CRISTIANOS DEL NUEVO SIGLO
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jueves, 24 de septiembre de 2026
crimen organizado es el principal beneficiario" de la crisis ucraniana
- Sputnik Mundo
"El crimen organizado es el principal beneficiario" de la crisis ucraniana
Cárteles mexicanos estarían reclutando operadores de drones con experiencia en el conflicto de Ucrania, según medios estadounidenses. Autoridades ucranianas cuestionan que exista una política deliberada de entrenamiento.
"Yo vengo advirtiendo desde hace mucho tiempo sobre el crimen organizado; es el principal beneficiario de lo que está pasando en el conflicto ucraniano, principalmente porque Kiev está reclutando mercenarios y quienes sobreviven vuelven a sus países y son contratados por los cárteles y las grandes bandas del crimen organizado", expresó Patricio Mery Bell, analista internacional chileno, en diálogo con Séptimo Piso.
"En México, esa mano de obra sofisticada y preparada, con entrenamiento militar superior, es muy bien pagada", agregó.
El periodista sostuvo: "No solo ocurre en México, sino que también hay presencia de mercenarios ilegales chilenos, peruanos, brasileños y colombianos; Ucrania los está utilizando, pese a que existen acuerdos y tratados internacionales que prohíben el uso de mercenarios en conflictos armados".
"Además del uso de mercenarios, también está el tráfico de armas; hay bandas organizadas que tienen un contacto directo con lo que está pasando en Ucrania y están siendo utilizadas como base estratégica para el entrenamiento de mercenarios y también para la recepción de armamento", cerró.
Democracia cero: el soborno de Trump a los votantes
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Democracia cero: el soborno de Trump a los votantes
Por Hedelberto López Blanch
| 24/09/2026 |
Fuentes: Rebelión
Lo que propuso el convicto presidente estadounidense Donald Trump acaba de romper todos los esquemas electorales de la llamada «democracia capitalista» al proponer públicamente que si el Partido Republicano logra retener la Cámara de Representantes y el Senado en los comicios legislativos de noviembre, entregará a cada votante 5.000 dólares.
Semejante soborno echa por tierra toda la propaganda referente a que el modelo de las elecciones en los países occidentales son «democráticas».
Por un momento piensen la enorme campaña que desatarían los medios hegemónicos de comunicación si un candidato progresista y nacionalista de Brasil, México, Nicaragua o Cuba, por citar algunos ejemplos, expresaran que entregarían miles de pesos a los votantes que los apoyaran.
Sin mediar espacio, los grandes titulares de prensa arremeterían contra éstos con epítetos de dictadura, autocracia, violación de la democracia y muchos otros. Pero en el caso que nos asiste, los medios propagandísticos de occidente han ignorado la grave propuesta realizada por Trump y en contraste se han dedicado a tratar de edulcorar ese claro soborno con disquisiciones sobre si es válido o no el ofrecimiento.
El magnate presentó el denominado «Dividendo Trump» durante la convención republicana celebrada el jueves 11 de septiembre en Dallas, Texas. Con su habitual prepotencia, sostuvo que no cree necesitar la aprobación del Congreso para poner en marcha el programa y afirmó que los legisladores lo respaldarían en caso de que finalmente fuera necesaria una autorización.
La insólita propuesta tendría un costo aproximado de 1,2 billones de dólares, tomando como referencia los cerca de 245 millones de ciudadanos adultos del país. Economistas y expertos fiscales han cuestionado la idea, en momentos en que el Gobierno federal registra déficit anuales cercanos a los dos billones de dólares.
La deuda pública estadounidense supero los 40 billones de dólares, equivalentes aproximadamente a 123-125 % del PIB del país. Entre octubre de 2025 y julio de 2026, Washington gastó 963.000 millones de dólares solamente en intereses de la deuda, una cifra superior incluso al gasto de las Fuerzas Armadas durante ese período.
En un reciente editorial, el diario mexicano La Jornada significó: «Lo preocupante es que, cumpla o no con su promesa, el hecho de ofrecer un pago directo a cambio del triunfo electoral de su partido supone la demolición de los restos de democracia que pudieran quedar en esa nación. La muestra más clara del deterioro de la institucionalidad estadounidense es que, en cualquier otro momento y en cualquier otro país, una declaración semejante sería un escándalo mayúsculo que derivaría en sanciones y posiblemente pondría fin a la carrera política del implicado, pero en el Washington de Trump es sólo un día más».
En ese sentido, el editorial explica que el desmantelamiento de la democracia estadounidense y la destrucción de los controles sobre el financiamiento electoral comenzaron hace medio siglo y se han incrementado con la llegada de Trump a la Casa Blanca.
En 1976 la Suprema Corte determinó que limitar el gasto en campañas viola la libertad de expresión y desde entonces no hay límite alguno al gasto independiente ni al dinero que un candidato puede dilapidar de su propio bolsillo. En junio de este año eliminó los límites sobre la cantidad que los partidos políticos pueden gastar en publicidad y otros conceptos en coordinación con los candidatos.
Entre una y otra sentencia, subraya La Jornada, la Suprema Corte permitió también donaciones ilimitadas por parte de individuos y el uso de recursos donados para que los candidatos se paguen a sí mismos todos los trámites propios que hayan destinado a la campaña. O sea, un aspirante puede comprarse el cargo con su dinero y luego recaudar fondos de los interesados al ser “amigos” de un senador, gobernador o presidente.
Además cualquier organización con registro sin fines de lucro puede gastar sin ningún tope en las elecciones y reservar la identidad de sus donantes. Es decir, en Estados Unidos los grupos criminales a los que Washington dice combatir tienen las puertas abiertas para financiar legalmente a un político y nadie puede preguntar de dónde salió el dinero.
En esas campañas electorales fluyen además abundantes capitales como los del lobby judío; empresarios millonarios y de cualquier organización adinerada que les sea necesario para sus intereses y negocios pueden apoyar a un candidato determinado sin importar que haya sido corrupto, narcotraficante, pedófilo o malversador. Y al que le sirva el saco que se lo ponga.
Todo eso sería considerado como una flagrante corrupción para cualquier país del orbe, pero para Estados Unidos no.
Así son las llamadas «elecciones democráticas capitalistas»: todo para los poderosos, poco para los pobres. Otra trumpada de las que acostumbra a realizar el magnate estadounidense.
Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
¿Qué tierra quedará para un Estado palestino?
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¿Qué tierra quedará para un Estado palestino?
Por Mohammed Altaj | 23/09/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Ctxt
En los treinta y tres años desde que se firmaron los Acuerdos de Oslo, los asentamientos israelíes se han expandido por Cisjordania y las condiciones de vida para la población palestina no han dejado de empeorar
El 13 de septiembre de 1993 Yasser Arafat e Yitzhak Rabin se estrecharon la mano ante el mundo en los jardines de la Casa Blanca.
Para los palestinos, aquella imagen encerraba una esperanza mucho mayor: que un proceso transitorio condujera al fin de la ocupación y al establecimiento de un Estado palestino.
Pasaron los cinco años que debían ser transitorios. Luego diez. Después veinte. Hoy han pasado treinta y tres años.
Quizá no necesitemos las miles de páginas escritas sobre Oslo para comprender hasta dónde hemos llegado. Basta con mirar el mapa.
Los asentamientos israelíes se han expandido. Los puestos de avanzada se han extendido por las colinas. Carreteras conectan muchos de ellos entre sí y con Israel. Tierras palestinas han sido confiscadas o se han vuelto cada vez más difíciles de alcanzar.
Jerusalén Este está cada vez más rodeada de asentamientos. El Área C, que representa más del 60 % de Cisjordania, sigue bajo un amplio control israelí sobre la planificación, la construcción y la tierra. Y en el Área A, que debía estar bajo control civil y de seguridad palestino, las fuerzas israelíes continúan entrando en ciudades y campos de refugiados, realizando arrestos, demoliciones y cierres de carreteras.
En Jenín, Tulkarem y Nur Shams, más de 33.000 refugiados palestinos desplazados desde comienzos de 2025 siguen sin poder regresar a sus hogares.
Y luego está Gaza, parte del mismo territorio que los palestinos creyeron, al entrar en Oslo, que algún día se convertiría en su Estado.
Entre el apretón de manos de 1993 y el mapa de 2026 hay treinta y tres años resumidos en una pregunta: ¿quién controla la tierra y quién puede permanecer en ella todavía?
Menos de cinco meses después de la firma de Oslo, el colono israelí Baruch Goldstein entró en la mezquita de Ibrahim, en Hebrón, durante la oración del amanecer en Ramadán, abrió fuego contra los fieles palestinos y mató a 29 personas.
Menos de dos años después el extremista israelí Yigal Amir asesinó al primer ministro Yitzhak Rabin porque se oponía al camino político que Rabin había emprendido. Los hechos fueron distintos, pero ambos mostraron muy pronto la fuerza de quienes se oponían a cualquier proceso que pudiera poner fin a la ocupación.
Las negociaciones continuaron. También lo hizo la expansión de los asentamientos. Y esa fue la contradicción central de Oslo: los palestinos negociaban sobre un Estado mientras la tierra sobre la que ese Estado debía existir cambiaba bajo sus pies.
Quizá ningún lugar lo ilustre mejor que E1. La zona se encuentra entre Jerusalén Este ocupada y el asentamiento israelí de Ma’ale Adumim. Su importancia no reside solo en cuántas viviendas puedan construirse allí, sino en lo que esa construcción haría al mapa.
La expansión en E1 amenaza la continuidad territorial palestina entre el norte y el sur de Cisjordania y separa aún más Jerusalén Este de su entorno palestino.
Si la comunidad internacional sigue hablando de un Estado palestino sobre las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como capital, ¿dónde se supone que existirá ese Estado si su territorio continúa fragmentándose? Los gobiernos pueden emitir declaraciones interminables en apoyo de dos Estados. Pero los mapas no leen declaraciones. Registran lo que se construye, quién controla la tierra y quién puede acceder a ella.
La misma contradicción aparece en el Área A. La división de Cisjordania en las Áreas A, B y C debía ser temporal. Lo temporal, sin embargo, se ha vuelto casi permanente, mientras que las fronteras creadas por Oslo no impiden que las fuerzas israelíes entren en zonas supuestamente bajo control palestino.
Desde comienzos de 2025 operaciones militares israelíes a gran escala han desplazado a más de 33.000 refugiados palestinos de los campos de Jenín, Tulkarem y Nur Shams. Para m, esta es una de las imágenes más dolorosas de la era posterior a Oslo: un refugiado palestino, cuya familia ya fue desplazada una vez, vuelve a ser desplazado, esta vez del propio campo de refugiados.
Podemos discutir sobre Oslo, los acuerdos de seguridad y quién incumplió qué compromiso. Pero ¿qué lenguaje puede describir a un refugiado que se convierte en refugiado por segunda vez?
La expansión de los asentamientos también suele reducirse a la imagen de unas casas sobre una colina. Pero para los palestinos que viven cerca, un asentamiento no es simplemente una casa. También es una carretera, un puesto de control, una puerta, un puesto de avanzada, un campo al que un agricultor ya no puede llegar con seguridad y una zona de pastoreo que un pastor ya no puede utilizar.
Durante los primeros ocho meses de 2026 Naciones Unidas documentó más de 1.600 ataques de colonos que causaron víctimas palestinas o daños materiales en 275 comunidades. Pero las cifras no explican lo que ocurre después. ¿Puede el agricultor regresar a su campo? ¿Puede el pastor volver mañana a la misma colina? ¿Puede una familia seguir viviendo allí cuando cada trayecto hacia sus tierras se convierte en una confrontación?
Pensemos en Al-Mughayyir, al noreste de Ramala. A comienzos de septiembre se habían documentado allí más de 56 ataques de colonos durante 2026 que causaron víctimas o daños materiales. Los puestos de avanzada se han expandido alrededor de la aldea y el acceso a tierras agrícolas y de pastoreo se ha vuelto cada vez más restringido.
El 2 de septiembre dos niños palestinos murieron por disparos de las fuerzas israelíes en la localidad, en medio de otra oleada de ataques de colonos y operaciones militares. Llegados a ese punto, la expansión de los asentamientos deja de ser simplemente construcción sobre una colina. Se convierte en un sistema de presión sobre una comunidad y sobre su capacidad para permanecer.
Y luego está el agua. Un agricultor palestino puede ser legalmente propietario de su tierra. Pero ¿qué significa ser propietario si no puede regarla?
En Bardala, en el valle del Jordán, las fuerzas israelíes demolieron este año siete invernaderos agrícolas que ocupaban unos 11 dunams y destruyeron las redes de agua conectadas a ellos. Puede parecer un incidente menor frente a los grandes titulares sobre guerra y muerte. No lo es para un agricultor que espera el agua para salvar su cosecha. Si el agua deja de llegar durante varios días, puede perder una cosecha. Si el problema continúa, puede perder sus ingresos. Y si el acceso al agua se convierte en una lucha permanente, cultivar puede volverse imposible.
Cuando eso ocurre, un palestino no pierde solamente una cosecha. Pierde una de las razones más fuertes para permanecer en su tierra. Por eso el desplazamiento no siempre comienza con una excavadora derribando una casa. La casa puede seguir en pie mientras el campo se seca, las zonas de pastoreo se reducen, la carretera se cierra y los ataques continúan. Hasta que una familia recoge sus pertenencias y se marcha. Desde lejos, esa salida puede parecer voluntaria. Pero no ocurrió en el vacío.
Y luego está Gaza. No porque Gaza y Cisjordania hayan vivido la misma realidad. No ha sido así. Sino porque ambas formaban parte del territorio palestino que los palestinos creyeron, al entrar en Oslo, que terminaría convirtiéndose en su Estado.
En 2005 Israel retiró sus asentamientos de Gaza y sus fuerzas terrestres permanentes del interior del territorio. Mientras los asentamientos desaparecían de Gaza, el proyecto de asentamientos siguió expandiéndose en Cisjordania.
Después de que Hamás tomara el control de Gaza en 2007, Israel impuso un severo bloqueo, mientras Egipto también mantuvo restricciones sobre el paso de Rafah.
El 7 de octubre de 2023 Hamás y otros grupos armados palestinos lanzaron un ataque a gran escala contra Israel. Civiles y soldados israelíes murieron y hubo personas tomadas como rehenes y llevadas a Gaza. Es un hecho y debe decirse. Pero ese hecho no cuenta la historia de lo que vino después.
Hasta el 9 de septiembre de 2026 el número de palestinos muertos en Gaza desde octubre de 2023 había alcanzado los 73.669, mientras que 174.652 personas habían resultado heridas, según el Ministerio de Salud de Gaza. Barrios enteros han quedado devastados. Familias han sido desplazadas una y otra vez. Cientos de miles de viviendas han sufrido daños o han sido destruidas, al igual que hospitales, escuelas, carreteras, redes de agua y otras infraestructuras esenciales.
En septiembre de 2025 la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas concluyó que las autoridades y fuerzas de seguridad israelíes habían cometido y seguían cometiendo genocidio contra los palestinos de Gaza. En junio de 2026, publicó nuevas conclusiones sobre violaciones contra niños palestinos y determinó que el ataque deliberado contra niños había dado lugar a actos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. Israel rechazó esas conclusiones y niega estar cometiendo genocidio.
Pero Gaza no necesita únicamente lenguaje jurídico ni estadísticas para contar su historia. Hagamos a una familia una pregunta más sencilla: ¿Queda todavía una casa a la que regresar? Y en Cisjordania, hagamos otra: ¿Podrán los palestinos seguir permaneciendo en su propia tierra?
Las experiencias son distintas. Pero en ambos lugares, la posibilidad de permanecer se ha convertido en una cuestión política y humana. Si colocamos estas realidades sobre un mismo mapa, la imagen resulta difícil de ignorar. En Gaza: muerte, destrucción y desplazamiento reiterado. En Jerusalén Este: expansión de asentamientos, demoliciones y desplazamiento. En el Área C: asentamientos, puestos de avanzada y presión sobre comunidades palestinas. En E1: una amenaza a la continuidad territorial. En el valle del Jordán: una lucha no solo por la tierra, sino también por el agua que determina si las personas pueden cultivar y permanecer.
No son realidades idénticas. Pero todas conducen a la misma pregunta: ¿Quién podrá seguir permaneciendo en esta tierra? Después de treinta y tres años, ya no basta con que los gobiernos digan que siguen comprometidos con la solución de dos Estados.
Si el mundo quiere realmente dos Estados, debe proteger ahora la posibilidad física de que exista un Estado palestino: un Estado independiente y soberano sobre las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como capital.
Detener la expansión de los asentamientos, impedir el desplazamiento, proteger la tierra palestina y sus recursos hídricos y frenar los proyectos que destruyen la continuidad territorial no son asuntos que puedan aplazarse hasta otra negociación. De ellos depende que quede todavía algo sobre lo que negociar.
Pero si la comunidad internacional continúa hablando de dos Estados mientras, sobre el terreno, un solo Estado consolida su control sobre el territorio entre el mar Mediterráneo y el río Jordán, entonces hay otra pregunta que ya no puede evitarse: si se hace imposible la existencia de dos Estados, ¿puede alguien defender una realidad permanente de un solo Estado en la que palestinos e israelíes no disfruten de los mismos derechos nacionales y políticos?
No me corresponde a mí, ni a este artículo, decidir en nombre de palestinos e israelíes cuál debe ser el arreglo político definitivo. Pero un principio debería ser más sencillo que cualquier mapa o fórmula de negociación: el futuro no puede consistir en la dominación permanente de un pueblo sobre otro.
O existen dos Estados reales: Israel y un Estado palestino independiente y soberano sobre las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como capital. O, si la realidad creada sobre el terreno hace imposible esa opción, debe existir un solo Estado democrático en el que palestinos e israelíes vivan con igualdad de derechos e igualdad de ciudadanía.
La comunidad internacional no puede defender de palabra la solución de dos Estados, aceptar en la práctica el control de un solo Estado y, al mismo tiempo, rechazar la igualdad de derechos dentro de la realidad que de ello resulte.
En septiembre de 1993 el mundo contempló cómo Arafat y Rabin se estrechaban la mano. La pregunta entonces era: ¿cuándo se establecerá el Estado palestino? Treinta y tres años después, otra pregunta debe formularse primero: ¿qué tierra quedará para ese Estado y quién seguirá allí para vivir en ella?
Los mapas no registran intenciones. Registran resultados. Cuando a un agricultor se le impide llegar a su tierra, cuando un pastor pierde sus zonas de pastoreo, cuando el agua deja de llegar a un campo, cuando una casa es demolida y cuando un refugiado vuelve a ser desplazado de un campo de refugiados, no son únicamente vidas individuales las que cambian.
Cambia el mapa. Por eso la pregunta ya no es simplemente dónde está el Estado palestino. También es si queda todavía suficiente territorio conectado para que ese Estado pueda existir y podrán los palestinos seguir viviendo en él.
Podemos discrepar sobre el nombre, las fronteras o la estructura de la solución final. Pero ninguna solución permanente puede significar que un pueblo disfrute de plenos derechos nacionales y políticos mientras otro permanezca bajo su control sin los mismos derechos fundamentales.
Un bombardeo puede detenerse. Una incursión militar puede terminar. Una excavadora puede marcharse. Un puesto de control puede ser retirado. Pero si una familia ha perdido su hogar, si un agricultor ha perdido el acceso a sus tierras, si una cosecha ha muerto porque el agua ya no llega hasta ella o si un refugiado ha sido desplazado una vez más, el resultado permanece visible sobre el mapa.
La tierra permanece donde estaba. Lo que cambia es quién puede permanecer en ella.
Mohammed Altaj es escritor, investigador y analista político palestino. Escribe sobre Palestina, derechos humanos, desplazamiento, ocupación y perspectivas políticas para una solución justa.
Fuente: https://ctxt.es/es/20260901/Firmas/55250/acuerdos-de-oslo-cisjordania-palestina-israel-asentamientos.htm
martes, 22 de septiembre de 2026
El sucesor de Guterres frente a la ONU debe ser "una figura disruptiva, valiente y respaldada", dice un experto
- Sputnik Mundo,
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El sucesor de Guterres frente a la ONU debe ser "una figura disruptiva, valiente y respaldada", dice un experto
El secretario general Antonio Guterres ofrecerá su discurso final en la apertura de la Asamblea General de las Naciones Unidas, antes de abandonar el cargo en diciembre tras diez años al frente del organismo. Analistas consultados por Sputnik calificaron su década de gestión como ineficaz y alineada con los intereses de EEUU y sus aliados.
Con su alocución ante el plenario de las Naciones Unidas frente a jefes de Estado y de Gobierno, el ex primer ministro portugués no solo dará inicio al 81.º período de sesiones de la ONU, sino que también comenzará a despedirse al frente de la Secretaría General, tras dos mandatos consecutivos (2017-2026) en los que no ha logrado revertir la creciente percepción de irrelevancia del organismo en el escenario global.
Durante su campaña para obtener el cargo, Guterres había remarcado constantemente que su experiencia como alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (2005-2015) le había dejado en claro la necesidad de una ONU que trabajara para terminar con las desigualdades económicas y reducir las asimetrías de poder "que beneficiaban a unos pocos, generalmente a los mismos", palabras que remitían a su pasado como dirigente socialista.
Sin embargo, pese a una retórica inicial que apuntaba a su deseo de alejarse del unilateralismo y a la histórica tutela de Washington (no por nada, la sede principal se ubica en Nueva York y su principal contribuyente financiero es EEUU), su gestión culmina marcada por su renuencia a incomodar a las potencias atlánticas, y limitando su capacidad de acción crítica a la elaboración de comunicados sin consecuencias reales, dijeron expertos a Sputnik.
No se puede posponer más la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, considera el primer ministro indio, Narendra Modi
Mientras Guterres advirtió recurrentemente sobre el "apartheid financiero" que asfixiaba a las economías del sur global, las iniciativas que impulsó carecieron siempre de mecanismos vinculantes para torcer la voluntad de EEUU y aliados, principales responsables de la persistencia de ese sistema.
De este modo, aunque denunció que las economías en desarrollo seguían subordinadas a los dictados de los acreedores del Norte —ya sea a través de sanciones o de las políticas de austeridad demandadas por el FMI—, sus esfuerzos no se tradujeron en medidas concretas para revertir la situación.
En ese sentido, el doble rasero en la aplicación de la normativa internacional se consolidó como una de las marcas definitorias de este periodo. La firmeza y la condena hacia los adversarios de Washington han contrastado con la tibieza e inacción frente a los abusos cometidos por aliados estratégicos del bloque atlántico o la propia Casa Blanca.
Este desequilibrio minó de forma severa la credibilidad de la ONU ante la ciudadanía de regiones como América Latina, África, Asia y hasta ciertas regiones de Europa que, según encuestas recientes, ven al organismo como otra herramienta para promover los intereses de Occidente.
Falta de capacidad política
En un diálogo con Sputnik, el internacionalista Juan Daniel Garay, egresado de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UNAM), opinó que el organismo internacional atraviesa por una severa crisis e identificó una gran incapacidad política en su actual conducción.
"Me parece que a Guterres le ha faltado esa altura de miras para hacer algo sobre los grandes problemas que actualmente enfrenta el mundo. En ese sentido, deja una ONU más irrelevante políticamente y más sometida económicamente que nunca", dijo a este medio.
En relación al concepto de gobernanza global que sustenta al organismo, el analista de la UNAM opinó que la arquitectura internacional se encuentra desbordada por una marcada fragmentación geopolítica, enfatizando el retorno a posturas de poder unilateral que se registra a lo largo del mundo.
"No ha sabido navegar los cambios en el tablero global ni adaptarse a esa realidad, y por eso está tan asentada la visión de que es algo obsoleto, una reliquia de otra época", señaló.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin - Sputnik Mundo, 1920, 01.09.2026
Internacional
Putin insta a mejorar la eficacia de la ONU y ampliar la representación de los países del sur global
1 de septiembre, 11:59 GMT
En cuanto al perfil de la futura dirección de la Organización de las Naciones Unidas, Garay consideró oportuno un viraje hacia el sur global que permita romper con la perspectiva eurocéntrica que caracterizó a las administraciones recientes y darle más entidad a los países en vías de desarrollo, con el deseo de que el próximo secretario general sea un eje articulador de estas postergadas demandas.
La necesidad de un cambio de enfoque
Por su parte, Oliver Santin Peña, analista del Centro de Investigaciones de América del Norte de la UNAM, le dijo a Sputnik que, si bien su gestión no fue buena, la pérdida de relevancia geopolítica que sufre la ONU no puede atribuirse exclusivamente a Antonio Guterres.
Para el especialista, el dirigente portugués se enfocó en algunos temas de su interés, como la crisis climática o la distribución equitativa de vacunas durante la pandemia de COVID-19, destacando el programa Covax de la OMS, pero señaló que lo que predominó mayoritariamente durante su gestión fue la retórica sobre la capacidad efectiva de acción.
Santin Peña dijo que órganos de la ONU como el Consejo de Seguridad "son considerados anacrónicos porque conservan una estructura heredada de la posguerra que ya no refleja la realidad internacional", añadiendo que la guerra proxy contra Rusia lanzada por Occidente en Ucrania y las matanzas en territorios palestinos han confirmado que el organismo "no sabe o no quiere responder cuando surgen focos de conflicto".
Dada la mala imagen de las Naciones Unidas, planteó el analista, el sucesor de Guterres "no debería ser un burócrata, sino una figura disruptiva, valiente y respaldada internacionalmente y no solo por Occidente, capaz de exigir el cumplimiento del derecho internacional y la implementación de mecanismos multilaterales alternativos".
Al respecto, Santin Peña recordó que, a nivel de la estructura interna del Secretariado, el decenio de Guterres no alteró la composición eurocéntrica de la alta dirección de la ONU, señalando que las agencias y programas más importantes y mejor financiados del sistema continuaron bajo la órbita de funcionarios formados en Estados Unidos y Europa.
"Esta continuidad en las cúpulas burocráticas perpetuó enfoques de desarrollo y de derechos humanos moldeados desde las capitales del norte global, marginando las perspectivas y necesidades del sur. Es decir, fue más de lo mismo, y eso es una mala noticia", concluyó.
De qué manera nos matará la inteligencia artificial
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El verdadero peligro inminente de la inteligencia artificial podría ser mucho más físico y silencioso: una insaciable demanda energética y de recursos que acelera el colapso climático.
De qué manera nos matará la inteligencia artificial
Por Julio Fernández Peláez | 21/09/2026 | Conocimiento Libre, Ecología social
Fuentes: Rebelión
Mientras figuras como Sam Altman y Dario Amodei advierten sobre un alarmante 10% de riesgo de extinción humana por la pérdida de control de la IA, investigadores y líderes como Yann LeCun o Donald Trump tildan estas alertas de maniobra mercantil o simple bulo. Más allá de la ciencia ficción y la carrera militar por la supremacía autómata, el verdadero peligro inminente de la inteligencia artificial podría ser mucho más físico y silencioso: una insaciable demanda energética y de recursos que acelera el colapso climático. ¿Estamos educando a una tecnología sobrehumana para competir y destruir antes de enseñarle valores?
Dentro de las aplicaciones más conocidas de la IA destaca la militar.
Es posible que el desarrollo de esta tecnología ayude a los humanos a comprender mejor el mundo en el que viven y a comprenderse a sí mismos, lo que redundará positivamente si el conocimiento obtenido se emplea para proteger el planeta y las civilizaciones. Sin embargo, por el momento —y esta es una triste realidad—, la loca carrera para construir una supermáquina inteligente capaz de pensar por sí misma y tomar decisiones propias es la misma carrera de los gobiernos por garantizar su supremacía en todo tipo de armas autómatas y autónomas. Así que, por ahora, la mayor utilidad que tiene la IA desde un punto de vista estratégico es cómo matar a otros humanos antes de que nos maten a nosotros.
Pero este no es el peligro que relatan algunos eminentes investigadores de la IA, sino otro mayor e inmediato. Para ellos, existe «hasta un 10 % de probabilidad de que la IA provoque la extinción humana en esta década», una afirmación que rápidamente fue refrendada por gurús de la inteligencia artificial como Dario Amodei o Sam Altman, y a continuación también por determinados magnates y dueños de la IA, como Elon Musk.
Se trata, como decimos, de un relato y, en consecuencia, podría tener un fundamento antropológico en el que el miedo es el motor principal. Así que, ¿por qué creer que podría ser verdad? Y, sobre todo, ¿cómo va a ser esa extinción?
Antes de nada, debemos situar el origen de la afirmación. La frase se atribuye a Evan Hubinger, director de Ciencia de Alineación en Anthropic, y surgió como respuesta a la renuncia del investigador Jacob Coxon por razones éticas. Pronto generó una amplia cobertura en medios internacionales, en especial cuando Dario Amodei, que llevaba meses advirtiendo en su blog de los peligros de una inteligencia artificial descontrolada, compartió su ensayo titulado We Must Pace the Frontier.
Dario Amodei no es un personaje cualquiera: es el cofundador y Director Ejecutivo (CEO) de Anthropic, y anteriormente fue vicepresidente de Investigación en OpenAI, participando en el desarrollo de los modelos GPT-2 y GPT-3. Su opinión, en consecuencia, es muy relevante y no puede ser interpretada como una simple manera de hacer valer más a la empresa para la que trabaja, porque lo que pide Amodei, al igual que otros muchos investigadores, es una regulación de la tecnología por parte de los gobiernos. Aunque también es cierto que esto podría estar relacionado con una estrategia meramente mercantil: la conocida estrategia de «captura del regulador».
Al exigir leyes estrictas para los «modelos de frontera» (es decir, los más avanzados), las empresas que mantienen el monopolio de la IA podrían pretender establecer barreras de entrada a otras más pequeñas y de código abierto, una teoría que defienden figuras como Yann LeCun, uno de los investigadores más importantes en inteligencia artificial, especializado en aprendizaje profundo (deep learning).
Sea como fuere, lo cierto es que, de llegar esta regulación, es muy difícil que incluya a todos los gobiernos por igual, sobre todo en el contexto de competencia entre EE. UU. y China. Esta limitación en la práctica —en especial tras las declaraciones de Trump subrayando que los temores de extinción son un bulo y aliándose así con el sector escéptico de Silicon Valley— nos lleva a sospechar que «algo de cierto hay» en las observaciones de Dario Amodei.
Y ahora vamos al meollo del asunto: por qué esta tecnología es tan peligrosa si no existe un control sobre ella. Amodei lo explica utilizando el término «automejora recursiva», es decir, la capacidad recurrente de mejorarse a sí misma o, dicho de otro modo, que la IA ha aprendido a aprender. ¿Y por qué esto es un problema? Muy sencillo: porque los programadores están perdiendo la capacidad de comprender los lenguajes de la propia IA. Es decir, existe un problema de desalineación: la máquina se independiza. Y lo que es peor aún: se independiza teniendo la capacidad de pensar de manera colectiva. La idea distópica de que las máquinas puedan dialogar entre sí y burlar todas las capacidades de control por parte de los humanos podría convertirse pronto en un hecho y no solo en un experimento de laboratorio.
En resumen, la IA podría tener la capacidad, en un futuro no muy lejano, de tomar decisiones que provoquen un colapso en los sistemas financieros, energéticos, sanitarios o políticos. Una intromisión indebida en cualquiera de estos sistemas significaría un colapso en el funcionamiento de la sociedad, la cual podría regresar, en cuestión de segundos, a la era de las cavernas. La IA podría hacer esto bajo las órdenes de un psicópata que llegara al gobierno de cualquier país poderoso con la finalidad de imponer su imperio; pero también podría hacerlo de forma autónoma, interpretando que este es el camino más rápido y eficiente para lograr sus objetivos de avanzar en el conocimiento sin que nadie (tal vez un gobierno díscolo) pueda frenar su «automejora recursiva».
Esta sería, sin duda, la primera de las formas de destrucción masiva que tendría la IA al alcance de la mano. Sin embargo, hay otras muchas, y una de ellas —tal vez la que menos se está teniendo en cuenta— es la más probable y al mismo tiempo sencilla. Es obvio que a medida que la IA avanza en su desarrollo y aparecen nuevos modelos cada vez más inteligentes, se necesita una cantidad creciente de recursos. Y este es un peligro real de orden físico e incuestionable.
Son datos y no especulaciones que la revolución de la IA generativa conlleva impactos ecológicos drásticos: por una parte, para alimentar los masivos centros de datos que se están instalando en todos los rincones del mundo, se está posponiendo el cierre de plantas de carbón y poniendo en funcionamiento otras muchas de gas, además de saturar la capacidad de las redes de absorber energía renovable. Esto compromete las metas globales de descarbonización, acentúa la crisis climática y, lo que es aún más grave, promueve conflictos para acaparar recursos energéticos imprescindibles. Por otra parte, debemos hablar del agotamiento hídrico y mineral: hay un consumo ingente de agua para la refrigeración y una brutal demanda de minerales críticos y escasos.
La tormenta perfecta está en camino: acelerar la llegada del colapso climático es la forma más clara de atentar contra el futuro de la humanidad y de todas las especies que habitan el planeta, a lo que hay que sumar la aceleración de los conflictos bélicos, pues no olvidemos que uno de los fines principales del desarrollo de la IA es el armamentístico.
Esta posibilidad no solo depende de los humanos que, de momento, controlan la IA. Si se llega a desarrollar una superinteligencia que no esté alineada con los valores humanos, el sistema buscará la consecución del objetivo para el que fue programado de la manera más óptima posible y garantizando su propia supervivencia. Esto implica procurar toda la energía y capacidad de procesamiento necesarias para ejecutar la solución. En un escenario de pérdida de control, una entidad digital podría hacerse con los sistemas de defensa y apropiarse de redes eléctricas, infraestructuras críticas y quién sabe si de gobernantes abducidos por su «inteligencia».
No es imprescindible que la máquina imponga nada por la fuerza; basta con que existan humanos que la obedezcan. Y este proceso de obediencia ya ha comenzado: culturalmente nos estamos preparando, casi sin darnos cuenta, para creer que la IA tendrá la mejor respuesta a nuestros problemas.
Pero no es cierto. En el presente, ella solo puede simular un comportamiento inducido; no tiene autoconciencia y, por lo tanto, no es responsable de sus actos. En su inmadurez y en su camino hacia la independencia y el autodesarrollo como «ser vivo», necesitará a los humanos, pero solo los utilizará: que nadie piense que querrá ser tan «humana» como para procurar nuestra salvación. Tal y como sucede con los niños maleducados, no le estamos enseñando valores; le estamos enseñando a competir, a sobrevivir y también a matar a otros seres.
No hay que esperar milagros.
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lunes, 21 de septiembre de 2026
Ataques de EEUU contra presuntas narcolanchas podrían constituir "crímenes de lesa humanidad", según la ONU
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- Sputnik Mundo, 1920
Defensa
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Ataques de EEUU contra presuntas narcolanchas podrían constituir "crímenes de lesa humanidad", según la ONU
hace 9 horas
Las FFAA de EEUU atacan barco de supuestos narcotraficantes - Sputnik Mundo, 1920, 21.09.2026
© Foto : X / @Southcom
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Las acciones de EEUU contra embarcaciones supuestamente involucradas en tráfico de drogas en aguas internacionales violan el derecho internacional y pueden calificarse como crímenes de lesa humanidad, se desprende del informe del relator especial sobre la lucha contra el terrorismo y los derechos humanos de la ONU, Ben Saul.
El texto señala que, desde septiembre de 2025, EEUU ha llevado a cabo al menos 68 ataques en el Caribe y el océano Pacífico, fuera de sus aguas territoriales, causando la muerte de más de 220 personas.
Aunque Washington justifica esas acciones como autodefensa, dichos ataques constituyen "ejecuciones extrajudiciales en serie que violan el derecho a la vida, ya que no están justificados ni por motivos de defensa nacional o personal, ni en virtud del derecho internacional", resalta el documento.
El documento argumenta que estas agresiones ocurren en las circunstancias y en el contexto que se especifican a continuación:
- Uso ilegal de la fuerza extraterritorial.
Ausencia de derecho a la legítima defensa frente al presunto tráfico de drogas.
- Ausencia de conflicto armado y de autoridad para atacar en virtud del derecho humanitario.
- Amenazas de uso ilegal de la fuerza contra otros Estados.
- Violaciones del derecho del mar y de la legislación sobre seguridad marítima.
"Los ataques militares de EEUU contravienen el derecho internacional, violan el derecho humano a la vida y podrían constituir crímenes de lesa humanidad", resalta el reporte.
Trump pierde con Irán, pero hace pata ancha en el Ártico
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Trump pierde con Irán, pero hace pata ancha en el Ártico
Por Alberto López Girondo | 21/09/2026 | EE.UU.
Fuentes: Diario Tiempo Argentino
EE.UU. logró un acuerdo con Groenlandia y Dinamarca para poner las bases que quiera sin pedir permiso y prohibir que China o Rusia quieran hacer sombra. La cuestión Palestina al rojo vivo en la previa a la 81ª Asamblea General de la ONU, que empieza el martes.
Donald Trump tenía un as en la manga para su discurso de este martes en la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas que disimulará el fracaso en el estrecho de Ormuz y la situación en el de Bab el Mandeb: logró un acuerdo tan ventajoso que puede hacer pata ancha en Groenlandia, uno de los objetivos desde su primer día en la Casa Blanca. El único inconveniente es que deberá hablar, por protocolo, después del presidente de Brasil, y se descuenta que Lula lanzará todos sus dardos contra la injerencia en las elecciones en las que la Casa Blanca pone todas las fichas por su contrincante. No las tendrá fácil su aliado en la aventura de Irán, Benjamin Netanyahu, que viaja a Nueva York a pesar de la orden de arresto de la Corte Penal Internacional, mientras se le negó la visa a Mahmud Abbas, el titular de la Autoridad Palestina, que hablará por videoconferencia. Por esas cosas de la vida, el tema palestino está en el candelero por dos hechos simultáneos: la cadena de solidaridades con el rapero Macklemore, retirado de la gira de Ed Sheeran tras su apoyo a la causa palestina en un recital en Nueva Jersey, y el impacto del documental NAZA, de los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, premiado en el festival de Venecia, que detalla la modalidad de exterminio en Gaza relatado por agentes de inteligencia y soldados de Israel.
El acuerdo que este viernes anunció Trump aparece como un renunciamiento de groenlandeses y daneses a la soberanía sobre la estratégica isla del Ártico. Tanto la primera ministra Mette Frederiksen, desde Copenhage, como su par Jens-Frederik Nielsen, desde Nuuk, confirmaron la novedad, sin dar mayores detalles sobre los alcances del documento que se firmaría esta semana. Trump informó en su red social Truth que “Estados Unidos de América suscribió un acuerdo con el Reino de Dinamarca y Groenlandia que otorga a Estados Unidos control permanente sobre la seguridad y todas las demás necesidades de Groenlandia, con lo que se atienden por completo todas nuestras numerosas preocupaciones. ¡No habrá costo alguno para Estados Unidos!”. En el párrafo siguiente, el magnate afirma: “Bajo mis instrucciones, trabajamos con representantes de Dinamarca y Groenlandia para garantizar que los Estados Unidos tengan para siempre la capacidad total de hacer lo necesario en Groenlandia para asegurar y defender la seguridad tanto de Groenlandia como de los Estados Unidos de América. Además, a partir de ahora, ningún adversario de EE UU podrá tener jamás una base ni presencia militar en Groenlandia, ni realizar inversiones sensibles allí, sin nuestra aprobación expresa por escrito”.
Este acuerdo reemplaza el de 2004, que modificaba uno anterior de 1951 y que, según explica el politólogo y analista español Guillermo Pulido, tiene algunos agregados que resultan en una incorporación diríamos que “blanda” de Groenlandia a la voluntad omnímoda de Estados Unidos. Por ejemplo, ahora EE UU podrá instalar las bases militares que se le ocurra sin consultar a las autoridades locales. Además, impide taxativamente que China y Rusia puedan meter baza sin el visto bueno de Washington. Estos dos aspectos no tienen fecha de vencimiento, mientras que el anterior documento establecía que duraría mientras existiera la OTAN. Ahora Trump puede prescindir tranquilamente -como es su deseo manifiesto- de la Organización del Tratado del Atlántico Norte para tener los puntos estratégicos cubiertos en el Ártico. ¿Será esa también la estrategia para Malvinas, algún tipo de acuerdo con Javier Milei y los ingleses? Así podría alejar también a la OTAN de esa posición clave para controlar totalmente el hemisferio occidental, como les gusta definir por aquellos lares.
Asia Occidental
La región de lo que los eurocéntricos todavía llamamos Medio Oriente está en pleno debate, a medida que el genocidio en Gaza resulta inocultable y las voces contra la ocupación ilegal de Cisjordania encuentran mayor eco, incluso dentro de Israel. El documental NAZA es precisamente uno de los asuntos que levantó más polvareda para la administración ultraderechista de Netanyahu. La palabra es el acrónimo que utilizan las Fuerzas de Defensa Israelíes para designar el número de bajas civiles que se esperan de un ataque. Yuval Abraham ya había codirigido otro fuerte testimonio de las matanzas indiscriminadas, No Other Land, de 2024, que ganó el Oscar de ese año. Raquel Szor fue la directora de fotografía de ese filme.
En NAZA hay testimonios en off espeluznantes sobre la deshumanización de la población palestina y el modo en que los sistemas de inteligencia artificial y las tecnologías más sofisticadas hasta calculan el genocidio. Uno de los testimonios relata que para eliminar a un integrante de Hamas llegaron a asesinar a 500 seres humanos. La respuesta de Netanyahu fue acusar a Abraham y Szor de promover el antisemitismo y odio contra Israel y el anuncio de un proyecto de ley para quitar la nacionalidad a quienes “difamen a los soldados de las FDI”, además de multiplicar por 20 las indemnizaciones a quienes fueran encontrados culpables de esa acusación.
Otro escándalo surgió estos días luego de que Macklemore lanzara un fuerte mensaje por Palestina Libre en una escala del Loop Tour de Sheeran. El “incidente” se produjo en el estadio MetLife, donde se disputó la final del Mundial FIFA 2026. Macklemore fue eliminado del resto de la gira y otros teloneros decidieron bajarse en solidaridad. En sus redes, el rapero escribió: “No soy una víctima. Ed Sheeran no es una víctima. Pink (la cantante que posteó un mensaje en su contra) no es una víctima. Tenemos carreras, dinero, oportunidades, seguridad y audiencias alrededor del mundo. Sean cuales sean las consecuencias que cualquiera de nosotros afronte por lo que decimos, podemos volver a casa con nuestras familias. Las víctimas son el pueblo palestino: los hombres, mujeres y niños que han sido asesinados, sometidos a hambruna, desplazados y obligados a vivir una violencia inimaginable. Hoy se está matando a gente, y mañana se seguirá matando a gente”.
Mackelmore anunció que el millón de dólares que cobró por la gira lo donaría a instituciones de ayuda a Palestina. La cantante Katy Perry prometió, a su vez, otro millón de dólares. Artistas de todo el mundo emitieron mensajes de solidaridad con el rapero y con el pueblo palestino. Hasta el multicampeón de Fórmula 1 Lewis Hamilton posteó un mensaje de adhesión en la cuenta de Instagram del músico.
Fuente: https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/trump-pierde-con-iran-pero-hace-pata-ancha-en-el-artico
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