martes, 6 de enero de 2026

Recomiendo: Entrevista a Eric Blanc,El antitrumpismo liberal gira a la izquierda

Recomiendo: Entrevista a Eric Blanc, Waleed Shahid y Leah Greenberg El antitrumpismo liberal gira a la izquierda Por Daniel Denvir | 30/12/2025 | EE.UU. Fuentes: Jacobin América Latina - Imagen: Zohran Mamdani y Bernie Sanders. «Bienvenidos a la Resistance». Durante la primera presidencia de Donald Trump, a los socialistas les encantaba repetir esta frase con ironía. La Resistance liberal [el entramado liberal anti-Trump surgido a partir de 2016], sostenían, se limitaba a gestos performativos de oposición, a culpar de todo a Rusia y a depositar una fe ingenua en que los «adultos responsables» del Partido Demócrata retomarían el control y devolverían las cosas al statu quo previo a 2016. Sin embargo, desde que Trump volvió a la Casa Blanca, la situación cambió de manera bastante drástica. Una vez más, buena parte de la base liberal está en abierta rebelión contra una dirigencia que fracasó de forma estrepitosa en el objetivo de frenar el avance sostenido de la extrema derecha. Pero ahora muchos liberales votan a Zohran Mamdani, se desplazan hacia la izquierda en relación con Palestina y miran con creciente simpatía al socialismo como respuesta al fenómeno Make America Great Again [Hacer grande de nuevo a los Estados Unidos, MAGA, por sus siglas en inglés]. Daniel Denvir, conductor del podcast de Jacobin Radio The Dig, conversó con el organizador y activista de Democratic Socialists of America (DSA) de Nueva York Eric Blanc; con el estratega político progresista Waleed Shahid y con la codirectora ejecutiva de Indivisible Project, Leah Greenberg, sobre cómo y por qué los liberales y la llamada Resistance se radicalizaron. Esta transcripción fue editada por extensión y claridad. DD: Una parte importante de lo que la izquierda socialista viene intentando hacer es convencer a la base liberal demócrata de que la única forma de abordar las causas profundas del fenómeno MAGA y de Trump es enfrentando al neoliberalismo y a las guerras eternas, y desplazando al establishment del Partido Demócrata. Lo que parece especialmente significativo en este momento es que estas políticas populistas de izquierda y de socialismo democrático, del tipo que vemos tanto en la coalición de Zohran Mamdani como en la gira Luchar contra la oligarquía de Bernie Sanders, están irrumpiendo con mucha fuerza. ¿Cómo se radicalizó tanto en los últimos doce meses la base liberal, que antes había depositado su confianza en el establishment demócrata para protegerse de Trump? LG: No creo que en este momento se pueda separar la reacción de la base liberal de las dinámicas sociales más amplias que venimos viendo desarrollarse. Durante la administración Trump 1.0 al menos existía una pretensión bastante sólida, por parte de actores corporativos y de muchas instituciones de la sociedad, de que estaban tratando de sostener unas ciertas normas de la democracia liberal, de proteger a algunas poblaciones vulnerables, etcétera. Podemos ser muy claros en que eso no surgía de la bondad de sus corazones. Pero sí generaba un contraste significativo. Lo que vimos esta vez fue un colapso institucional prácticamente total de las élites frente al trumpismo, que comenzó casi inmediatamente después de la elección. Entonces, para quienes creyeron lo que les decía la dirigencia demócrata —que esto era un «fascismo en ciernes», que iba a representar una amenaza personal directa para ellos, sus comunidades y sus vecinos—, ver esta combinación de ineptitud de la dirigencia demócrata, que se replegó hasta enredarse en discusiones internas circulares culpando a distintos grupos en lugar de hacer algún tipo de balance serio, y al mismo tiempo observar cómo un montón de otras instituciones —desde Jeff Bezos y Mark Zuckerberg hasta [la cadena minorista] Target y prácticamente cualquier corporación que se te ocurra— se apresuraban a arrodillarse ante Trump, dejó mucho más claro que el proyecto de consolidar el poder político de MAGA y el proyecto de consolidar el poder corporativo eran una misma cosa. Eso preparó el terreno para gran parte de lo que vino después. WS: Si se mira a las universidades, estudios jurídicos, al gobierno federal, a los medios y a los empleados de organizaciones afectadas por la consolidación del Big Tech, hay una diferencia tangible entre 2017 y 2025 en cuanto al tipo de trabajadores de cuello blanco, de clase media o media-alta, probablemente liberales en términos ideológicos o prácticos, que hoy están siendo realmente presionados y atacados por esta administración. No solo en el plano retórico, sino también en el de las políticas concretas. J. D. Vance, Donald Trump y Elon Musk realmente odian a esta clase liberal. Fantasean con reemplazarla por robots y por inteligencia artificial. Creo que hay una forma muy concreta en la que esta clase está siendo asfixiada, mientras que el partido y los representantes electos que supuestamente deberían representarla no muestran ninguna voluntad de pelear por ella de manera contundente. EB: Coincido con Leah en que el punto central es que no solo Trump es mucho peor esta vez, sino que además las instituciones lo están resistiendo mucho menos. Esa contradicción resulta profundamente radicalizante. Creo, además, que esto antecede a la elección. Por ejemplo, la incapacidad del establishment del Partido Demócrata para desplazar a Joe Biden y todo el fiasco en torno a su edad, que ya medio olvidamos, puso en evidencia ante una parte importante de la base liberal que, más allá de la retórica, las motivaciones de quienes están en la cima parecen tener mucho más que ver con el ego y la carrera personal que con enfrentar seriamente al fascismo. Fue una experiencia muy reveladora. También hay una dinámica más general: dado que el impulso autoritario de esta nueva administración es tan profundo, los liberales, por razones legítimas aunque quizás limitadas, perciben el ataque a la democracia como algo central para su política, en un grado que tal vez otros sectores de la población no sienten de la misma manera. Eso genera una radicalización como respuesta a los acontecimientos. Si nunca creíste que el sistema funcionaba tan bien, como ocurre con muchos sectores de izquierda o con trabajadores no universitarios, quizás los ataques a la democracia no ocupen un lugar tan central en tu cabeza. Pero si realmente creías —y considero que los liberales tienen razón en creerlo— en la importancia de defender la democracia liberal, entonces este momento se vive como un llamado a la acción más potente que para casi cualquier otro sector de la población. DD: Joshua Cohen publicó hace poco un post interesante en el que sostenía que el problema central no era solo Trump, sino que el liberalismo había perdido la capacidad de ofrecer una explicación convincente de por qué la democracia liberal valía la pena. En ese vacío, argumentaba, la derecha autoritaria pudo imponer su propio relato. Me interesa saber hasta qué punto creen que ese diagnóstico ayuda a entender por qué sectores de la base liberal parecen hoy más abiertos a ideas socialistas o populistas de izquierda. WS: Dos de las principales movilizaciones de masas que tuvieron éxito en el último año fueron las protestas contra Tesla y No Kings [No a los reyes], que para mí son dos iteraciones distintas de lo que quizá pueda llamarse «la revuelta liberal autónoma». Creo que estos esfuerzos muestran que la gente está buscando expresar su bronca y su frustración y quiere poder hacerlo de una manera que no se sienta necesariamente como ideológica, ni siquiera socialista, sino como parte de una lucha contra Donald Trump y el fascismo. Creo que la tercera movilización más exitosa con impacto nacional fue la elección de Zohran Mamdani. Donde realmente se pone a prueba todo esto es, obviamente, en las elecciones, porque hay muy pocos lugares en los que personas que son socialistas o incluso socialdemócratas puedan ganar una elección solo con quienes se identifican con esos términos. Hay que construir una coalición que cruce ideologías y demografías. Y muchas veces esas personas —algunos de los candidatos socialistas populistas más jóvenes— encarnan esa lucha contra el autoritarismo mucho mejor que el establishment demócrata. LG: Retomando ese argumento, sobre por qué existe esta crisis de confianza en este momento, la propuesta fundamental de Biden 2020 era que el trumpismo era una locura pasajera que podía corregirse eligiendo al candidato más anodino, más persuasivo. Lo ponías en el cargo, los adultos volvían a estar al mando, las cosas se acomodaban y la fiebre se se terminaba. Esa era la promesa. Y mucha gente la compró, o incluso la aceptó a regañadientes. Y creo que el problema básico que estamos viendo ahora es que no hay una propuesta posterior, no hay una promesa de continuidad por parte de la dirigencia demócrata electa que explique este momento. Claramente no se trata de una fiebre pasajera. MAGA es una fuerza en la política estadounidense y va a serlo durante un período prolongado. ¿Cómo se sale realmente de una situación en la que, cada cuatro años, cada elección se vuelve un referéndum sobre la democracia y una amenaza de consolidación autoritaria? No creo que la dirigencia demócrata haya ofrecido una teoría significativa que reemplace el marco aquél de «esto es una fiebre temporal». Que alguien logre formular de manera convincente una propuesta alternativa es, de hecho, la forma en que vamos a desplazar nuestra política en una dirección que no implique confrontaciones constantes con el peor 30 por ciento de la sociedad estadounidense. Creo que ese es el camino para romper ese techo. EB: Lo que yo agregaría es que esta es, en muchos sentidos, una dinámica sorprendente para la izquierda, en el sentido de que el voto liberal resulta, en varios aspectos, un desarrollo inesperado para la izquierda socialista. No creo que la gente estuviera realmente preparada para ver no solo una repetición de la Resistance 1.0, y eso explica en parte por qué estamos teniendo esta conversación hoy. Hubo un corrimiento hacia tratar de entender lo que está pasando, pero creo que probablemente tengamos que ir más lejos para ser realmente concretos. Por ejemplo, DSA recién se sumó hace poco a la coalición No Kings, y creo que eso es una buena señal de que se está intentando pensar cómo trabajar con este tipo de movimiento de resistencia liberal más amplio. Pero también existió, a veces, una tendencia a ser un poco condescendientes con la protesta de No Kings, por ejemplo. Entonces, cuando pensamos en cómo nos relacionamos con la resistencia liberal, creo que esto es algo importante a tener en cuenta. Nuestra tarea principal en este momento no es solo diferenciarnos de los liberales —especialmente de los liberales que están ahí afuera peleando—, sino involucrarnos con ellos y ser los mejores constructores posibles de las movilizaciones No Kings. WS: Algo más sobre la trayectoria del liberalismo del Partido Demócrata: las advertencias del establishment demócrata a los liberales sobre la amenaza del fascismo hacen que la inmigración pase a ser un tema central en esta historia, ya que, contra lo que suele creerse, los liberales blancos tienden a ser un sector demográfico muy favorable a los derechos de los inmigrantes en este país. Solo en la última semana, desde el ala derecha y el ala izquierda del liberalismo demócrata, tanto David Brooks como Michelle Goldberg publicaron columnas en el New York Times sobre derechos de los inmigrantes. La columna de Goldberg era sobre organizaciones que defienden los derechos de los inmigrantes a las que se podía donar durante las fiestas. David Brooks escribió una columna sobre una iglesia en Connecticut que está ayudando a inmigrantes indocumentados y a personas que buscan asilo para enfrentar al ICE [Servicio de Control de Inmigración y Aduanas]. Dado que hoy que los funcionarios electos no están liderando la lucha en torno a la inmigración con la misma intensidad, creo que eso genera una apertura enorme para que este sector de personas, que realmente se preocupa por la inclusión, el pluralismo y la protección de los más vulnerables, encuentre formas autónomas de involucrarse y llenar un vacío que la dirigencia de su propio partido no está cubriendo. LG Si puedo ofrecer el reverso, la imagen especular de eso, creo que las dos primeras señales de la disociación entre la base y la dirigencia electa fueron el proyecto H. R. 9495, la llamada «ley asesina de organizaciones sin fines de lucro», con la que intentaron avanzar de manera bipartidaria inmediatamente después de la elección, y luego la Ley Laken Riley, en enero. Un recuerdo muy nítido que tengo es el de haber intentado comunicarle a dirigentes demócratas electos que nuestra base estaba genuinamente alarmada y enojada, y que no entendía por qué íbamos a otorgarle a Donald Trump más poder en materia de control y fiscalización, más poder sobre las organizaciones sin fines de lucro, más poder para ir contra los inmigrantes y consolidar una fuerza policial secreta, para recibir como respuesta algo que oscilaba entre la desestimación y el desprecio. Y frente a esto escuché a personas decir, básicamente: no solo no estamos de acuerdo, sino que además esta es la razón por la que perdimos la elección. Después, hacia mediados de febrero, cuando las llamadas, el volumen y la bronca estaban desbordando, me encontré con muchos de esos mismos integrantes del establishment demócrata preguntándose: «¿Por qué está todo el mundo tan enojado?». Nuestra reacción fue: «Venimos diciendo que esto se estaba acumulando. Hay una brecha constante entre lo que ustedes le comunican a la gente sobre lo que les importa y las cosas que efectivamente están haciendo. Y eso ahora vuelve para atacarlos». DD Leah, muchos señalaron que, para la base liberal, la división no pasa tanto por «izquierda versus centro» como por «quienes pelean versus quienes se pliegan». ¿Pero ambas definiciones no están volviéndose cada vez más lo mismo? LG Yo lo describiría como un eje x y un eje y: el eje horizontal es qué tan a la izquierda están tus posiciones políticas; el eje vertical, en qué medida crees que este momento es el de una emergencia que requiere usar todas las herramientas disponibles. Y que eso, en última instancia, exige reformas estructurales que aborden de manera significativa las raíces de la crisis. Lo que diría sobre nuestra gente es que se ubican a sí mismos en lugares muy distintos del eje izquierda-centro, pero que todos están en niveles muy, muy altos del eje de «esto es una emergencia que requiere poner en juego todo lo que tenemos». Y suele haber una fuerte correlación entre quienes están más a la izquierda y quienes perciben este momento como una emergencia. Hay mucha superposición respecto de lo que se es necesario hacer. Cuando hoy hablamos de reformas estructurales, no estamos solo volviendo a lo que discutíamos en 2021. No se trata únicamente de la For the People Act [Acta para la gente]. Estamos hablando de la Ley de Derecho al Voto, pero también de derechos electorales, además de qué vamos a hacer con la Corte Suprema, qué vamos a hacer con el sistema bipartidista que sigue produciendo estos conflictos, qué vamos a hacer con la concentración del poder corporativo que permitió que los fascistas del Big Tech operen como respaldo de esta administración. Creo que hay mucha superposición cuando uno piensa en cuál es el conjunto final de soluciones para el momento en el que estamos, soluciones que permitirían construir de manera efectiva un país donde las personas puedan ser parte, vivan con dignidad y tengan voz. Así que no pondría el foco tanto en las etiquetas en sí mismas, pero sí creo que, cuando hablamos concretamente de cómo salir de este momento y de cómo mejorar genuinamente la vida de la gente, hay un enorme potencial de convergencia. DD No son solo los liberales los que cambiaron desde la primera administración Trump, como ya comentó bastante gente. La izquierda socialista también está en una situación bastante distinta. En los años posteriores a la elección de 2016, una gran cantidad de personas rechazaron desde la izquierda, o al menos miraron con escepticismo y suspicacia, muchos aspectos de la Resistance liberal. Para una parte de la izquierda socialista, esa política de la Resistance encuadraba a la elección de Trump como el producto de la «interferencia rusa» y buscaba simplemente hacer retroceder el reloj para volver a la política previa a Trump, es decir, a esa idea de que, como mencionaba Leah antes, «la fiebre se va terminar cuando los adultos vuelvan a la casa». Al mismo tiempo, hubo un debate intenso dentro de la izquierda socialista acerca de si el proyecto de Trump era fascista o no. Toda la izquierda se oponía a Trump. Pero hubo un debate a veces interesante, a veces bastante arcano, sobre si «fascista» era el concepto adecuado. Ahora, en cambio, toda la izquierda online ama a Jennifer Welch y está de acuerdo en que el proyecto de Trump es fascista. Si bien hay sectores de la izquierda que pueden tener algunas reservas respecto de la Resistance, me parece que una creciente mayoría coincide en que deberíamos enlazar nuestros brazos y sumarnos. Eric, ¿cómo describirías esa trayectoria dentro de la izquierda socialista y la política interna de la izquierda socialista respecto de cómo relacionarse con la Resistance liberal? EB Lo primero que diría es que el hecho de que esta vez la Resistance liberal esté enfrentando de manera muy explícita al establishment del Partido Demócrata es algo que lo cambia todo. Si hay algo que a los socialistas nos gusta hacer es pelear contra el establishment demócrata. Así que ahí hay una afinidad evidente, que explica buena parte de la apertura para involucrarse. También creo que hay una cuestión de urgencia. La última vez, muchos en la izquierda, yo incluido, teníamos una lectura, en parte válida, según la cual la administración Trump no representaba una ruptura tan radical con el republicanismo y la política de derecha. Pero, como sostenían los liberales, esta vez quizás incluso subestimamos la amenaza. Lo digo sin vueltas: yo no pensé que esta vez Trump fuera a ser tan malo como lo fue. Creo que muchos subestimamos eso. Y después hay algo inmediato, no solo en abstracto, sino en términos muy concretos: qué significa el hecho de que, hablando desde mi experiencia personal, como izquierdista, por primera vez en mi vida tuve que considerar qué pasaría si pierdo mi trabajo por expresarme políticamente. Hay una urgencia, y lo digo desde un lugar de privilegio relativo. Tengo un trabajo sindicalizado. Doy clases en una universidad pública. Pero creo que la intensidad del ataque autoritario en todos los frentes generó en la izquierda una sensación de llamado de «todos a sus puestos» en un grado que no se sentía tanto la última vez. Entonces la pregunta que me hacía era: ¿qué se hace con eso? Siento que lo que la izquierda sabe hacer muy bien es pelear contra el establishment demócrata. No creo que tengamos tanta experiencia reciente en cuanto a cómo trabajar en coalición con los liberales contra la derecha. No es que alguien se oponga, pero esto exige cosas distintas, que no hemos hecho de manera consistente en los últimos tiempos. Así que la tarea pasa por pensar realmente cómo escalar en una pelea más amplia. Y eso exige seguir planteando que nuestra lucha principal ahora mismo es contra la derecha, y no contra la Resistance liberal. WS Otra cosa de la que tenemos que dar cuenta —y es algo muy raro, que casi nunca pasa— tiene que ver con el hecho de un candidato de izquierda que gana una elección siendo públicamente conocido como izquierdista o haciendo campaña explícitamente en esos términos. Así que hay una reconfiguración constante de cómo se define la pelea dentro del Partido Demócrata (una reconfiguración en la que yo mismo participé) entre la vieja guardia y la nueva gene

lunes, 5 de enero de 2026

Trump: bombardeo y secuestro en territorio venezolano

Recomiendo: Trump: bombardeo y secuestro en territorio venezolano Por Atilio A. Boron | 05/01/2026 | EE.UU. Fuentes: Página/12 - Imagen de portada: Simpatizantes del presidente Maduro se abrazan en el centro de Caracas el sábado 3 de enero, después de que el presidente Trump anunciara que Maduro había sido capturado y enviado a Estados Unidos. (AP Foto/Cristian Hernandez) Donald Trump acaba de destruir lo poco que aún quedaba del tan mentado “orden mundial basado en reglas”. El bombardeo de numerosas instalaciones militares (y sus inevitables daños colaterales en objetivos civiles) en Caracas y alrededores seguido por el secuestro -que no “extracción”- del presidente Nicolás Maduro Moros abre un nuevo capítulo en el sistema internacional en donde numerosos actores van a poder utilizar el precedente sentado por Trump en Venezuela para resolver a su favor conflictos de poder en las más diversas locaciones del planeta. El autoproclamado “presidente de la paz” y frustrado aspirante al premio Nobel de la Paz ha sido el más belicista de los últimos tiempos: arma hasta los dientes al genocida Benjamin Netanyahu y le prodiga toda clase de protección, desde la diplomática hasta la militar y mediática; obliga a sus indignos vasallos europeos a comprar armas y pertrechos militares para sostener al neonazi Volodimir Zelenski prolongando el martirio de la población ucraniana en una guerra que ya está irremediablemente perdida y que Trump había alardeado que la terminaría en 24 horas; extraviado por su patológica megalomanía Trump ordena bombardear el norte de Nigeria para, según él, poner a salvo a algunas comunidades cristianas supuestamente agredidas por fieles del Islam; se atribuye haber logrado la paz en Gaza, una mentira enorme porque el régimen racista israelí continúa con su matanza, ahora apelando al hambre, la sed y el colapso de la salud pública mientras más de seis mil camiones esperan hace meses en la frontera cargados de alimentos, agua y medicamentos; se vanaglorió de haber logrado la paz entre Camboya y Tailandia pero los ataques entre ambas partes se suceden sin pausa. Y ahora es el turno de Venezuela, en una costosísima operación que duró largos meses y que culminó con el sorprendente secuestro del presidente y su señora esposa, Cilia Flores. En su conferencia pública Trump dijo que este operativo militar demuestra que Estados Unidos es el país más poderoso del mundo, un mensaje explícito dirigido a China y, en cierto sentido, también a Rusia. No sólo eso: se ungió a sí mismo como administrador imperial de Venezuela al decir que “conduciremos el país hasta que podamos hacer una transición juiciosa y apropiada”, y aclaró que Washington no va a permitir que “otro se haga con el poder en Venezuela sin tomar en cuenta los intereses de su pueblo”, suponiendo que el pueblo chavista, supuestamente abatido y domesticado, lo vaya a recibir como su salvador y no como un bandido que vino a robarle su petróleo, lo único que le interesa a Trump. A éste jamás le preocuparon la democracia, la justicia, la libertad o los derechos humanos, y mucho menos en esta parte del mundo, y las y los venezolanos lo saben muy bien. Embriagado por sus palabras, Trump acusó a Maduro de traficar una “cantidad colosal” de drogas en los Estados Unidos por medio del (ficcional) Cartel de los Soles y de enviar disimulados como migrantes a criminales del Tren de Aragua. Además calificó al narcotráfico como una campaña orquestada por Venezuela para matar ciudadanos estadounidenses, equiparándola con las mayores organizaciones terroristas a nivel global. Una mentira más de un embustero serial: el Washington Post demostró que en su primer mandato Trump dijo 30.573 mentiras. En todo caso no deja de llamar la atención que esta preocupación por poner a salvo a la población estadounidense de los estragos del narcotráfico no haya sido tenida en cuenta cuando indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, sentenciado por la justicia de Estados Unidos a 45 años de prisión por haberse comprobado que participó en diversos operativos que culminaron con la introducción en ese país de más de 400 toneladas de cocaína y otras drogas. Pero el narcotraficante es Maduro. La desesperación de Trump por mostrar algún éxito en la política exterior, luego de casi un año de continuos traspiés, lo impulsó a apostar todas sus fichas en la operación venezolana. Pero este fue apenas el primer acto de una tragedia que tendrá varios episodios más, y es poco probable que los siguientes sean tan afortunados para Washington como el de esta madrugada. Además incentivará conductas semejantes en otros actores del ya convulsionado sistema internacional. ¿Por qué Beijing debería esperar hasta el 2049, cuando se cumplan cien años del triunfo de la Revolución, para completar la reunificación de Taiwán, una rebelde provincia china manipulada por Estados Unidos para acosar a la República Popular China? Sobre todo si sobran los antecedentes que demuestran irrefutablemente que Taiwán siempre formó parte de China. Entre otros antecedentes de peso hay cuatro cartas reversales cursadas entre Washington y Beijing que así lo certifican. ¿Por qué debería el régimen de Tel Aviv esperar un minuto más y no aplicar todo su formidable poderío militar para acabar con la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania y construir el Gran Israel, desde el río hasta el mar, extendiendo aún más el incendio en Medio Oriente? ¿Por qué Azerbaiyán debería abstenerse de culminar su campaña y apoderarse definitivamente de todo el territorio de Armenia? ¿Por qué Rusia debería abstenerse de acabar rápidamente la guerra descargando ahora sí todo su potencial destructivo para devastar a Ucrania y quedarse con gran parte de su territorio? ¿Qué reglas le impedirían hacer eso, en imitación a lo hecho por Trump? Nada de lo hecho por el magnate neoyorquino debe sorprendernos. Los imperios, lo hemos repetido cien veces, exacerban su violencia en su fase de declinación. Pero pese a los himnos triunfales que hoy suenan en la Pennsylvania Avenue de Washington, el hecho de haber ganado una batalla no significa que se haya ganado la guerra. El mismo entusiasmo prevalecía cuando se bombardeaba furiosamente a Vietnam y, décadas después, a Afganistán. Y en ambos casos Estados Unidos terminó sufriendo traumáticas y humillantes derrotas. Si algo enseña la historia es que aventuras como la que hoy nos preocupan suelen terminar mal para el imperio. No hay muchos elementos para pensar que ahora el desenlace será más sonriente para la banda de delincuentes que gobierna Estados Unidos, aunque haya que esperar un tiempo porque la reacción popular ante las agresiones imperiales rara vez es inmediata. Pero una vez que se enciende es imparable. Fuente: https://www.pagina12.com.ar/2026/01/03/trump-bombardeo-y-secuestro/ Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 3 de enero de 2026

Comunicado de la República Bolivariana de Venezuela EEUU ataca Venezuela

Recomiendo: Comunicado de la República Bolivariana de Venezuela EEUU ataca Venezuela Por | 03/01/2026 | Venezuela Fuentes: Aporrea / TeleSur Una serie de fuertes detonaciones han sacudido la capital venezolana durante la madrugada de este sábado, generando alarma generalizada en la población. Los reportes, que comenzaron a circular aproximadamente a las 2:00 a.m., indican que las explosiones fueron de tal magnitud que hicieron vibrar estructuras residenciales en diversos sectores de la ciudad. Puntos críticos bajo ataque Informaciones preliminares, aún por confirmar de forma oficial por las autoridades de defensa, señalan que varios objetivos estratégicos y militares habrían sido blanco de ataques coordinados: Instalaciones Militares: Se reportan incidentes en el Fuerte Tiuna (corazón del poder militar) y en la base aérea de La Carlota, en el centro-este de la ciudad. Sedes de Gobierno: Residentes de las zonas aledañas al Palacio de Miraflores reportaron estruendos y una fuerte presencia de seguridad en los perímetros. Infraestructura de Comunicaciones: Se han recibido reportes de ataques en la zona de El Volcán (El Hatillo), donde se encuentran antenas repetidoras vitales para las telecomunicaciones del país. Zona Costera: Las detonaciones también habrían alcanzado las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, en el estado La Guaira. Presencia de aeronaves estadounidenses Testigos presenciales en el área metropolitana han denunciado de forma recurrente el sonido de vuelos rasantes y motores de aviación a reacción. Asimismo, circulan versiones sobre el avistamiento de helicópteros con presuntas insignias estadounidenses sobrevolando sectores estratégicos de Caracas, lo que coincidiría con las recientes amenazas de intervención, ataques y bloqueo naval anunciadas por la administración de Donald Trump. Este evento ocurre apenas días después de que el Gobierno venezolano denunciara planes de sabotaje y detuviera a ciudadanos estadounidenses implicados en supuestos actos de terrorismo. La situación en las calles es de máxima incertidumbre; se reportan cortes intermitentes de energía en algunas zonas y el despliegue inmediato de las Unidades de Defensa Integral (ODI). Hasta el momento, no hay un balance oficial de víctimas ni daños materiales, mientras el país espera una cadena nacional para conocer el alcance de lo que podría ser el inicio de una escalada militar abierta en territorio venezolano. Venezuela denuncia «gravísima agresión militar» de EE.UU. La República Bolivariana de Venezuela emitió este sábado un comunicado oficial rechazando «la gravísima agresión militar perpetrada por el Gobierno actual de los Estados Unidos de América contra territorio y población venezolanos». El texto detalla que los ataques afectaron «localidades civiles y militares de la ciudad de Caracas, capital de la República, y los estados Miranda, Aragua y La Guaira». El Gobierno venezolano subraya que «este acto constituye una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, especialmente de sus artículos 1 y 2, que consagran el respeto a la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza». Además, alerta que «tal agresión amenaza la paz y estabilidad internacional, concretamente de América Latina y el Caribe, y pone en grave riesgo la vida de millones de personas». Según el comunicado, el propósito de la agresión es la apropiación de los recursos estratégicos venezolanos. «El objetivo de este ataque no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la Nación. No lo lograrán», afirma el texto. Venezuela reafirma su independencia, recordando que «Desde 1811, Venezuela ha enfrentado y vencido imperios», evocando la proclama del Presidente Cipriano Castro en 1902: «‘La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria’.» El Gobierno Bolivariano ha instado a la población a la movilización, indicando que «el pueblo de Venezuela y su Fuerza Armada Nacional Bolivariana, en perfecta fusión popular-militar-policial, se encuentran desplegados para garantizar la soberanía y la paz». De forma paralela, la diplomacia venezolana elevará «las correspondientes denuncias ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el Secretario General de dicha organización, la CELAC y el MNOAL, exigiendo la condena y rendición de cuentas del Gobierno estadounidense». El Presidente Nicolás Maduro ha activado «todos los planes de defensa nacional» y ha ordenado «la implementación del Decreto que declara el estado de Conmoción Exterior en todo el territorio nacional, para proteger los derechos de la población, el funcionamiento pleno de las instituciones republicanas y pasar de inmediato a la lucha armada». Se ha dispuesto el inmediato despliegue del Comando para la Defensa Integral de la Nación. En línea con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, Venezuela «se reserva el derecho a ejercer la legítima defensa para proteger a su pueblo, su territorio y su independencia». Finalmente, el comunicado hace un llamado a la solidaridad internacional, citando al Comandante Hugo Chávez Frías: «‘ante cualquier circunstancia de nuevas dificultades, del tamaño que fueren, la respuesta de todos y de todas los patriotas…es unidad, lucha, batalla y victoria’». El comunicado fue emitido en Caracas el 3 de enero de 2025. Los acontecimientos se desarrollan en el contexto de máximas amenazas de Washington con el despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe y el bloqueo naval contra Venezuela anunciado por la administración Trump el pasado 16 de diciembre. La operación militar estadounidense en el Caribe, iniciada en agosto, incluye destructores, un submarino nuclear, el portaaviones USS Gerald R. Ford y más de 4.000 militares. Este movimiento militar es considerado por el Gobierno venezolano como una violación al derecho internacional. COMUNICADO REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA La República Bolivariana de Venezuela rechaza, repudia y denuncia ante la comunidad internacional la gravísima agresión militar perpetrada por el Gobierno actual de los Estados Unidosde América contra territorio y población venezolanos en las localidades civiles y militares de la ciudad de Caracas, capital de la República, y los estados Miranda, Aragua y La Guaira. Este acto constituye una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, especialmente de sus artículos 1 y 2, que consagran el respeto a la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza. Tal agresión amenaza la paz y estabilidad internacional, concretamente de América Latina y el Caribe, y pone en grave riesgo la vida de millones de personas. El objetivo de este ataque no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la Nación. No lo lograrán. Tras más de doscientos años de independencia, el pueblo y su Gobierno legítimo se mantienen firmes en defensa de la soberanía y del derecho inalienable de decidir su destino. El intento de imponer una guerra colonial para destruir la forma republicana de gobierno y forzar un «cambio de régimen», en alianza con la oligarquía fascista fracasará como todos los intentos anteriores. Desde 1811, Venezuela ha enfrentado y vencido imperios. Cuando en 1902 potencias extranjeras bombardearon nuestras costas, el Presidente Cipriano Castro proclamó: «La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria.» Hoy, con la moral de Bolívar, Miranda y nuestros libertadores, el pueblo venezolano se alza nuevamente para defender su independencia ante la agresión imperial. Pueblo a la calle El Gobierno Bolivariano llama a todas las fuerzas sociales y políticas del país a activar los planes de movilización y repudiar este ataque imperialista. El pueblo de Venezuela y su Fuerza Armada Nacional Bolivariana, en perfecta fusión popular-militar-policial, se encuentran desplegados para garantizar la soberanía y la paz. Simultáneamente, la Diplomacia Bolivariana de Paz elevará las correspondientes denuncias ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el Secretario General de dicha organización, la CELAC y el MNOAL, exigiendo la condena y rendición de cuentas del Gobierno estadounidense. El Presidente Nicolás Maduro ha dispuesto todos los planes de defensa nacional para ser implementados en el momento y circunstancias adecuadas, en estricto apego a lo previsto en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la Ley Orgánica sobre Estados de Excepción y la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación. En este sentido, el Presidente Nicolás Maduro ha firmado y ordenando la implementación del Decreto que declara el estado de Conmoción Exterior en todo el territorio nacional, para proteger los derechos de la población, el funcionamiento pleno de las instituciones republicanas y pasar de inmediato a la lucha armada. Todo el país debe activarse para derrotar esta agresión imperialista Del mismo modo ha ordenado el inmediato despliegue del Comando para la Defensa Integral de la Nación y de los Órganos de Dirección para la Defensa Integral en todos los estados y municipios del país. En estricto apego al artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, Venezuela se reserva el derecho a ejercer la legítima defensa para proteger a su pueblo, su territorio y su independencia. Convocamos a los pueblos y gobiernos de América Latina, el Caribe y el mundo a movilizarse en solidaridad activa frente a esta agresión imperial. Como señaló el Comandante Supremo Hugo Chávez Frías “ante cualquier circunstancia de nuevas dificultades, del tamaño que fueren, la respuesta de todos y de todas los patriotas…es unidad, lucha, batalla y victoria”. Caracas, 3 de enero de 2026 Noticia en desarrollo… Fuentes: https://www.aporrea.org/ddhh/n413953.html https://www.telesurtv.net/venezuela-denuncia-gravisima-agresion-militar-de-ee-uu/

Tribunal Supremo de Justicia ordena que Delcy Rodríguez asuma como encargada la presidencia

Actualidad RT Tribunal Supremo de Justicia ordena que Delcy Rodríguez asuma como encargada la presidencia El presidente Nicolás Maduro fue secuestrado esta jornada por EE.UU. durante un ataque aéreo masivo contra la nación bolivariana. Tribunal Supremo de Justicia ordena que Delcy Rodríguez asuma como encargada la presidencia El Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ha ordenado que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma como encargada de la presidencia mientras Nicolás Maduro se encuentra secuestrado por EE.UU. Brasil considera a Delcy Rodríguez la presidenta interina de Venezuela en ausencia de Maduro Brasil considera a Delcy Rodríguez la presidenta interina de Venezuela en ausencia de Maduro "Esta Sala [Constitucional] estima existen elementos que indican la configuración de una situación de imposibilidad del presidente, [...], y estima igualmente esta Sala que la Constitución en su artículo 239.6 atribuye al vicepresidente ejecutivo o vicepresidenta ejecutiva la función de suplir las faltas temporales del presidente", dice el comunicado. "Se ordena que la ciudadana Delcy Eloina Rodríguez Gómez, vicepresidenta ejecutiva de la República, asuma y ejerza en condición de encargada todas las atribuciones, deberes y facultades inherentes al cargo de presidente de la República Bolivariana de Venezuela, con el fin de garantizar la continuidad administrativa y la defensa integral de la Nación", agregó. El sábado, EE.UU. lanzó una acción militar masiva contra la nación latinoamericana, que afectó la ciudad de Caracas "y los estados Miranda, Aragua y La Guaira" y concluyó con la captura del presidente del país, Nicolás Maduro, y de su esposa. El Gobierno venezolano calificó las acciones de Washington de una "gravísima agresión militar". Caracas advirtió que el objetivo de los ataques "no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la Nación". Delcy Rodríguez: "Estamos listos para defender a Venezuela y a sus recursos naturales" Delcy Rodríguez: "Estamos listos para defender a Venezuela y a sus recursos naturales" La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, exigió "la inmediata liberación del presidente Nicolás Maduro y de su esposa". Agregó que Maduro es el "único presidente de Venezuela". Muchos países del mundo, entre ellos Rusia, instaron a liberar a Maduro y a su esposa. Moscú repudió el ataque y señaló que Venezuela debe tener el derecho de decidir su destino sin cualquier intervención desde el exterior, declaró este sábado el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso al comentar el ataque de EE.UU. contra el país bolivariano. "Se debe garantizar a Venezuela el derecho a decidir su propio destino sin ninguna intervención destructiva, y mucho menos militar desde el exterior", reza el comunicado de la cancillería rusa.

ataque contra Venezuela constata "la irracionalidad total del Gobierno de EEUU"

ataque contra Venezuela constata "la irracionalidad total del Gobierno de EEUU" Agresión de EEUU contra Venezuela, Sputnik Mundo, 1920, 03.01.2026 La escalada militar contra Venezuela es "un ataque totalmente ilegal, híbrido, sin ninguna justificación" que viola flagrantemente la carta de Naciones Unidas, constata a Sputnik el analista intencional Tadeo Casteglione. "Con este ataque, todo lo que dijo el comandante Hugo Chávez, todo lo que dijo el presidente Nicolás Maduro durante todos estos años sobre la intervención e injerencia de EEUU en contra de Venezuela, la guerra económica, todas las sanciones y todo el sufrimiento del pueblo venezolano, se acaba de constatar", señala. El analista señala que la escala en Venezuela sigue el patrón de intervenciones de EEUU en América, como las elecciones de Argentina o en las elecciones de Honduras. En sus palabras, este ataque "marca que estamos delante de un año totalmente sin ningún control, sin ningún tipo de regla y de total injerencia de Estados Unidos en nuestra América". "Esto demuestra la peligrosidad que se está llegando en la irracionalidad total del Gobierno de los Estados Unidos", concluye. Fuertes detonaciones se escucharon cerca de las dos de la madrugada de este 3 diciembre en Caracas (GMT-4) y en el estado venezolano de La Guaira (norte). Más tarde también se registró una explosión en la ciudad turística de Higuerote, en el estado de Miranda (norte). Unas horas después, el presidente estadounidense, Donald Trump, confirmó en su plataforma de comunicación Truth Social que su país había ejecutado un ataque a gran escala contra Venezuela, y que Maduro y su esposa fueron capturados y trasladados fuera del territorio. Trump brindará más detalles en una conferencia de prensa a las 16:00 GMT. La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, confirmó el secuestro del presidente del país, Nicolás Maduro, y de la primera dama, Cilia Flores, por parte de fuerzas estadounidenses durante una operación militar a gran escala contra el país. Rusia condenó el ataque, instó a evitar una escalada de tensiones y abogó por el diálogo, según declaró este sábado el Ministerio de Asuntos Exteriores.

viernes, 2 de enero de 2026

Vergüenza para la ONU por ratificar un genocidio

Recomiendo: Vergüenza para la ONU por ratificar un genocidio Por Richard Falk | 31/12/2025 | Mundo Fuentes: Voces del Mundo [Foto de Nathaniel St. Clair] Tras el 7 de octubre A lo largo de este período se ha cuestionado la competencia de la ONU frente al genocidio ante la conciencia de que se negaba a respetar las sentencias de los principales tribunales internacionales (la Corte Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional). Pero es necesario comprender mejor que, cuando se fundó la ONU hace 80 años, la Carta otorgó la última palabra en cuestiones de seguridad mundial a los cinco Estados vencedores de la Segunda Guerra Mundial, y no al derecho internacional, como creían sus más fervientes defensores. Con una intención muy clara, a pesar de la prioridad otorgada a la prevención de la guerra en el preámbulo de la Carta, se privó a la Organización de la capacidad de actuar de forma coercitiva contra la agresión, el apartheid y el genocidio. En cambio, a los vencedores (es decir, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad) de la guerra contra el fascismo que había concluido recientemente se les concedió también un derecho de veto que equivalía a un derecho ilimitado de cualquiera de los cinco en el único órgano político de la ONU con autoridad para tomar decisiones vinculantes, y esta disposición implicó no solo la posibilidad de excluirse de las decisiones contrarias a su voluntad, sino también la de impedir que el Consejo de Seguridad actuara aunque los otros 14 miembros votaran unánimemente a favor de la decisión. En la práctica esto significó que las perspectivas de paz y seguridad en situaciones de conflicto grave quedaban en manos de los cálculos geopolíticos y las alianzas de estos cinco miembros más poderosos y peligrosos de la nueva organización. Durante la Guerra Fría, que prevaleció entre 1945 y 1991, la parálisis de la ONU en relación con la gestión de la seguridad mundial se debió principalmente a la prudencia de que hicieron gala las opuestas alianzas de las fuerzas de la OTAN lideradas por Estados Unidos, por un lado, y de las fuerzas de Varsovia lideradas por la Unión Soviética, por otro, divididas por la rivalidad ideológica y estratégica. La ONU se contentó con ser un espectador o un escenario de denuncias propagandísticas opuestas en lo que respecta a la guerra de Vietnam, las intervenciones de Moscú en Europa del Este y otros escenarios de conflictos violentos que afectaban a los intereses estratégicos de los cinco permanentes (5P). Esto se debió en parte al marco constitucional de la ONU, pero también reflejó la falta de voluntad de muchos países líderes para diluir su soberanía en lo que respecta a la seguridad nacional. Esta negativa se ilustró de forma dramática con el rechazo del desarme nuclear y la preferencia por la disuasión, lo que puso de manifiesto la orientación militarista de las élites de la política exterior de los gobiernos líderes. Combina una versión militarizada del poder duro de la seguridad global con las ambiciones estratégicas de los 5P de reinventar la dominación occidental en un periodo de colapso del colonialismo europeo. En este contexto, el papel de la ONU, aunque decepcionante, no resultaba sorprendente, dados los fuertes lazos entre el Occidente blanco e Israel en este enfrentamiento con una Palestina de mayoría musulmana en la estratégicamente importante región de Oriente Medio. Esto dotó a la lucha de una dimensión intercivilizacional, al tiempo que supuso un desafío para la hegemonía occidental en relación con las reservas energéticas, la venta de armas y, en general, el comercio y la inversión. Esta línea de interpretación se vio acentuada por Hamás, una organización antioccidental y de orientación religiosa, una entidad no estatal que los medios de comunicación occidentales y la propaganda estatal caracterizaron como nada menos que una organización terrorista. Esta postura ignoró la victoria política de Hamás en las elecciones de 2006, supervisadas internacionalmente, y su papel como centro de la resistencia palestina, con base legal, ante una ocupación israelí que violaba sistemáticamente las normas jurídicas humanitarias internacionales establecidas en el IV Convenio de Ginebra de 1949, que regula la «ocupación beligerante». Los miembros de la ONU cómplices de Israel han apoyado el genocidio en Gaza durante dos años, y si han retirado de alguna forma su apoyo se ha debido principalmente al aumento de las protestas públicas en sus países, ya que Israel ha excedido todos los límites de la ley y la moral al persistir en su campaña genocida. Cabe destacar que, el 19 de julio de 2024, la CIJ, por votación casi unánime, declaró ilegal la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania (e incluso de Jerusalén Este), decretando su retirada, un resultado que la Asamblea General apoyó formalmente y que, como cabía esperar, Israel y su grupo de apoyo ignoraron. Esta agenda política explica que en el Consejo de Seguridad se vetaran las seis iniciativas de alto el fuego, junto con el fracaso de los Estados cómplices, sobre todo Estados Unidos, a la hora de utilizar la influencia de su poder blando para inducir a Israel a detener su embestida sobre Gaza y satisfacer las legítimas reivindicaciones del pueblo palestino. Esa voluntad se ha visto inhibida por el realismo político adherido a la era prenuclear, los intereses especiales de las industrias armamentísticas y una burocracia gubernamental largamente militarizada. La vergonzosa respuesta de la ONU al plan de Trump En mi opinión, los 15 miembros del Consejo de Seguridad votaron vergonzosamente por unanimidad a favor del proyecto de resolución de Estados Unidos, adoptado como Resolución 2803 del Consejo de Seguridad el 17 de noviembre de 2025, que respalda el plan de Trump para la estabilización de Gaza. El plan surgió con la aprobación de Israel y se dio a conocer, de manera significativa, durante una visita de Netanyahu a la Casa Blanca en una conferencia de prensa conjunta. La característica fundamental del plan era recompensar a los autores de un prolongado genocidio, precedido de apartheid y que ha convertido Gaza en un páramo. En la resolución no sólo no se hacía referencia al desafío de Israel a las sentencias de la Corte Internacional de Justicia, las resoluciones de la Asamblea General o las evaluaciones de académicos independientes sobre el genocidio. Ni Israel, ni Estados Unidos, ni los demás Estados cómplices se han visto obligados a pagar indemnizaciones por los daños ilegales causados en Gaza, sino que esta cuestión se dejó en manos de las fuerzas combinadas del capitalismo buitre, que operaba libremente como si la reconstrucción de Gaza fuera una empresa inmobiliaria, y de las contribuciones monetarias de los gobiernos árabes. En este proceso, no solo se impuso el marco diplomático a los palestinos, sino que se aceptó a Estados Unidos como el «pacificador» legítimo, a pesar de que colaboraba abiertamente con Israel en la redacción del plan y excluía deliberadamente la participación palestina. De hecho, el Gobierno de los Estados Unidos llegó incluso a denegar visados a cualquier delegado de la Autoridad Palestina que quisiera asistir a la reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas o participar de cualquier otra forma en los procedimientos de las Naciones Unidas que determinaban el futuro de Palestina. Esto hace que la resolución sea un paso atrás frente al objetivo de lograr una serie de acuerdos para un futuro pacífico y justo, elaborados con la participación de una representación palestina adecuada y dedicados a una paz justa y duradera. En cambio, la resolución 2803 del Consejo de Seguridad, si se considera en su conjunto, exime indirectamente a los culpables de su comportamiento pasado, llevando la impunidad al extremo. Más allá de esto, la 2803 reconoce visiblemente el control total de Estados Unidos sobre los actuales esfuerzos diplomáticos para sustituir la violencia israelí desenfrenada por un alto el fuego que Israel ignora a su antojo. El sangriento resultado ha sido cientos de violaciones letales del alto el fuego que, según estimaciones del Ministerio de Salud de Gaza, han causado hasta ahora la muerte de más de 400 palestinos, sin que Israel recibido reproche alguno de Washington por abusar así del acuerdo de alto el fuego. En cuanto al futuro, la resolución 2803 respalda un acuerdo colonialista de transición que se hace realidad gracias a una Junta de Paz, presidida, por supuesto, por Donald Trump, y que aporta estabilidad a Gaza mediante la creación de una Fuerza Internacional de Estabilización formada por las contribuciones de tropas de los miembros de la ONU que respaldan el plan. Estados Unidos ha reconocido descaradamente sus propios objetivos transaccionales al prometer 112.000 millones de dólares para reconstruir Gaza como centro mundial de comercio, inversión y turismo. La gobernanza de Gaza se deja en parte en manos de Israel, que parece reclamar una presencia permanente de seguridad en el norte de Gaza, por encima de la llamada línea amarilla. Dada la forma tan dudosa de aliviar la catástrofe de Gaza en esta fase tan tardía, ¿cómo podemos explicar el amplio apoyo internacional y la desaparición de la oposición en el Consejo de Seguridad? Los cinco miembros del Consejo de Seguridad del Sur Global (Argelia, Somalia, Guyana, Sierra Leona y Panamá) hicieron algunos comentarios críticos sobre la resolución 2803 durante el debate formal que precedió a la votación, centrándose en su vaguedad en cuanto a detalles cruciales e incluso en su parcialidad, pero todos acabaron votando a favor. ¿Reflejó esa votación un acuerdo genuino o, más probablemente, fue una votación que reconoció la primacía geopolítica en lo que respecta a la gestión de la seguridad mundial? ¿Y por qué Indonesia y Pakistán, países de mayoría musulmana, aunque no son miembros del Consejo de Seguridad, se esforzaron por expresar su aprobación de la vía del 2803 hacia el futuro? Más comprensible fue la aprobación expresada por la Unión Europea, que volvió a servir como recordatorio de que el trato que Israel da a los palestinos forma parte del largo juego civilizatorio judeocristiano de mantener la hegemonía en Oriente Medio. Igual de preocupante fue el respaldo a la resolución 2803 por parte del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, quien no sólo la acogió con satisfacción, sino que expresó su esperanza de que su impulso se tradujera en «medidas concretas». Afortunadamente, la relatora especial de la ONU sobre los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados, Francesca Albanese, expresó su «grave preocupación por la adopción de la resolución 2803 por parte del Consejo de Seguridad, advirtiendo que va en contra del derecho palestino a la autodeterminación, consolida la presencia ilegal de Israel en los territorios palestinos ocupados, incluidas las políticas y prácticas ilegales en curso, y, por lo tanto, corre el riesgo de legitimar la violencia masiva actual». De manera reveladora, Albanese pronunció la verdad de estas palabras ante el poder después de soportar las sanciones punitivas impuestas en julio por su valiente disposición a dar testimonio oficial de lo que se estaba volviendo demasiado evidente a los ojos y oídos de los pueblos del mundo. Resulta irónico que la respuesta de la ONU a la 2803 se haya visto en cierto modo rescatada de la mancha de la complicidad por una persona designada sin remuneración y no sujeta a la disciplina de la ONU. Sus palabras coinciden con las de Craig Mokhiber, quien dimitió de un alto cargo en la ONU por su incapacidad para tratar de forma responsable las reivindicaciones palestinas y que, en los últimos años, se ha convertido en el crítico más informado e incisivo del enfoque de la ONU, reforzando la franqueza de Albanese en nombre de la ley y la justicia con respecto a las reivindicaciones y los derechos palestinos, pero el propio enfoque transaccional de la Organización chocó entre los imperativos geopolíticos y el cumplimiento de la Carta de las Naciones Unidas. También resulta extraño que Rusia y China, aunque expresaron algunas críticas durante el debate, no utilizaran su derecho de veto para bloquear la aprobación de la resolución 2803, especialmente teniendo en cuenta el frecuente uso del veto por parte de Estados Unidos en favor de Israel y considerando los principios que estaban en juego. Es probable que les impresionara la aceptación por parte de Hamás del enfoque general y no quisieran ser vistos como los responsables del fracaso del Plan Trump, lo que sin duda habría significado el fin del ya deteriorado alto el fuego. Además, tanto China como Rusia parecen considerar que la estabilidad mundial depende de un cierto grado de reciprocidad geopolítica en relación con sus relaciones trilaterales. En este sentido limitado, Trump parece estar más de acuerdo con la idea de que las relaciones de cooperación con estos dos países aportarían estabilidad y beneficios transaccionales que el enfoque de Biden de luchar contra Rusia a través de Ucrania para preservar el dominio estadounidense tras la Guerra Fría, una vía que aumentaba el riesgo de una tercera guerra mundial con armas nucleares, lo que habría prolongado la guerra de Ucrania con numerosas víctimas en ambos bandos. El enfoque de Trump, aunque frágil debido a su estilo voluble, hacía hincapié en la estabilidad geopolítica si ello significaba aceptar esferas de influencia que comprometían la soberanía de los Estados más pequeños e incluso, como en este caso, pasar por alto el genocidio. El rechazo de la resolución 2803 por parte de Hamás no fue del todo una sorpresa. No explica por qué Hamás aceptó la diplomacia de Trump en un principio, salvo por las perspectivas de alto el fuego y retirada de las Fuerzas de Defensa de Israel. La aceptación de Hamás se extendió a todo el plan de Trump, pero con esta postura en contra de la resolución 2803 y su anunciada negativa a desarmarse, ahora puede ser la base de un compromiso mejor o, al menos, un punto muerto en busca de nuevos progresos. Hamás e Irán, el otro crítico vocal de la resolución, también están reaccionando sin duda a la ausencia por parte de Israel de cualquier voluntad de mostrar signos de adoptar una política de reconciliación, ni de respetar concienzudamente el alto el fuego inicial, la retirada parcial y el fin de las rígidas restricciones a la ayuda humanitaria. El hecho de que Israel no haya mostrado piedad alguna hacia una población que vive sin calefacción, sin refugios seguros y sin alimentos y suministros médicos adecuados transmite el escalofriante mensaje de que Israel ni siquiera ha considerado abandonar sus ambiciones expansionistas, que incluyen una mayor limpieza étnica en Gaza y un aumento del crecimiento de los asentamientos en Cisjordania. El representante estadounidense insistió en que «un voto en contra de esta resolución es un voto a favor de volver a la guerra», lo cual formaba parte del enfoque de Trump de «o lo tomas o lo dejas». Tampoco es de extrañar que Netanyahu aplaudiera el respaldo a la resolución 2803 declarando que «el plan del presidente Trump conducirá a la paz y la prosperidad porque insiste en la desmilitarización total, el desarme y la desradicalización de Gaza». Tampoco es sorprendente que Francia y el Reino Unido endulzaran su respaldo al plan de Trump con declaraciones verbales de apoyo condicional a la eventual creación de un Estado palestino, tal y como se afirma en su patrocinio de la Declaración de Nueva York, que prevé la futura representación palestina bajo la autoridad de una Autoridad Palestina (AP) reconstituida, creada a su vez por la diplomacia dominada por Estados Unidos e Israel, que ha eludido la autodeterminación palestina, pero que ahora se está reutilizando para aplicar el plan de Trump. El apoyo anunciado por la AP a la resolución 2803 es una medida calculada para convencer a Israel y a Estados Unidos de que se puede contar con ella para seguir su escenario de estabilización, a pesar de su rechazo a las reivindicaciones palestinas y su negación del derecho de Palestina a la autodeterminación. Ofrecer estas migajas a la AP, al tiempo que se descalifica a Hamás de cualquier papel en la representación del pueblo palestino, es emblemático de la siguiente fase del juego final sionista, que implica la rendición política de Palestina y la eliminación de Hamás y de la resistencia palestina. Observaciones finales Las maniobras de los Estados, que siguen sus propios intereses en lugar de los valores supuestamente compartidos asociados con la Carta de las Naciones Unidas y el estado de derecho internacional, son lo que cabe esperar dada la historia de las relaciones internacionales y la orientación política realista de la mayoría de las élites de política exterior. No obstante, es lamentable, dada la flagrante indiferencia hacia la justicia y los derechos que impregna el Plan Trump y el poder diplomático y militar de que dispone Estados Unidos. No augura nada bueno para afrontar otros retos del orden mundial, como el cambio climático, los flujos migratorios, la estabilidad ecológica, una distribución menos desigual de la riqueza y los ingresos entre las personas, los Estados y las regiones, así como un compromiso más firme con los modos pacíficos de resolución de conflictos. Esta saga de la 2803 es especialmente desafortunada porque demuestra que la gestión geopolítica de la seguridad mundial va más allá del poder de veto de los cinco miembros permanentes. En aras de la estabilidad, la sede de la ONU acepta implícitamente el genocidio israelí en una medida indecorosa al respaldar por unanimidad un futuro neocolonialista para Gaza y la impunidad para Israel y sus cómplices. Simbólico de esta indecorosa sumisión de la ONU y sus miembros es el respaldo a la resolución 2803 por parte del líder de la ONU, una persona declarada persona non grata por Israel hace más de un año. El insultante rechazo de Israel a la ONU como «un pozo negro de antisemitismo» y similares debería haber llevado al menos al secretario general de la Organización a responder con un silencio sepulcral a la resolución 2803, en lugar de arrodillarse en señal de sumisión. Esto envía un mensaje vergonzoso al mundo de que, desde la perspectiva de la ONU, ni siquiera el genocidio descalifica a un Estado para recibir recompensas diplomáticas y territoriales, siempre y cuando los actores geopolíticos o los 5P sigan a bordo. En efecto, la dinámica de la política de poder sigue haciendo historia, a pesar de las desastrosas consecuencias. Richard Falk es Catedrático Emérito de Derecho Internacional Albert G. Milbank de la Universidad de Princeton, Catedrático de Derecho Global de la Universidad Queen Mary de Londres e Investigador Asociado del Centro Orfalea de Estudios Globales de la UCSB. Texto en inglés: CounterPunch.org, traducido por Sinfo Fernández. Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2025/12/30/verguenza-para-la-onu-por-ratificar-un-genocidio/

New York Times presenta el genocidio israelí en Gaza como una aplicación de la ley

Recomiendo: Una vez más, el New York Times presenta el genocidio israelí en Gaza como una aplicación de la ley Por Jonathan Cook | 01/01/2026 | Mentiras y medios Fuentes: Jonathan Cook. SubStack Traducido del inglés por Marwan Pérez para Rebelión Israel está expulsando a 37 grupos de ayuda humanitaria, una probable sentencia de muerte para cientos de miles de palestinos. Pero el Times solo habla de ‘nuevas normas’ en Gaza y ‘suspensiones’ para quienes ‘se resisten al registro’ Esta es otra clase magistral del New York Times sobre cómo vender el genocidio por imperativo legal. Según el titular de hoy, «nuevas normas israelíes” que obligan a “suspender” a grupos de ayuda y socorro, es decir, la expulsión forzosa de 37 organizaciones humanitarias del territorio palestino ocupado ilegalmente por Israel. Estos grupos de ayuda organizan la mayoría de los hospitales de campaña que actualmente operan en Gaza y se establecieron tras la destrucción de los hospitales adecuados por Israel del enclave. Los grupos también gestionan refugios de emergencia, servicios de agua y saneamiento, y centros de tratamiento para niños con desnutrición aguda. Las «normas de registro» de Israel son una sentencia de muerte para una población palestina sin hogar y indigente, vulnerable al hambre, las inundaciones, el frío invernal y las enfermedades debido a la destrucción de su tierra durante dos años. Una captura de pantalla de un artículo de noticias El contenido generado por IA puede ser incorrecto. ¿A quien culpar? Aparentemente a grupos como Médicos Sin Fronteras, Ayuda Médica para Palestinos y CARE. ¿Por qué? Porque están «resistiendo» las «normas» de Israel para «proporcionar información detallada» sobre su personal en Gaza, información que Israel ha utilizado una y otra vez para matar a esos trabajadores humanitarios. Como señala Médicos Sin Fronteras, «apoyamos a uno de cada cinco camas hospitalarias y a uno de cada tres nacimientos» en Gaza. Israel, añadió, que estaba «cortando la asistencia médica que salva vidas a cientos de miles de personas». Otra organización afectada por las “nuevas normas», el Consejo Noruego de Refugiados, señaló que Israel había matado a cientos de trabajadores humanitarios en los últimos dos años. «Para nosotros, es una preocupación de seguridad para nuestro personal. Y reconocer quiénes son – los pone en riesgo.» El New York Times quiere que olvides quién es el criminal aquí. Es Israel quien está ocupando ilegalmente Gaza y otros territorios palestinos —y lo ha hecho durante décadas. Es Israel quien ha bombardeado Gaza hasta la Edad de Piedra. Es Israel quien ha limpiado étnicamente a la población de Gaza de sus tierras, obligándolas a refugiarse en campos de concentración cada vez más pequeños en esas ruinas, rodeadas por la «línea amarilla» israelí. Es Israel quien ha ocasionado la hambruna al pueblo de Gaza durante meses bloqueando toda ayuda. Es Israel quien ha matado al menos a 600 trabajadores humanitarios, 1.700 personal sanitario y 250 periodistas en Gaza en los últimos dos años. Es Israel quien ha erradicado todos los hospitales y centros sanitarios de Gaza, dejando a su población mutilada y hambrienta vulnerable a infecciones y enfermedades. Y ahora es Israel quien expulsa a las organizaciones de ayuda vitales para mantener viva a esta población sin hogar, bombardeada, mutilada, hambrienta, huérfana y traumatizada. Los delincuentes no pueden establecer las «reglas» porque las reglas que establecen, por definición, sirven a su agenda criminal. Israel no ha ocultado esa agenda. Quiere erradicar Gaza y su población. Ha destruido los hogares de la gente de Gaza y la infraestructura que necesitan para sobrevivir, desde hospitales y escuelas hasta servicios de saneamiento. Ha bloqueado la ayuda y los alimentos, y ahora está expulsando a las organizaciones de ayuda de emergencia que servían de parita para mantener a esta población apenas con vida. El objetivo de Israel es hacer la vida tan desesperada, tan imposible, que el resto del mundo consienta la expulsión del pueblo palestino de Gaza por motivos «humanitarios». El New York Times, como el resto de los medios, está usando un lenguaje para persuadirte de que nada de esto está ocurriendo. Antes, los crímenes se justificaban como una «guerra» —una para erradicar a Hamás. Ahora, durante un supuesto «alto el fuego» en el que Israel sigue matando palestinos, los crímenes se justifican como una nueva forma diferente de ordenar los asuntos en Gaza, de nuevo supuestamente necesaria para erradicar a Hamás. Al parecer, las organizaciones de ayuda son las que causan problemas al «resistirse», al incumplir las «normas». Este es el lenguaje del lavado de genocidios, de la negación del genocidio. Tiene una historia larga y fea. Los nazis y sus medios calificaron la detención de las poblaciones judías de los guetos a los que habían sido obligados a entrar como «evacuaciones». Los enviados a campos de exterminio eran «reasentados». Y las cámaras de gas eran donde los «detenidos» recibían un «trato especial». Esta terminología de buena administración —de normas, de orden, de suspensiones, de reasentamiento— es necesaria para insensibilizarnos ante la bárbara realidad de los horrores que se desarrollan minuto a minuto en Gaza. Repetir este lenguaje anestesia, como hace una y otra vez el New York Times, es más que un crimen contra el periodismo. Es un crimen contra nuestra humanidad común. Sin la ayuda de medios como el New York Times, el genocidio habría sido simplemente imposible. Fuente: https://jonathancook.substack.com/p/once-again-the-new-york-times-sells?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F006e82ee-966d-41e3-876e-db4463baac79_699x374.png&open=false Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.