CRISTIANOS DEL NUEVO SIGLO
Es una pagina que busca publicar contenido cristiano y temas de actualidad que ayuden a la comprension del mundo en que vivimos, que sirvan para edificar la vida y la comunidad cristiana, ya con aportes del autor de la pagina, o encontrados en diferentes sitios.
sábado, 30 de mayo de 2026
Primera ronda Irán vs. Estados Unidos, ¿y ahora qué?
Recomiendo:
Primera ronda Irán vs. Estados Unidos, ¿y ahora qué?
Por | 30/05/2026 | EE.UU., Mundo
Fuentes: Workers World - Mundo Obrero / Imagen: Los logotipos de los aviones indican las bases aéreas estadounidenses en la región del Golfo Pérsico. Esta expansión del poder aéreo estadounidense también supuso situar el equipamiento y las tropas estadounidenses al alcance de los drones y cohetes iraníes.
Durante el frágil alto el fuego que aún se mantiene el 12 de mayo en la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán, analistas de los medios de comunicación imperialistas y de fuentes antiimperialistas se han estado planteando la pregunta: ¿Qué bando está ganando?
Ambos han llegado a una respuesta similar: Estados Unidos e Israel están perdiendo. O, para ser precisos, la alianza entre la superpotencia imperialista y su pitbull local ha perdido al menos la primera ronda de la guerra que estos dos Estados agresivos iniciaron el 28 de febrero.
El New York Times publicó este titular en un editorial del 30 de abril: «El ejército estadounidense estaba perdiendo su ventaja. Después de Irán, todo el mundo lo sabe». La conclusión del artículo era que el Pentágono se consideraba la máquina de destrucción definitiva, de alta tecnología y alto coste, pero que la «guerra asimétrica» de Irán ha puesto de manifiesto sus debilidades.
Aunque la República Islámica de Irán no pudo impedir que Estados Unidos e Israel atacaran objetivos industriales, educativos, sanitarios y otros objetivos civiles (todos ellos crímenes de guerra), Irán pudo contraatacar a los Estados clientes de EE. UU. en el Golfo y hacerlo con armas mucho menos costosas. También pudo controlar el estrecho de Ormuz, obstaculizando la economía mundial. Pudo atacar bases y equipos estadounidenses.
El Times no fue el único observador imperialista en darse cuenta y expresar esta opinión. El Washington Post («Trump está perdiendo la guerra en Irán», 30 de marzo), oficiales militares retirados, analistas militares, líderes electos de los miembros de la OTAN en Europa que se niegan a unirse a la guerra de EE. UU., y monarcas no electos de los emiratos clientes de EE. UU. en el Golfo Pérsico que niegan a Washington el uso de su espacio aéreo para atacar Irán han rechazado a los líderes estadounidenses.
En cuanto a qué versión se acerca más a la realidad, The Times publicó un artículo titulado «Propaganda iraní frente a argumentos de EE. UU.: cómo determinamos el daño real a las bases militares estadounidenses». Seis periodistas y analistas examinaron los informes contradictorios del ejército iraní y del Pentágono sobre los cientos de objetivos alcanzados en las docenas de bases militares estadounidenses del Golfo Pérsico por los ataques con drones y misiles iraníes en respuesta a la agresión estadounidense e israelí.
El informe del Pentágono minimizó las pérdidas estadounidenses. El informe iraní se centró en los daños a los intereses estadounidenses. El artículo concluyó que el Pentágono había ocultado o no había informado de la mayor parte de los daños, que se produjeron en todas las bases.
Por otra parte, los informes iraníes se acercaban mucho más a lo que descubrieron los analistas de The Times. Todas las bases estadounidenses de la zona fueron alcanzadas. Se destruyeron equipos de radar extremadamente costosos, junto con algunos aviones. El único error de los iraníes (según The Times) fue su informe de que los cohetes iraníes alcanzaron unos barracones en lugar de un almacén en una de las bases.
Gran parte de las críticas procedentes de EE. UU. y de otros países imperialistas se han centrado en la subestimación por parte de la administración MAGA del potencial de Irán y de la voluntad de lucha de sus dirigentes. Consideraron que el daño a la reputación de EE. UU. y a su capacidad para librar una guerra era un acontecimiento negativo y culparon principalmente al grupo MAGA, especialmente al presidente.
La derrota del imperialismo es una victoria para los trabajadores y los oprimidos
Mundo Obrero (WW) felicita al pueblo iraní y a su Gobierno por el valor, la planificación, la determinación y la solidaridad necesarios para resistir el intento imperialista de aplastarlos. WW considera este revés para el imperialismo estadounidense un avance positivo para el futuro de la humanidad.
WW también considera que el revés de EE. UU. es una ganancia para la clase trabajadora dentro de Estados Unidos. Supone, en particular, un obstáculo para cualquier plan de la clase dominante estadounidense de ampliar la guerra a un ataque contra la China Popular y Rusia.
Para WW, no solo la tendencia MAGA —racista, inepto, beligerante y corrupta— es responsable de la agresión, sino también los republicanos del establecimiento y la mayor parte de la dirección del Partido Demócrata. Estos grupos, que representan a la clase dominante multimillonaria de EE. UU., comparten los objetivos estratégicos (si no las tácticas) del grupo MAGA.
WW desea incluir una advertencia y un llamamiento: el imperialismo estadounidense no es menos peligroso ni vengativo, especialmente hacia la población civil de Palestina, el Líbano e Irán, por haber perdido esta importante primera ronda. Más importante que creer que EE. UU. está perdiendo es seguir movilizando al 70 % de la población que ahora solo se opone pasivamente a la guerra y construir un movimiento eficaz y activo para impedir nuevas agresiones y nuevas guerras, utilizando cualquier medio que pueda funcionar.
¡Es hora de volver a las calles para oponerse a esta guerra!
Fuente: https://www.workers.org/2026/05/92903/
viernes, 29 de mayo de 2026
Necesitamos urgentemente una iniciativa árabe unida
Recomiendo:
Necesitamos urgentemente una iniciativa árabe unida
Por Ramzy Baroud | 26/05/2026 | Mundo
Fuentes: Rebelión [Foto: el rey de Arabia Suadí Salman Bin Abdulaziz Al-Saud y el presidente chino Xi Jinping en Beijing, el 16 de marzo de 2017 (Bandar Algaloud / Saudi Kingdom Council / Handout)]
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
La visita de Estado del presidente Donald Trump a China pasará a la historia como el día en que Estados Unidos reconoció finalmente la preeminencia de Beijing como superpotencia mundial, un reconocimiento que no hay necesidad de formularlo en una declaración formal; se puede leer claramente en el trasfondo del comportamiento diplomático, en la percepción global y en la cambiante cobertura mediática.
La delegación de Trump, en la que participaron destacados líderes empresariales estadounidenses, se relacionó durante la cumbre con el presidente Xi Jinping no desde una posición de dominio mundial absoluto, sino a través de una perspectiva de pragmatismo defensivo. Este planteamiento transaccional se centró en asegurar los compromisos comerciales bilaterales y evitar fricciones económicas catastróficas.
El espectáculo del líder del mundo occidental adaptándose a las condiciones de Beijing mientras gestiona activamente las preocupaciones económicas internas supone un cambio profundo. La postura tradicional de Estados Unidos como indiscutible potencia hegemónica mundial se ha transformado en la de una gran potencia entre iguales, que busca unos términos estables de coexistencia con un rival imposible de ignorar.
Este momento solo se puede comparar con la histórica visita de Richard Nixon a Beijing en 1972, aunque las circunstancias son totalmente diferentes. El objetivo de Estados Unidos en aquel momento era explotar las divergencias chino-soviéticas y conseguir tener más influencia que la Unión Soviética a cambio de la normalización de las relaciones.
En 1972 China estaba aislada desde el punto de vista económico y era una sociedad agrícola que se estaba recuperando de graves tensiones internas. Beijing es hoy un gigante financiero que presume de ser la mayor economía del mundo según la paridad de poder adquisitivo, es un centro fundamental de las cadenas de suministro mundiales y un líder de las tecnologías de última generación, como la inteligencia artificial.
En el ámbito militar, el Ejército Popular de Liberación se ha convertido en una poderosa fuerza naval y de alta tecnología capaz de impedir el acceso al Pacífico occidental. Esta vasta expansión económica y militar se traduce en una influencia global sin precedentes, que altera el equilibrio de poder en Asia, África y América Latina.
Si tenemos todo esto en cuenta, parece que la vista de Trump a China tiene que ver más con un imperio en decadencia que intenta gestionar su propio declive, un paso que probablemente lleve a importantes concesiones.
Donde es más evidente este declive del estatus de Estados Unidos es en Asia Occidental. Décadas de campañas militares desastrosas, de alienación política y el deterioro de las alianzas tradicionales han erosionado la credibilidad de Washington. Las potencias regionales ya no consideran a Estados Unidos un garante indispensable de su seguridad, sino que miran a un futuro multipolar.
China ya es el mayor socio comercial de Asia Occidental y sus intereses van desde las importaciones masivas de petróleo crudo hasta las inversiones en infraestructura a gran escala en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, redes de telecomunicaciones de vanguardia y redes de energía limpia por valor de miles de millones de dólares.
Sin embargo, la manera que tiene Beijing de encarara las relaciones con Asia Occidental es esencialmente diferente de la de Estados Unidos, que heredó el legado colonial de Gran Bretaña y Francia. Aunque Washington se resiste a considerarse una potencia colonial, se comporta como tal: utiliza su poderío militar para lograr dominio político y privilegios económicos.
China es diferente. Al estar libre del lastre de una pasado colonial regional y al tener memoria histórica como superviviente ella misma del imperialismo occidental, China utiliza para su expansión un modelo completamente alternativo: integración económica, desarrollo y relaciones comerciales. Con todo, este modelo podría cambiar si cambian las circunstancias. Si Beijing se ve obligada a defender sus fuertes intereses y sus rutas enérgeticas, puede que adopte una postura más firme, similar a su actual estrategia asertiva en el mar de la China Meridional.
Hace años que ha ido disminuyendo la influencia estadounidenses en Asia Occidental y prueba de ello es el último documento sobre Estrategia de Defensa Nacional estadounidense, publicado a principios de 2026. Este documento vincula explícitamente la prioridad militar estadounidense a una postura que prioriza el territorio nacional y a la contención de China en la región indopacífica. Al mencionar formalmente la Doctrina Monroe para centrarse en el hemisferio occidental y destacar el apoyo condicional a los aliados, los propios documentos de Washington muestran un repliegue estratégico y el reconocimiento de haberse extendido demasiado.
En este contexto no se debe entender las destructiva escalada de Estados Unidos e Israel contra Irán como una vuelta de Estados Unidos a Asia Occidental, sino como un intento desesperado de mantener su importancia. La situación recuerda mucho a la agresión tripartita (Gran Bretaña, Francia e Israel) contra Egipto en 1956. Del mismo modo que aquella desafortunada campaña fue un intento desesperado y violento por parte de unos imperios europeos en decadencia de demostrar la relevancia de Occidente tras el devastador coste de la Segunda Guerra Mundial, las actuales acciones de Estados Unidos e Israel son los espasmos imprevisibles de una hegemonía en declive.
Dada la agenda global de expansión e integración de China, es probable que Beijing resulte ser el nuevo actor global en nuestra región, aunque adecúe ese papel para que signifique asociación entendida como lo opuesto a dominio.
Al advertir en contra del horror vacuii, Aristóteles proponía que cada espacio se debe rellenar con algo; si Estados Unidos se marcha o su presencia se sigue reduciendo, ese espacio político no se quedará vacío . El futuro supone para el mundo árabe tanto un reto como una oportunidad inmensa. La salida de Estados Unidos creará unos márgenes políticos que deben aprovechar los países árabes y llenar según sus propios criterios. Si no lo hacen, lo harán otros.
Las naciones árabes, lo mismo que otras del Sur Global, son plenamente conscientes del peligro que entraña la vulnerabilidad durante los cambios globales trascendentales mientras las grandes potencias rivalizan por la influencia. También reconocen que el comportamiento de Estados Unidos, que actúa como facilitador de Israel al tiempo que es incapaz de controlar los resultados que ello provoca en la región, solo contribuye a la desesperación estratégica de Washington. Esta desesperación podría llevar a una salida repentina y caótica de Estados Unidos que deje a un agresivo Israel para que se expanda como potencia hegemónica local, o provocar más campañas militares carentes de estrategia que tendrán unas consecuencias nefastas. Todo ello deja a las naciones de Asia Occidental rehenes de una imprevisible política exterior estadounidense que da a un expansionista Israel oportunidades de generar más caos.
Por consiguiente, esta situación exige al mundo árabe una claridad política y una unidad totales, que insista en una verdadera soberanía y en la libertad para actuar en base a los intereses del pueblo. Esta nueva agenda debería priorizar el desarrollo humano y la prosperidad económica, junto con la igualdad y la justicia social.
Asimismo, los árabes deben lograr un nuevo pacto político que rechace más injerencias extranjeras o intervenciones militares, y que exija responsabilidades a cualquier gobierno que se desvíe de este principio.
Por último, una postura árabe unificada debe ir más allá de la mera retórica para llegar a acciones concretas destinadas a exigir responsabilidades a Israel, y debe trabajar sin descanso por la libertad de Palestina y acabar con la ocupación ilegal de territorios libaneses y sirios.
Las puntos de vista políticos árabes deben anteponer estas cuestiones en todas las futuras integraciones con actores globales, incluida China, para garantizar que acaba de una vez por todas el ciclo de violencia que dura ya un siglo y que ha sido causado por el colonialismo occidental.
Texto original: https://znetwork.org/znetarticle/the-urgent-need-for-a-united-arab-initiative/
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.
La psicología de las masas y la mentalidad de rebaño
Recomiendo:
La psicología de las masas y la mentalidad de rebaño
Por Julio César Centeno | 29/05/2026 | Opinión
Fuentes: Rebelión
En su obra maestra Psicología de las masas y análisis del yo (1921), Sigmund Freud expande los conceptos del psicoanálisis individual para explicar el fenómeno de la «mentalidad de rebaño» (herd mentality), analizando y reformulando las ideas previas de sociólogos como Gustave Le Bon y Wilfred Trotter.
Para Freud, la masa no es simplemente una acumulación de individuos, sino una entidad psicológica cualitativamente distinta. Al integrarse a un grupo, el individuo experimenta una transformación radical: se suspende su juicio crítico, se debilitan sus inhibiciones conscientes y emergen impulsos inconscientes primitivos, reprimidos en la vida solitaria.
Freud descarta que este fenómeno se deba a un mero instinto gregario, innato e irreducible. En su lugar, propone una explicación basada en la pulsión libidinal (los lazos afectivos) y dos mecanismos psíquicos centrales. La identificación: los miembros del grupo se identifican entre sí porque comparten un elemento en común: la devoción o el vínculo con la misma figura o la misma línea de pensamiento. La sustitución del ideal del yo: este es el núcleo de la teoría freudiana. Los individuos que integran la masa deponen su propio ideal del yo, su conciencia moral, sus valores y su capacidad crítica individual, y lo sustituyen por el líder o por la idea abstracta que cohesiona al grupo. Al delegar el control de la conciencia en una figura externa, la masa actúa como un solo organismo, movido por fe o creencias y una alta susceptibilidad a la sugestión.
La vulnerabilidad inherente de la psicología de las masas la convierte en un terreno fértil para la instrumentación ideológica, política o económica. La manipulación explota la regresión psicológica del grupo a un estado de sumisión propio de la horda primitiva, donde el líder ocupa el lugar del padre omnipotente.
En el ámbito político, los líderes carismáticos o los regímenes autoritarios manipulan la mentalidad de grupo presentándose como la encarnación del ideal del yo colectivo. Para mantener la cohesión, el poder político utiliza dos estrategias freudianas:
La ilusión de justicia: El líder debe proyectar la ilusión de que ama a todos los miembros por igual, lo que mitiga los celos internos y fortalece los lazos horizontales entre los seguidores.
El enemigo externo: La cohesión interna suele requerir un objeto de hostilidad compartido. Al canalizar la agresión intrínseca del ser humano hacia un rival político, se disuelven las tensiones internas del grupo.
Aunque Freud teorizó principalmente sobre instituciones como la Iglesia y el Ejército, sus conceptos fueron adaptados al mercado, entre otros por su sobrino, Edward Bernays. En el consumo moderno, estrellas de cine, cantantes, atletas, las marcas o los productos pueden sustituir la figura del líder tradicional.
La publicidad no apela a la lógica racional del consumidor, sino a sus deseos inconscientes y a la necesidad de pertenencia. Al consumir un producto validado por la masa, el individuo asume una identidad y la aceptación del grupo, reactivando el mecanismo de identificación horizontal. La mentalidad de rebaño en el comercio se manifiesta en las modas de consumo masivo y la lealtad ciega a las marcas.
El análisis freudiano es especialmente lúcido para explicar el racismo y la intolerancia colectiva mediante el concepto del narcisismo de las pequeñas diferencias. Freud señala que las comunidades que colindan o se parecen tienden a enemistarse debido a la necesidad de exteriorizar la agresividad para mantener la cohesión interna.
Los manipuladores de discursos raciales o grupales exacerban estas diferencias mínimas para construir un «nosotros» puro frente a un «ellos» amenazante.
Al deshumanizar al grupo externo, se libera a los miembros de la masa de la culpa moral individual, permitiendo la crueldad colectiva bajo la justificación de que se está protegiendo el ideal común. Se promueven y toleran expresiones insultantes o degradantes para referirse a “ellos”: incompetentes, brutos, ladrones, narcotraficantes, terroristas, vendidos, traidores. Se apela a expresiones particularmente degradantes hacia las mujeres de “ellos”: perras, rameras, putas.
La propaganda política y la publicidad comercial son las herramientas metodológicas mediante las cuales se opera la sugestión de las masas. Su efectividad radica en que no operan sobre el intelecto, sino sobre la estructura afectiva descrita por el psicoanálisis.
Tanto la propaganda como la publicidad se saltan la barrera del pensamiento crítico del yo a través de la fuerza de la afirmación y la repetición. Freud explicaba que la masa es sumamente influenciable por palabras e imágenes cargadas de emotividad. No requiere demostraciones lógicas, sino fórmulas categóricas. La propaganda moderna satura el entorno comunicativo para debilitar la resistencia individual, logrando que el sujeto adopte como propios los deseos, odios o necesidades dictados por el emisor del mensaje.
El aporte de Sigmund Freud al fenómeno de la mentalidad del rebaño (herd mentality) demuestra que la desindividualización en el grupo no es un simple error de juicio, sino un proceso estructural del aparato psíquico. Al sustituir el criterio propio por el del líder o la colectividad, el ser humano experimenta una regresión a formas primitivas de obediencia, a cambio de una ilusoria sensación de seguridad y pertenencia. Es precisamente esta renuncia a la autonomía lo que permite a las maquinarias de la propaganda, la política y el comercio dirigir las conductas de las masas hacia fines predeterminados.
El desarrollo de la inteligencia artificial está orientado en la actualidad al perfeccionamiento de la mentalidad del rebaño con fines políticos y comerciales de dominación. La convergencia entre la inteligencia artificial (IA) y la psicología de las masas representa un cambio de paradigma en la forma en que se configura el comportamiento colectivo. Si en la era de Freud y Bernays la manipulación requería de mensajes masivos y estandarizados, la IA permite una sofisticación técnica sin precedentes que potencia la mentalidad de rebaño a escala global.
La inteligencia artificial altera profundamente los mecanismos de identificación y sustitución del Ideal del yo descritos por el psicoanálisis, actuando como un catalizador invisible de la desindividualización. A diferencia de los medios de comunicación tradicionales (radio, televisión), la IA procesa volúmenes masivos de datos para realizar micro-segmentación psicométrica. Esto significa que los sistemas analizan las debilidades, miedos, sesgos y deseos inconscientes de cada individuo para diseñar estímulos personalizados.
Cámaras de eco automatizadas: Los algoritmos de recomendación encierran a los usuarios en burbujas informáticas. Al alimentar constantemente al sujeto con narrativas que validan sus prejuicios, la IA debilita efectiva y deliveradamente su juicio crítico individual: el Yo.
Líderes y enemigos sintéticos: La IA facilita la creación de narrativas falsas ultrapersonales. Al igual que Freud señalaba que el grupo necesita un enemigo externo para cohesionarse, los algoritmos detectan o motivan con precisión quirúrgica contra qué grupo o rival político dirigir la agresión colectiva, forjando un «rebaño digital» altamente polarizado y reactivo.
En el plano comercial, la IA sustituye al líder de la masa por un ecosistema de deseos inducidos artificialmente. A través de la hipersegmentación del deseo, los modelos predictivos anticipan las decisiones de consumo antes de que la persona sea plenamente consciente de la necesidad. La publicidad ya no apela a una masa generalizada. Crea la ilusión de un mensaje único para el sujeto, pero con el fin subyacente de empujarlo a la corriente del consumo masivo. A través de la validación social automatizada, el uso de bots y la manipulación de tendencias virtuales mediante algoritmos, se establece una falsa percepción de consenso. El individuo, movido por el temor al aislamiento (el instinto gregario que Freud reformuló como necesidad de cohesión libidinal), adopta comportamientos de pensamiento y consumo simplemente porque la infraestructura digital le muestra que «todos los demás» lo están haciendo.
El debate ético global sobre los límites de la tecnología ha alcanzado las esferas doctrinales más altas del Vaticano. Documentos de gran relevancia magisterial —como la encíclica de mayo de 2026, Magnifica Humanitas, promulgada por el Papa León XIV tras los pronunciamientos previos del Papa Francisco— abordan directamente el peligro de delegar las facultades humanas a los sistemas automatizados.
La advertencia del Papa León XIV de que la inteligencia artificial puede ser utilizada para establecer un «nuevo sistema de esclavitud« se interpreta a través de tres dimensiones fundamentales.
La enajenación del albedrío y el juicio moral
La encíclica Magnifica Humanitas subraya el peligro de la renuncia a pensar. La esclavitud tradicional sometía el cuerpo. La esclavitud algorítmica somete las capacidades cognitivas. Al permitir que sistemas automáticos decidan qué información consumimos, qué es ético, qué es bueno y qué es malo, qué es bonito y qué es feo, o incluso qué decisiones letales se toman en escenarios bélicos (armas autónomas), la humanidad abdica de su responsabilidad moral y de su libertad. No hay algoritmo que pueda sustituir la conciencia o hacer moralmente aceptable la deshumanización.
El magisterio eclesiástico equipara los riesgos de la revolución de la IA con los de la Revolución Industrial expuestos a finales del siglo XIX. Si la histórica encíclica Rerum Novarum (1891) denunció la explotación del trabajo físico de los obreros por las máquinas, la crítica actual apunta a la simulación y captura del trabajo cognitivo y emocional. Cuando los desarrolladores priorizan el lucro corporativo sobre el bien común, las personas pasan de ser sujetos con dignidad a convertirse en meros proveedores de datos consumibles, atrapados en una estructura invisible que restringe su autonomía y su libertad.
Frente a las vertientes tecnológicas que buscan superar las limitaciones biológicas a costa de disolver la singularidad humana, la perspectiva humanista advierte sobre el riesgo de convertir a los ciudadanos en espectadores resignados de los procesos tecnológicos. La advertencia sobre una nueva esclavitud resuena como un llamado urgente a recuperar el control político y ético sobre los algoritmos. El progreso técnico-científico sólo es verdadero progreso si eleva la dignidad de los más vulnerables, en lugar de centralizar el dominio social en manos de quienes controlan el código.
Para profundizar en el debate ético y social abierto desde el Vaticano respecto al control algorítmico y la soberanía del pensamiento humano, resulta de gran utilidad examinar los análisis detallados del documento Magnifica Humanitas, donde se desglosas los desafíos que esta encíclica plantea a la gobernanza global y a la protección de la dignidad individual frente al avance tecnológico.
JC-Centeno@Outlook.com
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Occidente está perdiendo su superioridad, admiten medios europeos
- Sputnik Mundo.
"Nunca antes habíamos estado tan débiles": Occidente está perdiendo su superioridad, admiten medios europeos
La guerra contra Irán no es simplemente otra crisis en el Golfo. Se trata de un conflicto que desafía fundamentalmente la posición estratégica de Occidente, escribe el diario alemán 'Die Welt'.
Según el diario, la incapacidad de Estados Unidos para lograr la victoria en una guerra en Oriente Medio cuestiona el núcleo de la concepción conservadora occidental de seguridad, expresada en el principio "Paz a través de la fuerza", utilizado por el presidente estadounidense Ronald Reagan.
"La paz se basa en la fuerza —económica, militar y estratégica", declaró en los años setenta, añadiendo: "La paz se pierde cuando esa fuerza se debilita o, lo que es igualmente fatal, es percibida por el adversario como debilitándose".
Esta sencilla fórmula causal parece obsesionar a Donald Trump y Benjamin Netanyahu, subraya el autor de la publicación. Sin embargo, la estrategia aplicada por estos mandatarios en la guerra contra Irán demuestra una desconexión entre discurso y realidad. Más que una política basada en fuerza real —económica, militar y estratégica—, se apuesta por gestos, presión mediática y cálculos políticos a corto plazo. Sin planificación sólida ni objetivos alcanzables, el resultado es un desgaste sin logros concretos.
"Tal error de juicio es quizás comprensible en dos políticos que solo han dejado huella en la historia mediante constantes proclamas de su propia fuerza", añade el autor del artículo.
Occidente libra una guerra comercial a escala mundial para conservar su "dominio ficticio", resalta Zajárova | Video
El resultado es una pérdida de credibilidad internacional. A pesar de contar con mayores recursos potenciales, Estados Unidos y sus aliados terminaron aislados y sin capacidad de imponer su agenda. Incluso los socios clave muestran reticencias, mientras potencias como China ganan protagonismo en el escenario global, subraya.
La lección es clara: la fuerza no puede simularse, indica. Requiere inversión sostenida, planificación estratégica y coherencia política. Sin estos elementos, la apariencia de poder se convierte en su contrario: una señal de debilidad.
"¿Qué significa todo esto para Occidente? Pregúntenle a Ronald Reagan. Nunca antes habíamos estado tan débiles como ahora", concluye el autor.
jueves, 28 de mayo de 2026
Palestina, Irán y el desmoronamiento de la hegemonía occidental
Recomiendo:
Palestina, Irán y el desmoronamiento de la hegemonía occidental
Por Yara Hawari, Tareq Baconi | 28/05/2026 | Mundo
Fuentes: Voces del Mundo
Introducción
La población de todo el mundo está atravesando un momento de profunda crisis. El genocidio en curso en Gaza, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y el Líbano, las crisis energéticas y económicas resultantes y la erosión del orden jurídico internacional se desarrollan en paralelo a la fragmentación del sistema global liderado por Occidente. En conjunto, estas sacudidas convergentes están poniendo de manifiesto los límites de la hegemonía estadounidense, redefiniendo las posiciones estratégicas de los Estados árabes del Golfo y de China, e intensificando los debates sobre la multipolaridad, el realineamiento regional y la solidaridad Sur-Sur.
En esta mesa redonda, Yara Hawari y Tareq Baconi reflexionan sobre este punto muerto, y destacan la centralidad de Palestina para comprender las transformaciones históricas que el mundo está presenciando hoy en día. Debaten sobre la quiebra del orden internacional liberal, la dinámica cambiante del poder imperial estadounidense-israelí en Asia Occidental y las formas en que Palestina ha emergido como un punto de convergencia a través del cual podría verse impulsado un orden global diferente.
(Esta mesa redonda es una adaptación de una sesión informativa impartida por Yara Hawari y Tareq Baconi en abril de 2026. Ha sido editada para su publicación)
¿Cómo se relaciona el momento actual con las historias más largas de violencia colonial e imperial?
Yara Hawari: Este es un momento crucial de reflexión, no solo para los países sometidos a la violencia colonial e imperial, sino para el mundo en su conjunto. Europa no es una isla. Cuando España se negó a permitir que Estados Unidos utilizara sus bases militares para lanzar ataques contra Irán, el presidente Donald Trump respondió diciendo que Estados Unidos podría utilizarlas de todos modos, lo que supuso una amenaza directa a la soberanía española. Creo que los gobiernos están empezando a comprender que ya no pueden descartar tales declaraciones como divagaciones erráticas de Trump, sino que deben reconocerlas como señales ominosas de lo que está por venir.
Sin embargo, aunque existe un esfuerzo para remodelar la política global, también debemos entender este momento no como una aberración en la historia de Estados Unidos, sino como una trayectoria predecible. De hecho, sucesivos gobiernos sentaron las bases, desde George W. Bush hasta Barack Obama y más allá.
Palestina se encuentra en el centro de esta dinámica. La descarada agresión de Estados Unidos e Israel contra la humanidad es, en muchos aspectos, la consecuencia de décadas de impunidad sin control. Los Estados occidentales han dado carta blanca al régimen israelí sobre los palestinos: se ha retransmitido en directo al mundo un genocidio mientras continúan las relaciones comerciales y se mantiene la cobertura diplomática. El coste de ese cálculo ha resultado ser mucho mayor de lo previsto.
Las consecuencias de esa impunidad ya no se limitan a los palestinos ni a la población del sur del Líbano. La gente corriente en Occidente se enfrenta ahora a una creciente crisis del coste de la vida porque los regímenes estadounidense e israelí —envalentonados por décadas de violencia impune contra los palestinos— decidieron iniciar una guerra con Irán. Ahora todo el mundo está pagando el precio de esa impunidad. La constancia y el alcance de esa impunidad, así como la profundidad de la complicidad occidental, son las variables que explican la trayectoria en la que nos encontramos ahora.
Tareq Baconi: La guerra contra Irán revela algo crucial sobre las posiciones desde las que operan ahora los poderes de Estados Unidos e Israel. Estamos asistiendo a un resurgimiento de un lenguaje explícitamente imperial y colonial en la escena mundial: un presidente de EE. UU., cuya retórica refleja el lenguaje que el régimen israelí siempre ha empleado hacia los palestinos, respaldado por una fuerza militar y una agresión extraordinarias.
Pero esta agresión es un signo de declive, no de fuerza. Hoy en día, tanto la hegemonía estadounidense como el colonialismo de asentamientos israelí se están desarrollando mediante el uso excesivo de la fuerza, la violencia extrema y la escalada precisamente porque su legitimidad se está erosionando. Esto se ve claramente en el sionismo: en muchos sentidos, se encuentra en su momento de mayor debilidad histórica, y esa debilidad se manifiesta en forma de agresión, devastación y matanzas masivas. Comprender esta dinámica es esencial para entender el lugar que ocupa Palestina en estos cambios en el poder mundial. Es decir, un imperio alcanza su máximo nivel de violencia cuando aún conserva la capacidad de ejercer la fuerza, pero ha perdido la capacidad de mantener la legitimidad o la estabilidad.
¿Cómo debemos entender la relación entre Estados Unidos e Israel en este momento?
Tareq Baconi: En cuanto a la cuestión de quién impulsa qué en la relación entre Estados Unidos e Israel, hay un punto concreto que destacar sobre la guerra con Irán: esta no es la guerra de Washington. Es la guerra del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, una guerra que ha estado impulsando durante años y para la que finalmente ha encontrado una puerta abierta con la administración Trump. Pero para entender cómo eso fue posible, tenemos que profundizar en la relación estructural entre los dos Estados.
Esa relación opera en dos niveles. El primero es ideológico. Tanto Estados Unidos como Israel son colonias de asentamientos de colonos; en otras palabras, Estados construidos sobre el exterminio masivo, el desplazamiento forzoso y la limpieza étnica, y sostenidos por una infraestructura racista y capitalista. Israel ha fascinado durante mucho tiempo a Estados Unidos porque ha logrado presentarse como una democracia mientras supervisa un sistema de apartheid. Y Estados Unidos fascina al régimen israelí porque representa, en el imaginario colonialista, un proyecto que «cumplió su cometido»: un Estado que despojó a su población indígena y luego asumió con éxito ese despojo como la base de la «democracia». Ninguna de esas historias es cierta: los pueblos indígenas de Palestina y la Isla de la Tortuga siguen resistiendo. Pero la narrativa colonialista es de victoria, y crea un profundo vínculo ideológico entre los regímenes coloniales. Si Israel fracasara como proyecto colonialista, ello equivaldría a una condena de los propios Estados Unidos.
El segundo nivel es geopolítico. El régimen israelí no es simplemente un aliado; es fundamental para el colonialismo de los Estados Unidos y para la proyección de su imperio a escala mundial. Permite a los Estados Unidos proyectar su fuerza imperial no sólo en toda la región, sino más allá de ella. Todo el discurso de la «relación especial», de la «ausencia de distancia» entre Washington y Tel Aviv y de los «valores compartidos» refleja no solo un sentimiento, sino, lo que es más importante, una necesidad estructural.
Lo que hace que esta guerra en curso sea particularmente reveladora es que también está poniendo al descubierto las fisuras dentro de esa relación. Al empujar a Estados Unidos a esta guerra con Irán, el régimen israelí está exacerbando las contradicciones que ya existen a nivel interno entre los estadounidenses. Cada vez más personas se preguntan si estos son realmente los valores compartidos que Estados Unidos afirma tener con el régimen israelí, y si las guerras interminables de este tipo benefician a los intereses de alguien. De hecho, la forma en que el régimen israelí sigue arrastrando a Estados Unidos a una violencia permanente no beneficia al pueblo estadounidense, y esto es algo que cada vez se hace más imposible de ignorar.
Yara Hawari: Lo que ha quedado claro en los meses transcurridos desde que comenzó la guerra contra Irán es que Trump y su círculo más cercano no tienen un plan. Las conversaciones iniciales sobre mermar la capacidad de misiles iraní y eliminar el uranio enriquecido no llegaron a nada. Se planteó la posibilidad de un cambio de régimen y luego se desmintió. No existe una estrategia coherente por parte de Estados Unidos. Netanyahu, sin embargo, sí que tiene una, y muy clara. Estamos asistiendo al punto álgido de su visión del «Gran Israel», que no sólo consiste en la expansión territorial, sino también en consolidar a Israel como la potencia preeminente de la región.
Informes procedentes del interior de la Casa Blanca sugieren que Netanyahu propuso a Trump una guerra para provocar un cambio de régimen y que, a pesar de las graves divisiones internas, el presidente de EE. UU. acabó aceptando lo que le vendía el primer ministro israelí. Esto se debe en gran medida a un pequeño grupo de belicistas y sionistas acérrimos, entre los que se encuentran el senador Lindsey Graham y el secretario de la Guerra Pete Hegseth, que se han convertido en figuras centrales de la administración de Trump. Esto no quiere decir que Estados Unidos sea reacio a infligir violencia al mundo en otros ámbitos. Pero en la cuestión específica de la guerra con Irán, el consenso de larga data entre las agencias gubernamentales estadounidenses era que tal guerra sería catastrófica para Estados Unidos y para la economía mundial. Y tenían razón.
Sin embargo, debemos tener cuidado de no confundir esto con una sumisión de Estados Unidos ante Netanyahu —una narrativa que ahora está adoptando la extrema derecha antiisraelí en Estados Unidos—. Hacerlo sería ocultar la larga historia de intervencionismo violento de Estados Unidos en Asia Occidental y eximir a Washington de su propia responsabilidad en este momento.
Trump, por su parte, no es un hombre ideológico. No es sionista —desde luego, no en el sentido en que lo es, por ejemplo, el expresidente estadounidense Joe Biden—. De hecho, hay otras fuerzas en juego. Existe una dimensión transaccional: la multimillonaria israelí-estadounidense Miriam Adelson fue la mayor donante individual de la campaña de Trump para 2024, y tales megadonaciones conllevan expectativas. Existe la dimensión del ego: a Trump le vendieron la idea de que podría ser el presidente que finalmente derrocara al régimen iraní. Y, por último, está la dimensión del beneficio, quizás la más importante de todas: Trump está privatizando todos los aspectos de la gobernanza estadounidense, incluida la diplomacia, al servicio de la riqueza dinástica.
Trump sigue siendo impredecible, y los próximos meses encierran auténticas incógnitas. Lo que está claro es que algo ha cambiado dentro de una parte significativa de MAGA, el movimiento populista nacionalista de derechas organizado en torno a la agenda «America First» de Trump. Muchos dentro de su base creen ahora que los ha traicionado a favor de una potencia extranjera. Ese daño parece irreparable.
¿Cómo están reconfigurando la estrategia y el apoyo palestinos los cambios regionales y los ataques contra los aliados de Palestina?
Yara Hawari: Los Estados árabes del Golfo se enfrentan ahora a un grave dilema. De esta guerra está surgiendo una fórmula probada y comprobada: si Irán es atacado por el régimen israelí o por Estados Unidos, la respuesta se dirigirá contra los Estados del Golfo, en su calidad de aliados de Estados Unidos y de anfitriones de sus instalaciones militares. Al mismo tiempo, Estados Unidos ha demostrado ser incapaz de garantizar la seguridad de dichos Estado, una premisa fundamental de la relación entre Estados Unidos y el Golfo. Como resultado, la credibilidad de Washington como poder hegemónico regional se ha visto gravemente mermada.
Por lo tanto, no es de extrañar que China esté emergiendo como un actor clave en la región. Cabe destacar que, en los últimos meses, los diplomáticos chinos han llevado a cabo una diplomacia intensa, aunque sutil, con los Estados del Golfo. La presencia de China en la región no es nueva; lleva años integrándose en ella a través de proyectos como la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Por lo tanto, no supone un gran salto para Pekín proponer una visión multipolar de un orden regional orientado hacia su propio continente.
Este reajuste geopolítico es también significativo para el movimiento de liberación palestino, como lo demuestran los esfuerzos actuales por profundizar el compromiso con el Sur Global. Durante años, gran parte de la sociedad civil palestina y la organización de base se han centrado en Estados Unidos y Europa. Sin embargo, décadas de compromiso con los responsables políticos y periodistas occidentales no lograron producir el cambio estructural necesario para detener el genocidio. Darse cuenta de ello ha sido doloroso, pero también necesario.
Las preguntas que surgen ahora del diálogo con el Sur Global se centran en cómo construir un orden mundial genuinamente multipolar y cómo Palestina puede servir de punto de convergencia que impulse la materialización de ese orden. De hecho, el genocidio de Gaza ha puesto de manifiesto los límites de la arquitectura internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial. La tarea urgente ahora es imaginar y construir lo que vendrá después.
Tareq Baconi: Si nos fijamos específicamente en el movimiento nacional palestino y la lucha de liberación, está claro que nos encontramos en un periodo muy delicado. Aparte de esa breve época en los años sesenta y setenta, cuando la revolución palestina mantenía un diálogo activo con otros movimientos anticolonialistas globales, la diplomacia palestina se ha orientado casi por completo hacia Occidente. Ha estado marcada por el lenguaje del universalismo liberal y por la fe en las instituciones de gobernanza internacional lideradas por Occidente. Esa orientación ha influido profundamente en la forma en que los palestinos han llevado a cabo su lucha.
Ahora comprendemos que esos sistemas liberales occidentales han fracasado. Muchos de nosotros lo hemos defendido durante mucho tiempo, pero el genocidio en Gaza lo ha hecho innegable. La difícil realidad es que los palestinos y sus aliados en todo el Sur Global aún no han construido la infraestructura necesaria para superar esa dependencia. Para ello es necesario ir más allá de una aceptación implícita de la hegemonía occidental, el imperio y el colonialismo, y avanzar hacia una realidad diferente: una en la que los sistemas de gobernanza internacional puedan proteger realmente la vida humana sin racismo ni dominación imperial. No se trata de una transición sencilla.
Pero también creo que este momento presenta una oportunidad extraordinaria, una que saca a Palestina de su estado de excepción. Cuando hablamos de remodelar la región o de construir alianzas más profundas en todo el Sur Global, muchos actores tienen un interés particular en enfrentarse al régimen israelí. La violencia colonial israelí no se ha detenido en Gaza; sus tácticas ya se están exportando a Siria, el Líbano e Irán, y la lógica expansionista va más allá del presente hacia otros lugares en el futuro.
El debate más amplio que debe tener lugar ahora es el siguiente: a medida que el imperio estadounidense retrocede y los sistemas existentes de gobernanza internacional se tambalean, ¿qué alternativa puede construir el Sur Global? Palestina es fundamental en ese debate.
¿A qué debemos estar atentos en los próximos meses y qué necesita el movimiento de liberación palestino para afrontar lo que se avecina?
Yara Hawari: Me vienen varias cosas a la mente. Lo más urgente es que el régimen israelí hará un esfuerzo concentrado por terminar lo que empezó en Gaza y en el resto de Palestina. Hasta ahora, el genocidio ha tenido pocas consecuencias y, según los cálculos de Netanyahu, este es el momento oportuno para completar el proyecto.
Las próximas elecciones israelíes no cambiarán esto. Las encuestas muestran sistemáticamente que las políticas del régimen cuentan con el apoyo mayoritario de los ciudadanos judíos israelíes. Cualquier cambio de gobierno reflejará el cansancio con Netanyahu, no con la guerra ni con la limpieza étnica de los palestinos. Por lo tanto, es esencial que la atención siga centrada en Palestina, especialmente en Gaza, donde el genocidio no ha terminado, sino que ha entrado en una nueva fase.
En segundo lugar, a la luz de los cambios geopolíticos en curso, el movimiento debe posicionarse a la vanguardia. Esto implica un compromiso sostenido con el Sur Global, incluyendo, y quizás de forma más urgente, a las personas mucho más cercanas a nosotros en toda la región. El genocidio ha puesto de manifiesto la profundidad de la opresión que sufren nuestros compañeros en toda Asia Occidental.
Por último, el movimiento debe mantenerse firme en sus principios y su ética, ya que ambos se pondrán a prueba a medida que siga creciendo. Es fundamental construir un movimiento de base amplia, pero no a costa de nuestras líneas rojas y nuestros valores fundamentales. Un ejemplo concreto es el debate que está surgiendo sobre cómo abordar las divisiones que se están abriendo dentro de MAGA y la extrema derecha estadounidense en torno a Israel. Esas divisiones son reales y pueden resultar útiles desde el punto de vista táctico. Pero cualquier acercamiento no debe comprometer los fundamentos progresistas del movimiento. Nuestro movimiento es grande, pero también frágil, y debe protegerse.
Tareq Baconi: Más allá de la guerra inmediata y del genocidio en curso —que exigen nuestra atención constante—, hay varios acontecimientos que merece la pena seguir de cerca.
A nivel regional, una cuestión crítica es si Irán podría obtener una ventaja estratégica tras esta guerra. Esto determinará si el régimen israelí puede alcanzar la hegemonía militar regional que persigue. El éxito con el que Irán gestione este momento y lo que consiga al final marcará todo el cálculo regional.
Igual de importante es cómo respondan los Estados del Golfo y qué lecciones extraigan. El marco que precedió a esta guerra —el dominio militar estadounidense respaldado por la hegemonía israelí, los Acuerdos de Abraham y la alineación del autoritarismo del Golfo con el imperialismo estadounidense e israelí— se ha derrumbado de hecho. La forma en que los Estados del Golfo se reposicionen tras la guerra, y el papel que desempeñen China y Rusia en ese reposicionamiento, serán determinantes.
Turquía es otra variable clave. Está claro que Turquía se encuentra en el punto de mira del régimen israelí; neutralizarla forma parte de lo que requeriría la hegemonía regional del régimen sionista. Su posición en la constelación regional emergente tendrá una importancia enorme.
Dentro de la propia Palestina, el panorama es alarmante. El régimen israelí está ampliando y acelerando su colonización de Gaza y Cisjordania mediante una violencia espantosa. La llamada «Línea Amarilla» en Gaza ha sido declarada unilateralmente como nueva frontera. La amenaza de limpieza étnica se cierne sobre Cisjordania. En toda la Palestina histórica, el proyecto del Gran Israel se está consolidando activamente, incluso mientras se recurre al discurso de la reconstrucción, el alto el fuego y el retorno a la normalidad para ocultarlo. Esta expansión se extiende también a Siria y el Líbano, donde se está llevando a cabo una política de asentamientos de tierra quemada.
En última instancia, los palestinos deben resistir la presión para volver a un statu quo anterior a la guerra genocida disfrazado de progreso. Lo que ocurrió el 7 de octubre fue someter la totalidad del proyecto colonialista sionista en Palestina a un nivel de escrutinio sin precedentes. Los palestinos deben aferrarse a esa oportunidad e insistir en que lo que este momento exige no es un alto el fuego que normalice el genocidio y la limpieza étnica, sino la descolonización total.
Yara Hawari es codirectora de Al-Shabaka. Anteriormente fue investigadora y analista de la política palestina.
miércoles, 27 de mayo de 2026
EEUU habría atacado Irán otra vez a pesar del alto el fuego, reportan medios
- Sputnik Mundo,
EEUU habría atacado Irán otra vez a pesar del alto el fuego, reportan medios
hace 1 hora
Buque de carga volcado junto a un muelle en el puerto sur de Bandar Abbás, Irán. - Sputnik Mundo, 1920, 28.05.2026
© AP Photo / Mohammad Mehdi Ghadimi
Síguenos en
De acuerdo con informes de la prensa iraní, se escucharon tres explosiones al este de Bandar Abbas.
La agencia Fars News señaló que se desconoce la ubicación exacta y el origen de dichas detonaciones y añadió que se están realizando investigaciones para aclarar lo sucedido. Las defensas antiaéreas de la zona también se activaron durante varios minutos.
Además, según Reuters, las fuerzas de EEUU llevaron a cabo nuevos ataques contra una instalación militar iraní, que es considerada por Washington como "una amenaza" para las fuerzas norteamericanas y para la navegación en el estrecho de Ormuz.
La noticia se da justo un día después de que EEUU lanzara una serie de ataques que el portavoz del Pentágono, el capitán Tim Hawkins, calificó como "ataques defensivos" cerca de Bandar Abbas, rompiendo el frágil alto el fuego entre ambos países.
El intento de recuperar el dominio por la fuerza, típico del ‘estilo Trump’, es un retroceso a la lógica del poder bruto del siglo XIX
Entrevista a Frei Betto
«El intento de recuperar el dominio por la fuerza, típico del ‘estilo Trump’, es un retroceso a la lógica del poder bruto del siglo XIX»
Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someone
Por Rafael Hidalgo | 27/05/2026 | América Latina y Caribe, EE.UU.
Fuentes: Blog América
En esta primera entrevista exclusiva del BLOG AMÉRICA, que será publicada en dos entregas, Rafael Hidalgo dialoga con el destacado teólogo brasileño, Frei Betto, quien reflexiona sobre las causas y objetivos de la extrema agresividad de Trump. Razona acerca de la naturaleza violenta de un imperio en decadencia, que busca reajustarse y sobrevivir. Identifica las implicaciones para la América Latina y el Caribe de tales políticas, y propone algunas alternativas concretas de lucha frente a la nueva embestida monroísta de la Casa Blanca.
Carlos Alberto Libânio Christo (1944), más conocido como Frei Betto, asumió la política como sentido de su vida desde la adolescencia, siempre a favor de las causas justas; escritor con más de 70 libros en su haber creativo; filósofo y teólogo de la liberación de reconocida trayectoria, y fraile dominico que practica la lealtad a sus ideas y a la amistad de un modo que debería ser más extendido en este convulso mundo de hoy. Estos y otros rasgos suyos que podrían subrayarse, ayudan a comprender por qué Fidel Castro le consideró un amigo y un interlocutor culto y honesto al que era importante escuchar.
Rafael Hidalgo (RH): Querido Betto, gracias por brindarnos esta primera entrevista del BLOG AMÉRICA. Basta una ojeada rápida a la realidad internacional actual para advertir que el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial está en crisis y transita, al parecer de forma ineluctable, hacia un multilateralismo que la Casa Blanca ya no está en condiciones de detener como proceso histórico.
¿Cómo analizas este proceso en la actual coyuntura mundial, a partir de las contradicciones intrínsecas del “modelo” capitalista de concentración de la propiedad, la riqueza y el poder político?
Frei Betto (FB): La contradicción es la esencia del capitalismo: se presenta como democrático, pero excluye a la mayoría del pueblo de los beneficiose económicos; presume de cristiano, pero contradice todos los principios del Evangelio; pregona la paz, pero promueve la guerra; dice que defiende los derechos humanos, pero explota a los trabajadores y excluye a los migrantes, los desempleados, las mujeres, los negros, los homosexuales y los indígenas.
Ante esta contradicción, marcada por la desigualdad social, el capitalismo encubre su privatización de los bienes materiales socializando los bienes simbólicos: ¡esa es su fortaleza! Con su poderosa maquinaria ideológica –los medios de comunicación, las herramientas digitales, la cultura, la enseñanza, etc.—convence al oprimido de que él también puede convertirse en opresor: basta con subir unos pasos por la escala social, convertirse en emprendedor, mirarse en el espejo de la clase dominante. El oprimido aprende que la persona no tiene valor social por sí misma, sino por los bienes que posee. Cuanto más rica, más valorada. Y cuando el oprimido sube uno o dos escalones, trata de impedir que suban quienes están debajo, porque sabe que la riqueza es resultado de la concentración de la renta, y no de su socialización.
El capitalismo tiene siete vidas como el gato. A pesar de sus contradicciones, no da señales de agonizar. Su poderío ideológico crea en la conciencia del oprimido la convicción de que todos pueden subir en la escala social, basta con poner empeño, mientras asume que compartir los bienes o la riqueza es aceptar la pérdida de la identidad propia y correr el riesgo de resbalar y caer en el “abominable mundo de los empobrecidos”.
RH: Si aplicamos la lógica analítica del sociólogo estadounidense William Robinson, deberíamos considerar a las élites que controlan el poder real y formal en los EE.UU. como el núcleo todavía hegemónico del capitalismo transnacional.
¿Cómo ubicas y analizas, desde esta perspectiva, el desempeño de la administración republicana, marcada por el “estilo Trump”, como factor disolvente del orden internacional de postguerra? ¿Hacia dónde podría llevar a la humanidad su tentativa de recuperar capacidad de dominación e influencia por medio del empleo de la fuerza militar y de otras formas de coerción? ¿Dónde aprecias los límites de su actuación externa a nivel global?
FB: Desde la perspectiva del orden internacional de la segunda posguerra (1945…), pautado por instituciones como la ONU, el FMI, el Banco Mundial, y por alianzas como la OTAN, el llamado “estilo Trump” representa un abandono explícito del multilateralismo liberal que los Estados Unidos ayudaron a construir. La administración Trump (2017-2021) adoptó la consigna de “los Estados Unidos primero”, y se retiró de tratados (el acuerdo nuclear con Irán, el acuerdo de París sobre el clima), cuestionó a la OTAN, impuso aranceles unilaterales y se retiró de la OMS y la UNESCO. Esa línea no fue una simple “revisión” de su política exterior, sino un ataque deliberado a los pilares de la cooperación internacional basada en reglas.
El elemento disolvente más grave fue la normalización de la coerción económica y militar como herramientas privilegiadas de negociación, en detrimento de la diplomacia y la construcción de consensos. El intento de recuperar la capacidad de dominación e influencia de los Estados Unidos, no mediante un liderazgo ejemplar, sino por medio de la fuerza bruta (o la amenaza de su empleo) revierte la lógica de que —a pesar de todas las críticas al imperialismo estadounidense— al menos legitimaba el orden, debido a que proporcionaba bienes públicos (seguridad marítima, estabilidad financiera, etc.).
La apuesta por el empleo de la fuerza militar y otras formas de coerción (sanciones secundarias, chantaje tecnológico, manipulación de cadenas productivas) puede conducir a tres escenarios interrelacionados:
1) Fragmentación geopolítica acelerada: China, Rusia, la Unión Europea y otros actores medios comienzan a prepararse para un mundo sin una hegemonía confiable, buscando la autosuficiencia en los terrenos de la defensa, la tecnología y las finanzas. Aumenta el riesgo de “guerras proxy”, así como de conflictos regionales que el sistema de la ONU no logra contener.
2) Normalización de la anarquía coercitiva. Si la mayor potencia militar del mundo da muestras de que impera el “derecho de la fuerza”, los Estados menores y los actores no estatales se sienten autorizados a emplear la fuerza para resolver disputas. Un ejemplo es el genocidio llevado a cabo por Israel en Gaza, facilitado por un ambiente en el que las garantías de la seguridad multilateral ya habían sido corroídas.
3) La erosión del derecho internacional humanitario. El desprecio por los tratados y los tribunales internacionales incentiva las violaciones de derechos humanos, la tortura, la prisión arbitraria, el uso de armas controversiales, lo que aumenta el sufrimiento en las zonas de conflicto.
A pesar de la retórica diluente y la coerción, hay límites claros para una administración republicana “estilo Trump”. Aunque poderosos, los Estados Unidos ya no son la única potencia industrial del mundo. Amenazar con sanciones y aranceles a todos (China, Europa, México, Canadá) provocaría respuestas simétricas y lesionaría la economía norteamericana (inflación, pérdida de mercados para la agricultura y las empresas tecnológicas). El dólar sigue siendo hegemónico, pero abusar de su posición para usarlo como un arma aceleraría la creación de sistemas de pago alternativos (por ejemplo, monedas digitales de bancos centrales, acuerdos China-Rusia, etc.).
No obstante contar con el mayor presupuesto de defensa del mundo, los Estados Unidos no pueden librar guerras simultáneas contra grandes potencias (China, Rusia) sin costos insostenibles. La experiencia en Afganistán, Iraq y ahora Irán pone de manifiesto que la fuerza militar bruta no construye órdenes estables. Además, las alianzas como la OTAN dependen de la confianza mutua; las amenazas de abandonar a los aliados europeos acabarán por inducir a Europa a desarrollar su propia capacidad defensiva y reducir la influencia norteamericana.
El “estilo Trump” quema capital de confianza. Países como Alemania, Francia, Japón, Corea del Sur y otros aliados tradicionales comienzan a dudar de los compromisos de la Casa Blanca. En foros como la ONU, los Estados Unidos se ven aislados en votaciones (como las realizadas sobre las embajadas en Jerusalén, el clima, las sanciones a Cuba). Sin legitimidad moral, la capacidad de formar coaliciones para enfrentar amenazas reales (pandemias, terrorismo, cambio climático) disminuye drásticamente.
El orden de posguerra no es solo un conjunto de acuerdos; es también una red de interdependencias. Tratar de dominar por la coerción ignorando esa red genera costos enormes. Por ejemplo, querer excluir a China de las cadenas de suministro tecnológico, pero depender, a la vez, de tierras raras y fármacos chinos; querer renegociar acuerdos comerciales, pero ver rotas las cadenas de valor, lo que afecta el empleo en los Estados Unidos.
El intento de recuperar el dominio por medio de la fuerza, típico del “estilo Trump”, es un retroceso a la lógica del poder bruto del siglo XIX, incompatible con un mundo nuclear e hiperconectado. A corto plazo, genera caos y sufrimiento. A largo plazo, probablemente fracasará en su empeño de restaurar una hegemonía estable, porque en el sistema internacional contemporáneo la cooperación y la legitimidad siguen siendo recursos de poder tan importantes como los portaviones y los aranceles. Los límites se impondrán no por la bondad de los actores, sino por puro cálculo de costo-beneficio y por la resistencia de otros Estados y sociedades.
Si la humanidad quiere evitar un camino degradante, tendrá que reconstruir un multilateralismo reformado, pero funcional, en el que hasta las potencias insatisfechas encuentren canales de negociación que no sean la amenaza permanente del uso de la fuerza. De ahí la importancia del siguiente punto en el cual Lula siempre insiste: es necesario renovar la ONU, en especial su Consejo de Seguridad, y formular un nuevo diseño para la gobernanza global.
Continuará…
Fuente: https://blogamerica.org/blog-america-entrevista-a-frei-betto-i/
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
