viernes, 24 de abril de 2026

Irán se niega a ceder en sus capacidades nucleares y militares

Recomiendo: Ni la ‘teoría del loco’ le funciona a Trump Irán se niega a ceder en sus capacidades nucleares y militares Por Carlos Fazio | 24/04/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Rebelión - Imagen: Irán continúa disputando el control del estrecho de Ormuz. El martes 21 de abril, firme en su posición de no ceder ante los chantajes de Donald Trump en una segunda ronda de conversaciones en Islamabad, Pakistán, el gobierno de Irán declinó enviar emisarios al encuentro. Fue, sin duda, una decisión meditada que envió a su contraparte un mensaje inequívoco: Irán, que había venido librando hasta ahora una guerra existencial defensiva, negociará únicamente desde una posición de fuerza. No realizará concesiones al enemigo. Se siente el vencedor en el campo de batalla, y el vencedor dicta las condiciones. Como parte de un claro encuadre estratégico para terminar la guerra de manera permanente, esa posición iraní se fue consolidando a medida que el alto el fuego de dos semanas se acercaba a su fin, y obligó al siempre arrogante y marrullero Trump a conceder una nueva tregua para ganar tiempo. Coloquialmente, de manera involuntaria, el magnate se vio obligado a reproducir la tendencia que tanto lo enfurece: TACO (“Trump always chickens out” o “Trump siempre se acobarda”), acrónimo que le endilgara un periodista del Financial Times en agosto de 2025 y que desde entonces ha sido jocosa tendencia en las redes sociales. Como han reconocido políticos, académicos y medios estadunidenses y europeos, el 28 de febrero Trump desató por segunda vez a traición una guerra de agresión contra Irán con objetivos declarados muy ambiciosos: desde el cambio de régimen hasta la destrucción de la infraestructura militar y nuclear de Irán. No logró ninguno de ellos. Ahora, busca desesperadamente negociaciones, no por buena voluntad, sino por necesidad. Por el contrario, Irán no solo sobrevivió a 40 días de agresión sin restricciones, sino que emergió más fuerte, más unido y más capaz de infligir daño a sus adversarios. Además, Irán introdujo una distinción crítica a la mesa de negociaciones: según su marco analítico, no se trata de ceder activos estratégicos en la mesa sino de acordar el fin permanente de la guerra de manera digna. Su lógica es clara y sencilla y no debe ser malinterpretada como un rechazo a la diplomacia: Irán no comenzó esta guerra. Le fue impuesta por Estados Unidos e Israel en medio de las conversaciones nucleares en Ginebra. Teherán ha acordado solo un alto el fuego, un silencio en el campo de batalla. Pero la guerra no ha terminado formalmente. Por lo tanto, cualquier negociación debe referirse a los términos para terminar la conflagración, y no, como pretenden EU e Israel, para desmantelar las capacidades nucleares o misilísticas defensivas de Irán. Ambos temas, están, para Irán, fuera de la mesa. Como señala un análisis del sitio web del canal de televisión iraní Press TV, con sede en Teherán, después de décadas de sanciones ilegales, presión militar y campañas de asesinato, los programas de misiles y nucleares de Irán siguen no solo intactos, sino que han experimentado un crecimiento exponencial. Si el enemigo no pudo tomar esos activos en el campo de batalla, ¿por qué Irán habría de entregarlos en la mesa de negociaciones? Además, negociar sobre estos activos legitimaría la agresión del enemigo. Si Irán se sentara a discutir sus niveles de enriquecimiento, existencias de uranio o alcances de misiles, aceptaría implícitamente que estos son temas legítimos de intervención extranjera. El enriquecimiento, la propiedad del uranio, la dilución o no son asuntos internos del país en los cuales ninguna entidad extranjera tiene derecho a interferir. Parafraseando al secretario de Guerra de EE.UU., Peter Hegseth, la “diplomacia” de Washington y Tel Aviv son las bombas. Irán ya ha aprendido la lección histórica. Por eso, ahora, desde una posición de fuerza, su lógica es meridiana: si el gobierno iraní hace concesiones ahora, se atraparía a sí mismo en un ciclo destructivo: guerra, alto el fuego, negociaciones (simuladas y dolosas por parte de EU e Israel), concesiones, perfidia, luego otra guerra. El enemigo aprendería que la agresión paga: que al lanzar guerras ilegales e injustificadas e imponer lo que llama “máxima presión”, puede obtener concesiones de Irán. Por eso, no quiere repetir esa secuencia. Otro ultimátum… Al amanecer del martes 21 de abril, el “día D” postrero de una larga serie de ultimátums fallidos de Donald Trump a las autoridades iraníes para que aceptaran la capitulación en una guerra impuesta, las narrativas de ambas partes eran francamente contradictorias. Mientras por enésima vez Trump amenazaba desde la Casa Blanca con hacer uso de una fuerza militar abrumadora e indiscriminada sobre Irán, si al expirar el alto al fuego la noche de ese día sus autoridades no aceptaban la rendición incondicional en Islamabad, desde la nación persa llegaba la advertencia de que no aceptarían negociaciones “bajo la amenaza de la violencia” y que sus fuerzas armadas estaban preparadas para “mostrar nuevas cartas en el campo de batalla”. A su vez, Pakistán, en su papel de mediador, realizaba activas gestiones para lograr un reconocimiento no oficial por parte de Estados Unidos del levantamiento del bloqueo naval impuesto a los puertos iraníes. En ese contexto, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, tenía previsto llegar a Islamabad para encabezar la delegación de su país en una nueva ronda de negociaciones. De acuerdo con expertos, el anuncio de su visita podría indicar que Washington había recibido “señales positivas” del mediador pakistaní, aunque no existía confirmación oficial sobre una segunda ronda de conversaciones. Según informaciones difundidas por la agencia panárabe Al Mayadeen, EU estaría dispuesto a aceptar un “levantamiento no declarado” del bloqueo, permitir la libre circulación de buques y petroleros iraníes sin interceptación, mientras mantuviera su presencia naval cerca del golfo de Omán. En contraste, Teherán exigía un anuncio público y explícito del levantamiento del bloqueo como condición indispensable para avanzar en el proceso diplomático, debido a la desconfianza hacia la administración Trump. Irán rechazó negociar “bajo amenaza” y denunció la toma de control del buque iraní Tosca por EU como una violación de la tregua. Por la mañana, mediante un comunicado, el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Islámica había condenado en términos enérgicos el ataque al buque comercial Touska (Tosca) ocurrido la noche del domingo 19 de abril cerca de sus aguas territoriales en el mar de Omán, y denunció la captura de la tripulación y sus familias. El texto calificó el ataque como un “acto ilegal y salvaje”, y sostuvo que se trató de un “acto de piratería marítima y terrorismo” que violó el acuerdo de alto el fuego del 8 de abril. Según el comunicado, la tripulación y sus familiares fueron intimidados y tomados como rehenes durante el ataque, en un episodio que Teherán consideró una grave escalada. A su vez, en Nueva York, el representante permanente de Irán ante las Naciones Unidas, embajador Amir Said Iravani, declaró en conferencia de prensa que el bloqueo naval por parte de EE.UU. “es una violación del alto el fuego, cuya anulación es condición para el reinicio de las negociaciones”. Afirmó, también, que “tan pronto como Washington ponga fin al bloqueo naval, creo que la próxima ronda de negociaciones se llevará a cabo en Islamabad”. Según declaró un funcionario estadunidense a Axios, Trump quiere que la guerra termine ya, pero bajo sus condiciones. Dijo: “(Trump) está harto. Quiere que esto termine. No le gusta que Irán mantenga el control (del estrecho de Ormuz) en Medio Oriente. No le gusta que lo tengan como arma de coacción. No quiere seguir luchando. Pero lo hará si siente que tiene que hacerlo”. Sin embargo, por la noche del 21 de abril, en un claro retroceso de sus posiciones previas de que no prorrogaría el alto el fuego, y a pesar de que Irán no envió ninguna delegación para participar en las conversaciones de Islamabad, Trump anunció de manera unilateral otra “pausa” en las hostilidades bélicas, En la cuenta de su plataforma Truth Social, Trump, escribió: “Prolongaremos el alto el fuego hasta que Irán presente su propuesta y concluyan las negociaciones, sea cual sea su forma”. En un nuevo intento por ganar tiempo y a manera de control de daños, el magnate justificó la prórroga diciendo que se produjo “a petición del mariscal de campo Asim Munir y del primer ministro Shehbaz Sharif de Pakistán”, y que el cese de la agresión de EU continuaría hasta que susadversarios(los líderes y representantes de Irán) “puedan presentar una propuesta unificada”. No obstante, afirmó que continuaría el ilegal bloqueo sobre los puertos y embarcaciones de la República Islámica, a pesar de la insistencia inequívoca de Teherán en que el bloqueo naval debe ser levantado para que las conversaciones bilaterales continúen. El miércoles 22, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) advirtió que está preparado para lograr “avances y sorpresas aún mayores, más allá de la comprensión y los cálculos del enemigo en el campo de batalla”, y aseguró que, “en una posible nueva fase de la guerra” contra EU e Israel, “infligirá golpes devastadores e inimaginables contra los recursos restantes del enemigo en la región”. El organismo afirmó que “la mayor parte de las infraestructuras militares” de EU e Israel en la zona del Golfo fueron destruidas tras “sufrir un duro golpe”, y que “está listo para enfrentar de manera decisiva, definitiva e inmediata cualquier amenaza o repetición de la agresión enemiga”. El CGRI dijo que las 100 oleadas de operaciones combinadas con misiles y drones lanzadas por Irán desde el comienzo de las hostilidades, “paralizó y cegó la capacidad de discernimiento militar del enemigo”, asestando golpes devastadores a sus infraestructuras, centros estratégicos y capacidad de apoyo. “Ello condujo a un ‘vacío cognitivo’ del frente agresor e invasor en el campo de batalla y, posteriormente, a errores de cálculo y a súplicas de alto el fuego a Irán”. Tras “el derrumbe de la hueca hegemonía del poder militar de EU e Israel”, la región se encamina hacia un “nuevo orden en Asia Occidental”, sin potencias extranjeras y con un entorno más estable y seguro, concluyó el comunicado del CGRI. Por su parte, el asesor del presidente del Parlamento iraní, Mahdi Mohammadi, criticó duramente la nueva moratoria trumpista. Manifestó que “la prórroga del alto el fuego por parte de Trump no significa nada. La parte perdedora (refiriéndose a EU) no puede imponer condiciones”. Y argumentó que “la continuación del asedio no difiere del bombardeo y debe responderse con una acción militar.” Además, la prórroga ciertamente significa ganar tiempo para un golpe sorpresa. El momento de tomar la iniciativa es de Irán”, sentenció. De acuerdo con los pronunciamientos públicos de varios integrantes del gobierno iraní, puede deducirse que la República Islámica se considera vencedora indiscutible de la guerra de agresión de 40 días, y Teherán es ahora quien fija las condiciones, y no a la inversa. Según las autoridades persas, la parte que solicitó el alto el fuego en esta ocasión no fue Irán, sino Estados Unidos. Después de agotar su arsenal de opciones políticas y militares acumulado durante 47 años, Washington no ha logrado alcanzar ninguno de sus objetivos declarados. De hecho, ha sufrido pérdidas tanto en el plano militar como en el diplomático, y también ha perdido la batalla de la narrativa. Asimismo, ha perdido el derecho de tránsito por el estrecho de Ormuz —un derecho del que gozaban antes de su más reciente aventura militar contra Irán—, influencia sobre los mercados energéticos globales y sus bases militares en Medio Oriente. Critican en EE.UU. las posiciones maximalistas de Trump Fiel a su estilo de diseminar paparruchas (fake news o embustes) con fines diversionistas, Trump aseguró que el gobierno iraní se encuentra en graves problemas financieros y exige la apertura del estrecho de Ormuz debido a su desesperación económica. “¡Irán se está derrumbando financieramente! Exigen la apertura inmediata del estrecho de Ormuz. ¡Están desesperados por dinero! Pierden 500 millones de dólares al día. Militares y policías se quejan de que no les pagan. ¡SOS!”, escribió el mandatario a través de su cuenta de Truth Social. Sin embargo, su decisión desató una ola de críticas en Washington. En particular, el congresista republicano, Mike Quigley, cuestionó la capacidad mental del presidente para ejercer sus funciones. En su red social X, el legislador escribió que el juicio político o la aplicación de la 25.ª enmienda (que permitiría destituir a Trump) “no se trata ya de una disyuntiva. Trump es incapaz de cumplir con sus funciones y ha cometido delitos graves. El presidente necesita una evaluación cognitiva independiente de inmediato. No podemos esperar a que se enfade con Irán u otro país y decida cometer crímenes de guerra en plena noche. En relación con los señalamientos de Mike Quigley, cabe apuntar que por estos días medios como The Guardian han comentado que Trump estaría aplicando la llamada “teoría del loco”, estrategia que consiste en llevar a los adversarios a dudar de la cordura y estabilidad mental del presidente para intimidarlos hasta tal punto que acaben haciendo concesiones que de otro modo no harían. Fue la estrategia diplomática practicada por Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, para sacar a EE.UU. de la Guerra de Vietnam. De ahí las promesas de Trump sobre acabar con la civilización persa y reenviar al país a la Edad de Piedra antes de llegar a una tregua. Por su parte, el exnegociador estadounidense Aaron David Miller señaló que la crisis actual es consecuencia de la “insensatez de una guerra de elección”. Expresó que EE.UU. se enfrenta ahora a un largo periodo sin posibilidad de negociación; sin garantías de que no habrá escalada; sin tránsito por el estrecho de Ormuz, y con la economía global sufriendo. “Estados Unidos no tiene salidaˮ, escribió Miller en X. A su vez, Daniel DePetris interpretó la extensión de la tregua como un intento de ganar tiempo por parte de Washington para evitar una reanudación del conflicto. Sin embargo, advirtió que esta decisión podría ser percibida como una victoria por Teherán. Añadió que el bloqueo naval impuesto por Trump no constituye un activo estratégico, sino más bien un obstáculo para entablar negociaciones serias con Irán. A su juicio, el magnate neoyorquino consideraba que esa medida serviría como un instrumento de presión para forzar a Teherán a negociar bajo sus propios términos, pero el resultado ha sido exactamente el contrario. ¿Por qué EE.UU. necesita negociar desesperadamente? En síntesis, la agresiva campaña mediática de Trump y sus propagandistas en torno a las conversaciones en Islamabad revela una profunda desesperación. Washington no tiene nada que mostrar por su guerra impuesta al pueblo iraní. Lo único que puede hacer es fabricar narrativas, difundir bulos e intentar engañar a la opinión pública. Ese no es el comportamiento de una superpotencia militar, sino el de una parte derrotada que intenta escapar de un atolladero en el que se encuentra atrapada. Esa desesperación le otorga a Irán una palanca extraordinaria. Y esa palanca debe ser utilizada, no desperdiciada. Las líneas rojas iraníes están claras. Y sus negociadores lo saben muy bien. Se trata de una posición estratégica calculada, basada en una evaluación del campo de batalla, la desesperación del enemigo y el valor de sus propios activos estratégicos. Irán está dispuesto a negociar los términos del fin de la guerra. Pero no negociará sus capacidades defensivas, su programa nuclear, su legítimo control sobre el estrecho de Ormuz y el derecho de su pueblo a reparaciones. Desde el punto de vista de Irán, Estados Unidos perdió. Y hasta que Washington internalice esa realidad, cualquier negociación, ya sea en Islamabad, Ginebra o en cualquier otro lugar, seguirá siendo un ejercicio fútil. La pelota está en el campo de Trump. Pero por más que le pida ayuda al obsecuente presidente de FIFA, Gianni Infantino, las reglas del juego las escribe Irán. Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 23 de abril de 2026

Cómo Irán pudo doblegar el enorme poder aéreo de EE.UU

Recomiendo: Cómo Irán pudo doblegar el enorme poder aéreo de EE.UU Por Tito Ura | 21/04/2026 | Mundo Fuentes: Rebelión Un informe del centro de análisis militar War on the Rocks revela cómo Irán ha neutralizado la superioridad aérea estadounidense en el conflicto de «Guerra del Golfo». Ante la imposibilidad de enfrentar directamente cazas F-35 y tecnología de quinta generación, Teherán desarrolló una estrategia de «disparar al sistema, no al avión»: en lugar de perseguir aeronaves multimillonarias, ataca con drones de bajo costo los puntos vulnerables que las mantienen operativas —aviones cisterna, radares AWACS, pistas de aterrizaje y depósitos de combustible en bases de Baréin, Catar, Arabia Saudí y Kuwait. El resultado es una parálisis logística que ha confinado la flota estadounidense a sus hangares, pese a no haber sufrido derribos directos. Un dron de $20,000 interrumpe una red de apoyo valorada en miles de millones, invirtiendo la lógica convencional de la guerra aérea. Este estancamiento militar obliga a Washington a negociar desde la debilidad en las conversaciones de paz de Islamabad, donde la «flexibilidad» estadounidense esconde la imposibilidad de sostener una escalada que su propia maquinaria de guerra no puede costear. Construir un caza invisible que no puede operar sin una red logística visible es el tipo de contradicción que solo el capitalismo tardío podía producir. El F-35 no es un avión: es un derivado financiero con alas, un vehículo de transferencia de riqueza pública a Lockheed Martin que, como todo producto especulativo, oculta su fragilidad estructural bajo capas de complejidad técnica. Irán no ha derribado un solo F-35. Ha hecho algo peor: ha demostrado que no necesita hacerlo. Mientras los cazas multimillonarios permanecen en los hangares de Qatar —demasiado lejos para operar sin repostar, demasiado expuestos si intentan acercarse— los drones Shahed-136, ensamblados con componentes de consumo masivo y GPS civil, están reconfigurando el mapa del poder aéreo a golpe de $20,000 por unidad. Esta no es asimetría. Es parricidio económico: el hijo bastardo de la globalización comercial devorando al padre militar-industrial. Tres puñaladas al sistema nervioso del imperio Primera: la sed. Los KC-135, esos elefantes blancos del cielo que convierten el combustible en extensión territorial, están siendo cazados por enjambres de drones que no aparecen en los presupuestos de defensa. Sin cisternas, los F-35 son esculturas de titanio. La autonomía de combate de un caza de quinta generación se reduce a la distancia que puede volar con el depósito que trae de fábrica. La proyección de poder se ha convertido en problema de autonomía de combustible. Segunda: la ceguera. Los AWACS, esas plataformas de mando que convierten la superioridad numérica en coordinación táctica, están siendo neutralizados por kamikazes que no requieren piloto, no generan bajas que noticiar, no producen funeral de estado. Sin ojos en el cielo, la flota estadounidense vuela ciega, dispersa, vulnerable a la emboscada. La red C4ISR se descompone ante el ataque de saturación que no distingue blancos. Tercera: el bloqueo de la reproducción. Las pistas de Ali Al Salem, las torres de comunicación, los terminales satelitales: infraestructura que costó décadas de inversión y diplomacia de coerción, neutralizada por munición que no requiere precisión porque su objetivo es el área, no el punto. El capital fijo militar se deprecia ante el gasto corriente del adversario. La matemática que el Pentágono no puede resolver El costo de un día de operaciones de un escuadrón de F-35 —mantenimiento, combustible, tripulaciones, soporte logístico— supera el presupuesto anual de la fuerza de drones iraní. Esta no es comparación de efectividad militar. Es evidencia de colapso de modelo de acumulación. El capitalismo de guerra estadounidense produjo una máquina cuyos costos de operación exceden la capacidad de su adversario más débil para generar blancos rentables. Es como construir un cañón para cazar mosquitos que, además, se oxida si no dispara proyectiles de oro. La «negación aérea» iraní no busca controlar el espacio. Busca hacerlo inoperable para quien depende de él. Es la estrategia del proletariado logístico: no poseer los medios de producción aérea, sino paralizarlos mediante el desgaste diferencial. Islamabad: el imperio negocia con las alas cortadas Las conversaciones que comenzaron en la capital pakistaní no son diplomacia de posiciones de fuerza. Son terapia de emergencia para un paciente que sangra por los costos fijos. Washington no puede amenazar con escalada aérea porque no puede sostenerla. No puede prometer protección a sus aliados porque no puede proteger sus propias bases. La «flexibilidad» que traerá a la mesa es el eufemismo diplomático para capitulación estructural disfrazada de realpolitik. El alto el fuego de dos semanas no es pausa táctica. Es reconocimiento de agotamiento logístico. La pregunta no es si se convertirá en paz duradera, sino qué precio pagará la población civil iraní para que el imperio pueda retirarse sin admitir derrota. Lo que viene después Esta guerra no está en los manuales porque no es guerra de estados. Es guerra de formas de valor: la acumulación especulativa, compleja, centralizada, contra la circulación distribuida, simple, desechable. Quien gane en Oriente Medio establecerá el modelo para el próximo ciclo de conflictos. Y los datos, hasta ahora, favorecen a quien puede producir destrucción en la escala del consumo masivo, no del lujo militar. El F-35, en su hangar climatizado de Qatar, es ya un fósil. No tecnológico: político-económico. La pregunta es cuánto tiempo tardarán los contribuyentes estadounidenses en descubrir que financiaron, durante décadas, su propia vulnerabilidad estratégica. Mientras tanto, en los talleres de ensamblaje de drones, se está escribiendo el manual de la próxima insurrección global: no compitas con el imperio en su terreno. Ataca el costo de mantenerlo en pie. La guerra contemporánea ha dejado de ser un enfrentamiento entre ejércitos para convertirse en un campo de experimentación del capitalismo en crisis. Ya no se trata únicamente de conquistar territorios, sino de imponer —o resistir— una arquitectura global de poder. Lo que hoy emerge, desde las periferias del sistema, no es una simple táctica militar: es una impugnación directa al orden imperial. El caso de Irán frente a la maquinaria aérea de Estados Unidos e Israel no debe leerse como una anomalía regional, sino como una señal de época. Ante la dificultad de igualar la acumulación tecnológica del centro imperial, la respuesta no ha sido competir, sino sabotear. No atacar el arma, sino el sistema que la sostiene. No destruir el avión, sino condenarlo a la inutilidad. Aquí se revela la verdad incómoda del imperialismo contemporáneo: su poder no reside únicamente en la fuerza militar, sino en la estabilidad de redes globales —logísticas, financieras, tecnológicas— que conectan el centro con sus periferias. El F-35, símbolo del dominio occidental, no es solo un avión: es la expresión condensada de una economía política global que extrae recursos, concentra conocimiento y proyecta poder desde el centro hacia los márgenes. Pero esa misma red que permite la dominación contiene su propia fragilidad. Las periferias, históricamente subordinadas, han aprendido no a replicar el modelo del centro, sino a explotarlo. A encontrar sus puntos de ruptura. A convertir la dependencia en vulnerabilidad. Esta dinámica no es nueva. En Vietnam, el imperialismo estadounidense desplegó toda su potencia industrial sobre un territorio periférico. Sin embargo, la guerra no se decidió por la superioridad de fuego, sino por la incapacidad del sistema imperial de sostener el costo político, económico y social de la ocupación. La periferia no venció en términos convencionales: desgastó al centro hasta obligarlo a retirarse. En Irak, la invasión de 2003 mostró la misma lógica. La caída de Bagdad fue rápida; la ocupación, imposible. La insurgencia convirtió cada calle en un nodo de resistencia, cada artefacto improvisado en una ecuación económica adversa para el ocupante. El centro imperial podía destruir, pero no estabilizar. Y sin estabilidad, el dominio se vuelve insostenible. Afganistán profundizó esta crisis. Durante veinte años, la mayor coalición militar de la historia intentó imponer un orden desde el exterior. Fracasó no por falta de poder, sino por exceso de dependencia de un sistema incapaz de adaptarse a una guerra sin centro, sin líneas claras, sin final definido. La retirada no fue solo militar: fue geopolítica. Una señal del agotamiento del proyecto imperial en su forma clásica. Lo que hoy se despliega con drones baratos y ataques a infraestructuras es la actualización tecnológica de esa historia larga de resistencias periféricas. La asimetría ya no es solo militar: es estructural. Un dron que cuesta miles de dólares puede inutilizar sistemas valorados en miles de millones. Es la inversión radical de la lógica capitalista global: el valor concentrado en el centro se vuelve vulnerable frente a la dispersión de capacidades en la periferia. Desde Yemen hasta Ucrania, desde el Cáucaso hasta el Golfo, la misma tendencia se hace visible: la erosión del monopolio de la violencia por parte del centro. Los hutíes golpean infraestructuras críticas del sistema energético global. En Ucrania, la guerra revela los límites de la proyección de poder en un entorno saturado de tecnologías accesibles. En Nagorno-Karabaj, la guerra de drones desmantela doctrinas militares heredadas del siglo XX. No se trata de episodios aislados. Es la manifestación de una crisis más profunda: la crisis del orden global construido tras la Guerra Fría. Un orden basado en la hegemonía estadounidense, en la centralidad del dólar, en la capacidad de intervenir militarmente sin costos existenciales. Ese orden se resquebraja cuando las periferias adquieren la capacidad de infligir daño sistémico. El complejo militar-industrial, columna vertebral de ese orden, entra así en contradicción consigo mismo. Produce sistemas cada vez más avanzados, pero también cada vez más dependientes, más costosos, más frágiles ante estrategias de desgaste. La acumulación tecnológica ya no garantiza control; produce nuevas formas de vulnerabilidad. Esto es lo que verdaderamente está en juego: no una guerra regional, sino una disputa sobre la viabilidad del propio sistema imperial. Porque cuando la retaguardia deja de ser segura, cuando las bases avanzadas se convierten en objetivos, cuando cada nodo puede ser atacado, el centro pierde su capacidad de proyectar estabilidad. En este escenario, la guerra se redefine como una lucha entre centro y periferia en términos de sostenibilidad. El centro necesita continuidad, flujo, control. La periferia solo necesita interrumpir, fragmentar, desgastar. No necesita ganar; necesita impedir que el otro gane. Como señaló Lenin al analizar el imperialismo, este representa la fase superior del capitalismo, caracterizada por la concentración del capital y la expansión global de sus redes. Hoy, esa misma expansión global crea las condiciones para su impugnación. La red que integra el mundo bajo una lógica de dominación es también la que permite su desestabilización. La estrategia iraní, en este sentido, no es solo militar: es geopolítica. No busca derrotar frontalmente al centro, sino demostrar que su dominio ya no es incuestionable. Que puede ser limitado, encarecido, erosionado. Que el equilibrio de poder ya no se decide únicamente en términos de superioridad tecnológica, sino en la capacidad de resistir y desgastar. La hegemonía, entonces, entra en una fase crítica. No colapsa de inmediato, pero pierde coherencia. Se fragmenta. Se ve obligada a negociar donde antes imponía. A retroceder donde antes avanzaba. Desde Vietnam hasta Irak, desde Kabul hasta Teherán, la historia reciente puede leerse como una acumulación de fracturas en el orden imperial. Cada conflicto no lo destruye, pero lo debilita. Cada periferia que resiste no lo derriba, pero lo obliga a replegarse. La guerra del siglo XXI no anuncia el fin inmediato del imperialismo, pero sí su transformación en algo más inestable, más reactivo, más vulnerable. Un sistema que aún posee un poder inmenso, pero que ya no puede ejercerlo sin pagar costos crecientes. Y en ese terreno, la pregunta ya no es quién domina el mundo, sino cuánto tiempo puede sostenerse ese dominio antes de que sus propias contradicciones lo desborden. La respuesta, como siempre, no vendrá del centro, sino de las fisuras que se abren en sus márgenes. Mientras tanto, en los talleres de ensamblaje de drones, se está escribiendo el manual de la próxima insurrección global: no compitas con el imperio en su terreno. Ataca el costo de mantenerlo en pie. Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

miércoles, 22 de abril de 2026

Irán, el tiempo y la geografía

Recomiendo: Irán, el tiempo y la geografía Por Guadi Calvo | 22/04/2026 | Mundo Fuentes: Mundo Por mucho tiempo corrió la leyenda de que un negociador de los talibanes advirtió a su contraparte estadounidense, en el contexto de la ocupación: “Ustedes tienen los relojes, nosotros tenemos el tiempo”, señalándole que, a pesar de que los estadounidenses disponían de la más alta tecnología militar y los suficientes recursos para abastecer de ellos a sus tropas, los dueños del tiempo, de todo el tiempo necesario para que finalmente suceda lo que sucedió, eran los afganos, quienes terminaron derrotándolos tras 20 largos años de guerra. El cuento se ha reactualizado en el contexto de la agresión que la Liga Epstein ha lanzado contra la República Islámica de Irán. Los ayatolás, como los mullahs, también tienen el tiempo a su favor y, como los muyahidines afganos, cuentan con una geografía que los protege y a la que convierten en un arma clave en esta guerra, como ya ha quedado demostrado en el estrecho de Ormuz. Su bloqueo, en apenas unas pocas semanas ha puesto patas arriba la economía global, al tiempo que los generales estadounidenses han entendido que una invasión terrestre abriría una faceta desconocida del conflicto para la que debieran utilizar, dada la extensión del territorio -equivalente a prácticamente la mitad del subcontinente indio o la sumatoria de España, Alemania y Francia-, un número de efectivos de los que Estados Unidos no dispone, por lo que tendría que entrenar a cientos de miles de reclutas para operar de inmediato en una geografía montañosa con altas cordilleras y un clima extremadamente seco y caluroso, con temperaturas entre julio y agosto que se instalan entre los 45 y 50 grados. Lo que requeriría una disposición de recursos inagotables solo en agua, un bien extremadamente escaso en toda la región, particularmente en este momento que la sequía extrema, que ya lleva cinco años, llega a su punto crítico. A todo esto hay que agregar al Artesh, el ejército regular, y a la Guardia Islámica Revolucionaria (IRGC), que sumados superan el millón de hombres, a los que acompañan miles de milicias regionales, por lo que las tropas invasoras se deberán enfrentar literalmente a un pueblo en armas. Fogueados en 47 años de bloqueo que les ha acarreado penurias para el abastecimiento de insumos básicos; en la guerra con Irak (1980-1988) y las constantes amenazas y agresiones de sus vecinos árabes, articulados por Washington y Tel Aviv, que a lo largo de décadas los bombardearon, les asesinaron centenares de científicos de primera línea como Majid Shahriari, asesinado en 2010, o Mohsen Fakhrizadeh en 2020, entre tantos otros; altos dirigentes de Gobierno, como recientemente a su Líder Supremo, Alí Jamenei, o el general de división y comandante de la Fuerza Quds de la IRGC, Qasem Soleimani, en 2020, por medio de un dron que lo localizó apenas llegaba al aeropuerto de Bagdad (Irak), además de los miles de ciudadanos comunes que murieron en bombardeos y atentados mientras agentes infiltrados del Mossad generaban protestas y disturbios en las principales ciudades del país, alentaban levantamientos armados de milicias árabes en el suroeste, kurdos en el noroeste y baluchis en el sureste, a los que además financian, proveen de armamento e inteligencia. Esta trágica secuencia ha servido de catalizador de la unidad del pueblo iraní, que entiende que en esta guerra no se juega un cambio de “régimen”, sino su propia existencia. Por lo que nadie ignora, y mucho menos el Pentágono, que aquello que fue impracticable en Vietnam, Irak y Afganistán, con territorios mucho más pequeños y población más reducida, hacerlo en Irán es imposible. El costo que Estados Unidos pagó en la fallida operación con la que intentó capturar el uranio enriquecido que creyeron se encontraba en algún lugar cercano a la ciudad de Isfahán, el pasado día 5 de abril, cuyas bajas reales serán por años información ultrarreservada. Aunque sí se conoció, ya que las pruebas son evidentes, que allí los Estados Unidos perdieron al menos media docena de helicópteros, dos Sikorsky UH-60 Black Hawk y varios MD Helicopters MH-6 Little Bird, además de dos C130 Hércules, al tiempo que un par de cazas les fueron derribados, una muestra homeopática en comparación con lo que les sucedería si Estados Unidos se adentrase en territorio iraní. El otro estrecho Es claro que mantener los altos el fuego estipulados entre Washington y Teherán y el ente sionista con Líbano está condenado al fracaso. Son muchos los factores que confabulan en su contra, principalmente las necesidades de Netanyahu de disimular no solo frente a los suyos, sino frente a Trump, que este picnic de fin de semana que le prometió se ha convertido en una emboscada donde puso en riesgo la continuidad de Trump en Washington y puede estar marcando el fin de la primacía de EEUU a escala global. Además de haber llevado al agotamiento casi terminal a todos los regímenes wahabitas y autocráticos de la ribera del golfo Pérsico, al punto que más de uno finalmente desaparezca y finalmente terminar convirtiendo a Irán, “la gran bestia negra”, en la potencia regional indiscutida, más fortalecida todavía con la alianza con Rusia y China. Recordando aquello de los relojes de los talibanes, Irán tiene a su favor el tiempo, Ormuz, la aridez de su meseta y cuenta también con otra herramienta que recién hace unos pocos días se ha empezado a mencionar: el estrecho de Bab al-Mandeb, que como un sino de la historia puede traducirse como “Puerta de las lágrimas, de las lamentaciones o del dolor”. El paso que une el mar Rojo con el golfo de Adén tiene entre 26 y 36 kilómetros de ancho y por allí transita desde y hacia el canal de Suez entre el 10 y el 12 por ciento del comercio mundial, entre lo que se incluye gas y petróleo hacia el Mediterráneo. En varias etapas desde el comienzo del genocidio en Gaza, el movimiento hutí, también conocido como Ansarullah (Partidarios de Dios), prohibió la navegación por el mar Rojo a todas las embarcaciones que tuvieran vínculos con el régimen teocrático judío. La poderosa fracción yemení que controla la mitad del país y ha sido vencedora en la guerra que Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y un sinfín de naciones musulmanas iniciaron en 2015, de donde salieron derrotados cinco años después, horas después de iniciada la guerra contra Irán por parte de la Liga Epstein anunció el reinicio de sus operaciones contra cualquier embarcación relacionada con Israel. Advirtiendo a Bahréin y a los EAU que serían los primeros en sufrir las consecuencias de apoyar las operaciones contra Irán. A partir de entonces sus operaciones fueron intermitentes, lanzando andanadas de misiles contra Israel entre el 28 y 30 de marzo, y el 1 y 2 de abril. Más allá de que Bab el-Mandeb continúe navegable, la oportunidad para su cierre depende de la suerte de las necesidades de Irán. Incluso después de que los hutíes, entre marzo y mayo del año pasado, lanzaran la Operación Rough Rider, que hasta entonces había sido la mayor campaña de bombardeos, tanto aéreos como navales, que Trump, otra vez junto a Netanyahu, realizó durante su segundo mandato. Habiendo atacado más de mil objetivos en el noroeste yemení, no solo bases de lanzaderas de misiles y drones, sino también depósitos de suministros. A poco menos de un año de la Operación Rough Rider, los hutíes están en condición de volver a atacar diversos objetivos en la península arábiga, incluso el oleoducto Este-Oeste para exportar petróleo saudita desde el puerto de Yanbu, sobre el mar Rojo, lo que provocaría una crisis todavía mayor de la que se está viviendo. Ya los milicianos yemeníes lo habían hecho en 2019, por lo que están en condiciones de volver a hacerlo. Al tiempo que están en condiciones de atacar la base estadounidense Camp Lemonnier (Djibouti) y las posiciones de los EAU cercanas a Berbera (Somalilandia). Por lo que cerrar el estrecho que los separa de Eritrea y Djibouti, si bien puede resultar sencillo, acarrearía más sanciones para la parte de Yemen que gobierna y cuya población, desde los primeros coletazos de la Primavera Árabe (2011) a la guerra civil que comenzó en 2014 y que continúa larvada hasta hoy, vive bajo la constante presión de una economía desquiciada que se ha acrecentado tras los ataques judíos a su infraestructura portuaria en 2025. Además de las sanciones aplicadas después de que el movimiento Ansarullah fuera declarado Organización Terrorista Extranjera por parte del Departamento de Estado a principios de marzo del año pasado. Esto ha afectado la cohesión del Gobierno hutí, atado a la suerte de Irán, por lo que, llegado el caso, cerrar el otro estrecho será una opción para resistir a la Liga Epstein, utilizando otra vez el tiempo y la geografía. Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

martes, 21 de abril de 2026

Trump anuncia una extensión del cese al fuego con Irán

Trump anuncia una extensión del cese al fuego con Irán Sputnik Mundo, El presidente estadounidense Donald Trump anunció a través de Truth Social que la extensión fue a solicitud del jefe del Estado Mayor del Ejército de Pakistán, Asim Munir, así como del premier Shehbaz Sharif, esto para que los líderes y representantes de Irán "presenten una propuesta unificada" para la resolución del conflicto. "En consecuencia, extenderé el alto el fuego hasta que se presente su propuesta y concluyan las negociaciones, sea cual sea el resultado", escribió. El mandatario detalló que las Fuerzas Armadas estadounidenses continuarán con el bloqueo del estrecho de Ormuz, mientras que el resto estarán "preparadas" ante cualquier escenario. El anuncio ocurre a pocas horas de terminar el cese al fuego pactado hace dos semanas. Esmaeil Baqaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní - Sputnik Mundo, 1920, 21.04.2026 Defensa Irán aún no ha definido su postura final sobre las negociaciones con EEUU, subraya la Cancillería iraní hace 7 horas El 7 de abril, Washington y Teherán anunciaron un alto al fuego de dos semanas. Las conversaciones posteriores en Islamabad terminaron sin resultados. Aunque no se anunció la reanudación de las hostilidades, EEUU inició un bloqueo de los puertos iraníes.

Irán no confirma el envío de su delegación a la nueva ronda de consultas en Pakistán, según medios

- Sputnik Mundo Irán no confirma el envío de su delegación a la nueva ronda de consultas en Pakistán, según medios Vallas publicitarias situadas cerca del Hotel Serena, al fondo, antes de la segunda ronda de negociaciones entre Estados Unidos e Irán, en Islamabad. Ninguna delegación iraní ha partido hacia Islamabad para sostener negociaciones con Estados Unidos, indicó la cadena estatal 'IRIB'. Ningún miembro de la delegación iraní, "ni principal, ni auxiliar, ni primaria, ni secundaria", ha partido hacia Islamabad para sostener las negociaciones con los representantes de Estados Unidos hasta el momento, señaló la agencia. Asimismo, refutó todas las noticias sobre la salida o la llegada a la capital pakistaní de algún miembro de la delegación del país persa. Anteriormente, medios estadounidenses informaron que la segunda ronda de negociaciones entre Washington y Teherán para resolver el conflicto en Oriente Medio está prevista para el 22 de abril, el día que expira la tregua entre ambos países. El bloqueo del estrecho de Ormuz aumenta el riesgo de hambre y pobreza para millones de personas, según analistas hace 10 horas El presidente de EEUU, Donald Trump, anunció que la delegación estadounidense, encabezada por el vicepresidente J. D. Vance, estaba en camino a Islamabad. Además, el mandatario advirtió que si no se alcanza un acuerdo con Irán antes del vencimiento del alto el fuego el 22 de abril, Washington podría reanudar "ataques contundentes" en su contra. Teherán, a su vez, todavía no ha confirmado oficialmente su participación. El pasado 28 de febrero, EEUU e Israel lanzaron una operación militar a gran escala contra Irán. El pasado 7 de abril, Trump anunció un alto el fuego mutuo de dos semanas con el Estado persa. Según informaron posteriormente desde Teherán y Washington, las partes no lograron alcanzar un acuerdo sobre la resolución a largo plazo del conflicto debido a una serie de contradicciones.

lunes, 20 de abril de 2026

Contradicciones trumpianas: ¿por qué ahora habla de "buenas relaciones" con Irán?

- Sputnik Mundo, Contradicciones trumpianas: ¿por qué ahora habla de "buenas relaciones" con Irán? Las declaraciones del presidente de EEUU sobre la existencia de "buenas relaciones" con Irán han generado un amplio debate y han sorprendido a la opinión pública, según el investigador Osama Hamdi en comentarios para Sputnik. El experto subrayó que es difícil confiar en estas declaraciones, debido al "impredecible" carácter de Donald Trump, cuya retórica a menudo se construye sobre contradicciones. "Las señales positivas de Trump hacia Irán, incluida la alabanza a la fuerza de los combatientes iraníes, pueden estar relacionadas con las exigencias de Teherán de mostrar respeto al pueblo y al liderazgo iraní como condición básica para cualquier posible acuerdo", explicó Hamdi. Al mismo tiempo, el experto enfatizó la ausencia de relaciones realmente buenas entre Washington y Teherán, señalando que tales afirmaciones contradicen la política de escalada y guerra que la Administración estadounidense había mantenido anteriormente. Añadió que las posibilidades de Trump son limitadas: no tiene otra opción más que terminar la guerra, especialmente teniendo en cuenta las dificultades a las que se enfrentará para reanudarla, al requerir una aprobación del Congreso con plazos claros y presupuesto. Según Hamdi, obtener esta aprobación, con la actual posición del Congreso, es complicado, especialmente después de 40 días de guerra y en medio de las consecuencias económicas negativas para EEUU.

domingo, 19 de abril de 2026

Trump escala la guerra, Irán vuelve a cerrar el estrecho de Ormuz

Recomiendo: Trump escala la guerra, Irán vuelve a cerrar el estrecho de Ormuz Por Alberto López Girondo | 20/04/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Diario Tiempo Argentino Mientras Estados Unidos sigue incrementando el envío de tropas y buques a la zona del golfo Pérsico, el mandatario envía mensajes pretendidamente pacifistas a dos días del fin de la tregua establecida con Teherán. Libre navegación y uranio iraní en el debate. Alguien propuso en la red X, con buen criterio, que deberían cambiarle el nombre a «Estrecho de Schrödinger». Por eso de que parece estar abierto y cerrado al mismo tiempo. La última novedad es que Irán volvió a establecer el control militar en Ormuz luego de que Donald Trump hubiera afirmado mantendría el bloqueo naval “únicamente sobre Irán”, algo que Teherán considera un acto de piratería. El viernes, el canciller iraní había publicado que “en consonancia con el alto el fuego en el Líbano” que había firmado Israel, se declaraba abierto el paso marítimo “por la ruta coordinada tal como ya anunció la Organización de Puertos y Asuntos Marítimos de la República Islámica de Irán”. Ante este nuevo cierre, unos 20 barcos listos para la travesía daban un giro de 180 grados, mientras India y el Reino Unido denunciaban disparos de la Guardia Revolucionaria contra buques con esas banderas. La situación en esas regiones es bastante incierta, básicamente porque el magnate inmobiliario embarra la cancha cada vez que abre la boca y su palabra tiene cada vez menos valor. Si algo le faltaba a Donald John Trump -DJT, como le gusta firmar en Truth– es haberse travestido esta semana en Jesucristo y de haber doblado la apuesta contra el papa León XIV. Una demasía que le granjeó rechazos de la grey católica, de los grupos evangélicos que lo apoyan ciegamente y hasta de los musulmanes, para quienes Isa ibn Maryam (Jesús, el hijo de María), al igual que para el cristianismo, es el Mesías, por lo que tuvo que bajar la imagen creada con IA. Para colmo, cada día le va peor con sus aliados ideológicos. A la pérdida de acólitos del movimiento MAGA y la derrota aplastante de Viktor Orbán en Hungría a pesar de su apoyo y el del vicepresidente JD Vance, le sumó el rechazo de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien se aleja del guerrerismo estadounidense y forma parte, quién lo diría, de una suerte de alianza “independentista” dentro de la OTAN junto con el socialista español Pedro Sänchez. Claro, siendo Roma la sede de la Iglesia Católica, no podía dejar pasar lo que sonó a insulto trumpiano en la figura del pontífice nativo de Chicago. El cruce con Robert Francis Prevost comenzó con declaraciones del obispo de Roma en las que cuestionaba “la amenaza contra todo el pueblo de Irán”. Trump, que no había sido mencionado, dijo que el papa “es débil en materia de delincuencia y pésimo en política exterior”. La réplica no se hizo esperar: “No tengo miedo a la Administración Trump, yo proclamo la paz”. Días después, León XIV pisó suelo argelino para una gira por África que lo llevaría luego a Camerún, Angola -donde llegó este viernes- para culminar en Guinea Ecuatorial el miércoles. En su primera escala, Prevost, de la orden agustina, estuvo en Anabá, la antigua ciudad de Hipona, donde San Agustín, aquel bereber pecador y converso -en ese orden- fue obispo y murió en el año 430. En Argel, el pontífice firmó el libro de oro en la Gran Mezquita en señal del acercamiento interreligioso con los musulmanes. Fuera de este debate quizás “para la gilada”, Trump muestra, sin querer, que Teherán maneja los tiempos en una guerra de la que intenta salirse, pero sin pagar los costos de una aventura criminal fallida. Una de las condiciones iraníes a la que la delegación que encabezó JDV en Islamabad le dio un portazo hace una semana fue el alto el fuego en Líbano. A pesar de que la versión oficial decía que la mesa de diálogo forzada por China en Pakistán seguía firme, la información de que EE UU sigue enviando tropas a la región y que el portaaviones USS Gerald Ford volvía luego de reparaciones en Creta, hace presagiar que la tregua que vence este martes no sea sino el preparativo para una nueva ofensiva. Esta vez con las botas en el suelo. Lo llamativo fue el posteo de DJT sobre avances en las negociaciones con Irán. Tras afirmar que el “polvo nuclear” creado por bombardeos de los B-2 serían enviados a EE UU, escribió una frase que resuena como un ultimátum a quien según sus detractores lo lleva de las narices a la guerra. “Israel no volverá a bombardear Líbano. Estados Unidos se lo prohíbe. ¡Ya basta! (Enough is enough)”. Habrá que ver qué tanto respeto le tiene Benjamin Netanyahu a la prohibición de la Casa Blanca… Un artículo que publica en el Wall Street Journal apela a fuentes oficiales para confirmar: “el ejército se prepara para abordar en los próximos días petroleros vinculados a Irán e incautar buques mercantes en aguas internacionales, extendiendo así su ofensiva naval más allá de Oriente Medio”. El profesor de Ciencia Política de la Universidad de Chicago Robert Pape considera que “estamos en un punto de inflexión: que Estados Unidos retroceda e Irán emerja como el cuarto centro de poder mundial a corto plazo o que roduzca una escalada para evitar que eso suceda”. Y concluye: “Trump se dirige hacia la escalada”. Mientras tanto, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, el hombre fuerte de la dirigencia persa hoy día, se tomó su tiempo para desmentir a Trump. Entre otras cosas dice: “Si continúa el bloqueo, el estrecho de Ormuz no permanecerá abierto/ El tránsito en el Estrecho de Ormuz se realizará según la ‘ruta designada’ y con ‘permiso de Irán’/ La apertura o cierre del estrecho y las regulaciones que lo rigen lo determinará el Mando (iraní), no las redes sociales/ La guerra mediática y la ingeniería de la opinión pública son una parte importante de la guerra, y la nación iraní no se ve afectada por estos trucos”. Lo más impactante es el tono del mensaje, con palabras, según los que conocen, tomadas del Corán. Ghalibaf puntualiza que Trump miente y le espeta: “Con estas mentiras no lograron la victoria en la guerra y, con toda seguridad, en las negociaciones tampoco llegarán a nada”. Fuente: https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/trump-escala-iran-vuelve-a-cerrar-estrecho-de-ormuz/