CRISTIANOS DEL NUEVO SIGLO
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viernes, 6 de febrero de 2026
No es Donald Trump, es el desmoronamiento de la civilización occidental
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No es Donald Trump, es el desmoronamiento de la civilización occidental
Por Isaac Enríquez Pérez | 06/02/2026 | Economía
Fuentes: Rebelión
Moneda común en los mass media es el señalar que Donald J. Trump está desmontando el orden político y económico internacional contemporáneo. Nada más alejado de la realidad.
La quiebra de las instituciones emanadas de la modernidad europea y del liberalismo es de larga data. Se remonta, cuando menos, a 1968 con el cuestionamiento y el sepulcro de esa la ideología liberal, y con la emergencia de la deformada ideología posmoderna como nuevo mantra socavador de esa institucionalidad.
Cada ochenta o cien años el capitalismo, en tanto modo de producción y proceso civilizatorio, experimenta cismas que redefinen las reglas del juego, las instituciones y las formas de organizar el mundo y las sociedades. Se trata de cambios de ciclo histórico que desestructuran las formas de vida, las fronteras territoriales, las cosmogonías y las pautas de comportamiento. Ocurrió en 1648 con la instauración del orden internacional westfaliano; ocurrió con los procesos de acumulación originaria descritos por Karl Marx y con la revolución industrial inglesa en el siglo XVIII; ocurrió a partir de 1819 con la instauración, por parte de Inglaterra, del Patrón Oro para responder al auge del comercio internacional propiciado por la primera revolución industrial; ocurrió con los cambios provocados por la lucha de clases de 1848-1850 en países como Francia, y que a la postre gestarían los cimientos del Estado de bienestar europeo; y ocurrió al final de la Segunda Gran Guerra con la firma de los Acuerdos de Bretton Woods y de la Carta de las Naciones Unidas, delineándose con ello un nuevo orden político y económico internacional.
Esa institucionalidad inaugurada en 1945 condensó los valores de la ilustración y de la modernidad europeas: un sistema interestatal regido por el derecho internacional, un sistema económico dotado de ciertas reglas que evitaran sus desequilibrios y crisis recurrentes, y una red de seguridad social que fungió como muro de contención de las “multitudes peligrosas”; todo ello en el marco de un nuevo pacto social entre el Estado, el capital y la fuerza de trabajo. Todo lo cual fue dinamizado por un patrón acumulación taylorista/fordista/keynesiano que durante 25 años propició la bonanza económica mundial en el contexto de una política de contención respecto a la Unión Soviética y a su amenaza ideológica.
Lo que vive el mundo contemporáneo es una crisis sistémica dada por el colapso del orden atlántico liberal emanado de Yalta/Potsdam. Es una crisis terminal suscitada por el agotamiento de las instituciones surgidas de la Segunda Gran Guerra y que tuvieron la impronta de los Estados Unidos en tanto uno de los hegemones desde 1945. Sin embargo, el declive de su hegemonía a lo largo de las últimas décadas se relaciona con su incapacidad para garantizar una institucionalidad internacional preñada de un genuino liderazgo político/moral. De ahí que sea una era de transiciones donde se definirán las hegemonías que negociarán el proyecto civilizatorio para el resto del siglo XXI. Por ello, es posible observar una encarnizada lucha en torno a la gestión de esas transformaciones y de la emergencia de una nueva modalidad de civilización.
A su vez, es el fin del mundo unipolar gestado a partir de 1989 con la caída del Muro de Berlín y el desmembramiento de la Unión Soviética, y la inauguración de un orden económico y político mundial de carácter multipolar no solo signado por el liderazgo de los Estados Unidos, sino también por potencias como China y Rusia, e incluso eventualmente como India, que aceleran ese cambio civilizatorio de amplias magnitudes.
Lo que se perfila es un cambio de ciclo histórico con la emergencia de nuevas reglas del juego para el siglo XXI. Por vez primera en los últimos 250 años, esas transformaciones se edifican sin Europa en tanto conciencia reflexiva del sistema mundial; mientras que la traslación del poder mundial se dará definitivamente del atlántico a la cuenca del pacifico y al mar del sur de China. De ahí que la civilización atlántica ingresa a su fase sistémica terminal multiplicando los reacomodos telúricos. Más todavía: el signo del mundo contemporáneo es un caos sistémico de las proporciones de la caída del imperio romano de occidente y la consecuente transición al feudalismo en Europa, allá por el siglo V de nuestra era; o bien, del tamaño del colapso de ese régimen feudal y la posterior emergencia del capitalismo.
Al tratarse de una era de transiciones, se suscita un vacío de poder tras tambalearse esa institucionalidad de la Segunda Posguerra. Como esas instituciones a las que estuvimos habituados por ocho décadas dejan de ser funcionales, se amplían los márgenes de incertidumbre y acontecen cismas o movimientos telúricos que desestructuran al mundo contemporáneo. El trasfondo de todo ello es la generalizada crisis de sentido en las sociedades occidentales, donde aquello que estructuró al mundo desde 1945 llega a su ocaso, abriéndose escenarios caóticos e inestables ante el desconcierto e incapacidad políticas generados por la ausencia de alternativas de sociedad y de futuro. Dos pilares fueron los que brindaron sentido a lo largo de los últimos 250 años: las instituciones vinculadas al cristianismo (la familia cohesionada, por ejemplo) y aquellas emanadas de la modernidad europea (el Estado moderno, las Constituciones Políticas, el derecho internacional, la diplomacia, el principio de verdad, entre otras). Ambos pilares enfrentan un sabotaje y un desmonte desde 1968, exponiendo a las sociedades contemporáneas a una mayor incertidumbre en el contexto de un capitalismo volátil.
Este sabotaje y desmonte de las instituciones propias de la civilización occidental son acelerados por tres ejes cruciales durante los últimos dos lustros, y que desbocan y radicalizan el cambio de ciclo histórico: a) el vertiginoso cambio tecnológico y la entronización de la inteligencia artificial deshumanizadora, con su consustancial capitalismo algorítmico de vigilancia y control sobre el cuerpo, la mente y la conciencia; b) la revuelta plutocrática al interior del imperio en aras de controlar el colapso y decadencia de la hegemonía norteamericana y que tiene como protagonista central al trumpismo en sus dos momentos y que solo fueron interrumpidos por el interregno Biden; y c) la pandemia del Covid-19 como condensación de la crisis sistémica y ecosocietal contemporánea. Todo lo cual evidencia el agotamiento del orden liberal fundamentado en el supuesto de la expansión infinita del crecimiento económico, cuya más acabada expresión es la quiebra financiera del sistema económico y su exponencial endeudamiento –tan solo los Estados Unidos alcanzan una deuda de 38 trillones de dólares. Sumado ello al colapso de legitimidad del modelo tecnocrático del capitalismo global.
El sistema mundial que emergerá para el resto del siglo XXI aún está germinando, no termina por definirse, pero estará signado por la incertidumbre, la imprevisibilidad y por instituciones distintas a las que conocimos a partir de 1945. A diferencia de esa época, hoy día no existen estadistas de la talla de Flanklin Delano Roosevelt o Winston Churchill. Existe una intensa tensión intra-élites en Europa y Estados Unidos, así como una crisis de legitimidad de la autoridad política. Los cambios comienzan por ser semánticos: la emergencia y expansión de China como hegemonía conduce a que se hable más de civilizaciones que de Estados. Pero ello no se detiene allí: lo que se perfila es una nueva modalidad de capitalismo, nuevas modalidades de Estado y de relaciones interestatales, así como un reacomodo de fuerzas en el tablero geopolítico mundial, en medio de la decadencia estructural de occidente.
Esta crisis estructural de la civilización occidental se caracteriza por una creciente inestabilidad del sistema mundial moderno, el socavamiento de los principios emanados de la modernidad (libertad, verdad, justicia, humanismo, etc.), la emergencia de renovadas modalidades de fascismo, y por la vocación para drenar y perpetuar las desigualdades extremas globales. Los ciclos históricos indican que así como desapareció la civilización egipcia, la civilización babilónica o la civilización romana, la civilización euro/norteamericana alcanzará su caducidad y agotará su vigencia. Es parte de la lógica consustancial de los imperios. No solo se trata de un declive económico, tecnológico y militar, sino un colapso del sistema de valores y de la preeminencia geocultural. Es de resaltar que el agotamiento de esos valores se remonta a contradicciones internas y a la magnificación de las promesas incumplidas por la ideología liberal y por la distorsión radicalizada por el fundamentalismo de mercado.
Entre esos valores contradictorios que se erigieron como mantra de la civilización occidental destacan el de la economía de mercado y el de la libertad individual, remozado ello por la ideología de la democracia liberal y por la noción de multilateralismo y cooperación en las relaciones interestatales. En la historia de las ideas ninguna noción fue tan nociva y fantasiosa como la de libre mercado. Sobre ese mantra se cimentó buena parte de la civilización occidental cuando menos desde el último tercio del siglo XIX. Hoy día, esa noción fue dinamitada tras la crisis inmobiliario/financiera del 2007-2009 y sus consecuencias sociales de pauperización y exclusión social. La utopía del mercado auto-regulado, criticada en su momento por Karl Polanyi, lejos está de la prosperidad y el bienestar material prometido; en cambio las desigualdades, el empobrecimiento masivo y el fin de las clases medias, y las conflictividades sociales son potenciadas y multiplicadas, mientras las prácticas autocráticas adoptan renovados ropajes vía la “guerra contra el terrorismo”, “la guerra contra las drogas”, el sectarismo en las redes sociodigitales, la epidemia de opiáceos, la ideología woke, y el ambientalismo censurador de la civilización industrial. Lo anterior evidencia que se impuso, finalmente, la rapacidad de las finanzas desbocadas y los ímpetus de una ideologia libertaria.
Más que la competencia estratégica con China y su avance geopolítico y geoeconómico, o las disputas tecnológicas o los conflictos bélicos de distinto tipo, la civilización occidental llegará a su ocaso por sus contradicciones internas, no pocas de ellas insalvables. El 11 de septiembre de 2001 representó la punta del iceberg de esa decadencia sistémica, pero sus amenazas son más internas que externas, y se relacionan con la pérdida de sentido de lo público, de la cohesión social y de la acción colectiva cristalizados en los Estados y en sus instituciones. La acción política es socavada y los Estados y organismos internacionales pierden la brújula en su capacidad para prever los acontecimientos y para revertir la fractura de sus sociedades. De tal modo que la inercia, el sabotaje y la deriva se imponen a estas instituciones que le dieron forma a la civilización occidental.
Más allá del desconcierto y de los riesgos que supone este desgarramiento de la civilización occidental, para el análisis riguroso resulta fascinante esta era de rupturas y transiciones que tiene como trasfondo el ocaso de la política y la generalización del miedo, la ansiedad y la creciente incertidumbre. Reflexionar en torno a ello no solo es un imperativo intelectual, es ante todo un imperativo ético y político, que urge alejar de la personificación de los acontecimientos y de las transiciones históricas.
Académico en la Universidad Autónoma de Zacatecas, escritor, y autor del libro “La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos”. Twitter: @isaacepunam
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
jueves, 5 de febrero de 2026
La inhumanidad de los dueños de esclavos de ayer y de hoy
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La inhumanidad de los dueños de esclavos de ayer y de hoy
Por Leonardo Boff | 04/02/2026 | Brasil, Racismo y opresión capitalista
Fuentes: A Terra é Redonda (Brasil) [Imagen: Castigo a un esclavo en Brasil (hacia 1830), obra de Mauricio Rugendas]
La esclavitud brasileña no fue suave, más bien fue un proyecto de deshumanización metódica, en el cual la crueldad era pedagógica y la fe cristiana sirvió para legitimar el horror.
Traducido del portugués para Rebelión por Alfredo Iglesias Diéguez.
La palabra ‘esclavo’ deriva de slavus en latín, un nombre genérico para designar a los habitantes de Eslavia, la región balcánica situada al sur de Rusia y en las orillas del Mar Negro, gran proveedora de personas esclavas para todo el Mediterráneo. Eran blancos, rubios y con los ojos azules. Solo los turcos otomanos de Estambul importaron entre los años 1450 y 1700 unos 2,5 millones de esas personas blancas y esclavizadas.
En nuestra época, América fue la gran importadora de personas africanas que fueron esclavizadas. Entre los años 1500 y 1867 la cifra total es espantosa: 12.521.337 personas realizaron la travesía transatlántica, de los cuales 1.818.680 murieron en el camino y fueron arrojados por la borda. Brasil fue el campeón de la esclavitud. Ese único país importó, a partir de 1538, unos 4,9 millones de africanos que fueron esclavizados. De los 36.000 viajes transatlánticos, 14.910 estaban destinados a puertos brasileños.
Estas personas esclavizadas eran tratadas como mercancías, llamadas «piezas». Lo primero que hacía el comprador para «dejarlos bien domados y disciplinados» era castigarlos: «azótenlos, encadénenlos y pónganles grilletes». Los historiadores de la esclavitud brasileña se inventaron la leyenda de que la esclavitud brasileña era suave, cuando era muy cruel. Doy dos ejemplos aterradores:
El primero. El holandés, Dierick Ruiters, que en 1618 pasó por Río, ofrece la siguiente información: «Un hombre negro hambriento robó dos barras de azúcar. El amo, sabiendo esto, lo ató boca abajo a una tabla y ordenó a un hombre negro que le golpeara con un látigo de cuero; su cuerpo permaneció cabeza abajo, se abrió una llaga y los lugares que no habían sido dañados por el látigo fueron lacerados con un cuchillo; cuando terminó el castigo, otro hombre negro vertió una olla con vinagre y sal sobre sus heridas… Tuve que presenciar —informa el holandés— la transformación de un hombre en carne de buey salada; pero por si eso no hubiese sido suficiente, vertieron alquitrán derretido sobre sus heridas; le dejaron toda la noche, de rodillas, atado por el cuello a un bloque, como un miserable animal«[1]. Bajo tales castigos. La esperanza de vida de una persona esclavizada en 1872 era de 18,3 años.
El segundo, no menos aterrador, proviene del antropólogo Darcy Ribeiro, que describe la situación general de las personas esclavizadas: «Sin el amor de nadie, sin familia, sin sexo más que la masturbación, sin ninguna posible identificación con nadie –su capataz podría ser un hombre negro, sus compañeros en la desgracia, enemigos–, desaliñado y sucio, feo y apestoso, lastimado y enfermo, sin ningún placer ni orgullo por su cuerpo, la persona esclavizada vivía su rutina. Una rutina que consistía en sufrir cada día el castigo diario de azotes sueltos, para trabajar con atención y en tensión. Cada semana sufría un castigo preventivo y pedagógico, para no pensar en la fuga, y, cuando llamaba la atención, caía sobre él un castigo ejemplar: mutilaciones de dedos, perforación de pechos, quemaduras con fuego, que le rompieran los dientes a conciencia o latigazos en el cepo, por debajo de trescientos, para matar, cincuenta latigazos al día, para mantenerlo vivo. Si huía y era capturado, podía ser marcado con un hierro o quemado vivo a lo largo de varios días de agonía, en la boca del horno, o, de golpe, arrojado dentro para que ardiera como un palo aceitoso«[2].
El jesuita André João Antonil dijo: «para el esclavo se necesitan tres P, a saber: palo, pan y tela [N. del ed.: pano en por portugués]». Palo para pegarle, Pan para que no muera de hambre y Tela para ocultar sus vergüenzas. En general, la historia de las personas negras esclavizadas fue escrita por la mano blanca.
El amargo grito de Castro Alves en «Vozes d’Africa» siempre está de actualidad: «Oh Dios, ¿dónde estás que no respondes? ¿En qué mundo, en qué estrella te escondes / ¿Oculto en los cielos? Hace dos mil años te envié mi grito / que en vano, desde entonces, corre hacia el infinito… / ¿Dónde estás, Señor Dios?» ¡Cómo duele!
Jessé de Souza, en su obra, demostró que lo que los dueños de los esclavos hicieron a los negros, se transfirió a la mayoría de la actual clase dirigente, que lo transformó en forma de desprecio y odio hacia los negros actuales.
Hablo como teólogo: misteriosamente, Dios guardó silencio, como se mantuvo en silencio en el campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, lo que hizo que el papa Benedicto XVI, estando allí, se preguntara: «¿Dónde estaba Dios en aquellos días? ¿Por qué permaneció en silencio? ¿Cómo pudo permitir tanto mal?«
Y pensar que los cristianos eran los principales dueños de esclavos. La fe no les ayudó a ver en esas personas a hombres y mujeres hechas «a imagen y semejanza de Dios» y, mucho menos, a «hijos e hijas de Dios», nuestros hermanos y hermanas. ¿Cómo fue posible tanta crueldad en los sótanos de tortura y muerte bajo las distintas dictaduras militares de Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y El Salvador, cuyos dictadores se llamaban cristianos o católicos? Y el expresidente, condenado por un intento de golpe de Estado, Jair Bolsonaro, defendió públicamente la tortura como una forma de enfrentarse a los opositores.
Cuando la contradicción es tan grande que va más allá de cualquier racionalidad, que aquí encuentra su límite, simplemente permanecemos en silencio. Es el mysterium iniquitatis, el misterio de la iniquidad al que hasta hoy ningún filósofo, teólogo o pensador ha encontrado respuesta. Cristo en la cruz también clamó y sintió la «muerte» de Dios. Aun así, vale la pena apostar a que toda oscuridad junta no puede apagar una pequeña luz de bondad que brilla en la noche humana. Es nuestra esperanza contra toda esperanza.
Notas
[1] Cf. Laurentino Gomes. Escravidão, vol. I, 2019, p. 304.
[2] Darcy Ribeiro. O Povo Brasileiro, 1995, p. 119-120.
Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y escritor.
Fuente: https://aterraeredonda.com.br/a-desumanidade-dos-escravocratas/
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar la autoría, al traductor y Rebelión como fuente de la traducción.
Punto de inflexión":¿qué podría pasar tras el fin del tratado START III?
Punto de inflexión":¿qué podría pasar tras el fin del tratado START III?
- Sputnik Mundo, 04.02.2026
© Sputnik
La expiración el 5 de febrero del tratado START III equivale a un regreso a la lógica de la Guerra Fría, donde las potencias nucleares quedan libres para expandir sus arsenales y disparar una nueva carrera armamentista, advierte a Sputnik el politólogo libanés Alí Maraabi.
"Esto genera riesgos extraordinarios para la seguridad global. Hoy no existe otro mecanismo efectivo de contención de la tensión nuclear más que el tratado START III. Ni siquiera la ONU cuenta con herramientas eficaces de control en este ámbito", subraya.
En esta nueva realidad, "Moscú dispone de amplio margen de maniobra sin caer en confrontación directa dentro del llamado 'realismo de disuasión'", explica a Sputnik la investigadora egipcia en relaciones internacionales Monica William.
Según la analista, entre las posibles respuestas rusas figuran: elevar el nivel de alerta nuclear, anunciar una gran modernización del arsenal de misiles hipersónicos intercontinentales, ampliar la escala de maniobras militares, reforzar las posturas de la doctrina nuclear rusa y replantear el equilibrio de contención con Europa.
"La expiración del tratado START III representa un punto de inflexión en el sistema de seguridad internacional y conduce a una revisión profunda del concepto mismo de estabilidad estratégica", resume.
El pacto de desarme nuclear, suscrito en Praga en 2010, por un período inicial de diez años y efectivo desde 2011, limita los arsenales estratégicos de EEUU y Rusia a un máximo de 700 misiles desplegados, 1.550 ojivas nucleares y 800 lanzaderas desplegadas y en reserva.
Por decisión de Moscú y Washington, el acuerdo fue prolongado en 2021 por cinco años, hasta el 5 de febrero de 2026.
En febrero de 2023, el presidente ruso, Vladímir Putin, anunció que Rusia suspende la participación en el Tratado START III y volvería a realizar ensayos de armas nucleares si EEUU fuese el primero en retomar esas pruebas.
miércoles, 4 de febrero de 2026
De la era de la catástrofe a la era de la esperanza ¿Por qué una Palestina libre es importante para el mundo?
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De la era de la catástrofe a la era de la esperanza
¿Por qué una Palestina libre es importante para el mundo?
Por Ilan Pappe | 04/02/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Voces del Mundo
Este artículo está escrito con motivo del Día Internacional de Conmemoración del Holocausto. Mis padres, judíos alemanes, perdieron a miembros de sus familias en ese terrible capítulo del genocidio nazi. Desde esa perspectiva, consideré la iniciativa de Tony Blair de instaurar esta fecha como una estrategia astuta y deshonesta para respaldar la manipulación sionista de la conmemoración del Holocausto.
Curiosamente, en Israel hay muy pocas referencias a este día, salvo la de reiterar la afirmación de que oponerse al genocidio palestino constituye una nueva forma de antisemitismo.
Israel prefiere un día de conmemoración que controle exclusivamente, que transmita el doble mensaje de que el sionismo es la única garantía contra otro Holocausto, y que los palestinos y sus aliados son los nuevos nazis que amenazan la civilización occidental. Además, Israel se niega a universalizar el Holocausto, alegando que no puede compararse con los genocidios que lo precedieron ni con los que lo siguieron.
Hoy en día, sin embargo, los judíos antisionistas de todo el mundo ofrecen una conmemoración judía alternativa del Holocausto. Recuerdan todos los genocidios y señalan con audacia un contexto mucho más amplio en el que deberían discutirse las matanzas contra cualquier grupo en la historia moderna. Insisten en que todos los genocidios deben analizarse como igualmente cruciales para comprender mejor las catástrofes provocadas por el hombre que asolaron el mundo, irónicamente, en la era de la Ilustración, la modernización y el progreso, la era en la que aún vivimos.
Memoria del Holocausto, el sionismo y la era de las catástrofes
La reciente violencia de Occidente y sus aliados, que se extiende ahora desde los campos de exterminio de Gaza hasta las amenazas estadounidenses contra Venezuela y Cuba, evoca el libro fundamental de Eric Hobsbawm “The Age of Extremes: The Short Twentieth Century, 1914-1991” [La era de los extremos: el corto siglo XX].
Este libro comienza con la era de la catástrofe (1914-1945) y termina con una visión muy pesimista de la capacidad del mundo para superar los terribles años de catástrofe provocados por Occidente y que azotaron principalmente a Occidente.
Hobsbawm concluyó su libro con la siguiente advertencia: “Si la humanidad ha de tener un futuro reconocible, no puede ser prolongando el pasado ni el presente. Si intentamos construir el tercer milenio sobre esa base, fracasaremos. Y el precio del fracaso, es decir, la alternativa a una sociedad transformada, es la oscuridad (585)”.
De hecho, si la era de la catástrofe resurge globalmente o en Palestina, el pesimismo de Hobsbawm se confirmará, y “el precio del fracaso”, como él lo llama, lo pagarán los palestinos.
Sólo en una breve referencia Hobsbawm incluye el sionismo como uno de los fenómenos extremos de esa época. El peor fenómeno de esa época fue el nazismo. Activistas judíos como el difunto John Rose prestaron atención al hecho de que el sionismo nació en una época de extremos, al igual que el nazismo.
Rose escribió: “El sionismo no es lo mismo que el nazismo. No tuvo una intención exterminadora en su núcleo, aunque, como veremos, el sionismo ha sido y es capaz de estallidos genocidas. Pero el sionismo tiene sus raíces en las tradiciones del imperialismo europeo. Esa sola verdad basta para servir de advertencia urgente sobre las implicaciones de las despiadadas ambiciones coloniales del sionismo en Palestina”.
Considerar el sionismo como un producto de la era de la catástrofe muestra que el sionismo, en lugar de ser una panacea para esa época, es más bien un producto de ella, un producto que hizo que el corto siglo XX fuera tan violento.
Pero es mucho más que eso. El sionismo exportó la era de la catástrofe a Palestina, y alteró una trayectoria muy diferente que se desarrollaba allí al mismo tiempo. Cuando la catástrofe terminó en Europa, comenzó a desarrollarse en Palestina.
Palestina: una catástrofe importada
Hasta la Nakba de 1948 la sociedad palestina disfrutó de una época de esperanza y prosperidad. Una nueva élite profesional surgió en las ciudades de Palestina y equilibró la influencia de las figuras árabes-otomanas. En las zonas rurales, a pesar de la hostil política colonial británica, surgieron nuevas escuelas, construidas y financiadas por los propios aldeanos, mientras que las viejas disputas se resolvieron tras los turbulentos años de la revuelta de 1936.
A pesar de la prohibición británica de establecer una universidad palestina (aunque permitió a la comunidad sionista abrir dos universidades), los jóvenes palestinos con estudios pudieron continuar sus carreras académicas en Beirut, El Cairo y otros lugares. Para ellos, la esperanza era que superarían la era de las catástrofes occidentales, pero entonces llegó la Nakba, una catástrofe nacida de la ideología y la praxis de esa era de las catástrofes occidentales.
La interrupción de este avance positivo se aprecia mejor a través de las catástrofes demográficas. Una sociedad local, mayoritariamente pastoral y rural, tuvo que soportar la afluencia de refugiados sin ninguna ayuda institucional ni infraestructura adecuada.
Pequeños pueblos de toda la Palestina histórica tuvieron que absorber, en pocos meses, a refugiados en cantidades que duplicaron y, en algunos casos, triplicaron su población original. Sin la infraestructura adecuada, una sociedad arraigada durante siglos en su tierra natal se vio inundada, en un momento de limpieza étnica, por una afluencia de refugiados. Gaza occidental y Gaza norte viven ahora esta situación en una coyuntura mucho peor que la de 1948, si es que esto es posible.
Imaginen cómo, en pocos días de 1948, los 80.000 residentes de la Franja de Gaza tuvieron que absorber y atender a 200.000 refugiados, sin ayuda gubernamental ni institucional, y cómo los 400.000 habitantes de Cisjordania recibieron, en pocos meses, a otros 300.000 refugiados, mientras aún reinaba el caos y no existía un gobierno real. Israel despojó a todos estos refugiados de todas sus posesiones y llegaron a estas dos zonas sin nada. Fue entonces cuando la era de la catástrofe llegó a las costas de Palestina, importada por el movimiento sionista. Los palestinos tardaron en comprender lo que Europa había exportado a su patria. No habían cerrado sus hogares a los primeros sionistas pobres que llegaron en 1882, ni habían luchado contra los británicos cuando ocuparon Palestina.
Palestina y la posibilidad de una era de esperanza
En todas sus negociaciones, primero con los británicos y luego con la comunidad internacional, los líderes palestinos exigieron los dos principios destinados a ayudar al mundo a salir de la era de la catástrofe: democracia y autodeterminación. Ambos les fueron negados a los palestinos, primero por los británicos y, posteriormente, por las políticas prosionistas de la ONU.
Mucho más tarde, cuando se generalizó el despojo de tierras y lugares de trabajo, los palestinos respondieron con violencia. Sin embargo, continuaron compartiendo la esperanza del mundo posterior a 1945, que prometía una nueva era de paz y prosperidad, liderada por un orden global que pondría fin al colonialismo y a la violación de los derechos fundamentales de los pueblos colonizados.
Pero Occidente no consultó al mundo colonizado cuando decidió unilateralmente el destino de Palestina al final del Mandato [británico]. Palestina no fue el único lugar traicionado en la era posterior a 1945. Los imperios coloniales, así como el nuevo imperio estadounidense, se aferraron violentamente a antiguas y nuevas posesiones, asesinando masivamente a personas en sus esfuerzos por mantener la dominación económica y estratégica.
Salir hoy de la era de los extremos no consiste solo, como pretende Occidente, en enfrentarse a grupos extremistas islamistas o Estados rebeldes en el Sur Global. Es mucho más urgente abordar las causas profundas que permitieron el surgimiento de tales organizaciones y Estados, que son síntomas, más que causas, de la presente y nueva era de catástrofe.
Una de estas causas profundas —no la única, pero sí importante— es la inmunidad occidental al proyecto sionista que llevó la era de la catástrofe Europea a Palestina y la ha perpetuado hasta nuestros días.
Una Palestina democrática y libre es la única manera de evitar el peligro que Hobsbawm identificó tan astutamente en las palabras finales de su fundamental obra. Esto requerirá una nueva manera de entender el origen de esta era y dónde encontrar antídotos eficaces.
Debería poner fin a una cadena que comenzó con el genocidio de millones de personas a través del colonialismo y el imperialismo occidentales, que generó el genocidio de millones de europeos, incluidos seis millones de judíos, y lo extendió como herramienta política en muchas partes del mundo, incluida Palestina.
Un mundo diferente no tiene por qué surgir de Palestina, pero su carácter sagrado para las tres principales religiones demuestra que hay algo muy singular en este lugar, algo que se perdió con la expansión de la catástrofe y los extremos europeos a su suelo.
Una Palestina liberada marcará el comienzo de una nueva era; de lo contrario, la era de los extremos y la catástrofe persistirá, y traerá consigo holocaustos económicos, ecológicos y nucleares. Una era de esperanza, iniciada en Palestina, haría del mundo un lugar mejor, una idea plenamente comprendida por los millones de personas que se manifiestan diariamente a favor de Palestina en todo el mundo.
Ilan Pappé es profesor de la Universidad de Exeter. Anteriormente fue profesor titular de Ciencias Políticas en la Universidad de Haifa. Es autor de The Ethnic Cleansing of Palestine, The Modern Middle East, A History of Modern Palestine: One Land, Two Peoples y Ten Myths about Israel. Es coeditor, junto con Ramzy Baroud, de “Our Vision for Liberation”. Pappé es descrito como uno de los “nuevos historiadores” de Israel que, desde la publicación de documentos pertinentes de los gobiernos británico e israelí a principios de la década de 1980, han estado reescribiendo la historia de la creación de Israel en 1948.
Texto en inglés: The Palestine Chronicle, traducido por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/02/03/de-la-era-de-la-catastrofe-a-la-era-de-la-esperanza-por-que-una-palestina-libre-es-importante-para-el-mundo-el-mundo/
Lo que se sabe sobre el asesinato de Saif Islam, el hijo del exlíder libio Gadafi
Mundo
- Sputnik Mundo,
Lo que se sabe sobre el asesinato de Saif Islam, el hijo del exlíder libio Gadafi
El 3 de febrero murió el hijo de Gadafi en la ciudad de Zintan, reportaron medios locales. Saif Islam recibió una herida mortal mientras se encontraba en el jardín de su residencia, de acuerdo con fuentes del canal Al Hadath, cercanas a la familia Gadafi.
Más detalles sobre los hechos:
Los agresores eran cuatro y todos ellos huyeron del lugar.
Por su parte, la 444.ª Brigada de Combate, subordinada al Ministerio de Defensa del Gobierno de Libia, afirmó que Saif Islam falleció durante enfrentamientos armados. Los combatientes de la brigada negaron cualquier implicación en estos hechos.
La Fiscalía General de Libia abrió una investigación sobre la muerte, después de que un informe oficial indicara que su muerte ocurrió en circunstancias misteriosas.
El examen inicial determinó que Saif Islam perdió la vida a causa de heridas de bala, lo que refuerza la hipótesis de un acto delictivo.
El equipo de investigación comenzó a recopilar pruebas y a ampliar las pesquisas para identificar a los sospechosos implicados.
Saif Islam no será enterrado hasta que concluya la investigación del crimen, declaró su representante en el Comité de Diálogo Nacional. En sus palabras, los delincuentes "desconectaron las cámaras de vigilancia y neutralizaron a los guardias" en la residencia del hijo de Gadafi.
martes, 3 de febrero de 2026
ataque de Israel contra la UNRWA nunca borrará el derecho al retorno de los palestinos
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El ataque de Israel contra la UNRWA nunca borrará el derecho al retorno de los palestinos
Por Ghada Karmi | 03/02/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Voces del Mundo [Foto: Una escuela de la UNRWA]
La reciente demolición por parte de Israel de la sede de la UNRWA en la Jerusalén Oriental ocupada fue un acontecimiento profundamente impactante. Mientras se derrumbaba el edificio que albergaba la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos, el teniente de alcalde de Jerusalén, Aryeh King, se refirió al personal de la organización como «nazis» y declaró: «Con la ayuda de Dios, destruiremos, eliminaremos y aniquilaremos a todo el personal de la UNRWA».
Este ataque vulgar y arrogante de Israel contra una fuente de vida vital para millones de refugiados palestinos fue condenado por la ONU y por muchos países europeos. Para ellos, fue el último y más flagrante ejemplo de la ilegalidad israelí; para mí, fue un duro golpe.
Recuerdo la época anterior a la existencia de la UNRWA. En 1948nos vimos obligados a abandonar nuestro hogar en Jerusalén y nos refugiamos en la capital siria, Damasco, junto con miles de otros refugiados. Muchos niños estaban aturdidos por el desplazamiento y, en mi escuela primaria, recuerdo en particular a una niña muy triste.
Todavía puedo recordar lo bonita que era, con sus llamativos ojos verdes, pero solíamos burlarnos de ella, ya que tropezaba con las botas militares de hombre que llevaba, demasiado grandes para sus pies. La atormentábamos y la hacíamos llorar. Lo que no sabíamos entonces era que esos eran los únicos zapatos que su empobrecida familia podía permitirse.
Mirando atrás, recuerdo a muchos niños como ella en nuestro barrio, sin apoyo y sin nadie a quien recurrir. Todo eso cambió en 1950, cuando comenzó a funcionar la UNRWA. Creada el año anterior por la Asamblea General de las Naciones Unidas, se estableció inicialmente para permitir a los refugiados palestinos trabajar mientras esperaban su repatriación.
Pero eso nunca sucedió, y la agencia creció hasta gestionar una red de clínicas de salud, escuelas e instalaciones de formación. Hoy en día, cuenta con unos 30.000 empleados, la mayoría de ellos refugiados palestinos. Sus servicios eran indispensables para los palestinos hace 75 años, al igual que lo son hoy en día.
Sin escapatoria frente a la realidad
Israel tiene una larga historia de hostilidad hacia la UNRWA y ha trabajado duro para lograr su disolución. Varios meses después de los ataques del 7 de octubre de 2023, Tel Aviv asestó un golpe mortal a la Agencia, alegando que 12 trabajadores de la UNRWA habían participado en la operación liderada por Hamás. Posteriormente, los empleados fueron despedidos y los principales donantes occidentales suspendieron la financiación de la UNRWA, lo que provocó la indignación mundial.
Desde el inicio del genocidio de Gaza, Israel ha matado a más de 380 trabajadores de la UNRWA, violando todas las leyes internacionales sobre la protección de los trabajadores sanitarios. El año pasado, Israel suspendió las operaciones de la UNRWA en Gaza y en la Cisjordania ocupada, y de continuar por este camino, está en vías de desmantelar por completo la UNRWA, privando a los palestinos de un recurso muy valioso.
Lo que subyace al implacable odio de Israel hacia la UNRWA no es ningún misterio. Es el único organismo internacional imparcial capaz de romper la burbuja de engaños y mentiras de Israel.
Desde la creación del Estado en 1948 Israel se ha esforzado por presentarse como un miembro respetable de la comunidad internacional y una parte natural del panorama de Oriente Medio. Tenía que ocultar su incongruencia en una región abrumadoramente árabe, con la que no compartía historia, religión, idioma ni cultura. Esta falta de autenticidad fue siempre una espina clavada para Israel.
Durante años se esforzó por promover una historia alternativa que negaba la presencia de la población palestina autóctona —rechazando incluso el nombre «Palestina»— y por sustituir las realidades históricas por mitos y fantasías. Sus esfuerzos han tenido cierto éxito, sobre todo al explotar el vínculo con la tradición bíblica cristiana.
Muchos occidentales, que leen literatura israelí y ven películas israelíes, creen que Israel siempre ha existido como la tierra del pueblo judío. Ignoran que la «cocina israelí» simplemente imita los platos tradicionales árabes, como el hummus y el falafel.
Pero, por mucho que lo intente Israel, no hay forma de escapar de la realidad histórica mientras siga existiendo la UNRWA. Los archivos de la UNRWA, recopilados a lo largo de los años, son un repositorio único de la historia palestina, con 30 millones de documentos que contienen los expedientes familiares de cinco generaciones de refugiados desde 1948. Son un registro inestimable y un testimonio duradero de la historia que Israel se ha esforzado tanto en borrar.
Sin embargo, lo que realmente hace que la UNRWA sea inaceptable para Israel es que toda su existencia se basa en el derecho al retorno de los palestinos. Creada para proporcionar ayuda temporal mientras tanto, nunca se pretendió que funcionara de forma permanente, aunque la obstinación de Israel haya hecho que así parezca.
El derecho al retorno de los palestinos, consagrado en la Resolución 194 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos y la decencia común, está indisolublemente ligado a la existencia de la UNRWA. Al destruir la UNRWA, Israel cree que puede eliminar el derecho al retorno y escapar de sus propios y vergonzosos orígenes.
La fantasía de Israel es que, al destruir la UNRWA, puede eliminar el derecho al retorno, escapar de sus propios comienzos ignominiosos y creer sus propias mentiras.
Ghada Karmi es una antigua investigadora del Instituto de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Exeter. Nació en Jerusalén y se vio obligada a abandonar su hogar junto con su familia como consecuencia de la creación del Estado de Israel en 1948. La familia se trasladó a Inglaterra, donde creció y se educó. Karmi ejerció como médica durante muchos años, trabajando como especialista en salud de migrantes y refugiados. De 1999 a 2001, Karmi fue miembro asociado del Real Instituto de Asuntos Internacionales, donde dirigió un importante proyecto sobre la reconciliación entre Israel y Palestina.
Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/02/02/el-ataque-de-israel-contra-la-unrwa-nunca-borrara-el-derecho-al-retorno-de-los-palestinos/
Prueba de liderazgo: cómo Delcy Rodríguez guía a Venezuela a través de la crisis impuesta por EEUU
Prueba de liderazgo: cómo Delcy Rodríguez guía a Venezuela a través de la crisis impuesta por EEUU (Parte I / Parte II)
- Sputnik Mundo, 03.02.2026
Al ponerse a la cabeza de Venezuela en uno de los momentos más difíciles de su historia reciente, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, se convirtió en una figura central del panorama político, atrayendo la atención tanto dentro como fuera del país. Sputnik resume las principales acciones de Rodríguez en su primer mes al frente del Ejecutivo.
En uno de sus primeros pasos, la mandataria encargada ordenó la creación de una Comisión de Alto Nivel destinada a buscar la liberación de Nicolás Maduro y Cilia Flores. A la vez, instaló el Estado Mayor Agroalimentario, Pesca, Comunal e Industrial, para garantizar el abastecimiento del país y afianzar los proyectos de soberanía alimentaria.
Mientras tanto, promulgó la reforma parcial de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, una medida que busca actualizar el sector energético, atraer inversiones externas y nacionales "para el desarrollo productivo para el área del petróleo, gas y petroquímica".
También planteó una ley de amnistía general para los privados de libertad en el contexto de la "violencia política" desde 1999 hasta la actualidad. Según detalló, la medida servirá para "reimplantar la justicia" en Venezuela y "rescatar la convivencia entre los venezolanos", ponderó. No obstante, la amnistía no se aplicará en casos de delitos graves.
Una bomba de petróleo abandonada en Cabimas, Venezuela - Sputnik Mundo, 1920, 29.01.2026
América Latina
Un desafío que impulsará a Venezuela: ¿por qué es tan relevante la reforma petrolera?
29 de enero, 22:00 GMT
A pesar de rumores aparecidos en el espacio mediático tras la agresión estadounidense, Rodríguez reafirmó la disposición de Venezuela de colaborar con socios internacionales en materia de economía, comercio y energía.
"Nuestras manos están tendidas para todos los países del mundo, para el relacionamiento, la cooperación económica, comercial y para la cooperación energética", manifestó.
Rodríguez se encargó de presentar el balance de los resultados alcanzados por Venezuela en 2025.
Entre los logros fueron mencionados:
El récord regional en el crecimiento del producto interno bruto del 8,5%.
La importación cero de combustible.
La reducción histórica de la delincuencia.
Varias mejoras en materia de salud pública.
La realización de más de 35.000 iniciativas sociales con base en la inversión del pueblo organizado.
Todo a pesar de la presión externa en forma de sanciones financieras y bloqueo naval por parte de EEUU.
Con enfoque en los sectores estratégicos, la mandataria encargada reestructuró el Gabinete Ministerial, designando nuevos titulares para las áreas relevantes.
Reforma de la Ley de Hidrocarburos en Venezuela: Resuelve un problema de agilización del petróleo - Sputnik Mundo, 1920, 30.01.2026
Acentos
Reforma de la Ley de Hidrocarburos en Venezuela: "Resuelve un problema de agilización del petróleo"
30 de enero, 20:00 GMT
Recientemente, el primer cargamento de gas licuado de petróleo (GLP) zarpó desde Venezuela, lo que sigue al compromiso para exportar la primera molécula de gas tras la firma de un contrato de comercialización de GLP el 16 de enero. Rodríguez calificó el hecho de "un hito histórico" y "un logro para el bienestar del pueblo".
En un contexto de dificultades, el mensaje de Delcy Rodríguez se perfila contundente y transparente: Venezuela se mantiene firme, avanza, produce y protege su soberanía gracias a la fuerza de su pueblo unido.
"Nuestra mayor fortaleza es la unidad nacional y la conciencia histórica", sostuvo de cara al escenario de resistencia que vive el país y recalcó que "la respuesta colectiva ha sido de firmeza, serenidad y determinación".
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