CRISTIANOS DEL NUEVO SIGLO
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viernes, 15 de mayo de 2026
El Golfo después de Ormuz
Recomiendo:
El Golfo después de Ormuz
Por Alejandro Marcó del Pont | 15/05/2026 | Economía
Fuentes: El tábano economista
La guerra no crea desde cero la reorientación del capital del Golfo, la acelera (El Tábano Economista)
La guerra de EE.UU./ Israel con Irán no solo alteró el equilibrio militar de Medio Oriente. También abrió una crisis más profunda, la del modelo de poder sobre el que los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) construyeron su ascenso durante las últimas décadas. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait, Bahréin y Omán habían logrado combinar tres activos decisivos: seguridad provista en gran medida por EE.UU., centralidad logística en los flujos de energía (exportaciones y corredores para distribuirlas) y una extraordinaria capacidad de inversión global a través de sus fondos soberanos. Esta guerra ha puesto en jaque las tres cosas al mismo tiempo.
El debate público suele concentrarse en lo más visible: misiles, drones, refinerías golpeadas, el cierre del Estrecho de Ormuz y la escalada entre Washington y Teherán. Pero el verdadero cambio geopolítico es más estructural. La reconfiguración del CCG depende hoy de su capacidad para resolver tres vulnerabilidades simultáneas: la ausencia de una defensa regional realmente integrada; la construcción de corredores alternativos a los grandes cuellos de botella marítimos, con la incógnita estratégica de si China será incluida en su diseño y la preservación de su potencia financiera externa, en particular los flujos de sus fondos soberanos hacia Estados Unidos, en un contexto de guerra, caída de ingresos y necesidad de reorientar capital hacia prioridades domésticas.
La guerra acelera esa discusión porque golpea a la vez la seguridad, la energía, el turismo, la logística y la capacidad del Golfo para seguir exportando capital. Rebecca Patterson lo formuló con agudeza en un artículo reciente para el Council on Foreign Relations: “existe un riesgo mucho menos atendido para Estados Unidos que el precio del petróleo o la interrupción de materias primas críticas. Ese riesgo es la reducción del suministro de dólares procedentes del Golfo, especialmente hacia empresas tecnológicas estadounidenses necesitadas de financiamiento, proyectos de inteligencia artificial y sus intermediarios financieros”. No es un detalle marginal. Es uno de los nervios menos discutidos del nuevo equilibrio regional.
El primer problema del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) es militar, aunque en realidad sea político. Los seis países del Golfo llevan años hablando de coordinación defensiva, de interoperabilidad, de sistemas de alerta temprana y de una arquitectura común frente a misiles y drones. Existen acuerdos, ejercicios conjuntos, grupos de trabajo y hasta una retórica recurrente de “seguridad indivisible”. Sin embargo, la guerra demostró que esa integración era más formal que efectiva.
La principal barrera no es tecnológica. Es política. Los Estados del Golfo no comparten una misma lectura estratégica del mundo. Emiratos y Bahréin profundizaron vínculos con Israel; Catar conserva una asociación estrecha con Turquía; Omán protege su rol de mediador y mantiene canales con Irán; Arabia Saudita alterna entre la contención, la negociación y la búsqueda de autonomía. Son países aliados en el papel, pero no idénticos en sus prioridades, ni en sus amenazas percibidas, ni en sus márgenes de maniobra.
Durante años, Washington ayudó a administrar esa fragmentación sin resolverla. Vendió sistemas antimisiles, radares, aviones y baterías de defensa a sus socios del Golfo. Impulsó ejercicios conjuntos. Promovió la interoperabilidad entre las fuerzas locales y el dispositivo militar estadounidense. En mayo de 2024, luego del ataque iraní contra Israel, un funcionario del Pentágono presentó ese episodio como una prueba del valor de la defensa aérea y antimisiles integrada, y sostuvo que había dado nueva urgencia a la cooperación regional.
El problema es que interoperabilidad con Estados Unidos no equivale a integración defensiva entre los países del CCG. Washington construyó una arquitectura de vínculos bilaterales —cada monarquía conectada a la potencia protectora— más que una verdadera defensa colectiva intra-Golfo. Ese modelo fue rentable para la industria militar estadounidense y funcional para preservar la centralidad de Washington como proveedor indispensable. Pero dejó pendiente lo esencial: que los propios países del CCG puedan compartir información, asignar recursos, coordinar respuestas y protegerse como bloque, no solo como clientes de un paraguas externo.
La guerra con Irán exhibió el costo de esa diferencia. Los ataques no distinguieron demasiado entre los grados de alineamiento de cada capital. Los puertos, las instalaciones energéticas, los aeropuertos y las infraestructuras críticas del Golfo se convirtieron en parte del teatro de operaciones. Reuters recogió la inquietud de fuentes regionales que expresaban una paradoja brutal: Estados Unidos encendió la guerra, pero los países árabes del Golfo son quienes absorben una parte sustantiva del daño económico y estratégico.
La pregunta, entonces, ya no es si el CCG necesita más defensa. Eso es evidente. La pregunta es qué tipo de defensa quiere construir. Si la respuesta es comprar más sistemas nacionales, el resultado será una versión más cara de la vulnerabilidad actual. Si la respuesta es una verdadera arquitectura regional —alerta temprana compartida, defensa aérea coordinada, mando conjunto y producción local de ciertos insumos críticos—, entonces el CCG podría transformar la crisis en una oportunidad de autonomía estratégica.
Pero esa alternativa exige algo que hasta ahora no ha ocurrido: que las monarquías del Golfo acepten que la soberanía no se preserva aislándose, sino integrando capacidades. Ese es el primer dilema de la reconfiguración regional.
El segundo eje es logístico y geoeconómico. El cierre del Estrecho de Ormuz no fue simplemente una disrupción del comercio energético. Fue la demostración de que el principal cuello de botella del Golfo puede ser convertido en instrumento de coerción estratégica.
Antes de la guerra, Ormuz era una amenaza permanente pero muchas veces tratada como improbable en sus consecuencias extremas. Incluso cuando se admitía el riesgo, buena parte del análisis económico occidental lo colocaba en la categoría de escenario de tensión parcial, no de interrupción masiva y sostenida. La dimensión del golpe explica por qué Ormuz dejó de ser un simple paso marítimo. En 2025, cerca de 15 millones de barriles diarios de crudo atravesaron el estrecho, aproximadamente un tercio del comercio mundial de petróleo. Además, una porción decisiva del GNL global depende de esa ruta, en particular el gas de Catar.
La crisis mostró que existen vías de alivio, pero no soluciones completas. Arabia Saudita pudo aumentar los despachos por el oleoducto este-oeste hacia Yanbu, en el Mar Rojo. Emiratos utilizó la ruta Habshan-Fujairah para sacar parte de su crudo evitando el estrecho. Estas infraestructuras permitieron mitigar la pérdida de exportaciones y elevar el tráfico de buques tanque en puertos sauditas del Mar Rojo de manera marginal.
Pero conviene no exagerar su alcance. Los bypass energéticos no cubren a todos por igual. Kuwait, Catar e Irak tienen restricciones mucho mayores. Las alternativas sirven sobre todo para petróleo, no necesariamente para gas natural licuado. Y ninguna tubería resuelve por sí sola la vulnerabilidad de importaciones esenciales, cadenas alimentarias, bienes industriales, fertilizantes o flujos comerciales generales. Por eso el corredor deja de ser “infraestructura” y pasa a ser estrategia nacional y regional.
La nueva pregunta del Golfo es cómo construir rutas que permitan sobrevivir a un Ormuz intermitente, condicionado o políticamente disputado. Esa discusión incluye oleoductos, puertos, ferrocarriles, depósitos estratégicos, redes digitales, cables submarinos y plataformas logísticas. El CCG ya había aprobado avances en la conexión ferroviaria regional, pero la guerra le da un significado distinto, ya no se trata únicamente de diversificar comercio, sino de reducir vulnerabilidades existenciales.
Sin embargo, el verdadero debate no es técnico. Es político: ¿puede el CCG diseñar corredores alternativos sin China? La respuesta realista es que probablemente no quiera hacerlo. China no es un actor externo menor para el Golfo. Es comprador clave de energía, socio comercial fundamental y proveedor de financiamiento e infraestructura. En mayo de 2025, la declaración conjunta ASEAN–China–CCG incluyó de manera explícita la promoción de cooperación de alta calidad bajo la Ruta de la Seda y el desarrollo de corredores logísticos y plataformas digitales.
Ese dato altera todo el cuadro. Si el corredor del Medio Oriente-India-Europa (IMEC) fue pensado en Washington/Israel como parte de una geoeconomía que contuviera el avance de la Ruta de la Seda china, los países del Golfo parecen menos interesados en elegir entre una arquitectura u otra que en superponerlas. Quieren corredores occidentales, sí, pero también desean conservar acceso a capital, demanda e infraestructura china. Esa ambivalencia enfurece a Estados Unidos porque reduce el valor estratégico de sus proyectos de conectividad: un corredor que debía anclar al Golfo a Occidente puede convertirse, en manos del CCG, en una plataforma de multipolaridad.
Si China participa de manera decisiva en el diseño de los corredores del Golfo, Estados Unidos pierde exclusividad. Si queda afuera, el CCG reduce su margen de maniobra frente a su principal socio comercial asiático. Ninguna de las dos opciones es neutra. La guerra con Irán vuelve más urgente esa decisión porque demuestra que la infraestructura es, en realidad, política condensada. Ormuz no era simplemente un estrecho. Era una promesa de continuidad. Esa promesa se rompió.
El tercer eje es el más subestimado y, quizá, el más importante para Estados Unidos. Durante décadas se habló del “reciclaje de petrodólares”. Los países exportadores de energía acumulaban excedentes y una parte sustantiva regresaba a los mercados occidentales en forma de depósitos, bonos, acciones e inversiones de cartera. Esa lógica no desapareció, pero cambió radicalmente de escala y sofisticación.
Los fondos soberanos del Golfo se transformaron en instrumentos de política industrial, diplomacia económica y poder estratégico. Según estimaciones citadas por CFR, la región administra entre 4 y 7 billones de dólares en activos soberanos. EE.UU. captó 132.000 millones de dólares en 2025, el 48% del total, impulsado en gran medida por inversiones en infraestructura digital, centros de datos y empresas de inteligencia artificial. Este dato es central: el capital del Golfo ya no es solo un colchón financiero para las monarquías. Es parte del metabolismo del capitalismo estadounidense, especialmente de sus sectores más ambiciosos y costosos.
Si la guerra persiste, los países del CCG necesitarán más recursos para defensa, reparación de infraestructura, estabilización fiscal y sostenimiento interno. Eso puede reducir o postergar la colocación de capital en el exterior. Reuters informó en marzo que tres Estados del Golfo comenzaron a revisar cómo desplegar sus fondos soberanos, incluyendo posibles reversiones de compromisos, desinversiones y revaluación de patrocinios globales.
No estamos ante un viraje improvisado. La retracción internacional ya había comenzado antes de la guerra. En abril de 2026, el gobernador del Public Investment Fund saudí afirmó que el fondo buscará destinar el 80% de sus inversiones a la economía local y reducir la proporción internacional al 20%, desde picos cercanos al 30%. El giro responde tanto a la presión de los déficits y la menor renta petrolera como a la urgencia renovada que impone la guerra. Dicho de otra manera: la guerra no crea desde cero la reorientación del capital del Golfo, la acelera.
Por eso la relación Washington–CCG atraviesa una contradicción profunda. Estados Unidos quiere que los países del Golfo sigan siendo socios estratégicos, compren armamento estadounidense, financien sectores prioritarios de su economía y respalden corredores favorables a Occidente. Pero la misma guerra que Washington ayudó a desencadenar erosiona la capacidad del Golfo para cumplir todos esos roles a la vez. Si el conflicto se prolonga, el CCG tendrá que priorizar. Y es razonable suponer que priorizará su estabilidad doméstica antes que la comodidad financiera de Silicon Valley.
La gran enseñanza de esta guerra es que el Golfo ya no puede ser entendido como una región pasiva, rica y dependiente, cuya función es exportar energía, comprar armas y reciclar excedentes. Está emergiendo como un actor que debe administrar simultáneamente seguridad, conectividad y capital.
Si el CCG consigue construir una defensa regional efectiva, reducirá su dependencia del paraguas estadounidense. Si logra desarrollar corredores alternativos con suficiente autonomía, limitará el poder de coerción de Ormuz y ganará margen frente a Irán. Si preserva sus fondos soberanos sin quedar atrapado entre la guerra y las urgencias domésticas, mantendrá su influencia global. Pero si fracasa en alguno de esos frentes, su posición se debilitará.
Estados Unidos también enfrenta una decisión. Puede seguir tratando al Golfo como una extensión de su arquitectura de seguridad, asumiendo que las monarquías absorberán los costos de una estrategia regional diseñada en Washington. O puede aceptar que el CCG está entrando en una etapa más autónoma, más transaccional y menos disciplinada por la lógica occidental.
Esa autonomía incluirá conversaciones con China, incluso en corredores estratégicos. Incluirá una mayor cautela en la exportación de capital. Incluirá exigencias de seguridad más concretas a cambio de cooperación. Y probablemente también incluya una revisión crítica del viejo intercambio tácito: protección estadounidense a cambio de energía estable, inversiones y alineamiento geopolítico.
El futuro del Golfo no se decidirá únicamente en los campos de batalla ni en la mesa de negociación entre Washington y Teherán. También se decidirá en los centros de datos que buscan financiamiento, en los puertos que conectan Asia y Europa, en los oleoductos que esquivan Ormuz, en las reuniones discretas de los fondos soberanos y en la capacidad —todavía pendiente— de seis Estados ricos de convertirse en una verdadera comunidad estratégica.
Ahí se juega la reconfiguración de Medio Oriente. Y también una parte no menor del poder estadounidense en el siglo XXI.
Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2026/05/14/el-golfo-despues-de-ormuz/
jueves, 14 de mayo de 2026
Detrás de la visita de Trump a China
Detrás de la visita de Trump a China
Por Pedro Barragán | 14/05/2026 | Mundo
Fuentes: Rebelión
La visita de Donald Trump a China no es una parada diplomática más y muestra, más bien, que Estados Unidos empieza a asumir que ya no gobierna el mundo como antes. Un reconocimiento implícito de que el mundo ha cambiado y de que Norteamérica ya no ocupa la posición indiscutida que ha mantenido durante décadas. Pero ese reconocimiento está conviviendo, de forma contradictoria, con una política exterior norteamericana agresiva que deja ver que dentro del propio país hay dudas sobre qué rumbo tomar o, lo que es lo mismo, diferentes intereses capitalistas en juego.
El sistema internacional está atravesando una transición clara. El orden unipolar surgido tras la Guerra Fría se está agotando. La emergencia de China destaca como un elemento decisivo. Este cambio está siendo económico y es a la vez político, tecnológico y, como no, estructural. Estados Unidos sigue siendo la potencia central, sobre todo a nivel militar, pero ya no puede actuar como el árbitro único del sistema internacional.
China ha construido su ascenso con una estrategia sostenida y coherente. Desde las reformas iniciadas por Deng Xiaoping, el país ha pasado de la periferia económica a ocupar el centro del sistema global. Hoy es un país decisivo en el comercio, las finanzas y la producción industrial. Su participación en el comercio internacional ha aumentado de manera exponencial, convirtiéndose en un socio imprescindible para numerosas economías, el mayor socio comercial de más de 160 países. Proyectos como la Iniciativa de la Franja y la Ruta han ampliado su presencia en Asia, África y Latinoamérica, mediante inversiones en infraestructura y redefiniendo redes y alianzas a escala global.
A nivel tecnológico, el avance chino es igualmente espectacular. Empresas como Huawei o Tencent se han convertido en líderes de sectores clave como las telecomunicaciones, la inteligencia artificial y los servicios digitales. China está compitiendo en todas las áreas tecnológicas y en muchas de ellas está marcando el ritmo de la innovación global. El desarrollo de las redes 5G, los avances en la computación cuántica y la creciente inversión en investigación y desarrollo son prueba de ello.
Este avance, junto al “sorpasso” económico en términos de PIB en paridad de poder adquisitivo, ha obligado a Estados Unidos a replantearse su marco estratégico. Ahora habla abiertamente de “competencia estructural” y define a China como un “rival sistémico”. Pero este cambio implica aceptar algo que durante años se ha evitado reconocer, que el mundo unipolar ha terminado.
Sin embargo, ese reconocimiento no se está traduciendo en una estrategia coherente. Mientras Washington asume que no puede contener por completo a China, está intensificando al mismo tiempo acciones unilaterales y agresivas en múltiples escenarios. Las agresiones ilegales que ha ejecutado este año son prueba de ello.
En enero, Estados Unidos ha llevado a cabo una invasión militar directa sobre territorio venezolano que ha incluido bombardeos y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y que se está prolongando con el chantaje militar al gobierno venezolano. Esta intervención militar violando la soberanía de Venezuela se presentó inicialmente como una acción contra un narcoterrorismo inventado por Estados Unidos, pero en muy pocos días mostraría que lo único que le interesaba era apoderarse del petróleo venezolano. En menos de dos meses, Estados Unidos se lanza a una nueva agresión, esta vez contra Irán, asesinando a su Presidente y a otros dirigentes y bombardeando las infraestructuras del país. En este caso se encuentra con un país con una capacidad militar, una decisión de su sociedad y una estrategia de guerra que le permite causar grandes daños a Estados Unidos e Israel y les fuerza a una guerra desigual donde el ejército agresor tiene que gastar miles de millones de dólares para parar los ataques de drones producidos por unos miles de dólares. La intención inicial de Trump de doblegar rápidamente a Irán al iniciar la guerra el 28 de febrero y presentarse a finales de marzo en China a reunirse victorioso con Xi Jinping fracasa. La reunión se pospone hasta mayo, se inician treguas y amenazas contra Irán e incumplimientos sistemáticos de estas amenazas que muestran el rechazo de los mercados financieros a las temeridades de Trump, se derrumba la imagen de Trump (se le apoda TACO) y pierde el apoyo de sus socios occidentales.
Estas acciones reflejan una terrible paradoja. Mientras reconoce en la práctica la emergencia de un mundo multipolar, Estados Unidos continúa actuando en muchos casos como si aún pudiera imponer unilateralmente sus decisiones. Y esta contradicción está debilitando su posición internacional. El coste político de esta estrategia ya es visible y algunos aliados tradicionales han empezado a marcar distancias. En Europa, las críticas se han intensificado, tanto por el fondo de las decisiones, como por la falta de consulta y de coordinación. El canciller alemán ha llegado a señalar que la política estadounidense frente a Irán está dañando la credibilidad global de Washington y evidenciando divisiones dentro de la OTAN.
Este creciente aislamiento no va a significar una ruptura total, pero sí una erosión clara del liderazgo estadounidense. Países que antes seguían de forma automática la línea de Washington ahora buscan mayor autonomía estratégica. La relación transatlántica ya no es incuestionable, y el Sur Global está observando con atención estas fracturas.
Por su parte, el posicionamiento internacional de China se ha construido en torno a la colaboración económica con todos los países y un discurso político orientado a reforzar el multilateralismo. Pekín defiende la soberanía estatal de todos los países, la no injerencia y la necesidad de un orden internacional más equilibrado, donde los países emergentes tengan mayor voz, la que les corresponde. En ese marco, se presenta como un socio del Sur Global, aportando financiación, infraestructuras y acceso a mercados sin las condiciones políticas habituales de las instituciones occidentales. China está impulsando espacios multilaterales alternativos o complementarios, defendiendo que la gobernanza global debe basarse en el diálogo y no en la imposición de una única potencia.
El desarrollo de la guerra contra Irán está condicionando de manera directa la visita de Donald Trump a China. Para Washington, llegar a Pekín con un escenario relativamente estabilizado en Oriente Medio habría fortalecido su posición negociadora, proyectando una imagen de control estratégico y sin abrir simultáneamente otro frente de desgaste geopolítico. En cambio, la ausencia de un acuerdo aumenta la dependencia norteamericana de la mediación china sobre Teherán, dado el peso económico y diplomático de Pekín en la región. Esa situación reduce el margen de maniobra de Trump y le obliga a compromisos con China.
En este contexto, la visita de Trump a China adquiere un significado especial, que se asemeja más a un momento de necesidad que a un gesto de fuerza. Estados Unidos necesita gestionar su relación con China porque no puede ignorarla ni doblegarla. La interdependencia económica y la realidad geopolítica internacional le obligan a ello.
Y es aquí donde aparece una idea importante, la posibilidad de una aceptación norteamericana de transitar hacia el multilateralismo. No como una elección ideológica, no por convicción, más bien como una adaptación pragmática a la realidad, por pura necesidad. La visita simboliza, aunque sea de forma incipiente y contradictoria, el reconocimiento de que los grandes problemas globales no pueden resolverse de manera unilateral. Esto no quiere decir que vaya a cambiar de un día para otro. La política exterior estadounidense sigue marcada por impulsos de dominación y por respuestas agresivas en escenarios considerados periféricos. Pero, al mismo tiempo, comienza a asumir sus límites en el centro del sistema global, donde China ya es un país imprescindible.
Las posibilidades de acuerdos dentro de la guerra comercial y tecnológica de Estados Unidos contra China están condicionadas por una rivalidad norteamericana difícil de superar. En el terreno comercial, es probable que se alcancen pactos parciales orientados a estabilizar aranceles, garantizar suministros estratégicos y evitar disrupciones graves en las cadenas globales. Sin embargo, en el ámbito tecnológico la situación es muy distinta. Los semiconductores, la inteligencia artificial o las telecomunicaciones se han ligado directamente a la seguridad nacional de Estados Unidos -dicho sea en el lenguaje norteamericano- o, en otras palabras, son las herramientas utilizadas para intentar frenar y colapsar la economía china. Una estrategia que sólo ha logrado acelerar el progreso tecnológico chino y su ya sobrepasada autosuficiencia. En ese contexto, más que un acuerdo global, lo que se perfila es una coexistencia tensa, una cooperación limitada en áreas de interés mutuo y una rivalidad norteamericana que se proyecta hacia el futuro.
Esta visita de Trump muestra el ascenso de China pero visualiza, también, las tensiones de unos Estados Unidos que, tras haber dominado el mundo en las últimas décadas, empieza a aceptar sus límites mientras sigue resistiéndose a abandonar las prácticas del pasado. En este equilibrio inestable nos jugamos buena parte del futuro del orden internacional.
Pedro Barragán es economista y asesor de la Fundación Cátedra China. Autor del libro Por qué China está ganando.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
miércoles, 13 de mayo de 2026
canciller cubano advierte sobre una catástrofe humanitaria debido a la agresión de EEUU
Baño de sangre": El canciller cubano advierte sobre una catástrofe humanitaria debido a la agresión de EEUU
- Sputnik Mundo, 13.05.2026
La agresión militar de Estados Unidos contra Cuba tendría un grave impacto humanitario, declaró el canciller de la isla, Bruno Rodríguez, en la red social X.
"Una agresión militar de EEUU contra Cuba provocaría una verdadera catástrofe humanitaria, un baño de sangre", expresó.
Una operación de tal naturaleza, explicó el canciller, conduciría a pérdidas de vidas tanto entre la población cubana como entre ciudadanos estadounidenses, es "un hecho al que solo apuestan los políticos que no envían sus hijos y familiares a las guerras".
"No existe la menor razón, ni siquiera el menor pretexto para que una superpotencia como EEUU agreda militarmente a una pequeña isla que no representa ninguna amenaza, por la pretención de unos pocos de cambiar su sistema político o su Gobierno", añadió.
Díaz-Canel ofrece un balance de la recuperación en Cuba tras el impacto del huracán Melissa - Sputnik Mundo, 1920, 12.05.2026
América Latina
"Cuba no es una amenaza", revira Díaz-Canel a señalamientos del Pentágono
ayer
A principios de mayo, Trump afirmó que podría tomar Cuba "de inmediato" tras concluir "el trabajo con Irán", y anunció su intención de enviar el portaviones USS Abraham Lincoln a las costas de la isla. El mandatario firmó ese día una orden ejecutiva que impone sanciones a cualquier entidad financiera extranjera que realice transacciones en nombre de personas o empresas en Cuba sujetas a sanciones estadounidenses.
Cuba acusa a EEUU de intentar asfixiar su economía y hacer insoportables las condiciones de vida de su población, mientras amenaza a la isla con una agresión militar.
Pappe «Israel siempre ha considerado que debe dominar el mundo árabe»
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Por Gwenaëlle Lenoir | 13/05/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Por Gwenaëlle Lenoir | 13/05/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Sin Permiso
Mientras Israel continúa sus acciones asesinas en la Franja de Gaza, Cisjordania, Líbano y Siria, con el apoyo de los gobiernos occidentales, Ilan Pappe, historiador israelí, publica en francés un pequeño libro impactante, “Breve historia del conflicto israelo-palestino”. En menos de 200 páginas, el profesor de la Universidad de Exeter, en Gran Bretaña, resume décadas de trabajo de los llamados «nuevos historiadores» israelíes -de los que forma parte-, que han reescrito la historia oficial del conflicto entre Israel y Palestina.
Ilan Pappe, nacido en Israel de padres alemanes que huyeron de la Alemania nazi, se ha convertido a través de sus descubrimientos históricos en un hombre comprometido, antisionista y defensor de los derechos de los palestinos. Ahora dirige el Centro Europeo de Estudios sobre Palestina de la Universidad de Exeter.
La entrevista, realizada por Gwenaelle Lenoir para Mediapart, subraya de manera sorprendente la continuidad ideológica entre los inicios del sionismo y la política actual del gobierno de Netanyahu en la Franja de Gaza, Cisjordania y el resto de Oriente Medio.
¿Qué le llevó a escribir esta Breve historia del conflicto israelo-palestino, y por qué ahora?
La escribí en inglés hace un año y medio, después de una feria del libro donde vi que la gente buscaba una explicación del contexto de los acontecimientos ocurridos desde octubre de 2023. Encontraban los libros presentados demasiado grandes, demasiado especializados. Al mismo tiempo, la mayoría de la gente no estaba satisfecha con el contexto presentado por los medios de comunicación y quería más, sin embarcarse en estudios universitarios sobre el tema.
Y por eso este libro se vende bien, porque trae, en cierto modo, historias que no dan los grandes medios de comunicación, y mucho menos los políticos tradicionales. Estos últimos se doblegan ante la narrativa de Israel de que los acontecimientos del 7 de octubre son fruto de un antisemitismo islamista, y que Irán los ha orquestado. Israel quiere que sean tratados así y ha exigido que no se analice el contexto histórico del 7 de octubre.
En relación con el personal político occidental, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, citó la frase atribuida a la primera ministra israelí Golda Meir – «Podemos perdonar a los palestinos por matar a nuestros hijos, pero nunca les perdonaremos por obligarnos a matar a los suyos» – sobre la nueva ley israelí sobre la pena de muerte para los palestinos. Quería subrayar que el espíritu del Estado de Israel era humanista. ¿Qué te inspira esto?
[Risas] ¡Ignoraba este episodio! ¡Pero lo de su ministro es un completo contrasentido! Esta es la interpretación más extraña que he visto de esta frase, porque no muestra el humanismo de Israel, sino exactamente lo contrario. Golda Meir dijo esto en Haifa, en 1948, después de que Israel procediera a la limpieza étnica de la ciudad. A un periodista que le preguntó: «¿No cree que lo que ve aquí se parece a los pogromos perpetrados contra los judíos en Europa del Este? «, respondió: «Sí, me entristece mucho ver esto, y nunca perdonaremos a los palestinos por obligarnos a hacerles pasar por esto».
Es una frase que muestra la hipocresía, la pretensión de virtud y la incapacidad de los israelíes para aceptar que los palestinos sean víctimas, que creen que solo Israel puede ser víctima. Es como una persona que golpea a otra muy violentamente, hasta el punto de casi matarla y le dice: “Es por tu culpa. Me has enfadado tanto que casi te mato. Y nunca te perdonaré por empujarme a casi matarte». Me sorprende mucho que su ministro haya mencionado esto para justificar una visión positiva de Israel.
Volvamos a su último libro. Al recorrer los capítulos dedicados a los inicios del sionismo y su implantación en la Palestina histórica, a menudo se tiene la sensación de que existe una fuerte continuidad entre ese período y hoy. ¿Es así?
Hay una pequeña diferencia, pero no de fondo. Para que el sionismo se hiciera realidad, se necesitaba una coalición muy fuerte que aceptara la idea de que la única solución al problema judío en Europa era un Estado judío en el corazón del mundo árabe a expensas de los palestinos, y que si los palestinos y el mundo árabe se oponían, tendrían que enfrentarse a una coalición global. Eso no ha cambiado. Los palestinos percibieron la idea de que debían ser reemplazados, desplazados y suplantados por los judíos de Europa, y más tarde también por judíos de los países árabes y orientales, como una amenaza existencial, y formaron su propio movimiento de resistencia. Y este movimiento de resistencia sigue activo hoy. Por lo tanto, siempre es necesario, para mantener a Israel, una amplia coalición.
Esta coalición está compuesta por miembros que no están de acuerdo en todo, pero que, sin embargo, están de acuerdo con el proyecto sionista. Por ejemplo, los sionistas cristianos todavía creen que se trata de un programa divino, que traerá la segunda venida del Mesías. Los conservadores estadounidenses o “nuevos conservadores” creen que es importante porque Israel es el bastión de Occidente y América en una región muy hostil. Las multinacionales que comercializan material militar consideran que se trata de una gran oportunidad. Y luego, por supuesto, está el sentimiento judío, que es probablemente el más auténtico entre los miembros de estas alianzas, según el cual se necesita una especie de nuevo estado refugio al que uno pueda ir si las cosas van mal, como fue el caso de la Segunda Guerra Mundial.
Pero durante décadas, pudimos tener la sensación, si no seguíamos las noticias a diario, de que la brutalidad era menor que en los primeros días. Hasta hace dos o tres años, hasta el regreso de Netanyahu al poder.
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Mientras Israel continúa sus acciones asesinas en la Franja de Gaza, Cisjordania, Líbano y Siria, con el apoyo de los gobiernos occidentales, Ilan Pappe, historiador israelí, publica en francés un pequeño libro impactante, “Breve historia del conflicto israelo-palestino”. En menos de 200 páginas, el profesor de la Universidad de Exeter, en Gran Bretaña, resume décadas de trabajo de los llamados «nuevos historiadores» israelíes -de los que forma parte-, que han reescrito la historia oficial del conflicto entre Israel y Palestina.
Ilan Pappe, nacido en Israel de padres alemanes que huyeron de la Alemania nazi, se ha convertido a través de sus descubrimientos históricos en un hombre comprometido, antisionista y defensor de los derechos de los palestinos. Ahora dirige el Centro Europeo de Estudios sobre Palestina de la Universidad de Exeter.
La entrevista, realizada por Gwenaelle Lenoir para Mediapart, subraya de manera sorprendente la continuidad ideológica entre los inicios del sionismo y la política actual del gobierno de Netanyahu en la Franja de Gaza, Cisjordania y el resto de Oriente Medio.
¿Qué le llevó a escribir esta Breve historia del conflicto israelo-palestino, y por qué ahora?
La escribí en inglés hace un año y medio, después de una feria del libro donde vi que la gente buscaba una explicación del contexto de los acontecimientos ocurridos desde octubre de 2023. Encontraban los libros presentados demasiado grandes, demasiado especializados. Al mismo tiempo, la mayoría de la gente no estaba satisfecha con el contexto presentado por los medios de comunicación y quería más, sin embarcarse en estudios universitarios sobre el tema.
Y por eso este libro se vende bien, porque trae, en cierto modo, historias que no dan los grandes medios de comunicación, y mucho menos los políticos tradicionales. Estos últimos se doblegan ante la narrativa de Israel de que los acontecimientos del 7 de octubre son fruto de un antisemitismo islamista, y que Irán los ha orquestado. Israel quiere que sean tratados así y ha exigido que no se analice el contexto histórico del 7 de octubre.
En relación con el personal político occidental, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, citó la frase atribuida a la primera ministra israelí Golda Meir – «Podemos perdonar a los palestinos por matar a nuestros hijos, pero nunca les perdonaremos por obligarnos a matar a los suyos» – sobre la nueva ley israelí sobre la pena de muerte para los palestinos. Quería subrayar que el espíritu del Estado de Israel era humanista. ¿Qué te inspira esto?
[Risas] ¡Ignoraba este episodio! ¡Pero lo de su ministro es un completo contrasentido! Esta es la interpretación más extraña que he visto de esta frase, porque no muestra el humanismo de Israel, sino exactamente lo contrario. Golda Meir dijo esto en Haifa, en 1948, después de que Israel procediera a la limpieza étnica de la ciudad. A un periodista que le preguntó: «¿No cree que lo que ve aquí se parece a los pogromos perpetrados contra los judíos en Europa del Este? «, respondió: «Sí, me entristece mucho ver esto, y nunca perdonaremos a los palestinos por obligarnos a hacerles pasar por esto».
Es una frase que muestra la hipocresía, la pretensión de virtud y la incapacidad de los israelíes para aceptar que los palestinos sean víctimas, que creen que solo Israel puede ser víctima. Es como una persona que golpea a otra muy violentamente, hasta el punto de casi matarla y le dice: “Es por tu culpa. Me has enfadado tanto que casi te mato. Y nunca te perdonaré por empujarme a casi matarte». Me sorprende mucho que su ministro haya mencionado esto para justificar una visión positiva de Israel.
Volvamos a su último libro. Al recorrer los capítulos dedicados a los inicios del sionismo y su implantación en la Palestina histórica, a menudo se tiene la sensación de que existe una fuerte continuidad entre ese período y hoy. ¿Es así?
Hay una pequeña diferencia, pero no de fondo. Para que el sionismo se hiciera realidad, se necesitaba una coalición muy fuerte que aceptara la idea de que la única solución al problema judío en Europa era un Estado judío en el corazón del mundo árabe a expensas de los palestinos, y que si los palestinos y el mundo árabe se oponían, tendrían que enfrentarse a una coalición global. Eso no ha cambiado. Los palestinos percibieron la idea de que debían ser reemplazados, desplazados y suplantados por los judíos de Europa, y más tarde también por judíos de los países árabes y orientales, como una amenaza existencial, y formaron su propio movimiento de resistencia. Y este movimiento de resistencia sigue activo hoy. Por lo tanto, siempre es necesario, para mantener a Israel, una amplia coalición.
Esta coalición está compuesta por miembros que no están de acuerdo en todo, pero que, sin embargo, están de acuerdo con el proyecto sionista. Por ejemplo, los sionistas cristianos todavía creen que se trata de un programa divino, que traerá la segunda venida del Mesías. Los conservadores estadounidenses o “nuevos conservadores” creen que es importante porque Israel es el bastión de Occidente y América en una región muy hostil. Las multinacionales que comercializan material militar consideran que se trata de una gran oportunidad. Y luego, por supuesto, está el sentimiento judío, que es probablemente el más auténtico entre los miembros de estas alianzas, según el cual se necesita una especie de nuevo estado refugio al que uno pueda ir si las cosas van mal, como fue el caso de la Segunda Guerra Mundial.
Pero durante décadas, pudimos tener la sensación, si no seguíamos las noticias a diario, de que la brutalidad era menor que en los primeros días. Hasta hace dos o tres años, hasta el regreso de Netanyahu al poder.dos cosas. En primer lugar, la comunidad internacional no reacciona a la brutalidad diaria. Reacciona a una brutalidad muy dramática. Pero no ha habido un solo día desde la llegada de los sionistas a Palestina en el que los palestinos no hayan estado expuestos a la brutalidad sionista, ciertamente no siempre a gran escala.
En segundo lugar, Internet y las visitas de jóvenes de todo el mundo a Cisjordania y la Franja de Gaza comenzaron a revelar la realidad de la opresión israelí.
Y algo claramente diferente sucedió después de noviembre de 2022, cuando, por primera vez, los elementos más fundamentalistas, extremos y racistas de la sociedad judía israelí comenzaron a tomar el poder. No se trataba solo de Netanyahu. Se trataba de la alianza de Netanyahu con estas fuerzas.
Tienen muchos menos escrúpulos que la generación anterior para utilizar armas y estrategias aún más mortíferas y destructivas contra los palestinos. Está en todas partes desde el 7 de octubre. Aunque, como dije, esto ya existía antes. Los palestinos siempre han estado a merced de un ejército muy poderoso que se ha formado en muchos aspectos para vigilarlos, controlarlos y ocuparlos durante décadas.
Teniendo en cuenta lo que ha analizado en el marco de su trabajo, ¿ve puntos de comparación entre el pasado y la situación actual en la Franja de Gaza, por un lado, y en Cisjordania, por otro?
Veo muchas similitudes, pero también diferencias. Lo que presenciamos hoy en Gaza me recuerda las últimas fases de la Nakba, las operaciones llevadas a cabo por Israel en 1948, cuando este país era incapaz de ocupar -o estaba poco dispuesto a hacerlo- toda la Palestina histórica. Así es como crecieron Cisjordania y la Franja de Gaza. Los israelíes han desplazado a tantos palestinos como pudieron, tanto hacia Cisjordania como hacia la Franja de Gaza. Luego construyeron una especie de muro alrededor de Israel para separarse de estas zonas palestinas, con la esperanza de que los jordanos y los egipcios se ocuparan de ellas.
Hoy, los palestinos de Gaza no pueden ir a ninguna parte, mientras que la mitad de la Franja de Gaza está vacía y totalmente controlada por Israel. No tienen ninguna protección y todavía se enfrentan a la continuación de las operaciones militares israelíes. Hay una escalada en términos de inhumanidad, barbarie, voluntad de diezmar abiertamente a las poblaciones, y no solo de obligarlas a irse.
La situación actual es mucho más preocupante, creo, que durante la Nakba, en 1948. Porque, en 1948, la gente pudo, aunque lo perdió todo, reconstruir sus vidas, en los campos de refugiados, en la diáspora, en Cisjordania, en la Franja de Gaza. Hoy en día, están en peligro de extinción. Es posible que Israel no logre llevar a cabo este genocidio, pero el sufrimiento es inmenso.
En cuanto a Cisjordania, los palestinos dicen que la Nakba es un proceso continuo. Estoy totalmente de acuerdo. En Cisjordania, es una limpieza étnica progresiva y gradual. Y solo vemos el primer paso. Consiste en intentar sacar a los palestinos de la zona C, según los acuerdos de Oslo, que representa alrededor del 60% de Cisjordania, para trasladarlos a las zonas B y A, luego sacarlos de la zona B, y crear una especie de Franja de Gaza en la zona A, es decir, bajo asedio. Entonces, será: “Si te portas bien, podrás moverte y disfrutar de cierta autonomía. Si no te comportas bien, bueno, mira lo que le pasó a la Franja de Gaza».
Esta es la estrategia de Smotrich, oficialmente ministro de Defensa a cargo de Cisjordania, pero que en realidad es el gobernador general de facto de Cisjordania. Habla de ello muy abiertamente. Cuenta con el apoyo de la mayoría de los miembros del Likud y de Netanyahu.
Desde hace dos meses, asistimos a dos nuevos conflictos contra Irán y contra el Líbano. ¿Cree que estos conflictos forman parte de lo que usted llama el conflicto israelí-palestino?
Creo que hay un vínculo. Para lograr la ambición sionista fundamental, a saber, controlar toda la Palestina histórica con un número muy reducido de palestinos -y palestinos que, si se quedan, no tengan ningún deseo de resistir la realidad de la opresión-, Israel siempre ha considerado que debe dominar el mundo árabe y oponerse a cualquiera, ya sea por cinismo o por convicción, que pudiera ayudar a los palestinos.
Siempre ha sido así. Israel intentó derrocar a los regímenes progresistas en Egipto y Siria antes de 1967, porque entendía que estos líderes, como Gamal Abdel Nasser en Egipto y el Partido Baas en Siria, eran propalestinos.
Hoy en día, hay diferentes actores. Pero la hegemonía en la región, a los ojos de los responsables políticos israelíes, sigue siendo un requisito previo para completar la transformación total de la Palestina histórica en un estado puramente judío. Por lo tanto, no se trata de un deseo de derrotar a Irán solo por el placer de derrotarlo.
A esto se suma el hecho de que los partidarios del sionismo mesiánico, que ahora constituyen una parte muy importante del gobierno, creen que están reconstruyendo el reino bíblico de David y Salomón, que fue temido y respetado por todos en Oriente Medio. Y esto va de la mano con su visión de que Israel debe ser en realidad una teocracia, porque si eres una teocracia, haces lo que Dios quiere, y si haces lo que Dios quiere, también tendrás éxito en tus políticas hacia el mundo árabe.
En entrevistas anteriores, afirmó que Israel estaba al borde de una guerra civil fría, incluso de una implosión, debido al conflicto entre el Estado de Judea teocrática, que acaba de describir, y el Estado de Israel, que considera más laico y más liberal. ¿Sigue siendo así dos años y medio después del 7 de octubre?
Sí, porque el Estado de Israel y el Estado de Judea no están realmente en desacuerdo sobre la cuestión palestina, ni sobre la necesidad de atacar a Irán o al Líbano. Estos no son los puntos de discordia. Estos se refieren al futuro de la sociedad judía en Israel. ¿Será una sociedad laica y liberal, o una sociedad teocrática? Este es el conflicto. Y en esta lucha, creo que el Estado de Judea lleva la ventaja. La tendrá hasta que todo se vuelva demasiado absurdo y aterrador, incluso para aquellos que lo apoyan.
Y ya podemos ver, en los Estados Unidos, un cambio radical en la actitud hacia Israel, incluso entre los jóvenes judíos. Vemos en Europa los inicios de una toma de conciencia. La joven generación de políticos está empezando a entender que el peligro en Oriente Medio no es que Irán quiera desarrollar un arma nuclear, sino que Israel tiene 220 bombas nucleares. Y se conviérta en ese Estado agresivo con rasgos teocráticos, con más opresión sobre los palestinos.
¿Cree que estamos asistiendo a la última fase del sionismo?
Sí. Pero como historiador, debo señalar que la última fase de un proceso histórico puede extenderse durante veinte o treinta años. No estoy hablando de un período de cinco o seis años a partir de hoy. No espero ningún cambio fundamental dentro de Israel, por desgracia.
Pero vemos, en el extranjero, un movimiento que comienza a vincular la política interna en Europa y Estados Unidos con las tomas de posición sobre Israel. Por ejemplo, para las elecciones municipales en Gran Bretaña, hay un partido muy importante que lucha por el municipio de Birmingham, llamado Coalición por Gaza. Sin embargo, el problema en Birmingham no es Gaza. El problema en Birmingham es la incapacidad del municipio para gestionar, ya sabe, la basura, las alcantarillas, etc. Pero a los ojos de mucha gente allí, está relacionado. Su posición moral con respecto a Gaza está relacionada con su posición moral sobre cuestiones que son importantes para los habitantes de Birmingham.
¿Está de acuerdo?
Sí, estoy de acuerdo, está relacionado. Creo que hay un vínculo entre los políticos que han perdido todo valor moral, que solo piensan en su carrera, que solo piensan en las próximas elecciones y se separan de los problemas reales de la sociedad, y los que no son así. Creo sinceramente que una persona que afirma que la defensa de los palestinos es una obligación moral también se ocupará sinceramente de las cuestiones que conciernen a su propia comunidad y a su propio electorado.
Ilan Pappe es un historiador y politólogo israelí, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales y Estudios Internacionales de la Universidad de Exeter (Reino Unido), director del Centro Europeo de Estudios sobre Palestina y codirector del Centro de Estudios Etnopolíticos de Exeter. Traducción: Enrique García.
Fuente: https://www.sinpermiso.info/textos/israel-siempre-ha-considerado-que-debe-dominar-el-mundo-arabe-entrevista
martes, 12 de mayo de 2026
Rusia se convierte en un faro de orden mundial justo, asegura exlíder de la República Srpska
- Sputnik Mundo,
Rusia se convierte en un faro de orden mundial justo, asegura exlíder de la República Srpska
Rusia desempeña un papel central en la configuración del equilibrio global actual, mientras que Ucrania se convirtió en el instrumento para preservar la UE, que no necesita la paz, declaró en una entrevista con Sputnik el exlíder de la República Srpska en Bosnia y Herzegovina, Milorad Dodik.
En sus palabras, el mundo atraviesa una transformación en la que, junto a Estados Unidos y China, Rusia se consolida como uno de los principales polos de poder. En este contexto, cada vez más países se agrupan en torno a Moscú y a los BRICS, mientras que la influencia de Occidente, a su juicio, va en declive. Asimismo, indicó que el futuro del mundo "depende del éxito con que Rusia siga el camino que ha elegido para estabilizar y fortalecer su Estado, así como su soberanía".
"Rusia es un actor indispensable en las relaciones internacionales. Geopolíticamente, es un factor fundamental en la estructura del mundo actual (…) Rusia, con su poder, su tamaño y el orden social que está desarrollando con éxito, es un país que no solo sobrevive, sino que es capaz de crear y controlar procesos", subrayó el político.
A su vez, continuó, Occidente está perdiendo poder y valor en estos procesos, intentando mantener su relevancia mediante la reinterpretación de la historia y la imposición de sus propios intereses, como lo hicieron con la configuración del orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial, consolidándose como actores clave.
En relación con las hostilidades en Ucrania, Dodik señaló que Moscú actúa para proteger a su población y sus intereses en el conflicto con Occidente, no solo con Kiev.
"Quienes creen que se trata de un conflicto entre Rusia y Ucrania se equivocan. Este fue y sigue siendo un conflicto entre el mundo occidental, principalmente la inexistente Unión Europea, que intentó y continúa intentando librar una guerra contra Rusia a través de Ucrania", profundizó.
Europa sabotea la paz en Ucrania por miedo al nuevo orden mundial, afirma experto sirio, 30 de enero,
Los países europeos ignoraron todas las advertencias del presidente ruso, Vladímir Putin, tratando de "acercarse a Rusia con su potencial militar, principalmente a través de la OTAN , creando un trampolín para ocupar" el país. Así, "mintieron persistentemente" y usaron los acuerdos de Minsk "para armar a Ucrania".
"Esto también nos indica que siempre intentan imponerse a expensas de los demás. Esto se confirma con el ejemplo del Acuerdo de Paz de Dayton, firmado en Estados Unidos, que ahora se ha desmoronado, donde se impuso una estructura en la que extranjeros toman decisiones sobre Bosnia y Herzegovina, (…) lo que demuestra que [Occidente] intentaba dirigir una organización global precisamente de esa manera", destacó el exlíder de la República Srpska.
Rusia en esta situación representa un modelo alternativo basado en la cooperación y el respeto entre Estados, en contraste con el enfoque occidental dominado por la presión y la fuerza.
Además, Dodik expresó su confianza en que mandatarios como Vladímir Putin, Xi Jinping y Donald Trump puedan contribuir a la construcción de un orden internacional más estable.
En cuanto a Europa, afirmó que el continente atraviesa una crisis estructural profunda. En caso de alcanzarse la paz en Ucrania, podría enfrentarse a una fuerte desestabilización debido a la falta de liderazgo, recursos y una visión clara de futuro.
"Una Europa sin visión de futuro ciertamente no inspira optimismo", concluyó.
Trump autoentrampado en Irán
Recomiendo:
Trump autoentrampado en Irán
Por Carlos Fazio | 12/05/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: La Jornada - Imagen: After Banksy I Por Carlos Latuff
En menos de 48 horas, en otra retirada humillante, el 5 de mayo el presidente Donald Trump anunció una «pausa» en el llamado Proyecto Libertad para forzar la apertura del estrecho de Ormuz, tras enfrentar la disuasión asimétrica iraní. Una vez más, la realidad sobre el terreno refutó los bulos y las bravuconerías del jefe de la Casa Blanca. Aunque el poder militar de Estados Unidos conserva su formidable capacidad para infligir daño, los repetidos fracasos de sus estrategias coercitivas exhiben la suficiencia e inteligencia de Irán para adaptarse ante cada escalada del enemigo, absorber la presión, desarrollar soluciones alternativas y movilizar diferentes formas de legitimidad.
Desde el 28 de febrero, la ilegal guerra de agresión a gran escala de Estados Unidos e Israel contra Irán se transformó en una guerra de desgaste asimétrica defensiva, largamente planificada por los estrategas político-militares de la nación persa. Y la «excursión» militar a Irán de Trump y sus planificadores sionistas se convirtió en un lastre. El autoproclamado providencialismo estadunidense hace aguas en el golfo Pérsico Y ahora, el tiempo corre en contra del republicano. Cada semana que el estrecho de Ormuz permanece bajo control iraní, sin una victoria contundente de Estados Unidos, su posición política se ve mermada. La campaña para las elecciones de medio mandato comenzó, y su base política MAGA se ha fracturado debido a que Trump ha incumplido su promesa de sacar a Estados Unidos de «guerras eternas». Un bloqueo naval prolongado sin un final claro a la vista será una derrota política.
Igual que el agujereado bloqueo trumpista de Ormuz, diseñado para hacer capitular a Irán, el Proyecto Libertad, considerado una bala de plata táctica, resultó ser otra escalada delirante más. El objetivo era claro: imponer un bloqueo naval, estrangular la economía iraní y esperar a que Irán capitulara; que renunciara tanto al control de la vía marítima como a su capacidad de negociación. Sin embargo, el bloqueo contrajo la oferta global, elevó los precios del petróleo por encima de los niveles en tiempos de guerra y desencadenó advertencias de inminentes crisis de seguridad alimentaria a medida que la escasez de fertilizantes se propaga por los mercados globales (mientras poseedores de información privilegiada acumulan ganancias millonarias a cada anuncio de Trump, mediante compras masivas especulativas ( short buying) con base en base el precio del petróleo).
Pero Irán no capituló. Entonces Washington cambió abruptamente de rumbo. Trump anunció una nueva aventura militar encubierta, el Proyecto Libertad, bajo la pantalla de un esfuerzo «humanitario» para liberar a los buques mercantes varados. La estratagema no fue una señal de fortaleza. Fue un reconocimiento de que el bloqueo había fracasado. Lo que revela un error de cálculo fundamental: Estados Unidos sobreestimó su propia capacidad de resistencia estratégica y subestimó la de Irán. Ahora, la desesperada liberación de presión que Trump había asegurado mediante el alto el fuego del 8 de abril, quedó completamente deshecha y la lógica escalatoria muestra sus límites: el estrecho de Ormuz permanece bajo control operativo iraní.
Irán domina la estrategia de desgaste a largo plazo, utilizando la paciencia estratégica como arma. Con rutas comerciales alternativas, acuerdos de trueque con China y Rusia y una economía de guerra fortalecida por décadas de sanciones extraterritoriales ilegales, Irán demostró su capacidad para resistir un bloqueo que, en esencia, consistía en bandidaje marítimo y «piratería» (Trump dixit). Irán calculó correctamente que Estados Unidos opera bajo severas limitaciones de tiempo, que no apremian a Teherán. Y cada día que mantiene el control del estrecho, su dominio se fortalece. Se trata de una consolidación dinámica. Las capacidades ofensivas y defensivas de Irán en esta vía marítima se están volviendo más sofisticadas. Nuevas tácticas navales, sistemas de defensa costera mejorados y herramientas asimétricas –que incluyen vehículos no tripulados de superficie (drones) y lanchas de ataque rápido, la célebre «flota mosquito», muy eficaz para estrangular una de las vías marítimas más estratégicas del mundo sin necesidad de cerrarla de forma permanente– se están integrando en una doctrina de defensa del país, adaptativa y por capas. Irán advirtió que responderá con dureza a cualquier acto de aventurerismo trumpista: un intento de abrir el estrecho mediante bombazos se enfrentará a minas, misiles, enjambres de drones. Además, China y Rusia no tienen ningún interés en que Estados Unidos dicte el paso por una vía marítima crucial para su seguridad energética e influencia estratégica y están construyendo nuevas relaciones con Irán que inclinan decisivamente la balanza estratégica a su favor.
Constituido en la coyuntura en el principal Estado canalla (rogue state) que amenaza la paz mundial, a pesar de su poderío militar, Estados Unidos ha descubierto que la fuerza bruta no puede desalojar fácilmente a un adversario decidido, adaptable y paciente; especialmente a uno que cuenta con ventajas geográficas y temporales. Como ha dicho Alastair Crooke, Trump necesita desesperadamente una vía de salida y las negociaciones parecerían ser el mecanismo habitual para ello. Pero las negociaciones en el sentido tradicional conducirían, en la práctica, a lo que se percibiría como una capitulación de Washington y, de prolongarse, a un desastre económico catastrófico derivado de las consecuencias del control iraní del estrecho de Ormuz. El problema fundamental para Trump a la hora de poner fin a la guerra (aparte de que su ego le impide parecer «un perdedor») es que no le es posible −dado que está en deuda y es rehén de Israel y de los grandes donantes prosionistas− asumir compromisos creíbles, salvo un estatus de tratado pleno, en lo que respecta a la no agresión contra Irán o al alivio de las sanciones.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
lunes, 11 de mayo de 2026
"Está en cuidados intensivos": Trump considera débil el alto el fuego con Irán
- Sputnik Mundo
"Está en cuidados intensivos": Trump considera débil el alto el fuego con Irán
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, habla durante un evento sobre salud materna en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, D. C., Estados Unidos, el 11 de mayo,
El alto el fuego entre Irán y Estados Unidos se encuentra en un estado increíblemente débil, afirmó el presidente del país norteamericano, Donald Trump. En sus palabras, las posibilidades de que se mantenga la tregua son del 1%.
"[El cese al fuego] está increíblemente débil. Yo diría que está más débil en este momento (…) Está en cuidados intensivos", expresó el presidente de EEUU a los periodistas cuando le preguntaron sobre la situación.
Al mismo tiempo, destacó la necesidad de mostrar flexibilidad en los asuntos internacionales, haciendo hincapié en que ha preparado muchos planes diferentes con respecto a Irán, los cuales podrían cambiar dependiendo de la situación.
El 7 de abril, tras casi 40 días de conflicto, Donald Trump anunció un alto el fuego de dos semanas con Irán para facilitar las negociaciones de paz. Sin embargo, el día 13, sin que se declarara formalmente la reanudación de las hostilidades, la Armada estadounidense inició un bloqueo del tráfico marítimo hacia y desde puertos iraníes, a ambos lados del estrecho de Ormuz.
El 21 de abril, el mandatario estadounidense extendió la tregua que expiraba el día 22 hasta que Irán "presente sus propuestas de paz y concluyan las negociaciones".
El pasado domingo, Trump, publicó en su red Truth Social que la respuesta de Irán es "completamente inaceptable", en tanto el portavoz del Ministerio de Exteriores de la República Islámica, Esmail Bagaei, la calificó de "responsable" y "generosa
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