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miércoles, 7 de octubre de 2026
Occidente quiere que Netanyahu se vaya para volver a matar a los palestinos con mayor discreción
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Occidente quiere que Netanyahu se vaya para volver a matar a los palestinos con mayor discreción
Por Jonathan Cook | 06/10/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Voces del Mundo
La visita relámpago de Benjamin Netanyahu a Estados Unidos la semana pasada para intervenir ante la Asamblea General de las Naciones Unidas fue una prueba más de que el primer ministro israelí es ahora un paria universal. Incluso sus aliados más cercanos le están dando la espalda.
Quizá no fuera sorprendente que 77 países, entre ellos un puñado de Estados europeos, abandonaran la sala en señal de protesta por el hecho de que a un sospechoso de crímenes de guerra buscado —un fugitivo de la Corte Penal Internacional (CPI)— se le concediera una tribuna para hablar en el escenario más importante del mundo.
Mucho más notable fue lo que ocurrió —o, mejor dicho, lo que no ocurrió— lejos de la tribuna. Netanyahu pasó apenas ocho horas en Estados Unidos antes de regresar a Israel. Cuesta creer que esa fuera su decisión.
Se le negó su habitual momento de gloria junto a Donald Trump en la Casa Blanca, y ni siquiera pudo conseguir una reunión con el secretario de Estado, Marco Rubio.
No hubo invitación para dirigirse al Congreso de Estados Unidos, con las habituales escenas de legisladores celebrando con entusiasmo su incitación contra los palestinos. El exembajador de Israel en Washington, Michael Oren, declaró a Reuters: «No recuerdo ninguna ocasión en la que el primer ministro haya venido a Estados Unidos y no se haya reunido con el presidente».
El desaire a Netanyahu contrastó radicalmente con la acogida que recibió Xi Jinping. El líder chino fue recibido personalmente en el aeropuerto por Trump con una alfombra roja y un desfile aéreo militar.
Advertencias ignoradas
La visita de Netanyahu a la ONU fue aprovechada por ambas partes —por los responsables israelíes y por los líderes occidentales— para impulsar sus agendas separadas y en conflicto.
A Netanyahu le queda un mes para unas elecciones generales muy reñidas en las que, por primera vez, se están analizando con lupa sus fallos a la hora de impedir el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Según un número creciente de informes recientes, los líderes egipcios y del Golfo le advirtieron de un acontecimiento de gran envergadura —un «terremoto»— que se avecinaba desde Gaza en los días y semanas previos a la incursión de Hamás, pero no tomó medidas.
Netanyahu había programado su discurso ante la ONU para la franja horaria de máxima audiencia en Israel, con el fin de atraer al mayor número posible de espectadores nacionales. Aprovechó la ocasión para tildar a otros líderes mundiales de «cobardes morales» e «hipócritas». Como señala el analista israelí Jonathan Ofir, Netanyahu también utilizó la tribuna de la ONU para introducir de forma encubierta una frase bíblica en hebreo que, para los oyentes de su país, estaba pensada como un mensaje subliminal: un llamamiento a que Israel llevara a cabo un genocidio hasta el final.
El objetivo de Netanyahu era demostrar a los votantes que sigue siendo una figura a tener en cuenta en la escena internacional y que solo él puede garantizar la seguridad de Israel en un mundo supuestamente sumido en un sentimiento «antisemita» y antiisraelí.
Los líderes occidentales, por el contrario, desean demostrar precisamente lo contrario, con la esperanza de apartar a Netanyahu del cargo sugiriendo a los israelíes que su líder es una figura en declive, que ha ido demasiado lejos. Que es hora de deshacerse de él.
Esto puede no resultar nada sencillo. Netanyahu es el gran superviviente político, con un mandato récord de casi dos décadas como primer ministro de su país —incluso más largo que el del padre fundador de Israel, David Ben Gurión—. Ha aprovechado ese tiempo para azuzar a gran parte de la sociedad israelí hacia un fervor cada vez mayor, ultranacionalista y genocida.
Un lastre político
La actual antipatía hacia Netanyahu en las capitales occidentales no se basa, sin duda alguna, en ningún tipo de valoración ética de las recientes acciones de Israel: una campaña genocida de tres años en Gaza; la expansión violenta de los asentamientos judíos y la limpieza étnica en la Cisjordania ocupada; el bombardeo y la limpieza étnica del sur del Líbano; y el papel protagonista del líder israelí, junto a EE. UU., en el inicio de una guerra catastrófica contra Irán, cuyas repercusiones han desestabilizado la economía mundial. Washington —con el respaldo de sus Estados clientes europeos— ha sido un cómplice acérrimo de estos crímenes proporcionando munición, información de inteligencia e influencia diplomática para ayudar a Israel a llevarlos a cabo.
Pero Netanyahu parece ahora un lastre político, incluso para Trump. El presidente de EE. UU., en caída libre en las encuestas, necesita un chivo expiatorio, y el primer ministro israelí parece ser el único adecuado para ese papel. El antagonismo es, en parte, personal.
Varios informes recientes indican que Netanyahu hizo todo lo posible para convencer a Trump, en contra del consejo de sus generales, de que lanzara una guerra ilegal y no provocada contra Irán. La promesa de una victoria decisiva convenció a Trump de que podría asegurarse un lugar en los libros de historia como el presidente que «reestructuró Oriente Medio». Una vez que Irán quedara fuera de juego, EE. UU. disfrutaría de un control indiscutible sobre el petróleo de la región. Y todo esto tendría lugar, supuestamente, semanas después de que Trump hubiera consolidado su dominio sobre el petróleo de Venezuela, tras una operación ilegal a principios de año que secuestró al presidente Nicolás Maduro.
Con la derrota de Irán y Venezuela sometida, su rival económico, China, se vería totalmente dependiente de EE. UU. para acceder al principal lubricante de la economía mundial. Trump podría evitar una confrontación militar directa con Pekín, sometiéndolo simplemente con la amenaza de cerrar el grifo del petróleo. Pero, por supuesto, nada de esto ha llegado a suceder.
Washington se encuentra ahora inmerso en una guerra imposible de ganar contra Irán, que ha dejado claro el alcance del poder de Teherán sobre el estrecho de Ormuz —y del poder paralelo de Ansar Allah, sus aliados en Yemen, sobre el estrecho de Bab al-Mandab—. Juntos, pueden infligir un daño sin precedentes a la economía mundial.
Es probable que la escalada de los precios de la gasolina en las gasolineras estadounidenses sea un factor decisivo en el colapso del voto republicano en las elecciones de mitad de legislatura de noviembre y en la probable pérdida de ambas Cámaras a manos de los demócratas, lo que convertiría a Trump en un presidente sin poder real.
Mientras tanto, la guerra ha enseñado a los Estados clientes de Washington en el Golfo que son sumamente vulnerables a cualquier represalia procedente de Teherán y de Yemen; un hecho que se les recuerda cada vez que Trump ordena otra ronda imprudente de ataques contra Irán. A pesar de todo su poderío militar, Washington ha demostrado que es incapaz de defender a sus aliados del Golfo.
A la hora de la verdad
Pero Netanyahu no se enfrenta a la hora de la verdad solo por su papel en la orquestación de una guerra desastrosa contra Irán. A pesar de los grandes esfuerzos de las clases políticas y mediáticas occidentales durante los últimos tres años, la realidad de la destrucción de Gaza por parte de Israel —y el asesinato y la mutilación de muchas decenas de miles de niños palestinos— se ha vuelto cada vez más difícil de ocultar o racionalizar.
Incluso entre aquellos sectores de la población poco interesados en los asuntos internacionales, la verdad va calando poco a poco, impulsada por las disputas en los principales espacios culturales, que se han decantado de forma concluyente en contra de Israel.
NAZA, un nuevo documental sobre Gaza realizado por cineastas israelíes, recibió una ovación de pie de 25 minutos —todo un récord— en el Festival de Cine de Venecia del mes pasado. En él soldados y agentes de inteligencia israelíes, que mantienen el anonimato, documentan con detalle cómo orquestaron un genocidio en el pequeño enclave. Está previsto que esté disponible para su visionado en streaming de forma gratuita en noviembre.
La selección de Irlanda, obligada a enfrentarse a Israel en la Liga de Naciones de la UEFA este fin de semana, no ocultó sus sentimientos. Los jugadores lucieron brazaletes negros en señal de solidaridad con las víctimas israelíes en Gaza y se negaron a dar la mano a sus rivales. El capitán irlandés, Dara O’Shea, se comprometió a donar sus ganancias del partido a causas humanitarias en Gaza.
El superestrella de la música Ed Sheeran se ha visto inesperadamente tachado de villano por no respaldar a su telonero, el rapero Macklemore, tras los comentarios de este último en contra del genocidio en Gaza. Como era de esperar, ante la amenaza de los propietarios de los estadios, partidarios de Israel, de cancelar la gira, Sheeran cedió y descartó a Macklemore. Pero Sheeran se está viendo sacudido por una reacción generalizada que, sin duda, le ha pillado por sorpresa.
Y destacados políticos británicos, como el ex primer ministro Keir Starmer y los ministros de Asuntos Exteriores David Cameron y David Lammy, se enfrentan por primera vez a un serio escrutinio crítico por parte de los medios dominantes en relación con su actuación respecto a Gaza. La semana pasada, un documental de Channel 4, titulado «Britain’s Gaza Secrets Exposed» (Los secretos británicos sobre Gaza al descubierto), reveló que las autoridades británicas habían impuesto una metodología profundamente defectuosa, al parecer para poder ignorar las crecientes pruebas de crímenes de guerra sistemáticos cometidos por Israel en Gaza. El resultado fue que pudieron eludir sus obligaciones legales de tomar medidas contra Israel, entre ellas poner fin a la venta de armas.
Oleada de repulsa
Las capitales occidentales se están dando cuenta por fin de que esta creciente ola de repulsa ante el genocidio de Gaza no puede contenerse.
En Estados Unidos, donde los políticos describen invariablemente los lazos con Israel como «inquebrantables», el 62% de los encuestados declaró a Pew en julio que tenía una opinión negativa del Gobierno de Netanyahu. Mientras tanto, una encuesta del mes pasado reveló que el 60% de los judíos estadounidenses quiere que el primer ministro israelí sea destituido en las próximas elecciones. Como señaló el periódico israelí Haaretz: «Trump es muy consciente del descenso constante y vertiginoso del apoyo a Israel entre los estadounidenses».
Por eso él y otros políticos occidentales están desesperados por replantear el debate. Señalar a Netanyahu como único responsable de las atrocidades israelíes en Gaza no les exime de culpa, ya que es evidente que han colaborado con él en cada paso del camino. En cambio, los líderes occidentales quieren desviar la atención hacia Cisjordania, donde su papel resulta más fácil de ocultar y las violaciones de la ley por parte de Netanyahu son innegables. Desde octubre de 2023, él, junto con su ministro de Hacienda, Bezalel Smotrich —que se autodenomina fascista—, han concedido tanto a las milicias violentas de colonos judíos como al ejército israelí mayor libertad para aterrorizar a las familias palestinas y expulsarlas de sus tierras, en preparación para la anexión de Cisjordania.
En el nuevo relato interesado de Occidente Netanyahu no es un paria porque la Corte Penal Internacional lo busque por crímenes contra la humanidad al someter al pueblo de Gaza al hambre. Ni porque la Corte Internacional de Justicia esté investigando actualmente a su Gobierno por acusaciones «plausibles» de que está cometiendo un genocidio en el enclave. Ni porque su Gobierno haya supervisado el asesinato de más de 21.000 niños allí —y, muy probablemente, de muchos más—. Ni porque siga violando un «alto el fuego» ficticio, en el que Israel ha matado a más de 1.400 palestinos acorralados en las ruinas de su enclave desde que supuestamente terminaron los combates. Otros 4.900 residentes de Gaza han quedado mutilados durante el mismo período. No, Netanyahu no es un paria a ojos de los líderes occidentales por ninguno de estos crímenes atroces —crímenes en los que ellos han sido plenamente cómplices—. Su delito —en el que ahora están decididos a centrar la atención— es el papel que Netanyahu ha desempeñado desde octubre de 2023 en la intensificación de la construcción y la expansión de los asentamientos ilegales en Cisjordania para expulsar a los palestinos de sus tierras.
Pero este discurso solo funciona si los políticos y los medios de comunicación occidentales ignoran deliberadamente el contexto: que, durante más de medio siglo, todos los gobiernos israelíes han promovido la expansión de los asentamientos, con el objetivo de llevar a cabo una limpieza étnica de la población palestina. Netanyahu no es una excepción en este sentido. Simplemente aprovechó la oportunidad para acelerar las expulsiones en Cisjordania aprovechando la simpatía mundial tras el ataque de un solo día perpetrado por Hamás en octubre de 2023.
«Limpieza étnica»
La explicación más probable de por qué el Reino Unido y otros once Estados occidentales, entre ellos Francia y Canadá, declararon el mes pasado su intención de imponer sanciones a los asentamientos de Cisjordania es que habían recibido por primera vez señales de la administración Trump de que ello no tendría repercusiones graves.
El nuevo Gobierno británico, liderado por Andy Burnham, también se atrevió a calificar de «limpieza étnica» lo que Israel ha hecho a los palestinos de Cisjordania. Cabe destacar, y resulta paradójico, que el Reino Unido haya evitado utilizar ese término para describir la limpieza étnica aún más descarada de Israel en Gaza: una campaña de expulsiones que, con toda claridad, ha contado con el apoyo de las bombas y la logística de Occidente. Según se informa, los funcionarios a las órdenes de Mike Huckabee, el embajador de Estados Unidos en Israel —un ferviente partidario—, redactaron una dura reprimenda en previsión del anuncio británico de sanciones. En ella se acusaba a Londres de imitar el «manual de estrategias del movimiento antisemita de boicot, desinversión y sanciones [BDS]».
Esa línea de ataque prevista, favorecida por los grupos de presión proisraelíes, fue presumiblemente la razón por la que Ed Miliband, ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, llegó a extremos tan exagerados para distanciar públicamente su nueva política del BDS. Pero, de hecho, no se materializó ningún ataque por parte de la administración Trump. En cambio, Marco Rubio, homólogo estadounidense de Miliband, declaró de forma inocua: «No tengo ningún comentario al respecto de la política de sanciones en este momento». Al día siguiente, Trump pareció ganar tiempo con una respuesta inusualmente evasiva: «Quiero averiguar por qué ha ocurrido eso [el anuncio de las sanciones del Reino Unido] de repente». Ni Trump ni Rubio han dicho nada más sustancial al respecto.
Además, hay una avalancha reciente de informaciones en los medios que sugieren que Netanyahu, personalmente, hizo caso omiso de las múltiples advertencias de Egipto y los Emiratos Árabes Unidos de que se avecinaba un ataque sin precedentes desde Gaza en los días previos a la ofensiva de Hamás del 7 de octubre de 2023. Netanyahu ha pedido a Abu Dabi que desmienta las filtraciones. Pero, hasta ahora, los EAU no han colaborado en ese sentido. Ambos países, que se encuentran entre los Estados más cercanos a Washington en la región, siempre han mostrado su deseo de evitar desafiar abiertamente a un Trump conocido por su carácter vengativo.
Teatro de distracción
Burnham señaló eEn su discurso ante la ONU el dilema al que se enfrentan los gobiernos occidentales: «Vivimos en una época de escasa confianza en la política. Si siguiéramos hablando de la solución de dos Estados, pero no respaldáramos esas palabras con hechos, esa confianza se reduciría aún más, y nuestros enemigos intentarían aprovechar el distanciamiento que se derivaría de ello».
Burnham parece ignorar la realidad: que parte de la razón por la que la confianza es tan baja es porque una sucesión de gobiernos británicos no solo ha sido cómplice del genocidio en Gaza, sino que ha detenido a quienes lo critican tachándolos de partidarios del terrorismo. Miliband demostró precisamente el tipo de hipocresía que, según había advertido Burnham, está alienando a la ciudadanía cuando declaró esta semana en el congreso del Partido Laborista —entre grandes aplausos— que «millones de personas en este país», opositores al genocidio, «tenían razón». El día anterior, decenas de manifestantes habían sido detenidos frente al recinto del congreso por sostener en silencio pancartas en las que se leía: «Me opongo al genocidio. Apoyo a Palestine Action».
Burnham y Miliband quieren quedarse con el pastel y comérselo. Ninguno de los dos ha indicado que exista intención alguna de revocar la decisión del Gobierno anterior de aplicar las leyes antiterroristas contra cualquiera que lleve un cartel de ese tipo —o que tenga «razón», como ahora admite Miliband—.
Lo que los líderes occidentales están llevando a cabo aquí es un cínico teatro de distracción. Las declaraciones del tipo «Tenías razón» y «Compartimos tu dolor», las promesas de sanciones y los llamamientos urgentes a la solución de dos Estados no son más que una demostración de activismo de postureo. Están diseñadas para desviar la indignación pública por las atrocidades de Israel de la complicidad de las capitales occidentales y dirigirla exclusivamente contra Netanyahu.
La nueva versión sugiere que los fanáticos religiosos armados de los asentamientos de Cisjordania, que se han vuelto cada vez más violentos y políticamente poderosos durante más de medio siglo —bajo sucesivos gobiernos israelíes—, son exclusivamente una creación de Netanyahu. La nueva versión sostiene que la creciente confianza de estos pogromistas, que llevan mucho tiempo trabajando codo con codo con el ejército israelí, no tiene nada que ver con el apoyo incondicional de Occidente a Israel a lo largo de muchas décadas.
Sin novedad en el frente
Sin embargo, al exculparse a sí mismos, los líderes occidentales están inventando necesariamente una nueva mentira para engañar a sus ciudadanos: una que sugiere que los «terroristas colonos» son una especie de milicia personal de Netanyahu cuyo destino depende de su mandato como primer ministro.
Lo que se da a entender con este nuevo relato es que, si Netanyahu fuera destituido del poder, surgiría un liderazgo más empático, uno que las potencias occidentales podrían fomentar para alcanzar la paz con los palestinos. Todo esto no es más que palabrería barata.
Al igual que la opinión pública israelí, los líderes de todo el estrecho espectro político sionista y supremacista étnico de Israel compartían la lógica genocida que impulsó el borrado de Gaza durante los últimos tres años. Ninguno se opuso. Todos participaron en la incitación al genocidio.
No hay esperanza de que alcancen la paz con los palestinos bajo una ocupación ilegal cuando los líderes israelíes ni siquiera permiten que sus propios «ciudadanos» palestinos —una minoría muy oprimida que constituye una quinta parte de la población de Israel— tengan una voz significativa en las elecciones generales del próximo mes. La comisión electoral central, un órgano político cuyos miembros proceden de los principales partidos de Israel, votó a favor de prohibir la candidatura de las cuatro facciones que representan a la minoría palestina.
Quienquiera que gane las elecciones del próximo mes, ya sea de nuevo Netanyahu o uno de sus rivales, mantendrá al país en la misma senda de supremacía étnica que Israel lleva siguiendo desde hace décadas. Trump, Burnham, Macron y otros líderes occidentales así lo entienden.
Quieren apartar a Netanyahu del camino, no para que se produzca un cambio real, sino simplemente para poder volver a lo que constituía la «normalidad» antes del genocidio de Gaza: un ritmo más lento y gradual hacia la erradicación del pueblo palestino. Quieren poder rebautizar el genocidio de Gaza como la locura histórica de un solo hombre, una catástrofe trágica que no se puede revertir, pero que se puede mitigar si él desaparece. Quieren que miremos decididamente hacia adelante, hacia los acuerdos inmobiliarios y una lejana solución de dos Estados, y no hacia atrás: hacia su papel activo en la destrucción de los hogares de más de dos millones de personas —en su mayoría con munición estadounidense que desató una fuerza explosiva ocho veces superior a la de las bombas atómicas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki—.
La Administración Trump ya ha dado luz verde al envío de un gran número de estas megabombas para reponer las existencias israelíes, incluso antes de que se conozca el resultado de las elecciones israelíes.
Cabe destacar que la misma administración Trump que permitió a Netanyahu, sospechoso de crímenes de guerra, viajar a la ONU en Nueva York, impidió que lo hiciera el supuesto líder de los palestinos, Mahmud Abás.
Al anunciar su nueva política de sanciones dirigida contra los asentamientos ilegales de Israel, Miliband se apresuró a subrayar que ello no afectaría en modo alguno al intercambio de información de inteligencia con Israel —el tipo de coordinación de inteligencia que permitió que aviones británicos llevaran a cabo operaciones de vigilancia sobre Gaza durante todo el genocidio—. Y aunque Miliband prometió un «doble bloqueo contra las exportaciones de armas» a Israel como parte de las sanciones del Reino Unido, en la práctica, desde entonces, no se ha revocado ni suspendido ni una sola licencia vigente de exportación de armas.
Credibilidad en declive
La lucha actual no es contra un Estado israelí genocida ni por un ilusorio Estado palestino —y mucho menos por la justicia para el pueblo palestino, víctima de abusos interminables—. Se trata de orquestar un reinicio en el que Occidente vuelva a poner al mando a la vieja guardia de Israel.
Los líderes occidentales se han visto en una situación embarazosa por las diatribas desquiciadas del Gobierno de Netanyahu. Esta semana, Smotrich pidió a Israel que aplicara en Cisjordania sus políticas genocidas de Gaza —presumiblemente utilizando las mismas bombas que Trump está a punto de enviarles—. Así declaró a los medios israelíes: «Deberíamos hacer allí lo que hicimos en Gaza».
Los líderes occidentales temen el efecto que eso tendría sobre su credibilidad en declive. Y cuentan con aliados en Israel, entre la oposición, cuya visión —al menos por el momento— no es la de Smotrich de una erradicación de Cisjordania al estilo de Gaza. Más bien prevén continuar la trayectoria actual de convertir gradualmente los pequeños guetos palestinos que sobreviven en Cisjordania, atrapados en un mar de asentamientos judíos ilegales, en minicampos de concentración: pequeñas réplicas de Gaza antes de su destrucción.
Esas son las visiones contrapuestas que existen entre los israelíes respecto a Cisjordania: el confinamiento absoluto de los palestinos en una serie de jaulas frente a su exterminio. Eso es lo que realmente está en juego —nada más— en la lucha de Occidente por derrocar a Netanyahu y defender su ilusoria solución de dos Estados.
Jonathan Cook es autor de tres libros sobre el conflicto palestino-israelí: Blood and Religion: The Unmasking of the Jewish State (2006), Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (2008) y Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair (2008). Ha ganado el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Vivió en Nazaret durante veinte años, de donde regresó en 2021 al Reino Unido. Sitio web y blog: www.jonathan-cook.net
Texto original: Middle East Eye, traducido del inglés por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/10/04/occidente-quiere-que-netanyahu-se-vaya-para-que-se-pueda-volver-a-matar-a-los-palestinos-con-mayor-discrecion/
lunes, 5 de octubre de 2026
Trump atribuye a una "amenaza" la rápida retirada de los B-1 del Reino Unido
- Sputnik Mundo
Trump atribuye a una "amenaza" la rápida retirada de los B-1 del Reino Unido
"Teníamos indicios de que podría haber un riesgo. ¿Y por qué iba a dejarlos allí? Si nos van a amenazar, simplemente los trasladaremos", declaró el presidente de EEUU, Donald Trump, a la prensa.
El mandatario norteamericano también afirmó que la supuesta "amenaza" provenía de personas "vinculadas a Irán", aunque no presentó ninguna prueba de la presunta relación.
La retirada se produjo tras una alerta de seguridad cerca de la base de la RAF en Fairford (sur), donde cinco sospechosos fueron detenidos después de que se avistaran furgonetas sospechosas en las proximidades de la instalación. No se hallaron explosivos y los cinco fueron puestos en libertad bajo fianza posteriormente.
Fairford había servido de base para ataques ilegales de Washington contra Teherán
Francia: la República contra sus hijos
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Francia: la República contra sus hijos
Por Pablo Pillaud-Vivien | 05/10/2026 | Europa
Fuentes: Sin Permiso
Los estudiantes de secundaria se movilizan por medios y condiciones de estudio dignas. El poder les responde con una represión asombrosa. Esta generación que entra en política se considera un problema de orden público y no una fuerza democrática.
En Lille, los perros policía son lanzados contra los adolescentes. En Sevran, la policía a caballo los persigue por la calle. En toda Francia, desde el lunes, cargas violentas de la policía, llaves de brazo y estrangulamiento, gases lacrimógenos, granadas de aturdimiento e incluso disparos de pelotas de goma. Esta represión filmada por miles de teléfonos móviles inunda las redes sociales y asombra a los padres. Las imágenes animan la movilización. Este jueves por la mañana, los estudiantes de secundaria de la región parisina convergen hacia Saint-Denis que se ha convertido en el epicentro del movimiento: los suburbios finalmente son el centro.
En este momento, el balance es el siguiente: 625 detenciones, 119 alumnos y empleados de la educación nacional heridos y tres investigaciones abiertas por el IGPN contra policías. Pero el ministro del Interior, Laurent Núñez, se congratula de la extrema “proporcionalidad” de las intervenciones policiales, ¡imagínese si no se hubieran contenido! A esta juventud que exige igualdad, justicia y medios para la escuela, el Estado responde con la represión, con una intensidad insoportable. François Mitterrand lo había entendido: “Si la juventud no siempre tiene razón, la sociedad que la desconoce y la golpea siempre se equivoca”.
Ciertamente, más que los piquetes, bloquear su instituto no es legal. Sí, a menudo, los daños materiales son deplorables. Sí, también, los jóvenes provocan a la policía. Pero esto no justifica el nivel de violencia de la respuesta del Estado. Afortunadamente, otros agentes del mismo Estado, en particular el personal de educación nacional, se involucran y defienden a sus alumnos: bloquean con sus cuerpos mediante la formación de cadenas humanas y filman con sus teléfonos móviles las intervenciones policiales. Los electos, prácticamente todos insumisos, con su bufanda azul-blanca-roja al hombro, intentan mediar y hacen de escudos para evitar lo peor.
Estos estudiantes de secundaria tienen su primera experiencia política. Todavía no todos tienen derecho a votar y su primer gesto colectivo pasa por un bloqueo, una manifestación, una intervención. Podemos discutir (con ellos, es mejor) sus métodos, sus excesos, sus errores. Pero, ¿qué democracia pretende aprender lo que es la ciudadanía por la fuerza? Se les repite que son el futuro de la República. Sería hora de considerarlos también su presente. La forma en que el Estado los nombra también tiene importancia: en boca de los ministros, estos jóvenes ya no son estudiantes de secundaria sino alborotadores urbanos.
Una democracia no puede exigir la confianza de aquellos a quienes se niega a escuchar de otra manera que no sea como un alboroto con el que debe terminar. Los adolescentes no tienen que ser irreprochables para que se garanticen sus derechos. De lo contrario, la primera lección política que se le da a esta generación será quizás la más peligrosa: aprender a desconfiar de la República incluso antes de haber tenido tiempo de creer en ella.
En este contexto el alcalde LFI de Saint-Denis, Bally Bagayoko, vuelve a ser atacado: su gran popularidad entre los jóvenes le permite dialogar con ellos. Es una fuerza que no tienen, ni mucho menos, los ministros de educación o del Interior, los prefectos o los comisarios de policía. Es este diálogo el que el alcalde de Saint-Denis busca y mantiene cuando afirma que “la violencia puede ser legítima, pero es mejor evitarla”. Al no insultar a estos jóvenes movilizados, al no condenar a priori sus formas de expresión, Bally Bagayoko mantiene un vínculo con ellos, sigue siendo un vínculo entre el movimiento y las instituciones democráticas. ¡Adelante, hacerlo mejor, señores ministros!
Obviamente, LFI no está en el origen del movimiento social de los estudiantes de secundaria. Ningún político o sindicato puede generar tal movimiento, ni siquiera canalizarlo o manipularlo. Es una idea tan loca como conspirativa. Pero LFI quiere ser una salida para las reivindicaciones. Se ponen en sintonía con la ira animándolos: tienes razón, tus peticiones son legítimas, estamos a tu lado. Esto es lo que Bruno Retailleau no soporta, por lo que ahora pide la prohibición de La France insoumise.
Después de 10 años de poder macronista, todos, incluidos los estudiantes de secundaria, saben que no hay nada que esperar del gobierno. ¿Qué hacer con este deseo de la juventud de participar? Primero, pida a los responsables de la policía que calmen la violenta locura de la policía. Segundo, no votar un presupuesto raquítico para los servicios públicos. Tercero, asignar, si es posible, recursos adicionales para la escuela y los institutos. Y en unos meses, las elecciones presidenciales pueden ofrecer una salida.
Texto original: https://regards.fr/la-republique-contre-ses-enfants/, traducido del francés por Enrique García.
Pablo Pillaud-Vivien es actor y redactor en jefe de la revista francesa Regards.
Fuente: https://www.sinpermiso.info/textos/francia-la-republica-contra-sus-hijos
domingo, 4 de octubre de 2026
El escudo en la retaguardia estratégica
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El escudo en la retaguardia estratégica
Por Ignacio Figueroa Foessel | 03/10/2026 |
Fuentes: Rebelión
Los conflictos a través de la historia nos enseñan que hay consideraciones esenciales para consolidar la fuerza estratégica de las naciones. Postulados geopolíticos que deben ser tomados en cuenta para prevalecer en el enfrentamiento bélico para también en lo comercial e incluso en lo diplomático.
La retaguardia estratégica fue determinante en la invasión que sufrió Rusia en la lucha contra la coalición de naciones europeas encabezadas por el emperador Napoleón en conjunto a una veintena de países. La estrategia de defensa se denominó “tierra arrasada” que implicó la retirada destruyendo toda posibilidad de avituallamiento de recursos encontrados en la propia nación invadida, solamente entablando combates cuando las condiciones del terreno eran favorables. La más importante de éstas fue la batalla de Borodino que se saldó que la victoria táctica de Napoleón pero que no tuvo un carácter decisivo, pero implicó la retirada más allá de Moscú, ciudad que fue quemada privando al vencedor de recursos necesarios para la sobrevivencia ad-portas del invierno.
Durante la Segunda Guerra Mundial las fuerzas soviéticas entablaron diferentes batallas contra la Wehrmacht acciones que se saldaron con la pérdida de cantidades espectaculares de tropas y equipos militares rusos, los alemanes solamente fueron frenados y derrotados a pocos kilómetros de Moscú gracias a la tenacidad de los defensores y a la llegada del invierno. El extenso territorio soviético permitió trasladar el grueso de la industria pesada más allá de los Montes Urales, donde quedó fuera del alcance de los bombarderos enemigos. La profundidad estratégica de la retaguardia soviética reunía las condiciones de recursos naturales y mano de obra calificada para aumentar la producción industrial hasta sobrepasar la alemana lo que derivó en la victoria en la Gran Guerra Patria.
En la guerra de Vietnam las fuerzas del sur entablaron batallas bajo el concepto de la lucha de guerrillas, escogiendo el lugar y el tiempo indicado sin exponerse a una derrota catastrófica. La doctrina de la retaguardia estratégica funcionó al usar como base segura los países vecinos de Laos y Camboya por donde transitaba la Ruta Ho Chi Minh. EE. UU. comprendió que la posibilidad de victoria pasaba por el bombardeo de los países vecinos, acción que ejecutó con celo al lanzar más de 2.5 millones de bombas contra Laos. Sin embargo, no logró prevalecer por la falta de tropas en el terreno en esas naciones.
En la actual guerra en Ucrania, el extenso territorio ruso sirve para mantener la capacidad industrial en lugares donde no llegan los ataques occidentales o existe el tiempo suficiente para captar y destruir los artilugios aéreos como misiles y drones.
En el ataque estadounidense sionista a Irán, la retaguardia estratégica es el propio territorio persa pero también la alianza que mantiene con Rusia y China que permite la mantención de la logística a pesar de las sanciones y el bloqueo naval por parte del imperialismo.
La retaguardia estratégica americana
Ante la evidencia incontrarrestable de la importancia crucial de la retaguardia segura para la defensa y la ofensiva, numerosos teóricos estadounidenses basaron sus doctrinas en mostrar que la base estratégica de los EE.UU. es todo el continente americano.
Desde James Monroe, Nicholas Spykman o la nueva doctrina Donroe, los EE.UU. visualizan a Latinoamérica como su coto reservado de explotación, una plataforma segura resguardada por los océanos que permite una enorme extensión de territorio para refugiarse si se viera amagado su dominio mundial.
La estrategia de injerencia política electoral, golpes de Estado o la acción punitiva directa bajo la invasión de los marines colocó a los territorios más allá del Río Grande como tutelados por los estadounidenses.
El Escudo de las Américas en su concepción no es entonces algo original del actual régimen de Donald Trump, sino más bien seguir una tradición – pero donde cometen una serie de errores de cálculo que garantizan amargar su realización-, los que van desde lo comunicacional hacia las reales posibilidades económicas realización.
El paso previo para la consolidación del Escudo fue el llevar a regímenes de ultraderecha a la presidencia de las naciones Latinoamericanas, aprovechando la crisis de inseguridad planteada por el seguimiento de las políticas neoliberales que destruyeron el tejido social de las naciones. La injerencia electoral fue descarada en varios de los procesos políticos desde la amenaza a la cooptación, desde el chantaje hacia la colonización tecnológica. Los gobiernos de extrema derecha compiten entre sí por ser los más rastreros posible con el dictador del norte.
Siguiendo la línea verborreica alejada de todo eufemismo, Trump hace gala de su estilo directo con una iniciativa que produce efectos comunicacionales contradictorios: por una parte, solamente un sector marginal de la sociedad latinoamericana está de acuerdo de que los EE.UU. deben detentar una actitud paternalista sobre sus naciones, solo los recalcitrantes que plantean la superioridad estadounidense y de los valores occidentales por sobre las naciones mestizas. Estos afirman que la alineación con el imperio es una condición esencial para la sobrevivencia, sin embargo, quienes creen en esta condición son una parte de la elite, mientras que otra, se sienten soliviantados cuando son apostrofados lisa y llanamente como “el patio trasero”. Por otra parte, los sectores populares han sido condicionados desde la infancia por los conceptos de patria y soberanía, si bien estos se presentan con la interpretación que entrega la hegemonía de la superestructura cultural; una asociación de tal naturaleza, que explícitamente les pone en estado de dependencia absoluta y directa, choca con todo el imaginario creado por la educación y la tradición.
El Escudo de las Américas se puede transformar en un punto de inflexión de las condiciones políticas para que los ciudadanos, que en su desesperación por la falta de expectativas frente a crisis consecutivas votaron o votan por la ultraderecha, puedan comprender que los dictados nacionalistas son solamente instrumentos utilizados por un determinado grupo para obtener el poder, aumentando las contradicciones internas de los gobernantes.
Trump desnuda a los partidos y movimientos de extrema derecha con su retórica falaz dejándolos en una situación deficitaria de capital político. Quienes adhieren a la iniciativa solamente podrán gobernar con un apoyo de menos del 25% del electorado, dejando en manos de sus detractores la iniciativa estratégica. Por esto es por lo que tienen que aprobar leyes contra la protesta y la insurgencia, ya que visualizan su proximidad.
Económicamente hablando, la ultraderecha necesita existencialmente éxitos que avalen su capacidad de gobernar de crear riqueza, empleo y mejoras en la calidad de vida. Es el propio Trump quien propicia la imposibilidad de resultados auspiciosos con la generación de conflictos e inestabilidad. Su condición vociferante no deja lugar a dudas para la opinión pública de quién es el responsable de la carestía de la vida, la subida de los precios de los combustibles y el aumento de la inflación.
Los países latinoamericanos tienen una tradición de lucha antiimperialista y búsqueda de la independencia tras años de injerencias. El desparpajo con que se presenta El Escudo de las Américas entrega la posibilidad de rearticular la oposición a la extrema derecha con mensajes simples que el grueso de la población pueda comprender; con carencias que todos podrán sentir en sus propias vidas, por lo que la iniciativa de seguridad panamericana –incluido el uso del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) como herramienta militar- será la base para su fracaso cuando se deja poco o ningún espacio para que el pueblo pueda creer que se trata de algo que les favorece. Tendrán que apelar a redoblar la manipulación mediática de sus bots para mostrar que las inversiones de China son lesivas o traen aparejadas un peligro para la soberanía.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
sábado, 3 de octubre de 2026
Fe, política y desigualdad: una encrucijada latinoamericana
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Fe, política y desigualdad: una encrucijada latinoamericana
Por Sergio Ferrari | 03/10/2026 | América Latina y Caribe
Fuentes: Rebelión [Foto: Nelson Villarreal activo defensor de derechos humanos en Uruguay y asesor de la Conferencia Pastoral de su país en temas de Memoria. Foto NV uso libre]
En el último año en varios países de América Latina asumieron gobiernos que, como los de Chile, Ecuador, Colombia y Perú, se alinean detrás del presidente norteamericano Donald Trump y multiplican discursos integristas cuando no mesiánicos. En ese contexto de un continente que gira hacia la derecha tienen particular importancia las elecciones presidenciales en Brasil, así como la próxima visita de noviembre del papa León XIV a Sudamérica. En esta particular coyuntura de una región mayoritariamente cristiana – profundamente debilitada y polarizada en lo económico-, adquiere una dimensión particular la pregunta sobre qué permanece todavía vigente de la Teología de la Liberación promotora del cambio social y nacida allí en la década de los 60.
Proyectos confrontados
«Si algo sigue siendo constante dentro del amplio mundo de la cristiandad latinoamericana es la existencia de dos sectores o proyectos», explica Nelson Villarreal Durán, filósofo, catedrático, especialista uruguayo en temas religiosos y asesor de la Conferencia Episcopal de su país en temas ligados a la memoria y a la búsqueda de desaparecidos durante la dictadura.
Lo que se denomina Teología de Liberación, explica Villarreal, “sigue presente en la dinámica de muchas comunidades, en sus prácticas cotidianas e incluso se consolidó y penetró en la estructura cultural católica y también evangélica como un método para partir de la realidad. Este aspecto metodológico es clave, porque la Teología de la Liberación con el método VER (la realidad, mediada por las ciencias sociales), JUZGAR (enfoque bíblico), ACTUAR (praxis transformadora), se distingue de otras concepciones teológicas abstractas, en particular defendidas en Europa”.
El papa Francisco dio legitimidad a algunos de los conceptos que eran sus pilares, y los incorporó en sus encíclicas y documentos. De igual forma, su sucesor León XIV, “marcado por su propia experiencia durante años en el trabajo pastoral en barrios y comunidades humildes de Perú los mantiene y defiende en tanto esencia de la práctica de una Iglesia centrada en los pobres”. Ambos “sostienen que el ser cristiano es estar con los pobres y excluidos, a favor del ambiente, defender la Tierra y oponerse a la guerra. Y esta concepción sigue teniendo una fuerza importante en la Iglesia latinoamericana”. En general, las Conferencias Episcopales del continente, con un buen número de obispos y cardenales designados por el papa Francisco, “defienden en parte esos lineamientos que, paradójicamente, hasta su elección, habían sido combatidos por el propio poder institucional del Vaticano”.
Por otra parte, el otro proyecto de Iglesia, “también sigue existiendo y es asumido por un sector del obispado y cuerpo sacerdotal, especialmente los curas más jóvenes. Prioriza los temas morales a los políticos, se nutre de todo lo que expresa la religiosidad popular para estar en consonancia con la base social y aboga por valores tradicionales, negando los valores que se generan en las nuevas realidades sociales y culturales. Representa una visión conservadora que coincide con la que propugnan los sectores más reaccionarios de las iglesias evangélicas. Si para aquellos, por ejemplo, la Virgen es la expresión de un tipo de familia, de igual forma, los tele-evangelistas reivindican desde su perspectiva la familia tradicional y la práctica espiritual despolitizada”.
Según Villarreal, esa iglesia tradicional se entrelaza con los nuevos gobiernos conservadores. Y completa: “si la Teología de la Liberación nutrió a comunidades eclesiales, movimientos sociales del campo y la ciudad, fuerzas y gobiernos progresistas en todo el continente, los sectores tradicionales y sus discursos fundamentalistas sustentan las propuestas de esta nueva derecha hoy en expansión”.
“La voz de los sin voz frente a las injusticias”
El rol principal de la Iglesia, “anclada en el Evangelio y en su rica tradición, es ser señal de contradicción ante cualquier poder político”, afirma en entrevista exclusiva el Cardenal brasilero Jaime Spengler quien preside en la actualidad tanto la Conferencia Episcopal de su país como el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM). “La Iglesia estuvo, está y estará lista para colaborar donde haya determinación política para cuidar de la vida y promoverla -sobre todo la de los más vulnerables-, en conformidad con los valores evangélicos”. En las últimas décadas, precisa el Cardenal Spengler, “ha sido frecuentemente la voz de los sin voz frente a regímenes de excepción y a injusticias promovidas por fuerzas oscuras en la sociedad”.
Si se trata de conceptualizar el catolicismo latinoamericano, el prelado brasilero menciona la larga tradición y la religiosidad popular. Reconoce el surgimiento de diversas denominaciones cristianas y no cristianas que han comenzado a desafiar a la Iglesia y sus opciones pastorales. Pero también subraya con optimismo el “regreso de fieles a la comunidad católica, destacándose el impresionante número de adultos que buscan los sacramentos de la iniciación cristiana” aunque no subestima la preocupación por el crecimiento del número de jóvenes que se declaran «sin religión».
En recientes declaraciones a ADN/CELAM, el Cardenal Spengler llamó a un ejercicio profundo de discernimiento y participación activa de los cristianos (contra toda forma de abstención) en las próximas votaciones de Brasil. Citó como referencia para poder optar en las urnas, el capítulo 10 del Evangelio de Juan: «He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Lo que nos lleva a posicionarnos y expresarnos en este momento de la historia es la preocupación por la vida y la vida digna de nuestro pueblo” (https://adn.celam.org/fr/blog/page-d-accueil-50/cardinal-jaime-spengler-proposes-three-keys-for-christian-discernment-in-the-elections-in-brazil-9938).
En una entrevista publicada a mediados de septiembre en el periódico religioso italiano Avvenire el Cardenal brasilero se pronunció a favor de un “diálogo entre el Norte y el Sur globales [como] una respuesta a la injusticia. Y a Trump”. Expresó su preocupación “por las acciones del presidente de Estados Unidos en Sudamérica” y llamó a “unir las mejores energías de ambos hemisferios para redimir la vida de todos, no solo de unos pocos” (https://www.avvenire.it/chiesa/il-cardinale-spengler-il-dialogo-fra-il-nord-e-il-sud-del-mondo-risposta-alle-ingiustizie-e-a-trump_112970).
Viaje y test
A este continente polarizado y en ebullición, llegará el 6 de noviembre el papa León XIV, comenzando su gira en Uruguay y continuándola en Argentina y Perú. Según el Cardenal Spengler este viaje reafirma “la urgencia de anunciar y testimoniar el Evangelio a todos, manteniendo viva la opción preferencial por los pobres, la defensa de la justicia, la promoción de la ética, del bien común y el cuidado de la Casa Común”.
Para Washington Uranga, periodista especializado en temas religiosos del cotidiano argentino Página 12 y responsable del medio independiente 4 Palabras, la visita del sumo pontífice al continente tendrá una particular trascendencia no solo para la Iglesia Católica, sino también para el conjunto de la sociedad latinoamericana. Su estadía en Argentina, por ejemplo, “promete convertirse en un choque de dos modelos, entre la doctrina social de la Iglesia y el dogma del ajuste libertario, que puede derivar en una intensa disputa simbólica que ya inquieta al gobierno de Javier Milei”.
Uranga afirma que, en la actual coyuntura, la Conferencia Episcopal argentina es muy crítica hacia al gobierno y constituye, en la práctica, “la principal oposición”. Y recuerda que en un reciente documento que publicaron los obispos a inicios de septiembre al concluir la Semana Social insistieron en que la persona humana nunca debe ser la variable del ajuste económico estructural. En ese documento reafirmaron su compromiso con la justicia social, ratifican la decisión de caminar junto al pueblo “escuchando el clamor de la tierra y de los pobres”, y subrayan que la paz es fruto de la justicia y se cimenta en la verdad histórica. León XIV se reconoce como heredero de Francisco y en ese sentido, “este viaje al continente será una verdadera prueba de fuego para medirlo en los hechos” concluye Uranga.
Conceptos con los que coincide también Italo Cherubini, teólogo italiano-suizo que formó parte del Grupo de Trabajo que redactó la nueva Constitución vaticana.
Considera que el viaje de León XIV tendrá un particular componente simbólico para la iglesia y para el poder, “en particular lo que suceda en Argentina y más aún en Perú, donde el actual papa ejerció toda su vida pastoral, hasta que Francisco lo convocó a integrarse en su equipo en el Vaticano”.
Los sectores más conservadores tratarán de buscar en este viaje signos que los refuercen. “Sin embargo, estoy convencido que no hay posibilidad de grandes sorpresas. El compromiso central de la iglesia con los pobres fue incorporado por el papa Francisco al propio magisterio y a la Constitución de la Iglesia”, insiste Cherubini. Quien concluye que “León XIV, aunque diferente a Francisco en algunas cuestiones formales, viene ratificando las renovadas premisas esenciales doctrinarias. La Teología de la Liberación que nació en América Latina ya hace parte de la misma doctrina de la Iglesia”, concluye.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Irak, de ahora en más…
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Irak, de ahora en más…
Por Guadi Calvo | 03/10/2026 | Irak, Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Rebelión
Tras completarse la retirada de las tropas norteamericanas el pasado 30 de septiembre después de las agobiantes intervenciones, con incontables matanzas que han dejado más de un millón y medio de muertos, el país destruido y miles de enfermos de cáncer producto de la contaminación de sus napas por las filtraciones del uranio empobrecido que llevan las camisas de las bombas con que los americanos regaron el país de manera continua durante años, no deja de ser una buena noticia para los 47 millones de iraquíes, aunque también un reto.
Nada garantiza que con este repliegue que Donald Trump presentó en Washington como una victoria casi personal sobre el terrorismo, se termine el ciclo de invasiones norteamericanas que sufre Irak con alguna periodicidad desde 1990 con la excusa de rescatar a Kuwait, que había caído en manos de Sadam Hussein, por mucho tiempo el niño mimado de los Estados Unidos en la región.
Las tropas desplazadas solo han tenido que cruzar hasta Jordania, país que tiene una frontera terrestre, sin mayores obstáculos naturales, de 180 kilómetros al oeste de Irak. Es importante señalar que el terrorismo que acaba de “vencer” Trump se origina en las operaciones desestabilizadoras de la CIA y que desde el principio fue financiado por los principales socios de Washington en la región (Arabia Saudita, Catar y los Emiratos Árabes Unidos (EAU)).
Desde el miércoles Irak tendrá que enfrentarse a una realidad regional en llamas que en cualquier momento puede alcanzarlo, mientras que hacia el interior de sus fronteras el panorama tampoco es sencillo, ya que se le abren una multitud de posibilidades que, como siempre en estos contextos, van a terminar prevaleciendo las peores.
Desde la invasión de 2003, la retirada en 2011, su posterior retorno en 2014 y todo lo que continuó tras el derrumbe de la dictadura de Sadam Hussein, que había permanecido en el poder durante 25 años con la anuencia de Washington, para la sociedad iraquí no ha habido más que confusión y violencia debido a la profundización de las diferencias en una sociedad fragmentada, por lo que será un reto conseguir que el país no se balcanice, producto de la presencia de múltiples etnias (árabes, kurdos, turcomanos, asirios y yazidíes), tribus, clanes, diferentes escuelas del islām, sunitas y chiitas, milicias armadas e intereses políticos varios, cuya inserción en el territorio es tan definida que casi se podrían trazar fronteras precisas sin demasiadas discusiones.
Con un norte kurdo que ya tiene un alto nivel de autonomía con el Gobierno Regional de Kurdistán, una fuerza de seguridad propia, los Peshmerga, y con posturas políticas cada vez más diferenciadas de Bagdad. Mientras la región centro-oeste del país árabe–sunita, ahora un poco más marginado, ya que por años fue el enclave territorial de Sadam, lo que le permitió sacar ventajas materiales y políticas a la hora de repartir planes y beneficios, lo que desde la caída del dictador están pagando; al tiempo que la comunidad chií, mayoritaria poblacionalmente, que fue parte fundamental de la construcción política del Irak post-Sadam, hoy es el sector dominante del actual gobierno, cuya proximidad a Teherán es inocultable. Lo que Trump, tras vetar una nueva posibilidad para el dos veces primer ministro, Nuri al-Maliki, entre 2006 y 2014, impulsó la designación de Ali al-Zaidi, que asumió tras un largo interregno de discusiones en mayo último. Aunque también chiita, como obliga la Constitución, es un hombre más potable para Washington.
Este universo de tensiones cruzadas a simple vista nos permite inferir que Irak parece no estar muy preparado para iniciar un proceso que le brinde una dinámica virtuosa con la que alcance estabilidad y desarrollo, sino muy posiblemente todo lo contrario.
Más si se tiene en cuenta el turbulento contexto regional: ya que, en Siria, el Gobierno del exterrorista, antiguo emir de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), Abu Mohamed al-Golani, hoy remixado por la CIA en el virtuoso presidente, Ahmed al-Sharaa (Ver: Siria: El terrorista domesticado.), que no puede, ni quiere, contener a sus hombres que después de casi dos años en el poder continúan masacrando alauitas, chiíes, sunitas moderados y drusos. Siria: La escalada incesante
Esto permite sospechar que, llegado el caso, los hombres que responden a al-Shaara podrían reconvertirse otra vez en muyahidines para volver a operar en Irak, según les sirva a los intereses de Washington y de Tel-Aviv, que sigue usurpando territorios en los países que invaden: habiendo extendido la zona de amortiguación más allá de las alturas del Golán en Siria y al sur del Líbano, hasta el río Litani, tal como lo está terminando de hacer con la totalidad de Palestina.
Mientras en la situación de Ormuz, más allá de la voluntad negociadora de Irán, Donald Trump parece haber perdido la hoja de ruta que le trazó su amigo Bibi Netanyahu. Con la Operación Fuerza Épica, el presidente norteamericano iba a descubrir que la cuestión no se resolvía en un fin de semana, como le habían soplado al oído sus asesores más próximos, Pete Hegseth, Secretario de Guerra, un fanático cristiano, y el yerno presidencial, Jared Kushner, un fanático sionista. Desde principios de marzo Trump viene como un trompo, salta de la guerra total contra el “régimen” de los ayatolás, a los que ya no se sabe cuántas veces ha derrotado definitivamente, a proponer negociaciones de paz. Como resultado de esto, el Estrecho de Ormuz parece haberse perdido para siempre en las tinieblas mentales del presidente norteamericano.
Al tiempo que los hutíes yemeníes, después de apoderarse de toda la costa de su país sobre el mar Rojo y las islas al norte del estrecho de Bab al-Mandeb, lo que les permite disponer de la posibilidad de cerrarlo a su voluntad, amenazan con incendiar el sur de Arabia Saudita, donde, además de los principales yacimientos de petróleo del reino, se asienta la minoría chií, que desde hace mucho tiempo espera el momento para dar un golpe de timón a las políticas de los Saud, con los que tiene viejos reclamos acerca de la discriminación sistemática que sufren y los pocos beneficios económicos por el usufructo petrolero que sale de su subsuelo. Por lo que aliarse a sus hermanos yemeníes ahora es una posibilidad más concreta.
Frente a este espectro, no deja de ser llamativo que desde hace meses las dotaciones de la amplia coalición de la Operación Resolución Inherente armada por el Pentágono, que además de sus fuerzas contaban con el apoyo de Francia, el Reino Unido, Polonia y Alemania, se estén retirando. Mientras Turquía mantendrá la base militar de Bashiqa-Zelikan, próxima a la ciudad de Mosul, en el norte de Irak, por la que el pasado mes de septiembre Ankara y Bagdad acordaron una transferencia gradual.
El huevo de la serpiente
Dada la retirada de los Estados Unidos, el Primer Ministro Ali al-Zaidi declaró el primero de octubre como Día Nacional de la Soberanía, aunque este no es su único proyecto, sino que trae alguno otro mucho más complejo de llevar a cabo, como el desarme de las milicias chiitas proiraníes, cuya fecha máxima para realizarlo es 30 de junio del año próximo. Una tarea que sin duda no será sencilla, ya que estas milicias entienden que en gran parte la razón de la salida de los estadounidenses y la contención del terrorismo wahabita ha sido gracias a su presencia.
Mientras el eje central de este reto es en cuanto será posible que las milicias proiraníes como la Kataeb Hezbolá, el Harakat al-Nujaba y el Kata’ib Sayyid al-Shuhad, que hasta ahora no han dado señales de tener la voluntad de desarmarse, exigen condiciones a al-Zaidi que van a retrasar el proceso hasta mucho tiempo más de la fecha señalada. Al tiempo que las milicias sin duda deben mantener su atención en la suerte de sus hermanos yemeníes del movimiento Ansarullah (hutíes), con lo que son parte junto a Hezbollah y Hamás del Eje de la Resistencia, sabiendo que para sus pueblos son hasta ahora su única esperanza para sobrevivir.
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC
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jueves, 1 de octubre de 2026
Del trío de las Azores a la guerra en Irán: EEUU concluye la retirada de sus tropas de Irak tras décadas de intervención
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Del trío de las Azores a la guerra en Irán: EEUU concluye la retirada de sus tropas de Irak tras décadas de intervención
Por Andrés Gil | 01/10/2026 | Irak, Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: El Diario [Foto: Blair, Bush y Aznar en la reunión de las Azores que desembocó en la invasión de Irak de 2003]
Las tropas estadounidenses invadieron Irak en 2003 para derrocar a Sadam Husein. Se retiraron en 2011, pero, tres años más tarde, EEUU regresó para combatir al Estado Islámico.
El Ejército estadounidense ha anunciado este miércoles que ha completado la retirada de todas las tropas de Irak. EEUU pone fin a una misión de 12 años para combatir al grupo Estado Islámico. Las últimas tropas estadounidenses han abandonado una base aérea en el norte de Irak en virtud de un acuerdo entre Bagdad y Washington.
La retirada, acordada hace dos años, se produce en el contexto de la guerra de Estados Unidos en Irán, que en ocasiones también se ha extendido a Irak, con milicias apoyadas por Irán que han atacado tropas estadounidenses, al tiempo que Estados Unidos ha lanzado ataques contra los bastiones de dichos grupos.
Bagdad, por su parte, presenta el fin de la misión estadounidense como una señal de la creciente soberanía del país.
La retirada también fue celebrada por los grupos respaldados por Irán, pero suscita inquietud entre otros iraquíes, especialmente en la región kurda, donde muchos temen un resurgimiento del Estado Islámico, así como más ataques por parte de grupos vinculados a Irán, posiblemente envalentonados por la salida de las fuerzas estadounidenses, informa AP.
Mientras tanto, surgen interrogantes sobre el futuro de las milicias iraquíes, a las que el Gobierno de Bagdad ha intentado desarmar, sin mucho éxito hasta ahora.
Una nueva etapa en Irak
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, ha afirmado en un comunicado que las tropas y el equipamiento estadounidense habían completado una “salida ordenada” de la base aérea de Irbil, en la región kurda semiautónoma del norte de Irak.
“Este hito refleja el éxito de una campaña de 12 años que derrotó al ISIS como amenaza militar organizada en Irak y en toda la región”, ha afirmado: “También marca la transición de una misión de coalición en tiempos de guerra a un esfuerzo de seguridad liderado por Irak y respaldado por una relación bilateral de seguridad más normal”.
Parnell ha añadido que el ejército estadounidense “seguirá proporcionando formación específica y apoyo en materia de inteligencia a nuestros socios iraquíes”.
El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, ha presidido la ceremonia de traspaso y ha descrito la retirada estadounidense como el comienzo de una “nueva fase, definida por la soberanía de Irak, la solidez de sus instituciones, la preparación de sus fuerzas, la unidad en la toma de decisiones y las alianzas equilibradas con sus amigos”.
Ali al-Zaidi ha afirmado que las fuerzas de seguridad iraquíes continuarán la lucha contra el Estado Islámico y que el Gobierno se asegurará de que los grupos no estatales ya no posean armas.
Las tropas estadounidenses invadieron Irak en 2003 para derrocar a Sadam Husein con el bulo de las armas de destrucción masiva, jaleado por José María Aznar y Tony Blair. Se retiraron en 2011, pero, tres años más tarde, regresaron para liderar una misión contra el Estado Islámico, que se había apoderado de amplias franjas de Irak.Una vez que el grupo quedó diezmado, Washington y Bagdad acordaron en 2024 poner fin a la misión.
Las tropas estadounidenses se retiraron de las bases en la mayoría de las zonas de Irak el año pasado, pero mantuvieron una pequeña presencia de cientos de soldados en la región kurda semiautónoma del norte.
Las bases de esa zona han sido objeto de ataques regulares desde que EEUU e Israel iniciaron su guerra contra Irán el 28 de febrero. Las milicias iraquíes respaldadas por Irán también se han coordinado con los rebeldes hutíes de Yemen para atacar a Arabia Saudí.
El futuro de las milicias
El Gobierno iraquí ha vinculado la fecha límite del 30 de septiembre para la retirada estadounidense con el desarme de los grupos armados. No obstante, los grupos más poderosos cercanos a Irán han rechazado esa posibilidad o han impuesto condiciones para el desarme que el Gobierno difícilmente podría cumplir.
Desde entonces, Al-Zaidi ha retrasado la fecha límite. A principios de este mes declaró a The New York Times que el plazo para el desarme de las milicias se ha aplazado hasta junio de 2027.
El Ministerio de Peshmerga del Gobierno regional kurdo ha afirmado que la región kurda había sufrido más de 1.000 ataques con drones y misiles balísticos durante el reciente conflicto de Estados Unidos en Irán.
“La salida de Estados Unidos de la región del Kurdistán en estas complejas circunstancias regionales, sin que se haya proporcionado un sistema de defensa, es motivo de preocupación”, señalaba el comunicado.
Por su parte, los grupos aliados de Irán en Irak han celebrado la retirada estadounidense, informa AP.
“La expulsión de las fuerzas de ocupación, derrotadas, del territorio iraquí es el comienzo de la plena soberanía”, ha declarado Abu Mujahid al-Assaf, un responsable de seguridad de la poderosa milicia Kataib Hezbolá, en un comunicado, quien ha añadido una advertencia dirigida a al-Zaidi y a su Gobierno para que no lleven a cabo los planes estadounidenses, amenazando con que “cualquier Gobierno que no trabaje en beneficio del pueblo será derrocado por todos los medios”.
Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/trio-azores-guerra-iran-eeuu-concluye-retirada-tropas-irak-decadas-intervencion_1_13550842.html
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