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viernes, 2 de enero de 2026
New York Times presenta el genocidio israelí en Gaza como una aplicación de la ley
Recomiendo:
Una vez más, el New York Times presenta el genocidio israelí en Gaza como una aplicación de la ley
Por Jonathan Cook | 01/01/2026 | Mentiras y medios
Fuentes: Jonathan Cook. SubStack
Traducido del inglés por Marwan Pérez para Rebelión
Israel está expulsando a 37 grupos de ayuda humanitaria, una probable sentencia de muerte para cientos de miles de palestinos. Pero el Times solo habla de ‘nuevas normas’ en Gaza y ‘suspensiones’ para quienes ‘se resisten al registro’
Esta es otra clase magistral del New York Times sobre cómo vender el genocidio por imperativo legal.
Según el titular de hoy, «nuevas normas israelíes” que obligan a “suspender” a grupos de ayuda y socorro, es decir, la expulsión forzosa de 37 organizaciones humanitarias del territorio palestino ocupado ilegalmente por Israel.
Estos grupos de ayuda organizan la mayoría de los hospitales de campaña que actualmente operan en Gaza y se establecieron tras la destrucción de los hospitales adecuados por Israel del enclave. Los grupos también gestionan refugios de emergencia, servicios de agua y saneamiento, y centros de tratamiento para niños con desnutrición aguda.
Las «normas de registro» de Israel son una sentencia de muerte para una población palestina sin hogar y indigente, vulnerable al hambre, las inundaciones, el frío invernal y las enfermedades debido a la destrucción de su tierra durante dos años.
Una captura de pantalla de un artículo de noticias
El contenido generado por IA puede ser incorrecto.
¿A quien culpar? Aparentemente a grupos como Médicos Sin Fronteras, Ayuda Médica para Palestinos y CARE. ¿Por qué? Porque están «resistiendo» las «normas» de Israel para «proporcionar información detallada» sobre su personal en Gaza, información que Israel ha utilizado una y otra vez para matar a esos trabajadores humanitarios.
Como señala Médicos Sin Fronteras, «apoyamos a uno de cada cinco camas hospitalarias y a uno de cada tres nacimientos» en Gaza. Israel, añadió, que estaba «cortando la asistencia médica que salva vidas a cientos de miles de personas».
Otra organización afectada por las “nuevas normas», el Consejo Noruego de Refugiados, señaló que Israel había matado a cientos de trabajadores humanitarios en los últimos dos años. «Para nosotros, es una preocupación de seguridad para nuestro personal. Y reconocer quiénes son – los pone en riesgo.»
El New York Times quiere que olvides quién es el criminal aquí.
Es Israel quien está ocupando ilegalmente Gaza y otros territorios palestinos —y lo ha hecho durante décadas.
Es Israel quien ha bombardeado Gaza hasta la Edad de Piedra.
Es Israel quien ha limpiado étnicamente a la población de Gaza de sus tierras, obligándolas a refugiarse en campos de concentración cada vez más pequeños en esas ruinas, rodeadas por la «línea amarilla» israelí.
Es Israel quien ha ocasionado la hambruna al pueblo de Gaza durante meses bloqueando toda ayuda.
Es Israel quien ha matado al menos a 600 trabajadores humanitarios, 1.700 personal sanitario y 250 periodistas en Gaza en los últimos dos años.
Es Israel quien ha erradicado todos los hospitales y centros sanitarios de Gaza, dejando a su población mutilada y hambrienta vulnerable a infecciones y enfermedades.
Y ahora es Israel quien expulsa a las organizaciones de ayuda vitales para mantener viva a esta población sin hogar, bombardeada, mutilada, hambrienta, huérfana y traumatizada.
Los delincuentes no pueden establecer las «reglas» porque las reglas que establecen, por definición, sirven a su agenda criminal.
Israel no ha ocultado esa agenda. Quiere erradicar Gaza y su población. Ha destruido los hogares de la gente de Gaza y la infraestructura que necesitan para sobrevivir, desde hospitales y escuelas hasta servicios de saneamiento. Ha bloqueado la ayuda y los alimentos, y ahora está expulsando a las organizaciones de ayuda de emergencia que servían de parita para mantener a esta población apenas con vida.
El objetivo de Israel es hacer la vida tan desesperada, tan imposible, que el resto del mundo consienta la expulsión del pueblo palestino de Gaza por motivos «humanitarios».
El New York Times, como el resto de los medios, está usando un lenguaje para persuadirte de que nada de esto está ocurriendo.
Antes, los crímenes se justificaban como una «guerra» —una para erradicar a Hamás.
Ahora, durante un supuesto «alto el fuego» en el que Israel sigue matando palestinos, los crímenes se justifican como una nueva forma diferente de ordenar los asuntos en Gaza, de nuevo supuestamente necesaria para erradicar a Hamás. Al parecer, las organizaciones de ayuda son las que causan problemas al «resistirse», al incumplir las «normas».
Este es el lenguaje del lavado de genocidios, de la negación del genocidio. Tiene una historia larga y fea.
Los nazis y sus medios calificaron la detención de las poblaciones judías de los guetos a los que habían sido obligados a entrar como «evacuaciones». Los enviados a campos de exterminio eran «reasentados». Y las cámaras de gas eran donde los «detenidos» recibían un «trato especial».
Esta terminología de buena administración —de normas, de orden, de suspensiones, de reasentamiento— es necesaria para insensibilizarnos ante la bárbara realidad de los horrores que se desarrollan minuto a minuto en Gaza. Repetir este lenguaje anestesia, como hace una y otra vez el New York Times, es más que un crimen contra el periodismo. Es un crimen contra nuestra humanidad común.
Sin la ayuda de medios como el New York Times, el genocidio habría sido simplemente imposible.
Fuente: https://jonathancook.substack.com/p/once-again-the-new-york-times-sells?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F006e82ee-966d-41e3-876e-db4463baac79_699x374.png&open=false
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
miércoles, 31 de diciembre de 2025
Europa socava el proceso de paz": lo dice un medio occidental
- Sputnik Mundo, 1920
Conduce Javier Benítez.
"Europa socava el proceso de paz": lo dice un medio occidental
La reunión, a mediados de diciembre, de líderes europeos en Berlín es una prueba más de que la Unión Europea busca socavar el proceso de negociación para un acuerdo de paz en el conflicto ucraniano. Así lo entiende el periódico 'Berliner Zeitung' en una reciente publicación, en la que hace una radiografía de la conducta de los líderes europeos.
La verdad ya es inocultable
Según el medio, lo que los europeos intentan vender como "política de paz activa" no es, desde la perspectiva de Moscú y Washington, más que "ruido informativo". Los políticos que, "sin embargo, promueven la idea de introducir tropas occidentales en Ucrania se arriesgan deliberadamente a bloquear todo el proceso", señaló el periódico, agregando que "Europa declara su apoyo a la paz y la diplomacia, pero en la práctica socava el proceso que podría conducir a un compromiso duradero, aunque incómodo".
"Europa elude cualquier responsabilidad compartida en la toma de decisiones difíciles, pero al mismo tiempo contribuye a que estas decisiones no se tomen en absoluto. Europa se pierde una vez más en la política simbólica, y la reunión de Berlín es el mejor ejemplo de ello", enfatiza el artículo.
Para el doctor en Relaciones Internacionales Alberto Hutschenreuter, este análisis del medio alemán "es bastante acertado". "Porque Europa está 'jugando' con algo que puede ser muy riesgoso. Europa debería pensar en una estructura de seguridad con Rusia, pero en una auténtica estructura de seguridad con Rusia, no en una estructura de seguridad como pasó en los 90 [década de 1990] con la Asociación para la Paz, el Consejo de OTAN–Rusia, etc., que en los papeles sonaba muy bien porque Rusia iba a participar en los debates. Pero después era bastante formal la participación de Rusia. Entonces, para mí, el objetivo de Europa, en lugar de estar 'jugando' a la guerra, debería estar pensando en una estructura de seguridad con Rusia a partir de un acuerdo en Ucrania", concluye Hutschenreuter.
martes, 30 de diciembre de 2025
Irán y el precio de la soberanía: ¿qué se necesita para no ser un Estado cliente?
Recomiendo:
Irán y el precio de la soberanía: ¿qué se necesita para no ser un Estado cliente?
Por Behrooz Ghamari-Tabrizi | 29/12/2025 | Mundo
Fuentes: Voces del Mundo [Foto: Un hombre sostiene un retrato del ayatolá Alí Jamenei (EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH)]
El 12 de junio de 2025, por primera vez en más de veinte años, la junta de gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) aprobó una resolución en la que declaraba que Teherán estaba incumpliendo sus obligaciones en materia de no proliferación. Al día siguiente, el 13 de junio, aviones de combate israelíes iniciaron una campaña de bombardeos sobre Teherán y otras ciudades importantes de Irán. Con la ayuda de sus aliados dentro del país, asesinaron a altos mandos militares, mataron a destacados científicos nucleares en sus residencias junto con sus familias, bombardearon la reunión del gabinete en Teherán, hiriendo al presidente, bombardearon indiscriminadamente zonas residenciales urbanas e incluso atacaron la prisión de Evin, donde se encuentran recluidos la mayoría de los presos políticos. Estados Unidos proporcionó información de inteligencia, repostó sus aviones de combate en pleno vuelo y, finalmente, entró directamente en la guerra bombardeando las instalaciones de enriquecimiento nuclear iraníes con armas antibúnker.
Este ataque israelí no provocado se produjo en medio de unas negociaciones aparentemente constructivas entre Irán y Estados Unidos en Roma y Mascate. El ataque del viernes 13 se produjo justo antes de que ambos países se reunieran el domingo 15 para ultimar un marco para nuevos acuerdos sobre el programa de enriquecimiento iraní. En total, cerca de 1.000 personas murieron en los ataques israelíes, miles resultaron heridas y cientos de familias perdieron sus hogares.
No hay pruebas sólidas de que la junta de la AIEA coordinara la publicación de su informe con los israelíes. Pero la sospechosa coincidencia entre el momento de la publicación del informe y los ataques israelíes da credibilidad a las afirmaciones de la República Islámica de que algunos de los inspectores de la AIEA espiaban para Israel. En su informe, la AIEA desenterró cuestiones de hace veinte años sobre partículas altamente enriquecidas encontradas en tres emplazamientos iraníes. El argumento a favor del incumplimiento iraní se basa principalmente en la conclusión de la Agencia de que «estas ubicaciones no declaradas formaban parte de un programa estructurado y no declarado llevado a cabo por Irán hasta principios de la década de 2000, y que algunas de estas actividades utilizaban material nuclear no declarado» (el énfasis es mío). En el informe se ocultó el hecho de que la AIEA no ha encontrado pruebas de ningún programa de armamento ni componente militar en las actividades nucleares iraníes. Solo unos días después de los ataques, el director general de la AIEA, Rafael Grossi, reiteró que «Irán no ha perseguido activamente la obtención de armas nucleares desde 2003».
Israel utilizó el informe de la AIEA para legitimar sus ilegales acciones militares. Sin embargo, ese ataque total se había estado preparando durante meses, cuando no años. No pudo haberse lanzado simplemente en respuesta al informe de la AIEA. Durante más de dos décadas, desde que se estableció uno de los regímenes de inspección más intrusivos sobre el programa de enriquecimiento iraní, la AIEA no había citado a Irán por incumplimiento de sus obligaciones. Esto no era algo sin precedentes. En la década de 1990, la Comisión Especial de las Naciones Unidas (UNSCOM, por sus siglas en inglés), cuyo mandato era eliminar el programa de armas de destrucción masiva de Iraq, colaboró estrechamente con las agencias de inteligencia estadounidenses. A través de la UNSCOM, durante la administración Clinton, la CIA llevó a cabo ambiciosas operaciones de espionaje para infiltrarse en los aparatos de inteligencia y defensa iraquíes.
Ahora, la llamada guerra de los doce días ha terminado. Los iraníes han vuelto a la devastadora violencia perpetua de las sanciones lideradas por Estados Unidos y los asesinatos selectivos del Mossad. La administración Trump y sus aliados europeos han pedido a Irán que acepte su derrota, se rinda incondicionalmente y «regrese» a la mesa de negociaciones. Le piden a Irán que desmantele su tecnología nuclear, detenga la producción de su programa de misiles avanzados, cese su apoyo a la causa palestina y ponga fin a su red conocida como el «eje de la resistencia» contra el expansionismo israelí y estadounidense. En otras palabras, que se convierta en un Estado cliente. Irán es uno de los pocos frentes que quedan de desafío contra la postura extorsionadora estadounidense y la carnicería israelí que ha envuelto a Oriente Medio. Ese desafío tiene un precio muy alto.
Estados Unidos desea volver a la alineación de Oriente Medio anterior a la revolución de 1979, con Irán como un Estado cliente que proteja los intereses estadounidenses en la región. Durante más de cuatro décadas este objetivo ha determinado la posición estratégica de Estados Unidos hacia Irán. Las sucesivas administraciones estadounidenses han aplicado esta política con campañas de intimidación, la construcción de más de una docena de bases aéreas y navales permanentes en la región, sabotajes, amenazas militares, sanciones draconianas y, en última instancia, bajo la administración Trump, el bombardeo de instalaciones de enriquecimiento nuclear. Estados Unidos no aspira necesariamente a devolver al poder a la monarquía prerrevolucionaria, aunque la CIA utiliza al hijo del derrocado sha como espantapájaros en sesiones fotográficas. Pero busca instaurar un Estado que carezca de la autoridad necesaria para desafiar la influencia regional estadounidense, un Estado sin soberanía. A falta de eso, tal vez un Estado fallido sirva…
Estados Unidos ha rodeado Irán con bases militares permanentes para contener cualquier influencia que la República Islámica pueda ejercer en la política regional.
El objetivo declarado del Gobierno israelí ha sido el derrocamiento de la República Islámica y la balcanización de Irán. Los israelíes, con la ayuda de sus partidarios estadounidenses y europeos, desean explotar la composición multiétnica de Irán, en particular los kurdos, azeríes y baluchis, y profundizar las tensiones entre las minoritarias comunidades suníes minoritarias y la clase chií gobernante para replicar un modelo sirio/libio de Estado fallido. Desde el final de la guerra entre Irán e Iraq en 1988, el Mossad y los estrategas de las Fuerzas de Defensa de Israel han ideado y ejecutado diversos planes para infiltrarse en los grupos minoritarios de la oposición con el fin de fomentar los disturbios étnicos y dividir Irán. Israel también apoya a los partidos de la oposición, en particular al Mojahedin-e Khalq (MEK) y a las organizaciones monárquicas del hijo exiliado del difunto sha, con inteligencia, fondos y una vasta red de propaganda para crear inestabilidad dentro del país. La aparición del MEK como representante sionista y mercenario del proyecto neoconservador estadounidense muestra lo profundamente que se ha transformado la política de Oriente Medio desde la revolución de 1979. El MEK, una organización revolucionaria de izquierda y antiimperialista en la década de 1970, acoge ahora a John Bolton y Rudy Giuliani como oradores principales en sus convenciones. El ataque no provocado de Israel contra Irán el 13 de junio de 2025 fue posible principalmente gracias al entrenamiento de comandos iraníes por el Mossad dentro del país. Estos sabotearon o destruyeron con éxito las defensas aéreas iraníes antes de los ataques israelíes y permitieron que los aviones de combate israelíes volaran libremente por los cielos iraníes.
La guerra de doce días contra Irán produjo dos resultados inesperados importantes. Con su superioridad aérea y su capacidad para decapitar el aparato militar y de inteligencia iraní, los israelíes esperaban un rápido desmantelamiento del régimen. Estaban tan seguros de sí mismos que enviaron un mensaje de voz a los principales líderes militares al comienzo de las operaciones ordenándoles que dimitieran o serían asesinados junto con toda su familia. El mensaje, filtrado al Washington Post y escuchado en farsi, advertía: «Les advierto que tienen doce horas para escapar con sus esposas e hijos», dijo un agente de inteligencia, cuya voz había sido alterada en la grabación. «De lo contrario, están en nuestra lista ahora mismo». Los líderes militares iraníes no solo rechazaron ese «consejo», sino que reunieron a su estructura de mando herida y lanzaron formidables ataques con misiles de contraofensiva. Irán infligió una destrucción sin precedentes en el interior de Israel, lo que obligó a los israelíes a pedir a Estados Unidos una participación más directa en la guerra. Ante el alarmante agotamiento de sus interceptores antimisiles, los israelíes suplicaron un alto el fuego inmediato. Una semana después del inicio de la guerra, Irán logró romper el sistema de defensa aérea israelí «Cúpula de Hierro», supuestamente impenetrable.
El segundo acontecimiento inesperado de la guerra de doce días fue la forma en que los iraníes se unieron en torno a la bandera. Las debilitantes sanciones y el capitalismo clientelar que han fomentado han provocado graves dificultades económicas para la mayoría de los iraníes. Los israelíes creían que su ataque convertiría esas dificultades y la corrupción económica rampante de las clases dirigentes en protestas masivas contra la República Islámica. Además, el orden político parecía especialmente vulnerable tras las protestas de «Mujeres, Vida, Libertad» que se prolongaron durante un año. Los estrategas israelíes creían que la discordia social en torno a la política de género en Irán resurgiría tras la campaña de bombardeos. Ese cálculo resultó erróneo; de hecho, las cosas funcionaron en sentido contrario. Atacar Irán con bombas de fabricación estadounidense, lanzadas desde aviones de combate de fabricación estadounidense, que caían sobre las casas y los barrios de la población, reavivó el sentimiento nacionalista y solo dio credibilidad a la larga caracterización de la República Islámica de Estados Unidos e Israel como amenazas existenciales. La percepción pública de que el líder supremo está plagado de una «paranoia ciega» hacia las potencias occidentales ya no podía mantenerse. Esa fugaz sensación de solidaridad podría no durar. Pero el cálculo de que los iraníes estaban dispuestos a aceptar cualquier cosa menos la República Islámica resultó ser prematuro.
Durante varias décadas, las agencias de inteligencia occidentales promovieron la idea de que el ayatolá Jamenei sufre un caso crónico de paranoia y cree que Estados Unidos e Israel están conspirando para derrocar a la República Islámica. Este tipo de imágenes se utilizan habitualmente en los medios de comunicación occidentales para representar la mentalidad paranoica de Jamenei.
Como suele ocurrir, tras el cese de los combates, comenzó una guerra de relatos. El presidente Trump afirmó que las bombas estadounidenses habían aniquilado las instalaciones nucleares iraníes y obligado al régimen iraní a aceptar su inevitable derrota. Pidió a la República Islámica que se rindiera sin condiciones y aceptara la exigencia estadounidense de cerrar sus programas de enriquecimiento. Los israelíes celebraron la demostración pública de su poderío militar y su capacidad de inteligencia sin revelar el alcance de los daños causados por los ataques con misiles iraníes. Irán demostró que no es otro Iraq, Siria o Libia y que puede resistir el ataque de dos potencias nucleares. Demostró que puede responder y que lo hará con su propio poderío militar.
La guerra de relatos determina cuáles serán los próximos pasos en el conflicto entre Irán e Israel y sus aliados occidentales. Estados Unidos, Israel y sus tres socios dispuestos, la troika formada por Reino Unido, Alemania y Francia, han dejado claro que Irán se enfrenta a dos opciones, y que ambas conducirán al estatus de cliente que exige Estados Unidos. Cuando piden a Irán que «vuelva» a la mesa de negociaciones, sin importarles que Irán nunca la haya abandonado, ni que Israel tenga la costumbre de asesinar a los negociadores, lo que quieren decir es que Irán debe someterse a sus condiciones: detener el programa de enriquecimiento, cerrar su producción de misiles y poner fin a sus relaciones con sus aliados en la región.
En mayor o menor medida, los grupos de la oposición iraní han intentado aprovechar los ataques israelíes para promover su propia agenda. Los monárquicos, el MEK y otros defensores de la intervención militar creen que la República Islámica está al borde del colapso y que Occidente debe actuar con rapidez para derrocar al régimen de Teherán. Sus miembros colaboraron con el Mossad y promovieron esa colaboración como su misión patriótica para liberar a Irán del yugo de la República Islámica.
Tras la guerra, una coalición de grupos y personalidades que han estado trabajando desde dentro del orden político existente para transformar la República Islámica, el Frente Reformista de Irán, emite un comunicado en el que sostiene que la única solución para superar la crisis actual es aceptar los términos y condiciones propuestos por Estados Unidos. La declaración pide una serie de reformas, como la liberación de los presos políticos, el respeto de la libertad de expresión, la revisión de las leyes que promueven la discriminación de género, elecciones libres y políticas anticorrupción. Son demandas que deben respetarse. Hay muchos actores políticos y de la sociedad civil que se han organizado en torno a esas demandas y han obtenido éxitos considerables en esos frentes en las últimas décadas. Muchos de esos actores han pagado un alto precio por su activismo, desde largas penas de prisión hasta el exilio o cosas peores. Lo preocupante de la declaración es que une estas preocupaciones legítimas con la forma en que sitúa a Irán en el orden mundial existente: Irán como el paria. Irán debe poner fin a su hostilidad hacia el orden mundial existente, afirma la declaración, ¡y acabar con su aislamiento internacional! Pero ¿cómo se logra ese objetivo y qué condiciones debe cumplir la República Islámica para ser aceptada en ese orden mundial? ¿Hay lugar en ese orden mundial para una nación que se niega a ser un Estado cliente?
Un número considerable de quienes han trabajado desde dentro de las clases dominantes para reformar el orden político, así como muchos intelectuales públicos, suscriben este relato hegemónico que sostiene que: (a) las amenazas de guerra contra Irán disminuirán si la República Islámica inicia una reforma estructural significativa para garantizar las libertades civiles y consiente en celebrar elecciones libres y justas; (b) Irán debe respetar el orden internacional existente y acatar sus leyes y convenciones; (c) la República Islámica es la fuente de inestabilidad en la región y debe detener su programa de enriquecimiento, degradar su capacidad militar, abandonar a sus aliados regionales, «el eje de la resistencia», y reconocer al Estado de Israel, sin responsabilizarlo por el genocidio en Gaza y por atacar a Irán.
No es necesario profundizar en la lógica que sostiene que el carácter autoritario de la República Islámica es el culpable de los ataques israelíes y las hostilidades estadounidenses hacia Irán. Si la represión en Irán hubiera perturbado la conciencia de los estrategas estadounidenses, los aliados de Estados Unidos en la región deberían haber sido las cunas de la democracia en Oriente Medio. La apropiación instrumental de la causa de los derechos humanos y las libertades civiles en Irán no es más que una cortina de humo para las ideologías expansionistas israelíes y estadounidenses.
Por ejemplo, el 30 de septiembre de 2025, la cuenta Farsi X del Departamento de Estado de EE. UU. publicó una foto de la presa política Pakhshan Azizi en la que colocaron una bandera estadounidense y el sello del Departamento de Estado, pedían a Irán que revocara su sentencia de muerte y la liberara de inmediato. El mensaje original del Departamento de Estado en inglés también instaba a la República Islámica a respetar los actos pacíficos de protesta y a dejar de perseguir a los kurdos y otras minorías étnicas por sus legítimas reivindicaciones contra la discriminación.
Cartel del Departamento de Estado de EE. UU., en el que reza: Pedimos al régimen iraní que detenga la ejecución de Pakhshan Azizi y la libere de inmediato.
Mensaje de Pakhshan Azizi desde la cárcel: Estados Unidos debe poner fin a su belicismo, sus ataques militares y sus crímenes en la región.
Pakhshan Azizi es una trabajadora social kurda que ha prestado activamente servicios sociales y asesoramiento a víctimas del ISIS en el noreste de Siria. Regresó a Irán y fue detenida en el verano de 2023 acusada de pertenecer a un grupo armado kurdo. Fue condenada a muerte por un tribunal de primera instancia y está a la espera del resultado de su recurso. En respuesta al llamamiento del Departamento de Estado de los Estados Unidos para que sea puesta en libertad, desde su celda en el corredor de la muerte de la prisión de Evin, envió un mensaje en el que rechazaba la siniestra instrumentalización estadounidense de su caso.
Rechazo todas las acusaciones infundadas que se me imputan y estoy en proceso de apelar la injusta sentencia de muerte dictada por el poder judicial. También me gustaría referirme a la reciente declaración del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que parecía expresar su apoyo hacia mí. Si el Gobierno de los Estados Unidos cree verdaderamente en los principios de los derechos humanos y la humanidad, debe poner fin primero a su belicismo, agresión y crímenes en la región. También debe poner fin a su apoyo explícito al régimen sionista, que comete genocidio contra el pueblo de Gaza. Durante décadas, Estados Unidos ha impuesto sanciones y bloqueos económicos que han causado un inmenso sufrimiento y dificultades a personas inocentes. Si Estados Unidos valora genuinamente la dignidad humana, debe poner fin a estas políticas inhumanas. También espero que el pueblo estadounidense se dé cuenta de que las declaraciones de su Gobierno están muy lejos de la compasión y el respeto genuino por los derechos humanos. (Traducido del farsi por Yassamine Mather).
Desde casi la mañana siguiente a la revolución de 1979 que derrocó el régimen del sha los partidos de la oposición han abogado por un cambio de régimen, creyendo que los días de la República Islámica están contados. La oposición a la República Islámica ha adoptado muchas formas diferentes, incluidos movimientos sindicales organizados, campañas por las libertades civiles, la libertad de prensa, movimientos de mujeres por la igualdad de derechos y contra la discriminación de género. Pero siempre ha habido quienes han abogado por la intervención extranjera, desde la invasión iraquí de Irán en la década de 1980 hasta la última guerra israelo-estadounidense contra Irán. La guerra de doce días ofreció una nueva esperanza a aquellos intervencionistas que creen que la servidumbre al imperio es el precio de la libertad. El mensaje de Pakhshan Azizi reitera con fuerza que la lucha por la justicia social no puede encontrar su solución en la aquiescencia ante el imperio.
Es curioso que se responsabilice únicamente a Irán de la inestabilidad regional y se pida a la República Islámica que respete los tratados y convenciones internacionales. No hay duda de que la República Islámica se niega a convertirse en un cliente de Estados Unidos, y esta negativa explica en gran medida cómo se resisten al dominio estadounidense en Oriente Medio y han estado compitiendo con los aliados de Estados Unidos, en particular con Israel, por la influencia en la región. Durante las últimas cuatro décadas Irán ha construido una coalición antisionista principalmente como proyecto disuasorio, más que expansionista. El apoyo de la República Islámica a la causa palestina se ha conformado siempre para dar prioridad a los intereses nacionales iraníes sobre la liberación de Palestina. A pesar de su retórica provocadora, Irán nunca ha cometido ninguna agresión contra Israel. De hecho, dentro del país, los defensores radicales de la causa palestina han criticado al Estado por su inacción ante las agresiones israelíes, como los asesinatos de científicos nucleares iraníes durante una década, el bombardeo del consulado iraní en Damasco, el asesinato del negociador jefe de Hamás, Ismael Hanieh, en Teherán, y diversos tipos de sabotajes en las infraestructuras iraníes.
La exigencia orwelliana de que Irán respete las leyes internacionales, cuando Israel ha violado repetidamente la soberanía iraní y Estados Unidos ha bombardeado ilegalmente las instalaciones nucleares de Irán, no tiene ningún sentido, salvo pedir a Irán que capitule ante las condiciones estadounidenses e israelíes. Ningún otro país del mundo ha violado las leyes internacionales tantas veces como Israel y Estados Unidos. El orden mundial al que se obliga a Irán a adherirse exige una sumisión total a los intereses del imperialismo estadounidense.
Como quedó patente con la publicación del plan de paz de Trump para Gaza, compuesto por 20 puntos, las negociaciones de la Administración Trump no tienen otro significado que «acéptalo o te aniquilaremos». Al igual que sus propuestas unilaterales a Irán, la Casa Blanca redactó la propuesta de paz para Gaza sin ninguna aportación de los palestinos. Revisaron la propuesta original tras consultar con Netanyahu y publicaron el borrador final como plan de paz sin contar con la otra parte del proceso de paz, los palestinos, en la mesa de negociaciones. Estados Unidos permitió a Netanyahu crear lagunas clave en el acuerdo para garantizar que Israel pueda continuar con su genocidio en Gaza, independientemente del acuerdo de «alto el fuego». En efecto, al igual que con Irán, Estados Unidos e Israel siguen la misma lógica política con Hamás: o se rinden o mueren. Esta lógica carece de garantías de que, si se rinden, no serán asesinados. Y para asegurar esta paz duradera han redactado un nuevo «mandato» para gobernar Palestina bajo el virreinato del ex primer ministro británico Tony Blair. La inquietante referencia a un «mandato» es otra muestra de las desenfrenadas ambiciones imperiales que persiguen Estados Unidos, Israel y sus aliados europeos.
Muchos iraníes están agotados tras décadas de sanciones y un aparato estatal represivo al que las sanciones otorgan más legitimidad y longevidad. No es de extrañar que muchos dentro del país estén dispuestos a rendirse y aceptar cualquier acuerdo que les ofrezca Estados Unidos. En el país existe la conciencia de que la balcanización de Irán es una posibilidad real, al igual que los escenarios de «Estado fallido» de Libia, Siria e Iraq, con la desintegración total de la sociedad. Al mismo tiempo, seguir viviendo en el purgatorio de las constantes amenazas de guerra y destrucción, mientras se gestionan los efectos de las draconianas sanciones impuestas al país, ha empujado a amplios sectores de la clase política, los intelectuales públicos y la población en general hacia una política de resignación.
No quedan buenas opciones para la República Islámica ni para los súbditos a los que gobierna. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha borrado momentáneamente la distinción entre el Estado y la nación. A medida que se desvanece la influencia unificadora de la guerra, los iraníes de todos los ámbitos de la vida se enfrentan a una privación y una disparidad económicas irresolubles, mientras que el asediado Estado lucha contra la avaricia sin límites del imperio estadounidense y sus compinches. Los iraníes deben desvincular la defensa de la soberanía del país de la lucha por la justicia social y las libertades civiles. Queda por ver si la soberanía iraní permanecerá intacta una vez que se calme la guerra. Eso si es que alguna vez se calma el polvo de la guerra con las ambiciones israelíes y el deseo de Occidente de tomar la pluma para redibujar el mapa de Oriente Medio.
Behrooz Ghamari-Tabrizi es un historiador, sociólogo y profesor estadounidense nacido en Irán. Behrooz está afiliado al Instituto Elahé Omidyar Mir-Djalali de Estudios Iraníes de la Universidad de Toronto. Es expresidente del Departamento de Estudios del Cercano Oriente de la Universidad de Princeton y autor de Islam and Dissent in Postrevolutionary Iran (2008); Foucault in Iran: Islamic Revolution after the Enlightenment (2016); Remembering Akbar (OR/Books, 2016); y The Long War on Iran: New Events and Old Question (OR/Books, enero de 2025).
Texto en inglés: CounterPunch, traducido por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2025/12/25/iran-y-el-precio-de-la-soberania-que-se-necesita-para-no-ser-un-estado-cliente/ necesita para no ser un Estado clien
Por Behrooz Ghamari-Tabrizi | 29/12/2025 | Mundo
Fuentes: Voces del Mundo [Foto: Un hombre sostiene un retrato del ayatolá Alí Jamenei (EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH)]
El 12 de junio de 2025, por primera vez en más de veinte años, la junta de gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) aprobó una resolución en la que declaraba que Teherán estaba incumpliendo sus obligaciones en materia de no proliferación. Al día siguiente, el 13 de junio, aviones de combate israelíes iniciaron una campaña de bombardeos sobre Teherán y otras ciudades importantes de Irán. Con la ayuda de sus aliados dentro del país, asesinaron a altos mandos militares, mataron a destacados científicos nucleares en sus residencias junto con sus familias, bombardearon la reunión del gabinete en Teherán, hiriendo al presidente, bombardearon indiscriminadamente zonas residenciales urbanas e incluso atacaron la prisión de Evin, donde se encuentran recluidos la mayoría de los presos políticos. Estados Unidos proporcionó información de inteligencia, repostó sus aviones de combate en pleno vuelo y, finalmente, entró directamente en la guerra bombardeando las instalaciones de enriquecimiento nuclear iraníes con armas antibúnker.
Este ataque israelí no provocado se produjo en medio de unas negociaciones aparentemente constructivas entre Irán y Estados Unidos en Roma y Mascate. El ataque del viernes 13 se produjo justo antes de que ambos países se reunieran el domingo 15 para ultimar un marco para nuevos acuerdos sobre el programa de enriquecimiento iraní. En total, cerca de 1.000 personas murieron en los ataques israelíes, miles resultaron heridas y cientos de familias perdieron sus hogares.
No hay pruebas sólidas de que la junta de la AIEA coordinara la publicación de su informe con los israelíes. Pero la sospechosa coincidencia entre el momento de la publicación del informe y los ataques israelíes da credibilidad a las afirmaciones de la República Islámica de que algunos de los inspectores de la AIEA espiaban para Israel. En su informe, la AIEA desenterró cuestiones de hace veinte años sobre partículas altamente enriquecidas encontradas en tres emplazamientos iraníes. El argumento a favor del incumplimiento iraní se basa principalmente en la conclusión de la Agencia de que «estas ubicaciones no declaradas formaban parte de un programa estructurado y no declarado llevado a cabo por Irán hasta principios de la década de 2000, y que algunas de estas actividades utilizaban material nuclear no declarado» (el énfasis es mío). En el informe se ocultó el hecho de que la AIEA no ha encontrado pruebas de ningún programa de armamento ni componente militar en las actividades nucleares iraníes. Solo unos días después de los ataques, el director general de la AIEA, Rafael Grossi, reiteró que «Irán no ha perseguido activamente la obtención de armas nucleares desde 2003».
Israel utilizó el informe de la AIEA para legitimar sus ilegales acciones militares. Sin embargo, ese ataque total se había estado preparando durante meses, cuando no años. No pudo haberse lanzado simplemente en respuesta al informe de la AIEA. Durante más de dos décadas, desde que se estableció uno de los regímenes de inspección más intrusivos sobre el programa de enriquecimiento iraní, la AIEA no había citado a Irán por incumplimiento de sus obligaciones. Esto no era algo sin precedentes. En la década de 1990, la Comisión Especial de las Naciones Unidas (UNSCOM, por sus siglas en inglés), cuyo mandato era eliminar el programa de armas de destrucción masiva de Iraq, colaboró estrechamente con las agencias de inteligencia estadounidenses. A través de la UNSCOM, durante la administración Clinton, la CIA llevó a cabo ambiciosas operaciones de espionaje para infiltrarse en los aparatos de inteligencia y defensa iraquíes.
Ahora, la llamada guerra de los doce días ha terminado. Los iraníes han vuelto a la devastadora violencia perpetua de las sanciones lideradas por Estados Unidos y los asesinatos selectivos del Mossad. La administración Trump y sus aliados europeos han pedido a Irán que acepte su derrota, se rinda incondicionalmente y «regrese» a la mesa de negociaciones. Le piden a Irán que desmantele su tecnología nuclear, detenga la producción de su programa de misiles avanzados, cese su apoyo a la causa palestina y ponga fin a su red conocida como el «eje de la resistencia» contra el expansionismo israelí y estadounidense. En otras palabras, que se convierta en un Estado cliente. Irán es uno de los pocos frentes que quedan de desafío contra la postura extorsionadora estadounidense y la carnicería israelí que ha envuelto a Oriente Medio. Ese desafío tiene un precio muy alto.
Estados Unidos desea volver a la alineación de Oriente Medio anterior a la revolución de 1979, con Irán como un Estado cliente que proteja los intereses estadounidenses en la región. Durante más de cuatro décadas este objetivo ha determinado la posición estratégica de Estados Unidos hacia Irán. Las sucesivas administraciones estadounidenses han aplicado esta política con campañas de intimidación, la construcción de más de una docena de bases aéreas y navales permanentes en la región, sabotajes, amenazas militares, sanciones draconianas y, en última instancia, bajo la administración Trump, el bombardeo de instalaciones de enriquecimiento nuclear. Estados Unidos no aspira necesariamente a devolver al poder a la monarquía prerrevolucionaria, aunque la CIA utiliza al hijo del derrocado sha como espantapájaros en sesiones fotográficas. Pero busca instaurar un Estado que carezca de la autoridad necesaria para desafiar la influencia regional estadounidense, un Estado sin soberanía. A falta de eso, tal vez un Estado fallido sirva…
Estados Unidos ha rodeado Irán con bases militares permanentes para contener cualquier influencia que la República Islámica pueda ejercer en la política regional.
El objetivo declarado del Gobierno israelí ha sido el derrocamiento de la República Islámica y la balcanización de Irán. Los israelíes, con la ayuda de sus partidarios estadounidenses y europeos, desean explotar la composición multiétnica de Irán, en particular los kurdos, azeríes y baluchis, y profundizar las tensiones entre las minoritarias comunidades suníes minoritarias y la clase chií gobernante para replicar un modelo sirio/libio de Estado fallido. Desde el final de la guerra entre Irán e Iraq en 1988, el Mossad y los estrategas de las Fuerzas de Defensa de Israel han ideado y ejecutado diversos planes para infiltrarse en los grupos minoritarios de la oposición con el fin de fomentar los disturbios étnicos y dividir Irán. Israel también apoya a los partidos de la oposición, en particular al Mojahedin-e Khalq (MEK) y a las organizaciones monárquicas del hijo exiliado del difunto sha, con inteligencia, fondos y una vasta red de propaganda para crear inestabilidad dentro del país. La aparición del MEK como representante sionista y mercenario del proyecto neoconservador estadounidense muestra lo profundamente que se ha transformado la política de Oriente Medio desde la revolución de 1979. El MEK, una organización revolucionaria de izquierda y antiimperialista en la década de 1970, acoge ahora a John Bolton y Rudy Giuliani como oradores principales en sus convenciones. El ataque no provocado de Israel contra Irán el 13 de junio de 2025 fue posible principalmente gracias al entrenamiento de comandos iraníes por el Mossad dentro del país. Estos sabotearon o destruyeron con éxito las defensas aéreas iraníes antes de los ataques israelíes y permitieron que los aviones de combate israelíes volaran libremente por los cielos iraníes.
La guerra de doce días contra Irán produjo dos resultados inesperados importantes. Con su superioridad aérea y su capacidad para decapitar el aparato militar y de inteligencia iraní, los israelíes esperaban un rápido desmantelamiento del régimen. Estaban tan seguros de sí mismos que enviaron un mensaje de voz a los principales líderes militares al comienzo de las operaciones ordenándoles que dimitieran o serían asesinados junto con toda su familia. El mensaje, filtrado al Washington Post y escuchado en farsi, advertía: «Les advierto que tienen doce horas para escapar con sus esposas e hijos», dijo un agente de inteligencia, cuya voz había sido alterada en la grabación. «De lo contrario, están en nuestra lista ahora mismo». Los líderes militares iraníes no solo rechazaron ese «consejo», sino que reunieron a su estructura de mando herida y lanzaron formidables ataques con misiles de contraofensiva. Irán infligió una destrucción sin precedentes en el interior de Israel, lo que obligó a los israelíes a pedir a Estados Unidos una participación más directa en la guerra. Ante el alarmante agotamiento de sus interceptores antimisiles, los israelíes suplicaron un alto el fuego inmediato. Una semana después del inicio de la guerra, Irán logró romper el sistema de defensa aérea israelí «Cúpula de Hierro», supuestamente impenetrable.
El segundo acontecimiento inesperado de la guerra de doce días fue la forma en que los iraníes se unieron en torno a la bandera. Las debilitantes sanciones y el capitalismo clientelar que han fomentado han provocado graves dificultades económicas para la mayoría de los iraníes. Los israelíes creían que su ataque convertiría esas dificultades y la corrupción económica rampante de las clases dirigentes en protestas masivas contra la República Islámica. Además, el orden político parecía especialmente vulnerable tras las protestas de «Mujeres, Vida, Libertad» que se prolongaron durante un año. Los estrategas israelíes creían que la discordia social en torno a la política de género en Irán resurgiría tras la campaña de bombardeos. Ese cálculo resultó erróneo; de hecho, las cosas funcionaron en sentido contrario. Atacar Irán con bombas de fabricación estadounidense, lanzadas desde aviones de combate de fabricación estadounidense, que caían sobre las casas y los barrios de la población, reavivó el sentimiento nacionalista y solo dio credibilidad a la larga caracterización de la República Islámica de Estados Unidos e Israel como amenazas existenciales. La percepción pública de que el líder supremo está plagado de una «paranoia ciega» hacia las potencias occidentales ya no podía mantenerse. Esa fugaz sensación de solidaridad podría no durar. Pero el cálculo de que los iraníes estaban dispuestos a aceptar cualquier cosa menos la República Islámica resultó ser prematuro.
Durante varias décadas, las agencias de inteligencia occidentales promovieron la idea de que el ayatolá Jamenei sufre un caso crónico de paranoia y cree que Estados Unidos e Israel están conspirando para derrocar a la República Islámica. Este tipo de imágenes se utilizan habitualmente en los medios de comunicación occidentales para representar la mentalidad paranoica de Jamenei.
Como suele ocurrir, tras el cese de los combates, comenzó una guerra de relatos. El presidente Trump afirmó que las bombas estadounidenses habían aniquilado las instalaciones nucleares iraníes y obligado al régimen iraní a aceptar su inevitable derrota. Pidió a la República Islámica que se rindiera sin condiciones y aceptara la exigencia estadounidense de cerrar sus programas de enriquecimiento. Los israelíes celebraron la demostración pública de su poderío militar y su capacidad de inteligencia sin revelar el alcance de los daños causados por los ataques con misiles iraníes. Irán demostró que no es otro Iraq, Siria o Libia y que puede resistir el ataque de dos potencias nucleares. Demostró que puede responder y que lo hará con su propio poderío militar.
La guerra de relatos determina cuáles serán los próximos pasos en el conflicto entre Irán e Israel y sus aliados occidentales. Estados Unidos, Israel y sus tres socios dispuestos, la troika formada por Reino Unido, Alemania y Francia, han dejado claro que Irán se enfrenta a dos opciones, y que ambas conducirán al estatus de cliente que exige Estados Unidos. Cuando piden a Irán que «vuelva» a la mesa de negociaciones, sin importarles que Irán nunca la haya abandonado, ni que Israel tenga la costumbre de asesinar a los negociadores, lo que quieren decir es que Irán debe someterse a sus condiciones: detener el programa de enriquecimiento, cerrar su producción de misiles y poner fin a sus relaciones con sus aliados en la región.
En mayor o menor medida, los grupos de la oposición iraní han intentado aprovechar los ataques israelíes para promover su propia agenda. Los monárquicos, el MEK y otros defensores de la intervención militar creen que la República Islámica está al borde del colapso y que Occidente debe actuar con rapidez para derrocar al régimen de Teherán. Sus miembros colaboraron con el Mossad y promovieron esa colaboración como su misión patriótica para liberar a Irán del yugo de la República Islámica.
Tras la guerra, una coalición de grupos y personalidades que han estado trabajando desde dentro del orden político existente para transformar la República Islámica, el Frente Reformista de Irán, emite un comunicado en el que sostiene que la única solución para superar la crisis actual es aceptar los términos y condiciones propuestos por Estados Unidos. La declaración pide una serie de reformas, como la liberación de los presos políticos, el respeto de la libertad de expresión, la revisión de las leyes que promueven la discriminación de género, elecciones libres y políticas anticorrupción. Son demandas que deben respetarse. Hay muchos actores políticos y de la sociedad civil que se han organizado en torno a esas demandas y han obtenido éxitos considerables en esos frentes en las últimas décadas. Muchos de esos actores han pagado un alto precio por su activismo, desde largas penas de prisión hasta el exilio o cosas peores. Lo preocupante de la declaración es que une estas preocupaciones legítimas con la forma en que sitúa a Irán en el orden mundial existente: Irán como el paria. Irán debe poner fin a su hostilidad hacia el orden mundial existente, afirma la declaración, ¡y acabar con su aislamiento internacional! Pero ¿cómo se logra ese objetivo y qué condiciones debe cumplir la República Islámica para ser aceptada en ese orden mundial? ¿Hay lugar en ese orden mundial para una nación que se niega a ser un Estado cliente?
Un número considerable de quienes han trabajado desde dentro de las clases dominantes para reformar el orden político, así como muchos intelectuales públicos, suscriben este relato hegemónico que sostiene que: (a) las amenazas de guerra contra Irán disminuirán si la República Islámica inicia una reforma estructural significativa para garantizar las libertades civiles y consiente en celebrar elecciones libres y justas; (b) Irán debe respetar el orden internacional existente y acatar sus leyes y convenciones; (c) la República Islámica es la fuente de inestabilidad en la región y debe detener su programa de enriquecimiento, degradar su capacidad militar, abandonar a sus aliados regionales, «el eje de la resistencia», y reconocer al Estado de Israel, sin responsabilizarlo por el genocidio en Gaza y por atacar a Irán.
No es necesario profundizar en la lógica que sostiene que el carácter autoritario de la República Islámica es el culpable de los ataques israelíes y las hostilidades estadounidenses hacia Irán. Si la represión en Irán hubiera perturbado la conciencia de los estrategas estadounidenses, los aliados de Estados Unidos en la región deberían haber sido las cunas de la democracia en Oriente Medio. La apropiación instrumental de la causa de los derechos humanos y las libertades civiles en Irán no es más que una cortina de humo para las ideologías expansionistas israelíes y estadounidenses.
Por ejemplo, el 30 de septiembre de 2025, la cuenta Farsi X del Departamento de Estado de EE. UU. publicó una foto de la presa política Pakhshan Azizi en la que colocaron una bandera estadounidense y el sello del Departamento de Estado, pedían a Irán que revocara su sentencia de muerte y la liberara de inmediato. El mensaje original del Departamento de Estado en inglés también instaba a la República Islámica a respetar los actos pacíficos de protesta y a dejar de perseguir a los kurdos y otras minorías étnicas por sus legítimas reivindicaciones contra la discriminación.
Cartel del Departamento de Estado de EE. UU., en el que reza: Pedimos al régimen iraní que detenga la ejecución de Pakhshan Azizi y la libere de inmediato.
Mensaje de Pakhshan Azizi desde la cárcel: Estados Unidos debe poner fin a su belicismo, sus ataques militares y sus crímenes en la región.
Pakhshan Azizi es una trabajadora social kurda que ha prestado activamente servicios sociales y asesoramiento a víctimas del ISIS en el noreste de Siria. Regresó a Irán y fue detenida en el verano de 2023 acusada de pertenecer a un grupo armado kurdo. Fue condenada a muerte por un tribunal de primera instancia y está a la espera del resultado de su recurso. En respuesta al llamamiento del Departamento de Estado de los Estados Unidos para que sea puesta en libertad, desde su celda en el corredor de la muerte de la prisión de Evin, envió un mensaje en el que rechazaba la siniestra instrumentalización estadounidense de su caso.
Rechazo todas las acusaciones infundadas que se me imputan y estoy en proceso de apelar la injusta sentencia de muerte dictada por el poder judicial. También me gustaría referirme a la reciente declaración del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que parecía expresar su apoyo hacia mí. Si el Gobierno de los Estados Unidos cree verdaderamente en los principios de los derechos humanos y la humanidad, debe poner fin primero a su belicismo, agresión y crímenes en la región. También debe poner fin a su apoyo explícito al régimen sionista, que comete genocidio contra el pueblo de Gaza. Durante décadas, Estados Unidos ha impuesto sanciones y bloqueos económicos que han causado un inmenso sufrimiento y dificultades a personas inocentes. Si Estados Unidos valora genuinamente la dignidad humana, debe poner fin a estas políticas inhumanas. También espero que el pueblo estadounidense se dé cuenta de que las declaraciones de su Gobierno están muy lejos de la compasión y el respeto genuino por los derechos humanos. (Traducido del farsi por Yassamine Mather).
Desde casi la mañana siguiente a la revolución de 1979 que derrocó el régimen del sha los partidos de la oposición han abogado por un cambio de régimen, creyendo que los días de la República Islámica están contados. La oposición a la República Islámica ha adoptado muchas formas diferentes, incluidos movimientos sindicales organizados, campañas por las libertades civiles, la libertad de prensa, movimientos de mujeres por la igualdad de derechos y contra la discriminación de género. Pero siempre ha habido quienes han abogado por la intervención extranjera, desde la invasión iraquí de Irán en la década de 1980 hasta la última guerra israelo-estadounidense contra Irán. La guerra de doce días ofreció una nueva esperanza a aquellos intervencionistas que creen que la servidumbre al imperio es el precio de la libertad. El mensaje de Pakhshan Azizi reitera con fuerza que la lucha por la justicia social no puede encontrar su solución en la aquiescencia ante el imperio.
Es curioso que se responsabilice únicamente a Irán de la inestabilidad regional y se pida a la República Islámica que respete los tratados y convenciones internacionales. No hay duda de que la República Islámica se niega a convertirse en un cliente de Estados Unidos, y esta negativa explica en gran medida cómo se resisten al dominio estadounidense en Oriente Medio y han estado compitiendo con los aliados de Estados Unidos, en particular con Israel, por la influencia en la región. Durante las últimas cuatro décadas Irán ha c
La Unión Europea no es una institución democrática"
- Sputnik Mundo, 1920
Ajedrez de geopolítica, Conduce Javier Benítez.
"La Unión Europea no es una institución democrática"
El fiasco observado en la última reunión del Consejo Europeo, en el que fracasó el intento de robo de los activos rusos para enviarlos al régimen corrupto de Kiev, es la culminación de un patrón prolongado y persistente, según 'The European Conservative'. El medio constata la gran manipulación como conducta del bloque comunitario.
La Comisión Europea es "un Titanic, que mejor se hunda ahora"
The European Conservative advierte que la Comisión Europea confunde el fervor moralista y la manipulación emocional con la autoridad legal, y el teatro político plagado de eslóganes con el poder real. El estilo de liderazgo de su presidenta, Ursula Von der Leyen —arrogante, performativo, impaciente con la disidencia y torpe— funciona mal en una Unión que aún se basa, inoportunamente, en tratados, unanimidad y balances nacionales.
El artículo afirma que esta es una Comisión que se ha extralimitado, ha exagerado sus argumentos y ahora se ve limitada por los mismos Estados miembros a los que pretendía disciplinar. Al fin y al cabo, no fue solo el "préstamo de reparación" de von der Leyen lo que tuvo algo de naufragio. El verdadero Titanic es esta Comisión Europea. Por el bien de Europa, que se hunda ahora, antes de que cause aún más daños.
"Ya son muchas voces en toda Europa las que se están oponiendo a este modelo de gobernanza tan equivocado y tan alejado de la realidad política y económica", observa el analista internacional Carlos Martínez.
En este contexto, el medio de comunicación sostiene que "en el Parlamento Europeo, los repetidos intentos —si bien hasta ahora infructuosos— de censurar o destituir a Von der Leyen dan testimonio de un nivel de hostilidad que ningún presidente de la Comisión puede ignorar". "Incluso cuando tales esfuerzos fracasan, dejan un residuo tóxico: la sensación de una presidencia permanentemente a la defensiva, sobreviviendo votación tras votación", remacha The European Conservative.
"La Unión Europea no es una institución democrática. Ellos [sus líderes] dicen que son el 'jardín del mundo', que son los más democráticos, los que más protegen los derechos humanos, etc., pero no es cierto, porque a la Comisión Europea no la elige el pueblo: el pueblo elige solo al Parlamento [Europeo] en unas elecciones muy trucadas. Pero a su vez, el Parlamento solo tiene unas pequeñas posibilidades de veto, o de destitución o de aprobación de la Comisión [Europea]. Pero quien realmente afecta a la Comisión es el Consejo Europeo. Entonces, durante el resto de su mandato, la Comisión actúa de forma autónoma, sin ningún criterio democrático, sin ninguna consulta a su pueblo, etcétera", sentencia Martínez.
lunes, 29 de diciembre de 2025
EE.UU. y el negocio del odio
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EE.UU. y el negocio del odio
Por Editorial de La Jornada | 29/12/2025 | EE.UU.
Fuentes: La Jornada
El gobierno del presidente Donald Trump pretende habilitar almacenes industriales para encerrar hasta 80 mil personas, al tiempo que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) impulsa un programa de cazarrecompensas que genera millones de dólares en ganancias a empresas privadas. De acuerdo con The Washington Post, los almacenes estarían ubicados cerca de importantes centros logísticos a fin de concentrar a decenas de miles de personas en un mismo punto y acelerar su deportación, mientras The Intercept dio a conocer que los contratos asociados a estos programas superan los mil millones de dólares, a entregarse de aquí a 2027.
Se trata de los más recientes ejemplos del negocio multimillonario creado o potenciado por la cruzada antimigrante del trumpismo. Como todo en Estados Unidos, localizar, secuestrar, encarcelar y deportar de manera ilegal a personas en situación migratoria irregular –o a quienes se acusa falsamente de estarlo– se ha privatizado y puesto en manos de empresas muchas veces afines a la agenda de la Casa Blanca. Mantener a una sola persona detenida cuesta 150 dólares al día, y la tarifa puede elevarse hasta los 300 dólares si se le mantiene en “instalaciones especializadas”. Así, el costo de encarcelar a 80 mil personas asciende a entre 12 y 24 millones de dólares diarios. Además, la política de mover a los secuestrados arbitrariamente de un centro de confinamiento al otro a fin de desarraigarlos de sus comunidades y dificultarles el acceso a servicios legales supone sucesivas facturas para los contribuyentes. Antes del regreso de Trump al poder, el ICE ya gastaba alrededor de 600 millones de dólares en vuelos de traslado y deportación, un monto que sin duda ha crecido conforme aumentan las operaciones de la agencia. Como los traslados se realizan en vuelos chárter, cada uno cuesta entre 25 mil y 100 mil dólares, sin importar que a bordo viajen dos o cien personas.
En la era digital, gran parte de las tareas recaen en empresas de software como Palantir, del millonario ultraderechista Peter Thiel, quien aboga abiertamente por sustituir la democracia por un totalitarismo encabezado por los titanes tecnológicos. Su compañía integra datos de escuelas, hospitales, registros de tráfico y redes sociales para crear perfiles detallados de “objetivos”, un modelo de vigilancia distópica por el que recibe contratos de cientos de millones de dólares. Anduril, de Palmer Luckey, recibirá 250 millones de dólares por erigir el “muro virtual”, consistente en cientos de torres operadas por inteligencia artificial, desplegadas a lo largo de la frontera con México para detectar a cada ser humano en el área y alertar a las autoridades.
Lo anterior es sólo una pequeña muestra de la maquinaria de persecución aceitada con billetes que se enmarca en el presupuesto sin precedentes otorgado a ICE este año, el cual es mayor al de cualquier otra agencia policiaca estadunidense y, de hecho, supera al presupuesto militar de la práctica totalidad del planeta: si el ICE fuera un ejército, sólo los de 16 países (incluido el del propio Estados Unidos) dispondrían de más recursos.
Todo ello, mientras el presidente y sus correligionarios republicanos le dicen a la gente que no hay dinero para financiar sus seguros médicos, escuelas ni la infraestructura más deteriorada entre las naciones “desarrolladas”. Si a ello se suma el impacto económico que deja la pérdida de habitantes y de la mejor mano de obra de que dispone el país, está claro que la política de odio es un enorme negocio para un puñado de millonarios a expensas de hacer a la superpotencia cada vez más pequeña.
Fuente: https://www.jornada.com.mx/2025/12/27/opinion/002a1editorial
El imperialismo y el largo genocidio palestino
Recomiendo:
El imperialismo y el largo genocidio palestino
Por Alberto García | 26/12/2025 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Hojas de Debate
Desde el primer momento la intención sionista ha sido la de ir ocupando cada vez más territorio y confinar a los palestinos, expulsarlos, o sencillamente y como han puesto de manifiesto los últimos acontecimientos, exterminarlos o destruirlos. No se trata de un hecho aislado que ha surgido actualmente, o como consecuencia de los sucesos del 7 de octubre de 1923.
El proceso de descolonización puso fin a las formas más groseras de dominación colonialista, pero las potencias imperialistas encontraron formas más sutiles de perpetuar su expolio y dominación sobre los antiguos países colonizados, sobre todo utilizando mecanismos económicos y financieros, como detalladamente ha explicado el artículo publicado en Hojas de Debate titulado “El imperialismo como terrorismo: descifrando la guerra permanente contra África”, en el que se ponen de manifiesto los diversos mecanismos de dominación que se han perpetuado, sobre todo por parte de Francia, y la respuesta que todo esto está provocando en el continente y señaladamente en Burkina Fasso, Mali y Níger.
Destaca sobre otros el uso del denominado Franco CFA, moneda que Francia ha impuesto a 14 países africanos a los que obliga a depositar el 50% de sus divisas en el Tesoro francés, impidiéndoles controlar su política monetaria, dificultando la financiación de su desarrollo y garantizándose tasas de cambio que favorecen los intereses franceses.
Por su parte EEUU mantiene 30 bases militares en el continente africano.
CREACION DEL ESTADO DE ISRAEL
Pues bien, a contracorriente del proceso histórico de descolonización que se produjo tras la segunda guerra mundial, se llevó a cabo el que supuso a la creación del Estado de Israel.
A mediados del siglo XIX Palestina formaba parte del Imperio Otomano, y su población la constituían fundamentalmente árabes, y algunos otros grupos muy minoritarios, entre ellos población judía. A finales del siglo XIX se desarrolla en Europa fundamentalmente entre sectores judíos la corriente ideológica denominada sionismo, que tenía el objetivo de crear un estado judío. Su principal impulsor fue Theodor Herzl, periodista austríaco que convocó el Primer Congreso Sionista en Basilea, Suiza, en 1897, proclamando la pretensión de obtener “un hogar en Palestina para el pueblo judío”.
El flujo migratorio de judíos hacia Palestina fue creciendo. En 1917 se produjo la declaración Balfour, que sostenía que el gobierno británico, principal potencia imperialista en la fecha y titular de facto de la posesión sobre el territorio palestino, veía favorablemente el establecimiento de la patria judía en Palestina, sosteniendo hipócritamente que ello no afectaría los derechos de las comunidades no judías de Palestina. La declaración fue apoyada por EEUU, y se convirtió en antecedente importante después de la primera guerra mundial, cuando la Sociedad de Naciones la asignó al Reino Unido el mandato oficial sobre Palestina. Dicho mandato se extendió entre 1920 y 1948.
En 1922 autorizan la creación de la Agencia Nacional Judía, que pasó a ser el embrión de un estado. A partir de 1945 cuando finaliza la segunda guerra mundial se produce una migración masiva de población judía hacia Palestina, y se desarrollan grupos armados sionistas, como el Leji y el Irgún, dirigidos fundamentalmente a combatir el mandato británico, y eliminar a los sectores progresistas israelíes, reprimiendo además a sus oponentes árabes.
El 29 de noviembre de 1947 las Naciones Unidas decidieron crear dos estados, uno árabe y otro judío, decisión que los países árabes rechazaron por completo. Jerusalén quedaba bajo administración de las Naciones Unidas. Los británicos comenzaron a retirarse de Palestina. No cabe duda que la conmoción existente tras conocerse a fondo los atroces crímenes cometidos por los nazis contra las poblaciones judías europeas tuvieron un impacto enorme sobre la conciencia mundial, facilitando el éxito de la reivindicación sionista.
El día después de la aprobación del plan de partición de Palestina las manifestaciones de alegría sionistas fueron enormes, y una visible oposición árabe. La partición era gravemente lesiva para los palestinos, que constituían todavía las dos terceras partes de la población.
Pero dicha división solo fue aceptada tácticamente por los principales dirigentes sionistas, como en su día manifestó el propio Ben Gurión. El historiador isrealí Simha Flapan ha señalado que los sionistas no aceptaban la partición, sino que solo se trataba de una jugada táctica para posteriormente continuar avanzando y expandir los territorios asignados al estado israelí.
El 14 de mayo de 1948 el último soldado británico salió de Palestina, y los sionistas declararon la creación del Estado de Israel.
La guerra subsiguiente generó el desplazamiento de unos 700 mil palestinos.
Tanto Reino Unido como Francia siguieron apoyando los intereses israelíes, concertándose con estos incluso contra los egipcios con motivo de la invasión que llevaron a cabo de aquel país tras la nacionalización del canal de Suez. A partir de 1957 cada vez se fue haciendo mayor la influencia y el respaldo incondicional americano a Israel paralelamente a ponerse de manifiesto de manera descarnada que franceses e ingleses, con su fracaso en Egipto, sin la ayuda americana no podían recuperar el canal. Generalmente se considera este momento como el de plena conciencia mundial de que la hegemonía en el mundo capitalista había pasado a los EEUU, que desde la administración Truman se habían ido estableciendo como máximos valedores del Estado de Israel y cuyo apoyo ya no hizo sino incrementarse.
Los palestinos no habían permanecido pasivos ante este proceso de incremento de la población judía, y el apoyo que al mismo iban prestando los dirigentes británicos, surgiendo la gran revuelta de 1936-1939, en la que se opusieron a la presencia tanto judía como británica y que fue duramente reprimida, de manera conjunta por británicos y sionistas; murieron cinco mil palestinos, se fortalecieron las organizaciones paramilitares sionistas y la mayor parte de la elite política y militar palestina fue forzada al exilio.
Por su parte todos los gobiernos árabes de la zona declararon su rechazo a la partición de Palestina, pues violaba el principio de autodeterminación nacional de la Carta de la ONU, que otorgaba a los pueblos el derecho a decidir su propio destino.
En definitiva, con la creación del Estado de Israel y la ocupación de los territorios palestinos se instauró una situación imperialista, colonialista, violando la autodeterminación del pueblo palestino, justo al contrario de lo que estaba sucediendo en todo el mundo.
A partir de esta grave injusticia se instauró una situación colonial en Palestina, y han ido surgiendo el conjunto de conflictos que hemos conocido, incluso las diversas guerras que se han sucedido, en los que Israel ha contado con el apoyo de los países capitalistas, y el ilimitado de EEUU.
Desde el primer momento la intención sionista ha sido la de ir ocupando cada vez más territorio y confinar a los palestinos, expulsarlos, o sencillamente y como han puesto de manifiesto los últimos acontecimientos, exterminarlos o destruirlos. No se trata de un hecho aislado que ha surgido actualmente, o como consecuencia de los sucesos del 7 de octubre de 1923.
El actual ataque genocida es una de las consecuencias más dramáticas de décadas de ocupación israelí, violencia sistemática y humillación. Se arrastra una política de colonización de décadas. Como indica Amnistía Internacional, “desde que Israel comenzó la ocupación de Gaza y Cisjordania, incluida Jerusalén oriental, en junio de 1967, las implacables políticas israelíes, de confiscación de tierras, asentamientos ilegales, e institucionalizada, han infligido un sufrimiento inmenso a la población palestina, despojándola de sus derechos fundamentales”.
“La ocupación militar es un componente clave de un cruel sistema de apartheid que oprime y somete a las personas palestinas, cuyos derechos controla Israel, incluidas las que viven en el territorio ocupado, en Israel, y en la diáspora de donde no se les permite volver.”
“La ocupación de Palestina es una de las ocupaciones militares más largas y mortíferas del mundo. Durante décadas se ha caracterizado por la práctica generalizada y sistemática de violaciones graves de derechos humanos contra la población palestina… la población palestina que vive bajo ocupación israelí se ve sometida a innumerables violaciones de derechos humanos, mantenida por un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemática. La vida cotidiana en Palestina requiere lidiar con un complejo sistema de puestos de control, vallas, muros, bases militares. El férreo control de Israel sobre todos los aspectos de la vida en Palestina, desde el Registro Civil, hasta el suministro de agua, de electricidad, de alimentos, de medicamentos, hace insoportable la vida a los ocupados… La política de expansión de asentamientos ilegales es una de las principales fuerzas impulsoras de las violaciones generalizadas de derechos humanos…”
Esto es lo que tenemos que tener en cuenta: se trata de una dominación imperialista, colonial, que dura más de 80 años, en la que los palestinos resultan sometidos a una situación insoportable dentro de su propia tierra, por un estado ocupante, que los somete a una explotación colonial y que tiene como objetivo expulsarlos de su territorio, o eliminarlos, y someter a los supervivientes a unas humillantes condiciones de vida y trabajo. Una situación que se perpetúa gracias al apoyo de las principales potencias capitalistas, y a la indiferencia y complicidad de los gobernantes de muchos de los países árabes, después de que los EEUU, Israel y las potencias capitalistas hayan conseguido ir derribando a todos aquellos gobiernos árabes que se oponían ante esta situación, como sucedió en Iraq, Libia, Siria, y pretenden que ocurra en Irán.
El insoportable genocidio que hemos contemplado y seguimos viendo perpetrado durante este último periodo ha conllevado también lo que el artículo de la periodista del diario El País, Soledad Gallego-Díaz, publicado el pasado 16-11-25, identifica como “domicidio”, es decir la destrucción deliberada de viviendas, y el que llama “urbicidio”, la destrucción deliberada de ciudades. “Atacar las ciudades garantiza que la gente no tenga donde regresar”. “Los soldados testifican que se les ha ordenado incendiar las casas en las que se han alojado, vertiendo aceite sobre cortinas, libros y colchones”. “En la práctica, la proporción de estructuras arrasadas en Rafah por ejemplo, es mayor que la de las destruidas en Hiroshima y Nagasaki”, hasta el extremo que el propio yerno de Trump ha dicho que “parecía casi como si se hubiera detonado una bomba nuclear». “Testimonios fiables explican que las autoridades israelíes están procediendo a la destrucción programada de todo tipo de documentación que acredite como eran las distintas barriadas o pueblos de la Franja de Gaza. Además, existen grupos de voluntarios que, al frente de potentes excavadoras, proceden a derribar los edificios a su alcance, sin que el ejército israelí oponga resistencia”, continúa señalando dicho artículo.
Las perspectivas que se dibujan para toda la Palestina ocupada son siniestras, y en concreto para la Franja de Gaza, sometida a un auténtico martirio, donde Israel sigue asesinando impunemente, y hacen que resulte un sarcasmo hablar de proceso de paz. Trump va a controlar todo el proceso que se ha abierto tras el pretendido alto el fuego, lo que garantiza que el genocidio de los palestinos se prolongue, de forma más o menos visible, tal y como lleva sucediendo desde hace 80 años.
Sólo una auténtica descolonización conseguirá reestablecer una situación de justicia para los palestinos.
Fuente original: https://hojasdebate.es/economia/el-imperialismo-y-el-largo-genocidio-palestino/
domingo, 28 de diciembre de 2025
Venezuela apoya la defensa de la soberanía de Somalia -
Venezuela apoya la defensa de la soberanía de Somalia -
Sputnik Mundo,
El Gobierno venezolano rechazó el reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel, y apoyó la unidad e integridad de Somalia.
"En consonancia con la posición expresada por el Gobierno somalí y respaldada por naciones hermanas, Venezuela rechaza categóricamente cualquier acción unilateral dirigida a reconocer entidades separatistas dentro del territorio somalí", se lee en un comunicado dado a conocer por el canciller Yván Gil en su cuenta de Telegram.
Asimismo, la nación sudamericana invitó a la resolución pacífica de controversias a través del diálogo, el respeto mutuo y los mecanismos multilaterales.
En este tenor, la Liga Árabe y la Unión Africana también repudiaron la acción de Tel Aviv, ocurrida el 26 de diciembre.
"Cualquier intento de socavar la unidad, la soberanía y la integridad territorial de Somalia va en contra de los principios de la Unión Africana y corre el riesgo de establecer un precedente peligroso con implicaciones de gran alcance para la paz y la estabilidad en todo el continente", indicó la Unión Africana en un boletín.
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