lunes, 25 de mayo de 2026

Xi, Putin y el nacimiento de un nuevo equilibrio de poderes

Recomiendo: Xi, Putin y el nacimiento de un nuevo equilibrio de poderes Por Alejandro Marcó del Pont | 25/05/2026 | Economía Fuentes: El tábano economista [Imagen: Xi y Putin en el Palacio del Pueblo, mayo 2026 (Alexander Kazakov/pool Sputnik Kremlin Via Ap)] Reunión Xi Jinping y Vladímir Putin, más que un tratado de buena vecindad (El Tábano Economista) La escena de Beijing tuvo la fidelidad de una ceremonia antigua y la frialdad de una advertencia moderna. Xi Jinping recibió a Vladimir Putin en el Gran salón del pueblo no como se recibe a un socio ocasional, sino como se administra una señal al mundo. La política internacional, cuando quiere decir algo importante, rara vez lo dice sólo con comunicados. Lo dice con tiempos, con gestos, con repeticiones. Putin llegó a China pocos días después de la visita de Donald Trump. Xi, sentado en el centro geométrico de esa coreografía, mostró lo esencial. Beijing puede hablar con Washington, pero no se subordina a Washington; puede negociar con Estados Unidos, pero su arquitectura estratégica mira hacia Eurasia. La cumbre de mayo no fundó la unión chino-rusa. Hizo algo más decisivo: la normalizó como uno de los hechos estructurales del nuevo siglo. El primer dato es jurídico, pero su peso es histórico. Xi y Putin acordaron extender el Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa, firmado originalmente en 2001. No es una formalidad. Ese tratado es la viga legal sobre la que ambos países construyeron una relación que superó la vieja desconfianza sino-soviética, la rivalidad comunista del siglo XX y el trauma ruso de haber dejado de ser el centro del mundo socialista. La diplomacia china subrayó que el tratado había establecido una base institucional para la buena vecindad, la amistad duradera y la coordinación estratégica integral. Esa fórmula, que puede parecer burocrática, es en realidad una promesa de continuidad: China y Rusia quieren que su vínculo sobreviva a coyunturas, guerras, presidentes estadounidenses y ciclos económicos. La ganancia rusa es evidente. Rusia obtiene mercado, oxígeno financiero, respaldo diplomático y profundidad asiática. Después de Ucrania, Moscú desplazó a Europa, y China se convirtió en su comprador, su prestamista indirecto, su proveedor tecnológico posible y su escudo político parcial. Reuters señalaba que China es, por amplio margen, el mayor socio comercial de Rusia y el principal comprador de su crudo. Pero la ganancia china es menos ruidosa y más profunda. Beijing obtiene energía con descuento, acceso preferencial a recursos estratégicos, un socio nuclear capaz de obligar a Washington a dividir su atención, y una Rusia que mantiene ocupada a Europa mientras China consolida su primacía industrial, tecnológica y naval en Asia. La relación es asimétrica, sí, pero no débil, precisamente porque la asimetría favorece a China, Beijing puede administrarla sin desesperación. El segundo dato es político. Ambos líderes firmaron una declaración sobre la formación de un mundo multipolar y un nuevo tipo de relaciones internacionales. Aquí está el corazón conceptual de la reunión. China y Rusia no se presentan como una alianza agresiva, sino como una corrección histórica. Su argumento es simple y poderoso: el momento unipolar posterior a 1991 fue una anomalía; Estados Unidos confundió victoria con derecho permanente de mando; el sistema internacional debe regresar a una pluralidad de centros de poder. Cuando Xi y Putin advierten contra la “ley de la jungla”, no están haciendo una reflexión moral abstracta. Están acusando a Washington de haber transformado las reglas en instrumentos, las alianzas en cercos y el derecho internacional en un idioma usado selectivamente. Esa es la dimensión más importante de la cumbre. No se trata sólo de comercio, ni de gas, ni de protocolos. Se trata de legitimidad. China y Rusia buscan disputar el relato fundador del orden contemporáneo. Frente a la idea occidental de un “orden basado en reglas”, plantean la idea de un orden basado en soberanía, no intervención, equilibrio entre grandes potencias y centralidad formal de Naciones Unidas. La paradoja es evidente, Rusia se defiende de la expansión de la OTAN, China presiona sobre Taiwán y el Mar de China Meridional. Ambas potencias han encontrado una narrativa eficaz para buena parte del Sur Global, cansado de sanciones, dobles estándares y guerras presentadas como pedagogía democrática. La multipolaridad chino-rusa no promete un mundo más pacífico; promete un mundo menos obediente. La solidez de la unión quedó también expuesta en la agenda material. Xi habló de economía, comercio, inversión, energía, recursos, transporte, ciencia, tecnología, innovación y nuevas fuerzas productivas. También mencionó educación, cultura, cine, turismo y deportes. No son adornos son capas de interdependencia. Una alianza frágil se sostiene en una amenaza común; una relación sólida crea mecanismos, cadenas, hábitos, rutas, empresas, bancos, universidades, laboratorios y foros. La cumbre no produjo el gran golpe que Moscú deseaba —el acuerdo definitivo sobre Power of Siberia 2—, pero incluso esa ausencia confirma el carácter maduro del vínculo. China no compra por solidaridad; compra por interés. No rescata a Rusia a cualquier precio; la integra cuando le conviene. El gasoducto inconcluso es, en ese sentido, la metáfora perfecta. Rusia necesita vender gas a Asia tras el cierre parcial del mercado europeo; China necesita seguridad energética, pero no urgencia. Moscú empuja, Beijing calcula. El Kremlin habló de un entendimiento general, pero quedaron pendientes precio, calendario y detalles. En apariencia es una limitación. En realidad, muestra que el eje sino-ruso no funciona como bloque ideológico rígido, sino como sociedad estratégica entre potencias que se necesitan sin confundirse. Rusia aporta músculo militar, disrupción y energía; China aporta escala industrial, tecnología, capital, mercado y paciencia. La primera se mueve con la urgencia de quien pelea por no quedar encerrado; la segunda con la serenidad de quien cree que el tiempo trabaja a su favor. El tercer dato es militar-estratégico. Xi y Putin criticaron el proyecto estadounidense “Golden Dome” y lo presentaron como amenaza a la estabilidad estratégica. También señalaron el deterioro del régimen de control nuclear. Ese punto no puede leerse de manera aislada. La defensa antimisiles, la inteligencia artificial aplicada al mando militar, las armas hipersónicas, los satélites, la guerra electrónica y el control del espacio cercano están fusionando la competencia tecnológica con la competencia nuclear. China y Rusia saben que, si Washington logra construir una arquitectura defensiva que reduzca la eficacia disuasiva de sus arsenales, el equilibrio estratégico se altera. Por eso su respuesta no es sólo diplomática: es una advertencia sobre la futura carrera de armamentos. En ese tablero entra Corea del Norte, no como apéndice exótico, sino como pieza incómoda y útil. Pyongyang ha encontrado en la guerra de Ucrania una oportunidad histórica para salir de su aislamiento relativo. Su cooperación militar con Rusia le permite obtener dinero, experiencia de combate, tecnología, legitimidad y respaldo diplomático. Para Moscú, Corea del Norte ofrece munición, tropas, presión sobre los aliados asiáticos de Washington y una forma de demostrar que el frente contra Occidente no termina en Europa. Para Beijing, el asunto es más ambiguo: China no quiere perder influencia sobre Kim Jong Un, pero tampoco le desagrada que Corea del Norte mantenga ocupados a Japón, Corea del Sur y Estados Unidos. El resultado es una geometría triangular imperfecta, no hay un bloque monolítico China-Rusia-Corea del Norte, pero sí una convergencia de intereses suficientemente peligrosa. Japón es el país que lee esta convergencia con mayor alarma histórica. Para Tokio, China es el desafío estructural, Rusia es el vecino imprevisible del norte y Corea del Norte es la amenaza nuclear inmediata. Lo que antes podían ser tres problemas separados empiezan a parecer un solo teatro estratégico, más complicado si agregamos el estrecho de Ormuz. El informe 2026 del National Institute for Defense Studies de Japón está dedicado precisamente a las “asociaciones desequilibradas” entre China, Rusia y Corea del Norte, y advierte que esa cooperación se ha convertido en una cuestión central para la seguridad japonesa. La preocupación no es retórica, si Japón debe imaginar presión simultánea en Taiwán, en las islas del sudoeste, en el mar de Japón y desde la península coreana, su doctrina de defensa cambia de escala. La consecuencia será un Japón más armado, más autónomo y más estrechamente vinculado a Estados Unidos. El viejo pacifismo constitucional ya no desaparece por una reforma dramática, sino por acumulación de excepciones, presupuestos, capacidades de contraataque, interoperabilidad y miedo. El Japan Institute of International Affairs sostuvo en su Strategic Outlook 2026 que la profundización de la coordinación entre China, Rusia y Corea del Norte obliga a Japón a revisar sus documentos estratégicos centrales y a reconstruir su política de seguridad. En términos prácticos, eso significa más defensa antimisiles, más capacidades navales, más cooperación con Filipinas y Australia, y una relación aún más orgánica con Washington y Seúl. Corea del Sur enfrenta una ecuación parecida, pero con una sensibilidad distinta. Su amenaza principal no es China en abstracto, sino Corea del Norte con capacidad nuclear y respaldo externo. Si Pyongyang se siente protegida por Moscú y tolerada por Beijing, el margen de maniobra surcoreano se estrecha. Por eso Seúl y Tokio, pese a sus heridas históricas, han empezado a actuar con pragmatismo creciente. El 19 de mayo, Corea del Sur y Japón acordaron ampliar la cooperación energética, incluyendo mecanismos sobre GNL, crudo, reservas y swaps de productos petroleros, y reafirmaron la coordinación trilateral con Estados Unidos frente a Corea del Norte y las tensiones regionales. No es casualidad que energía y seguridad aparezcan juntas. En Asia oriental, las rutas marítimas, los misiles y los puertos forman parte de la misma gramática estratégica. India observa la escena con otra mezcla de incomodidad y oportunidad. Nueva Delhi también quiere un mundo multipolar; lo que no quiere es una Asia organizada alrededor de China. Ahí reside la diferencia esencial. Para India, el fin de la unipolaridad estadounidense puede ser deseable si amplía su autonomía, pero sería inaceptable si produce una hegemonía china en Eurasia. Rusia fue durante décadas un socio privilegiado de India, proveedor de armas y contrapeso diplomático. Pero una Rusia demasiado dependiente de China deja de ser contrapeso y empieza a ser problema. Por eso India no romperá con Moscú, pero acelerará su multi-alineamiento: seguirá en BRICS y en la Organización de Cooperación de Shanghái, mientras profundiza lazos con Estados Unidos, Japón, Francia y Australia. Estados Unidos, por su parte, enfrenta la consecuencia de su propio éxito pasado. Durante treinta años actuó como si Rusia y China fueran problemas administrables por separado. Hoy se encuentra con que su presión simultánea sobre Moscú y Beijing contribuyó a acercarlas. Washington conserva ventajas inmensas: dólar, tecnología, alianzas, poder naval, mercados financieros, y perdiendo su capacidad de sanción. Pero ya no posee el monopolio de la iniciativa. Cada sanción acelera mecanismos alternativos; cada despliegue en Asia justifica la coordinación sino-rusa; cada crisis energética empuja a los países importadores a diversificar; cada guerra exhibe los límites de la coerción occidental. La pregunta estadounidense ya no es cómo preservar la unipolaridad, sino cómo evitar que la multipolaridad sea escrita por sus adversarios. La economía mundial será una de las zonas principales de fricción. La unión China-Rusia no reemplaza al sistema financiero occidental, pero sí lo erosiona en los márgenes donde se juega la política real: pagos bilaterales, energía fuera del circuito europeo, comercio en monedas locales, seguros alternativos, bancos menos expuestos a sanciones, corredores terrestres euroasiáticos y tecnología adaptada a restricciones. Rusia no puede ofrecer a China lo que ofrece Occidente en consumo, capital e innovación abierta, pero sí puede ofrecerle energía, materias primas, espacio geográfico y una retaguardia continental. China no puede garantizar a Rusia prosperidad plena, pero sí impedir su asfixia. Esa combinación alcanza para alterar los cálculos de Washington, Bruselas, Tokio y Nueva Delhi. Lo que nació en Beijing no es una alianza clásica. No tiene artículo 5, como la OTAN, ni mando integrado, ni bandera común. Pero quizás por eso es más flexible. Es una entente de conveniencia histórica, una coalición de agravios, una sociedad de largo plazo entre dos Estados que no se aman, pero se necesitan; que no confían plenamente entre sí, pero confían menos en Estados Unidos; que no comparten idéntico destino, pero sí un adversario ordenador. Su fortaleza no reside en la pureza ideológica, sino en la complementariedad: Rusia rompe, China absorbe; Rusia desafía, China capitaliza; Rusia militariza la crisis, China la convierte en arquitectura. El mundo que emerge es más fragmentado, más propenso a malentendidos y escaladas. Japón se rearma con determinación, Corea del Sur profundiza alianzas de seguridad, India equilibra con cautela calculada, Estados Unidos redistribuye recursos entre dos océanos y la economía global se divide en corredores rivales. La historia del siglo XXI se está escribiendo en estos ejes pragmáticos, mientras otros debaten principios abstractos. Para los observadores atentos, la verdadera pregunta ya no es si este eje perdurará, sino cómo moldeará —y desafiará— el orden internacional en las décadas por venir. El tablero ha cambiado. El juego, con sus riesgos y oportunidades, apenas comienza. La unipolaridad no terminó con una declaración, ni con una foto, ni con una cumbre. Terminó lentamente. Lo que hizo la reunión Xi-Putin de mayo fue ponerle forma visible a ese final. La nueva época no será necesariamente más justa ni más estable. Puede ser más fragmentada, más transaccional, más armada y más cínica. Pero será menos occidental en su centro de gravedad. Y en esa mutación, China y Rusia han encontrado una fórmula eficaz: no necesitan dominar juntas el mundo; les alcanza, por ahora, con impedir que Washington vuelva a dominarlo solo. Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2026/05/24/xi-putin-y-el-nacimiento-de-un-nuevo-equilibrio-de-poderes/

domingo, 24 de mayo de 2026

Human Rights Watch: La «Junta de Paz» de Trump solo ha traído más muerte y sufrimiento a Gaza

Recomiendo: Según Human Rights Watch La «Junta de Paz» de Trump solo ha traído más muerte y sufrimiento a Gaza Por Brett Wilkins | 22/05/2026 | Palestina y Oriente Próximo Fuentes: El Salto Seis meses después de su creación la denominada “Junta de Paz” del presidente estadounidense Donald Trump no ha cumplido su promesa de un “futuro seguro y próspero” para los palestinos de Gaza, que siguen siendo asesinados, mutilados y privados de alimentos y otros suministros esenciales a causa del genocidio que Israel sigue perpetrando. “La infraestructura humanitaria que sustenta la vida en Gaza sigue en peligro más de seis meses después del acuerdo de alto el fuego de octubre de 2025”, declaró Human Rights Watch el pasado 19 de mayo. “Mientras la Junta de Paz se prepara para informar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 21 de mayo sobre su recién publicado informe de progreso semestral, las autoridades israelíes están socavando las vías de suministro humanitario”, continuaba HRW, en su declaración. “Los continuos ataques israelíes han causado la muerte de al menos 856 palestinos y han herido a otros 2.463, según el Ministerio de Salud de Gaza”, señaló la organización. “Los volúmenes de ayuda siguen estando muy por debajo de los niveles necesarios y las rutas de acceso humanitario críticas han sido obstruidas repetidamente, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA)”, apuntó también HRW. La declaración pública de HRW continúa así: “En su informe del 15 de mayo, la Junta de Paz señaló que la ayuda distribuida por los organismos de la ONU y sus socios aumentó en más de un 70 % durante el período analizado en comparación con los niveles previos al alto el fuego, y que ‘las necesidades alimentarias básicas se han estabilizado por primera vez desde 2023’. Las cifras principales de la Junta omiten que los volúmenes de ayuda han disminuido desde principios de 2026, no se han recuperado hasta los niveles anteriores al inicio de la guerra entre EE UU e Israel e Irán a finales de febrero, y nunca han alcanzado el mínimo que, según la ONU, es necesario. Cuatro agencias de la ONU advirtieron en diciembre de 2025 que la hambruna, que solo unas semanas antes se había logrado contener gracias al alto el fuego, podría reaparecer rápidamente sin un acceso y un suministro sostenidos”. “Se suponía que el plan traería alivio. En cambio, los palestinos de Gaza siguen pasando hambre, siguen sin poder acceder a la atención médica y se sigue matando a civiles”, declaró Adam Coogle, subdirector de HRW para Oriente Medio, en un comunicado: “Independientemente de lo que la Junta de Paz le diga al Consejo de Seguridad, así es como se ve la vida seis meses después”. HRW destacó que, aunque “los camiones comerciales han comenzado a entrar de nuevo en Gaza en mayor número”, el total de entregas de ayuda —que se redujeron drásticamente tras el inicio de la guerra ilegal y de elección de Estados Unidos e Israel contra Irán— está “muy por debajo de lo que necesita la población de Gaza”. Además, “ninguno de los 37 hospitales de Gaza estaba plenamente operativo, y solo 19 funcionaban siquiera parcialmente, según la OCHA”, desarrolló la organización de derechos humanos. “Más de 43.000 personas han sufrido lesiones que les han cambiado la vida, una de cada cuatro de ellas son niños, y más de 50.000 necesitan cuidados de rehabilitación a largo plazo, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, señaló HRW. “Ningún centro de rehabilitación está funcionando plenamente. Los retrasos israelíes en la aprobación de equipos quirúrgicos especializados están limitando la atención compleja, y al menos el 46 % de los medicamentos esenciales están agotados, según la OMS”. “Según el Ministerio de Salud de Gaza, más de 1.400 pacientes han fallecido mientras esperaban la evacuación médica desde que se cerró el paso fronterizo de Rafah en mayo de 2024, y más de 18.500 pacientes, entre ellos 4.000 niños, siguen a la espera de ser evacuados”, informó la publicación. “Las restricciones israelíes a la entrada de generadores, aceite de motor y piezas de repuesto están provocando averías en los servicios de salud, saneamiento, retirada de escombros y ayuda humanitaria”, afirmó HRW. Añadiendo: “Los roedores y los insectos se están propagando por los campamentos de desplazados, y las infecciones cutáneas y otras enfermedades están aumentando, según informó la OCHA. “Las agencias de la ONU y los grupos de ayuda que trabajan en el ámbito del agua y el saneamiento advierten de que la grave escasez de aceite lubricante y piezas de repuesto está provocando averías en los generadores”, denunciaba la organización. Las fuerzas israelíes siguen matando e hiriendo a trabajadores humanitarios en Gaza. “A finales de abril, la OCHA había registrado la muerte de al menos 593 trabajadores humanitarios en Gaza desde octubre de 2023, incluidos 8 desde el alto el fuego”, señaló HRW. “Las promesas de financiación también se han quedado muy por debajo de lo necesario: En la reunión inaugural de la Junta de Paz celebrada en febrero, diez Estados miembros y observadores de la Junta prometieron un total de 17.000 millones de dólares para la reconstrucción, frente a los 70.000 millones que, según estimaciones de la ONU, se necesitan”, recordó HRW. “A fecha de abril, la Junta había recibido menos de 1000 millones de dólares de la cantidad prometida, y solo tres contribuyentes habían entregado fondos, según Reuters”. “Cuando la Junta de Paz informe al Consejo de Seguridad, los miembros deberían sopesar lo que escuchan frente a lo que las agencias de la ONU están informando desde el terreno”, dijo Coogle. “Ningún giro retórico puede ocultar el hecho de que la ayuda no está llegando en la escala necesaria, los pacientes no tienen acceso a una atención médica adecuada y los cruces hacia Gaza siguen siendo limitados”. El informe de HRW se publicó un día después de que la Oficina de Derechos Humanos de la ONU instara a Israel a impedir nuevos “actos de genocidio” en Gaza, al tiempo que expresaba su preocupación por la escalada de la “limpieza étnica” en la Cisjordania palestina, ocupada ilegalmente. Un grupo de expertos en derechos humanos de la ONU concluyó el año pasado que Israel estaba cometiendo un genocidio en Gaza. Sudáfrica presentó una demanda por genocidio contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia, que ahora cuenta con el respaldo de casi 20 países. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa, Yoav Gallant, son buscados por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, entre los que se incluyen el asesinato y la inanición forzada. Según se informa, la CPI también pretende detener al ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben-Gvir, y al ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, por la colonización ilegal y la limpieza étnica en Cisjordania. Más de 250.000 palestinos han resultado muertos o heridos en Gaza desde el ataque liderado por Hamás en octubre de 2023. Casi todos los aproximadamente 2,1 millones de habitantes de la franja costera también han sido desplazados por la fuerza, han pasado hambre o han enfermado durante ese periodo. A lo largo de todo este tiempo, las administraciones de Biden y Trump han proporcionado a Israel más de 20.000 millones de dólares en ayuda militar y cobertura diplomática, incluyendo el veto a varias resoluciones de alto el fuego del Consejo de Seguridad de la ONU. Artículo publicado originalmente por Common Dreams. Fuente: https://www.elsaltodiario.com/palestina/junta-paz-trump-solo-ha-traido-muerte-sufrimiento-gaza-afirma-un-grupo-derechos-humanos

sábado, 23 de mayo de 2026

Trump "golpea" a Netanyahu al echarlo de las negociaciones sobre Irán

Trump "golpea" a Netanyahu al echarlo de las negociaciones sobre Irán El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, detrás de Donald Trump, mandatario estadounidense - Sputnik Mundo 23.05.2026 A diferencia de los primeros días de la operación contra Irán, cuando EEUU y su "copiloto", Israel, actuaban de manera coordinada, la posterior suavización de la postura de Washington hacia Teherán en las negociaciones sugiere que la Casa Blanca reevalúa el estatus de su aliado, escribe 'The New York Times'. Basándose en declaraciones de dos funcionarios israelíes, el periódico afirma que EEUU "dejó de lado a Israel" hasta tal punto que las autoridades de Tel Aviv se vieron "prácticamente excluidas" de las negociaciones sobre el conflicto con Irán. Además, para el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien al principio se posicionó casi como el "mentor de [el presidente de EEUU, Donald] Trump" y su "igual", este cambio de prioridades de Washington se convirtió en un "humillante golpe" antes de las elecciones, apunta el medio. "Israel pasó de ser un socio igualitario a convertirse en algo más parecido a un subcontratista del Ejército estadounidense", resalta el artículo.egún las fuentes del medio, las autoridades israelíes se ven obligadas a obtener información sobre las negociaciones a través de sus propios canales de inteligencia, así como mediante contactos con diplomáticos y mandatarios de países de la región. "Proceso diplomático": ¿Trump cambia el rumbo en su conflicto con Irán? El 28 de febrero, EEUU e Israel lanzaron ataques contra objetivos en territorio iraní. Se estima que más de 3.000 personas han sido víctimas de estas ofensivas. El 7 de abril, tras casi 40 días de conflicto, Donald Trump anunció un alto el fuego de dos semanas con Irán para facilitar las negociaciones de paz. Sin embargo, el día 13, sin que se declarara formalmente la reanudación de las hostilidades, la Armada estadounidense inició un bloqueo del tráfico marítimo hacia y desde puertos iraníes, a ambos lados del estrecho de Ormuz. El 21 de abril, el mandatario estadounidense extendió la tregua que expiraba el día 22 hasta que Irán "presente sus propuestas de paz y concluyan las negociaciones". El pasado 9 de mayo, Trump publicó en su red Truth Social que la respuesta de Irán es "completamente inaceptable", en tanto el portavoz del Ministerio de Exteriores de la República Islámica, Esmail Baghaei, la calificó de "responsable" y "generosa". Si bien no se informó de la reanudación de las hostilidades, Estados Unidos inició un bloqueo de los puertos iraníes, amenazando en reiteradas ocasiones con reanudar los bombardeos. Teherán, por su parte, advirtió que, en caso de un nuevo ataque, la respuesta sería tal que el conflicto se extendería más allá de la región.

Ben Gurion, mi enemigo personal

Recomiendo: Ben Gurion, mi enemigo personal Por Salman Abu Sitta | 23/05/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Rebelión [Foto: Imagen del a Nakba de 1948] Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos Hoy, 15 de mayo de 2026, hace 28.489 días que me convertí en un refugiado. No lo olvido ni por un momento. Nunca dejaré de intentar por todos los medios retornar a casa. Nací en al Ma’in, de donde procede mi familia desde hace más de doscientos años. Al Ma’in está situado en el distrito de Beer Sheba, a unos 30 kilómetros al sudeste de la ciudad de Gaza. En abril de 1948 la milicia judía Haganah cometió muchas masacres, sobre todo la de Deir Yassin. Cuando yo tenía diez años estaba en el internado de Beer Sheba. Como continuaban los ataques de los judíos, se nos dijo que era más seguro que volviéramos a casa. Volví andando a casa en un viaje peligroso. Miré atrás y vi desaparecer en el horizonte el hermoso edificio otomano de mi escuela de Beer Sheba. Seis semanas después, el 14 de mayo de 1948, la milicia militar judía Haganah atacó mi casa en al Ma’in, mató a todas las personas que encontró, quemó destruyó nuestras casas y edificios. Especialmente triste fue que demolió la escuela que mi padre había construido en 1920. Aquel día me convertí en un refugiado. Mi enemigo Ese mismo día un hombre ruso-polaco habló a otros colonos en Tel Aviv y declaró un Estado para ellos sobre las ruinas de mi hogar. Se llamaba David Gruen (Ben Gurion). Este hombre había viajado desde Plonsk hasta Beer Sheba, en Palestina, una distancia de 4.800 kilómetros. Su viaje terminó en Beer Sheba, donde yo nací. Este hombre viajó (por voluntad propia) a Palestina y en un principio se consideró a sí mismo palestino. En Palestina fue recibido pacíficamente, pero su objetivo era destruir el país que le había acogido. Reunió a un grupo de inmigrantes de ideas afines para asentarse en Palestina y organizó un ejército secreto para asesinar o expulsar a sus anfitriones. En marzo 1948, mientras Palestina estaba bajo Mandato británico, Ben Gurion emprendió el Plan Dalet y desplegó a su fuerza, la llamada Haganah, para ocupar, y atacar y expulsar a sus habitantes palestinos, sus anfitriones. En diez meses la Haganah, que estaba compuesta por 120.000 soldados organizados en nueve brigadas, atacó y despobló 530 ciudades y pueblos. No debió de ser una tarea fácil de llevar a cabo. Exigió al menos 95 masacres en las que fueron asesinadas 15.000 personas palestinas. Una semana después del ataque israelí a Beer Sheba, el 21 de octubre de 1948, Ben Gurion fue a inspeccionar esta localidad. Admiró los elegantes edificios de piedra del gobierno, las casas árabes y la escuela para niños, de la que yo era alumno. Le gustaron tanto que decidió vivir ahí. Fue enterrado en Sde Boker, un poco al sur de la ciudad, cerca del pueblo árabe de Rakhama (rebautizado Yeroham en hebreo). Su tumba no era una serie de piedras blancas desperdigadas, sino un enorme edificio situado en un gran recinto que albergaba un auditorio, una biblioteca y salas de reuniones. Los fieles del sionismo rondan en torno a la tumba en solemne procesión y conmemoran la desaparición de los difuntos. En este artículo se relatan dos viajes. Uno es el de hombre polaco, David Ben Gurion, que viajó desde su Plonsk natal en Polonia hasta Beer Sheba, Palestina, a una distancia de 4.200 kilómetros. Su misión era asesinar y desplazar a sus anfitriones, y ser enterrado en la ciudad de estos. El otro viaje era el mío, expulsado de mi casa en Ma’in y convertido en refugiado en Canadá, a 10.000 kilómetros de distancia. Ninguna de ambas historias quedará en el olvido ni sin solución. El retorno En todos los años posteriores a 1948, por ahora 78 años, no he dejado un solo día de pensar en mi derecho a retornar a mi hogar, de planearlo o de luchar por él. Empecé la escuela en El Cairo, donde mis hermanos ya estudiaban en la Universidad de El Cairo (Fouad I). Durante las vacaciones de verano volvía a Gaza y veía unas situaciones que nunca habría imaginado. Enormes cantidades de personas acudían al pequeño enclave, que pasó a ser conocido como la Franja de Gaza. Se refugiaron en las escuelas, las mezquitas y en espacios abiertos. Trataron de encontrar la manera de subsistir. Vi a un hombre que vendía bocadillos en una mesita puesta sobre la acera. Semanas después lo convirtió en un restaurante gracias a su determinación. Las personas refugiadas reprodujeron sus pueblos tal como eran. Estaba al frente el mukhtar del pueblo (jefe), que supervisaba dónde se iba instalando su gente, trataba reunirlos en un solo campamento de refugiados y cuidar de ellos. Estas personas permanecieron juntas y vivieron cerca unas de otras. Se casaron entre sí como si nunca se hubieran marchado. Rehicieron su pueblo tal y como era. Sus tiendas de refugiados estaban muy cerca unas de otras. Cada campo de refugiados se identificó por el pueblo de origen, que dio el nombre al campo. Se mantuvo la estructura del pueblo, pero trasladada a la nueva ubicación. Se mantuvieron las características del pueblo. Un pueblo era conocido por sus tejidos. Instalaron sus telares en los caminos del campo de refugiados y nadie los tocaba. Doscientos cuarenta pueblos de la mitad sur de Palestina que habían sido atacados y su población masacrada y expulsada se reunieron en un lugar diminuto, que era solo el 1.3% de Palestina y que con todo acierto se llamó Franja de Gaza. No dejó de haber una reacción a esta tragedia. Poco después se formaron grupos de resistencia (los fedayines, que eran personas voluntarias) para atacar a quienes había invadido sus hogares. No podían competir con la potencia de fuego del enemigo, pero le superaban en determinación y empezaron a contraatacar. Mi primo Hasan era uno de ellos. Era un joven afable de cara sonriente. Cuando volvía de una incursión en territorio ocupado, nos contaba lo que había ocurrido con esta o aquella casa o jardín. Lo mató una mina enterrada con la que tropezó en un desplazamiento. Las personas refugiadas se agruparon en grupos políticos. Mi primo Abdullah, un veterano de la Revolución de 1936, formó el Comité Ejecutivo de la Conferencia de Refugiados, que siguió representando a las personas refugiadas hasta que se creó la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en 1964. El camino del exilio Yo seguí mi formación en El Cairo hasta que me licencié en Ingeniería, después fui a Londres, donde me doctoré en Ingeniería en el University College London. En Londres fue donde se transformó mi vida. Ahí estaba, en Londres, donde tuvo lugar la traición británica coronada por la Declaración Balfour. Estudié minuciosamente los documentos en sus diversas bibliotecas y centros. Viajé por Europa, sobre todo a Alemania, donde encontré fotos aéreas de Palestina de la Primera Guerra Mundial. A lo largo de los años reuní muchos mapas y documentos. En las bibliotecas coloniales encontré documentos sobre mi país, incluso sobre mi pueblo Al Ma’in, pero en nuestras bibliotecas he encontrado pocos documentos, por la sencilla razón de que como no teníamos intención de invadir otros países, no necesitábamos sus mapas. Fruto de esta documentación fue la creación de varios mapas y del Atlas de Palestina en varios idiomas y ediciones. El derecho al retorno ¿Qué hacer con todo esto? La respuesta es clara: preparar el camino para retornar a casa. Quería saber en primer lugar qué habían hecho de mi país los agresores israelíes. Hice un estudio detallado, pueblo por pueblo, ciudad por ciudad, para averiguar cuánta población judía vive en territorio palestino y dónde. El resultado de ese estudio fue sorprendente. Hay 246 terrenos de pueblos palestinos en los que hoy en día no hay población judía. Hay 272 terrenos de pueblos en los que hay poca población judía, menos de 5.000 personas. El distrito de Beersheba está prácticamente vacío, excepto la ciudad de Beersheba. La población judía generalmente vive en 927 localidades protegidas, que (en el año 2020) tienen una población total de 5.509.000 personas dentro de la línea de armisticio de 1949. Pero estos datos pueden ser engañosos. Solo 15 de las 927 localidades son de tamaño considerable y tienen una población superior a los 100.000 habitantes. Las demás son mucho más pequeñas: 62 tienen una población de entre 10.000 y 100.000 habitantes, y la mayoría, 850, son colonias pequeñas, en su mayoría kibutzs que tienen unos pocos miles de habitantes. Esto significa que el 90% de la población judía vive 77 localidades de las 927 o en el 8% de la cantidad total de localidades. El área que ocupan es de 1.400 kilómetros cuadrados o el 6% de la zona correspondiente a Israel. El resto de la tierra palestina está vacía y se utiliza como campos militares. La conclusión obvia es que gran parte de la Palestina ocupada está vacía. La población palestina puede volver a sus hogares sin que tenga que haber demasiados desplazamientos de los colonos judíos. La situación es más sorprendente en el distrito de Beer Sheba. En el año 2020 solo había 150.000 colonos, menos personas que las que viven en un campo de refugiados de Gaza. Los colonos judíos ocupan una zona de 12.500 kilómetros cuadrados, la mitad de Palestina, con una densidad de 7 personas por kilómetro cuadrado. Las personas propietarias de estas tierras viven en campos de refugiados en Gaza con una densidad de 20.000 por kilómetro cuadrado. El contraste es impactante. Entonces llega un hombre polaco llamado David Gruen. Afirma ser originario de Beer Sheba. Había viajado 4.000 kilómetro desde Polonia para vivir en Beer Sheba. Yo fui expulsado de Beer Sheba y tuve que viajar hasta Canadá, a 10.000 kilómetros de distancia, para reanudar mi vida. La historia de mi familia se remonta a 200 años y la historia de mi pueblo, el pueblo palestino, se remonta a más de 4000 años. Tenemos nombres de nuestros pueblos registrados por Eusebius el año 313 después de Cristo, nombres que todavía se utilizan hoy en día. Ben Gurion tomó los nombres de esos mismos lugares para simular su origen local. Los restos de nuestros antepasados están enterrados en tierra palestina. Nosotros plantamos sus viejos árboles, que sobreviven en nuestro clima, pero no sobreviven los que los invasores trajeron. Pasé muchos años documentando mi hogar y Palestina en general. He investigado exhaustivamente cómo se puede llevar a cabo el retorno. Organicé un concurso entre jóvenes arquitectos palestinos en el que por el momento han participado 330 personas. Han elaborado planos para reconstruir 60 pueblos. En 1993 hubo un rayo de luz en la oscuridad de toda la Nakba. Parecía que con los Acuerdos de Oslo era posible el retorno. Documenté la geografía y demografía de Palestina. A lo largo de los años siguientes elaboré informes y atlas que, entre otras cosas, demostraban que el retorno a casa no solo era correcto desde el punto de vista legal, sino también factible. He demostrado que la Palestina que perdimos continúa en gran parte vacía y que el 90% de la población judía que vive ahí ocupa solo el 6-10% de ella, lo que significa que la mayoría de las personas refugiadas que fueron expulsadas de 530 pueblos y ciudades pueden volver a casa sin que haya grandes desplazamientos de la población colona judía de su tierra. El derecho al retorno no solo es sagrado para la población palestina y legal en virtud de cualquier instrumento del derecho internacional, sino que también es factible y viable. Se puede implementar cuando las fuerzas coloniales que instauraron el sionismo en Palestina y convirtieron a su población en personas refugiadas se arrepientan y reparen sus pecados, es decir, permitan a la población palestina vivir en Palestina como ha hecho durante siglos. Mi trayectoria vital, que he vivido como extranjero en muchos países, debería terminar donde empezó, en Ma’in Abu Sitta. Mi enemigo, Ben Gurion, un hombre polaco, está enterrado en mi ciudad natal, al miles de kilómetros de su ciudad natal. Y yo, Salman Abu Sitta, quiero ser enterrado donde nací. Dr Salman Abu Sitta es un investigador palestinos que escribe acerca de las personas palestinas refugiadas y el derecho del pueblo palestino al retorno. Texto original: https://www.middleeastmonitor.com/20260516-ben-gurion-and-i-a-personal-feud/ Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

viernes, 22 de mayo de 2026

La directora de Inteligencia Nacional de EEUU anuncia su renuncia

- Sputnik Mundo, La directora de Inteligencia Nacional de EEUU anuncia su renuncia La directora de la Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, anunció su renuncia, la cual será efectiva a partir del 30 de junio, y aseguró que el motivo de su dimisión se debe a problemas de salud de su esposo. El presidente estadounidense, Donald Trump, ya nombró a la persona que sustituirá a Gabbard. "Lamentablemente, debo presentar mi renuncia, efectiva a partir del 30 de junio de 2026", señaló la funcionaria en la red social X. A su vez, el dirigente del país informó que Aaron Lukas, actual subdirector principal de la Dirección de Inteligencia Nacional, asumirá como director interino del organismo tras la renuncia de Gabbard. "Tulsi ha realizado un trabajo increíble y la echaremos de menos. Su respetado subdirector principal de la Dirección de Inteligencia Nacional, Aaron Lukas, asumirá el cargo de director interino", escribió Trump en Truth Social. Anteriormente, algunos medios escribieron, citando fuentes, que la Casa Blanca obligó a Gabbard a renunciar a su cargo.

Es cierto que Xi cambió a Irán por Taiwán?

Recomiendo: Entrevista al economista y profesor estadounidense Michael Hudson ¿Es cierto que Xi cambió a Irán por Taiwán? Por Ali Alizadeh | 21/05/2026 | Mundo Fuentes: Voces del Mundo [Imagen: Trump y Xi en Pekín] Traducido del inglés por Sinfo Fernández Ali Alizadeh (AA): El comunicado estadounidense sobre la reunión entre Trump y Xi afirma que Xi aceptó explícitamente que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto, que no debe haber peajes, que China se opone a la militarización del estrecho, que China comprará más petróleo estadounidense para reducir su dependencia de Ormuz, y que Irán nunca debe tener un arma nuclear. El comunicado chino no mencionaba casi nada de esto. Sólo decía que los dos líderes intercambiaron opiniones sobre Oriente Medio. Mientras tanto, Xi Jinping gastó su capital político en Taiwán. Por ello, los iraníes que ven esto esta noche se preguntan: ¿acaba de cambiar Xi Jinping a Irán por Taiwán? ¿Nos ha traicionado nuestro socio estratégico más importante en el Gran Salón del Pueblo mientras nuestras ciudades están bloqueadas? ¿Qué ha pasado realmente hoy en Pekín? Michael Hudson (MH): Si has escuchado a Donald Trump y a los informes estadounidenses sobre anteriores negociaciones con Irán y con otros países, siempre hay dos versiones. Está la versión estadounidense, que siempre dice lo mismo: la otra parte ha aceptado rendirse totalmente a todo lo que Estados Unidos ha pedido. Luego llega esa otra parte, que dice: no, no hemos dicho nada de eso. Así que no sólo estamos ante una traducción de idiomas, sino ante una traducción del significado de las palabras. ¿Qué significa que el estrecho de Ormuz esté abierto? Desde el punto de vista de China, significa que habrá continuidad en el comercio —que todos los países, los países árabes de la OPEP e Irán, podrán enviar sus barcos a través del estrecho y continuar su viaje por el océano Índico, hacia el este, a China o a cualquier otro lugar de Asia. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en los últimos días. Los barcos chinos han transitado libremente por el estrecho de Ormuz. Han pagado los peajes que Irán considera una condición indispensable para cualquier acuerdo, dado que Irán ha sido atacado injustamente, en violación de las normas de guerra del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y las normas de las relaciones internacionales. Según estas normas, Irán tiene derecho a recibir reparaciones. Sin embargo, las Naciones Unidas carecen de sistema de ejecución. No cuentan con un equivalente a una comisión de los Juicios de Núremberg. No tienen jueces que puedan hacer cumplir las reparaciones. Por lo tanto, Irán ha ideado una forma pragmática de obtener estas reparaciones: imponer peajes a todos los barcos que transitan por el estrecho. Irán ha discutido y explicado esto con gran claridad, y otros países han aceptado estas normas. Y el problema no se limita sólo al estrecho de Ormuz. ¿Qué sucede cuando los barcos salen del estrecho y se adentran en alta mar? Estados Unidos ha estado confiscando buques iraníes o amenazando con hacerlo. La mayoría de los barcos que logran cruzar el estrecho de Ormuz han sido obligados a regresar y detenerse. Irán ha declarado: «Enviaremos tantos que algunos lograrán pasar, porque Estados Unidos no tiene una armada lo suficientemente grande como para impedirlo todo». Sin embargo, Estados Unidos no sólo bloquea el estrecho de Ormuz, sino también el océano que lo rodea. Irán ha intentado enviar sus buques muy cerca de la costa pakistaní, manteniéndose dentro de aguas pakistaníes y navegando por esa zona. Pero obviamente, desde el punto de vista de Irán, y creo que también desde el de China, esto supone la apertura del estrecho de Ormuz. Fue Donald Trump quien elaboró ​​su lista de deseos. Y su lista de deseos es, por supuesto, que Irán no cobre ningún peaje. Pero esa es una de las líneas rojas de Irán. Creo que Irán ha aprendido de la experiencia de Rusia en Ucrania que no se anuncia una línea roja para luego no hacerla cumplir. Rusia ha anunciado sus líneas rojas sobre lo que los países de la OTAN pueden hacer en apoyo de Ucrania, una y otra vez, y la OTAN simplemente las ha ignorado. Irán ha dicho: no vamos a permitir que Estados Unidos, Israel y sus aliados nos sigan presionando con tácticas de salami, poco a poco. Una línea roja es una línea roja. Así que cuando termine la conferencia, que supongo que será mañana, leerán el informe chino sobre lo sucedido. Dudo que pueda haber un informe conjunto consensuado; rara vez lo hay en estos casos. Siempre está el informe estadounidense para la prensa y los votantes, que afirma que Trump ha obtenido una victoria aplastante y ha perjudicado a otros países en beneficio de Estados Unidos. Y luego está la otra parte, que dice que todo esto es una fantasía y que se han mantenido firmes en su postura. Así que conviene esperar a que se publiquen los informes chinos y a la posterior conversación con los diplomáticos chinos. AA: Sin embargo, para algunos, el mero hecho de que Trump visite China, que Xi Jinping le dé la bienvenida y que —aparte de la insistencia de China en Taiwán— los chinos estén abiertos a la flexibilidad y digan que desean una buena asociación, resulta preocupante. Para muchos, la multipolaridad se imaginaba como otra Guerra Fría. Tú fuiste uno de los primeros en escribir sobre multipolaridad. ¿Puedes explicar en qué se diferencia China de la Unión Soviética y por qué China insiste en reducir las tensiones con Estados Unidos y evitar la confrontación militar? MH: Todos los países del mundo, excepto Estados Unidos, Israel, Alemania, Inglaterra y Francia, quieren reducir las tensiones. Por supuesto, los países anfitriones que no se encuentran entre estas naciones beligerantes dirán que todos queremos ser socios en la paz mundial. Intentan apelar a la razón: esta es una manera razonable de resolver las cosas. Cuando dicen «somos socios», en realidad están estableciendo los principios del comercio internacional, la inversión internacional, la banca internacional y el gasto militar. Si uno forma parte de esta alianza —es decir, si está de acuerdo con estos principios—, perfecto. Pero si no está de acuerdo con estos principios, lamentamos informarle que no forma parte de esta alianza. Así que, cuando China y Rusia se refieren a sus enemigos como «nuestros socios», como lo han hecho repetidamente, no están actuando como si fueran a contraatacar de forma agresiva. Esa no es la manera asiática de negociar. No se dice: «Nosotros contraatacaremos, ustedes contraataquen y nosotros contraatacaremos». Esa no es la manera de encontrar una solución. Por supuesto que están dispuestos a luchar. Pero dicen: «¿Por qué no tenemos un diálogo pacífico y lógico? Este es el tipo de estabilidad mundial que vamos a crear». Estados Unidos no desea estabilidad en el mundo, porque estabilidad significa mantener el statu quo. Estados Unidos ha perdido progresivamente lo que solía ser el Imperio estadounidense. Ha perdido su superávit comercial y de balanza de pagos. Ha perdido su dominio industrial. Ha perdido su dominio financiero del dólar. Ahora es un gran deudor. Lo ha estado perdiendo casi todo. Por eso, la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos declaró, en esencia: ya no vamos a apoyar el tipo de mundo unificado de igualdad, multipolaridad, libre comercio y libre inversión que defendíamos en 1945, cuando teníamos todo el poder, cuando poseíamos la mayor parte del oro del mundo, cuando teníamos la capacidad manufacturera e industrial para ayudar a Europa a sobrevivir. Ya no contamos con eso. El único recurso que Estados Unidos tiene ahora para afrontar la dinámica cambiante del mundo es la capacidad de perjudicar a otros países. Puede decir: podemos interrumpir su comercio. Trump puede imponer aranceles para impedir su acceso al mercado estadounidense. Eso, por supuesto, molestará a sus exportadores y provocará el caos. Pero si aceptan la visión del mundo de Estados Unidos —si aceptan no comerciar con Rusia, no comerciar con Irán, no permitir la inversión china en su país— si nos obedecen y se convierten en nuestros satélites políticos y económicos, entonces podrán acceder al mercado estadounidense. De lo contrario, vamos a perturbar su situación. Donald Trump ha dicho repetidamente que, si bloquear el comercio con los países árabes de la OPEP y con Irán crea una depresión mundial, que eso beneficiará a Estados Unidos, porque, según él, Estados Unidos es autosuficiente en petróleo. Y en este momento, Estados Unidos está haciendo su agosto del aumento de los precios mundiales del petróleo. Las compañías estadounidenses de petróleo y gas venden petróleo y gas estadounidenses de precio bajo a precios mundiales, no a precios bajos en Estados Unidos. Sus ganancias aumentan, sus acciones suben y se benefician de todo esto. Para Trump, Estados Unidos gana cuando el resto del mundo entra en crisis, tal como sucedió en 1998 durante la crisis monetaria asiática, cuando las monedas asiáticas, a excepción de Malasia, que tenía controles de capital, se devaluaron, y los inversores estadounidenses e internacionales pudieron aprovechar la oportunidad para adquirir empresas coreanas, japonesas y de otros países asiáticos a precios mucho más bajos que antes. La política de Estados Unidos, tal como se anuncia en su propia estrategia, es crear crisis en el extranjero. Y Trump la ha llevado a su lógica extrema. Somos piratas en el comercio de la OPEP una vez que sale del estrecho de Ormuz. Nos hemos apropiado del barco. Hemos confiscado el petróleo. Nos lo hemos apropiado. Porque podemos hacerlo. Esa es una situación que beneficia a Estados Unidos. Ahora bien, ¿cómo es posible llegar a un acuerdo con China sobre esto? Creo que, al hablar de Taiwán, China está diciendo: no vamos a intentar hablar de problemas que obviamente no tienen solución. Si centramos nuestra discusión en las relaciones de Estados Unidos con Taiwán, entonces todo lo que discutamos se relaciona directamente con eso. Esa es su versión de un estrecho de Ormuz diplomático. Tomemos el tema de las exportaciones de tierras raras. Los estadounidenses quieren que China vuelva a exportar tierras raras a Estados Unidos. China ha declarado: no queremos exportar tierras raras que puedan usarse para fabricar armamento. Sería una locura venderles itrio, galio y otros elementos para que sus fuerzas armadas los conviertan en aviones F-35, armas y misiles, para luego venderlos a Taiwán y que ataquen a China. Esto nos lleva de nuevo a la broma de Lenin: los capitalistas nos van a vender la soga con la que los ahorcaremos. Imaginen lo que China está diciendo: no vamos a venderle a Estados Unidos las materias primas que necesita para fabricar armas y venderlas a sus protegidos, como Taiwán, para que nos ataquen militarmente. Esta es nuestra estrategia de defensa nacional. Al afirmar que Taiwán es el centro de cualquier acuerdo que surja de estas reuniones, China está diciendo que Taiwán influye en cualquier acuerdo sobre comercio internacional, finanzas internacionales y prácticamente cualquier otro tema que Estados Unidos quiera abordar. AA: Hoy, military.com publicó un artículo que indica que el Pentágono se ha apresurado a comprar 10.000 misiles porque Irán ha agotado las reservas estadounidenses. Resulta sorprendente que Estados Unidos dependa de China para la fabricación de sus armas. Pero permíteme plantearte un debate más extenso. También le hice esta pregunta a tu colega, la profesora Radhika Desai: ¿Esta guerra contra Irán estuvo motivada por algún argumento del Estado profundo del Imperio estadounidense o de un sector del capitalismo estadounidense? ¿O fue impuesta a Estados Unidos, en contra de sus intereses, por Israel? ¿Fue Estados Unidos engañado por Netanyahu, como afirma el profesor Mearsheimer? Como has mencionado, la bolsa estadounidense se ha beneficiado de esta guerra. En tus lecturas, ¿existía alguna estrategia previa a esta guerra, o es, como dijo el profesor Desai, simplemente una manifestación de que Estados Unidos está perdiendo el rumbo y debilitándose rápidamente? MH: Sí, por supuesto que ha habido estrategias. Participé en una de esas reuniones hace 50 años, en 1974, cuando trabajaba con Herman Kahn en el Instituto Hudson. Tuvimos varias reuniones con la Casa Blanca, el Departamento de Estado, el Tesoro y muchos oficiales militares, y discutieron precisamente la estrategia contra Irán. Recuerdo que en aquel entonces Herman Kahn dijo: tenemos que dividir Irán en cinco o más porciones separadas. Pensaba que la forma de empezar sería por Baluchistán, separándolo. Ahora Estados Unidos está intentando colaborar con los kurdos. Durante los últimos cien años, Estados Unidos ha seguido una estrategia primordial para dominar el mundo: controlar el petróleo mundial. He hablado de esto en muchos de los artículos que he escrito recientemente en mi sitio web. Todos los países del mundo necesitan petróleo y energía para operar sus fábricas, calentar sus hogares, producir productos químicos, petroquímicos y plásticos, y fabricar fertilizantes. Si podemos controlar el comercio de petróleo, tendremos el poder de perjudicar a cualquier país que no nos obedezca. Podemos usar esto como palanca de presión. No necesitamos entrar en guerra con ellos. Simplemente podemos cortarles el suministro de petróleo, lo que los obligará a seguir la política estadounidense que deseemos. A principios del siglo XXI, el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano afirmó, en esencia, que la forma de controlar el petróleo era impedir que los países compraran petróleo a cualquier país que no controláramos. Por eso se impusieron sanciones a Irán tras el derrocamiento del sah y el rechazo a la injerencia estadounidense de 1953 en la política iraní para controlar la industria petrolera. Por eso Estados Unidos destruyó el Nord Stream e impuso sanciones para impedir que la gente comprara petróleo a Rusia. Por eso Estados Unidos destruyó Libia, para que los países no pudieran comprar petróleo de ese país. Y por eso George W. Bush libró la guerra contra Iraq. Siempre hay un pretexto. El pretexto fue que Iraq poseía armas de destrucción masiva. La realidad es que Iraq tenía petróleo, y Estados Unidos quería ese petróleo. Así que bombardeó y destruyó la economía iraquí, y esencialmente incorporó a Al Qaida y a terroristas wahabíes para apoyar su estrategia. Luego, los estadounidenses extendieron la lucha a Siria para apoderarse de sus reservas de petróleo. Pero desde el principio, cuando trazaban el plan para conquistar los países del Cercano Oriente y Oriente Medio y controlar el petróleo de la región, la secuencia terminaba con Irán. Irán siempre fue el objetivo final. Estados Unidos se dio cuenta de que podía conquistar Libia, Iraq, Siria y otros países, y que podía obtener el apoyo de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y los países árabes, ya que los ingresos petroleros de todos estos países —en sus fondos gubernamentales— estaban invertidos en el mercado de bonos y los mercados financieros estadounidenses. Así que, desde el principio, el objetivo fue controlar el petróleo mundial y tener el control absoluto: cortar la electricidad, la energía, la luz. Todo requería conquistar Irán, recuperar su industria petrolera e instaurar una dictadura militar, esta vez más cruel y eficaz que la del antiguo sah. Este es un plan que lleva 50 años gestándose, perfeccionándose y elaborándose. AA: Pero muchos analistas creen que, aunque un ataque de este tipo contra Irán hubiera sido deseable para Washington, los presidentes anteriores lo evitaron porque lo consideraban imposible. George W. Bush, sin duda uno de los presidentes más belicistas de la Casa Blanca, se negó a atacar a Irán. ¿Cometió Donald Trump un error, o crees que actuó según la lógica del poder oculto estadounidense? MH: Recordemos que, bajo el mandato de George H. W. Bush, tuvo lugar la sangrienta guerra de Iraq contra Irán. Murieron un millón de soldados iraníes. Los estadounidenses proporcionaron a los iraquíes armas químicas y otros medios ilegales. Así que ya intentaron conquistar Irán en la década de 1980. No lo consiguieron. Entonces George W. Bush y el resto del Estado profundo siguieron el plan y dijeron: no podemos luchar contra Irán hasta que conquistemos Iraq y Siria y controlemos el resto de Oriente Medio, para así tener nuestras fuerzas allí. Tenemos que tener bases militares en los Emiratos, bases militares en Arabia Saudí, bases militares alrededor de Irán, para que podamos estar en condiciones de conquistarlo. Obviamente, algunos estrategas militares son más optimistas que otros. Trump está rodeado de los neoconservadores más optimistas. Son los mismos neoconservadores que rodeaban a Dick Cheney cuando era vicepresidente bajo el mandato de George W. Bush. Las mismas personas han estado ahí desde siempre, y siguen ahí: los mismos sionistas proisraelíes que creen que Estados Unidos e Israel pueden formar un condominio, donde Estados Unidos utiliza a Israel como su principal base militar en Oriente Próximo y al ejército israelí como fuerza de seguridad, ahora complementado por el ejército yihadista de Al Qaida de Yolani en Siria, en colaboración con Israel, para actuar como la oligarquía cliente y ejecutora de Estados Unidos. AA: En las últimas semanas, has presentado una narrativa muy diferente a la de la mayoría de los analistas. Mientras todos se han centrado en misiles, drones y bajas, tú has contado una historia distinta, y creo que no se ha asimilado del todo, ni siquiera dentro de Irán. Con tus 50 años de experiencia en el sistema financiero estadounidense, ¿puedes explicar a nuestra audiencia qué ha logrado realmente Irán? Los titulares se centran en misiles, altos el fuego y bajas. Pero, en realidad, Irán ha cerrado el estrecho, impuesto peajes en yuanes chinos, provocado el colapso de las exportaciones de petróleo de la OPEP, llevado a las monarquías del Golfo a Washington para solicitar líneas de intercambio, enviado oro fuera de Estados Unidos a niveles récord y logrado que los bancos centrales extranjeros posean más oro que bonos del Tesoro estadounidense por primera vez desde 1996. Esto, en su propio marco, representa el desmantelamiento del sistema que describiste en 1972. ¿Qué es exactamente lo que Irán ha roto y qué ha conseguido en estas siete semanas de guerra? MH: Lo que Irán ha conseguido es poder decir: no vamos a rendirnos. Se ha dado cuenta de que, si no lucha, Estados Unidos hará exactamente lo que prometió. Provocará un cambio de régimen, como intentó hacer recientemente al asesinar a líderes iraníes. Tomará el control del gobierno. Impondrá una oligarquía títere, como la del sah. Irán afirma: preferimos luchar antes que convertirnos en una colonia, una dictadura títere y una oligarquía al servicio de Estados Unidos, que se apropiaría de todos nuestros recursos naturales y petróleo. Irán se dio cuenta de que, por sí solo, no puede derrotar a Estados Unidos y sus aliados en Europa ni a sus aliados en otros países como Japón, en Oriente. Necesita el apoyo del resto del mundo. ¿Cómo puede lograrlo? Irán ha declarado: si no podemos exportar nuestro petróleo a Asia y a los mercados que queramos, tampoco se exportará petróleo de los países árabes de la OPEP ni de los países de Oriente Medio que forman parte de la OPEP. Es responsabilidad de otros países —China, los países asiáticos, los países del Sur Global, incluso Europa—, si desean el libre comercio y el acceso al petróleo de esta región, incluirnos en ella. Deben oponerse a la anexión de Oriente Medio por parte de Estados Unidos. Deben apoyar nuestra iniciativa para proteger nuestra seguridad nacional expulsando todas las bases militares estadounidenses del Cercano Oriente, para que dejemos de ser una amenaza. Deben devolvernos el dinero que sus bancos nos han robado ilegalmente. Deben levantar las sanciones. Si quieren petróleo nuestro o de otros países, deben permitirnos sobrevivir. Y si dicen: «Bueno, queremos petróleo, y no hay problema si Estados Unidos se apodera de Irán y controla el petróleo —incluso si va a utilizar este petróleo como arma contra nosotros para imponer nuestro acuerdo con la política estadounidense—», entonces Irán les dice: «Si no les importa, más vale que les importe, porque el coste de no apoyar nuestra defensa, nuestra independencia y nuestra soberanía será una depresión mundial tan grave como la de la década de 1930. Elijan ustedes». Irán está subiendo la apuesta para obligar al mundo entero a preguntarse: ¿Quieren permitir que Estados Unidos simplemente se apodere de Irán, que le haga a Irán lo que acaba de hacerle a Venezuela? ¿Que venga y simplemente se apodere del petróleo, y diga que todas las exportaciones de petróleo venezolano deben depositarse en una cuenta bancaria en Florida bajo la dirección personal de Donald Trump? Trump ha dicho que quiere nombrar al nuevo líder de Irán después de un cambio de régimen. En otras palabras, el pueblo iraní no tendría nada. Irán está diciendo: si esta es su idea del mundo —si el resto de la economía mundial cree que Donald Trump y Estados Unidos deberían nombrar a los líderes de todos los países y deberían poder apoderarse del petróleo, los recursos minerales, la tierra, los servicios públicos y cualquier otra cosa que puedan apoderarse— entonces, francamente, al diablo con ustedes. AA: Permíteme llevarte al marco que lo hizo famoso en 1972, porque creo que a la mayoría de los iraníes nunca se lo han explicado con claridad. En el Superimperialismo, describiste lo que denominas como el estándar de los bonos del Tesoro. El mecanismo, según lo describes, es que después de que Nixon cerrara la ventana del oro en 1971, los bancos centrales extranjeros que acumulaban dólares no tuvieron más remedio que invertirlos en bonos del Tesoro estadounidense. Esto significó que mantener un superávit comercial con Estados Unidos se convirtió en un préstamo forzoso al Gobierno estadounidense para financiar sus guerras. A eso lo llamaste impuesto a los extranjeros: impuestos sin representación. Explica a nuestra audiencia cómo funciona esto en la práctica. Y explica algo específico: incluso Irán, un país sometido a 45 años de sanciones y los últimos 15 con sanciones máximas, incluso un país que no puede poseer legalmente bonos del Tesoro estadounidense, ¿cómo sigue el sistema del dólar extrayendo tributo de los iraníes? ¿Es a través de exportaciones petroquímicas cotizadas en dólares? ¿A través de países vecinos del Golfo que mantienen reservas en nombre de Irán? ¿A través de deuda denominada en dólares? Explica a nuestra audiencia el funcionamiento interno. Muéstrales cómo se produce el desangrado incluso cuando uno cree haber cortado el cordón umbilical. MH: Tu pregunta es muy amplia. Intentaré dar una idea general, ya que lo expliqué en «Superimperialismo». AA: Permíteme explicar por qué lo pregunto. Mucha gente en Irán piensa que, debido a las sanciones, Irán está fuera del sistema global y, por lo tanto, el dólar no puede afectarles tanto. MH: Antes de abordar eso, debo explicar de qué está escapando Irán. De 1945 a 1950, Estados Unidos gozaba de una posición fuerte. Para 1950, poseía casi el 80% del oro mundial. Pero luego, en 1950 y 1951, tuvo lugar la guerra de Corea, y a partir de entonces, la balanza de pagos de Estados Unidos entró en déficit. Todo el déficit de la balanza de pagos estadounidense se debía al gasto militar en el extranjero: las bases militares que creó en todo el mundo, que ahora suman casi 1.800; y primero la guerra de Corea, y luego, especialmente, la guerra de Vietnam. El sector privado en Estados Unidos se encontraba prácticamente en equilibrio. El gobierno registraba un superávit en la balanza de pagos, excluyendo el gasto militar. Sin embargo, el gasto militar obligaba a Estados Unidos a vender sus reservas de oro para sostener el tipo de cambio del dólar. Para la época de la guerra de Vietnam en la década de 1960, el ejército estadounidense gastaba dinero en el sudeste asiático: Vietnam, Camboya, Laos. Estos países habían sido colonias francesas, y Estados Unidos intentaba apoyar el sistema colonial francés. Las colonias francesas utilizaban bancos franceses. Recibían estos dólares y los enviaban a la sede central en París. Los bancos parisinos los transferían al banco central francés para obtener moneda francesa, y luego el gobierno del general De Gaulle los canjeaba por oro. Compraba oro. No quería dólares; quería oro. Cada viernes, cuando era analista de balanza de pagos en el Chase Manhattan Bank, revisábamos el estado de cuentas de la Reserva Federal sobre cuánto oro respaldaba el papel moneda estadounidense: los billetes de dólar que llevamos en el bolsillo. Legalmente, todo el papel moneda estadounidense debía estar respaldado en un 25% por oro. Era evidente que el gasto militar estadounidense iba a agotar las reservas de oro del país. Para 1971, la situación había llegado a su límite, y Estados Unidos declaró: «No podemos permitirnos cambiar más dólares por oro. Cerramos la ventana del oro». Eso hizo que se desatara cierto pánico en el gobierno estadounidense: ¿Qué haremos ahora sin oro? Mi libro «Superimperialismo» demostró que lo que parecía una mala noticia para el imperio estadounidense, en realidad le otorgaba a Estados Unidos un control mucho mayor del sistema financiero mundial. Porque si los bancos centrales ya no podían cambiar sus dólares por oro, ¿en qué iban a gastarlos? No iban a comprar acciones estadounidenses; era demasiado arriesgado. Tampoco tenían permitido comprar acciones de empresas estadounidenses. Lo único que podían hacer era proteger sus dólares en divisas extranjeras comprando bonos del gobierno estadounidense. Así, todos los dólares que se desperdiciaban con el gasto militar estadounidense terminaron en los bancos centrales de Europa, Asia y Japón, que a su vez prestaron el dinero al Tesoro estadounidense mediante la compra de bonos del Tesoro. El déficit de la balanza de pagos dejó de ser una limitación. Se convirtió en un flujo circular. El gasto militar en el extranjero se reutilizó para financiar el déficit presupuestario interno estadounidense. Después se produjo la lucha por el petróleo de 1973 y 1974. Cuando Estados Unidos cuadruplicó sus precios de los cereales, la OPEP hizo lo mismo con los de su petróleo. Como especialista en balanza de pagos, especialmente en la industria petrolera —que era mi principal área de interés en Chase Manhattan—, tuve numerosas reuniones con el Departamento de Estado y la Casa Blanca. Fueron claros: hemos llegado a un acuerdo con Arabia Saudí y los países de la OPEP. Pueden cobrar lo que quieran por su petróleo. Lo único que queremos es que los ingresos por exportaciones se inviertan en bonos del Tesoro estadounidense como forma de ahorro. Ese fue el acuerdo. Requería que los ahorros fueran en dólares. Lo que ha sucedido ahora es una repetición de la misma dinámica. La balanza de pagos, la balanza comercial y el poder económico de Estados Unidos han disminuido tanto que ya no puede depender de la autofinanciación automática de la balanza de pagos que puso en marcha a partir de 1971. Por eso se ha visto obligado a preguntarse: ¿cómo podemos perjudicar a otros países si no reinvierten sus dólares en Estados Unidos? Para empezar, no les vamos a dar a elegir. Si un país gasta sus ingresos petroleros, de balanza de pagos o de exportaciones y no los transfiere a Estados Unidos, cerraremos su sistema de comunicaciones financieras: el sistema de compensación bancaria SWIFT, donde se calculan los débitos y créditos y se realizan las transferencias entre países. China ha creado un sistema alternativo para que los países no lo necesiten. En 1971, prácticamente no existía otra moneda en la que los países pudieran guardar sus ingresos por exportaciones de petróleo. Ahora sí la hay: la moneda china y el oro. Una vez más, el oro ya no lo suministra Estados Unidos, pero se puede comprar oro en el mercado. Los países compran oro porque, hasta el momento, no existe una moneda artificial alternativa. Para crearla, se necesitaría un nuevo tipo de fondo monetario internacional, un nuevo banco central o banco mundial que lo administrara. Estados Unidos jamás lo permitiría bajo las normas del FMI, debido a su poder de veto. Por lo tanto, las únicas alternativas que tienen los países son el oro, la moneda china, las monedas de otros países o una cesta de diferentes divisas. Esto es lo que está ocurriendo hoy en día. Significa que los países ya no tienen que denominar sus exportaciones de petróleo, minerales o industriales en dólares. Pueden denominarlas, por ejemplo, en moneda china, dado que China es la economía de mayor crecimiento en el mundo. El sistema socialista chino con características chinas —que es básicamente la misma política que enriqueció a Estados Unidos en el siglo XIX con su proteccionismo industrial— le permite ser sólido. Todos necesitan el yuan chino para comprar exportaciones chinas y atraer inversiones chinas. Por lo tanto, el resto del mundo, los países BRICS y el Sur Global, están intentando desarrollar un sistema financiero y monetario alternativo. Esto se está describiendo actualmente, y es el tema central de la mayoría de mis escritos recientes. AA: Esta es la pregunta fundamental que quiero plantearte. Llevas muchos años escribiendo sobre la multipolaridad, pero desde dentro de Irán la situación es crítica y urgente. Incluso sectores del gobierno creen que han resistido demasiado tiempo, que la situación económica es crítica y que, con la continuación de las sanciones, van a tener serios problemas. Lo que el profesor Hudson, el profesor Desai y otros prometen en términos de multipolaridad puede llegar en diez, quince o veinte años. Pero hasta entonces, podríamos ser aplastados internamente. Irán sufrió graves disturbios económicos a principios de enero, que provocaron miles de muertes y actuaron como una especie de operación de falsa bandera para el ataque estadounidense. Entonces, cuando hablas de multipolaridad, ¿qué plazo prevés para que esta moneda o sistema alternativo cobre protagonismo? China no parece tener suficientes incentivos para competir agresivamente con la infraestructura financiera estadounidense, ni para ofrecer algo paralelo a SWIFT o el FMI. China parece un actor muy paciente, y eso no es suficiente para Irán. Y, en segundo lugar: ¿qué harías si fueras Irán en negociaciones con Estados Unidos? ¿Intercambiarías el alivio de algunas sanciones por lo que Irán ha ganado en el estrecho de Ormuz y mediante otros logros en la guerra? MH: Respecto a las sanciones: China no se considera realmente un rival de Estados Unidos. Está analizando qué tipo de esfera comercial quiere crear. Quiere ser independiente de Estados Unidos y de todo su sistema comercial y financiero. Quiere autonomía para China y para otros países. La multipolaridad implica que los países pueden ejercer su soberanía para establecer sus propias relaciones comerciales y de inversión con otros países. Esto ya está ocurriendo. China y Rusia ya se han dado cuenta de que no pueden mantener su independencia militar, política y económica si Estados Unidos conquista Irán y, en esencia, toma el control del comercio mundial de petróleo, ya que este comercio se convertirá en un arma contra ellos. Por lo tanto, ya han manifestado que aumentarán su apoyo a Irán, en la medida en que las actuaciones de Estados Unidos así lo requieran. La pregunta es: ¿qué pueden hacer para evitar las sanciones estadounidenses contra Irán? El día antes de la visita de Trump a China, Estados Unidos impuso nuevas sanciones a los bancos iraníes y a cualquier banco del mundo que operara con refinerías chinas que refinaran petróleo iraní. Se trata, por lo tanto, de un ataque financiero directo contra China. Lo único que China puede hacer es aislarse del resto del sistema financiero centrado en Estados Unidos. No pretende reemplazar a Estados Unidos. Estados Unidos siempre tendrá su dólar. Pero lo que China y otros países desean es una situación de independencia. Se está celebrando actualmente una reunión de los BRICS en India donde, estoy seguro, se está debatiendo precisamente eso. Pero no puede haber una moneda del BRICS —es decir, una capacidad común para crear dinero que todos utilicen— porque para ello se necesita un parlamento común, y todos los países tendrían que ser la misma entidad política. Eso no es posible. Lo que se necesita es crear un nuevo tipo de banco internacional. Tengo enetndido que se están llevando a cabo conversaciones entre bastidores. De eso es de lo que Radhika Desai y yo hemos estado hablando durante el último año o dos. Mucho antes de que exista una moneda alternativa, puede existir un sistema comercial alternativo. Otros países están protegiendo a sus propios bancos y comerciantes de las sanciones estadounidenses, para que puedan comerciar libremente con Irán y proporcionarle los alimentos, materias primas y suministros industriales que necesita. Para poder colaborar con Irán y ayudarlo a recuperarse, tienen que hacerse inmunes a la capacidad de Estados Unidos para imponer sanciones a sus sistemas bancarios. Eso es precisamente lo que deben estar haciendo ahora mismo. AA: Me ha llamado la atención que lo que hizo el gobierno ruso después de la guerra de Ucrania, y lo que ha hecho el gobierno chino en los últimos quince años, parece indicar que han leído sus libros y están siguiendo algunas de sus ideas. En cambio, creo que el gobierno iraní en su conjunto no ha comprendido cómo funciona el sistema financiero mundial. Así pues, como colofón, quiero que vayamos a diciembre de 2025, tres meses antes de que comenzara la guerra. El Gobierno de Masoud Pezeshkian implementó un paquete de medidas: una devaluación del 50% del tipo de cambio; la eliminación del dólar subsidiado para las importaciones de alimentos y medicinas; un tope salarial del 20% para el sector público, mientras la inflación alcanza el 40%; y un aumento del IVA. El actual ministro de Finanzas de Irán, el Dr. Madanizadeh, es doctor por la Universidad de Chicago, la institución que usted ha descrito durante 50 años como el laboratorio intelectual del modelo rentista financiarizado. Desde 1989, los activos petroquímicos iraníes se han privatizado discretamente a favor de fondos de pensiones y conglomerados vinculados al Estado, que obtienen ingresos en dólares mientras pagan a los trabajadores en riales devaluados. Así pues, mi pregunta final es la siguiente: ¿cómo puede Irán ganar la guerra externa contra el imperialismo financiarizado mientras pierde la guerra interna contra el mismo modelo, administrado por sus propios tecnócratas y ministros? ¿Qué necesita hacer Irán internamente —con su sistema bancario, su sistema tributario, su sector petroquímico oligárquico— para que la victoria externa sea permanente? MH: Ni Irán ni ningún otro país necesita financiarizar su sistema de pensiones. Esto es una locura. Están tomando los ingresos actuales que necesitan y, en lugar de gastarlos como parte del proceso productivo, los están invirtiendo financieramente para disponer de ellos más adelante. No es necesario pagar por adelantado. Se puede hacer lo que hicieron los alemanes: pagar sobre la marcha. Se puede hacer lo que sugirió Adam Smith: pagar según se consume. La Universidad de Chicago sostiene que todo debería financiarizarse. Una economía no necesita industria. Se puede ganar dinero únicamente a través del sector financiero. Todo se reduce a la creación de dinero y las finanzas. Pero esto es una locura. Si Irán cree que puede enriquecerse emulando los errores que ha cometido Estados Unidos —si simplemente comete errores lo suficientemente graves y empobrece su economía al convertir todos sus ahorros en inversiones financieras en lugar de gastarlos en producción, agricultura e industria— y que de alguna manera así se enriquecerá, no. Acabará en el mismo capitalismo financiero destructivo que tiene Estados Unidos. Todo Occidente se ha alejado de la dinámica del capitalismo industrial que la economía política clásica describió en el siglo XIX. No se busca la renta económica, porque no forma parte del proceso productivo. No se busca la renta de la tierra. No se busca la renta de los recursos naturales. No se busca la renta financiera. Todo eso representa una carga adicional para la economía. Lo que se quiere es minimizar el papel del sector financiero e integrarlo completamente en el sector público, como ha hecho China. Si un país tiene a sus ministros formados en Estados Unidos, se les ha formado para que no entiendan en qué consisten la creación de dinero y las finanzas. Se les ha formado para que no entiendan la diferencia entre el capitalismo financiero y el capitalismo industrial. Michael Hudson es un economista estadounidense que es profesor de Economía en la Universidad de Misuri, en Kansas City, e investigador en el Levy Economics Institute en el Bard College, exanalista de Wall Street, consultor político, comentarista y periodista. Contribuye al The Hudson Report con un informe semanal económico y de noticias financieras producido por Left Out. Ali Alizadeh es un comentarista político iraní afincado en Londres. Texto original: CounterPunch.org, Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/05/19/es-cierto-que-xi-cambio-a-iran-por-taiwan/

jueves, 21 de mayo de 2026

Cuba acusa al país norteamericano de utilizar el caso Castro como pretexto para una agresión militar

"La práctica oscura de EEUU": Cuba acusa al país norteamericano de utilizar el caso Castro como pretexto para una agresión militar - Sputnik Mundo,21.05.2026 Cuba reaccionó con dureza a las nuevas acusaciones de EEUU contra el expresidente de Cuba, Raúl Castro, y varios exmilitares, calificándolas de injustas. El viceministro de Relaciones Exteriores del país caribeño, Carlos Fernández de Cossio, considera que esto podría servir de excusa para acciones militares por parte de Washington. "Esta acusación [contra Raúl Castro] conlleva una amenaza adicional, puesto que se sabe de la práctica oscura de EEUU de utilizar acusaciones como esta para actuar militarmente contra Estados soberanos", destacó el funcionario cubano durante una entrevista ofrecida al programa Mesa Redonda. Fernández de Cossio también defendió las acciones de La Habana y señaló que, en el incidente de 1996, el Gobierno cubano actuó "en defensa de su soberanía" y de "la paz del pueblo de Cuba". "[Cuba] ejerció con una gran demostración durante años de paciencia y de tolerancia, ejerció el derecho a proteger su espacio aéreo y la paz del pueblo de Cuba. Esa es la verdad histórica, esa es la verdad de los hechos. Cuba reclamó repetidas veces al Gobierno de EEUU que tomara acción y no lo hizo", recalcó. Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, habla durante una entrevista con The Associated Press en la Misión Permanente de Cuba ante las Naciones Unidas, en Nueva York, el 30 de septiembre de 2025 - Sputnik Mundo, 1920, 20.05.2026 América Latina "Es una acusación espuria": canciller cubano critica los señalamientos contra Raúl Castro hace 17 horas El 20 de mayo, el fiscal general interino de EEUU, Todd Blanche, confirmó la presentación de cargos contra el expresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Raúl Castro, por una supuesta conspiración para asesinar a ciudadanos estadounidenses. Agregó que los acusados encaran "delitos adicionales, incluyendo destrucción de aeronaves y cuatro cargos de asesinato". Como declaró el propio Blanche, las acusaciones contra Raúl Castro se convirtieron en el primer caso de este tipo contra la máxima dirigencia de Cuba en casi 70 años. Los cargos estarán relacionados con el incidente de 1996, cuando cazas cubanos derribaron dos aeronaves pertenecientes a Hermanos al Rescate, una organización de derechos humanos fundada por exiliados cubanos en Miami. Las FFAA cubanas estaban entonces dirigidas por Raúl Castro. Cuatro tripulantes murieron en el incidente. El Gobierno cubano alegó la violación de su espacio aéreo como motivo de esta decisión. Sin embargo, una investigación de la Organización de Aviación Civil Internacional concluyó que el ataque se produjo en territorio neutral. El 29 de enero, el presidente estadounidense, Donald Trump, firmó un decreto que permite imponer aranceles a las importaciones procedentes de países que suministran petróleo a Cuba, y además declaró el estado de "emergencia nacional" debido a la supuesta "amenaza" que Cuba supone para la seguridad nacional de Estados Unidos. Desde entonces, el país ha estado atravesando una crisis de combustible, que Rusia ayudó a superar con el envío de 100.000 toneladas de petróleo como ayuda humanitaria.