CRISTIANOS DEL NUEVO SIGLO
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lunes, 4 de mayo de 2026
Irán lanza una advertencia ante el plan de Trump para el estrecho de Ormuz
- Sputnik Mundo
Irán lanza una advertencia ante el plan de Trump para el estrecho de Ormuz
La seguridad del estrecho de Ormuz está bajo control de Irán y que cualquier tránsito seguro se realiza con autorización de sus FFAA, afirmó el general iraní Alí Abdolahí, jefe del cuartel general central del mando militar iraní Jatam Anbiya.
"Cualquier fuerza armada extranjera, especialmente las de EEUU, que intente acercarse o entrar en el estrecho de Ormuz será blanco de ataques", citó sus palabras la agencia de noticias iraní ISNA.
"Recomendamos a todos los buques comerciales y petroleros que se abstengan de realizar cualquier acción sin coordinación con las fuerzas armadas desplegadas en el estrecho de Ormuz, para no exponerse a peligros", aseveró el titular.
"Es inaceptable": EEUU rechaza la propuesta de paz de Irán
Previamente, el mandatario estadounidense Donald Trump anunció que Washington comenzará a escoltar a los navíos neutrales fuera del estrecho de Ormuz a partir del 4 de mayo.
A su vez, el Comando Central de EEUU detalló que el apoyo militar estadounidense al llamado Proyecto Libertad incluirá destructores con misiles guiados, más de 100 aeronaves, plataformas no tripuladas y 15.000 efectivos.
Estados Unidos no busca la paz con Irán sino su destrucción
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Estados Unidos no busca la paz con Irán sino su destrucción
Por Augusto Zamora R. | 02/05/2026 | Mundo
Fuentes: Rebelión
El fin, por ahora, de los criminales ataques contra la República Islámica de Irán (RII), la tregua existente y el incierto proceso de negociación en marcha no debe interpretarse como el fin del conflicto que enfrenta a Irán con los países agresores, EEUU e Israel. Aunque se llegara a firmar un acuerdo de paz, los hechos demuestran sobradamente que los acuerdos, para EEUU, desde el siglo XIX carecen de obligatoriedad y, por tanto, pueden ser rotos o desconocidos en cualquier momento. Trump retiró a EEUU del tratado nuclear con Irán, firmado en 2015, echando por tierra en minutos años de negociaciones. EEUU también se retiró de todos los tratados sobre control de armamentos firmados con la URSS y prolongados con Rusia, como Estado sucesor, además de retirarse de decenas de organismos internacionales. Desde los propios orígenes de EEUU, los tratados internacionales son instrumentales, no obligatorios. Firmar acuerdo con EEUU no garantiza nunca nada. Quien crea lo contrario se pierde.
El conflicto que enfrenta a Israel con todos sus vecinos, pero, muy particularmente, con Irán, es existencial. El régimen sionista tiene como objetivo adquirir su “espacio vital” (el lebensraun nazi), que es ocupar toda Palestina y, para lograrlo, debe destruir a los palestinos como pueblo. El genocidio en Gaza no es hecho puntual, sino una etapa más para ampliar su ‘lebensraun’. Ese objetivo cuenta con el apoyo irrestricto de EEUU y de países europeos como Alemania y Francia. Busca, igualmente, destruir a los países vecinos y, con el apoyo de EEUU y la complicidad vergonzante de los países árabes, someter Oriente Medio y Próximo a los dictados del sionismo y de EEUU. Hagan memoria sobre el destino del llamado “eje de resistencia” al sionismo. Egipto, vendido a EEUU y Arabia Saudita por 1.500 millones de dólares anuales. Iraq, Libia y Siria destruidos por ataques armados y operaciones secretas, hasta el colapso de esos Estados. Del “eje de resistencia” sólo que Irán como Estado y los movimientos que apoya.
Desde su fundación, en 1948, el Estado sionista no ha cesado de ocupar territorio palestino y no cesará de hacerlo. La nueva invasión de Líbano y la pretensión de crear una ‘franja de seguridad’ vaciándola de libaneses busca -aunque no lo digan- crear condiciones para anexionarse dicha franja, como hicieron con los Altos del Golán. Detrás de todo eso está el delirio nazionista de establecer un -imposible- ’Gran Israel’ invadiendo el vecindario. Quien quiera creer lo contrario o se engaña o no entiende.
En el otro lado se encuentran el pueblo palestino, Irán y los movimientos afines. Todos ellos defienden la creación de un Estado palestino y el fin del régimen sionista. No hay forma, en las presentes -y futuras- circunstancias, de encontrar arreglo a esa contradicción, que se ha agudizado al extremo tras el genocidio y destrucción de Gaza.
Lo que se pueda firmar como ‘acuerdo de paz’ entre Irán y EEUU será más una tregua que un acuerdo real. Prueba de ello es que Trump ha ordenado la construcción de miles de misiles THAAD y Tomahawk, entre otros, para suplir los empleados en la agresión contra Irán. Además, está solicitando triplicar su cantidad, tanto para surtir de misiles suficientes al Estado sionista, como para llenar los arsenales de EEUU. En dos años, como máximo, según calculan expertos, EEUU dispondría de un arsenal enorme. En otras palabras, ganado tiempo, EEUU estaría en mejores condiciones para intentar destruir Irán, destruyendo lo que crean que deban destruir para alcanzar ese objetivo. Quien crea que EEUU busca un acuerdo real con Irán ignora lo que es EEUU y, peor aún, desconoce, voluntaria o idiotamente, el peso del lobby sionista/evangélico ahí.
El Ejército de EEUU ha solicitado 745,7 millones de dólares para adquirir 96 sistemas lanzacohetes múltiples Himars, multiplicando por doce la financiación inicial, según los documentos presupuestarios del Pentágono. Según esos documentos, para el año fiscal 2026, que finaliza el 30 de septiembre, había destinados únicamente 61,5 millones de dólares, para adquirir sólo seis unidades. Ahora, el Ejército quiere ampliar las reservas de Himars hasta las 617 unidades. Hay que retroceder a 2023 para encontrar una cantidad similar. Ese año se destinaron 672 millones de dólares a los Himars, incluidos 516 millones para reponer los sistemas transferidos al régimen ukronazi. El Pentágono también tiene solicitados 2.700 millones de dólares para lanzadores terrestres MRC, usados por los misiles Tomahawk y SM-6. En suma, EEUU prepara otra guerra, y no será para ocupar Groenlandia ni contra Rusia. Su destino más seguro es Irán.
Tres factores han sido determinantes para que EEUU haya buscado un alto al fuego. El primero fue el agotamiento de sus arsenales, ante la inesperada resistencia de Irán. El 23 de abril, según una última evaluación publicada por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), el ejército de EEUU “agotó sus reservas de misiles críticos hasta niveles peligrosos durante la guerra de siete semanas contra Irán, lo que generó un riesgo a corto plazo que podría dejar al país vulnerable”. Si los agresores hubieran dispuesto de armamento suficiente, la guerra habría continuado.
El segundo factor es el económico. El cierre del estrecho de Ormuz y los ataques -merecidos- de Irán a la infraestructura energética de los países del golfo, estaban desencadenando una crisis energética que, en primer lugar, se iba a llevar por delante a los principales aliados de EEUU, es decir a la Europa atlantista, Japón y Corea del Sur. El rechazo atlantista a apoyar la agresión yanqui/sionista contra Irán tenía una profunda razón económica. Si la guerra hubiera continuado, la crisis energética habría podido desatar una crisis en una mayoría de economías del mundo, pero, en primer término, entre los aliados de EEUU. La prórroga del cese al fuego es respuesta a la agonía económica y al ahogo financiero de las petromonarquías. El 19 abril pasado, Emiratos Árabes Unidos inició conversaciones con EEUU para obtener respaldo financiero, según informara el diario Wall Street Journal. Y la crisis apenas comienza, pues desde el inicio de la agresión contra Irán la fuga de capitales y empresas ha sido cotidiana.
El tercer factor es la insospechada resistencia de Irán y su asombroso arsenal misilístico. Podría ocurrir que la capacidad militar demostrada de Irán sea el detonante de una tercera -y casi definitiva- agresión contra este país. Vamos a explicarnos. El Estado genocida sionista ha sufrido en vivo y directo el poder militar y tecnológico de Irán, cuyos misiles causaron daños terribles a entidad sionista. Sería ingenuo no pensar que el poder iraní no ha causado una preocupación existencial entre los sionistas. Tendrán ya considerado que, si Irán, con todo y las enormes sanciones que ha sufrido, ha podido desarrollar el poderoso armamento del que ha hecho gala, ¿qué no podría desarrollar con una economía reconstruida y con apoyo de Rusia, China y Corea del Norte? La paz beneficiaría grandemente a Irán, pero sería fatal para el ente sionista. Si destruir Irán ha sido objetivo de dicho ente, tras el fracaso de la agresión, pasará a ser objetivo esencial. No se detendrá hasta lograr que EEUU lance un tercer y aniquilador ataque contra Irán.
Si en Irán entienden la hondura del juego, el único medio de garantizar su sobrevivencia sería desarrollando como sea el arma nuclear. Porque, así como Irán ha demostrado su fuerza y resiliencia, esa fuerza y resiliencia habrá multiplicado el temor, en el ente sionista, a un Irán cada día más potente económica, militar y tecnológicamente. De esa guisa, una tercera agresión estaría cantada, y esta vez en manada, de forma similar a lo que le ocurrió al Iraq de Sadam Husein. EEUU y el ente sionista no irían solos. En esa tercera agresión, no lo duden, participarían la OTAN, las petromonarquías del golfo Pérsico y todos los títeres que EEUU pueda arrastrar, al estilo Afganistán.
Desde esa perspectiva adquiere tu verdadero sentido la exigencia de EEUU y el ente sionista, de pretender despojar a Irán de todas, absolutamente todas, sus reservas de uranio enriquecido. Sólo privando a Irán de dicho uranio se garantizaría que Irán quede imposibilitado de desarrollar un arma nuclear y -asegurada esta imposibilidad-, podrían EEUU y su cohorte planificar una tercera y definitiva guerra de agresión, para aniquilar de raíz a la república islámica y desmantelar Irán como país, dividiéndolo a su antojo. En Irán parece que lo están entendiendo. Así, el presidente Pezeshkian defendió que ningún actor externo tiene derecho a privar al país de sus derechos nucleares. El 26 de abril, se filtró la última propuesta de Irán a EEUU: reabrir el estrecho de Ormuz y poner fin a la guerra y posponer para una etapa posterior las negociaciones nucleares. Nos dejaría sorprendidos que EEUU pueda aceptar esa propuesta, pues la idea de EEUU (mejor dicho, del ente sionista) es lo opuesto: el uranio enriquecido a cambio de ¿paz? Recuerden Libia. Gadafi, para agradar a Occidente, se desarmó. ¿Qué pasó luego?…
El destino del uranio enriquecido es el nudo de la cuestión y la posición de EEUU sobre este tema será la señal de lo que piense a futuro. Si insiste a muerte en que Irán entregue su uranio, es porque está considerando un tercer y definitivo ataque. Si opta por una posición más sensata y aceptable para Irán, es que la posibilidad de este tercer ataque se aleja. Por demás, si algo demostró Irán en la guerra impuesta por el eje gringo/sionista es que dispone de tecnología suficiente para fabricar misiles capaces de ser dotados de ojivas nucleares. Dicho de otra forma, Irán ha demostrado que posee la tecnología necesaria para fabricar misiles de largo y medio alcance con capacidades múltiples. Disponiendo de uranio enriquecido suficiente, estaría en capacidad de fabricar en meses ojivas nucleares. En caso de necesitar una mano amiga, ahí está Corea del Norte, cuyos ingenieros enseñaron a los iraníes cómo se construyen fortalezas subterráneas.
Por último, señalamos que la agresión contra Irán puede entenderse como un ensayo de la casi inevitable guerra entre EEUU y China (y Rusia) por el control del Pacífico. Pero ese es otro tema, para otro día calendario.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
domingo, 3 de mayo de 2026
La burbuja de ilusión de Occidente sobre Israel —y sobre sí mismo— finalmente está estallando
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La burbuja de ilusión de Occidente sobre Israel —y sobre sí mismo— finalmente está estallando
Por Jonathan Cook | 02/05/2026 | Mentiras y medios
Fuentes: Jonathan Cook Substack.
Revisado y editado por Marwan Pérez para Rebelión
El genocidio en Gaza y la limpieza étnica en el Líbano agotaron la legitimidad moral de Occidente. Ahora Irán está agotando lentamente la primacía militar de Occidente.
Durante décadas, dos narrativas irreconciliables sobre Israel y sus motivaciones han coexistido en paralelo.
Por un lado, la narrativa oficial occidental presenta a un valiente y asediado Estado «judío» de Israel, desesperado por alcanzar la paz con sus hostiles vecinos árabes. Incluso hoy en día, esa historia domina el panorama político, mediático y académico.
Una y otra vez, o al menos eso nos dicen, Israel ha tendido la mano a «los árabes», buscando su aceptación, pero siempre ha sido rechazado.
Un trasfondo en gran medida tácito sugiere que los regímenes supuestamente irracionales, sanguinarios y antisemitas de toda la región habrían completado la agenda exterminadora de los nazis de no ser por la protección humanitaria que Occidente brindó a una minoría vulnerable.
Una contranarrativa palestina, aceptada en gran parte del resto del mundo, es silenciada en Occidente como una «calumnia de sangre» antisemita.
Presenta a Israel como un estado supremacista étnico y altamente militarista, armado por Estados Unidos y Europa, empeñado en la expansión, las expulsiones masivas y el robo de tierras.
Desde esta perspectiva, Occidente implantó a Israel como un puesto militar colonial, con el fin de someter a la población palestina nativa y aterrorizar a los estados vecinos mediante demostraciones de fuerza implacables y abrumadoras.
Los palestinos no pueden alcanzar la paz ni ningún tipo de acuerdo, porque Israel solo busca la conquista, la dominación y la aniquilación. No hay término medio posible.
La prueba, señalan los palestinos, es la persistente negativa de Israel a definir sus fronteras. A medida que su poder militar ha crecido década tras década, han surgido agendas políticas cada vez más extremas, que exigen no solo la anexión por parte de Israel de los últimos vestigios de los territorios palestinos que ocupa ilegalmente, sino también la expansión hacia estados vecinos como Líbano y Siria.
Embriagados de poder
Aquí tenemos dos relatos contradictorios en los que cada bando se presenta como víctima del otro.
Dos años y medio después del inicio de una serie de guerras israelíes contra los pueblos de Gaza, Irán y Líbano, ¿cómo se mantienen estas dos perspectivas?
¿Acaso Israel parece un pacificador frustrado que se enfrenta a oponentes bárbaros, o un estado canalla cuya agresión durante décadas ha provocado la misma violencia de represalia que se utiliza para justificar su constante actividad bélica?
¿Es Israel un pequeño estado fortaleza, reacio a defenderse, o un aliado militar occidental tan embriagado de su propio poder que no puede limitar sus ambiciones territoriales, del mismo modo que un gran tiburón blanco no puede dejar de nadar?
Lo cierto es que los últimos 30 meses han puesto de manifiesto, de forma contundente, no solo lo que Israel siempre ha sido, sino también, por extensión, lo que nuestros propios estados occidentales aspiraban a lograr a través de su cliente predilecto en Oriente Medio.
En un momento de imprudencia el mes pasado, Christian Turner, el sucesor de Peter Mandelson como embajador británico en Estados Unidos, dijo en voz alta lo que muchos pensaban. Washington, el centro imperial de Occidente, afirmó, no sentía una lealtad profunda hacia sus aliados, salvo por uno.
Sin saber que sus palabras estaban siendo grabadas, les dijo a un grupo de estudiantes visitantes : «Creo que probablemente hay un país que tiene una relación especial con Estados Unidos, y ese es probablemente Israel».
Esa relación especial exige que la clase política y mediática de otros estados clientes de Washington, como Gran Bretaña, protejan a la Esparta de Occidente en Oriente Medio del escrutinio crítico.
Las atrocidades de Israel se han vuelto tan flagrantes que el gobierno británico anunció el mes pasado el cierre de la unidad del Ministerio de Asuntos Exteriores encargada de investigar los crímenes de guerra —alegando la necesidad de recortes— para evitar que se expusiera aún más su complicidad en dichos crímenes.
Si el gobierno británico se niega a supervisar los crímenes de guerra de Israel, no esperen más de los medios de comunicación tradicionales.
Durante meses, Israel ha estado arrasando pueblo tras pueblo en el sur del Líbano, expulsando a millones de habitantes de las tierras que sus antepasados habían habitado durante milenios, y esto apenas preocupa a nuestros políticos y medios de comunicación.
Israel está destruyendo el suministro de agua de Gaza , como ya hizo anteriormente con los hospitales y el sistema de salud del pequeño enclave, lo que garantiza una mayor propagación de enfermedades, y nuestros políticos y medios de comunicación apenas tienen una palabra que decir al respecto.
Israel asesina a periodistas y personal de emergencias en Gaza y Líbano semana tras semana , mes tras mes, y esto apenas provoca la reacción de la clase política y mediática.
Israel declara “líneas amarillas ” en Gaza y Líbano, demarcando fronteras ampliadas que formalizan el robo de tierras ajenas, y esto se convierte instantáneamente en la nueva normalidad.
Israel viola continuamente los altos el fuego en Gaza y Líbano , sembrando la miseria e incitando aún más la ira y el resentimiento , y una vez más, nuestros políticos y medios de comunicación hacen la vista gorda.
¿Qué medios de comunicación occidentales están señalando un hecho sumamente revelador: que Israel ocupa ahora más territorio del Líbano que el que Rusia ocupa de Ucrania ?
Sesgo de los medios
Un análisis realizado el mes pasado por el grupo de monitoreo de medios Newscord confirmó investigaciones anteriores: que los medios británicos evitan cuidadosamente nombrar la limpieza étnica y el genocidio cuando es Israel, y no Rusia, quien los lleva a cabo.
Al comparar la cobertura de los medios de comunicación británicos más «serios» —la BBC, The Guardian y Sky— con la de Al Jazeera, el estudio concluyó que los medios británicos optan sistemáticamente por ocultar la responsabilidad de Israel por sus crímenes.
Israel fue identificado como responsable de los ataques en Gaza en solo la mitad de los reportajes de noticias británicos, en contraste con casi el 90 por ciento de los de Al Jazeera. Como señaló Newscord : «En la mitad de los casos, a los lectores de la BBC no se les dice quién mató a la persona en cuestión».
Eso quedó ilustrado gráficamente en un tristemente célebre titular de la BBC : «Hind Rajab, de 6 años, encontrada muerta en Gaza días después de haber llamado pidiendo ayuda».
De hecho, un tanque israelí acribilló a balazos un coche estacionado a pesar de que el ejército israelí sabía desde hacía horas que en su interior se encontraba una niña palestina —la única superviviente de un ataque anterior— a la que los equipos de emergencia intentaban desesperadamente rescatar. Israel también asesinó al equipo de rescate.
En otro hallazgo revelador, Newscord señala que cuatro de cada cinco reportajes de la BBC sobre las bajas causadas por los ataques israelíes utilizaron la voz pasiva, en lugar de la activa, con la clara intención de minimizar la culpabilidad y la brutalidad de Israel.
Los medios británicos también minimizaron activamente la magnitud del número de palestinos muertos en Gaza, atribuyendo regularmente las cifras a un ministerio de salud «afiliado a Hamás», a pesar de que las cifras, que actualmente superan los 70.000 palestinos, son casi con toda seguridad una subestimación masiva, dada la temprana destrucción del gobierno del enclave por parte de Israel y su capacidad para contabilizar a los muertos.
El hecho de que las Naciones Unidas hayan considerado creíbles las cifras de Gaza solo se mencionó en el 0,6 por ciento de los informes.
Intención genocida
De manera similar, la BBC y The Guardian optaron por humanizar a los cautivos israelíes de Hamás, mencionándolos el doble de veces que a los cautivos palestinos del Estado israelí.
Lo inadecuado de ese doble rasero queda acentuado por las continuas insinuaciones de políticos y medios de comunicación de que Hamas «decapitó bebés» y llevó a cabo violaciones sistemáticas el 7 de octubre de 2023, más de dos años después de que esas afirmaciones fueran completamente desacreditadas.
Compárese esto con el efectivo silenciamiento mediático del informe de Euro Med Monitor del mes pasado sobre la repugnante práctica del ejército israelí de violar a prisioneros palestinos con perros entrenados precisamente para ese fin.
Se ha multiplicado el relato de palestinos cautivos por Israel sobre violaciones y abusos sexuales sistemáticos, testimonios confirmados por organizaciones de derechos humanos y por denuncias de soldados y personal médico israelíes. Sin embargo, estos relatos apenas tienen repercusión en los medios de comunicación occidentales.
Newscord señala otro problema velado que distorsiona la cobertura occidental: la omisión de hechos establecidos pero inconvenientes que presentarían a Israel bajo una luz depravada, es decir, veraz.
Por ejemplo, señala Newscord, la BBC no ha informado en absoluto, salvo en una sola ocación, de las cientos de declaraciones claramente genocidas realizadas por funcionarios israelíes, desde el primer ministro Benjamin Netanyahu en adelante.
Es fácil comprender porqué. Las autoridades legales suelen tener dificultades para determinar de forma concluyente si se ha cometido un genocidio porque, fundamentalmente, depende de inferir la intención, que normalmente está oculta por quienes cometen atrocidades.
Resulta innegable que, en el caso de Israel, sus acciones en Gaza no solo parecen un genocidio, sino que sus líderes han dejado meridianamente claro que dichas acciones tienen una intención genocida. Este comportamiento solo se observa en quienes se sienten impunes.
Una vez más, los medios británicos se han encomendado obedientemente de proteger a Israel de cualquier riesgo legal; todo ello en aras de una información objetiva, como bien saben.
Una vieja historia
Esto no es nada nuevo. La historia se repite desde antes de la violenta creación de Israel en la patria palestina en 1948, cuando Israel llevó a cabo una limpieza étnica contra el 80% de la población nativa en el nuevo estado autoproclamado «judío». O cuando, según el discurso engañoso que siguen empleando las élites políticas, mediáticas y académicas occidentales, unos 750.000 palestinos «huyeron».
El objetivo ha sido crear y mantener una burbuja de ilusión para el público occidental, una en la que nuestros propios crímenes —y los de nuestros aliados— permanezcan invisibles para nosotros.
Cabe destacar, en este sentido, la decidida exclusión de Israel por parte del gobierno británico de una reciente investigación «independiente» , dirigida por el exfuncionario de Whitehall Philip Rycroft, sobre la influencia financiera extranjera perniciosa en la política británica. Por supuesto, Rusia fue la principal protagonista de la investigación.
Como era de prever, el gobierno de Keir Starmer rechazó en abril una petición firmada por más de 114.000 personas que solicitaban una investigación pública similar sobre la influencia del poderoso lobby israelí.
Eso no fue ninguna sorpresa, dado que cualquier investigación de ese tipo habría corrido el riesgo de poner de relieve los cientos de miles de libras que se sabe que Starmer y sus ministros recibieron de grupos de presión proisraelíes.
La misma clase política y mediática británica tan reacia a investigar la influencia perniciosa del lobby proisraelí también ignora la actual y sistemática destrucción de aldeas e infraestructuras por parte de Israel en todo el sur del Líbano, en flagrante violación de un supuesto alto el fuego.
Soldados israelíes han declarado a los medios locales que su trabajo consiste en atacar indiscriminadamente todas las estructuras, sean civiles o «terroristas», con el objetivo de impedir que los habitantes libaneses regresen a sus aldeas.
Esto coincide con el anuncio de Israel de que no tiene intención de retirarse una vez que cesen los combates, y continuará con su plan general de colonizar los territorios ocupados en el Líbano con colonos judíos.
Si no fuera por los vídeos de Israel bombardeando comunidades libanesas que se han difundido en las redes sociales, a pesar de la supresión algorítmica, quizás no sabríamos de los esfuerzos masivos de Israel por llevar a cabo una limpieza étnica en el sur del Líbano.
En respuesta a estos videos, The Guardian publicó un inusual reportaje en los medios de comunicación convencionales sobre la campaña de destrucción, minimizando el horror que vivieron las familias libanesas al descubrir que sus hogares habían desaparecido, junto con recuerdos y reliquias invaluables. El periódico describió esta experiencia —absurdamente— como « agridulce ».
Los críticos señalan un patrón constante. Israel no solo está arrasando el sur del Líbano; en los últimos 30 meses, también ha arrasado casi todos los edificios de Gaza.
Pero el modelo para ambos tiene un origen mucho más antiguo, como aprende todo palestino desde temprana edad.
Tras haber expulsado a la mayoría de los palestinos de sus hogares en 1948, Israel pasó años dinamitando unos 500 pueblos uno tras otro, incluso mientras los líderes israelíes afirmaban públicamente que suplicaban a los refugiados que regresaran y los líderes occidentales ensalzaban a Israel como la «única democracia» de Oriente Medio .
Las expulsiones que Occidente aún finge que no ocurrieron hace ocho décadas se están transmitiendo en directo. Esta vez, son imposibles de negar, al igual que la agenda colonial y supremacista que las sustenta.
Vilipendiar al mensajero
Si el mensaje implícito en las atrocidades de Israel ya no puede desaparecer, blanquearse ni normalizarse, como ocurría en una época anterior a las noticias continuas de 24 horas y las redes sociales, entonces se requiere una estrategia diferente: vilipendiar al mensajero.
Esta es la tarea política de nuestro tiempo.
La izquierda antirracista es demonizada como fanática antisemita por intentar reventar la burbuja de ilusión que Occidente ha mantenido durante mucho tiempo, denunciando ruidosamente tanto las atrocidades cometidas por Israel, supuestamente en nombre de los judíos, como la complicidad de sus propios gobiernos en esas atrocidades.
El mes pasado, el gobierno de Starmer aprobó en la Cámara de los Comunes una ley que permite a la policía prohibir las protestas que causen » perturbaciones acumulativas «, es decir, protestas repetidas como las que se llevaron a cabo contra el genocidio israelí en Gaza. Los medios de comunicación apenas reaccionaron.
El ataque perpetrado esta semana contra dos hombres judíos en Golders Green, presuntamente por un hombre con problemas mentales y un largo historial de violencia, está siendo rápidamente aprovechado por los principales partidos para preparar restricciones aún más severas al derecho a la protesta.
Observen en este vídeo cómo Fiona Bruce, presentadora de Question Time, interrumpe inmediatamente a la subdirectora del Partido Verde en cuanto esta cuestiona a los demás panelistas por vincular las marchas contra el genocidio en Gaza con los ataques antisemitas.
Los británicos que intentan detener los crímenes de guerra israelíes, ya sea atacando las fábricas de la muerte de Israel ubicadas en el Reino Unido o portando pancartas en apoyo de este tipo de acción directa, siguen siendo tratados como «terroristas» , incluso después de que un tribunal dictaminara que la prohibición de Palestine Action es ilegal.
Ante la frecuente reticencia de los jurados a condenar, el Estado británico ha optado por manipular abiertamente los juicios. Se impide a los jurados conocer los motivos de los ataques contra las fábricas de armas israelíes, principal argumento de la defensa de los acusados. Los jueces instruyen a los jurados para que dicten sentencia condenatoria.
Los ciudadanos que sostienen carteles en silencio a las afueras de los tribunales son arrestados por recordar a los jurados un derecho legal consagrado desde hace mucho tiempo a desobedecer tales instrucciones, seguir su conciencia y absolver; un abuso policial que contraviene cientos de años de precedentes legales y que los tribunales parecen cada vez más dispuestos a tolerar .
Existen medidas cautelares, acatadas dócilmente por los medios de comunicación, sobre otras prácticas ilícitas secretas diseñadas para ayudar al gobierno británico a obtener los veredictos que necesita para frenar el activismo contra el genocidio. Solo lo sabemos porque la diputada de su partido, Zarah Sultana, ha utilizado su inmunidad parlamentaria para denunciarlas.
Esta semana resultó significativo que, en el actual juicio por repetición contra seis acusados de Palestine Action, cinco de ellos prescindieran de sus abogados para los alegatos finales. Señalaron, con tono sombrío, que sus representantes legales no podían representarlos adecuadamente debido a «decisiones tomadas por el tribunal».
Mientras tanto, el gobierno de Starmer sigue adelante con sus planes para deshacerse finalmente de los jurados problemáticos y dejar que jueces más fiables decidan por sí solos estos juicios políticos farsa.
Bienvenidos al rápido desmoronamiento de los derechos constitucionales más preciados de Gran Bretaña, necesarios principalmente, al parecer, para proteger a un país lejano que, según la Corte Internacional de Justicia , comete el crimen de apartheid contra los palestinos y que posiblemente esté cometiendo genocidio en Gaza.
Una lección dolorosa
Pero, por supuesto, el gobierno británico —al igual que los gobiernos de Estados Unidos, Alemania y Francia— no está socavando su democracia liberal solo para proteger a Israel. Se ve obligado a llegar a tales extremos por desesperación.
Occidente ya no puede sostener la burbuja de ilusión —sobre su superioridad moral o civilizatoria— en un mundo de recursos menguantes, un mundo donde las élites occidentales están dispuestas a provocar la destrucción del planeta para proteger las ganancias de los combustibles fósiles de las que se han vuelto obesas.
La agenda de la élite Epstein es cada vez más transparente en su país y cada vez más cuestionada en el extranjero. El genocidio en Gaza y la limpieza étnica en el Líbano han agotado la legitimidad moral de Occidente. Ahora, Irán está agotando lentamente la primacía militar de Occidente.
No sorprende que un imperio estadounidense en sus últimas, un imperio construido sobre el control de los combustibles fósiles, haya elegido el estrecho de Ormuz , el mayor puerto petrolero del mundo, como escenario para su batalla final.
Israel fue, en efecto, implantado en la región hace ocho décadas como un estado títere altamente militarizado cuya principal función era proyectar el poder occidental, es decir, el estadounidense, en el rico Oriente Medio.
Estados Unidos protegió a Israel del escrutinio público por la opresión que ejerce sobre los palestinos y el robo de su tierra natal.
A cambio, el «valiente» Israel ayudó a Estados Unidos a construir una narrativa interesada que requería la contención y el derrocamiento de los gobiernos nacionalistas seculares en Oriente Medio, al tiempo que protegía a monarquías retrógradas que fingían oponerse a Israel mientras secretamente conspiraban con él.
Los estados resultantes de la región, asediados y divididos, estaban listos para ser controlados. Carecían de gobiernos responsables que respondieran a las necesidades de su población y que pudieran aliarse para proteger los intereses de la región de la injerencia colonial occidental.
Ahora, Irán está poniendo a prueba este sistema, que lleva décadas en funcionamiento, hasta su destrucción. Está obligando a los estados del Golfo a elegir: ¿seguirán sirviendo a Estados Unidos, a pesar de que este ha demostrado no poder protegerlos, o se aliarán con Irán, que emerge como una nueva gran potencia y cobra tasas por el paso por el estrecho?
Occidente está aprendiendo rápidamente que los drones baratos pueden eludir incluso sus sistemas de detección más sofisticados, y que unas pocas minas y lanchas patrulleras pueden estrangular gran parte del combustible del que depende la economía mundial.
La burbuja de la ilusión finalmente ha estallado. Occidente está recibiendo un duro y largamente esperado despertar. La lección será, sin duda, dolorosa.
Fuente: https://jonathancook.substack.com/p/the-wests-bubble-of-illusion-about
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
sábado, 2 de mayo de 2026
Irán responde a EEUU con un plan de 14 puntos para poner fin a la guerra
Irán responde a EEUU con un plan de 14 puntos para poner fin a la guerra
- Sputnik Mundo,02.05.2026
Irán, a través de un mediador pakistaní, presentó una respuesta a la propuesta estadounidense de nueve puntos, argumentando que el objetivo de las negociaciones debe ser el fin definitivo de la guerra, no solo una extensión del alto el fuego.
Según medios iraníes, Washington ha propuesto una tregua de dos meses, mientras que Teherán afirma que los puntos principales deben definirse en 30 días.
Estas son las principales demandas de Irán:
Garantías de que no habrá más agresiones militares por parte de Estados Unidos o Israel.
Retirada de las fuerzas y activos militares estadounidenses de Oriente Medio y la zona circundante a Irán.
Fin del bloqueo naval.
Liberación de los activos iraníes bloqueados.
Pago de reparaciones de guerra.
Suspensión de las sanciones económicas.
Fin definitivo de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano.
Creación de un nuevo mecanismo para la gestión del estrecho de Ormuz.
Según medios iraníes, Teherán espera una respuesta oficial de Washington y considera que la vía diplomática a través de Pakistán debe permanecer abierta, a pesar del clima de desconfianza hacia Estados Unidos.
Cuba defenderá su soberanía e independencia "en cada palmo del territorio nacional", asegura Díaz-Canel
Cuba defenderá su soberanía e independencia "en cada palmo del territorio nacional", asegura Díaz-Canel
Sputnik Mundo
El presidente de EEUU, Donald Trump, eleva sus amenazas de agresión militar contra Cuba a una escala peligrosa y sin precedentes, advirtió el mandatario de la nación caribeña, Miguel Díaz-Canel, en su cuenta de X. El pueblo cubano defenderá su soberanía e independencia en cada palmo del territorio nacional, subrayó.
"La comunidad internacional ha de tomar nota y, junto al pueblo de EEUU, determinar si se permitirá un acto criminal tan drástico para satisfacer los intereses de un grupo pequeño pero adinerado e influyente, con ansias de revancha y dominación", expresó.
Díaz-Canel reiteró que cualquier enemigo del país se enfrentará a un pueblo decidido a defender la soberanía y la independencia "en cada palmo del territorio nacional".
"Ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba", aseguró.
Poco antes, el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, denunció que los amagos del presidente estadounidense, Donald Trump, elevan la agresión contra la isla a "niveles peligrosos".
Cuba marcha a favor de la paz y en condena al bloqueo económico estadounidense
Recientemente, Trump declaró que podría hacerse con Cuba "de inmediato" tras concluir "el trabajo con Irán", al mismo tiempo que anunció su intención de enviar el portaviones USS Abraham Lincoln a las costas de la isla caribeña.
El Estado insular, por su parte, acusa a EEUU de intentar asfixiar su economía y hacer insoportables las condiciones de vida de su población, mientras amenaza al país con una agresión militar.
jueves, 30 de abril de 2026
Malí: el «apocalipsis» que no fue y la narrativa de derrota que necesita Occidente
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Malí: el «apocalipsis» que no fue y la narrativa de derrota que necesita Occidente
Por Beto Cremonte | 30/04/2026 | África
Fuentes: Periodismo Internacional Alternativo (PIA) [Imagen: Assimi Goïta, presidente de Malí]
La ofensiva coordinada entre JNIM y facciones tuaregs que buscó instalar la imagen de un Estado maliense colapsado rápidamente quedó desmontada a pesar de los agoreros analistas del relato “oficial” de la maquinaria occidental.
Lo que sí ocurrió y que muchos analistas decidieron no ver (y/u ocultar), fue una rápida y coordinada respuesta de las fuerzas malienses, que siguen demostrando el camino de ruptura con el viejo esquema de tutela francesa en el que tanto Mali como los otros países de la AES, están dispuestos a llevar adelante más allá de ataques como los de este 25 de abril, dejando al descubierto algo más profundo: no solo se disputa el control del territorio, sino el sentido mismo de lo que ocurre en el Sahel.
Lo cierto es que en las últimas horas del 25 de abril grupos yihadistas y separatistas tuaregs lanzaron una ofensiva coordinada contra Bamako, Kati, Gao y Kidal con un objetivo que excedía lo estrictamente militar: no se trataba únicamente de golpear posiciones del Estado, sino de instalar, en tiempo real, la idea de que el Gobierno de Assimi Goïta había perdido el control del país. Como viene ocurriendo casi sistemáticamente en esta región, aquí no podemos dejar de lado los episodios de finales de 2025 cuando la prensa occidental anunciaba la caída del Gobierno maliense en manos de JNIM por los bloqueos de las rutas de ingreso a Bamako. Este ataque también cumple con esa misma lógica: “la dimensión simbólica del ataque”. Algo que hoy es tan importante como su ejecución sobre el terreno. En el Sahel cada día se ponen en juego las disputa por el relato y el sentido.
Lo que también es cierto y que pocos lo dijeron es que las Fuerzas Armadas de Malí (FAMa), con apoyo de sus aliados y en articulación con redes locales de información, lograron contener y revertir los ataques en cuestión de horas en los principales centros urbanos. Sin embargo, mientras esa respuesta comenzaba a desplegarse, buena parte de la maquinaria mediática internacional ya había comenzado a construir otro desenlace: el de un Estado desbordado, incapaz de sostener el orden interno tras su ruptura con los esquemas tradicionales de seguridad en la región.
Los hechos concretos fueron que en la madrugada del 25 de abril Malí despertó bajo ataque. De manera simultánea, el Jama’at Nasr al-Islam wal Muslimin (JNIM), filial de Al Qaeda en la región, y el Frente de Liberación de Azawad (FLA), una coalición de grupos separatistas tuaregs, lanzaron operaciones en Bamako, la vecina Kati —donde se encuentra la residencia presidencial— y ciudades estratégicas del norte como Gao, Kidal, Sévaré y Mopti. La ofensiva combinó ataques de alto impacto simbólico, acciones de hostigamiento y una rápida circulación de contenido en redes sociales que amplificó la percepción de descontrol.
En pocas horas, el hecho dejó de ser solamente un episodio militar para convertirse en un fenómeno narrativo. Antes de que existiera un cuadro claro de situación en el terreno ya circulaban versiones que hablaban de ciudades “tomadas”, de infraestructuras críticas bajo ataque y de un Gobierno al borde del colapso. Esa secuencia —primero la interpretación, luego la verificación— no es un detalle menor: es parte constitutiva de cómo se construye hoy el sentido de los conflictos. La cobertura mediática en Occidente y sus voceros locales, esos mismos que sistemáticamente festejan cualquier revés de los Gobiernos soberanos del Sahel, no tardó en calificar la situación como una “junta desbordada” y un “fracaso del apoyo ruso”. Las redes sociales se llenaron de análisis apresurados, analistas de sillón anunciando la caída inminente de Goïta y el fin del experimento anticolonial en Malí.
La rápida respuesta militar maliense
Lejos del colapso anunciado en las primeras horas, la respuesta del Estado maliense comenzó a delinearse con mayor claridad a medida que avanzaba la jornada. El propio ejército confirmó que “grupos armados terroristas” habían atacado posiciones en Bamako y otras ciudades clave, señalando que sus fuerzas estaban “comprometidas en eliminar a los atacantes” y recuperar el control de las zonas afectadas.
Ese dato no es menor. Porque mientras la narrativa inicial hablaba de ciudades caídas y de un Estado desbordado, los propios comunicados oficiales indicaban otra cosa: enfrentamientos activos, despliegue militar y, horas después, la afirmación de que la situación estaba bajo control en los principales puntos estratégicos.
Los ataques, efectivamente, fueron de una magnitud inusual. Se trató de una ofensiva coordinada que alcanzó Bamako, Kati, Gao, Sévaré y Kidal de manera simultánea, algo que incluso fuentes internacionales describieron como uno de los episodios más extensos de los últimos años.
Sin embargo, esa escala no se tradujo automáticamente en control territorial sostenido. Las propias afirmaciones de los grupos atacantes —como la supuesta toma de Kidal o posiciones en Gao— no pudieron ser verificadas de manera independiente en el corto plazo, lo que refuerza la idea de que, junto con la ofensiva militar, se desplegó una operación de impacto comunicacional.
En esa capacidad de respuesta aparece otro elemento que no puede ser soslayado. La actual estrategia de seguridad de Bamako, que incluye cooperación con actores rusos, ha modificado la dinámica operativa respecto de etapas anteriores. La presencia de estos aliados no evitó la ofensiva, pero sí formó parte del dispositivo que permitió contener ataques en puntos sensibles, como la capital y su entorno inmediato, donde incluso se reportó la defensa de instalaciones clave frente al avance de los grupos armados.
Este punto es clave para ordenar el análisis: la ofensiva existió, fue amplia y coordinada, pero no logró consolidar un escenario de colapso estatal inmediato, ni siquiera sostenible del relato. La diferencia entre impacto inicial y resultado efectivo es, precisamente, el espacio donde se construyen las interpretaciones. Para nosotros, no hay tales interpretaciones, como comunicadores comprometidos no podemos hacernos eco de las mismas y solo señalar los sucesos como “información en proceso” o “conflicto en curso” deslindándonos la responsabilidad de dar informaciones concretas.
La batalla por el sentido nos involucra
Si algo dejó en evidencia la secuencia del 25 de abril no fue únicamente la capacidad operativa de los grupos armados o la respuesta del Estado maliense, sino la velocidad con la que se construye una interpretación dominante antes de que los hechos terminen de desarrollarse. En cuestión de horas, la ofensiva ya había sido leída como un síntoma de colapso estatal, incluso cuando los combates seguían en curso y la situación en el terreno estaba lejos de estabilizarse.
Este mecanismo no es nuevo, pero en el Sahel adquiere una intensidad particular. La combinación entre fuentes iniciales poco verificadas, replicación acelerada en redes y una matriz previa de interpretación —que tiende a leer los procesos políticos de la región bajo la lógica del fracaso— produce un efecto concreto: instala percepciones que luego son difíciles de revertir, aun cuando la evolución de los hechos no confirme esos diagnósticos.
Lo ocurrido en Malí encaja con precisión en esa lógica. Las afirmaciones iniciales sobre la “toma” de ciudades como Kidal o Gao circularon con fuerza, pero no pudieron ser verificadas de manera independiente en el corto plazo. Sin embargo ese dato —la falta de confirmación— tuvo mucha menos circulación que la versión original. En otras palabras, la primera narrativa no necesitó ser comprobada para instalarse, le bastó con ser verosímil dentro de un marco ya construido.
Ahí es donde la dimensión mediática del conflicto deja de ser un elemento accesorio para convertirse en un campo de disputa central. No se trata solamente de informar lo que ocurre, sino de definir qué significa lo que ocurre. Y en ese terreno, cada episodio es rápidamente absorbido por lecturas preexistentes: el avance de un grupo armado se convierte en prueba de debilidad estatal, mientras que la capacidad de respuesta del Gobierno es leída como una reacción defensiva, nunca como control efectivo.
Esta asimetría no implica necesariamente una coordinación consciente entre actores mediáticos, pero sí revela un patrón. El Sahel es, desde hace años, un espacio donde se proyectan diagnósticos externos que muchas veces no dialogan con las dinámicas internas. En ese marco, cualquier episodio de violencia tiende a reforzar una narrativa ya instalada: la de Estados incapaces de sostener soberanía sin tutela externa.
Sin embargo, lo ocurrido el 25 de abril introduce matices que esa lectura no logra absorber del todo. Porque si bien la ofensiva mostró la persistencia y capacidad de coordinación de actores armados, también evidenció que el Estado maliense —con todas sus limitaciones— mantiene capacidad de reacción, despliegue y recuperación en plazos relativamente cortos.
La tensión entre esos dos elementos —persistencia de la amenaza y capacidad de respuesta— es la que queda muchas veces eclipsada por la necesidad de encuadrar rápidamente los hechos en categorías cerradas.
Y es en ese punto donde la pregunta deja de ser qué ocurrió en Malí, para pasar a ser cómo se interpreta lo que ocurrió.
JNIM y los tuaregs, la ofensiva local
“El terrorismo en África no surge del vacío: es la herramienta más eficaz del neocolonialismo contemporáneo.”
Un elemento particularmente relevante de los ataques del 25 de abril fue la coordinación entre el Jama’at Nasr al-Islam wal Muslimin (JNIM) y sectores separatistas tuaregs nucleados en el Frente de Liberación de Azawad (FLA). Esta convergencia, que en los hechos se expresó en operaciones simultáneas y objetivos compartidos, no es completamente nueva, pero sí expone con mayor claridad una tensión difícil de encubrir: la coexistencia de agendas que, en términos políticos e ideológicos, responden a lógicas distintas.
Por un lado, JNIM forma parte de una estructura yihadista regional con vínculos históricos con redes asociadas a Al Qaeda, cuyo objetivo no es la autonomía territorial de una región específica, sino la construcción de un orden basado en una interpretación estricta del islam político armado. Su expansión en el Sahel en la última década se ha apoyado tanto en la debilidad estatal como en la capacidad de insertarse en conflictos locales, adaptando su discurso a demandas específicas de cada territorio.
Por otro lado, los movimientos tuaregs —con una larga historia de rebeliones en el norte de Malí— han articulado, con distintas variantes a lo largo del tiempo, reivindicaciones vinculadas a la autonomía, el reconocimiento político y la distribución de recursos en regiones históricamente marginadas por el poder central. Desde las insurrecciones de los años noventa hasta la proclamación del efímero Estado de Azawad en 2012, estas demandas han atravesado procesos de negociación, fragmentación y cooptación.
La articulación entre ambos actores no surge, entonces, de una identidad política compartida, sino de una lógica táctica. Frente a un escenario en el que ninguna de las partes logra imponerse de manera individual sobre el Estado maliense, la convergencia permite amplificar la capacidad operativa, coordinar ataques y generar impacto simultáneo en distintos puntos del territorio.
Sin embargo, esa misma alianza contiene su propia debilidad. La superposición de agendas —religiosa en un caso, territorial en el otro— limita la posibilidad de construir una base política homogénea y sostenida en el tiempo. De hecho, en experiencias anteriores, la convivencia entre grupos yihadistas y movimientos tuaregs derivó en tensiones, rupturas e incluso enfrentamientos internos cuando los objetivos estratégicos comenzaron a divergir.
Este punto resulta central para evitar lecturas simplificadoras. La ofensiva del 25 de abril no puede ser entendida como la expresión de un bloque insurgente cohesionado, sino como la manifestación de una convergencia circunstancial entre actores que comparten un enemigo común, pero no necesariamente un proyecto político compatible.
A esto se suma otro elemento clave: la relación con las poblaciones locales. Mientras que los reclamos históricos de sectores tuaregs encuentran algún grado de legitimidad en determinadas regiones del norte, la presencia de estructuras yihadistas ha sido, en muchos casos, resistida por comunidades que han padecido su accionar, particularmente en lo que respecta a la imposición de normas sociales y la violencia sobre civiles.
Esa tensión entre legitimidad local y capacidad armada introduce una complejidad adicional. Porque si bien la alianza puede potenciar la acción militar en el corto plazo, también dificulta la construcción de un respaldo social amplio, condición necesaria para sostener cualquier tipo de control territorial más allá del impacto inicial de una ofensiva.
En ese marco, presentar esta convergencia como una “revolución unificada” o como la expresión lineal de una insurrección popular no solo simplifica el escenario, sino que oculta las fracturas internas que atraviesan a estos actores.
Y es precisamente en esas fracturas donde se juegan muchas de las dinámicas futuras del conflicto.
Francia, Ucrania y la reconfiguración de la guerra en el Sahel
Esta última ofensiva terrorista en Mali tampoco puede leerse por fuera de la disputa geopolítica que atraviesa al Sahel desde la ruptura entre Bamako y París. Malí no enfrenta únicamente una amenaza armada interna, enfrenta, al mismo tiempo, las consecuencias de haber quebrado una arquitectura de dependencia construida durante décadas alrededor de la tutela militar francesa, la subordinación regional y la administración externa de la seguridad.
Ese giro no ocurrió en abstracto. Francia anunció en febrero de 2022 el retiro de sus fuerzas de Malí, incluyendo la Operación Barkhane y la fuerza europea Takuba, después de años de deterioro político, militar y social de su presencia en el país. El punto central es que esa retirada no significó la desaparición de los intereses franceses en la región, sino su reacomodamiento. París perdió bases, perdió interlocución privilegiada y perdió capacidad directa de mando, pero no perdió la voluntad de influir sobre un espacio que durante décadas consideró parte de su profundidad estratégica africana.
Ahí se entiende mejor la importancia del relato. Si Malí aparece como un Estado fallido, si la ruptura con Francia se presenta como la causa directa del caos, entonces el viejo esquema colonial queda reivindicado por contraste: “con nosotros había orden, sin nosotros hay terrorismo”. Esa es la operación política de fondo. No hace falta que sea dicha de manera explícita, alcanza con repetir una y otra vez que el deterioro comenzó cuando Bamako decidió cambiar de aliados.
Pero los datos históricos incomodan esa versión. La insurgencia yihadista no nació con Assimi Goïta, ni con la salida de Francia, ni con la llegada de asesores rusos. Malí arrastra un conflicto abierto desde 2012, y durante buena parte de ese período el país estuvo bajo una intensa presencia militar occidental. La propia Operación Barkhane comenzó en 2014 como continuación de Serval, con el objetivo declarado de combatir a los grupos vinculados a Al Qaeda y al Estado Islámico en el Sahel. Sin embargo, casi una década después, esos grupos no solo no habían desaparecido, sino que habían extendido su radio de acción hacia el centro de Malí, Burkina Faso y Níger.
Por eso la pregunta no puede ser formulada de manera tramposa. No se trata de preguntar si Malí vive hoy una situación de seguridad grave, sino quién construyó las condiciones de esa gravedad y por qué los mismos actores que fracasaron durante años en contener la expansión yihadista pretenden ahora presentarse como jueces del nuevo rumbo maliense.
En ese tablero aparece también Ucrania, no como actor central del Sahel, sino como pieza de una guerra globalizada que ya no se libra únicamente en Europa oriental. El antecedente de 2024 es clave. Tras los combates de Tinzaouaten, cerca de la frontera con Argelia, Malí rompió relaciones diplomáticas con Kiev después de que un portavoz de la inteligencia militar ucraniana realizara declaraciones que Bamako interpretó como una admisión de apoyo informativo a los grupos que habían causado fuertes bajas al ejército maliense y a sus aliados rusos. Níger tomó luego una decisión similar, invocando las mismas acusaciones.
Ese episodio debe ser tratado con precisión: Ucrania negó haber participado directamente y los rebeldes tuaregs también rechazaron haber recibido ayuda exterior. Pero la propia existencia de esas declaraciones, la reacción diplomática de Malí y Níger y la utilización del Sahel como escenario indirecto de la confrontación entre Rusia y Ucrania muestran que el conflicto maliense ya no puede encerrarse en una lectura puramente local.
En ese contexto, la colaboración rusa funciona como algo más que apoyo militar. Para Bamako, Moscú representa la posibilidad de romper el monopolio occidental sobre la seguridad africana. Ese vínculo no está exento de costos, contradicciones ni límites —Tinzaouaten lo demostró con crudeza—, pero forma parte de una decisión soberana: buscar otros socios después de años de fracaso francés. Reducir esa decisión a “dependencia rusa” es una forma cómoda de negar la agenda política maliense.
Lo que está en disputa, entonces, no es solo la eficacia de un dispositivo militar. Es el derecho de un Estado africano a definir sus alianzas sin pedir autorización a la antigua potencia colonial. Por eso cada ataque contra Malí es leído por ciertos sectores con una ansiedad casi celebratoria: si Bamako fracasa, fracasa también la hipótesis de que el Sahel puede caminar por fuera de la tutela francesa. Y si esa hipótesis fracasa, el viejo orden neocolonial puede presentarse no como dominación, sino como necesidad.
Ese es el verdadero trasfondo de la ofensiva: JNIM y el FLA disparan sobre posiciones militares, pero el relato occidental dispara sobre una idea política mucho más profunda, la idea de que Malí, con todas sus dificultades, tiene derecho a reconstruir su seguridad, sus alianzas y su destino nacional por fuera de los moldes impuestos desde París, Bruselas o Washington.
Lejos de las lecturas apresuradas que decretaron un colapso inminente, lo ocurrido en estas horas en Mali expone algo más incómodo para quienes necesitan confirmar la idea de un Sahel condenado al fracaso: Malí no solo resistió una ofensiva coordinada en múltiples frentes, sino que lo hizo en un contexto de reconfiguración profunda de su sistema de alianzas y bajo una presión constante, tanto militar como narrativa. Eso no cancela las debilidades estructurales del Estado maliense ni la persistencia de la amenaza armada, pero obliga a matizar un diagnóstico que suele construirse más desde el prejuicio que desde la evidencia.
En ese sentido, el verdadero terreno en disputa no es únicamente el militar, sino el político. Porque si cada ofensiva es utilizada para confirmar que los procesos soberanistas africanos son inviables sin tutela externa, entonces el conflicto deja de ser una cuestión de seguridad para convertirse en una herramienta de disciplinamiento. Malí, con todas sus contradicciones, está ensayando una ruptura con ese esquema. Y esa decisión —más que cualquier batalla puntual— es la que explica la intensidad con la que se intentan instalar narrativas de derrota.
Tal vez por eso, más que preguntarse quién ganó un enfrentamiento específico, convenga observar qué logra sostenerse en el tiempo. Y ahí es donde, pese a los agoreros de siempre, aparece un datdifícil de ignorar: el Estado maliense sigue en pie, mantiene capacidad de respuesta y continúa redefiniendo su lugar en un escenario regional en transformación. No es poco en una región donde durante años se naturalizó que la única estabilidad posible debía venir de afuera.
Beto Cremonte, Redactor en jefe en PIA Global, especializado en el continente africano. Analista internacional en geopolítica. Docente, profesor de Comunicación social y periodismo, egresado de la UNLP, Licenciado en Comunicación Social, UNLP, estudiante avanzado en la Tecnicatura superior universitaria de Comunicación pública y política. FPyCS UNLP.
Fuente: https://noticiaspia.com/mali-el-apocalipsis-que-no-fue-y-la-narrativa-de-derrota-que-necesita-occidente/
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Por Marcelo Caracoche | 29/04/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: El Cohete a la Luna
Teherán cuenta con el factor tiempo a su favor. Adicionalmente, la guerra del Golfo ha desplazado a Gaza de la atención de la información. Curiosamente, quienes cuestionan con más fuerza el genocidio de Gaza son los dirigentes iraníes, que siempre han dicho que los motivos de la guerra incluyen la cuestión palestina.
En 1962 Gene Pitney cantaba If I Only Had Time, probablemente una aspiración similar llena los sueños del Presidente Trump, presionado por las circunstancias que él mismo ha creado en el golfo Pérsico. Los amigos paquistaníes le abrieron una salida de emergencia para escapar de la modalidad guerra y pasar a la negociación, pero también este ámbito se revela complicado, el calendario vuela y no consigue cerrar el conflicto con Irán. La República Islámica, sin fuerza aérea ni bombas nucleares, utiliza otras máquinas de guerra. La primera es el bloqueo de Ormuz y la segunda, el tiempo, que incide en las expectativas estadounidenses. Mientras que los iraníes tienen tiempo de sobra, para los estadounidenses las posibilidades se han reducido dramáticamente: paz o guerra, pero la paz podría parecerse a una renuncia o, peor aún, a una derrota.
Esta semana The Wall Street Journal reveló que el equipo del Presidente ha tenido que tomar medidas extremas, manteniendo a Trump fuera de algunos encuentros de trabajo donde se analizaban cuestiones militares. La compulsión presidencial a tuitear o conversar con periodistas podía crear riesgos de filtraciones o desviaciones de la cadena de mando. Las oscilaciones de Trump entre amenazas y aperturas no solo confunden la opinión pública, también crean tensiones internas en la misma administración.
La situación llevó al despido fulminante del secretario de la Marina, John Phelan. Axios publicó que «Phelan no había entendido que él no era el jefe; su deber era cumplir las órdenes recibidas». El ahora ex secretario tenía una buena relación con Trump y solían encontrarse en Mar-a-Lago. Habría aconsejado a Trump modernizar la Marina, saltando a Hegseth, el jefe del Pentágono, y esto habría causado su caída. Pueden existir varios motivos para el despido, pero a primera vista se parece al típico recurso de buscar un culpable que, frente a la opinión pública, pague con su cabeza la desastrosa gestión de la guerra del Golfo.
La última cosa que quisiera Estados Unidos es reiniciar los bombardeos, pero sin una comprensión clara del adversario que tiene enfrente, el enfoque de las negociaciones será equivocado.
Ya en El Cohete habíamos citado a Arash Reisinezhad, profesor de la Universidad de Teherán, que escribió en Foreign Policy que «Khamenei no aceptará nunca una capitulación, no porque se ilusione con la relación de fuerzas con el enemigo (…) en su visión del mundo, la capitulación no es una opción política». Y además, «para Khamenei, una concesión, bajo presiones poderosas, no hubiera sido un reposicionamiento, sino una rotura existencial». Así pensaba el líder asesinado, que, no está de más decirlo, era proclive a negociar con Estados Unidos.
Y así piensa la dirigencia iraní en sus diferentes estratificaciones. Justamente, el actual reclamo de Irán para regresar a Islamabad es que Estados Unidos retire el bloqueo porque «Irán no negociará bajo presiones», como ya lo había explicado el profesor Reisinezhad.
Este cúmulo de dificultades llevó a que Trump aceptara el martes, cuando en Teherán eran las dos de la madrugada, los consejos de Pakistán y anunciara un segundo alto el fuego. Esta nueva tregua no tiene fecha de caducidad; se trata de otra oportunidad para desarrollar un diálogo hasta que se llegue a un acuerdo o la situación explote. The Wall Street Journal lo califica como «un limbo paralizante entre guerra y paz, que deja el estrecho de Ormuz cerrado y la perspectiva de una escalada inminente».
No ha habido respuesta oficial de Teherán, pero la Marina iraní atacó tres naves y secuestró dos de ellas, la MSC Francesca y la Epaminodi. Se trataría de una respuesta al secuestro de una petrolera iraní en el océano Índico y otra en la zona de Ormuz de parte de naves estadounidenses. Por su parte, Estados Unidos incorporó al dispositivo del bloqueo los helicópteros AH-64 Apache, utilizados para cazar drones de ataque, en tanto los cazas A-10 Thunderbolt II operan en el flanco meridional del estrecho contra embarcaciones veloces, por lo que la tensión es máxima y un error bastaría para crear un cataclismo en el golfo.
Para cerrar el juego, Trump necesita una concesión, que Irán por el momento no concede. Las exigencias estadounidenses se están adelgazando, reducidas al desmantelamiento del programa nuclear, pero Teherán insiste en su derecho al desarrollo nuclear para uso civil.
Michael Birnbaum, de The Washington Post, sostiene que Washington podría aceptar un acuerdo similar al que firmó Obama, con controles y límites que impidan la construcción de un arma nuclear. Birnbaum es contrario a esta posibilidad, lo mismo que Marc Thiessen, que publicó un artículo el mismo día, lanzando otra vez los clásicos argumentos imperiales para obstaculizar la posibilidad de un acuerdo.
Más allá de la voluntad de Trump de cerrar la guerra, existe un círculo de think tanks, fundaciones, expertos en análisis bélico, periodistas complacientes, que influencian la política estadounidense, independientemente del huésped de la Casa Blanca.
Caitlin Johnstone sostiene que, con Biden en el gobierno, Irán habría sido atacado. Cita como prueba la entrevista que la cronista Margaret Brennan realizó a Amos Hochstein, ex consejero de Biden, que confirmó que el ajuste de cuentas con Irán era inevitable; si Biden resultaba reelegido, «en la primavera o el verano de 2025 nos habríamos encontrado en una situación de ese tipo»; y se habían realizado las simulaciones de «cómo proceder».
Esta semana se supo que el gobierno estadounidense sostiene que hay divisiones en la dirigencia iraní; podría ser, pero como lo contamos en El Cohete («Salida de emergencia», 12.04.26) citando a la arqueóloga Elena Leini y al antropólogo Federico Prizzi, hay algunos aspectos culturales de la diplomacia de la República Islámica que no hay que descuidar, entre ellos la «niebla de cortesía» para confundir al adversario, que habitualmente piensa que los escollos se deben a divisiones internas de los iraníes. Si Trump piensa que hay una posibilidad de llegar a un acuerdo porque hay una facción favorable a la paz, habrá que preguntarse por qué Estados Unidos no levanta el bloqueo marítimo para quitar argumentos a la facción intransigente y reforzar las palomas; para eso están los mediadores.
Otro problema que enfrenta Estados Unidos es la desconfianza de Teherán, por ahora insuperable; existe en la dirigencia, además, el temor de que en el camino a Islamabad la delegación sea atacada y asesinada por los norteamericanos o por Israel.
En tanto el 1 de mayo vence el plazo de 60 días que impone la War Power Resolution, no obstante que Trump ha evitado utilizar la palabra guerra, esta es manifiesta. El Congreso tiene la facultad de autorizar o detener las acciones y es determinante porque controla los fondos destinados al conflicto.
Si Trump tiene su canción, Teherán puede contar también con su banda de sonido: Time Is on My Side, que los Rolling Stones grabaron en 1964.
Pensando la posguerra
Mientras se decide la suerte del conflicto, Pakistán y países de Medio Oriente aprovechan el limbo momentáneo producido por la guerra; los Estados ligados a Estados Unidos, durante décadas dependientes del escudo americano, se interrogan sobre su eficacia. Un nuevo debate que se ha abierto apunta a la cooperación regional en materia de defensa, guiada por países en su mayoría musulmanes, en lugar de Estados Unidos.
Como dijimos hace poco, se configura un rol de potencia regional de Pakistán. El general Munir terminó su visita de tres días a Teherán, siempre en contacto directo con Trump, mientras que el premier pakistaní Shehbaz Sharif se movió en paralelo, reuniéndose con la dirigencia de Arabia Saudita, Qatar y Turquía.
Estas conversaciones son la continuación del Foro Diplomático de Antalya, que tuvo lugar del 17 al 19 de abril en Turquía, precedido por la reunión del 19 de marzo en Riad de la que informamos en El Cohete. Hay buenas expectativas para crear un aparato de seguridad interna apoyado en la integración económica y la defensa coordinada.
Tanto Arabia Saudita como Qatar se están interrogando sobre la naturaleza de la presencia estadounidense: ¿es un peso peligroso o un activo positivo? Después de los ataques iraníes a las instalaciones militares norteamericanas, se abre paso la idea de que el ligamen los transforme en blancos de los misiles de Teherán o de alguna amenaza futura.
Zahir Shah Sherazi, vicepresidente ejecutivo de Bol News, ha declarado que «poner en la mira las instalaciones militares norteamericanas ha sido una decisión estratégica clarividente, que ha mostrado la verdadera naturaleza de Washington. Los países del Golfo han comprendido que la atención principal de Estados Unidos se dirige al estado sionista y sus ambiciones expansionistas».
Sherazi sostiene que «la acción de Israel en Gaza, Siria, Líbano y Cisjordania preocupa a los países del Golfo; hasta Turquía corre el riesgo de chocar con Israel en Siria y Líbano».
Pero esta eventual OTAN mediooriental corre el riesgo de transformarse en una coalición sunita en lugar de una verdadera estructura de defensa regional, así lo piensa Imtiaz Gul, director ejecutivo del Centro para la Investigación y Estudios para la Seguridad (CRSS). Y agrega que en definitiva podría ser ventajosa para Washington en función anti-Irán, que es chiíta, y serviría para proteger las ricas monarquías del Golfo.
Gul piensa que una organización regional sería difícil de organizar por las continuas tensiones, tanto entre Turquía e Irán como entre Arabia Saudita y Egipto; esto complicaría cualquier iniciativa normativa.
Trump había declarado la posibilidad de retirar fuerzas de Irak y Siria antes de setiembre 2026. Sin embargo, ha enviado otros 2.500 soldados a la región. Esta contradicción llevó a Moscú a advertir que «Estados Unidos e Israel pueden aprovechar los coloquios de paz para preparar una operación de tierra contra Irán».
Si se produce un retiro en gran escala de Estados Unidos de la región, Israel quedaría más aislado y perdería gran parte de la infraestructura logística y de inteligencia, que son parte de la influencia militar que ostenta en la región.
Por eso Gul considera que Estados Unidos mantendrá una presencia militar en Asia occidental mientras considere a Israel como vulnerable.
Pakistán, mientras tanto, ha desplegado 13.000 soldados y una flota de 10 a 18 aviones de combate, entre ellos los cazas JF-17 Thunder Block III y J-10CE, en la base aérea King Abdulaziz, en la provincia oriental de Arabia Saudita.
Esta presencia forma parte del proyecto pakistaní de declararse protector de los países de la región; tanto Arabia Saudita como Qatar mantienen fuertes vínculos comerciales y de cooperación en el ámbito de defensa con Islamabad. Se espera que Qatar adhiera próximamente al escudo defensivo pakistaní. Tanto Qatar como Arabia Saudita han declarado que sus territorios no serán usados para lanzar ataques contra Irán.
Pakistán al mismo tiempo participa con Turquía en el desarrollo del caza furtivo KAAN; Turquía contribuye además con apoyo en tecnología de drones, adiestramiento y equipamiento militar.
Treinta millones por hora
La guerra del Golfo produce extraños resultados y geometrías políticas variables. Fatih Birol, que dirige la Agencia Internacional de Energía, sostuvo que la guerra contra Irán es «el más grande shock energético jamás visto en el mercado mundial».
The Guardian titula que habrá operadores petroleros que están ya ganando 30 millones de dólares por hora; sostiene que en esta rueda de la fortuna habrá vencedores claros. Con el petróleo que se mantiene dentro de la banda de oscilación de 100 dólares el barril, la compañía estatal Aramco de los sauditas ganará en torno a 25.500.000.000 de dólares extras desde marzo a diciembre, casi el 11% del total de 234.000.000.000 de las primeras 100 compañías mundiales. La sigue la Kuwait Petroleum Corporation con 12.100.000.000 de dólares, que equivalen al 5.2% del total. Hablamos de dos países que han sufrido los ataques de Irán por su ligazón con Estados Unidos.
Estos cálculos de incrementos presuponen un escenario de precios altos y escasa oferta; además de los problemas que significa la reparación de daños de guerra y gestión de flujos a través de Ormuz.
El cambio de contexto es enorme; antes de la guerra se registraba un superávit mundial de crudo de alrededor de cuatro millones de barriles al día; la falta de certeza prolongada en el tiempo puede generar ahora un incremento estructural del valor del petróleo.
Existe otra variante que aumentará las reservas financieras de aquellos que tienen grandes stocks de crudo extraído antes de la crisis a costos más bajos, que podrán vender aprovechando dicha ventaja. The Guardian menciona tres compañías rusas: Gazprom, Rosneft y Lukoil podrían embolsar cifras estimadas en 23.900.000.000 de dólares antes de fin de año gracias a la guerra.
Vladimir Putin es un directo beneficiado; podrá seguir sosteniendo el frente de Ucrania gracias a las exportaciones de crudo, que en el mes de marzo aumentaron un 50% más que en febrero.
En el frente occidental, tanto ExxonMobil como Shell registran incrementos notables en la bolsa desde que comenzó la guerra.
Otros beneficiados son las sociedades de logística como la Gunvor; The Financial Times sostiene que el elemento clave de esta estrategia ha sido concentrarse en el transporte del petróleo físico antes que de los derivados.
Colaterales
Bulgaria: Al final, el ganador de las presidenciales del domingo 19 fue Rumen Radev, general de aviación, que encabezará el gobierno del país después de sus dos períodos presidenciales. Fue importante la afluencia electoral respecto a los últimos diez años; se registró un 51% de electores, que demuestra la voluntad de cambio de la ciudadanía después de años de inestabilidad.
Esta afluencia puede verse como la continuación de la gran manifestación de noviembre en Sofía, cuando más de 100.000 personas desfilaron contra el gobierno de Boyko Borissov, aliado al partido del oligarca Delyan Peevski, acusados de corrupción. Con el 45% de los votos y la mayoría en el Parlamento, el partido Bulgaria Progresista lleva al gobierno a Radev; el nuevo Presidente tiene actitudes amistosas hacia Rusia y es crítico con el apoyo al gobierno de Ucrania, por lo tanto, se perfilan nuevos dolores de barriga para la Unión Europea; la prensa afín al pensamiento «europeo» ya llama a Radev «el nuevo Orban».
Brasil: El sistema de pagos estatal Pix inquieta a Estados Unidos. El sistema ha tenido un suceso estrepitoso en Brasil; el 80% de las transferencias se hacen a través de Pix. Su fuerza se apoya en varias razones. El primer motivo es que reduce drásticamente las comisiones transaccionales, comprimiendo los márgenes históricos de los intermediarios. Otra característica es que es informativo, mueve datos y relaciones económicas hacia una infraestructura doméstica, y en tercer lugar nos encontramos no solo con un Estado regulador; también actúa como operador directo. Y esto conlleva una gobernanza centralizada en una autoridad pública monetaria.
Estados Unidos inició en julio de 2025 a través de la Section 301, una investigación sobre procedimientos comerciales brasileños, y ha manifestado su crítica al Pix y a un conjunto de prácticas similares; el nudo del conflicto es que reduce el peso de operadores como Visa y Mastercard, por lo tanto, hay un trasfondo geopolítico.
Para Brasil, Pix es un bien público. Estados Unidos lo considera como un elemento que altera los equilibrios competitivos. Recordemos que la Section 301 permite al gobierno estadounidense responder con tarifas adicionales y sanciones comerciales a los productos brasileños.
En tanto, las facetas de Pix, como gratuidad y ausencia de operadores privados de intermediación, han ampliado el acceso al pago digital a sectores de la población que antes eran marginales.
Alemania gastará 108.000.000.000 euros en defensa, cifra que subirá en 2027, presupuesto que se mueve en total opacidad debido a la calificación de reservada, gracias a la nueva legislación sobre secretismo.
El ministro de Defensa, Boris Pistorius, ha declarado que Alemania apunta a transformar el Bundeswehr en el ejército convencional más potente de Europa, con una doctrina de guerra en tres pasajes: 1) aumentar rápidamente la capacidad de resistencia y defensa; 2) dentro del 2035, el ejército tendrá que consolidar su rol de guía en Europa, y 3) la fase 2039 en adelante llega la «capacidad del mañana», sistemas de armas automatizadas, inteligencia artificial, drones, etc.
El programa prevé llegar a 460.000 soldados en caso de conflicto, de los cuales 260.000 estarán en servicio activo. Actualmente, el Bundeswehr cuenta con 185.400 efectivos; por lo tanto, se deberían incorporar 75.000 nuevos reclutas.
Hay dudas sobre el reclutamiento voluntario; Pistorius ha tenido que admitir que, si las cifras no se consiguen, se considerará la posibilidad de un reclutamiento obligatorio.
Claramente para llevar adelante este ambicioso proyecto se necesita un enemigo que justifique el esfuerzo, y el enemigo está allí nomás: Rusia. La elección se justifica con «los medios híbridos que emplea Moscú: espionaje, actos de sabotaje, ataques informáticos y campañas de desinformación».
Como se solía decir en la Argentina, se asusta el muerto del degollado. Pistorius y el establishment alemán acusan a Rusia de sabotaje, mientras la magistratura alemana está poniendo al descubierto el sabotaje al Nord Stream 1 y 2, donde la responsabilidad es de Ucrania, y los daños no solo fueron para Rusia, sino también para la misma Alemania.
Epílogo contra el silencio
La guerra del Golfo ha desplazado a Gaza de la atención de la información. Curiosamente, los únicos que recuerdan el genocidio en acto son los dirigentes iraníes, que siempre han dicho que los motivos de la guerra incluyen la cuestión palestina.
En estos días se mueve en el Mediterráneo una nueva Sumud Flotilla, compuesta de voluntarios de todo el mundo que ponen sus cuerpos en juego, al contrario de la pandilla que propone la guerra infinita en Ucrania, donde los únicos que ponen el cuerpo son los ciudadanos ucranianos.
Maria Elena Delia, profesora de física y matemáticas de Turín, es además la referente italiana del Global Movement to Gaza y portavoz de la Sumud Flotilla. La semana pasada declaró a Radio Popolare de Milán que desde el inicio de la denominada tregua en Gaza, han muerto alrededor de 800 personas por el fuego de la ocupación israelí, por carencias sanitarias y por falta de alimentos.
Auguramos buenos vientos a la flotilla.
Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/la-maquina-del-tiempo/
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