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jueves, 20 de agosto de 2026
La política de Netanyahu no beneficia ni a la región ni al propio Israel, opina un exdiputado árabe
- Sputnik Mundo
La política de Netanyahu no beneficia ni a la región ni al propio Israel, opina un exdiputado árabe
La actual política de Israel no garantiza su seguridad ni una estabilidad duradera en la región, sostiene a Sputnik el exdiputado árabe de la Knesset (Parlamento israelí), Mojamed Hasan Kanan. A su juicio, solo una paz justa conforme al derecho internacional puede proporcionar una seguridad auténtica.
El ataque contra la base aérea siria de Abu al Duhur se produjo después de que Damasco no respondiera a las exigencias del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sobre la cuestión libanesa, precisa el experto.
Del mismo modo, subraya que Israel considera al actual Gobierno sirio una amenaza para sus fronteras septentrionales y, posiblemente, para su propia presencia en el norte de la región.
"Una política de este tipo no contribuye a la estabilidad, la seguridad ni a la propia supervivencia de Israel en la región", apunta.
Por el contrario, solo una paz justa en Oriente Medio, basada en las resoluciones del derecho internacional, puede garantizar una estabilidad auténtica, opina Hasan Kanan al reafirmar "la necesidad de la retirada de las tropas israelíes de todos los territorios ocupados en Siria, el Líbano, Palestina, Cisjordania y la Franja de Gaza".
Según el experto, con este tipo de ataques Netanyahu busca transmitir que Israel y su Gobierno no pueden aceptar ningún acuerdo que no satisfaga a la extrema derecha.
Anteriormente, Israel lanzó ataques aéreos contra la base aérea siria de Abu al Duhur, cerca de Alepo, situada a poca distancia de la frontera con Turquía. La oficina de Netanyahu justificó este golpe alegando que Siria estaría a punto de incumplir los acuerdos de seguridad con la parte israelí al supuestamente permitir un despliegue de militares turcos en dicha base aérea.
En el comunicado se señalaba que la posible presencia de militares turcos en la base supondría una amenaza para la seguridad de Israel, que no tiene intención de tolerarla.
Cuando el «desarrollo» sirve para colonizar: de Rutenberg a la Junta de Paz de Gaza
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Cuando el «desarrollo» sirve para colonizar: de Rutenberg a la Junta de Paz de Gaza
Por Jaldía Abubakra | 20/08/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: El Salto
Desde octubre de 2023 ha sido devastadas tierras agrícolas, sistemas de abastecimiento de agua, carreteras, hospitales, escuelas, universidades, mercados, panaderías, centros comunitarios, infraestructuras municipales y prácticamente todas las estructuras que permiten a una sociedad organizar su vida cotidiana.
A lo largo de más de un siglo el colonialismo en Palestina no se ha impuesto únicamente mediante ejércitos, expulsiones, asentamientos y leyes de confiscación. También ha utilizado un lenguaje aparentemente mucho más amable: modernización, prosperidad, inversión, reconstrucción, ayuda humanitaria y desarrollo. Bajo esos términos, presentados una y otra vez como proyectos destinados a mejorar la vida de la población, se han impulsado estructuras económicas e infraestructuras que han servido para apropiarse de la tierra, reorganizar la sociedad palestina y aumentar su dependencia de quienes la colonizan.
La actual Junta de Paz de Gaza no nace fuera de esta historia. Presentada bajo el lenguaje de la reconstrucción, la administración y la estabilidad después de una guerra de exterminio que ha destruido buena parte de las bases materiales de la vida en la Franja, reproduce una lógica conocida: primero se destruyen o se arrebatan las condiciones que permiten a una sociedad sostenerse por sí misma y después se ofrece devolver una parte de ellas bajo supervisión externa y a cambio de aceptar determinadas condiciones políticas.
No es una lógica nueva. Desde el Mandato Británico hasta Oslo, pasando por los proyectos de judaización posteriores a la Nakba, Palestina ofrece numerosos ejemplos de cómo el denominado “desarrollo” puede convertirse en una herramienta de conquista colonial. También ofrece otra historia, menos contada: la de una población palestina que identificó muchas veces esas políticas, las rechazó y desarrolló diferentes formas de resistencia frente a ellas.
La electricidad que iluminaba la colonización
Uno de los primeros ejemplos apareció durante el Mandato Británico. En 1921 las autoridades británicas concedieron a Pinhas Rutenberg, ingeniero ruso y militante sionista, los derechos para desarrollar gran parte de la infraestructura eléctrica de Palestina. Sobre el papel, parecía una iniciativa de modernización: electrificar el país, mejorar sus infraestructuras y abrir una nueva etapa económica. Sin embargo, el problema nunca fue la electricidad. El problema era quién controlaba la infraestructura, a quién beneficiaba y qué proyecto político estaba ayudando a construir.
La concesión permitió concentrar en manos sionistas el control de un servicio público estratégico mientras las redes eléctricas se expandían prioritariamente hacia los asentamientos judíos. Ciudades y comunidades palestinas quedaron relegadas o directamente excluidas, mientras la electricidad contribuía al crecimiento económico e industrial de la sociedad colonial que se estaba implantando en Palestina.
La población palestina entendió muy pronto que aquellos postes eléctricos no eran neutrales. El Quinto Congreso Nacional Palestino, celebrado en Nablús en 1922, llamó al boicot del proyecto de Rutenberg. Más tarde se sucedieron manifestaciones y acciones de sabotaje contra la red. Una consigna de aquella época lo resumía con una claridad extraordinaria: “Los postes de Rutenberg son nuestras horcas”.
No era un rechazo a la modernización ni a la electricidad. Era la comprensión de que una infraestructura aparentemente destinada al desarrollo estaba siendo utilizada para fortalecer un proyecto colonial que expulsaba progresivamente a la población originaria del control sobre su propia tierra y sus recursos.
Décadas después, esa intuición quedó confirmada: en los años cuarenta, la inmensa mayoría de la electricidad producida por aquella red era consumida por los asentamientos judíos. El colonialismo había aprendido una lección que volvería a aplicar muchas veces: quien controla la infraestructura no controla únicamente un servicio; controla también las posibilidades económicas, la planificación territorial y, en buena medida, el futuro.
De la Nakba al “desarrollo de Galilea”
Después de la Nakba de 1948 la misma lógica adoptó nuevas formas. La expulsión masiva de la población palestina fue seguida por una arquitectura jurídica y económica destinada a convertir el despojo en una realidad permanente. Leyes e instituciones creadas por el nuevo Estado israelí facilitaron la transferencia de enormes extensiones de tierras palestinas confiscadas a instituciones sionistas y nuevos asentamientos. La tierra robada dejó de presentarse simplemente como botín de guerra y pasó a incorporarse a proyectos definidos como “desarrollo”.
Uno de los ejemplos más claros fue el llamado “Desarrollo de Galilea”. Durante las décadas siguientes se impulsaron nuevos asentamientos, infraestructuras y dispositivos de vigilancia destinados a modificar la realidad demográfica y territorial del norte de Palestina. Bajo el lenguaje del desarrollo regional, decenas de miles de dunams de tierras palestinas fueron confiscados y las localidades palestinas quedaron progresivamente rodeadas y fragmentadas.
La respuesta alcanzó un punto decisivo en 1976, cuando nuevas confiscaciones de tierras alrededor de Deir Hanna, Arraba, Sakhneen y otras localidades desencadenaron una movilización que pasaría a formar parte de la memoria nacional palestina: el Día de la Tierra.
La importancia del Día de la Tierra no reside únicamente en la huelga general y las protestas que se extendieron por Palestina.: representó la consolidación de una conciencia política según la cual la defensa de la tierra no podía separarse de la lucha contra las estructuras económicas y administrativas utilizadas para apropiarse de ella. Comités locales, asambleas populares, movilizaciones y distintas formas de organización convirtieron la defensa territorial en una causa nacional que atravesó las fronteras impuestas al pueblo palestino.
Aquella experiencia dejó otra lección esencial: el desarrollo colonial no se combate rechazando el desarrollo, sino defendiendo el derecho de la población palestina a decidir qué se construye, para quién se construye y sobre qué tierra.
Oslo y el espejismo de la prosperidad bajo ocupación
Con los Acuerdos de Oslo (1993) apareció una versión más sofisticada de la misma promesa. Esta vez no se hablaba únicamente de infraestructuras o asentamientos, se hablaba de construcción del Estado, crecimiento económico, inversiones internacionales y una futura economía palestina integrada en la región. La prosperidad debía convertirse, supuestamente, en uno de los pilares de la paz. Sin embargo, intentar construir una economía soberana mientras la potencia ocupante controla fronteras, movimientos, recursos, comercio exterior, grandes extensiones de tierra y buena parte de las infraestructuras básicas contiene una contradicción difícil de ocultar.
Las zonas industriales promovidas durante la etapa de Oslo son un ejemplo especialmente revelador. La zona industrial de Jenin fue presentada como un proyecto capaz de generar empleo, atraer inversiones y conectar la futura economía palestina con mercados internacionales. Sin embargo, las condiciones que rodeaban estos proyectos mantenían la producción palestina profundamente condicionada por la economía israelí y por las decisiones de la ocupación. El problema tampoco era aquí la existencia de industrias o inversiones. La cuestión era qué tipo de economía se estaba construyendo.
Las tierras destinadas a estos proyectos no eran espacios vacíos. En el caso de Jenin se trataba de tierras agrícolas de Marj Ibn Amer, vinculadas a la producción local y a la capacidad de las comunidades palestinas de mantener cierta autosuficiencia. Transformar esas tierras en plataformas industriales dependientes de los cruces controlados por Israel, de sus mercados y de su infraestructura económica significaba sustituir una forma de producción arraigada en la tierra por otra profundamente dependiente del ocupante. Así, el “desarrollo” podía producir empleo y movimiento económico al mismo tiempo que debilitaba las posibilidades de construir una economía palestina autónoma.
La resistencia a estos proyectos adoptó otras formas: agricultores defendiendo sus tierras, investigadores exponiendo las condiciones de las concesiones, juristas cuestionando los acuerdos y organizaciones palestinas denunciando la normalización económica. Oslo, no obstante, introdujo además un elemento decisivo: una Autoridad Palestina cuya supervivencia institucional quedó vinculada al orden político y económico surgido de los acuerdos. De esta forma, parte de la resistencia dejó de enfrentarse únicamente a la ocupación y comenzó a encontrarse también con una estructura palestina encargada de administrar ese modelo. El resultado fue una inversión profunda del principio de liberación: en lugar de construir una economía que redujera la dependencia del ocupante, se presentó la integración económica con él como camino hacia un futuro Estado.
Gaza: destruir primero, “reconstruir” después
La guerra de exterminio contra Gaza ha llevado esta lógica hasta su expresión más brutal. La destrucción no se ha limitado a viviendas o instalaciones militares. Desde octubre de 2023 ha sido devastadas tierras agrícolas, sistemas de abastecimiento de agua, carreteras, hospitales, escuelas, universidades, mercados, panaderías, centros comunitarios, infraestructuras municipales y prácticamente todas las estructuras que permiten a una sociedad organizar su vida cotidiana.
Esta destrucción tiene consecuencias que van mucho más allá del momento de la guerra. Cuanto menos puede producir una sociedad por sí misma, más depende de la ayuda exterior. Cuanto más se destruyen sus infraestructuras, mayor es la capacidad de quien controla los suministros para decidir quién recibe alimentos, combustible, medicinas o materiales de construcción. La ayuda deja entonces de ser únicamente ayuda. Puede convertirse en un instrumento político.
La experiencia de la denominada Fundación Humanitaria de Gaza mostró hasta qué punto esta lógica podía llegar. En un territorio sometido deliberadamente al hambre y a la destrucción, el acceso a alimentos básicos fue concentrado en mecanismos controlados externamente. La supervivencia de la población podía ser administrada, restringida y utilizada como mecanismo de presión.
La Junta de Paz de Gaza aparece ahora sobre esas ruinas. Y aquí se encuentra el núcleo del problema: quienes participaron, sostuvieron o permitieron la destrucción de las condiciones materiales de la vida palestina pretenden ahora presentarse como administradores de su reconstrucción. La población que ha sobrevivido al genocidio se enfrenta así a una propuesta en la que la reconstrucción puede quedar vinculada a nuevas estructuras de tutela, mecanismos de seguridad, condiciones económicas y exigencias políticas, entre ellas el desarme de la resistencia y la reorganización del gobierno de Gaza.
La cuestión, por tanto, no es si Gaza debe ser reconstruida. Gaza tiene que ser reconstruida. La pregunta es quién decide cómo, para quién y bajo qué condiciones. Reconstruir Gaza mientras se confisca la voluntad política de su población no es liberarla. Sustituir la ocupación militar directa por una administración internacional sometida a los intereses de las mismas potencias que sostuvieron el genocidio tampoco significa devolver la soberanía al pueblo palestino. La reconstrucción puede convertirse en otro campo de batalla.
Después de destruir hogares, campos, universidades y hospitales, ofrecer materiales, inversiones y proyectos inmobiliarios a cambio de aceptar un determinado orden político es transformar la necesidad creada por la guerra en instrumento de negociación. Es el mismo mecanismo que hemos visto bajo distintas formas durante un siglo: convertir la vida material palestina en algo condicionado a la aceptación del poder colonial.
Reconstruir sin entregar el futuro
Pero la otra parte de esta historia también se repite. Los palestinos han resistido. Lo hicieron frente a las concesiones de Rutenberg, frente a las confiscaciones posteriores a la Nakba, frente a los proyectos de judaización de Galilea y frente a la dependencia económica promovida durante Oslo. Y lo siguen haciendo hoy en Gaza.
La resistencia no adopta siempre la misma forma. Ha sido boicot, huelga, protesta popular, organización comunitaria, defensa jurídica, rechazo político, resistencia armada y, en las condiciones extremas de Gaza, también la obstinación cotidiana por reconstruir la vida.
Familias que levantan refugios con restos de edificios porque Israel impide la entrada de materiales de construcción; comunidades que recuperan espacios colectivos entre los escombros; agricultores que intentan volver a trabajar una tierra devastada; médicos, profesores y trabajadores que reconstruyen instituciones básicas con medios mínimos. Todo ello forma parte también del sumud palestino.
La principal lección de esta historia no consiste en rechazar el desarrollo. Palestina necesita reconstrucción, infraestructuras, hospitales, universidades, agricultura, industria y una economía capaz de garantizar una vida digna. Pero el desarrollo sin soberanía puede convertirse en otra forma de dependencia.
No puede hablarse de reconstrucción mientras quienes destruyeron deciden qué puede reconstruirse. No puede hablarse de prosperidad mientras la tierra continúa siendo confiscada. No puede hablarse de desarrollo mientras fronteras, recursos, agua, comercio y movilidad permanecen bajo control de la potencia colonial. Y no puede pedirse al pueblo palestino que entregue sus herramientas de resistencia como precio para recuperar una parte de aquello que le ha sido destruido.
Desde los postes de Rutenberg hasta la Junta de Paz de Gaza, cambian los nombres, las instituciones y el lenguaje. Antes se hablaba de electrificación y modernización; después, de desarrollo regional; más tarde, de zonas industriales y paz económica; hoy se habla de reconstrucción, inversión y administración internacional.
Pero la pregunta fundamental continúa siendo la misma: ¿quién controla la tierra, los recursos y las decisiones sobre el futuro palestino? La experiencia de más de un siglo demuestra que ningún desarrollo puede sustituir a la liberación. La prosperidad no puede sustituir a la soberanía, ni el desarrollo puede convertirse en el precio de renunciar a la liberación. La liberación es precisamente la condición necesaria para que pueda existir un desarrollo palestino verdadero.
Fuente: https://www.elsaltodiario.com/palestina/cuando-desarrollo-sirve-colonizar-rutenberg-junta-paz-gaza
miércoles, 19 de agosto de 2026
Fuerzas iraníes advierten a países del Golfo que ayuden a EEUU
- Sputnik Mundo,
Fuerzas iraníes advierten a países del Golfo que ayuden a EEUU
Irán respondió a los recientes ataques de EEUU - Sputnik Mundo, 19.08.2026
Momentos después del inicio del despliegue del portaaviones USS George Washington para relevar al USS Abraham Lincoln en aguas del golfo Pérsico y el mar Arábigo, el general Ali Abdollahi, jefe de las Fuerzas Armadas iraníes, lanzó una fuerte advertencia a los aliados de Washington en la región.
"Queremos advertir: toda asistencia o facilitación prestada al ejército agresor estadounidense equivale a una participación en las operaciones militares estadounidenses", afirmó el alto mando en un comunicado divulgado por la agencia iraní de noticias Mehr.
EEUU posee bases militares en Catar, Kuwait, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Siria, Jordania y Arabia Saudita, mismas que, tras la agresión israelí-estadounidense lanzada en febrero de este año contra el país persa, se convirtieron en objetivo de Irán, al señalar que se utilizan para atacar territorio iraní.
Renacer de los escombros Otra Gaza es posible
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Renacer de los escombros
Otra Gaza es posible
Por Sergio Ferrari | 18/08/2026 | Economía
Fuentes: Rebelión
La reconstrucción de la Franja de Gaza es un proyecto realizable, pero implicará un esfuerzo material, social y sanador de dimensiones colosales.
Particularmente desafiante en el contexto de un drama de sociedad debido a que los ataques militares de Israel no han cesado aun después del frágil alto el fuego acordado en octubre pasado.
Más de 73.000 personas palestinas han muerto, alrededor de 173.000 resultaron heridas y 1,9 millones fueron desplazadas por la fuerza a partir de octubre de 2023.
Según un reciente informe de Naciones Unidas publicado el 10 de agosto, solo en el mes de julio de este año las fuerzas israelíes han matado a unos 160 palestinos en Gaza, llevando el número de muertos a más de 1.200 en el enclave devastado desde el llamado alto el fuego. Los expertos onusianos afirman que “incluye a mujeres, niños, personas mayores y otros que se habían refugiado en tiendas de campaña y áreas a las que habían sido dirigidos para su propia seguridad. La mayoría de los asesinatos ocurrieron en zonas de desplazamiento densamente pobladas como Al-Mawasi, lejos de la llamada línea amarilla. Ningún lugar en Gaza es seguro”.
Sin embargo, queda por delante la reconstrucción material y la recuperación psicológica y anímica de la sociedad gazatí, explica en entrevista exclusiva Ursula Hauser, psicóloga suiza graduada por la Universidad de Zúrich, Suiza, y doctorada en Etnopsicoanálisis por la Universidad de Klagenfurt, Austria. Aguda conocedora de Palestina y de los campos de personas palestinas refugiadas en Líbano, durante los últimos 25 años Hauser ha colaborado profesionalmente con colegas psicoanalistas y psicodramatistas en esos países, así como en otras regiones del mundo con realidades conflictivas, como Centroamérica.
Desde las ruinas
La guerra arrasó escuelas, universidades, bibliotecas y archivos esenciales para preservar la memoria palestina. También quedaron convertidas en ruinas sus mezquitas, iglesias, instituciones culturales, hospitales y otros espacios comunitarios, todo lo cual le daba cohesión a este pueblo.
Su reconstrucción exigirá una inversión descomunal, lo que prueba el profundo nivel de la destrucción que sufrió la Franja de Gaza, un territorio de aproximadamente 365 kilómetros cuadrados y con una distancia de 41 kilómetros de Norte a Sur y de unos 6 a 12 kilómetros de Este a Oeste. Comparativamente, equivalente a la mitad de la superficie de Madrid, un 20% mayor que la de Buenos Aires y una cuarta parte de la de Ciudad de México o de la de San Pablo. Con una pérdida de tres cuartas partes de sus edificios y residencias, tan solo la remoción de 60 millones de toneladas de escombros del territorio gazatí demandará trabajos intensivos durante más de siete años. A esto debe sumársele el tiempo adicional para el desminado, lo que habla de la tarea gigantesca que se vislumbra (https://news.un.org/fr/story/2026/05/1158839).
Según el Informe Reconstruyendo Gaza (Building Gaza Anew), publicado por la organización solidaria no gubernamental Oxfam Intermón juntamente con el Instituto Palestino de Investigación en Políticas Económicas (MAS, en inglés) y el Centro Palestino de Comercio (PalTrade, en inglés), el costo de la reconstrucción requerirá un mínimo de 71.400 millones de dólares durante la próxima década. Unas siete veces más de lo que hubiera costado reconstruir Gaza tras las principales ofensivas militares israelíes de los últimos 20 años y antes de esta última.
La historia reciente del territorio gazatí, subraya el Informe, está marcada por el mismo patrón histórico que ha tenido que sufrir el pueblo palestino durante décadas: destrucción, reconstrucción parcial y nueva destrucción. “Parcial”, o incompleta, debido a los bloqueos, las restricciones de acceso, las financiaciones insuficientes o, bien, el reinicio de nuevos conflictos. “Antes de que muchas familias pudieran recuperar una vida normal”, señala el Informe, “una nueva ofensiva volvía a destruir viviendas, hospitales, escuelas e infraestructuras”. (https://mas.ps/en/publications/14333.html).
Retroceso inimaginable
Varios estudios de Naciones Unidas coindicen en que el desarrollo de este territorio ha retrocedido el equivalente de 77 años. En otras palabras, una sociedad prácticamente paralizada en su actividad productiva. Y lamentablemente, con una respuesta de la comunidad internacional más bien tibia, por no decir mezquina. Ejemplo de ello es el hecho de que, a pesar de haber comprometido a mediados de julio 1.000 millones de euros (1.160 millones de dólares) para la reconstrucción, la Unión Europea aún no ha definido ni el monto ni la fecha de la primera cuota. (https://www.noovo.info/nouvelles/international/conflit-moyen-orient/article/lunion-europeenne-se-mobilise-pour-la-reconstruction-de-gaza/).
El Instituto Palestino de Investigación en Políticas Económicas sostiene que el “camino viable” para salir de dicha crisis consiste “no solo [en recrear] un territorio físico, sino también [en ayudar] a los palestinos a reconstruir su vida familiar, sus comunidades, sus instituciones, sus medios de subsistencia y su historia basándose en su derecho inalienable a la autodeterminación”. Por otra parte, y a la luz de todo lo que se ha experimentado y aprendido luego de muchos años de guerra, bloqueos y privaciones, no le queda ninguna duda de que “cualquier marco de recuperación creíble debe ser diseñado por los palestinos, basado en los derechos humanos, centrado en las reparaciones, transparente y enmarcado en un enfoque que vincule la recuperación de Gaza con la unidad del resto del territorio palestino ocupado, el cual incluye Cisjordania y Jerusalén Este”.
Más allá de lo material
Los daños económicos y materiales, recalca Reconstruyendo Gaz, solo representan un aspecto de la realidad ya que “la destrucción del tejido social, de las instituciones y de las comunidades no puede medirse únicamente en cifras y tardará generaciones en recuperarse”.
Un ejemplo elocuente de la crisis actual es la situación de la mujer. Aproximadamente 9 de cada 10 mujeres en una población de 2 millones de personas carecen de un trabajo rentable a pesar de que son cabeza de familia en muchísimos hogares y en incontables situaciones dedican entre 8 y 12 horas diarias a tareas no remuneradas de cuidados, como conseguir agua, cocinar con leña o atender a personas heridas, enfermas o con discapacidades.
Otro corolario de estos tres años de sufrimientos continuos es una cicatriz muy profunda en el ámbito de la salud. Más de 50 mil personas necesitarán rehabilitación a largo plazo y aproximadamente 1 de cada 4 lesionadas por el conflicto actual se verán afectadas irreversiblemente.
Desafío humano
La recuperación de Gaza no debe entenderse como un acto de caridad, sino como una cuestión de derechos y reparación, concluye enfáticamente Reconstruyendo Gaza. Tampoco consiste únicamente en levantar edificios, sino también en devolverles a millones de personas la posibilidad de vivir con dignidad, recuperar sus comunidades y construir un futuro que pueda consolidarse, no destruirse nuevamente antes de hacerse realidad.
Visión y conceptos que Ursula Hauser comparte sin vacilación. Reconocida por su familiaridad con la situación palestina, de 2002 a 2023 Hauser estuvo a cargo de la formación de un equipo de Gaza Community Mental Health Programm (GCMHP, en inglés) y Palestinian Medical Relief Society (PMRS, en inglés) auspiciado por la organización no gubernamental Medico International Schweiz (https://www.stiftungursulahauser.org/?lang=es).
Para Hauser, “ante tanto dolor, una curación total es muy difícil… y si, finalmente, se dieran las condiciones políticas pacificadoras, se debería iniciar la elaboración del trauma individual y colectivo para superarlo poco a poco y para prevenir e impedir la repetición de esa violencia y de una guerra sin fin en el Medio Oriente”. Siempre y cuando, por supuesto, afirma, se acepten las condiciones imprescindibles para cualquier reconstrucción de fondo: “la justicia y la paz y el fin definitivo de la ocupación del territorio palestino”.
Según Hauser, quien durante varios años fue co-responsable del proyecto de Psicodrama del Centro de Tratamiento y Rehabilitación para Víctimas de la Tortura (TRC, en inglés) en la ciudad de Ramallah, en el corazón mismo de Cisjordania, “debería establecerse primero un liderazgo político independiente en la Franja, y las autoridades de salud, además de dar respuesta a las exigencias sanitarias básicas esenciales y de rehabilitación física, deberían priorizar el trabajo de la salud mental de toda la población con terapias de grupo; por ejemplo, el psicodrama”.
Estas terapias, explica Hauser, incluyen psicodrama, sociodrama y teatro espontáneo para acompañar a individuos y grupos comunitarios para ayudarlos a expresarse y crecer juntos. Y además se conocen en Gaza porque desde años, y con el apoyo solidario externo, se han estado formando allí decenas de profesionales capacitados en el sector de la salud mental. “Muchos de estos colegas, mujeres y hombres palestinos”, acota, “siguen ahora mismo trabajando heroicamente entre las ruinas y en carpas de campaña con grupos de mujeres e infantes”.
A largo plazo
Al analizar el impacto de un drama que incluye más de 73 mil personas asesinadas desde octubre del 2023 (una tercera parte, niñas y niños), la pregunta esencial es: ¿Cuánto tiempo necesitará Palestina para digerir tanto dolor? Según Hauser, cuatro a cinco generaciones, como mínimo. Y fundamenta su respuesta con una referencia al estrago causado por crisis más o menos similares en América Latina, donde “se siguen investigando las huellas de dictaduras latinoamericanas en la tercera generación. Entre otros sitios, en Uruguay, Argentina, Chile, El Salvador y Guatemala”. En estos y otros muchos lugares, remarca, “constatamos que los traumas perduran y se trasmiten en más de tres generaciones, causando trastornos psicosomáticos y graves enfermedades, como depresión y tendencia a suicidios”.
Las consecuencias de todo esto, según la reconocida psico terapista suiza, van más allá, porque “si los traumas no están elaborados, la población entera estará limitada en su energía vital y perdurará encerrada en el pasado traumático, incluyendo los sentimientos de odio, enojo e impulsos de venganza”. Por esta razón, concluye, solamente con una elaboración colectiva del duelo por las pérdidas de los seres queridos –además de la pérdida de todas sus pertenencias, como casas, árboles de olivos, recuerdos, fotos, juguetes, entre muchísimas otras– se podrá superar, poco a poco. Un paso imprescindible en el arduo proceso de superación del histórico sufrimiento y la recuperación de la alegría y la confianza en el futuro de su tierra.
En dicho proceso, agrega Hauser, “las escuelas tendrán una gran importancia para transmitir los conocimientos históricos y también la tradición y la cultura palestinas, tan ricas en música, canciones, danzas. Y reparar la humillación que sufrió el pueblo palestino por la ocupación racista y clasista desde la Nakba [la expulsión de la población palestina de su propia tierra a partir de la creación del Estado de Israel] en 1948 y en adelante”.
El concepto y la práctica de salud mental, explica Hauser, cuya contribución en este terreno ha sido galardonada en numerosas ocasiones, incluyen el sentido de pertenencia, dignidad y orgullo del ser palestino y la apropiación de una historia de lucha y resistencia. En otras apalabras: se trata de recuperar la identidad, que implica memoria colectiva. De no olvidar para poder recuperar la integridad psicosocial y mental y planificar el futuro de Gaza en tanto personas en su integridad humana, es decir, como sujetos activos.
Resiliencia y resistencia
Esta reconstrucción, según Hauser, presupone un desafío inmenso. No solo en cuanto a conseguir los colosales recursos financieros que hagan falta. Además, y fundamentalmente, poner a prueba y al máximo “la capacidad de resiliencia y resistencia socio-cultural del pueblo y la Nación palestina”. Como condición para ello: “justicia y paz para impulsar esa gigantesca tarea de la salud mental, permitiendo superar el odio y el enojo justificado”.
Su conclusión no tarda en llegar, y es contundente, principalmente en lo que hace a la realidad bélica y de posguerra: “La impunidad -así como la ocupación territorial de Palestina- inhiben cualquier terapia y la recuperación de la identidad … Se trata de una tierra que debe ser libre, con derechos humanos plenamente garantizados y crímenes de guerra debidamente juzgados y sancionados. Se debe restituir la dignidad de un pueblo, de una Nación. Una paz real que garantice que Israel y Palestina puedan vivir como vecinos. Por eso, hablar de reconstrucción de Gaza exige una clara voluntad y responsabilidad políticas previas. Con justicia, libertad, respeto y aceptación del ‘otro’”.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
lunes, 17 de agosto de 2026
"¡Hasta dejarlos hechos polvo!": Trump amenaza atacar a Omán si interfiere en la situación en torno al estrecho de Ormuz
- Sputnik Mundo,
"¡Hasta dejarlos hechos polvo!": Trump amenaza atacar a Omán si interfiere en la situación en torno al estrecho de Ormuz
EEUU atacará a Omán si "se interpone en su camino", indicó el presidente norteamericano, Donald Trump, al comentar las conversaciones entre Mascate y Teherán sobre el control del estrecho de Ormuz. Además, reconoció que Washington mantiene un canal de comunicación con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI).
El corresponsal extranjero jefe de Fox News, Trey Yingst, informó de que había hablado por teléfono con el presidente estadounidense y le había preguntado por las negociaciones entre Irán y Omán sobre el estrecho de Ormuz.
"¡Si Omán se interpone en nuestro camino, les vamos a bombardear hasta dejarlos hechos polvo!", citó el periodista a Donald Trump.
Sin embargo, el mandatario estadounidense no especificó en qué circunstancias concretas estaría dispuesto Washington a lanzar ataques. En esa misma conversación, Trump afirmó que Irán debe "izar la bandera blanca de la rendición".
Anteriormente, se informó de que Irán y Omán están celebrando consultas sobre el control conjunto del estrecho de Ormuz. El 9 de agosto, el canciller iraní, Abás Aragchí, aclaró que "las conversaciones con Omán no significan que el estrecho de Ormuz vaya a ser reabierto".
El estrecho de Ormuz se considera una de las rutas comerciales marítimas más importantes del mundo y una ruta clave para el transporte de petróleo. Aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas lo atraviesa.
El 18 de junio, Teherán y Washington firmaron el memorando de entendimiento que preveía el fin del conflicto iniciado el 28 de febrero. Sin embargo, desde el 8 de julio, las Fuerzas Armadas estadounidenses han llevado a cabo varias series de ataques contra Irán en respuesta a las presuntas acciones del Estado persa contra buques mercantes que atravesaban el estrecho de Ormuz.
Irán, por su parte, respondió con ataques contra bases estadounidenses ubicadas en Oriente Medio. Asimismo, Teherán acusó a Washington de incumplir el memorando, cuyos términos implicaban el cese de las hostilidades.
A su vez, el presidente de EEUU, Donald Trump, declaró que el alto el fuego entre las dos partes ya no está en vigor. Últimamente, Washington se abstiene de golpear objetivos en suelo iraní para dar una oportunidad a las negociaciones.
Obituario para la fallida guerra de Trump contra Irán Devastadora derrota de EE.UU.
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Obituario para la fallida guerra de Trump contra Irán
Devastadora derrota de EE.UU
Por Brad Reed | 17/08/2026 | EE.UU.
Fuentes: Common Dreams
El politólogo John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, le lanzó una dura dosis de realidad al Presidente estadounidense Donald Trump sobre el estado de su guerra ilegal con Irán. En una entrevista con el periodista australiano Tom Switzer, ante la pregunta de por qué Trump parecía dispuesto a aceptar un acuerdo en el que Irán puede exigir tarifas a los buques de transporte a cambio de la reapertura del estrecho de Ormuz, que ha estado casi completamente cerrado desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a bombardear Irán a finales de febrero, Mearsheimer respondió:
—Es muy sencillo… no tiene otra opción. Perdió la guerra. Esta es una derrota devastadora para Estados Unidos. ¿Podría decirme qué debería hacer Estados Unidos para recuperar influencia sobre Irán? La verdad es que creo que no puede decírmelo porque no tenemos solución.
A continuación, Mearsheimer explicó por qué las amenazas de Trump de intensificar su ataque contra Irán resultan completamente vacías.
“Primero, se ha quedado sin municiones. Segundo, nuestros aliados del Golfo le han dicho, sin rodeos, que eso es inaceptable porque los iraníes han dejado claro que, si intensificamos la situación, ellos también la intensificarán y destruirán instalaciones petroleras, plantas desalinizadoras, etcétera”, recordó.
En el mismo debate, Vali Nasr, profesor de asuntos internacionales en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de Johns Hopkins, argumentó de manera similar que Irán parece tener el control, señalando que “el período en el que básicamente se podía presionar a Irán para que se sometiera… creo que ha terminado”. Nasr añadió que Irán ahora parece sentirse “muy cómodo exigiendo” concesiones a Estados Unidos a cambio de la reapertura del estrecho, y afirmó que muchos en la élite de la política exterior de Washington aún no habían comprendido este hecho.
“En realidad, Irán no está exagerando. Simplemente está jugando sus cartas”, dijo.
Los argumentos de los expertos fueron secundados por Daniel DePetris, investigador de Defense Priorities, quien escribió en un análisis publicado el lunes que Estados Unidos no tiene más remedio que aceptar que Irán cobre tasas a los barcos a cambio del paso por el estrecho.
Si bien reconoce que tal situación dista mucho de ser ideal, DePetris afirmó que se volvió inevitable cuando Trump lanzó su guerra no provocada sin la autorización del Congreso de los Estados Unidos hace más de cinco meses.
“La guerra de Trump le brindó a Irán la excusa perfecta para aprovechar su geografía, y los iraníes no dudaron en hacerlo”, escribió DePetris. “Con el tiempo, el estrecho de Ormuz, sumado a la postura más agresiva de Irán hacia sus vecinos en general, se ha convertido en algo mucho más valioso: una baza estratégica que Irán puede utilizar cada vez que Trump amenaza con acelerar las operaciones militares”.
Fuente del original en inglés: Common Dreams
Fuente de la traducción -El Cohete a la Luna: https://www.elcohetealaluna.com/derrota-devastadora/
domingo, 16 de agosto de 2026
Nunca lo permitiremos": Irán lanza una fuerte advertencia a EEUU sobre el estrecho de Ormuz
Nunca lo permitiremos": Irán lanza una fuerte advertencia a EEUU sobre el estrecho de Ormuz
Sputnik Mundo, 16.08.2026
"Las tropas estadounidenses han sido expulsadas y ya no se les permite el acceso a los golfos Pérsico y de Omán, ni al estrecho de Ormuz", expresó el comandante en jefe del Ejército iraní, general Amir Hatami.
"Todo el mundo debe entender que las bases estadounidenses no podrán volver en modo alguno a su estado anterior, e Irán nunca lo permitirá", indicó.
Asimismo, subrayó que el estrecho de Ormuz es un "activo geopolítico" y uno de los principales recursos de Irán para poner fin a las tensiones y la guerra.
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