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miércoles, 2 de septiembre de 2026
La Junta de Paz utiliza los fondos para la reconstrucción de Gaza para borrar las pruebas del genocidio israelí
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La Junta de Paz utiliza los fondos para la reconstrucción de Gaza para borrar las pruebas del genocidio israelí
Por The Cradle News | 02/09/2026 | Mentiras y medios, Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: The Cradle. Crédito de la foto: periódico Ha-Macom.
Traducido del inglés por Marwan Pérez para Rebelión
Israel ha retirado unilateralmente cientos de miles de toneladas de escombros que contienen los cuerpos de miles de palestinos de Gaza, en preparación para una ocupación y colonización a largo plazo del enclave.
La Junta de Paz del presidente estadounidense Donald Trump está financiando directamente las operaciones de retirada de escombros y pavimentación de carreteras en toda Gaza, borrando así las pruebas del genocidio israelí y allanando el camino para la anexión y el asentamiento judío en la Franja.
El investigador y escritor político palestino Muhammad Shehada, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, informó el 27 de agosto que la Junta de Paz está «pagando los gastos del traslado encubierto de escombros (mezclados con cadáveres) fuera de Gaza por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel«.
«El dinero proviene de los fondos para la reconstrucción de Gaza», destacó Shehada. Hasta la fecha, solo Estados Unidos, Marruecos y los Emiratos Árabes Unidos han aportado fondos al Consejo de Paz.
Según informes, diplomáticos de la UE informaron a Shehada que «Israel ha estado trasladando discretamente cientos de miles de toneladas de escombros mezclados con cadáveres fuera de Gaza para enterrar las pruebas de su genocidio».
«Cuando la UE preguntó a Israel por qué o si filtraban los restos humanos de entre los escombros, nunca obtuvimos respuesta», añadió Shehada.
Desde el inicio de su genocidio en Gaza, Israel ha asesinado al menos a 73.000 palestinos, en su mayoría mujeres y niños. Miles más permanecen sepultados bajo los escombros de sus hogares destruidos.
Al retirar los escombros antes de que se pueda llevar a cabo una búsqueda de víctimas con maquinaria pesada, los palestinos no sabrán si sus familiares están muertos o secuestrados por las fuerzas israelíes y retenidos en su red de centros de tortura.
Shehada indica que la prueba de la participación de la Junta de Paz en la financiación de la remoción de escombros se encuentra en un documento de licitación publicado por la junta el 20 de mayo de 2026, en el que se buscaban contratistas para trabajos de «nivelación y compactación» en Gaza.
Según informa Shehada, una empresa israelí, Terra Firma, ha estado retirando escombros en Gaza utilizando maquinaria pesada diseñada para triturar los restos y convertirlos en polvo, incluso para ayudar al ejército israelí a construir carreteras, concretamente cerca de Erez.
Como resultado, la Junta de Paz «está pagando, compensando, subvencionando y ayudando activamente a empresas israelíes, contratistas, al ejército israelí y al gobierno israelí por estas operaciones de retirada de escombros y pavimentación de carreteras», escribe el Gaza Herald .
«Estas operaciones borran sistemáticamente las pruebas de crímenes de guerra y profanan restos humanos», añadió el Herald , ya que no se toman medidas para separar los restos de las víctimas de los escombros ni para preservar las posibles fosas comunes cubiertas por las carreteras recién construidas.
Al mismo tiempo, infraestructuras civiles críticas como las redes de agua, los sistemas eléctricos, las instalaciones de alcantarillado, los hospitales y las panaderías permanecen deliberadamente sin reparar.
Según el Dr. Ramy Abdu, un destacado defensor palestino de los derechos humanos, la Junta de Paz «actúa como una tapadera estructural para las continuas expropiaciones de tierras y los desplazamientos forzosos».
La Junta de Paz se creó tras el “alto el fuego” de octubre de 2025, respaldado por Estados Unidos. Trump declaró que la junta supervisaría la reconstrucción de Gaza, supuestamente en beneficio de los palestinos.
Sin embargo, en los últimos 10 meses, «las fuerzas israelíes han intensificado una campaña sistemática de eliminación en la zona de Gaza que está directamente bajo su control», según una investigación de New Humanitarian .
«En esta zona prácticamente despoblada, Israel ha estado arrasando lo que queda, prendiendo fuego a los campos y destruyendo con excavadoras pueblos y comunidades agrícolas que antes eran verdes», constató New Humanitarian .
La actividad del ejército israelí indica que está creando «un lienzo en blanco» en Gaza y estableciendo la infraestructura necesaria para la ocupación a largo plazo y la anexión final de la Franja.
Los líderes israelíes han dejado clara en repetidas ocasiones su intención de llevar a cabo una limpieza étnica de Gaza, eliminando a sus aproximadamente 2 millones de palestinos para allanar el camino al establecimiento de asentamientos para que los israelíes judíos vivan en las ruinas de ciudades y pueblos palestinos.
Fuente: https://thecradle.co/articles/board-of-peace-using-gaza-reconstruction-funds-to-erase-evidence-of-Israels-genocide#google_vignette
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
martes, 1 de septiembre de 2026
Occidente encarado hacia la guerra mundial
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Occidente encarado hacia la guerra mundial
Por Glenn Diesen | 01/09/2026 | Mundo
Fuentes: rafaelpoch.com/
A medida que Occidente se prepara para una guerra perpetua con la promesa de traer una paz perpetua, se sacrificarán las normas que legitimaban a la potencia hegemónica. La libertad de expresión, la libertad de navegación, las normas del sistema financiero internacional, el comercio internacional y otras normas que garantizaban un mundo abierto y conectado están siendo arrasadas. Lo que antes eran principios sagrados se abandonan con el apoyo de grupos yihadistas y fascistas, llegando incluso a hacer aceptable el genocidio. La diplomacia se tacha de «apaciguamiento» e incluso el miedo a la guerra nuclear se descarta con ligereza como una capitulación ante el chantaje nuclear.
La cuestión más importante de los sistemas sociales es: ¿qué es lo que crea orden en la gestión de intereses contrapuestos? En materia de seguridad internacional, debemos, por tanto, plantearnos la pregunta: ¿cómo gestionamos los intereses de seguridad contrapuestos de los Estados?
Hace mucho tiempo que no nos planteamos esta pregunta, ya que el orden mundial posterior a la Guerra Fría se organizó en torno a la hegemonía colectiva de Occidente. Un sistema hegemónico no gestiona los intereses de seguridad contrapuestos de los Estados, sino que busca la estabilidad, el orden y la paz a través del dominio. Sin embargo, esa hegemonía ya no existe y debemos volver a abordar los intereses de seguridad contrapuestos de los Estados.
La hegemonía como valor universal
Abordar las preocupaciones de seguridad de otros Estados resulta especialmente difícil para una antigua potencia hegemónica, ya que se percibe como una traición a los valores universales. Las potencias hegemónicas siempre tratan de legitimar su dominio como un bien común, razón por la cual los intereses y privilegios particulares de la potencia hegemónica se presentan como «valores universales». Occidente ya no habla de la seguridad internacional en términos de intereses de seguridad contrapuestos, sino de valores universales.
El orden mundial de la hegemonía liberal posterior a la Guerra Fría presentaba la hegemonía colectiva de Occidente como una «fuerza del bien» que, supuestamente, promovía los valores democráticos liberales. La clase política occidental, surgida en las últimas décadas, abrazó plenamente una ideología basada en la teoría de Fukuyama sobre el «fin de la historia», según la cual el mundo se unificaría bajo la democracia liberal y el liderazgo occidental. La hegemonía liberal se convirtió en una norma hegemónica, ya que estos valores universales solo podían prevalecer bajo el dominio occidental.
Acciones previsibles de una potencia hegemónica en declive
Es previsible que una potencia hegemónica en declive intente debilitar a las potencias emergentes, y que todos los «valores universales» que ya no sustenten su hegemonía pueden tirarse por la ventana. ¿Cuál es la respuesta previsible de la antigua potencia hegemónica?
La respuesta previsible sería una guerra económica contra China para impedir su ascenso tecnológico y económico y, si eso no funciona, escalar hasta una guerra real. En Europa, la hegemonía puede restablecerse mediante el expansionismo de la OTAN y guerras por poder para debilitar a Rusia como potencia rival. En Oriente Medio, Irán sería el principal objetivo de un cambio de régimen o de destrucción, al ser la principal potencia rival en la región. El hemisferio occidental debe volver a someterse a la Doctrina Monroe, África se convertirá en un campo de batalla por la influencia y los aliados de la potencia hegemónica deberán pagar tributo.
Sin embargo, la hegemonía ya ha desaparecido. China puede resistir la coacción económica, Rusia puede contrarrestar el expansionismo de la OTAN, Irán ha derrotado triunfalmente a EE. UU. y la sobreexpansión imperial de Washington se ha acelerado ahora mucho más allá de lo que es sostenible. No hay soluciones a la crisis económica que se avecina que puedan salvar la situación.
Reflexiones sobre la paz en un mundo multipolar
¿Solo puede haber paz si la economía y la tecnología estadounidenses dominan a China? ¿Solo puede haber paz en Europa si persiste el expansionismo de la OTAN y esta puede atacar a otros Estados sin obstáculos? ¿Solo puede haber paz en Oriente Medio si se produce un cambio de régimen o se destruye a todos los Estados rivales de Occidente en la región? ¿Solo pueden existir la paz y el orden si Occidente puede entrometerse en los asuntos internos de otros Estados?
Si se pregunta a los fundamentalistas ideológicos de Occidente qué es lo que crea el orden, la respuesta siempre hará referencia a alguna forma de «valores universales» vinculados a la hegemonía occidental.
Nuestro mayor reto en Occidente es adaptarnos a una nueva distribución internacional del poder: ¿cómo logramos la paz y el orden en un mundo poshegemónico?
Occidente optará por la guerra
Abandonar las ideologías hegemónicas y desarrollar, una vez más, sistemas que gestionen intereses de seguridad contrapuestos no es fácil. La nueva clase política surgió en las últimas décadas desde la convicción de que desempeñaba un papel único en la historia: era responsable de la transición de un mundo antes caótico a otro más benigno, justo y estable. En una nueva y virtuosa misión civilizadora, Occidente dominaría a perpetuidad, y ello redundaría en beneficio de toda la humanidad. En cambio, se encuentra presidiendo una era que pone fin a 500 años de dominio occidental.
En un entorno así, los fundamentalistas ideológicos de Occidente se negarán a debatir la adaptación a la nueva distribución internacional del poder. Desde luego, no abordarán las preocupaciones en materia de seguridad de los Estados rivales, algo que se percibe como una traición a los valores universales. En cambio, vemos cómo los halcones militantes ganan terreno rápidamente si logran promover la ilusión de que una gran guerra puede restaurar la época dorada.
A medida que Occidente se prepara para una guerra perpetua con la promesa de traer una paz perpetua, se sacrificarán las normas que legitimaban a la potencia hegemónica. La libertad de expresión, la libertad de navegación, las normas del sistema financiero internacional, el comercio internacional y otras normas que garantizaban un mundo abierto y conectado están siendo arrasadas. Lo que antes eran principios sagrados se abandonan con el apoyo de grupos yihadistas y fascistas, llegando incluso a hacer aceptable el genocidio. La diplomacia se tacha de «apaciguamiento» e incluso el miedo a la guerra nuclear se descarta con ligereza como una capitulación ante el chantaje nuclear.
Al rechazar un sistema que busca el orden y la paz gestionando intereses de seguridad contrapuestos, Occidente ha optado por la guerra para restaurar su inalcanzable paz hegemónica.
(Publicado en: The West on the Path to World War – Glenn Diesen’s Substack )
Fuente: https://rafaelpoch.com/2026/08/21/occidente-encarado-hacia-la-guerra-mundial/#more-2674
Hamás no debe ceder en las negociaciones lo que Israel no logró en el campo de batalla
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Hamás no debe ceder en las negociaciones lo que Israel no logró en el campo de batalla
Por Sami Al-Arian | 01/09/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Voces del Mundo [Foto: dos miembros de Hamás aseguran la zona mientras funcionarios de la Cruz Roja buscan los restos del último prisionero israelí en el barrio de Zeitoun, ciudad de Gaza, en diciembre de 2025 (Omar al-Qattaa/AFP)]
Algunos momentos en la historia de los movimientos de liberación exigen valentía para actuar; otros, igual valentía para esperar.
La Operación Inundación de Al-Aqsa, el 7 de octubre de 2023, fue una decisión audaz que destrozó las suposiciones que habían regido la cuestión palestina durante años.
Volvió a situar a Palestina en el centro de la política mundial, expuso la ilusión de que podía ser controlada o eludida, y confrontó a Israel y a sus aliados occidentales con un conflicto que se habían convencido de que podía contenerse indefinidamente.
Nada de lo que siguió justifica transferir la responsabilidad de la destrucción de Gaza de quienes la destruyeron a quienes se resistieron.
La responsabilidad de la devastación de Gaza, la matanza de sus civiles y la destrucción de sus hogares, hospitales, universidades y colegios recae en quienes la llevaron a cabo. Las críticas a la estrategia palestina no deben convertirse nunca en un mecanismo para exculpar a los responsables y a quienes los apoyan.
La magnitud de ese sacrificio exige un análisis más riguroso de cómo se está gestionando políticamente.
Hamas se enfrenta hoy quizá a la transición más difícil de su historia. El movimiento que entró en la «Inundación de Al-Aqsa» como organización de resistencia armada se enfrenta ahora a una enorme presión para salir de la guerra desarmado, apartado del gobierno de Gaza, integrado en un sistema político palestino reconstruido y dependiente de acuerdos diseñados principalmente por EE. UU. e Israel con el apoyo tácito de los mediadores regionales.
La flexibilidad táctica es indispensable para cualquier movimiento de resistencia, pero debe estar al servicio de una estrategia coherente, en lugar de ir desplazándola gradualmente.
Hay cuatro acontecimientos que deberían preocupar a cualquiera que crea que la resistencia debe preservar su independencia: la trayectoria política señalada por el documento de Hamás de 2017, la gestión de las negociaciones de posguerra, la creciente presión para el desarme y el reacercamiento del movimiento a sus antiguos rivales alineados con Fatah.
Una apuesta política
El «Documento de Principios y Políticas Generales» de Hamás de 2017, publicado mucho antes de la «Inundación de Al-Aqsa», se interpretó ampliamente como un intento de mostrar al mundo una imagen más pragmática. En él se aceptaba un Estado palestino soberano dentro de las fronteras del 4 de junio de 1967 como fórmula de consenso nacional, al tiempo que se rechazaba reconocer la legitimidad del Estado sionista y se mantenía el derecho a la resistencia.
Esta postura tenía una larga tradición. Ya en 2009, Jaled Meshaal, entonces jefe de la oficina política de Hamás, declaró al New York Times que su grupo «había aceptado un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967, incluida Jerusalén Este, el desmantelamiento de los asentamientos y el derecho al retorno de los refugiados palestinos sobre la base de una tregua a largo plazo».
El documento representaba una apuesta política: que la moderación rompería el aislamiento del movimiento y abriría puertas en Europa y más allá.
Varias figuras europeas debatieron si esto justificaba el diálogo. El ex primer ministro británico Tony Blair, tras dejar su cargo como enviado del Cuarteto para Oriente Medio —que incluía a EE. UU., la UE, la ONU y Rusia—, cortejó a los dirigentes de Hamás y más tarde reconoció que el boicot impuesto tras la victoria del movimiento en las elecciones de 2006 había sido un error. Sin embargo, la apertura política más amplia nunca llegó.
Ahí radica la lección: un movimiento de liberación debe distinguir entre la flexibilidad a cambio de beneficios políticos concretos y las concesiones ofrecidas con la esperanza de obtener la aceptación occidental. El verdadero peligro es un proceso en el que cada concesión se convierte en el punto de partida para la siguiente.
Fatah ya recorrió ese camino hace décadas, presentando cada concesión como la puerta de entrada al siguiente avance diplomático: el reconocimiento debía generar reciprocidad, la negociación conducir a la creación de un Estado y la cooperación en materia de seguridad fomentar la confianza, mientras se suponía que el propio acuerdo de Oslo era transitorio.
En cambio, lo transitorio se convirtió en permanente a medida que los asentamientos se expandían, la ocupación se intensificaba y la soberanía se reducía, dejando a Fatah hoy en día como una sombra de lo que fue.
Hamás debería estudiar esa experiencia y negarse rotundamente a ceder jamás una posición estratégica a cambio de una promesa de reciprocidad futura. La aprobación occidental no debe ser un objetivo nacional palestino.
Influencia desperdiciada
La segunda preocupación es más inmediata. Las negociaciones son una contienda de intereses que se libra mediante el poder de negociación; sin embargo, desde que la guerra entró en su fase diplomática, Hamás se ha mostrado repetidamente dispuesto a renunciar a su influencia antes de asegurarse beneficios recíprocos y exigibles.
La liberación del soldado israelo-estadounidense Edan Alexander en mayo de 2025 se presentó como un gesto de buena voluntad destinado a reabrir el espacio diplomático, pero la buena voluntad solo tiene valor en una negociación cuando la otra parte la trata como algo a lo que hay que corresponder.
La prueba más importante llegó con la iniciativa de Gaza del presidente estadounidense Donald Trump en septiembre de 2025. En su respuesta inicial, Hamás accedió a liberar a los cautivos israelíes, vivos y muertos, en el marco de la fórmula de intercambio, y aceptó la transferencia de la administración de Gaza a un órgano tecnocrático palestino independiente.
Sin embargo, en lo que respecta al futuro general de Gaza y a los derechos fundamentales de los palestinos, insistió en que esas cuestiones debían enmarcarse en un contexto nacional global.
Yo había defendido precisamente este enfoque días antes de que el movimiento emitiera su respuesta el 3 de octubre de 2025.
Una vez intercambiados los rehenes y cumplido ese compromiso, Hamás debería haber considerado la posibilidad de dar un paso atrás en las negociaciones directas sobre las cuestiones de mayor alcance, ya que los líderes de la resistencia no tienen por qué llevar a cabo todas las negociaciones por sí mismos.
Podría haber confiado las negociaciones a negociadores palestinos independientes y experimentados, versados en derecho internacional, diplomacia, política estadounidense, prácticas de negociación israelíes, cartografía y acuerdos de seguridad, mientras que ellos mismos definían los objetivos y las líneas rojas.
Una de las tragedias de la experiencia negociadora palestina desde la década de 1980 ha sido la repetida confusión entre la legitimidad revolucionaria y la competencia negociadora, lo que constituyó uno de los errores más costosos de Fatah bajo el liderazgo de Yasser Arafat.
El historial de Oslo pone de manifiesto esta asimetría. Israel contó con equipos especializados, generales en activo y el veterano abogado del Ministerio de Asuntos Exteriores Joel Singer; como el propio Mahmud Abás reconoció más tarde, los palestinos negociaban frente a «una delegación experimentada y capaz» sin disponer de una experiencia comparable por su parte. La negociación es una profesión, y reconocer que a un movimiento le falta esa capacidad cuesta mucho menos que fingir lo contrario.
Los vietnamitas lo entendieron bien. A lo largo de las largas conversaciones de París, Hanói trató la diplomacia como un instrumento más dentro de una estrategia política y militar más amplia: el Politburó fijaba los objetivos y las concesiones admisibles, mientras que negociadores veteranos como Le Duc Tho llevaban a cabo las negociaciones.
Cuando las negociaciones iban más allá de las posiciones que los dirigentes estaban dispuestos a aceptar, se ordenaba a los negociadores que volvieran al acuerdo anterior como base para el acuerdo. El arte consistía en saber qué se podía negociar, qué había que preservar y cuándo el compromiso servía al objetivo general.
Más allá de las armas
Estas cuestiones se han vuelto urgentes porque Hamás ha pasado de debatir sobre la gobernanza a barajar fórmulas relativas a sus armas.
Las propuestas recientes prevén que se almacenen o se transfieran como parte de un acuerdo de desmilitarización vinculado a la retirada israelí, un enfoque que Israel ha rechazado al insistir en que primero se produzca un desarme completo. ¿De verdad se espera que los palestinos entreguen sus armas mientras los tanques siguen en la frontera?
El patrón resulta familiar al de los años de Oslo: una concesión palestina pasa a formar parte del historial diplomático, Israel rechaza el acuerdo por considerarlo insuficiente y la siguiente negociación parte de esa concesión en lugar de partir de la posición que la precedió. La recompensa por una concesión no correspondida suele ser otra exigencia.
El desarme afecta, por tanto, a la identidad y al propósito estratégico del propio movimiento. La moderación puede ser en sí misma una forma de resistencia, y Hamás no tiene por qué volver a gobernar Gaza: renunciar a la administración directa podría incluso liberar al movimiento de la contradicción entre gobernar a una población sitiada y funcionar como organización de resistencia. Dejar el gobierno y abandonar la resistencia son propuestas totalmente diferentes.
El mayor peligro es que un movimiento agotado por la guerra y sometido a una presión extraordinaria por parte de los mediadores y las potencias internacionales pueda transformarse, de forma gradual, en una mera facción palestina más que busca un lugar en un orden electoral cuyos parámetros han diseñado otros.
La transformación de Fatah se produjo exactamente de esa manera. Una concesión se justificó por razones tácticas, otra fue necesaria para preservar el proceso político y otra se exigió para demostrar seriedad, hasta que una organización creada para liberar Palestina se convirtió en el componente gobernante de una autoridad que opera bajo la ocupación.
El acercamiento del movimiento a sus antiguos rivales en la esfera de influencia de Fatah forma parte del mismo conjunto de preocupaciones. En agosto, Hamás se reunió con responsables del Bloque de Reforma Democrática del antiguo jefe de seguridad de Gaza, Mohammed Dahlan, en unos contactos que un responsable de Hamás confirmó a Al Jazeera, antes de las elecciones legislativas palestinas previstas para noviembre.
Semanas antes, un alto asesor había afirmado que Dahlan intervino en las negociaciones sobre el desarme a través de contactos directos con el yerno del presidente de EE. UU., Jared Kushner.
Las circunstancias políticas cambian y antiguos adversarios se reúnen. Sin embargo, Hamás debería preguntarse qué propósito persiguen estos regresos y por qué las mismas potencias que ahora presionan para su desarme parecen sentirse tan cómodas con ellos.
Paciencia estratégica
Los defensores del rumbo actual preguntarán cuál es la alternativa, y la respuesta es la paciencia estratégica: un movimiento sometido a una presión inmensa no tiene por qué resolver todas las cuestiones de inmediato. Hamás puede cumplir los acuerdos limitados que ha suscrito, al tiempo que se niega a negociar cuestiones que pertenecen al pueblo palestino en su conjunto, aprovechando el tiempo que transcurra para reorganizarse mientras se aclara el panorama.
La región ha cambiado desde 2023 de formas cuyas consecuencias aún se están desarrollando. Un número cada vez mayor de analistas sostiene que el enfrentamiento entre Irán, Israel y EE. UU. podría dejar a Teherán en una posición estratégicamente más fuerte de lo que muchos esperaban. Washington y Tel Aviv, por su parte, han gastado un enorme capital militar, político y diplomático.
La propia Gaza sigue bajo un frágil alto el fuego, sin que se haya resuelto la secuencia de la retirada y el desarme israelíes. ¿Por qué debería Hamás negociar como si el equilibrio de poder actual fuera permanente?
Las elecciones son un instrumento legítimo de representación popular, y las instituciones palestinas necesitan urgentemente una renovación tras años de estancamiento y de erosión de la legitimidad democrática. Participar en ellas es una cosa; permitir que redefinan la relación del movimiento con la resistencia es otra muy distinta. Hamás debe dejar claro cuáles considera ahora sus constantes estratégicas y cómo encajan en ellas las formas de resistencia armadas, populares, políticas, legales y diplomáticas. Estas cuestiones no pueden resolverse mediante acuerdos fragmentarios negociados bajo presión.
Hay un momento para luchar, un momento para negociar y un momento simplemente para mantener la propia posición, lo que a veces no es más que la negativa a hacer concesiones irreversibles bajo una presión temporal.
La «Inundación de Al-Aqsa» supuso un coste humano casi inimaginable para Gaza, y ese coste nunca debe utilizarse para deslegitimar la resistencia palestina ni para desviar la responsabilidad de quienes devastaron la Franja. La magnitud del sacrificio palestino tampoco exime a los líderes palestinos de su responsabilidad estratégica: un movimiento de resistencia debe proteger el valor político de los sacrificios realizados en nombre de su causa.
Hamás puede abandonar el Gobierno de Gaza, presentarse a las elecciones en las condiciones adecuadas y negociar cuando las circunstancias lo requieran, sin permitir que las concesiones tácticas realizadas bajo una presión extraordinaria redefinan sus principios. Cuando su propia capacidad de negociación sea insuficiente, debería tener la confianza necesaria para confiar la negociación a profesionales, conservando al mismo tiempo la autoridad para establecer las líneas rojas.
El peligro más grave al que se enfrenta Hamás ahora se encuentra más allá del campo de batalla. Tras haber sobrevivido a una de las guerras más destructivas de la historia moderna, podría ir cediendo poco a poco en la mesa de negociaciones lo que sus adversarios no lograron por la fuerza.
Lo que Israel no pudo acabar mediante el poderío militar y el genocidio no debería cederse a través de la letra pequeña de un acuerdo urdido en Washington.
Sami Al-Arian es el director del Centro para el Islam y Asuntos Globales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul. Originario de Palestina, vivió en Estados Unidos durante cuatro décadas (1975-2015), donde fue académico titular, destacado orador y activista de derechos humanos antes de trasladarse a Turquía. Es autor de varios estudios y libros. Pueden ponerse en contacto con él en: nolandsman1948@gmail.com.
Texto en inglés:Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/08/29/hamas-no-debe-ceder-en-las-negociaciones-lo-que-israel-no-logro-en-el-campo-de-batalla/
Dice EEUU que no permitirá que China sea la principal potencia mundial: ¿cómo piensan evitarlo?
- Sputnik Mundo,
Ajedrez de Geopolítica, Conduce Javier Benítez.
Dice EEUU que no permitirá que China sea la principal potencia mundial: ¿cómo piensan evitarlo?
EEUU aún cree que está en condiciones de dictar normas al resto del mundo, y que las amenazas que lanza contra otros países en un formato de 'juntaletras', todavía tienen el poder para que todos se arrodillen y le obedezcan ciegamente. Recientemente, lanzó una advertencia a China, que no parece ser más que una fantasía.
Lo que subyace
Como si estuviera al inicio de la década de 1990, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se animó a hacer un 'brindis al sol'. "China quiere convertirse en el país más poderoso del mundo y lo quiere hacer a costa de nosotros. Obviamente, somos estadounidenses, no vamos a permitir que eso suceda", soltó en una reciente entrevista con un medio estadounidense, como si eso que proclama dependiera de su sola voluntad. Nada más alejado de la realidad en el actual 2026.
De pronto, sin venir a cuenta de nada, y sin ninguna argumentación de por medio, se animó y puso la palabra 'conflicto' en la ecuación.
"Cualquier conflicto entre EEUU y China, ya sea económico o militar, Dios quiera que no, sería catastrófico tanto para estos dos países como para el mundo", dijo Rubio a esa cadena.
Para el analista internacional Manuel Monereo, "lo que dice Marco Rubio tiene una ventaja: dice la verdad". "La verdad del conflicto en Ucrania tiene que ver con esto que ha dicho Marco Rubio porque todo el conflicto ucraniano fue pensado por los organismos de dirección política y estratégica estadounidense en la etapa anterior al primer mandato [del presidente] Donald Trump, es decir, en la que parecía previsible la llegada de Hillary Clinton a la presidencia. Estaba planificado así con [el expresidente de EEUU Barack] Obama, de que la condición previa para neutralizar y derrotar estratégicamente a China, era poner fin a Rusia", subraya el experto.
Entonces emergió una reflexión desde el gigante asiático. "Si EEUU aún tuviera confianza en su propia competitividad, no necesitaría convertir cada proyecto civil chino en una emergencia de seguridad nacional. Un puerto se convierte en una amenaza. Un ferrocarril se convierte en una amenaza. Una red de telecomunicaciones se convierte en una amenaza. Incluso un cable submarino se convierte en un arma. China construye infraestructura. Washington construye pánico a su alrededor", agrega.
"Esto define muy bien el momento en el que está Estados Unidos (…) China ha sido, antes que todo, un gran potencial económico, y ahora quiere convertir ante la presión norteamericana, ese potencial económico en potencial militar. Y ese potencial militar será altísimo dentro de tres o cuatro años, y tampoco ahí podrá competir Estados Unidos", sentencia Monereo.
lunes, 31 de agosto de 2026
Operación «paria económico»: la última carta de Trump en el callejón iraní
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Operación «paria económico»: la última carta de Trump en el callejón iraní
Por Alejandro Marcó del Pont | 31/08/2026 | Economía
Fuentes: El tábano economista [Imagen: "Callejón sin salida" de Jules Alfant]
«Seguimos luchando y presionando sin tener que enviar más tropas al terreno» (El Tábano Economista)
Cuando una potencia hegemónica no puede lograr sus objetivos máximos en una guerra y, al mismo tiempo, no puede permitirse el costo político de una rendición diplomática explícita, recurre a las sanciones económicas como cortina de humo. La «Operación paria económico», anunciada por el secretario del Tesoro Scott Bessent el 25 de agosto de 2026, es menos un arma de destrucción masiva contra Irán y más un escudo político doméstico para enmascarar un punto muerto estratégico, mientras el ciudadano medio subsidia esa ambigüedad con su inflación y su seguridad energética.
En la práctica, esta ofensiva económica representa una admisión tácita de que la opción militar está agotada, que la coalición internacional para un aislamiento total es imposible, y que lo único que queda es mantener una presión simbólica que permita a los políticos actuales sobrevivir a las elecciones de medio término sin tener que explicar por qué el conflicto no resolvió nada. Trump puede seguir diciendo que «seguimos luchando y presionando» sin tener que enviar más tropas al terreno, apelando a una base que apoya la presión máxima, pero se opone abrumadoramente a «botas en el suelo».
Los objetivos originales de la campaña militar estadounidense contra Irán eran ambiciosos y completamente imprecisos, por decir lo menos: asesinato del líder supremo Ali Khamenei, cambio de régimen, finalizar el enriquecimiento de uranio, desmantelamiento nuclear completo, eliminación del arsenal de misiles balísticos y drones, y ahora, como objetivo mínimo viable, la apertura del Estrecho de Ormuz. Casi siete meses después del inicio de la ofensiva en febrero de 2026, ninguno de estos objetivos se ha cumplido. Irán no solo mantiene su régimen intacto, sino que ha demostrado una resiliencia que pocos analistas occidentales anticiparon.
En el libro «Cómo funcionan las sanciones. Irán y el impacto de la guerra económica«, publicado en 2024 por Stanford University Press, se explora la eficacia limitada de las sanciones económicas contra la República Islámica. Aunque la obra tiene una perspectiva que no pudo considerar los cambios recientes en la región por su fecha de aparición, su tesis central se mantiene vigente: Irán lleva 47 años bajo sanciones occidentales y ha desarrollado una «economía de resistencia» sofisticada, con sustitución de importaciones, descentralización de plantas energéticas y un aparato bien aceitado para evadir sanciones petroleras. Como concluyen los autores, las sanciones «no han obligado a Irán a estancarse», sino que, por el contrario, «lo han obligado a innovar, aunque no de maneras que resulten aceptables para Occidente».
Esta experiencia iraní no pasó desapercibida para otros actores globales. Rusia aprendió directamente de la experiencia iraní frente a sanciones. Un análisis de IUVM Press señala que «la experiencia de tres años de Rusia frente a sanciones extensas, comparada con el casi medio siglo de sanciones integrales de Irán, prueba la resiliencia histórica de la nación y gobierno iraní«. Moscú ha adoptado un modelo asimilable al que otros países sancionados pueden seguir, adaptando las lecciones teheraníes a su propio contexto energético y financiero.
A esto se suma el factor chino, que ha advertido explícitamente a Washington que tomará represalias si se amplían las sanciones secundarias contra empresas chinas debido a su cooperación con Irán. China, el mayor importador de petróleo iraní, ha declarado que tomará todas las medidas necesarias contra la «represión del comercio con Teherán». El 7 y el 13 de abril de 2026, el Consejo de Estado de China promulgó dos reglamentos para contrarrestar las sanciones extranjeras: las Disposiciones sobre Seguridad Industrial y de la Cadena de Suministro (Ordenes del Consejo de Estado n.º 834 y 835) y las Disposiciones sobre Jurisdicción Extraterritorial.
Estas normas complementan la autoridad existente de Beijing para tomar represalias contra sanciones extranjeras, incluyendo medidas contra empresas extranjeras que implementen dichas restricciones. La idea es clara: terminar con los tratados de empresas extranjeras que tomen acciones contra China, no permitir contratos o ventas de esas empresas en el mercado chino.
Todo da la impresión de que las sanciones son un juego de sombras, una venta de humo diplomático. El «Día D económico», en el vocabulario hiperbólico de Donald Trump, es tan limitado como hueco. Trump se refirió a la operación como «la operación económica más aplastante jamás emprendida contra país alguno». Sin embargo, casi siete meses después del inicio de la ofensiva estadounidense contra Teherán, la economía iraní, aunque dañada, está lejos de estar descarrilada. Las exportaciones de petróleo iraníes no solo se mantuvieron, sino que se recuperaron a niveles superiores a los del acuerdo nuclear en 2024, sosteniéndose en 2025 y principios de 2026.
Si las palabras ganaran guerras, el conflicto de Donald Trump con Irán habría terminado hace mucho tiempo. Pero lo cierto es que Trump está atrapado en dos trampas que él mismo ha creado: una geopolítica y otra interna. La influencia de Irán sobre el Estrecho de Ormuz y su negativa a ceder le impiden poner fin a la guerra de forma definitiva a un precio militar aceptable. Meses depués del atáque, la opinión generalizada es que es Trump quien necesita urgentemente poner fin a un conflicto que, con las elecciones de mitad de mandato a la vuelta de la esquina, ha hundido su índice de aprobación al 30%, el más bajo desde que asumió la presidencia y uno de los niveles más bajos con los que un líder estadounidense ha afrontado unas elecciones legislativas.
En medio de una campaña electoral donde los republicanos enfrentan riesgos significativos de perder al menos una cámara del Congreso, las sanciones contra Irán ofrecen beneficios políticos y estratégicos limitados para la administración Trump, mientras imponen costos económicos tangibles al ciudadano medio estadounidense. Las sanciones permiten a Trump proyectar acción decisiva sin comprometer tropas terrestres, apelando a votantes que apoyan la presión máxima, pero se oponen a «militares en el terreno» (58% de votantes de Trump se oponen a enviar tropas). Sin embargo, este beneficio es marginal: solo 38% de los estadounidenses apoyan las sanciones, y la guerra en general es vista como «no vale la pena el costo» por 75% de la población.
La administración argumenta que debilitar la economía iraní reduce la capacidad de Teherán para financiar proxies regionales y desarrollar armas nucleares. Sin embargo, 41% de los estadounidenses cree que Trump carece de un plan coherente para Irán, y solo 15% piensa que ha cumplido sus objetivos.
¿Qué le aportan las sanciones realmente al ciudadano medio estadounidense? El shock en los precios de la energía, derivado de la tensión en el Estrecho de Ormuz y las sanciones, han alterado la trayectoria de la inflación. La gasolina subió alrededor de un 17% desde el inicio del conflicto, impactando directamente el bolsillo de las familias. Los precios de alimentos y fertilizantes permanecen elevados debido a la guerra, afectando el costo de vida que los votantes identifican como su principal preocupación.
Lo que queda claro es que la «Operación Paria Económico» no es una estrategia ofensiva confiada, sino más bien un intento desesperado de enmarcar una derrota y encontrar una salida política a un conflicto que se ha convertido en una trampa electoral para los republicanos. Como señaló Kurt Bardella, ex asistente del Congreso: «Lo que estamos viendo ahora es el completo desmoronamiento de todo lo que Donald Trump, MAGA y los republicanos dijeron que eran. Estaban contra los conflictos interminables en Medio Oriente y comenzaron un conflicto en Medio Oriente sin una estrategia de salida».
El Estrecho de Ormuz marca una contradicción fundamental entre los negocios de las élites y el impacto sobre la población y su voto. El cierre del Estrecho ha creado una economía de guerra que beneficia a actores específicos, mientras perjudica a la sociedad estadounidense promedio. Los datos confirman esta intuición de manera contundente.
¿Quiénes ganan con el Estrecho cerrado? La lista es ilustrativa. Irán vio sus ingresos petroleros aumentar 37% en marzo de 2026 frente al año anterior. Ahora vende petróleo con 20% de prima sobre precios previos a la guerra, cuando antes vendía con descuento de 10-15 dólares por barril por riesgo de sanciones. Arabia Saudita aumentó sus ingresos petroleros 4,3% a pesar de que las exportaciones cayeron 26%, gracias a que los precios más altos compensaron con creces la reducción de volúmenes. Omán aumentó 26% sus ingresos en marzo de 2026, gracias a sus puertos en el Mar Arábigo como salida alternativa del Estrecho.
Las empresas petroleras estadounidenses de Texas reportaron ganancias extraordinarias. Exxon Mobil informó una ganancia neta de 14.530 millones de dólares entre abril y junio, un incremento interanual del 105%, mientras que sus ingresos ascendieron a 116.020 millones de dólares, un 42% más que en igual período del año anterior. Chevron casi cuadruplicó sus beneficios al registrar una utilidad de 12.070 millones de dólares, un salto del 385% respecto del segundo trimestre de 2025. Sus ingresos crecieron 56% y alcanzaron los 70.060 millones de dólares. La petrolera rusa Rosneft aumentó sus ventas en un mes 14.500 millones de dólares.
El Estrecho cerrado genera una redistribución de riqueza hacia productores petroleros y empresas energéticas, mientras impone costos a los consumidores y a países sin alternativas logísticas. La pregunta política es inevitable: ¿por qué Estados Unidos, bajo una administración que hizo campaña con «America First» y contra guerras interminables, está librando un conflicto que aumenta los precios de la gasolina para sus votantes, beneficia a Irán (su adversario declarado) con ingresos más altos, favorece a Rusia (otro adversario) con precios más elevados y contribuye a las empresas petroleras de Texas que no necesitan ayuda del gobierno?
La respuesta incómoda es que la guerra se ha convertido en su propia justificación. Los actores que se benefician del caos (empresas petroleras, Irán, Rusia) tienen incentivos para mantener la tensión, mientras los perdedores consumidores estadounidenses y mundiales no tienen poder de veto. Como señaló Neil Quilliam de Chatham House: «Ahora que Ormuz ha sido cerrado, puede ser cerrado una y otra vez, y eso plantea una gran amenaza para la economía global».
Esa prima de 40 dólares por barril es una transferencia de riqueza de los consumidores a los productores. Cuánto afectará a Trump esta contradicción en las urnas de noviembre dependerá de cuánto crean los votantes en la «Operación Paria Económico» sin mirar los resultados concretos. Pero la evidencia sugiere que los estadounidenses ya han hecho sus cálculos: 75% considera que la guerra no vale el costo, 41% cree que Trump carece de un plan coherente, y solo 15% piensa que ha cumplido sus objetivos.
La «Operación Paria Económico» es, en última instancia, el reconocimiento de que Estados Unidos ha alcanzado los límites de lo que se puede lograr a través de sanciones y presión económica. El bloqueo mismo, un acto de guerra bajo derecho internacional, es un reconocimiento de que las sanciones empleadas durante décadas «no han cumplido su propósito previsto».
Trump siempre ha tenido múltiples estrategias de salida. Pero como nota el análisis de CNN: «Las guerras tienen una manera de superar los planes de un presidente». La pregunta que queda abierta es si los votantes estadounidenses castigarán en noviembre esta contradicción entre la retórica de «America First» y una guerra que beneficia a adversarios declarados mientras perjudica a las familias estadounidenses. La respuesta, como algunas veces en política, la darán las urnas.
Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2026/08/30/operacion-paria-economico-la-ultima-carta-de-trump-en-el-callejon-irani/
domingo, 30 de agosto de 2026
Reportan ataque contra isla al sur de Irán; la Guardia Revolucionaria dice que responderá al "acto terrorista"
- Sputnik Mundo
Reportan ataque contra isla al sur de Irán; la Guardia Revolucionaria dice que responderá al "acto terrorista"
Al menos dos personas habrían fallecido y otras dos resultaron heridas en un ataque con drones de Estados Unidos contra la isla iraní de Larek (sur), ubicada en el estrecho de Ormuz, informó la agencia de noticias Tasnim.
En respuesta, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica dijo que el "acto terrorista" contra la isla de Larak conllevará un castigo para el agresor, según informó la agencia Fars citando a la oficina de relaciones públicas del ente.
"El enemigo estadounidense, impulsado por la desesperación, buscó revivir su siniestro papel y justificar su postura general mediante un acto de agresión contra la isla de Larak, lo que resultó en la muerte y lesiones de varios de nuestros combatientes y compatriotas", se añade.
En las últimas semanas, Washington y Teherán, con la ayuda de mediadores de Oriente Medio, han intentado acordar los términos de un nuevo pacto para poner fin al conflicto.
Sin embargo, el pasado 19 de agosto, el presidente estadounidense Donald Trump anunció el inicio de una "operación económica" contra Irán, que describió como un proceso de "aislamiento de una escala sin precedentes", y llamó a los aliados de Washington a sumarse a la iniciativa.
La Cancillería iraní calificó las sanciones anunciadas por EEUU de "terrorismo económico" y las consideró un "crimen contra la humanidad".
sábado, 29 de agosto de 2026
Trump informa que cerró "el mayor acuerdo petrolífero" del mundo con Venezuela
Trump informa que cerró "el mayor acuerdo petrolífero" del mundo con Venezuela. - Sputnik Mundo, 29.08.2026
El presidente de EEUU, Donald Trump, informó que su país ha logrado tener el control mayoritario de más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo venezolano, "sin costo alguno para el contribuyente estadounidense".
"¡EEUU acaba de firmar con Venezuela el mayor acuerdo petrolífero de la historia mundial!", escribió el mandatario en Truth Social, a la vez que aseguró que este nuevo paso "contribuye a que Venezuela siga avanzando hacia un éxito tremendo y una gran prosperidad".
"Esta histórica transacción duplica y hasta más que duplica las reservas de petróleo de EEUU, aumenta considerablemente nuestro suministro de crudo y reducirá sustancialmente los precios de la gasolina para todos los estadounidenses a largo plazo", detalló.
Según el mandatario republicano, el acuerdo se logró gracias a la coordinación entre Washington y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, "a través de una asociación con el sector privado".
Por su parte, Rodríguez, agradeció a través de un mensaje publicado en su canal de Telegram tanto al presidente Trump como al secretario de Estado, Marco Rubio, por "su disposición en el desarrollo de este acuerdo, que representa un hito" en las relaciones binacionales.
Estos son los detalles del acuerdo presentados por Rodríguez:
Se buscará "incrementar considerablemente" la producción de petróleo con la participación de operadores privados.
Se contempla el desarrollo de 17 campos estratégicos, con un potencial probado de 65.000 millones de barriles de petróleo.
Se prevé una inversión de más de 100.000 millones de dólares.
También se plantea la captación de más de 209.000 millones de dólares en tributos para el Estado.
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