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lunes, 11 de mayo de 2026
Derechas mesiánicas: Las profecías del sionismo evangélico
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Estados Unidos e Israel
Derechas mesiánicas: Las profecías del sionismo evangélico
Por Aleardo Laría Rajneri | 11/05/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: El Cohete a la Luna
La profecía de Gog, gobernante en la tierra de Magog, aparece en los capítulos 38 y 39 del Libro de Ezequiel, en el Antiguo Testamento. Según este relato bíblico, Gog dirige una vasta coalición militar de naciones que atacan el pueblo de Israel tras su reunificación. Dios interviene directamente en la contienda provocando grandes terremotos y lluvias torrenciales de fuego y azufre, que permiten que el ejército invasor sea derrotado en los montes de Israel. La magnitud de la derrota es tal que las armas de los vencidos sirven de leña durante siete años y se necesitan siete meses para enterrar a todos los muertos. Simbólicamente esta batalla representa el enfrentamiento final entre las fuerzas del mal y Dios. En la tradición judeocristiana, se asocia frecuentemente con los eventos del fin de los tiempos o Armagedón. El simbolismo se vuelve aún más claro en el Apocalipsis (20:8), donde Gog y Magon representan todas las naciones rebeldes en el conflicto final entre el bien y el mal.
Estas profecías, que para un agnóstico son ingenuas e irrelevantes, alcanzan gran importancia en las religiones proféticas como el judaísmo, el islam y el cristianismo. Como señala Hans Küng en El Judaísmo (Ed. Trotta), “la concentración en el Dios uno se manifiesta muy frecuentemente no sólo como confrontación con las otras religiones, sino también como excomunión e incluso como destrucción –mediante guerras santas– de los que tienen otro credo”. El inmenso apoyo político y financiero que hasta ahora han venido prestando los sionistas evangélicos en Estados Unidos a Israel se basa en profecías de este calibre.
A la espera del Mesías
El sionismo evangélico encuentra su origen en la teología protestante de rasgos puritanos de fines del siglo XVI. El sacerdote evangélico inglés Edward Bickersteth escribió un libro en 1841 titulado La restauración de los judíos a su propia tierra. Defendía la idea de que el solo establecimiento del reino de Israel haría volver a la tierra al hijo de Dios y llevaría a cabo la completa cristianización del mundo. De modo que en lo sustancial pensaba, junto con algunos aristócratas ingleses como Lord Shaftesbury, que la “restauración” en Oriente Próximo podía acabar con la fe judía y facilitar la redención cristiana del mundo. Este uso político de las profecías bíblicas estuvo siempre presente en el movimiento protestante que, con el objetivo de diferenciarse del catolicismo, recuperó los relatos del Antiguo Testamento. De este modo se produjo un fenómeno llamado “interpretación profética judeo-céntrica”, es decir, considerar al pueblo judío como un elemento importante para la interpretación de los acontecimientos futuros.
El sionismo evangélico pertenece a esa rama del “dispensacionalismo” que entiende la narrativa bíblica como una cadena histórica de pactos entre Dios y el hombre y sostiene que el reino de Jesucristo se concretará en el futuro, cuando los judíos vuelvan a su tierra. En la actualidad, algunos evangélicos consideran que con la creación del Estado de Israel ya se estaría concretando el profético regreso de judíos a Tierra Santa. Por lo tanto, para estos sionistas evangelistas cristianos contemporáneos, no hay tarea más importante que fomentar el regreso de judíos a Israel porque la creación de dicho Estado es una señal del tiempo final, un anuncio del regreso del Mesías.
Los evangelistas sionistas también se basan en el Antiguo Testamento para sostener el relato bíblico sobre el enfrentamiento entre Isaac e Ismael, los dos hijos del patriarca Abraham. El primero, su hijo legítimo, sería el continuador auténtico de sus enseñanzas, mientras que Ismael, fruto de la relación con una esclava, habría dado nacimiento a las religiones islámicas. De este modo el conflicto en Medio Oriente viene a ser de origen divino, y tiene que ver más con el deseo de Satán de hacer que Dios rompa sus promesas que a razones geopolíticas. Esta supuesta guerra entre judíos y árabes fue luego transformada en una versión laica en el libro de Samuel Huntington El choque de civilizaciones.
La expansión en Estados Unidos
El Presidente Ronald Reagan, que abrazó la teología dispensacionalista, promovió durante sus dos mandatos (1981-1989) el sionismo evangélico predicado por el evangelista Jerry Falwell. La campaña Moral Majority de Falwell ayudó a elegir a Reagan y convirtió a Israel en un principio central de sus sermones, afirmando que “estar en contra de Israel es estar en contra de Dios” y apoyó la expansión de asentamientos israelíes en tierras palestinas en la década de 1980. Según Haaretz, el gobierno israelí le regaló a Falwell un avión privado por sus relevantes esfuerzos.
Más adelante, en el año 2006, la organización que tomó abierto partido por Israel desde el evangelismo cristiano en Estados Unidos ha sido Cristianos Unidos por Israel (CUFI, según el acrónimo inglés), fundada por el pastor John Hagee. De acuerdo con cifras proporcionadas por la propia organización, cuenta con más de 10 millones de afiliados en los 50 estados de la Unión y se considera que ejerce influencia sobre alrededor de 50 millones de simpatizantes. Según sus estatutos, la CUFI “lucha para actuar como un escudo defensivo contra las mentiras anti-israelíes, los boicots, la mala teología y las amenazas políticas que buscan deslegitimar la existencia de Israel y debilitar las estrechas relaciones entre Israel y los Estados Unidos”. Según los profesores norteamericanos John Mearsheimer y Stephen Walt en El Lobby Israelí, “al proporcionar apoyo financiero al movimiento de los colonos y al lanzar toda clase de invectivas en público en contra de las concesiones territoriales, los sionistas cristianos han reforzado las actitudes de la línea dura tanto en Israel como en Estados Unidos”.
Uno de los principios más controvertidos del movimiento sionista cristiano llama a la construcción de un templo judío en el Monte del Templo en Jerusalén, un sitio sagrado para muchas religiones que también alberga la mezquita de Al-Aqsa, el tercer sitio más sagrado del islam. Una vez que este llamado “tercer templo” sea construido, los sionistas cristianos creen que los judíos regresarán a la Tierra Santa y que novillas rojas serán sacrificadas, dando inicio al Apocalipsis. Durante estos tiempos finales, supuestamente los judíos se convertirán al cristianismo o “serán condenados al infierno”. Tan convencidos están de las profecías bíblicas que ganaderos estadounidenses han estado criando novillas rojas para tal sacrificio. En agosto del año pasado el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, que se describe a sí mismo como sionista cristiano, se reunió con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en un sitio israelí que alberga a estas vacas rojas en Cisjordania, preparadas para recibir al Mesías.
En una entrevista publicada en febrero de 2026, Huckabee le dijo al comunicador Tucker Carlson que “estaría bien si [Israel] se quedara con todo” el territorio de Oriente Próximo basándose en un derecho bíblico. El embajador norteamericano citó el pasaje de Génesis 15, que describe la tierra prometida al pueblo judío desde el río Nilo (Egipto) hasta el río Éufrates (Irak/Siria). Carlson, sorprendido, le señaló que eso abarcaría básicamente todo Oriente Próximo, incluyendo partes de Jordania, Líbano, Siria, Arabia Saudí e Irak. Ante la pregunta directa de si Israel tenía derecho a toda esa tierra, Huckabee respondió que “estaría bien si lo tomaran todo”.
La influencia sobre Trump
Ocho meses antes de ser electo Presidente de Estados Unidos por primera vez, Donald Trump prometió en una conferencia ante el Comité de Asuntos Públicos de Estados Unidos-Israel (AIPAC) que desmantelaría el acuerdo nuclear con Irán y llevaría la embajada de Washington a Jerusalén, “la capital eterna del pueblo judío”. “Cuando sea Presidente, los días en que se trata a Israel como un ciudadano de segunda clase habrán terminado”, dijo Trump en aquel discurso de marzo de 2016. Por su parte, el pastor John Hagee de Cristianos Reunidos por Israel reveló que había mantenido audiencias en la Casa Blanca con Trump y el Vicepresidente Mike Pence para urgirlos a que mudaran la embajada de Estados Unidos a Jerusalén. Trump había conseguido el apoyo financiero para su campaña de Sheldon Adelson, un multimillonario de los casinos que ha sido uno de los principales donantes de grupos pro Israel y mantenía un vínculo muy estrecho con Netanyahu. Después de que Trump llegara a la presidencia, Adelson usó su influencia para asegurar el cumplimiento de la promesa de trasladar la embajada a Jerusalén, según informó el diario The New York Times. El cambio de la embajada de Estados Unidos en Israel, de la ciudad de Tel Aviv a Jerusalén, finalmente se materializó en mayo de 2018, en el contexto de la celebración de los 70 años de la proclamación del Estado de Israel. De modo que estos antecedentes revelan que la actual guerra con Irán tiene viejos espónsores.
Confluencia de derechas
Según informa Noa Landau en Haaretz, “durante muchos años, Benjamin Netanyahu, con la ayuda de una bien engrasada maquinaria de organizaciones, donantes y asesores, supervisó la formación de una alianza artificial entre la derecha cristiana (principalmente, aunque no exclusivamente, en Estados Unidos) y la derecha judía”. Esta ha sido una tarea ardua, porque existe una diferencia teológica importante. La profecía bíblica sobre la conversión de los judíos al cristianismo (o sea el reconocimiento de Jesús como Mesías al momento de la Segunda Venida) se basa principalmente en una interpretación de textos de San Pablo en su Carta a los Romanos y un pasaje de Zacarías (12:10) que describe el momento en que Jesús regresa y es reconocido por los moradores de la casa de David. Los evangelistas sionistas confían en el cumplimiento de la profecía apocalíptica en la que Israel y los infieles judíos se convierten al cristianismo, mientras que la derecha ultra ortodoxa judía ignora deliberadamente la segunda parte de la profecía para reivindicar solo la primera, en la que judíos de todo el mundo regresan a Israel para vivir en paz y seguridad. Paradójicamente, las víctimas propiciatorias de este concierto rocambolesco entre las derechas mesiánicas son los palestinos, que tienen un sector de población cristiana vinculada a Roma.
La derecha cristiana en Estados Unidos se encuentra actualmente en medio de una transformación ideológica fundamental. Las posiciones adoptadas por el comunicador conservador Tucker Carlson y otros afines del movimiento MAGA reflejan una creciente tendencia entre los cristianos estadounidenses a alejarse de una ética judeocristiana que privilegia la Biblia hebrea y ciertos ideales judaicos. Según Esther Solomon, también en Haaretz, “existe un creciente consenso entre la derecha y la izquierda estadounidenses con respecto a la oposición a la guerra contra Irán, junto con un profundo escepticismo sobre el valor de Israel como aliado de Estados Unidos y el costo (tanto monetario como moral) de la alianza”. Carlson fue duramente atacado por la entrevista en la que dejó en ridículo al embajador norteamericano en Israel. Sin embargo, llamativamente, el presidente de la conservadora Fundación Heritage, Kevin Roberts, defendió a Carlson declarando que “mi lealtad como cristiano y como estadounidense es primero con Cristo y siempre con Estados Unidos”. Añadió que “los conservadores no deberían sentirse obligados a apoyar por reflejo a ningún gobierno extranjero, por muy fuerte que sea la presión de la clase globalista o sus portavoces en Washington”. La Fundación Heritage publicó un informe de políticas que exigía a Estados Unidos reducir gradualmente su ayuda militar directa a Israel para 2047.
Son varios los motivos que llevan al creciente distanciamiento entre la derecha evangélica norteamericana y la ultraderecha israelí. Cada vez resulta más difícil para sectores cristianos –que teóricamente siguen las enseñanzas de Jesucristo de “ofrecer la otra mejilla”– defender un Estado que está cometiendo un genocidio a la vista de todos y que no ha reparado en bombardear una iglesia católica en Gaza. En julio de 2025, el ejército de Israel bombardeó el complejo de la Iglesia de la Sagrada Familia, la única parroquia católica en la Franja de Gaza, causando con el ataque tres muertes, varios heridos y daños estructurales en el templo que servía de refugio a cientos de desplazados cristianos. Por otro lado, los “hardali”, que representan sectores del fundamentalismo sionista judío, siempre han perpetrado atentados contra las comunidades católicas. La reciente destrucción de una estatua de Jesús por un soldado israelí en el Líbano y la agresión a una monja en Jerusalén son episodios provocados por estos sectores, que reciben apoyo de los ministros ultraderechistas del gabinete de Netanyahu que conservan reservas teológicas e históricas contra la Iglesia Católica, acusada de favorecer en otras épocas el ancestral antisemitismo.
A estas diferencias religiosas se debe sumar que en la guerra contra Irán, Israel y Estados Unidos han aparecido intensificando la cooperación militar con algunos de los países del Golfo Pérsico, en especial con Emiratos Árabes Unidos, a los que Israel le cedió un escudo antimisiles. Estas relaciones encajan poco con la visión tradicional de la derecha cristiana norteamericana y su concepción del enfrentamiento radical del choque de civilizaciones.
La teología y la geopolítica nunca se han llevado del brazo. Por ese motivo las guerras de religión pueden tener consecuencias imprevistas que desbordan las previsiones originales. Y con Trump sentado en el asiento del conductor y Netanyahu en el de acompañante, hasta lo más imprevisible se torna posible. El jurista italiano Vincenzo Pellegrino ha reflejado en un par de frases la dramática situación que actualmente atraviesa el mundo: “El momento de mayor peligro –cuando la teología y la estrategia nuclear convergen de forma explosiva– se produce cuando un liderazgo empieza a interpretar su situación desde una perspectiva escatológica. No se trata simplemente de creer que el Estado tiene un mandato divino: es la convicción de que las propias acciones son pasos necesarios en un plan que conduce al fin de la historia”.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
domingo, 10 de mayo de 2026
Irán responde: "Nadie elabora planes para complacer a Trump"
Irán responde: "Nadie elabora planes para complacer a Trump"
Una fuente informada declaró a Tasnim que a los negociadores de Teherán no les preocupa que el presidente estadounidense Donald Trump haya calificado su propuesta de "totalmente inaceptable".
"En Irán, nadie elabora planes para complacer a Trump. El equipo negociador elabora planes en defensa de los derechos de la nación iraní. Si Trump no está satisfecho, naturalmente, mejor así", señaló la fuente.
Además, añadió: "A Trump generalmente no le gusta la realidad; por eso sigue perdiendo ante Irán".
"¡Totalmente inaceptable!", dice Trump sobre la respuesta de Irán a la propuesta de paz de EEUU
hace 7 horas
La agencia ISNA informó anteriormente que la respuesta de Irán al mensaje estadounidense se centró en poner fin a la guerra y garantizar la seguridad del transporte marítimo en el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz.
sábado, 9 de mayo de 2026
Irán: "El Ejército invasor, terrorista y bandido de EEUU, violó el alto el fuego"
- Sputnik Mundo,
Ajedrez de geopolítica, Conduce Javier Benítez.
Irán: "El Ejército invasor, terrorista y bandido de EEUU, violó el alto el fuego"
El portavoz del Cuartel General Central Jatam al Anbiya de Irán, Ebrahim Zolfaghari, denunció a EEUU de romper el alto al fuego el jueves al atacar dos buques iraníes y varias zonas civiles. En este contexto, el presidente estadounidense, Donald Trump, prometió derrotar a Irán “con mucha más fuerza y violencia” si no firma un acuerdo rápido.
Denuncias y amenazas
"El Ejército invasor, terrorista y bandido de EEUU, violando el alto el fuego, atacó un buque cisterna iraní que se desplazaba desde las aguas costeras de Irán en la zona de Jask hacia el estrecho de Ormuz, así como a otro buque que ingresaba al estrecho frente al puerto de Fuyaira en Emiratos Árabes Unidos", reza el comunicado de Zolfaghari.
Asimismo, denunció que las fuerzas estadounidenses "bombardearon zonas civiles en las costas de los puertos de Jamir, Sirik y la isla de Qeshm, en colaboración con algunos países de la región".
En tanto, la Fuerza Naval del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán [CGRI] informó sobre las medidas en respuesta a ese ataque estadounidense.
"Tras la violación del alto el fuego y la agresión del Ejército terrorista estadounidense a un petrolero de la República Islámica de Irán cerca del puerto de Jask y la aproximación de destructores del Ejército terrorista estadounidense al estrecho de Ormuz, se llevó a cabo una operación combinada muy intensa y precisa utilizando varios tipos de misiles balísticos y de crucero antibuque, así como drones de ataque con ojivas de alta capacidad explosiva, disparados contra los destructores enemigos", detalla el comunicado del CGRI, en el que informa sobre "daños significativos al enemigo" y que "tres barcos enemigos agresores huyeron rápidamente del área del estrecho de Ormuz".
Por su parte, el Mando Central de EEUU [CENTCOM] dio su propia versión. Comunicó que las fuerzas estadounidenses interceptaron ataques iraníes "no provocados" mientras sus destructores de misiles guiados transitaban por el estrecho de Ormuz.
El analista de medios Paco Arnau advierte al respecto que "es muy complicado creerle a Estados Unidos, porque llevan un mes desde que volvieron a la mesa de negociaciones, y se habló de un alto al fuego, diciendo una cosa y la contraria cada día, incluso dentro del mismo día", subraya el experto sobre las constantes declaraciones surgidas desde la Casa Blanca.
Como ejemplo, cita que el mismo jueves desde EEUU "hablaron de que se rompía el alto al fuego y 15 minutos después decían que seguía en vigor […] entonces es muy complicado a estas alturas fiarse de una potencia que lleva un mes ‘mareando la perdiz’ con el tema [conflicto] del golfo [Pérsico]".
Tras los sucesos, Trump recurrió a su red social para relatar su versión de los hechos a través de un post: "Tres destructores estadounidenses de primera clase acaban de cruzar con éxito el estrecho de Ormuz, bajo fuego enemigo. Los tres destructores resultaron ilesos, pero los atacantes iraníes sufrieron graves daños. Fueron completamente destruidos, junto con numerosas embarcaciones pequeñas que reemplazan a su armada, ahora desmantelada. Estas embarcaciones se hundieron rápidamente en el fondo del mar".
El mandatario estadounidense concluyó su comunicado con un mensaje triunfalista. "Al igual que los derrotamos hoy, los derrotaremos con mucha más fuerza y violencia en el futuro si no firman su acuerdo ¡rápido!", concluyó.
"Lo que es evidente es que ha habido una escaramuza en el entorno del estrecho de Ormuz por parte de unos destructores estadounidenses y que han sido rechazados por Irán, y esa es la realidad, si no, el control del estrecho de Ormuz no seguiría bajo dominio iraní", concluye Arnau.
El Pentágono ya no oculta sus guerras psicológicas
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El Pentágono ya no oculta sus guerras psicológicas
Por Liu Yu | 09/05/2026 | EE.UU.
Fuentes: Diario Tiempo Argentino
Un cable diplomático firmado por el secretario de Estado Marco Rubio y filtrado por The Guardian el 30 de marzo de 2026, instruyó a todas las embajadas y consulados de Estados Unidos a lanzar campañas contra la propaganda extranjera, es decir, contra gran parte del mundo, desde la perspectiva del presidente Donald Trump. La directiva combinó el reclutamiento explícito de influencers, académicos y líderes comunitarios para que difundan mensajes favorables a EE.UU. con apariencia orgánica, la coordinación con la unidad de operaciones psicológicas del Pentágono (MISO, Military Information Support Operations), y el respaldo oficial a la red social X, de Elon Musk, como herramienta central de la campaña.
El cable, difundido en un contexto de alta tensión internacional, establece cinco objetivos generales: contrarrestar los mensajes hostiles, ampliar el acceso a la información, exponer el comportamiento de los adversarios, elevar las voces locales que apoyan los intereses estadounidenses y promover la historia de Estados Unidos.
Para alcanzarlos, las embajadas deberán identificar y contratar figuras locales con capacidad de llegar a audiencias amplias en el ecosistema digital, de modo que las narrativas financiadas por Washington se perciban como espontáneas y surgidas desde la propia comunidad.
La decisión de involucrar a la unidad de operaciones psicológicas del Pentágono en tareas de diplomacia pública es uno de los aspectos más polémicos de la directiva. Históricamente, el MISO ha centrado sus actividades en influir sobre combatientes enemigos en teatros de operación, no en campañas dirigidas a la población civil de países aliados o neutrales.
La integración de capacidades militares de guerra psicológica en el trabajo cotidiano de las embajadas representa una militarización de facto de la diplomacia y desdibuja la línea tradicional entre influencia política y operaciones de información.
La plataforma X, propiedad de Elon Musk, recibe un respaldo explícito como mecanismo para contrarrestar la desinformación. Musk es un aliado político declarado de Trump y, al mismo tiempo, un contratista de la defensa. Su empresa xAI fue recientemente integrada bajo el paraguas de SpaceX, un importante proveedor del Pentágono, lo que plantea interrogantes sobre una superposición entre intereses comerciales, políticos y militares en la nueva estrategia de comunicación estadounidense.
Más de 700 «American Spaces» – centros culturales, bibliotecas y espacios de intercambio que EE.UU. financia en cerca de 150 a 165 países – serán reposicionados como plataformas para difundir “información sin censura” y serán promovidos explícitamente como “zonas de libertad de expresión”.
La decisión de utilizar activos financiados por el Departamento de Estado con fines de propaganda y de vincularlos formalmente con la unidad de operaciones psicológicas del Pentágono marca un punto de inflexión en la diplomacia pública estadounidense.
Especialistas consultados por distintos medios advierten sobre los riesgos de que la estrategia estadounidense sea contraproducente. El historiador Tad Stoermer, ex profesor de la Universidad Johns Hopkins, sostuvo en declaraciones al South China Morning Post que el uso de «propaganda para combatir la verdad» constituye una contradicción que puede erosionar aún más la credibilidad estadounidense.
Analistas citados por el mismo medio señalaron que la directiva representa un giro hacia tácticas que Washington solía condenar cuando eran empleadas por otros países. La colaboración con el Pentágono y el intento de hacer que las narrativas financiadas por el gobierno parezcan orgánicas es, para estos críticos, un reconocimiento implícito de que la influencia estadounidense en el mundo ha disminuido y que los métodos tradicionales de diplomacia pública ya no bastan para restaurarla.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lin Jian, calificó la maniobra como «una injerencia flagrante en los asuntos internos de otros países» y advirtió que «el uso de operaciones psicológicas militares para manipular la opinión pública global demuestra la hipocresía de quienes se presentan como defensores de la libertad de expresión».
En declaraciones reproducidas por la agencia Xinhua, el portavoz chino agregó que «mientras acusan a otros de desinformación, Estados Unidos despliega su propio aparato propagandístico a escala global».
En América Latina, la jugada no constituye una innovación. La región tiene una larga historia de manipulaciones informativas, desde las operaciones psicológicas durante la Guerra Fría y la Operación Cóndor hasta las campañas de desestabilización en Venezuela. La novedad reside en la formalización de la estrategia a través de los canales diplomáticos regulares, en un contexto donde Washington busca recuperar terreno frente al avance de la influencia china y rusa. Según la Declaración de Postura 2026 del Comando Sur de Estados Unidos, presentada ante el Congreso en marzo pasado, China es identificada como el principal competidor estratégico en la región, y la guerra de la información es una de las herramientas centrales para contrarrestar su avance.
República Dominicana tiene ejemplos recientes de esta estrategia. A principios de abril, la embajadora Leah F. Campos se dejó ver por Alofoke, un programa de entrevistas en línea que funciona como una usina de opinión pública con llegada masiva a los jóvenes, y también por una de las más populares cadenas de supermercados. Los medios dominicanos no tardaron en interpretar ese recorrido como la puesta en práctica de la directiva de Rubio: detectar las voces que ya tienen micrófono y ponerlas a funcionar para la narrativa estadounidense. Colombia, por su parte, cuenta con mayores antecedentes, ya que la presencia de equipos de apoyo a operaciones de información militar en la embajada está documentada desde 1992. Con la nueva directiva, seguramente se habrán reactivado con más fuerza.
Argentina añade otra capa de complejidad a este tablero. En marzo de 2026, el consorcio de medios The Continent, openDemocracy y Filtraleaks reveló la existencia de una red rusa que habría destinado 283.000 dólares para difundir al menos 250 artículos en más de 20 medios argentinos, con el objetivo de desacreditar al gobierno de Javier Milei.
Precisamente, el cable de Rubio menciona a Rusia como uno de los actores hostiles cuyas narrativas deben enfrentarse. En ese escenario, Argentina se convierte en un campo de batalla informativo donde Washington busca reclutar voceros locales para contrarrestar la influencia rusa y, también, la china.
La coincidencia temporal entre la denuncia sobre la red rusa y la filtración del cable estadounidense ha generado un debate sobre la posibilidad de que ambos episodios formen parte de una misma guerra de narrativas. Es preciso señalar que openDemocracy, uno de los medios que impulsó la denuncia sobre la injerencia rusa, recibe financiamiento de organizaciones con sede en Estados Unidos, como la Fundación Ford y Open Society, así como del National Endowment for Democracy (NED), una entidad creada por el Congreso estadounidense y financiada con fondos públicos. Este dato introduce un matiz relevante: la denuncia de una operación de influencia extranjera puede ser, al mismo tiempo, parte de otra maniobra de manipulación todavía mayor.
La decisión de recurrir a operaciones de guerra psicológica para una campaña de relaciones públicas desdibuja la frontera entre diplomacia y guerra de información. El uso de fondos públicos para financiar narrativas encubiertas, la militarización de la red de centros culturales y la alianza con una plataforma tecnológica vinculada a intereses comerciales y militares plantean interrogantes sobre la coherencia y la eficacia de todo el plan.
La estrategia de Washington tiene un problema de origen: usa las mismas armas de lo que dice combatir. La credibilidad no se recupera con más propaganda y operaciones psicológicas.
Fuente: https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/la-impunidad-de-trump-el-pentagono-ya-no-oculta-sus-guerras-psicologicas/
El péndulo se balancea La lenta agonía del consenso proisraelí en Europa
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El péndulo se balancea
La lenta agonía del consenso proisraelí en Europa
Por Ramzy Baroud | 08/05/2026 | Europa, Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Voces del Mundo
La Unión Europea es «la jefa de todos los cobardes», declaró Amnistía Internacional en un contundente comunicado publicado el 21 de abril. La condena fue una respuesta directa al fracaso sistemático del bloque europeo a la hora de romper relaciones con Israel durante la reunión del Consejo de Asuntos Exteriores celebrada en Luxemburgo.
A pesar de meses de advertencias legales, la UE volvió a anteponer la seguridad procedimental a la urgencia de la vida humana.
Los esfuerzos para presionar a la UE a que adoptara por fin una postura moral fueron liderados por una coalición formada por España, Irlanda y Eslovenia, a la que más tarde se unió Bélgica. Argumentaron que el Acuerdo de Asociación UE-Israel —el marco jurídico que rige sus relaciones comerciales— se basa en el «respeto a los derechos humanos». Mantener este acuerdo mientras continúan las violaciones extremas en la Palestina ocupada equivale a vaciar de sentido los propios tratados fundacionales de la UE.
Una decisión de este tipo, aunque tardía, habría reportado un bien incalculable. Habría restaurado en cierta medida la credibilidad destrozada de la UE y reavivado el debate sobre el derecho internacional. Y, lo que es más importante, habría puesto en marcha una serie de medidas concretas para exigir responsabilidades a Israel y habría proporcionado a la población palestina una sensación tangible de esperanza. Sin embargo, nada de eso ocurrió gracias a la presión ejercida por Alemania e Italia. Estas naciones actuaron como escudo diplomático protegiendo a Israel de las consecuencias.
La postura alemana sigue siendo coherente con la defensa intransigente de Israel por parte de Berlín, una postura que se ha mantenido incluso durante el genocidio en Gaza. Como país que debería haber sido el mayor defensor mundial contra el exterminio masivo, Alemania ha protegido repetidamente a Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y otras instituciones mundiales.
Durante este genocidio Berlín ha redoblado su apuesta insistiendo en que la acusación «carece de fundamento alguno». Esta rígida postura se mantuvo inalterable incluso cuando España se sumó al caso de Sudáfrica ante la CIJ, lo que supuso una profunda ruptura en el consenso jurídico y moral europeo. Por lo tanto, no supuso sorpresa alguna que los dirigentes alemanes desestimaran la propuesta de Luxemburgo de suspender el comercio por considerarla «inapropiada». Junto con Italia, insistieron en que la UE debe mantener un «diálogo constructivo» con Tel Aviv —una frase que se ha convertido en un eufemismo de complicidad—.
Italia presenta un ejemplo aún más extraño. Mientras que el gobierno de derechas de Giorgia Meloni sigue alineado con la línea proisraelí, la movilización del pueblo italiano ha sido una de las más fuertes de Europa. Las calles de Roma y Milán han sido escenario de protestas masivas y huelgas generales que rivalizan con el fervor visto en España. Sin embargo, Meloni sigue negándose a atender el llamamiento de su pueblo y sus ministros afirmaron en Luxemburgo que la propuesta de suspender el tratado había quedado «archivada».
Es probable que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sintiera un gran alivio tras la votación. La economía israelí se encuentra actualmente en dificultades debido a la abrumadora carga que suponen las continuas guerras, con un déficit presupuestario que se dispara a medida que se amontonan los gastos en defensa. La UE sigue siendo el principal socio comercial de Israel, con un comercio total de mercancías que supera los 42.000 millones de euros.
Este acuerdo supone un salvavidas económico vital gracias al acceso preferencial al mercado y a la integración en el sector de la alta tecnología; su suspensión provocaría una crisis financiera devastadora. Pero el hecho de que Alemania e Italia hayan logrado mantener el tratado por ahora no niega la ruptura inminente que ya está en marcha. Esta ruptura no la lideran los gobiernos, sino las sociedades europeas. No sería exagerado sugerir que la relación de Europa con Israel está abocada a un cambio fundamental. La división histórica entre los partidarios incondicionales de Israel, como Alemania, y naciones más empáticas, como Irlanda, se está derrumbando a medida que el péndulo político se inclina hacia Palestina.
El bando de la línea dura recibió recientemente su golpe más significativo con el giro político en Hungría. Con el ascenso de Péter Magyar, quien recientemente prometió que Hungría respetaría las órdenes de detención de la CPI contra Netanyahu, Israel ha perdido a su «hombre del veto» más fiable en Bruselas. Esto deja a Alemania cada vez más aislada como único protector de peso del statu quo.
Ya no estamos hablando de gestos simbólicos. Estamos asistiendo a una masa crítica de apoyo a Palestina acompañada de acciones directas: acampadas, recursos judiciales y huelgas laborales. El 14 de abril se informó de que más de un millón de europeos firmaron una petición formal titulada «Justicia para Palestina» en la que se instaba a Bruselas a imponer sanciones.
Esto refleja una presión sostenida capaz de influir en las agendas políticas. Las encuestas de este mes indican que solo el 17% de los encuestados en Alemania considera ahora a Israel un socio fiable. Esto pone de manifiesto una brecha cada vez mayor entre la opinión pública europea y sus gobiernos. Mientras que España parece estar respondiendo al sentir de la ciudadanía, Alemania sigue actuando en contra de él.
Estas mismas posiciones morales se reflejan en las actitudes hacia otras guerras regionales. Las encuestas de marzo de 2026 muestran que el 56% de los españoles e italianos se opone a una acción militar estadounidense-israelí en Irán. La opinión pública ve cada vez más estas situaciones no como crisis separadas, sino como frentes interconectados de una única política fallida.
El rechazo a la guerra forma parte de un rechazo más amplio a la política militar israelí y a la alineación de los gobiernos europeos con ella. Estos cambios no solo han aislado a Israel, sino que han comenzado a aislar también a sus aliados. A excepción de Donald Trump y su total alineamiento con la agenda de Netanyahu, la era de un bloque occidental unificado que atiende sin cuestionamientos las exigencias de Israel está llegando a su fin.
La explicación tradicional del respaldo europeo —la culpa histórica por el Holocausto— ya no justifica la conducta de las élites políticas. Una explicación más acertada reside en el propio legado europeo de violencia colonial y jerarquía racial. Sin embargo, el verdadero cambio se debe a la sociedad civil y a la resiliencia del pueblo palestino, que ha eludido los filtros de los medios tradicionales para dirigirse directamente al mundo.
Europa sabe ahora que se ha cometido un genocidio. Es poco probable que este cambio de paradigma se revierta, independientemente de si los burócratas de Luxemburgo logran retrasar lo inevitable.
Ramzy Baroud es periodista y director de The Palestine Chronicle. Es autor de seis libros, entre ellos Our Vision for Liberation, My Father was a Freedom Fighter y ‘The Last Earth, siendo el más reciente Before The Flood: A Gaza Family Memoir Across Three Generations of Colonial Invasion, Occupation and War in Palestine. El Dr. Baroud es también investigador senior no residente en el Centro para el Islam y los Asuntos Globales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul (IZU). Su sitio web es www.ramzybaroud.net .
Texto en inglés: CounterPunch.org, traducido por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/05/07/el-pendulo-se-balancea-la-lenta-agonia-del-consenso-proisraeli-en-europa/
viernes, 8 de mayo de 2026
Recomiendo Un mal acuerdo o una guerra imposible
Recomiendo:
Un mal acuerdo o una guerra imposible
Por Alfredo Rada | 08/05/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Mate Amargo - Ilustración: Adan Iglesias Toledo
El presidente de Estados Unidos, sea llevado por su ignorancia en temas geoeconómicos o por un deficiente consejo estratégico, creyó haber encontrado la llave maestra para doblegar a Irán. El cálculo era aparentemente sencillo: un bloqueo naval al sur del estrecho de Ormuz, en el Golfo de Omán, allí donde comienza el Mar Arábigo, bastaría para asfixiar a la República Islámica. Sin exportaciones de crudo y sin capacidad de importar insumos esenciales, la economía iraní colapsaría. Bajo esa presión, Teherán no tendría más opción que aceptar un acuerdo dictado desde Washington, una pieza propagandística perfecta para que Donald Trump la exhibiera como trofeo en Medio Oriente, y que también le serviría para lanzar un eventual ataque contra Cuba.
La jugada tenía además una derivación mayor. Al interrumpir el flujo energético, Washington buscaba presionar indirectamente a China, principal destino del petróleo que cruza Ormuz. La hipótesis era que Beijing, enfrentado a un súbito estrangulamiento energético, obligaría a Irán a negociar y a levantar cualquier amenaza sobre el estrecho. Así, Trump llegaría fortalecido a su encuentro en China con Xi Jinping, previsto para mediados de mayo, con una demostración de poder geopolítico bajo el brazo.
Pero la realidad, como tantas veces en la historia imperial, no se acomodó a los deseos de la Casa Blanca. China llevaba años anticipando escenarios de disrupción energética: acumuló reservas estratégicas masivas, diversificó sus proveedores e invirtió en energías alternativas con una disciplina que hoy le permite amortiguar el impacto. Irán, por su parte, no permaneció inmóvil. Reconfiguró sus rutas comerciales, habilitando corredores terrestres que conectan con Pakistán y permiten el ingreso de productos sin depender exclusivamente de las rutas marítimas vigiladas por la flota estadounidense.
El resultado ha sido una paradoja incómoda para Washington. Lejos de provocar el colapso iraní, el bloqueo contribuyó a un alza global de los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes. Esa subida se trasladó en cadena hacia combustibles, alimentos y servicios básicos, impactando también en la economía estadounidense. La inflación energética comenzó a erosionar el poder adquisitivo interno, generando un malestar que ya se refleja en las encuestas. A seis meses de las elecciones legislativas de noviembre, el respaldo a Trump ha caído a niveles críticos.
Atrapado entre el estancamiento militar y el costo económico de su propia estrategia, Trump optó por escalar. Así nació el llamado “Proyecto Libertad”, una operación naval y aérea destinada a escoltar y “liberar” buques atrapados en el Golfo Pérsico. Bajo el discurso de garantizar la seguridad de la navegación, Washington desplegó recursos militares adicionales, en una maniobra que busca recuperar la iniciativa en un escenario donde el bloqueo no ha cumplido sus objetivos.
Pero el plan no se limita al ámbito estrictamente militar. Parte central de la estrategia ha sido recomponer alianzas en el Golfo. En ese marco se inscribe el acercamiento a Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en la arquitectura energética regional. Washington pretende alejar a Abu Dabi de las iniciativas que apuntan a erosionar el sistema del petrodólar, particularmente aquellas que promueven el uso del yuan chino en el comercio petrolero. La salida emiratí de la OPEP y su disposición a negociar con Estados Unidos deben leerse en esa clave: un reacomodo estratégico en medio de la disputa por el orden monetario global.
Sin embargo, estos movimientos no han estado exentos de consecuencias. El puerto emiratí de Fujaira, pieza logística fundamental en la región, fue atacado e incendiado, en un episodio que expone la fragilidad de las infraestructuras críticas en un contexto de escalada. A ello se suman los incidentes en alta mar: dos buques de guerra estadounidenses atacados —aún sin confirmación definitiva sobre el impacto de misiles o drones— y un carguero surcoreano navegando en llamas por las aguas de Ormuz. Este último episodio introduce un elemento adicional de riesgo, ya que Trump aprovechó el episodio para invitar a Seúl a participar de la guerra, olvidando que, en su frontera norte, Corea del Sur tiene al amigo de Irán, Kim Joon-un.
El tablero se vuelve cada vez más caótico. Lo que se pensó como una operación quirúrgica se ha transformado en una cadena de eventos difíciles de controlar. La presión sobre Irán no ha logrado quebrar su resistencia; por el contrario, ha incentivado respuestas asimétricas que elevan el costo de la confrontación. Al mismo tiempo, los aliados de Washington muestran señales de vulnerabilidad, mientras actores como China observan y capitalizan el desgaste estadounidense.
En este contexto, la disyuntiva se vuelve cada vez más nítida. Persistir en la escalada implica reanudar una guerra de consecuencias imprevisibles, en un terreno donde la superioridad militar no garantiza una victoria política. Retroceder, en cambio, supone aceptar un acuerdo que difícilmente podrá presentarse como triunfo. Entre ambas opciones, el margen de maniobra para Trump se estrecha.
Como señaló recientemente un vocero iraní, la decisión que enfrenta Trump es brutal en su simplicidad: optar por un mal acuerdo o aventurarse en una guerra imposible. La historia dirá si la Casa Blanca logra reconocer los límites de su poder antes de que esos límites se impongan por la fuerza de los hechos.
Alfredo Rada: economista, asesor sindical, investigador, comunicador y docente boliviano con estudios en sociología. Fue viceministro y ministro. Es autor de varios libros y publicaciones.
Adán Iglesias Toledo: dibujante gráfico cubano, caricaturista editorial y Director del medio humorístico DEDETE del periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capitulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos, y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales y ha sido premiado por más de 40 veces en su país y otros países.
Fuente: https://www.mateamargo.org.uy/2026/05/06/un-mal-acuerdo-o-una-guerra-imposible/
jueves, 7 de mayo de 2026
Israel está haciendo desaparecer a la población palestina de todas las maneras posibles
Recomiendo:
Israel está haciendo desaparecer a la población palestina de todas las maneras posibles
Por Belén Fernández | 06/05/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Voces del Mundo [Foto: Busqueda de los cuerpos de la familia Salem bajo los escombros de su hogar, destruido por las fuerzas israelíes en la ciudad de Gaza, el 7 de febrero de 2026 (Omar al-Qattaa/AFP)]
El 23 de abril el periódico israelí Haaretz informó de que «decenas de niños desaparecen cada semana» en la Franja de Gaza «en el contexto del caos de la posguerra»; un curioso eufemismo, sin duda, para el genocidio en curso respaldado por EE. UU. en el territorio palestino, que avanza a buen ritmo a pesar del alto el fuego que se implementó ostensiblemente el año pasado.
El artículo comienza con Mohammed Ghaban, de cuatro años, que desapareció a principios de abril en el norte de Gaza: «Estaba jugando con su hermano delante de la tienda de campaña de su familia desplazada. Entró, pidió un abrazo, se puso las sandalias y salió». Y entonces desapareció.
El autor cita una estimación del Centro Palestino para los Desaparecidos y Desaparecidos Forzosamente según la cual 2.900 niños «desaparecieron durante la guerra», y se cree que 2.700 cadáveres quedaron atrapados bajo los escombros, mientras que los 200 restantes simplemente están desaparecidos.
Estas estadísticas concuerdan con el modus operandi del ejército israelí, que, según el recuento oficial de víctimas mortales, ha matado a más de 72.500 palestinos en Gaza desde el inicio del genocidio en 2023, con miles más aún desaparecidos y presuntamente muertos bajo los escombros.
La relatora especial de las Naciones Unidas, Francesca Albanese, advirtió ya en septiembre que el verdadero número de víctimas mortales podría rondar ya las 680.000.
Hablando de desapariciones, una investigación de Al Jazeera en árabe reveló en febrero que al menos 2.842 palestinos se habían «evaporado» en la Franja de Gaza desde el inicio de la guerra, un fenómeno que los equipos de defensa civil de Gaza atribuyen al uso por parte de Israel de armas térmicas y termobáricas de fabricación estadounidense, que efectivamente «vaporizan» los cuerpos humanos.
Esta espeluznante cifra quedó rápidamente eclipsada por la desquiciada guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y la catástrofe regional más amplia, que ha acaparado las noticias durante los últimos dos meses. Pero el tema sigue siendo tan siniestro y relevante como siempre.
En unas declaraciones a Al Jazeera en aquel momento, el portavoz de la Defensa Civil, Mahmud Basal, describió el proceso para determinar el número de víctimas «vaporizadas» en las viviendas atacadas por los ataques israelíes: «Si una familia nos dice que había cinco personas dentro y sólo recuperamos tres cadáveres intactos, consideramos que las dos restantes se han «evaporado» únicamente después de que una búsqueda exhaustiva no haya dado más que rastros biológicos: salpicaduras de sangre en las paredes o pequeños fragmentos como trozos de cuero cabelludo».
Cuerpos vaporizados
Tras la publicación de estos macabros hallazgos al ejército israelí le entró un ataque de furia genocida, por lo que emitió un colérico comunicado para, supuestamente, aclarar las cosas.
Rechazando la «falsa afirmación de Al Jazeera sobre la evaporación de los cuerpos de Gaza», el ejército insistió en que «solo utiliza municiones legales» y que «ataca objetivos militares de conformidad con el derecho internacional y toma todas las medidas posibles para mitigar el daño a los civiles y a la propiedad civil en la medida de lo posible».
No está claro, por supuesto, por qué un ejército al que se ha acusado de haber matado potencialmente a casi 700.000 personas —y que aniquila familias y barrios enteros sin pestañear— se ofendió tanto por todo el asunto de la «evaporación».
Hay que reconocer que hacer desaparecer los cadáveres en el aire es una forma bastante buena de ocultar el verdadero alcance de una matanza masiva.
Y aunque la «vaporización» de los cuerpos palestinos quizá no se ajuste a la definición jurídica oficial de desaparición forzada, es, literalmente, exactamente eso.
Según el sitio web de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, «se considera desaparición forzada la detención, el encarcelamiento, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad por parte de agentes del Estado o de personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, lo que la sitúa fuera de la protección de la ley».
Sin embargo, a la luz de la explícita campaña de desapariciones de Israel en Gaza, parecería necesario ampliar considerablemente esa definición.
Pero Israel también es culpable de la variedad tradicional de desaparición forzada. El pasado agosto expertos de la ONU denunciaron, con informes, que civiles palestinos hambrientos —entre ellos un niño— estaban siendo víctimas de desapariciones forzadas en los puntos de distribución de ayuda gestionados por la infame Fundación Humanitaria de Gaza.
Respaldada por Israel y Estados Unidos, la fundación también se especializó en masacrar a personas desesperadas que se habían reunido en busca de alimentos y otros artículos necesarios para la supervivencia.
Por otra parte, tanto en Gaza como en Cisjordania, las desapariciones forzadas de personal médico, periodistas y todo tipo de personas a manos de Israel se han multiplicado desde el inicio del genocidio, aunque esto no es nada nuevo.
Patrón global
Por su parte, Estados Unidos ha participado en desapariciones forzadas en un montón de lugares de todo el mundo, entre otras cosas ayudando y encubriendo a sanguinarios regímenes de derechas por toda América Latina durante la Guerra Fría.
Decenas de miles de personas desaparecieron en Argentina, Guatemala y otros lugares mientras Estados Unidos y sus aliados se dedicaban noblemente a hacer del hemisferio un lugar seguro para el capitalismo.
En México más de 130.000 personas han desaparecido, la gran mayoría de ellas tras el inicio en 2006 de la «guerra contra las drogas» respaldada por Estados Unidos, que se caracterizaría más acertadamente como una guerra contra los pobres.
Pero desde México hasta Oriente Medio el número de desaparecidos apenas refleja el alcance de la victimización. Las familias de los desaparecidos también son víctimas, condenadas como están a un limbo psicológico indefinido ante la falta de información concreta sobre la suerte de sus seres queridos —sin la cual es imposible iniciar el proceso de duelo u obtener el cierre emocional necesario para seguir adelante con la vida—.
En el caso de la «evaporación» de palestinos en Gaza por parte de Israel, es difícil decir si el saber que tu ser querido ha sido vaporizado es lo suficientemente concreto como para permitir un eventual cierre. Al fin y al cabo, no hay nada muy concreto en el hecho de desaparecer por la fuerza sin dejar rastro.
De hecho, Al Jazeera cita al padre palestino Rafiq Badran sobre el tormento psicológico casi inconcebible que acompaña a la siniestra nueva versión de Israel sobre el tema de las desapariciones forzadas: «Cuatro de mis hijos simplemente se han esfumado», dijo Badran, conteniendo las lágrimas. «Los he buscado un millón de veces. No ha quedado ni rastro. ¿Adónde han ido?».
Ahora, con la guerra regional en pleno apogeo mientras la industria armamentística se embolsa grandes sumas de dinero, al público mundial le resulta aún más fácil ignorar la singular situación de la población palestina, lo que significa que el genocidio también está desapareciendo de hecho del foco de atención.
Al final, por supuesto, el objetivo de Israel no es otro que hacer desaparecer por la fuerza la idea misma de un pueblo palestino. Pero, por desgracia para Israel, no va a poder ocultar tan fácilmente un legado empapado de sangre.
Belén Fernández es columnista de Al Jazeera y autora, entre otras obras, de The Darien Gap: A Reporter’s Journey through the Deadly Crossroads of the Americas (Rutgers University Press, 2025),
Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.
Fuente; https://vocesdelmundoes.com/2026/05/04/israel-esta-haciendo-desaparecer-a-los-palestinos-de-todas-las-maneras-posibles/
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