CRISTIANOS DEL NUEVO SIGLO
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martes, 27 de enero de 2026
Borgia en Davos
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Borgia en Davos
Por Napoleón Saltos Galarza | 27/01/2026 | Mundo
Fuentes: Rebelión
«Surge de esto una cuestión: si vale más ser amado que temido, o temido que amado. Nada mejor que ser las dos cosas a la vez, pero puesto que es difícil reunirlas y que siempre ha de faltar una, declaro que es más seguro ser temido que amado.» (El Príncipe, Nicolás Maquiavelo)
Davos, Suiza, fue el escenario para mostrar la demolición del viejo orden de la modernidad occidental basada en la racionalidad del iluminismo, y el montaje del nuevo orden brutal del poder desnudo. El fin de la OTAN y de la ONU, y la propuesta de un nuevo orden en torno a un lema-oxímoron, “La Junta de la Paz”, que ha convertido al mundo en un gran negocio inmobiliario, encabezado por el nuevo Príncipe vitalicio, autonombrado, Donald Trump.
El tiempo se mueve en grandes ciclos. Se juntan la figura del antiguo Cesare Borgia (1475-1507), de la transición a la modernidad, el poderoso que está por encima de las reglas; con la figura más antigua de Marco Licinio Craso (115 a 53 aC.), el Cónsul del ascenso de Roma, que adquirió su riqueza gracias al fuego y la guerra, con grandes inversiones en bienes inmobiliarios urbanos, mientras sacaba provecho de las miserias públicas.
Pero no se trata de Trump, apenas el personaje loco dentro de la obra, atrás actúa un nuevo Estado profundo-profundo. El desmontaje del Deep State de los Globalistas, mientras se consolida el nuevo Deep-deep State de los MAGA, como dice Alexander Dugin. Un poder obscuro, con figuras como Elon Musk, dueño de Tesla y Space X; Matt Schlapp, Presidente de la Unión Conservadora Estadounidense (ACU); Peter Thiel, empresario e ideólogo de la nueva tecnología; Steven Miller, el cerebro atrás de la política antiinmigración de Trump; Curtis Jarvin, el ideólogo de la “Ilustración obscura”, en torno a un “Estado-corporación” y a la “Catedral” formada por las universidades de élite y los medios de comunicación corporativos; el think tank Claremont Institute, que fundamenta la estrategia de ataque al Deep State y de promoción de una visión conservadora; la New Right, dentro del Partido Republicano, que impulsa la cultura norteamericana hacia posiciones nacionalistas y proteccionistas.
La ironía es que Trump monta la obra frente a los ojos de Europa, el templo derruido de la modernidad Occidental en retirada. El insulto, la diatriba, el chantaje, la amenaza de los aranceles y de la invasión militar, el negocio final, las dos presas simbólicas Groenlandia y Gaza, pero en realidad el tesoro disputado es el poder y la riqueza mundiales. Un mensaje que deja a Europa lejos de las grandes decisiones. La caída de la modernidad arrastra también la caída de su cuna, la Europa del Iluminismo y la razón. Crear el adversario que puede ser vencido.
El método del loco que crea el caos, para terminar en la concesión, promete que no se trata de la invasión militar a Groenlandia, la soberanía de Dinamarca y de Europa no está en peligro. La propuesta es un gran negocio inmobiliario, la compra de terrenos, con vista al mar y al Ártico. Allí estará el nuevo domo dorado para enfrentar las amenazas de Rusia y de China. Un lenguaje performático, desnudado de la complejidad del paso entre el significante y el significado, en el borde del símbolo primario, para conectarse inmediatamente con la pasión, la reacción, la respuesta, primero el caos, la incertidumbre, luego el temor y finalmente la sumisión y la obediencia.
En Groenlandia no hay la participación de los otros invitados, se trata del hemisferio exclusivo de la Doctrina Monroe 2.0, la variante Don-roe, el control exclusivo desde el Ártico a la Antártica. Sólo están invitados los nuevos poderosos de “America First”. No se trata del petróleo, como en Venezuela, en Groenlandia está la fuente de minerales y tierras raras necesarias para un Silicon Valley 2.0. El reparto, la venta, ya se realizó en planos. Sólo hay que legalizar el negocio, imponer la aceptación sumisa de Europa.
Todavía queda el discurso del Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, un burócrata que gestionó la crisis del 2008 desde la City de Londres e impulsó y gestionó el Bréxit en 2020, el lamento del cisne. La reproducción de algunas verdades desde atrás, “no estamos en una transición, sino en una ruptura, el fin de una bonita historia y el comienzo de una realidad brutal”, para tratar de juntar a las potencias medias, a fin de resistir, en algo, la avalancha de la destrucción de las reglas de los tiempos del globalismo triunfante, y buscar una espacio propio en medio de la disputa y los acuerdos, el reparto del mundo de los tres grandes. Invoca con añoranza los viejos valores globalistas, “el respeto a los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados”. Aunque él mismo es un ejemplo de su disolución. La invocación a China, a fin de buscar alguna protección para la OTAN-, frente al nuevo monarca salido de su propia casa, mientras siguen enfrascados en la autodestrucción de Europa en la Guerra de la OTAN contra Rusia. Y al final la sumisión a la compra de Groenlandia.
El negocio es diferente en Gaza. El reparto y la sumisión al nuevo monarca mundial sobre los cadáveres de los niños, las mujeres, los hombres de Gaza. El negocio de la reconstrucción, después de la destrucción total, el genocidio y el espacio vaciado. El cinismo de la oferta, las mansiones, los resorts en un panorama asombroso. El tema de fondo está en la “Junta de la Paz”. Inicialmente se pensaba que podía abordar el conflicto en Gaza, pero la nueva versión, presentada en Davos, la muestra como una “organización internacional” que promueve la estabilidad, la paz y la gobernanza “en zonas afectadas o amenazadas por conflictos”. El derecho de admisión cuesta mil millones de dólares. La presidencia vitalicia, según el Estatuto, es para Trump, más allá de su segundo mandato, El Príncipe al desnudo, declara que es un tiempo en que se requiere un Dictador.
El objetivo es sustituir a la ONU y crear una alianza que pueda desplazar a los BRICS y a la propuesta de la Ruta de la Seda de China. Ha invitado también a Rusia y a China, pero hasta el momento han evadido la respuesta.
Trump es el depredador que muestra las cartas del negocio. Un tiempo de destrucción del viejo orden normativo y la imposición de un nuevo orden por la fuerza y el miedo.
En la versión iluminista, la modernidad parte del legado de Descartes, de Newton, la ciencia y la razón como soporte de la verdad. Pero ahora podemos ver que más bien son los personajes e ideólogos de la fuerza y el poder los reales padres de la modernidad capitalista. Podríamos trazarnos otra imagen si vemos que las fuentes están en Maquiavelo, el ideólogo de la separación entre política y moral, y en Hobbes, el ideólogo del poder absolutista, del Leviatán.
Cesare Borgia fue el modelo de El Príncipe moderno, predicado por Maquiavelo. Los consejos del pragmatismo político, para conquistar, retener y ampliar el poder, priorizando la eficacia sobre la moralidad: ser temido, antes que amado; ser zorro y león; la palabra dada es secundaria; la crueldad aplicada en un solo golpe; la única ocupación del Príncipe debe ser la guerra perpetua. Y ahora los ideólogos de la fuerza y el poder desnudo regresan por la puerta de la racionalidad cínica, el conocimiento y la información separados de la verdad y la humanidad.
El Príncipe mundial se ve obligado a enfrentar y negociar con los otros polos de poder. Estamos en la transición desde la hegemonía unilateral del Occidente Globalista a la hegemonía multi-trilateral, en torno a los tres Estados-imperio-civilización, los Estados Unidos del proyecto Maga de Trump, la Gran Rusia, el proyecto de la Tercera Roma de Putín, el “Socialismo” chino de Xi Jinping. Todavía el tiempo violento del reparto, aunque evitan la confrontación bélica directa, y más bien las guerras se mueven en las fronteras de las zonas de influencia, Ucrania, Venezuela, Irán. El conflicto Palestino-Israelí tiene un carácter diferente, la frontera sobre el sentido de la humanidad.
Una transición violenta en contra de las fuerzas y países subordinados y, sobre todo en contra de los pueblos. Gaza, Minneapolis, son los signos.
El reto es construir un Frente Antifascista desde abajo, como la nueva forma de unidad de los pueblos de América Latina y del Sur Global, para impulsar una política de paz, no-alineamiento y defensa de la humanidad y la madre-naturaleza. Un proyecto de cuidado compartido, para rechazar todas las invasiones y dominaciones, y proteger la vida, sobre todo para las nuevas generaciones.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
domingo, 25 de enero de 2026
Adiós al mutilateralismo: El mundo ya no coopera, se protege
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Adiós al mutilateralismo: El mundo ya no coopera, se protege
Por Aram Aharonian | 24/01/2026 | Mundo
Fuentes: CLAE
En su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos, el primer ministro canadiense Mark Carney describió el final del multilateralismo como una ruptura y no como una crisis pasajera: es que cuando la economía se convierte en arma, la política deja de fingir.
Davos suele (o solía) ser el lugar donde las palabras se amortiguan con alfombra, pero este martes el primer ministro de Canadá no decidió murmurar, sino que subió al estrado para decir algo que en los foros mundiales –y no por educación- se evita: el mundo ya no está cambiando de fase, está rompiéndose.
Carney dejó una frase que resume la época: si no te sientas a la mesa, acabas en el menú. Las potencias intermedias —ni imperios ni satélites— empiezan a moverse juntas porque negociar en solitario frente a un hegemón es aceptar las condiciones del más grande. Y ese aprendizaje, que antes era teórico, ahora es práctico.
Carney defendió sin ambigüedades a Dinamarca, condenó las pretensiones de Trump sobre Groenlandia, y advirtió contra el espejismo del apaciguamiento en un mundo donde las grandes potencias vuelven a medir fuerzas sin demasiados complejos. Hablar claro, dijo, no resuelve los conflictos, pero evita normalizar la intimidación.
Mientras Donald Trump ha afirmado en varias ocasiones que desea que Canadá se convierta en el 51º estado estadounidense, el ejército canadiense ha modelizado un escenario de invasión, según el diario Globe and Mail, sería la primera vez en más de un siglo que Ottawa contempla teóricamente un ataque estadounidense contra su territorio.
El canadiense no usó palabras bonitas ni simbolismos. Dijo que no hay transición, sino fractura y sin mirar a Donald Trump afirmó que hay potencias que han aprendido a usar la economía como si fuera artillería pesada, algo de lo que América Latina conoce bien y de primera mano. Nadie dudó de a quién se refería el primer ministro de Canadá.
Carney mostró a los presentes en Davos un mapa con cadenas de suministro convertidas en trampas, infraestructuras financieras utilizadas como instrumentos de presión, aranceles como castigo político. Lo que durante décadas se vendió como integración se parece ahora a una red de dependencia gestionada por los más fuertes. El beneficio mutuo, vino a decir, solo funciona mientras es mutuo. Cuando deja de serlo, se llama subordinación.
Que ese diagnóstico se pronunciara en Davos, templo de la globalización feliz, tiene algo de aviso tardío. Pero no es retórica: los gobiernos ya están actuando como si el sistema hubiera dejado de protegerlos. Carney no lo presentó como una ideología, sino como una reacción defensiva. Si las normas no te cubren, te cubres tú.
El primer ministro canadiense no habló de proteccionismo, pero tampoco lo evitó. Habló de autonomía alimentaria, energética, financiera. De minerales críticos. De industrias domésticas. Y, en el fondo, de algo que hasta hace poco sonaba a herejía liberal:soberanía económica como condición de supervivencia política. Autonomía estratégica es la palabra que antes daba miedo.
Canadá, que se reivindica como actor estratégico (por su energía, minerales, capital, talento) anunció que duplicará su gasto en defensa y está tejiendo una red de acuerdos bilaterales que esquivan el viejo multilateralismo. Unión Europea, Mercosur, ASEAN, India. Geometría variable, lo llamó. Una diplomacia de alianzas móviles para un mundo donde los pactos universales ya no valen.
En un mundo más dividido e incierto, Canadá está construyendo una economía más fuerte, independiente y resiliente. Para ello, el nuevo gobierno canadiense trabaja para diversificar sus alianzas comerciales y catalizar nuevos y masivos niveles de inversión. Como segunda economía más grande del mundo, China presenta enormes oportunidades para Canadá en esta misión, señaló.
Al aprovechar nuestras fortalezas y centrarnos en el comercio, la energía, la agroalimentación y áreas donde podemos obtener grandes beneficios, estamos forjando una nueva alianza estratégica que se basa en lo mejor de nuestro pasado, refleja el mundo actual y beneficia a los pueblos de ambas naciones, señaló Carney.
No fue un discurso de ruptura, pero sí de fin de la ingenuidad. Carney también habló de Ucrania, de la OTAN y del Ártico, donde Canadá se alinea con Dinamarca y Groenlandia frente a las presiones estadounidenses. La mención no fue casual. El nuevo conflicto no está en las fronteras, sino en los recursos, y el hielo se ha convertido en territorio político.
La defensa del artículo 5 de la OTAN suena, en su boca, menos solemne que urgente. Radares, submarinos, presencia terrestre. La seguridad ya no se formula en abstracto: se construye, se paga y se despliega. Davos escuchó en silencio. No hubo aplausos entusiastas ni titulares optimistas.
Lo que quedó claro fue algo que se intuía: el orden global ya no se sostiene por confianza, sino por capacidad de resistencia. Durante décadas se acostumbró a llamar cooperación a lo que ahora se parece demasiado a una negociación entre (demasiados) desiguales.
Aram Aharonian. Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
El discurso de Carney en Davos "se ha repetido en América Latina múltiples veces", señala analista
Mundo
- Sputnik Mundo.
El discurso de Carney en Davos "se ha repetido en América Latina múltiples veces", señalan
Lo novedoso del discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial, no radica en su diagnóstico del presente ni en sus acusaciones contra el orden basado en reglas, señaladas repetidas veces por el sur global hace décadas, sino en que fue pronunciado por un personaje del 'establishment', dijo a Sputnik un experto.
El Foro Económico Mundial concluyó este 23 de enero con un sabor agridulce para Europa y líderes como el ucraniano Volodímir Zelenski, quien entre sus controvertidas declaraciones criticó a dicha región por su incapacidad para liderar y defenderse.
En opinión del doctorante en Estudios Latinoamericanos por la UNAM Mauricio Prado Jaimes, el Foro "fue un espectáculo patético por todas partes", que expresó "muy claramente la crisis actual" que atraviesa el orden global y sus principales representantes.
"Nadie sabía qué hacer y se dieron posturas de todo tipo. [El presidente español] Pedro Sánchez hablando de inteligencia artificial (...) Elon Musk diciendo cualquier cosa. Javier Milei [presidente de Argentina] pagando para estar sentado en una mesa [el Consejo de Paz para Gaza] en la cual seguramente no tendrá influencia", señala el analista para Sputnik.
Un argumento añejo
Pero, en medio del barullo, un discurso acaparó los titulares de prensa: el del primer ministro canadiense, Mark Carney, quien utilizó su tribuna para admitir que el orden basado en reglas está roto y que siempre fue una "ficción cómoda" que sirvió a los más poderosos.
Entre otras cosas, el también economista y banquero, confesó que durante décadas, "países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en reglas".
"Sabíamos que la historia del orden internacional basado en reglas era parcialmente falsa: que los más fuertes se eximían cuando les convenía, que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor dependiendo de la identidad del acusado o de la víctima", dijo.
"Este pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición", aseveró.
La doble humillación de Europa en Davos - Sputnik Mundo, 1920, 23.01.2026
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La doble humillación de Europa en Davos
ayer
Las declaraciones del primer ministro canadiense fueron elogiadas por figuras de distintas corrientes políticas. No obstante, la postura del mandatario forma parte de una crítica que ha sido realizada por el sur global, al menos desde la década de 1960, contra el sistema internacional y sus instituciones, señaló a este medio Prado Jaimes.
"Confesión de partes"
"[Ese discurso] se ha repetido en América Latina múltiples veces, año con año. En la Asamblea General de la ONU se repiten también estas críticas, pero son voces que, en general, no son escuchadas por pertenecer a países, primero, del sur global, luego, que tampoco tienen un peso geopolítico importante", observó el experto.
Y añadió que "en América Latina lo vemos como una confirmación de muchas cosas que ya pensamos, pero es una confesión de partes [lo dicho por el premier canadiense]".
"La institucionalidad internacional está en crisis y la ONU no es la excepción", advierte un experto
En ese sentido, para el analista, la novedad del discurso de Carney, o la razón por la que fue tan bien acogido por la prensa y, en general, en la discusión pública, se debe a que ha sido pronunciado por una "potencia mediana" y, particularmente, "por un personaje totalmente del establishment".
"Mark Carney es un banquero propiamente, que trabajó en Goldman Sachs, es decir, es alguien que conoce y es parte del sistema internacional financiero", observa y añade que, "en parte, de ahí viene el impacto", pues se trata de un "igual".
Por otro lado, el especialista estima que la positiva acogida del discurso puede leerse a la luz de la crisis identitaria de Europa, "que no está encontrando su lugar en el mundo, con todos los cambios que están ocurriendo".
"Ellos sufren una crisis por asumir que ya no tienen la relevancia que tenían, a lo mejor, a inicios del milenio, cuando eran ellos y Estados Unidos los que dictaban la política internacional", pondera Jaimes.
Trump retira invitación al primer ministro de Canadá para sumarse al Consejo de Paz para Gaza - Sputnik Mundo, 1920, 23.01.2026
Trump retira invitación al primer ministro de Canadá para sumarse al Consejo de Paz para Gaza
En ese sentido, el experto argumenta que, aunque Canadá no forma parte propiamente de Europa, es un integrante de la comunidad internacional que aceptó y se benefició del consenso mundial.
"Que alguien de su mismo estilo les dijera, en esos términos tan crudos, el giro de época en el que nos encontramos y el papel minoritario que tienen los países de Europa y Canadá, en este caso, creo que es lo que les sacudió y es lo que ha provocado tanto eco", observa el experto.
Por consiguiente, sostiene que el discurso de Carney se inscribe en el enfoque de la realpolitik, toda vez que ahora Canadá y la Unión Europea se encuentran del otro lado de esa "ficción útil" con la que estuvieron de acuerdo durante décadas hasta que dejó de favorecerlos.
"Ellos sabían que el sistema multilateral dependía en última instancia de su voluntad, pero lo consintieron conforme se vieron beneficiados y, cuando dejaron de beneficiarse, ahora hacen esta confesión", refiere el experto.
"Les gustaría seguir beneficiándose de ese sistema hipócrita, pero cuando se les voltea en contra, pues ya tienen que hacer un llamado a Europa" para asumir un liderazgo en la configuración del orden global que se está gestando, finaliza Prado Jaimes.
sábado, 24 de enero de 2026
Groenlandia no es un premio
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Groenlandia no es un premio
Por Vijay Prashad | 24/01/2026 | Mundo
Fuentes: Instituto Tricontinental de Investigación Social
Estados Unidos ha centrado su atención en ella por su riqueza mineral y ubicación estratégica. Su pueblo, lxs kalaallit, ocupa un lugar secundario en las maquinaciones de Washington.
Cada cierto tiempo, Estados Unidos, el centro del Norte Global imperialista, olvida sus modales.
Una cosa es ser grosero con Irán o Venezuela, pero serlo con Dinamarca es otra cosa completamente diferente. El Atlántico Norte no ha experimentado hostilidad interna, quizás desde que Adolf Hitler invadió Polonia en 1939. Pero para ser justos con Estados Unidos, no ha codiciado a Dinamarca en sí. Washington ha lamido sus dedos pegajosos y los ha colocado sobre Groenlandia.
Aka Høegh (Kalaallit Nunaat), Bag maskerne [Detrás de las máscaras], 2008.
Dinamarca comenzó su colonización de Groenlandia hace 305 años, en 1721. Lxs académicxs constitucionalistas dirán que el estatus colonial formal terminó en 1953 cuando Groenlandia fue incorporada al Reino de Dinamarca y que ganó una medida adicional de autonomía en 2009 cuando se aprobó la Ley de Autogobierno de Groenlandia. Sin embargo, seamos francos, sigue siendo una colonia.
Para contextualizar, Groenlandia (más de 2 millones de kilómetros cuadrados) es 50 veces más grande que Dinamarca. A modo de comparación, si se situara sobre Estados Unidos, se extendería casi desde Florida hasta California. Si fuera un país independiente, sería el duodécimo más grande del mundo en superficie. Por supuesto, este país ártico tiene una población muy reducida, alrededor de 57.700 habitantes (equivalente aproximadamente a la población de Hoboken, Nueva Jersey).
En la imaginación de Washington, Groenlandia no aparece como una patria, sino como una ubicación, un lugar en un mapa o una señal en una pantalla de radar. Las palabras utilizadas para hablar de ella pertenecen a la gramática de la posesión: compra, control, apropiación. Este es el lenguaje de la dominación, de una potencia imperialista (Estados Unidos) que quiere apoderarse de la tierra de una potencia colonial (Dinamarca).
Pero Groenlandia no es un premio.
El pueblo inuit de Groenlandia llama a su país Kalaallit Nunaat: “Tierra de lxs kalaallit” (groenlandesxs). Cuando Trump y sus aliados hablan de Groenlandia, nunca hablan de su pueblo: lxs kalaallit. En cambio, Trump habla de la importancia estratégica de la isla y de lo que el gobierno de Estados Unidos considera los peligros de su ocupación por parte de China y Rusia (sin importar que ni China ni Rusia han reclamado el territorio). Groenlandia es siempre un lugar que debe pertenecer a otros, pero no a lxs kalaallit. Para personas como Trump, o incluso para generaciones de primeros ministros daneses (a pesar de las declaraciones moderadas sobre el camino hacia la autodeterminación), lxs kalaallit no tienen ningún papel como sujetos políticos.
Groenlandia creció en importancia estratégica y económica para Dinamarca después del hallazgo de la criolita en 1794, un mineral clave utilizado en la producción de aluminio. Este enfoque extractivo continuó después del descubrimiento en 1956 de uranio y elementos de tierras raras en Kuannersuit (Kvanefjeld) en el sur de Groenlandia. En 1941, el enviado de Dinamarca en Washington, Henrik Kauffmann, firmó un acuerdo que permitió a Estados Unidos establecer bases y estaciones en Groenlandia. En 1943, Estados Unidos instaló una estación meteorológica en Thule (Dundas) conocida como Bluie West 6, y en 1946 agregó una pequeña pista de aterrizaje.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Dinamarca fue uno de los primeros países en sumarse al esfuerzo estadounidense para construir un bloque militar contra la Unión Soviética. De hecho, fue fundadora de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (1949) y luego firmó el Acuerdo de Defensa de Groenlandia (1951), que permitió a Estados Unidos construir la Base Aérea de Thule bajo el nombre en clave de Operación Blue Jay (ahora Base Espacial de Pituffik). La base resultó útil no solo como un lugar para vigilar a la URSS, sino también para la alerta de misiles, defensa antimisiles y la vigilancia espacial. Es un punto de apoyo estratégico que ha cobrado mayor importancia a medida que los yacimientos de uranio y tierras raras de Groenlandia se han convertido en un elemento central de la contienda mundial por los minerales críticos.
A medida que las capas de hielo de Groenlandia se han derretido en las últimas décadas debido a la catástrofe climática, la geología profunda del país se ha vuelto más fácil de investigar y explotar.
Los estudios de viabilidad y las perforaciones realizadas a principios y mediados de la década de 2010 (especialmente 2011–2015) mostraron que la tierra estaba colmada de grafito, litio, elementos de tierras raras y uranio. Cuando Estados Unidos impuso su Nueva Guerra Fría contra China, tuvo que buscar nuevas fuentes de tierras raras debido al dominio de China en el refinamiento de tierras raras y la producción derivada de imanes.
La isla se convirtió no solo en una fuente de minerales o una ubicación geográfica para la proyección de poder, sino también en un nodo crítico en la arquitectura de seguridad de la cadena de suministro liderada por Estados Unidos.
Anne-Birthe Hove (Kalaallit Nunaat), Inuppassuit V [Muchas personas], 1995.
En agosto de 2010, mucho antes del viaje del primer ministro canadiense Mark Carney a China a mediados de enero de 2026, el gobierno canadiense publicó un informe con un título interesante: Statement on Canada’s Arctic Foreign Policy: Exercising Sovereignty and Promoting Canada’s Northern Strategy Abroad. [Declaración sobre la política exterior ártica de Canadá: ejerciendo soberanía y promoviendo la estrategia del norte de Canadá en el extranjero]. A primera vista, el informe es bastante insípido, con muchas declaraciones sobre cómo Canadá respeta a los pueblos indígenas del Ártico y cómo sus intenciones son completamente liberales y nobles. Esa postura es difícil de conciliar con la realidad, cuando los principales proyectos mineros en todo el Ártico canadiense han suscitado reiteradamente la preocupación de los inuit por el impacto en la fauna y la actividad de recolección de su pueblo, y que los reguladores han recomendado en ocasiones no ampliar los proyectos, como en el caso de la mina de hierro de Mary River de Baffinland.
De hecho, Canadá cuenta con el mayor centro mundial para el financiamiento minero (TSX y TSX Venture Exchange listan más de la mitad de las compañías mineras que cotizan en bolsa del mundo), que ha estado husmeando alrededor del Ártico durante décadas en busca de energía y minerales. El informe de 2010 menciona el “potencial energético y de recursos naturales del norte” de Canadá y que el gobierno está “invirtiendo significativamente en mapear el potencial energético y mineral del norte”. Sin embargo, no se mencionan las grandes compañías mineras privadas canadienses que se beneficiarían no solo del potencial mineral de Groenlandia (por ejemplo, Amaroq Minerals, que ya posee la mina de oro Nalunaq en el sur de Groenlandia) sino también de la región ártica de Canadá (por ejemplo, Agnico Eagle Mines, Barrick Mining Company, Canada Rare Earth Corporation y Trilogy Metals). Lo relevante del informe es que si se pone en práctica, agudizaría la disputa de larga data entre Canadá y Estados Unidos sobre la navegación en el Ártico, particularmente en el Paso del Noroeste, que Canadá considera aguas internas y Estados Unidos un estrecho internacional.
Canadá es una “potencia ártica”, dice el informe. Hay otros siete países que tienen presencia en el Ártico: Dinamarca, Finlandia, Islandia (a través de Grimsey), Noruega, Rusia, Suecia y Estados Unidos (a través de Alaska). Son miembros del Consejo Ártico, que fue establecido por Canadá en 1996 para hacer frente a la contaminación ambiental y crear espacio para que las organizaciones indígenas de la región expresen sus puntos de vista. Sin embargo, el Consejo Ártico ha estado en gran medida paralizado desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando los países miembros suspendieron la cooperación normal con Rusia. Posteriormente reanudaron el trabajo, limitado al nivel de proyectos que no involucra la participación rusa, aunque Rusia posee aproximadamente la mitad de la costa ártica. Como se requiere consenso, esto ha reducido el papel del consejo de un lugar que podría mediar la coordinación pan-ártica e incluso negociar acuerdos vinculantes a uno que se limita en gran medida a proyectos de grupos de trabajo técnicos y evaluaciones. La afirmación de Canadá de ser una “potencia ártica” viene con bravuconería pero carece de sustancia. ¿Realmente impedirá que Estados Unidos utilice sus rutas marítimas y podrá ejercer una forma de soberanía capitalista para sus compañías mineras en la región ártica?
En 2020, antes de que el consejo suspendiera la cooperación con Rusia, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ya había llamado a sus miembros a “poner sus miras en el alto norte” (como señaló en un informe el grupo de expertos de la OTAN, el Atlantic Council). Después de 2022, esta entidad desarrolló una estrategia de “alto norte” que puede apreciarse mejor en su informe parlamentario de 2025 Renavigating the Unfrozen Arctic [Renavegando el Ártico descongelado]. El informe identifica lo que considera la amenaza principal para los países de la OTAN: China y Rusia. Uno de ellos (Rusia) es una potencia ártica importante, y el otro (China) tiene dos estaciones científicas en el norte (la Estación Yellow River en Svalbard, Noruega, que está allí desde 2003 estudiando ciencia atmosférica y medioambiental, y el Observatorio de Ciencia Ártica China-Islandia en Kárhóll, Islandia, que está allí desde 2018 estudiando ciencia de sistemas terrestres y medioambiental). China también ha indicado que las aguas árticas serían ideales para una Ruta de la Seda Polar, un corredor comercial que la vincularía con Europa. Pero no hay presencia militar china en la región hasta ahora.
El 9 de enero de 2026, Trump dijo que no quiere que China o Rusia obtengan un punto de apoyo en Groenlandia. Es cierto que representantes de empresas chinas han estado en Groenlandia y han firmado memorandos de entendimiento (MOU por su sigla en inglés) no vinculantes, pero es igualmente cierto que ninguno de ellos ha avanzado. Trump teme que algunos de estos MOU puedan eventualmente convertirse en proyectos que podrían llevar a empresas chinas a suelo groenlandés. Sin embargo, dado que la inversión de la UE es tan baja en Groenlandia (alrededor de USD 34,9 millones por año), y dado que la inversión de Estados Unidos (alrededor de USD 130,1 millones por año) y canadiense (USD 549,3 millones por año) es mayor pero aun así inferior a la inversión china anticipada (al menos USD 1.162 millones), es creíble temer a las empresas chinas. Al mismo tiempo, vale la pena señalar que lxs diplomáticxs danesxs y otrxs nórdicxs han rebatido las afirmaciones de Trump sobre buques de guerra rusos y chinos operando “alrededor de Groenlandia”, para lo cual Trump no ha ofrecido evidencia pública.
La inversión anticipada de China en Groenlandia no representa una amenaza militar, ni es algo de lo que Estados Unidos, Canadá o de hecho Dinamarca deban preocuparse. Esta debería ser una discusión y debate dentro de Groenlandia.
Bolatta Silis-Høegh (Kalaallit Nunaat), Uagut [Nosotros], 2021.
Groenlandia no está en venta. No es una plataforma militar o una reserva mineral esperando ser extraída. Es una sociedad, viva con memoria y aspiración. El Sur Global conoce bien esta historia, una historia de saqueo en nombre del progreso, de bases militares en nombre de la seguridad, del sufrimiento y la inanición de la gente que llama a esta tierra su hogar.
La tierra no sueña con ser poseída. Los pueblos sueñan con ser libres.
Pregúntale a Aqqaluk Lynge, poeta kalaallit, político y defensor de los derechos de los inuit, que escribió en su poema “Una vida de respeto”:
En los mapas del país
debemos dibujar puntos y líneas
para demostrar que hemos estado aquí
y que estamos hoy aquí,
aquí donde corren los zorros
y anidan las aves
y desovan los peces.
Ustedes lo circunscriben todo
exigen que demostremos
que existimos,
que usamos la tierra que siempre fue nuestra,
que tenemos derecho a nuestras tierras ancestrales.
Y ahora somos nosotros quienes preguntamos:
¿Con qué derecho están ustedes aquí?
Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-groenlandia-estados-unidos-colonizacion/
El «Plan de paz» de Trump para Palestina
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El «Plan de paz» de Trump para Palestina
Por Umberto Mazzei | 23/01/2026 | Economía
Fuentes: Rebelión
El Plan de paz estadounidense fija el precio de los «puestos permanentes» de la Junta en 1.000 millones de dólares cada uno.
El presidente estadounidense Donald Trump amenazó el martes con imponer aranceles del 200 % a los vinos y el champán franceses después de que, según informes de prensa, el presidente francés, Emmanuel Macron, se negara a unirse a su «Junta de la paz» en Gaza. Un supuesto grupo humanitario para legitimar la ocupación de la Franja por Israel y la financiación de un complejo turístico israelí propiedad del yerno judío de Trump Jared Kushner.
La llamada Junta de la paz forma parte de un «Plan de paz de 20 puntos» propuesto por Estados Unidos para poner fin al conflicto entre Israel y Palestina en la Franja de Gaza.
Según el borrador de los estatutos de esta Junta, estará presidida por Trump. La membresía se realizará por invitación del presidente, quien tendrá autoridad clave sobre los mandatos, las renovaciones y las destituciones (un dictador de la Franja). Lo que conmocionó aún más a la comunidad internacional fue que el plan estadounidense fijó abiertamente el precio de los «puestos permanentes» de la Junta en 1.000 millones de dólares cada uno. Este acto de «privatización» de los asuntos internacionales y «mercantilización» de la paz regional no solo ignora la voluntad del pueblo palestino, sino que también plantea un enorme desafío al sistema de gobernanza internacional y las normas de conducta vigentes.
El actual conflicto entre Israel y Palestina ha durado casi 30 meses y la crisis humanitaria en Gaza continúa agravándose por el intento de terminar el genocidio matando de hambre a los sobrevivientes, un crimen nunca visto en tiempos modernos.
La iniciativa de la Casa Blanca para formar una «Junta de paz» busca principalmente demostrar la influencia estadounidense sobre la situación en Gaza. Sin embargo esta institución que debería ser responsable de la paz en Gaza es un ejemplo típico de la «diplomacia transaccional».
La lista de nominados está repleta de políticos estadounidenses y allegados de Trump, pero brilla por su ausencia la parte interesada más importante: los palestinos.
Esta «ausencia» ha suscitado críticas generalizadas de la comunidad internacional y algunos incluso sugieren que revela la naturaleza «colonial» de la institución, que intenta definir en privado el futuro de Gaza sin el consentimiento del pueblo palestino. Trump en verdad es un adulto malcriado que abusa de la paciencia del resto del mundo. Es ridículo que la paz mundial dependa de un adulto caprichoso que se cree más astuto que el resto de los jefes de Estado y piensa que los puede engañar con sus viejas trampas de estafador profesional (tiene media docena de quiebras fraudulentas en su expediente penal). Es un personaje que en un mundo de gente seria debería estar en la cárcel en lugar de vivir en el palacio presidencial. Pero, en fin, así funciona la democracia estadounidense que se presenta como ejemplo para el resto del mundo.
Aún más impactante es la oferta explícita de la Casa Blanca de un «asiento permanente» por 1.000 millones de dólares. Esta medida reduce la solemne causa de la paz internacional a un juego de dinero. El futuro de Gaza no debería ser una mercancía que se pueda comprar. Bajo la influencia del capital y la voluntad hegemónica resultará difícil alcanzar una paz verdadera. A juzgar por el estatuto propuesto para la «Junta de paz», es muy improbable que este mecanismo resuelva la crisis actual, porque no es más que la continuación del proyecto sionista esta vez a favor del yerno del Presidente Trump que incluso podría contaminar el panorama político de Oriente Medio. En primer lugar no ha priorizado la crisis humanitaria en Gaza, centrándose más en las operaciones clave de la reconstrucción posbélica de un resort turístico israelí que profundizaría la ocupación otorgando a Israel derechos para vender el gas subterráneo que se encuentra frente a ese enclave palestino y que debería pertenecer a los palestinos gazatíes.
En segundo lugar, esta Junta obstaculiza gravemente una solución integral y justa para la cuestión palestina-israelí. El Plan de paz para Gaza, liderado por Estados Unidos, no solo elimina el papel político de la Autoridad Nacional Palestina en Gaza, sino que también establece una supuesta Junta de paz controlada por fuerzas externas por encima del comité tecnocrático palestino. En esencia, esto reemplaza la gobernanza soberana con intervención externa, socavando la base política de la «solución de dos Estados». De este modo, Estados Unidos priva a los palestinos de su derecho fundamental como Estado a gestionar sus propios asuntos, dividiendo aún más la Franja de Gaza de Cisjordania y haciendo aún más inalcanzable una solución de paz justa y duradera con dos Estados. Un proyecto imposible mientras sean los sionistas quienes manden en Washington y el pueblo estadounidense quien pague la cuenta.
En tercer lugar, esta medida ha afectado gravemente al sistema de gobernanza global. La actual crisis de Gaza es un ejemplo brutal del estado desordenado de un mundo donde prevalece la ley del más fuerte. Un estado de cosas que no puede durar mucho en el siglo XXI, donde hay estados con tecnología militar superior a la de Estados Unidos.
Si se pueden comprar escaños en paz y las grandes potencias pueden imponer arbitrariamente sus propios sistemas al margen del orden internacional existente, la equidad del orden internacional de postguerra ya no coincide con la realidad. China comunista es hoy la mayor potencia económica de la economía real del mundo productivo Este modelo de «gobierno de club» reduce el derecho internacional a un contrato privado entre grandes potencias, regresando el mundo civilizado a la ley de la selva.
El mundo entero cuestiona el nivel cultural de Marco Rubio cuando este tonto engreído se pregunta con qué derecho puede Europa dictar cátedra en derecho internacional a Estados Unidos. Concretamente desde hace unos dos mil, años desde el Iure Gentium romano y luego desde 1648 con la paz de Westfalia cuando Estados Unidos ni siquiera existía. Cómo puede haber sido elegido al puesto de Secretario de Estado un hombre tan ignorante. Le recomiendo que lea el libro Diplomacy escrito por Henry Kissinger, su más brillante antecesor en el mismo cargo que Rubio ahora tan opacamente desempeña
Para resolver verdaderamente la cuestión israelí-palestina, debemos retornar al orden internacional de equidad y justicia. Cualquier acuerdo relativo a la gobernanza de Gaza tras la guerra debe discutirse en el marco de la ONU y debe respetar plenamente el principio fundamental de que «los palestinos gobiernen Palestina». Una paz genuina debe construirse sobre la base de la «solución de dos Estados» y la restauración de los derechos legítimos del pueblo palestino, no sobre un «pequeño grupo» establecido privadamente por una potencia hegemónica. La comunidad internacional debe ser cautelosa ante la peligrosa tendencia a anteponer los juegos geopolíticos al derecho internacional y garantizar que la reconstrucción de Gaza sea la reconstrucción de la justicia, no la expansión de la hegemonía.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Zelenski estaría dispuesto a intercambiar millones de vidas ucranianas por su supervivencia política, señala una experta hace 2 horas Zelenski estaría dispuesto a intercambiar millones de vidas ucranianas por su supervivencia política, señala una experta .
Zelenski estaría dispuesto a intercambiar millones de vidas ucranianas por su supervivencia política, señala una experta
hace 2 horas
Zelenski estaría dispuesto a intercambiar millones de vidas ucranianas por su supervivencia política, señala una experta - Sputnik Mundo, 1920, 24.01.2026
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Volodímir Zelenski intenta mantener su relevancia al afirmar en el Foro Económico Mundial de Davos que Ucrania puede defender a Europa, declaró a Sputnik la politóloga rusa de la Escuela Superior de Economía, Yulia Semke.
"En sus afirmaciones sobre estar dispuesto a defender a Europa —e incluso a Groenlandia— se percibe con especial claridad la arrogancia. Pone en duda la capacidad de los europeos para garantizar su propia seguridad e incluso se burla de sus reducidos contingentes militares", continuó.
Con estas afirmaciones, intenta asegurarse cierto peso tras el fin del conflicto, "que claramente no le favorece", opinó Semke. Al mismo tiempo, añade, "Zelenski demuestra una vez más su disposición a utilizar las vidas de sus ciudadanos como moneda de cambio".
"Los millones de ucranianos que ya se encuentran en Europa podrían ser vistos por él como una reserva viva, un amortiguador humano que estaría dispuesto a emplear para proteger a los países occidentales", concluye Semke.
viernes, 23 de enero de 2026
canciller iraní arremete contra Zelenski por su llamado a la agresión contra Teherán
- Sputnik Mundo,
"El mundo está harto de payasos": el canciller iraní arremete contra Zelenski por su llamado a la agresión contra Teherán
Sputnik Mundo, 23.01.2026
El canciller de Irán, Abás Araghchi, criticó a Volodímir Zelenski por instar a una intervención extranjera contra el país persa durante su discurso en Davos, destacando la dependencia total del Ejército ucraniano de ayuda extranjera y mercenarios.
"El mundo ya está harto de los payasos confusos, señor Zelenski. A diferencia de su Ejército, respaldado por potencias extranjeras e infestado de mercenarios, los iraníes sabemos defendernos y no necesitamos suplicar ayuda a los extranjeros", escribió el jefe de la diplomacia iraní.
Araghchi también acusó a Zelenski de hipocresía, quien según sus palabras está robando a los contribuyentes estadounidenses y europeos para "llenar los bolsillos de sus generales corruptos", al tiempo que insta a una agresión ilegal contra Irán en violación de la Carta de la ONU a la que él mismo alude en el contexto del conflicto ruso-ucraniano.
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