domingo, 16 de agosto de 2026

Nunca lo permitiremos": Irán lanza una fuerte advertencia a EEUU sobre el estrecho de Ormuz

Nunca lo permitiremos": Irán lanza una fuerte advertencia a EEUU sobre el estrecho de Ormuz Sputnik Mundo, 16.08.2026 "Las tropas estadounidenses han sido expulsadas y ya no se les permite el acceso a los golfos Pérsico y de Omán, ni al estrecho de Ormuz", expresó el comandante en jefe del Ejército iraní, general Amir Hatami. "Todo el mundo debe entender que las bases estadounidenses no podrán volver en modo alguno a su estado anterior, e Irán nunca lo permitirá", indicó. Asimismo, subrayó que el estrecho de Ormuz es un "activo geopolítico" y uno de los principales recursos de Irán para poner fin a las tensiones y la guerra.

Ceuta, Europa y la geopolítica: cuando la frontera se convierte en arma y el migrante en munición.

Recomiendo: Ceuta, Europa y la geopolítica: cuando la frontera se convierte en arma y el migrante en munición. Por Juan Carlos Velasco | 11/08/2026 | África, Europa Fuentes: The Conversation En el tablero de la geopolítica contemporánea, los migrantes han dejado de ser únicamente personas que buscan un futuro mejor para convertirse, en no pocas ocasiones, en instrumentos de presión utilizados no solo por actores estatales. La utilización de movimientos de población –propios o foráneos– como palanca estratégica revela una realidad incómoda: las crisis migratorias no son siempre fenómenos espontáneos. Detrás de los cruces masivos de fronteras hay decisiones políticas, cálculos diplomáticos y desigualdades globales que convierten el sufrimiento humano en moneda de cambio internacional. En distintos puntos del mundo, ciertos movimientos de población, sobre todo cuando se producen de manera masiva y en un corto periodo de tiempo, han sido utilizados no tanto para conquistar territorio, sino para enviar mensajes políticos, forzar negociaciones o desestabilizar al vecino. Esta instrumentalización no es la única clave explicativa, pero ayuda a comprender por qué las fronteras, lejos de ser meras líneas de demarcación jurisdiccional, se transforman en escenarios de confrontación y negociación entre Estados. Ceuta, un pulso local con relevancia global En este contexto, Ceuta y Melilla ocupan un lugar singular. Son las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea con África y constituyen enclaves europeos en territorio marroquí sometidos a un régimen jurídico excepcional. Su particular configuración las convierte en espacios especialmente sensibles a las tensiones políticas y diplomáticas. Se trata de dos localidades rodeadas de algunos de los sistemas de vallados más sofisticados del mundo, con un control cotidiano de extrema dureza y fronteras físicamente muy cerradas. También en el plano jurídico reina la confusión. Aunque en Marruecos circula la idea de que pisar suelo ceutí abre automáticamente la puerta a Europa, la normativa española y comunitaria es inequívoca. La entrada irregular en los enclaves no permite viajar a la Península sin controles documentales estrictos. Esta ambigüedad, alimentada a veces de manera interesada, facilita que los flujos migratorios se utilicen como mecanismo de presión en momentos de fricción bilateral. Los episodios de mayo de 2021 y julio de 2026 ilustran esta dinámica con claridad. En 2021, unas 10 000 personas cruzaron la frontera en apenas 48 horas. Aquel ingreso masivo se produjo en un contexto de tensión diplomática por la acogida de Brahim Gali, líder del Frente Polisario, para ser atendido de coronavirus en un hospital de Logroño. El número de migrantes que entraron a Ceuta desde el 30 de julio de 2026 se eleva a 72 000. Desde esa fecha se han contabilizado 77 autopsias a cuerpos hallados en el mar. La ONG Caminando Fronteras cifra en 141 los fallecidos Ambos casos muestran cómo la frontera puede convertirse en un instrumento de confrontación híbrida. No es un fenómeno aislado: Turquía lo hizo en 2015; Bielorrusia, en 2021; y Marruecos ha recurrido en varias ocasiones a estrategias similares. El mal negocio de externalizar fronteras El acuerdo UE–Turquía de 2016 es un ejemplo paradigmático de cómo la externalización del control fronterizo genera vulnerabilidades estratégicas. Ankara utilizó a los refugiados como palanca de negociación y logró generosas contrapartidas monetarias a cambio de frenar su flujo hacia la UE. Ese precedente ayudó a consolidar un sistema de extorsiones sistematizado. Los estados vecinos aprendieron que abrir o cerrar el grifo migratorio es una herramienta de negociación poderosa. Delegar el control crea puntos de presión que esos países saben explotar. Detrás de estas maniobras geopolíticas se oculta un coste humano devastador, a menudo silenciado por los análisis geopolíticos. Las decisiones tomadas en despachos lejanos se traducen, en última instancia, en vidas perdidas. Los migrantes, aun cuando fueran conscientes de que son utilizados para intereses espurios, carecen de alternativas reales. La falta de oportunidades y de vías legales empuja a muchas personas migrantes a asumir riesgos extremos, convirtiéndolos en el eslabón más frágil de un sistema que los instrumentaliza. La tragedia de este mismo verano revela la dimensión humana de estas estrategias y cuestiona que la cooperación económica sea suficiente para garantizar sólidas relaciones de apoyo entre estados. España, atrapada en una bisagra geopolítica Este escenario se inscribe en un marco europeo marcado por un giro sostenido hacia la securitización. Desde comienzos del siglo XXI, España ocupa una posición singular en la política migratoria de la Unión. Su condición de frontera exterior, ubicada además en la línea geopolítica y geoeconómica que separa el Norte y el Sur global, la sitúa en el punto de colisión de dos lógicas: la securitaria, que prioriza la vigilancia, la contención y la externalización; y la humanitaria, que insiste en que la migración es un fenómeno estructural que exige protección y derechos. El fortalecimiento de Frontex (el organismo de la Unión Europea encargado de proteger sus fronteras exteriores) y la expansión de las políticas de externalización han desplazado el centro de gravedad de la acción comunitaria. La prioridad ya no es la solidaridad interna, sino evitar que los flujos lleguen a territorio europeo. Para España, esto implica una creciente dependencia operativa de las estructuras europeas y una presión política para alinearse con la narrativa del “control eficaz”, lo que reduce su margen de actuación autónoma. Ceuta y Melilla funcionan, en este sentido, como laboratorios a pequeña escala de la política fronteriza europea: allí se ensayan y se hacen visibles las tensiones entre control, externalización y derechos. El posicionamiento de los socios europeos influye de manera decisiva en esta ecuación. Los Estados del norte y del este tienden a reforzar la securitización, mientras que los países del sur reclaman corresponsabilidad y mecanismos de reparto que reconozcan la carga diferencial que soportan las fronteras exteriores. España ocupa una posición bisagra: es frontera exterior y, por tanto, actor securitario; es país mediterráneo y, por tanto, actor solidario; es socio europeo y, por tanto, actor condicionado; y es potencia regional, lo que la convierte en actor negociador. La tensión entre securitización y solidaridad no es un dilema pasajero, sino una estructura permanente de la política migratoria europea. En ella, España debe equilibrar la gestión de la frontera con la preservación de los principios democráticos y humanitarios que sustentan su acción exterior, consciente de que la forma en que responda a estos desafíos definirá no solo su relación con Marruecos, sino también la naturaleza del proyecto europeo en su conjunto. Juan Carlos Velasco. Profesor de Investigación. Grupo «Filosofía Social y Política» (FISOPOL). Jefe del Departamento de Filosofía Teórica y Práctica, Instituto de Filosofía (IFS-CSIC) Fuente: https://theconversation.com/ceuta-europa-y-la-geopolitica-cuando-la-frontera-se-convierte-en-arma-y-el-migrante-en-municion-289196

"EEUU no es suficiente": el golfo Pérsico pierde la confianza en Washington por su gestión del conflicto con Irán, según medios

- Sputnik Mundo "EEUU no es suficiente": el golfo Pérsico pierde la confianza en Washington por su gestión del conflicto con Irán, según medios Los países del golfo Pérsico están cada vez más descontentos con Washington ante el temor de que la Casa Blanca no sea capaz de resolver el conflicto con Irán, informan medios citando a funcionarios árabes y occidentales. Agregan que su descontento con EEUU alcanzó su punto máximo. Según tres funcionarios y un exdiplomático estadounidense, los Gobiernos de Arabia Saudita, Catar, Kuwait y Bahréin están irritados con la Administración estadounidense. Algunos ya comenzaron a debatir la conveniencia de desplegar importantes instalaciones militares estadounidenses en su territorio. Un funcionario de un Estado del golfo Pérsico declaró a la prensa que el descontento estadounidense alcanzó su punto álgido desde que comenzaron los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán en febrero. Los países de la región consideran que fueron "arrastrados innecesariamente" a una guerra que el mandatario de EEUU, Donald Trump, intenta ahora resolver. Según añadió, la política de Washington hacia Teherán suele ser descrita en la zona como "inconsistente" e "impredecible", indicó a los medios el director para Oriente Medio y el Norte de África de Eurasia Group, Firas Maksad. "La decepción surgió desde el principio", señaló Maksad. Abás Aragchí, el jefe de la diplomacia iraní - Sputnik Mundo, 1920, 11.08.2026 Defensa EEUU suplicó a Irán que aceptara negociar, revela el canciller iraní 11 de agosto, 12:53 GMT A su vez, un funcionario europeo afirmó a la prensa que el acuerdo de defensa firmado entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán fue una "señal para EEUU". El interlocutor, que mantiene contacto habitual con líderes del golfo, indicó que el pacto demuestra que las tres potencias "están intentando diversificar sus alianzas de seguridad y defensa". "En su opinión, Estados Unidos no es suficiente", añadió. En las últimas semanas, Washington y Teherán, con la participación de mediadores de Oriente Medio, han intentado acordar las condiciones de un nuevo pacto para poner fin al conflicto. El 18 de junio, Teherán y Washington firmaron el memorando de entendimiento. Sin embargo, desde el 8 de julio, las Fuerzas Armadas estadounidenses han llevado a cabo varias series de ataques contra Irán en respuesta a las presuntas acciones del Estado persa contra buques mercantes que atravesaban el estrecho de Ormuz. Irán, por su parte, respondió con ataques contra bases estadounidenses ubicadas en Oriente Medio. Asimismo, Teherán acusó a Washington de incumplir el memorando, cuyos términos implicaban el cese de las hostilidades. A su vez, el presidente de EEUU, Donald Trump, declaró que el alto el fuego entre las dos partes ya no está en vigor. Últimamente, Washington se abstiene de golpear objetivos en suelo iraní para dar una oportunidad a las negociaciones.

sábado, 15 de agosto de 2026

Un oscuro personaje presidirá Colombia

Recomiendo: Un oscuro personaje presidirá Colombia Por Hedelberto López Blanch | 15/08/2026 | Colombia Fuentes: Rebelión El 7 de agosto asumió la presidencia de Colombia un oscuro personaje que ha estado envuelto en varios sucesos de narcotráfico y lavado de dinero, pero como es amigo del convicto mandatario estadounidense, Donald Trump y de otros ultraderechistas de esa nación norteña, sus delitos fueron silenciados. El 2 de junio, Trump felicitó a Abelardo de la Espriella por haber obtenido una pequeña mayoría de votos en la primera vuelta y agregó en su cuenta Truth Social: «como presidente, Abelardo tendría un éxito tremendo al liderar a Colombia para hacer crecer la economía, crear empleo, promover el comercio, detener la inmigración ilegal, tomar medidas enérgicas contra el crimen y las drogas, y restablecer la ley y el orden. «Debido a sus enormes logros en la vida y su apoyo político hacia mi, personalmente es un honor darle a Abelardo mi respaldo total y absoluto», añadió. En respuesta, De la Espriella señaló: «Vamos a hacer una llave con el gobierno de Washington y con el presidente Trump como nunca antes la ha tenido Colombia con otro gobierno de Estados Unidos. Con esos truenos, la suerte estaba echada. Con fraude o como fuera posible, el candidato ultraderechista tenía que ganar las elecciones. Sus primeras acciones han sido lamentables: anunció que romperá relaciones diplomáticas con Cuba y Nicaragua; que la embajada de Colombia la trasladará a Jerusalén ocupado y el «derecho de Israel» de adueñarse del Golán sirio; reconocerá a Marruecos como «dueño» del Sahara Occidental pese a los años de lucha anticolonialista de los saharaui y el apoyo que se le ha dado a ese hermano pueblo en Naciones Unidas. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, emitió una declaración al respecto en la que expresó: «De concretarse esta decisión, que no tiene la más mínima justificación y tampoco responde a los intereses nacionales colombianos, quedaría en evidencia la clara subordinación del próximo gobierno de Colombia a la política de división y confrontación entre nuestras naciones, promovida desde siempre por Estados Unidos, así como sus conexiones con lo más infame y vulgar de la política anticubana en ese país». ¿Quién es Abelardo de la Espriella? La doctora y analista internacional Diana Carolina Alfonso lo describe en las páginas del Diario Red como «un individuo cuyo nombre aparece una y otra vez en versiones libres de exjefes paramilitares, en expedientes judiciales, en investigaciones periodísticas y en testimonios que, aunque no siempre terminaron en condena, sí dibujan un patrón inquietante. Este empresario jurídico, hizo carrera donde la ley se mezcla con el despojo y la política se cocina en fosas, fincas y fundaciones civiles”. Nació en Bogotá en 1978 en el seno de una familia acomodada. Entre 2001 y 2002, su padre, también llamado Abelardo, coordinó la campaña electoral regional de Córdoba para Álvaro Uribe, quien resultó elegido presidente a pesar de sus turbios vínculos con narcotraficantes y grupos paramilitares. Los gobiernos de Uribe (2002-2010) se caracterizaron por reformas neoliberales divisorias y la represión sistemática de todas las fuerzas de la sociedad civil que consideraba «enemigos internos» culpables de «subversión», incluyendo partidos políticos de oposición, sindicatos y organizaciones de derechos humanos por lo cual lo catalogan como un fascista. Al igual que Uribe, De la Espriella tiene amplios vínculos con el paramilitarismo. Durante el proceso de desmovilización del gobierno de Uribe con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), la principal federación paramilitar del país, Abelardo fue asesor del grupo. También se desempeñó como asesor legal de políticos involucrados en escándalos de «parapolítica», como Eleonora Pineda y Dieb Maloof. Con base entre Bogotá y Miami, De la Espriella se destacó como abogado defensor de paramilitares, empresarios y políticos acusados ​​de corrupción. En 2007, representó al exministro de Justicia Alberto Santofimio, sospechoso de estar involucrado en el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán en 1989. Posteriormente, defendió a David Murcia Guzmán, un empresario colombiano que, mediante un esquema piramidal, estafó a decenas de miles de personas de bajos recursos, robándoles los ahorros de toda su vida y blanqueando ganancias del narcotráfico. De la Espriella creó la Fundación para Iniciativas de Paz (FIPAZ), que dio voz a comandantes paramilitares en foros universitarios e hizo campaña para prohibir las solicitudes de extradición. En 2008, Ernesto Báez, un paramilitar que había participado en eventos de FIPAZ, declaró que la AUC «buscaba estudiantes, a través de Abelardo de la Espriella, como canal de difusión para justificar la guerra». En 2011, la Suprema Corte de Justicia de Colombia afirmó que FIPAZ «no promovía la paz cuando los grupos de autodefensa masacraban, desaparecían, asesinaban y torturaban, sino que buscaba proyectarse políticamente a través de estudiantes universitarios». La Corte ordenó una investigación contra De la Espriella por conspiración y lavado de dinero, pero ésta fue bloqueada por la Fiscalía General de la Nación, entonces dirigida por Mario Iguarán, amigo de De la Espriella. Varios paramilitares han testificado que el nombramiento de Iguarán para el cargo se produjo después de que pagaran a su oponente para que se retirara de la contienda. Abelardo mantiene una relación particularmente cercana con el ex paramilitar encarcelado Salvatore Mancuso, cuyas fuerzas llevaron a cabo unas 10 000 desapariciones forzadas y más de 40 000 desplazamientos. Ambos asistieron al mismo colegio en Montería, y cuando el gobierno de Uribe extraditó a Mancuso a Estados Unidos (lo que algunos creen que fue para impedir que testificara sobre los vínculos entre políticos y paramilitares) De la Espriella defendió a su amigo, diciendo: «Mancuso es de mi pueblo y cargó con una lucha que todos los cordobeses deberíamos haber librado», dando a entender que los asesinatos y la violencia estaban de alguna manera justificados. Al igual que otros líderes de extrema derecha, De la Espriella utiliza símbolos y lenguaje militaristas. Ha prometido intensificar la confrontación violenta con grupos armados ilegales en lo que él denomina una política de «seguridad democrática renovada». Su gorra de la Fuerza Aérea y sus saludos militares refuerzan la narrativa de seguridad de mano dura, que busca explotar la preocupación ciudadana por la violencia y la delincuencia. Hasta aquí algunas de las innumerables «virtudes» fascistoides del nuevo presidente colombiano que se unirá a otros nuevos mandatarios latinoamericanos surgidos de la mano del jefe de la Casa Blanca, Donald Trump. Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional. Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 13 de agosto de 2026

"Occidente ha perdido totalmente la brújula", considera experto

Mundo - Sputnik Mundo "Occidente ha perdido totalmente la brújula", considera experto hace 18 horas La bandera de Rusia en un buque - Sputnik Mundo, 1920, 13.08.2026 © Sputnik / Vitaly Newar / Acceder al contenido multimedia Síguenos en Las incautaciones de buques comerciales rusos por parte de varios países europeos reflejan "el grado de erosión" que padece el esquema de seguridad internacional, pero también exhibe "la carencia de cuadros diplomáticos" en Occidente, señala en entrevista con Sputnik el doctor en Ciencias Políticas de la UNAM, Alejandro Salgó Valencia. "Ya se ha quedado muy corto el esquema legal y de diplomacia. Occidente ha erosionado mucho estas herramientas. Hay una carencia de cuadros diplomáticos en el mundo occidental (...). Yo veo a gente mucho más diplomática en Rusia... Pero lo que vemos es un Occidente que ha perdido totalmente la brújula", asegura el analista internacional. También advierte que, si continúan los "viejos actos de piratería" contra los barcos mercantes rusos, Moscú estaría en posición de responder de la misma manera contra las naciones que considere hostiles, algo que, dice, no le conviene para nada al bloque de la OTAN, ya que, asegura, "se podría dar la pauta a que escale el conflicto [ucraniano]". En ese tenor, considera "lógica" la advertencia que ha lanzado el presidente Vladímir Putin acerca de que Rusia estaría obligada a dar una "respuesta recíproca", incluso en la zona del Pacífico. Este 12 de agosto, el presidente Putin calificó de "piratería y robo" la iniciativa de la OTAN de incautar buques mercantes rusos y vender los bienes saqueados de dichas embarcaciones. Por ello, advirtió que Moscú estaría obligado a dar una "respuesta recíproca" a los diferentes países occidentales que cometan esos actos, incluso en la zona del Pacífico. Las acciones de piratería de Occidente "no cambiarán en nada" la ventaja rusa Rusia tiene todo el derecho de responder a los actos de piratería de los que ha sido víctima en aguas internacionales a través de la incautación y el saqueo de sus buques comerciales bajo el pretexto de las sanciones económicas occidentales en su contra, señaló por su parte a este medio el internacionalista de la Universidad Autónoma Metropolitana de México (UAM), Mauricio Alonso Estévez. "Occidente está acostumbrado a llevar a cabo estos actos de piratería, no es algo nuevo. Al contrario: nos recuerda a aquellos episodios en los que cometían esto de manera arbitraria y constante para satisfacer sus intereses económicos y políticos", observa el analista geopolítico y experto en Europa del Este. Además, Estévez considera que la postura de Moscú es "formal, racional, abierta y mesurada" ante la "irracionalidad de la OTAN", ya que no se esconde bajo narrativas o argumentos falsos. "[La incautación de barcos comerciales rusos] forma parte de una estrategia del Occidente colectivo que pretende desgastar a Rusia ante la incapacidad de la OTAN y de Ucrania de frenar los avances rusos en el frente de batalla. Sin embargo, Occidente no entiende que estas acciones de piratería y terrorismo no cambiarán en nada las condiciones favorables para Rusia en el frente ucraniano, pero sí, en cambio, se lastimarán mucho más las relaciones con Moscú, lo cual empeoraría el camino para una eventual resolución del conflicto en Ucrania", señala. "Otro tiro al pie" Las acciones de las potencias europeas se suman a un largo listado de afrentas por parte de la Unión Europea, un bloque que no hace más que seguir los designios de Washington a pesar de ir en contra de sus propios intereses, dijo en entrevista con Sputnik el analista internacional Tadeo Casteglione. "Estamos delante de actos ilegales que condicionan bastante toda la situación a nivel internacional", abundó el experto. Rusia tiene con qué "hacer entrar en razón" a quienes quieran capturar sus buques, asegura un experto La Unión Europea, recordó, sigue comprando gas y petróleo ruso, incluyendo las vías marítimas; "entonces, lógicamente, es una locura, es otro tiro al pie en el cual se terminan perjudicando ellos mismos". Pero, además, esto marca un precedente preocupante a nivel global. "Nos olvidemos que si la Unión Europea o Estados Unidos deciden incautar los buques que tengan la bandera rusa, bueno, mañana puede ser China o cualquier país que ellos crean una amenaza y eso crea una inseguridad a nivel internacional que no es menor y que a la misma vez es un agravante a la crisis económica global", sentenció. ¿Costos excesivos? La respuesta de Putin, quien prometió una represalia "en cualquier lugar" ante la captura de buques rusos, se trata de simple reciprocidad ante las sanciones unilaterales injustificadas por parte de los países aliados europeos, dijo por su parte el analista internacional Carlos Manuel López Alvarado. "La presión contra Rusia en Europa podría producir costos, y está produciendo costos, que van a ser cada vez más excesivos para los intereses occidentales", aseveró. El analista ponderó que las acciones en contra de los navíos mercantes rusos están fuera del marco legal internacional y cobrarán una "alta factura" a las potencias occidentales. "En ese sentido, Rusia tiene bastante fortaleza, puesto que las sanciones europeas no han podido lograr un debilitamiento de la política exterior ni de la cuestión comercial e industrial ni tecnológica de Rusia. En tanto, la Unión Europea sigue adhiriéndose… el bloque europeo de la OTAN, a los intereses de Washington, y eso les está pasando una factura bastante alta", sentenció.

Acuerdo de defensa de La Meca, ¿la OTAN sunita?

Recomiendo: Acuerdo de defensa de La Meca, ¿la OTAN sunita? Por Alejandro Marcó del Pont | 13/08/2026 | Mundo Fuentes: El tábano economista [Imagen: El presidente turco, Tayyip Erdogan, el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, y el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, posan tras la firma de un acuerdo de defensa conjunto en La Meca, Arabia Saudita, el 7 de agosto de 2026. Saudi Press Agency via AP - Saudi Press Agency] ¿La muerte del monopolio de defensa del Golfo? (El Tábano Economista) Imagine usted un tablero de ajedrez donde, durante cincuenta años, un solo jugador movía todas las piezas. Ese jugador era Washington. Ponía y quitaba reyes, decidía qué peones avanzaban y cuáles morían, y cobraba por cada movimiento una comisión llamada petrodólar. Ahora imagine que, una mañana de agosto de 2026, tres jugadores que antes movían sus piezas por separado se sientan juntos, y dicen: a partir de hoy, jugamos nosotros. Eso es exactamente lo que ocurrió en La Meca el 7 de agosto de 2026. Arabia Saudita, Pakistán y Turquía firmaron un acuerdo de defensa conjunta que, sobre el papel, dice algo muy simple: si tocan a uno, nos tocan a todos. Pero debajo de esa frase aparentemente defensiva se esconde una nueva reconfiguración de poder en Oriente Medio desde la caída del Imperio Otomano. Para entender por qué este acuerdo hace temblar los cimientos del orden mundial, hay que comprender una fórmula que los analistas militares llevaban décadas temiendo y que nadie había logrado materializar hasta ahora. Es una ecuación de tres variables que, sumadas, producen algo explosivo. La primera variable es el dinero. Arabia Saudita tiene petróleo, reservas billonarias y la capacidad de financiar cualquier empresa militar durante generaciones sin pestañear. La segunda variable es el músculo. Pakistán tiene el sexto ejército más grande del mundo, experiencia de combate real en tres guerras contra la India, y algo que nadie más en el mundo islámico posee: ojivas nucleares. La tercera variable es la tecnología. Turquía, bajo el liderazgo de Erdogan, ha construido en quince años una industria militar que ya no envidia a nadie: drones que cambiaron la guerra en Nagorno-Karabaj, cazas de quinta generación en desarrollo, sistemas navales y de guerra electrónica de primer nivel. Cuando usted suma capital saudí, músculo pakistaní y tecnología turca, no obtiene una alianza. Produce una superpotencia regional que no responde a ningún Estado occidental, que no necesita permiso de nadie para existir y que tiene alcance desde el Mediterráneo hasta el océano Índico. Es, si se me permiten la analogía, como si tres empresas medianas que competían entre sí decidieran fusionarse y, de la noche a la mañana, se convirtieran en un monopolio que hace irrelevante al antiguo líder del mercado. Y aquí viene lo verdaderamente revolucionario: cada uno consigue algo que no podía obtener solo. Arabia Saudita gana un escudo. Durante años, Riad vivió con el terror de que un dron hutí o un misil iraní pudiera destruir una refinería, un aeropuerto, un proyecto turístico de la Visión 2030. Ahora, ese escudo ya no depende del humor del presidente de turno en Washington. Depende de divisiones paquistaníes y de enjambres de drones turcos que responden a una llamada directa desde La Meca. Pakistán gana oxígeno. Su economía estaba al borde del colapso, mendigando préstamos al FMI y a China. Ahora recibe un flujo constante de petrodólares saudíes, energía subsidiada y tecnología militar turca que moderniza su ejército sin tener que pedirle nada a nadie. Y Turquía gana algo que Erdogan lleva veinte años buscando: un asiento en la mesa grande. Ya no es el socio incómodo de la OTAN al que le niegan cazas F-35. Ahora es el proveedor tecnológico del mundo islámico, el cerebro industrial de una alianza que abarca tres continentes. Pero lo que este acuerdo demuestra, por encima de todo, es algo que Washington se negaba a aceptar: las potencias medias del mundo islámico ya no necesitan a Estados Unidos ni a Gran Bretaña para garantizar su supervivencia. Durante medio siglo, la doctrina fue simple. Nosotros les damos seguridad, ustedes nos dan petróleo barato y compran nuestros bonos del Tesoro. Ese trato se llamaba petrodólar y era el verdadero motor del poder estadounidense. No era el portaaviones en el Golfo lo que sostenía al dólar como moneda de reserva. Era el pacto silencioso de 1974: yo te protejo, tú vendes en dólares. Si la protección ya viene de Islamabad y Ankara, el dólar pierde su razón de ser. Y sin el petrodólar, Estados Unidos pierde el privilegio de imprimir dinero sin consecuencias, de sancionar a medio mundo sin represalias, de financiar su deuda a tasas ridículamente bajas. Estamos presenciando, y no es una exageración, el acta de defunción del monopolio de seguridad estadounidense en Oriente Medio. No murió de un golpe. Murió de irrelevancia después de los ataques iraníes. Murió porque sus antiguos clientes encontraron un proveedor mejor, más barato y sin condiciones políticas. Y cuando un monopolio muere, el antiguo monopolista no se retira elegantemente. Se enfurece. Castiga, sabotea. Y aquí es donde la cosa se pone peligrosa. Hay un actor que queda huérfano en este nuevo escenario, y ese actor es Israel. Piénsenlo con calma. Israel construyó toda su doctrina de seguridad sobre dos pilares. El primero, Estados Unidos me protege y me financia. El segundo, los árabes me necesitan como contrapeso contra Irán. Si Arabia Saudita ya tiene a Pakistán y a Turquía para disuadir a Teherán, ¿para qué necesita a Israel? Si el Golfo ya no depende del paraguas estadounidense, ¿por qué iba Riad a normalizar relaciones con Tel Aviv como moneda de cambio por armas que ya no necesita? Los Acuerdos de Abraham pierden su lógica. Israel se queda con su arsenal nuclear, con su tecnología de punta, con su ejército formidable, pero solo. Se convierte en una Esparta regional: temida, armada hasta los dientes, pero aislada, sin amigos, sin rutas de vuelo garantizadas, sin inteligencia compartida. Y un Israel aislado es un Israel impredecible, y un Israel impredecible es el mayor peligro para la estabilidad de toda la región. Ahora bien, este nuevo bloque no existe en el vacío. Existe en un mundo donde hay otra superpotencia que observa todo con una sonrisa silenciosa. Esa superpotencia es China. Y China es, paradójicamente, la mayor beneficiaria de este acuerdo sin haber disparado una sola bala ni firmado un solo tratado. ¿Por qué? Porque China necesita tres cosas desesperadamente: energía barata, rutas comerciales seguras y un dólar débil. Y este acuerdo le entrega las tres en bandeja de plata. Piensen en los corredores energéticos. El petróleo del Golfo tiene que pasar por dos cuellos de botella para llegar a Asia y UE: el estrecho de Ormuz y el estrecho de Bab el-Mandeb, en el Mar Rojo. Irán controla el primero. Los hutíes, aliados de Irán, controlan el segundo. Cualquier analista militar le dirá que, por muy poderoso que sea el nuevo bloque trilateral, no puede bombardear Ormuz sin destruir la economía mundial. No puede invadir Yemen sin desatar una guerra que nadie quiere. Entonces, ¿qué hacen Arabia Saudita, Turquía y los países del Golfo? Tienen que hablar con Irán. Tienen que negociar. Tienen que llegar a un entendimiento. Y ¿saben quién es el único país del mundo que tiene influencia simultánea sobre Irán, sobre Pakistán y sobre Arabia Saudita? China. Beijing compra el petróleo de los tres. Beijing financia infraestructura en los tres. Beijing tiene contratos de armas con los tres. China se convierte en el árbitro natural, en el notario de la paz, en el garante último de que los estrechos permanezcan abiertos. Y eso es exactamente lo que China quiere. No necesita portaaviones en el Golfo. No necesita bases militares. Le basta con ser el cliente principal, el prestamista paciente y el mediador discreto. Mientras Washington gasta billones en bases militares que ya nadie necesita y fueron destruidas, Beijing construye puertos, ferrocarriles y oleoductos que todos necesitan. Es la diferencia entre un imperio que cobra por proteger y un imperio que cobra por conectar. Los corredores energéticos quedan así cubiertos por una red de acuerdos. Arabia Saudita negocia con Irán porque necesita que sus petroleros pasen por Ormuz. Turquía negocia con Rusia porque necesita que el grano y el gas fluyan por el Mar Negro. Pakistán ofrece el puerto de Gwadar como alternativa logística. Y China, desde arriba, teje todos estos hilos en una sola red comercial que se llama la Nueva Ruta de la Seda. El resultado es que el flujo de energía ya no depende de la Quinta Flota estadounidense. Depende de una arquitectura de acuerdos regionales donde cada actor tiene algo que perder si dispara primero. ¿Y qué pierde Estados Unidos en todo esto? Pierde el Golfo, pierde el petrodólar, pierde la capacidad de sancionar unilateralmente, pierde la exclusividad de vender armas, pierde el monopolio de la inteligencia. Pero, sobre todo, pierde algo que no se recupera con dinero ni con misiles, pierde la narrativa. Pierde la historia que se contaba a sí mismo y al mundo de que era indispensable, de que sin él habría caos, de que su presencia era el precio de la paz. Esa historia se acabó. Y cuando una historia se acaba, no importa cuántos portaaviones tengas, el mundo ya no te mira igual. Hay quien dirá que esto es una exageración, que Estados Unidos sigue teniendo la economía más grande, el ejército más poderoso, la tecnología más avanzada. Y es cierto. Pero la hegemonía no se mide solo en fuerza bruta. Se mide en relevancia. Se mide en si los demás te necesitan o no. Y la verdad incómoda de este agosto de 2026 es que, por primera vez en medio siglo, los países del Golfo, de Anatolia y del subcontinente indio han decidido que no necesitan a Washington para sobrevivir. Han encontrado su propia fórmula. Y esa fórmula, por ahora, funciona. El mundo que nace no es un mundo sin conflictos. Irán y Arabia Saudita seguirán desconfiando. India mirará con recelo a Pakistán reforzado. Israel hará algo desesperado. Turquía y Rusia chocarán en el Mar Negro. Pero será un mundo donde esos conflictos se resuelven, o al menos se gestionan, sin que solo Washington tenga la última palabra. Será un mundo más desordenado, sí. Pero también más honesto. Un mundo donde el poder se negocia entre muchos, en lugar de imponerse desde uno solo. La historia no termina aquí. Nunca termina. Pero el 7 de agosto de 2026, en una ciudad sagrada del desierto arábigo, tres hombres firmaron un papel y, sin saberlo quizás, cerraron un capítulo de cincuenta años. El capítulo donde un solo país decidía quién vivía y quién moría en la región más energética del planeta. Ese capítulo se cerró. Y el siguiente, el que se está escribiendo ahora mismo, tiene muchos autores. Esa es la verdadera noticia. No que nazca un nuevo bloque. Sino que muera un monopolio. Y los monopolios, cuando mueren, nunca vuelven. Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2026/08/12/acuerdo-de-defensa-de-la-meca-la-otan-sunita/

miércoles, 12 de agosto de 2026

Netanyahu busca consolidarse como gendarme regional", tras rechazar acuerdo con Hamás

- Sputnik Mundo Cara o Ceca "Netanyahu busca consolidarse como gendarme regional", tras rechazar acuerdo con Hamas. El primer ministro israelí rechazó el acuerdo de desarme de Hamás impulsado por Donald Trump ante el Consejo de Paz. El mandatario aseveró que "rechaza el documento de 15 puntos" y que "las Fuerzas de Defensa no realizarán ninguna retirada hasta el desarme de Hamás". "Veo dos estrategias en el marco del conflicto. Los desacuerdos entre Trump y Netanyahu son más estratégicos que tácticos. Trump quiere darle un cierre al conflicto, en la antesala de las elecciones locales, mientras que Netanyahu busca aumentar la conflictividad en la región y la continuidad de la guerra para consolidarse como gendarme regional", sostuvo en Cara o Ceca Sebastián Schulz, analista internacional y profesor de la Universidad Nacional de La Plata en Argentina. "Estos puntos son irrealizables porque implican la retirada de Israel y una desmilitarización incondicional de Hamás. Al mismo tiempo, otros actores internacionales sostienen que la paz se alcanzará cuando se cree el Estado palestino", añadió. "En el mediano plazo van a persistir los conflictos y eso dará lugar a que los actores de peso regional se alejen de EEUU para intentar resolverlos priorizando sus intereses", observó.