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miércoles, 21 de octubre de 2026
54 países, 110 sanciones y la cifra sigue aumentando Israel camina sonámbulo hacia un boicot global
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54 países, 110 sanciones y la cifra sigue aumentando
Israel camina sonámbulo hacia un boicot global
Por Richard Kuper | 21/10/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Jewish Voice for Liberation
Traducido del inglés por Marwan Pérez para rebelión
El mapa de países que imponen sanciones a Israel se amplía, incluso si la amenaza a las importaciones de armas se ve limitada por el poder de veto de Donald Trump. Pero el próximo presidente podría ser menos conciliador y reducir el arsenal de Israel.
Hace aproximadamente un mes, Luxemburgo anunció que ya no deseaba ser el país encargado de aprobar las emisiones de bonos de Israel Bonds en la Unión Europea. Israel Bonds, también conocida como Development Corporation for Israel, con sede en Nueva York, es la organización que gestiona la venta de bonos israelíes a judíos de la diáspora.
Esto supuso un golpe bajo ya que Luxemburgo había asumido el cargo apenas un año antes, después de que Irlanda renunciara al puesto tras varios años en el poder.
Así, en el transcurso de solo un año, dos países europeos pusieron fin a un acuerdo de cooperación financiera con Israel. En ambos casos, la razón es clara: Israel se ha convertido en un paria para la opinión pública mundial, y algunos países se muestran reacios a cooperar financieramente con un país acusado de genocidio.
Aún no se ha encontrado una solución para la emisión europea de bonos israelíes, que se venden principalmente a judíos. Su volumen es insignificante —2.500 millones de dólares anuales—, por lo que, incluso si Israel no vende bonos en Europa, el daño económico es mínimo. Sin embargo, el daño a la reputación no debe subestimarse: Israel se ha convertido en un país boicoteado financieramente, y lo que comienza con los bonos israelíes podría tener repercusiones a largo plazo.
Shuki Friedman, director del Instituto de Políticas del Pueblo Judío, monitoriza las sanciones impuestas a Israel en un mapa mundial cada vez más concurrido. Hasta el jueves por la tarde, su base de datos registraba 110 sanciones vigentes, aplicadas por 54 países. Se han propuesto otras nueve sanciones. El único continente que actualmente no impone sanciones a Israel es la Antártida.
España encabeza la lista de países con más sanciones contra Israel, con 10, seguida de Estados Unidos (ocho sanciones académicas), Gran Bretaña (siete), y Bélgica y Turquía con cinco cada una. Italia, Irlanda, los Países Bajos, Canadá y Francia se encuentran entre los países con tres o cuatro sanciones, y la lista continúa.
«Lo que le hacemos a Irán, el mundo nos lo está haciendo a nosotros», afirma Friedman, antes de mencionar las sanciones económicas impuestas a Rusia desde su invasión de Ucrania. «Si seguimos ignorando esto, nos encontraremos en la misma situación que Rusia, pero en un país que es una ochentaava parte de su tamaño y sin recursos naturales».
Durante el último año, varios países han prohibido la importación de productos israelíes procedentes de Cisjordania, y en las últimas semanas, los israelíes han sufrido humillantes registros en el aeropuerto de Ámsterdam para asegurarse de que no estuvieran, Dios no lo quiera, bebiendo vino de una bodega de Cisjordania o de los Altos del Golán.
Además, dos ministros del gobierno —los ultraderechistas Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich— tienen prohibida la entrada a la mayoría de los países desarrollados. Este nuevo precedente se está convirtiendo en una avalancha que, según advierte Friedman, podría arrasar la economía israelí.
“La gente piensa que se trata simplemente de más sanciones contra los territorios, pero la cosa no acabará ahí. En el momento en que se prohíba la importación de productos procedentes de esos territorios, los importadores europeos preferirán no importar nada de Israel”, afirma.
“Al fin y al cabo, ¿para qué complicarse con controles sobre el origen de cada producto? Esto también desanima a las inversiones: ¿por qué invertir en un país con el riesgo legal de sanciones?”
Friedman advierte especialmente contra las sanciones a la venta a Israel de productos de doble uso, que tienen aplicaciones tanto civiles como militares.
«Israel es un país insular», afirma. «Ningún sistema complejo se fabrica aquí exclusivamente con componentes israelíes. Por lo tanto, si, por ejemplo, se imponen sanciones a la importación de chips a Israel, será mucho más difícil producir sistemas de armamento aquí».
Todo esto ocurre incluso antes de que las sanciones se extiendan al sistema financiero. Hace aproximadamente un mes, Gran Bretaña, Francia y Canadá anunciaron la imposición inmediata de sanciones a empresas que operan en Cisjordania. Otros nueve países expresaron su apoyo. La orden de sanciones aún no se ha publicado, pero existe una gran preocupación de que incluya al sector financiero, lo que significa que Gran Bretaña impondría sanciones a bancos israelíes por financiar el gran proyecto de construcción en la zona E1, al este de Jerusalén, en Cisjordania .
¿Qué consecuencias tendrían tales sanciones? ¿Rompería Gran Bretaña sus vínculos bancarios con Bank Hapoalim y Bank Leumi, los bancos más grandes de Israel? Es difícil creer que esto suceda, pero el Banco de Israel y la Asociación de Bancos están muy preocupados. Y no son los únicos.
“Aquí reina una enorme incertidumbre, y algunos de los escenarios son muy preocupantes”, afirma un alto funcionario del gobierno. Los funcionarios señalan escenarios extremos, como la cancelación del acuerdo comercial de la UE con Israel. Además, podría darse el caso de que, tras las elecciones presidenciales estadounidenses de 2028, Washington no bloquee las propuestas de sanciones en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Si el bloque de Benjamin Netanyahu gana las elecciones generales del 27 de octubre y los republicanos pierden su mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos, se prevé que Israel se enfrente a un tsunami.
Si esto sucede, Israel se convertiría oficialmente en la nueva Sudáfrica, país boicoteado durante el régimen del apartheid, el estado paria del mundo.
Hasta ahora, el único país importante que no ha impuesto sanciones gubernamentales es Estados Unidos; sus sanciones son aplicadas por las universidades.
Pero nada dura para siempre. Si el bloque de Benjamin Netanyahu gana las elecciones generales del 27 de octubre y los republicanos pierden su mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos, se prevé que Israel se enfrente a un tsunami.
De las nueve sanciones propuestas, cinco corresponden a Estados Unidos, todas ellas impulsadas por los demócratas y diseñadas para restringir la venta de armas y municiones a Israel.
Es cierto que el presidente estadounidense Donald Trump utilizará su poder de veto para bloquear dichas sanciones. Y aunque se imponen más sanciones a Israel, algunos países las han levantado tras la llegada al poder de regímenes afines a Israel, es decir, regímenes de extrema derecha. Esto ha ocurrido en Chile, Colombia y Eslovenia, y es posible que se produzcan cambios similares en Brasil y quizás en España este otoño, y en Francia dentro de ocho meses.
Además, no se puede ignorar que, hasta el momento, las sanciones prácticamente no han perjudicado a Israel. El impacto de la ruptura de relaciones comerciales con Turquía propició el desarrollo de nuevos mercados en India, China y el resto de Asia, y si bien las exportaciones israelíes se han visto afectadas, este perjuicio se compensa con el enorme crecimiento del segmento de las operaciones del fabricante de chips Nvidia en Israel que se clasifican como exportaciones. Si analizamos las cifras, por ahora todo va bien.
El problema es que esa aparente tranquilidad podría ser una situación muy temporal, sobre todo si en dos años asume el cargo un presidente estadounidense menos favorable a Israel. El debilitamiento del apoyo a Israel ya afecta a ambos partidos en Estados Unidos, e incluso si el próximo presidente es republicano, ese político, alguien como JD Vance, podría no ser favorable a Israel, o incluso mostrarse hostil.
“Aquí existe una amenaza estratégica primordial que podría degenerar en una amenaza existencial”, afirma Friedman, señalando que entre los demócratas el debate ya no gira en torno a la ocupación, sino a la legitimidad de Israel.
Pero el gobierno israelí no está haciendo nada contra esta amenaza. La Oficina del Primer Ministro no funciona, el Ministerio de Asuntos Exteriores está completamente inactivo y no hay personal que realice labores similares a las que Friedman lleva a cabo voluntariamente. Nadie en el gobierno está monitoreando el mapa de sanciones ni preparándose para afrontarlo.
Fuente: https://jewishvoiceforliberation.org.uk/article/sanctions-against-israel-are-really-beginning-to-bite/
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
martes, 20 de octubre de 2026
"No tendremos más remedio que marcharnos": Trump amenaza a Europa por oleada de protestas
"No tendremos más remedio que marcharnos": Trump amenaza a Europa por oleada de protestas
Sputnik Mundo, 20.10.2026
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, arremetió contra las naciones europeas, esto ante las manifestaciones y disturbios en algunas de ellas.
"Si los europeos no encuentran pronto una salida a la situación actual, no tendremos más remedio que marcharnos", aseveró durante un mitin. En su mensaje, el republicano calificó las protestas en Francia e Italia como "muy graves".
Durante las últimas semanas, miles de personas se han manifestado en ciudades como París y Milán (norte), por ejemplo, ante el encarecimiento del costo de vida, lo que ha dejado heridos y daños a edificios históricos e inmuebles.
Asimismo, los gobiernos de Emmanuel Macron y Georgia Meloni han tenido que reforzar las medidas de seguridad para frenar la violencia, mismas que no han surtido el efecto deseado.
Brasil en la encrucijada del Sur global Geopolítica, poder religioso, guerra informativa y disputa por la hegemonía en el siglo XXI
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Brasil en la encrucijada del Sur global
Geopolítica, poder religioso, guerra informativa y disputa por la hegemonía en el siglo XXI
Por Lidia Fagale | 19/10/2026 | Brasil
Fuentes: Clave China [Imagen: Lula y Bolsonaro representan los dos polos opuestos sobre los que gira la política brasileña. Créditos: Clave China]
En este artículo la autora analiza las próximas elecciones presidenciales brasileñas desde la perspectiva del Sur global, como un conflicto entre multilateralismo (lulismo) y sometimiento al imperialismo norteamericano (bolsonarismo); en ese sentido, además de analizar las elecciones en clave interna, por lo que se detiene en el poder evangélico y en la guerra de desinformación, analiza la influencia de los BRICS y especialmente de China.
Brasil como laboratorio del nuevo orden mundial
Las elecciones brasileñas suelen ser presentadas por el análisis convencional como una confrontación superficial entre izquierda y derecha, entre lulismo y bolsonarismo, o entre modelos económicos divergentes. Sin embargo, esa lectura resulta radicalmente insuficiente. Lo que ocurre en Brasil trasciende el marco de la competencia electoral ordinaria: la principal potencia latinoamericana se ha convertido en el epicentro y laboratorio de la transición histórica que atraviesa el sistema internacional.
Brasil es simultáneamente miembro fundador de los BRICS, socio comercial clave de China en América Latina, actor gravitante del G20, potencia agroalimentaria global, poseedor de una densa base industrial y de recursos estratégicos esenciales para la transición energética, y una de las pocas naciones del Sur Global con capacidad real para incidir en el diseño del orden global. Por esta razón, las disputas que sacuden a la sociedad brasileña portan una dimensión planetaria. El conflicto no se reduce a quién habita el Palacio del Planalto, sino a cuál será la inserción internacional de América Latina durante las próximas décadas.
Por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, la región se encuentra ante una bifurcación histórica. De un lado emerge un proyecto anclado en el multilateralismo, la cooperación Sur-Sur, la ampliación de los BRICS, la integración regional, la soberanía tecnológica y la neoindustrialización. Del otro se consolidan corrientes asociadas a las nuevas derechas occidentales, a la restauración de la seguridad hemisférica tradicional y al alineamiento incondicional con Washington. Brasil es el terreno donde ambos universos colisionan de manera frontal.
La crisis de representación y la polarización brasileña
La polarización política en Brasil no es una anomalía pasajera, sino el síntoma profundo de una crisis orgánica y de representación institucional. Los partidos políticos tradicionales, desgastados por sucesivos escándalos de corrupción y por la incapacidad de procesar las demandas sociales de las periferias urbanas, han cedido terreno ante esquemas de polarización identitaria y afectiva.
El lulismo encarna la continuidad progresista y reformista, con eje en la inclusión social, la reducción de la desigualdad estructural, el fortalecimiento del Estado y la defensa de la soberanía regional.
El bolsonarismo representa el polo opuesto: un giro radical hacia la derechización conservadora, que combina el liberalismo económico de mercado con promesas de orden punitivo, rearme moral y alineamiento hemisférico con los centros de poder occidental.
La fragmentación del Congreso Nacional (el fenómeno del Centrão) refleja la descomposición de la legitimidad partidaria, donde el pragmatismo de cuotas de poder condiciona e inmoviliza crónicamente al Poder Ejecutivo, volviendo ingobernable al país sin amplias e inestables negociaciones clientelares.
Brasil y el liderazgo latinoamericano
La gravitación de Brasil en América Latina responde a su condición de potencia subcontinental ineludible. Con más de la mitad del territorio y de la población sudamericana, su estabilidad y orientación política determinan el destino de los mecanismos de integración regional.
Históricamente, la política exterior brasileña ha oscilado entre dos almas: el «americanismo» pro-occidental (que prioriza la sintonía con Estados Unidos) y el «globalismo autónomo» (que busca diversificar vínculos y proyectar a Brasil como líder del Sur Global). Cuando Brasil asume un rol articulador en América del Sur —impulsando UNASUR o fortaleciendo el Mercosur—, la región gana autonomía frente a las presiones extracontinentales. En contraste, cuando el país se repliega bajo mandatos ideológicos de alineamiento hemisférico, el regionalismo sudamericano se desarticula, dejando a los Estados individuales a merced de la asimetría negociadora frente a las superpotencias.
Lula, el multilateralismo y la construcción política del Sur Global
La política exterior del tercer mandato de Luiz Inácio Lula da Silva se estructura en torno a una premisa fundamental: la construcción de márgenes efectivos de autonomía soberana en un mundo en transición hacia la multipolaridad.
La diplomacia presidencial lulista ha recuperado los ejes de la «política externa activa y altiva», articulando:
La profundización de la asociación estratégica con la República Popular China.
El relanzamiento y expansión de los BRICS como contrapeso financiero y político a las instituciones de Bretton Woods.
La revitalización de la cooperación Sur-Sur con el continente africano y el Sur global.
La reivindicación del multilateralismo jurídico a través de la reforma de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Consejo de Seguridad.
Una postura firme de independencia frente a los conflictos sistémicos globales.
Como sintetizó magistralmente Lula ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: «Brasil no cabe en el patio trasero de nadie». Dicha formulación conceptual trasciende la diplomacia brasileña: interpela al conjunto de América Latina a romper con el tutelaje histórico.
China, inversiones, industrialización y desarrollo
La relación bilateral entre Brasil y China constituye el eje gravitacional de la economía política sudamericana contemporánea. Lejos de reducirse a un mero intercambio comercial de materias primas por manufacturas, el vínculo ha adquirido una densidad estratégica compleja.
Comercio y exportaciones: Las exportaciones brasileñas hacia el mercado chino han superado los 105.700 millones de dólares, mientras que el intercambio bilateral total ronda los 157.500 millones de dólares, consolidando a China como el socio comercial indiscutido de Brasil.
Acuerdos y cooperación tecnológica: Durante los cónclaves bilaterales entre Lula da Silva y Xi Jinping se han suscrito decenas de acuerdos estratégicos enfocados en infraestructura crítica, telecomunicaciones de 5G, transición energética, innovación digital, aeroespacial y cooperación científica.
El dilema de la neoindustrialización: El desafío central para Brasil radica en evitar la reprimarización absoluta de su economía —limitándose a proveer soja, mineral de hierro y petróleo crudo— y aprovechar las inversiones y la transferencia tecnológica china para impulsar una nueva fase de industrialización avanzada, transición verde y generación de empleo calificado.
La Doctrina Monroe, la seguridad hemisférica y la disputa por América Latina
En el trasfondo de la geopolítica sudamericana opera una tensión histórica estructural: la persistencia de la Doctrina Monroe (1823) y la concepción de América Latina como «patio trasero» e indiscutible esfera de seguridad nacional de los Estados Unidos.
A lo largo de dos siglos, Washington ha desplegado un repertorio multiforme para asegurar su primacía hemisférica: desde intervenciones militares directas y apoyo a dictaduras militares en el siglo XX, hasta condicionamientos financieros a través del FMI y el BID, presiones diplomáticas, doctrinas de seguridad hemisférica y guerra jurídica (lawfare).
La irrupción de China como principal socio económico y financiero de América del Sur alteró esta ecuación unipolar. Para la superpotencia norteamericana, la presencia comercial y de infraestructura china en Brasil y la región es leída no solo como competencia económica, sino como una amenaza directa a su seguridad nacional, reviviendo tensiones de carácter hegemónico que condicionan la política interna y externa del subcontinente.
Trump, Bolsonaro y las derechas transnacionales
El alineamiento del gobierno de Jair Bolsonaro con la administración de Donald Trump representó la expresión más acabada de subordinación geopolítica voluntaria en la historia reciente de Brasil.
Esta corriente de la nueva derecha transnacional operó bajo una contradicción ideológica profunda: mientras discursivamente enarbolaba un nacionalismo estridente y una retórica furiosamente anticomunista y pro-estadounidense, en los hechos subordinaba los intereses soberanos de Brasil a la agenda geoestratégica de Washington.
Las consecuencias de este eje incluyeron el debilitamiento de los foros regionales de integración, el aislamiento diplomático de Brasil en los espacios multilaterales globales, la subordinación en materia de defensa y tecnología espacial, y una gestión negacionista de crisis globales que subordinó la soberanía sanitaria y ambiental a mandatos ideológicos de ultraderecha.
El poder evangélico como corporación económica, mediática e ideológica
La transformación más profunda en la estructura de poder de la sociedad brasileña contemporánea es la emergencia del neopentecostalismo como un conglomerado polifacético que opera simultáneamente como corporación económica, imperio mediático y actor político transnacional.
Arquitectura económica y patrimonial: Iglesias como la Universal del Reino de Dios (liderada por Edir Macedo), Assembleia de Deus e Igreja Mundial mobilizan presupuestos colosales. Se estiman en más de R$ 21.500 millones anuales los ingresos generados por negocios colaterales que incluyen redes de televisión, emisoras de radio, editoriales, sellos musicales, agencias de turismo religioso y plataformas de comercio electrónico.
Dominio mediático: El control férreo de canales de televisión abierta (como Record TV), cadenas radiales y ejércitos de cuentas en redes sociales permite a estas corporaciones fehacientes modelar el flujo informativo cotidiano de millones de ciudadanos.
La Bancada Evangélica en el Congreso: Articulada transversalmente más allá de los partidos formales, esta bancada legislativa funciona como un bloque de presión ideológica capaz de vetar o condicionar cualquier avance normativo en materia de derechos civiles, laicos o de género.
Transnacionalización conservadora: El modelo neopentecostal brasileño ha trascendido fronteras, expandiéndose con éxito por Argentina, Uruguay, Paraguay, Perú y Centroamérica, exportando una matriz de conservadurismo moral y teología de la prosperidad.
Las redes sociales evangélicas y la producción digital de subjetividades
El poder evangélico contemporáneo ha migrado exitosamente del púlpito tradicional al ecosistema algorítmico digital. La construcción de identidades políticas ya no se procesa primariamente en el templo físico, sino a través de un denso entramado hiperconectado.
Ecosistemas multiplataforma: La socialización de millones de fieles y ciudadanos transcurre de manera simultánea en grupos masivos de WhatsApp y Telegram, canales dinámicos de YouTube, perfiles de Instagram y transmisiones en directo (streaming) de cultos y prédicas.
Mega-influencers religiosos: Figuras pastorales y laicas con arrastre masivo —tales como Bruno Leonardo (con decenas de millones de seguidores), Deive Leonardo e Isadora Pompeo— ejercen una influencia cotidiana muy superior a la de los partidos políticos tradicionales, prescribiendo no solo pautas espirituales, sino interpretaciones morales de la vida pública y electoral.
La Teología de la Prosperidad como algoritmo cultural: Al vincular directamente el éxito financiero y material con la ortodoxia de la fe, este corpus doctrinal legitima el individualismo meritocrático radical, sintonizando perfectamente con las lógicas del capitalismo digital de plataformas analizadas por teóricos como Shoshana Zuboff.
La desinformación como forma de poder
Los procesos electorales brasileños de 2018 y 2022 confirmaron que la desinformación masiva no constituye un accidente técnico ni una distorsión marginal, sino una forma institucionalizada de ejercicio de poder político en la era digital.
Comunidades interpretativas: Las redes de bulos y noticias falsas operan mediante la articulación emocional de comunidades cerradas (especialmente en WhatsApp), donde los hechos empíricos son subordinados a marcos narrativos de carácter religioso, moral o conspirativo.
Mitologías de campaña: La circulación masiva de artefactos ideológicos falsos —tales como el mito del denominado «kit gay» en las escuelas, supuestas amenazas inminentes a la familia tradicional o teorías conspirativas orientadas a deslegitimar el sistema de urnas electrónicas del Tribunal Superior Eleitoral (TSE)— demostró una altísima eficacia para fragmentar el debate público y polarizar los afectos colectivos.
Guerra cultural permanente: La batalla política contemporánea ha desplazado el eje de la disputa informativa hacia la captura de los marcos interpretativos de la población, haciendo de la posverdad un recurso de dominación ideológica sistemática.
Corrupción, lawfare y disputa por el sentido común
La instrumentalización de la corrupción como narrativa política constituye uno de los resortes más potentes en la historia reciente de Brasil, operando como un dispositivo central de reorganización del mapa político y judicial.
El ciclo de Lava Jato y el caso Lula: La Operación Lava Jato, nacida en Curitiba en 2014, canalizó un legítimo descontento ciudadano contra la corrupción sistémica, pero operó selectivamente como un mecanismo de persecución judicial (lawfare). La condena y encarcelamiento de Luiz Inácio Lula da Silva durante 580 días buscó sacarlo de la contienda electoral de 2018, hasta que el Supremo Tribunal Federal (STF) anuló formalmente los procesos en 2021 al comprobarse la absoluta parcialidad y falta de competencia de los tribunales de origen.
El contraste con el clan Bolsonaro: Años más tarde, los procesos judiciales contra Jair Bolsonaro —culminados con condenas severas por su participación directa en la intentona golpista de 2022— y las investigaciones por corrupción e irregularidades financieras que salpicaron a su círculo familiar (incluyendo a sus hijos Eduardo y Flávio Bolsonaro), fueron interpretados por sus bases electorales bajo una narrativa de persecución política y martirio cristiano.
La complicidad de los grandes medios: Conglomerados mediáticos tradicionales (como O Globo, Folha de S.Paulo y O Estado de S. Paulo) cumplieron un rol determinante en la validación y amplificación de los relatos anticorrupción orientados a erosionar al progresismo, mientras minimizaban o relativizaban las derivas autoritarias de la ultraderecha.
BRICS, Mercosur y la reconfiguración del orden mundial
Frente a las tendencias de fragmentación global y las presiones proteccionistas del Norte Global, Brasil apuesta de manera estratégica por el fortalecimiento de los espacios de concertación geopolítica y comercial alternativos.
El peso económico de los BRICS: Con un volumen comercial bilateral que superó los 234.800 millones de dólares en 2025 entre Brasil y el bloque ampliado, los BRICS se han consolidado como el principal anclaje de la diversificación comercial brasileña.
El Nuevo Banco de Desarrollo (NBD): Presidido por la exmandataria brasileña Dilma Rousseff y dotado con un capital de 100.000 millones de dólares, el NBD representa una herramienta fundamental para financiar infraestructura verde, digitalización y proyectos de desarrollo autónomo mediante el uso de monedas locales, sustrayéndose de la condicionalidad asfixiante de los organismos financieros tradicionales occidentales.
Las tensiones en el Mercosur: Si bien Brasil impulsa activamente un acuerdo comercial equilibrado entre el Mercosur y China, las divergencias internas —impulsadas por pulsiones bilaterales uruguayas, vacilaciones argentinas y los complejos condicionamientos geopolíticos de Paraguay derivados de su reconocimiento diplomático a Taiwán— complican la consolidación de un bloque regional cohesionado frente a las potencias globales.
Brasil, América Latina y el futuro de la multipolaridad
Brasil se encuentra situado en una encrucijada histórica de indudable magnitud continental y global.
La vía de la soberanía y la multipolaridad (Lula y los BRICS): Ofrece al país y a la región márgenes concretos de autonomía financiera, diversificación tecnológica, industrialización verde y una inserción soberana en el emergente orden multipolar del Sur Global.
La vía de la subordinación hemisférica (Bolsonarismo y alineamiento occidental): Conlleva el riesgo de la reprimarización económica, la pérdida de protagonismo estratégico internacional, la fractura institucional interna y la subordinación a los intereses geoestratégicos de Washington y Bruselas.
El factor del bloque conservador-evangélico: Constituye un fenómeno estructural de largo plazo que trasciende los ciclos electorales coyunturales, combinando la penetración económica capitalista, el control algorítmico de las subjetividades y una agenda moral restrictiva que redefine los contornos de la democracia y los derechos sociales en América Latina.
La disputa por Brasil es, en definitiva, la disputa por el sentido del siglo XXI latinoamericano: la disyuntiva entre actuar como sujeto activo y soberano de la historia mundial o reincidir en la condición secular de territorio subordinado a designios ajenos.
Bibliografía académica
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Aos Fatos (https://www.aosfatos.org): Investigaciones sobre redes de bulos, campañas de desinformación digital y circulación de contenidos falsos.
Projeto Comprova (https://projetocomprova.com.br): Consorcio periodístico de verificación de contenidos sobre políticas públicas y procesos electorales en Brasil.
Tribunal Superior Eleitoral (TSE) (https://www.tse.jus.br): Documentación oficial sobre normativas electorales, fallos y combate institucional a la desinformación.
Superior Tribunal Federal (STF) (https://www.stf.jus.br): Sentencias históricas sobre anulación de condenas de Lava Jato (2021) y juicios por la trama golpista y antidemocrática (2026).
2. Medios de referencia brasileños
Folha de S.Paulo, O Globo, O Estado de S. Paulo, Agência Pública y Nexo Jornal: Cobertura de investigaciones sobre financiamiento de redes digitales bolsonaristas, penetración de la bancada evangélica, expansión económica de corporaciones neopentecostales y entramados de corrupción institucional.
3. Cobertura internacional especializada
Reuters, Associated Press, BBC Brasil, France 24, Le Monde Diplomatique Brasil, The New York Times y The Guardian: Informes y análisis detallados sobre el eje diplomático Lula-Xi, la relación Bolsonaro-Trump, la trama golpista posterior a 2022, el protagonismo del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS y la internacionalización global del neopentecostalismo brasileño.
Fuente: https://clavechinanoticias.com/brasil-en-la-encrucijada-del-sur-global/
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Estados Unidos no se atreverá a venir a buscar a Raúl Castro"
- Sputnik Mundo,
Acentos
"Estados Unidos no se atreverá a venir a buscar a Raúl Castro"
Un juez de Miami firmó una orden de arresto contra el expresidente cubano por una supuesta conspiración para cometer asesinato en primer grado por el derribo de dos avionetas de EEUU de la organización Hermanos al Rescate en 1996.
"El objetivo es seguir molestando a los cubanos que están preocupados por problemas mayores, por las dificultades que impone el bloqueo a la isla", sostuvo César Gómez, periodista cubano del Canal Cubavisión Internacional en diálogo con Acentos.
Sobre el episodio en cuestión, Gómez recordó: "Yo vi volar las avionetas, Cuba lo advirtió mediante notas oficiales a EEUU y desde ese país no se hizo nada para impedir que continúen violando aguas soberanas y el territorio cubano".
"José Basulto, que en ese momento era el jefe de los llamados Hermanos al Rescate, sostuvo en grabaciones que sabía bien lo que estaba haciendo", detalló.
"Acá todo el mundo está convencido de que los americanos no se van a atrever a hacer lo que hicieron en Venezuela o en Irán para venir a buscar a Raúl Castro dondequiera que esté", cerró.
lunes, 19 de octubre de 2026
Cuando el relato se derrumba Palestina y la crisis de credibilidad del sionismo
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Cuando el relato se derrumba
Palestina y la crisis de credibilidad del sionismo
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Por Jaldía Abubakra | 19/10/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: El Salto
Tres años después del 7 de octubre el genocidio en Gaza ha puesto en cuestión los mecanismos políticos, mediáticos e institucionales que durante décadas han contribuido a legitimar la colonización de Palestina.
Durante décadas, el pueblo palestino no solo ha tenido que enfrentarse a la expulsión de su tierra, la ocupación, el exilio, las prisiones y las sucesivas masacres. También ha tenido que disputar el derecho a contar su propia historia. La colonización de Palestina no se ha sostenido únicamente mediante la fuerza militar, sino también mediante una estructura política, diplomática y mediática que ha contribuido a presentar al colonizador como víctima y al pueblo colonizado como una amenaza permanente.
La construcción de ese relato comenzó antes de 1948. El movimiento sionista presentó Palestina como una tierra disponible para su proyecto colonial, minimizando la existencia y los derechos de la población que la habitaba. La Nakba, que significó la expulsión de cientos de miles de palestinos, fue descrita durante mucho tiempo en buena parte del discurso occidental como una consecuencia inevitable de la guerra, desdibujando las responsabilidades de quienes llevaron a cabo las expulsiones y destruyeron centenares de localidades. Los refugiados aparecían como una tragedia humanitaria, pero no como un pueblo despojado de su tierra y sus derechos.
El lenguaje importa
Esta forma de narrar la historia ha acompañado las sucesivas etapas de la colonización. La ocupación militar, los asentamientos, el encarcelamiento de generaciones de palestinos y las agresiones contra Gaza han sido explicadas reiteradamente mediante el argumento de la seguridad israelí. La violencia colonial se presenta como una reacción defensiva, mientras la resistencia palestina aparece desligada de las condiciones históricas que le dieron origen. Así, la seguridad del ocupante ocupa el centro del debate y la libertad del pueblo ocupado queda relegada.
El lenguaje desempeña aquí una función fundamental. Los bombardeos se describen como operaciones militares; la destrucción de viviendas se justifica mediante necesidades de seguridad; las expulsiones se presentan como evacuaciones. Las palabras pueden transformar decisiones políticas y actos de violencia en procedimientos aparentemente inevitables.
El 7 de octubre de 2023 volvió a poner de manifiesto este mecanismo. Desde las primeras horas de se día, numerosos medios occidentales y responsables políticos difundieron acusaciones procedentes de fuentes israelíes sin someterlas a una verificación suficiente. Algunas historias adquirieron una dimensión internacional inmediata y contribuyeron a crear un clima político favorable al respaldo de la ofensiva israelí contra Gaza.
La historia de los cuarenta bebés decapitados constituye uno de los ejemplos más conocidos. Aquella afirmación recorrió el mundo sin que se aportaran pruebas que la sostuvieran. El entonces presidente estadounidense Joe Biden llegó a asegurar que había visto imágenes de niños decapitados, antes de que la Casa Blanca aclarara que no las había comprobado personalmente. La aclaración, sin embargo, no alcanzó la repercusión de la acusación inicial.
También circularon testimonios sobre violencia sexual que posteriormente fueron cuestionados. Associated Press examinó dos relatos difundidos por voluntarios de la organización israelí ZAKA que resultaron infundados. Una misión de Naciones Unidas señaló asimismo que dos acusaciones concretas de violencia sexual en Be’eri carecían de fundamento. Precisamente por la gravedad de estos crímenes, ninguna acusación debería utilizarse políticamente sin una verificación rigurosa.
Pero existe una cuestión más profunda: ¿por qué las acusaciones contra palestinos ocuparon inmediatamente las portadas internacionales, incluso cuando resultaron falsas o no estaban acreditadas, mientras las denuncias documentadas de violencia sexual contra palestinos y palestinas bajo custodia israelí no provocaron una respuesta política, mediática y judicial comparable?
Las investigaciones de Naciones Unidas han documentado graves formas de violencia sexual y de género contra personas palestinas detenidas por Israel, incluidas humillaciones sexuales, desnudez forzada, agresiones y casos de violación. ¿Por qué algunas denuncias provocan condenas inmediatas, mientras otras, incluso documentadas, apenas alteran las relaciones políticas con los responsables?
Manipulación de los medios y complicidad política internacional
La responsabilidad de los grandes medios no puede reducirse a errores de verificación. Buena parte de la cobertura occidental ha otorgado mayor credibilidad a las instituciones israelíes que a los testimonios palestinos. Las declaraciones de portavoces militares suelen ocupar un lugar privilegiado, mientras las denuncias palestinas deben superar sucesivas exigencias de confirmación. Incluso cuando investigaciones posteriores contradicen las versiones oficiales, las rectificaciones rara vez alcanzan la misma visibilidad.
Pero esta responsabilidad no termina en las redacciones. Una investigación reciente de The New York Times recogió acusaciones de funcionarios estadounidenses contra David Milstein, asesor del embajador Mike Huckabee, por presuntamente bloquear o modificar informes de la embajada en Jerusalén relativos a los asentamientos, la violencia de los colonos y la situación humanitaria en Gaza. Según los testimonios recogidos, esas intervenciones buscaban ofrecer una imagen más favorable del Gobierno israelí. Huckabee rechazó el reportaje. El caso plantea una pregunta inquietante: ¿qué sucede cuando la información también puede ser filtrada antes de llegar a quienes toman las decisiones políticas?
Sin embargo, sería ingenuo atribuir la complicidad occidental únicamente a la manipulación informativa. Los gobiernos conocen desde hace décadas la realidad de la ocupación, los asentamientos, el bloqueo de Gaza y las violaciones de derechos denunciadas por organismos internacionales. Disponen de embajadas, informes jurídicos y abundante documentación. El problema no es la falta de información, sino las decisiones que adoptan a pesar de ella.
Las relaciones comerciales, los acuerdos militares y el respaldo diplomático han continuado mientras se acumulaban las denuncias sobre graves violaciones del derecho internacional. Quienes proporcionan armamento, mantienen alianzas estratégicas y ofrecen protección política no son espectadores ajenos a sus consecuencias. La responsabilidad internacional no desaparece mediante comunicados cuidadosamente redactados.
Y, sin embargo, algo está cambiando. Tres años después, la distancia entre el relato oficial israelí y la percepción de sectores crecientes de la opinión pública resulta más evidente. Las imágenes de hospitales destruidos, familias desplazadas, universidades arrasadas y niños sometidos al hambre han llegado a millones de personas, cuestionando explicaciones que anteriormente parecían incuestionables.
En esta transformación ha sido decisivo el papel de los propios palestinos. Periodistas, sanitarios, docentes, escritores, mujeres, jóvenes y familias enteras han transmitido al mundo lo que ocurre en Gaza, muchas veces poniendo en peligro sus vidas. Sus testimonios han recuperado nombres, historias y experiencias que las estadísticas tienden a borrar, mostrando una sociedad con memoria, cultura y una voluntad persistente de continuar existiendo en su tierra.
Estas voces han contribuido a romper el monopolio de la interpretación. Cada vez más personas se preguntan qué ocurrió antes de 1948, por qué millones de refugiados continúan privados del retorno o por qué la seguridad de Israel se presenta como un derecho absoluto mientras la libertad del pueblo palestino sigue sometida a condiciones.
Las movilizaciones universitarias, las campañas de boicot y las protestas contra la colaboración militar han situado Palestina en el centro de debates sobre colonialismo, racismo, represión y responsabilidad institucional. Pero no conviene confundir este cambio de conciencia con una transformación política consolidada. La indignación puede desaparecer cuando disminuye la atención mediática y la solidaridad puede quedar reducida a gestos simbólicos si no encuentra continuidad organizativa.
El respaldo de las principales potencias occidentales a Israel sigue siendo considerable. La pérdida de credibilidad de un discurso no implica necesariamente el debilitamiento inmediato de las estructuras políticas, económicas y militares que lo sostienen. Precisamente por eso, el cuestionamiento del relato debe acompañarse de una exigencia sostenida de responsabilidades.
Tampoco debemos olvidar que el pueblo palestino no comenzó a existir políticamente cuando el mundo volvió a mirar hacia Gaza. Durante generaciones ha preservado su memoria, construido organizaciones y sostenido su lucha frente a la colonización y el exilio. Lo que está cambiando no es esa realidad, sino la disposición de una parte del mundo a escucharla.
Tres años después, la pregunta fundamental ya no puede limitarse a cuánto ha cambiado la imagen de Israel. La cuestión es qué hará el mundo con aquello que conoce. Porque conocer una injusticia y permitir que continúe también implica una responsabilidad.
El relato sionista no se derrumba simplemente porque algunas de sus afirmaciones hayan sido desmentidas. Su credibilidad se erosiona cuando la historia de Palestina, las experiencias de su pueblo y las contradicciones de quienes justifican su colonización dejan de poder ocultarse detrás de los discursos oficiales. Pero esa transformación solo adquirirá toda su importancia cuando el cuestionamiento de las palabras se convierta también en un cuestionamiento efectivo de las políticas que las acompañan.
Palestina no necesita que otros escriban su historia ni que su derecho a la libertad dependa de la compasión internacional. Necesita que se reconozcan sus derechos y que quienes durante décadas han contribuido a negarlos dejen de encontrar en el silencio, la propaganda y la complicidad un refugio para sus responsabilidades.
Jaldía Abubakra. Palestina. Fundadora de Alkarama – Movimiento de Mujeres Palestinas y miembro de la ejecutiva del Movimiento Ruta Revolucionaria Alternativa Palestina (Masar Badil).
Fuente: https://www.elsaltodiario.com/palestina/cuando-relato-se-derrumba-palestina-crisis-credibilidad-del-sionismo
"El pirómano debe irse" político francés exige la dimisión de Macron
- Sputnik Mundo
"El pirómano debe irse": político francés exige la dimisión de Macron
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, debe dimitir, declaró el líder del partido de derecha francés Los Patriotas, Florian Philippot, tras los disturbios masivos y los enfrentamientos registrados durante las protestas del 17 de octubre.
Philippot, quien también es candidato a la presidencia, acusó a las autoridades francesas de haber favorecido durante décadas la inmigración ilegal a gran escala en el país.
"¡Sin duda, la situación está en llamas bajo el mandato de Macron! (...) ¡El pirómano que destruye Francia debe irse!", escribió en su cuenta de la red social X.
La política del caos ha debilitado metódicamente a Francia y fragilizado al pueblo, hecho subir a sus enemigos, añadió.
El 17 de octubre, se celebraron manifestaciones multitudinarias en toda Francia contra el encarecimiento del costo de vida y la subida de los precios. Según el Ministerio del Interior, unas 550.000 personas participaron en las movilizaciones, 110.000 de ellas en París. Por su parte, la Confederación General del Trabajo estimó la asistencia de hasta 800.000 manifestantes.
Las protestas estuvieron marcadas por violentos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden, así como por disturbios, saqueos y actos de vandalismo. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, elevó a 1.500 la cifra de detenidos y a más de 500, la de agentes heridos durante los disturbios.
domingo, 18 de octubre de 2026
El elector que aún no ha decidido
Recomiendo:
El elector que aún no ha decidido
Por Frei Betto | 13/10/2026 | Brasil
Fuentes: Prensa Latina [Imagen: Grupo de electores frente a un mural con la bandera de Brasil durante las elecciones presidenciales del 4 de octubre de 2026; uno de los electores porta la camiseta del candidato bolsonarista. Créditos: Eraldo Peres/AP, tomada de Prensa Latina]
Había votado por Lula en elecciones anteriores, pero no se consideraba lulista. Tenía reservas sobre el gobierno, críticas hacia la izquierda y opinaba que el país necesita afrontar problemas que no caben en sus propuestas. Al mismo tiempo, no se siente representado por el bolsonarismo. Flávio Bolsonaro le despierta curiosidad, pero también muchas interrogantes.
En la primera vuelta, por tanto, dudó. Prefirió abstenerse. Luego llegó el resultado: Lula y Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta. La duda, que antes podía resolverse eligiendo una tercera opción, se volvió inevitable. Quedaban dos candidatos.
Decidió entonces hacer algo que nunca había hecho: apagar el celular y leer los programas de gobierno. Sabía que el Tribunal Superior Electoral pone a disposición oficialmente las propuestas de ambos candidatos, incluso organizadas por temas.
Empezó por la economía. Quería saber qué prometía cada candidatura respecto al empleo, los ingresos, la inflación, los impuestos y el equilibrio de las cuentas públicas. Descubrió que no bastaba con preguntar quién prometía gastar menos o más. Era necesario preguntar en qué, para quién y de dónde vendría el dinero.
Pasó a la salud. Pensó en las filas del sistema público de salud (SUS), en los exámenes que se demoran, en los medicamentos que faltan en ciertos lugares, en los hospitales saturados. No quería una frase bonita. Quería saber qué compromisos estaban efectivamente registrados y cómo se ejecutarían.
Después, la educación. Pensó en los profesores, en las escuelas públicas, en los jóvenes que necesitan compaginar estudios y trabajo. Comparó las propuestas y se dio cuenta de que una elección no se reduce a la personalidad de los candidatos.
Hay un país concreto detrás de la propaganda.
En materia de seguridad pública, la duda resurgió con fuerza. Él quería menos violencia, pero también quería saber cuáles serían los métodos para lograrlo. La seguridad, concluyó, no consiste simplemente en endurecer los discursos; implica a la policía, la investigación, la inteligencia, el sistema penitenciario, la prevención y las políticas sociales.
Así llegó a las políticas sociales. Ahí residía una de sus mayores preocupaciones. Conocía familias para las que la ayuda social no suponía un lujo, sino comida en la mesa. Al mismo tiempo, no quería políticas que perpetuaran la pobreza. Buscaba propuestas capaces de combinar la protección inmediata con el empleo, la educación y la autonomía.
También leyó sobre democracia e instituciones. Este capítulo influyó en su reflexión. No porque deseara un país sin conflictos- sabía que la democracia es, precisamente, la convivencia entre conflictos y diferencias-, sino porque consideraba indispensable que el presidente, el Congreso, el Poder Judicial, la prensa y la sociedad civil respetaran los límites constitucionales.
Fue entonces cuando se dio cuenta de algo sobre sí mismo. Su decisión no se basaría en si le gustaba un candidato o si detestaba al otro. Votaría porque comprendió que su objetivo era tener en cuenta el país que imaginaba posible y los compromisos que consideraba más importantes.
Aun así, seguía indeciso. Habló con amigos. Uno decía que Lula representaba demasiada continuidad; otro, que Flávio Bolsonaro suponía un cambio necesario. Un tercero recordaba los errores y controversias de un bando, mientras que otro señalaba los del otro.
Desconfió de los cuatro amigos. Se dio cuenta de que también debía desconfiar de sí mismo. Descubrió lo fácil que resulta creer únicamente en aquello que confirma nuestras convicciones. Empezó a verificar noticias en distintas fuentes, a consultar documentos oficiales y a distinguir entre promesas y hechos, opiniones e información, propaganda y programas.
Poco a poco, su indecisión cambió de naturaleza. Ya no se preguntaba: «¿Qué candidato me gusta más?», sino: «¿Qué proyecto de gobierno se ajusta mejor a lo que considero necesario para el país?».
No encontró un candidato perfecto. Tampoco esperaba encontrarlo. La democracia no es un concurso de santos. Es una elección entre alternativas concretas, con virtudes, limitaciones, promesas, riesgos y contradicciones.
En vísperas de la segunda vuelta, se sentó frente al televisor. Vio a los dos candidatos. Escuchó de nuevo las promesas. Algunas le parecieron convincentes; otras, frágiles. Releyó fragmentos de los programas oficiales.
Finalmente se decidió por Lula. No porque hubiera dejado de reconocer los problemas del candidato elegido. No porque hubiera pasado a estar de acuerdo con todo lo que él defendía. Y tampoco porque considerara al adversario incapaz de representar a una parte del electorado.
Se decidió por Lula porque, tras comparar propuestas y trayectorias, comprendió que había un conjunto de compromisos que, para él, debía pesar más en la elección.
Su voto no nació de la pasión. Nació de la duda.
Tal vez esa sea una de las cosas más importantes de una elección: que el elector no necesite transformar su voto en una profesión de fe. Puede votar con esperanza, pero también con memoria; con convicción, pero también con espíritu crítico.
El 25 de octubre, al marcar el 13 en las teclas de la urna, sabría que no estaba eligiendo a un santo, a un salvador ni a un avatar. Optaba por un presidente experimentado y confiable.
Precisamente por eso, decidió que su voto no debía ir al candidato que le prometiera el paraíso, sino a aquel cuya propuesta de país- tras examinarla con el mayor cuidado posible- le pareciera más compatible con el futuro que deseaba para Brasil.
Haz como mi primo: el 25 de octubre vota por la democracia. ¡Vota a Lula! ¡Vota al 13!
Frei Betto es escritor brasileño y fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación.
Fuente: https://publica.prensa-latina.cu/pub/brasil-el-elector-que-aun-no-ha-decidido
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