CRISTIANOS DEL NUEVO SIGLO
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lunes, 27 de julio de 2026
El largo adiós al dólar estadounidense Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someone Por Vijay Prashad | 27/07/2026 | Economía, EE.UU. Fuentes: Instituto Tricontinental de Investigación Social - Imagen: Mark Wagner (Estados Unidos), "Fit for a King" (A la altura de un rey), s.f. El dólar puede parecer una moneda neutral, pero en realidad es una forma de poder imperial que disciplina economías, financia guerras y obliga al Sur Global a costear su propia subordinación. Queridas amigas y amigos, Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Hay momentos en la historia en los que un sistema parece tan completo que cuesta imaginar su fin. Cuando Gran Bretaña “dominaba los mares”, en gran parte del mundo se consideraba que la libra esterlina no era simplemente una moneda, sino el lenguaje natural del comercio en sí mismo. Desde mediados del siglo XX, Estados Unidos ha hablado del dólar estadounidense de manera muy similar. Escribiendo en 1980, en medio de la crisis del orden post-Bretton Woods, el economista argentino Raúl Prebisch observó que “en Estados Unidos imperaba la ilusión del dólar todopoderoso”. Sin embargo, para entonces no se trataba solo de una ilusión estadounidense. El dólar ya se había convertido en la principal moneda de reserva del mundo y en la divisa dominante del comercio internacional. Ahora esa ilusión ha comenzado, lenta y desigual, a desmoronarse. Nuestro último dossier, La arquitectura del poder: el dólar, la financiarización y la lucha por la soberanía, muestra que el dólar no es meramente dinero, sino una institución de poder imperialista. El sistema del dólar organiza el comercio, determina el acceso al crédito, disciplina a los gobiernos, financia la guerra y reproduce una jerarquía entre el Norte Global y el Sur Global. El debate sobre el dólar no es, por lo tanto, una cuestión de preferir una moneda a otra, el dólar sobre el renminbi (RMB) o el euro, sino de si la humanidad puede construir un orden monetario internacional que sirva al desarrollo en lugar de a la dominación. La tentación en los últimos años ha sido responder a esta pregunta de manera demasiado precipitada. Cada acuerdo bilateral liquidado en RMB en lugar de dólares, cada anuncio de los BRICS+ sobre comercio en monedas locales, cada aumento de las compras de oro por parte de los bancos centrales ha sido saludado con declaraciones de que la desdolarización ha llegado. Los titulares son seductores, pero la realidad es considerablemente más compleja. Una de las grandes fortalezas de nuestro dossier es su negativa a confundir el deseo político con la realidad económica. Al mismo tiempo, algo profundo ha cambiado. Estados Unidos ha transformado cada vez más el dólar, de ser un instrumento de intercambio a una herramienta de coerción. Las sanciones financieras, el congelamiento de reservas soberanas, la exclusión de los sistemas de pago y la militarización de las finanzas internacionales han demostrado a los gobiernos de todo el Sur Global que la dependencia del dólar conlleva crecientes riesgos políticos. Cuando aproximadamente la mitad de las reservas de divisas de Rusia fueron congeladas, muchos ministerios de finanzas en todo el mundo se hicieron en silencio una pregunta que antes parecía casi inimaginable: si esto puede pasarle a Rusia, ¿por qué no a nosotros? El dólar, antes presentado como políticamente neutral, ha revelado estar profundamente incrustado en los objetivos estratégicos de Estados Unidos. Sir Grayson Perry (Reino Unido), Comfort Blanket [Manta de consuelo], 2014. El dólar sigue dominando la economía mundial no porque Estados Unidos produzca la mayor parte de los bienes del mundo, que no es así, ni porque represente la mayor parte del comercio mundial, que tampoco es así. En realidad, el dólar domina la economía mundial porque el sistema financiero internacional se articula en torno a él y porque los mercados construidos a lo largo de generaciones producen inmensos efectos de red. Las monedas de reserva no pueden reducirse a medios de intercambio. También son reservas de valor, unidades de cuenta, mecanismos de liquidación y los cimientos sobre los que se construyen vastos mercados financieros. Los gobiernos tienen dólares porque otros gobiernos los usan y los bancos prestan en dólares porque los prestatarios esperan devolverlos en esa moneda. Como demuestra cuidadosamente el dossier, el dólar sigue representando la mayor parte de la fijación de precios de las materias primas, las transacciones de divisas, las reservas oficiales y el financiamiento del comercio, aunque el peso económico relativo de EE. UU. haya disminuido constantemente. Esta contradicción, entre el menguante peso productivo de Estados Unidos y el papel central que sigue desempeñando el dólar, es lo que otorga urgencia al debate sobre la desdolarización. Si bien gran parte del dinamismo industrial del siglo XXI se concentra ahora en Asia más que en el Atlántico Norte, las finanzas siguen organizadas en torno a Wall Street. La producción y las finanzas operan en distintas regiones geográficas y esa divergencia no puede resolverse automáticamente. La apertura de una bóveda de oro en Hong Kong, por ejemplo, demuestra la rápida expansión de la infraestructura de almacenamiento y comercio de lingotes en Asia, pero esos avances no crean por sí mismos un nuevo orden monetario. Gran Bretaña siguió siendo el centro financiero del mundo mucho después de que su supremacía industrial se erosionara, y del mismo modo EE. UU. sigue gozando del “privilegio desmesurado” mediante el uso global del dólar mucho después de que su participación en la manufactura se haya desplomado. La pregunta decisiva no es si el sistema del dólar está en declive (lo está), sino qué podría reemplazarlo de manera realista. Sin embargo, la transición más allá del dólar no dependerá solo de cambios económicos, sino también de la innovación y construcción institucional. En su reciente artículo “Geopolitics and International Money – A Path to a New Reserve Currency” [Geopolítica y dinero internacional: un camino hacia una nueva moneda de reserva], el exdirector ejecutivo del Fondo Monetario Internacional y exvicepresidente del Nuevo Banco de Desarrollo, Paulo Nogueira Batista, Jr., plantea la pregunta: ¿qué arquitectura institucional se requeriría para construir una alternativa al sistema del dólar? Nogueira Batista sostiene que el RMB no reemplazará simplemente al dólar, lo que no sería ni probable ni deseable. El gobierno chino tiene poco interés en tal movimiento porque exigiría una liberalización mucho mayor de la cuenta de capital, permitiendo que el capital entre y salga de China con mayor libertad. Esto podría exponer al país a flujos financieros desestabilizadores, elevar el valor del RMB, encarecer las exportaciones chinas y debilitar precisamente las ventajas productivas que han hecho posible el desarrollo de China. El economista chino Yu Yongding ha presentado importantes propuestas para expandir el uso internacional del RMB, incluso en el contexto de los debates de los BRICS+ sobre la desdolarización. Sin embargo, incluso estas propuestas no sugieren reemplazar la hegemonía monetaria estadounidense por la hegemonía monetaria china. A lo largo de la última década, los sistemas bilaterales y multilaterales de liquidación de divisas se han expandido rápidamente. Estos incluyen: el Sistema de Transmisión de Mensajes Financieros de Rusia (SPFS por su sigla en inglés), desarrollado en 2014; el Sistema de Pago Interbancario Transfronterizo de China (CIPS por su sigla en inglés), puesto en marcha en 2015; marcos de liquidación en monedas locales como el acuerdo entre Indonesia, Malasia y Tailandia establecido en 2018; acuerdos de bancos centrales que permiten a los países acceder a las divisas de otros en momentos de necesidad y cuentas especializadas, como las cuentas K de Gazprombank, que permiten que ciertos pagos transfronterizos eludan los canales basados en el dólar. Aunque estos instrumentos aún no han reemplazado al sistema del dólar, son parte de la infraestructura a partir de la cual podría surgir un nuevo orden financiero. Nogueira Batista presenta un plan más ambicioso de construcción gradual y colectiva de un nuevo activo de reserva por parte de una coalición de países del Sur Global, respaldado por una nueva institución internacional y diseñado exclusivamente para liquidaciones internacionales y tenencias de reservas, no para la circulación doméstica. Tal moneda no aboliría las monedas nacionales, pero funcionaría como un instrumento de reserva común capaz de reducir la dependencia del dólar. Como sostiene nuestro dossier, la importancia de las alternativas institucionales al dólar no reside en el reemplazo inmediato de un marco monetario por otro, sino en la construcción de infraestructuras duraderas capaces de potenciar la emancipación de la humanidad. No obstante, las instituciones por sí solas no agotan la cuestión más profunda. El debilitamiento del orden centrado en el dólar plantea un problema mayor que el diseño de una nueva moneda de reserva o una arquitectura de pagos diferente. El principal problema no es solo monetario, sino de desarrollo. Las instituciones que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial organizaron las finanzas globales en torno a la protección de la riqueza más que a la transformación de la producción, fomentando la especulación mientras restringían la industrialización en gran parte del mundo antes colonizado. Un nuevo orden monetario debe ser juzgado, por lo tanto, no solo por la estabilidad del tipo de cambio, sino por su capacidad para financiar la transformación estructural, la actualización tecnológica, la soberanía alimentaria, la transición ecológica y el empleo digno. Los controles de capital, los bancos de desarrollo, los sistemas de pago y los activos de reserva deben servir para expandir las capacidades productivas en lugar de acumular activos financieros. En este sentido, el sucesor del régimen del dólar no puede simplemente reemplazar una moneda internacional por otra. Debe integrar las finanzas dentro de una arquitectura más amplia del desarrollo, de modo que la cooperación monetaria se convierta en un instrumento para la prosperidad compartida, el desarrollo soberano y la reducción de la desigualdad global. El dinero es el eje central de todo en nuestro mundo porque gran parte de la vida se ha mercantilizado y se ha sometido a la disciplina del mercado capitalista. El agua se embotella y el aire se acondiciona, mientras que la nostalgia por el trueque permanece al margen de todas las negociaciones. El dólar se cierne sobre nosotros, y detrás de él se encuentra el vasto arsenal militar de Estados Unidos y la voluntad política de usar esa fuerza para defender su moneda. Cuando Washington Irving escribió sobre “el dólar todopoderoso” en La aldea criolla (1837), la frase era prematura. En nuestra época ha llegado a sentirse casi natural. La riqueza de los países del Sur Global ricos en recursos sale en dólares y regresa en forma de deuda, mientras que las ciudades irreales del dinero como Londres y Nueva York resplandecen con la riqueza social del mundo. Pero hay un estremecimiento aquí y allá, como indica nuestro dossier. No queremos exagerar la realidad de la desdolarización. Queremos mostrar cómo el régimen del dólar sigue operando hoy, cómo se ha debilitado y por qué permanece estructuralmente intacto. Cordialmente, Vijay Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/adios-al-dolar-estadounidense
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El largo adiós al dólar estadounidense
Por Vijay Prashad | 27/07/2026 | Economía, EE.UU.
Fuentes: Instituto Tricontinental de Investigación Social - Imagen: Mark Wagner (Estados Unidos), "Fit for a King" (A la altura de un rey), s.f.
El dólar puede parecer una moneda neutral, pero en realidad es una forma de poder imperial que disciplina economías, financia guerras y obliga al Sur Global a costear su propia subordinación.
Queridas amigas y amigos,
Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
Hay momentos en la historia en los que un sistema parece tan completo que cuesta imaginar su fin. Cuando Gran Bretaña “dominaba los mares”, en gran parte del mundo se consideraba que la libra esterlina no era simplemente una moneda, sino el lenguaje natural del comercio en sí mismo. Desde mediados del siglo XX, Estados Unidos ha hablado del dólar estadounidense de manera muy similar. Escribiendo en 1980, en medio de la crisis del orden post-Bretton Woods, el economista argentino Raúl Prebisch observó que “en Estados Unidos imperaba la ilusión del dólar todopoderoso”. Sin embargo, para entonces no se trataba solo de una ilusión estadounidense. El dólar ya se había convertido en la principal moneda de reserva del mundo y en la divisa dominante del comercio internacional. Ahora esa ilusión ha comenzado, lenta y desigual, a desmoronarse.
Nuestro último dossier, La arquitectura del poder: el dólar, la financiarización y la lucha por la soberanía, muestra que el dólar no es meramente dinero, sino una institución de poder imperialista. El sistema del dólar organiza el comercio, determina el acceso al crédito, disciplina a los gobiernos, financia la guerra y reproduce una jerarquía entre el Norte Global y el Sur Global. El debate sobre el dólar no es, por lo tanto, una cuestión de preferir una moneda a otra, el dólar sobre el renminbi (RMB) o el euro, sino de si la humanidad puede construir un orden monetario internacional que sirva al desarrollo en lugar de a la dominación.
La tentación en los últimos años ha sido responder a esta pregunta de manera demasiado precipitada. Cada acuerdo bilateral liquidado en RMB en lugar de dólares, cada anuncio de los BRICS+ sobre comercio en monedas locales, cada aumento de las compras de oro por parte de los bancos centrales ha sido saludado con declaraciones de que la desdolarización ha llegado. Los titulares son seductores, pero la realidad es considerablemente más compleja. Una de las grandes fortalezas de nuestro dossier es su negativa a confundir el deseo político con la realidad económica.
Al mismo tiempo, algo profundo ha cambiado. Estados Unidos ha transformado cada vez más el dólar, de ser un instrumento de intercambio a una herramienta de coerción. Las sanciones financieras, el congelamiento de reservas soberanas, la exclusión de los sistemas de pago y la militarización de las finanzas internacionales han demostrado a los gobiernos de todo el Sur Global que la dependencia del dólar conlleva crecientes riesgos políticos. Cuando aproximadamente la mitad de las reservas de divisas de Rusia fueron congeladas, muchos ministerios de finanzas en todo el mundo se hicieron en silencio una pregunta que antes parecía casi inimaginable: si esto puede pasarle a Rusia, ¿por qué no a nosotros? El dólar, antes presentado como políticamente neutral, ha revelado estar profundamente incrustado en los objetivos estratégicos de Estados Unidos.
Sir Grayson Perry (Reino Unido), Comfort Blanket [Manta de consuelo], 2014.
El dólar sigue dominando la economía mundial no porque Estados Unidos produzca la mayor parte de los bienes del mundo, que no es así, ni porque represente la mayor parte del comercio mundial, que tampoco es así. En realidad, el dólar domina la economía mundial porque el sistema financiero internacional se articula en torno a él y porque los mercados construidos a lo largo de generaciones producen inmensos efectos de red. Las monedas de reserva no pueden reducirse a medios de intercambio. También son reservas de valor, unidades de cuenta, mecanismos de liquidación y los cimientos sobre los que se construyen vastos mercados financieros. Los gobiernos tienen dólares porque otros gobiernos los usan y los bancos prestan en dólares porque los prestatarios esperan devolverlos en esa moneda. Como demuestra cuidadosamente el dossier, el dólar sigue representando la mayor parte de la fijación de precios de las materias primas, las transacciones de divisas, las reservas oficiales y el financiamiento del comercio, aunque el peso económico relativo de EE. UU. haya disminuido constantemente. Esta contradicción, entre el menguante peso productivo de Estados Unidos y el papel central que sigue desempeñando el dólar, es lo que otorga urgencia al debate sobre la desdolarización.
Si bien gran parte del dinamismo industrial del siglo XXI se concentra ahora en Asia más que en el Atlántico Norte, las finanzas siguen organizadas en torno a Wall Street. La producción y las finanzas operan en distintas regiones geográficas y esa divergencia no puede resolverse automáticamente. La apertura de una bóveda de oro en Hong Kong, por ejemplo, demuestra la rápida expansión de la infraestructura de almacenamiento y comercio de lingotes en Asia, pero esos avances no crean por sí mismos un nuevo orden monetario. Gran Bretaña siguió siendo el centro financiero del mundo mucho después de que su supremacía industrial se erosionara, y del mismo modo EE. UU. sigue gozando del “privilegio desmesurado” mediante el uso global del dólar mucho después de que su participación en la manufactura se haya desplomado. La pregunta decisiva no es si el sistema del dólar está en declive (lo está), sino qué podría reemplazarlo de manera realista.
Sin embargo, la transición más allá del dólar no dependerá solo de cambios económicos, sino también de la innovación y construcción institucional. En su reciente artículo “Geopolitics and International Money – A Path to a New Reserve Currency” [Geopolítica y dinero internacional: un camino hacia una nueva moneda de reserva], el exdirector ejecutivo del Fondo Monetario Internacional y exvicepresidente del Nuevo Banco de Desarrollo, Paulo Nogueira Batista, Jr., plantea la pregunta: ¿qué arquitectura institucional se requeriría para construir una alternativa al sistema del dólar? Nogueira Batista sostiene que el RMB no reemplazará simplemente al dólar, lo que no sería ni probable ni deseable. El gobierno chino tiene poco interés en tal movimiento porque exigiría una liberalización mucho mayor de la cuenta de capital, permitiendo que el capital entre y salga de China con mayor libertad. Esto podría exponer al país a flujos financieros desestabilizadores, elevar el valor del RMB, encarecer las exportaciones chinas y debilitar precisamente las ventajas productivas que han hecho posible el desarrollo de China. El economista chino Yu Yongding ha presentado importantes propuestas para expandir el uso internacional del RMB, incluso en el contexto de los debates de los BRICS+ sobre la desdolarización. Sin embargo, incluso estas propuestas no sugieren reemplazar la hegemonía monetaria estadounidense por la hegemonía monetaria china.
A lo largo de la última década, los sistemas bilaterales y multilaterales de liquidación de divisas se han expandido rápidamente. Estos incluyen: el Sistema de Transmisión de Mensajes Financieros de Rusia (SPFS por su sigla en inglés), desarrollado en 2014; el Sistema de Pago Interbancario Transfronterizo de China (CIPS por su sigla en inglés), puesto en marcha en 2015; marcos de liquidación en monedas locales como el acuerdo entre Indonesia, Malasia y Tailandia establecido en 2018; acuerdos de bancos centrales que permiten a los países acceder a las divisas de otros en momentos de necesidad y cuentas especializadas, como las cuentas K de Gazprombank, que permiten que ciertos pagos transfronterizos eludan los canales basados en el dólar. Aunque estos instrumentos aún no han reemplazado al sistema del dólar, son parte de la infraestructura a partir de la cual podría surgir un nuevo orden financiero.
Nogueira Batista presenta un plan más ambicioso de construcción gradual y colectiva de un nuevo activo de reserva por parte de una coalición de países del Sur Global, respaldado por una nueva institución internacional y diseñado exclusivamente para liquidaciones internacionales y tenencias de reservas, no para la circulación doméstica. Tal moneda no aboliría las monedas nacionales, pero funcionaría como un instrumento de reserva común capaz de reducir la dependencia del dólar. Como sostiene nuestro dossier, la importancia de las alternativas institucionales al dólar no reside en el reemplazo inmediato de un marco monetario por otro, sino en la construcción de infraestructuras duraderas capaces de potenciar la emancipación de la humanidad.
No obstante, las instituciones por sí solas no agotan la cuestión más profunda. El debilitamiento del orden centrado en el dólar plantea un problema mayor que el diseño de una nueva moneda de reserva o una arquitectura de pagos diferente. El principal problema no es solo monetario, sino de desarrollo. Las instituciones que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial organizaron las finanzas globales en torno a la protección de la riqueza más que a la transformación de la producción, fomentando la especulación mientras restringían la industrialización en gran parte del mundo antes colonizado. Un nuevo orden monetario debe ser juzgado, por lo tanto, no solo por la estabilidad del tipo de cambio, sino por su capacidad para financiar la transformación estructural, la actualización tecnológica, la soberanía alimentaria, la transición ecológica y el empleo digno. Los controles de capital, los bancos de desarrollo, los sistemas de pago y los activos de reserva deben servir para expandir las capacidades productivas en lugar de acumular activos financieros. En este sentido, el sucesor del régimen del dólar no puede simplemente reemplazar una moneda internacional por otra. Debe integrar las finanzas dentro de una arquitectura más amplia del desarrollo, de modo que la cooperación monetaria se convierta en un instrumento para la prosperidad compartida, el desarrollo soberano y la reducción de la desigualdad global.
El dinero es el eje central de todo en nuestro mundo porque gran parte de la vida se ha mercantilizado y se ha sometido a la disciplina del mercado capitalista. El agua se embotella y el aire se acondiciona, mientras que la nostalgia por el trueque permanece al margen de todas las negociaciones. El dólar se cierne sobre nosotros, y detrás de él se encuentra el vasto arsenal militar de Estados Unidos y la voluntad política de usar esa fuerza para defender su moneda. Cuando Washington Irving escribió sobre “el dólar todopoderoso” en La aldea criolla (1837), la frase era prematura. En nuestra época ha llegado a sentirse casi natural. La riqueza de los países del Sur Global ricos en recursos sale en dólares y regresa en forma de deuda, mientras que las ciudades irreales del dinero como Londres y Nueva York resplandecen con la riqueza social del mundo.
Pero hay un estremecimiento aquí y allá, como indica nuestro dossier. No queremos exagerar la realidad de la desdolarización. Queremos mostrar cómo el régimen del dólar sigue operando hoy, cómo se ha debilitado y por qué permanece estructuralmente intacto.
Cordialmente,
Vijay
Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/adios-al-dolar-estadounidense/
Irán advierte sobre el riesgo de una guerra mundial tras el ataque ucraniano a su barco
Irán advierte sobre el riesgo de una guerra mundial tras el ataque ucraniano a su barco
RT
"Es una aventura peligrosa que, sin duda, no quedará impune", afirmó el vocero de la Cancillería iraní.
Irán advierte sobre el riesgo de una guerra mundial tras el ataque ucraniano a su barco
Imagen creada por inteligencia artificial
El ataque ucraniano a un barco iraní en el mar Caspio podría desencadenar una guerra mundial, advirtió este lunes el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Esmail Baghaei.
"Tiene un costo": alto cargo iraní lanza una dura advertencia a Kiev tras el ataque contra su buque mercante
"Tiene un costo": alto cargo iraní lanza una dura advertencia a Kiev tras el ataque contra su buque mercante
"El comportamiento del [líder del régimen] ucraniano [Vladímir Zelenski] recuerda al de los anarquistas, que antes de la Primera Guerra Mundial llevaron a cabo acciones ostentosas y extremadamente peligrosas, cuyas consecuencias afectaron a toda Europa. No se puede estar seguro de que una acción ostentosa, destinada a llamar la atención y a proyectar una imagen de importancia, se limite a eso. Es muy probable que sus consecuencias sean impredecibles para ustedes mismos y que sus mensajes tengan un impacto en toda la región involucrada", declaró.
Asimismo, calificó la ofensiva como "absolutamente ilegal, injustificada y contraria a la Carta de las Naciones Unidas".
"Es una aventura peligrosa que, sin duda, no quedará impune", afirmó el vocero al subrayar que "es imprescindible que todas las partes que se consideran, de alguna manera, defensoras y partidarias del régimen ucraniano, rindan cuentas en este asunto".
Acto de agresión
El sábado, el régimen de Kiev atacó un buque mercante iraní en el mar Caspio, provocando la explosión de la embarcación y causando la muerte de un marinero y heridas a otro.
Desde Teherán condenaron enérgicamente los hechos, al tiempo que subrayaron que la acción constituye una violación de la Carta de la ONU y "un acto de agresión que puede exacerbar y propagar la guerra".
Además, indicaron que el ataque evidencia la persistencia de "la actitud irracional y hostil del régimenucraniano hacia la República Islámica de Irán", que, aseguraron, nunca ha intervenido en el conflicto entre Moscú y Kiev.
Previamente, Zelenski anunció que las fuerzas ucranianas obtuvieron durante esa jornada "excelentes resultados en ataques de largo alcance" en aguas del mar Caspio, añadiendo que, en particular, fueron atacadas "embarcaciones que transportaban cargamento militar desde Irán y un buque de guerra".
El ministro de Asuntos Exteriores israelí lideró los esfuerzos para destituir al fiscal de la CPI, Karim Khan
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Informe
El ministro de Asuntos Exteriores israelí lideró los esfuerzos para destituir al fiscal de la CPI, Karim Khan
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Por | 27/07/2026 | Mentiras y medios
Fuentes: The Cradle: Foto: Gideon Sa'ar, ministro de Asuntos Exteriores de Israel, el 5 de junio de 2025 en Berlín, Alemania. [ [Florian Gaertner/Photothek para el Ministerio Federal de Asuntos Exteriores de Alemania vía Getty Images]]
Israel ha llevado a cabo una campaña encubierta durante una década contra la CPI para bloquear el enjuiciamiento de funcionarios y oficiales militares israelíes.
El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Saar, desempeñó un papel activo en los esfuerzos por destituir a Karim Khan, el exfiscal jefe de la Corte Penal Internacional (CPI), según informó i24 News el 25 de julio.
Guy Azriel, corresponsal diplomático del medio de comunicación israelí, citó a un funcionario del gobierno que dijo: «Saar supervisó un grupo de trabajo especializado y empleó intensos esfuerzos diplomáticos destinados a lograr la destitución de Khan».
Esta revelación se produce después de que los Estados miembros de la CPI destituyeran a Khan tras un proceso disciplinario relacionado con acusaciones de conducta sexual inapropiada.
La votación tuvo lugar el viernes en una sesión de emergencia en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.
“La tan postergada destitución de Karim Khan de la CPI por mala conducta grave ha puesto al descubierto la bancarrota moral de un fiscal corrupto que se apresuró a presentar órdenes de arresto escandalosas contra el primer ministro de Israel y el exministro de Defensa, en un intento por desviar la atención de la grave mala conducta que temía que saldría a la luz”, afirmó Saar a través de las redes sociales.
La decisión fue tomada por mayoría simple en una votación a puerta cerrada de la Asamblea de los Estados Partes, compuesta por 125 miembros.
Las acusaciones de conducta sexual inapropiada contra Khan, a quien los Estados miembros habían elegido en 2021 para un mandato de nueve años como fiscal del tribunal, salieron a la luz poco después de que anunciara en mayo de 2024 que estaba solicitando órdenes de arresto contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el exministro de Defensa Yoav Gallant.
Ambos están acusados de cometer crímenes de guerra contra los palestinos en Gaza, incluido el uso del hambre como arma de guerra.
El genocidio israelí en Gaza ha causado la muerte de al menos 73.000 palestinos, la mayoría mujeres y niños, desde octubre de 2023, según el recuento oficial de cadáveres recuperados del Ministerio de Salud de Gaza.
No obstante, estimaciones independientes sugieren que el número de palestinos muertos por la intensa campaña de bombardeos israelíes de dos años y el asedio medieval de la Franja asciende a cientos de miles.
Antes de la votación, los abogados de Khan, Tayab Ali y Sareta Ashraph, afirmaron que el presidente de la Asamblea de los Estados Partes no les permitió dar ninguna oportunidad de abordar las acusaciones.
“No conocemos ningún tribunal, en ningún sistema legal justo y equitativo, que impida que una persona que se enfrenta a la sanción profesional más grave sea escuchada”, afirmaron .
Más de 140 organizaciones de derechos humanos denunciaron el caso contra Khan, afirmando que «viola las garantías básicas de los derechos humanos» y «abre peligrosamente la puerta a la extralimitación política del Tribunal».
Esta no es la primera vez que Israel ataca a los fiscales de la CPI.
En mayo de 2024, The Guardian informó de que el director del Mossad, Yossi Cohen, había estado personalmente implicado en un complot secreto para presionar a la predecesora de Khan, la fiscal jefe Fatou Bensouda, para que abandonara una investigación sobre crímenes de guerra israelíes en la Cisjordania y Gaza, territorios palestinos ocupados.
Una fuente israelí afirmó que «el objetivo del Mossad era comprometer a la fiscal o reclutarla para que cooperara con las exigencias de Israel».
Según los informes, los esfuerzos de Cohen incluyeron amenazas a su familia. «Deberías ayudarnos y dejar que nos encarguemos de ti. No querrás meterte en asuntos que puedan comprometer tu seguridad o la de tu familia», le habría dicho el jefe del Mossad.
Según The Guardian , Israel había librado una «guerra secreta de casi una década» contra la CPI, «desplegando sus agencias de inteligencia para vigilar, piratear, presionar, difamar y supuestamente amenazar a altos funcionarios de la CPI en un esfuerzo por descarrilar las investigaciones del tribunal».
La «guerra» contra la CPI comenzó en enero de 2015, cuando Palestina fue aprobada como miembro del tribunal, tras su reconocimiento como Estado por la Asamblea General de la ONU.
Fuente: https://thecradle.co/articles/israeli-fm-led-efforts-to-oust-icc-prosecutor-karim-khan-report
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
domingo, 26 de julio de 2026
El acuerdo nuclear se firmó, ahora hay que cumplirlo
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El acuerdo nuclear se firmó, ahora hay que cumplirlo
Por Kurniawan Arif Maspul | 24/07/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Savage Minds
La exigencia de Washington sobre los Acuerdos de Abraham pone en peligro el acuerdo firmado.
Apenas se había secado la tinta del acuerdo nuclear civil de treinta años entre Estados Unidos y Arabia Saudita cuando el presidente Donald Trump publicó en Truth Social que el pacto estaba «totalmente supeditado» a que Arabia Saudita se adhiriera a los Acuerdos de Abraham. En menos de veinticuatro horas, un tratado legalmente firmado se convirtió en un chantaje político. Esto no es diplomacia. Esto es coerción disfrazada de sello presidencial.
Que quede absolutamente claro: el acuerdo se firmó. El secretario de Energía, Chris Wright, y el ministro de Energía saudí, el príncipe Abdulaziz bin Salman, suscribieron un acuerdo de treinta años, conforme a la Sección 123, que regula la transferencia pacífica de tecnología nuclear a la transferencia pacífica de tecnología nucle. Según la Ley de Energía Atómica de Estados Unidos de 1954, este tipo de acuerdos exigen estrictas normas de no proliferación, seguridad y vigilancia.
No contienen requisitos legales con respecto a la política exterior de un país socio ni a sus relaciones con terceros Estados. La vía nuclear se separó deliberada, legal e irrevocablemente de la vía diplomática. Reintegrarlas ahora equivale a admitir que Washington nunca consideró la soberanía nuclear saudí como un derecho, sino como una moneda de cambio que se podía utilizar en beneficio de los intereses israelíes.
¿Y qué les interesa a estos? Desde octubre de 2023, el mundo ha presenciado con horror cómo la campaña militar israelí en Gaza ha causado la muerte de más de 67.000 palestinos para octubre de 2025, incluyendo a más de 20.000 niños y unas 10.000 mujeres. La Corte Internacional de Justicia ha encontrado indicios plausibles de genocidio. La Corte Penal Internacional ha emitido órdenes de arresto contra el Primer Ministro israelí y el ex Ministro de Defensa por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.
La Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas ha concluido que existen motivos razonables para afirmar que Israel ha cometido cuatro de los cinco actos definidos como genocidio según el derecho internacional. Mientras tanto, la expansión de los asentamientos en Cisjordania se ha acelerado a un ritmo récord, con casi 50.000 viviendas aprobadas solo en 2025. Este es el Estado cuyo apoyo diplomático Washington exige que Arabia Saudí obtenga a cambio de su soberanía nuclear.
El cálculo moral no podría ser más grotesco. Israel opera al margen del Tratado de No Proliferación Nuclear, mantiene un arsenal estimado en entre doscientas y cuatrocientas ojivas nucleares en deliberada opacidad, y nunca se ha sometido a inspecciones internacionales.
Sin embargo, Washington la exime de toda consecuencia mientras exige que Arabia Saudita —un país firmante de un tratado en regla— se gane el derecho a la tecnología nuclear con fines pacíficos normalizando sus relaciones con un Estado cuya conducta la comunidad internacional ha calificado de criminal. Esto no es un doble rasero. Esto es la abolición de los estándares.
La postura de Arabia Saudita ha sido coherente y honorable: la normalización sin un progreso irreversible hacia la creación de un Estado palestino es imposible. La Iniciativa de Paz Árabe de 2002 ofreció la normalización completa a cambio de la retirada israelí a las fronteras de 1967 y una solución justa para los refugiados. La respuesta de Israel no fue la paz, sino una colonización acelerada.
Ahora Washington exige que Riad abandone ese principio, traicione la causa palestina y se aísle del mundo árabe e islámico, todo por el privilegio tecnológico que le corresponde por derecho internacional. La opinión pública en Arabia Saudí se ha vuelto decisivamente contraria a la normalización, con una oposición que ha alcanzado el 68% en encuestas recientes. Ningún líder puede ignorar esto. Ningún líder debería.
La hipocresía estratégica es igualmente asombrosa. La administración Trump justificó el acuerdo nuclear precisamente para evitar que Arabia Saudí recurriera a China o Rusia para su programa nuclear. Sin embargo, al imponer una condición de normalización que Riad no puede cumplir sin sacrificar su legitimidad regional, Washington hace que su propia alianza sea menos atractiva que las alternativas que dice temer.
Estados Unidos socava su propio objetivo declarado, acelerando el mismo panorama multipolar al que dice oponerse. Emma Ashford, del Centro Stimson, captó la ironía con una precisión demoledora: la administración está «bombardeando Irán para impedir que enriquezca uranio, mientras se lo proporciona a los saudíes».
El acuerdo ahora debe someterse a una revisión obligatoria del Congreso en un plazo de noventa días. Pero no nos equivoquemos: el acuerdo se firmó. Se negoció de buena fe entre estados soberanos. Cumple con todos los requisitos legales de la Ley de Energía Atómica.
Bloquearlo ahora por motivos políticos equivaldría a declarar que los tratados estadounidenses no valen el papel en el que están impresos, que la palabra del Presidente no tiene valor y que el régimen de no proliferación no es un sistema legal, sino una jerarquía de poder disfrazada de ley.
La implicación filosófica es que Estados Unidos no se opone a la proliferación nuclear en sí misma, sino a las capacidades nucleares en manos de Estados que no se subordinan a los intereses regionales estadounidenses. Esta constatación, a medida que los Estados del Sur Global la comprendan, supondrá el fin del régimen de no proliferación.
La historia no será benévola con quienes sacrificaron la dignidad palestina por conveniencia diplomática. La justicia siempre se doblega y no olvida. Estados Unidos debe cumplir el acuerdo que firmó, no porque Washington le deba un favor a Riad.
Porque el estado de derecho lo exige. Porque la credibilidad estratégica lo requiere. Y porque no se han cumplido las condiciones morales para la normalización: un compromiso compartido con la justicia, el cese de la violencia contra la población civil y un horizonte de autodeterminación palestina. Es posible que nunca se cumplan bajo el actual gobierno israelí.
Washington no puede exigir que Riad recompense a un gobierno responsable de muertes masivas de civiles, la expansión de los asentamientos y repetidas violaciones del derecho internacional.
No puede pretender que la soberanía nuclear saudí dependa de legitimar un historial de destrucción que el mundo árabe, el Sur Global y la historia misma ya han considerado imperdonable. El acuerdo nuclear se firmó. Ahora, cúmplalo. El mundo está observando.
Fuente: The Nuclear Deal Was Signed, Now Honour It
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
sábado, 25 de julio de 2026
Ucrania ataca un buque iraní en el mar Caspio, informa el país persa
- Sputnik Mundo
Ucrania ataca un buque iraní en el mar Caspio, informa el país persa
EEUU incautó un buque iraní en el mar de Omán.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán condenó la agresión contra el navío mercante, que dejó un saldo de al menos una persona muerta y una herida.
"El régimen ucraniano, sus partidarios y sus instigadores son responsables del ataque temerario de Zelenski contra el buque iraní", dijo en un comunicado.
Asimismo, la cancillería de la nación persa resaltó que esta ofensiva "no solo constituye una violación del derecho internacional, sino también un peligroso intento de provocar una guerra y sembrar el caos".
Solo la solidaridad internacional puede liberar a Palestina
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Solo la solidaridad internacional puede liberar a Palestina
Por Ahmad al-Sholi | 25/07/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Revista Jacobin - Imagen: Estudiantes de la Universidad de California, en Los Angeles (UCLA) en solidaridad con Palestina, mayo 2024 (Foto: Zimo Li/Daily Bruin)
Los mismos cambios globales que sentaron el escenario para un genocidio palestino son también los que hoy convierten a Estados Unidos en el sitio principal para la solidaridad internacional con Palestina, en el momento en que su pueblo más la necesita.
Para los palestinos, la falta de capacidad de presión viene siendo una constante de su lucha centenaria por la autodeterminación. Sin capacidad de perturbar el statu quo israelí —y operando contra un Israel sumamente resiliente, que es inmune a los shocks exógenos y a la vez está profundamente integrado en la hegemonía imperial estadounidense—, los palestinos disponen de recursos limitados sobre los cuales apoyarse. Debido a esto, generaciones de simpatizantes internacionales se vienen movilizando por la causa. Palestina atrajo, en el siglo XX, una solidaridad internacional superada únicamente por la de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil española. Los palestinos lograron convocar a voluntarios internacionales para su lucha en curso a niveles que superaron los que recibieron los argelinos, los vietnamitas y los sudafricanos en sus propias campañas victoriosas.
Operando ahora en un terreno distinto, la solidaridad palestina del siglo XXI tiene a su cargo una misión aún más audaz: movilizar a las masas en un mundo neoliberal, en lugar de apoyarse en la disuasión y el vanguardismo de un mundo bipolar ya desaparecido. Los mismos cambios globales que sentaron el escenario para un genocidio palestino son también los que hoy convierten a Estados Unidos en el sitio principal para la solidaridad internacional con Palestina, en el momento en que su pueblo más la necesita.
Los antecedentes apuntan a una vía no militarista para Palestina
A diferencia del público israelí, tanto el público francés como el estadounidense se opusieron a las empresas imperiales de sus respectivos gobiernos en Argelia y Vietnam. El reclutamiento de hombres jóvenes para la máquina de guerra jugó un papel vital en la construcción de esa oposición doméstica. Si bien en teoría debería regir una dinámica similar para el público israelí, la ausencia de una fuerza política progresista en Israel frustra ese potencial. El hecho de que el 90 por ciento de los israelíes apoyara la campaña militar en Gaza justo cuando el mundo estaba conmocionado por tribunales internacionales que la juzgaban como un caso de genocidio no es responsabilidad únicamente del gobierno israelí, sino también de su oposición política, que también está abierta a las fantasías bíblicas. Todo el establishment israelí comparte la culpa, ya que se turnaron para traicionar —con el consentimiento público— cada concesión dolorosa que los palestinos más pragmáticos hicieron en las tres décadas previas al ataque del 7 de octubre. Varias figuras destacadas de ese establishment ahora se están alineando para ofrecer melodías de arrepentimiento.
Para los palestinos, esa sola realidad debería haber descalificado cualquier estrategia puramente militarista, dado que el objetivo principal de tales estrategias debería ser problematizar el statu quo para la sociedad israelí —especialmente para sus élites— movilizando al público israelí en favor de la paz. Las formas específicas en que se llevó a cabo el ataque del 7 de octubre, y las diversas violaciones del derecho internacional que lo mancharon, hablan de una falta de esa planificación estratégica del lado de Hamás, ya que produjo un cierre de filas en torno a la bandera colonial, para el cual los israelíes están más preparados que otros.
Desde el primer día Hamás, de hecho, planeó y esperó una confrontación más amplia, que involucrara a toda la red respaldada por Irán, para abrumar militarmente a Israel. Pero se adelantó al lanzar el ataque antes de finalizar esos planes de coordinación. Sin embargo, indagar si un cierto grado de capacidad militarista es el factor decisivo en las luchas anticoloniales invita a una comparación significativa con el ejemplo vietnamita.
De manera similar a la lógica del ataque del 7 de octubre, la Oficina Central para Vietnam del Sur planificó la Ofensiva del Tet en enero de 1968 como un asalto sorpresa. Sin embargo, pese a los recursos muy superiores que poseían los vietnamitas en comparación con los palestinos, a las superpotencias que los armaban y a su capacidad para emprender oleadas sucesivas de ataques, la estrategia militar en sí misma no logró llevar a un final rápido a una guerra que ya estaba en pleno desarrollo. Como potencia imperial, Estados Unidos disponía de vastos recursos sobre los cuales apoyarse, y escaló la guerra a nuevas alturas durante los siguientes seis años. Lo que finalmente funcionó para los vietnamitas fue el impacto que tuvo la ofensiva sobre la política doméstica estadounidense, y la oposición antibélica que ayudó a catalizar. En relación con esto, si bien el ataque del 7 de octubre no ocurrió en un momento de polarización de la sociedad israelí en torno al propio régimen colonial, sí logró efectivamente poner fin a una polarización interna israelí existente en torno a las políticas judiciales domésticas.
En relación con esto, en Argelia, la contemplación de los límites de la violencia y de las capacidades militaristas no eludió a sus líderes anticoloniales. Las aplastantes derrotas de las milicias argelinas y de la guerrilla urbana en la primera mitad de la Guerra de Independencia de Argelia terminaron por desplazar la lucha hacia el terreno político y diplomático. Nuevamente, el público francés estaba profundamente dividido respecto de Argelia, mientras todo el régimen colonial francés se acercaba a su fin. El conflicto estaba a la vez llevando a la bancarrota a una Francia devastada por la posguerra de 1945, y enfureciendo repetidamente al principal acreedor de Francia, Estados Unidos, que buscaba alinear los intereses occidentales contra el comunismo internacional.
A diferencia del ascenso militar, económico y diplomático del que Israel disfrutó al menos desde el final de la segunda intifada en 2005, Francia se encontraba entonces a la defensiva. Además, a diferencia de las actuales políticas israelíes de borramiento de los palestinos, los franceses estaban debatiendo activamente cuestiones de asimilación versus independencia para los argelinos. Lo que en realidad les dio la victoria a los argelinos fue una campaña diplomática que supo aprovechar en su favor las circunstancias internacionales, construida sobre la base de una organización masiva de la sociedad civil que contrarrestó las diversas «zanahorias» políticas que Francia le ofrecía al público argelino. Estos esfuerzos combinados lograron efectivamente vaciar a Argelia de cerca de un millón de colonos europeos incluso antes de que el ejército de liberación de Argelia apareciera siquiera en las ciudades costeras donde residían esos colonos. No fue solo la escala del militarismo lo que resultó ineficaz para lograr la independencia argelina: fue una toma de conciencia de los límites del militarismo en su conjunto. Los colonos europeos, tras haber desairado a la sociedad argelina, terminaron por expulsarse a sí mismos del país cuando no lograron imaginar la igualdad tal como los argelinos la iban forjando sobre el terreno.
En otras palabras, el anticolonialismo militarista suele facilitar un proceso político en lugar de eludirlo. La pregunta pasa a ser cómo cualquier campaña puede facilitar un proceso político que un orden colonial eliminó.
Sudáfrica subraya la capacidad de presión, no solo los boicots
Es ampliamente comprendido que la lucha antiapartheid de Sudáfrica triunfó mediante métodos civiles, más precisamente, a través de una campaña internacional que asedió al régimen colonial hasta forzar su rendición. Para imaginar un movimiento de solidaridad igualmente exitoso para los palestinos, analizar la capacidad de tracción de Sudáfrica arroja luz sobre lo que permaneció esquivo en el contexto israelí.
En vísperas del triunfo de Sudáfrica, los palestinos estaban, de hecho, involucrados en una lucha de base civil similar contra la ocupación israelí: la primera intifada de 1987. Esta poseía una genuina base de masas impulsada por la organización desde abajo. Sin embargo, a diferencia de los sudafricanos negros, que ocupaban una posición crítica dentro de los sectores productivos líderes de la economía del apartheid, los palestinos no pudieron perturbar los procesos amplios de acumulación de capital al retener su fuerza de trabajo en puntos de estrangulamiento críticos. Los palestinos operaron desde siempre en los márgenes de la economía de Israel, lo cual no solo limitó su impacto doméstico sobre el statu quo israelí, sino que también le puso un techo a su capacidad para atraer aliados internacionales poderosos y estructuralmente posicionados.
Una mirada escrutadora sobre lo que coronó con éxito a la campaña internacional antiapartheid —como la aprobación de la Ley Integral contra el Apartheid (CAAA) de Estados Unidos en 1986— revela que los socios internacionales tenían un interés material en la liberación sudafricana, y no solo una adhesión disciplinada a los derechos humanos, por vital que haya sido esa claridad moral. Los sindicatos laborales estadounidenses reconocieron, en la lucha de Sudáfrica, una oportunidad para frenar el avance del neoliberalismo temprano al apuntar contra las estrategias de inversión en el exterior de la industria automotriz estadounidense, muchas de las cuales ya eran vulnerables debido a la propia lucha doméstica dentro de Sudáfrica.
Esos mismos sindicatos, industrias y regiones geográficas de Estados Unidos formaron la base sobre la que se asentó el ascenso político afroamericano dentro del Partido Demócrata, que ejercía un control decisivo sobre la formulación de políticas. En resumen, la capacidad de presión interna de la lucha antiapartheid sudafricana se alineó con la capacidad de presión estructural del movimiento obrero estadounidense para ayudar a desmantelar el apartheid. En contraste, los palestinos permanecen marginados dentro de la economía israelí, mientras que sus simpatizantes internacionales resultaron, a su vez, marginados políticamente por el avance implacable del neoliberalismo.
El peso aplastante de un orden neoliberal
Un ejemplo inmediato de esta falta de capacidad de presión proveniente de múltiples fuentes resulta evidente en la campaña palestina de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). Si bien esta campaña mostró una expansión constante a lo largo de sus dos décadas de existencia, el genocidio que comenzó en 2023 elevó significativamente su alcance. Sin embargo, un rastreador en el sitio web de BDS revela que el apoyo de los sindicatos va a la zaga de la tendencia general de una participación más amplia de la sociedad civil, y la mayor parte de esa participación sindical sigue siendo europea antes que estadounidense.
Ni la longevidad ni la profundidad de las iniciativas de BDS existentes por parte del movimiento obrero internacional lograron alterar, hasta la fecha, los incentivos estratégicos de Israel. Por ejemplo, el respaldo al BDS del Sindicato de Trabajadores Postales de Canadá (CUPW) en 2008 no impactó en los volúmenes de correo con Israel. Más tarde, sindicatos británicos y europeos adoptaron resoluciones de BDS que comprometían a sus miembros a boicots y recortaban las inversiones de sus fondos de pensión en Israel. Sin embargo, las demandas propalestinas de estos sindicatos hacia sus respectivos gobiernos siguen sin respuesta pese a su carácter rutinario, sin mencionar los intentos en curso del gobierno británico de criminalizar el paciente trabajo organizativo volcado a la causa en el Reino Unido.
Incluso la huelga general de los sindicatos italianos contra las transgresiones israelíes —una hazaña nada menor para quienes hacen campaña por el BDS— no logró forzar al gobierno italiano a actuar legalmente. En respuesta, el movimiento construyó un sistema de rastreo para coordinar logísticamente la forma de bloquear los envíos de armamento a Israel. Haciéndose eco de una exitosa acción sudafricana de 2021 para bloquear carga militar israelí, esta coalición de sindicatos liderada por Italia dejó numerosos puertos marítimos mediterráneos vedados para la carga militar con destino a Israel. Esto sin dudas complicó la logística de la máquina de guerra, obligando a algunas compañías navieras centradas en Israel a absorber pérdidas y a fusionarse. Sin embargo, el flujo de carga militar en sí mismo no disminuyó de manera significativa, ya que buena parte de él navegó bajo privilegio soberano (precisamente el de Estados Unidos, que desplegó una flota masiva para entregar armamento directamente a Israel, marginando así las acciones del movimiento obrero europeo). En otras palabras, los vestigios prenoliberales de poder que aún existen tienen un impacto marginal.
Los efectos de este debilitamiento del poder obrero sobre la solidaridad con Palestina también han permitido que sectores del capital profundamente entrelazados con el régimen colonial de Israel salgan en gran medida indemnes. Caterpillar, por ejemplo —la corporación que está en la mira del BDS hce más tiempo— permanece financieramente ilesa. Las desinversiones de bonos de alto perfil, llevadas a cabo por varios fondos por razones de responsabilidad social, no derrumbaron el valor de la acción de la empresa en bolsa ni elevaron sus costos de deuda.
La compañía descansa con seguridad en sus avances tecnológicos y en la monopolización del mercado. Incluso la Autoridad Palestina, colaboracionista de la ocupación, se escudó en estos monopolios para justificar la compra continua de productos de Caterpillar mientras la guerra genocida hacía estragos y grandes fondos globales observaban o ampliaban sus compromisos con el BDS. Para blindar aún más a la empresa, el gobierno estadounidense sigue canalizando las adquisiciones de Israel a través del Departamento de Defensa y desmantelando aranceles sobre sus operaciones, impulsando sus ganancias.
Así, incluso cuando los mecanismos de mercado deberían, en teoría, alterar los incentivos israelíes, el poder extra-mercado de Estados Unidos otorga escudos adicionales para proteger las prácticas políticas israelíes habituales. Esta realidad deja en claro que las batallas decisivas por la solidaridad con Palestina se librarán, en última instancia, dentro de Estados Unidos.
El movimiento estudiantil y el establishment del Partido Demócrata
El cambio radical que estamos presenciando en la opinión pública estadounidense hacia Israel y Palestina es un giro profundo que los palestinos vienen esperando durante mucho tiempo. Las organizaciones estudiantiles y activistas que volcaron un arduo trabajo en las protestas y soportaron un costo personal pesado no pasaron inadvertidas para los palestinos; incluso niños y niñas en edad escolar en Gaza encontraron momentos, bajo el fuego, para expresar su gratitud por los campamentos universitarios. Sin embargo, esta movilización ocurrió mientras el mundo observaba el desarrollo de un genocidio horrorizante. Una vez que la cuestión palestina sea empujada de vuelta a su posición habitual en un segundo plano político, existe el riesgo de que esta solidaridad se apague.
Esta es, sin dudas, la visión del establishment del Partido Demócrata, que trata al movimiento como una moda pasajera que eventualmente se agotará. Con semejante suposición, Kamala Harris no logró comprender que la cuestión palestino-israelí se está desplazando en niveles más profundos y conectándose con una política social doméstica más amplia. La derrota posterior del partido obligó al establishment a lidiar con el tema, dada la evidencia documentada de que Palestina jugó un papel en la derrota electoral de 2024. Ahora, sin embargo, los políticos del establishment despliegan el tema de manera tan oportunista como cualquier otro punto de la agenda. Esto resulta más notorio en potenciales candidatos para 2028, como Gavin Newsom, que dan bandazos sobre el tema.
Hasta el momento, la cuestión de Palestina e Israel no desapareció, pero recientemente ganó un impulso inesperado dentro de la extrema derecha populista. Este desvío hacia marcos de derecha (distintos de la población conservadora más amplia en general) es indeseable, ya que la extrema derecha es, por naturaleza, la menos comprometida con la organización de base o con los derechos humanos universales. La derecha intentará, sin dudas, limitar el potencial progresista de este tema, entorpeciendo tanto la solidaridad urgente que necesitan los palestinos como el papel que Palestina podría jugar en la agenda de política doméstica más amplia dentro de Estados Unidos.
Palestina como bien público
Un logro bienvenido es la medida de desinversión aprobada recientemente en la 39ª convención del Sindicato de Trabajadores Automotrices Unidos (UAW). Representa una verdadera penetración de Palestina en la clase trabajadora organizada estadounidense. Sin embargo, esta resolución fue significativamente diluida respecto de un borrador inicial más amplio, que apuntaba no solo a recortar inversiones en activos israelíes sino también a bloquear el envío efectivo de armamento mediante acción industrial directa. Este recorte es un ejemplo primordial de que Palestina sigue siendo un tema exógeno para la clase trabajadora estadounidense en su conjunto, vista quizás como un asunto de política exterior alejado de las preocupaciones cotidianas, o como una cuestión de solidaridad de principios y universalismo, en lugar de un tema ligado a una utilidad doméstica inmediata.
El impulso exitoso en la convención del UAW fue liderado por filiales locales activistas de la ciudad de Nueva York, que trabajaron en alianza con filiales locales de Michigan con fuerte presencia árabe-estadounidense. Esta importante victoria para activistas comprometidos solo fue posible a través de una alianza muy específica que no es fácilmente replicable, aun tratándose de una resolución recortada. Esta dinámica es paralela a triunfos progresistas recientes en las internas demócratas. En esas contiendas, candidatos proisraelíes con fuerte financiamiento quedaron increíblemente cerca detrás de los progresistas (como se vio en el distrito 13 de Nueva York), o dos candidatos proisraelíes obtuvieron en conjunto más votos totales que el único candidato progresista que ganó (como ocurrió en el distrito 3 de Pensilvania), impulsados por avales sindicales significativos. En resumen, si bien una mayoría creciente de estadounidenses hoy se moviliza en favor de los derechos palestinos, lo hace principalmente por motivos morales y de principios. Una amplia mayoría de la clase trabajadora estadounidense detesta las políticas que Israel está llevando adelante, y sin embargo los candidatos que respaldan el statu quo israelí siguen logrando márgenes que no reflejan esos sentimientos populares.
Para cerrar esa brecha, para acelerar la transformación de las legislaturas estadounidenses en bastiones del derecho internacional que atiendan los derechos inalienables de los palestinos, el movimiento tiene que estar anclado en una agenda doméstica popular para la clase trabajadora estadounidense. No puede seguir siendo un sentimiento popular que atraviesa las líneas de clase de manera aleatoria, alimentado únicamente por los horrores de un genocidio en curso que podría desescalar mediante maniobras políticas de necesidad. Semejante agenda apuntaría directamente contra el imperialismo estadounidense y el daño que este genera a nivel doméstico, cómo inhibe las inversiones públicas en diversos sectores, cómo limita la generación de empleo, y cómo hunde capital masivo en ciclos de rentabilidad limitada que socavan la multiplicación de la capacidad productiva de los sectores civiles.
De no lograrse eso, los analistas conservadores que hoy cabalgan en alto sobre este tema seguirían presentando una explicación aparentemente clara de este obstinado respaldo del establishment estadounidense a Israel. El cuadro que están pintando resuena cada día más con un público más amplio, un cuadro en el que la minúscula Israel arrastra al imperialismo estadounidense, por lo demás benigno e ingenuo, a adoptar su propia agenda. Es la imagen de una pirámide parada de cabeza, que borra el papel funcional que Israel cumple en la hegemonía estadounidense y en su postura geopolítica global. El actual juego de riesgo de Israel en esa imagen no se explica por la comodidad de su establishment como funcionario de una superpotencia, sino que queda envuelto en las peores formas de antisemitismo para justificar cómo una cola puede menear a su perro.
Para despejar más obstáculos al derecho palestino a la autodeterminación, la causa misma debería servir ahora como exhibición para propuestas de política doméstica. Lo que la reciente convención del UAW y las internas demócratas en ciudades como Nueva York y Filadelfia mostraron es que la brecha entre los sentimientos antibélicos y la política antibélica o los candidatos antibélicos ya no puede ampliarse más. Son ciertas corrientes conservadoras las que salen ganando al seguir convirtiendo a Israel en un tema especial y aislado, un racismo que desempodera al público si no se lo vincula de manera integral con el panorama más amplio. Que Palestina sea un bien público significa que numerosos incentivos están abrumadoramente apilados en su contra. Solo incorporando la liberación palestina a cuestiones más amplias podrá materializarse el impulso suficiente en su beneficio.
Ahmad al-Sholi enseña en el College of Humanities and Sciences de la Universidad Thomas Jefferson. Su investigación se centra en las relaciones industriales y los movimientos de masas en el mundo árabe.
TRADUCCIÓN: PEDRO PERUCCA
Fuente: https://jacobinlat.com/2026/07/solo-la-solidaridad-internacional-puede-liberar-a-palestina/
viernes, 24 de julio de 2026
China desafía a Estados Unidos con la IA: "Es el modelo más potente de código abierto"
- Sputnik Mundo, 1920
Cara o Ceca, en Sputnik Radio
China desafía a Estados Unidos con la IA: "Es el modelo más potente de código abierto"
En la Conferencia Mundial sobre Inteligencia Artificial en Shanghái, Xi Jinping presentó Kimi K3, tecnología de código abierto que compartirá con los países en desarrollo y anunció que China ofrecerá 5.000 plazas de formación en IA durante los próximos cinco años.
Este anuncio llega como respuesta directa a la Pax Silica, la iniciativa liderada por Estados Unidos que agrupa a una treintena de naciones para asegurar las cadenas de suministro de IA.
"Es un modelo de lenguaje y una herramienta similar a Claude. Que sea de código abierto quiere decir que puedes descargar el código de cómo se construyó el software; es parte de una conversación que tiene muchos años", dijo en Cara o ceca Fredi Vivas, ingeniero en Sistemas y especialista en Inteligencia Artificial.
"El Kimi K3 es el más potente de código abierto. Es una plataforma que está subvencionada por la empresa china Alibaba. Puede rendir más que el Claude o ChatGPT gastando menos recursos. No me sorprende esta innovación de China porque hay muchas universidades de big data ahí, más que en cualquier otra parte del mundo", cerró.
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