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martes, 23 de junio de 2026
¿Quedó Colombia en un «empate catastrófico» político este 21 de junio?
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¿Quedó Colombia en un «empate catastrófico» político este 21 de junio?
Por Horacio Duque Giraldo | 23/06/2026 | Colombia
Fuentes: Rebelión
Con ocasión del reñido resultado electoral de la segunda vuelta para escoger el próximo presidente de Colombia para el periodo 2026-2030, en que el supuesto candidato ganador en el pre conteo, señor Abelardo de la Espriella, alcanzó una votación de 12.957.471 sufragios, esto es el 49,66%, e Ivan Cepeda sumó 12.707.570 voto, esto es el 48,70%; un análisis más riguroso nos está indicando la configuración de un escenario nombrado por el análisis sociológico como “empate catastrófico”, que consiste en una categoría política y sociológica mediante la cual se describe un momento de estancamiento donde dos fuerzas políticas o bloques sociales tienen la fuerza suficiente para bloquearse mutuamente, pero ninguna cuenta con el poder necesario para imponerse y gobernar.
Se trata de un escenario donde dos proyectos de sociedad o dos bloques de clases enfrentados tienen la fuerza suficiente para vetar o bloquear las iniciativas del otro, pero ninguno cuenta con la energía o la hegemonía necesaria para imponer su propio proyecto de manera definitiva.Es catastrófico porque la parálisis frena el desarrollo de la sociedad y consume sus energías económicas, sociales y políticas en una tensión constante que amenaza con la disgregación nacional o la guerra civil. Así, un “empate catastrófico” implica una parálisis institucional en que el gobierno de turno no puede ejecutar sus políticas ni dominar la agenda, pero la oposición tampoco logra destituirlo o forzar un cambio de régimen. Supone también una crisis de representación pues se destapa un descontento generalizado en la sociedad porque ninguna facción logra resolver las demandas de la población. Igualmente se da una tensión prolongada pues, hay una «crisis sin desenlace inmediato» que puede derivar en una polarización extrema si no se abren canales de diálogo y consenso.
Se trata de un concepto que nos describe la parálisis e inestabilidad social y política que ocurren en una crisis orgánica del régimen político de dominación oligárquica, donde ninguna fuerza social logra imponer su proyecto.Aunque si bien el “empate catastrófico” tiende a prolongarse en el tiempo en algún momento ocurre lo que García Linera, identifica como una salida o «punto de bifurcación» pues, el empate catastrófico no puede durar para siempre; tarde o temprano las fuerzas acumuladas conducen a un punto de bifurcación, un momento cumbre de medición de fuerzas (que puede ser violento o democrático/electoral con una Asamblea Constituyente) donde el equilibrio se rompe a favor de uno de los dos proyectos.
El uso de los estados de excepción y de la violencia.
El riesgo de todo esto es la emergencia de un tirano (un outsider mesiánico), que se sitúa por encima de las clases en conflicto para restaurar el orden mediante la fuerza, el régimen de excepción, la guerra, la persecución, la tortura y las megacárceles.
Así, lo que mostró el resultado electoral del domingo 21 de junio es que Colombia quedó dividida en dos grandes bloques socio políticos y geográficos: las periferias y los sectores populares representados en la candidatura de Ivan Cepeda (Costa caribe, costa pacífica, Bogotá, Cauca, Valle del Cauca, Cali) y la candidatura de Trump, de los capitanes empresariales y de la poderosa oligarquía bancaria, financiera y neoliberal bogotana.En gran medida esta simetría catastrófica a la que estamos abocados desde ayer es resultado de la naturaleza abigarrada de nuestra nación en la que coexisten múltiples modos de producción, cosmovisiones y estructuras de tiempo histórico que no terminan de integrarse.
Aunque de manera inmediata creo que todo esto es el resultado de una poderosa injerencia geopolitica orquestada por Trump, Israel y la mafia coquera de Honduras para imponer un presidente y un gobierno de los afectos ultraderechistas y protofascista, tal como se ha dado recientemente en Argentina, Chile, Ecuador, Venezuela y Honduras y se planea para Brasil con el abierto apoyo del hijo de Bolsonaro para que sea presidente de dicho país.Intervención que se ha dado mediante la más descarada “guerra cognitiva” (con potentes herramientas tecnológicas) contra Ivan Cepeda y el presidente Petro.
Un golpe de estado electoral tecnológico.
Lo cierto es que hemos sido objeto de un abierto “golpe de estado” electoral mediante tal “guerra cognitiva” que no es más que un dispositivo sistemático de corporaciones tecnológicas, potencias geopolíticas u organizaciones estatales para moldear lo que la sociedad cree que es real, verdadero, lógico o moralmente aceptable. Su fin último es dominar las conductas y decisiones de la población sin necesidad de usar la fuerza física tal como lo estamos presenciando.
Golpe que tiene en el fraude electoral de Penagos y los Bautistas, su espina dorsal, mismo que se está desenmascarando en el escrutinio en curso, único escenario que va a definir el próximo presidente de los colombianos.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Mientras EEUU cede ante la UE por Ucrania, una de las partes no respeta acuerdos de Anchorage
Mundo
- Sputnik Mundo, 1920
Conduce Javier Benítez.
Moscú: Mientras EEUU cede ante la UE por Ucrania, una de las partes no respeta acuerdos de Anchorage
El canciller de Rusia, Serguéi Lavrov, declaró el domingo que hace un tiempo se ven señales de que EEUU comienza a ceder a la presión de Europa en el tema ucraniano. Por su parte, el asesor de la Presidencia rusa, Yuri Ushakov, señaló que una de las partes no ha sido capaz de respetar los acuerdos de Anchorage.
¿Se disipa la niebla?
"[El presidente de EEUU, Donald] Trump es una persona independiente. Aunque los europeos, desde Anchorage, desde donde el presidente estadounidense Donald Trump voló a Washington, donde le esperaba este, iba a decir ‘grupo de apoyo’, pero es ‘grupo de retraso’, no cesaban de insistir en que Estados Unidos se apartara de la línea de alcanzar una solución justa y a largo plazo", dijo Lavrov en una entrevista.
En la misma línea, añadió que los belicistas europeos "intentan desviar a Washington hacia su propia táctica de un alto el fuego inmediato, para conseguir, otra vez, un respiro tanto para ellos, con el fin de que la industria militar se recupere un poco, como, naturalmente, para Volodímir Zelenski y sus Fuerzas Armadas". "Así que no me sorprende que esta línea se mantenga. Y los indicios de que los colegas estadounidenses empezaban a ceder de alguna manera a esta presión se venían notando ya desde hacía algún tiempo", destacó Lavrov.
El jefe de la diplomacia rusa recordó que incluso su colega, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, al intervenir en las audiencias del Congreso reconoció abiertamente que Washington no puede ser mediador porque EEUU está del lado de Ucrania. "Pero, como siempre, en cualquier asunto, y especialmente en diplomacia, lo importante no son las palabras. Las palabras sabemos pronunciarlas. Lo importante son los hechos. Veremos cómo se desarrollan esos hechos", enfatizó Lavrov.
Mientras, Ushakov apuntó que Moscú no espera que se cumplan los acuerdos alcanzados durante la cumbre de Anchorage entre el presidente de Rusia, Vladímir Putin, y su par de EEUU, Donald Trump, sino que espera una victoria. "En estos momentos, una de las partes sigue comprometida con los acuerdos que se negociaron en Anchorage, mientras que la otra parte, a juzgar por lo que parece –y ya se puede afirmar esto–, no ha sido capaz de cumplir con su parte del trato ni de respetar los acuerdos", sentenció el asesor presidencial ruso.
El analista internacional Manuel Monereo advierte que esta situación se da en el contexto de la "división en el propio equipo dirigente estadounidense, en el propio Partido Republicano". "A quienes seguimos la política estadounidense de forma cotidiana nos parece raro que una parte sustantiva del Partido Republicano sea ferozmente antirrusa –y que esté de acuerdo con los políticos europeos más duros–, y también del equipo dirigente: no es lo mismo el vicepresidente [de EEUU, J. D.] Vance que [el secretario de Estado de EEUU, Marco] Rubio", sostiene el experto.
“En el fondo hay un acuerdo bipartidista, que ya lo había en la época de [el expresidente estadounidense Joe] Biden, dirigido en este caso por los demócratas, y vuelva a haber un acuerdo bipartidista entre el Partido Republicano y el Demócrata que se sustancia fundamentalmente en el Senado, donde se vienen preparando hace meses, no años, un conjunto de iniciativas que van, por un lado, dedicadas a profundizar la guerra contra Rusia, e incrementar el volumen y la cualidad de las sanciones. Entonces, desde esa perspectiva no nos debe extrañar”, expone Monereo.
Israel nunca ha sido tan fuerte militarmente y nunca ha sido tan débil»
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Enrevista a Tarq Baconi
«Israel nunca ha sido tan fuerte militarmente y nunca ha sido tan débil»
Por Guillem Pujol | 23/06/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: La Marea [Tareq Baconi. FOTO: Helen Murray]
Analista durante años en el International Crisis Group, con sede en Ramala, hoy preside el consejo de Al-Shabaka, la red de análisis político palestino, y dirige la sección de libros de la Journal of Palestine Studies.
Tareq Baconi nació en Ammán, nieto de una familia palestina desplazada de Haifa en la Nakba de 1948, y lleva dos décadas intentando explicar lo que buena parte de la prensa occidental despacha con la palabra «terrorismo». Analista durante años para Israel/Palestina en el International Crisis Group, con sede en Ramala, hoy preside el consejo de Al-Shabaka, la red de análisis político palestino, y dirige la sección de libros de la Journal of Palestine Studies.
Publicó originalmente en 2018 una historia del movimiento construida a partir de entrevistas con sus dirigentes y de sus propios documentos internos, que describía la relación entre Hamás e Israel como un «equilibrio violento» sostenido durante dieciséis años hasta que estalló el 7 de octubre de 2023. Capitán Swing lo publicó en castellano en 2024 como Hamás: auge y pacificación de la resistencia palestina, con un nuevo prólogo escrito tras el atentado de Hamás el 7 de octubre y el inicio del genocidio en Gaza.
Hablamos con él del papel de España, el Reino Unido y la Unión Europea en la crisis actual, de las grietas que el genocidio ha abierto entre Israel y su principal patrón, y de la función estructural que, a su juicio, cumple Hamás dentro del proyecto colonial israelí. «Esto es una guerra israelí», dice sobre la escalada contra Irán, «no una guerra americana».
¿Si tuvieras que escribir hoy ese prólogo de 2024, lo cambiarías?
Nada, la verdad. Me preguntaba lo mismo hace un momento y me puso algo nervioso. Pero lo he releído hace poco y no cambiaría una palabra. En ese prólogo no ofrecía respuestas cerradas, dejaba las preguntas abiertas. Y las preguntas que tenía en 2024 son exactamente las que tengo hoy. Hay procesos históricos que todavía no han terminado de mostrar su forma final, y fingir lo contrario sería hacerle trampa al lector.
El Reino Unido diseñó hace un siglo el marco colonial para Palestina con funestas consecuencias que se han ido encadenando a lo largo tiempo, y hoy, sin embargo parece ser el gran ausente del debate internacional.
Que ojalá fuera solo ausencia: su participación es negativa. La semana pasada el Estado llevó a juicio a cuatro activistas de Palestine Action combinando cargos penales con cargos de terrorismo, algo que ni siquiera coincidía con lo que estaba juzgando el jurado. El Laborismo, que debería ser un partido de izquierdas, mantiene en Palestina una posición tan sionista como la de los conservadores, heredada de una historia que incluye el uso de la acusación de antisemitismo contra Jeremy Corbyn.
Hoy, defender a Palestina desde la izquierda británica se lee como recortar la libertad de expresión, perseguir el activismo y equiparar antisionismo con antisemitismo. Y la distancia con la sociedad no para de crecer: hay un apoyo popular fuerte, tradicionalmente más entre la gente mayor, y ahora una generación joven volcada tras el genocidio. Yo vivo en Londres. En las últimas elecciones, escaños históricos del Labour cayeron ante los Verdes, y Palestina fue una de las tres razones principales. En Alemania pasa lo mismo.
España aparece en el debate internacional como una de las pocas voces europeas dispuestas a romper el consenso atlantista. ¿Cómo se percibe desde fuera del país?
En términos muy favorables, en los dos niveles: hay un apoyo popular amplio a la causa palestina, pero también medidas prácticas de gobierno, restricciones a la venta de armas, posiciones activas en los foros de derecho internacional. España importa precisamente porque es un Estado miembro de la UE que toma postura dentro de un bloque que sigue siendo favorable a Israel. La movilización del Sur global, sobre todo a través del Grupo de La Haya, ha sido clave para frenar las políticas del Norte global que erosionan el derecho internacional, y que España actúe así desde dentro del Norte global la convierte en un actor decisivo. Países como España o Irlanda no protegen a los palestinos por amor: protegen una obligación jurídica que el resto de sus pares está incumpliendo, porque firmar la Convención del Genocidio implica el deber de prevenirlo.
¿Tiene la Unión Europea capacidad real de influir en el conflicto, o las divisiones internas la han vuelto irrelevante?
Tiene un potencial enorme y lo está desperdiciando. Hay acuerdos preferenciales con Israel, hay un proyecto conjunto de investigación, el Horizon, hay cooperación militar: todo eso da palancas reales para acabar con la impunidad. Pero las exportaciones de armas israelíes a Europa no han dejado de crecer, y alcanzaron su pico en 2024 porque son armas ya probadas en el campo de batalla, lo que las hace más rentables. Mientras un país como España se planta, los socios decisivos, Alemania, Francia, el Reino Unido, siguen alineados con Israel. Esa combinación convierte a la UE en un actor incapaz de sostener una política común sobre Palestina.
Tras la guerra entre Israel e Irán, ¿qué panorama regional queda para Hamás? ¿Se ha quedado sin patrones, como le pasó a la OLP cuando Arafat salió de Beirut en 1982?
Hamás siempre ha sido hábil jugando con distintos patrones regionales, incluso enfrentados entre sí, de Arabia Saudí a Siria o Egipto. Hoy pasan dos cosas a la vez. La infraestructura material, el apoyo financiero y militar iraní, y el acceso a Gaza a través de Siria y Líbano, se ha visto golpeada por la agresión regional israelí. Pero, al mismo tiempo, Irán ha salido de esta guerra como un actor estratégico más fuerte que hace un año: la ofensiva israelí-estadounidense ha demostrado a los países del Golfo que la inseguridad regional no la provoca Irán, sino la soberbia israelí. Militarmente, Hamás sigue presente en Gaza, controla parte del territorio, conserva sus armas, y su oficina política sigue en Catar con acceso directo a Teherán. No creo que sea una historia completamente negativa para ellos.
¿Y a Israel? ¿Cómo le afecta el inicio de acuerdo de paz entre Irán y Estados Unidos?
Creo que Irán ha sido el único actor verdaderamente estratégico del último año. El conflicto ha sido una derrota estratégica para Estados Unidos: una guerra irracional, sin interés propio, solo el de Israel, y ahora se negocian sobre cosas que ni estaban en la mesa al empezar, como el estrecho de Ormuz. Esta tregua es un golpe duro para la doctrina israelí de guerra permanente, por eso Israel ha intentado sabotearla atacando Líbano estos últimos días. Mi previsión es que seguirá usando el enriquecimiento de uranio como excusa para mantener a Irán como amenaza. Pero, mientras dure la tregua, va a concentrar su violencia en Líbano.
Hay conversaciones filtradas de Netanyahu donde reconoce que financiar indirectamente a Hamás le convenía. ¿Hasta qué punto su existencia es funcional al proyecto expansionista israelí?
Que Hamás todavía conserve capacidad militar no debería sorprender a quien estudie guerra de guerrillas: son armas baratas, muchas reconvertidas de armamento israelí, y ningún ejército convencional puede aniquilar del todo una guerrilla incrustada en su propia población sin cometer un genocidio. Dicho esto, sí, le beneficia: cualquier gobierno israelí necesita convertir la relación con Palestina en una cuestión de seguridad, y cualquier arma palestina refuerza ese lenguaje de terrorismo.
Esto tiene historia: Israel dio licencia a los Hermanos Musulmanes en Palestina porque los creía centrados en la islamización social, no en lo militar, y porque sabía que una corriente islamista debilitaría el nacionalismo secular de la OLP. Cuando se transformaron en Hamás y empezaron las operaciones militares, ese apoyo financiero se cortó, pero la lógica de fondo, dividir a los palestinos entre sí, se mantuvo: cada vez que Fatah y Hamás intentaron un gobierno de unidad, cualquier gobierno israelí trabajó para sabotearlo.
¿Calculó Hamás las consecuencias del 7 de octubre, o fue una apuesta a ciegas?
Es imposible saber qué imaginaba Hamás. Sí sé que partía de varias hipótesis, y algunas se han demostrado falsas: que un golpe contra el bloqueo devolvería Palestina a la agenda internacional, que forzaría a los países árabes a revisar los Acuerdos de Abraham, y que el pueblo palestino se levantaría en toda la Palestina histórica frente a la represalia israelí. Subestimó la fragmentación palestina: ni en el 1948 ni en Cisjordania hubo levantamiento; los países árabes tampoco se movieron, solo Irán y Hezbolá. El mayor error de cálculo fue pensar que la comunidad internacional pondría un límite a Israel. Pero el 7 de octubre también ha roto, creo que de forma irreversible, la idea de que el sionismo podía ofrecer un refugio seguro a los judíos en Palestina sin resolver la cuestión palestina, y nos ha devuelto al lenguaje de la Nakba y la colonización. No sé si esto es lo que Hamás imaginaba, pero es lo que ha conseguido.
¿Cómo ha afectado la destrucción de Gaza al respaldo social a Hamás?
Es de las preguntas más difíciles de responder, por el bloqueo informativo y la falta de acceso de la prensa extranjera. Pero hay un espectro amplio. Una parte de la población culpa a Hamás de no haber calculado bien y de no haber protegido a la gente de la respuesta israelí; para ese sector, han provocado una segunda Nakba, multiplicada. Otra parte sigue defendiendo la resistencia: Hamás no tenía alternativa, dicen, llevábamos dieciséis años bajo bloqueo, los países árabes normalizaban con Israel, el mundo se olvidaba de Gaza, y al menos esto sacudió a la comunidad internacional.
Lo más triste no es solo esa fragmentación, que ya existía antes; es que el genocidio ha hecho que los palestinos de Gaza se vean ahora como una categoría aparte dentro de la palestinidad, gente que dice que nadie ha entendido lo que es un genocidio si no estuvo en Gaza. Esa sensación de excepcionalidad ha hecho la fragmentación todavía más severa.
En Estados Unidos se habla cada vez más del rol de AIPAC -el lobby sionista–, pero también de los republicanos que repiten cómo el apoyo a la política genocida de Netanyahu es incompatible con el «America First» de Trump. ¿Se están rompiendo los vínculos entre Washington y Tel Aviv?
Sí, totalmente. Todo lo que Israel ha hecho desde el 7 de octubre ha terminado reforzando esa fractura, convirtiéndola en una paradoja real. Nunca ha sido militarmente tan fuerte, habiendo desmantelado la infraestructura de resistencia en toda la región, y a la vez nunca ha sido tan débil, porque ese sobre-esfuerzo ha dañado su relación con su principal patrón. El Partido Demócrata, sobre todo su generación joven, se ha alejado de Israel; que Kamala Harris perdiera, que Zohran Mamdani ganara en Nueva York, son señales de ese giro.
Y en el campo republicano, en el universo MAGA, ya hay fractura entre «America First» e «Israel First»: cuando Tucker Carlson o Marjorie Taylor Greene dicen que esto es un genocidio, que por qué Estados Unidos apoya a Israel, es una pregunta que cualquier político debería hacerse, pero que venga de la derecha republicana ha reconfigurado el sistema político americano. Esta guerra contra Irán es el ejemplo perfecto: es una guerra israelí, no una guerra americana, y eso empieza a verse.
Sobre el papel hay un alto el fuego y un plan de paz en Gaza. ¿Qué está pasando realmente sobre el terreno?
Que no hay ni alto el fuego ni plan de paz. El acuerdo se negoció como todos los anteriores desde 2007: por fases. La fase uno era el cese de hostilidades, la liberación de los rehenes por parte de Hamás, la entrada de ayuda humanitaria y la retirada israelí; solo después se negociarían la fase dos y la tres. Hamás sabía, como todo el mundo que ha seguido estas negociaciones, que la fase uno se quedaría congelada, pero pidió garantías a la Administración Trump, respaldadas por Catar y Egipto, de que, si liberaba a todos los rehenes, su mejor baza, Israel permitiría la ayuda y empezaría a retirarse. Esa garantía no se ha cumplido. En lugar de eso, ahora se habla solo del desarme de Hamás, una condición que ni siquiera estaba en la fase uno. Mientras se negocia ese imposible, Israel ha pasado de controlar el 53% de Gaza a un 60%, con la intención declarada de llegar al 70%; hay una política de disparar a quien cruce la línea amarilla, y se arma a bandas palestinas para generar caos. No estamos en un alto el fuego: estamos ante la continuación del genocidio por medios burocráticos.
El Gobierno español y otros gobiernos europeos siguen invocando la solución de dos Estados. ¿Le queda algún sentido?
Yo nunca he creído que fuera posible, y hoy menos. Ese lenguaje diplomático sirve, en la práctica, para mantener el statu quo: Israel sigue existiendo como Estado soberano y aplazamos indefinidamente la estatalidad palestina. Da igual si un gobierno cree o no en los dos Estados: lo único que debería estar haciendo ahora es parar el genocidio y exigir responsabilidades. Hablar de relanzar un proceso diplomático mientras quien dirige Israel está reclamado por la Corte Penal Internacional es aceptar que puede actuar con total impunidad y seguir teniendo acceso diplomático pleno. Cualquier solución, de uno, dos o tres Estados, solo puede empezar por ahí: parar el genocidio y rendir cuentas.
Ya hay rabinos sionistas hablando de Turquía como el próximo gran frente. ¿Qué papel le ves?
Israel es un proyecto colonial de asentamiento cuya razón de ser es expandirse y mantenerse como potencia militar hegemónica de la región: ningún vecino puede tener superioridad militar sobre Israel, ese ha sido el límite que Washington garantizaba en cualquier acuerdo bilateral. Irán cumple esa función de enemigo perfecto, islámico, con lenguaje nuclear de fondo. Si Irán deja de representar una amenaza, el candidato natural es Turquía, la otra potencia regional, y todo el repertorio retórico que usan contra Irán es perfectamente aplicable: país islámico, amenaza existencial. De momento Israel sigue fijado en Irán, que ha salido reforzado de esta guerra, así que no creo que el frente turco se active de inmediato. Pero desde Turquía la lectura también ha cambiado: durante años jugaron a ser enemigos sin serlo del todo, con buenas relaciones militares hasta este genocidio, y ese juego ya no es sostenible.
¿Cómo describirías hoy el respaldo de la sociedad israelí al gobierno de Netanyahu?
Hay que separar dos cosas. El apoyo a lo que ellos no llaman genocidio sino guerra en Gaza es casi unánime, más del 90%. Las grietas aparecen con Líbano e Irán: hay más oposición a la guerra en Líbano, mientras que la guerra contra Irán también goza de apoyo casi unánime. El desacuerdo es sobre las decisiones estratégicas de Netanyahu: desde la izquierda se le acusa de un error estratégico en Líbano, desde la derecha de no haber sido suficientemente contundente. Esta tregua con Irán le va a costar caro: se vendió la guerra como el fin del programa nuclear iraní, y el régimen iraní nunca ha sido tan fuerte como ahora. Israel no ha conseguido ninguno de sus objetivos estratégicos. Habrá que ver qué pasa en las elecciones, pero creo que esto se le va a echar en cara.
Fuente: https://www.lamarea.com/2026/06/20/tareq-baconi/
lunes, 22 de junio de 2026
Estados Unidos e Israel: quién maneja a quién
Recomiendo:
Estados Unidos e Israel: quién maneja a quién
Por Olga Rodríguez | 22/06/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: El Diario
Israel ha perdido el relato, sí, pero el desvío de atención hacia Irán y Líbano y el apoyo político y militar de Estados Unidos le permiten seguir ganando terreno en su proyecto colonial de anexión territorial y apartheid.
Las relaciones entre Washington y Tel Aviv son sólidas, estrechas y vienen de lejos. El apoyo político, diplomático, económico y militar que Estados Unidos aporta a Israel ha sido determinante desde hace décadas para que el Estado israelí pueda avanzar en su proyecto colonial de apartheid. Pero EEUU no lo ha entregado porque sí, sino porque ganaba con ello.
El fanfarroneo es una de las características de Donald Trump. Le gusta provocar. No oculta que quiere acceso a reservas de petróleo venezolano, construir un resort en Gaza, tomar el control del canal de Panamá, convertir Canadá en “el estado 51” de EEUU o apropiarse de Groenlandia. Pero es importante entender que también Trump esconde estrategias y disfraza objetivos cuando el precio a pagar por mostrarlos es demasiado alto. Y ese es el escenario actual en el que se encuentra, ante las consecuencias económicas —y en la opinión pública— de su guerra ilegal contra Irán.
Los intereses de EEUU
Por eso Trump y su equipo han endurecido su discurso hacia el Gobierno israelí. El aumento del precio del petróleo como consecuencia del cierre del estrecho de Ormuz y el rechazo mayoritario de la opinión pública estadounidense a la guerra contra Irán les obliga a escenificar enfados. Lo están haciendo con palabras y gestos, pero esto no se traduce, por el momento, en acciones que modifiquen su alianza preferencial con Tel Aviv. Es decir, no ha suspendido su protección política y diplomática a Israel ante los organismos internacionales ni ha congelado su ayuda militar, iniciada hace décadas.
Israel tiene unos diez millones de habitantes y un Producto Interior Bruto de 610.000 millones de dólares, mucho menor que el de Arabia Saudí. Estados Unidos es la primera potencia económica y militar del mundo, con un PIB de 30 billones de dólares. El Estado israelí no es más poderoso que Washington. Cuenta con grandes lobbies con capacidad de presión e influencia, pero eso no explica por sí solo el respaldo estadounidense. Israel suele coincidir con los intereses de EEUU en la región. Si dejara de ser así, la protección privilegiada de Washington a Tel Aviv podría llegar a su fin.
Oriente Próximo es una zona rica en gas y petróleo, clave como ruta de paso para transportar minerales críticos entre Asia y Europa y escenario de numerosas guerras por delegación, en las que potencias regionales e internacionales han combatido indirectamente por el control de recursos y áreas de influencia. Las potencias coloniales europeas primero, y Estados Unidos después, vieron en ella un filón para aumentar su poder y un tablero en el que frenar las posibilidades de expansión de sus adversarios.
La geopolítica
La continuidad territorial de Eurasia marca las decisiones geopolíticas de Washington. Si las naciones que componen Eurasia mantuvieran relaciones comerciales preferenciales, aprovechando la vecindad y esas condiciones geográficas, se convertirían en “el centro del poder mundial”. Así lo expuso hace más de un siglo el británico Halford Mackinder, a quien muchos consideran el padre de la geopolítica moderna.
Todo esto condiciona la toma de decisiones de EEUU desde hace décadas. Washington sigue trazando planes para reafirmar su control sobre recursos energéticos, rutas de transporte de materias primas y corredores comerciales, resistiéndose a asumir un escenario de multipolaridad.
No son las prioridades de Israel las que condicionan a Washington, sino al revés. Lo que ocurre es que los intereses coloniales israelíes suelen ser útiles para los objetivos estadounidenses, y viceversa. Si dejaran de serlo, las relaciones preferenciales entre Estados Unidos e Israel llegarían a su fin.
El ejemplo sudafricano
Así ocurrió con el régimen del apartheid de Sudáfrica, que actuó durante años como un aliado útil para los intereses estadounidenses en la región, combatiendo contra movimientos de liberación en países como Angola, donde Washington y Moscú libraban una guerra por delegación. La resistencia interna negra sudafricana y la campaña internacional por el boicot y las sanciones contra el régimen sudafricano fueron esenciales para minar su imagen ante la opinión pública y para debilitarlo económica y políticamente.
La derrota estratégica de Sudáfrica en Angola y la desintegración de la URSS cambiaron las prioridades de EEUU en la zona. Ya no necesitaba al régimen sudafricano, y lo dejó caer.
¿Es esa la situación actual de Washington ante Israel? De momento, no. La importancia geoestratégica de Palestina en Asia Occidental sigue presente en los planes europeos y estadounidenses. El proyecto de Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa —IMEC— es un ejemplo. Está diseñado para hacer uso del puerto israelí de Haifa como enlace entre India, el Golfo Pérsico y Europa, con el objetivo de aislar a Irán y contrarrestar la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China.
El respaldo a Israel
Israel nació como un Estado colonial dependiente del apoyo occidental. Al principio fue Francia el principal proveedor de armas a Israel, en la década de los cincuenta —cuando se asentaron las bases del reactor Dimona— mientras Washington se centraba en sus alianzas con Arabia Saudí, Irán y Egipto.
Pero con la intensificación de la Guerra Fría y ante el crecimiento del nacionalismo panárabe —que desestabilizaba el orden regional pro-occidental— EEUU incrementó su apoyo a Israel, consciente de su valor estratégico.
A principios de los sesenta, impulsó los primeros lazos formales de seguridad con el Estado israelí. También aumentó la cooperación encubierta entre Estados Unidos y Tel Aviv. El Mossad actuó como un brazo externalizado para las operaciones de inteligencia estadounidenses en el extranjero.
Ante la influencia de la URSS en Egipto, Siria e Irak, Estados Unidos comenzó a suministrar a Israel misiles, tanques y aviones. En los años sesenta y setenta Israel apoyó a las fuerzas prooccidentales en Yemen, Etiopía, Marruecos e incluso en Sudáfrica y otras partes del África subsahariana.
La relación preferencial
En 1967 Israel contó con el visto bueno de Estados Unidos para lanzar su ‘guerra preventiva’ contra Egipto, Siria y Jordania. Washington buscaba debilitar al Egipto de Nasser, aliado de la URSS. De ese modo el Estado israelí ocupó ilegalmente Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, los Altos del Golán sirios y el Sinaí egipcio. Todos ellos, excepto el Sinaí, siguen bajo ocupación israelí a día de hoy.
Aquella operación militar ilegal debilitó profundamente a los gobiernos nacionalistas árabes que buscaban operar al margen de los objetivos estadounidenses y europeos. También supuso la consolidación de la relación preferencial entre EEUU e Israel. Washington asumió que Tel Aviv era un aliado clave para lograr sus objetivos políticos y para frenar a Moscú en la región. Desde entonces la ayuda militar estadounidense a Israel fue creciendo y reforzándose, a cambio de seguir actuando como ejecutor de los intereses de la Casa Blanca.
El triunfo de la Revolución Islámica en Irán en 1979 —con la caída del sah— supuso para Washington la pérdida de un importante aliado regional, lo que aumentó aún más la importancia estratégica de Israel para EEUU. Y así, hasta hoy.
La mayor ayuda militar fija
La mayor ayuda militar fija que Estados Unidos entrega a un país es la que otorga a Israel: 3.800 millones de dólares anuales. La segunda es la que envía a Egipto, país que comparte frontera con Gaza, Israel, Sudán y Libia.
La mayor parte de la ayuda de EEUU a Israel se transfiere sin restricciones, directamente depositada en el tesoro israelí, a modo de subvención, no como préstamo. Esto permite a Tel Aviv desarrollar su industria armamentística nacional sin tener que proporcionar información detallada sobre su uso.
Además de esas transferencias directas, Estados Unidos ofrece un tratamiento fiscal favorable para las donaciones privadas a Israel, ofrece garantías de préstamos y garantiza el suministro de petróleo en caso de crisis. A ello se suma la protección diplomática, con decenas de vetos a resoluciones críticas con Israel en Naciones Unidas.
Las tensiones
Eso no significa que no haya tensiones. Washington busca equilibrios entre sus alianzas con Tel Aviv y sus pactos con los países productores de petróleo árabes. Si las ambiciones expansionistas de Israel perjudican a sus intereses, EEUU tiene capacidad para pararle los pies. Así ocurrió en 1956, durante la crisis de Suez, cuando obligó a Israel a retirarse de Gaza y del Sinaí egipcio. En los años sesenta el presidente John F. Kennedy se opuso al programa nuclear israelí y exigió inspecciones del reactor Dimona, construido por Francia.
También en 1973, con el embargo de petróleo desencadenado por la guerra del Yom Kippur, Estados Unidos presionó a Israel para que aceptara acuerdos de alto el fuego y se retirara de Egipto.
En 1981 EEUU criticó a Tel Aviv cuando destruyó el reactor de Osirak en Irak y en 1982 presionó al Gobierno israelí ante sus ataques contra Líbano y su papel en las masacres de Sabra y Shatila. Tras esas matanzas, Ronald Reagan llegó a amenazar con cortar el grifo de su ayuda militar a Israel, pero no lo hizo. El respaldo se mantuvo.
Otro de los episodios de mayor tensión entre ambos países fue el caso de espionaje de Jonathan Pollard, un analista de inteligencia de EEUU que entregó material clasificado a Israel. Aquel escándalo estalló en 1985 y fue un foco de tensión durante años, pero tampoco modificó las relaciones preferenciales. Un año después, en 1986, Joe Biden afirmó en el Senado que “si no existiera Israel, EEUU tendría que inventarlo para proteger sus intereses en la región”.
En 2015 Netanyahu llegó a intervenir ante el Congreso estadounidense sin el consentimiento de la Casa Blanca, algo extraordinario. Lo hizo para criticar con dureza el acuerdo nuclear con Irán impulsado por Obama en contra de la voluntad de Tel Aviv. Aún así, la integración entre Washington y Tel Aviv en todos los ámbitos de seguridad siguió afianzándose.
La guerra contra Irán
La guerra contra Irán iniciada el pasado marzo no fue solamente un capricho israelí. Netanyahu buscaba debilitar al Gobierno de Teherán y al propio Estado iraní, pero EEUU nunca habría impulsado esa guerra ilegal si no hubiera visto en ella una oportunidad para afianzar sus intereses en la región. Su problema es que no ha ganado esta guerra, ni en cuatro ni en seis semanas, tal y como Trump pretendía. El presidente estadounidense subestimó los riesgos y ahora se ve obligado a buscar unos acuerdos para paliar la subida del precio del combustible y para tranquilizar a su base de votantes, entre los que hay un importante sector contrario a la guerra. Por eso muestra enfado con el Gobierno israelí.
Israel, por su parte, seguirá violando el alto el fuego en Gaza y Líbano, como ha hecho hasta ahora, a no ser que EEUU modifique sustancialmente su política hacia Tel Aviv. Por ello, analizar las consecuencias de la guerra de Irán requiere poner el foco también en Palestina. La guerra de Trump y de Netanyahu contra Teherán ha logrado desviar la atención del genocidio israelí, y el plan de EEUU para Gaza –un proyecto colonial– ha servido a los aliados europeos de excusa para apaciguar conciencias y rebajar exigencias a Israel, mientras el Ejército israelí sigue matando a palestinos y oprimiendo a la población de la Franja.
Las imágenes que muestran la envergadura de los crímenes masivos y la creciente difusión de información sobre la historia de Palestina han contribuido a modificar la percepción del Estado israelí en el mundo. Israel ha perdido el relato, sí, pero el apoyo de Estados Unidos, Reino Unido y la UE le permiten seguir ganando terreno, con más anexión ilegal de territorio. Por eso conviene fijarse en los hechos, y no solo en las escenificaciones políticas. No habrá posibilidad de paz y estabilidad duraderas en la región si Palestina vuelve a quedar relegada al olvido.
Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/estados-unidos-e-israel-maneja_129_13320697.html
domingo, 21 de junio de 2026
Vance destaca el alto nivel de apoyo a Putin en Rusia y la precariedad militar de EEUU
Mundo
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Ajedrez de Geopolítica
Movimientos inesperados, movimientos que esconden otros, o que distraen. Hay peones, hay caballos, hay alfiles, torres, reina y rey. Todos juegan, todos tienen su rol. En Radio Sputnik, ‘Ajedrez de geopolítica’. Donde conocemos todo lo que se juega y todo lo que se decide. Conduce Javier Benítez.
Vance destaca el alto nivel de apoyo a Putin en Rusia y la precariedad militar de EEUU
Sputnik
El vicepresidente de EEUU, JD Vance, destacó el alto nivel de apoyo que tiene el presidente de Rusia, Vladímir Putin, entre los rusos. Lo explica en su nuevo libro 'Comunión: Encontrando mi camino de regreso a la fe', donde apunta que los partidarios más fervientes de Ucrania admiten ahora la limitada capacidad de EEUU para proporcionarle ayuda.
Verdades incómodas
"Todos los esfuerzos independientes y objetivos por medir la popularidad de Putin habían encontrado altos niveles de apoyo entre los ciudadanos rusos de a pie", escribió Vance en su libro Comunión: Encontrando mi camino de regreso a la fe, que ya salió a la venta en EEUU.
Vance detalla que en su participación en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2024, se reunió con un "disidente ruso", cuyo nombre no especificó. Vance, quien entonces era senador, agregó que en esa reunión "aprendió más sobre la psicología del Estado ruso que en semanas leyendo la cobertura estadounidense".
Vance relató que, en una de las reuniones de la conferencia, mencionó la popularidad de Putin y fue reprendido de inmediato. Al respecto, enfatizó: "Múnich se había convertido en un lugar donde la gente recurría a mentiras reconfortantes en lugar de aceptar verdades incómodas. Esto resultaba psicológicamente satisfactorio, pero dificultaba la toma de decisiones acertadas".
Para el economista Guillermo Rocafort esta valoración de Vance "es bastante acertada, porque la verdad es que es una realidad".
"El índice de aprobación del pueblo ruso con respecto a su máximo dirigente está avalado por más de dos décadas de recuperación económica, pero sobre todo de potencia geoestratégica. Es reconfortante ver en qué términos determinados dirigentes occidentales comprenden, como bien ha dicho [Vance], la realidad y sobre todo las mentiras que existen entre parte de la dirección occidental con respecto a Putin. Por lo tanto, me parece una valoración, cuando menos, acertada y mide sobre todo las mentiras que hay sobre todo en la Unión Europea al respecto y sobre todo la censura, porque como bien ha dicho Vance, cuando él manifestó eso, en seguida le reprendieron", observa Rocafort.
En otro pasaje de su obra, en el que también alude a aquella conferencia de Múnich, Vance describe que conversó con un importante líder parlamentario ucraniano, quien deseaba con desesperación que "EEUU hiciera un milagro y le diera a Ucrania lo que necesitaba".
Entonces, el actual vicepresidente de EEUU preguntó cuántos proyectiles de artillería y misiles interceptores se estaban considerando. "Y cuando respondió, le dije [con toda sinceridad] que incluso si le diéramos todo lo que teníamos, no sería suficiente. Mis colegas que querían decir que sí, a pesar de las limitaciones de nuestro país, estaban mal informados. Incluso fueron ingenuos", sentenció Vance.
En ese mismo evento, Vance detalló que la actitud de los líderes de su país respecto al conflicto ucraniano fue la siguiente: "Admitir que EEUU tenía limitaciones para ayudar a Ucrania –como incluso el más ferviente defensor de Ucrania lo reconoce hoy en día–, admitir que EEUU no pudo reducir por sí solo la brecha entre el poderío militar de Ucrania y el de Rusia, admitir que nuestro propio país no podía intervenir unilateralmente en ningún conflicto de su elección, sería admitir que el trabajo de toda su vida había sido un fracaso". Incidió en que creía que "EEUU tenía muchas más limitaciones de recursos de lo que mis colegas del Senado estaban dispuestos a reconocer".
"La verdad es que ya lo vimos en su momento con la salida de EEUU de Afganistán, que fue prácticamente una huida que además provocó un importante daño moral a la sociedad estadounidense. Creo que en el establishment de EEUU hay una parte sustancial de su oligarquía, de su plutocracia, que sigue viviendo en esa época dorada para ellos del mundo unipolar donde EEUU era el gendarme y podía practicar la injerencia en cualquier lugar del mundo", concluye Rocafort.
"Será aún más fuerte": Trump amenaza a Irán con nuevos ataques en plena negociación de paz
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"Será aún más fuerte": Trump amenaza a Irán con nuevos ataques en plena negociación de paz
El mandatario estadounidense, Donald Trump, exigió que Teherán "detenga de inmediato" a los grupos proiraníes en el Líbano, a los que responsabilizó de "crear problemas" en la región. Agregó que, de lo contrario, Estados Unidos lanzará nuevos ataques contra Irán.
"Volveremos a lanzar un ataque muycontundente contra Irán, como hicimos la semana pasada, pero esta vez será aún más fuerte!!!", concluyó Trump en su mensaje en la red social Truth Social dirigido a la República Islámica.
Anteriormente, el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, al frente de la delegación de negociación de EEUU que participa actualmente en conversaciones de alto nivel en Suiza, aseguró que el diálogo con Irán ha mostrado avances significativos y no descartó nuevos progresos en las próximas horas. Además, destacó que Washington tiene la intención de seguir buscando la paz en el Líbano.
"La paz nunca es fácil, la paz siempre requiere esfuerzo, siempre requiere concesiones y compromisos", indicó Vance.
Este 21 de julio se llevarán a cabo en Suiza las negociaciones técnicas entre Irán y EEUU con la participación de los países mediadores, Pakistán y Catar. Se prevé que transcurran en formato cerrado.
El 17 de junio, los presidentes de EEUU e Irán, Donald Trump y Masud Pezeshkián, firmaron por separado un memorando de entendimiento que pone fin a más de tres meses de hostilidades entre sus países y abre la vía para negociar un acuerdo definitivo. Uno de los puntos del documento contempla un cese inmediato de las hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano.
sábado, 20 de junio de 2026
Palestina en el centro del mundo: la normalización del genocidio y la criminalización de la solidaridad
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Palestina en el centro del mundo: la normalización del genocidio y la criminalización de la solidaridad
Por Jaldía Abubakra | 20/06/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Alkarama
Mientras los titulares internacionales se desplazan de una crisis a otra y las agendas políticas occidentales intentan imponer nuevos focos de atención, Palestina sigue ocupando un lugar central para comprender el mundo en que vivimos. No se trata únicamente de una cuestión regional ni de un conflicto prolongado. Palestina se ha convertido en el espejo donde se reflejan las contradicciones más profundas del sistema internacional contemporáneo: la impunidad de las potencias, la instrumentalización del derecho internacional, la manipulación mediática, la criminalización de la disidencia y la resistencia persistente de un pueblo que se niega a desaparecer.
Más de siete décadas después de la Nakba, el pueblo palestino continúa enfrentándose a un proyecto colonial que no ha dejado de evolucionar en sus métodos, pero que mantiene intacto su objetivo fundamental: la expulsión, el sometimiento y la fragmentación de Palestina y de su pueblo. Lo que estamos presenciando hoy en Gaza constituye la expresión más brutal y descarnada de ese proyecto.
La destrucción sistemática de ciudades enteras, el bombardeo de hospitales, escuelas, universidades, campos de refugiados e infraestructuras civiles, el uso del hambre como arma de guerra, el bloqueo de la ayuda humanitaria y el castigo colectivo contra más de dos millones de personas han dejado al descubierto una realidad que durante décadas muchos intentaron ocultar: la cuestión palestina no es un conflicto entre dos partes iguales, sino una lucha anticolonial frente a un régimen de ocupación, apartheid y limpieza étnica sostenido por las principales potencias occidentales.
Sin embargo, tan grave como el propio genocidio es el proceso de normalización que lo acompaña.
La normalización de lo intolerable
Uno de los fenómenos más inquietantes de nuestro tiempo es la capacidad de los grandes centros de poder para convertir el horror en rutina. Gaza aparece en las noticias durante algunos días, ocupa espacios destacados cuando la magnitud de la masacre resulta imposible de ocultar y, poco después, desaparece de las portadas para ser sustituida por nuevas crisis internacionales.
Mientras tanto, las bombas continúan cayendo, las familias siguen siendo desplazadas, la población permanece sometida al hambre y los asesinatos prosiguen lejos de los focos mediáticos.
La normalización del genocidio no consiste únicamente en ignorarlo. También implica modificar el lenguaje con el que se describe. Se habla de “conflicto”, de “escalada”, de “enfrentamientos”, de “crisis humanitaria”, como si la destrucción de Gaza fuera una catástrofe natural o una tragedia inevitable sin responsables políticos identificables.
Las palabras importan. Cuando desaparecen los responsables, desaparece también la rendición de cuentas.
La hambruna que sufre Gaza no es consecuencia de una sequía ni de una catástrofe climática. Es el resultado de decisiones políticas deliberadas. La falta de medicamentos no es un accidente. El bloqueo de alimentos no es un problema logístico. La destrucción del sistema sanitario no es un daño colateral. Todo forma parte de una estrategia destinada a hacer imposible la vida palestina.
La misma lógica se reproduce en Cisjordania, donde las incursiones militares, los asesinatos, las detenciones masivas, la expansión colonial y la violencia de los colonos continúan intensificándose. Del mismo modo, la población palestina de los territorios ocupados en 1948 sigue enfrentándose a un sistema institucionalizado de discriminación que busca consolidar privilegios étnicos y nacionales a costa de los derechos de la población indígena palestina.
Cuando hablamos de Palestina, hablamos de una sola realidad que se extiende desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo y que afecta igualmente a quienes viven bajo asedio en Gaza, bajo ocupación militar en Cisjordania, bajo discriminación dentro de los territorios ocupados en 1948 o en el exilio forzado de los campos de refugiados y la diáspora.
El fracaso del llamado orden internacional
La situación palestina ha puesto en evidencia la profunda crisis de legitimidad de las instituciones internacionales.
Durante décadas se ha presentado el llamado “orden internacional basado en reglas” como una garantía para la protección de los derechos humanos y la resolución pacífica de los conflictos. Sin embargo, Palestina demuestra que esas reglas se aplican de forma selectiva y subordinada a los intereses geopolíticos de las grandes potencias.
Las resoluciones de Naciones Unidas permanecen incumplidas. Los dictámenes de los organismos internacionales son ignorados. Las investigaciones sobre crímenes de guerra avanzan lentamente mientras continúan las masacres. Los gobiernos occidentales que afirman defender los derechos humanos mantienen relaciones militares, económicas y diplomáticas privilegiadas con Israel.
La impunidad no es una consecuencia accidental del sistema internacional; es una de sus características fundamentales cuando los intereses estratégicos de las grandes potencias están en juego.
Por ello, Palestina se ha convertido también en un punto de referencia para millones de personas que observan cómo los principios invocados por las potencias occidentales se derrumban cuando se trata de proteger a un pueblo colonizado.
Los medios de comunicación y la batalla por la verdad
La lucha por Palestina es también una lucha por el relato
Desde hace décadas, gran parte de los grandes medios internacionales han contribuido a despolitizar la realidad palestina. La ocupación desaparece del relato. El colonialismo se vuelve invisible. La resistencia se criminaliza. Las víctimas palestinas son reducidas a números mientras que los responsables políticos y militares de los crímenes permanecen difuminados.
Al mismo tiempo, periodistas palestinos continúan documentando la realidad sobre el terreno a pesar de los enormes riesgos que enfrentan. Nunca antes habían sido asesinados tantos profesionales de la información en tan poco tiempo como durante la actual ofensiva contra Gaza.
No se trata únicamente de eliminar testigos. Se trata de controlar el relato.
Por eso las redes sociales, los medios alternativos, las plataformas independientes y las iniciativas populares de comunicación han adquirido una importancia estratégica. Son herramientas fundamentales para romper el bloqueo informativo y para garantizar que la voz palestina siga llegando al mundo.
La solidaridad internacional bajo ataque
La creciente solidaridad internacional con Palestina constituye uno de los fenómenos políticos más significativos de los últimos años.
Millones de personas han participado en manifestaciones, campañas de boicot, acciones sindicales, iniciativas culturales, movilizaciones estudiantiles, redes feministas y proyectos humanitarios que desafían el aislamiento impuesto al pueblo palestino.
Las acampadas universitarias, las campañas de boicot, desinversión y sanciones, las flotillas de solidaridad, las iniciativas jurídicas y las movilizaciones populares han demostrado que la sociedad civil internacional está dispuesta a asumir un papel que muchos gobiernos han abandonado.
Precisamente por ello, la solidaridad se ha convertido en objeto de una ofensiva represiva cada vez más intensa.
Activistas son perseguidos judicialmente. Organizaciones son criminalizadas. Cuentas en redes sociales son censuradas. Periodistas son acosados. Conferencias son canceladas. Universidades son presionadas. Defensores de los derechos del pueblo palestino son objeto de campañas de difamación destinadas a silenciarlos.
La criminalización de la solidaridad no es una anomalía democrática. Es la consecuencia lógica de un sistema que necesita proteger la impunidad israelí.
Porque quienes intentan romper el cerco informativo y político representan una amenaza para el relato dominante.
Palestina sigue marcando el horizonte
A pesar de la destrucción, el hambre, el desplazamiento y la represión, Palestina continúa resistiendo.
La resistencia palestina no se expresa únicamente en el terreno militar. También se manifiesta en la capacidad de las familias para permanecer en su tierra, en el trabajo de los periodistas que documentan la verdad, en la lucha de las prisioneras y los prisioneros, en la organización popular de los campos de refugiados, en la defensa de la memoria histórica y en la solidaridad internacional que se niega a guardar silencio.
Palestina ha sobrevivido a décadas de ocupación, guerras, masacres y exilio porque representa algo más que una reivindicación nacional. Representa la lucha universal de los pueblos contra el colonialismo, el racismo, la dominación y la injusticia.
Por eso sigue ocupando el centro político y moral de nuestra época.
Defender Palestina hoy significa rechazar la normalización del genocidio. Significa denunciar la complicidad de quienes lo permiten. Significa defender el derecho de los pueblos a resistir la opresión y exigir que los responsables de los crímenes rindan cuentas.
Pero también significa defender una idea fundamental: que ningún poder, por grande que sea, puede borrar la historia, la identidad y la voluntad de un pueblo decidido a ser libre.
Mientras continúe la lucha del pueblo palestino, seguirá existiendo una referencia para todos aquellos pueblos que se enfrentan a la ocupación, al colonialismo y a la injusticia en cualquier parte del mundo.
Palestina no es una cuestión del pasado. Es una cuestión del presente y, probablemente, una de las claves que determinarán el futuro político y moral de nuestro tiempo.
Fuente: https://alkarama.eu/palestina-en-el-centro-del-mundo-la-normalizacion-del-genocidio-y-la-criminalizacion-de-la-solidaridad/
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