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sábado, 19 de septiembre de 2026
«La UE está acabada y China ahora puede desconectar a la economía estadounidense»
Recomiendo:
Entrevista a Yanis Varoufakis
«La UE está acabada y China ahora puede desconectar a la economía estadounidense»
Por Glenn Diesen | 19/09/2026 | Economía
Fuentes: Observatorio de la crisis
La hegemonía de EEUU morirá cuando Pekín decida convertir el BRICS+ en un sistema de Bretton Woods… pero los chinos no tienen prisa. Están creando la infraestructura para ello.
Glenn Diesen: Bienvenidos de nuevo a todos. Hoy nos acompaña Yanis Varoufakis, profesor de economía, exministro de Finanzas de Grecia y fundador de DiEM25, el Movimiento Democracia en Europa. Así que gracias por volver al programa.
Yanis Varoufakis Muchas gracias por invitarme, Glenn.
Glenn Diesen: Bueno, el discurso sobre la Unión Europea se ha vuelto muy polarizado, especialmente en los últimos años. Es decir, o todo es muy bueno o todo es muy malo. Y alrededor de estas posiciones tenemos narrativas contrapuestas sobre esta postura binaria. Ahora bien, se puede argumentar que la cooperación europea es necesaria e ideal, aunque solo sea por el poder de negociación colectivo y la ayuda para gestionar las relaciones. Pero, yo sería un poco escéptico respecto al desarrollo tan autoritario, el belicismo y la creciente pérdida de utilidad geoeconómica de la UE. Aún así, el bloque parece estar cambiando mucho, al igual que el apoyo que recibe. Me preguntaba, ¿cómo evalúas a la UE hoy y la dirección hacia la que se dirige?
Yanis Varoufakis: Me temo mucho que se está volviendo cada vez más fársica. Escuchaste a Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, ayer mismo. En un ambiente festivo, mientras ejercía de anfitriona con Carney, el primer ministro canadiense, se tomó la libertad de comprometer a la Unión Europea a concederle a Canadá una «membresía asociada»; lo cual, ya sabes, podría haber sido una idea interesante si existiera como concepto. Se lo inventó al momento. Es decir, esta gente se inventa las cosas sobre la marcha. Me parece que están en un estado de confusión muy grave.
Pero permíteme empezar desde el principio, con algo que dijiste en tu introducción. Cuando empecé a debatir sobre la Unión Europea dentro de Europa, aquí en Grecia y en Estados Unidos, lamenté el hecho de que el debate estuviera polarizado. Usaste esa palabra: la polarización o los efectos polarizadores del debate sobre Europa. Y esa polarización se daba entre los euroescépticos —personas con buenos argumentos en contra de una entidad de gobierno paneuropea; estos son los burkeanos, los euroescépticos británicos y otros euroescépticos que creen firmemente que, para que un gobierno sea democrático, se necesita una correspondencia biunívoca entre una cultura, una lengua, un parlamento y un estado. Y que eso no podía ocurrir a nivel europeo porque no existía un demos europeo.
Y si no tienes un demos europeo, ¿cómo vas a tener una democracia europea? Así que si terminas con una burocracia, esta va a ser autoritaria. Este es el argumento euroescéptico que sustenta a bastantes personas en Europa.
No era mi argumento, porque creo sinceramente que el demos es algo que creamos. Tú eres más historiador que yo: la historia del nacionalismo europeo de los siglos XVIII y XIX demuestra que una nación es un producto histórico, es algo que se forja. Los estadounidenses no eran una nación hasta que crearon los Estados Unidos; la mayoría ni siquiera hablaba inglés. Así que la idea de que «no existe un demos europeo y por lo tanto nunca podrá haber una federalización europea democrática» es un argumento respetable, pero no uno que yo haya adoptado.
Luego, por otro lado, tienes a lo que yo llamo los «euro-leales», ya sabes, los diversos think tanks como Bruegel y demás; gente muy lista, pero para quienes la Unión Europea no puede hacer nada mal. Incluso cuando está arruinando las cosas, tienen una visión panglossiana de que esta es la mejor de las Europas posibles y, por tanto, tenemos que apoyarla. Así que tenías a los euroescépticos y a los euro-leales. Yo nunca me alineé con ninguno de los dos. Yo era un eurocrítico, pero en el sentido de la palabra griega antigua «crítico»: alguien que hace las preguntas difíciles. Yo quería que la Unión Europea se convirtiera en una federación democrática.
Me crié fuera de la UE, fuera del Mercado Común. Crecí bajo una dictadura fascista —que, por cierto, estaba en la OTAN pero no en el Mercado Común Europeo—. Mis padres, mi círculo social, todos anhelábamos formar parte de la familia democrática europea. Sabía —especialmente cuando empecé a leer historia— que el Mercado Común Europeo, la Unión Europea como se llama hoy, fue creado como un cártel de grandes empresas.
No se creó de ninguna manera que se parezca a un estado democrático ni a ningún tipo de estado. No fue el resultado de un proceso socioeconómico y político que generara tensiones entre diferentes clases sociales cuyo resultado fuera la creación de algún tipo de estado para paliar y regular esas tensiones. Así no es como empezó la Unión Europea.
Empezó de la misma manera que la OPEP: la Organización de Países Exportadores de Petróleo, como un cártel. Y tenía nombre de cártel: se llamaba Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Era un cártel del carbón y del acero, y luego incorporaron a la industria de bienes eléctricos, y más tarde cooptaron a los agricultores a través del Tratado de Roma —a los grandes agricultores del norte de Europa, no a los del sur—.
Pero yo aún tenía la esperanza de que, de crisis en crisis, la Unión Europea se desarrollara; que se transformara de un cártel en algo que pudiera convertirse con el tiempo en una federación democrática. Incluso cuando me convertí en ministro de Finanzas, la razón por la que fui elegido para representar al pueblo de Grecia en el parlamento y ser su ministro de Finanzas fue porque la Unión Europea le había exigido una enorme «libra de carne» al pueblo griego.
Fueron unos bárbaros por cómo nos trataron.
Sin embargo, aunque aquello me tocó muy de cerca y fui elegido para enfrentarme a los poderes fácticos en Bruselas, Frankfurt, mantuve la esperanza de que, a través de esta clase de lo que llamé «desobediencia gubernamental» (en contraposición a la desobediencia civil) —yo era un ministro de Finanzas desobedeciendo al Eurogrupo—, a través de este choque pudiéramos convertir la Unión Europea.
Pudiéramos tener un Green New Deal para Europa. Trabajé muy duro incluso después de dimitir, tras ser aplastado por la Unión Europea. Seguí manteniendo ese europeísmo radical y progresista. Mencionaste DiEM25: lo creamos para competir en las elecciones al Parlamento Europeo en 2019 sobre la base de un programa —el Green New Deal para Europa— que transformaría esta Unión Europea oligárquica, neoliberal, propensa a la austeridad y dirigida por banqueros, en una Unión Europea de los pueblos.
Y, por supuesto, fuimos aplastados. Ursula von der Leyen fue elegida supuestamente para hacer efectivo y promulgar —recuerda el Green Deal— el billón de euros que iba a gastar en la transición ecológica. Nada de eso ocurrió. Se ignoró, se olvidó. Y ahora tenemos rearmamento, tenemos keynesianismo militar y una Unión Europea que es un peligro claro y presente para los europeos y para el resto del mundo.
Para acortar esta historia: ya no tengo esperanzas en esta Unión Europea. Creo que esta Unión Europea no perdió la oportunidad de perder cada oportunidad de transformarse, y ahora es tan tóxica… está resquebrajada. Mira lo que le está pasando al esqueleto principal de la Unión Europea: el eje franco-alemán. Alemania es ahora totalmente ingobernable; Alternative für Deutschland, que es profundamente antieuropea, racista y cuasifascista, va de fuerte en fuerte. En Francia tienes a Le Pen, que nunca ocultó su antieuropeísmo.
Así que, incluso si el centro radical restablece su control, será emulando a la extrema derecha neofascista y adoptando aún más austeridad, lo que crea más fuerzas deflacionarias. Cuando digo fuerzas deflacionarias, me refiero a la deflación de los salarios, no tanto de los precios. Y sabemos que esa es la receta para el auge del nazismo y el fascismo. Así que esta Unión Europea terminó siendo el peldaño sobre el que pisó el capitalismo fallido de Europa para avanzar hacia un nuevo tipo de fascismo.
Glenn Diesen: Recuerdo que en los años 60 —yo no había nacido— el académico británico David Mitrany escribía que la UE tendría dos futuros diferentes. Dijo que podía ser bien funcionalista o bien federalista. Veía el funcionalismo esencialmente como buscar qué función podía tener la UE para mejorar la seguridad, la economía, la democracia, y que esa función dictara la forma de la UE. Mientras que el modelo alternativo, argumentaba, era el federalismo, donde ya decidíamos una forma (la centralización del poder) y esto empezaría a dictar la función.
Su preocupación en aquel entonces —han pasado 60 años— era que la UE empezara a parecerse a la Unión Soviética con esa concentración de poder.. Pero la razón por la que lo saco a colación es que ya no veo claramente el modelo económico de la UE. ¿Ves que los problemas económicos van más allá de las estructuras de la UE?
Yanis Varoufakis: Tal como yo lo entiendo —y esto va a molestar seriamente a los europeístas—, Europa nunca tuvo un modelo económico propio diseñado por ella misma. A los europeístas les gusta imaginar la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, el Mercado Común y la Unión Europea como un diseño europeo, un modelo social europeo. Nunca lo fue. Siempre fue un diseño estadounidense impuesto e implementado por los Estados Unidos de América.
Nosotros creímos que era obra nuestra. No cabe duda que, tras la Segunda Guerra Mundial, la gran mayoría de los europeos querían una Europa unida que hiciera la guerra irrelevante y la paz inevitable. De eso no hay duda: había sed de una Unión Europea. Pero si miras el cártel de grandes empresas que se creó… ¿quién diseñó eso? Pasé bastantes años académicos investigando sobre ello.
Escribí un libro hace tiempo titulado El Minotauro Global. Después escribí otro titulado Y los débiles sufren lo que deben? . En el contexto de la investigación, leí extensamente en la Biblioteca del Congreso en Washington las transcripciones de las reuniones de los comités del Senado de 1946 a 1950. Y ahí estaba el diseño de la Unión Europea. No se ideó en Europa, se ideó en Washington.
Como muy bien sabes, cuando EE. UU. salía de la Segunda Guerra Mundial, los partidarios del New Deal eran personas que habían sufrido masivamente de jóvenes tras el desastre de 1929 y la Gran Depresión. Su gran temor era que la Gran Depresión regresara en 1949. Hablaban de 1949 porque eran 20 años después de 1929.
El miedo era que, una vez terminada la guerra, todos esos pedidos se secaran. Y además de la caída de la demanda agregada como resultado del fin de la guerra, se sumaría el regreso de los soldados, de la mano de obra masculina. Habría un aumento en la oferta laboral y una reducción en la demanda de trabajo, lo que provocaría un colapso: 1949 sería otra versión de 1929. Y estaban decididos a no permitir que esto sucediera.
Así que la primera tarea que tenían era cómo reconvertir las fábricas que hacían balas, ametralladoras, portaaviones y bombarderos para fabricar electrodomésticos, aviones comerciales, coches, etc. Ese era un problema técnico que superaron muy rápidamente a través de lo que John Kenneth Galbraith describió como la «tecno-estructura».
La segunda cuestión era: ¿de dónde va a salir la demanda para los productos de esas fábricas? Porque esas fábricas, una vez reconvertidas de uso militar a civil, podían producir muchos más coches, lavadoras, frigoríficos y unidades de aire acondicionado de los que necesitaban los estadounidenses.
La respuesta fue: tenemos que vender a los europeos. Pero el problema era que los europeos no tenían dinero. Estábamos en cenizas y nuestros sistemas monetarios destruidos. No había forma que Europa proporcionara la demanda agregada necesaria que le faltaba a la economía estadounidense. Así que decidieron «dolarizarnos», dándonos acceso al dólar estadounidense, y ese fue el sistema de Bretton Woods.
Pero para que eso funcionara, tenían que crear algo como la Unión Europea. Así que el cártel del carbón y del acero fue una idea estadounidense. Tenía una dimensión económica y una dimensión militar/geopolítica. La dimensión política y diplomática era cómo asegurarse de que franceses y alemanes no volvieran a luchar. Es decir, vincular a sus grandes empresas: crear un cártel del acero y del carbón en copropiedad de alemanes, franceses, italianos del norte, holandeses y belgas. Ese era el núcleo de la Comunidad Económica Europea. Y cooptar a los agricultores franceses para que no causaran problemas cuando las mercancías cruzaran las fronteras, dándoles una tajada de los beneficios monopolísticos del cártel.
Este fue un diseño estadounidense, y el Plan Marshall tenía el propósito de financiar esto, ponerlo en marcha, con los banqueros de Wall Street entrando para complementar todos estos fondos con crédito.
Toma el «milagro económico alemán». Por supuesto, los ingenieros alemanes siempre han sido brillantes, desde la época del Káiser. Pero, ¿qué ocurrió? Recordarás que tras la Segunda Guerra Mundial, los aliados —especialmente británicos y franceses— habían acordado entre ellos que Alemania sería desindustrializada y convertida en un parque temático bucólico. Llegaron a volar al menos 1700 fábricas. Fueron los estadounidenses los que en un momento dado, cuando diseñaron Bretton Woods, dijeron: «No, no, no. No podemos hacer eso.
Necesitamos que Alemania sea la fábrica de Europa, de esta nueva Europa que estamos creando. Y pondremos a los franceses a administrarla. Por eso la OCDE está en Francia. Por eso a los franceses se les dio mucho más acceso a dirigir las instituciones de la Comunidad Europea.
Cuando decimos «el modelo económico de Europa» estamos hablando: de un diseño estadounidense. Y la razón por la que discrepo con la idea de que en los 60 Europa tuvo que elegir entre «federación» y «funcionalidad» es que Europa nunca habría optado por la federación. No se movía hacia ella en los años 60. Alemania estaba muy feliz de ser la fábrica de Europa y Francia muy feliz de dirigir el servicio diplomático, la OCDE, los inicios de la Comunidad Europea en Bruselas y que el francés fuera el idioma dominante.
Lo que ocurrió fue que el sistema de Bretton Woods fue dinamitado, y lo dinamitaron los propios estadounidenses. ¿Por qué? Porque ya no era sostenible. ¿Y por qué no era sostenible? Porque todo el objetivo del sistema de Bretton Woods desde los años 40 era mantener y reproducir los superávit estadounidenses: las exportaciones netas de las fábricas estadounidenses que irían a Europa, y a los europeos se les darían dólares para comprarlas (financiación al comprador, en otras palabras). Pero a partir de 1968-1969, debido a la Guerra de Vietnam y las tensiones sociales internas, EE. UU. se convirtió en un país deficitario.
Dado que eran un país deficitario, no podían mantener los tipos de cambio fijos, así que los dinamitaron. Los europeos quedaron completamente atónitos. Recuerda cuando el Secretario del Tesoro de Richard Nixon (quien voló Bretton Woods el 15 de agosto de 1971), un texano llamado John Connally, visitó Bonn, París y Londres con un mensaje simple: «El dólar es nuestra moneda, pero a partir de hoy es vuestro problema».
El dólar se devaluó y repentinamente el franco francés y el marco alemán ya no tenían un tipo de cambio fijo. Esto fue una catástrofe para el cártel. Piénsalo: ya es difícil para la OPEP coludirse como un cártel cuando no tienen el problema de la divisa, porque cada barril de petróleo se cotiza en dólares. Imagina si el petróleo saudí se cotizara en una divisa, el indonesio en otra y el iraní en una tercera; no habría forma de mantener el cártel.
Así que los europeos, que dependían de este modelo que los estadounidenses les habían otorgado, entraron en pánico a finales de los 60 y principios de los 70 buscando cómo fijar de nuevo los tipos de cambio. A los estadounidenses ya no les importaba, porque tomaron su propio camino con el dólar y la financiarización a través de Wall Street.
Los europeos, desde 1970 (¿recuerdas el Informe Werner?), empezaron a intentar fijar los tipos de cambio para crear un Bretton Woods europeo, pero no tenían la experiencia de los estadounidenses, ni sus superávit, ni el gobierno federal que necesitaban para hacerlo. Siguieron intentándolo: primero la Serpiente Monetaria, luego el Sistema Monetario Europeo (SME)… todos fracasaron. El SME hizo a George Soros muy rico en 1992 cuando saltó por los aires. Así que en un momento dado se rindieron y dijeron: «De acuerdo, tendremos una moneda única».
Pero crearon una federación monetaria (una moneda única) sin una federación fiscal ni una federación política. Y eso es lo que haces si quieres crear un sistema permanente de austeridad, de muy baja inversión, de inversión negativa y de estancamiento. Por eso, en los mismísimos cimientos de la Unión Europea tienes este proceso de estancamiento y desintegración, lo que explica por qué gente como Von der Leyen suena tan insensata hoy.
Glenn Diesen: Mencionaste la moneda común, y a menudo se le critica por no tener unos cimientos económicos claros y por ser tratada en su lugar como un proyecto político. ¿Cómo pueden las personas de a pie entender la falla básica del euro?
Yanis Varoufakis: No estoy en contra de tener un sistema monetario como proyecto político. El dinero es político. Cualquiera que piense que el dinero es apolítico necesita replantearse seriamente su comprensión de lo que es el dinero. No hay nada más político que el dinero. Así que no los culpo por intentar crear un sistema monetario como proyecto político; lo que digo es que lo hicieron de una forma estúpida. Permíteme ser directo: soy demasiado viejo para andar con matices.
Lo que hicieron fue una locura, una estupidez. Responderé a tu pregunta sobre cuál es el fallo fundamental en términos no técnicos, para que todo el mundo lo entienda.
Piensa cualquier país del mundo tienes dos gigantescos pilares que sostienen su economía: el banco central y el ministerio de economía o del tesoro, y se apoyan mutuamente. Es como un gigante con dos piernas. El tesoro emite deuda en nombre de toda la economía; el banco central emite el dinero, y asi se cubren las espaldas. Cuando hay un problema bancario o monetario, el tesoro acude en su ayuda; ocurre en EE. UU., en Rusia, en China, en el Reino Unido, Canadá, Australia, en todas partes.
¿Qué hicimos en Europa? Pusimos el carro delante de los bueyes —es decir, antes de tener la unión fiscal y política creamos una sola pierna: el Banco Central Europeo— no hay un tesoro. No hay un tesoro común.
Así es como se lo explico a mis estudiantes y a la gente en la calle (los taxistas lo entienden muy bien, no necesitas formación académica): creamos un banco central sin estado ni tesoro, y tenemos unos 20 tesoros y estados sin banco central.
Cuando la City de Londres o los países escandinavos en 1992 tuvieron bancos quebrados, o en Corea del Sur en 1998 la deuda privada se disparó, el banco central acudió en ayuda del tesoro y del sistema bancario. El estado puede nacionalizar los bancos para salvarlos, mantenerlos abiertos y que los cajeros funcionen porque el banco central respalda al estado.
En Europa creamos un Banco Central Europeo con estatutos que le prohíben ayudar a los estados a gestionar una crisis bancaria. Eso es absurdo. Porque si le niegas a Francia, a Alemania o a Grecia la ayuda del banco central para salvar su sistema bancario, la alternativa es que un estado sin acceso a la imprenta de dinero tenga que endeudarse, hacer que sus contribuyentes más débiles pidan prestado para trasladar las pérdidas bancarias de los balances de los bancos a los balances del estado. Y entonces tienes una catástrofe.
Para ponerlo de forma más simple y alegórica: al crear el euro como lo hicimos (y repito, no estoy en contra de una moneda común si se hace bien), fue como quitarle los amortiguadores a tu coche y luego meterlo por un camino lleno de baches. Eso es lo que hicimos.
Glenn Diesen: Esa analogía lo resume muy bien. Quería cambiar un poco de tema hacia el aspecto tecnológico y la política industrial. Señalaste que la UE es en gran medida un cártel de origen estadounidense, pero en los años 80 la UE tenía cierta política industrial que rivalizaba con la de EE. UU. Edward Luttwak, por ejemplo, escribe mucho sobre cómo en los años 80 los europeos, mediante aranceles y subsidios, ayudaron a construir industrias automovilísticas y aerolíneas muy potentes. Pero ya a principios de los 90 se veían declaraciones preocupadas de la Comunidad Europea diciendo que «corrían el riesgo de convertirse en una colonia tecnológica de EE. UU. y Japón» porque no seguían el ritmo del desarrollo digital.
Hoy, 30 años después, vemos que el desarrollo tecnológico avanza velozmente en muchos países mientras la UE no tiene plataformas tecnológicas propias. No es contradictorio decir que la UE carece de un ecosistema digital propio. Se podría argumentar que la estrecha relación con EE. UU. fue un problema porque aceptamos una dependencia total de sus plataformas. ¿Cómo ves a la UE hoy?
Porque ya no se trata solo de tecnologías digitales; la tecnología digital se está trasladando a todas las industrias. La industria tradicional donde los europeos eran fuertes está cayendo. El sector automotriz alemán es el mejor ejemplo: si no se adaptan a las nuevas tecnologías, no sobrevivirán (sumado al problema energético). ¿Cuál es el riesgo de que la UE se convierta en una colonia tecnológica de América o de alguien más?
Yanis Varoufakis: No hay riesgos. Ya somos una colonia.
Glenn Diesen: (Risas) Vaya…
Yanis Varoufakis: Es como decir: «¿Cuál es el riesgo de que no haya oxígeno en la Luna?». No hay oxígeno en la Luna. Se acabó. Estamos fritos. Pero permíteme ir un poco más atrás, Glenn. Hablaste de la política industrial en los años 80. No creo que esa fuera la razón por la que nuestras industrias en Europa, especialmente las alemanas, eran tan poderosas en los 80. Vuelvo a lo que decía sobre la ruptura de Bretton Woods por parte de EE. UU. Aquel sistema se basaba en que EE. UU. producía el superávit que nosotros comprábamos con sus dólares. Eso terminó en 1971.
A partir de los años 80, este reciclaje de superávits y déficits se invirtió masivamente. Los estadounidenses pasaron de ser el país sin déficit de los 50 y 60 a ser los reyes del déficit. Un déficit presupuestario federal masivo, especialmente tras Reagan con sus bajadas de impuestos y gasto militar. La economía estadounidense se convirtió en una gigantesca aspiradora que absorbía las exportaciones netas de Alemania, Italia, Japón y más tarde China. ¿Y cómo pagaba todo esto? Con pagarés llamados dólares. Imprimían dólares y pagaban con ellos.
La razón por la que la industria química o automotriz alemana, o Siemens, volaban tan alto era porque los estadounidenses les proporcionaban una demanda enorme: compraban todo lo que producían. Y en ese contexto, Volkswagen y otros regulaban sus propias industrias (recuerda el escándalo de la tecnología creada para engañar en los tests de emisiones). Había mucha inversión en crear poder monopolístico y subvertir regulaciones. Esto funcionó magníficamente para los europeos hasta 2008.
Incluso en los 90, sobre la ola de esta marea de exportaciones a EE. UU., la Comisión Europea (y para cuando la capital de Alemania se trasladó de Bonn a Berlín, también París) estuvo encantada de adoptar las ideas de Margaret Thatcher sobre el mercado único, lo que efectivamente destruyó toda política industrial y dejó al capital industrial hacer lo que quisiera; lo cual estaba bien mientras los estadounidenses compraran todo lo que producía Europa.
Pero, ¿qué ocurrió con todos los dólares que el capital alemán, francés o italiano estaba acumulando vendiendo a EE. UU.? No puedes hacer mucho con dólares en Europa. Así que esos capitalistas (alemanes, franceses, armadores griegos…) enviaron esos dólares a Wall Street. ¿Y qué hicieron con ese dinero en Wall Street? Compraron deuda estadounidense. Financiaron al gobierno federal de EE. UU. comprando acciones y bienes inmuebles. Así se invirtió el reciclaje de superávits y deudas.
Eso fue ingenioso y fue la razón por la que EE. UU. se convirtió en el primer imperio hegemónico que se volvía más poderoso cuanto más endeudado estaba. Eso no había ocurrido nunca en la historia de la humanidad. Pero de repente, el papel de los banqueros de Wall Street se volvió gigantesco, porque eran los encargados de reciclar el dinero de los demás hacia la deuda del gobierno estadounidense, el sector inmobiliario y la bolsa de Nueva York. Así que tuvieron que ser totalmente desregulados. Y una vez desregulados, aprendieron el truco de coger un dólar enviado por un capitalista alemán y, mediante ingeniería financiera, convertirlo en 100 dólares.
Eso creó enormes burbujas que estallaron en 2008. Y ¿qué pasa cuando esas burbujas estallan en 2008? Compara lo que ocurrió en EE. UU. con lo que ocurrió en Europa. Si la audiencia quiere saber por qué EE. UU. no está en la apurada situación de Europa, considera la siguiente escena:
En Nueva York o Washington, la bolsa ha colapsado, Lehman Brothers ha muerto, el techo del capitalismo se cae a pedazos. Ben Bernanke (entonces jefe de la Reserva Federal), el presidente Bush primero y luego Obama, junto a la gente de JP Morgan y Goldman Sachs, se sientan a una mesa y se hacen la pregunta pertinente: «¿Cómo nos salvamos?». Y se les ocurre el TARP: dieron 800 000 millones a los banqueros, y luego otros planes que, según mis cálculos, dieron 11 billones de dólares a los banqueros para salvarlos.
No hicieron nada por la clase trabajadora ni la clase media, pero salvaron a los banqueros. Y no le cobraron impuestos a nadie para hacerlo: crearon el dinero de la nada usando los mismos trucos de Wall Street que habían provocado la caída, esta vez para reflotarlo con la participación activa del banco central.Eso es lo que ocurrió en Washington: la cúpula gobernante se preguntó cómo salvarse y actuaron.
En Europa —fui testigo de esto—, 28 primeros ministros, ministros y banqueros centrales se reúnen y se hacen una pregunta muy diferente. La pregunta no era «¿cómo nos salvamos?», sino: «¿Cómo podemos pretender que las reglas de la Unión Europea que ya no funcionan siguen funcionando?». Si respondes a esa pregunta, no te salvas: creas una catástrofe.
Lo que hicieron fue imponer austeridad a todo el mundo. Austeridad masiva, porque al Banco Central no se le permitía salvar a nadie (a diferencia de EE. UU.). Crearon una austeridad enorme. Pidieron prestado a los europeos más pobres (a los eslovenos, eslovacos, malteses) para dárselo al estado griego que estaba en quiebra; no para dárselo al pueblo griego, sino para dárselo al Deutsche Bank. Así que el esloveno o el eslovaco estaban prestando dinero efectivamente para rescatar al Deutsche Bank. Eso es un crimen contra la lógica.
Para justificarlo, empezaron con austeridad masiva en Grecia, luego en Irlanda, Portugal, España, Italia, Francia y eventualmente en Alemania. Wolfgang Schäuble me lo dijo explícitamente: «Te estoy haciendo tragar la austeridad porque quiero llevarla a Alemania, necesitamos bajar los salarios».
Así que ocurre esto: por un lado tienes bancos fallidos, estados fallidos y una demanda agregada en caída. Luego le dan luz verde al Banco Central Europeo para imprimir billones de euros. Pero estos billones no van a la gente común que los necesita. No, nunca le das dinero a quien lo necesita, se lo das a quien no lo necesita.
El teléfono suena y el CEO de Volkswagen lo descuelga: es alguien de Deutsche Bank a quien el BCE le ha dado billones a tipo de interés cero (o incluso al -0.8 %). El tipo de Deutsche Bank le dice al de Volkswagen: «¿Quieres mil millones gratis a interés cero?». El de Volkswagen dice: «Claro, dinero gratis». Pero luego no lo invierte, porque mira por la ventana y ve a consumidores empobrecidos que no pueden permitirse comprar coches tipo Tesla de alto valor añadido. Así que el tipo de Volkswagen coge el dinero, no invierte nada en producción, se va a Frankfurt y compra acciones de la propia Volkswagen. Las acciones suben, su salario y su bonus (ligados al precio de la acción) suben, y se ríe camino al banco. Pero esto no es inversión.
Para dar una respuesta corta a por qué estamos en un estado tan nefasto en Europa: porque no hemos invertido durante 20 años. La industria alemana se parece ahora a las máquinas de escribir eléctricas Olivetti de finales de los 70. Eran hermosas, pero una vez que salió el ordenador personal, quedaron obsoletas. No había reducción de salarios en el mundo que pudiera salvar a Olivetti cuando llegó el PC. Ahora tenemos vehículos eléctricos en los que los alemanes olvidaron invertir. Y ya está: Kaputt, fin del juego.
Glenn Diesen: Me gusta esa explicación. Plantea problemas de legitimidad más amplios para la UE, porque si la autoridad proviene de las reglas y el aspecto legal, esto abre una caja de problemas futuros. Mi última pregunta era sobre algo que impacta la economía: estas guerras en el extranjero. Respecto a la guerra contra Irán, la UE tiene una participación menos directa; comenzó con cierto entusiasmo inicial, pero ahora se ve a los europeos intentando distanciarse, no queriendo responsabilidad directa por el desastre que se avecina. Pero en la guerra con Rusia, yo diría que los europeos tienen un papel significativo. Lo común entre ambas guerras es la energía: primero nos cortamos el acceso a la energía rusa, y ahora vemos arder el petróleo saudí y las primeras exportaciones que están cortando parecen ser hacia los europeos.
¿Cómo afectará esto al futuro de Europa? Uno pensaría que encontrar una arquitectura de seguridad común con los rusos o estabilizar Oriente Medio sería de nuestro interés, pero no estamos haciendo ninguna de las dos cosas.
Yanis Varoufakis: Allá por 2009-2010, cuando la crisis de la eurozona estallaba y yo me involucraba en los debates políticos (y luego como ministro de Finanzas), siempre que tenía oportunidad de hablar con un funcionario europeo le decía: «Miren, chicos, está claro que tenemos una recesión masiva (yo la llamaba depresión tras la crisis financiera de 2008). ¿Cómo debemos responder?
Claramente necesitamos impulsar la inversión. Esto es lo que se hace en una recesión masiva: impulsar la inversión, no tanto el gasto (eso fue el New Deal de Roosevelt; Hitler también impulsó la inversión, la equivocada, invirtiendo en tanques y cazas, y el resultado fue la muerte de decenas de millones de personas, pero ante una Gran Depresión hay que responder con inversión)».
Y yo decía: «¿Qué es lo único que debería hacer esta Unión Europea?». Si miras el mapa de Europa, tienes todos estos estados dispersos. Se supone que somos una Unión Europea, pero ¿cuál es el insumo número uno para todo lo que producimos? La energía. Y no tenemos una unión energética. ¿No deberíamos crear una unión energética? Intentaba ser técnico: tenemos mucho viento en el norte, olas en el Golfo de Vizcaya y las costas de Portugal, mucho sol en Grecia… ¿No deberíamos tener un plan para cosechar y aprovechar toda esta energía gratuita como europeos e interconectarnos, de modo que la electricidad solar griega viaje a Alemania?
Pero eso requiere una unión energética. Todavía no tenemos una unión energética, Glenn. Alemania tiene sus propias plantas, Grecia las suyas, Italia las suyas… Estamos importando GNL de Texas y Nuevo México, nos desconectamos de Rusia y no tenemos un plan.
Incluso sobre la guerra en sí, lo hemos discutido muchas veces: ¿cuál es el plan para ganar la guerra? Digamos que queremos tomar Moscú y meter a Putin en un búnker como a Hitler (porque están haciendo estos paralelismos absurdos entre Hitler y Putin). Asumiendo que crees que Putin es el nuevo Hitler, ¿cuál es el plan para tomar Moscú? No hay plan. No tienen idea de dónde van a sacar el dinero. Incluso los 800 000 millones del programa de reestructuración y rearmamento de Von der Leyen son dinero prestado que nadie va a prestar porque no tienen los colchones fiscales para acomodarlo.
¿Cómo van a ayudar a Ucrania? Pidieron prestados 90 000 millones, ese es su límite. El presupuesto comunitario está bajo mucha presión y Francia quiere reducir sus contribuciones, no aumentarlas. Así que no tienen un plan para la guerra. Si les preguntas cuál es el plan para la paz, tampoco lo tienen. No tienen un plan para la unión energética. No tienen un plan para nada y van de anuncio en anuncio, los cuales parecen cortinas de humo. Cada anuncio es menos creíble que el anterior.
Ahora van a traer a Canadá a la Unión Europea, lo cual es predeterminado y absurdo. ¿Van a meter a Canadá en el mercado único y cobrar a los canadienses por participar en la creación de normas sobre las que no tendrán autoridad? Es absurdo. Cada cosa que sale de la boca de Kaja Kallas o de Von der Leyen solo nos recuerda que la Unión Europea es un producto de nuestra imaginación colectiva.
Glenn Diesen: Sí, a mí también me ha faltado ese plan. Incluso en la guerra, si tienes una estrategia, ¿cómo los derrotas, qué recursos movilizas? ¿Y qué implica derrotar a la mayor potencia nuclear del mundo que siente que lucha por su existencia? Tengo muchas preguntas y no hay respuestas…
Yanis Varoufakis: Especialmente si no estás dispuesto a enviar tropas sobre el terreno.
Glenn Diesen: Exacto. Tengo mis dudas de que haya alguien dirigiendo esta discusión.Tenía una última pregunta. Discutimos antes sobre cómo se reciclaban los bonos para comprar bonos estadounidenses, pero estos días el mercado de bonos en EE. UU. atraviesa muchos problemas. Inicialmente vimos que adversarios de EE. UU. como China o Rusia dejaron de comprar bonos. Pero ahora vemos que incluso aliados (no solo los japoneses, sino también los europeos) pasan de ser compradores a vendedores. ¿Hacia dónde va esto y cómo analizas las consecuencias? Parece desmantelar los avances de los últimos 50 años.
Yanis Varoufakis: Estaba investigando cifras y miré los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años de EE. UU., la tasa de inflación en EE. UU. y el tipo de interés de la Reserva Federal. Ayer mismo eran exactamente los mismos que en septiembre de 2001. Históricamente no hay tanta diferencia. Lo que pasa es que nos acostumbramos durante los últimos 15 años (debido a la flexibilización cuantitativa) a tipos de interés extremadamente bajos y a fuerzas deflacionarias.
Pero no me creo que los europeos vayan a dejar de comprar bonos. ¿Qué van a hacer? Cuando BMW o BASF venden productos a los estadounidenses y ganan dólares, ¿qué hacen con esos dólares? ¿Convertirlos a euros? Bajo ninguna circunstancia. Comprarán bonos, seguirán comprando bonos. Los chinos dejaron de comprar bonos del Tesoro estadounidense, pero no han vendido sus reservas; aún tienen un stock enorme.
Y ahora hay otro actor en juego: las stablecoins (criptomonedas estables denominadas en dólares estadounidenses). Los japoneses redujeron a la mitad sus tenencias en bonos, pero ¿sabes qué hicieron con el dinero? Compraron Tether y Circle, criptoactivos denominados en dólares. ¿Y qué hizo Tether con el dinero recibido de los japoneses? Comprar bonos estadounidenses.
Glenn Diesen: Así que el sistema sigue funcionando. (Risas)
Yanis Varoufakis: El sistema sigue funcionando hasta que deje de hacerlo. Pero no dejará de funcionar por algo que hagan los europeos o los rusos; solo dejará de funcionar cuando los chinos decidan desacoplarse del sistema del dólar estadounidense. Y no lo han decidido: tienen 4.5 billones de dólares invertidos en dólares. Si tuvieras 4.5 billones de dólares en una cuenta bancaria suiza, ¿te desacoplarías del sistema bancario suizo?
Glenn Diesen: Supongo que no. Aunque ves que, mientras rusos y chinos se desacoplan un poco de EE. UU., siguen trabajando con estas stablecoins estadounidenses (como el sistema de pagos ruso A7 conectado a Tether para eludir sanciones). Quizá no se desacople por completo, sino que solo se transforme…
Yanis Varoufakis: Indudablemente. Permíteme hacer una predicción de cuándo morirá la hegemonía de EE. UU.: morirá cuando Pekín decida convertir el BRICS+ en un sistema de Bretton Woods.
Recuerda cómo describí el sistema de Bretton Woods: un sistema de tipos de cambio fijos o casi fijos donde la potencia hegemónica superavitaria (que ahora sería China) recicla sus superávits hacia los otros países dentro de este nuevo BRICS+ y mantiene los tipos de cambio fijos usando el poder de sus propios superávits.
Cuando China decida hacer eso —jugar dentro de los BRICS+ el papel que EE. UU. jugó en Bretton Woods después de 1944—, entonces Estados Unidos estará en serios problemas y lo saben. Esta es una de las razones fundamentales por las que están aumentando las tensiones con los chinos.
Glenn Diesen: ¿Por qué no lo han hecho todavía? En la cumbre de los BRICS en India, muchos comentaron que se mueven muy despacio…
Yanis Varoufakis: Porque los chinos tienen un horizonte a 300 años vista, no tienen prisa. Están creando la infraestructura para ello: con el mBridge, con la alternativa a SWIFT basada en blockchain, con la moneda digital del Banco Central chino… Están creando la infraestructura junto con la robótica mejorada por IA que aumentará la productividad agrícola en Indonesia, Malasia y otros grandes países del BRICS+. Lo están construyendo y no están preparados para agitar el avispero todavía; quieren asegurarse de que la infraestructura esté lista antes de ir en esa dirección.
Mi interpretación (o mi especulación) es que están esperando a que los estadounidenses crucen el Rubicón. Los estadounidenses aún no lo han cruzado. Trump 2.0 el año pasado amenazó con aranceles del 150 % a los chinos e intentó imponer algunos.
Ellos respondieron suavemente diciendo: «En ese caso, olvidaos del acceso a metales críticos», y él dio marcha atrás. Así que están esperando el próximo movimiento del presidente estadounidense (no necesariamente Trump, los demócratas son igual de malos; recuerda que Biden fue quien introdujo la absurda Ley de Chips para señalar a los chinos que no se les permitiría avanzar tecnológicamente, lo cual fue el mayor error geoeconómico de la historia).
Creo que los chinos están aplicando el viejo proverbio: «Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error». Dejan que cometan otro error y otro más. En algún momento estarán listos para dar el paso.
Glenn Diesen: Yanis, muchas gracias por tomarte el tiempo y por explicarnos cómo los chinos podrían terminar desenchufando la economía de EE. UU. Gracias de nuevo por tu tiempo.
Yanis Varoufakis: Gracias a ti. Eso no significa que tenga razón, es mi especulación, pero es lo mejor que puedo hacer dados los hechos tal como los veo.
Fuente: https://observatoriocrisis.com/2026/09/18/yanis-varoufakis-la-ue-esta-acabada-y-china-ahora-puede-desconectar-a-la-economia-estadounidense/
viernes, 18 de septiembre de 2026
La ONU ve "motivos razonables" para creer que EEUU cometió crímenes de guerra en Irán
- Sputnik Mundo
La ONU ve "motivos razonables" para creer que EEUU cometió crímenes de guerra en Irán
hace 17 horas
Una columna de humo se eleva tras un ataque militar estadounidense-israelí en Teherán, Irán, el martes 3 de marzo de 2026 - Sputnik Mundo, 1920, 18.09.2026
© AP Photo / Vahid Salemi
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Una misión de investigación de la ONU para el país persa afirmó que existen "motivos razonables" para creer que Washington cometió crímenes de guerra en dos ataques realizados el 28 de febrero, durante el primer día del conflicto.
Los investigadores señalaron los bombardeos contra una escuela en Minab y un complejo deportivo y zona residencial en Lamerd.
Bandera del Organismo Internacional de Energía Atómica - Sputnik Mundo, 1920, 17.09.2026
Internacional
Irán pide suspender la membresía de Estados Unidos en el OIEA
ayer
El primero dejó más de 150 muertos, incluidos unos 120 menores, según el informe, que consideró el ataque como "indiscriminado contra civiles y bienes de carácter civil".
El informe acaba de ser publicado y será presentado próximamente ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas
Yemen, ¿ahora qué?
Recomiendo:
Yemen, ¿ahora qué?
Por Guadi Calvo | 17/09/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Rebelión
Hasta ahora incontenibles, los hutíes se afianzan en todo el litoral yemení sobre el mar Rojo, la isla de Mayyun o Perim, como también se la conoce, que divide en dos el estrecho de Bab al-Mandeb, con cerca de 30 kilómetros de ancho y que conecta el mar Rojo con el Índico.
En las últimas horas también han capturado las islas Gran Hanish y la Pequeña Hanish, a unos 160 kilómetros al norte de Bab al-Mandeb, reforzando su presencia en uno de los pasos más sensibles del mundo para el comercio marítimo. En momentos en que, gracias a la torpeza de Trump, que compró la guerra llave en mano a Benjamín Netanyahu, a quien le habían asegurado que la solución final de la cuestión iraní era cosa de un fin de semana, el estrecho de Ormuz se hace cada día más angosto para las embarcaciones que sacan el petróleo y el gas del Golfo Pérsico. (Ver: Yemen: Reto a la Meca).
La ofensiva de los rebeldes ha obligado al reino saudita, que desde 2014 articula todas las políticas de Yemen, nación a la que ha convertido de facto en un protectorado, a recuperar el territorio capturado por los hutíes, operación que deberá realizar condicionado por la derrota sufrida en la guerra entre 2015 y 2022, que consiguió detener Irán tras su acercamiento con los sauditas negociado por China en su momento (Ver: Yemen, la guerra que perdió Occidente), al tiempo que tendrá que evitar más ataques contra sus instalaciones petroleras y el oleoducto Este-Oeste, de 1.200 kilómetros, que bombea entre 2,6 y 4 millones de barriles de petróleo diarios hacia los puertos del mar Rojo como el de Abqaiq o el de Yanbu, lo que le evita el paso por Ormuz. Los daños ya producidos al oleoducto agravan todavía más el envío del petróleo saudí a sus diferentes mercados. Según los técnicos, estas reparaciones, de no recibir más ataques, podrían estar terminadas en una semana. Desde los mercados europeos se estima que, de prolongarse la crisis, elevará los precios superando los 110 dólares por barril, con todas las consecuencias que esto obligatoriamente traerá. Al tiempo que se conoce que la actual producción petrolera de 6,24 millones de barriles al día de agosto fue el nivel más bajo desde 1990.
En las últimas horas, la comandancia de Ansarullah (Seguidores de Allah), el nombre oficial de los hutíes, denominados así en homenaje a su fundador Hussein al-Houthi, padre del actual líder Badr al-Din al-Houthi, una influyente familia del norte yemení, ha denunciado que Riad realizó cerca de sesenta ataques aéreos contra poblaciones civiles en territorio yemení, los que se suman a los 140 realizados días antes del comienzo de su ofensiva el pasado miércoles 9, lo que obligó el despliegue de unos cien mil pobladores, que han buscado refugio en 200 escuelas del suroeste yemení. Mientras que otras dos mil personas se embarcaron en el cruce del mar Rojo para buscar protección en la ciudad de Obock (Djibouti) al otro lado del estrecho de Bab el-Mandeb, donde también se encuentra Camp Lemonnier, la única base militar permanente de Estados Unidos en África, con una dotación aproximada de cuatro mil hombres, ubicada en cercanías del Aeropuerto Internacional de Yibuti-Ambouli, lo que le permite el control aéreo del estrecho, gran parte del Cuerno de África y el mar Rojo hasta el canal de Suez.
Riad tampoco ha conseguido reponerse del ataque con drones que sufrió la base de Sharurah, un importante centro de mando y control que, además, según la insurgencia yemení, también guarda el mayor arsenal del ejército saudí.
En la noche del lunes, Riad denunció nuevo ataque hutí contra la ciudad de al-Tawwal, a escasos tres kilómetros de la frontera de Yemen, donde golpearon una mezquita, varios edificios públicos y habría dejado algunos heridos. Mientras las fuerzas militares de Yemen a disposición de Riad anunciaron haber atacado la ciudad de Mocha, tomada hace unos días por Ansarullah, además de algunas posiciones rebeldes en Taiz en el suroeste del país, sin especificar los daños provocados.
Sultan Alí al-Arada, gobernador de la provincia de Marib y miembro del Consejo Presidencial creado por Riad para dirigir Yemen después de la renuncia del presidente Mansour al-Hadi, responsable principal de la tragedia que vive el pueblo yemení desde 2012, en una entrevista televisada el sábado por la noche informó que las Fuerzas de Resistencia Nacional, una milicia mercenaria, se están reagrupando “para volver a la batalla de una forma u otra”. Batalla que hasta el momento ha dejado cerca de 2.500 muertos.
La guerra civil entre la élite prooccidental y grupos terroristas como al-Qaeda para la península arábiga, contra los hutíes junto a diversas tribus y sectores sociales sunitas y chiitas, que consume a Yemen desde 2014, sumado al genocidio perpetrado por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos a partir de 2015, que ha generado una catástrofe humanitaria con cientos de miles de muertes, desplazados, epidemias y 17 millones de personas en riesgo de hambruna, lo que no ha tenido precedentes desde finales de la Segunda Guerra Mundial, ahora superada por la guerra civil sudanesa.
En este marco de la invasión de 2015, tras las desavenencias entre sauditas y emiratíes, estos últimos articularon con el Consejo de Transición del Sur, que mantiene una agenda separatista, por lo que Abu Dabi, sin la ostentación de Riad, de manera callada ha conseguido hacer base en Yemen.
El acuerdo que no funciona
El cacareado Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, firmado el pasado 7 de agosto, que comprometía a sus tres firmantes (Arabia Saudita, Pakistán y Turquía) a responder en conjunto a cualquier agresión contra alguno de ellos, a casi una semana de los ataques hutíes contra territorio saudí, parece no haber tomado nota hasta el momento, quizás a espera de que Trump por fin responda a los desesperados llamados del príncipe heredero de la casa Saud, Mohamed bin Salman, para que opere contra posiciones de los rebeldes yemeníes. (Ver: Teatro de títeres sobre la península arábiga).
Quizás esto responda más que nada a algún tipo de presión de Occidente a Islamabad y Ankara, ya que, según reveló el mando de Ansarullah: “El comercio internacional en el mar Rojo y Bab al-Mandeb son seguros y se desarrollan con normalidad”, por lo que ese infierno al que tanto temen enfrentarse los mercados europeos del cierre de Bab al-Mandeb todavía no parece tener voluntad de corporizarse. Lo que también da más entidad a la versión iraní de que los hutíes, más allá de su proximidad ideológica y religiosa, son independientes de las posiciones que pueda tomar Teherán.
De todas formas, se prevé una caída entre el 50 y el 55 por ciento en los buques que transitan por el mar Rojo. Que, desde noviembre del 2023, con la fase final del genocidio en Gaza, a manos de la entidad sionista, los hutíes fueron los únicos que operaron contra naves que tuvieran intereses en común con los judíos, desde entonces y hasta el año pasado. Fueron atacados un centenar de buques mercantes en el mar Rojo que, según los rebeldes, estaban vinculados a los sionistas o a sus aliados. Por lo que las principales navieras han continuado el desvío por el Cabo de Buena Esperanza, lo que agrega entre 20 y 25 más a la derrota de esas embarcaciones, elevando sus costos totales del transporte.
En este particular juego de influencias y presiones que han instaurado los hutíes en toda la región aledaña al mar Rojo, ha habido un jugador que hasta hace algunos años era capital en este contexto: Egipto, que la reducción del tráfico afecta de manera directa sus ingresos, ya que depende en mucho de los peajes de Suez.
Según datos oficiales, Egipto perdió cerca de siete mil millones de dólares solo entre 2023 y 2024, alrededor del sesenta por ciento del total de sus ingresos por ese tributo.
El nuevo encuadre de la seguridad en el mar Rojo beneficia de manera directa a Eritrea, que al otro lado del estrecho de Bab el-Mandeb tiene un papel geoestratégico del que podría beneficiarse. Más allá de las políticas aislacionistas del presidente Isaias Afwerki, el país tiene muy poco o nulo juego más allá de sus fronteras, aunque sea cierto su solapado entendimiento con Washington y Tel Aviv.
Con la embestida de la semana pasada de los hutíes, no solo conquistaron puertos, islas y el estrecho. Sino que han provocado un monumental movimiento de las muchas fichas que juegan en esa partida de la que obviamente ni Estados Unidos, ni Rusia ni China están ausentes, por lo que habrá que observar cómo se reacomodan, si alguna vez sucede.
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
jueves, 17 de septiembre de 2026
La prohibición británica del comercio con los asentamientos debe sancionar a Israel para surtir efecto
Recomiendo:
La prohibición británica del comercio con los asentamientos debe sancionar a Israel para surtir efecto
Por Jonathan Cook | 14/09/2026 | Europa, Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Voces del Mundo
Ed Miliband, ministro de Asuntos Exteriores británico, anunció esta semana planes para prohibir el comercio y los servicios con los asentamientos judíos ilegales de Israel, en una medida que el Gobierno ha promocionado como un «reinicio integral» de las relaciones con dicho país.
Al Reino Unido se sumaron otros 11 Estados occidentales que dieron a conocer o propusieron sanciones similares: Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Islandia, Irlanda, Noruega, Polonia, Portugal, España y Suecia.
Se supone que esperan dar la impresión de que están uniendo fuerzas gracias a su número, aumentando la presión sobre Israel para que ponga fin a la ocupación y allane el camino hacia la creación de un Estado palestino.
De forma más realista, cada uno de ellos espera que resulte más difícil para la Administración Trump e Israel señalarlos como objetivo en la inevitable reacción contra estas medidas, que son demasiado modestas. En una rápida represalia, Israel tomó la medida sin precedentes de cerrar el consulado británico en Jerusalén Este, es decir, en territorio que ocupa en violación del derecho internacional.
Pero la idea de que estas sanciones supondrán un «reinicio» de las relaciones entre el Reino Unido e Israel parece más bien una ilusión. Poco antes del anuncio de Miliband, Bloomberg informó de que diplomáticos británicos habían asegurado en privado a Washington que la prohibición comercial sobre los asentamientos era «en gran medida simbólica».
Según Alex Wickham, editor político para el Reino Unido de la agencia de noticias, las medidas del Gobierno «no tendrían ningún impacto significativo en la relación general del Reino Unido con Israel en materia de comercio o seguridad».
El comercio del Reino Unido con los asentamientos judíos de Israel representa una minúscula fracción de su comercio total con Israel, que asciende a 6.000 millones de libras (6.993 millones de euros). Y tras dos décadas de «amenazas» en gran medida ineficaces por parte de Europa para empezar a etiquetar los productos de los asentamientos, Israel ideó hace tiempo formas de ocultar la procedencia de dicho comercio. Simplemente reetiqueta los artículos procedentes de los asentamientos como «fabricados en Israel».
Por eso el Ministerio de Asuntos Exteriores lleva tiempo argumentando que sería imposible aplicar una prohibición del comercio con los asentamientos. El «impacto significativo», tal y como, según se informa, están diciendo los diplomáticos británicos a Washington, será prácticamente inexistente.
Razonamiento deshonesto
Del mismo modo, los asesores del primer ministro británico, Andy Burnham, han estado restando importancia al asunto ante los diputados laboristas.
La noche anterior al discurso de Miliband el programa Newsnight informó de que se había comunicado a los diputados de a pie que el Gobierno evitaría cuidadosamente cualquier eco de la demanda palestina, que viene de lejos, de boicot, desinversión y sanciones (BDS) tanto contra Israel como contra los asentamientos.
Hace una década Burnham describió el movimiento BDS —respaldado por miembros destacados de la sociedad civil palestina— como «rencoroso». Durante su discurso, Miliband también se esforzó por destacar su oposición «incondicional» al BDS.
Pero hay algo fundamentalmente, y de forma evidente, deshonesto en este planteamiento. Se está diciendo a la opinión pública británica que el Reino Unido debe tomar «medidas decisivas» en forma de sanciones contra los asentamientos de Cisjordania, mientras que a Israel no se le toca en absoluto. Y el Gobierno justifica sus medidas, muy limitadas, alegando que los asentamientos son la principal amenaza para una solución de dos Estados. Pero ninguno de estos argumentos tiene el más mínimo sentido.
Una de las principales preocupaciones del Gobierno británico es la reciente decisión de Israel de impulsar un gran proyecto de asentamiento denominado E1, en territorio palestino cercano a Jerusalén. Se considera el último clavo en el ataúd de la creación de un Estado palestino.
La verdad, sin embargo, es que Israel lleva décadas ampliando sus asentamientos ilegales en Cisjordania, utilizando milicias armadas para expulsar a los palestinos de sus tierras. Esto no es nada nuevo.
Si el Reino Unido se tomara realmente en serio castigar a Israel por sus violaciones de la ley, habría «reiniciado» las relaciones por el asunto aún más grave de que Israel haya arrasado Gaza y haya asesinado y mutilado a decenas de miles de niños en los últimos tres años.
Resulta bastante absurdo que el Gobierno de Burnham se dedique a lamentarse públicamente por el daño que supone para las posibilidades de una solución de dos Estados la construcción por parte de Israel de 1.200 viviendas en el corazón de un futuro Estado palestino. Al fin y al cabo, Gran Bretaña acaba de pasar tres años ayudando a Israel a borrar la mitad de ese Estado potencial: la mitad que comprende Gaza.
La destrucción generalizada por parte de Israel de ese diminuto enclave debería ocupar un lugar central en cualquier justificación para un cambio de política, si Burnham realmente tuviera la intención de castigar a Israel y poner fin a la complicidad británica. En cambio, el genocidio de Israel ha quedado relegado a un segundo plano, mientras que el foco de atención se centra en la violencia de los colonos, algo que viene de muy lejos.
Esto no es una «acción decisiva». Se trata más bien de más cortinas de humo.
No hay un Israel «respetuoso con la ley»
Aún más preocupante es que el Reino Unido pueda, de hecho, ayudar a Israel al reforzar una distinción ridícula entre los asentamientos «ilegales», por un lado, y un Israel supuestamente «respetuoso con la ley», por otro.
El efecto será sugerir, de forma totalmente falsa, que los asentamientos son, de algún modo, independientes del propio Israel. Pero es Israel quien establece los asentamientos en las tierras palestinas robadas. Es Israel quien les proporciona infraestructuras, desde carreteras y electricidad hasta colegios y transporte público.
Es Israel quien anima a los judíos a trasladarse a los asentamientos ilegales mediante ayudas para la vivienda y otras subvenciones. Es Israel quien envía soldados para proteger los asentamientos y aplastar cualquier oposición por parte de los palestinos.
Y es Israel quien arma a las milicias de colonos para aterrorizar a los palestinos y expulsarlos de las tierras que Israel desea para seguir con su colonización.
Es el Estado israelí —que se esconde tras su autoproclamada condición de «judío»— el responsable de este proceso de limpieza étnica que se prolonga desde hace décadas, diseñado para erradicar cualquier posibilidad de que surja un Estado palestino.
A pesar de las referencias de Miliband a la «conducta del Gobierno israelí» —en alusión al Gobierno de extrema derecha del primer ministro Benjamin Netanyahu—, existe un apoyo multipartidista en Israel a la expansión de los asentamientos y al bloqueo a la creación de un Estado palestino.
Yair Lapid, líder de la oposición israelí, considerado de centroizquierda en Israel, arremetió contra las sanciones del Reino Unido contra los asentamientos, calificándolas de «impulso para Hamás y las organizaciones terroristas».
Si Gran Bretaña quiere poner fin a los criminales asentamientos, debe aplicar sus medidas no solo contra estos síntomas visibles de la ocupación, sino contra la causa fundamental: el Estado israelí.
Aliado del apartheid
Sin lugar a duda, el discurso de Miliband ante la Cámara de los Comunes tuvo aspectos positivos, entre los que destaca la decisión del Gobierno de aceptar por fin un fallo de 2024 de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) según el cual la ocupación israelí del Estado de Palestina es en sí misma ilegal, y no solo los asentamientos.
Su uso del término «limpieza étnica» en referencia a Cisjordania —aunque, al parecer, no a Gaza— sienta un precedente que ya está animando a algunos periodistas destacados a alzar la voz contra la ocupación, aunque sea muy tarde.
El hecho de que el Gobierno haya incluido en sus medidas la ampliación de la financiación de los servicios financieros le proporciona una herramienta potencial para sancionar a las empresas extranjeras y a los bancos israelíes que operan en el Reino Unido, en caso de que desee utilizarla.
Hubo franqueza en la descripción que hizo Miliband de los colonos que actualmente llevan a cabo pogromos en las comunidades palestinas de toda la Cisjordania ocupada, a los que calificó de «terroristas». Ese lenguaje suena audaz solo porque todos los gobiernos británicos anteriores han evitado nombrar una realidad de larga data.
Sin embargo, Miliband restó importancia al hecho de que todos los gobiernos israelíes hayan respaldado a estos colonos terroristas. Para Miliband resultó una ficción conveniente sugerir, en cambio, que la violencia se debía en gran medida a que el gobierno de extrema derecha de Netanyahu hacía «la vista gorda» ante esta criminalidad.
Otros aspectos del discurso de Miliband resultaron aún más preocupantes. Declaró que su «apoyo al Estado de Israel era inquebrantable».
Pero la CIJ, el tribunal más alto del mundo, también concluyó en 2024 que Israel había impuesto un sistema de apartheid sobre el pueblo palestino durante más de medio siglo. ¿Cómo puede el Reino Unido pretender situarse en una posición moral superior y llevar a cabo un «reinicio» de las relaciones, cuando expresa un «apoyo inquebrantable» a un Estado israelí que practica el apartheid?
Miliband también afirmó: «Nuestra discrepancia no es con el pueblo de Israel, con el que el Reino Unido mantiene lazos inquebrantables. Nuestra discrepancia es con la conducta de su Gobierno».
Pero, si seguimos manteniendo «lazos inquebrantables» con el pueblo de Israel, ¿cómo podemos presionar a esa sociedad —inmersa en la ideología supremacista judía del sionismo— para que deje de elegir, año tras año, década tras década, gobiernos que persiguen la limpieza étnica de los palestinos de su patria histórica?
Encuesta tras encuesta se pone de manifiesto que la población judía de Israel se opone de forma abrumadora a la creación de un Estado palestino —el objetivo explícito de la nueva política de sanciones británica— y está a favor de la expulsión de los palestinos de todas las partes de su patria. En pleno genocidio de Gaza, casi la mitad de los israelíes se mostró a favor de exterminar a toda la población del enclave, incluidos los niños.
¿Cómo se habría puesto fin al apartheid en Sudáfrica si el Reino Unido y otros Estados occidentales hubieran preferido mantener «lazos inquebrantables» con la población blanca, en lugar de imponer boicots y sanciones a toda la sociedad?
El objetivo de Miliband es tratar a Israel como algo independiente de sus milicias de colonos y de los miembros más fanáticos del actual Gobierno —figuras como el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, y el ministro de Hacienda, Bezalel Smotrich—.
Pero se trata de una distinción sin una diferencia significativa. Considera erróneamente que la violencia burda, abierta y a escala relativamente pequeña de los terroristas colonos es categóricamente más importante que la violencia controlada, encubierta, gradual y a una escala mucho mayor ejercida contra los palestinos por todos los gobiernos a lo largo de la historia de Israel.
La culpa no recae en unos pocos elementos rebeldes de los asentamientos, sino en el conjunto de una sociedad que ha optado por el apartheid, la limpieza étnica y, finalmente, el genocidio como «soluciones» para acallar la reivindicación del pueblo palestino nativo de soberanía sobre parte de su patria histórica.
El elefante en la habitación
El elefante que arrasa la habitación, aquel que se supone que debemos ignorar, son los tres años de complicidad del Reino Unido en la destrucción de Gaza.
El Partido Laborista ha quemado su credibilidad en la cuestión moral más importante de la política exterior de nuestro tiempo al permitir que Gran Bretaña colabore activamente en las atrocidades israelíes. El nuevo primer ministro entiende este problema de sobra.
Poco antes de tomar el relevo de Keir Starmer, Burnham publicó una disculpa pública a través de las redes sociales en un intento por distanciarse de su predecesor.
En un monólogo de tres minutos ante la cámara, expresó un vago arrepentimiento por el hecho de que el Partido Laborista «se hubiera equivocado» con respecto a Gaza, sin especificar en qué. Señaló débilmente que «parece que se han cometido» crímenes de guerra y lamentó el sufrimiento «humanitario» de los palestinos en el enclave.
Burnham también comprometió al Reino Unido a defender la visión de una solución de dos Estados, con un Estado palestino junto a un Estado judío autoproclamado. Pero Starmer le robó a Burnham el protagonismo al reconocer la condición de Estado de Palestina hace casi un año —aunque, como era de esperar, la declaración tuvo un efecto insignificante—.
Ese reconocimiento —aclamado también como trascendental— ha resultado ser totalmente irrelevante. Tanto es así que, como señaló en un correo electrónico John Whitbeck, asesor jurídico desde hace mucho tiempo de los negociadores palestinos, Miliband se refirió repetidamente a la violencia de los colonos en los «territorios ocupados» en lugar de —como debería dictar la política oficial del Reino Unido— al «Estado ocupado de Palestina».
Con el congreso del Partido Laborista a la vuelta de la esquina, Burnham necesitaba sacar su propio conejo de la chistera para demostrar su seriedad. Lo encontró en las sanciones comerciales contra los asentamientos de la Cisjordania ocupada. Aparentemente castigan a Israel, aunque tienen un impacto práctico mínimo.
Burnham considera que la ruidosa reacción de Israel, de la Administración Trump y de los numerosos defensores de Israel en el país le ayudará a recuperar a los votantes de izquierda que Starmer ha ahuyentado del Partido Laborista y que se han refugiado en el Partido Verde de Zack Polanski. Esos votantes son necesarios para que Burnham y el Partido Laborista tengan alguna posibilidad de ganar las próximas elecciones generales.
Pero, al mismo tiempo, la falta de verdadero rigor en las sanciones de su Gobierno contra los asentamientos está pensada para evitar represalias significativas por parte de Washington. Eso podría explicar la respuesta inesperadamente tibia del secretario de Estado Marco Rubio inmediatamente después del discurso de Miliband.
Papel activo en el genocidio
Burnham sabe que tiene que dar la impresión de que está haciendo algo. Y hay indicios de que la opinión pública británica podría dejarse llevar por todo el revuelo que han suscitado sus sanciones a los asentamientos y llegar a creer que se han tomado medidas significativas.
Una encuesta de opinión publicada esta semana muestra que casi la mitad de los británicos está a favor de una prohibición comercial de los productos de los asentamientos, mientras que solo el 18% se opone. Pero, lamentablemente, el discurso de Miliband dio toda la impresión de que prefería cambiar la retórica —y la imagen— en lugar de la esencia de la política exterior británica hacia Israel.
Miliband se refirió al «trauma y sufrimiento más inimaginables» de los palestinos de Gaza, como si hubieran sufrido una catástrofe natural en lugar de una campaña de genocidio por parte de Israel. Reconoció un «profundo sentimiento de vergüenza» por el hecho de que la comunidad internacional no hubiera actuado antes, al tiempo que ignoraba el papel activo que Gran Bretaña desempeñó —y sigue desempeñando— en el genocidio de Gaza.
Es posible que el Reino Unido prohíba pronto a las tiendas británicas vender vino «israelí» procedente de viñedos cultivados en tierras palestinas robadas. Pero Gran Bretaña sigue proporcionando el comercio y los servicios que necesita Israel para seguir borrando del mapa el diminuto enclave de Gaza, donde unos dos millones de palestinos supervivientes se ven ahora confinados en menos de un tercio de sus ruinas.
El Reino Unido sigue vendiendo armas a Israel, incluidos componentes para sus aviones de combate F-35 y sus drones de ataque. Gran Bretaña sigue transfiriendo armas estadounidenses y alemanas a través de una base de la Fuerza Aérea Real en Chipre, además de realizar vuelos de vigilancia sobre Gaza y proporcionar información de inteligencia a Israel.
El Reino Unido sigue guardando silencio mientras Washington libra una guerra contra la Corte Penal Internacional por intentar que Israel rinda cuentas por los crímenes de una ocupación a la que el Gobierno de Burnham dice querer poner fin.
Gran Bretaña guarda igualmente silencio ante los continuos abusos que comete Estados Unidos contra la experta de las Naciones Unidas en los territorios ocupados, Francesca Albanese.
En el ámbito nacional, el Gobierno sigue considerando ilegal, como organización terrorista, a Palestine Action, y detiene y encarcela a quienes protestan con demasiada vehemencia contra la complicidad británica en el genocidio.
Por el contrario, ese mismo Gobierno se niega a investigar las acciones de ciudadanos británicos —al menos 2.000 de ellos— que, según se informa, participaron o colaboraron en el genocidio de Gaza. Estos siguen entrando y saliendo libremente del Reino Unido.
Los grupos de presión proisraelíes en Gran Bretaña, vergonzosamente siempre dispuestos a excusar los crímenes de Israel e incitar contra los palestinos, siguen atrayendo como miembros a políticos británicos, incluidos ministros del Gobierno laborista.
Si Burnham se tomara realmente en serio el cambio de las relaciones de Gran Bretaña con Israel, todo esto tendría que abordarse, en lugar de barrerse bajo la alfombra. Su «acción decisiva» respecto al comercio con los asentamientos es, en realidad, una tapadera para la continua «inacción decisiva» del Gobierno ante los crímenes genocidas de Israel y la complicidad británica en los mismos.
Un subtexto espeluznante
Pero hay un último y espeluznante subtexto en el discurso de Miliband que no debe pasar desapercibido.
Al intentar desesperadamente mantener viva la solución de dos Estados de Occidente, el Gobierno de Burnham no solo está ignorando la realidad: el hecho de que no hay ningún interlocutor en Israel —elegible o no— para llevar a cabo tal visión.
Burnham y Miliband también insisten, en el caso totalmente improbable de que se pueda arrancar un Estado palestino a Israel, en que se exija al pueblo palestino que haga las paces con un Estado racista, fuertemente militarizado y sin remordimientos, que recientemente ha cometido un genocidio en Gaza.
Al parecer, ninguno de los once Estados que se han sumado esta semana al Reino Unido para sancionar los asentamientos puede imaginar que los palestinos lleguen a vivir alguna vez en algo más que un pequeño pseudo-Estado desmilitarizado y económicamente dependiente, sin una elección real de sus líderes ni control sobre sus fronteras y su economía.
Del mismo modo, no se sugiere en absoluto que un Estado israelí vecino, con un territorio reducido, tenga que reformarse ideológicamente, ni que se le obligue a participar en ningún tipo de proceso de verdad y reconciliación, ni que se le impongan sanciones hasta que reconozca sus errores.
La ideología supremacista judía del sionismo, la lógica deshumanizadora de la mentalidad colonialista de los colonos israelíes y el fundamentalismo religioso de amplios sectores de la población israelí —todos ellos elementos fundamentales para la justificación del genocidio de Gaza— seguirían sin cuestionarse.
Según este punto de vista, parece que los impulsos arraigados hacia el apartheid y el genocidio simplemente se evaporarían, mientras Occidente sigue complaciendo todos los caprichos de Israel.
Esta no es una receta para la paz, ni siquiera de las más imperfectas. Es una exigencia de que el cordero palestino siga conviviendo con el lobo israelí.
La verdad que el Gobierno de Burnham se niega a afrontar, al igual que todos los gobiernos anteriores, es que la paz no llegará por arte de magia con la creación de un Estado palestino. Un Estado palestino —o, más probablemente, un único Estado que acoja tanto a palestinos como a judíos israelíes— solo podrá surgir cuando Israel haya sido desmantelado como Estado colonialista de asentamientos fuertemente armado, tal y como ocurrió con el apartheid en Sudáfrica.
La sociedad israelí tendrá que ser reeducada mediante un doloroso proceso de verdad y reconciliación, tal y como ocurrió también en la Sudáfrica del apartheid. Habrá que obligar a los israelíes a afrontar los hechos sobre un siglo de atrocidades cometidas contra el pueblo palestino autóctono.
Gran Bretaña no se plantea hacer nada de esto, porque las pistas que revelan los crímenes de Israel y del movimiento sionista conducirían directamente a la puerta del número 10 de Downing Street y a otras potencias occidentales.
Israel no es ningún monstruo de Frankenstein. Está haciendo exactamente aquello para lo que fue creado: servir como un implante colonial occidental —un Estado fortaleza militarizado— que proyecta su poder en el Oriente Medio, rico en petróleo.
Israel no quiere ser nada menos que eso y, retórica aparte, la clase dirigente británica no está dispuesta a tomar ninguna medida concreta para ponerlo en su sitio.
Jonathan Cook es autor de tres libros sobre el conflicto palestino-israelí: Blood and Religion: The Unmasking of the Jewish State (2006), Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (2008) y Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair (2008). Ha ganado el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Vivió en Nazaret durante veinte años, de donde regresó en 2021 al Reino Unido. Sitio web y blog: www.jonathan-cook.net
Texto original: Middle East Eye, traducido del inglés por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/09/12/la-prohibicion-britanica-del-comercio-con-los-asentamientos-para-que-surta-efectos-debe-sancionar-a-israel/
Juan José Tamayo, teólogo: “Jesús de Nazaret fue una persona vulnerable, frágil, para nada un héroe, más bien un fracasado”
Juan José Tamayo, teólogo:
“Jesús de Nazaret fue una persona vulnerable, frágil, para nada un héroe, más bien un fracasado”
El venerable profesor, en vísperas de cumplir 80 años, se confiesa en EL PAÍS sobre Dios, Jesús, las traiciones del cristianismo y política: “Ha surgido una nueva religión con cada vez más seguidores: el cristoneofascismo”
El Nobel de Literatura José Saramago y el teólogo Juan José Tamayo salen juntos del Hotel Los Seises de Sevilla. A las nueve en punto pasan delante de la Giralda y empiezan a repicar las campanas.
–Tocan las campanas porque pasa un teólogo –murmuró Saramago.
–No –respondió Tamayo–, tocan las campanas porque un ateo confeso y convicto está a punto de convertirse al cristianismo.
–Ah, de eso nada. Ateo he nacido, ateo he vivido y ateo moriré, y lo podrás comprobar porque eres mucho más joven que yo.
Tamayo replicó con una definición de Dios: “Dios es el gran silencio del universo, y el ser humano el grito que da sentido a ese universo”. Saramago saltó como un resorte: “¡Esa definición es mía!”.
–Por eso la he citado. Y esa definición está más cerca de un místico que de un ateo. O quizá místicos y ateos tienen más relación de lo que parece. No se olvide de que el gran místico Maestro Eckhart define a Dios como “la Nada” y Juan de la Cruz dice que a Dios se le encuentra en el vacío y la desnudez.
“La conversación duró apenas dos minutos. Son testigos Pilar del Río y la pintora Sofía Gandarías”, concluye Juan José Tamayo (Amusco, Palencia, 79 años), una de las figuras más relevantes de la teología contemporánea en lengua española, autor de más de 50 libros —también articulista de medios como EL PAÍS— y de expediente académico abrumador, como abrumadoras han sido sus disputas con el Vaticano y la Iglesia española. “No es posible ser teólogo sin ser heterodoxo”, escribe a este periodista después de la entrevista. “Lo decía el filósofo de la esperanza alemán Ernst Bloch: ‘Lo mejor de las religiones es que crean herejes’ y antes Pablo de Tarso: ‘Conviene que haya disensiones para que resplandezca la verdad’.
El profesor vive en Cadalso de los Vidrios (Madrid) desde la pandemia, donde enfermó de gravedad. En los dos últimos años ha publicado dos ensayos, Cristianismo radical (Trotta) y Política y religión (Tirant).
Pregunta. Mal nombre “cadalso” para un teólogo en la lista negra.
Respuesta. Peor sería en el siglo XVI. Como heterodoxo, hubiera corrido peligro mi vida y posiblemente mi cuerpo hubiera servido para las llamas.
P. A las llamas metafóricas lo arrojaron en 2003.
R. Siempre he tenido la censura delante de mí: en 1976 el Tribunal de Orden Público condenó y secuestró mi libro Por una Iglesia del pueblo. Y en 2003 la Congregación para la Doctrina de la Fe que dirigía Ratzinger antes de ser Papa se cebó en mi libro Dios y Jesús. Es uno de los libros más espirituales y religiosos que he escrito, pero la sentencia ya estaba dictada previamente por unos artículos que publiqué en EL PAÍS con motivo de la canonización de Escrivá de Balaguer. Llevaron enseguida mi último libro a Roma y allí fue objeto de condena y censura severa. Yo presentaba la imagen de Jesús de Nazaret de otra manera: como un hombre libre que realizó prácticas de liberación. Por eso lo mataron, y la resurrección es el triunfo de la justicia. Esa es básicamente la síntesis del libro.
P. Jesús fue mucho más incómodo que el cristianismo que después se construyó alrededor de él.
R. Sin duda, porque el cristianismo de Jesús es un movimiento igualitario de hombres y mujeres, un discipulado en el que las mujeres tuvieron un importantísimo protagonismo. La ética de Jesús de Nazaret es una ética radical. Él es una persona vulnerable, frágil, para nada un héroe; es más bien un fracasado. Y el fracaso se muestra en el final de su vida. Fue procesado, condenado y ejecutado como subversivo. Esta imagen de Jesús de Nazaret, que es el punto de partida o el origen del cristianismo, muy poco tiene que ver con el cristianismo posterior. Una de las claves fundamentales de la ética de Jesús es la opción por las personas más vulnerables, por los colectivos oprimidos.
P. Pero el Vaticano…
R. Durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI se produjeron numerosísimas condenas contra teólogas y teólogos que hicieron esta opción por los pobres y no he conocido en esos 33 años una sola condena contra teólogos que optaron por los ricos. También el estilo de vida de Jesús nada tiene que ver con el estilo de vida de nuestros jerarcas: una vida itinerante, una austeridad compartida, sin posesiones, sin seguridad, sin hogar. Podríamos decir que perteneció al colectivo de lo que hoy llamamos sinhogarismo. Y hay algo clave que no practica en este momento la jerarquía católica: la incompatibilidad que Jesús establece entre servir a Dios y al dinero.
P. Cumple 80 años el 7 de octubre. Su biografía académica, teológica y divulgativa es apabullante. ¿Por qué la teología?
R. El gran empeño de mi madre fue siempre que los hijos consiguieran una educación y se acercaran al mundo de la cultura al que ella no pudo acceder. En 1957 me mandó al seminario por eso. Estudié humanidades, filosofía y teología. La teología que estudié allí fue más bien escolástica. Pregunté al profesor de Teología el primer año: “¿Qué es un teólogo?”. Y me dijo: “Un teólogo es una persona muy sensata y sesuda que pasa toda una vida encerrado entre libros intentando dar respuestas precisas y exactísimas a preguntas que nadie se plantea”.
P. ¿Qué respondió?
R. Nada. Tenía 18 años y mi primer impulso fue coger el tren, ir a mi pueblo, a 20 kilómetros de Palencia, y subirme al tractor de mi padre para trabajar la tierra. Pero muy pronto me acerqué a la Teología de la Liberación, en la que estoy ahora ubicado. Allí me encontré con otra definición de teología que me agradaba más, la de Gustavo Gutiérrez: “La reflexión crítica sobre la praxis histórica a través de la fe”.
P. Y eso le cambia la vida.
R. Descubrí que en el principio del cristianismo no existían los dogmas, sino el mensaje de Jesús de Nazaret, la liberación de los pobres. Esa es la clave de mi orientación a la teología, que se convirtió en una teoría crítica de la religión y en una fuerza de lucha contra la injusticia.
Un profesor de Teología me decía que si se hubieran presentado 4.000 paparazis en el momento de la resurrección, la foto habría salido totalmente borrosa”
P. Mire atrás, muy atrás: ¿cuál es la mayor traición histórica del cristianismo a Jesús?
R. La alianza entre el trono y el altar a partir del siglo IV: ahí se produce esa identificación entre el poder político y el poder religioso.
P. ¿Qué ocurrió?
R. Esa alianza constituye un falseamiento del conflicto que Jesús de Nazaret y los primeros seguidores y seguidoras tuvieron con el poder. De la liberación se pasa al dogma; de la presencia y protagonismo de las mujeres en el movimiento de Jesús y en los primeros siglos de la Iglesia se pasa a la discriminación de las mujeres y a su exclusión de los espacios de responsabilidad; y de la Iglesia como comunidad de iguales se pasa al clericalismo, un fenómeno en el cual los jerarcas, todos ellos varones, ejercen todos los poderes y desposeen a la comunidad cristiana de cualquier tarea activa y de cualquier responsabilidad en la marcha de la Iglesia.
P. No duda de la existencia de Jesús. ¿Tampoco de la resurrección?
R. De su existencia no hay dudas por las aportaciones y los testimonios de historiadores romanos y, por supuesto, de los Evangelios, que son testimonios de la relación con él. La resurrección, sin embargo, no es un hecho empíricamente verificable. Un profesor de Teología de mis primeros años de seminario decía: “Si se hubieran presentado 4.000 paparazis en el momento de la resurrección, la foto que hubiera aparecido estaría totalmente borrosa”. Porque no es la reanimación de un cadáver. No es la vuelta a la vida de la figura de Jesús de Nazaret cuando existió en Galilea, en Israel, sino la experiencia que viven algunos de los grupos que le acompañaron: que la vida ha triunfado sobre la muerte y que los verdugos no han triunfado sobre su víctima.
P. Cuando reivindica el carácter feminista o igualitario del movimiento de Jesús, hay un dato: tuvo 12 apóstoles y los 12 eran hombres. ¿Corremos a veces el riesgo de convertir a Jesús en feminista porque necesitamos que lo sea?
R. No, para nada. Jesús no fue feminista porque el feminismo y los movimientos de liberación de las mujeres son mucho más posteriores, arrancan hace tres siglos. Pero la vida de Jesús y su relación con las mujeres se corresponde con la propuesta de liberación de las mujeres que hace el feminismo. Ahora mismo hay una reflexión muy potente dentro de la Iglesia católica que es la teología feminista. Y el cristianismo feminista tiene su base en la incorporación que hace Jesús de Nazaret de las mujeres a su movimiento en igualdad de condiciones con los varones. Una gran biblista y teóloga feminista alemana arraigada en Estados Unidos, Elisabeth Fiorenza, dice que las mujeres en el movimiento de Jesús tuvieron un protagonismo en la solidaridad desde abajo. En muchos relatos evangélicos se habla de los discípulos liderados por Pedro, Santiago y Juan y, al mismo tiempo, de mujeres que le acompañaban en el anuncio del Reino de Dios, le seguían y le apoyaban.
P. Esto choca con lo que hoy es la Iglesia católica.
R. Es una patriarquía donde el poder absoluto lo tienen los varones con las mujeres sometidas. Son excluidas de los ministerios sacerdotales, de los espacios donde se toman las grandes decisiones y del acceso directo a lo sagrado: para acceder a lo sagrado y a Dios necesitan la mediación de los varones. En el cristianismo originario no fue así. Las comunidades que crea Pablo de Tarso en la cuenca mediterránea son comunidades que en muchos casos tenían un liderazgo femenino.
P. Si el cristianismo debe combatir el capitalismo, el patriarcado, el racismo o la desigualdad, ¿cuándo deja de ser una religión y pasa a ser un programa político?
R. Lo que más me preocupa es que ha surgido una nueva religión con cada vez más seguidores: el cristoneofascismo. Es la alianza y la complicidad entre la extrema derecha y parte de la derecha política, social y cultural, y los movimientos cristianos fundamentalistas dentro de la Iglesia evangélica protestante y los movimientos integristas dentro de la Iglesia católica.
La figura física del diablo no existe, pero sí sus representaciones. Por ejemplo, en Netanyahu y en Trump, que hacen una interpretación belicista, antiinmigrante y antisolidaria de los textos de la Biblia hebrea y de la Biblia cristiana
P. ¿Usted se ha indignado alguna vez con Dios?
R. Sí. Pero la indignación con Dios no tiene su origen en mi actitud, sino en Jesús de Nazaret. La relación que Jesús tiene con Dios es de padre y madre. La palabra que utiliza para relacionarse con Dios es Abba, una palabra aramea que significa padre y madre. Es una relación de confianza, familiaridad y cariño. Experimenta a Dios como una persona de quien podía fiarse plenamente. Él era el centro, el horizonte de su proyecto liberador y quien daba sentido a la vida. No era el Dios lejano sino el Dios de la esperanza, el Dios abogado de los pobres, el Dios compasivo, y nada había que le separara de él. ¿Qué pasa en los momentos cruciales del final de la vida de Jesús? Que, llegado el momento de la prueba y la persecución en Getsemaní, siente verdadero pavor, angustia y una profunda tristeza. Y entonces se dirige a Dios con la misma confianza pero en una actitud de súplica y de indignación: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, tomando las palabras de un salmo de la Biblia hebrea. Jesús le pide cuentas a Dios por haberle abandonado.
P. Duro.
R. Hay una crisis de fe y de esperanza de Jesús. Un momento en el que toca fondo y en el que, como dice el gran teólogo alemán Jürgen Moltmann, sintió desesperación. Esa es la gran paradoja que vive Jesús de Nazaret en los momentos finales: después de una relación tan estrecha y directa con Dios, que le dio la fuerza para proponer una nueva religión liberada de la ortodoxia judía, Dios le deja en total soledad.
P. Y se enfada.
R. Con todos. Con las autoridades religiosas, económicas y políticas; incluso con sus discípulos, que no acaban de entender cuál es su proyecto de liberación y cuál es su imagen del Reino de Dios, que no es la de un líder triunfante, sino la de una persona totalmente fracasada. La pregunta es: ¿dónde está Dios en medio de tantas catástrofes en las que quienes sufren son los pueblos, los sectores más marginados y empobrecidos? ¿Dónde está Dios? De ahí la crítica que hacemos a la omnipotencia de Dios. ¿Cómo puede Dios ser todopoderoso, omnipotente, omnisciente, omnipresente, y no actuar ante situaciones de destrucción de la naturaleza y de la vida de los sectores más empobrecidos y de las mayorías populares?
P. ¿Y dónde está?
R. Elie Wiesel estuvo en los campos de concentración de Auschwitz y también se preguntaba dónde estaba Dios. Cuenta una escena en la que están siendo crucificadas tres personas y alguien de la multitud pregunta: “¿Dónde está Dios?”. Y la respuesta es: “Dios está con las víctimas que están siendo crucificadas”. Esa es mi idea del pueblo crucificado, Jesús crucificado, el Dios crucificado, que es el que nos libera de nuestro estado confortable, de una actitud egoísta que nos impide ver el sufrimiento de los demás seres humanos.
P. Hábleme del diablo.
R. Su figura física no existe, pero sí tiene sus representaciones. Hoy está representado en los oligarcas, en los plutócratas y en los nuevos teólogos del neofascismo. Ahí está la diablura representada, por ejemplo, en Netanyahu y en Trump. Yo defino a Netanyahu y a Trump como los teólogos del neofascismo, que hacen una interpretación belicista, antiinmigrante y antisolidaria de los textos de la Biblia hebrea y de la Biblia cristiana. Ahí encuentro encarnado al diablo
"México no se doblega, arrodilla o vende", asegura Sheinbaum
Mundo Sputnik
"México no se doblega, arrodilla o vende", asegura Sheinbaum
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, afirmó que la nación latinoamericana nunca estará bajo las órdenes de otro país.
"México no será nunca colonia, ni protectorado de nadie. México no se doblega, no se arrodilla y nunca se vende", dijo durante su discurso en el desfile que conmemora el inicio de la Independencia nacional.
Asimismo, la mandataria resaltó que el pueblo mexicano "es noble, valiente y trabajador" y que el Estado no se explica "sin su lucha constante por la soberanía".
Previamente, Sheinbaum resaltó que la lucha de Independencia se forjó "con la resistencia indígena que durante tres siglos de colonia defendió su lengua, su cultura, su forma de vida y organización. Así, nuestra independencia surgió como una causa popular".
miércoles, 16 de septiembre de 2026
Cómo redefine Ansarullah la guerra moderna Informe especial: Yemen y la paradoja de la asimetría
Recomiendo:
Cómo redefine Ansarullah la guerra moderna
Informe especial: Yemen y la paradoja de la asimetría
Por «Ali Reza» Peralta | 16/09/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Rebelión
En el panorama de la geopolítica contemporánea, el conflicto en Yemen -y específicamente el accionar del movimiento Ansarullah- ha desafiado todos los manuales de la guerra moderna. Para los analistas de defensa, la capacidad de este grupo para resistir, contraatacar y poner en jaque a coaliciones y fuerzas marítimas con una abrumadora superioridad en armamento y tecnología constituye un fenómeno de estudio militar altamente complejo.
Este informe desglosa los factores que explican cómo una fuerza teóricamente inferior sostiene un desafío de tales proporciones, ahora con las voces directas de sus protagonistas.
La ecuación del costo: la guerra asimétrica como doctrina de Estado
Ansarullah no compite en el campo de batalla convencional. Ha perfeccionado la guerra de desgaste.
Su lógica es de costo-efectividad, utilizar drones de bajo costo y misiles antibuque adaptados para neutralizar o evadir sistemas de defensa que cuestan millones de dólares por cada intercepción. Su estructura descentralizada y el uso del terreno montañoso y accidentado de Yemen anulan gran parte de la ventaja de la vigilancia satelital y los bombardeos de alta precisión.
Esta no es una táctica improvisada, sino una estrategia coordinada a nivel regional. El propio líder del movimiento, Abdul-Malik al-Houthi, afirmó que el grupo está preparado para cualquier escalada y que se está «coordinando estrechamente con sus aliados regionales en relación con los acontecimientos en Líbano y los acontecimientos en la República Islámica de Irán».
El factor moral: la fe como centro de gravedad del Eje
El segundo pilar es el moral. Yemen es históricamente el «cementerio de los imperios» porque la resistencia a la intervención extranjera es identidad nacional.
El Eje de la Resistencia reconoce este factor como doctrina oficial.
El líder mártir de Irán, el Ayatolá Alí Jamenei, lo definió con claridad teológica: «Yemen lucha porque tiene fe. Hizbullah lucha porque el poder de la fe lo lleva a actuar. Hamás y la Yihad [islámica] luchan porque sus creencias los impulsan».
Jamenei rechazó el relato de «proxies» para explicar la autonomía, cuando sostuvo que «la nación yemení tiene su propia motivación y los grupos de resistencia de la región tienen sus propias motivaciones. Irán no necesita aliados». Y al mismo tiempo, celebró su accionar en el Mar Rojo, aplaudiendo los ataques y expresando su deseo de que «continúen hasta lograr la victoria» frente a Israel.
El admirado Secretario General de Hizbullah, el maestro de los mártires, Sayyed Hassan Nasrallah, aportó la visión geoestratégica. Agradeció públicamente a las «fuertes y valientes» fuerzas respaldadas por Irán en Yemen e Irak por haberse involucrado en la guerra y años antes había elogiado la «firmeza» del pueblo de Yemen.
Para Nasrallah, el efecto de Ansarullah fue transformar el mapa marítimo mundial al sostener que «el mar se ha convertido en un campo de batalla de misiles, drones y buques de guerra». Y advirtió que los ataques estadounidenses en el Mar Rojo «perjudicarán la seguridad de toda la navegación marítima».
Esta resiliencia bajo asedio es celebrada por todo el Eje de la Resistencia. Uno de los asesores del Líder Supremo iraní, Mojtaba Jamenei, calificó el reciente avance hutí en Bab el-Mandeb como «contundente victoria de Ansarullah», mientras la Guardia Revolucionaria iraní lo celebró como una «victoria divina».
La voz de los arquitectos: Soleimani y Al-Houthi en primera persona
El General Mártir Qassem Soleimani, el Arquitecto Estratégico.
Soleimani fue quien inscribió a Yemen en la doctrina de exportación de la Revolución. En 2015 en Kermán, declaró: «Hoy estamos viendo los signos de la exportación de la Revolución Islámica en toda la región, desde Bahréin a Irak a Siria, Yemen y el Norte de África».
En 2019, tras los ataques con drones yemeníes a Aramco, elevó a Ansarullah a un nivel espiritual: «Nuestras victorias en todos los frentes estuvieron garantizadas por el apego a la cultura del Imam Husein […]. Hoy, Ansarullah en Yemen sigue el camino del Imam Husein y de su familia.»
Para Soleimani, Yemen era la prueba de que el modelo Hizbullah era replicable.
Sayyed Abdul-Malik Badr al-Din al-Houthi, la doctrina operacional.
El líder yemení ha sido explícito sobre sus objetivos y su pertenencia al frente único.
Sobre su control del Mar Rojo: «Mantenemos los ojos abiertos para vigilar y buscar constantemente cualquier barco israelí en el mar Rojo, especialmente en Bab el-Mandeb y cerca de las aguas territoriales yemeníes».
Sobre la vinculación total con Palestina: «La batalla en Yemen está completamente vinculada a lo que está sucediendo en Gaza».
Sobre su postura disuasiva actual: «Estamos manteniendo una disposición constante para intervenir de inmediato si el enemigo israelí reanuda cualquier escalada, comete actos de genocidio, impone un asedio a Gaza o niega alimentos y medicinas al pueblo de Gaza».
Y sobre la unidad del Eje, tras el martirio de Ismail Haniyeh, líder mártir de Hamas, sentenció que «debe haber una respuesta militar a estos crímenes peligrosos […] existe un consenso en tomar acciones de represalia entre los grupos que integran la alianza antiisraelí de la resistencia».
Epílogo profético: Yemen en la palabra del Profeta Muhammad (paz sea con él y su descendencia).
Para cerrar, es imposible entender la resiliencia yemení sin el sustrato espiritual que el Islam le otorga. El Profeta Muhammad mencionó a Yemen en recordados hadices. Dos de ellos son la base moral que citan los combatientes: Narró Abu Huraira que el Mensajero de Alah -la paz y las bendiciones sean con él- dijo: «La fe es del Yemen y la sabiduría es del Yemen, encontré la misericordia y buenos sentimientos en (la gente) del Yemen».
En otro relato narración dijo señalando con su mano en dirección a Yemen: «Os llegaron la gente del Yemen con el más débil de los corazones, el más delicado de los corazones; el entendimiento es Yemenita, la sabiduría es Yemenita».
Conclusión
El caso de Yemen demuestra que en los conflictos del siglo XXI la supremacía tecnológica no garantiza una victoria automática.
Si Soleimani vio en Ansarullah el camino del Imam Hussein (a.s.), Jamenei vio la fe que da la victoria, Nasrallah vio la firmeza que convirtió al mar en campo de batalla, y Al-Houthi ejecuta la batalla vinculada a Gaza es porque para el Eje de la Resistencia, Yemen no es una guerra importada. Es, como dicen los hadices, la tierra donde la fe y la sabiduría se hicieron pueblo.
Por eso un dron de bajo costo puede desafiar a una flota, porque no pelea solo con tecnología, pelea con una convicción de 1.400 años que ha transformado a este pueblo en un rival formidable que ha obligado a las superpotencias a replantear sus estrategias de control global, sin encontrar de momento respuestas frente a las victorias en el campo que vienen obteniendo los honorables resistentes del Yemen libre.
«Ali Reza» Peralta es director de la Academia del Pensamiento Estratégico y su plataforma comunicacional ApeTv.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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