viernes, 29 de mayo de 2026

Occidente está perdiendo su superioridad, admiten medios europeos

- Sputnik Mundo. "Nunca antes habíamos estado tan débiles": Occidente está perdiendo su superioridad, admiten medios europeos La guerra contra Irán no es simplemente otra crisis en el Golfo. Se trata de un conflicto que desafía fundamentalmente la posición estratégica de Occidente, escribe el diario alemán 'Die Welt'. Según el diario, la incapacidad de Estados Unidos para lograr la victoria en una guerra en Oriente Medio cuestiona el núcleo de la concepción conservadora occidental de seguridad, expresada en el principio "Paz a través de la fuerza", utilizado por el presidente estadounidense Ronald Reagan. "La paz se basa en la fuerza —económica, militar y estratégica", declaró en los años setenta, añadiendo: "La paz se pierde cuando esa fuerza se debilita o, lo que es igualmente fatal, es percibida por el adversario como debilitándose". Esta sencilla fórmula causal parece obsesionar a Donald Trump y Benjamin Netanyahu, subraya el autor de la publicación. Sin embargo, la estrategia aplicada por estos mandatarios en la guerra contra Irán demuestra una desconexión entre discurso y realidad. Más que una política basada en fuerza real —económica, militar y estratégica—, se apuesta por gestos, presión mediática y cálculos políticos a corto plazo. Sin planificación sólida ni objetivos alcanzables, el resultado es un desgaste sin logros concretos. "Tal error de juicio es quizás comprensible en dos políticos que solo han dejado huella en la historia mediante constantes proclamas de su propia fuerza", añade el autor del artículo. Occidente libra una guerra comercial a escala mundial para conservar su "dominio ficticio", resalta Zajárova | Video El resultado es una pérdida de credibilidad internacional. A pesar de contar con mayores recursos potenciales, Estados Unidos y sus aliados terminaron aislados y sin capacidad de imponer su agenda. Incluso los socios clave muestran reticencias, mientras potencias como China ganan protagonismo en el escenario global, subraya. La lección es clara: la fuerza no puede simularse, indica. Requiere inversión sostenida, planificación estratégica y coherencia política. Sin estos elementos, la apariencia de poder se convierte en su contrario: una señal de debilidad. "¿Qué significa todo esto para Occidente? Pregúntenle a Ronald Reagan. Nunca antes habíamos estado tan débiles como ahora", concluye el autor.

jueves, 28 de mayo de 2026

Palestina, Irán y el desmoronamiento de la hegemonía occidental

Recomiendo: Palestina, Irán y el desmoronamiento de la hegemonía occidental Por Yara Hawari, Tareq Baconi | 28/05/2026 | Mundo Fuentes: Voces del Mundo Introducción La población de todo el mundo está atravesando un momento de profunda crisis. El genocidio en curso en Gaza, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y el Líbano, las crisis energéticas y económicas resultantes y la erosión del orden jurídico internacional se desarrollan en paralelo a la fragmentación del sistema global liderado por Occidente. En conjunto, estas sacudidas convergentes están poniendo de manifiesto los límites de la hegemonía estadounidense, redefiniendo las posiciones estratégicas de los Estados árabes del Golfo y de China, e intensificando los debates sobre la multipolaridad, el realineamiento regional y la solidaridad Sur-Sur. En esta mesa redonda, Yara Hawari y Tareq Baconi reflexionan sobre este punto muerto, y destacan la centralidad de Palestina para comprender las transformaciones históricas que el mundo está presenciando hoy en día. Debaten sobre la quiebra del orden internacional liberal, la dinámica cambiante del poder imperial estadounidense-israelí en Asia Occidental y las formas en que Palestina ha emergido como un punto de convergencia a través del cual podría verse impulsado un orden global diferente. (Esta mesa redonda es una adaptación de una sesión informativa impartida por Yara Hawari y Tareq Baconi en abril de 2026. Ha sido editada para su publicación) ¿Cómo se relaciona el momento actual con las historias más largas de violencia colonial e imperial? Yara Hawari: Este es un momento crucial de reflexión, no solo para los países sometidos a la violencia colonial e imperial, sino para el mundo en su conjunto. Europa no es una isla. Cuando España se negó a permitir que Estados Unidos utilizara sus bases militares para lanzar ataques contra Irán, el presidente Donald Trump respondió diciendo que Estados Unidos podría utilizarlas de todos modos, lo que supuso una amenaza directa a la soberanía española. Creo que los gobiernos están empezando a comprender que ya no pueden descartar tales declaraciones como divagaciones erráticas de Trump, sino que deben reconocerlas como señales ominosas de lo que está por venir. Sin embargo, aunque existe un esfuerzo para remodelar la política global, también debemos entender este momento no como una aberración en la historia de Estados Unidos, sino como una trayectoria predecible. De hecho, sucesivos gobiernos sentaron las bases, desde George W. Bush hasta Barack Obama y más allá. Palestina se encuentra en el centro de esta dinámica. La descarada agresión de Estados Unidos e Israel contra la humanidad es, en muchos aspectos, la consecuencia de décadas de impunidad sin control. Los Estados occidentales han dado carta blanca al régimen israelí sobre los palestinos: se ha retransmitido en directo al mundo un genocidio mientras continúan las relaciones comerciales y se mantiene la cobertura diplomática. El coste de ese cálculo ha resultado ser mucho mayor de lo previsto. Las consecuencias de esa impunidad ya no se limitan a los palestinos ni a la población del sur del Líbano. La gente corriente en Occidente se enfrenta ahora a una creciente crisis del coste de la vida porque los regímenes estadounidense e israelí —envalentonados por décadas de violencia impune contra los palestinos— decidieron iniciar una guerra con Irán. Ahora todo el mundo está pagando el precio de esa impunidad. La constancia y el alcance de esa impunidad, así como la profundidad de la complicidad occidental, son las variables que explican la trayectoria en la que nos encontramos ahora. Tareq Baconi: La guerra contra Irán revela algo crucial sobre las posiciones desde las que operan ahora los poderes de Estados Unidos e Israel. Estamos asistiendo a un resurgimiento de un lenguaje explícitamente imperial y colonial en la escena mundial: un presidente de EE. UU., cuya retórica refleja el lenguaje que el régimen israelí siempre ha empleado hacia los palestinos, respaldado por una fuerza militar y una agresión extraordinarias. Pero esta agresión es un signo de declive, no de fuerza. Hoy en día, tanto la hegemonía estadounidense como el colonialismo de asentamientos israelí se están desarrollando mediante el uso excesivo de la fuerza, la violencia extrema y la escalada precisamente porque su legitimidad se está erosionando. Esto se ve claramente en el sionismo: en muchos sentidos, se encuentra en su momento de mayor debilidad histórica, y esa debilidad se manifiesta en forma de agresión, devastación y matanzas masivas. Comprender esta dinámica es esencial para entender el lugar que ocupa Palestina en estos cambios en el poder mundial. Es decir, un imperio alcanza su máximo nivel de violencia cuando aún conserva la capacidad de ejercer la fuerza, pero ha perdido la capacidad de mantener la legitimidad o la estabilidad. ¿Cómo debemos entender la relación entre Estados Unidos e Israel en este momento? Tareq Baconi: En cuanto a la cuestión de quién impulsa qué en la relación entre Estados Unidos e Israel, hay un punto concreto que destacar sobre la guerra con Irán: esta no es la guerra de Washington. Es la guerra del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, una guerra que ha estado impulsando durante años y para la que finalmente ha encontrado una puerta abierta con la administración Trump. Pero para entender cómo eso fue posible, tenemos que profundizar en la relación estructural entre los dos Estados. Esa relación opera en dos niveles. El primero es ideológico. Tanto Estados Unidos como Israel son colonias de asentamientos de colonos; en otras palabras, Estados construidos sobre el exterminio masivo, el desplazamiento forzoso y la limpieza étnica, y sostenidos por una infraestructura racista y capitalista. Israel ha fascinado durante mucho tiempo a Estados Unidos porque ha logrado presentarse como una democracia mientras supervisa un sistema de apartheid. Y Estados Unidos fascina al régimen israelí porque representa, en el imaginario colonialista, un proyecto que «cumplió su cometido»: un Estado que despojó a su población indígena y luego asumió con éxito ese despojo como la base de la «democracia». Ninguna de esas historias es cierta: los pueblos indígenas de Palestina y la Isla de la Tortuga siguen resistiendo. Pero la narrativa colonialista es de victoria, y crea un profundo vínculo ideológico entre los regímenes coloniales. Si Israel fracasara como proyecto colonialista, ello equivaldría a una condena de los propios Estados Unidos. El segundo nivel es geopolítico. El régimen israelí no es simplemente un aliado; es fundamental para el colonialismo de los Estados Unidos y para la proyección de su imperio a escala mundial. Permite a los Estados Unidos proyectar su fuerza imperial no sólo en toda la región, sino más allá de ella. Todo el discurso de la «relación especial», de la «ausencia de distancia» entre Washington y Tel Aviv y de los «valores compartidos» refleja no solo un sentimiento, sino, lo que es más importante, una necesidad estructural. Lo que hace que esta guerra en curso sea particularmente reveladora es que también está poniendo al descubierto las fisuras dentro de esa relación. Al empujar a Estados Unidos a esta guerra con Irán, el régimen israelí está exacerbando las contradicciones que ya existen a nivel interno entre los estadounidenses. Cada vez más personas se preguntan si estos son realmente los valores compartidos que Estados Unidos afirma tener con el régimen israelí, y si las guerras interminables de este tipo benefician a los intereses de alguien. De hecho, la forma en que el régimen israelí sigue arrastrando a Estados Unidos a una violencia permanente no beneficia al pueblo estadounidense, y esto es algo que cada vez se hace más imposible de ignorar. Yara Hawari: Lo que ha quedado claro en los meses transcurridos desde que comenzó la guerra contra Irán es que Trump y su círculo más cercano no tienen un plan. Las conversaciones iniciales sobre mermar la capacidad de misiles iraní y eliminar el uranio enriquecido no llegaron a nada. Se planteó la posibilidad de un cambio de régimen y luego se desmintió. No existe una estrategia coherente por parte de Estados Unidos. Netanyahu, sin embargo, sí que tiene una, y muy clara. Estamos asistiendo al punto álgido de su visión del «Gran Israel», que no sólo consiste en la expansión territorial, sino también en consolidar a Israel como la potencia preeminente de la región. Informes procedentes del interior de la Casa Blanca sugieren que Netanyahu propuso a Trump una guerra para provocar un cambio de régimen y que, a pesar de las graves divisiones internas, el presidente de EE. UU. acabó aceptando lo que le vendía el primer ministro israelí. Esto se debe en gran medida a un pequeño grupo de belicistas y sionistas acérrimos, entre los que se encuentran el senador Lindsey Graham y el secretario de la Guerra Pete Hegseth, que se han convertido en figuras centrales de la administración de Trump. Esto no quiere decir que Estados Unidos sea reacio a infligir violencia al mundo en otros ámbitos. Pero en la cuestión específica de la guerra con Irán, el consenso de larga data entre las agencias gubernamentales estadounidenses era que tal guerra sería catastrófica para Estados Unidos y para la economía mundial. Y tenían razón. Sin embargo, debemos tener cuidado de no confundir esto con una sumisión de Estados Unidos ante Netanyahu —una narrativa que ahora está adoptando la extrema derecha antiisraelí en Estados Unidos—. Hacerlo sería ocultar la larga historia de intervencionismo violento de Estados Unidos en Asia Occidental y eximir a Washington de su propia responsabilidad en este momento. Trump, por su parte, no es un hombre ideológico. No es sionista —desde luego, no en el sentido en que lo es, por ejemplo, el expresidente estadounidense Joe Biden—. De hecho, hay otras fuerzas en juego. Existe una dimensión transaccional: la multimillonaria israelí-estadounidense Miriam Adelson fue la mayor donante individual de la campaña de Trump para 2024, y tales megadonaciones conllevan expectativas. Existe la dimensión del ego: a Trump le vendieron la idea de que podría ser el presidente que finalmente derrocara al régimen iraní. Y, por último, está la dimensión del beneficio, quizás la más importante de todas: Trump está privatizando todos los aspectos de la gobernanza estadounidense, incluida la diplomacia, al servicio de la riqueza dinástica. Trump sigue siendo impredecible, y los próximos meses encierran auténticas incógnitas. Lo que está claro es que algo ha cambiado dentro de una parte significativa de MAGA, el movimiento populista nacionalista de derechas organizado en torno a la agenda «America First» de Trump. Muchos dentro de su base creen ahora que los ha traicionado a favor de una potencia extranjera. Ese daño parece irreparable. ¿Cómo están reconfigurando la estrategia y el apoyo palestinos los cambios regionales y los ataques contra los aliados de Palestina? Yara Hawari: Los Estados árabes del Golfo se enfrentan ahora a un grave dilema. De esta guerra está surgiendo una fórmula probada y comprobada: si Irán es atacado por el régimen israelí o por Estados Unidos, la respuesta se dirigirá contra los Estados del Golfo, en su calidad de aliados de Estados Unidos y de anfitriones de sus instalaciones militares. Al mismo tiempo, Estados Unidos ha demostrado ser incapaz de garantizar la seguridad de dichos Estado, una premisa fundamental de la relación entre Estados Unidos y el Golfo. Como resultado, la credibilidad de Washington como poder hegemónico regional se ha visto gravemente mermada. Por lo tanto, no es de extrañar que China esté emergiendo como un actor clave en la región. Cabe destacar que, en los últimos meses, los diplomáticos chinos han llevado a cabo una diplomacia intensa, aunque sutil, con los Estados del Golfo. La presencia de China en la región no es nueva; lleva años integrándose en ella a través de proyectos como la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Por lo tanto, no supone un gran salto para Pekín proponer una visión multipolar de un orden regional orientado hacia su propio continente. Este reajuste geopolítico es también significativo para el movimiento de liberación palestino, como lo demuestran los esfuerzos actuales por profundizar el compromiso con el Sur Global. Durante años, gran parte de la sociedad civil palestina y la organización de base se han centrado en Estados Unidos y Europa. Sin embargo, décadas de compromiso con los responsables políticos y periodistas occidentales no lograron producir el cambio estructural necesario para detener el genocidio. Darse cuenta de ello ha sido doloroso, pero también necesario. Las preguntas que surgen ahora del diálogo con el Sur Global se centran en cómo construir un orden mundial genuinamente multipolar y cómo Palestina puede servir de punto de convergencia que impulse la materialización de ese orden. De hecho, el genocidio de Gaza ha puesto de manifiesto los límites de la arquitectura internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial. La tarea urgente ahora es imaginar y construir lo que vendrá después. Tareq Baconi: Si nos fijamos específicamente en el movimiento nacional palestino y la lucha de liberación, está claro que nos encontramos en un periodo muy delicado. Aparte de esa breve época en los años sesenta y setenta, cuando la revolución palestina mantenía un diálogo activo con otros movimientos anticolonialistas globales, la diplomacia palestina se ha orientado casi por completo hacia Occidente. Ha estado marcada por el lenguaje del universalismo liberal y por la fe en las instituciones de gobernanza internacional lideradas por Occidente. Esa orientación ha influido profundamente en la forma en que los palestinos han llevado a cabo su lucha. Ahora comprendemos que esos sistemas liberales occidentales han fracasado. Muchos de nosotros lo hemos defendido durante mucho tiempo, pero el genocidio en Gaza lo ha hecho innegable. La difícil realidad es que los palestinos y sus aliados en todo el Sur Global aún no han construido la infraestructura necesaria para superar esa dependencia. Para ello es necesario ir más allá de una aceptación implícita de la hegemonía occidental, el imperio y el colonialismo, y avanzar hacia una realidad diferente: una en la que los sistemas de gobernanza internacional puedan proteger realmente la vida humana sin racismo ni dominación imperial. No se trata de una transición sencilla. Pero también creo que este momento presenta una oportunidad extraordinaria, una que saca a Palestina de su estado de excepción. Cuando hablamos de remodelar la región o de construir alianzas más profundas en todo el Sur Global, muchos actores tienen un interés particular en enfrentarse al régimen israelí. La violencia colonial israelí no se ha detenido en Gaza; sus tácticas ya se están exportando a Siria, el Líbano e Irán, y la lógica expansionista va más allá del presente hacia otros lugares en el futuro. El debate más amplio que debe tener lugar ahora es el siguiente: a medida que el imperio estadounidense retrocede y los sistemas existentes de gobernanza internacional se tambalean, ¿qué alternativa puede construir el Sur Global? Palestina es fundamental en ese debate. ¿A qué debemos estar atentos en los próximos meses y qué necesita el movimiento de liberación palestino para afrontar lo que se avecina? Yara Hawari: Me vienen varias cosas a la mente. Lo más urgente es que el régimen israelí hará un esfuerzo concentrado por terminar lo que empezó en Gaza y en el resto de Palestina. Hasta ahora, el genocidio ha tenido pocas consecuencias y, según los cálculos de Netanyahu, este es el momento oportuno para completar el proyecto. Las próximas elecciones israelíes no cambiarán esto. Las encuestas muestran sistemáticamente que las políticas del régimen cuentan con el apoyo mayoritario de los ciudadanos judíos israelíes. Cualquier cambio de gobierno reflejará el cansancio con Netanyahu, no con la guerra ni con la limpieza étnica de los palestinos. Por lo tanto, es esencial que la atención siga centrada en Palestina, especialmente en Gaza, donde el genocidio no ha terminado, sino que ha entrado en una nueva fase. En segundo lugar, a la luz de los cambios geopolíticos en curso, el movimiento debe posicionarse a la vanguardia. Esto implica un compromiso sostenido con el Sur Global, incluyendo, y quizás de forma más urgente, a las personas mucho más cercanas a nosotros en toda la región. El genocidio ha puesto de manifiesto la profundidad de la opresión que sufren nuestros compañeros en toda Asia Occidental. Por último, el movimiento debe mantenerse firme en sus principios y su ética, ya que ambos se pondrán a prueba a medida que siga creciendo. Es fundamental construir un movimiento de base amplia, pero no a costa de nuestras líneas rojas y nuestros valores fundamentales. Un ejemplo concreto es el debate que está surgiendo sobre cómo abordar las divisiones que se están abriendo dentro de MAGA y la extrema derecha estadounidense en torno a Israel. Esas divisiones son reales y pueden resultar útiles desde el punto de vista táctico. Pero cualquier acercamiento no debe comprometer los fundamentos progresistas del movimiento. Nuestro movimiento es grande, pero también frágil, y debe protegerse. Tareq Baconi: Más allá de la guerra inmediata y del genocidio en curso —que exigen nuestra atención constante—, hay varios acontecimientos que merece la pena seguir de cerca. A nivel regional, una cuestión crítica es si Irán podría obtener una ventaja estratégica tras esta guerra. Esto determinará si el régimen israelí puede alcanzar la hegemonía militar regional que persigue. El éxito con el que Irán gestione este momento y lo que consiga al final marcará todo el cálculo regional. Igual de importante es cómo respondan los Estados del Golfo y qué lecciones extraigan. El marco que precedió a esta guerra —el dominio militar estadounidense respaldado por la hegemonía israelí, los Acuerdos de Abraham y la alineación del autoritarismo del Golfo con el imperialismo estadounidense e israelí— se ha derrumbado de hecho. La forma en que los Estados del Golfo se reposicionen tras la guerra, y el papel que desempeñen China y Rusia en ese reposicionamiento, serán determinantes. Turquía es otra variable clave. Está claro que Turquía se encuentra en el punto de mira del régimen israelí; neutralizarla forma parte de lo que requeriría la hegemonía regional del régimen sionista. Su posición en la constelación regional emergente tendrá una importancia enorme. Dentro de la propia Palestina, el panorama es alarmante. El régimen israelí está ampliando y acelerando su colonización de Gaza y Cisjordania mediante una violencia espantosa. La llamada «Línea Amarilla» en Gaza ha sido declarada unilateralmente como nueva frontera. La amenaza de limpieza étnica se cierne sobre Cisjordania. En toda la Palestina histórica, el proyecto del Gran Israel se está consolidando activamente, incluso mientras se recurre al discurso de la reconstrucción, el alto el fuego y el retorno a la normalidad para ocultarlo. Esta expansión se extiende también a Siria y el Líbano, donde se está llevando a cabo una política de asentamientos de tierra quemada. En última instancia, los palestinos deben resistir la presión para volver a un statu quo anterior a la guerra genocida disfrazado de progreso. Lo que ocurrió el 7 de octubre fue someter la totalidad del proyecto colonialista sionista en Palestina a un nivel de escrutinio sin precedentes. Los palestinos deben aferrarse a esa oportunidad e insistir en que lo que este momento exige no es un alto el fuego que normalice el genocidio y la limpieza étnica, sino la descolonización total. Yara Hawari es codirectora de Al-Shabaka. Anteriormente fue investigadora y analista de la política palestina.

miércoles, 27 de mayo de 2026

EEUU habría atacado Irán otra vez a pesar del alto el fuego, reportan medios

- Sputnik Mundo, EEUU habría atacado Irán otra vez a pesar del alto el fuego, reportan medios hace 1 hora Buque de carga volcado junto a un muelle en el puerto sur de Bandar Abbás, Irán. - Sputnik Mundo, 1920, 28.05.2026 © AP Photo / Mohammad Mehdi Ghadimi Síguenos en De acuerdo con informes de la prensa iraní, se escucharon tres explosiones al este de Bandar Abbas. La agencia Fars News señaló que se desconoce la ubicación exacta y el origen de dichas detonaciones y añadió que se están realizando investigaciones para aclarar lo sucedido. Las defensas antiaéreas de la zona también se activaron durante varios minutos. Además, según Reuters, las fuerzas de EEUU llevaron a cabo nuevos ataques contra una instalación militar iraní, que es considerada por Washington como "una amenaza" para las fuerzas norteamericanas y para la navegación en el estrecho de Ormuz. La noticia se da justo un día después de que EEUU lanzara una serie de ataques que el portavoz del Pentágono, el capitán Tim Hawkins, calificó como "ataques defensivos" cerca de Bandar Abbas, rompiendo el frágil alto el fuego entre ambos países.

El intento de recuperar el dominio por la fuerza, típico del ‘estilo Trump’, es un retroceso a la lógica del poder bruto del siglo XIX

Entrevista a Frei Betto «El intento de recuperar el dominio por la fuerza, típico del ‘estilo Trump’, es un retroceso a la lógica del poder bruto del siglo XIX» Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someone Por Rafael Hidalgo | 27/05/2026 | América Latina y Caribe, EE.UU. Fuentes: Blog América En esta primera entrevista exclusiva del BLOG AMÉRICA, que será publicada en dos entregas, Rafael Hidalgo dialoga con el destacado teólogo brasileño, Frei Betto, quien reflexiona sobre las causas y objetivos de la extrema agresividad de Trump. Razona acerca de la naturaleza violenta de un imperio en decadencia, que busca reajustarse y sobrevivir. Identifica las implicaciones para la América Latina y el Caribe de tales políticas, y propone algunas alternativas concretas de lucha frente a la nueva embestida monroísta de la Casa Blanca. Carlos Alberto Libânio Christo (1944), más conocido como Frei Betto, asumió la política como sentido de su vida desde la adolescencia, siempre a favor de las causas justas; escritor con más de 70 libros en su haber creativo; filósofo y teólogo de la liberación de reconocida trayectoria, y fraile dominico que practica la lealtad a sus ideas y a la amistad de un modo que debería ser más extendido en este convulso mundo de hoy. Estos y otros rasgos suyos que podrían subrayarse, ayudan a comprender por qué Fidel Castro le consideró un amigo y un interlocutor culto y honesto al que era importante escuchar. Rafael Hidalgo (RH): Querido Betto, gracias por brindarnos esta primera entrevista del BLOG AMÉRICA. Basta una ojeada rápida a la realidad internacional actual para advertir que el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial está en crisis y transita, al parecer de forma ineluctable, hacia un multilateralismo que la Casa Blanca ya no está en condiciones de detener como proceso histórico. ¿Cómo analizas este proceso en la actual coyuntura mundial, a partir de las contradicciones intrínsecas del “modelo” capitalista de concentración de la propiedad, la riqueza y el poder político? Frei Betto (FB): La contradicción es la esencia del capitalismo: se presenta como democrático, pero excluye a la mayoría del pueblo de los beneficiose económicos; presume de cristiano, pero contradice todos los principios del Evangelio; pregona la paz, pero promueve la guerra; dice que defiende los derechos humanos, pero explota a los trabajadores y excluye a los migrantes, los desempleados, las mujeres, los negros, los homosexuales y los indígenas. Ante esta contradicción, marcada por la desigualdad social, el capitalismo encubre su privatización de los bienes materiales socializando los bienes simbólicos: ¡esa es su fortaleza! Con su poderosa maquinaria ideológica –los medios de comunicación, las herramientas digitales, la cultura, la enseñanza, etc.—convence al oprimido de que él también puede convertirse en opresor: basta con subir unos pasos por la escala social, convertirse en emprendedor, mirarse en el espejo de la clase dominante. El oprimido aprende que la persona no tiene valor social por sí misma, sino por los bienes que posee. Cuanto más rica, más valorada. Y cuando el oprimido sube uno o dos escalones, trata de impedir que suban quienes están debajo, porque sabe que la riqueza es resultado de la concentración de la renta, y no de su socialización. El capitalismo tiene siete vidas como el gato. A pesar de sus contradicciones, no da señales de agonizar. Su poderío ideológico crea en la conciencia del oprimido la convicción de que todos pueden subir en la escala social, basta con poner empeño, mientras asume que compartir los bienes o la riqueza es aceptar la pérdida de la identidad propia y correr el riesgo de resbalar y caer en el “abominable mundo de los empobrecidos”. RH: Si aplicamos la lógica analítica del sociólogo estadounidense William Robinson, deberíamos considerar a las élites que controlan el poder real y formal en los EE.UU. como el núcleo todavía hegemónico del capitalismo transnacional. ¿Cómo ubicas y analizas, desde esta perspectiva, el desempeño de la administración republicana, marcada por el “estilo Trump”, como factor disolvente del orden internacional de postguerra? ¿Hacia dónde podría llevar a la humanidad su tentativa de recuperar capacidad de dominación e influencia por medio del empleo de la fuerza militar y de otras formas de coerción? ¿Dónde aprecias los límites de su actuación externa a nivel global? FB: Desde la perspectiva del orden internacional de la segunda posguerra (1945…), pautado por instituciones como la ONU, el FMI, el Banco Mundial, y por alianzas como la OTAN, el llamado “estilo Trump” representa un abandono explícito del multilateralismo liberal que los Estados Unidos ayudaron a construir. La administración Trump (2017-2021) adoptó la consigna de “los Estados Unidos primero”, y se retiró de tratados (el acuerdo nuclear con Irán, el acuerdo de París sobre el clima), cuestionó a la OTAN, impuso aranceles unilaterales y se retiró de la OMS y la UNESCO. Esa línea no fue una simple “revisión” de su política exterior, sino un ataque deliberado a los pilares de la cooperación internacional basada en reglas. El elemento disolvente más grave fue la normalización de la coerción económica y militar como herramientas privilegiadas de negociación, en detrimento de la diplomacia y la construcción de consensos. El intento de recuperar la capacidad de dominación e influencia de los Estados Unidos, no mediante un liderazgo ejemplar, sino por medio de la fuerza bruta (o la amenaza de su empleo) revierte la lógica de que —a pesar de todas las críticas al imperialismo estadounidense— al menos legitimaba el orden, debido a que proporcionaba bienes públicos (seguridad marítima, estabilidad financiera, etc.). La apuesta por el empleo de la fuerza militar y otras formas de coerción (sanciones secundarias, chantaje tecnológico, manipulación de cadenas productivas) puede conducir a tres escenarios interrelacionados: 1) Fragmentación geopolítica acelerada: China, Rusia, la Unión Europea y otros actores medios comienzan a prepararse para un mundo sin una hegemonía confiable, buscando la autosuficiencia en los terrenos de la defensa, la tecnología y las finanzas. Aumenta el riesgo de “guerras proxy”, así como de conflictos regionales que el sistema de la ONU no logra contener. 2) Normalización de la anarquía coercitiva. Si la mayor potencia militar del mundo da muestras de que impera el “derecho de la fuerza”, los Estados menores y los actores no estatales se sienten autorizados a emplear la fuerza para resolver disputas. Un ejemplo es el genocidio llevado a cabo por Israel en Gaza, facilitado por un ambiente en el que las garantías de la seguridad multilateral ya habían sido corroídas. 3) La erosión del derecho internacional humanitario. El desprecio por los tratados y los tribunales internacionales incentiva las violaciones de derechos humanos, la tortura, la prisión arbitraria, el uso de armas controversiales, lo que aumenta el sufrimiento en las zonas de conflicto. A pesar de la retórica diluente y la coerción, hay límites claros para una administración republicana “estilo Trump”. Aunque poderosos, los Estados Unidos ya no son la única potencia industrial del mundo. Amenazar con sanciones y aranceles a todos (China, Europa, México, Canadá) provocaría respuestas simétricas y lesionaría la economía norteamericana (inflación, pérdida de mercados para la agricultura y las empresas tecnológicas). El dólar sigue siendo hegemónico, pero abusar de su posición para usarlo como un arma aceleraría la creación de sistemas de pago alternativos (por ejemplo, monedas digitales de bancos centrales, acuerdos China-Rusia, etc.). No obstante contar con el mayor presupuesto de defensa del mundo, los Estados Unidos no pueden librar guerras simultáneas contra grandes potencias (China, Rusia) sin costos insostenibles. La experiencia en Afganistán, Iraq y ahora Irán pone de manifiesto que la fuerza militar bruta no construye órdenes estables. Además, las alianzas como la OTAN dependen de la confianza mutua; las amenazas de abandonar a los aliados europeos acabarán por inducir a Europa a desarrollar su propia capacidad defensiva y reducir la influencia norteamericana. El “estilo Trump” quema capital de confianza. Países como Alemania, Francia, Japón, Corea del Sur y otros aliados tradicionales comienzan a dudar de los compromisos de la Casa Blanca. En foros como la ONU, los Estados Unidos se ven aislados en votaciones (como las realizadas sobre las embajadas en Jerusalén, el clima, las sanciones a Cuba). Sin legitimidad moral, la capacidad de formar coaliciones para enfrentar amenazas reales (pandemias, terrorismo, cambio climático) disminuye drásticamente. El orden de posguerra no es solo un conjunto de acuerdos; es también una red de interdependencias. Tratar de dominar por la coerción ignorando esa red genera costos enormes. Por ejemplo, querer excluir a China de las cadenas de suministro tecnológico, pero depender, a la vez, de tierras raras y fármacos chinos; querer renegociar acuerdos comerciales, pero ver rotas las cadenas de valor, lo que afecta el empleo en los Estados Unidos. El intento de recuperar el dominio por medio de la fuerza, típico del “estilo Trump”, es un retroceso a la lógica del poder bruto del siglo XIX, incompatible con un mundo nuclear e hiperconectado. A corto plazo, genera caos y sufrimiento. A largo plazo, probablemente fracasará en su empeño de restaurar una hegemonía estable, porque en el sistema internacional contemporáneo la cooperación y la legitimidad siguen siendo recursos de poder tan importantes como los portaviones y los aranceles. Los límites se impondrán no por la bondad de los actores, sino por puro cálculo de costo-beneficio y por la resistencia de otros Estados y sociedades. Si la humanidad quiere evitar un camino degradante, tendrá que reconstruir un multilateralismo reformado, pero funcional, en el que hasta las potencias insatisfechas encuentren canales de negociación que no sean la amenaza permanente del uso de la fuerza. De ahí la importancia del siguiente punto en el cual Lula siempre insiste: es necesario renovar la ONU, en especial su Consejo de Seguridad, y formular un nuevo diseño para la gobernanza global. Continuará… Fuente: https://blogamerica.org/blog-america-entrevista-a-frei-betto-i/ Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

martes, 26 de mayo de 2026

Los territorios de Oriente Medio ya no serán escudos para EEUU", dice líder supremo de Irán

- Sputnik Mundo "Los territorios de Oriente Medio ya no serán escudos para EEUU", dice líder supremo de Irán El ayatolá Mojtabá Jameneí publicó un mensaje con motivo del inicio del hach, la peregrinación anual de los musulmanes a la ciudad sagrada de La Meca, en Arabia Saudita. Entre otras cosas, el líder supremo iraní invitó "sinceramente a todos los países y Gobiernos islámicos a la amistad y a la cooperación en pro del bien" del mundo islámico. Irán acusa a EEUU de invadir su espacio aéreo y se reserva el derecho a responder Además, aseguró que "el tiempo no volverá atrás, y los pueblos y territorios de la región ya no serán escudo para las bases de EEUU", en referencia a la agresión estadounidense-israelí que comenzó en febrero. "EEUU ya no contará en la región con ningún lugar seguro para sus agresiones ni para el establecimiento de bases militares, y se irá alejando día a día de la posición que antes tenía", añadió.

lunes, 25 de mayo de 2026

Xi, Putin y el nacimiento de un nuevo equilibrio de poderes

Recomiendo: Xi, Putin y el nacimiento de un nuevo equilibrio de poderes Por Alejandro Marcó del Pont | 25/05/2026 | Economía Fuentes: El tábano economista [Imagen: Xi y Putin en el Palacio del Pueblo, mayo 2026 (Alexander Kazakov/pool Sputnik Kremlin Via Ap)] Reunión Xi Jinping y Vladímir Putin, más que un tratado de buena vecindad (El Tábano Economista) La escena de Beijing tuvo la fidelidad de una ceremonia antigua y la frialdad de una advertencia moderna. Xi Jinping recibió a Vladimir Putin en el Gran salón del pueblo no como se recibe a un socio ocasional, sino como se administra una señal al mundo. La política internacional, cuando quiere decir algo importante, rara vez lo dice sólo con comunicados. Lo dice con tiempos, con gestos, con repeticiones. Putin llegó a China pocos días después de la visita de Donald Trump. Xi, sentado en el centro geométrico de esa coreografía, mostró lo esencial. Beijing puede hablar con Washington, pero no se subordina a Washington; puede negociar con Estados Unidos, pero su arquitectura estratégica mira hacia Eurasia. La cumbre de mayo no fundó la unión chino-rusa. Hizo algo más decisivo: la normalizó como uno de los hechos estructurales del nuevo siglo. El primer dato es jurídico, pero su peso es histórico. Xi y Putin acordaron extender el Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa, firmado originalmente en 2001. No es una formalidad. Ese tratado es la viga legal sobre la que ambos países construyeron una relación que superó la vieja desconfianza sino-soviética, la rivalidad comunista del siglo XX y el trauma ruso de haber dejado de ser el centro del mundo socialista. La diplomacia china subrayó que el tratado había establecido una base institucional para la buena vecindad, la amistad duradera y la coordinación estratégica integral. Esa fórmula, que puede parecer burocrática, es en realidad una promesa de continuidad: China y Rusia quieren que su vínculo sobreviva a coyunturas, guerras, presidentes estadounidenses y ciclos económicos. La ganancia rusa es evidente. Rusia obtiene mercado, oxígeno financiero, respaldo diplomático y profundidad asiática. Después de Ucrania, Moscú desplazó a Europa, y China se convirtió en su comprador, su prestamista indirecto, su proveedor tecnológico posible y su escudo político parcial. Reuters señalaba que China es, por amplio margen, el mayor socio comercial de Rusia y el principal comprador de su crudo. Pero la ganancia china es menos ruidosa y más profunda. Beijing obtiene energía con descuento, acceso preferencial a recursos estratégicos, un socio nuclear capaz de obligar a Washington a dividir su atención, y una Rusia que mantiene ocupada a Europa mientras China consolida su primacía industrial, tecnológica y naval en Asia. La relación es asimétrica, sí, pero no débil, precisamente porque la asimetría favorece a China, Beijing puede administrarla sin desesperación. El segundo dato es político. Ambos líderes firmaron una declaración sobre la formación de un mundo multipolar y un nuevo tipo de relaciones internacionales. Aquí está el corazón conceptual de la reunión. China y Rusia no se presentan como una alianza agresiva, sino como una corrección histórica. Su argumento es simple y poderoso: el momento unipolar posterior a 1991 fue una anomalía; Estados Unidos confundió victoria con derecho permanente de mando; el sistema internacional debe regresar a una pluralidad de centros de poder. Cuando Xi y Putin advierten contra la “ley de la jungla”, no están haciendo una reflexión moral abstracta. Están acusando a Washington de haber transformado las reglas en instrumentos, las alianzas en cercos y el derecho internacional en un idioma usado selectivamente. Esa es la dimensión más importante de la cumbre. No se trata sólo de comercio, ni de gas, ni de protocolos. Se trata de legitimidad. China y Rusia buscan disputar el relato fundador del orden contemporáneo. Frente a la idea occidental de un “orden basado en reglas”, plantean la idea de un orden basado en soberanía, no intervención, equilibrio entre grandes potencias y centralidad formal de Naciones Unidas. La paradoja es evidente, Rusia se defiende de la expansión de la OTAN, China presiona sobre Taiwán y el Mar de China Meridional. Ambas potencias han encontrado una narrativa eficaz para buena parte del Sur Global, cansado de sanciones, dobles estándares y guerras presentadas como pedagogía democrática. La multipolaridad chino-rusa no promete un mundo más pacífico; promete un mundo menos obediente. La solidez de la unión quedó también expuesta en la agenda material. Xi habló de economía, comercio, inversión, energía, recursos, transporte, ciencia, tecnología, innovación y nuevas fuerzas productivas. También mencionó educación, cultura, cine, turismo y deportes. No son adornos son capas de interdependencia. Una alianza frágil se sostiene en una amenaza común; una relación sólida crea mecanismos, cadenas, hábitos, rutas, empresas, bancos, universidades, laboratorios y foros. La cumbre no produjo el gran golpe que Moscú deseaba —el acuerdo definitivo sobre Power of Siberia 2—, pero incluso esa ausencia confirma el carácter maduro del vínculo. China no compra por solidaridad; compra por interés. No rescata a Rusia a cualquier precio; la integra cuando le conviene. El gasoducto inconcluso es, en ese sentido, la metáfora perfecta. Rusia necesita vender gas a Asia tras el cierre parcial del mercado europeo; China necesita seguridad energética, pero no urgencia. Moscú empuja, Beijing calcula. El Kremlin habló de un entendimiento general, pero quedaron pendientes precio, calendario y detalles. En apariencia es una limitación. En realidad, muestra que el eje sino-ruso no funciona como bloque ideológico rígido, sino como sociedad estratégica entre potencias que se necesitan sin confundirse. Rusia aporta músculo militar, disrupción y energía; China aporta escala industrial, tecnología, capital, mercado y paciencia. La primera se mueve con la urgencia de quien pelea por no quedar encerrado; la segunda con la serenidad de quien cree que el tiempo trabaja a su favor. El tercer dato es militar-estratégico. Xi y Putin criticaron el proyecto estadounidense “Golden Dome” y lo presentaron como amenaza a la estabilidad estratégica. También señalaron el deterioro del régimen de control nuclear. Ese punto no puede leerse de manera aislada. La defensa antimisiles, la inteligencia artificial aplicada al mando militar, las armas hipersónicas, los satélites, la guerra electrónica y el control del espacio cercano están fusionando la competencia tecnológica con la competencia nuclear. China y Rusia saben que, si Washington logra construir una arquitectura defensiva que reduzca la eficacia disuasiva de sus arsenales, el equilibrio estratégico se altera. Por eso su respuesta no es sólo diplomática: es una advertencia sobre la futura carrera de armamentos. En ese tablero entra Corea del Norte, no como apéndice exótico, sino como pieza incómoda y útil. Pyongyang ha encontrado en la guerra de Ucrania una oportunidad histórica para salir de su aislamiento relativo. Su cooperación militar con Rusia le permite obtener dinero, experiencia de combate, tecnología, legitimidad y respaldo diplomático. Para Moscú, Corea del Norte ofrece munición, tropas, presión sobre los aliados asiáticos de Washington y una forma de demostrar que el frente contra Occidente no termina en Europa. Para Beijing, el asunto es más ambiguo: China no quiere perder influencia sobre Kim Jong Un, pero tampoco le desagrada que Corea del Norte mantenga ocupados a Japón, Corea del Sur y Estados Unidos. El resultado es una geometría triangular imperfecta, no hay un bloque monolítico China-Rusia-Corea del Norte, pero sí una convergencia de intereses suficientemente peligrosa. Japón es el país que lee esta convergencia con mayor alarma histórica. Para Tokio, China es el desafío estructural, Rusia es el vecino imprevisible del norte y Corea del Norte es la amenaza nuclear inmediata. Lo que antes podían ser tres problemas separados empiezan a parecer un solo teatro estratégico, más complicado si agregamos el estrecho de Ormuz. El informe 2026 del National Institute for Defense Studies de Japón está dedicado precisamente a las “asociaciones desequilibradas” entre China, Rusia y Corea del Norte, y advierte que esa cooperación se ha convertido en una cuestión central para la seguridad japonesa. La preocupación no es retórica, si Japón debe imaginar presión simultánea en Taiwán, en las islas del sudoeste, en el mar de Japón y desde la península coreana, su doctrina de defensa cambia de escala. La consecuencia será un Japón más armado, más autónomo y más estrechamente vinculado a Estados Unidos. El viejo pacifismo constitucional ya no desaparece por una reforma dramática, sino por acumulación de excepciones, presupuestos, capacidades de contraataque, interoperabilidad y miedo. El Japan Institute of International Affairs sostuvo en su Strategic Outlook 2026 que la profundización de la coordinación entre China, Rusia y Corea del Norte obliga a Japón a revisar sus documentos estratégicos centrales y a reconstruir su política de seguridad. En términos prácticos, eso significa más defensa antimisiles, más capacidades navales, más cooperación con Filipinas y Australia, y una relación aún más orgánica con Washington y Seúl. Corea del Sur enfrenta una ecuación parecida, pero con una sensibilidad distinta. Su amenaza principal no es China en abstracto, sino Corea del Norte con capacidad nuclear y respaldo externo. Si Pyongyang se siente protegida por Moscú y tolerada por Beijing, el margen de maniobra surcoreano se estrecha. Por eso Seúl y Tokio, pese a sus heridas históricas, han empezado a actuar con pragmatismo creciente. El 19 de mayo, Corea del Sur y Japón acordaron ampliar la cooperación energética, incluyendo mecanismos sobre GNL, crudo, reservas y swaps de productos petroleros, y reafirmaron la coordinación trilateral con Estados Unidos frente a Corea del Norte y las tensiones regionales. No es casualidad que energía y seguridad aparezcan juntas. En Asia oriental, las rutas marítimas, los misiles y los puertos forman parte de la misma gramática estratégica. India observa la escena con otra mezcla de incomodidad y oportunidad. Nueva Delhi también quiere un mundo multipolar; lo que no quiere es una Asia organizada alrededor de China. Ahí reside la diferencia esencial. Para India, el fin de la unipolaridad estadounidense puede ser deseable si amplía su autonomía, pero sería inaceptable si produce una hegemonía china en Eurasia. Rusia fue durante décadas un socio privilegiado de India, proveedor de armas y contrapeso diplomático. Pero una Rusia demasiado dependiente de China deja de ser contrapeso y empieza a ser problema. Por eso India no romperá con Moscú, pero acelerará su multi-alineamiento: seguirá en BRICS y en la Organización de Cooperación de Shanghái, mientras profundiza lazos con Estados Unidos, Japón, Francia y Australia. Estados Unidos, por su parte, enfrenta la consecuencia de su propio éxito pasado. Durante treinta años actuó como si Rusia y China fueran problemas administrables por separado. Hoy se encuentra con que su presión simultánea sobre Moscú y Beijing contribuyó a acercarlas. Washington conserva ventajas inmensas: dólar, tecnología, alianzas, poder naval, mercados financieros, y perdiendo su capacidad de sanción. Pero ya no posee el monopolio de la iniciativa. Cada sanción acelera mecanismos alternativos; cada despliegue en Asia justifica la coordinación sino-rusa; cada crisis energética empuja a los países importadores a diversificar; cada guerra exhibe los límites de la coerción occidental. La pregunta estadounidense ya no es cómo preservar la unipolaridad, sino cómo evitar que la multipolaridad sea escrita por sus adversarios. La economía mundial será una de las zonas principales de fricción. La unión China-Rusia no reemplaza al sistema financiero occidental, pero sí lo erosiona en los márgenes donde se juega la política real: pagos bilaterales, energía fuera del circuito europeo, comercio en monedas locales, seguros alternativos, bancos menos expuestos a sanciones, corredores terrestres euroasiáticos y tecnología adaptada a restricciones. Rusia no puede ofrecer a China lo que ofrece Occidente en consumo, capital e innovación abierta, pero sí puede ofrecerle energía, materias primas, espacio geográfico y una retaguardia continental. China no puede garantizar a Rusia prosperidad plena, pero sí impedir su asfixia. Esa combinación alcanza para alterar los cálculos de Washington, Bruselas, Tokio y Nueva Delhi. Lo que nació en Beijing no es una alianza clásica. No tiene artículo 5, como la OTAN, ni mando integrado, ni bandera común. Pero quizás por eso es más flexible. Es una entente de conveniencia histórica, una coalición de agravios, una sociedad de largo plazo entre dos Estados que no se aman, pero se necesitan; que no confían plenamente entre sí, pero confían menos en Estados Unidos; que no comparten idéntico destino, pero sí un adversario ordenador. Su fortaleza no reside en la pureza ideológica, sino en la complementariedad: Rusia rompe, China absorbe; Rusia desafía, China capitaliza; Rusia militariza la crisis, China la convierte en arquitectura. El mundo que emerge es más fragmentado, más propenso a malentendidos y escaladas. Japón se rearma con determinación, Corea del Sur profundiza alianzas de seguridad, India equilibra con cautela calculada, Estados Unidos redistribuye recursos entre dos océanos y la economía global se divide en corredores rivales. La historia del siglo XXI se está escribiendo en estos ejes pragmáticos, mientras otros debaten principios abstractos. Para los observadores atentos, la verdadera pregunta ya no es si este eje perdurará, sino cómo moldeará —y desafiará— el orden internacional en las décadas por venir. El tablero ha cambiado. El juego, con sus riesgos y oportunidades, apenas comienza. La unipolaridad no terminó con una declaración, ni con una foto, ni con una cumbre. Terminó lentamente. Lo que hizo la reunión Xi-Putin de mayo fue ponerle forma visible a ese final. La nueva época no será necesariamente más justa ni más estable. Puede ser más fragmentada, más transaccional, más armada y más cínica. Pero será menos occidental en su centro de gravedad. Y en esa mutación, China y Rusia han encontrado una fórmula eficaz: no necesitan dominar juntas el mundo; les alcanza, por ahora, con impedir que Washington vuelva a dominarlo solo. Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2026/05/24/xi-putin-y-el-nacimiento-de-un-nuevo-equilibrio-de-poderes/

domingo, 24 de mayo de 2026

Human Rights Watch: La «Junta de Paz» de Trump solo ha traído más muerte y sufrimiento a Gaza

Recomiendo: Según Human Rights Watch La «Junta de Paz» de Trump solo ha traído más muerte y sufrimiento a Gaza Por Brett Wilkins | 22/05/2026 | Palestina y Oriente Próximo Fuentes: El Salto Seis meses después de su creación la denominada “Junta de Paz” del presidente estadounidense Donald Trump no ha cumplido su promesa de un “futuro seguro y próspero” para los palestinos de Gaza, que siguen siendo asesinados, mutilados y privados de alimentos y otros suministros esenciales a causa del genocidio que Israel sigue perpetrando. “La infraestructura humanitaria que sustenta la vida en Gaza sigue en peligro más de seis meses después del acuerdo de alto el fuego de octubre de 2025”, declaró Human Rights Watch el pasado 19 de mayo. “Mientras la Junta de Paz se prepara para informar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 21 de mayo sobre su recién publicado informe de progreso semestral, las autoridades israelíes están socavando las vías de suministro humanitario”, continuaba HRW, en su declaración. “Los continuos ataques israelíes han causado la muerte de al menos 856 palestinos y han herido a otros 2.463, según el Ministerio de Salud de Gaza”, señaló la organización. “Los volúmenes de ayuda siguen estando muy por debajo de los niveles necesarios y las rutas de acceso humanitario críticas han sido obstruidas repetidamente, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA)”, apuntó también HRW. La declaración pública de HRW continúa así: “En su informe del 15 de mayo, la Junta de Paz señaló que la ayuda distribuida por los organismos de la ONU y sus socios aumentó en más de un 70 % durante el período analizado en comparación con los niveles previos al alto el fuego, y que ‘las necesidades alimentarias básicas se han estabilizado por primera vez desde 2023’. Las cifras principales de la Junta omiten que los volúmenes de ayuda han disminuido desde principios de 2026, no se han recuperado hasta los niveles anteriores al inicio de la guerra entre EE UU e Israel e Irán a finales de febrero, y nunca han alcanzado el mínimo que, según la ONU, es necesario. Cuatro agencias de la ONU advirtieron en diciembre de 2025 que la hambruna, que solo unas semanas antes se había logrado contener gracias al alto el fuego, podría reaparecer rápidamente sin un acceso y un suministro sostenidos”. “Se suponía que el plan traería alivio. En cambio, los palestinos de Gaza siguen pasando hambre, siguen sin poder acceder a la atención médica y se sigue matando a civiles”, declaró Adam Coogle, subdirector de HRW para Oriente Medio, en un comunicado: “Independientemente de lo que la Junta de Paz le diga al Consejo de Seguridad, así es como se ve la vida seis meses después”. HRW destacó que, aunque “los camiones comerciales han comenzado a entrar de nuevo en Gaza en mayor número”, el total de entregas de ayuda —que se redujeron drásticamente tras el inicio de la guerra ilegal y de elección de Estados Unidos e Israel contra Irán— está “muy por debajo de lo que necesita la población de Gaza”. Además, “ninguno de los 37 hospitales de Gaza estaba plenamente operativo, y solo 19 funcionaban siquiera parcialmente, según la OCHA”, desarrolló la organización de derechos humanos. “Más de 43.000 personas han sufrido lesiones que les han cambiado la vida, una de cada cuatro de ellas son niños, y más de 50.000 necesitan cuidados de rehabilitación a largo plazo, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, señaló HRW. “Ningún centro de rehabilitación está funcionando plenamente. Los retrasos israelíes en la aprobación de equipos quirúrgicos especializados están limitando la atención compleja, y al menos el 46 % de los medicamentos esenciales están agotados, según la OMS”. “Según el Ministerio de Salud de Gaza, más de 1.400 pacientes han fallecido mientras esperaban la evacuación médica desde que se cerró el paso fronterizo de Rafah en mayo de 2024, y más de 18.500 pacientes, entre ellos 4.000 niños, siguen a la espera de ser evacuados”, informó la publicación. “Las restricciones israelíes a la entrada de generadores, aceite de motor y piezas de repuesto están provocando averías en los servicios de salud, saneamiento, retirada de escombros y ayuda humanitaria”, afirmó HRW. Añadiendo: “Los roedores y los insectos se están propagando por los campamentos de desplazados, y las infecciones cutáneas y otras enfermedades están aumentando, según informó la OCHA. “Las agencias de la ONU y los grupos de ayuda que trabajan en el ámbito del agua y el saneamiento advierten de que la grave escasez de aceite lubricante y piezas de repuesto está provocando averías en los generadores”, denunciaba la organización. Las fuerzas israelíes siguen matando e hiriendo a trabajadores humanitarios en Gaza. “A finales de abril, la OCHA había registrado la muerte de al menos 593 trabajadores humanitarios en Gaza desde octubre de 2023, incluidos 8 desde el alto el fuego”, señaló HRW. “Las promesas de financiación también se han quedado muy por debajo de lo necesario: En la reunión inaugural de la Junta de Paz celebrada en febrero, diez Estados miembros y observadores de la Junta prometieron un total de 17.000 millones de dólares para la reconstrucción, frente a los 70.000 millones que, según estimaciones de la ONU, se necesitan”, recordó HRW. “A fecha de abril, la Junta había recibido menos de 1000 millones de dólares de la cantidad prometida, y solo tres contribuyentes habían entregado fondos, según Reuters”. “Cuando la Junta de Paz informe al Consejo de Seguridad, los miembros deberían sopesar lo que escuchan frente a lo que las agencias de la ONU están informando desde el terreno”, dijo Coogle. “Ningún giro retórico puede ocultar el hecho de que la ayuda no está llegando en la escala necesaria, los pacientes no tienen acceso a una atención médica adecuada y los cruces hacia Gaza siguen siendo limitados”. El informe de HRW se publicó un día después de que la Oficina de Derechos Humanos de la ONU instara a Israel a impedir nuevos “actos de genocidio” en Gaza, al tiempo que expresaba su preocupación por la escalada de la “limpieza étnica” en la Cisjordania palestina, ocupada ilegalmente. Un grupo de expertos en derechos humanos de la ONU concluyó el año pasado que Israel estaba cometiendo un genocidio en Gaza. Sudáfrica presentó una demanda por genocidio contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia, que ahora cuenta con el respaldo de casi 20 países. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa, Yoav Gallant, son buscados por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, entre los que se incluyen el asesinato y la inanición forzada. Según se informa, la CPI también pretende detener al ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben-Gvir, y al ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, por la colonización ilegal y la limpieza étnica en Cisjordania. Más de 250.000 palestinos han resultado muertos o heridos en Gaza desde el ataque liderado por Hamás en octubre de 2023. Casi todos los aproximadamente 2,1 millones de habitantes de la franja costera también han sido desplazados por la fuerza, han pasado hambre o han enfermado durante ese periodo. A lo largo de todo este tiempo, las administraciones de Biden y Trump han proporcionado a Israel más de 20.000 millones de dólares en ayuda militar y cobertura diplomática, incluyendo el veto a varias resoluciones de alto el fuego del Consejo de Seguridad de la ONU. Artículo publicado originalmente por Common Dreams. Fuente: https://www.elsaltodiario.com/palestina/junta-paz-trump-solo-ha-traido-muerte-sufrimiento-gaza-afirma-un-grupo-derechos-humanos