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martes, 20 de octubre de 2026
Brasil en la encrucijada del Sur global Geopolítica, poder religioso, guerra informativa y disputa por la hegemonía en el siglo XXI
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Brasil en la encrucijada del Sur global
Geopolítica, poder religioso, guerra informativa y disputa por la hegemonía en el siglo XXI
Por Lidia Fagale | 19/10/2026 | Brasil
Fuentes: Clave China [Imagen: Lula y Bolsonaro representan los dos polos opuestos sobre los que gira la política brasileña. Créditos: Clave China]
En este artículo la autora analiza las próximas elecciones presidenciales brasileñas desde la perspectiva del Sur global, como un conflicto entre multilateralismo (lulismo) y sometimiento al imperialismo norteamericano (bolsonarismo); en ese sentido, además de analizar las elecciones en clave interna, por lo que se detiene en el poder evangélico y en la guerra de desinformación, analiza la influencia de los BRICS y especialmente de China.
Brasil como laboratorio del nuevo orden mundial
Las elecciones brasileñas suelen ser presentadas por el análisis convencional como una confrontación superficial entre izquierda y derecha, entre lulismo y bolsonarismo, o entre modelos económicos divergentes. Sin embargo, esa lectura resulta radicalmente insuficiente. Lo que ocurre en Brasil trasciende el marco de la competencia electoral ordinaria: la principal potencia latinoamericana se ha convertido en el epicentro y laboratorio de la transición histórica que atraviesa el sistema internacional.
Brasil es simultáneamente miembro fundador de los BRICS, socio comercial clave de China en América Latina, actor gravitante del G20, potencia agroalimentaria global, poseedor de una densa base industrial y de recursos estratégicos esenciales para la transición energética, y una de las pocas naciones del Sur Global con capacidad real para incidir en el diseño del orden global. Por esta razón, las disputas que sacuden a la sociedad brasileña portan una dimensión planetaria. El conflicto no se reduce a quién habita el Palacio del Planalto, sino a cuál será la inserción internacional de América Latina durante las próximas décadas.
Por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, la región se encuentra ante una bifurcación histórica. De un lado emerge un proyecto anclado en el multilateralismo, la cooperación Sur-Sur, la ampliación de los BRICS, la integración regional, la soberanía tecnológica y la neoindustrialización. Del otro se consolidan corrientes asociadas a las nuevas derechas occidentales, a la restauración de la seguridad hemisférica tradicional y al alineamiento incondicional con Washington. Brasil es el terreno donde ambos universos colisionan de manera frontal.
La crisis de representación y la polarización brasileña
La polarización política en Brasil no es una anomalía pasajera, sino el síntoma profundo de una crisis orgánica y de representación institucional. Los partidos políticos tradicionales, desgastados por sucesivos escándalos de corrupción y por la incapacidad de procesar las demandas sociales de las periferias urbanas, han cedido terreno ante esquemas de polarización identitaria y afectiva.
El lulismo encarna la continuidad progresista y reformista, con eje en la inclusión social, la reducción de la desigualdad estructural, el fortalecimiento del Estado y la defensa de la soberanía regional.
El bolsonarismo representa el polo opuesto: un giro radical hacia la derechización conservadora, que combina el liberalismo económico de mercado con promesas de orden punitivo, rearme moral y alineamiento hemisférico con los centros de poder occidental.
La fragmentación del Congreso Nacional (el fenómeno del Centrão) refleja la descomposición de la legitimidad partidaria, donde el pragmatismo de cuotas de poder condiciona e inmoviliza crónicamente al Poder Ejecutivo, volviendo ingobernable al país sin amplias e inestables negociaciones clientelares.
Brasil y el liderazgo latinoamericano
La gravitación de Brasil en América Latina responde a su condición de potencia subcontinental ineludible. Con más de la mitad del territorio y de la población sudamericana, su estabilidad y orientación política determinan el destino de los mecanismos de integración regional.
Históricamente, la política exterior brasileña ha oscilado entre dos almas: el «americanismo» pro-occidental (que prioriza la sintonía con Estados Unidos) y el «globalismo autónomo» (que busca diversificar vínculos y proyectar a Brasil como líder del Sur Global). Cuando Brasil asume un rol articulador en América del Sur —impulsando UNASUR o fortaleciendo el Mercosur—, la región gana autonomía frente a las presiones extracontinentales. En contraste, cuando el país se repliega bajo mandatos ideológicos de alineamiento hemisférico, el regionalismo sudamericano se desarticula, dejando a los Estados individuales a merced de la asimetría negociadora frente a las superpotencias.
Lula, el multilateralismo y la construcción política del Sur Global
La política exterior del tercer mandato de Luiz Inácio Lula da Silva se estructura en torno a una premisa fundamental: la construcción de márgenes efectivos de autonomía soberana en un mundo en transición hacia la multipolaridad.
La diplomacia presidencial lulista ha recuperado los ejes de la «política externa activa y altiva», articulando:
La profundización de la asociación estratégica con la República Popular China.
El relanzamiento y expansión de los BRICS como contrapeso financiero y político a las instituciones de Bretton Woods.
La revitalización de la cooperación Sur-Sur con el continente africano y el Sur global.
La reivindicación del multilateralismo jurídico a través de la reforma de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Consejo de Seguridad.
Una postura firme de independencia frente a los conflictos sistémicos globales.
Como sintetizó magistralmente Lula ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: «Brasil no cabe en el patio trasero de nadie». Dicha formulación conceptual trasciende la diplomacia brasileña: interpela al conjunto de América Latina a romper con el tutelaje histórico.
China, inversiones, industrialización y desarrollo
La relación bilateral entre Brasil y China constituye el eje gravitacional de la economía política sudamericana contemporánea. Lejos de reducirse a un mero intercambio comercial de materias primas por manufacturas, el vínculo ha adquirido una densidad estratégica compleja.
Comercio y exportaciones: Las exportaciones brasileñas hacia el mercado chino han superado los 105.700 millones de dólares, mientras que el intercambio bilateral total ronda los 157.500 millones de dólares, consolidando a China como el socio comercial indiscutido de Brasil.
Acuerdos y cooperación tecnológica: Durante los cónclaves bilaterales entre Lula da Silva y Xi Jinping se han suscrito decenas de acuerdos estratégicos enfocados en infraestructura crítica, telecomunicaciones de 5G, transición energética, innovación digital, aeroespacial y cooperación científica.
El dilema de la neoindustrialización: El desafío central para Brasil radica en evitar la reprimarización absoluta de su economía —limitándose a proveer soja, mineral de hierro y petróleo crudo— y aprovechar las inversiones y la transferencia tecnológica china para impulsar una nueva fase de industrialización avanzada, transición verde y generación de empleo calificado.
La Doctrina Monroe, la seguridad hemisférica y la disputa por América Latina
En el trasfondo de la geopolítica sudamericana opera una tensión histórica estructural: la persistencia de la Doctrina Monroe (1823) y la concepción de América Latina como «patio trasero» e indiscutible esfera de seguridad nacional de los Estados Unidos.
A lo largo de dos siglos, Washington ha desplegado un repertorio multiforme para asegurar su primacía hemisférica: desde intervenciones militares directas y apoyo a dictaduras militares en el siglo XX, hasta condicionamientos financieros a través del FMI y el BID, presiones diplomáticas, doctrinas de seguridad hemisférica y guerra jurídica (lawfare).
La irrupción de China como principal socio económico y financiero de América del Sur alteró esta ecuación unipolar. Para la superpotencia norteamericana, la presencia comercial y de infraestructura china en Brasil y la región es leída no solo como competencia económica, sino como una amenaza directa a su seguridad nacional, reviviendo tensiones de carácter hegemónico que condicionan la política interna y externa del subcontinente.
Trump, Bolsonaro y las derechas transnacionales
El alineamiento del gobierno de Jair Bolsonaro con la administración de Donald Trump representó la expresión más acabada de subordinación geopolítica voluntaria en la historia reciente de Brasil.
Esta corriente de la nueva derecha transnacional operó bajo una contradicción ideológica profunda: mientras discursivamente enarbolaba un nacionalismo estridente y una retórica furiosamente anticomunista y pro-estadounidense, en los hechos subordinaba los intereses soberanos de Brasil a la agenda geoestratégica de Washington.
Las consecuencias de este eje incluyeron el debilitamiento de los foros regionales de integración, el aislamiento diplomático de Brasil en los espacios multilaterales globales, la subordinación en materia de defensa y tecnología espacial, y una gestión negacionista de crisis globales que subordinó la soberanía sanitaria y ambiental a mandatos ideológicos de ultraderecha.
El poder evangélico como corporación económica, mediática e ideológica
La transformación más profunda en la estructura de poder de la sociedad brasileña contemporánea es la emergencia del neopentecostalismo como un conglomerado polifacético que opera simultáneamente como corporación económica, imperio mediático y actor político transnacional.
Arquitectura económica y patrimonial: Iglesias como la Universal del Reino de Dios (liderada por Edir Macedo), Assembleia de Deus e Igreja Mundial mobilizan presupuestos colosales. Se estiman en más de R$ 21.500 millones anuales los ingresos generados por negocios colaterales que incluyen redes de televisión, emisoras de radio, editoriales, sellos musicales, agencias de turismo religioso y plataformas de comercio electrónico.
Dominio mediático: El control férreo de canales de televisión abierta (como Record TV), cadenas radiales y ejércitos de cuentas en redes sociales permite a estas corporaciones fehacientes modelar el flujo informativo cotidiano de millones de ciudadanos.
La Bancada Evangélica en el Congreso: Articulada transversalmente más allá de los partidos formales, esta bancada legislativa funciona como un bloque de presión ideológica capaz de vetar o condicionar cualquier avance normativo en materia de derechos civiles, laicos o de género.
Transnacionalización conservadora: El modelo neopentecostal brasileño ha trascendido fronteras, expandiéndose con éxito por Argentina, Uruguay, Paraguay, Perú y Centroamérica, exportando una matriz de conservadurismo moral y teología de la prosperidad.
Las redes sociales evangélicas y la producción digital de subjetividades
El poder evangélico contemporáneo ha migrado exitosamente del púlpito tradicional al ecosistema algorítmico digital. La construcción de identidades políticas ya no se procesa primariamente en el templo físico, sino a través de un denso entramado hiperconectado.
Ecosistemas multiplataforma: La socialización de millones de fieles y ciudadanos transcurre de manera simultánea en grupos masivos de WhatsApp y Telegram, canales dinámicos de YouTube, perfiles de Instagram y transmisiones en directo (streaming) de cultos y prédicas.
Mega-influencers religiosos: Figuras pastorales y laicas con arrastre masivo —tales como Bruno Leonardo (con decenas de millones de seguidores), Deive Leonardo e Isadora Pompeo— ejercen una influencia cotidiana muy superior a la de los partidos políticos tradicionales, prescribiendo no solo pautas espirituales, sino interpretaciones morales de la vida pública y electoral.
La Teología de la Prosperidad como algoritmo cultural: Al vincular directamente el éxito financiero y material con la ortodoxia de la fe, este corpus doctrinal legitima el individualismo meritocrático radical, sintonizando perfectamente con las lógicas del capitalismo digital de plataformas analizadas por teóricos como Shoshana Zuboff.
La desinformación como forma de poder
Los procesos electorales brasileños de 2018 y 2022 confirmaron que la desinformación masiva no constituye un accidente técnico ni una distorsión marginal, sino una forma institucionalizada de ejercicio de poder político en la era digital.
Comunidades interpretativas: Las redes de bulos y noticias falsas operan mediante la articulación emocional de comunidades cerradas (especialmente en WhatsApp), donde los hechos empíricos son subordinados a marcos narrativos de carácter religioso, moral o conspirativo.
Mitologías de campaña: La circulación masiva de artefactos ideológicos falsos —tales como el mito del denominado «kit gay» en las escuelas, supuestas amenazas inminentes a la familia tradicional o teorías conspirativas orientadas a deslegitimar el sistema de urnas electrónicas del Tribunal Superior Eleitoral (TSE)— demostró una altísima eficacia para fragmentar el debate público y polarizar los afectos colectivos.
Guerra cultural permanente: La batalla política contemporánea ha desplazado el eje de la disputa informativa hacia la captura de los marcos interpretativos de la población, haciendo de la posverdad un recurso de dominación ideológica sistemática.
Corrupción, lawfare y disputa por el sentido común
La instrumentalización de la corrupción como narrativa política constituye uno de los resortes más potentes en la historia reciente de Brasil, operando como un dispositivo central de reorganización del mapa político y judicial.
El ciclo de Lava Jato y el caso Lula: La Operación Lava Jato, nacida en Curitiba en 2014, canalizó un legítimo descontento ciudadano contra la corrupción sistémica, pero operó selectivamente como un mecanismo de persecución judicial (lawfare). La condena y encarcelamiento de Luiz Inácio Lula da Silva durante 580 días buscó sacarlo de la contienda electoral de 2018, hasta que el Supremo Tribunal Federal (STF) anuló formalmente los procesos en 2021 al comprobarse la absoluta parcialidad y falta de competencia de los tribunales de origen.
El contraste con el clan Bolsonaro: Años más tarde, los procesos judiciales contra Jair Bolsonaro —culminados con condenas severas por su participación directa en la intentona golpista de 2022— y las investigaciones por corrupción e irregularidades financieras que salpicaron a su círculo familiar (incluyendo a sus hijos Eduardo y Flávio Bolsonaro), fueron interpretados por sus bases electorales bajo una narrativa de persecución política y martirio cristiano.
La complicidad de los grandes medios: Conglomerados mediáticos tradicionales (como O Globo, Folha de S.Paulo y O Estado de S. Paulo) cumplieron un rol determinante en la validación y amplificación de los relatos anticorrupción orientados a erosionar al progresismo, mientras minimizaban o relativizaban las derivas autoritarias de la ultraderecha.
BRICS, Mercosur y la reconfiguración del orden mundial
Frente a las tendencias de fragmentación global y las presiones proteccionistas del Norte Global, Brasil apuesta de manera estratégica por el fortalecimiento de los espacios de concertación geopolítica y comercial alternativos.
El peso económico de los BRICS: Con un volumen comercial bilateral que superó los 234.800 millones de dólares en 2025 entre Brasil y el bloque ampliado, los BRICS se han consolidado como el principal anclaje de la diversificación comercial brasileña.
El Nuevo Banco de Desarrollo (NBD): Presidido por la exmandataria brasileña Dilma Rousseff y dotado con un capital de 100.000 millones de dólares, el NBD representa una herramienta fundamental para financiar infraestructura verde, digitalización y proyectos de desarrollo autónomo mediante el uso de monedas locales, sustrayéndose de la condicionalidad asfixiante de los organismos financieros tradicionales occidentales.
Las tensiones en el Mercosur: Si bien Brasil impulsa activamente un acuerdo comercial equilibrado entre el Mercosur y China, las divergencias internas —impulsadas por pulsiones bilaterales uruguayas, vacilaciones argentinas y los complejos condicionamientos geopolíticos de Paraguay derivados de su reconocimiento diplomático a Taiwán— complican la consolidación de un bloque regional cohesionado frente a las potencias globales.
Brasil, América Latina y el futuro de la multipolaridad
Brasil se encuentra situado en una encrucijada histórica de indudable magnitud continental y global.
La vía de la soberanía y la multipolaridad (Lula y los BRICS): Ofrece al país y a la región márgenes concretos de autonomía financiera, diversificación tecnológica, industrialización verde y una inserción soberana en el emergente orden multipolar del Sur Global.
La vía de la subordinación hemisférica (Bolsonarismo y alineamiento occidental): Conlleva el riesgo de la reprimarización económica, la pérdida de protagonismo estratégico internacional, la fractura institucional interna y la subordinación a los intereses geoestratégicos de Washington y Bruselas.
El factor del bloque conservador-evangélico: Constituye un fenómeno estructural de largo plazo que trasciende los ciclos electorales coyunturales, combinando la penetración económica capitalista, el control algorítmico de las subjetividades y una agenda moral restrictiva que redefine los contornos de la democracia y los derechos sociales en América Latina.
La disputa por Brasil es, en definitiva, la disputa por el sentido del siglo XXI latinoamericano: la disyuntiva entre actuar como sujeto activo y soberano de la historia mundial o reincidir en la condición secular de territorio subordinado a designios ajenos.
Bibliografía académica
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3. Bolsonarismo, derechas y guerra cultural
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5. Geopolítica, BRICS y política exterior brasileña
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Fausto, B. (2020). História do Brasil. EDUSP.
Stuenkel, O. (2020). The BRICS and the Future of Global Order. Lexington Books.
Fuentes periodísticas y documentales
1. Verificación de datos y archivos institucionales
Agência Lupa (https://lupa.uol.com.br): Cobertura sistemática y verificación de desinformación electoral.
Aos Fatos (https://www.aosfatos.org): Investigaciones sobre redes de bulos, campañas de desinformación digital y circulación de contenidos falsos.
Projeto Comprova (https://projetocomprova.com.br): Consorcio periodístico de verificación de contenidos sobre políticas públicas y procesos electorales en Brasil.
Tribunal Superior Eleitoral (TSE) (https://www.tse.jus.br): Documentación oficial sobre normativas electorales, fallos y combate institucional a la desinformación.
Superior Tribunal Federal (STF) (https://www.stf.jus.br): Sentencias históricas sobre anulación de condenas de Lava Jato (2021) y juicios por la trama golpista y antidemocrática (2026).
2. Medios de referencia brasileños
Folha de S.Paulo, O Globo, O Estado de S. Paulo, Agência Pública y Nexo Jornal: Cobertura de investigaciones sobre financiamiento de redes digitales bolsonaristas, penetración de la bancada evangélica, expansión económica de corporaciones neopentecostales y entramados de corrupción institucional.
3. Cobertura internacional especializada
Reuters, Associated Press, BBC Brasil, France 24, Le Monde Diplomatique Brasil, The New York Times y The Guardian: Informes y análisis detallados sobre el eje diplomático Lula-Xi, la relación Bolsonaro-Trump, la trama golpista posterior a 2022, el protagonismo del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS y la internacionalización global del neopentecostalismo brasileño.
Fuente: https://clavechinanoticias.com/brasil-en-la-encrucijada-del-sur-global/
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Estados Unidos no se atreverá a venir a buscar a Raúl Castro"
- Sputnik Mundo,
Acentos
"Estados Unidos no se atreverá a venir a buscar a Raúl Castro"
Un juez de Miami firmó una orden de arresto contra el expresidente cubano por una supuesta conspiración para cometer asesinato en primer grado por el derribo de dos avionetas de EEUU de la organización Hermanos al Rescate en 1996.
"El objetivo es seguir molestando a los cubanos que están preocupados por problemas mayores, por las dificultades que impone el bloqueo a la isla", sostuvo César Gómez, periodista cubano del Canal Cubavisión Internacional en diálogo con Acentos.
Sobre el episodio en cuestión, Gómez recordó: "Yo vi volar las avionetas, Cuba lo advirtió mediante notas oficiales a EEUU y desde ese país no se hizo nada para impedir que continúen violando aguas soberanas y el territorio cubano".
"José Basulto, que en ese momento era el jefe de los llamados Hermanos al Rescate, sostuvo en grabaciones que sabía bien lo que estaba haciendo", detalló.
"Acá todo el mundo está convencido de que los americanos no se van a atrever a hacer lo que hicieron en Venezuela o en Irán para venir a buscar a Raúl Castro dondequiera que esté", cerró.
lunes, 19 de octubre de 2026
Cuando el relato se derrumba Palestina y la crisis de credibilidad del sionismo
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Cuando el relato se derrumba
Palestina y la crisis de credibilidad del sionismo
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Por Jaldía Abubakra | 19/10/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: El Salto
Tres años después del 7 de octubre el genocidio en Gaza ha puesto en cuestión los mecanismos políticos, mediáticos e institucionales que durante décadas han contribuido a legitimar la colonización de Palestina.
Durante décadas, el pueblo palestino no solo ha tenido que enfrentarse a la expulsión de su tierra, la ocupación, el exilio, las prisiones y las sucesivas masacres. También ha tenido que disputar el derecho a contar su propia historia. La colonización de Palestina no se ha sostenido únicamente mediante la fuerza militar, sino también mediante una estructura política, diplomática y mediática que ha contribuido a presentar al colonizador como víctima y al pueblo colonizado como una amenaza permanente.
La construcción de ese relato comenzó antes de 1948. El movimiento sionista presentó Palestina como una tierra disponible para su proyecto colonial, minimizando la existencia y los derechos de la población que la habitaba. La Nakba, que significó la expulsión de cientos de miles de palestinos, fue descrita durante mucho tiempo en buena parte del discurso occidental como una consecuencia inevitable de la guerra, desdibujando las responsabilidades de quienes llevaron a cabo las expulsiones y destruyeron centenares de localidades. Los refugiados aparecían como una tragedia humanitaria, pero no como un pueblo despojado de su tierra y sus derechos.
El lenguaje importa
Esta forma de narrar la historia ha acompañado las sucesivas etapas de la colonización. La ocupación militar, los asentamientos, el encarcelamiento de generaciones de palestinos y las agresiones contra Gaza han sido explicadas reiteradamente mediante el argumento de la seguridad israelí. La violencia colonial se presenta como una reacción defensiva, mientras la resistencia palestina aparece desligada de las condiciones históricas que le dieron origen. Así, la seguridad del ocupante ocupa el centro del debate y la libertad del pueblo ocupado queda relegada.
El lenguaje desempeña aquí una función fundamental. Los bombardeos se describen como operaciones militares; la destrucción de viviendas se justifica mediante necesidades de seguridad; las expulsiones se presentan como evacuaciones. Las palabras pueden transformar decisiones políticas y actos de violencia en procedimientos aparentemente inevitables.
El 7 de octubre de 2023 volvió a poner de manifiesto este mecanismo. Desde las primeras horas de se día, numerosos medios occidentales y responsables políticos difundieron acusaciones procedentes de fuentes israelíes sin someterlas a una verificación suficiente. Algunas historias adquirieron una dimensión internacional inmediata y contribuyeron a crear un clima político favorable al respaldo de la ofensiva israelí contra Gaza.
La historia de los cuarenta bebés decapitados constituye uno de los ejemplos más conocidos. Aquella afirmación recorrió el mundo sin que se aportaran pruebas que la sostuvieran. El entonces presidente estadounidense Joe Biden llegó a asegurar que había visto imágenes de niños decapitados, antes de que la Casa Blanca aclarara que no las había comprobado personalmente. La aclaración, sin embargo, no alcanzó la repercusión de la acusación inicial.
También circularon testimonios sobre violencia sexual que posteriormente fueron cuestionados. Associated Press examinó dos relatos difundidos por voluntarios de la organización israelí ZAKA que resultaron infundados. Una misión de Naciones Unidas señaló asimismo que dos acusaciones concretas de violencia sexual en Be’eri carecían de fundamento. Precisamente por la gravedad de estos crímenes, ninguna acusación debería utilizarse políticamente sin una verificación rigurosa.
Pero existe una cuestión más profunda: ¿por qué las acusaciones contra palestinos ocuparon inmediatamente las portadas internacionales, incluso cuando resultaron falsas o no estaban acreditadas, mientras las denuncias documentadas de violencia sexual contra palestinos y palestinas bajo custodia israelí no provocaron una respuesta política, mediática y judicial comparable?
Las investigaciones de Naciones Unidas han documentado graves formas de violencia sexual y de género contra personas palestinas detenidas por Israel, incluidas humillaciones sexuales, desnudez forzada, agresiones y casos de violación. ¿Por qué algunas denuncias provocan condenas inmediatas, mientras otras, incluso documentadas, apenas alteran las relaciones políticas con los responsables?
Manipulación de los medios y complicidad política internacional
La responsabilidad de los grandes medios no puede reducirse a errores de verificación. Buena parte de la cobertura occidental ha otorgado mayor credibilidad a las instituciones israelíes que a los testimonios palestinos. Las declaraciones de portavoces militares suelen ocupar un lugar privilegiado, mientras las denuncias palestinas deben superar sucesivas exigencias de confirmación. Incluso cuando investigaciones posteriores contradicen las versiones oficiales, las rectificaciones rara vez alcanzan la misma visibilidad.
Pero esta responsabilidad no termina en las redacciones. Una investigación reciente de The New York Times recogió acusaciones de funcionarios estadounidenses contra David Milstein, asesor del embajador Mike Huckabee, por presuntamente bloquear o modificar informes de la embajada en Jerusalén relativos a los asentamientos, la violencia de los colonos y la situación humanitaria en Gaza. Según los testimonios recogidos, esas intervenciones buscaban ofrecer una imagen más favorable del Gobierno israelí. Huckabee rechazó el reportaje. El caso plantea una pregunta inquietante: ¿qué sucede cuando la información también puede ser filtrada antes de llegar a quienes toman las decisiones políticas?
Sin embargo, sería ingenuo atribuir la complicidad occidental únicamente a la manipulación informativa. Los gobiernos conocen desde hace décadas la realidad de la ocupación, los asentamientos, el bloqueo de Gaza y las violaciones de derechos denunciadas por organismos internacionales. Disponen de embajadas, informes jurídicos y abundante documentación. El problema no es la falta de información, sino las decisiones que adoptan a pesar de ella.
Las relaciones comerciales, los acuerdos militares y el respaldo diplomático han continuado mientras se acumulaban las denuncias sobre graves violaciones del derecho internacional. Quienes proporcionan armamento, mantienen alianzas estratégicas y ofrecen protección política no son espectadores ajenos a sus consecuencias. La responsabilidad internacional no desaparece mediante comunicados cuidadosamente redactados.
Y, sin embargo, algo está cambiando. Tres años después, la distancia entre el relato oficial israelí y la percepción de sectores crecientes de la opinión pública resulta más evidente. Las imágenes de hospitales destruidos, familias desplazadas, universidades arrasadas y niños sometidos al hambre han llegado a millones de personas, cuestionando explicaciones que anteriormente parecían incuestionables.
En esta transformación ha sido decisivo el papel de los propios palestinos. Periodistas, sanitarios, docentes, escritores, mujeres, jóvenes y familias enteras han transmitido al mundo lo que ocurre en Gaza, muchas veces poniendo en peligro sus vidas. Sus testimonios han recuperado nombres, historias y experiencias que las estadísticas tienden a borrar, mostrando una sociedad con memoria, cultura y una voluntad persistente de continuar existiendo en su tierra.
Estas voces han contribuido a romper el monopolio de la interpretación. Cada vez más personas se preguntan qué ocurrió antes de 1948, por qué millones de refugiados continúan privados del retorno o por qué la seguridad de Israel se presenta como un derecho absoluto mientras la libertad del pueblo palestino sigue sometida a condiciones.
Las movilizaciones universitarias, las campañas de boicot y las protestas contra la colaboración militar han situado Palestina en el centro de debates sobre colonialismo, racismo, represión y responsabilidad institucional. Pero no conviene confundir este cambio de conciencia con una transformación política consolidada. La indignación puede desaparecer cuando disminuye la atención mediática y la solidaridad puede quedar reducida a gestos simbólicos si no encuentra continuidad organizativa.
El respaldo de las principales potencias occidentales a Israel sigue siendo considerable. La pérdida de credibilidad de un discurso no implica necesariamente el debilitamiento inmediato de las estructuras políticas, económicas y militares que lo sostienen. Precisamente por eso, el cuestionamiento del relato debe acompañarse de una exigencia sostenida de responsabilidades.
Tampoco debemos olvidar que el pueblo palestino no comenzó a existir políticamente cuando el mundo volvió a mirar hacia Gaza. Durante generaciones ha preservado su memoria, construido organizaciones y sostenido su lucha frente a la colonización y el exilio. Lo que está cambiando no es esa realidad, sino la disposición de una parte del mundo a escucharla.
Tres años después, la pregunta fundamental ya no puede limitarse a cuánto ha cambiado la imagen de Israel. La cuestión es qué hará el mundo con aquello que conoce. Porque conocer una injusticia y permitir que continúe también implica una responsabilidad.
El relato sionista no se derrumba simplemente porque algunas de sus afirmaciones hayan sido desmentidas. Su credibilidad se erosiona cuando la historia de Palestina, las experiencias de su pueblo y las contradicciones de quienes justifican su colonización dejan de poder ocultarse detrás de los discursos oficiales. Pero esa transformación solo adquirirá toda su importancia cuando el cuestionamiento de las palabras se convierta también en un cuestionamiento efectivo de las políticas que las acompañan.
Palestina no necesita que otros escriban su historia ni que su derecho a la libertad dependa de la compasión internacional. Necesita que se reconozcan sus derechos y que quienes durante décadas han contribuido a negarlos dejen de encontrar en el silencio, la propaganda y la complicidad un refugio para sus responsabilidades.
Jaldía Abubakra. Palestina. Fundadora de Alkarama – Movimiento de Mujeres Palestinas y miembro de la ejecutiva del Movimiento Ruta Revolucionaria Alternativa Palestina (Masar Badil).
Fuente: https://www.elsaltodiario.com/palestina/cuando-relato-se-derrumba-palestina-crisis-credibilidad-del-sionismo
"El pirómano debe irse" político francés exige la dimisión de Macron
- Sputnik Mundo
"El pirómano debe irse": político francés exige la dimisión de Macron
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, debe dimitir, declaró el líder del partido de derecha francés Los Patriotas, Florian Philippot, tras los disturbios masivos y los enfrentamientos registrados durante las protestas del 17 de octubre.
Philippot, quien también es candidato a la presidencia, acusó a las autoridades francesas de haber favorecido durante décadas la inmigración ilegal a gran escala en el país.
"¡Sin duda, la situación está en llamas bajo el mandato de Macron! (...) ¡El pirómano que destruye Francia debe irse!", escribió en su cuenta de la red social X.
La política del caos ha debilitado metódicamente a Francia y fragilizado al pueblo, hecho subir a sus enemigos, añadió.
El 17 de octubre, se celebraron manifestaciones multitudinarias en toda Francia contra el encarecimiento del costo de vida y la subida de los precios. Según el Ministerio del Interior, unas 550.000 personas participaron en las movilizaciones, 110.000 de ellas en París. Por su parte, la Confederación General del Trabajo estimó la asistencia de hasta 800.000 manifestantes.
Las protestas estuvieron marcadas por violentos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden, así como por disturbios, saqueos y actos de vandalismo. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, elevó a 1.500 la cifra de detenidos y a más de 500, la de agentes heridos durante los disturbios.
domingo, 18 de octubre de 2026
El elector que aún no ha decidido
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El elector que aún no ha decidido
Por Frei Betto | 13/10/2026 | Brasil
Fuentes: Prensa Latina [Imagen: Grupo de electores frente a un mural con la bandera de Brasil durante las elecciones presidenciales del 4 de octubre de 2026; uno de los electores porta la camiseta del candidato bolsonarista. Créditos: Eraldo Peres/AP, tomada de Prensa Latina]
Había votado por Lula en elecciones anteriores, pero no se consideraba lulista. Tenía reservas sobre el gobierno, críticas hacia la izquierda y opinaba que el país necesita afrontar problemas que no caben en sus propuestas. Al mismo tiempo, no se siente representado por el bolsonarismo. Flávio Bolsonaro le despierta curiosidad, pero también muchas interrogantes.
En la primera vuelta, por tanto, dudó. Prefirió abstenerse. Luego llegó el resultado: Lula y Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta. La duda, que antes podía resolverse eligiendo una tercera opción, se volvió inevitable. Quedaban dos candidatos.
Decidió entonces hacer algo que nunca había hecho: apagar el celular y leer los programas de gobierno. Sabía que el Tribunal Superior Electoral pone a disposición oficialmente las propuestas de ambos candidatos, incluso organizadas por temas.
Empezó por la economía. Quería saber qué prometía cada candidatura respecto al empleo, los ingresos, la inflación, los impuestos y el equilibrio de las cuentas públicas. Descubrió que no bastaba con preguntar quién prometía gastar menos o más. Era necesario preguntar en qué, para quién y de dónde vendría el dinero.
Pasó a la salud. Pensó en las filas del sistema público de salud (SUS), en los exámenes que se demoran, en los medicamentos que faltan en ciertos lugares, en los hospitales saturados. No quería una frase bonita. Quería saber qué compromisos estaban efectivamente registrados y cómo se ejecutarían.
Después, la educación. Pensó en los profesores, en las escuelas públicas, en los jóvenes que necesitan compaginar estudios y trabajo. Comparó las propuestas y se dio cuenta de que una elección no se reduce a la personalidad de los candidatos.
Hay un país concreto detrás de la propaganda.
En materia de seguridad pública, la duda resurgió con fuerza. Él quería menos violencia, pero también quería saber cuáles serían los métodos para lograrlo. La seguridad, concluyó, no consiste simplemente en endurecer los discursos; implica a la policía, la investigación, la inteligencia, el sistema penitenciario, la prevención y las políticas sociales.
Así llegó a las políticas sociales. Ahí residía una de sus mayores preocupaciones. Conocía familias para las que la ayuda social no suponía un lujo, sino comida en la mesa. Al mismo tiempo, no quería políticas que perpetuaran la pobreza. Buscaba propuestas capaces de combinar la protección inmediata con el empleo, la educación y la autonomía.
También leyó sobre democracia e instituciones. Este capítulo influyó en su reflexión. No porque deseara un país sin conflictos- sabía que la democracia es, precisamente, la convivencia entre conflictos y diferencias-, sino porque consideraba indispensable que el presidente, el Congreso, el Poder Judicial, la prensa y la sociedad civil respetaran los límites constitucionales.
Fue entonces cuando se dio cuenta de algo sobre sí mismo. Su decisión no se basaría en si le gustaba un candidato o si detestaba al otro. Votaría porque comprendió que su objetivo era tener en cuenta el país que imaginaba posible y los compromisos que consideraba más importantes.
Aun así, seguía indeciso. Habló con amigos. Uno decía que Lula representaba demasiada continuidad; otro, que Flávio Bolsonaro suponía un cambio necesario. Un tercero recordaba los errores y controversias de un bando, mientras que otro señalaba los del otro.
Desconfió de los cuatro amigos. Se dio cuenta de que también debía desconfiar de sí mismo. Descubrió lo fácil que resulta creer únicamente en aquello que confirma nuestras convicciones. Empezó a verificar noticias en distintas fuentes, a consultar documentos oficiales y a distinguir entre promesas y hechos, opiniones e información, propaganda y programas.
Poco a poco, su indecisión cambió de naturaleza. Ya no se preguntaba: «¿Qué candidato me gusta más?», sino: «¿Qué proyecto de gobierno se ajusta mejor a lo que considero necesario para el país?».
No encontró un candidato perfecto. Tampoco esperaba encontrarlo. La democracia no es un concurso de santos. Es una elección entre alternativas concretas, con virtudes, limitaciones, promesas, riesgos y contradicciones.
En vísperas de la segunda vuelta, se sentó frente al televisor. Vio a los dos candidatos. Escuchó de nuevo las promesas. Algunas le parecieron convincentes; otras, frágiles. Releyó fragmentos de los programas oficiales.
Finalmente se decidió por Lula. No porque hubiera dejado de reconocer los problemas del candidato elegido. No porque hubiera pasado a estar de acuerdo con todo lo que él defendía. Y tampoco porque considerara al adversario incapaz de representar a una parte del electorado.
Se decidió por Lula porque, tras comparar propuestas y trayectorias, comprendió que había un conjunto de compromisos que, para él, debía pesar más en la elección.
Su voto no nació de la pasión. Nació de la duda.
Tal vez esa sea una de las cosas más importantes de una elección: que el elector no necesite transformar su voto en una profesión de fe. Puede votar con esperanza, pero también con memoria; con convicción, pero también con espíritu crítico.
El 25 de octubre, al marcar el 13 en las teclas de la urna, sabría que no estaba eligiendo a un santo, a un salvador ni a un avatar. Optaba por un presidente experimentado y confiable.
Precisamente por eso, decidió que su voto no debía ir al candidato que le prometiera el paraíso, sino a aquel cuya propuesta de país- tras examinarla con el mayor cuidado posible- le pareciera más compatible con el futuro que deseaba para Brasil.
Haz como mi primo: el 25 de octubre vota por la democracia. ¡Vota a Lula! ¡Vota al 13!
Frei Betto es escritor brasileño y fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación.
Fuente: https://publica.prensa-latina.cu/pub/brasil-el-elector-que-aun-no-ha-decidido
"Debilidad política": ministro de Defensa de Italia explica por qué Europa pierde peso en la escena mundial
- Sputnik Mundo
"Debilidad política": ministro de Defensa de Italia explica por qué Europa pierde peso en la escena mundial
Guido Crosetto, ministro de Defensa italiano.
La gran cantidad de países que componen Europa y la ausencia de una postura unificada la convierten en un actor débil en la escena internacional, destacó el ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto. También señaló que, desde hace más de un año, la coalición europea no logra decidir quién representará sus intereses en el exterior.
"¿Cuál es el problema? ¿Qué es Europa? Europa no es una persona. Son 27 países diferentes, más el Reino Unido y otros países. La debilidad política de Europa, que también es una debilidad militar, es lo que dificulta que Europa pueda hablar", declaró Crosetto ante la prensa.
El ministro considera que elaborar una estrategia y una postura comunes podría cambiar la situación. Sin embargo, conforme a él, la búsqueda de un representante europeo único para los asuntos exteriores, que se prolonga desde hace más de un año, se encuentra en un punto muerto.
"¿Qué peso tiene [la presidenta de la Comisión Europea, Ursula] von der Leyen frente al [mandatario de Francia, Emmanuel] Macron, [el canciller de Alemania, Friedrich] Merz o [la presidenta del Consejo de Ministros de Italia, Giorgia] Meloni? Ese es uno de los problemas. ¿Quién habla en nombre de Europa? Llevamos más de un año debatiendo la elección de una persona que hable en nombre de Europa y no hemos conseguido encontrarla", enfatizó en una entrevista con BBC.
sábado, 17 de octubre de 2026
De Madrid a París y Bruselas: los jóvenes ya no están dispuestos a tolerarlo
Recomiendo:
De Madrid a París y Bruselas: los jóvenes ya no están dispuestos a tolerarlo
Por Marc Vandepitte | 14/10/2026 | Europa
Fuentes: Rebelión
Traducido del neerlandés por el autor
Mientras los gobiernos destinan miles de millones al armamento, a los jóvenes se les dice que no hay dinero para la educación, la vivienda asequible o las políticas climáticas. De Bruselas a Madrid ya no están dispuestos a tolerarlo y cuestionan los fundamentos de nuestra sociedad.
De Madrid a Bruselas
Un fantasma recorre el mundo, un fantasma que ya ha hecho caer a varios gobiernos y que está impulsado por la llamada Generación Z,i los jóvenes nacidos entre 1997 y 2012.
Los jóvenes ponen a prueba a las élites de todo el mundo. En poco tiempo Bangladesh, Nepal y Madagascar vieron caer a sus gobiernos, mientras que las protestas masivas de jóvenes seguían creciendo en Marruecos, Indonesia, Filipinas, Kenia y Perú.
También en Europa los jóvenes salen masivamente a las calles. Los jóvenes llenan calles, plazas y universidades en España, Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos e Italia. Organizan manifestaciones, ocupaciones, acciones de solidaridad y protestas estudiantiles.
Los motivos varían de un país a otro. A veces se trata de Palestina, otras veces de la educación, el clima, el racismo, los recortes, la vivienda inasequible, el aumento del coste de la vida o los escándalos de corrupción. Pero detrás de esas reivindicaciones separadas aparece cada vez más la misma pregunta: ¿en qué tipo de sociedad queremos vivir?
Jordan Devlin, detenido a raíz de una acción directa contra el fabricante israelí de armas Elbit Systems en Gran Bretaña, declara: “Estoy actuando contra Elbit porque el riesgo de pasar meses en prisión palidece en comparación con la desesperación que se siente al presenciar los horrores que ellos facilitan. En este caso la distinción entre el bien y el mal es clara, sin matices, por lo que me siento honrado de aprovechar esta oportunidad para contribuir a construir un mundo en el que quiero vivir y destruir por completo los males evidentes de la sociedad sobre los que se nos ha adormecido a todos hasta el punto de ignorarlos”.
Durante las protestas de estudiantes de secundaria del 5 de octubre Mohammed Boufous, alumno del último curso de secundaria del Athénée Charles Janssens en Bruselas, expresó la frustración de muchos jóvenes: «Somos jóvenes alumnos y estudiantes. Venimos a manifestarnos pacíficamente para transmitir nuestro mensaje. Lo único que pedimos es que nos escuchen. Queremos que dejen de tomar decisiones sobre nosotros sin contar con nosotros».
En los últimos años la resistencia no fue tan visible en ningún lugar como durante la solidaridad masiva con Palestina. Jóvenes que antes apenas eran activos políticamente salieron a las calles. Organizaron acciones en las universidades, instalaron campamentos de tiendas de campaña y exigieron que las instituciones rompieran sus vínculos con empresas y universidades israelíes.
Lo hicieron a pesar de encontrarse a menudo en un entorno hostil. Se acusó a los estudiantes de extremismo, las autoridades universitarias enviaron a la policía a los campus y los dirigentes políticos intentaron limitar las protestas o desacreditarlas.
También durante las recientes protestas de estudiantes de secundaria en Francia y Bélgica se produjeron enfrentamientos con la policía. Salomé, una de las estudiantes francesas que participaron en el bloqueo de un instituto, cuenta: «El bloqueo transcurría tranquilamente. Entonces llegó la policía antidisturbios a toda velocidad. Empezaron a correr y a rociar a todo el mundo con gases lacrimógenos. Nos perseguían como si disfrutaran haciéndolo».
Lola, de 16 años, también de Francia, no se dejó intimidar por la actuación policial del 2 de octubre. «Eso no hace sino enfurecernos aún más», afirmó. «La policía no tiene derecho a pegarnos ni a utilizar gases lacrimógenos contra nosotros». En Francia un estudiante de secundaria de 15 años perdió una mano al estallar una granada de la policía.
También en Lieja, Bélgica, la situación se descontroló el 8 de octubre. Un estudiante anónimo relató cómo resultó herido durante una manifestación: «Participamos en una manifestación pacífica, plenamente autorizada, contra las reformas. Nos encontrábamos en el bulevar d’Avroy, detrás de la feria, cuando recibí un disparo de una carabina de aire comprimido en el cuello».
Sin embargo, los jóvenes siguen saliendo a las calles. Esta generación descubre que la política es mucho más que marcar una casilla en una papeleta electoral una vez cada varios años. La política también significa reunirse, organizarse, ejercer presión y negarse a aceptar lo que se presenta como inevitable.
¿Generación apática?
Se suele describir a los jóvenes como individualistas, adictos a las redes sociales o políticamente apáticos. Esa imagen se sostiene cada vez menos. A través de las protestas juveniles se ve, por el contrario, a una generación muy preocupada por el mundo que la rodea. Esta generación habla de guerra y clima, pero también de los precios de los alquileres, los contratos precarios, la presión psicológica, la discriminación y la mercantilización de la educación.
Muchos jóvenes crecen en una incertidumbre permanente. Tener una vivienda propia se vuelve inalcanzable para muchos. Estudiar es cada vez más caro. Los empleos estables son cada vez menos habituales. Los servicios públicos están bajo presión. Al mismo tiempo ven cómo se destinan miles de millones al armamento, mientras los gobiernos afirman que no hay suficiente dinero para la protección social, la cultura o la educación.
La magnitud de esa incertidumbre queda reflejada en las recientes protestas por la vivienda en España. Victoria Nájera, de 27 años y residente en Madrid, vive de forma independiente desde hace unos meses, pero destina más del 40 % de su salario al alquiler. La falta de perspectivas ante la crisis de la vivienda hace que llore a menudo en casa. «No veo un futuro en el que pueda tener una casa propia», declaró el 3 de octubre.
Y no son solo los jóvenes quienes sufren esta situación. En Las Palmas Aisha, de 36 años, se manifestó junto a su hija de cuatro años. Tanto ella como su pareja trabajan, pero incluso con dos ingresos apenas consiguen llegar a fin de mes. «Pagamos 1000 euros de alquiler y muchas veces no llegamos a fin de mes», cuenta.
A los jóvenes se les dice que tendrán que hacer sacrificios. Pero cada vez más de ellos plantean una pregunta sencilla: ¿sacrificios para qué y para quién?
A esto se suma la crisis climática. Los jóvenes ven que las olas de calor se vuelven cada vez más extremas, las inundaciones destruyen pueblos enteros y los incendios forestales reducen a cenizas grandes extensiones. Para ellos ya no son amenazas lejanas, sino advertencias sobre su propio futuro, que se vuelve cada vez más incierto. Mientras crece la necesidad de adoptar medidas drásticas, ven en los dirigentes políticos sobre todo dilaciones y falta de ambición.
También la guerra se acerca. Los gobiernos europeos aumentan drásticamente sus presupuestos militares y cada vez son más las voces que abogan por un servicio militar obligatorio. En Francia el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas dijo que el país «debe estar preparado para perder a sus hijos». Pero para esta generación eso no es una opción: como demuestran las huelgas de estudiantes alemanas, los jóvenes se niegan a servir de carne de cañón para decisiones que ellos nunca han tomado.
Concienciación política
Lo que hace interesantes estas protestas es que las distintas reivindicaciones están cada vez más interconectadas. Quienes protestan contra la guerra en Gaza también hablan de colonialismo y racismo. Quienes salen a las calles por la justicia climática hablan de empresas que obtienen beneficios mientras los costes sociales se trasladan a la población.
Los estudiantes que protestan contra el aumento de las tasas de matrícula establecen una relación con los recortes en los servicios públicos. Los trabajadores jóvenes que se movilizan por mejores salarios chocan con la misma lógica económica que también ejerce presión sobre la vivienda, la sanidad y la movilidad.
Eso no significa que todos los jóvenes compartan el mismo análisis. Tampoco que exista un único gran movimiento cohesionado. Pero sí está creciendo la conciencia de que los problemas a los que se enfrenta la gente no están completamente separados unos de otros.
La discriminación no es un problema individual cuando grupos enteros tienen sistemáticamente menos oportunidades. La pobreza no es un fracaso personal cuando los salarios no siguen el ritmo de los costes de la vivienda y de la vida. La crisis climática no puede resolverse diciéndole a la gente que debe utilizar otras pajitas o bolsas de la compra, mientras las grandes empresas siguen aumentando su producción y sus emisiones.
Y difícilmente se puede defender la paz de manera creíble cuando los gobiernos invierten al mismo tiempo cantidades récord en armamento. A través de este tipo de conexiones crece la conciencia política.
Preguntas fundamentales
También resulta llamativa la manera en que hablan muchos jóvenes activistas. Su mensaje suele estar menos basado en eslóganes de lo que sus adversarios hacen parecer. Quien escucha entrevistas a estudiantes, activistas climáticos o jóvenes militantes sindicales, normalmente no oye consignas vacías. Explican tranquilamente por qué protestan.
Hablan de familiares en Gaza, de compañeros de estudios que ya no pueden permitirse pagar su formación, de amigos que no encuentran vivienda, del miedo al cambio climático, del racismo que sufren personalmente o del que son testigos. El tono es sobrio, pero sus reivindicaciones no son por ello menos fundamentales, sino todo lo contrario.
No se conforman con unas pequeñas correcciones de las políticas existentes, sino que plantean preguntas sobre la manera en que se distribuyen el poder y la riqueza. ¿Por qué tienen los accionistas más influencia que los trabajadores? ¿Por qué pueden las multinacionales obtener beneficios cada vez mayores mientras los gobiernos aplican recortes? ¿Por qué las personas sin vivienda apenas pueden contar con protección, mientras los bienes inmuebles se han convertido en un producto de inversión?
¿Por qué se presenta tan rápidamente la violencia militar como una solución, mientras que la diplomacia y las inversiones sociales son constantemente descartadas por considerarse ingenuas o demasiado caras? ¿Por qué Occidente habla tanto de democracia y derechos humanos mientras sigue apoyando incondicionalmente a Israel? ¿Por qué los gobiernos siguen concediendo miles de millones en subvenciones a las energías fósiles mientras la crisis climática se agrava cada vez más?
Estas preguntas no se refieren a fenómenos marginales, sino que afectan a los fundamentos de cómo está organizada nuestra sociedad.
Juntos somos fuertes
El progreso social nunca surgió por sí solo en el pasado. Los derechos laborales, los derechos de las mujeres, el derecho al voto, la legislación antirracista y la seguridad social se consiguieron porque la gente se organizó. Simplemente se negaron a creer que el orden existente fuera inmutable y exigieron sus derechos.
También hoy el cambio suele comenzar a pequeña escala. Los estudiantes se rebelan contra las autoridades de sus universidades, los alumnos de secundaria organizan huelgas por el clima o los jóvenes se afilian a un sindicato. También los comités de solidaridad con Palestina o los vecinos que protestan contra la vivienda inasequible muestran ese mismo deseo de cambio.
Estas iniciativas por separado a veces parecen vulnerables, pero cuando distintos movimientos se encuentran, su significado cambia. Así, una protesta estudiantil pasa a formar parte de una lucha más amplia por los servicios públicos. La acción climática se vincula con la justicia social, mientras que las organizaciones antirracistas, los sindicatos, los movimientos feministas y los activistas por la paz se refuerzan mutuamente.
Ahí reside la verdadera fuerza de esta generación y esto puede servir de ejemplo para las generaciones mayores. Una pregunta importante al respecto es cuánto espacio se les concede para dar forma a su propio futuro y hasta qué punto pueden contar para ello con el apoyo de profesores, trabajadores y otros sectores de la población.
Quien se niega a guardar silencio puede cambiar muchas cosas, lo cual es especialmente cierto cuando los jóvenes se dan cuenta de que no están solos.
Nota:
i El término «Generación Z» procede de una tradición en la que los especialistas en marketing dividen a la población en grupos objetivo (consumidores) con supuestas características comunes. Pero los jóvenes en sí mismos no forman un grupo homogéneo. Lo que hoy los lleva a salir a las calles no puede explicarse simplemente por su año de nacimiento. Sus protestas son, sobre todo, una reacción a las condiciones sociales en las que crecen y a la incertidumbre sobre su futuro.
Texto original: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2026/10/12/van-brussel-tot-parijs-de-jeugd-pikt-het-niet-langer
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