CRISTIANOS DEL NUEVO SIGLO
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lunes, 19 de octubre de 2026
"El pirómano debe irse" político francés exige la dimisión de Macron
- Sputnik Mundo
"El pirómano debe irse": político francés exige la dimisión de Macron
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, debe dimitir, declaró el líder del partido de derecha francés Los Patriotas, Florian Philippot, tras los disturbios masivos y los enfrentamientos registrados durante las protestas del 17 de octubre.
Philippot, quien también es candidato a la presidencia, acusó a las autoridades francesas de haber favorecido durante décadas la inmigración ilegal a gran escala en el país.
"¡Sin duda, la situación está en llamas bajo el mandato de Macron! (...) ¡El pirómano que destruye Francia debe irse!", escribió en su cuenta de la red social X.
La política del caos ha debilitado metódicamente a Francia y fragilizado al pueblo, hecho subir a sus enemigos, añadió.
El 17 de octubre, se celebraron manifestaciones multitudinarias en toda Francia contra el encarecimiento del costo de vida y la subida de los precios. Según el Ministerio del Interior, unas 550.000 personas participaron en las movilizaciones, 110.000 de ellas en París. Por su parte, la Confederación General del Trabajo estimó la asistencia de hasta 800.000 manifestantes.
Las protestas estuvieron marcadas por violentos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden, así como por disturbios, saqueos y actos de vandalismo. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, elevó a 1.500 la cifra de detenidos y a más de 500, la de agentes heridos durante los disturbios.
domingo, 18 de octubre de 2026
El elector que aún no ha decidido
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El elector que aún no ha decidido
Por Frei Betto | 13/10/2026 | Brasil
Fuentes: Prensa Latina [Imagen: Grupo de electores frente a un mural con la bandera de Brasil durante las elecciones presidenciales del 4 de octubre de 2026; uno de los electores porta la camiseta del candidato bolsonarista. Créditos: Eraldo Peres/AP, tomada de Prensa Latina]
Había votado por Lula en elecciones anteriores, pero no se consideraba lulista. Tenía reservas sobre el gobierno, críticas hacia la izquierda y opinaba que el país necesita afrontar problemas que no caben en sus propuestas. Al mismo tiempo, no se siente representado por el bolsonarismo. Flávio Bolsonaro le despierta curiosidad, pero también muchas interrogantes.
En la primera vuelta, por tanto, dudó. Prefirió abstenerse. Luego llegó el resultado: Lula y Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta. La duda, que antes podía resolverse eligiendo una tercera opción, se volvió inevitable. Quedaban dos candidatos.
Decidió entonces hacer algo que nunca había hecho: apagar el celular y leer los programas de gobierno. Sabía que el Tribunal Superior Electoral pone a disposición oficialmente las propuestas de ambos candidatos, incluso organizadas por temas.
Empezó por la economía. Quería saber qué prometía cada candidatura respecto al empleo, los ingresos, la inflación, los impuestos y el equilibrio de las cuentas públicas. Descubrió que no bastaba con preguntar quién prometía gastar menos o más. Era necesario preguntar en qué, para quién y de dónde vendría el dinero.
Pasó a la salud. Pensó en las filas del sistema público de salud (SUS), en los exámenes que se demoran, en los medicamentos que faltan en ciertos lugares, en los hospitales saturados. No quería una frase bonita. Quería saber qué compromisos estaban efectivamente registrados y cómo se ejecutarían.
Después, la educación. Pensó en los profesores, en las escuelas públicas, en los jóvenes que necesitan compaginar estudios y trabajo. Comparó las propuestas y se dio cuenta de que una elección no se reduce a la personalidad de los candidatos.
Hay un país concreto detrás de la propaganda.
En materia de seguridad pública, la duda resurgió con fuerza. Él quería menos violencia, pero también quería saber cuáles serían los métodos para lograrlo. La seguridad, concluyó, no consiste simplemente en endurecer los discursos; implica a la policía, la investigación, la inteligencia, el sistema penitenciario, la prevención y las políticas sociales.
Así llegó a las políticas sociales. Ahí residía una de sus mayores preocupaciones. Conocía familias para las que la ayuda social no suponía un lujo, sino comida en la mesa. Al mismo tiempo, no quería políticas que perpetuaran la pobreza. Buscaba propuestas capaces de combinar la protección inmediata con el empleo, la educación y la autonomía.
También leyó sobre democracia e instituciones. Este capítulo influyó en su reflexión. No porque deseara un país sin conflictos- sabía que la democracia es, precisamente, la convivencia entre conflictos y diferencias-, sino porque consideraba indispensable que el presidente, el Congreso, el Poder Judicial, la prensa y la sociedad civil respetaran los límites constitucionales.
Fue entonces cuando se dio cuenta de algo sobre sí mismo. Su decisión no se basaría en si le gustaba un candidato o si detestaba al otro. Votaría porque comprendió que su objetivo era tener en cuenta el país que imaginaba posible y los compromisos que consideraba más importantes.
Aun así, seguía indeciso. Habló con amigos. Uno decía que Lula representaba demasiada continuidad; otro, que Flávio Bolsonaro suponía un cambio necesario. Un tercero recordaba los errores y controversias de un bando, mientras que otro señalaba los del otro.
Desconfió de los cuatro amigos. Se dio cuenta de que también debía desconfiar de sí mismo. Descubrió lo fácil que resulta creer únicamente en aquello que confirma nuestras convicciones. Empezó a verificar noticias en distintas fuentes, a consultar documentos oficiales y a distinguir entre promesas y hechos, opiniones e información, propaganda y programas.
Poco a poco, su indecisión cambió de naturaleza. Ya no se preguntaba: «¿Qué candidato me gusta más?», sino: «¿Qué proyecto de gobierno se ajusta mejor a lo que considero necesario para el país?».
No encontró un candidato perfecto. Tampoco esperaba encontrarlo. La democracia no es un concurso de santos. Es una elección entre alternativas concretas, con virtudes, limitaciones, promesas, riesgos y contradicciones.
En vísperas de la segunda vuelta, se sentó frente al televisor. Vio a los dos candidatos. Escuchó de nuevo las promesas. Algunas le parecieron convincentes; otras, frágiles. Releyó fragmentos de los programas oficiales.
Finalmente se decidió por Lula. No porque hubiera dejado de reconocer los problemas del candidato elegido. No porque hubiera pasado a estar de acuerdo con todo lo que él defendía. Y tampoco porque considerara al adversario incapaz de representar a una parte del electorado.
Se decidió por Lula porque, tras comparar propuestas y trayectorias, comprendió que había un conjunto de compromisos que, para él, debía pesar más en la elección.
Su voto no nació de la pasión. Nació de la duda.
Tal vez esa sea una de las cosas más importantes de una elección: que el elector no necesite transformar su voto en una profesión de fe. Puede votar con esperanza, pero también con memoria; con convicción, pero también con espíritu crítico.
El 25 de octubre, al marcar el 13 en las teclas de la urna, sabría que no estaba eligiendo a un santo, a un salvador ni a un avatar. Optaba por un presidente experimentado y confiable.
Precisamente por eso, decidió que su voto no debía ir al candidato que le prometiera el paraíso, sino a aquel cuya propuesta de país- tras examinarla con el mayor cuidado posible- le pareciera más compatible con el futuro que deseaba para Brasil.
Haz como mi primo: el 25 de octubre vota por la democracia. ¡Vota a Lula! ¡Vota al 13!
Frei Betto es escritor brasileño y fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación.
Fuente: https://publica.prensa-latina.cu/pub/brasil-el-elector-que-aun-no-ha-decidido
"Debilidad política": ministro de Defensa de Italia explica por qué Europa pierde peso en la escena mundial
- Sputnik Mundo
"Debilidad política": ministro de Defensa de Italia explica por qué Europa pierde peso en la escena mundial
Guido Crosetto, ministro de Defensa italiano.
La gran cantidad de países que componen Europa y la ausencia de una postura unificada la convierten en un actor débil en la escena internacional, destacó el ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto. También señaló que, desde hace más de un año, la coalición europea no logra decidir quién representará sus intereses en el exterior.
"¿Cuál es el problema? ¿Qué es Europa? Europa no es una persona. Son 27 países diferentes, más el Reino Unido y otros países. La debilidad política de Europa, que también es una debilidad militar, es lo que dificulta que Europa pueda hablar", declaró Crosetto ante la prensa.
El ministro considera que elaborar una estrategia y una postura comunes podría cambiar la situación. Sin embargo, conforme a él, la búsqueda de un representante europeo único para los asuntos exteriores, que se prolonga desde hace más de un año, se encuentra en un punto muerto.
"¿Qué peso tiene [la presidenta de la Comisión Europea, Ursula] von der Leyen frente al [mandatario de Francia, Emmanuel] Macron, [el canciller de Alemania, Friedrich] Merz o [la presidenta del Consejo de Ministros de Italia, Giorgia] Meloni? Ese es uno de los problemas. ¿Quién habla en nombre de Europa? Llevamos más de un año debatiendo la elección de una persona que hable en nombre de Europa y no hemos conseguido encontrarla", enfatizó en una entrevista con BBC.
sábado, 17 de octubre de 2026
De Madrid a París y Bruselas: los jóvenes ya no están dispuestos a tolerarlo
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De Madrid a París y Bruselas: los jóvenes ya no están dispuestos a tolerarlo
Por Marc Vandepitte | 14/10/2026 | Europa
Fuentes: Rebelión
Traducido del neerlandés por el autor
Mientras los gobiernos destinan miles de millones al armamento, a los jóvenes se les dice que no hay dinero para la educación, la vivienda asequible o las políticas climáticas. De Bruselas a Madrid ya no están dispuestos a tolerarlo y cuestionan los fundamentos de nuestra sociedad.
De Madrid a Bruselas
Un fantasma recorre el mundo, un fantasma que ya ha hecho caer a varios gobiernos y que está impulsado por la llamada Generación Z,i los jóvenes nacidos entre 1997 y 2012.
Los jóvenes ponen a prueba a las élites de todo el mundo. En poco tiempo Bangladesh, Nepal y Madagascar vieron caer a sus gobiernos, mientras que las protestas masivas de jóvenes seguían creciendo en Marruecos, Indonesia, Filipinas, Kenia y Perú.
También en Europa los jóvenes salen masivamente a las calles. Los jóvenes llenan calles, plazas y universidades en España, Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos e Italia. Organizan manifestaciones, ocupaciones, acciones de solidaridad y protestas estudiantiles.
Los motivos varían de un país a otro. A veces se trata de Palestina, otras veces de la educación, el clima, el racismo, los recortes, la vivienda inasequible, el aumento del coste de la vida o los escándalos de corrupción. Pero detrás de esas reivindicaciones separadas aparece cada vez más la misma pregunta: ¿en qué tipo de sociedad queremos vivir?
Jordan Devlin, detenido a raíz de una acción directa contra el fabricante israelí de armas Elbit Systems en Gran Bretaña, declara: “Estoy actuando contra Elbit porque el riesgo de pasar meses en prisión palidece en comparación con la desesperación que se siente al presenciar los horrores que ellos facilitan. En este caso la distinción entre el bien y el mal es clara, sin matices, por lo que me siento honrado de aprovechar esta oportunidad para contribuir a construir un mundo en el que quiero vivir y destruir por completo los males evidentes de la sociedad sobre los que se nos ha adormecido a todos hasta el punto de ignorarlos”.
Durante las protestas de estudiantes de secundaria del 5 de octubre Mohammed Boufous, alumno del último curso de secundaria del Athénée Charles Janssens en Bruselas, expresó la frustración de muchos jóvenes: «Somos jóvenes alumnos y estudiantes. Venimos a manifestarnos pacíficamente para transmitir nuestro mensaje. Lo único que pedimos es que nos escuchen. Queremos que dejen de tomar decisiones sobre nosotros sin contar con nosotros».
En los últimos años la resistencia no fue tan visible en ningún lugar como durante la solidaridad masiva con Palestina. Jóvenes que antes apenas eran activos políticamente salieron a las calles. Organizaron acciones en las universidades, instalaron campamentos de tiendas de campaña y exigieron que las instituciones rompieran sus vínculos con empresas y universidades israelíes.
Lo hicieron a pesar de encontrarse a menudo en un entorno hostil. Se acusó a los estudiantes de extremismo, las autoridades universitarias enviaron a la policía a los campus y los dirigentes políticos intentaron limitar las protestas o desacreditarlas.
También durante las recientes protestas de estudiantes de secundaria en Francia y Bélgica se produjeron enfrentamientos con la policía. Salomé, una de las estudiantes francesas que participaron en el bloqueo de un instituto, cuenta: «El bloqueo transcurría tranquilamente. Entonces llegó la policía antidisturbios a toda velocidad. Empezaron a correr y a rociar a todo el mundo con gases lacrimógenos. Nos perseguían como si disfrutaran haciéndolo».
Lola, de 16 años, también de Francia, no se dejó intimidar por la actuación policial del 2 de octubre. «Eso no hace sino enfurecernos aún más», afirmó. «La policía no tiene derecho a pegarnos ni a utilizar gases lacrimógenos contra nosotros». En Francia un estudiante de secundaria de 15 años perdió una mano al estallar una granada de la policía.
También en Lieja, Bélgica, la situación se descontroló el 8 de octubre. Un estudiante anónimo relató cómo resultó herido durante una manifestación: «Participamos en una manifestación pacífica, plenamente autorizada, contra las reformas. Nos encontrábamos en el bulevar d’Avroy, detrás de la feria, cuando recibí un disparo de una carabina de aire comprimido en el cuello».
Sin embargo, los jóvenes siguen saliendo a las calles. Esta generación descubre que la política es mucho más que marcar una casilla en una papeleta electoral una vez cada varios años. La política también significa reunirse, organizarse, ejercer presión y negarse a aceptar lo que se presenta como inevitable.
¿Generación apática?
Se suele describir a los jóvenes como individualistas, adictos a las redes sociales o políticamente apáticos. Esa imagen se sostiene cada vez menos. A través de las protestas juveniles se ve, por el contrario, a una generación muy preocupada por el mundo que la rodea. Esta generación habla de guerra y clima, pero también de los precios de los alquileres, los contratos precarios, la presión psicológica, la discriminación y la mercantilización de la educación.
Muchos jóvenes crecen en una incertidumbre permanente. Tener una vivienda propia se vuelve inalcanzable para muchos. Estudiar es cada vez más caro. Los empleos estables son cada vez menos habituales. Los servicios públicos están bajo presión. Al mismo tiempo ven cómo se destinan miles de millones al armamento, mientras los gobiernos afirman que no hay suficiente dinero para la protección social, la cultura o la educación.
La magnitud de esa incertidumbre queda reflejada en las recientes protestas por la vivienda en España. Victoria Nájera, de 27 años y residente en Madrid, vive de forma independiente desde hace unos meses, pero destina más del 40 % de su salario al alquiler. La falta de perspectivas ante la crisis de la vivienda hace que llore a menudo en casa. «No veo un futuro en el que pueda tener una casa propia», declaró el 3 de octubre.
Y no son solo los jóvenes quienes sufren esta situación. En Las Palmas Aisha, de 36 años, se manifestó junto a su hija de cuatro años. Tanto ella como su pareja trabajan, pero incluso con dos ingresos apenas consiguen llegar a fin de mes. «Pagamos 1000 euros de alquiler y muchas veces no llegamos a fin de mes», cuenta.
A los jóvenes se les dice que tendrán que hacer sacrificios. Pero cada vez más de ellos plantean una pregunta sencilla: ¿sacrificios para qué y para quién?
A esto se suma la crisis climática. Los jóvenes ven que las olas de calor se vuelven cada vez más extremas, las inundaciones destruyen pueblos enteros y los incendios forestales reducen a cenizas grandes extensiones. Para ellos ya no son amenazas lejanas, sino advertencias sobre su propio futuro, que se vuelve cada vez más incierto. Mientras crece la necesidad de adoptar medidas drásticas, ven en los dirigentes políticos sobre todo dilaciones y falta de ambición.
También la guerra se acerca. Los gobiernos europeos aumentan drásticamente sus presupuestos militares y cada vez son más las voces que abogan por un servicio militar obligatorio. En Francia el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas dijo que el país «debe estar preparado para perder a sus hijos». Pero para esta generación eso no es una opción: como demuestran las huelgas de estudiantes alemanas, los jóvenes se niegan a servir de carne de cañón para decisiones que ellos nunca han tomado.
Concienciación política
Lo que hace interesantes estas protestas es que las distintas reivindicaciones están cada vez más interconectadas. Quienes protestan contra la guerra en Gaza también hablan de colonialismo y racismo. Quienes salen a las calles por la justicia climática hablan de empresas que obtienen beneficios mientras los costes sociales se trasladan a la población.
Los estudiantes que protestan contra el aumento de las tasas de matrícula establecen una relación con los recortes en los servicios públicos. Los trabajadores jóvenes que se movilizan por mejores salarios chocan con la misma lógica económica que también ejerce presión sobre la vivienda, la sanidad y la movilidad.
Eso no significa que todos los jóvenes compartan el mismo análisis. Tampoco que exista un único gran movimiento cohesionado. Pero sí está creciendo la conciencia de que los problemas a los que se enfrenta la gente no están completamente separados unos de otros.
La discriminación no es un problema individual cuando grupos enteros tienen sistemáticamente menos oportunidades. La pobreza no es un fracaso personal cuando los salarios no siguen el ritmo de los costes de la vivienda y de la vida. La crisis climática no puede resolverse diciéndole a la gente que debe utilizar otras pajitas o bolsas de la compra, mientras las grandes empresas siguen aumentando su producción y sus emisiones.
Y difícilmente se puede defender la paz de manera creíble cuando los gobiernos invierten al mismo tiempo cantidades récord en armamento. A través de este tipo de conexiones crece la conciencia política.
Preguntas fundamentales
También resulta llamativa la manera en que hablan muchos jóvenes activistas. Su mensaje suele estar menos basado en eslóganes de lo que sus adversarios hacen parecer. Quien escucha entrevistas a estudiantes, activistas climáticos o jóvenes militantes sindicales, normalmente no oye consignas vacías. Explican tranquilamente por qué protestan.
Hablan de familiares en Gaza, de compañeros de estudios que ya no pueden permitirse pagar su formación, de amigos que no encuentran vivienda, del miedo al cambio climático, del racismo que sufren personalmente o del que son testigos. El tono es sobrio, pero sus reivindicaciones no son por ello menos fundamentales, sino todo lo contrario.
No se conforman con unas pequeñas correcciones de las políticas existentes, sino que plantean preguntas sobre la manera en que se distribuyen el poder y la riqueza. ¿Por qué tienen los accionistas más influencia que los trabajadores? ¿Por qué pueden las multinacionales obtener beneficios cada vez mayores mientras los gobiernos aplican recortes? ¿Por qué las personas sin vivienda apenas pueden contar con protección, mientras los bienes inmuebles se han convertido en un producto de inversión?
¿Por qué se presenta tan rápidamente la violencia militar como una solución, mientras que la diplomacia y las inversiones sociales son constantemente descartadas por considerarse ingenuas o demasiado caras? ¿Por qué Occidente habla tanto de democracia y derechos humanos mientras sigue apoyando incondicionalmente a Israel? ¿Por qué los gobiernos siguen concediendo miles de millones en subvenciones a las energías fósiles mientras la crisis climática se agrava cada vez más?
Estas preguntas no se refieren a fenómenos marginales, sino que afectan a los fundamentos de cómo está organizada nuestra sociedad.
Juntos somos fuertes
El progreso social nunca surgió por sí solo en el pasado. Los derechos laborales, los derechos de las mujeres, el derecho al voto, la legislación antirracista y la seguridad social se consiguieron porque la gente se organizó. Simplemente se negaron a creer que el orden existente fuera inmutable y exigieron sus derechos.
También hoy el cambio suele comenzar a pequeña escala. Los estudiantes se rebelan contra las autoridades de sus universidades, los alumnos de secundaria organizan huelgas por el clima o los jóvenes se afilian a un sindicato. También los comités de solidaridad con Palestina o los vecinos que protestan contra la vivienda inasequible muestran ese mismo deseo de cambio.
Estas iniciativas por separado a veces parecen vulnerables, pero cuando distintos movimientos se encuentran, su significado cambia. Así, una protesta estudiantil pasa a formar parte de una lucha más amplia por los servicios públicos. La acción climática se vincula con la justicia social, mientras que las organizaciones antirracistas, los sindicatos, los movimientos feministas y los activistas por la paz se refuerzan mutuamente.
Ahí reside la verdadera fuerza de esta generación y esto puede servir de ejemplo para las generaciones mayores. Una pregunta importante al respecto es cuánto espacio se les concede para dar forma a su propio futuro y hasta qué punto pueden contar para ello con el apoyo de profesores, trabajadores y otros sectores de la población.
Quien se niega a guardar silencio puede cambiar muchas cosas, lo cual es especialmente cierto cuando los jóvenes se dan cuenta de que no están solos.
Nota:
i El término «Generación Z» procede de una tradición en la que los especialistas en marketing dividen a la población en grupos objetivo (consumidores) con supuestas características comunes. Pero los jóvenes en sí mismos no forman un grupo homogéneo. Lo que hoy los lleva a salir a las calles no puede explicarse simplemente por su año de nacimiento. Sus protestas son, sobre todo, una reacción a las condiciones sociales en las que crecen y a la incertidumbre sobre su futuro.
Texto original: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2026/10/12/van-brussel-tot-parijs-de-jeugd-pikt-het-niet-langer
El Acuerdo Marco Trilateral Líbano-Estados Unidos-Israel Desarmar la resistencia
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El Acuerdo Marco Trilateral Líbano-Estados Unidos-Israel
Desarmar la resistencia
Por Jaber Suleiman | 17/10/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Voces del Mundo
Introducción
El 26 de junio de 2026 el Líbano, Estados Unidos y el régimen israelí firmaron un Marco Trilateral en un contexto de feroces ataques militares contra el Líbano y la invasión de su sur. Esta agresión formaba parte de una ofensiva regional más amplia de Estados Unidos e Israel que también devastó Irán, Siria y Palestina, trastocando el orden geopolítico.
En este comentario hablamos con Jaber Suleiman, analista político de Al-Shabaka, quien analiza cuestiones fundamentales sobre este acuerdo marco y sus implicaciones para los refugiados palestinos en el Líbano y, en términos más generales, para la lucha de liberación. Destaca las graves consecuencias de este acuerdo, ya que condiciona la retirada israelí del territorio libanés al desarme de Hizbolá, lo que hace que las facciones de la resistencia y el Estado libanés sean responsables de poner fin a la guerra y a la ocupación, mientras que exime a Israel de toda responsabilidad.
¿Qué condujo al acuerdo marco y cómo afecta a los palestinos en el Líbano?
El acuerdo marco no se refiere directamente a los palestinos, sino que lo hace de forma indirecta en relación con el desarme de Hizbolá y de los grupos no estatales, especialmente en los campos de refugiados palestinos. El contexto más amplio, sin embargo, es la guerra de 2023 que comenzó con la campaña genocida israelí en Gaza. Esta guerra ha tenido un gran impacto en la situación de los palestinos en el Líbano, sobre todo desde el inicio de la ofensiva terrestre en el Líbano en octubre de 2024.
No obstante, para comprender este acuerdo marco, es importante esbozar las tres fases de la guerra. La primera fase se extendió desde el 8 de octubre de 2023 —un día después de la operación «Inundación de Al-Aqsa»— hasta el 16 de septiembre de 2024. Esta fase estableció las reglas de combate y se caracterizó por ataques transfronterizos continuados. A continuación, llegó la segunda fase, con los ataques indiscriminados con buscapersonas del 17 al 18 de septiembre, y las posteriores escaladas israelíes que condujeron al asesinato de líderes del partido, entre ellos el secretario general de Hizbolá, Hasan Nasralá. Además, se intensificaron los bombardeos aéreos sobre el sur del Líbano, los barrios del sur de Beirut y el valle de la Bekaa. La tercera fase, sin embargo, se caracterizó por el intento de Israel de crear nuevos hechos sobre el terreno, al tiempo que «aceptaba» negociar bajo la presión y los dictados del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Desde el 27 de noviembre de 2024 Hizbolá se ha mostrado más dispuesto a respetar el alto el fuego, mientras que Israel no lo ha hecho. En la práctica, Israel ha tratado de aprovechar la «tregua» para servir a sus propios intereses militares, llevando a cabo incursiones terrestres y destruyendo infraestructuras en las localidades fronterizas. De hecho, lo que se ha desarrollado en el sur del Líbano no es una repetición de la denominada «doctrina Dahiyah» —el uso desproporcionado de la fuerza contra civiles e infraestructuras—. El régimen israelí ha ido más allá de su doctrina militar habitual en el Líbano para adoptar lo que podría denominarse la «doctrina Gaza». Hoy en día, el sur del Líbano es testigo de un auténtico genocidio y ecocidio: el ataque contra todas las formas de vida.
Hizbolá se había abstenido de tomar represalias durante 15 meses hasta el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, durante un ataque aéreo estadounidense-israelí sobre Teherán el 28 de febrero de 2026. Pocos días después, Hizbolá lanzó cohetes teledirigidos contra Israel, afirmando explícitamente que se trataba de una represalia por la muerte del líder supremo. Esto puede interpretarse como un mensaje simbólico sobre la profundidad del vínculo espiritual e ideológico de Hizbolá con el líder supremo de Irán. En realidad, Hizbolá se había estado preparando para tomar represalias tras agotarse su paciencia durante los 15 meses en los que se comprometió a no responder, con el fin de dar margen al Estado libanés para proseguir con las negociaciones. En su sesión del 2 de marzo de 2026, el Consejo de Ministros libanés tipificó como delito el ala militar de Hizbolá y reafirmó el monopolio del Estado sobre el uso de la fuerza.
El régimen israelí no se mostraba dispuesto a negociar, ya que su ocupación militar de una franja del sur del Líbano era un objetivo muy deseado. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no se había mostrado entusiasta ante los llamamientos del presidente libanés a la negociación hasta abril de 2026, cuando Estados Unidos le presionó para que lo hiciera. El deseo de Israel de excluir al Líbano de los acuerdos entre Estados Unidos e Irán y de separar los frentes libanés e iraní también le llevó a negociar directamente con el Gobierno libanés, lo que culminó en el acuerdo marco.
¿Por qué se denomina «marco» y qué lo hace tan peligroso?
Se clasifica como marco de referencia, en lugar de como tratado, para eludir la ratificación parlamentaria en esta fase, así como otros niveles de aprobación estipulados en el artículo 52 de la Constitución libanesa. Además, podría haberse redactado de esta forma para aplazar las tensiones derivadas de la Ley de Boicot del Líbano de 1955, que prohíbe determinadas formas de acuerdos y relaciones con Israel. De hecho, este acuerdo supera, en su contenido y redacción, a todos los acuerdos y arreglos anteriores que regulaban las relaciones entre el Líbano e Israel, incluidos el Acuerdo General de Armisticio de 1949; el Acuerdo de Retirada de Tropas entre el Líbano e Israel de 1983; la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada tras la guerra de julio de 2006; y el acuerdo de cese de hostilidades de 2024, que estipulaba que solo las fuerzas militares y de seguridad oficiales del Líbano se desplegarían en la zona al sur del río Litani.
El Marco Trilateral de 2026, en particular las cláusulas 2, 3, 11, 12 y 13, sienta un peligroso precedente. En la práctica, el Líbano ha aceptado la continuación de la ocupación israelí hasta que se produzca el desarme completo de Hizbolá y otros actores no estatales. En otras palabras, la ecuación se ha invertido: la retirada de Israel ya no se considera una obligación incondicional; por el contrario, se exige al Líbano que desarme a Hizbolá como condición para la retirada de Israel. Así pues, el desarme se ha vinculado a la retirada, a pesar de que, según el derecho internacional, la ocupación continuada del territorio libanés está prohibida. Esta es la primera situación difícil en la que se ha visto envuelto el negociador libanés bajo la presión de lo que podría denominarse una «carrera hacia adelante», para acabar enfrentándose a un dilema aún mayor: la incapacidad del Estado libanés para cumplir con el requisito de desarmar a Hizbolá. En consecuencia, vincular la retirada israelí al desarme de Hizbolá hace que dicha retirada dependa de algo que, en la práctica, el Estado libanés carece de capacidad para llevar a cabo.
Otro aspecto peligroso es vincular la reconstrucción a objetivos de seguridad, incluido el desarme de los grupos armados no estatales. El marco exige al Líbano que impida que los grupos armados no estatales se beneficien de los fondos de reconstrucción. Así, la reconstrucción pasa de ser una necesidad humanitaria para hacer frente a los efectos de la guerra y devolver la vida a las zonas devastadas a convertirse en un instrumento condicionado al logro de objetivos políticos y de seguridad.
Aún más peligroso es el modo en que este marco caracteriza a la resistencia como la causa principal de la guerra contra el Líbano, en lugar de la ocupación o las ambiciones israelíes en el Líbano. Esto no tiene precedentes en la historia de la resistencia árabe a la colonización sionista. Atribuye la responsabilidad de la ocupación continuada a Hizbolá y a la resistencia, sugiriendo que su insistencia en conservar las armas es la razón de la ocupación israelí en curso. Esta interpretación trasladaría la esencia del enfrentamiento al propio Líbano, vinculándola a la estructura interna del país y a sus divisiones políticas. El peligro radica en la fragilidad del sistema sectario del Líbano, que podría dar lugar a un conflicto civil cuando existan desacuerdos fundamentales sobre cuestiones como la «soberanía nacional» y la «resistencia a la ocupación» —cuestiones que, en gran medida, han sido objeto de consenso entre los distintos gobiernos libaneses—.
Igualmente alarmante es el intento de eximir a Israel de toda responsabilidad jurídica por sus crímenes, tanto en esta guerra como en guerras israelíes anteriores, tal y como se pone de manifiesto en el marco del acuerdo. El acuerdo insta a ambas partes a abstenerse de emprender «acciones hostiles o adversas» entre sí en los ámbitos jurídico y político, como si el Líbano e Israel estuvieran en pie de igualdad. Desde esta perspectiva, el acuerdo podría limitar la capacidad del Líbano para emprender acciones legales contra Israel a través de mecanismos internacionales. El acuerdo también complica el intercambio de prisioneros al vincularlo a otras cuestiones pendientes.
¿Cuáles son las repercusiones del ataque israelí contra los campos de refugiados palestinos?
Las repercusiones de la guerra en los campos y comunidades palestinas, especialmente entre 2024 y 2026, han sido catastróficas. La guerra provocó desplazamientos masivos, especialmente desde los campos de refugiados palestinos del sur, entre ellos Rashidiya, Burj al-Shamali y Al-Buss, así como desde otras comunidades palestinas, sobre todo en medio de la escalada de órdenes de evacuación tras el 2 de marzo de 2026. A ello se ha sumado el empeoramiento de las condiciones de vida y el colapso de los ingresos debido a las restricciones de movimiento y a la interrupción de las oportunidades laborales, además de una enorme presión sobre la infraestructura de los campamentos.
Los campamentos fueron testigos de desplazamientos en dos direcciones simultáneas. La primera fue el desplazamiento desde los campamentos del sur hacia los del centro y el norte del Líbano, mientras que la segunda fue el desplazamiento hacia los propios campamentos. Muchos residentes del sur, ya fueran libaneses, palestinos o sirios, buscaron refugio en estos campamentos durante los periodos en los que se consideraban relativamente más seguros. En otras palabras, fuimos testigos de desplazamientos tanto hacia los campamentos como fuera de ellos al mismo tiempo.
En las redes sociales aparecieron imágenes impactantes, como, por ejemplo, un vídeo de un pastor libanés que conducía un rebaño —que podría haber ascendido a cientos de cabezas— hacia el campo de Al-Buss durante un periodo en el que este se consideraba relativamente seguro. Los campos palestinos del Líbano cuentan con una amplia experiencia en acoger a refugiados libaneses, especialmente durante la guerra de julio de 2006.
Según un informe publicado por la Organización Palestina de Derechos Humanos (Shahed), el número de familias desplazadas a los campamentos ascendió a 3.062. Suponiendo que el tamaño medio de una familia sea de unos 5,6 miembros, esto supone más de 17.000 personas. Por localidades, el número de familias desplazadas ascendió a 746 en Tiro, 700 en Saida y 62 en Beirut. El norte, concretamente los campamentos de Nahr al-Bared y Beddawi, concentró la mayor parte, con aproximadamente 1.354 familias, a las que se suman 200 familias en el valle de la Bekaa.
Esto plantea la siguiente pregunta: ¿Quién ha cumplido con su responsabilidad para con estas personas desplazadas? Las facciones palestinas y la Organización para la Liberación de Palestina han limitado en gran medida su papel a emitir comunicados de condena y a instar a la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en el Cercano Oriente (UNRWA) a que tome medidas. Al mismo tiempo, las facciones no han desempeñado ningún papel tangible a la hora de ayudar a estas personas desplazadas a establecerse y gestionar sus asuntos.
El 4 de marzo de 2026 la UNRWA activó su respuesta de emergencia en el Líbano y posteriormente lanzó un llamamiento de financiación para hacer frente a las consecuencias del desplazamiento. Su actuación se produjo tras la escalada de órdenes de evacuación en el sur, que comenzó el 2 de marzo, cuando las fuerzas israelíes amenazaron a más de 50 localidades y pueblos, principalmente al sur del río Litani. El 17 de marzo, se emitieron órdenes de evacuación israelíes para los campos de refugiados palestinos de la zona de Tiro. La UNRWA acabó gestionando dos refugios de emergencia: el Centro de Formación de Siblin, en Saida, y la escuela de Battir, en el campo de refugiados palestinos de Nahr al-Bared, en el norte del Líbano.
Según las estadísticas de la UNRWA, 1.567 personas desplazadas habían acudido a sus refugios de emergencia. Si tenemos en cuenta el número mucho mayor de personas desplazadas documentadas, surge la pregunta: ¿adónde fueron las demás? Algunas se dirigieron a otros campamentos, otras se quedaron con familiares o en comunidades de acogida, y quienes podían permitírselo alquilaron un alojamiento. También debemos mencionar a quienes nunca abandonaron los campamentos; basándonos en experiencias de desplazamiento anteriores, sabemos que una parte considerable de la población permaneció en los campamentos. Por último, la UNRWA publicó un informe en el que se indicaba que, a fecha de 14 de julio, todas las personas desplazadas alojadas en los refugios de emergencia de la UNRWA se habían marchado.
¿Cómo afectó la guerra a la situación de los palestinos en el Líbano?
Esta guerra ha afectado enormemente a las condiciones de vida y humanitarias de los palestinos en el Líbano. Sin embargo, los factores estructurales que afectan a los derechos de los palestinos en el Líbano se han mantenido sin cambios desde antes de la guerra. Existe una marginación económica, social y espacial, ya que los campamentos se consideran enclaves de seguridad rodeados de puestos de control del ejército libanés y son vistos por el Estado libanés y algunos sectores de la comunidad de acogida como una amenaza. Esta visión centrada en la seguridad de la presencia civil palestina en el Líbano no ha cambiado.
La situación oficial de los palestinos no ha cambiado sustancialmente desde la sesión del Parlamento libanés de agosto de 2010, en la que se modificaron las leyes laborales y de seguridad social. En resumen, las modificaciones de 2010 suavizaron algunas restricciones impuestas a los palestinos como trabajadores extranjeros; sin embargo, según el ordenamiento jurídico libanés, estas leyes requieren decretos de aplicación que aún no se han promulgado. Desde el punto de vista jurídico, la situación permanece prácticamente sin cambios. En la práctica, sin embargo, la situación ha empeorado.
Según una encuesta realizada por la Universidad Americana de Beirut en colaboración con la UNRWA en 2015, aproximadamente el 65% de los refugiados palestinos en el Líbano vivían por debajo del umbral de la pobreza. A principios de 2023, la tasa de pobreza había aumentado hasta el 83%, mientras que la UNRWA estimaba que habría alcanzado el 93% sin su programa de ayuda en efectivo. Este deterioro refleja el impacto de sucesivas crisis: las protestas de 2019, la pandemia de COVID-19, la explosión del puerto de Beirut, la consiguiente crisis financiera, monetaria y económica y, por último, la guerra que se prolonga desde 2023. Todos estos factores y sus repercusiones han agravado aún más la situación y las condiciones de vida de los palestinos en el Líbano.
Recientemente se ha producido un avance en el enfoque del Estado libanés respecto a los derechos de los refugiados palestinos a través del Comité de Diálogo Libanés-Palestino (CDLP), un organismo oficial del Gobierno adscrito a la Presidencia del Consejo de Ministros que carece de representación palestina. En mayo de 2025, el CDLP presentó un conjunto de recomendaciones que constituyen un marco jurídico y basado en los derechos que regula la vida de los palestinos en el Líbano. Asimismo, presentó una recomendación al Consejo Económico y Social del Líbano, que forma parte de la estructura oficial del Estado, solicitando un dictamen consultivo sobre la cuestión.
Nuestro colega Adib Nehme elaboró el borrador del dictamen consultivo, que demostraba una comprensión precisa de la cuestión de los derechos, en particular en lo que respecta a la compatibilidad entre la concesión de derechos a los palestinos y el rechazo al reasentamiento o a los requisitos de soberanía libanesa. Sin embargo, la reunión concluyó sin que el Consejo Económico y Social aprobara este marco. En mi opinión, la cuestión palestina no es una prioridad para el Estado libanés en la actualidad, ya que este parece estar absorto en muchas otras crisis y problemas.
¿Qué supone el desarme de los grupos armados para las facciones palestinas en el Líbano?
Como se ha señalado, el acuerdo marco no aborda directamente ni menciona explícitamente a los palestinos, pero sí insta al desarme de los grupos armados. Esto plantea la cuestión de qué grupos entran dentro de su ámbito de aplicación. Las facciones palestinas se encuentran claramente entre los principales objetivos de esta propuesta, sobre todo teniendo en cuenta los esfuerzos de desarme que abordé en una reciente mesa redonda, en un contexto más amplio de transformaciones regionales y presiones destinadas a debilitar a las fuerzas de resistencia.
Entre los acontecimientos recientes más significativos se encuentra la visita del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, al Líbano en mayo de 2025, que incluyó una cumbre libanopalestina y reuniones oficiales de alto nivel. La declaración conjunta resultante reafirmó el monopolio del Estado libanés sobre el uso de la fuerza. La parte libanesa acogió con satisfacción la postura de Abás y la consiguiente entrega de armas en los campamentos.
Según información atribuida al CDLP, ya se ha entregado aproximadamente el 90% de las armas palestinas incluidas en el proceso actual. Sin embargo, considero que la forma en que se presenta la cuestión de las armas sigue siendo muy problemática. Las facciones palestinas entregaron cantidades sustanciales de armas pesadas y medianas al Ejército libanés en 1991. Aunque el proceso no haya dado lugar a un desarme completo, ¿qué valor militar tienen unas armas que datan de hace más de tres décadas?
Sin embargo, si hablamos de armas adquiridas recientemente, en especial armas pesadas o especializadas, surge una pregunta fundamental: ¿de dónde proceden estas armas y cómo entran en los campamentos? Se trata de cuestiones que no pueden pasarse por alto, ya que los campamentos palestinos están sometidos a un estricto control militar y de seguridad libanés. La misma pregunta se aplica a las personas presuntamente buscadas por las fuerzas de seguridad: ¿cómo entran en los campamentos y cómo salen de ellos?
En mi opinión, la cuestión de las armas se está utilizando, por lo tanto, al menos en parte, como medio para ejercer presión sobre los palestinos en el Líbano y está siendo instrumentalizada por diferentes actores políticos. Esto también se aplica a la Autoridad Palestina, que podría aprovechar su participación en el proceso de entrega de armas para reforzar su posición tanto ante el Estado libanés como ante la comunidad internacional, especialmente teniendo en cuenta los retos a los que se enfrenta en Cisjordania y, en términos más generales, en la política palestina.
Por lo tanto, es esencial distinguir entre la cuestión de los derechos y la cuestión de las armas. Abordar esta última implica consideraciones de soberanía, seguridad y relaciones entre el Líbano y Palestina. Por el contrario, los derechos económicos y sociales de los palestinos en el Líbano no deberían convertirse en moneda de cambio ni en una recompensa política. Los derechos deben reconocerse porque son derechos, no concederse a cambio de la entrega de armas. El acuerdo marco de hoy plantea una cuestión más amplia que va más allá del destino de las armas palestinas en sí mismas.
¿Qué significaría el desarme de Hizbolá para la lucha palestina en general?
En general, el acuerdo puede considerarse parte de un esfuerzo estadounidense-israelí por remodelar el orden político y de seguridad que ha prevalecido en el Líbano desde la guerra de julio de 2006, especialmente en lo que respecta a Irán y a otros miembros del eje de la resistencia, incluidas las facciones palestinas.
De hecho, Hizbolá se ha opuesto sistemáticamente a todos los llamamientos para desarmar los campos de refugiados palestinos en el Líbano, desde el Acuerdo de Taif (1989) hasta la actualidad, ya que, desde la perspectiva del partido, estas armas constituyen un activo para el «eje de la resistencia» en el Líbano y en la región. Hoy, sin embargo, el entorno estratégico del enfrentamiento con Israel ha cambiado significativamente, sobre todo a la luz de los posteriores acontecimientos regionales que culminaron en el acuerdo marco y la «hoja de ruta» para Gaza.
Cualquier esfuerzo que logre desmantelar la estructura militar de Hizbolá, y transformarla en un partido exclusivamente político, tendría importantes implicaciones para la lucha palestina, tanto en el plano político como en el militar, al menos en un futuro previsible. También marcaría el final de un capítulo importante en la historia de la resistencia armada contra Israel en el Líbano. Sin embargo, la represión de la resistencia no debe considerarse inevitable; el curso de los acontecimientos futuros sigue siendo incierto.
Jaber Suleiman es un investigador y consultor independiente en el ámbito de los estudios sobre refugiados. Desde 2011 trabaja como consultor y coordinador del Foro de Diálogo Palestino-Libanés en el marco de la Iniciativa «Common Space», el Proyecto de Apoyo del PNUD para la Creación de Consenso y la Paz Civil en el Líbano. Entre 2007 y 2010, trabajó como consultor para el programa palestino de UNICEF en los campos de refugiados palestinos del Líbano. Fue investigador visitante en el Programa de Estudios sobre Refugiados de la Universidad de Oxford. También es cofundador del Grupo Aidoun y del Centro para los Derechos de los Refugiados/Aidoun, y ha escrito varios estudios sobre los refugiados palestinos y el derecho al retorno.
Texto original: Al-Shabaka, traducido del inglés por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/10/15/desarmar-la-resistencia-el-acuerdo-marco-trilateral-libano-ee-uu-israel/
jueves, 15 de octubre de 2026
Solo Lula y su pueblo salvarán a Brasil
Recomiendo:
Solo Lula y su pueblo salvarán a Brasil
Por Hedelberto López Blanch | 15/10/2026 | Brasil
Fuentes: Rebelión
Tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, en la que el candidato ultraderechista Flavio Bolsonaro obtuvo 47,03 % de los votos frente al 45,16 % del candidato oficialista a la reelección Luiz Inacio Lula da Silva, no resultó ninguna sorpresa que los primeros en felicitarlo fueran el convicto mandatario estadounidense Donald Trump y el sionista Benjamín Netanyahu.
Recientes denuncias de medios de prensa aseguran que tanto Estados Unidos como Israel se han inmiscuido en una virulenta campaña propagandística y financiera para tratar de derrocar al Gobierno democrático y nacionalista de Lula.
El diario inglés The Guardian y el brasileño Opera Mundi informaron acerca de documentos del Gobierno de Donald Trump y del Congreso estadounidense que revelan la existencia de un fondo secreto de 1 millón de dólares liberado por el Departamento de Estado para financiar acciones contra el Supremo Tribunal Federal (STF).
Los recursos para el programa, denominado “Countering Lawfare and Censorship in Brazil” (Contrarrestar el “lawfare” y la censura en Brasil), fueron liberados el 30 de septiembre, cinco días antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas. La información proviene de UOL, la mayor empresa brasileña de contenidos, tecnología, servicios y medios de pago.
Los mismos documentos registran las gestiones de cabildeo realizadas por el exdiputado federal Eduardo Bolsonaro (Partido Liberal) ante autoridades estadounidenses para que se impusieran sanciones al magistrado Alexandre de Moraes, con el objetivo declarado de forzar una amnistía para su padre, el expresidente Jair Bolsonaro.
Los documentos describen el fondo como una herramienta para «apoyar a la sociedad civil en el combate contra el activismo judicial excesivo y la censura en Brasil».
Uno de los textos es más explícito y afirma que «la subvención tiene como objetivo apuntar al STF de Brasil y a la percepción de que el Tribunal está atacando la libertad de expresión en Estados Unidos».
Eduardo se mudó a Texas en febrero de 2025 y, desde entonces, llevó a cabo una campaña ante las autoridades estadounidenses para que se impusieran sanciones a autoridades brasileñas, centrándose en Alexandre de Moraes.
El objetivo declarado era forzar algún tipo de amnistía para el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a más de 27 años de prisión en la investigación sobre la trama golpista.
La campaña dio resultados concretos. Moraes llegó a ser objeto de sanciones en virtud de la «Ley Global Magnitsky», mientras que otros magistrados del Tribunal Supremo Federal fueron incluidos en una lista de restricciones de visado para Estados Unidos por parte del Gobierno de Trump.
Por otro lado, compañías de telecomunicaciones privadas controladas por Washington hicieron sus trabajos. A diez días de la primera vuelta electoral, Meta, cuyo presidente y director ejecutivo es Mark Zuckerberg, deshabilitó la cuenta publicitaria de Lula en Facebook. La campaña recurrió la decisión y la cuenta fue restablecida, pero la empresa no explicó públicamente por qué la había bloqueado. No era una cuenta secundaria: Lula había invertido millones de reales en publicidad política y dependía de esa infraestructura para llegar a millones de votantes.
También Instagram retiró publicaciones de ministros, militantes y organizaciones sociales a favor de Lula durante la campaña, mientras favorecieron a candidatos de la derecha.
O sea, una compañía privada decide qué ves, qué no ves, qué se impulsa, qué se hunde y qué desaparece durante unas elecciones nacionales. Lo hace con reglas que cambian, algoritmos que nadie fuera de la empresa puede auditar de verdad y sistemas automáticos capaces de equivocarse a escala de millones de personas.
En cuanto a Israel, se asegura que ha estado involucrado contra el Gobierno brasileño. Empresas privadas de ese país que venden espionaje, campañas digitales e intervención política como BlackCore, BlackCube y Team Jorge están detrás de campañas desinformativas y difamatorias contra organizaciones, partidos y dirigentes políticos que no apoyan al régimen sionista y sí promueven a los que les son afines.
Como se conoce, el ultraderechista Flavio ha declarado en reiteradas ocasiones que estrechará las alianzas con Israel, ha defendido el genocidio que comete ese régimen contra los palestinos y afirmó que sus primeros viajes tras ser «elegido» serán a Tel Aviv y a Washington.
Flavio también asegura que pondrá en libertad a su padre, Jair Bolsonaro, preso por intentar un golpe de Estado contra el Gobierno de Lula, y se integrará rápidamente a la ola derechista de gobiernos latinoamericanos dirigidos desde Estados Unidos.
Tras los resultados negativos de la primera vuelta, Lula ha salido con fuerza en los medios sociales de comunicación y en sus apariciones publicas, lo cual ha ido despertando a una gran masa que indecisos que no llegó a votar en la consulta anterior. Ahora millones de brasileños han llenado las calles en su apoyo, lo cual puede darle la ventaja para derrotar al ultraderechista oponente en el balotaje.
Hoy más que nunca se hace necesario que Brasil se mantenga como un eje progresista y nacionalista en el continente americano y solo la experiencia y el prestigio de Lula junto a las organizaciones populares y democráticas pueden lograrlo.
Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
miércoles, 14 de octubre de 2026
Escala la tensión por las Malvinas: "Es la base militar más importante de la OTAN"
- Sputnik Mundo,
Escala la tensión por las Malvinas: "Es la base militar más importante de la OTAN"
Tras el pedido de Argentina ante un tribunal internacional para frenar la explotación de hidrocarburos en las Islas Malvinas, el Gobierno británico aseguró que las empresas que inviertan en el archipiélago "estarán protegidas" y pidió a Interpol que rechace las alertas rojas contra empresarios vinculados al proyecto petrolero Sea Lion.
"Los documentos de la OTAN de fines de los años 1970 marcaban la necesidad de tener una base militar en el Atlántico Sur. Apenas terminó el conflicto, la construyeron en Monte Agradable, en la isla Soledad. Lo que hace hoy el Reino Unido es seguir consolidando esa posición. Los que piensan que se va a romper la alianza angloamericana están equivocados", afirmó César Trejo, director del Observatorio Malvinas de la Universidad Nacional de Lanús y veterano de la guerra de las Malvinas, en diálogo con Cara o Ceca.
"El refuerzo de la defensa nacional va en la dirección correcta, pero es insuficiente. Desde el Gobierno militar hasta la actualidad, se fue debilitando la capacidad de defensa, y eso debe revertirse con una política que contemple los intereses nacionales, promover políticas integrales que van desde lo pedagógico, económico, hasta la capacidad de desarrollo industrial", sostuvo Trejo.
"Para el Reino Unido, el Atlántico Sur es importantísimo desde el punto de vista estratégico. No nos extrañan los gestos militaristas porque lo vienen sosteniendo desde 1982. Es la base militar más importante de la OTAN", concluyó.
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