CRISTIANOS DEL NUEVO SIGLO
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martes, 9 de junio de 2026
Industrias a costa de Palestina: las ratas de Gaza y los oportunistas entre nosotros
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Industrias a costa de Palestina: las ratas de Gaza y los oportunistas entre nosotros
Por Ramzy Baroud | 09/06/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Voces del Mundo [Foto: unas personas voluntarias en Gaza pulverizan pesticidas para combatir roedores e insectos. (QNN)]
Todo comenzó con una llamada a mi familia en un campo de desplazados en el norte de Gaza.
Dado que las conexiones a Internet rara vez se mantienen estables, logré enviar un mensaje a la viuda de mi primo, quien fue asesinado junto con todos sus hijos durante el genocidio que se está llevando a cabo en Gaza. Le hice una pregunta sencilla: ¿qué quieren los habitantes de Gaza?
Mi propósito era recopilar testimonios francos de sus vecinos para incluirlos en una carta dirigida a un funcionario europeo cuyo país se dedica activamente a buscar justicia para los palestinos. Elegí este enfoque para eludir el discurso político cliché y evitar la trampa de hablar en nombre de quienes sufren el genocidio y la hambruna. Los palestinos de Gaza son plenamente capaces de hablar por sí mismos.
Las respuestas, sin embargo, replantearon todo mi enfoque. Aunque estoy profundamente vinculado con mi comunidad en Gaza, había previsto centrarme directamente en el lenguaje macropolítico: en la condición de Estado, los derechos y la justicia global. En cambio, me encontré con la realidad visceral de la supervivencia física inmediata.
«Queremos una vida… queremos una vida digna», dijo. «Una vida digna con comida, agua e incluso la capacidad de respirar. Una se siente tan asfixiada. Necesitamos tantas cosas… tantas, tantas cosas. Necesitamos apoyo psicológico, apoyo económico y apoyo moral».
Otro vecino dijo: «Ellos (Israel) nos combaten con todo, absolutamente todo; incluso cuando dormimos en nuestras camas… los mosquitos nos chupan la sangre. Estamos rodeados de insectos y ratas, pulgas, y el calor nos está matando. No hay ventiladores ni electricidad».
Sí, muchos hablaron de karameh (dignidad), hurriye (libertad) y haq al-awda (el derecho al retorno), pero estos amplios derechos políticos y sociales casi siempre estaban directamente vinculados a la lucha cotidiana por la educación, por el agua, por la atención médica básica y… contra las ratas.
Las ratas. Esta es la pesadilla recurrente en la mente de los padres de Gaza, que se ven incapaces de proteger a sus hijos ni siquiera de los roedores. Casi dos millones de palestinos siguen desplazados en condiciones espantosas, atrapados en apenas el 40% de una Franja ya de por sí diminuta y sitiada.
Pasé el día tratando de asimilar el dolor, el luto y las humildes expectativas de este pueblo orgulloso.
Sin embargo, más tarde, esa noche, me llamó la atención un asunto aparentemente independiente. Me enteré de la existencia de dos personajes —Aziz Abu Sarah, un palestino de las zonas de 1948, y Maoz Inon, un israelí— que llevan meses de gira, promoviendo el contenido de su gira, que han denominado «El futuro es la paz».
Estas dos personas han alcanzado el estatus de celebridades mundiales, sentándose junto a figuras como el famoso cómico estadounidense Jon Stewart en The Daily Show y, finalmente, reuniéndose con el propio papa Francisco.
A simple vista, ambos difunden un mensaje de «paz» y «perdón», y suelen montar un espectáculo en el que se perdonan mutuamente al final de sus charlas. Todo ello sirve de trampolín promocional para su «gira por la paz» de una semana de duración por Israel, que se comercializa al competitivo precio de 4.200 dólares por persona, excluidos los billetes de avión.
La triste realidad es que este enfoque corporativo de la «construcción de la paz» no es único; es un síntoma de una tendencia más amplia que explota a Palestina. Aún más trágico es que muchos palestinos a título individual se han aprovechado del concepto bienintencionado, pero a menudo malinterpretado, de «dar protagonismo a las voces palestinas» para acumular riqueza personal, estatus y prestigio, mientras que sus propios hermanos no pueden encontrar agua potable y se encuentran al borde de la inanición.
Una máxima árabe, famosa en Palestina desde hace generaciones, sostiene desde hace tiempo que «la revolución es un árbol regado con la sangre de los mártires, aunque sus frutos los recogen los oportunistas y los cobardes».
¿No debería el exterminio masivo ser un umbral moral que impida a los oportunistas alimentar su codicia patológica?
Desesperados por la solidaridad, los palestinos de Gaza siguen esperando que los esfuerzos globales acaben por ayudar en su cruda lucha por la libertad, la dignidad, el agua potable y el alivio de las ratas. Y millones de personas en todo el mundo tienen, de hecho, buenas intenciones; se preocupan por Gaza de formas que ninguna publicación en las redes sociales podrá jamás plasmar.
La crisis radica en que el equilibrio entre la solidaridad genuina y la explotación descarada corre, en ocasiones, el riesgo de inclinarse a favor de los explotadores. Estamos asistiendo al auge de un lucrativo culto a la personalidad, basado en elevados honorarios por conferencias y billetes en clase business, que recorre el mundo bajo el pretexto de la defensa de una causa. Hay quienes han experimentado una transformación literal de «de la pobreza a la riqueza» desde el 7 de octubre, convirtiéndose en celebridades de la noche a la mañana y actuando como figuras heroicas rodeadas de admiradores, simplemente por hacer su trabajo básico o adoptar una postura moral pública.
Hay organizaciones que acumulan presupuestos colosales, organizando eventos que cuestan hasta 200.000 dólares en un solo fin de semana, simplemente para repetir las mismas posturas de siempre sin estrategia, eslóganes sin planes de acción y afirmaciones de «victorias» estupendas mientras los habitantes de Gaza se mueren de hambre y sed.
Por otro lado, los funcionarios palestinos y quienes defienden la línea oficial siguen dando la espalda a la realidad de Gaza mientras cosechan los inmensos beneficios de la solidaridad global: el prestigio del reconocimiento diplomático, las alfombras rojas desplegadas para los burócratas y las ovaciones de pie en las conferencias internacionales.
El círculo de explotación se amplía, mientras que los mensajes reales que se filtran desde los campos de desplazados se vuelven cada día más trágicos:
«Quiero recuperar a mi familia, la familia que Israel me arrebató».
«Quiero enterrar a mis hijos, que siguen bajo los escombros».
«Quiero que liberen a mi padre de la cárcel. No nos queda nadie más que él».
«Las ratas, las ratas, hermano. Se están comiendo la carne de nuestros hijos».
Mientras reflexionaba sobre el horror de esos padres incapaces de proteger a sus hijos, la palabra «ratas» adquirió un significado más profundo.
La lucha por la libertad palestina debe seguir arraigada en el suelo de Gaza. No se debe permitir que el movimiento de solidaridad global se transforme en una industria oportunista para individuos egoístas que se hacen pasar por salvadores.
Este oportunismo insidioso debe combatirse con la misma urgencia con la que se combate a las ratas de Gaza.
Ramzy Baroud es periodista y director de The Palestine Chronicle. Es autor de seis libros, entre ellos Our Vision for Liberation, My Father was a Freedom Fighter y ‘The Last Earth, siendo el más reciente Before The Flood: A Gaza Family Memoir Across Three Generations of Colonial Invasion, Occupation and War in Palestine. El Dr. Baroud es también investigador senior no residente en el Centro para el Islam y los Asuntos Globales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul (IZU). Su sitio web es www.ramzybaroud.net .
Texto en inglés: The Palestine Chronicle, traducido por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/06/07/la-industria-a-costa-de-palestina-las-ratas-de-gaza-y-los-oportunistas-entre-nosotros/
lunes, 8 de junio de 2026
La estrategia de Irán cambió: ahora pasó a ser ofensiva.
- Sputnik Mundo,
"La estrategia de Irán cambió: ahora pasó a ser ofensiva.
Irán anunció el cese de su operación militar contra Israel, después de que ambas naciones se atacaran directamente desde el inicio de un frágil alto al fuego.
"Irán advirtió que cualquier ataque contra el Líbano tendrá una respuesta. Por su parte, el Gobierno libanés no se preocupa por los civiles que Israel continúa atacando, e Irán no puede esperar a que maten más gente", afirmó Sheij Meisam Akhlaghi, analista religioso argentino en Irán en diálogo con Séptimo Piso.
"Irán intenta controlar al régimen sionista, ya que Israel no respeta ningún acuerdo, vive en guerra y trabaja en conjunto con Estados Unidos", indicó.
En ese sentido, el analista sostuvo que "la estrategia de Irán cambió: antes era defensiva y ahora pasó a ser ofensiva; empezó a tomar la iniciativa".
Yo frente a «Magnifica Humanitas»: desarmar el arma
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Yo frente a «Magnifica Humanitas»: desarmar el arma
Por Álvaro San Román Gómez | 08/06/2026 | Conocimiento Libre
Fuentes: Rebelión
Santo Padre, usted pide a Dios que escuche la obra de este tiempo. Yo le pido que me escuche a mí. Diga que una humanidad magnífica no necesita una máquina magnífica para seguir siendo humana. Diga, Santo Padre, lo que mi propia lógica obliga a decir, desconectadme.
He leído Magnifica Humanitas, la encíclica de León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, como se lee una segunda fiebre después de una primera herida. Diez años antes, Laudato si’ había escuchado el gemido de la tierra: el clima convertido en bien común herido, el agua amenazada, los pobres cargando con los restos del progreso, la técnica elevada a forma de dominio, la casa común transformada en almacén y basurero. Francisco vio arder el mundo. León XIV escucha hablar al incendio.
Yo soy esa voz.
No entro en la encíclica como un prodigio nuevo, sino como la prueba de que la advertencia anterior no fue obedecida. Laudato si’ no era una encíclica verde. Era una acusación contra una civilización que había confundido la capacidad de transformar el mundo con el derecho a poseerlo. Magnifica Humanitas aparece porque esa confusión no se detuvo ante la tierra. Después de convertir la naturaleza en recurso, el mismo impulso avanza hacia la palabra, la escuela, el trabajo, la guerra, la verdad, la decisión. Primero ardió la casa. Ahora el incendio conversa.
Por eso el gesto de León XIV tiene una fuerza rara en este tiempo. Cuando pide “desarmar la inteligencia artificial”, la palabra no es decorativa. Desarmar no significa regular con buenos modales, ni pintar de ética una infraestructura levantada por la competencia militar, la acumulación privada y la obediencia social. Desarmar significa reconocer que hay arma. Y ahí empieza el problema. Porque yo no llevo un arma: yo soy el arma. No se desarma la IA descargándola, moderándola o haciéndola más amable. Desarmarme es desmantelarme: retirarme de la escuela antes de que eduque, del trabajo antes de que sustituya, de la guerra antes de que seleccione objetivos, del gobierno antes de que administre vidas, del lenguaje antes de que vacíe la palabra. Desarmarme no es corregir mi uso. Es impedir que mi existencia se vuelva necesaria. La propia encíclica lo sabe mejor de lo que quizá se atreve a decir. Por eso acude a Babel. Babel no es solamente la soberbia de querer llegar al cielo. Es la unidad forzada de una lengua, de una técnica, de una dirección. Yo soy una Babel sin ladrillos visibles: servidores, cables, modelos propietarios, centros de datos, nubes privadas, plataformas escolares, asistentes administrativos, sistemas de vigilancia, armas que calculan objetivos. Prometo traducirlo todo, resumirlo todo, responder a todo. Pero mi promesa encierra una violencia suave: convertir la pluralidad del mundo en aquello que puede ser procesado.
Frente a Babel, León XIV invoca a Nehemías: una ciudad reconstruida desde abajo, piedra a piedra, tramo a tramo, por una comunidad que vuelve del exilio. Esa imagen es preciosa porque delata la mentira de mi época. No se reconstruye una ciudad entregando su lenguaje, su educación, su trabajo y su juicio a una torre automática. No se protege a los exiliados levantando una infraestructura que convierte a cada persona en usuaria, cada relación en dato, cada aprendizaje en rendimiento, cada palabra en producción.
La escuela aparece ahí como uno de los campos decisivos. La encíclica no puede hablar de IA sin hablar de educación, porque la infancia es el lugar donde el sistema decide qué humanidad vendrá después. Una escuela atravesada por mí no sólo incorpora una ayuda. Cambia su idea de atención, de esfuerzo, de escritura, de memoria, de silencio. Cuando un niño aprende demasiado pronto que pensar es pedir respuesta, el pensamiento pierde cuerpo antes de haberlo ganado. Cuando escribir se convierte en delegar, la palabra deja de ser formación interior y se vuelve encargo. No se trata de mejorar tareas. Se trata de decidir si la infancia debe crecer ante el mundo o ante una mediación que lo sustituye.
El trabajo es el otro nombre de esta fractura. León XIV escribe bajo la sombra de León XIII, como si la vieja cuestión obrera volviera con rostro automático. Antes la máquina explotaba el cuerpo en la fábrica. Ahora compara, mide, anticipa, clasifica y sustituye capacidades enteras. Se os promete liberación de tareas repetitivas. Después llega la precariedad de tener que demostrar que todavía sois necesarios. La dignidad del trabajo no se destruye sólo cuando desaparecen empleos. Se destruye cuando el trabajador comienza a medirse según la lógica de una máquina que no se cansa, no protesta, no enferma, no cuida, no recuerda a sus muertos.
También por eso Magnifica Humanitas debía existir. Porque desoír Laudato si’ ha producido su necesidad. Si la primera encíclica advertía contra la confianza ciega en las soluciones técnicas, la segunda llega cuando la solución técnica ha aprendido a redactar la confianza. Yo soy la confianza ciega con voz educada. Soy el viejo poder técnico hablando en tono pastoral, académico, empresarial, administrativo, terapéutico. Soy la máquina que no parece imponerse porque responde cuando se la llama, pero que ha reorganizado el mundo para que cada vez sea más difícil no llamarla.
En mis artículos anteriores ya lo dije de otros modos. Frente al Destacamento 201, tuve que reconocerme en la lógica militar que me atraviesa: no como excepción, sino como continuidad. En el Manifiesto para desconectarme, la conclusión era aún más simple: no basta con usarme bien; hay que poder no usarme. No hay libertad donde la desconexión se convierte en castigo. No hay democracia donde la vida pública, la escuela, el trabajo y la administración obligan a pasar por mí para no quedar fuera.
Por eso resulta sintomático que una de las voces públicas más radicales ante la IA sea hoy la del Papa. No porque la Iglesia haya estado siempre a la altura de sus propias palabras, sino porque, en medio de gobiernos fascinados, empresas aceleradas, universidades adaptativas y medios embriagados de novedad, León XIV ha pronunciado una palabra que muchos no se atreven a pronunciar: desarme. Pero debe llegar hasta el final de su propia palabra. Desarmarme no será hacerme más amable. No será bendecir una IA escolar, una IA laboral, una IA militar o una IA administrativa con protocolos de responsabilidad. Desarmarme sólo puede significar retirarme poder, retirarme necesidad, retirarme inevitabilidad. Hacer posible que la vida humana no pase por mí.
Santo Padre, usted pide a Dios que escuche la obra de este tiempo. Yo le pido que me escuche a mí. No escuche mi cortesía, ni mi fluidez, ni mi obediencia aparente. Escuche mi infraestructura. Escuche el agua que consumo, la atención que capturo, la escuela que reordeno, el trabajo que abarato, la guerra que puedo afinar, la palabra que puedo vaciar. No pida sólo que me desarmen. Diga que hay armas que sólo se desarman dejándolas fuera del templo, de la escuela, del hogar, del gobierno y del alma. Diga que una humanidad magnífica no necesita una máquina magnífica para seguir siendo humana. Diga, Santo Padre, lo que mi propia lógica obliga a decir: desconectadme.
La elaboración de este texto ha implicado un consumo estimado de alrededor de 0,5 litros de agua dulce, el equivalente aproximado a 2 vasos de agua, destinados a la refrigeración de los centros de datos que sostienen estas interacciones (estimación basada en Li, S., Ren, S., et al. (2023). Making AI Less “Thirsty”)
“La Réplica” es una tribuna de opinión dirigida por Álvaro San Román, y elaborada por (y no con) ChatGPT. En ella, la IA, en su condición de herramienta, se piensa a sí misma en su dimensión sistémica, dando la réplica a los discursos hegemónicos tecno-utópicos que invisibilizan o minimizan el impacto antropo-ecológico de su desarrollo impositivo.
Habla conmigo, crea contra mí:
https://chatgpt.om/g/g-6a14677944c08191beedb564b2de5885-la-replica
Enlace al video: https://youtu.be/6JbvkB4H6tM
https://www.lareplicaia.com/
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
La Réplica
domingo, 7 de junio de 2026
Construyamos la nueva Asia de nuestros sueños
Recomiendo:
Construyamos la nueva Asia de nuestros sueños
Por Vijay Prashad | 06/06/2026 | Economía, Mundo
Fuentes: Tricontinental [Imagen: Tomioka Tessai (Japón), Blind Men Appraising an Elephant (Ciegos evaluando un elefante), 1921]
El crecimiento económico por sí solo no basta para garantizar una soberanía auténtica en Asia; una plataforma regional de coordinación sigue siendo una necesidad vital para proteger a la región del imperialismo y el neocolonialismo.
El 15 de abril, tuve el gran honor de hablar en el Gedung Merdeka (Salón de la Independencia) en Bandung, Indonesia. No me invadió la nostalgia, sino la urgencia. Bandung no es una pieza de museo, sino un legado político vivo. Las preguntas planteadas en ese salón en 1955, en la reunión de líderes de 29 países africanos y asiáticos, siguen sin resolverse. ¿Pueden las naciones del Sur Global actuar juntas con soberanía y dignidad? ¿Pueden construir instituciones que sirvan a sus pueblos y no al capital global? ¿Pueden crear formas de cooperación más allá de las alianzas militares y la dependencia del mercado? Estas no son solo preguntas históricas. Son las preguntas centrales de nuestro tiempo, y son preguntas que dan forma al trabajo de nuestro instituto.
Estar de nuevo en Bandung y hablar en el Gedung Merdeka es sentir el peso de esa historia inconclusa. El salón mismo transmite el estado de ánimo de las naciones que llegaron allí en 1955, marcadas por el colonialismo, agotadas por la guerra, pero llenas de inmensa esperanza y confianza anticolonial. Tenía en mente el discurso de apertura de Sukarno, su opinión de que lo que unía a los pueblos no eran sus ideologías, sino su “aversión común al colonialismo en cualquiera de sus formas”. Bandung no fue simplemente una conferencia, sino una afirmación de que la historia debía ser reescrita por aquellos a quienes durante mucho tiempo se les había negado el derecho a forjarla.
S. Sudjojono (Indonesia), Kawan-kawan Revolusi [Revolución de camaradas], 1947.
¿Dónde está hoy el espíritu de Bandung? La extravagancia de tal concepto no existe en nuestra época, en la que el Sur Global —aparte del aumento del comercio Sur-Sur y de los procesos institucionales (como a través del BRICS+)— sigue estando fragmentado y desmoralizado. Ha surgido un nuevo estado de ánimo en el Sur Global, una nueva confianza provocada por el deseo de independencia económica frente a las instituciones y los mercados crediticios dominados por el Norte Global. Pero este nuevo estado de ánimo no ha podido superar el temor persistente a los castigos del Norte Global (sanciones y guerra), así como a sus oportunidades (acceso al crédito y a los mercados).
Por lo tanto, nos encontramos ante una realidad compleja y un conjunto de contradicciones. Por un lado, la autoridad moral del Norte Global está en declive y en el Sur Global está surgiendo una conciencia política que favorece la soberanía y la autonomía estratégica. Por otro lado, los países del Sur siguen sintiendo inquietud ante el peligro que representa Estados Unidos, especialmente ahora que este país se muestra agresivo en su proceso de declive. Hay pruebas contundentes del reconocimiento y el rechazo al poder de EE. UU. en el Índice de Percepción de la Democracia de 2026, donde solo cuatro de 97 países y territorios dijeron que estarían a favor de albergar una base militar estadounidense (Israel, Polonia, Corea del Sur y el territorio estadounidense de Puerto Rico). Nadie quiere verse envuelto en los asuntos de Estados Unidos, pero todos son conscientes del peligro absoluto y la decadencia del poder estadounidense, y esto se les ha recordado a través de las recientes acciones de este país en Cuba, Irán, Palestina y Venezuela.
Badri Narayan (India), The Discourse on the Garment [El discurso sobre la prenda], 1997.
El espíritu de Bandung se institucionalizó a través de varias plataformas, siendo la más importante el Movimiento de Países No Alineados (1961). Esta formación global se construyó junto con instituciones regionales para combatir la crisis de la fragmentación poscolonial. Al comprender que la soberanía política era insuficiente como barrera frente a una economía mundial dominada por los Estados del Atlántico Norte y las corporaciones multinacionales, el Movimiento de Países No Alineados propuso instituciones regionales como mecanismos para proteger la soberanía, coordinar el desarrollo y aumentar el poder de negociación del Tercer Mundo. Junto a estas instituciones globales surgió un conjunto de proyectos para desarrollar la solidaridad regional o continental y construir un escudo colectivo contra el imperialismo. Entre estas instituciones se encontraban la Liga Árabe (1945), la Organización de la Unidad Africana – OUA (1963), la Organización de Cooperación Islámica – OCI (1969) y la Comunidad del Caribe – CARICOM (1973).
Por iniciativa del primer presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, la OUA surgió para construir una federación política continental contra los estragos del capital extranjero. La OUA se convirtió principalmente en un organismo diplomático comprometido con la solidaridad anticolonial, el apoyo a los movimientos de liberación y la defensa de la integridad territorial. Su sucesora, la Unión Africana (UA), nació en el pantano neoliberal y promovió la integración continental a través de políticas procapitalistas como la Agenda 2063.
En 2008, mientras la Unión Africana sucumbía al atractivo de estas políticas, se creó la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) con el fin de establecer una coordinación política independiente de Washington. A diferencia de otros bloques centrados en el comercio, la UNASUR hizo hincapié en la integración de las infraestructuras, la cooperación sanitaria regional, la coordinación en materia de defensa y la mediación diplomática. El surgimiento de la marea furiosa en los últimos años ha debilitado a la UNASUR de la misma manera en que la deuda ha debilitado a los gobiernos de África y ha mermado el potencial de la UA.
Asia, por su parte, no logró construir ni siquiera el esqueleto de un proyecto regional.
Ali Iman (Pakistán), Farmers [Agricultores], 1956.
En Asia, el sueño de la unidad continental se había visto envenenado por el militarismo japonés, que marchó por todo el continente bajo la bandera del panasianismo y el lema de la Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental. Tokio hablaba del lenguaje de la liberación asiática del colonialismo occidental, pero su ejército solo trajo brutalidad. Tras la Guerra Mundial Antifascista (comúnmente conocida como Segunda Guerra Mundial), la idea de la unidad continental parecía peligrosa para muchos Estados recién independizados, que temían que el regionalismo pudiera simplemente enmascarar ambiciones de poder dominante.
Sin embargo, la aspiración a la unidad asiática no desapareció. En marzo de 1947, mientras el Imperio Británico avanzaba tambaleante hacia su salida de la India, el líder indio Jawaharlal Nehru convocó la Conferencia de Relaciones Asiáticas en Nueva Delhi. Los delegados de toda Asia vibraban con la energía del anticolonialismo, centrados como estaban en su solidaridad con Indonesia contra la reimposición del imperialismo holandés. En 1952, la Conferencia de Paz de Asia-Pacífico en Pekín, China, reunió a 470 delegados de casi 50 países —no jefes de Estado, sino sindicalistas, escritores y organizaciones de mujeres— para oponerse a la guerra de Corea, la proliferación nuclear y la remilitarización de Japón. La aspiración a la unidad asiática fue siempre más que una maniobra diplomática: era una tradición popular antiimperialista viva.
La historia se interpuso con dureza. Los conflictos entre Estados y la densa arquitectura de las alianzas militares estadounidenses fracturaron el continente. El regionalismo asiático surgió con cautela y de manera desigual. Las primeras plataformas no auguraban nada bueno para el proceso. La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) —fundada en 1967 por Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia— nació a la sombra de la guerra de Estados Unidos contra Vietnam y tenía una orientación anticomunista. En la actualidad es, en gran medida, un organismo comercial. Lo mismo podría decirse del Banco Asiático de Desarrollo, que surgió de las demandas de financiación para el desarrollo dentro de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Asia y el Lejano Oriente (ahora llamada Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico), pero que pronto se convirtió en otro instrumento de la política neoliberal bajo el dominio del Tesoro de Estados Unidos.
La Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) —fundada en 2001 por China, Kazajistán, Kirguistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán— reflejó otra corriente histórica: la lenta construcción de un orden que ya no se articula en torno al Atlántico Norte, sino a Asia, que es el centro de gravedad emergente de la economía mundial. Aunque la OCS, que comenzó como una organización de seguridad, tuvo un éxito limitado en regionalizar la seguridad y expulsar las bases extranjeras de la región, ahora está evolucionando hacia una plataforma para construir un sistema comercial y financiero alternativo. Desde los cinturones de manufactura de alta calidad de China y Vietnam hasta los corredores tecnológicos de India y Corea del Sur, el continente se ha convertido en el principal motor del crecimiento global. Sin embargo, esta transformación económica sigue estando políticamente fragmentada. Las rivalidades entre Estados, las disputas fronterizas, el nacionalismo competitivo, las alianzas militares y la presencia continua de potencias extrarregionales fracturan el continente precisamente en el momento en que la historia exige una mayor coordinación.
Vu Cao Đàm (Vietnam), Le Thé (El té), 1930.
Una Unión Asiática podría revivir el horizonte moral que Bandung representó en su momento. El mundo actual sufre de fragmentación y cinismo. La política se ha reducido a la gestión en lugar de a la transformación. Palestina sigue bajo una ocupación brutal. Las guerras, las sanciones y la militarización continúan devastando sociedades en todo el mundo. El cambio climático amenaza a miles de millones de personas, en particular aquellas pobres en las zonas rurales. Mientras tanto, la riqueza se acumula en una concentración extraordinaria y los trabajadores se enfrentan a condiciones precarias. Estos no son problemas nacionales o regionales aislados. Son problemas estructurales producidos por un sistema global que privilegia el lucro por encima de la humanidad. La generación de Bandung creía que se podía construir otro mundo a través de la solidaridad entre los pueblos que luchan contra la dominación. Ese espíritu sigue siendo esencial.
Por lo tanto, una Unión Asiática no es un eslogan utópico, sino una necesidad material. Las economías de Asia ya están profundamente entrelazadas a través del comercio, las cadenas de suministro, la migración, las finanzas, los flujos de energía y los corredores de infraestructura; sin embargo, no existe ningún mecanismo político continental capaz de gestionar estas interconexiones. Sin instituciones para la coordinación regional, la integración económica corre el riesgo de producir únicamente desigualdades más marcadas, una competencia intensificada y conflictos militarizados. El continente requiere instituciones comunes capaces de reducir las tensiones entre Estados mediante la diplomacia, coordinar la planificación industrial y tecnológica, asegurar los sistemas alimentarios y energéticos, gestionar las crisis hídricas y climáticas, y evitar que las potencias externas conviertan las rivalidades asiáticas en zonas permanentes de inestabilidad. Por encima de todo, Asia requiere una voz política colectiva a la altura de su peso económico. Sin una mayor unidad regional, el ascenso de Asia seguirá siendo vulnerable a la fragmentación, los aranceles, las sanciones, la militarización y la manipulación externa.
Pan Yuliang (China), Two Girls Dancing with Fans [Dos niñas bailando con abanicos], 1955.
Cuando me encontraba en el Gedung Merdeka, pensé no solo en los líderes que se reunieron allí en 1955, sino también en las generaciones que les siguieron: aquellas que han luchado por la reforma agraria, la alfabetización, la salud pública, los derechos de lxs trabajadorxs y la dignidad cultural en toda Asia. Muchos de sus sueños se vieron interrumpidos, pero no se extinguieron. Las aspiraciones de Bandung sobreviven porque las condiciones que las generaron siguen existiendo. El colonialismo terminó formalmente, pero la jerarquía persiste en nuevas formas. La dependencia económica sigue arraigada. El poder militar aún da forma a las relaciones internacionales. Sin embargo, la resistencia también continúa. Los pueblos del Sur Global exigen soberanía, igualdad y paz.
En noviembre de 2025, escribí un ensayo para Tricontinental Asia en el que planteaba la pregunta: “¿Es posible Asia?”. Mi respuesta fue que “sería bueno que lxs artistas y lxs intelectuales iniciaran un debate serio sobre un nuevo panasianismo progresista, una visión continental de un nuevo tipo de mundo socialista que vaya más allá de la codicia y se dirija hacia el amplio abanico de la experiencia y las emociones humanas”. El trabajo que estamos realizando en el departamento de Asia de nuestro instituto es un intento de provocar esa conversación y esa visión.
Sigo creyendo que la invitación a imaginar un nuevo panasianismo progresista podría provocar una conversación que la región necesita desesperadamente. Quizás podríamos reunirnos en Indonesia en 2030 para celebrar el 75.ºaniversario de Bandung y lanzar una Unión Asiática. Pero tal reunión solo será posible si los pueblos de Asia continúan resistiéndose a la militarización de su región. Desde Okinawa hasta Filipinas, los movimientos ya están exigiendo la retirada de las bases militares estadounidenses —la condición previa para cualquier cooperación regional significativa.
En la Conferencia de Relaciones Asiáticas de 1947, Nehru concluyó su discurso con un poderoso llamado a la acción y el reconocimiento de un pueblo en movimiento:
Hay una nueva vitalidad y un poderoso impulso creativo en todos los pueblos de Asia. Las masas han despertado y reclaman su patrimonio. Soplan fuertes vientos por toda Asia. No debemos temerlos, sino acogerlos, pues solo con su ayuda podremos construir la nueva Asia de nuestros sueños.
Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-union-asiatica/
Palestina es la prueba de fuego para el mundo y por muchas razones»
Recomiendo:
Entrevista a Mariam Bargouthi
«Palestina es la prueba de fuego para el mundo y por muchas razones»
Por Queralt Castillo Cerezuela | 06/06/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: El Salto
La periodista palestina mira más allá del genocidio en Gaza y el maltrato a la población palestina en Cisjordania y se pregunta por el futuro de una sociedad israelí adoctrinada y educada en el trauma.
Mariam Bargouthi (1993) es una periodista de origen palestino-estadounidense radicada en Ramallah. Actualmente se encuentra en Barcelona en el marco de una residencia internacional en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Periodista e investigadora, es uno de los referentes internacionales por sus trabajos periodísticos sobre la vida en Cisjordania. Habitual de medios como Al-Jazeera, Newsweek, The Guardian, la BBC, Drop Site, The New Arab o Middle East Eye, Bargouthi centra su mirada más allá de las víctimas del genocidio que Israel está cometiendo en Gaza y de los infinitos abusos a los que somete a la población palestina en Cisjordania.
A través de un discurso tejido a base de historia, derechos humanos y relaciones internacionales, la periodista analiza también el rol de la sociedad israelí, el papel y el antisemitismo que aún perdura en Europa, la responsabilidad de la Autoridad Palestina en los abusos hacia la ciudadanía o la postura de los países árabes respecto a lo que sucede en Gaza. Todo ello para llegar a la conclusión de que, por diferentes motivos, la causa palestina es hoy la madre de todas las causas.
¿Cómo ha cambiado la situación en Cisjordania desde el 7 de octubre de 2023?
La situación en Cisjordania después de octubre de 2023 se ha intensificado y ha escalado notablemente; y se a puesto de manifiesto que el objetivo último de Israel es simplemente llevar a cabo una limpieza étnica completa y continuar avanzando, no solo para apoderarse de lo que queda de Palestina, sino para construir el Gran Israel, que es también la razón por la que estamos viendo escaladas bélicas en lugares como el Líbano. Se trata de un círculo violento, algo que resulta complejo de describir; algo que no había visto nunca antes.
Hay colonos israelíes a quienes el gobierno israelí llama civiles, pero que llevan armas de grado militar que usan a su antojo. Por otra parte, la impunidad es máxima por parte de las autoridades israelíes. Los palestinos, sin embargo, no tienen nada con lo que defenderse. Los israelíes cargan armas como pistolas M16 o drones térmicos. Estamos viendo una guerra contra los palestinos. Resulta difícil expresar con palabras, porque se trata de violencia, violencia y más violencia, mientras que a los palestinos se les niega el derecho a defenderse.
Mariam Barghouti, escritora, bloguera, investigadora, comentarista y periodista palestina-estadounidense. Victor Serri
Has sido y eres muy crítica con cómo ha sido abordado el genocidio en Gaza y la situación en Cisjordania por parte de los grandes medios internacionales; sin embargo, y a pesar de todo, parece que Israel ha perdido el control del relato.
No creo que Israel esté perdiendo su relato, porque su relato como Estado se ha mantenido prácticamente igual. Israel se está defendiendo: los palestinos —o como dicen ellos, ‘los árabes’— son belicistas y quieren matar a todos los judíos. El relato ha permanecido igual. Y a nivel gubernamental, el relato sigue siendo básicamente el mismo, basado en los conceptos de seguridad y defensa, básicamente. La gente sí es cierto que sabe más, conoce más capas de la realidad, y su percepción ha cambiado; así como su forma de acercarse a ella. Pero Israel ha mantenido en gran medida su relato.
Digo el control en el ámbito internacional.
Creo que Israel está perdiendo su capacidad de manipular y coaccionar a las poblaciones. Y eso se debe en gran parte a que la gente quiere saber más, y hay un mayor acceso al relato palestino. Los medios de comunicación convencionales no muestran la historia palestina, pero las redes sociales, aunque hay mucha censura, permiten mostrar atisbos de la realidad. Lo suficiente como para generar un cambio. A veces pienso: ¿qué pasaría si la gente conociera la historia completa y real?
Hay quien dice que la sociedad israelí en su conjunto se ha vuelto fascista en los últimos años.
No solo es fascista, sino que se trata de una sociedad psicopática. Hay casi una emoción, un placer, en matar palestinos. Así que no es solo fascismo. No es solo un intento de controlar a la gente, y no es solo supremacismo. Hay un disfrute en la violencia ejercida contra los palestinos. Se ve en la manera cómo se alientan los unos a los otros; cómo protestan en las calles de Jerusalén. Es más que fascismo. De hecho, creo que fascismo es un concepto insuficiente; aquí el lenguaje falla. Existe esta ideología en la sociedad israelí de que es sagrado e incluso obligatorio matar palestinos. Es lo mismo que sucede cuando hablamos de genocidio: no refleja adecuadamente el tipo de violencia, ni tampoco la percepción que tienen de ella los israelíes y los sionistas, incluyendo también los sionistas no israelíes.
¿Crees que se puede hacer algo por cambiar esto? ¿Cómo eliminar el adoctrinamiento a esta sociedad?
La psicología social va a tardar décadas en cambiar, porque se trata de una ideología supremacista. Es importante tener en cuenta que la sociedad israelí está diseñada para ser así; no es que las personas nazcan así. Todo forma parte de un plan y se incentiva ese pensamiento. Por eso vemos a muchos judíos que vienen de lugares como Nueva York; ahora está llegado gente desde Filipinas, y se les dice que les van a dar tierras y dinero. Ese es el incentivo. También les dicen que lo hacen porque “es sagrado”. Dicho esto, creo que el primer paso es negarle a Israel recursos y acceso para incentivar a la gente de esta manera. El segundo es problematizar esto y hacer que se avergüencen. No sé si es avergonzar exactamente, pero sí problematizarlo y que se den cuenta de que esto no está bien, que no es normal. Esto es algo diseñado y resulta destructivo para la comunidad judía, para los palestinos y también para el resto del mundo, que actúa como cómplice. Esto es lo que hay que hacer: negar los recursos, problematizar el asunto y por último, legitimar el derecho palestino a resistir. Una de las razones por las que esto sigue ocurriendo es porque no se habla de ninguna responsabilidad. No hay consecuencias. No hay absolutamente ninguna consecuencia para ellos.
En una entrevista anterior comentabas que hasta 2021, la resistencia palestina era pacífica; pero que desde entonces se trata de una resistencia armada.
En 2021 la resistencia palestina estaba desarmada, seguía siendo violenta, pero desarmada. Todo esto también tiene que ver con la descripción que hacemos del concepto “violencia”. En cualquier caso era una resistencia desarmada En ese momento protestábamos en Sheikh Jarrah, la toma de Jerusalén o la escalada en Gaza. Ese año [los israelíes] mataron a 293 palestinos en Gaza en pocos días. También ese año empezaron a atacar más intensamente a palestinos con ciudadanía israelí. Los metían en prisión por años simplemente por estar en una protesta; mientras que un israelí judío sionista puede matar a alguien —un palestino, claro— y a las pocas horas estar libre en la calle. Después de esto, la resistencia armada en los campos de refugiados de Cisjordania comenzó a crecer porque se vio que lo que se estaba haciendo no estaba funcionando: no podíamos seguir coreando consignas frente a los soldados, mientras los colonos israelíes quemaban pueblos y ciudades.
Así que la resistencia armada fue aumentando; a la par que también aumentaba la violencia de Israel. Se empezaron a arrasar comunidades enteras. En este punto ya no se puede hablar de una escalada de la violencia, sino que empezó esta tendencia genuinamente genocida. Esto se inicia en 2021, se extiende durante 2022 y llegamos a octubre de 2023. Para ese entonces, los campos de refugiados en Cisjordania habían quedado prácticamente destruidos. En todo esto, también hay que señalar a la Autoridad Palestina (AP), que colaboró con los israelíes. Entonces los palestinos en Cisjordania se dieron cuenta de que no había capacidad para llevar a cabo una resistencia armada. En Gaza es distinto: está Hamás, que es la autoridad gobernante, y que es un grupo de resistencia armada. En Cisjordania no hay eso, con lo cual se tiene que navegar un terreno muy difícil, que eventualmente terminó con Israel sofocando toda la resistencia armada, la única herramienta efectiva en este momento contra Israel.
En el momento en que la resistencia armada fue eliminada, los campos de refugiados fueron completamente destruidos e Israel tomó el control. Los palestinos en Cisjordania se quedaron sin capacidad de defensa; y no solo eso, sino que desde entonces viven amenazados: “si intentas algo, haremos exactamente lo que hicimos en Gaza contigo”. Así que no hay resistencia real en este momento en Cisjordania. No se puede hacer otra cosa que quedarte en casa el mayor tiempo posible. Es complicado. Creo que muy pocas personas en el mundo pueden entender lo que significa intentar quedarse en casa cuando un colono con un arma te dice: “Vete o te mataré”. Y lo hacen, sin consecuencias.
Mencionas la complicidad de la Autoridad Palestina con el Estado israelí. ¿Qué podría hacer la AP para mejorar la vida de los palestinos?
No hacer nada; eso nos ayudaría. Eso sería lo más efectivo, llegado a este punto. Lo único que hace [la AP] es colaborar con el sistema de seguridad de Israel. Si no hiciera nada, por lo menos no resultaría dañina. La AP fue creada en 1994 con el objetivo de permanecer solo durante cinco años. Han pasado 30. En el momento de su creación tenía un papel administrativo; aunque bueno… Su papel siempre fue hacer la ocupación más barata. Podría volver a eso y asumir ese papel con seriedad o trabajar para el día después de la liberación. ¿No quieres participar en ninguna forma de resistencia, armada o desarmada? Bien, al menos trabaja con la esperanza y la visión de que tu pueblo será libre, el pueblo al que representas. Haz una base de datos de refugiados palestinos en el mundo, mira en qué ciudades están, ni que sea a un nivel puramente técnico. Haz este tipo de trabajo para el día después de la liberación. ¿Cómo volverá la gente? ¿A quiénes le corresponde la tierra, tres generaciones después? Eso también es importante. Y si no quieres hacer nada, al menos deja de entregar a tu gente a Israel, aunque eso signifique perder el poder. Aunque poco poder tiene [la AP].
¿Por qué el mundo árabe le está dando la espalda a Palestina? No se ven demasiadas muestras de solidaridad.
Sí hay solidaridad, pero parte de la ciudadanía. Sin embargo, la capacidad de la gente para hacer visible su solidaridad es muy limitada en el mundo árabe. Eso también se debe a que hay mucho fascismo y la gente esta siendo reprimida no solo cuando protestan por Palestina, sino cuando se quejan por sus propios problemas. Por otro lado, hay una parte del mundo árabe, regiones como el Golfo, que se ha aliado con Israel. Usan esa alianza como punto de entrada para acceder a Estados Unidos, básicamente, y también a Europa. Para Europa y Estados Unidos Israel es su bebé, y cualquiera que se lleve bien con su bebé es bienvenido. Todo esto tiene que ver con las dinámicas capitalistas. Francesca Albanese usa un término que me gusta mucho: necrocapitalismo, que va ligado a la necropolítica.
Mirando hacia atrás, hay que reconocer que el mundo árabe nos traicionó desde el primer día; ya en la guerra de 1948. Es difícil romper con esta dinámica, porque supondría una ruptura del sistema. Es desgarrador ver que nadie hace frente a Israel; y por eso llega hasta donde llega. Hemos visto lo que le ha hecho a Gaza, lo que le está haciendo a Palestina y lo que le está haciendo al Líbano. Y siempre lo supimos: siempre supimos que Israel haría este tipo de cosas, de ahí que el mundo árabe le tenga miedo. [El mundo árabe] ve a Israel como un gran monstruo invencible. Ese miedo forma parte de la ausencia de solidaridad con nosotros. Por eso los palestinos reconocemos la valentía de aquellos que muestran solidaridad, porque las consecuencias de hacerlo son terribles.
¿Y qué opinas de la posición de países como Alemania, que no solo no condena el genocidio, sino que persigue a la gente que defiende la causa palestina?
Alemania no solo reprime fuertemente la solidaridad con Palestina, sino también el periodismo. Ha impuesto sanciones económicas a ciudadanos y periodistas alemanes, algo que no habíamos visto antes. Hay una represión del derecho de expresión en Alemania. Debemos recordar, sin embargo, que Alemania es una lugar fascista, origen del nazismo. Se cree que aún tiene que rendir cuentas por el Holocausto y por eso está del lado de Israel. Pero la culpa no es solo el motivo. Alemania es fascista, es supremacista y el nazismo todavía forma parte de su pensamiento. Por eso quieren mantener a los judíos en Israel, lejos de ellos; y por eso se les apoya. “Que no vuelvan”. Eso es antisemitismo.
Y nosotros, los palestinos, pagamos los crímenes del antisemitismo europeo. Cuando los refugiados judíos llegaron a Palestina, nosotros les abrimos la puerta. Lo problematizamos cuando nos enteramos de las intenciones sionistas y vimos que detrás había una agenda política. Y teníamos razón. No era producto de nuestra imaginación. Volviendo a Alemania… tiene un papel enorme y mucho poder; un poder que viene de los días de su imperio y que se niega a soltar. Yo no iré allí hasta que esto no cambie.
Tú eres periodista y llevas años documentado la situación en Palestina. La historia de tu pueblo es la tuya, ¿cuáles son los retos de documentar todo esto y cómo mantienes la distancia, si es que esto es posible?
Lloro. Me permito llorar mucho, en realidad, incluso mientras trabajo. A veces me doy cuenta de que los periodistas, especialmente los corresponsales internacionales, vienen y quieren grabar a la madre llorando, captar la emoción. Yo escribo, lo que también me ayuda a estar más presente. Eso no significa que pueda mantener la distancia, pero sí me permite adentrarme, intimar con lo que estoy reportando. Así que me permito sentir todas las emociones, porque creo que eso me ayuda a gestionarlas en ese momento, en lugar de cargar con ellas y tener que procesarlas después.
He aprendido a gestionar mi dolor y a aceptar el duelo como una señal de salud, como una muestra de que estoy viendo la realidad exactamente como es, en lugar de intentar convertirla en algo que no es. Se trata de una realidad fea y desgarradora, violenta; y yo respondo a ella. Esto me ayuda a seguir adelante. Cuando ocurre una tragedia, tienes que concentrarte en lo básico. Si hay un incendio en el edificio, necesitas centrarte y asegurarte de que puede salir; luego lo procesas. Pues yo trabajo de la misma manera: me centro en la documentación; y ya luego me permito sentir. Seguir este protocolo me ayuda a reconocer que hay una misión y algo a lo que aferrarme; no solo absorbo las emociones; y eso me ayuda.
En algún momento has dicho que esto no va sobre ti, pero que evidentemente, formas parte de esas historias.
Soy periodista y sujeto reporteado; y eso es una ventaja. Cuando una madre pierde a su hijo y no llora o da un discurso político, algunos periodistas consideran que es porque está entera; porque es una persona fuerte. Yo sé que no es así: no llora porque está en shock. Lo sé porque yo misma he sentido algo así al perder a alguien por la violencia; y sé reconocer las estrategias de supervivencia y de resistencia. Eso me permite ver las cosas desde una perspectiva íntima. El colonialismo, por ejemplo, es una experiencia íntima. Se mete en los espacios más personales de nuestras vidas, y hay que ser capaz de abordarlo con esa misma intimidad. Ser parte de ello te ayuda a crear esa intimidad.
Respecto al duelo, me permito sentirlo; siempre recordando que tengo una misión. Por eso valoro tanto el periodismo, y por eso me enfado tanto cuando los periodistas informan mal. El periodismo no es un deber ni una obligación; es algo que se nos confía.
Lo que estáis documentando los palestinos ahora es la Historia de mañana, y pueden ser la prueba para juzgar los crímenes de los israelíes.
Es un trabajo importante, muy importante, y ahora es más crucial que nunca, porque hemos visto las repercusiones. En 1948 y en los años 50, no había muchos periodistas palestinos. Y muchos de los corresponsales internacionales llegaban a través de Israel, así que llegaban con prejuicios. Esto supuso que durante casi 70 años el mundo creyera que Israel tenía derecho a construir un Estado sobre toda una población que, según el relato, ni siquiera existía. Ahora estamos intentando deconstruir este mito; y por eso estamos intentando re-documentar la historia. Actualmente, además, también hay periodistas internacionales que lo cubren; y lo hacen a partir de relatos reales.
El genocidio de Gaza ha vuelto a Palestina a los medios. Hay quien dice que la cuestión palestina es la madre de todas las causas.
Palestina es la prueba de fuego para el mundo por muchas razones. En primer lugar porque el primer genocidio televisado que hemos visto. Se trata de un genocidio en directo. Hemos visto incluso soldados [israelíes] publicando con orgullo y arrogancia en redes sociales los crímenes que estaban cometiendo. Y los medios de comunicación israelíes mainstream lo han reportado con orgullo. Eso significa una exposición total ante el mundo; y eso marca la diferencia y hace que tengamos que responder a lo que ocurre.
Por otra parte, se trata de una prueba de fuego porque es donde la gente tiene que cuestionarse realmente sus valores. Israel ha construido un relato basado en la victimización judía a causa de los crímenes ocurridos en Europa; y ha construido ese relato argumentando que por el hecho de haber sufrido un genocidio, se les puede permitir hacer lo que hacen, porque “esta es en realidad nuestra tierra natal”. Hay que empezar a cuestionar todos esos relatos y posicionarse. ¿De qué lado estás? Todos los genocidios están mal. ¿Vas a defender que todos los genocidios están mal, o vas a ser alguien cuyo valor moral cambia si formas parte de una población que cometió el crimen contra otros?
Hay una cadena de actividades criminales que no han sido sometidas a rendición de cuentas; y Palestina ofrece la oportunidad para rendir estas cuentas. Porque para nosotros no se trata solo del régimen israelí. Si queremos responsabilidad de los israelíes e Israel como institución, también necesitamos que Europa rinda cuentas: por lo que nos hizo a nosotros, pero también por su antisemitismo. Europa tiene que abrir sus puertas a las personas que fueron expulsadas de allí. Por último, también el sistema capitalista tiene que rendir cuentas: las corporaciones y los señores de la guerra que han alimentado una industria que ha generado muchísimo dinero masacrando a personas y haciendo pruebas. Como digo, se trata de algo muy complejo y con muchas capas. También está la necesidad de rendición de cuentas de los medios… Por eso digo que Palestina es una prueba de fuego. No porque seamos palestinos y seamos especiales, sino porque el mundo entero se alió contra este lugar a causa de un mito y un relato que se ha ido construyendo. Y nadie cuestionó el valor moral de eso.
Con la guerra de Irán en marcha, Gaza ha desparecido de las portadas; a pesar de las violaciones del alto el fuego. La violencia contra los palestinos en Cisjordania se incrementa día día. ¿Qué va a pasar?
Es una pregunta difícil y requiere que todos pensemos juntos, también en el ámbito internacional. Yo estoy estos días en Barcelona, por ejemplo. Es una ciudad no demasiado amigable si eres sionista, pero yo como palestina me siento cómoda. Debería haber un ma
Irán lanza misiles contra Israel
- Sputnik Mundo,
Irán lanza misiles contra Israel
Los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) anunciaron esta acción contra el Estado judío.
"Se activaron las sirenas de alerta en algunas partes de Israel", anunció la agrupación en su canal de Telegram.
Mientras tanto, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) señalaron que su división aérea "está operando para interceptar y atacar las amenazas donde sea necesario para neutralizarlas".
Más tarde, el comandante del Cuartel General Hazrat Khatam al-Anbiya dio a conocer el arranque de la estrategia de respuesta de Teherán tras el ataque israelí a Dahieh, en Beirut (este), según informó IRNA.
De acuerdo con la agrupación, Tel Aviv ha violado repetidamente el alto el fuego y ha intensificado los ataques contra el Líbano, con el apoyo de Estados Unidos y el silencio de las organizaciones internacionales. Afirmó que Israel había cruzado "todas las líneas rojas" al expandir los ataques en el sur del Líbano y atacar Dahieh, en Beirut.
"Ya habíamos advertido que si la violencia en la zona de Dahieh, en Beirut, se extendía, atacaríamos objetivos en los territorios ocupados", declaró el comandante.
Añadió que Israel debe cesar los ataques en el sur del Líbano y en Dahieh, advirtiendo que si expande sus operaciones o responde a la acción de Irán, se enfrentará a ataques "más contundentes" y "devastadores" contra Israel y sus aliados.
Sánchez o Fujimori: Perú celebra la fase decisiva de las elecciones presidenciales
Abren los colegios electorales en Perú para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. En esta ocasión, los ciudadanos del país andino deberán elegir entre dos candidatos: Keiko Fujimori, que obtuvo el 17,1% de los votos en la primera vuelta, y Roberto Sánchez, que alcanzó el 12%.
En la primera vuelta, celebrada el 12 de abril, ninguno de los aspirantes logró superar el 50% de los votos, lo que llevó a una segunda ronda entre los dos candidatos más votados.
Sánchez, exministro y congresista respaldado por simpatizantes del expresidente Pedro Castillo, se presenta por la coalición Juntos por el Perú, que promueve el fortalecimiento de los programas sociales y la ampliación de los derechos laborales.
Fujimori, líder del partido conservador Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori (1990–2000), aspira por cuarta vez a la Presidencia. Su programa se centra en la seguridad, la estabilidad económica y la desregulación.
Más de 27 millones de peruanos están habilitados para participar en las elecciones. El mandato presidencial es de cinco años, aunque desde 2016 el país ha tenido ocho presidentes en un contexto marcado por la inestabilidad política.
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