CRISTIANOS DEL NUEVO SIGLO
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miércoles, 8 de abril de 2026
Irán proclama una "victoria histórica" ante EEUU, según medios
Irán proclama una "victoria histórica" ante EEUU, según medios
Sputnik Mundo.
El Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán informó que su plan de 10 puntos ha sido aceptado por Washington, según un comunicado de este organismo, citado por la agencia estatal de noticias 'Tasnim'.
El Consejo afirmó que "el enemigo sufrió una derrota innegable, histórica y aplastante", y añadió que Irán se ha asegurado "una victoria histórica".
Según el comunicado, la Casa Blanca habría aceptado en principio las condiciones clave de Irán, entre las que se incluyen:
Mantener el control de Irán sobre el estrecho de Ormuz
El pago de una indemnización a Irán
El levantamiento de las sanciones primarias
El retiro de las sanciones secundarias
La retirada de las fuerzas de EEUU de la región de Oriente Medio
Compromiso de no agresión
Aceptación del enriquecimiento de uranio en Irán
Revocación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU
Revocación de las resoluciones de la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA)
Cese de la guerra en todos los frentes, incluyendo la lucha contra las fuerzas de resistencia en el Líbano.
Silencio de Occidente ante amenazas de EEUU contra Irán ratifica que sus valores no son universales, afirman expertos
El Consejo hizo hincapié en que las próximas conversaciones en Islamabad, la capital de Pakistán, se centrarán en ultimar estos términos, subrayando que las negociaciones se basan en la propia propuesta de Irán, y agregó que la pausa en los combates "no significa el fin de la guerra", pues advirtió que Irán sigue dispuesto a responder a cualquier escalada.
lunes, 6 de abril de 2026
El ocaso del imperio estadounidense Diez claves para entender la guerra contra Irán
Recomiendo:
El ocaso del imperio estadounidense
Diez claves para entender la guerra contra Irán
Por Napoleón Saltos Galarza | 07/04/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Rebelión - Imagen: Mapeo de las tropas y bases militares estadounidenses en Oriente Medio
El arte de la guerra se basa en el engaño. (Tzu Tzu)
¡Qué bellos los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (Rom 10:15)
Clave 1. El tiempo. La historia
En Irán se entrecruzan las diversas dimensiones del tiempo y de la geografía, tiempo y espacio.
El tiempo corto, inmediato, de la guerra de Estados Unidos-Israel contra Irán. El tiempo medio, cuyo corte podemos ubicarlo en agosto 1953, el derrocamiento del Primer Ministro, Mohammad Mossadegh, elegido democráticamente, en la “Operación Ajax”, orquestada por la CIA y el MI6, y la instauración del Sha de Irán. Es el momento en que se inicia la confrontación actual entre Estados Unidos-Inglaterra con el Estado Persa. El tiempo largo, las luchas civilizatorias entre Occidente y la civilización iraní, en el marco de la confrontación entre Estados-civilización-imperio, que introducen la cuestión del final del Imperio. Y el tiempo muy largo, la génesis de la civilización iraní en el 1.300 dC, filial de la civilización siríaca, 1200 dC, y de la civilización Minoica, 3000 aC; y su proyección actual. Una civilización de mil años.
Todos los tiempos se condensan en el presente-ahora. La característica principal se presenta como tiempo de transiciones en las diferentes dimensiones del tiempo: paso de la hegemonía unilateral de Estados Unidos, a la hegemonía multipolar. La decadencia de Occidente y el anuncio de un nuevo mundo. Y en esos pasos, Irán es la clave.
Clave 2. La geografía. El espacio
La geopolítica es en primer lugar geografía.
Irán
Irán tiene ventajas geográficas estratégicas. La ubicación geográfica dibuja a Irán en el cruce de Occidente y Oriente. Funciona como un puente terrestre y marítimo que conecta diversas regiones económicas clave y permite el control de flujos energéticos vitales. Irán se sitúa en el punto de encuentro de Asia Central, el Cáucaso, el Sur de Asia y el Medio Oriente.
El Estrecho de Ormuz, situado entre Omán e Irán, con un estrangulamiento de 33 kilómetros en su punto más estrecho, une el Golfo Pérsico con el Océano Índico, controla el 20% del comercio de petróleo y gas a nivel mundial. El cierre o el control de los flujos de hidrocarburos alteran la economía mundial.
En forma delegada, a través de los Hutíes de Yemen, también está el control del Estrecho de Bab el-Mandeb, un punto de estrangulamiento naval de 36 km de ancho en su zona más angosta, situado entre Yemen y el cuerno de África, en el mar Rojo, conecta el océano Índico con el mar Mediterráneo vía Canal de Suez.
Irán posee 2.815 kilómetros de costa en total, distribuidos en dos regiones geográficas, tanto en el Mar Caspio al norte, como en el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán al sur, lo que le permite proyectar poder naval y comercial en múltiples direcciones.
Irán es una potencia en recursos energéticos: tiene las cuartas mayores reservas de petróleo del mundo y las segundas de gas natural, lo que le permite tener una alta influencia en la OPEP y en la política energética mundial.
Geográficamente es una fortaleza natural, una especie de “isla terrestre”. Tiene una extensión territorial de aproximadamente 1.648.195 kilómetros cuadrados,el 17º país más grande del mundo y el segundo más extenso de Oriente Medio, después de Arabia Saudita.
Los límites geográficos de Irán definen su posición estratégica en el corazón de Eurasia, rodeado por siete países y dos importantes cuencas marítimas. Al Norte limita con la República de Armenia, la República de Azerbaiyán, Turkmenistán y las aguas del Mar Caspio. Sur: Sus fronteras son exclusivamente marítimas, bañadas por las aguas del Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, conectados por el vital Estrecho de Ormuz. Al Este, comparte fronteras terrestres con Afganistán y Pakistán. Al Oeste, sus vecinos son Turquía (al noroeste) e Irak.
La geografía de Irán
Irán es una meseta alta rodeada de cadenas montañosas masivas que actúan como muros defensivos, como un “anillo de hierro”. Los Montes Zagros recorren más de 1,500 km desde la frontera con Turquía hasta el Estrecho de Ormuz; sus picos superan los 4,000 metros y crean un terreno extremadamente accidentado que históricamente ha dificultado las invasiones desde Mesopotamia (el actual Irak). Los Montes Elburz (Norte) protegen el corazón del país del acceso desde el Mar Caspio. Son tan altos que incluso bloquean las nubes, creando una barrera climática entre la exuberante costa norte y el árido interior. Montañas del Este: En la frontera con Afganistán y Pakistán, el terreno es igualmente hostil, lo que dificulta el movimiento de grandes ejércitos convencionales. Y luego, en el centro, vienen dos desiertos de sal, el Dasht-e Kavir y el Dasht-e Lut, el “Corazón vacío”, difícil de traspasar.
Esta geografía dificulta cualquier guerra relámpago, lo que obliga al enemigo a una guerra prolongada y costosa. Permite a Irán una organización descentralizada, una especie de mosaico, que es la base de la distribución bélica en la guerra actual.
Su capacidad se basa en la guerra asimétrica y un arsenal masivo de proyectiles no tripulados. En el mar se enfoca en la “guerrilla naval”. Cuenta con 600 mil soldados, entre el Ejército y la Guardia Revolucionaria; en el marco de la guerra actual llegarían a un millón de efectivos. Además cuenta con el apoyo de Hezbollah en el Líbano y las milicias en Irak y Yemen.
Por su ubicación geográfica, puede actuar sobre los países del Golfo, que han servido de asentamiento para las bases norteamericanas y de trampolín para los ataques aéreos de Estados Unidos en combinación con Israel.
Irán cuenta con una población de 90 millones de habitantes. Tiene una composición étnica diversa: 61% de Persas, en las principales ciudades; 16% de azeríes, en el noroeste, cerca de Azerbaiyán; 10% de kurdos en el este; y otras minorías. Esta diversidad puede ser vista como un factor de riesgo para fracturas internas, pero también aporta a una visión más amplia. Un país complejo, con una larga historia y una diversidad de visiones culturales y espirituales, con el islamismo chiita como referente de cohesión. Un norte y las ciudades más modernizadas, cosmopolitas y hasta prooccidentales, y regiones más tradicionales, sobre todo en el campo.
Estados Unidos
Estados Unidos mantiene una red de 19 instalaciones militares repartidas en Oriente Medio, especialmente en los países del Golfo Pérsico. A marzo de 2026, se estima que hay de 40.000 a 50.000 efectivos desplegados en la región. Las principales bases:
Qatar: Base Aérea Al Udeid: Es la instalación militar estadounidense más grande de todo Oriente Medio. Sirve como cuartel general avanzado del Mando Central de los EE. UU. (CENTCOM) y alberga fuerzas aéreas y de operaciones especiales.
Bahréin: Naval Support Activity Bahrain (NSA Bahrain): Ubicada en Juffair, es la sede de la Quinta Flota de la Marina de Estados Unidos. Es el centro de mando naval crítico para todas las operaciones en el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Mar Arábigo.
Kuwait: Camp Arifjan: Funciona como un centro logístico principal para el ejército de tierra en la región. Base Aérea Ali Al Salem, conocida como «La Roca», es un eje fundamental para el transporte aéreo de tropas y suministros cerca de la frontera iraquí.
Emiratos Árabes Unidos (EAU): Base Aérea Al Dhafra: Situada cerca de Abu Dabi, acoge aviones de combate y entrenamiento avanzado en guerra aérea y misiones de reconocimiento.
Arabia Saudita: Base Aérea Prince Sultan, para la defensa antimisiles.
También tiene instalaciones militares en Irak, Siria y Jordania
Mapeo de las tropas y bases militares estadounidenses en Oriente Medio.[1]
INTERACTIVO - Presencia militar estadounidense en Oriente Medio, junio de 2026 - 1772272730
Estados Unidos ha basado su poder en el control de los mares y las vías de circulación del comercio mundial.
Desplegó en la zona dos portaviones: USS Abraham Lincoln (CVN-72): Buque insignia del Grupo de Ataque 3, opera actualmente en el Mar Arábigo. Sus aeronaves, incluidos los cazas de quinta generación F-35C Lightning II, han participado activamente en ataques contra infraestructura militar iraní. USS Gerald R. Ford (CVN-78): El portaaviones más grande del mundo lideró el Grupo de Ataque 12 al inicio de la guerra. Recientemente fue trasladado a la base de Souda Bay (Creta, Grecia) para reparaciones. El USS George H.W. Bush (CVN-77) ha sido designado para reemplazar al Ford en el frente. El grupo incluye a los destructores USS Mason y USS Ross, que ya se encuentran en tránsito desde el Atlántico hacia Oriente Medio.
Cuenta también con fuerzas de asalto anfibio: USS Tripoli (LHA-7): Buque de asalto anfibio que llegó a la región a finales de marzo de 2026 liderando una unidad expedicionaria con aproximadamente 2.500 a 5.000 marineros y marines. Grupo Anfibio USS Boxer: Incluye los buques USS Boxer, USS Comstock y USS Portland, que transportan a la 11ª Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina (MEU) con otros 2.200 marines hacia la zona de conflicto.
Al menos cinco destructores (clase Arleigh Burke) están posicionados en puntos críticos como el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz, encargados de la interceptación de drones y misiles iraníes. Al menos tres buques de combate, más pequeños y ágiles operan directamente dentro de las aguas del Golfo Pérsico para patrullaje y seguridad marítima.
Israel
Se sitúa en el Levante, en la costa oriental del Mar Mediterráneo, en Medio Oriente. Es un país pequeño con una extensión de 22.145 kilómetros cuadrados; 75 veces más pequeño que Irán.
Limita al Norte con El Líbano; al Noreste con Siria (Altos del Golán); al Este con Jordania y Cisjordania (Territorios Palestinos); al Suroeste con Egipto (Península del Sinaí) y la Franja de Gaza; al Oeste con el Mar Mediterráneo; al Sur, una pequeña salida al Mar Rojo a través del Golfo de Áqaba (puerto de Eilat).
Su población es de 10 millones de habitantes. La composición demográfica: Judía: 73%; Árabe-israelí: 21%, y otros grupos (cristianos, drusos, etc.): 6%.
Ocupa el puesto 17 entre los ejércitos más poderosos. Su doctrina se basa en la superioridad tecnológica y la movilización rápida.
Su principal recurso estratégico es la Fuerza Aérea, con cazas que se ubican entre los más avanzados del mundo. Cuenta con un sistema de defensa antimisiles multicapa: Cúpula de hierro, para cohetes de corto alcance; Honda de David, para misiles crucero y de mediano alcance; Arrow 2 y 3, para interceptar misiles balísticos iraníes fuera de la atmósfera. Cuenta con bombas atómicas, entre 90 y 300 ojivas nucleares.
En la Fuerza Terrestre destaca el tanque Merkaba IV. Sus agencias (Mossad, Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales, y Aman, la Central de Inteligencia) y la Unidad 8200 de guerra cibernética son referentes mundiales en operaciones de sabotaje, espionaje y guerra electrónica.
En la Operación “Furia Épica”, iniciada el 28 de febrero, contra Irán, ha operado en coordinación con el CENTCOM de EE. UU.
Clave 3. Ciclos civilizatorios.
“Las sociedades nunca mueren de muerte natural, sino por asesinato o suicidio.” (Toynbee, 1991-1998) (Josep, 2015) La fase de desintegración del Imperio norteamericano.
Arnold Toynbee, historiador de los tiempos muy largos, civilizatorios, establece seis fases de desarrollo de las civilizaciones-imperios (Toynbee, 1991-1998): Génesis, Crecimiento, Tiempos revueltos, Colapso, Estado universal, Desintegración. No son tiempos lineales, puede haber momentos de crisis y recuperación, decadencias y nuevos ascensos; sin embargo la tendencia es a cerrar los ciclos en la desintegración.
Éste es el camino que han seguido las diferentes civilizaciones e imperios. El referente paradigmático es el ciclo del Imperio romano.
“Cuando una civilización está en crecimiento genera una mímesis positiva en las sociedades externas e irradia aspectos positivos en los planos económico, político y cultural. En esta situación las fronteras se diluyen y se genera un aura alrededor del área de influencia de la civilización. Cuando la civilización entra en descomposición, cierra sus puertas hacia las sociedades externas a las que empieza a considerar como enemigas. Esto genera el desencanto de estas sociedades y la pérdida de mimesis positiva. Aparecen fronteras fijas y claramente definidas alrededor del área dominada por la civilización y el fin se acerca.” (Josep, 2015)
El período iluminista es la fase de ascenso y crecimiento, la crisis actual parte del debilitamiento de su hegemonía. El inicio del período de decadencia puede ubicarse en el paso a la financiarización a partir de la eliminación del sistema del patrón oro y el establecimiento de la libre convertibilidad centrada en el dólar fiat, en 1971, con Nixon. Luego asistimos al estallido de diversas burbujas financieras, con el momento más difícil en la crisis financiera del 2008.
“Una civilización en desintegración encuentra un cierto alivio en su caída en el sometimiento a una unificación política enérgica en forma de un “Estado universal””. (Josep, 2015) En nuestro tiempo, el relato del “fin de la historia” a raíz de la caída de la URSS, la proclama del “siglo de pax americana”, anunciaban el “Estado universal”. Empero en ese mismo año se inician las guerras en Yugoeslavia y la prima invasión a Irak.
“Una civilización en desintegración no ejerce atracción, se encierra en sí misma y se torna violenta contra sus sociedades primitivas vecinas. Ataca y conquista, hasta que la distancia complica el avance militar. Este avance ha destruido el áurea protectora que se ha convertido en una auténtica frontera en forma de una línea definida que separa a la “civilización” de los “bárbaros”. Este es el primer paso hacia la desaparición de la civilización. La combinación de la rebelión del descontento interno de una sociedad frente a la mayoría dominante opresora y del empuje del exterior, atacado y expulsado de los beneficios de la sociedad vecina superior, han generado el fin de múltiples civilizaciones.” (Josep, 2015)
El caso Epstein es el signo de la decadencia ética. Estados Unidos vive internamente una guerra civil larvada y encuentra diversas formas de resistencia desde afuera. Rusia se presenta como una potencia militar que puede enfrentar el poder militar de Occidente, de la OTAN: Ucrania es el escenario. China puede enfrentar el poder económico de Estados Unidos, con disputas en diversos terrenos. La guerra de Irán es la clave para el desenlace de esta confrontación.
“El colapso se produce cuando fracasa el “progreso hacia la autodeterminación”. La minoría creativa se contagia del efecto mecánico de la mimesis del resto de la sociedad y pierde su impulso inicial. También puede ocurrir que los conductores cambien “las mansas armas de la persuasión por el látigo de la compulsión”. En estos casos, la minoría creativa se convierte en minoría dominante, perdiendo el efecto mimético sobre la sociedad que empieza a mostrarse refractaria hacia ellos. El militarismo es más un síntoma de decadencia que de crecimiento, aunque en las fases de decadencia también puede darse un desarrollo acertado de la tecnología.”” (Josep, 2015)
El “american way of life” ha perdido fuerza de convocatoria, no sólo para los migrantes, sino también para la mayoría de ciudadanos norteamericanos.
El Proyecto MAGA y las guerras de Trump son el intento desesperado de evitar el declive en un doble juego: intentar el retorno de la producción mientras mantiene el control financiero y monetario mundial; moverse dentro de un mundo tripolar, mientras defiende la hegemonía militar mundial.
La disputa del relato sobre el curso de la historia es decisivo. El poder americano ha impulsado una campaña islamofóbica permanente, que genera desinformación. No sólo es el desconocimiento de la civilización iraní, sino la deformación sistemática, utilizando temas sensibles en Occidente.
Dos focos claves son el ataque contra el autoritarismo y la ausencia de democracia en Irán, y la violación de los derechos de las mujeres.
El debate es sobre el sentido y el carácter de la democracia y la validez de los sistemas políticos. La sorpresa viene cuando el sistema político iraní, que combina teocracia y república, se muestra sólido ante los ataques, incluido el descabezamiento de sus líderes; y el apoyo de la población al régimen se fortalece. Una imagen sorprendente es la presencia del Presidente o del Ministro de Relaciones Exteriores, acompañando sin escoltas las marchas masivas de apoyo de la población.
Entra en disputa el sentido de los derechos de las mujeres, en el marco general del patriarcalismo, que atraviesa tanto a Occidente, como a la sociedad iraní.
La propaganda occidental centra el ataque en el control de la vestimenta y el uso del hiyab, la subsistencia de leyes de familia que limitarían la autonomía y el movimiento de las mujeres, la restricción del acceso a altos puestos de dirección, como el Consejo de Guardianes o la posición de Guía Supremo.
La respuesta del otro lado está en la ampliación de los derechos reales de las mujeres, como el de la educación. Según un Informe presentado por Human Rights Council en la ONU (2025), las mujeres representan el 60% del total de estudiantes universitarios. En el proceso de ingreso para el ciclo 2025, el 63% de los aspirantes registrados fueron mujeres. En las disciplinas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, las mujeres suponen cerca del 70% de la matrícula y de los graduados. Esta es una de las tasas de participación femenina en STEM más altas a nivel mundial. Las mujeres ocupan el 58% de las plazas en programas de doctorado profesional. En medicina y las ciencias básicas, la presencia femenina supera el 70% de los estudiantes. Aproximadamente el 25% de los talentos destacados respaldados por la Fundación Nacional de Élites de Irán son mujeres. Para finales de 2025, se registraron 135 científicas iraníes dentro del 1% de los investigadores más citados del mundo. Según la UNESCO, la tasa de alfabetización entre las mujeres niñas y jóvenes está en el 99%.
Clave 4. Ciclos sistémicos de acumulación. Ciclos de hegemonía.
El ciclo del capital financiero-rentista-criminal.
Giovanni Arrighi (1999), plantea cuatro Ciclos Sistémicos de Acumulación hasta el final del siglo XX, cada uno dominado por una potencia que establece las reglas del comercio y la producción a nivel mundial:
Ciclo Genovés (siglo XV – principios del XVII): Basado en una alianza entre la aristocracia territorial (España) y el capital financiero (Génova). Se centró en la expansión comercial y el crédito.
Ciclo Holandés (finales del siglo XVI – finales del XVIII): Marcado por el auge de las Provincias Unidas. Introdujeron las empresas transnacionales (como la Compañía de las Indias Orientales) y el control de las rutas marítimas.
Ciclo Británico (finales del siglo XVIII – principios del XX): Coincide con la Revolución Industrial. El Reino Unido dominó a través de la producción fabril, el libre comercio y el patrón oro.
Ciclo Estadounidense (principios del siglo XX – actualidad): Caracterizado por la producción en masa, las corporaciones multinacionales y un poder militar global sostenido por el dólar.
Los ciclos pasan por dos fases. Un ciclo de expansión material-productiva, DM, el dinero pasa por la producción, se invierte en producción y comercio. Y un ciclo de expansión financiera, el dinero intenta saltarse la producción y multiplicarse directamente (M-M’). Cuando la producción deja de ser rentable, el capital se refugia en las finanzas (especulación). Para Arrighi, esta fase financiera es la «señal de otoño» de la hegemonía vigente, indicando que el ciclo
Ultimátum de Trump, ¿para quién?
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Ultimátum de Trump, ¿para quién?
Por Editorial de La Jornada | 06/04/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: La Jornada.
Durante años, Teherán se abstuvo de responder a los sabotajes, bombardeos y asesinatos de sus líderes perpetrados por Israel y Estados Unidos, así como al castigo colectivo impuesto por Occidente contra toda su población, pero ello no evitó la agresión en curso.
Vence el ultimátum que el presidente Donald Trump dio a Irán para que permita la libre circulación de embarcaciones a través del estrecho de Ormuz o sea enviado “a la Edad de Piedra, a donde pertenece”. El magnate reiteró su amenaza ayer con un mensaje tan propio de él como impropio de las autodenominadas democracias liberales: “se agota el tiempo y quedan 48 horas para que se desate el infierno sobre ellos. ¡Gloria a Dios!”, expresó en la red social de su propiedad.
Pese al ruido y la furia de la Casa Blanca, nada indica que Teherán se plantee ceder: hasta ahora, la república islámica ha mostrado una voluntad inquebrantable de resistir las embestidas, y es muy difícil que cambie de parecer cuando acaba de propinarle a su adversario el golpe simbólico de derribar dos aviones de guerra apenas dos días después de que Trump y su secretario de Guerra, Pete Hegseth, afirmaran haber obtenido “el control total de los cielos” en Medio Oriente. El presidente del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, no dejó pasar la oportunidad para mofarse de Trump al ironizar que “tras vencer a Irán 37 veces seguidas, esta brillante guerra sin estrategia que ellos mismos iniciaron ha pasado de ser un simple ‘cambio de régimen’ a un ‘¡Oye! ¿Alguien puede encontrar a nuestros pilotos? ¿Por favor?’ ¡Vaya!”
Conforme pasan los días y el mundo constata que Estados Unidos carece de ideas y recursos para forzar la reapertura del estratégico paso marítimo, las partes interesadas parecen aceptar la nueva normalidad en que Teherán establece las condiciones de circulación para los buques que movilizan una quinta parte de las exportaciones globales de petróleo y gas natural, además de un volumen fundamental de fertilizantes. En efecto, más allá de los sentimientos que gobiernos y empresas tengan hacia la revolución islámica, en estos momentos arreglarse con los iraníes parece la opción pragmática a fin de destrabar los flujos comerciales, e incluso se está asentando cierta resignación acerca de que las revisiones y “peajes” instaurados por Irán permanecerán tras el fin del conflicto armado, puesto que le otorgan a Irán la doble ventaja de prevenir nuevas agresiones y captar capitales muy bienvenidos en una economía herida por las sanciones ilegales de Washington y sus aliados.
Junto al prófugo de la Corte Penal Internacional Benjamin Netanyahu, Trump es el primer responsable de la postura iraní. Durante años, Teherán se abstuvo de responder a los sabotajes, bombardeos y asesinatos de sus líderes perpetrados por Israel y Estados Unidos, así como al castigo colectivo impuesto por Occidente contra toda su población, pero ello no evitó la agresión en curso. También suena hueco el llamado a negociar cuando continúan sin pausa los atentados contra sus líderes. Y no se puede llamar a Teherán a rendirse por el bien de los civiles si antes de que se desate “el infierno” ya fueron destruidos o dañados más de 100 mil edificios civiles, entre los que se encuentran 300 centros de salud, 30 universidades y 600 escuelas, incluida la primaria en la que fueron masacradas 169 niñas. Ayer mismo, la dupla Trump-Netanyahu cometió la irresponsabilidad máxima de atacar la planta nuclear de Bushehr, sobre la cual, debe remarcarse, no existe ningún indicio de actividad que rebase los fines legales y pacíficos.
El hecho es que la prisa no corre para las autoridades iraníes, sino para Trump, y que éste se metió a sí mismo en una situación en la que debe elegir entre alternativas indeseables. Si decide recortar sus pérdidas retirándose y aceptando el control iraní sobre Ormuz, habrá perdido toda credibilidad ante sus aliados de la región y deberá digerir una humillación política que no podrá borrar con ninguna bravuconada retórica. Si destruye la industria petrolera iraní para doblegar a Teherán, pasarán años antes de que se normalice el suministro del hidrocarburo y los precios vuelvan a niveles manejables, con lo que provocaría una crisis económica global. Si redobla su apuesta por la violencia e intenta apoderarse del petróleo persa, no sólo corre el riesgo de no conseguirlo, sino además, el de sufrir considerables bajas humanas en el proceso. Si bien es imposible esperar de Trump decisiones sensatas basadas en el bien común, cabe desear que sus cálculos egoístas de cara a las elecciones legislativas de medio término lo lleven a tomar el camino menos dañino.
Fuente: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/05/editorial/trump-ultimatum-para-quien
domingo, 5 de abril de 2026
Segundo mes de conflicto en Oriente Medio: "El tiempo juega a favor de Irán"
Segundo mes de conflicto en Oriente Medio: "El tiempo juega a favor de Irán"
Sputnik
Las tensiones en Asia occidental no parecen ver el horizonte a pesar de los ultimátum del presidente de EEUU, Donald Trump, y su afirmación de estar cerca de cumplir los objetivos en Irán. Mientras tanto, los efectos en el precio del crudo se incrementan.
"Irán ha propuesto una guerra de desgaste con un componente fuertemente centrado en la cuestión económica y energética y creo que está bastante claro que el tiempo hoy juega a favor de Irán", analizó a Cara o ceca Lautaro Rivara, doctor en Historia y periodista, desde los estudios de Sputnik.
Según Rivara, EEUU también se enfoca en asegurarse una América Latina alineada a sus intereses.
"Nosotros somos el reservorio de recursos naturales y somos considerados por EEUU un área de seguridad interior. En ese marco, desde Washington se han propuesto desbancar todo tipo de alternativa política", resumió.
YPF mantendrá congelado el precio de los combustibles por 45 días pese al alza internacional del crudo
La escalada del conflicto en Oriente Medio disparó el valor del petróleo a nivel mundial a más de 100 dólares por barril.
sábado, 4 de abril de 2026
Qué está en juego en la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán?
Recomiendo:
¿Qué está en juego en la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán?
Por Martín Martinelli | 04/04/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Jacobin América Latina - Imagen: El presidente del Estado Mayor Conjunto estadounidense, el general Dan Caine, ofrece una conferencia de prensa sobre la Operación Epic Fury en el Pentágono, 19 de marzo de 2026. (Vía Wikimedia Commons)
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán entrelaza numerosos elementos geopolíticos clave, que van desde la apuesta inmediata para controlar vías estratégicas de circulación comercial hasta el inicio de una reorganización regional a gran escala.
Las escaladas bélicas en años recientes y, particularmente, las planteadas desde 2022 en Ucrania-Rusia, Palestina (y la región circundante. incluyendo a Israel, Líbano, Yemen, Iraq e incluso Afganistán y Pakistán), Venezuela e Irán, además de los países sancionados unilateralmente, conforman distintas batallas que están relacionadas. Ese uso de la fuerza busca impedir el declive hegemónico estadounidense y occidental en el mundo, que se siente desafiado por la irrupción de China, Rusia y sus alianzas.
En esta transición hegemónica global y conflictiva (una verdadera crisis sistémica), se intenta frenar el declive estadounidense (con una deuda de 38 billones de dólares) mediante un incremento del uso de su complejo militar-industrial. Eso no significa que vayamos a ver un final abrupto, sino que el rol estadounidense está puesto en cuestión por el ascenso o la recuperación de otras potencias en los planos militar, económico, científico-tecnológico y de distribución del poder mundial.
La situación interna de Estados Unidos está marcada por tensiones internas y crisis económicas. Una válvula de escape de su política hacia el exterior es la guerra e intervención en la política de otros países. Mientras su actualidad económica se ha debilitado, su poder militar se sigue expandiendo y se utiliza para doblegar rivales y subordinar a los países alineados. Por eso, traslada las disputas a ese terreno, al uso de medios militares «directos» e «indirectos» para intentar neutralizar el desarrollo de China y sus aliados.
Pese a argumentar que lo más importante era «America first» (Estados Unidos está primero), la estrategia de la política exterior estadounidense, si bien ha ido cambiando en la retórica, no refleja grandes cambios en los hechos. Por ejemplo, los defensores de esta política y del movimiento «Make America Great Again» (MAGA) proponían frenar en poco tiempo las guerras, pero los acontecimientos marcaron otro desenvolvimiento. El objetivo de complicar los lazos económicos de otros países con China y de distanciarla de Alemania y la Unión Europea aumentaron, a su vez, la carrera armamentística y la belicosidad.
La otra gran tendencia coyuntural y estructural es el ascenso del poderío chino. Esto envuelve una disputa y una competencia con Estados Unidos en el terreno comercial, de los mercados, en lo tecnológico y en la influencia planetaria. Aunque siguen manteniendo intercambios en varias ramas, se registró una caída del 20 % en esos movimientos y. durante la última década, el gigante asiático alcanzó el 30 % de la producción industrial mundial, sobrepasando ya desde 2008 el 15 % de la de Estados Unidos (en 1995, Estados Unidos tenía más del 20 %, cuadruplicando el 5 % del país asiático).
Hoy China es el mayor importador mundial de petróleo y alrededor de tres cuartas partes de su consumo dependen del exterior. Es, además, el principal comprador de crudo de Irán y uno de los mayores importadores del de Arabia Saudita, al tiempo que lidera inversiones para una transición energética orientadas a reducir el uso de combustibles fósiles. Esta doble condición explica su interés estratégico en asegurar rutas de suministro a través de puertos del Cuerno de África y de los principales estrechos marítimos, en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR). En ese esquema, China adquiere cerca del 19 % del petróleo que exporta Rusia, el 15 % del de Arabia Saudita y alrededor del 15 % del de Irán. En este último caso, esas compras representan más del 90 % de las exportaciones iraníes de crudo, que se comercializa con descuentos para sortear las sanciones internacionales.
En este contexto, se observa un realineamiento de las alianzas regionales en torno a la gravitación económica y política de China. Resulta clave considerar no solo las vastas reservas de hidrocarburos de países como Arabia Saudita, Irán y Emiratos Árabes Unidos—ubicadas en el estratégico Estrecho de Ormuz—, sino también la incorporación de los dos últimos al BRICS+ a partir de 2024 (con la invitación simultánea para Arabia, en proceso de integración). La ampliación de este bloque refuerza la articulación entre potencias energéticas y los nodos logísticos clave, como sucede con Egipto (el país más poblado de la región, que también ingresó al BRICS+ en 2024), que controla el Canal de Suez, y con Etiopía, situada en el Cuerno de África, próxima al estrecho de Bab el-Mandeb, por donde circula una parte sustancial del comercio mundial de hidrocarburos.
¿Qué se dirime en esta guerra?
¿Cuáles son las cuestiones principales que se dirimen en esta guerra? Una es la del petróleo y el gas, incluyendo su extracción, transporte y control, con toda una disputa para intervenir en los planes de aquellos gobiernos que difieren de lo pretendido por Estados Unidos y tienen un acercamiento a China y a Rusia. Por eso hoy, luego del fracaso de la guerra arancelaria y económica, Estados Unidos apuesta por intervenciones militares directas en las potencias petroleras. Sin embargo, por ahora, esta política impulsó una suba del precio del petróleo que afecta la economía mundial y refuerza la crisis sistémica actual.
El segundo factor sustancial es el alineamiento del dólar al petróleo (con los petrodólares) y el intento de evitar los intercambios en otras monedas. Defender al dólar implica combatir la creciente deuda estadounidense y financiar la hipertrofia militar. Además, sirve para escalar el antagonismo de la estructura imperial liderada por Estados Unidos frente a China, Rusia, Irán, Venezuela, Cuba y otros aliados.
En esas dos aristas, el Golfo Pérsico es uno de los ejes centrales del sistema energético mundial. Y el Estrecho de Ormuz representa un punto estratégico para el comercio mundial de petróleo y gas natural licuado (así como de fertilizantes, con Irán como uno de los principales exportadores de urea del Golfo). En la región circundante, Estados Unidos utilizó la fuerza para atomizar diferentes países (Iraq, Afganistán, Libia), acordando con los países del Consejo de Cooperación del Golfo o CCG (como Arabia Saudita, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes). Irán, por su parte, encabezó el eje Teherán-Bagdad-Damasco-Beirut, con Palestina como importante punto de conexión entre sus integrantes.
El tercer aspecto pasa por el control de los mercados y las arterias de conexión, intentando desestabilizar las dos grandes vías o rutas comerciales estratégicas que convergen en Irán. Se trata de la IFR (o «Nueva Ruta de la Seda») y del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur, desde Rusia, Irán y la India (una red multimodal de 7.200 km que conecta India, Irán, Azerbaiyán, Rusia y Asia Central). Ambas reducen tiempos y costos de envío en un 30-40 % con respecto al Canal de Suez u otros caminos y constituyen una alternativa para evitar las sanciones o la tensión con Europa. En contrapartida, en septiembre de 2023 se planteó como alternativa la instauración del Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC, impulsado por India, Estados Unidos, la Unión Europea, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Francia, Alemania e Italia), un intento de opción respecto de los otros corredores, que busca fortalecer a la India en su competencia con la manufactura china y posicionar a Israel.
Irán es un nodo fundamental de la integración euroasiática, con sus corredores energéticos y de transporte este/oeste en la IFR y en el Corredor Norte/Sur. Además, firmó un tratado de 25 años con China por 400 mil millones de dólares de infraestructura a cambio de energía. El histórico interés por dominar a Irán proviene de su localización, de su importancia como una de las hegemonías regionales (también en el terreno de la influencia cultural) y de sus reservas energéticas, ya que no sólo cuenta con una de las mayores reservas petrolíferas mundiales (solo superada por Venezuela y Arabia Saudita) sino también con la segunda reserva de gas global, después de Rusia. Pero no se trata sólo del intento de control de Irán sino de toda la región, ya que casi el 80 % de las reservas de gas mundiales probadas de hidrocarburos se encuentran en apenas diez países, ubicados principalmente en Asia Occidental y Rusia.
El cuarto punto sería la pretensión de afianzar una hegemonía regional israelí y la idea del Gran Israel, con un país fortalecido y ampliado, pero subordinado a Estados Unidos. Los cuatro factores están interrelacionados y se encuentran en una lógica que lleva décadas. Pero varias diferencias saltan a la vista en la coyuntura actual respecto del momento de la invasión a Iraq de 2003, en el marco de un mundo unipolar. Hoy EE. UU. tiene una mayor oposición y una menor fortaleza y, pese a su inmenso presupuesto militar, podría empantanarse gravemente en su iniciativa bélica en la región. Israel, por su parte, luego de avanzar con los acuerdos de Abraham, de estar cerca de una normalización con Arabia Saudita, de haber cometido el genocidio en Gaza, de encabezar el frente de guerra contra Hezbollá en el Líbano, de motorizar el cambio de régimen en Siria y de llevar adelante los ataques contra los hutíes en Yemen, hoy busca derribar a su principal rival regional.
El «capitalismo fósil»
La región del centro de Afroeurasia se ha visto envuelta en guerras durante todo el siglo XX y lo que va del XXI. Es la zona más intervenida militarmente en el último siglo y medio. Y no se trata solo de una disputa por los territorios y sus recursos sino también, como dijimos, de contrarrestar la expansión de potencias competidoras de Estados Unidos, con la particularidad de que en los últimos treinta y cinco años se han elevado los números de muertos, heridos, desplazados y refugiados en cada una de las intervenciones regionales. Por eso, el genocidio en Gaza se inscribe en ese marco, como evidencia de un síndrome del final de la posguerra fría y de la extensión espacial del complejo militar industrial (en concatenación con el conflicto Ucrania-Rusia-OTAN). Desde 2001, las invasiones de Estados Unidos y la OTAN (con la connivencia de más actores regionales y mundiales), causaron la muerte de 4,5 millones de personas e indujeron el desplazamiento de 38 millones de individuos, afectando a más de 100 millones de habitantes.
La lógica y estrategia estadounidense de comportamiento hacia los países con las mayores reservas mundiales de hidrocarburos se caracteriza por la alianza con Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Kuwait, y por las invasiones a Iraq (1991 y 2003), Libia (2011), Venezuela e Irán (2026), así como por las sanciones y la guerra por delegación contra Rusia (desde 2015). En un historial estadunidense atravesado por una extensa serie de intervenciones militares y colaboraciones en golpes de Estado, este año se cumplen 250 años de su independencia, de los cuales solo en dieciséis no estuvo en guerras.
China, en cambio, en tiempos recientes le compró petróleo a aquellos países sancionados y selló tratados con varios de esos países sin usar la faceta bélica. Algunos de estos países, además de incorporarse al BRICS+, se sumaron a la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), como es el caso de Irán y, como socios de diálogo, de Arabia Saudita y Qatar. Ese contraste entre las políticas de las superpotencias hacia la región de Asia Occidental y Norte de África, se ve modificado por el rol de apéndice regional que cumple Israel. Y ahí es donde Gaza y la cuestión palestina adquieren un lugar preponderante por su ubicación, por ser un ejemplo de resistencia y por constituir la primera dificultad a las pretensiones hegemónicas regionales israelíes (que están totalmente incorporadas a la estrategia estadounidense). Pese a que hoy los ojos del mundo están puestos en el Golfo Pérsico y en todos los países que lo rodean, con énfasis en Irán, Israel continúa presionando a la Franja de Gaza y sostiene sus intenciones de anexar Cisjordania.
Es importante entender la lógica de cómo se conecta lo que sucede en Gaza (también en Líbano, Irán y el Golfo) con el «capitalismo fósil», el interés por el petróleo y el gas, las rutas geoestratégicas que atraviesan la región para conectar Eurasia y África. Esto está relacionado con una lógica de confrontación geopolítica entre el BRICS+ y el G7/OTAN, en una disputa que todavía se mantiene fuera del ámbito pleno militar.
La lucha por la liberación de Palestina constituye un enfrentamiento al imperialismo liderado por Estados Unidos y al capitalismo fósil global. Los dos pilares de la hegemonía estadounidense en la región son Israel y las monarquías del Golfo Pérsico, ricas en combustibles fósiles. Palestina forma parte de un frente global contra el colonialismo y el imperialismo, por lo que el derrocamiento de los regímenes árabes conservadores de la región también resulta esencial para el triunfo de su lucha.
Una guerra asimétrica
La guerra contra Irán constituye una confrontación asimétrica, donde dos potencias militares y nucleares comenzaron un bombardeo sobre una potencia regional. Una serie de factores entrelazados sirven para comprender el contexto en el cual Estados Unidos e Israel precipitaron el ataque sobre Irán, recordando que, como planteamos al inicio, esta guerra regional es parte de la apuesta bélica estadounidense para frenar su relativo declive económico y hegemónico. El ataque también forma parte de la Guerra Global Híbrida, que combina métodos militares convencionales con tácticas no convencionales —guerra económica y política, ciberataques, desinformación— para desestabilizar adversarios, que se lleva adelante en varios ejes de conflictos abiertos simultáneos.
La estrategia estadounidense pasa hoy por atacar a Irán, como el eslabón que considera más débil del triángulo geoestratégico que conforma con China y Rusia, mientras le deja a Europa la tarea de desgastar a Rusia y espera el momento para ir por China. En ese marco, Estados Unidos intenta asestarle golpes a los aliados de la asociación estratégica sino-rusa, como es el caso de Venezuela y Cuba, además del país persa. En la práctica se corroboran, además, dos hilos conductores en la nueva estrategia estadounidense: el control de los puntos de reservas energéticas y de las rutas comerciales estratégicas. Estos objetivos explican las amenazas de ocupación de Groenlandia (por las nuevas rutas del Ártico) y del Canal de Panamá (junto con el dominio del Caribe).
En esta guerra asimétrica, los gastos son exponenciales para Estados Unidos porque la respuesta iraní es mucho menos costosa, por el uso de misiles balísticos y drones de tecnología más barata. La estrategia iraní, con la colaboración de un sistema de radares e inteligencia chinos, pasa por golpear a Israel y atacar a objetivos como las bases militares estadounidenses y a sus empresas o bancos en los países de la región, buscando atenuar y redefinir el control de Estados Unidos sobre el petróleo del Golfo Pérsico. La clave de la estrategia reside en que Irán limite el tránsito por el Estrecho de Ormuz solo a los petroleros cuya carga se haya liquidado en yuanes, lo que genera un debilitamiento en la dolarización del comercio energético mundial. Recordemos que el reciclaje de petrodólares constituye la base de la financiación y la militarización del comercio petrolero mundial estadounidense.
Entonces, los objetivos iraníes apuntan a erradicar la amenaza de incursiones militares, a frenar sanciones, a recuperar sus activos congelados y a terminar con la ocupación israelí de los territorios palestinos. En eso podría modificar el equilibrio geopolítico en el Golfo Pérsico, dificultando el control estadounidense de puntos estratégicos navales y de los corredores marítimos de la zona (prueba de ello es la retirada de tropas europeas de la OTAN de Iraq).
Por eso, esta es una guerra regional que toma carácter mundial por el impacto económico que genera el cierre del Estrecho de Ormuz y el golpe a la provisión de petróleo y gas al resto del mundo (sobre todo a Europa, Japón, Corea del Sur y la India). A esta crisis se suma el temor a que los hutíes dificulten el paso por el Estrecho de Bab el Mandeb hacia el Canal de Suez, lo que también encarece y prolonga los transportes marítim os al obligar a una circunvalación de África.
Algunos puntos clave a modo de conclusión
En esta guerra crucial, los aspectos más relevantes desde el punto de vista geopolítico son:
-Se trata de una continuación de la alianza estadounidense-israelí para, al menos desde la disolución soviética, impulsar un «caos controlado» en la región.
-El entrelazamiento político militar de Estados Unidos e Israel para esta guerra, hasta el momento no está siendo acompañado, como se esperaba, por la OTAN.
-Es clave el intento estadounidense de desestabilizar las rutas de aprovisionamiento chinas, los corredores económicos, la multipolaridad y el tablero euroasiático («geopolítica del caos»), además de debilitar el BRICS+ y las relaciones entre Irán, Rusia y China.
-Estos planes se están complicando por el contraataque de Irán (con apoyo chino a través del yuan y de ayuda en cuanto a inteligencia), lo que debilita la influencia estadounidense e israelí en el Golfo Pérsico, generando, de manera calculada, inmensas repercusiones financieras, económicas y de influencia.
-La desdolarización y la cuestión de los petrodólares (más la desdolarización incipiente o el desarrollo posible del petroyuan) aparece como un claro eje de disputa, un tema central ante la posibilidad de una crisis económica mundial.
Martín Martinelli es historiador y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Luján, donde se desempeña como docente. Autor de Palestina (e Israel): entre intifadas, revoluciones y resistencias y de Geopolítica del genocidio en Gaza.
Fuente: https://jacobinlat.com/2026/04/que-esta-en-juego-en-la-guerra-contra-iran/
viernes, 3 de abril de 2026
destitución del jefe del Estado Mayor causa descontento en el Ejército de EEUU
- Sputnik Mundo,
La destitución del jefe del Estado Mayor causa descontento en el Ejército de EEUU, según medios
El secretario de Guerra de EEUU, Pete Hegseth, destituyó el 2 de abril al general Randy George, lo que refleja una creciente tensión entre el titular del ente castrense y los altos mandos del Ejército, según los medios.
Esto, acorde a los reportes, corresponde a los antiguos resentimientos de Hegseth hacia el Ejército, disputas de personal y su tensa relación con el secretario del Ejército, Daniel Driscoll.
Además, Hegseth se ha enfrentado en los últimos meses con George y Driscoll por bloquear el ascenso de cuatro oficiales a generales de una estrella. Durante varios meses el Secretario de Guerra presionaba a los generales para que bloquearan el ascenso de estos oficiales, pero ellos rununciaron a hacerlo citando "un largo historial de servicio ejemplar" por parte de los candidatos.
"Los altos mandos del Ejército reaccionaron con ira y frustración ante la noticia de la destitución del general George, calificándola como el último golpe a un cuerpo que ya se siente bajo el asedio de Hegseth", afirmaron los informes.
Se agregó que el general George, que fue nombrado para el cargo en 2023, sacó al Ejército de una de las peores crisis de reclutamiento de su historia en 2024. El general Christopher LaNeve figura como principal candidato para sustituir a George, según los medios. Fue su adjunto y también asistente de Hegseth en el pasado.
Además, Hegseth destituyó a otros dos generales: David Hodne, que dirigía el Mando de Preparación y Transformación del Ejército, y al capellán general del Ejército de Tierra, William Green Jr.
Un intermediario de Hegseth habría intentado adquirir un fondo de defensa antes del ataque contra Irán, según medios
Previamente, trascendió que el Pentágono tiene previsto reorganizar el sistema de mando de las FFAA, rebajando el rango de varios cuarteles generales regionales y reduciendo el número de altos mandos.
Desde que asumió el cargo en enero de 2025, Hegset ordenó la destitución de varios generales, entre ellos el ex presidente del comité de jefes de Estado Mayor de las FFAA de EEUU, Charles Brown. En abril de 2025, el exportavoz del Pentágono, John Elliott, afirmó que en el departamento de Guerra "reina el caos total", provocado, entre otras cosas, por los despidos.
jueves, 2 de abril de 2026
Abrirá una vía para la liberación de Palestina la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán?
¿Abrirá una vía para la liberación de Palestina la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán?
Por Ramzy Baroud | 03/04/2026 | Mundo
Fuentes: Rebelión [Foto de Brahim Guedich, Creative Commons 4.0]
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
Algunas personas están expresando su frustración por el hecho de que entre las condiciones de Irán para poner fin a la guerra no se haya mencionado explícita y e indudablemente la exigencia de poner fin a la ocupación israelí de Palestina y de desmantelar el régimen de apartheid. Entre las condiciones difundidas en medios iraníes y afines (aunque no han sido confirmadas formalmente por Irán) está la propuesta de que cualquier resolución debe incluir acabar con todas la guerras de Israel en todos los frentes: Gaza, Líbano, Siria y otros lugares. Sin embargo, estas condiciones no priorizaban específicamente la libertad de Palestina como condición previa para poner fin a la guerra.
Esta frustración no es inoportuna ni marginal. La cuestión de Palestina no es una cuestión más para muchas personas, sino que es el eje fundamental del conflicto en sí. No obstante, precisamente por eso no se debe abordar de forma aislada. Abordar la guerra actual unicamente por medio de lo que se ha afirmado o no se ha afirmado explícitamente corre peligro de reducir a una sola dimensión un conflicto que es profundamente complejo, cuando de hecho y en última instancia la cuestión de Palestina se está conformando, disputando y resolviéndose potencialmente a través a esta lucha más amplia e interrelacionada.
Varías líneas de análisis recogen elementos de esta realidad, pero pocas la sustentan. Algunas se centran de forma limitada en la política interna israelí y afirman que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu está prolongando la guerra para mantener su coalición, atrasar su comparecencia ante la justicia y evitar las consecuencias legales que podrían acabar con su carrera política. Otras hacen una lectura estratégica más amplia y sitúan la guerra dentro de la búsqueda que desde hace tiempo lleva a cabo Israel de lograr el control regional por medio de la neutralización de sus adversarios, ampliar la normalización [de relaciones de Israel con otros países] y la consolidación de su posición como potencia fundamental en la zona. Una tercera línea de análisis, más cercana a la corriente dominante, continúa operando dentro del marco declarado de Washington y Tel Aviv. Aunque incluya algún aspecto crítico, sigue aferrada a la retórica del programa nuclear de Irán, la «seguridad » de Israel y la maquinaria habitual de justificación.
No es un marco neutral. Elude sistemáticamente la responsabilidad que tiene Israel en esta guerra, de la misma manera que se ha negado sistemáticamente a afrontar el genocidio en Gaza. Incluso sus críticas al presidente estadounidense Donald Trump siguen siendo de procedimiento, centradas en los poco claros objetivos de la Casa Blanca, la escasa coordinación y los mensajes contradictorios, en vez de centrarse en la lógica política y moral que ha llevado a esta guerra.
El recorrido histórico más amplio desaparece entre unas explicaciones que son meramente internas y el cada vez más vacío discurso de los medios dominantes. La verdad radica en otra parte. Asia Occidental no ha entrado en crisis repentinamente. Ha sido conformado deliberadamente para ser inestable. A lo que estamos asistiendo no es a una ruptura abrupta, sino a la aceleración de un proceso histórico de larga data que ahora está llegando a una fase decisiva.
El Acuerdo Sykes-Picot de 1916 en Gran Bretaña y Francia no dividió simplemente el territorio, sino que urdió su fragmentación. Se impusieron unas fronteras arbitrarias que tenían muy poco en cuenta la realidad histórica, cultural o social, lo que garantizaba que la zona iba a estar fracturada políticamente y a ser manejable desde el exterior. Este marco colonial se reforzó posteriormente gracias a los acuerdos alcanzado tras la Segunda Guerra Mundial que transfirieron a Estados Unidos el control efectivo de la zona. En 1945 se produjo un hecho fundamental cuando el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt se reunió con el rey saudí Abdulaziz a bordo del buque estadounidense Quincy para acordar una formula estratégica: Estados Unidos garantizaba la seguridad a cambio de un acceso estable a los recursos petroleros. Este acuerdo evolucionó, sobre todo en la década de 1970, al sistema del petrodólar, según el cual las transacciones del petróleo mundial se debían hacer en dólares estadounidenses, lo que tuvo unas consecuencias estructurales. Se garantizaba la demanda mundial de dólares y la fortaleza de la economía estadounidense quedó vinculada directamente a su influencia sobre los flujos energéticos de Asia Occidental. En adelante el dominio de Estados Unidos en la zona no fue meramente estratégico, sino que fue la base del orden económico global.
¿Cuando empezaron a cambiar las cosas?
Una respuesta común es la invasión de Iraq por parte de Estados Unidos en 2003. Esta guerra pretendía consolidar el control de Estados Unidos, sin embargo desestabilizó la zona de forma profunda y duradera, sacó a la luz los límites de la intervención militar directa y aceleró unas fuerzas que el propio Washington no pudo controlar totalmente.
Hacia 2011 Estados Unidos empezó a hacer nuevos cálculos. El «giro hacia Asia» del gobierno Obama reflejaba una reorientación estratégica hacia China, mientras que Washington adoptaba en Asia Occidental un modelo de implicación más indirecto, que a menudo se calificaba de «dirigir desde atrás». Este planteamiento fue evidente en Libia en 2011, donde las fuerzas de la OTAN, bajo la coordinación estadounidense, intervinieron militarmente sin que hubiera sobre el terreno una presencia estadounidense a gran escala. El resultado de ello no fue la estabilidad, sin el colapso del Estado [libio].
En Siria, Iraq, Yemen y otros lugares Estados Unidos delegó cada vez más, recurrió a alianzas regionales y a formas híbridas de guerra. Pretendía mantener su influencia y reducir al mismo tiempo el coste político y financiero de la ocupación directa.
Isrel asumió un papel más importante en este nuevo marco. Ya no era un simple aliado, sino un pilar que se situaba como garante regional de la seguridad dentro del orden encabezado por Estados Unidos. Se incorporó a este acuerdo a los Estados árabes, sobre todo a los del Golfo, como socios económicos, y la normalización de sus relaciones con Israel se consideró pragmática e inevitable. Los Acuerdos de Abraham firmados en 2020 formalizaron este giro. No fueron unos acuerdos meramente diplomáticos, sino parte de un proyecto más amplio para reorganizar Asia Occidental de acuerdo con las prioridades estratégicas de Estados Unidos e Israel.
Aunque los Acuerdos de Abraham se consideraron, con toda razón, una traición a Palestina, también estaban destinados a eludir totalmente la cuestión palestina. Jared Kushner expresó explícitamente esta lógica al afirmar que la cooperación regional y la integración económica podían avanzar con independencia de resolver la cuestión de los derechos del pueblo palestino.
El propio discurso empezó a cambiar en consonancia con ello. Israel adoptó y difundió el lenguaje de un «nuevo Oriente Medio» que promueve una idea en la que tiene una posición fundamental e indiscutible.
Esta idea quedó perfectamente clara en septiembre de 2023, cuando Netanyahu pronunció un discurso en la ONU y presentó un mapa de la zona que excluía totalmente a Palestina, una declaración tan política como visual.
Con todo, ni siquiera el genocidio que estaba teniendo lugar en Gaza alteró de forma significativa esta trayectoria. A pesar de las condenas retóricas, varios gobierno árabes siguieron priorizando el preservar este orden que estaba emergiendo e invertir capital político en su supervivencia al tiempo que ofrecían poco apoyo significativo al pueblo palestino.
No es una postura fortuita.
Muchos Estados del Golfo no fueron fruto de movimientos de liberación anticoloniales, sino de acuerdos coloniales. Al haber sigo antiguos Protectorados británicos, su sistema político y el de seguridad mantiene una fuerte relación con el poder occidental. El limitado tamaño de sus poblaciones, la profundidad de su territorio y su autonomía estratégica hacen que dependan de garantías externas para su supervivencia.
Puesto que China sigue siendo cautelosa a la hora de proyectar su poderío militar y, al menos por el momento, no desea sustituir a Estados Unidos como patrocinador de la seguridad, estos Estados siguen dependiendo de la validación política, la protección militar y la infraestructura tecnológica occidentales.
Desde su punto de vista, el colapso del orden existente no es una liberación, sino un peligro.
Esto ayuda a explicar la ausencia de cualquier cambio serio en su postura respecto a Israel, ni siquiera cuando los dirigentes israelíes expresan abiertamente sus ambiciones expansionistas. El propio Netanyahu ha enmarcado repetidamente el papel de Israel en unos términos de sugieren un proyecto regional más amplio, esto es, el «Gran Israel»; un proyecto que va más allá de la asociación para convertirse en una relación de dominio.
Aunque estas declaraciones provocan cierta alarma a algunos regímenes árabes, no han alterado de forma fundamental sus cálculos. Hace tiempo que comprendieron la naturaleza del poder israelí, aunque siguen funcionando dentro de un sistema que recompensa el alineamiento con actores más fuertes, no la resistencia a ellos.
Teniendo en cuenta todo esto, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán no se puede entender como una serie de decisiones aisladas o de cálculos cortoplacistas, sino que es el resultado de una trayectoria histórica de varias etapas y acumulativa.
Es cierto, Netanyahu trata de sobrevivir políticamente; es cierto, la política estadounidense sigue estando profundamente determinada por la influencia pro-Israel, pero reducir esta guerra únicamente a esos factores es ignorar su función estructural: el intento de imponer un nuevo orden regional.
Precisamente en este contexto más amplio es donde hay que entender la resistencia palestina en Gaza. Nunca pretendió derrotar a Israel en términos militares convencionales, sino que su objetivo era ampliar el ámbito del conflicto, obstaculizar la capacidad de Israel para reconfigurar la zona unilateralemente y hacer frente a lo que se podría considerar un incipiente «Sykes-Picot II», esta vez centrado en el dominio israelí. Israel es plenamente consciente de esta dinámica y de ahí que califique constantemente la guerra de existencial y la equipare a su momento fundacional en 1948: la Nakba y la limpieza étnica de Palestina
Sin embargo, la poderosa respuesta de Irán, el papel constante que desempeña Hezbollah, la implicación de Ansarallah y una mayor consolidación del Eje de la Resistencia sugieren que es posible que Israel no pueda lograr ninguno de sus objetivos estratégicos.
Y ahí es donde fallan la mayoría de los análisis preponderantes.
Para el Eje de la Resistencia la victoria no requiere un triunfo militar decisivo, requiere aguante; en este contexto no perder es en sí mismo una victoria estratégica. De suceder eso, no se limitaría a interrumpir la trayectoria actual, podría empezar a revertirla. Se vería profundamente alterado el arco estratégico que siguió a la guerra de Iraq, reforzado por el «giro hacia Asia», el fracaso de los levantamientos árabes y el proceso de normalización [de relaciones con Israel]. Se debilitaría el papel de Israel como garante de la “seguridad”, lo que llevaría a los regímenes árabes a replantear sus alineamientos y posiblemente a explorar nuevas formas de coexistencia regional, no con Israel, sino con Irán.
Y en ese momento a Estados Unidos le quedarían pocas opciones: o bien profundizar su implicación en una región de la que ha estado intentando desvincularse, o bien aceptar un panorama geopolítico modificado en el que Irán y sus aliados ya no son actores periféricos, sino fuerzas consolidadas e ineludibles a la hora de configurar el futuro de la zona.
Aunque únicamente esto no liberará a Palestina ni desmantelará el apartheid, podría, no obstante, abrir nuevos espacios políticos, geopolíticos y legales para que opere el pueblo palestino, unos espacios que el cambio de los equilibrios regionales y la desaparición de viejos obstáculos hacen posibles.
Si fracasa la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las implicaciones irán mucho más allá del campo de batalla. Se empezará a desmoronar no solo el equilibrio de poder existente, sino también el propio lenguaje y los presupuestos que han gobernado la zona durante décadas. En ese contexto es probable que potencias globales como China y Rusia se posicionen más firmemente como socios económicos y estratégicos alternativos, y traten de sacar provecho de un panorama regional cambiante.
Al mismo tiempo, algunos países europeos, que ya han empezado a expresar su desacuerdo con la política estadounidense, pueden empezar a negociar nuevos acuerdos, sobre todo teniendo en cuenta la importancia estratégica del Estrecho de Ormuz y su relación directa con los flujos mundiales de energía.
Puede que países de todo el Sur Global aprendan de este momento y exploren formas de cooperación regional en contra de los marcos coloniales heredados y de las viejas jerarquías de poder.
El conjunto de todos estos cambios no resuelve la «cuestión palestina», pero sí abre posibilidades, que amplían el terreno en el que el pueblo palestino y sus aliados, incluido el movimiento global de solidaridad, pueden actuar, organizarse y ejercer presión.
Se vislumbran ya los contornos de un cambio político: disminuye el apoyo a Israel entre la población estadounidense común y la solidaridad global con Palestina llega a unos niveles sin precedentes, incluso entre las sociedades occidentales.
El reto es no limitarse a reconocer que se está produciendo un cambio, sino comprender lo profundo que es y hacia dónde se dirige, para no constreñirnos a lecturas parciales de la guerra contra Irán. Este cambio se debe entender como parte de una lucha más amplia sobre el futuro de la zona, en la que Palestina sigue siendo fundamental.
Ramzy Baroud es periodista, director y colaborador de The Palestine Chronicle. Es autor de seis libros, el próximo de los cuales está Before the Flood, que publicará Seven Stories Press. Otros de sus libros son Our Vision for Liberation, My Father was a Freedom Fighter y The Last Earth. También es investigador principal no residente en el Centro para el Islam y Asuntos Mundiales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul (IZU). Su página web es www.ramzybaroud.net.
Texto original: https://www.counterpunch.org/2026/03/30/will-the-us-israeli-war-on-iran-open-the-road-to-palestinian-freedom/
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.
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