CRISTIANOS DEL NUEVO SIGLO
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lunes, 9 de marzo de 2026
Israel lleva 40 años planeando esta guerra contra Irán, todo lo demás es una cortina de humo
Israel lleva 40 años planeando esta guerra contra Irán, todo lo demás es una cortina de humo
Por Jonathan Cook | 09/03/2026 | Mundo
Fuentes: Voces del Mundo
Resulta casi imposible entender, al menos a partir de las justificaciones ofrecidas, qué es lo que el presidente estadounidense Donald Trump realmente espera conseguir con su guerra de agresión, y la de Israel, contra Irán, una guerra claramente ilegal.
¿Se trata de destruir un programa de armas nucleares iraní del que nunca ha habido pruebas tangibles y que Trump afirmó hace solo unos meses haber «destruido completa y totalmente» en un ataque anterior que también infringió la legalidad?
¿O se trata de obligar a Teherán a volver a las negociaciones sobre su programa de enriquecimiento de energía nuclear, que se interrumpieron prematuramente cuando Estados Unidos lanzó su ataque no provocado? Cabe señalar que estas negociaciones se hicieron necesarias porque, en 2018, durante su primer mandato, fue Trump quien rompió el acuerdo original con Irán.
¿O se supone que la guerra debe intimidar a Irán para que sea más flexible, a pesar de que Trump hizo saltar por los aires las conversaciones en el mismo momento en que Omán, el principal mediador, insistía en que Teherán había capitulado ante casi todas las onerosas exigencias de Washington y que un acuerdo estaba «a nuestro alcance»?
¿O acaso los ataques aéreos tienen como objetivo «liberar» a los iraníes, a pesar de que entre las primeras víctimas se encontraban al menos 165 civiles de una escuela femenina, la mayoría de ellos niñas de entre 7 y 12 años?
¿O el objetivo es presionar a Irán para que renuncie a sus misiles balísticos, la única disuasión que tiene contra los ataques y que lo dejaría totalmente indefenso ante los perversos designios de Estados Unidos e Israel?
¿O Washington creía que Teherán estaba a punto de atacar primero, a pesar de que los funcionarios del Pentágono han confesado al personal del Congreso que no había ninguna información de inteligencia que indicara que se iba a producir un ataque?
¿O el objetivo es decapitar al régimen iraní, como ya se ha logrado con el asesinato del líder supremo de Irán, Alí Jamenei? Si es así, ¿con qué propósito, dado que Jamenei se oponía tanto a la bomba nuclear iraní que emitió un edicto religioso, una fatwa, en contra de su desarrollo?
¿Podría el sucesor de Jamenei, tras haber visto lo absolutamente poco fiables que son Estados Unidos e Israel, su actuación de Estados canallas sin restricciones ante el derecho internacional, decidir ahora que el desarrollo de una bomba nuclear es una prioridad absoluta para proteger la soberanía de Irán?
No hay una justificación clara
No hay una justificación clara por parte de Washington, ya que el autor de este ataque no se halla ni en la Casa Blanca ni en el Pentágono. Este plan se gestó en Tel Aviv hace décadas.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, lo admitió el domingo. De ello alardeó al decir: «Este esfuerzo conjunto nos permite hacer lo que he esperado lograr durante 40 años: aplastar por completo al régimen del terror. Esa es mi promesa y eso es lo que va a suceder».
Cabe señalar que esas cuatro décadas fueron también el marco temporal de una serie interminable de advertencias de Netanyahu y otros líderes israelíes de que Teherán estaba a sólo unos meses de desarrollar una bomba nuclear.
Netanyahu ha estado vendiendo este mismo pretexto urgente y sin sentido para atacar Irán durante todo ese tiempo. Durante 40 años, cada año se ha proclamado como la última oportunidad para impedir que los «mulás locos» obtengan una bomba, una bomba que nunca se materializó.
Y mientras tanto, el propio arsenal de armas nucleares de Israel, no declarado y, por lo tanto, no controlado, ha sido un secreto a voces.Europa ayudó a Israel a desarrollar su bomba, mientras que Estados Unidos hacía la vista gorda, incluso cuando los líderes israelíes defendían una doctrina suicida conocida como la «opción Sansón», que postulaba que Israel preferiría detonar su arsenal nuclear antes que sufrir una derrota militar convencional.
La opción Sansón rechaza implícitamente la idea de que se permita a cualquier otro Estado de Oriente Medio adquirir una bomba y, con ello, lograr la equivalencia en el terreno de juego militar con Israel.
Es precisamente esa premisa la que, durante décadas, ha guiado la política israelí hacia Teherán. No porque Irán haya mostrado inclinación alguna por desarrollar un arma. Tampoco porque sus supuestos «mulás locos» fueran tan insensatos como para dispararlas contra Israel si alguna vez las adquirieran. No, fue por otras razones. Porque Irán es el Estado más grande y unificado de la región, con una rica historia, una fuerte identidad cultural y una formidable tradición intelectual. Porque Irán ha demostrado repetidamente, tanto bajo líderes seculares como religiosos, su renuencia a someterse al dominio colonial occidental e israelí.
Y porque es considerado una fuente de autoridad y liderazgo por las comunidades religiosas chiíes de los países vecinos —Iraq, el Líbano, Siria, Yemen— que tienen un historial similar de negarse a doblegarse ante la hegemonía israelí.
El temor de Israel era que, si Irán seguía los pasos de Corea del Norte y adquiría un arma nuclear, Israel dejaría de ser el Estado cliente militarizado más útil de Occidente en el Oriente Medio rico en petróleo.Despojado de su capacidad para aterrorizar a sus vecinos, avivar la división sectaria y ayudar a proyectar el poder imperial de Estados Unidos en la región, Israel perdería su razón de ser. Se convertiría en el elefante blanco definitivo.
Los líderes israelíes, engordados por las interminables subvenciones militares pagadas por los contribuyentes estadounidenses y con licencia para saquear los recursos de los palestinos, nunca iban a abandonar voluntariamente su gallina de los huevos de oro. Por eso Irán rara vez ha estado fuera del punto de mira de Israel.
«Dolores de parto»
El alcance del extraordinario engaño de Israel sobre los argumentos para la guerra contra Irán puede calibrarse comparándolo con el engaño perpetrado por la administración de George W. Bush al lanzar su invasión de Iraq en 2003. Iraq era otro Estado militar fuerte —aunque más frágil por sus profundas divisiones sectarias y étnicas— que Israel temía que pudiera desarrollar una capacidad nuclear que arruinara su posición de liderazgo. En el período previo a esta guerra ilegal —de nuevo aplaudida por Israel—, Bush afirmó que el líder iraquí Sadam Husein tenía grandes arsenales secretos de armas de destrucción masiva que databan de antes de la introducción en 1991 del régimen de inspección de armas de las Naciones Unidas.
Los inspectores, que gozaron de amplios poderes en Iraq, consideraban que eso era improbable. También señalaron que, incluso si algunas de las armas químicas conocidas de Iraq hubieran eludido sus inspecciones, para entonces serían tan obsoletas que se habrían convertido en «una inofensiva sustancia pegajosa».
Tras la invasión, nunca se encontraron armas de destrucción masiva. No obstante, los políticos y los medios de comunicación occidentales se creyeron fácilmente la gran mentira. Al menos en esa ocasión, pudieron alegar que sólo habían tenido unos meses para evaluar la credibilidad de las acusaciones.
En el caso de Irán, por el contrario, los políticos y los medios de comunicación han tenido 40 años para investigar y sopesar la verosimilitud de las afirmaciones de Israel. Hace tiempo que deberían haber comprendido que Netanyahu es un narrador totalmente poco fiable de una supuesta «amenaza» iraní. Y eso sin tener en cuenta que también es un fugitivo sospechoso de crímenes de guerra que lleva más de dos años mintiendo sobre la destrucción genocida de Gaza por parte de Israel. Nadie debería creer una sola palabra de lo que sale de su boca.
Al igual que la actual aniquilación de Gaza y la anterior ocupación de Iraq, el actual ataque contra Irán es otra coproducción criminal de Estados Unidos e Israel, de hecho, una continuación del mismo proyecto.
El discurso promovido es claro. Netanyahu habla de su deseo de «aplastar el régimen del terror», al igual que antes hablaba de «erradicar» a Hamás en Gaza. Trump afirma de manera similar que un Irán derrotado es la clave para un «Oriente Medio totalmente diferente». Tras el lanzamiento de los ataques aéreos el fin de semana, instó a los iraníes a derrocar su «teocracia represiva» y construir un «Irán libre y que busque la paz».
Todo ello está diseñado para hacerse eco de las fantasías sobre la creación de un nuevo Oriente Medio que Israel y sus agentes ideológicos en Washington —conocidos como neoconservadores o neocons— llevan vendiendo desde hace más de un cuarto de siglo, desde antes de las inútiles invasiones de Afganistán e Iraq.
Condoleezza Rice, secretaria de Estado de Bush, habló en 2006 de los penosos «dolores de parto» que tendría que soportar la región mientras los ejércitos estadounidense e israelí actuaban como comadronas de esta nueva era. La primera vez, el plan fracasó rápidamente. Las tropas estadounidenses no pudieron superar la feroz resistencia iraquí. Afganistán fue recuperado lentamente por los talibanes de sus ocupantes estadounidenses y británicos. Y Hizbolá infligió una sangrienta derrota a Israel cuando este intentó volver a ocupar el sur del Líbano en 2006.
No obstante, la primera ronda fue un espectáculo de horror. Implicó la matanza masiva de poblaciones en toda la región por parte de Estados Unidos e Israel. Se establecieron centros clandestinos especiales del ejército estadounidense donde floreció la tortura. Se hizo trizas el derecho internacional. Y el desplazamiento de millones de personas por la guerra las empujó hacia Europa y avivó el auge de una extrema derecha antiinmigración.
El mito del «cambio de régimen»
La segunda ronda, que Israel y los neoconservadores estaban deseando iniciar desde entonces, iba a ser siempre aún más desagradable. Su momento llegó a finales de 2023 con la letal fuga de Hamás del campo de concentración de Gaza, donde los palestinos —unos 2,3 millones en ese momento— llevaban décadas encarcelados por Israel.
Insistiendo en su derecho a «tomar represalias», Israel lanzó una campaña genocida de ataques aéreos indiscriminados. El pequeño enclave costero quedó arrasado, decenas —probablemente cientos— de miles de palestinos murieron y toda la población quedó sin hogar y en la indigencia. Pero esa devastación, al igual que la campaña paralela de Israel para matar de hambre a la población de Gaza, no fue simplemente una respuesta al ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, aunque haya sido tabú sugerir lo contrario. Israel tenía desde hacía tiempo un plan para «remodelar» Oriente Medio, que se remontaba incluso a antes de la llegada al poder de Netanyahu.
Aún no está claro en qué medida el modelo de Israel para transformar Oriente Medio coincide con el de Washington, aunque los analistas suelen referirse vagamente a ambos en términos de «cambio de régimen». Pero ese es un nombre poco apropiado. Incluso para Washington, el cambio de régimen impide la instauración de un líder democrático que represente la voluntad del pueblo iraní.
El secretario de Guerra Pete Hegseth, que sirvió en Iraq, al menos fue más honesto que sus recientes predecesores al descartar la idea de que algo benévolo pudiera surgir de este ataque ilegal. «No hay reglas de combate estúpidas, ni atolladeros de construcción de naciones, ni ejercicios de construcción de democracias, ni guerras políticamente correctas», declaró a los periodistas.
Hay buenas razones para esa aversión. La última vez que Irán tuvo un gobierno democrático, a principios de la década de 1950, su primer ministro laico y socialista, Mohamad Mosadegh, indignó a Occidente al nacionalizar la industria petrolera iraní en beneficio de los iraníes. La Operación Ajax de la CIA lo derrocó en 1953 y reinstauró al brutal Mohamad Reza Pahlavi como monarca, o sha, lo que permitió a Estados Unidos y Gran Bretaña recuperar el control del petróleo iraní.
La reacción tardó 26 años en llegar. Los clérigos islámicos aprovecharon el odio popular hacia Estados Unidos y el sha, respaldado por Israel, para lanzar su revolución.
Una minoría desquiciada
Sin duda, a Washington le gustaría un «cambio de régimen» que consistiera en instalar a Reza Pahlavi, el hijo mayor del sha, como nuevo autócrata y títere occidental. Israel también podría estar satisfecho con ese desenlace.Pero nadie en Washington ni en Tel Aviv imagina realmente que se pueda bombardear Irán para que acepte el regreso de un líder cruel como el sha.
Todo lo que Estados Unidos ha logrado demostrar hasta ahora es lo obvio: que un gran número de iraníes pueden salir a las calles a protestar, como lo hicieron a finales de diciembre, si ellos y su país se empobrecen más allá de lo soportable a causa de un régimen sostenido y despiadado de sanciones económicas estadounidenses. Pero, independientemente de las insinuaciones de los políticos y los medios de comunicación occidentales, los enfadados iraníes por haber sido empujados a la indigencia no constituyen un movimiento político coherente ni es probable que sean receptivos a las súplicas de las mismas élites estadounidenses que han pasado años arruinando su país.
Si la idea de que la oposición iraní está a punto de hacerse con el poder parece plausible, es solo porque los medios de comunicación occidentales han estado preparando a su público con dos falsedades probables. En primer lugar, que el régimen iraní no cuenta con el apoyo de las masas. Y, en segundo lugar, que quienes protestan culpan exclusivamente a sus propios gobernantes de su difícil situación, en lugar de reservar parte de su ira para los actores externos que interfieren maliciosamente en sus vidas.
Es posible que unos pocos exiliados iraníes adinerados —deseosos una vez más de lucrarse vendiendo la plata de Irán a los amos coloniales occidentales— estén aplaudiendo el bombardeo de escolares iraníes desde la seguridad de los estudios de televisión occidentales. Pero no sería prudente imaginar que representan algo más que una pequeña minoría desquiciada.
Agitación en MAGA
A diferencia de la confusión causada en Washington por la necesidad de apaciguar al público estadounidense, el plan a largo plazo de Israel para «remodelar» Oriente Medio es clarividente. En Tel Aviv no hay interés en un «cambio de régimen» a menos que el nuevo régimen esté dispuesto a subordinarse —como han hecho los Estados del Golfo— a Israel como señor supremo de la región. Dado que eso es poco probable, Israel quiere lo que se denominaría más bien «derrocamiento del régimen» o «colapso del régimen»: la destrucción total de la infraestructura de Irán, la disolución de toda autoridad gubernamental y militar y la creación de un vacío de poder en el que Israel pueda manipular a los actores rivales y fomentar una guerra civil permanente y enervante.
¿Les suena familiar?
Esto se debe a que el ataque contra Irán concuerda con la misma desastrosa estrategia militar estadounidense empleada por los aliados neoconservadores de Israel en Washington en los ataques contra Afganistán, Iraq, Libia, Siria y Yemen antes de octubre de 2023.
Trump llegó al poder precisamente porque prometió que pondría fin a las «guerras eternas» —guerras por Israel— que han sembrado el caos en Oriente Medio y han alimentado directamente nuevas formas de extremismo islámico militante, desde Al Qaida hasta el Estado Islámico. Es por ello comprensible que su movimiento MAGA esté ahora en plena tormenta política por el ataque a Irán. Pero Trump, que depende electoralmente de los votos de los evangélicos cristianos, vehementemente proisraelíes, y financieramente de grandes donantes israelíes como Miriam Adelson, nunca iba a alejarse mucho del guion existente.
Desde octubre de 2023, con el respaldo de la administración Biden, Israel ha desplegado sus guerras para derrocar regímenes en Gaza, en el Líbano y, una vez más, en Siria. Cada uno de ellos está ahora militarmente destrozado y es apenas gobernable. Trump no se opuso a esas guerras, cuyo objetivo principal era allanar el camino para aislar a Irán de sus aliados regionales, dejándolo lo suficientemente expuesto como para el actual ataque.
Esto ha seguido un guion totalmente predecible, como admitió el general de cuatro estrellas Wesley Clark en 2007. Poco después del ataque a las Torres Gemelas en 2001 se le mostró un documento informativo clasificado sobre un plan del Pentágono para «derrocar» a siete países, que comenzaba por Iraq y terminaba por Irán.
Pacto con el diablo
Es posible que los aliados occidentales de Washington se sientan incómodos en privado por estar visiblemente asociados con otra guerra ilegal entre Estados Unidos e Israel. Pero al apoyar más de dos años de genocidio en Gaza, ya hicieron su pacto con el diablo. Ahora no hay vuelta atrás. Por eso, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Canadá y Australia se alinearon obedientemente detrás de la administración Trump esta semana.
La primera reacción de Mark Carney, primer ministro de Canadá, fue retractarse de las palabras que pronunció en Davos en enero relativas a que era hora ya de que las «potencias medias» como la suya dejaran de «vivir en la mentira» de la benevolencia liderada por Estados Unidos y, en su lugar, establecieran su propia autonomía estratégica para promover una política exterior más honesta.
No obstante lo anterior, Carney emitió un comunicado el fin de semana en el que apoyaba plenamente a Estados Unidos e Israel en su guerra de agresión contra Irán, que es claramente ilegal y que el derecho internacional define como el «crimen internacional supremo», aunque tuvo que retractarse ante la reacción negativa en su país.
Por su parte, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha entregado a Trump las llaves de las bases aéreas del Reino Unido para lo que él denomina hipócritamente «fines defensivos». Alguien debería explicarle a Starmer, que en su día fue un afamado abogado defensor de los derechos humanos, que no se puede apoyar «defensivamente» una guerra de agresión. Al hacerlo, uno se convierte también en agresor.
El calendario del plan del Pentágono para derrocar regímenes en 2001 que vio el general Clark era de «siete países en cinco años». Como han demostrado los acontecimientos un cuarto de siglo después, ese escenario era muy poco realista. No hay motivos para suponer que Estados Unidos o Israel tengan ahora una visión más clara que en 2001 sobre cómo se desarrollará la situación. Lo único seguro es que no saldrá según lo previsto.
Israel ha borrado del mapa la pequeña Gaza, pero Hamás sigue en pie y al mando de las ruinas, sin duda con una ira y un deseo de venganza aún más intensos. Irán es una propuesta mucho, mucho mayor que Gaza o cualquiera de los otros objetivos anteriores de los ataques israelíes y estadounidenses.
Las brasas de la resistencia —en Gaza, Iraq, Líbano, Siria, Yemen y, potencialmente, en nuevos lugares como Bahréin— no se han extinguido. Y ahora, con el ataque a Irán, se están avivando con cada nuevo crimen, cada nueva atrocidad, cada nuevo ultraje.
Jonathan Cook es autor de tres libros sobre el conflicto palestino-israelí. Ha ganado el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Vivió en Nazaret durante veinte años, de donde regresó en 2021 al Reino Unido. Sitio web y blog: www.jonathan-cook.net
Texto original: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/03/06/israel-lleva-40-anos-planeando-esta-guerra-contra-iran-todo-lo-demas-es-una-cortina-de-humo/
domingo, 8 de marzo de 2026
Cuanto mayor sea la presión, más fuerte será la respuesta": Irán responderá a los ataques desde cualquier territorio
Cuanto mayor sea la presión, más fuerte será la respuesta": Irán responderá a los ataques desde cualquier territorio
Aunque Irán mantiene "relaciones fraternales" con los países vecinos, si desde su territorio lo atacan, Teherán "responderá a la agresión", declaró el presidente del país, Masud Pezeshkián, a la agencia 'Tasnim'. En sus palabras, EEUU busca provocar divisiones entre Irán y los países del Golfo.
"Si desde el territorio de cualquier país se comete un ataque o una agresión contra nuestra tierra, nos veremos obligados a responder a esos ataques", afirmó Pezeshkián, cuyas palabras publicó su oficina de prensa.
Al mismo tiempo, el presidente iraní subrayó que esto no significa que exista enemistad con ese país, ni que quieran causar sufrimiento a su pueblo.
También criticó a Estados Unidos e Israel por las víctimas civiles en Gaza.
"¿Acaso EEUU e Israel no sienten vergüenza al matar a tantos niños? ¿No les da vergüenza que en Gaza hayan asesinado a más de 50.000 niños?", se preguntó retóricamente el mandatario iraní.
Fuerte rechazo en EEUU a guerra contra Irán exhibiría que "la propaganda de Washington ya no funciona"
Pezeshkián recordó que Irán nunca se ha doblegado fácilmente ni se doblegará ante el chantaje, la injusticia y la agresión.
"Nos mantenemos firmes frente a quienes atacan nuestro país y responderemos con fuerza", enfatizó.
El presidente pidió disculpas a las personas afectadas por la tensión en la región. También destacó las "relaciones fraternales con los países de la zona" y la necesidad de "mantenernos unidos" para "no permitir que EEUU e Israel, engañando a los países de la región, los enfrenten entre sí".
"A pesar de todos los problemas y dificultades en Irán, todo nuestro pueblo —independientemente de partidos, grupos y corrientes políticas— se opondrá al enemigo y no cederá ni un centímetro de nuestra tierra", concluyó.
El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel iniciaron una operación militar a gran escala contra Irán. Como consecuencia del ataque estadounidense-israelí, muchas personas murieron, como el ayatolá Alí Jameneí y varios altos cargos militares. Teherán, a su vez, respondió con ataques al territorio israelí y a objetos militares estadounidenses en la región.
- Sputnik Mundo
Israel y los archivos Epstein presionaron a Trump
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Israel y los archivos Epstein presionaron a Trump
Por Hedelberto López Blanch | 07/03/2026 | Opinión
Fuentes: Rebelión
El enorme involucramiento del presidente Donald Trump dentro de los archivos del depredador sexual Jeffrey Epstein, lo llevaron a aceptar las presiones del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu para que lo acompañara en la violenta agresión contra Irán, lo que constituye una flagrante violación del Derecho Internacional y un enorme peligro para la paz mundial.
Dos semanas antes de los ataques del 28 de febrero contra Irán, el 10 de febrero, Netanyahu llegó a Washington (por cuarta vez en un corto período) para reunirse con Trump y según varios medios de prensa, obligarlo a lanzar la guerra contra Teherán, o de lo contrario haría públicos documentos que demostraban sus acciones de abuso sexual junto con su examigo Epstein.
Pese a las conversaciones de paz que mantenían Teherán y Washington, con la mediación de Omán, y que según informaciones oficiales iban por buen camino, a Trump no le quedó más remedio que aceptar las presiones de Netanyahu.
El diario The New York Times (NYT) afirmó recientemente que el primer ministro de Israel desempeñó un papel clave en orientar a Trump hacia la decisión de atacar Irán, presionándolo personalmente durante meses.
Basándose en los testimonios de personas con conocimiento directo de las deliberaciones, incluyendo funcionarios estadounidenses e israelíes, diplomáticos, legisladores y figuras de inteligencia, el NYT agrega que «cuando el primer ministro israelí entró en el Despacho Oval el pasado 11 de febrero, su objetivo era claro: mantener a Trump comprometido con la acción militar».
Ambos personajes discutieron durante tres horas las posibles fechas para un ataque y las supuestas escasas perspectivas de una resolución diplomática, informó el diario.
Netanyahu había planteado por primera vez la posibilidad de una ofensiva contra Irán durante una visita a la mansión de Trump en Mar-a-Lago en diciembre.
Para el NYT el vasto conjunto de documentos publicados por el Departamento de Justicia a partir de sus investigaciones sobre el delincuente sexual Jeffrey Epstein no incluyó algunos materiales claves relacionados con una mujer que acusó al convicto y pedófilo presidente Donald Trump.
Las afirmaciones de que Epstein podría haber estado empleado por un servicio de seguridad extranjero han ido ganando fuerza en Estados Unidos debido a investigaciones del periodista Tucker Carlson y de otros miembros de los medios de comunicación.
Un informe del FBI de la oficina de Los Ángeles, redactado en octubre de 2020, y que aparece en los archivos del depredador sexual, afirma que la fuente de ese organismo estaba «convencida de que Epstein era un agente captado por los servicios de inteligencia israelí, el Mossad».
Entre los más de tres millones de documentos publicados aparecen memorandos del FBI en los que se resumen las entrevistas realizadas por la agencia en relación con las denuncias presentadas en 2019 por una mujer que, tras la detención de Epstein, declaró haber sido agredida sexualmente tanto por Trump como por el financista décadas antes, cuando era menor de edad.
En investigaciones posteriores, funcionarios federales escribieron un memorando en 2025 donde indican que la mujer había dicho que Epstein la presentó a Trump y afirmó que éste la agredió en un encuentro violento y escabroso. Los documentos señalan que el presunto incidente habría ocurrido a mediados de la década de 1980, cuando ella tenía entre 13 y 15 años.
Robert García, representante por California y principal demócrata del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, dijo que cuando revisó las versiones sin censura de los archivos de Epstein en el Departamento de Justicia, también faltaban resúmenes de entrevistas relacionadas con la denuncia de la mujer.
En otro articulo del NYT, los periodistas Steve Eder Michael y David Enrich afirman que «los archivos están salpicados de referencias a Trump, quien había sido amigo íntimo de Epstein hasta principios de la década del 2000.
Por presiones de legisladores demócratas y republicanos, el Departamento de Justicia, bajo la dirección de Pamela Bondi, designada por Trump, se vio obligado a publicar durante varias horas un fragmento del expediente que contenía testimonios sobre la participación personal de Trump en estas orgías pedófilas y la intimidación a las víctimas por parte de su equipo de seguridad.
Aunque los documentos relativos al presidente fueron eliminados al cabo de un par de horas, los tres millones de archivos restantes permanecieron en línea y fueron rescatados por varios medios de prensa con la utilización de una herramienta de búsqueda patentada.
De esa forma salieron a la luz que al mandatario se le nombra en una serie de asuntos inquietantes que involucran a menores de edad, entre ellos, el de haber supuestamente obligado a una niña de entre 13 y 14 años a practicarle sexo oral. Además, se insinúa que Trump habría organizado fiestas al estilo «Calendar Girls» (Chicas de calendario) en su mansión Mar-a-Lago, donde Epstein le habría proporcionado muchachas para subastarlas.
A Netanyahu, que según todos los analistas tiene en su poder muchos de esos documentos, le resultó fácil obtener el apoyo de Trump para lanzar la guerra contra Irán, que comenzó el 28 de febrero pero no se sabe cuando acabará pues la nación persa cuenta con suficiente fuerza para enfrentarla.
Lo cierto es que el narcisista, convicto y pedófilo presidente estadounidense, que también tiene ambiciones de convertirse en «rey del mundo», se ha lanzado en una peligrosísima aventura en la que llegaron a asesinar al líder supremo chiíta, Gran Ayatolá, Ali Kamenei.
Se estima que los chiítas suman alrededor de 170 millones de fieles, fundamentalmente en Irán, Irak, Bahrein, Yemen, (también importantes comunidades en India, Kuwait, Líbano, Pakistán, Qatar, Siria, Turquía, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos) y el traicionero ataque israelí-estadounidense podría incendiar todo Medio Oriente con consecuencias catastróficas para el mundo y en especial para la dictadura actual que gobierna Estados Unidos.
Aunque Trump trate de desviar la atención de los medios de comunicación hacia sus nuevas guerras, los documentos de Epstein lo continuarán persiguiendo.
Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
sábado, 7 de marzo de 2026
El ataque estadounidense-israelí tiene como objetivo impedir la paz, no promoverla
Recomiendo:
El ataque estadounidense-israelí tiene como objetivo impedir la paz, no promoverla
Por Michael Hudson | 06/03/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: CounterPunch - Imagen: Las ruinas de la escuela primaria iraní Shajareh Tayyebeh después de un bombardeo israelí-estadounidense que mató a más de 165 niñas y educadores. Fuente: Tasnim News Agency – CC BY 4.0
El pasado 27 de febrero, el mediador de las negociaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán en Omán, el ministro de Asuntos Exteriores de ese país, Badr Albusaidi, desbarató la engañosa pretensión del presidente Trump de amenazar con la guerra a Irán por haberse negado a aceptar sus exigencias de renunciar a lo que el presidente de Estados Unidos afirmaba que era su intención de fabricar su propia bomba atómica. El ministro de Asuntos Exteriores de Omán explicó en el programa Face the Nation de la CBS que el equipo iraní había acordado no acumular uranio enriquecido y había ofrecido “una verificación completa y exhaustiva por parte del OIEA”.
Esta nueva concesión constituía un “avance sin precedentes. Y si podemos aprovecharlo y seguir avanzando, creo que estamos cerca de alcanzar un acuerdo” para lograr que “Irán nunca, jamás, tenga material nuclear con el que fabricar una bomba. Creo que esto es un gran logro”, afirmaba Albusaidi.
Tras señalar que este avance había pasado “muy desapercibido para los medios de comunicación”, destacó que, exigir “cero reservas”, iba mucho más allá de lo que se había negociado durante la Administración del presidente Obama, porque “si no se pueden almacenar materiales enriquecidos, entonces no hay forma de fabricar una bomba”.
El ayatolá Alí Jamenei, que ya había emitido una fatwa contra cualquier acción de este tipo y se reiteró en esa postura año tras año, convocó a los líderes chiítas y al jefe militar de Irán para debatir la ratificación del acuerdo de ceder el control de su uranio enriquecido con el fin de evitar la guerra.
Bloquear el acceso mundial a las fuentes de energía que no están bajo su control es la razón por la que EEUU ha atacado a Venezuela, Siria, Irak, Libia y Rusia.
Pero tal capitulación era precisamente lo que ni Estados Unidos ni Israel podían aceptar. Una resolución pacífica habría impedido el plan a largo plazo de Estados Unidos de consolidar y militarizar su control sobre el petróleo de Oriente Medio, su transporte y la inversión de sus ingresos por exportación de petróleo, y de utilizar a Israel y a Al Qaeda / ISIS como ejércitos mercenarios para impedir que los países productores de petróleo independientes actuaran en defensa de sus propios intereses soberanos.
Al parecer, los servicios de inteligencia israelíes alertaron al ejército estadounidense sugiriendo que la reunión en el complejo del ayatolá ofrecía una gran oportunidad para descabezar a toda la cúpula responsable de la toma de decisiones. Esto seguía el consejo del manual militar estadounidense de que matar a un líder político que Estados Unidos considera antidemocrático desatará los sueños populares de un cambio de régimen. Esa era la esperanza del bombardeo de la residencia de campo del presidente Putin en diciembre de 2025, y estaba en línea con el reciente intento de Starlink de movilizar la oposición popular para la revolución en Irán.
El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel deja claro que no hay nada que Irán pudiera haber concedido que hubiera disuadido a Estados Unidos de su antiguo objetivo de controlar el petróleo de Oriente Medio y utilizar a Israel y a los ejércitos mercenarios del ISIS y Al Qaeda para impedir que las naciones soberanas de la región emergieran para tomar el control de sus reservas de petróleo. Ese control sigue siendo un arma esencial de la política exterior estadounidense. Es la clave de la capacidad de Estados Unidos para perjudicar a otras economías negándoles el acceso a la energía si no se adhieren a la política exterior estadounidense. Esta insistencia en bloquear el acceso mundial a las fuentes de energía que no están bajo control estadounidense es la razón por la que Estados Unidos ha atacado a Venezuela, Siria, Irak, Libia y Rusia.
El ataque a los negociadores –la segunda vez que Estados Unidos actúa de este modo contra Irán– es una traición que pasará a la historia. La acción buscaba impedir el supuesto avance de Irán hacia la paz, antes de que sus líderes pudieran desmentir la falsa afirmación de Trump de que Irán se había negado a renunciar a su deseo de obtener su propia bomba atómica.
Sería interesante saber cuántos integrantes del círculo próximo a Trump apostaron fuerte a que los precios del petróleo se dispararían cuando los mercados abrieran el lunes por la mañana. La semana pasada, los mercados subestimaron el riesgo de cerrar el estrecho de Ormuz y el Golfo del Petróleo. Las compañías petroleras estadounidenses obtendrán beneficios extraordinarios. China y otros importadores de petróleo sufrirán. Los especuladores financieros estadounidenses también se forrarán, porque su producción de petróleo es nacional. Este hecho podría incluso haber influido en la decisión de Estados Unidos de interrumpir el acceso mundial al petróleo de Oriente Medio durante lo que promete ser un largo período.
De hecho, la perturbación comercial y financiera será tan global que creo que podemos considerar el ataque del sábado contra Irán como el verdadero detonante de la Tercera Guerra Mundial. Para la mayor parte del mundo, la inminente crisis financiera (por no hablar de la indignación moral) definirá la próxima década de reestructuración política y económica internacional.
Los países europeos, asiáticos y del Sur Global no podrán obtener petróleo si no es a precios que harán que muchas industrias dejen de ser rentables y que muchos presupuestos familiares sean insuficientes. El aumento de los precios del petróleo también hará imposible que los países del Sur Global paguen sus deudas a punto de vencer en dólares a los tenedores de bonos occidentales, los bancos y el FMI.
Los países solo podrán evitar tener que imponer austeridad interna, depreciación de la moneda e inflación si reconocen que el ataque de Estados Unidos (apoyado por Gran Bretaña y Arabia Saudí, con la ambigua aquiescencia de Turquía) ha puesto fin al orden unipolar estadounidense y, con él, al sistema financiero internacional dolarizado. Si esto no se reconoce, la aquiescencia continuará hasta que se vuelva insostenible en cualquier caso.
Si esta es la verdadera batalla inaugural de la Tercera Guerra Mundial, en muchos sentidos es la batalla final para decidir de qué se trató la Segunda Guerra Mundial. ¿Se derrumbará el derecho internacional como resultado de la falta de voluntad de suficientes países para proteger las normas del derecho civilizado que respaldan los principios de la soberanía nacional, libres de la injerencia extranjera y la coacción, desde la Paz de Westfalia de 1648 hasta la Carta de las Naciones Unidas? Y con respecto a las guerras que inevitablemente se librarán, ¿se salvarán los civiles y los no beligerantes, o serán como el ataque de Ucrania contra su población de habla rusa en sus provincias orientales, el genocidio de Israel contra el pueblo palestino, la limpieza religiosa wahabí de las poblaciones árabes no suníes o, de hecho, las poblaciones iraníes, cubanas y otras que sufren ataques patrocinados por Estados Unidos?
¿Pueden salvarse las Naciones Unidas sin liberarse a sí mismas y a sus países miembros del control estadounidense? Una primera prueba de fuego para ver cómo se están definiendo las alianzas será qué países se suman a la iniciativa legal para declarar a Donald Trump y su gabinete criminales de guerra. Se necesita algo más que la actual CPI, en vista de los ataques personales del Gobierno de Estados Unidos contra los jueces de la CPI que declararon culpable a Netanyahu.
Es necesario un juicio a escala de Nuremberg contra la política militar occidental que ha intentado sumir al mundo entero en el caos político y económico si no se somete al orden unipolar basado en el dominio de Estados Unidos. Si otros países no crean una alternativa a la ofensiva estadounidense-europea-japonesa-wahabí, sufrirán lo que el secretario de Estado estadounidense Rubio denominó (en su reciente discurso en Múnich) un resurgimiento de la historia occidental de conquista de los principios básicos del derecho internacional y la equidad.
Una alternativa es reestructurar Naciones Unidas para poner fin a la capacidad de Estados Unidos de bloquear las resoluciones de la mayoría. Teniendo en cuenta que el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha dicho que la organización podría declararse en quiebra en agosto y tener que cerrar su sede en Nueva York, este es un momento propicio para trasladarla fuera de Estados Unidos. Estados Unidos ha prohibido la entrada a Francesca Albanese como consecuencia de su informe en el que describe el genocidio israelí en Gaza. No puede haber Estado de derecho mientras el control de la ONU y sus agencias permanezca en manos de Estados Unidos y sus satélites europeos.
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Michael Hudson es economista y nació en Chicago (EEUU) en 1939. Su nuevo libro The Destiny of Civilization, será publicado por CounterPunch Books próximamente.
Este artículo se publicó originalmente en Counterpunch.
Fuente de la traducción al castellano, CTXT: https://ctxt.es/es/20260301/Politica/52448/Michael-Hudson-Counterpunch-iran-EEUU-israel-trump-petroleo.htm
viernes, 6 de marzo de 2026
Los socios de Washington en Oriente Medio ven que quedan debilitados y EEUU no los puede defender"
- Sputnik Mundo,
"Los socios de Washington en Oriente Medio ven que quedan debilitados y EEUU no los puede defender"
La presencia de bases militares estadounidenses en distintos países vuelve a estar en debate. En contextos de conflicto, estas instalaciones suelen convertirse en objetivos prioritarios de ataques, lo que expone no solo a la infraestructura estratégica —como radares o centros de inteligencia— sino también a la población civil.
"Esta idea de Estados Unidos de decidir unilateralmente cómo intervenir en cada país, mientras el resto del mundo observa pasivamente, es ridícula y no le ha dado resultado. Lo que vemos es que Irán se preparó para defenderse, mientras que Washington, para atacar, debe desproteger a sus propios socios. Y esos socios empiezan a advertir que quedan debilitados y que Estados Unidos no puede defenderlos", evaluó Alejandro Marcó del Pont, magíster argentino en Relaciones Internacionales, en Séptimo Piso.
El analista también expresó preocupación por el rumbo de las decisiones globales: "Es inquietante la completa locura de quienes hoy toman decisiones en el mundo. Creo que desde Gaza en adelante, donde vimos algo parecido a un holocausto transmitido en directo y prácticamente nadie dijo nada, las cosas cambiaron de manera rotunda".
En la misma línea, Gabriel Fernández, director de La Señal Medios, sostuvo que uno de los problemas estructurales de la región fue haber permitido la instalación de bases militares estadounidenses. "El gran problema de varios países de Oriente Medio fue aceptar bases norteamericanas —algunas de gran tamaño— en su territorio", afirmó.
Fernández también cuestionó la narrativa de Washington sobre el conflicto con Irán. "Estados Unidos presenta internacionalmente la situación como un ataque preventivo contra Irán y, al mismo tiempo, sugiere que la población debería movilizarse para cambiar el Gobierno. La fundamentación no es clara, y eso genera mucha inquietud en la región, sobre todo por la presencia de bases estadounidenses que hoy están siendo atacadas", explicó.
Respecto a la posibilidad de que Donald Trump impulse un cambio de liderazgo en Irán, Fernández fue categórico: "A Estados Unidos no le interesa la soberanía de ningún país. Pero, además, hoy no está en condiciones de definir el gobierno del país persa. Washington actúa como si tuviera esa capacidad, cuando ni siquiera logra resolver sus propios problemas internos", concluyó.
"Es ridículo que Trump diga que puede definir un nuevo gobierno en Irán"
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó su intención de influir en la designación del nuevo jefe de Estado de Irán y calificó como "inaceptable" el posible nombramiento de Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido líder supremo Alí Jamenei.
"Se trata de un comentario absolutamente ridículo; además, desde Irán respondieron que no le tenían miedo y que lo estaban esperando", explicó Ariel Umpierez, analista geopolítico argentino en diálogo con Séptimo Piso.
En ese contexto, el analista resaltó: "Todos sabemos que, en realidad, lo que están haciendo es seguir lo que el lobby prosionista le impone a los presidentes y, en este caso, a la Administración estadounidense".
jueves, 5 de marzo de 2026
«Trump e Israel también arriesgan mucho con esta locura
Entrevista a Rafael Poch de Feliu
«Trump e Israel también arriesgan mucho con esta locura
Por Sergi Picazo | 05/03/2026 | Mentiras y medios
Fuentes: Blog Rafael Poch de Feliu [Imagen:«Hermanos de sangre», MR Fish]
Trump ya prescinde de la retórica del derecho internacional. La clave para definir las relaciones internacionales es la fuerza. Estados Unidos puede secuestrar o matar a dos líderes de países enemigos: Maduro, en Venezuela, y el ayatolá Jamenei en Irán. ¿Se acabó la legislación internacional? ¿La ONU? ¿Los mínimos de la política internacional?
La pregunta, desde luego, es retórica. La guerra comenzó el sábado con el asesinato del dirigente del país adversario y varios miembros de su familia. Esta guerra comenzó – y es la segunda vez desde junio – en medio de unas negociaciones calificadas de “exitosas” por los mismos personajes (Witkof y Kushner) que están negociando con los rusos el fin del conflicto de Ucrania. ¿Quién puede confiar en tales “negociadores”? “Las garantías y los documentos firmados por este Presidente, no tienen valor alguno”, ha dicho en Moscú el analista Dmitri Trenin sobre Trump. “No se puede mantener negociaciones con este gobierno”, dice desde Nueva York el economista Jefrey Sachs.
La crisis del hegemonismo comporta la de sus instituciones. La ONU fue una buena idea pero reflejaba el mundo de 1945. Hoy el mundo es diferente y diferentes son también las correlaciones de fuerzas que hay en su interior. Entonces los chinos y los indios no contaban nada en el mundo y hoy pesan mucho. Pero curiosamente no son los emergentes los que están derribando las instituciones internacionales y el derecho internacional, sino sus inventores, los gobiernos de aquellos países que diseñaron todas esas instituciones a la medida de sus intereses. Si la ONU era el desigual “parlamento de la humanidad” en el que algunos mandaban más que otros por su derecho de veto, hoy sus inventores se han hecho extraparlamentarios y promueven el bandidismo y el gangsterismo más crudo. Asistimos a la conversión de la ONU en una especie de reedición de aquella impotente “Sociedad de Naciones” disuelta en 1946. Si entonces aquella organización fue incapaz de impedir la invasión italiana de Abisinia, la japonesa de China y el desastre de Ia Segunda Guerra Mundial, la ONU de hoy se muestra igualmente impotente ante el genocidio de Gaza. Su Corte Penal Internacional condena a los criminales, pero son sus magistrados los que están siendo violentados y chantajeados, mientras sus imputados gozan de plena impunidad en Occidente. Por no hablar de la relatora Francesca Albanese, objeto de sanciones y medio refugiada en Túnez… Respecto a la UE, su papel no puede ser más vergonzoso: cooperación militar con el agresor, incluso desde la base de Rota, y condena de la respuesta del agredido por parte de Alemania, Francia e Inglaterra. “Instamos a Irán a que ponga fin de inmediato a estos ataques imprudentes. Tomaremos medidas para proteger nuestros intereses y los de nuestros aliados en la región, tal vez adoptando medidas defensivas proporcionadas para destruir la capacidad de Irán de lanzar misiles y drones”, señalaba el domingo su comunicado.
La situación del nuevo mundo multipolar exige nuevas instituciones, desde luego también en Europa, pero la experiencia histórica sugiere que éstas solo aparecen después grandes desastres.
Has escrito en Ctxt que los asuntos de Venezuela, Irán y Ucrania en realidad son la misma guerra y que “el objetivo es impedir militarmente el ocaso de la hegemonía americano-occidental en el mundo, amenazada principalmente por la pujanza china” ¿Puedes explicarlo?
El dato central es la reacción occidental al ascenso de China. Ese es el hecho que unifica el grueso de la situación y viene de lejos. Hace treinta años se esperaba que la integración en la globalización, entendida como seudónimo del dominio mundial de Estados Unidos y sus satélites, convertiría a China en un miembro subordinado y dependiente del sistema mundial. Esperaban que la integración de las élites chinas en la globalización acabaría dando lugar a una forma de gobierno subalterno más aceptable para Occidente que la del Partido Comunista Chino. Pero un cuarto de siglo después se encontraron con la sorpresa de que, jugando en el terreno de juego por ellos diseñado, China les ganó la partida: se hizo mucho más fuerte, continuó siendo autónoma y soberana, y se proyecta al exterior mediante una estrategia mundial integradora, no militarizada, de redes y jugosos vínculos comerciales que devalúan todo intento de contrarrestarla militarmente.
La amenaza al hegemonismo occidental liderado por Estados Unidos es el gran peligro que ven en Washington, y así lo proclaman y lo han explicado, por activa y por pasiva, un montón de políticos, militares y estrategas de allá. Con la desindustrialización, la deslocalización y la economía de casino que han fomentado en busca del mayor y más rápido beneficio de su capitalismo rentista y de especulación financiera, la única respuesta que tienen a mano es la de la fuerza. Primero, en 2012, inventaron el “pivot to Asia” de Obama, es decir desplegar en Asia Oriental el grueso de su fuerza aeronaval. Después intentaron redefinir las normas de su globalización proclamando nuevos proteccionismos y aranceles, donde Trump ha destacado. La escena que mejor ilustra la situación es la del tahúr que al ver que está perdiendo la partida le da una patada a la mesa de juego y desenfunda la pistola.
Uno de sus fallos garrafales fue ignorar y maltratar los intereses rusos en Europa durante treinta años. Desoyendo las advertencias de gente como Kissinger o Kennan contra la ampliación de la OTAN, estimularon la estrecha integración euroasiática entre Rusia y China, algo que ni Moscú ni Pekín buscaban inicialmente. Luego, cuando tras múltiples advertencias Rusia reaccionó militarmente al intento de echarla definitivamente del Mar Negro, anexionándose Crimea, continuaron con una escalada militar en Ucrania inyectando recursos militares al nuevo régimen proccidental de Kíev y apoyando su “operación antiterrorista” contra las regiones rusófilas del Este del país. La supuesta participación “mediadora” de Francia y Alemania en las conversaciones de Minsk fue una mascarada para “ganar tiempo y preparar a Ucrania” para la guerra, según han admitido la ex canciller alemana Angela Merkel y el ex presidente francés François Hollande y ha corroborado el ex presidente ucraniano Petró Poroshenko. Los dos últimos años anteriores a la invasión rusa, las señales emitidas contra Rusia fueron claras. En 2019 un extenso documento de la RAND Corporation, el principal think tank del Pentágono, titulado “Overextending and Unbalancing Russia” (“Sobrepasar su capacidad y desestabilizar a Rusia”. Consultable en: https://www.rand. org/pubs/research_briefs/RB10014.html), proponía un detallado catálogo para estresar a Moscú cuyo primer y principal escenario era el de “suministrar una ayuda letal a Ucrania”, cosa que se venía haciendo desde 2014. Una vez lograda la invasión rusa, se movilizaron para impedir cualquier acuerdo entre Rusia y Ucrania en las negociaciones que comenzaron enseguida después de la invasión, primero en Minsk y luego en Estambul. Cuando se dieron cuenta de que se complicaba el objetivo proclamado de infligir una “derrota estratégica” a Rusia por medio de las sanciones y la ayuda militar y financiera a Ucrania, optaron por separar los frentes.
En noviembre de 2023 el vicesecretario de Estado para Europa y Eurasia en la primera administración Trump, Aaron Wess Mitchell, dijo que Estados Unidos podría perder una guerra si tuviese que actuar en tres frentes simultáneamente, porque en tal caso, “Estados Unidos tendría que ser fuerte en cada uno de los tres escenarios bélicos, mientras que sus tres adversarios, China, Rusia e Irán, solo tienen que ser fuertes en su propia región para alcanzar sus objetivos”. Así que optaron por transferir parcialmente el marrón de Ucrania a los europeos, concentrarse en Irán, el más débil de los tres, y continuar preparándose para lidiar con China más tarde. Por eso escribí que en Ucrania se trata de debilitar a Rusia, fundamental socio de China. En Venezuela se trata de privar a China del acceso a importantes reservas energéticas y recursos latinoamericanos. Irán es el eslabón fundamental de la integración euroasiática, con sus corredores energéticos y de transporte este/oeste y norte/sur.
El gobierno de Irán quiere, realmente, tener armas nucleares? ¿El tema nuclear es un paripé? ¿Hay algo que negociar realmente entre Estados Unidos e Irán?
A principios de los noventa el embajador de Estados Unidos en Arabia Saudi ya advertía que Irán “está a pocas semanas de hacerse con la bomba”. Si se hubieran hecho con ella, los ayatolas nunca habrían sido atacados, pero los dirigentes iraníes han demostrado tener mas escrúpulos en esto que los norcoreanos que tras el fin de la guerra fría y la desaparición de la cobertura brindada por el paraguas nuclear soviético, comprendieron enseguida que hacerse con la bomba era su única póliza de seguros contra un ataque de Estados Unidos.
Recordemos que en 2015 ya se alcanzó un acuerdo con Irán, el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) por el que Teherán accedía a limitar su enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de las sanciones y de las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de sus instalaciones. Entonces yo me encontraba en París y Bernard Hourcade, uno de los principales especialistas franceses en Irán estaba entusiasmado por las perspectivas económicas y comerciales que aquel acuerdo abría, sobre todo para Europa. “Treinta y siete años después de la caída del Sha, la República Islámica ha sido reconocida como un actor de pleno derecho de la vida económica y política del mundo”, decía. Esperaba una inmediata apertura del régimen y aseguraba que “se abre una nueva página en la historia iraní”. Todo quedó en nada: Trump retiró del acuerdo a Estados Unidos, los europeos no hicieron nada y las inspecciones de la OIEA sirvieron para afinar los objetivos de las bombas israelís contra las instalaciones y los domicilios privados de los responsables del programa nuclear, algunos de ellos asesinados con sus familias en junio. Como ahora, aquel ataque se produjo en medio de una negociación. Lo decisivo no es la bomba sino el viejo plan de 2002 desvelado por el General Wesley Clark en el que se decía, “vamos a deshacernos de siete países en cinco años, empezando con Irak, luego Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y acabando con Irán” https://www.youtube.com/watch?v=fAnNJW9_KYA). Lo han cumplido todo. Llevan más de cuatro millones de muertos y 40 millones de desplazados. Solo les falta Irán. Quieren crear en ese país un agujero negro.
¿Qué intereses tienen Estados Unidos e Israel para atacar a Irán? ¿No es por recursos naturales, sino por intereses geoestratégicos?
Para Israel se trata de acabar con el único país de Oriente Medio capaz de impedir el loco proyecto colonial “sin fronteras” del Gran Israel, del Nilo al Éufrates. Como ha dicho el embajador americano en Israel, Mike Huckabee, Israel goza de un “derecho bíblico” a expandirse por toda la región. E Israel, como se sabe, tiene una gran influencia en la política de Estados Unidos. De los intereses, digamos, geopolíticos, de Estados Unidos ya hemos hablado, pero hay también un interés político interno de ese Nerón narcisista que preside actualmente el régimen de Washington y su administración de aficionados. Trump prometió no meter a Estados Unidos en nuevas guerras y se está divorciando de su base social popular. En noviembre tiene unas elecciones de medio mandato en las que se prevé que perderá mucho apoyo. Si consiguiera tumbar al régimen iraní acudiría a esas elecciones desde una posición de fuerza. Pero si las cosas le van mal, esta guerra impopular, inconstitucional, sin acuerdo del Congreso y desaconsejada por sus agencias de inteligencia, se le podría derrumbar encima. Trump e Israel arriesgan mucho en esta locura.
¿Esta guerra es una prueba más del supuesto fin del poder de Estados Unidos? No se entiende que sea así cuando Estados Unidos ataca y tiene un poder militar indiscutible,¿ no?
Nadie discute que tengan el poder militar más fuerte del mundo, pero la loca y criminal utilización de ese poder, ¿es una verdadera muestra de fortaleza? Yo creo que lo que están demostrando ante los ojos de todo el mundo de forma indiscutible, particularmente desde la serie bélica que arranca del 11/S de 2001 de Nueva York, que va de Irak a Irán, pasando por Afganistán, Libia, Siria, Yemen, Somalia, Ucrania y Gaza, es que son el principal peligro para la paz mundial.
¿Estados Unidos se atreverá a entrar en Irán, un país de 90 millones de habitantes y con uno de los ejércitos más poderosos del mundo musulmán, con tropas y soldados sobre el terreno, como hicieron en Irak? O solo bombardeará desde aviones y portaaviones? ¿Será una guerra corta?
No creo que se arriesguen a entrar con tropas allí. Pesa mucho el precedente de Irak, sin contar conque Irán es mucho más que Irak. En la guerra de los doce días de junio se agotaron las existencias de los arsenales de recursos antimisiles de Estados Unidos e Israel. Dicho sea de paso, esta guerra es muy mala noticia para los militares ucranianos que van a ver aún más mermado su suministro de recursos de defensa antimisiles ante los ataques rusos. La fabricación americana de esos recursos es limitada y no parece que puedan sostener una campaña intensa de ataques y contraataques de más de cuatro o cinco semanas, pero mucho dependerá de la capacidad de respuesta iraní para agotar esos arsenales.
¿Cuál es la capacidad defensiva de Irán ahora?
Es la gran cuestión militar. En junio lanzaron primero la morralla, drones y misiles obsoletos para desgastar la capacidad de intercepción israelí y localizar los emplazamientos de sus defensas, y luego lanzaron misiles hipersónicos más sofisticados que hicieron mucho daño. Habrá que ver cuantos les quedan ahora. Ahora hay muchos más objetivos, las bases americanas del Golfo y eventualmente, si les alcanza, la flota desplegada en el Mediterráneo. Irán ya ha atacado instalaciones americanas en cinco países del Golfo. El asesinato del Ayatolá Jamenei no es solo un asunto nacional iraní. Hay muchos chiitas en Irak, Pakistán, Arabia Saudí, Bahrein y Líbano, entre otros. Hay un riesgo de guerra regional muy serio en el que también los iniciadores pueden salir escaldados.
¿Cómo afecta el ataque a Irán, o un cambio de régimen o el bloqueo de Ormuz, a China y la Ruta de la Seda? El asunto chino es fundamental aquí o solo un efecto colateral?
Es fundamental porque Irán es un gran socio energético de China y porque sin Irán se cortan importantes circuitos de la Ruta de la Seda. No por casualidad insisto en la unidad de todos estos conflictos. Desconocemos el nivel de la implicación militar de China con Irán. ¿Han recibido los iranís baterías anti misiles de Pekín como se ha dicho? No me parece probable que China se implique militarmente, por otro lado dejar pasar un ataque militar contra ella tan claro sin hacer nada tampoco parece realista… Respecto a Rusia, me parece que no ha hecho gran cosa en favor de Irán. Están muy centrados en el fregado ucraniano y sus ambiguas conversaciones con el equipo de Trump y no creo que pasen de las declaraciones y condenas diplomáticas. Mi impresión es que Irán está bastante solo, lo que es contradictorio con la unidad de conflictos que apunto.
Hablemos sobre política interna en Irán. La izquierda tiene dudas en este asunto porque, por un lado, ve que se produce un ataque/golpe de Estado/asesinato del neoimperalismo Estados Unidos, pero por otro, también saben que el régimen de los ayatolás masacró a la izquierda comunista en Irán, ataca los derechos humanos básicos y reprime a las mujeres. Qué hacer o qué pensar ante este dilema?
Me parece que el país y su régimen no están siendo atacados por “haber masacrado a la izquierda”, ni por “atacar los derechos humanos” o “reprimir a las mujeres” que son mucho más libres en Irán que en cualquier monarquía del Golfo. A los que ven un “dilema” en este ataque, solo puedo decirles una cosa: los reyes son los padres.
¿Caerá la República Islámica? Dice Nazanin Armanian que “la república islámica ya ha terminado” después de las protestas sociales y de la burguesía iraní, y de los ataques militares?
Desconozco la situación interna de Irán ni soy un experto en las cosas de ese país, pero como dice Nazanín la fragilidad del régimen es evidente y mayor que nunca. Supongo que todo es posible. Dice Trita Parsi, un experto del Quincy Institute de Washington, que los iraníes “se han visto atrapados entre una teocracia represiva y actores externos cuyas políticas se diseñaron deliberadamente para crear desánimo. La ironía es evidente: las mismas voces que ayudaron a cerrar las vías para el desmantelamiento pacífico de la teocracia se presentan ahora como salvadores, ofreciendo la intervención militar extranjera como el único camino hacia la liberación, una oferta que no habría encontrado compradores si la población no se hubiera visto abocada a la desesperación en primer lugar”. Me parece un buen diagnóstico, que puede consultarse aquí: La desesperación de Irán es culpa de la política estadounidense – Rafael Poch de Feliu
Fuente: https://rafaelpoch.com/2026/03/02/trump-e-israel-tambien-arriesgan-mucho-con-esta-locura/
En catalán: https://www.elcritic.cat/entrevistes/rafael-poch-hi-ha-un-risc-de-guerra-regional-molt-serios-i-els-que-han-iniciat-atac-a-iran-tambe-poden-sortir-escaldats-263246
miércoles, 4 de marzo de 2026
Golfo Pérsico: bombas y mentiras de Israel y EE.UU.
Recomiendo:
Golfo Pérsico: bombas y mentiras de Israel y EE.UU.
Por Editorial de La Jornada | 04/03/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: La Jornada - Imagen: Hace 14 años, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu mostraba un gráfico que según él, representaba el avance del programa nuclear iraní, Asamblea General de las Naciones Unidas en New York. (Sept. 27, 2012). Su ataque contra Irán el viernes pasado plasma un plan de décadas para destruir al país del Golfo. (Lucas Jackson/Reuters)
En los primeros tres días de la ofensiva israelí-estadounidense contra Irán, las mentiras volaron más rápido que los misiles. De hecho, la agresión se sustenta en casi un siglo de bulos occidentales contra la nación persa, que se iniciaron cuando ésta intentó sacudirse el yugo colonial británico. En la actualidad, Irán es uno de los países más demonizados por la propaganda de Washington y sus aliados, la cual critica los excesos autoritarios de régimen teocrático pero omite deliberadamente el papel occidental en el surgimiento y consolidación del gobierno de los ayatollah.
Políticos, medios de comunicación, académicos y los grupos paraempresariaes que se autodenominan representantes de la “sociedad civil” aseguran desear para los iraníes un régimen laico, democrático, modernizador y moderado, pero olvidan mencionar que Irán ya se había dado a sí misma un gobierno con todas esas características, el del primer ministro Mohammad Mosaddegh (1951-1953). Cuando el dirigente intentó nacionalizar la Anglo-Persian Oil Company (antecesora de la actual British Petroleum), el imperio británico reaccionó con un guion que Estados Unidos repetiría una y otra vez al tomar la batuta del imperialismo mundial: acusó al mandatario de “comunista”, saboteó la economía del país, le impidió comerciar con su propio petróleo y, finalmente, con la ayuda de Washington, depuso a Mosaddegh e instaló un gobierno títere encabezado por un monarca inventado, el sha Mohammad Reza Pahlavi. Reza sumió a Irán en un permanente baño de sangre perpetrado por sicarios entrenados por la CIA y el Mossad. La policía política del sha, Savak, torturó y asesinó a todos los políticos y simpatizantes de la democracia, además de despilfarrar la riqueza petrolera en una vida de lujos y excesos que se exhibían sin pudor frente a un pueblo depauperado.
La eliminación de todos los liderazgos modernizadores explica por qué, cuando Irán estalló finalmente contra la opresión, la única institución capaz de canalizar y coordinar la ira popular fue la jerarquía del chiísmo, rama del Islam mayoritaria en el país. Tras la revolución de 1979, Occidente azuzó a Saddam Hussein para que invadiera a su vecino, pese a que para entonces ya eran bien conocidos el carácter despótico del presidente iraquí y las masacres que ejecutaba sobre su propia población. Hussein recibió cobertura mediática, apoyo de inteligencia y armamento ilimitado, incluidas armas químicas provistas por Alemania, durante los ocho años que duró su fallido intento de acabar con su vecino. Al término de la guerra, un millón de iraníes habían muerto y más de 2 millones estaban heridos, muchos de ellos con daños devastadores por la inhalación de los gases mostaza y sarín.
Este apretado resumen no da cuenta de todo el sufrimiento causado por Occidente al pueblo iraní, pero basta para mostrar la hipocresía de Donald Trump, Benjamin Netanyahu, Emmanuel Macron, Keir Starmer y Friedrich Merz, así como de la práctica totalidad de los medios de comunicación, al justificar sus agresiones contra Irán en nombre de la “defensa propia”.
El propio gobierno estadounidense ha desmontado esa burda manipulación: en un principio, la Casa Blanca dijo que llevó a cabo un “ataque preventivo” ante una “amenaza inminente” de Teherán, pero luego el secretario de Estado, Marco Rubio, admitió que la “amenaza inminente era que sabíamos que si Irán fuese atacado (por Israel) –y creíamos que iba a ser atacado–, entonces ellos vendrían de inmediato por nosotros, y no nos íbamos a quedar sentados esperando a ser golpeados antes de responder”. Es decir, que Tel Aviv ya había tomado la decisión de atacar y que Washington no dirigió la operación ofensiva, sino que la siguió, tal como argumenta The New York Times. De ser así, Trump dejó que su complicidad con el sionismo lo arrastrara a una guerra a la que ahora no le encuentra salida, como ha evidenciado al extender el plazo del conflicto de “dos o tres días” a “cuatro o cinco semanas” y un indefinido “requerirá tiempo”. El incendio en la embajada estadounidense en Riad y las revueltas en Bahréin ilustran en forma contundente la velocidad con la que el magnate está perdiendo el control sobre su última aventura bélica.
Fuente: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/03/03/editorial/golfo-persico-bombas-y-mentiras
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