cuenta. Nuestra tarea principal en este momento no es solo diferenciarnos de los liberales —especialmente de los liberales que están ahí afuera peleando—, sino involucrarnos con ellos y ser los mejores constructores posibles de las movilizaciones No Kings. WS: Algo más sobre la trayectoria del liberalismo del Partido Demócrata: las advertencias del establishment demócrata a los liberales sobre la amenaza del fascismo hacen que la inmigración pase a ser un tema central en esta historia, ya que, contra lo que suele creerse, los liberales blancos tienden a ser un sector demográfico muy favorable a los derechos de los inmigrantes en este país. Solo en la última semana, desde el ala derecha y el ala izquierda del liberalismo demócrata, tanto David Brooks como Michelle Goldberg publicaron columnas en el New York Times sobre derechos de los inmigrantes. La columna de Goldberg era sobre organizaciones que defienden los derechos de los inmigrantes a las que se podía donar durante las fiestas. David Brooks escribió una columna sobre una iglesia en Connecticut que está ayudando a inmigrantes indocumentados y a personas que buscan asilo para enfrentar al ICE [Servicio de Control de Inmigración y Aduanas]. Dado que hoy que los funcionarios electos no están liderando la lucha en torno a la inmigración con la misma intensidad, creo que eso genera una apertura enorme para que este sector de personas, que realmente se preocupa por la inclusión, el pluralismo y la protección de los más vulnerables, encuentre formas autónomas de involucrarse y llenar un vacío que la dirigencia de su propio partido no está cubriendo. LG Si puedo ofrecer el reverso, la imagen especular de eso, creo que las dos primeras señales de la disociación entre la base y la dirigencia electa fueron el proyecto H. R. 9495, la llamada «ley asesina de organizaciones sin fines de lucro», con la que intentaron avanzar de manera bipartidaria inmediatamente después de la elección, y luego la Ley Laken Riley, en enero. Un recuerdo muy nítido que tengo es el de haber intentado comunicarle a dirigentes demócratas electos que nuestra base estaba genuinamente alarmada y enojada, y que no entendía por qué íbamos a otorgarle a Donald Trump más poder en materia de control y fiscalización, más poder sobre las organizaciones sin fines de lucro, más poder para ir contra los inmigrantes y consolidar una fuerza policial secreta, para recibir como respuesta algo que oscilaba entre la desestimación y el desprecio. Y frente a esto escuché a personas decir, básicamente: no solo no estamos de acuerdo, sino que además esta es la razón por la que perdimos la elección. Después, hacia mediados de febrero, cuando las llamadas, el volumen y la bronca estaban desbordando, me encontré con muchos de esos mismos integrantes del establishment demócrata preguntándose: «¿Por qué está todo el mundo tan enojado?». Nuestra reacción fue: «Venimos diciendo que esto se estaba acumulando. Hay una brecha constante entre lo que ustedes le comunican a la gente sobre lo que les importa y las cosas que efectivamente están haciendo. Y eso ahora vuelve para atacarlos». DD Leah, muchos señalaron que, para la base liberal, la división no pasa tanto por «izquierda versus centro» como por «quienes pelean versus quienes se pliegan». ¿Pero ambas definiciones no están volviéndose cada vez más lo mismo? LG Yo lo describiría como un eje x y un eje y: el eje horizontal es qué tan a la izquierda están tus posiciones políticas; el eje vertical, en qué medida crees que este momento es el de una emergencia que requiere usar todas las herramientas disponibles. Y que eso, en última instancia, exige reformas estructurales que aborden de manera significativa las raíces de la crisis. Lo que diría sobre nuestra gente es que se ubican a sí mismos en lugares muy distintos del eje izquierda-centro, pero que todos están en niveles muy, muy altos del eje de «esto es una emergencia que requiere poner en juego todo lo que tenemos». Y suele haber una fuerte correlación entre quienes están más a la izquierda y quienes perciben este momento como una emergencia. Hay mucha superposición respecto de lo que se es necesario hacer. Cuando hoy hablamos de reformas estructurales, no estamos solo volviendo a lo que discutíamos en 2021. No se trata únicamente de la For the People Act [Acta para la gente]. Estamos hablando de la Ley de Derecho al Voto, pero también de derechos electorales, además de qué vamos a hacer con la Corte Suprema, qué vamos a hacer con el sistema bipartidista que sigue produciendo estos conflictos, qué vamos a hacer con la concentración del poder corporativo que permitió que los fascistas del Big Tech operen como respaldo de esta administración. Creo que hay mucha superposición cuando uno piensa en cuál es el conjunto final de soluciones para el momento en el que estamos, soluciones que permitirían construir de manera efectiva un país donde las personas puedan ser parte, vivan con dignidad y tengan voz. Así que no pondría el foco tanto en las etiquetas en sí mismas, pero sí creo que, cuando hablamos concretamente de cómo salir de este momento y de cómo mejorar genuinamente la vida de la gente, hay un enorme potencial de convergencia. DD No son solo los liberales los que cambiaron desde la primera administración Trump, como ya comentó bastante gente. La izquierda socialista también está en una situación bastante distinta. En los años posteriores a la elección de 2016, una gran cantidad de personas rechazaron desde la izquierda, o al menos miraron con escepticismo y suspicacia, muchos aspectos de la Resistance liberal. Para una parte de la izquierda socialista, esa política de la Resistance encuadraba a la elección de Trump como el producto de la «interferencia rusa» y buscaba simplemente hacer retroceder el reloj para volver a la política previa a Trump, es decir, a esa idea de que, como mencionaba Leah antes, «la fiebre se va terminar cuando los adultos vuelvan a la casa». Al mismo tiempo, hubo un debate intenso dentro de la izquierda socialista acerca de si el proyecto de Trump era fascista o no. Toda la izquierda se oponía a Trump. Pero hubo un debate a veces interesante, a veces bastante arcano, sobre si «fascista» era el concepto adecuado. Ahora, en cambio, toda la izquierda online ama a Jennifer Welch y está de acuerdo en que el proyecto de Trump es fascista. Si bien hay sectores de la izquierda que pueden tener algunas reservas respecto de la Resistance, me parece que una creciente mayoría coincide en que deberíamos enlazar nuestros brazos y sumarnos. Eric, ¿cómo describirías esa trayectoria dentro de la izquierda socialista y la política interna de la izquierda socialista respecto de cómo relacionarse con la Resistance liberal? EB Lo primero que diría es que el hecho de que esta vez la Resistance liberal esté enfrentando de manera muy explícita al establishment del Partido Demócrata es algo que lo cambia todo. Si hay algo que a los socialistas nos gusta hacer es pelear contra el establishment demócrata. Así que ahí hay una afinidad evidente, que explica buena parte de la apertura para involucrarse. También creo que hay una cuestión de urgencia. La última vez, muchos en la izquierda, yo incluido, teníamos una lectura, en parte válida, según la cual la administración Trump no representaba una ruptura tan radical con el republicanismo y la política de derecha. Pero, como sostenían los liberales, esta vez quizás incluso subestimamos la amenaza. Lo digo sin vueltas: yo no pensé que esta vez Trump fuera a ser tan malo como lo fue. Creo que muchos subestimamos eso. Y después hay algo inmediato, no solo en abstracto, sino en términos muy concretos: qué significa el hecho de que, hablando desde mi experiencia personal, como izquierdista, por primera vez en mi vida tuve que considerar qué pasaría si pierdo mi trabajo por expresarme políticamente. Hay una urgencia, y lo digo desde un lugar de privilegio relativo. Tengo un trabajo sindicalizado. Doy clases en una universidad pública. Pero creo que la intensidad del ataque autoritario en todos los frentes generó en la izquierda una sensación de llamado de «todos a sus puestos» en un grado que no se sentía tanto la última vez. Entonces la pregunta que me hacía era: ¿qué se hace con eso? Siento que lo que la izquierda sabe hacer muy bien es pelear contra el establishment demócrata. No creo que tengamos tanta experiencia reciente en cuanto a cómo trabajar en coalición con los liberales contra la derecha. No es que alguien se oponga, pero esto exige cosas distintas, que no hemos hecho de manera consistente en los últimos tiempos. Así que la tarea pasa por pensar realmente cómo escalar en una pelea más amplia. Y eso exige seguir planteando que nuestra lucha principal ahora mismo es contra la derecha, y no contra la Resistance liberal. WS Otra cosa de la que tenemos que dar cuenta —y es algo muy raro, que casi nunca pasa— tiene que ver con el hecho de un candidato de izquierda que gana una elección siendo públicamente conocido como izquierdista o haciendo campaña explícitamente en esos términos. Así que hay una reconfiguración constante de cómo se define la pelea dentro del Partido Demócrata (una reconfiguración en la que yo mismo participé) entre la vieja guardia y la nueva gene

lunes, 5 de enero de 2026

Trump: bombardeo y secuestro en territorio venezolano

Recomiendo: Trump: bombardeo y secuestro en territorio venezolano Por Atilio A. Boron | 05/01/2026 | EE.UU. Fuentes: Página/12 - Imagen de portada: Simpatizantes del presidente Maduro se abrazan en el centro de Caracas el sábado 3 de enero, después de que el presidente Trump anunciara que Maduro había sido capturado y enviado a Estados Unidos. (AP Foto/Cristian Hernandez) Donald Trump acaba de destruir lo poco que aún quedaba del tan mentado “orden mundial basado en reglas”. El bombardeo de numerosas instalaciones militares (y sus inevitables daños colaterales en objetivos civiles) en Caracas y alrededores seguido por el secuestro -que no “extracción”- del presidente Nicolás Maduro Moros abre un nuevo capítulo en el sistema internacional en donde numerosos actores van a poder utilizar el precedente sentado por Trump en Venezuela para resolver a su favor conflictos de poder en las más diversas locaciones del planeta. El autoproclamado “presidente de la paz” y frustrado aspirante al premio Nobel de la Paz ha sido el más belicista de los últimos tiempos: arma hasta los dientes al genocida Benjamin Netanyahu y le prodiga toda clase de protección, desde la diplomática hasta la militar y mediática; obliga a sus indignos vasallos europeos a comprar armas y pertrechos militares para sostener al neonazi Volodimir Zelenski prolongando el martirio de la población ucraniana en una guerra que ya está irremediablemente perdida y que Trump había alardeado que la terminaría en 24 horas; extraviado por su patológica megalomanía Trump ordena bombardear el norte de Nigeria para, según él, poner a salvo a algunas comunidades cristianas supuestamente agredidas por fieles del Islam; se atribuye haber logrado la paz en Gaza, una mentira enorme porque el régimen racista israelí continúa con su matanza, ahora apelando al hambre, la sed y el colapso de la salud pública mientras más de seis mil camiones esperan hace meses en la frontera cargados de alimentos, agua y medicamentos; se vanaglorió de haber logrado la paz entre Camboya y Tailandia pero los ataques entre ambas partes se suceden sin pausa. Y ahora es el turno de Venezuela, en una costosísima operación que duró largos meses y que culminó con el sorprendente secuestro del presidente y su señora esposa, Cilia Flores. En su conferencia pública Trump dijo que este operativo militar demuestra que Estados Unidos es el país más poderoso del mundo, un mensaje explícito dirigido a China y, en cierto sentido, también a Rusia. No sólo eso: se ungió a sí mismo como administrador imperial de Venezuela al decir que “conduciremos el país hasta que podamos hacer una transición juiciosa y apropiada”, y aclaró que Washington no va a permitir que “otro se haga con el poder en Venezuela sin tomar en cuenta los intereses de su pueblo”, suponiendo que el pueblo chavista, supuestamente abatido y domesticado, lo vaya a recibir como su salvador y no como un bandido que vino a robarle su petróleo, lo único que le interesa a Trump. A éste jamás le preocuparon la democracia, la justicia, la libertad o los derechos humanos, y mucho menos en esta parte del mundo, y las y los venezolanos lo saben muy bien. Embriagado por sus palabras, Trump acusó a Maduro de traficar una “cantidad colosal” de drogas en los Estados Unidos por medio del (ficcional) Cartel de los Soles y de enviar disimulados como migrantes a criminales del Tren de Aragua. Además calificó al narcotráfico como una campaña orquestada por Venezuela para matar ciudadanos estadounidenses, equiparándola con las mayores organizaciones terroristas a nivel global. Una mentira más de un embustero serial: el Washington Post demostró que en su primer mandato Trump dijo 30.573 mentiras. En todo caso no deja de llamar la atención que esta preocupación por poner a salvo a la población estadounidense de los estragos del narcotráfico no haya sido tenida en cuenta cuando indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, sentenciado por la justicia de Estados Unidos a 45 años de prisión por haberse comprobado que participó en diversos operativos que culminaron con la introducción en ese país de más de 400 toneladas de cocaína y otras drogas. Pero el narcotraficante es Maduro. La desesperación de Trump por mostrar algún éxito en la política exterior, luego de casi un año de continuos traspiés, lo impulsó a apostar todas sus fichas en la operación venezolana. Pero este fue apenas el primer acto de una tragedia que tendrá varios episodios más, y es poco probable que los siguientes sean tan afortunados para Washington como el de esta madrugada. Además incentivará conductas semejantes en otros actores del ya convulsionado sistema internacional. ¿Por qué Beijing debería esperar hasta el 2049, cuando se cumplan cien años del triunfo de la Revolución, para completar la reunificación de Taiwán, una rebelde provincia china manipulada por Estados Unidos para acosar a la República Popular China? Sobre todo si sobran los antecedentes que demuestran irrefutablemente que Taiwán siempre formó parte de China. Entre otros antecedentes de peso hay cuatro cartas reversales cursadas entre Washington y Beijing que así lo certifican. ¿Por qué debería el régimen de Tel Aviv esperar un minuto más y no aplicar todo su formidable poderío militar para acabar con la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania y construir el Gran Israel, desde el río hasta el mar, extendiendo aún más el incendio en Medio Oriente? ¿Por qué Azerbaiyán debería abstenerse de culminar su campaña y apoderarse definitivamente de todo el territorio de Armenia? ¿Por qué Rusia debería abstenerse de acabar rápidamente la guerra descargando ahora sí todo su potencial destructivo para devastar a Ucrania y quedarse con gran parte de su territorio? ¿Qué reglas le impedirían hacer eso, en imitación a lo hecho por Trump? Nada de lo hecho por el magnate neoyorquino debe sorprendernos. Los imperios, lo hemos repetido cien veces, exacerban su violencia en su fase de declinación. Pero pese a los himnos triunfales que hoy suenan en la Pennsylvania Avenue de Washington, el hecho de haber ganado una batalla no significa que se haya ganado la guerra. El mismo entusiasmo prevalecía cuando se bombardeaba furiosamente a Vietnam y, décadas después, a Afganistán. Y en ambos casos Estados Unidos terminó sufriendo traumáticas y humillantes derrotas. Si algo enseña la historia es que aventuras como la que hoy nos preocupan suelen terminar mal para el imperio. No hay muchos elementos para pensar que ahora el desenlace será más sonriente para la banda de delincuentes que gobierna Estados Unidos, aunque haya que esperar un tiempo porque la reacción popular ante las agresiones imperiales rara vez es inmediata. Pero una vez que se enciende es imparable. Fuente: https://www.pagina12.com.ar/2026/01/03/trump-bombardeo-y-secuestro/ Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 3 de enero de 2026

Comunicado de la República Bolivariana de Venezuela EEUU ataca Venezuela

Recomiendo: Comunicado de la República Bolivariana de Venezuela EEUU ataca Venezuela Por | 03/01/2026 | Venezuela Fuentes: Aporrea / TeleSur Una serie de fuertes detonaciones han sacudido la capital venezolana durante la madrugada de este sábado, generando alarma generalizada en la población. Los reportes, que comenzaron a circular aproximadamente a las 2:00 a.m., indican que las explosiones fueron de tal magnitud que hicieron vibrar estructuras residenciales en diversos sectores de la ciudad. Puntos críticos bajo ataque Informaciones preliminares, aún por confirmar de forma oficial por las autoridades de defensa, señalan que varios objetivos estratégicos y militares habrían sido blanco de ataques coordinados: Instalaciones Militares: Se reportan incidentes en el Fuerte Tiuna (corazón del poder militar) y en la base aérea de La Carlota, en el centro-este de la ciudad. Sedes de Gobierno: Residentes de las zonas aledañas al Palacio de Miraflores reportaron estruendos y una fuerte presencia de seguridad en los perímetros. Infraestructura de Comunicaciones: Se han recibido reportes de ataques en la zona de El Volcán (El Hatillo), donde se encuentran antenas repetidoras vitales para las telecomunicaciones del país. Zona Costera: Las detonaciones también habrían alcanzado las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, en el estado La Guaira. Presencia de aeronaves estadounidenses Testigos presenciales en el área metropolitana han denunciado de forma recurrente el sonido de vuelos rasantes y motores de aviación a reacción. Asimismo, circulan versiones sobre el avistamiento de helicópteros con presuntas insignias estadounidenses sobrevolando sectores estratégicos de Caracas, lo que coincidiría con las recientes amenazas de intervención, ataques y bloqueo naval anunciadas por la administración de Donald Trump. Este evento ocurre apenas días después de que el Gobierno venezolano denunciara planes de sabotaje y detuviera a ciudadanos estadounidenses implicados en supuestos actos de terrorismo. La situación en las calles es de máxima incertidumbre; se reportan cortes intermitentes de energía en algunas zonas y el despliegue inmediato de las Unidades de Defensa Integral (ODI). Hasta el momento, no hay un balance oficial de víctimas ni daños materiales, mientras el país espera una cadena nacional para conocer el alcance de lo que podría ser el inicio de una escalada militar abierta en territorio venezolano. Venezuela denuncia «gravísima agresión militar» de EE.UU. La República Bolivariana de Venezuela emitió este sábado un comunicado oficial rechazando «la gravísima agresión militar perpetrada por el Gobierno actual de los Estados Unidos de América contra territorio y población venezolanos». El texto detalla que los ataques afectaron «localidades civiles y militares de la ciudad de Caracas, capital de la República, y los estados Miranda, Aragua y La Guaira». El Gobierno venezolano subraya que «este acto constituye una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, especialmente de sus artículos 1 y 2, que consagran el respeto a la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza». Además, alerta que «tal agresión amenaza la paz y estabilidad internacional, concretamente de América Latina y el Caribe, y pone en grave riesgo la vida de millones de personas». Según el comunicado, el propósito de la agresión es la apropiación de los recursos estratégicos venezolanos. «El objetivo de este ataque no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la Nación. No lo lograrán», afirma el texto. Venezuela reafirma su independencia, recordando que «Desde 1811, Venezuela ha enfrentado y vencido imperios», evocando la proclama del Presidente Cipriano Castro en 1902: «‘La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria’.» El Gobierno Bolivariano ha instado a la población a la movilización, indicando que «el pueblo de Venezuela y su Fuerza Armada Nacional Bolivariana, en perfecta fusión popular-militar-policial, se encuentran desplegados para garantizar la soberanía y la paz». De forma paralela, la diplomacia venezolana elevará «las correspondientes denuncias ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el Secretario General de dicha organización, la CELAC y el MNOAL, exigiendo la condena y rendición de cuentas del Gobierno estadounidense». El Presidente Nicolás Maduro ha activado «todos los planes de defensa nacional» y ha ordenado «la implementación del Decreto que declara el estado de Conmoción Exterior en todo el territorio nacional, para proteger los derechos de la población, el funcionamiento pleno de las instituciones republicanas y pasar de inmediato a la lucha armada». Se ha dispuesto el inmediato despliegue del Comando para la Defensa Integral de la Nación. En línea con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, Venezuela «se reserva el derecho a ejercer la legítima defensa para proteger a su pueblo, su territorio y su independencia». Finalmente, el comunicado hace un llamado a la solidaridad internacional, citando al Comandante Hugo Chávez Frías: «‘ante cualquier circunstancia de nuevas dificultades, del tamaño que fueren, la respuesta de todos y de todas los patriotas…es unidad, lucha, batalla y victoria’». El comunicado fue emitido en Caracas el 3 de enero de 2025. Los acontecimientos se desarrollan en el contexto de máximas amenazas de Washington con el despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe y el bloqueo naval contra Venezuela anunciado por la administración Trump el pasado 16 de diciembre. La operación militar estadounidense en el Caribe, iniciada en agosto, incluye destructores, un submarino nuclear, el portaaviones USS Gerald R. Ford y más de 4.000 militares. Este movimiento militar es considerado por el Gobierno venezolano como una violación al derecho internacional. COMUNICADO REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA La República Bolivariana de Venezuela rechaza, repudia y denuncia ante la comunidad internacional la gravísima agresión militar perpetrada por el Gobierno actual de los Estados Unidosde América contra territorio y población venezolanos en las localidades civiles y militares de la ciudad de Caracas, capital de la República, y los estados Miranda, Aragua y La Guaira. Este acto constituye una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, especialmente de sus artículos 1 y 2, que consagran el respeto a la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza. Tal agresión amenaza la paz y estabilidad internacional, concretamente de América Latina y el Caribe, y pone en grave riesgo la vida de millones de personas. El objetivo de este ataque no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la Nación. No lo lograrán. Tras más de doscientos años de independencia, el pueblo y su Gobierno legítimo se mantienen firmes en defensa de la soberanía y del derecho inalienable de decidir su destino. El intento de imponer una guerra colonial para destruir la forma republicana de gobierno y forzar un «cambio de régimen», en alianza con la oligarquía fascista fracasará como todos los intentos anteriores. Desde 1811, Venezuela ha enfrentado y vencido imperios. Cuando en 1902 potencias extranjeras bombardearon nuestras costas, el Presidente Cipriano Castro proclamó: «La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria.» Hoy, con la moral de Bolívar, Miranda y nuestros libertadores, el pueblo venezolano se alza nuevamente para defender su independencia ante la agresión imperial. Pueblo a la calle El Gobierno Bolivariano llama a todas las fuerzas sociales y políticas del país a activar los planes de movilización y repudiar este ataque imperialista. El pueblo de Venezuela y su Fuerza Armada Nacional Bolivariana, en perfecta fusión popular-militar-policial, se encuentran desplegados para garantizar la soberanía y la paz. Simultáneamente, la Diplomacia Bolivariana de Paz elevará las correspondientes denuncias ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el Secretario General de dicha organización, la CELAC y el MNOAL, exigiendo la condena y rendición de cuentas del Gobierno estadounidense. El Presidente Nicolás Maduro ha dispuesto todos los planes de defensa nacional para ser implementados en el momento y circunstancias adecuadas, en estricto apego a lo previsto en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la Ley Orgánica sobre Estados de Excepción y la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación. En este sentido, el Presidente Nicolás Maduro ha firmado y ordenando la implementación del Decreto que declara el estado de Conmoción Exterior en todo el territorio nacional, para proteger los derechos de la población, el funcionamiento pleno de las instituciones republicanas y pasar de inmediato a la lucha armada. Todo el país debe activarse para derrotar esta agresión imperialista Del mismo modo ha ordenado el inmediato despliegue del Comando para la Defensa Integral de la Nación y de los Órganos de Dirección para la Defensa Integral en todos los estados y municipios del país. En estricto apego al artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, Venezuela se reserva el derecho a ejercer la legítima defensa para proteger a su pueblo, su territorio y su independencia. Convocamos a los pueblos y gobiernos de América Latina, el Caribe y el mundo a movilizarse en solidaridad activa frente a esta agresión imperial. Como señaló el Comandante Supremo Hugo Chávez Frías “ante cualquier circunstancia de nuevas dificultades, del tamaño que fueren, la respuesta de todos y de todas los patriotas…es unidad, lucha, batalla y victoria”. Caracas, 3 de enero de 2026 Noticia en desarrollo… Fuentes: https://www.aporrea.org/ddhh/n413953.html https://www.telesurtv.net/venezuela-denuncia-gravisima-agresion-militar-de-ee-uu/