miércoles, 8 de julio de 2026

Más allá de la potencia de fuego

Recomiendo: Más allá de la potencia de fuego Por Eduardo Mernies | 06/07/2026 | Mundo Fuentes: Rebelión La guerra de USA e Israel contra Irán cuestiona varias hipótesis iniciales. La prolongación del conflicto sugiere que, en las guerras contemporáneas, la resistencia resultaría tan decisiva como la capacidad de destrucción. Hipótesis y realidad Esta guerra ha evolucionado de una manera muy distinta a la prevista por muchos analistas. Conforme el conflicto se prolonga, varias hipótesis son revisadas, mientras nuevas preguntas estratégicas ocupan el centro del debate. Entre las expectativas más extendidas estaban: rápida degradación de las capacidades iraníes, eficacia casi absoluta de los sistemas defensivos israelíes y capacidad de la presión militar de obtener resultados políticos decisivos en plazos breves. La evolución del conflicto ha revelado una realidad bastante más compleja. Resiliencia: un factor estratégico La sorpresa ha sido la duración del conflicto. Lejos del desenlace rápido previsto por numerosos análisis, quedó de manifiesto una resistencia iraní superior a la esperada. Pese a los daños sufridos, Teherán mantiene capacidad ofensiva, reorganiza recursos y sostiene operaciones durante largos períodos. Más que resistencia militar, el conflicto ha puesto de relieve una forma más amplia de resiliencia. Esta incluye reconstruir infraestructuras, reorganizar cadenas logísticas, absorber costos económicos, sostener consensos políticos y preservar la voluntad colectiva frente a períodos prolongados de presión. La resiliencia dejó de ser una variable secundaria para convertirse en un factor estratégico central. Los límites de las defensas La segunda constatación es la inexistencia de una protección absoluta frente a ataques sostenidos. Israel mantiene un elevado nivel tecnológico en sus sistemas defensivos e inteligencia. Sin embargo, quedó de manifiesto que hasta las arquitecturas defensivas más sofisticadas enfrentan límites frente a campañas prolongadas que combinan misiles, drones y mecanismos de saturación. Estas observaciones permiten identificar fortalezas y vulnerabilidades en los actores: resiliencia y adaptación de Irán; superioridad tecnológica e inteligencia de Israel; capacidad militar extraordinaria que no se traduce en resultados políticos decisivos para USA. Éxito táctico y resultado estratégico La guerra ha expuesto los desafíos de traducir éxitos tácticos en resultados políticos definitivos. Analistas israelíes críticos, como Yagil Levy y Omer Bartov, han destacado esta distinción. La destrucción de instalaciones, eliminación de mandos o degradación de capacidades constituyen éxitos tácticos relevantes, pero no responden a la pregunta estratégica fundamental: qué resultado político se busca y si contribuyó a lograrlo. Analistas realistas como Mearsheimer y Walt advierten sobre los costos y riesgos de sostener conflictos prolongados. La experiencia histórica indica que victorias operativas significativas no siempre se traducen en resultados políticos duraderos y que la coerción militar encuentra límites frente a Estados que perciben amenazada su supervivencia. La evolución de este conflicto se inscribe en esa tensión entre logros militares y objetivos políticos. Convergencias analíticas Escuelas estratégicas diferentes llegan a conclusiones convergentes sobre núcleos del conflicto. Pese a sus diferencias políticas y normativas, realistas estadounidenses, analistas israelíes críticos y observadores rusos y chinos coinciden en señalar la resiliencia iraní, los límites de las defensas israelíes frente a campañas prolongadas y la dificultad para traducir superioridad militar en resultados políticos rápidos. Ello sugiere que algunas premisas para anticipar el conflicto fueron incompletas o erróneas. Mitos estratégicos y percepciones La guerra también ha contribuido a cuestionar algunos supuestos estratégicos profundamente arraigados. Entre ellos se encuentran la idea de que la superioridad tecnológica garantiza resultados decisivos, la noción de que las defensas modernas brindan una invulnerabilidad práctica frente a campañas sostenidas y la creencia de que la presión militar intensa conduce siempre a transformaciones políticas. Lo anterior cuestionó percepciones de invulnerabilidad arraigadas en el imaginario estratégico, y supuestas debilidades del adversario. En conflictos prolongados, tales percepciones influyen tanto como los hechos materiales en la conducta de gobiernos, sociedades y otros actores. Guerra, política interna y diplomacia Junto a la dimensión militar, han cobrado relevancia factores políticos y psicológicos. En Israel, la prolongación del conflicto ha coincidido con tensiones políticas internas, cuestionamientos al liderazgo gubernamental y debates sobre la dirección estratégica de la guerra. En Irán, la agresión externa haber contribuido a reforzar la cohesión nacional, aunque persisten desafíos económicos derivados del conflicto y de sanciones acumuladas durante años. En USA, la polarización política y la proximidad de procesos electorales condicionan cualquier estrategia de largo plazo. La imagen internacional de Israel enfrenta críticas crecientes en diversos ámbitos políticos y sociales, incluso en la Unión Europea, donde varios gobiernos modificaron sus posiciones sobre la cuestión palestina. Esto ocurre mientras se debilita el alineamiento europeo tradicional, sin ruptura de alianzas estratégicas, pero afectando la legitimidad internacional y los márgenes de acción política. La participación de terceros en negociaciones, como Pakistán y Omán, desplaza la interacción asimétrica entre USA e Irán hacia una lógica de mediación indirecta que modifica la percepción de poder y reconfigura el equilibrio diplomático. Más allá de la potencia de fuego La principal lección de esta guerra trasciende a sus protagonistas. Desde Clausewitz hasta Lawrence Freedman, diversos estrategas sostienen que las guerras no se deciden exclusivamente por destruir al adversario, sino también por sostener objetivos políticos en el tiempo. La atención se desplaza hacia la capacidad de los actores para sostener el esfuerzo de guerra sin comprometer estabilidad política, cohesión social ni objetivos estratégicos. La cuestión decisiva no es quién puede destruir más, sino quién dispone de más recursos políticos, sociales, económicos y psicológicos para sostener una confrontación prolongada. En el siglo XXI, la superioridad militar sigue siendo indispensable, pero no suficiente para garantizar resultados políticos duraderos. Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Netanyahu no quiere la paz: quiere territorio

Bastión · Medio Oriente · Israel · Palestina · Líbano Medio Oriente · Israel · Análisis Netanyahu no quiere la paz: quiere territorio Líbano, Cisjordania y Gaza muestran el mismo patrón: alto el fuego en el papel, expansión en el terreno. El mundo condena. Israel avanza. Nadie sanciona. Bastión · Medio Oriente · Junio 2026 El miércoles 25 de junio, Benjamín Netanyahu subió a un escenario de graduación de oficiales y dijo, sin demasiados rodeos, que Israel todavía tiene «tareas pendientes» contra Irán y contra Hamas. En la misma intervención, descartó fijar un calendario de retirada de las tropas israelíes del sur del Líbano. Lo dijo horas antes de que terminara la tercera ronda de negociaciones directas entre Israel y el Líbano en Washington, mediada por Estados Unidos. El mensaje no podría haber sido más claro: mientras Washington trabaja en una mesa de diálogo, Jerusalén ya decidió que no se va a ir. No es la primera vez que pasa esto. Y el patrón, cuando se lo mira con los tres frentes abiertos a la vez —Líbano, Cisjordania y Gaza— deja de parecer una serie de coincidencias y empieza a leerse como una estrategia. Líbano: un alto el fuego que Israel nunca respetó El acuerdo de cese de hostilidades entre Israel y Hezbolá se firmó el 27 de noviembre de 2024, mediado por Estados Unidos y Francia. Desde entonces, según reconstrucciones periodísticas verificables, los ataques israelíes nunca se detuvieron del todo, y a partir de la segunda quincena de octubre de 2025 escalaron sin precedentes en frecuencia. El 17 de septiembre de 2025, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) atacaron y eliminaron a un objetivo en la zona de Baalbek mediante aviones de la Fuerza Aérea bajo mando del Comando Norte —la propia FDI lo confirmó en su canal de Telegram—. El 3 de septiembre, drones del ejército israelí lanzaron granadas cerca de cascos azules de la Fuerza Provisional de la ONU en Líbano (FPNUL), un episodio que terminó en denuncia ante la ONU. Y estos son apenas dos ejemplos de decenas de bombardeos sobre territorio libanés que Tel Aviv justificó, en general, como respuestas a actividad de Hezbolá —aunque en más de una ocasión ni siquiera mencionó al grupo como objetivo. ¿Hezbolá cumplió con desarmarse, como exigía el acuerdo de 2024? No. Pero los ataques los inició Israel, y la secuencia de quién rompió el alto el fuego primero —y de forma sostenida— es la que conviene no perder de vista. Ahora, en pleno proceso negociador en Washington, Netanyahu y su ministro de Defensa, Israel Katz, lo dijeron de la forma más directa posible. Debemos permanecer en la zona de seguridad en el Líbano, en Siria y en Gaza, y no por un tiempo limitado, para defender a nuestros residentes y comunidades frente a elementos yihadistas. Katz agregó que Israel se opone a la retirada «a pesar de todas las presiones que existen y las que aún están por venir». El portavoz del gobierno, David Mencer, fue más allá: invocó el incumplimiento de 2024 de Hezbolá para justificar que no habrá movimiento de tropas «mientras Hezbolá siga siendo una amenaza». Es un argumento circular cómodo: Israel rompe el alto el fuego, Hezbolá no se desarma en ese contexto, e Israel usa el no-desarme de Hezbolá para no retirarse nunca. El problema de fondo, además, es jurídico. El memorándum de entendimiento firmado entre Washington y Teherán —en el marco de la pausa del conflicto con Irán— incluye el cese «inmediato y permanente» de operaciones militares «en todos los frentes, incluido el Líbano», además del compromiso de garantizar la integridad territorial libanesa. Israel no es parte de ese acuerdo. Y al mantener sus fuerzas en suelo libanés, rechaza implícitamente esa cláusula. Analistas de Chatham House ya advirtieron que el cumplimiento israelí de ese punto es improbable, lo que convierte al propio memorándum en una fuente permanente de inestabilidad. Mientras tanto, el secretario de Estado Marco Rubio insiste en que Israel y Líbano están «muy cerca» de un «compromiso de intención», y subraya que, por primera vez en 30 años, el gobierno soberano libanés habla directamente con el israelí. Fuentes de ambos países, sin embargo, describieron esta última ronda como la menos productiva hasta la fecha. Cisjordania: la anexión que ya no se disimula Si en Líbano el patrón es «ataco mientras niego que rompo el alto el fuego», en Cisjordania el patrón es otro, más antiguo y más documentado: la anexión gradual, declarada casi sin pudor por los propios protagonistas. A principios de 2026, el gabinete israelí avanzó planes para un asentamiento masivo que extiende los límites municipales de Jerusalén hacia el interior de Cisjordania, difuminando la histórica Línea Verde de 1949. En febrero, Israel modificó las normas de registro de propiedad en el Área C —el 63% de Cisjordania, bajo control total israelí según los Acuerdos de Oslo—: al exigir títulos de propiedad que los palestinos rara vez pueden probar, vastas extensiones de tierra quedan declaradas «tierra estatal». Según Amnistía Internacional, casi el 58% de las tierras del Área C no están registradas, y para febrero de 2026 las autoridades israelíes ya habían confiscado casi la mitad de ellas bajo esa figura. Se sumó, además, un récord de más de 80 nuevos puestos de avanzada de colonos autorizados en el último año. El Carnegie Endowment for International Peace calculó, en un informe del 15 de mayo de 2026, que entre fines de 2024 y mediados de 2026 Israel anexó entre 970 y 1.025 kilómetros cuadrados de nuevo territorio, contando los distintos frentes —Cisjordania, la zona desmilitarizada de Quneitra en Siria, y la llamada «Línea Amarilla» en Líbano y Gaza. Lo dicen en voz alta Lo que distingue este proceso de otros es que sus responsables no lo disimulan. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich —colono él mismo y a cargo de los asuntos civiles en Cisjordania— presentó a Netanyahu un plan para transferir «zonas estratégicas» de las Áreas A y B (bajo administración palestina) al Área C (control israelí total). Lo anunció en X y pidió que el gabinete lo aprobara esa misma noche. Seguiremos fortaleciendo los asentamientos, afianzando nuestro control sobre la Tierra de Israel y combatiendo el terrorismo sin temor. Bezalel Smotrich · Ministro de Finanzas de Israel El ministro de Patrimonio, Amichay Eliyahu, izó una bandera israelí en el monte Sartaba con una frase que no deja margen de ambigüedad: «Solo estamos reocupando lo que ya es nuestro». El canciller Gideon Saar fue, si cabe, más explícito todavía: «Israel ha estado, está y seguirá estando en defensa de lo que es el derecho de los judíos a establecerse en el corazón de nuestra patria […] Ningún otro pueblo en el mundo tiene un derecho tan documentado y de larga data a su tierra como el pueblo judío». No son ministros aislados ni declaraciones sueltas. Según un análisis de TRT, altos funcionarios israelíes describieron estos cambios directamente como el establecimiento de una «soberanía de facto» —es decir, anexión sin la palabra anexión—. Y Amnistía Internacional fue más lejos en un informe reciente: documentó una «campaña de limpieza étnica» dirigida por el Estado contra comunidades beduinas y de pastoreo en el Área C, no por «colonos descontrolados» sino como política estatal. Entre 2005 y 2024, solo el 3% de los expedientes policiales abiertos por violencia de colonos terminó en condena, según la organización israelí Yesh Din. En febrero, una coalición de 19 a 20 países —desde Brasil hasta Arabia Saudita, desde Francia hasta Qatar— condenó formalmente estas medidas como «anexión de facto» y «un ataque deliberado y directo contra la viabilidad del Estado palestino». Washington, mientras tanto, «reafirmó su oposición» en el papel, sin traducir esa oposición en ninguna medida concreta. Gaza: el alto el fuego que avanza hacia más ocupación, no hacia menos El tercer frente cierra el círculo. En febrero de 2026, Trump presentó en Washington su «Junta de Paz» para supervisar el alto el fuego de octubre de 2025 entre Israel y Hamas, con una segunda fase centrada en el desarme del grupo y la reconstrucción. Cuatro meses después, casi nada de eso ocurrió: el fondo del Banco Mundial para reconstrucción no recibió un dólar de los 17.000 millones prometidos, y la oficina de derechos humanos de la ONU denunció a comienzos de junio que los palestinos siguen muriendo en la Franja a pesar del supuesto alto el fuego. Lo que sí avanzó, según reporta Público citando fuentes de la región, es la ocupación: el ejército israelí extendió su control hasta cerca del 60% del territorio de Gaza, vaciándolo de población palestina, «y pretende seguir avanzando». Smotrich lo formuló sin vueltas en febrero: si Hamas no se desarma según el cronograma que le impone Israel, las FDI «conquistarán la Franja de Gaza y establecerán allí un asentamiento judío». La frase de Smotrich sobre Gaza «Al final, las Fuerzas de Defensa de Israel conquistarán la Franja de Gaza y establecerán allí un asentamiento judío», predijo el ministro de Finanzas en febrero de 2026. Y fue todavía más claro sobre el verdadero objetivo detrás del plan de paz: Israel «no ha renunciado a destruir a Hamas». Según Smotrich, Jerusalén simplemente le está dando a Trump «una oportunidad de hacerlo a su manera» antes de retomar los combates por cuenta propia. Es el mismo guión que en Líbano —»mientras la otra parte no se desarme, nosotros no nos retiramos»— aplicado a un territorio donde Israel ya controla más de la mitad bajo el paraguas de un acuerdo de paz que todavía no entregó ni ayuda humanitaria suficiente. Un solo patrón, tres territorios Puesto en una misma línea, lo que surge no es una sucesión de guerras preventivas defensivas, sino una estrategia de expansión territorial sostenida con el mismo mecanismo en los tres frentes: se firma o se negocia un marco de cese de hostilidades, Israel exige el desarme total y verificado del otro lado como condición previa, y mientras ese desarme no ocurre —o incluso mientras ocurre, como en Líbano— las fuerzas israelíes amplían el territorio bajo su control. El desarme nunca es, en la práctica, condición suficiente para la retirada; es la excusa que permite no fijar nunca una fecha de salida. La pregunta que cabe hacerse, entonces, no es si Hezbolá, Hamas o la Autoridad Palestina van a cumplir alguna vez con las condiciones que les impone Israel. La pregunta es qué pasaría si las cumplieran. Cisjordania, donde no hay ningún grupo armado equivalente que justifique la ocupación, y donde sin embargo el ritmo de asentamientos, confiscaciones y declaraciones de soberanía se acelera año a año, es la respuesta más clara disponible: ahí no hace falta una guerra para que avance el despojo. El mundo mira para el costado Y todo esto ocurre a la luz del día, no en la sombra. La Corte Internacional de Justicia ya declaró ilegal la ocupación israelí del territorio palestino en su opinión consultiva de 2024. Hay más de 131 resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre violaciones del derecho internacional por parte de Israel desde 1948 que siguen sin implementarse. En febrero de 2026, 85 Estados miembros de la ONU criticaron formalmente las medidas israelíes en Cisjordania; días después, una coalición de 19 a 20 países —de Brasil a Arabia Saudita, de Francia a Qatar— condenó la «anexión de facto» en una declaración conjunta. La oficina de derechos humanos de la ONU denuncia, mes tras mes, que los palestinos siguen muriendo en Gaza pese al alto el fuego. Amnistía Internacional documentó con nombre y apellido una campaña de limpieza étnica dirigida por el Estado israelí en el Área C. Ninguna de esas condenas vino acompañada de una sanción que duela. La Unión Europea aprobó este año medidas contra colonos individuales por violencia contra palestinos —un paso simbólico, dirigido a personas, no al Estado que financia y arma los asentamientos que esos colonos habitan—. Estados Unidos «reafirma su oposición a la anexión» y «llama a la moderación» en cada comunicado, sin que esa oposición se traduzca jamás en presión material: ni condicionamiento de ayuda militar, ni sanciones económicas, ni nada que Jerusalén tenga motivos para temer. La oposición verbal sin aplicación no funciona como disuasión. Funciona como acomodación. Israel no necesita ocultar sus intenciones —sus propios ministros las publican en X— porque ya aprendió, con treinta años de evidencia acumulada, que decirlas en voz alta no tiene costo. Mientras el mundo siga produciendo comunicados de condena y Washington siga limitándose a la retórica, no hay razón para que el patrón —guerra donde hace falta una excusa, anexión donde no hace falta ninguna— se interrumpa solo. ☕ Invitame un café Fuentes: Declaraciones de Benjamín Netanyahu, Israel Katz y David Mencer, 25 de junio de 2026. Registro de ataques israelíes en Líbano (FDI, Telegram oficial; denuncias ante la ONU, septiembre 2025). Declaraciones de Marco Rubio sobre la ronda de Washington. Informe del Carnegie Endowment for International Peace, 15 de mayo de 2026. Declaraciones de Bezalel Smotrich, Amichay Eliyahu y Gideon Saar recogidas por Infobae y Aurora Israel. Análisis de TRT Español sobre anexión de facto. Informe de Amnistía Internacional «Borrado de todo lo palestino». Datos de Yesh Din sobre impunidad en violencia de colonos. Declaración conjunta de cancillerías, febrero de 2026. Cobertura de la Junta de Paz y la situación en Gaza por Público, Infobae y La Jornada. Opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, 2024. Este artículo tiene propósito informativo y analítico.

martes, 7 de julio de 2026

EEUU lanza nueva ronda de ataques contra Irán, según autoridades del país norteamericano

- Sputnik Mundo, EEUU lanza nueva ronda de ataques contra Irán, según autoridades del país norteamericano El Mando Central de EEUU (CENTCOM, por sus siglas en inglés) dio a conocer esta oleada, la cual presuntamente realiza "para imponerle graves consecuencias [a Teherán] por atacar buques mercantes tripulados por civiles inocentes en una vía marítima internacional". En su cuenta de X, el grupo resalta que estas acciones responden específicamente a tres navíos mercantes que fueron abordados por la nación persa, esto mientras transitaban por el estrecho de Ormuz. "La agresión demostrada por Irán fue injustificada, peligrosa y una clara violación del alto el fuego", precisó el CENTCOM.

Polonia azota al terrorista Zelenski por su glorificación de los nazis

- Sputnik Mundo, Ajedrez de Geopolítica Conduce Javier Benítez. Polonia azota al terrorista Zelenski por su glorificación de los nazis El portavoz de la Presidencia de Polonia, Rafal Leskevich, declaró que el proyecto de ley de Ucrania sobre el Panteón Nacional para honrar a "personajes destacados" de su historia es otro paso de escalada del régimen de Kiev. Por otra parte, Varsovia se ha negado a entregar cazas MiG-26 al terrorista Voldímir Zelenski. Zelenski empieza a pagar La Rada Suprema [Parlamento ucraniano] aprobó un proyecto de ley que prevé la creación de un panteón nacional. Entre las personas que podrían ser honradas figuran los comandantes del Ejército Insurgente Ucraniano [UPA], un grupo armado que masacró a decenas de miles de civiles polacos durante la Segunda Guerra Mundial. "Zelenski anunció la presentación de un proyecto de ley sobre el panteón nacional: este es otro paso de escalada por parte de las autoridades ucranianas, que sigue a la decisión de finales de mayo de otorgar a una de las unidades militares el nombre de 'héroes del UPA'. Estas acciones muestran que el presidente [de Polonia Karol] Nawrocki tenía razón al adoptar una postura tan dura, es decir, al anunciar su intención de retirar la Orden del Águila Blanca, la máxima condecoración polaca", manifestó Leskevich. En este contexto, Polonia se ha negado a entregar a Ucrania más cazas MiG-29 dado que Kiev no ha compartido con Varsovia tecnología de drones, declaró el ministro de Defensa polaco, Wladyslaw Kosiniak-Kamysz. Rolando Dromundo, doctor en geopolítica, recuerda que en Ucrania las facciones nazis de derecha, "si bien siempre han estado presentes, electoralmente nunca obtenían victorias". "Sin embargo, una vez que se inicia el conflicto, supieron hacerse de posiciones de poder, y a medida que hay más confrontación, eso les da más posibilidades de arengar a las masas con su discurso", advierte. En este sentido, el analista observa que el régimen ucraniano "tocó una fibra que choca contra la visión histórica de Polonia y eso genera un problema".

lunes, 6 de julio de 2026

La IA desata una guerra civil en el mundo MAGA y Trump aún no ha tomado partido

Recomiendo: La IA desata una guerra civil en el mundo MAGA y Trump aún no ha tomado partido Por Franco Delle Donne | 06/07/2026 | Conocimiento Libre Fuentes: El diario[Imagen: Activistas y miembros de la comunidad inmigrante se manifiestan contra la empresa tecnológica Palantir en Washington. Leonor Trinidad / EFE] Lo que comenzó como una disputa sobre regulación tecnológica ha derivado en una pugna dentro del movimiento que aupó al presidente estadounidense entre el aristopopulismo de Palantir y el populismo tecnonegativo de Bannon El inicio de la segunda Administración Trump estuvo marcado por una imagen que persiste en el imaginario colectivo: el advenimiento de los barones de Silicon Valley a los más altos círculos del poder. No es que antes no estuviesen, es que ahora están decididos a expandir su poderío estableciendo lazos estrechos con la política. Una nueva oligarquía. La tecnología que aportan a los objetivos del Gobierno estadounidense se ha convertido en una pieza indispensable y el máximo exponente de ello es Palantir, la empresa de vigilancia e inteligencia fundada por el magnate tecnológico Peter Thiel, que financió el trumpismo desde sus inicios. Frente a ese escenario, ha explotado la insurrección dentro del mismísimo movimiento MAGA. Las bases, aquellas que han hecho posible que Donald Trump llegase al poder en dos ocasiones y que defienden a rajatabla a su presidente, han levantado la voz: “Estados Unidos no se ha convertido en la mayor nación del mundo permitiendo que unas élites no elegidas realicen experimentos con la población sin garantías ni obligación de rendir cuentas”. Este es un extracto de la carta de la coalición Humans First, liderada por Steve Bannon, dirigida a Trump. Se trata de una advertencia del sector más leal y a la vez más radicalizado que ya tiene nombre propio: el populismo tecnonegativo. Ambos sectores reclaman para sí la narrativa del ‘America first’ aunque sus definiciones son muy diferentes. ¿Cuál priorizará Trump? ¿Tomará partido por alguno de los bandos o mantendrá un equilibrio pragmático entre los oligarcas que le garantizan su preeminencia global en términos de hard power y el núcleo duro de su base electoral que le legitima en la política doméstica? El movimiento MAGA está frente a un cisma. El origen de la insurrección El 15 de enero de 2026, el representante republicano de Oklahoma, Cody Maynard, propuso tres leyes diseñadas para establecer límites legales a la inteligencia artificial. Lo más relevante: prohibía a las agencias estatales tomar decisiones críticas basadas únicamente en la inteligencia artificial. La revisión humana, según su texto, debía ser obligatoria y tener la última palabra. Además, determinaba que una IA no podía tener personalidad de ningún tipo y se eliminaba la utilización de chatbots con menores de edad, esencialmente aquellos diseñados para simular relaciones humanas o fomentar la dependencia emocional. No era un caso aislado. Era la semilla de lo que se convertiría en Humans First. Antes de que el conflicto se volviera visible, el movimiento Humans First ya había pasado de una idea a una campaña organizada. Su web la presentaba como un movimiento conservador, nacionalista y cristiano que buscaba que la tecnología sirviera a la gente común. Durante marzo y abril de 2026 organizaron asambleas públicas en distintos estados: la fase de activación territorial había comenzado y su narrativa política atraía a las bases del trumpismo original. Steve Bannon, exasesor de Trump durante su primera campaña electoral y brevemente durante su primera presidencia, no tardó en hacer suya la causa. Visualizó el potencial del concepto desde el inicio y se vio favorecido por la presencia de un viejo conocido entre los fundadores: Joe Allen, quien había sido corresponsal de War Room durante cinco años. El movimiento tenía ADN de Bannon desde su origen y llegaba la fase de su nacionalización. El mencionado War Room, su pódcast diario con casi 7.000 episodios y presencia en todas las plataformas, se convirtió en la tribuna del movimiento. El mensaje era simple y a la vez efectivo: resultaba imposible avanzar hacia el objetivo histórico del trumpismo, sintetizado en la frase ‘America first’, si se ignoraba a la gente, es decir, a la verdadera América. Y esto era exactamente lo que sucedería si el Gobierno de Trump priorizaba los intereses de un puñado de tecnoentusiastas multimillonarios por encima de los trabajadores que lo habían llevado al poder. Se trataba de una cuestión moral que defendía lo humano frente a la máquina. Humans First ya dejaba de ser una campaña de control tecnológico para transformarse en una rama ideológica del trumpismo que intentaba unir soberanía nacional, conservadurismo religioso y crítica al poder digital Se trataba de una arremetida del núcleo duro del MAGA contra el aliado más importante de Trump en esta segunda presidencia. En el marco populista característico del trumpismo de base, el discurso redefinía a la elite corrupta contra la que luchar. Ahora eran los oligarcas de las big tech quienes ponían en riesgo a los trabajadores y su bienestar. Los números que manejaba el propio Bannon eran aportados por HFS Research: 27 millones de empleos en peligro dentro de las 2.000 mayores empresas. Todos expuestos a la eliminación o rediseño por la IA en solo tres años. Las exigencias del bloque insurgente cristalizaron en la publicación de una Carta Abierta a Trump el 15 de mayo de 2026. Demandaban un decreto presidencial para evitar que los sistemas de IA puedan “amenazar nuestra seguridad nacional, a nuestros hijos, a los trabajadores estadounidenses y al estilo de vida estadounidense”. Más de 60 referentes conservadores firmaron la misiva con Bannon a la cabeza, entre ellos pastores evangelistas y líderes del nacionalismo cristiano. Su presencia no era decorativa, sino que convertía la regulación de la IA en algo más que una disputa técnica o laboral. Se trataba de una cuestión moral que defendía lo humano frente a la máquina. Humans First ya dejaba de ser una campaña de control tecnológico para transformarse en una rama ideológica del trumpismo que intentaba unir soberanía nacional, conservadurismo religioso y crítica al poder digital. La carta era un grito de guerra contra otro modelo de país en pleno avance: la república tecnológica de Palantir. El manifiesto de Palantir “La cuestión no es si se construirán armas de IA; es quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no se detendrán para permitirse debates teatrales sobre los méritos de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas para la defensa… Ellos procederán”. El punto cinco del Manifiesto de Palantir es contundente y cualquier regulación solo desembocaría en una suerte de desarme unilateral ante las potencias enemigas. En esa lógica se sostiene todo el planteamiento de Alex Karp, CEO de Palantir. Lo que se propone es una fusión simbiótica entre el Estado y la corporación para estar a la altura del nuevo hard power que rige en el mundo actual. Es, en definitiva, la versión Palantir del ‘America First’. El manifiesto no fue más que una publicación en la red social X que se volvió viral en abril de 2026. Su contenido proviene de un libro publicado meses antes titulado The Technological Republic: hard power, soft belief, and the future of the west. Estas ideas subrayan ejes geopolíticos como la seguridad, la guerra o la capacidad de dominación. Un cesarismo tecnológico del que, según Karp, depende la supervivencia de la nación. Ahí está la fractura con el resto del MAGA. El movimiento de Bannon opera bajo otras coordenadas: nación, religión, tradición, base popular. ¿’America First’? Ambos bandos han jugado sus cartas en público. Los dos invocan la grandeza de la nación, pero sus objetivos no tienen nada en común. Trump ha mantenido hasta ahora un equilibrio pragmático, sin emitir un veredicto. La pregunta es por cuánto tiempo más. Si se impone Humans First, el riesgo no es solo político. Una burocracia regulatoria pesada podría frenar la innovación justo cuando la carrera tecnológica contra China no admite pausas. O al menos ese es el argumento de Karp, y es el que más peso tiene en la Casa Blanca. Aunque también es cierto que en la mira del CEO también está el jugoso botín que representan las licitaciones estatales, y las que podrían venir. En 2025, los contratos federales de Palantir casi se duplicaron, rozando los 1.000 millones de dólares, con proyecciones de más de 7.000 millones para 2026. Del lado de la política, perder ese músculo tecnológico tiene un costo. Y Trump lo sabe. Pero si quien dicta el rumbo de la Casa Blanca es Palantir, el riesgo es el opuesto: un leviatán de la vigilancia que, en nombre de la seguridad nacional, se vuelve inmune a la rendición de cuentas. Así, un Estado cuyo aparato de inteligencia terminaría siendo gestionado por privados que no responden ante el votante. El cesarismo tecnológico que Karp describe como solución podría ser exactamente el problema: la destrucción de la democracia, los derechos y las garantías. El cisma tiene una lógica que Trump no puede ignorar indefinidamente Lo que comenzó como una disputa sobre regulación tecnológica ha derivado en algo más profundo: una guerra civil dentro del movimiento que aupó a Donald Trump. Por un lado, el aristopopulismo de Palantir: la promesa de que la oligarquía tecnológica y las clases populares tienen los mismos intereses, que el hard power del siglo XXI beneficiará al trabajador tanto como al ingeniero de Silicon Valley. Por el otro, el populismo tecnonegativo de Bannon: la convicción de que la máquina es el nuevo enemigo de clase y que ninguna promesa de grandeza nacional justifica entregar el futuro a élites no elegidas. El cisma tiene una lógica que Trump no puede ignorar indefinidamente. Cada contrato que firma con Palantir es munición para Bannon. Cada regulación que concede a Humans First es una señal de debilidad ante sus financiadores. El equilibrio pragmático que ha mantenido hasta ahora tiene fecha de vencimiento. La pregunta no es si el movimiento MAGA sobrevivirá este conflicto. La pregunta es qué quedará de él cuando termine. @fdelledonne Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/ia-desata-guerra-civil-mundo-maga-trump-no-tomado-partido_129_13347127.html

Llegará un momento en que para nuestros políticos será muy costoso seguir apoyando a Israel»

Recomiendo: Entrevista a Rima Hassan, eurodiputada de La France Insoumise «Llegará un momento en que para nuestros políticos será muy costoso seguir apoyando a Israel» Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someone Por Queralt Castillo Cerezuela | 06/07/2026 | Europa, Palestina y Oriente Próximo Fuentes: El Salto [Imagen: Rima Hassan en Estrasburgo. Foto: The Left] La eurodiputada de La France Insoumise (LFI) se enfrenta el 7 de julio a un juicio por “apología del terrorismo”. Desde LFI denuncian persecución y vulneración de sus derechos más fundamentales. Una de las caras más visibles de La France Insoumise es la franco-palestina Rima Hassan (campo de Neyrab, Siria, 1992). La eurodiputada, conocida por su postura clara contra el genocidio en Gaza y por haber participado en la penúltima flotilla que salió desde Barcelona, se enfrenta el 7 de julio a un juicio por “apología del terrorismo”, tras compartir en X una cita atribuida a Kōzō Okamoto, uno de los responsables de la masacre del Aeropuerto de Lod [ahora aeropuerto Ben Gurión]. En el ataque, ocurrido el 30 de mayo de 1972, miembros del Ejército Rojo japonés, entre los que se encontraba Okamoto, mataron a 26 personas e hirieron a 80 más. La cita rezaba lo siguiente: “Entregué mi juventud a la causa palestina. Mientras exista opresión, la resistencia no es solo un derecho, es un deber”. “La cita alude a un principio que se encuentra en el corazón del derecho internacional: el derecho de los pueblos a resistir la colonización y la ocupación de su territorio por un ejército extranjero. La cita refleja una filosofía de resistencia a la opresión y la injusticia; en modo alguno constituye un comentario, un respaldo ni un apoyo a ningún crimen cometido”, asegura su equipo. Si bien Hassan eliminó la publicación, esto no ha sido suficiente para la Justicia francesa. El 2 de abril, la eurodiputada fue retenida en custodia policial durante más de 13 horas —a pesar de su inmunidad parlamentaria—, lo que para ella y su equipo “sienta un precedente peligroso en Europa: nunca antes un miembro del Parlamento Europeo había sido detenido bajo un procedimiento de flagrante delito por expresar opiniones políticas en redes sociales”. En dos años, se han iniciado hasta 16 procedimientos judiciales contra ella, de los cuales 13 han sido archivados. De los 16 procedimientos, ocho han sido iniciados tras denuncias presentadas por organizaciones proisraelíes. Según señalan desde su equipo, “estas actuaciones han sido iniciadas por el Ministerio Fiscal, que opera bajo la autoridad del poder ejecutivo” y tienen el objetivo de “silenciar y desacreditar a una adversaria política”. Todos estos procedimientos tienen su origen en las publicaciones de la política en sus redes sociales en solidaridad con la población palestina. La eurodiputada ha llegado a acumular, en estos dos años, más de 45 horas de interrogatorio y, a pesar de haberse podido valer de su inmunidad parlamentaria, ha acudido a todas las citaciones. En los últimos meses, Hassan ha denunciado vulneración a su derecho a la intimidad, investigaciones intrusivas y desproporcionadas y vigilancia estatal. “Su teléfono fue sometido a vigilancia retroactiva desde enero de 2026, varios meses antes de que se iniciara ningún procedimiento penal. Sus movimientos también fueron rastreados de forma exhaustiva. Se requirió a operadores de transporte, como la SNCF y Thalys, que facilitaran información, mientras que se solicitó a Europol y a Air France que revelaran el historial completo de sus viajes”, denuncia su equipo, que insiste que el juicio del próximo 7 de julio “forma parte de una estrategia política más amplia de intimidación y criminalización dirigida contra los defensores de Palestina”. Hassan y su equipo vienen denunciando que, desde el inicio del genocidio en Gaza en octubre de 2023, los y las activistas por la causa palestina enfrentan represión y criminalización en Francia. Para ello, se remiten a las cifras: “El número de condenas por el delito de ‘apología del terrorismo’ se triplicó entre octubre de 2023 y noviembre de 2024 en comparación con el período comprendido entre enero y septiembre de 2023”. Hassan ha presentado dos denuncias: una por violación de la confidencialidad de la investigación, y otra por vulneración de la intimidad y abuso de autoridad, en relación con las filtraciones a la prensa durante su detención y el uso de sus datos de geolocalización por parte de los servicios policiales entre enero y marzo de 2026. También ha presentado quejas ante el Defensor del Pueblo francés por vulneraciones de la ética profesional por parte de agentes de policía. Acaba de firmarse un acuerdo entre Irán y Estados Unidos para poner fin a la guerra, pero el Ministerio de Defensa israelí ha declarado que Israel no se retirará de los territorios que ocupa en el Líbano, ni de los que ocupa en Siria y Gaza. En estos últimos días hemos visto a un Trump más combativo frente a Netanyahu. ¿Podría haber un cambio de posición por parte de Estados Unidos con respecto a Israel? Creo que, en cierta medida, Irán se ha consolidado, al menos desde un punto de vista puramente geoestratégico, como una potencia regional. Ha logrado imponerse. Es interesante observar cómo ha evolucionado el lenguaje. Al principio, Trump decía que incluso iba a elegir el régimen que quería en Irán y hoy consiente en negociar sin que se haya producido un cambio de régimen. Considero que Trump tiene dos puntos débiles. El primero tiene que ver con su base electoral, que se opone firmemente a las invasiones terrestres, a causa del trauma que hay con lo que pasó en Irak y Afganistán. De hecho, durante su campaña, él prometió no llevar a cabo más invasiones terrestres. El segundo punto débil que tiene [Trump] es la política israelí, que perjudica directamente los intereses de Estados Unidos en la región. Israel no es un actor fiable, y en la base electoral de Trump cada vez hay más rechazo hacia Israel, no tanto por adhesión a la causa palestina, sino porque toda la base electoral del MAGA tiene en la cabeza el America First. La ciudadanía [estadounidense] es consciente porque sabe que todo esto les cuesta una enorme cantidad de dinero y se pregunta ‘¿por qué tenemos que hacerlo?’. El Acuerdo de Asociación de la UE con Israel no ha sido cancelado y no se ha tomado ninguna medida significativa, aunque en las calles la posición de las organizaciones de la sociedad civil y de la población es bastante clara. ¿Qué hace falta para que se produzca un cambio de posición a nivel institucional? No tengo confianza en que los actuales dirigentes europeos actúen de buena fe, no son personas respetuosas con el derecho internacional o los derechos humanos; no todos, porque también hay personas valientes. Tienen la posibilidad de actuar y de decidir, pero no lo hacen; o no la mayoría, a excepción de algunos Estados o de algunos jefes de la diplomacia. Para que el Acuerdo de Asociación sea suspendido, se necesita un consenso de los ministerios de Asuntos Exteriores de los Estados de la Unión Europea. Por lo tanto, no se trata solo de un asunto de las instituciones europeas, sino también de los representantes de los distintos Estados. Son ellos quienes deben posicionarse. Así que, a excepción de algunos Estados como España o Irlanda, la posición de la mayoría le permite a Israel seguir prosperando. Yo, además de llevar a cabo mi trabajo parlamentario, dedico muchísimo tiempo a las movilizaciones, a las conferencias, al trabajo con la opinión pública y con los actores de la sociedad civil. Porque creo que con Palestina pasará lo mismo que pasó con Sudáfrica: llegará un momento en que para nuestros políticos será muy costoso seguir apoyando a Israel. De hecho, el país ha perdido el relato de la opinión pública internacional, en general En primer lugar, hay que ganar la batalla de la opinión pública. En el caso de Sudáfrica, la opinión internacional empezó a apoyar progresivamente el fin del apartheid. Empezó a luchar contra él, a boicotearlo. Hay que recurrir a los mismos sistemas y herramientas para con la causa palestina. Eso fue lo que hizo virar a los dirigentes del momento. Creo que con Palestina va a suceder lo mismo; en cierta manera, ya se está empezando a ver. Hay políticos que antes se mostraban orgulloso de estar siendo financiados por lobbies israelíes; ahora vemos cómo se distancian de ellos e incluso se disculpan. Hay otros políticos que están siendo elegidos precisamente por su postura firme en favor de Palestina, como Zack Polanski de los Verdes del Reino Unido. Creo que es la presión popular lo que puede hacer que los espacios institucionales den un giro. Hay un ejemplo interesante que muestra que, ahora mismo, apoyar a Israel sale caro, lo hemos visto recientemente en la votación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Alemania, por primera vez en su historia, no ha obtenido los votos necesarios para conseguir un asiento no permanente en el Consejo. No consiguió suficientes votos, y muchos observadores lo han interpretado como una forma de sancionar al país por su apoyo incondicional a Israel. El 7 de julio se te jugzará por “apología del terrorismo”. Desde tu partido se asegura que se trata “un asunto de Estado”. La cita judicial, además, coincide con el juicio por corrupción a Marine Le Pen. ¿Se trata de una coincidencia? Por mi parte, me lo estoy preparando con serenidad. Estoy trabajando con mi abogado para preparar los elementos procesales que nos permitan impugnar el procedimiento por el incumplimiento de mi inmunidad y por las violaciones del secreto de la investigación que se produjeron durante mi detención, ya que hubo filtraciones organizadas por el portavoz del ministro de Justicia sobre una supuesta posesión de drogas, algo que fue desmentido posteriormente y que era información falsa. Por tanto, vamos a impugnar el procedimiento por su carácter abusivo, desproporcionado y por vulnerar totalmente mi inmunidad. También alegaremos sobre el fondo y vamos a solicitar la citación de algunos testigos. Contamos con el profesor Henri Lawrence, catedrático en el Collège de France y el historiador francés más importante sobre la cuestión palestina. Contamos también con un magistrado que testificará en este caso. Alegaremos e impugnaremos la cuestión de la apología del terrorismo por un tuit. Así que estoy bastante tranquila, a pesar de que se trata de un juicio político y, por lo tanto, no será, a mi entender, ni equitativo ni justo. Sabemos que habrá dos fiscales cuando en Francia, en los asuntos de apología del terrorismo, hay un solo fiscal. Se movilizan dos fiscales en los casos de atentados, cuando se trata de un asunto realmente grave. En mi caso, por un tuit, ya hay dos fiscales que van a estar presentes en la vista. En cuanto a la parte civil, los adversarios y las organizaciones de lobbying proisraelíes, parece ser, según me ha contado mi abogado, hay 11 abogados. Así que sí, se trata de un juicio político. Creo que lo que quieren es, en realidad, juzgar a Palestina a través de mí; a los y las activistas. Como dices, ese mismo día sale la sentencia del juicio de apelación de Marine Le Pen [será crucial, porque si se dictamina que es culpable, no podrá ser candidata por las presidenciales de 2027]. No es una coincidencia, efectivamente. Creo que han querido, en el año de las presidenciales, confrontar, de algún modo, a la extrema izquierda con la extrema derecha. Hace unos días, en otra entrevista, asegurabas que las autoridades francesas habían desplegado mecanismos de vigilancia y geolocalización en tu contra. De hecho, has presentado un par de demandas por este asunto. Efectivamente, hemos solicitado la apertura de una investigación por vulneraciones de la vida privada y por medidas desproporcionadas en el marco de este procedimiento. Veremos qué pasa, pero sí, hemos denunciado. ¿En qué se distingue esta campaña de las anteriores? Esta campaña presidencial va a ser determinante, porque en primer lugar contamos con la figura de Jean-Luc Mélenchon, y La Francia Insumisa es mayoritaria entre los simpatizantes de izquierda. Así que tenemos posibilidades de llevar a la izquierda a la segunda vuelta. También es cierto de que hay posibilidad de que Rassemblement National [el partido de Le Pen] obtenga más votos. Va a ser una votación reñida. Además, la extrema derecha está cada vez más normalizada y más cerca del sistema. Recientemente, Jordan Bardella ha declarado que ha mantenido reuniones con los dirigentes del CAC 40, es decir, los líderes de las empresas francesas más importantes. A ellos se les adula desde los medios y a LFI se la demoniza. La sociedad se ha vuelto más fascista. A las personas que defienden causas progresistas se las lleva ante los tribunales, se las persigue y se les aplican las leyes antiterroristas, porque esto vale para Palestina, pero también para otras causas. El ministro Darmanin [de Justicia] ha llegado incluso a hablar de “ecoterrorismo”. Se silencia a las voces progresistas y se normalizan los discursos de la extrema derecha. Es por eso que esta campaña es histórica para Francia. Hay dos bloques totalmente opuestos que van a enfrentarse. A esto hay que sumarle una dificultad añadida, y es la falta de unidad en la izquierda: el Partido Socialista y los ecologistas están aún divididos. También hay que añadirle la multiplicidad de candidatos: hay una decena de candidatos de izquierda, así que estas elecciones son un gran reto. La Francia Insumisa es hoy una referencia para las izquierdas europeas, que se encuentran en un estado de descomposición. ¿Cómo se trabaja para implicar políticamente a las clases populares? Lo primero que hay que hacer es ampliar el bloque de simpatizantes de la izquierda, trabajar por la unión, dirigirse también a los militantes ecologistas de los Verdes, porque tenemos un programa sobre la biodiversidad ecológica que se inscribe en una línea clara contra el capitalismo, contra el neoliberalismo, y que es ambicioso. También tenemos que llegar a los simpatizantes de izquierda que aún no son cercanos a LFI y convencerlos. En segundo lugar, debemos ir a buscar a los abstencionistas, a aquellas personas que no militan políticamente, que quizás nunca hayan votado y que se sienten excluidas de la política, de la vida pública. Estas personas no solo están en los barrios populares, también se encuentran en la Francia rural. Por último, no debemos olvidarnos de los jóvenes, muy a menudo desvinculados de lo público. Por lo que respecta al voto y a la participación electoral, puede haber tasas de abstención muy elevadas entre los jóvenes. Hay que dirigirse a todos estos públicos y hacer campaña sobre el terreno para enviarles un mensaje fuerte. El concepto de una ‘Nueva Francia’ tiene que ser integrador, devolver la imagen de Francia tal como es, y no como dicen los otros que es. Debemos inscribir ese discurso dentro de las luchas progresistas y tenemos que trabajar par conseguir más paridad, más igualdad de género, menos discriminación, más inclusividad… Tenemos que abordar temáticas nuevas que conciernen a los más jóvenes, sin dejar de lado a nuestros mayores. Hay que proponer una articulación política de Francia que permita a un mayor número de personas sentirse incluidas en ella. ¿Cómo crees que evolucionará el discurso sobre la identidad nacional durante la campaña electoral en Francia? Respecto a la cuestión de la identidad, vamos a tener [en esta campaña electoral], efectivamente, dos apreciaciones ideológico-políticas. Para nosotros, la identidad nacional es una identidad republicana: ser francés se define por los compromisos comunes, una visión común, una sociedad común. Y para otros, en el caso de los adversarios de extrema derecha, se trata, ante todo, de una identidad nacional fija y excluyente. Por nuestra parte, la cuestión de la identidad tiene una vocación inclusiva. Los otros [la extrema derecha] distinguen entre el buen francés y el francés que nunca será verdaderamente francés, que está en Francia “en el papel”, tal y como dicen ellos. Este es un enfoque racista y tiene como objetivo crear jerarquías en torno a esta cuestión de la identidad nacional. Nuestro concepto de “la Nueva Francia” no solo aborda la cuestión de la identidad, sino que también mira hacia lo social: queremos una identidad nacional más inclusiva y más cercana a la realidad, alejarnos de la Francia con la que fantasea la extrema derecha. Fuente: https://www.elsaltodiario.com/francia/entrevista-rima-hassan-eurodiputada-francia-insumisa-juicio-apologia-terrorismo

domingo, 5 de julio de 2026

EEUU llega a su 250 aniversario con una profunda desigualdad y sin un rumbo claro"

- Sputnik Mundo, "EEUU llega a su 250 aniversario con una profunda desigualdad y sin un rumbo claro" Una encuesta de Reuters/Ipsos reveló que el 20% de los estadounidenses no tiene previsto celebrar el Día de la Independencia, reflejo de una creciente polarización política en vísperas del aniversario de la fundación del país. "Donald Trump tiene problemas internos, viene golpeado por el aumento de la inflación y tiene fuertes contradicciones dentro de su Gobierno; Estados Unidos festeja el fin de su situación colonial, pero en los últimos años pasó a ser un país en declive, con muchas contradicciones y desafíos para adelante", expresó Gabriel Merino, doctor en Ciencias Sociales y licenciado en Sociología, en un diálogo con Séptimo piso. "Hay muchas dudas sobre si Trump está haciendo grande a Estados Unidos de nuevo o si está acelerando la crisis hegemónica", agregó. "Hay una desigualdad muy profunda: desde 2008, el PBI creció el 100%, pero hubo 60% de inflación, con lo cual su economía real aumentó un 40%; en el mismo plazo, Wall Street incrementó 900%, por lo cual se beneficia solo al sector financiero, y el 90% de la población está con ingresos estancados", agregó. "Hay un proceso de desindustrialización y fracturas entre un sector tecnológico y financiero muy pujante y un entramado productivo y empresarial que atraviesa dificultades", cerró.