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miércoles, 22 de julio de 2026
La Junta de la Paz de Trump ha convertido a Gaza en el lugar más peligroso del mundo para ser niño
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La Junta de la Paz de Trump ha convertido a Gaza en el lugar más peligroso del mundo para ser niño
Por Jamal Kanj | 22/07/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Voces del Mundo
Mohamed al-Wahidi, de 57 años, esposo, padre y abuelo, dedicaba sus días a hacer lo que hacen los trabajadores humanitarios en un lugar donde ya casi no queda nada: retirar escombros, reabrir carreteras, reparar una tubería con fugas, llenar un depósito de agua comunitario o montar tiendas de campaña para familias que no tenían adónde ir. En su tiempo libre, llevaba a cabo un «proyecto arriesgado»: instalar pantallas y generadores por toda Gaza para que la gente pudiera ver el Mundial. En la víspera del partido de Egipto contra Argentina, Israel lo mató junto con un taxista de 33 años y dos hermanos pequeños, de 8 y 10 años, que caminaban por las inmediaciones. El ejército israelí afirmó que estaba investigando «el incidente».
Como ocurre casi siempre, Israel comete primero el asesinato y luego inventa un pretexto a posteriori.
Al-Wahidi es solo un nombre más en los rituales diarios de matanza que se producen en Gaza bajo el supuesto alto el fuego. Israel ha asesinado a más de 1.100 palestinos en la Franja desde octubre de 2025, 265 de ellos niños. Ni un solo civil israelí ha perdido la vida en el otro bando. Esta es la «paz» que gestiona el equipo de Trump.
Casi un millón de personas siguen atrapadas en tiendas de campaña durante un verano en Gaza en el que las temperaturas alcanzan los 35 grados centígrados. Temporada tras temporada, se ven expuestas a las inclemencias del tiempo: primero un invierno gélido, luego el calor implacable del verano. Las familias sobreviven en campamentos de tiendas de campaña o bajo losas de hormigón que cuelgan de edificios destruidos. Mientras tanto, Israel sigue bloqueando en la frontera las mallas de sombra y las lonas de plástico, al igual que bloqueó las mantas de abrigo durante el invierno.
Los niños se achicharran en las tiendas de campaña, mientras Israel sigue empujando a la población civil hacia corredores cada vez más estrechos. Cuando se formó la denominada «Junta de Paz», Israel ocupaba el 53% de Gaza. Un mes después, el 60%. A finales de mayo, el primer ministro Netanyahu ordenó a las autodenominadas Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) que se hicieran con el 70%. 2,3 millones de seres humanos apiñados en una jaula cada vez más pequeña, alejados de todas las zonas agrícolas. El ministro de Energía, Eli Cohen, ha dicho en voz alta lo que nadie se atrevía a decir, al afirmar en la radio israelí que el control israelí seguirá creciendo «hasta que alcancemos el 100%». La siguiente fase prevé acorralar a los palestinos en «refugios humanitarios» vallados cerca de las ruinas de Rafah, como parte del programa definitivo de limpieza étnica, cínicamente promocionado como un «plan de libre circulación».
Campos de concentración construidos según los mismos mecanismos que la Alemania nazi utilizó para encerrar a los judíos en la Segunda Guerra Mundial. Una comisión independiente de investigación de la ONU, cuyos resultados se publicaron este verano, concluyó que el asesinato de niños en Gaza por parte de Israel no es un daño colateral de la guerra, sino parte de una estrategia para destruir la continuidad biológica de la sociedad palestina. Actos que se ajustan a la definición jurídica de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
Israel ha asesinado o herido a más del 10% de la población de Gaza desde octubre de 2023. Al menos 20.179 niños, más de 5.000 menores de cinco años, y otros 44.143 heridos. La cifra de niños asesinados representa un tercio del número total de palestinos fallecidos en Gaza. La comisión documentó casos de niños abatidos por francotiradores y por rifles montados en cuadricópteros con una precisión que descartaba cualquier posibilidad de accidente y citaba los propios testimonios de soldados israelíes en los que estos se felicitaban y celebraban entre ellos tras haber asesinado a civiles. La comisión calificó a Gaza como el lugar más peligroso del mundo para un niño.
En junio un padre llamado Bahaa Abu Al-Ajeen vio cómo un soldado israelí se arrodillaba y disparaba en la cabeza a su hijo de tres años mientras el niño lloraba en sus brazos cerca de Deir al-Balah. En abril Ritaj Rihan, una niña de nueve años, recibió un disparo en la boca mientras esperaba a su profesora de pie en una tienda que hacía las veces de aula. Estos no son casos aislados bajo un alto el fuego. Son la continuación de un genocidio israelí a la sombra del alto el fuego.
Cuando Israel y EE. UU. lanzaron su guerra contra Irán a finales de febrero, Israel cerró por completo todos los pasos fronterizos hacia Gaza. No porque exista ninguna conexión, sino por la naturaleza malévola de Israel y porque puede salirse con la suya bajo la niebla de la guerra. Los envíos semanales en camión se desplomaron, pasando de una media de unos 4.200 a tan solo 590. Kerem Shalom y Zikim siguen siendo los únicos pasos fronterizos que aún funcionan, e incluso ahora, aproximadamente la mitad de los camiones que llegan desde Egipto son rechazados en lugar de ser descargados.
Hasta la fecha los volúmenes de ayuda nunca se han recuperado hasta alcanzar los niveles previos a la guerra con Irán, y mucho menos han llegado al mínimo que, según la ONU, necesita Gaza. Cuatro agencias de la ONU ya han advertido de que la hambruna que se suponía que iba a acabar el alto el fuego podría reaparecer si no se garantiza un acceso sostenido. El 68% de la población de Gaza quema ahora basura para cocinar porque no hay suficiente gas. Ninguno de los 37 hospitales de Gaza está plenamente operativo; solo diecinueve funcionan, aunque sea parcialmente. Casi la mitad de los medicamentos esenciales están agotados, e Israel está retrasando el envío del material quirúrgico necesario para tratar a más de 43.000 personas que han sufrido lesiones que les cambiarán la vida. Las más de 40.000 personas que probablemente quedarán discapacitadas de forma permanente por falta de tratamiento constituyen otra fase del genocidio silencioso de Israel.
El propio informe semestral de la Junta de Paz afirma que la distribución de ayuda aumentó un 70% y que las necesidades alimentarias básicas se han «estabilizado» por primera vez desde 2023. En el arte del eufemismo, el 70% de cero es cero, y que los alimentos básicos se han «estabilizado» significa que los envíos llegan con regularidad, pero no que sean suficientes. Llama la atención la ausencia en el informe de cualquier mención a que las entregas de camiones de ayuda nunca han vuelto a los niveles anteriores a la guerra con Irán y siguen estando muy por debajo del mínimo que la propia ONU considera necesario.
El mismo informe semestral de la Junta al Consejo de Seguridad dedica sus páginas a culpar a la resistencia palestina, sin hacer mención alguna al ejército de ocupación que ha traspasado la línea demarcada del alto el fuego, ni a la orden de Israel de que organizaciones como Médicos Sin Fronteras, el Consejo Noruego para los Refugiados y Oxfam tengan que elegir entre entregar los nombres de su personal a un gobierno que persigue a los trabajadores humanitarios o cesar por completo sus operaciones en Gaza.
Incluso la forma de contabilizar a los periodistas asesinados es objeto de controversia. Se presionó al Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) para que redefiniera quién cumple los requisitos para ser considerado periodista «palestino». La medida tenía por objeto dar a Israel carta blanca para matar a periodistas palestinos con impunidad. Un miembro de la junta directiva del CPJ que se opuso a considerar la petición de Israel fue destituido a los pocos días de protestar públicamente. La junta mantuvo finalmente intacta su definición, pero solo tras eliminar del recuento a 20 periodistas palestinos asesinados.
Esto es lo que normaliza la Junta de la Paz: una potencia ocupante que se expande mientras sigue vigente una tregua unilateral, una política de hambruna rebautizada como un éxito de estabilización, los campos de concentración como un plan de vivienda, la limpieza étnica como libre circulación y un recuento de víctimas autorizado que sigue aumentando con impunidad.
Un abuelo que no deseaba otra cosa que brindar a las familias desplazadas una hora de alegría viendo un partido de fútbol se convirtió, en cambio, en otro nombre más de la lista cada vez más larga de víctimas del genocidio. En Gaza, donde «se ha destruido la esencia de la infancia», incluso los actos más insignificantes de humanidad se han convertido en actos punibles con la muerte.
La paz nunca fue el plan de la Junta. El plan era la gestión del genocidio.
Jamal Kanj (jamalkanj.com) es autor de Children of Catastrophe: Journey from a Palestinian Refugee Camp to America (Hijos de la catástrofe: viaje desde un campo de refugiados palestino a Estados Unidos) y otros libros. Escribe con frecuencia sobre temas relacionados con Palestina y el mundo árabe para diversas publicaciones nacionales e internacionales.
Texto en inglés: CounterPunch.org, traducido por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/07/21/la-junta-de-la-paz-de-trump-ha-convertido-a-gaza-en-el-lugar-mas-peligroso-del-mundo-para-ser-nino/
Jesús, un predicador apocalíptico: Escatología próxima y conversión moral.
Jesús, un predicador apocalíptico:
Escatología próxima y conversión moral.
¿Estamos ante un predicador apocalíptico convencido de la cercanía del Reino de Dios?
¿O ante un hombre preocupado principalmente por la conversión, la fidelidad a Dios y la renovación de la conducta?
¿Una?
¿La otra?
¿O ambas?
Los relatos que tenemos a mano no obligan necesariamente a escoger entre una imagen y la otra. El judaísmo del siglo I conocía diversas expectativas sobre la intervención futura de Dios, la restauración de Israel, el juicio y la renovación del mundo. Dentro de ese marco, las tradiciones más antiguas atribuidas a Jesús parecen girar principalmente en torno al Reino de Dios. Sus enseñanzas, sus parábolas y buena parte de su actividad pública cobran sentido en ese horizonte. La impresión general es la de un hombre convencido de que Dios estaba próximo a actuar.
Al mismo tiempo, los relatos muestran una insistencia constante en la conversión, la confianza en Dios, el perdón, la misericordia y la justicia.
El anuncio no parece "limitarse" a comunicar un acontecimiento futuro. También implica una determinada manera de vivir "mientras" se espera la acción de Dios.
Las fuentes parecen encajar mejor con la idea de que "ambas cuestiones se encuentran estrechamente vinculadas".
La cercanía del Reino otorga urgencia a la conversión. La esperanza en la intervención de Dios impulsa una nueva manera de relacionarse con los demás. La misericordia hacia quienes sufren, el perdón de las ofensas, la reconciliación y el desprendimiento no aparecen aislados de la expectativa escatológica, sino integrados dentro de ella.
Quizá por eso resulte innecesario decir que son excluyentes un Jesús apocalíptico y un Jesús preocupado por la conducta concreta de las personas. La confianza en Dios, la misericordia y la conversión parecen formar parte del mismo horizonte que alimenta la esperanza en el Reino. Ambas dimensiones aparecen entrelazadas, aunque no necesariamente con el mismo peso.
Vista desde esta perspectiva, la figura que emerge de los sinópticos no es la de un hombre apartado de la realidad cotidiana ni la de un predicador absorbido exclusivamente por acontecimientos futuros. Lo que encontramos es, más bien, a un judío del siglo I convencido de la cercanía de la acción de Dios y que, precisamente por esa convicción, invita a vivir desde ahora de acuerdo con aquello que espera.
La expectativa del Reino y la renovación de la conducta no parecen presentarse como caminos alternativos. En los relatos, una suele dar sentido a la otra. La esperanza en lo que Dios está por hacer se convierte en el fundamento de cómo conviene vivir mientras todavía queda tiempo.
martes, 21 de julio de 2026
Irán ataca instalaciones militares de EEUU en Baréin y Kuwait
- Sputnik Mundo,
Irán ataca instalaciones militares de EEUU en Baréin y Kuwait
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) atacó varias instalaciones militares de Estados Unidos situadas en Baréin y Kuwait, informó el canal de televisión Press TV.
"Las fuerzas espaciales militares del CGRI anunciaron que, durante la 24.ª oleada de la operación Nasr 2, lanzaron ataques simultáneos con misiles y drones, como resultado de los cuales fueron alcanzadas y destruidas por completo una estación de radar estadounidense en (la ciudad bareiní de) Muharraq (...) y un sistema antiaéreo estadounidense Patriot en Riffa", publicó el medio en su canal de Telegram.
Сómo fue minado el memorando de entendimiento entre EEUU e Irán
¿Hecha la ley, hecha la trampa?
La cadena también reportó ataques del CGRI contra estaciones de radar, centros de comunicaciones, sistemas de comunicación por satélite, radares de defensa antimisiles, un hangar para drones MQ-9 Reaper, un radar de sistema de alerta temprana y un sistema Patriot en bases de EEUU en Kuwait.
El canal televisivo agregó que dos petroleros se incendiaron tras las explosiones en el estrecho de Ormuz. Por su parte, la agencia IRNA precisó, citando al CGRI, que en este momento los equipos de rescate se encuentran evacuando a las tripulaciones de las dos embarcaciones.
Según la unidad de élite de las Fuerzas Armadas iraníes, ambos petroleros intentaban atravesar el "peligroso corredor sur del estrecho de Ormuz" y se toparon con minas.
Irán y EEUU reanudaron el intercambio de ataques en la noche del 7 al 8 de julio, menos de tres semanas después de que los presidentes de ambos países firmaran un memorando de entendimiento para poner fin a los combates y abrir el camino a las negociaciones de un acuerdo final.
El documento establecía el cese inmediato de las acciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, y comprometía a Washington y Teherán a no iniciar guerras en el futuro ni recurrir a las amenazas del uso de la fuerza.
Las fuerzas iraníes están respondiendo a los ataques estadounidenses con lanzamiento de drones y misiles contra bases del país norteamericano en Baréin, Jordania, Kuwait y otros países de la región.
Democristianos y socialdemócratas latinoamericanos
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Democristianos y socialdemócratas latinoamericanos
Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda | 21/07/2026 | América Latina y Caribe
Fuentes: Rebelión
Durante el siglo XX el desarrollo del capitalismo en América Latina fue acompasado por el nacimiento de una multiplicidad de nuevos partidos políticos, motivados incluso por el surgimiento de la izquierda marxista, pionera en ofrecer soluciones que alteraban las raíces del sistema (https://t.ly/ZZxKs). Los populismos clásicos definieron políticas sociales. Pero también aparecieron partidos democratacristianos y socialdemócratas que, inspirados en las corrientes europeas, extendieron esas ideologías a la región.
La democracia cristiana latinoamericana provino del antiguo conservadorismo. Buscó conciliar la doctrina social católica con la democracia de tipo liberal. Pensaba que el mercado y la empresa privada eran los elementos dinamizadores de la modernidad. Al mismo tiempo rechazó al marxismo, sobre todo por ateo y por su final búsqueda del “comunismo”.
Por su parte, la socialdemocracia incubó en sectores liberales y radicales, igualmente motivados por avanzar en caminos modernos de sociedad. Reivindicó una “tercera vía” entre capitalismo y comunismo, aunque siempre fue este último el gran fantasma a combatir. En todo caso confiaba en el papel regulador del Estado en distintas áreas económicas y avanzó en la preocupación por dotar a la sociedad con servicios públicos en educación, salud y vivienda.
Del ideario a la realidad hubo contradicciones insalvables. El Partido Demócrata Cristiano (PDC) fundado en Chile en 1957 fusionó la Falange Nacional, Partido Social Cristiano, Partido Nacional Cristiano y Partido Agrario Laborista. Adquirió relevancia en la década de 1960 por el reformismo social del gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970). Apoyó la ratificación de Salvador Allende a la presidencia (1970-1973), para pasar luego a la oposición; reconoció inicialmente a la dictadura de Augusto Pinochet, para romper luego e incluso sufrir la represión; y fue decisiva su labor para derrotar a Pinochet en el plebiscito de 1988 y también para lograr la presidencia de Patricio Aylwin (1990-1994) con quien se inauguró la época democrática. En el otro extremo, con José Napoleón Duarte (1980/82 en la Junta y 1984-1989 como presidente) en El Salvador gobernó la Democracia Cristiana, seriamente cuestionada por la impunidad de la Guardia Nacional, el paramilitarismo y la represión, que condujo a escandalosas matanzas de campesinos (masacre de El Mozote), y los asesinatos de cuatro monjas estadounidenses, de seis jesuitas de la Universidad Centroamericana y del arzobispo Óscar Arnulfo Romero. En otros países la democracia cristiana tuvo distintos impactos: en Venezuela con el Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI, fundado en 1946); en México mediante el Partido Acción Nacional (PAN, 1939) que en 2000 logró romper la tradicional hegemonía del PRI (Partido Revolucionario Institucional, 1946); en Costa Rica con el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC, 1983 – antes PDC, 1967), y en Ecuador con el Partido Demócrata Cristiano (1964) que alcanzó la presidencia con Osvaldo Hurtado (1981-1984, por sucesión constitucional tras la muerte de Jaime Roldós) y que postulaba el “socialismo comunitario”, aunque el gobierno tuvo una clara dualidad, ya que si bien asumió algunas políticas sociales (por lo que era atacado de “comunista”), fue el primer gobierno de la época democrática que suscribió una carta de intención con el FMI, en clara avanzada neoliberal. En los 90 el partido abandonó su ideario original y finalmente se extinguió.
La socialdemocracia tuvo en el partido Acción Democrática (AD, fundado en 1941) en Venezuela a uno de sus mayores exponentes, que logró con el COPEI un sui géneris bipartidismo político alternándose en el poder gracias al acuerdo denominado “Pacto de Puntofijo” (1958). Destacaron sus presidentes Rómulo Betancourt (1959-1964) y Carlos Andrés Pérez (1974-1979), que aprovecharon del petróleo (bajo el control del Estado) para impulsar políticas sociales. Sin embargo, la segunda presidencia de Pérez (1989-1993) giró hacia el neoliberalismo, cuyas políticas provocaron el estallido social llamado “El Caracazo” (1989), reprimido en forma sangrienta y que también explica el levantamiento militar encabezado por Hugo Chávez en 1992. En Ecuador la Izquierda Democrática (1971) proclamaba el “socialismo democrático” y logró la presidencia con Rodrigo Borja (1988-1992), aunque en el siglo XXI esta organización abandonó sus postulados de origen y giró a posiciones contrarias a sus antiguos ideales, perdiendo así su importancia.
En distintos artículos se identifican como socialdemócratas al Frente Amplio (1971) de Uruguay; Partido Socialista (1933) y Partido por la Democracia (1987) de Chile; Partido de Liberación Nacional (1951) en Costa Rica y al Partido de los Trabajadores (1980) en Brasil. Pero también se cataloga como simples socialdemócratas a los gobiernos de la “marea rosa” latinoamericana del siglo XXI, destacando, en forma particular, a Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales. Esa etiquetación política es visible entre sectores de oposición de aquellas izquierdas que asumen ser las auténticas portadoras de las virtudes revolucionarias y anticapitalistas. Pero si bien en los gobiernos citados se puede encontrar rasgos socialdemócratas, así como desarrollistas y hasta keynesianos, no se ha reparado en las diferencias. La socialdemocracia idealizó Estados de bienestar que nunca adquirieron la dimensión de los europeos y peor de los países nórdicos. En esencia defendían un capitalismo regulado y rechazaron al “comunismo”. Los gobiernos que proclamaron el “socialismo del siglo XXI”, en cambio, se inclinaron por la sujeción del mercado a la sociedad, con Estados controlando una serie de recursos e inversiones y dotando a la población de servicios públicos gratuitos en educación y salud, además de procurar su universalización. Los progresistas afirmaron la necesaria redistribución de la riqueza con impuestos a los ricos. Chávez y Morales eran más “estatistas” que Correa. Y estos mandatarios condenaron el neoliberalismo de las décadas anteriores y cuestionaron al capitalismo, además de identificarse con un latinoamericanismo bolivariano de fuerte tendencia antimperialista, determinante para la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC, 2010) que enfrentó a la Doctrina Monroe. Hay que sumar el papel del progresismo de nueva izquierda que ha cumplido Gustavo Petro en Colombia y tanto Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum en México, un país que ha marcado una ruta ejemplar para la región.
Finalmente, democratacristianos y socialdemócratas no fueron un “peligro” para los Estados Unidos y varios de sus gobiernos recibieron apoyo y ayuda norteamericanos. No ha sido igual la actitud ante gobiernos de izquierda (Allende fue derrocado; Cuba vive un bloqueo inhumano) y está claro que en la era Trump los progresismos de nueva izquierda son considerados como potenciales amenazas. Para remate de la Doctrina Donroe bajo el Corolario Trump, el Secretario de Estado de los EE.UU., Marco Rubio, convocó recientemente a 66 países para definir el “resurgimiento del terrorismo transnacional de extrema izquierda”, denominación bajo la cual se incluye a fuerzas anarquistas, marxistas, comunistas y anticapitalistas (https://t.ly/x_bZd). Es una política que en América Latina hay que examinarla no solo por lo que se dice oficialmente, sino por lo que las palabras involucran y esconden en torno a los gobiernos actuales o futuros que no se ajusten a la seguridad nacional de los Estados Unidos.
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lunes, 20 de julio de 2026
Irán recibe propuestas de mediadores para desescalar el conflicto con EEUU, informa la Cancillería iraní
Irán recibe propuestas de mediadores para desescalar el conflicto con EEUU, informa la Cancillería iraní Sputnik Mundo, 20.07.2026
Teherán recibió propuestas de mediadores para rebajar las tensiones con EEUU, confirmó el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaíl Baghaei. Además, prometió exigir responsabilidades a Washington por sus crímenes de guerra.
"Hay propuestas, las hemos recibido, pero permítanme no entrar en detalles", informó.
En sus palabras, los mediadores están trabajando para rebajar las tensiones entre Irán y Estados Unidos.
Los funcionarios estadounidenses están tan influenciados por los informes falsos que cualquier noticia que "no les guste la consideran resultado del trabajo de la inteligencia artificial".
Baghaei subrayó que Washington es plenamente consciente de que la tragedia de Minab fue un acto deliberado y, al llamar la atención sobre ella, las autoridades estadounidenses intentan presentar el resto de medidas adoptadas durante los 40 días de guerra como legalmente justificadas, apuntó. En este contexto, Teherán exigirá responsabilidades a EEUU por sus crímenes de guerra, advirtió.
EEUU presenta un informe sobre la novena jornada consecutiva de ataques contra Irán
El 18 de junio, Teherán y Washington firmaron el memorando de entendimiento que preveía el fin del conflicto iniciado el 28 de febrero. Sin embargo, desde el 8 de julio, las Fuerzas Armadas estadounidenses han llevado a cabo varias series de ataques contra Irán en respuesta a las presuntas acciones del Estado persa contra buques mercantes que atravesaban el estrecho de Ormuz.
Irán, por su parte, respondió con ataques contra bases estadounidenses ubicadas en Oriente Medio. Asimismo, Teherán acusó a Washington de incumplir el memorando, cuyos términos implicaban el cese de las hostilidades.
A su vez, el presidente de EEUU, Donald Trump, declaró que el alto el fuego entre las dos partes ya no está en vigor.
Nelson Mandela, un espejo para la humanidad que nos enseñó lo que significa la solidaridad
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Nelson Mandela, un espejo para la humanidad que nos enseñó lo que significa la solidaridad
Por Zohran Mamdani | 20/07/2026 | África, Otro mundo es posible
Fuentes: Sin permiso
Discurso de Zohran Mamdani ante el “Foro de Liderazgo Global Nelson Mandela” de la Fundación Nelson Mandela
Buenas tardes.
Antes de decir nada, permítanme en primer lugar darles las gracias. Qué privilegio es estar aquí juntos para rendir homenaje a la dirección de la Fundación Nelson Mandela. A lo largo de 27 años, esta organización ha defendido que el legado de Madiba no pertenece sólo a los museos, sino también a los movimientos por la libertad. Me gustaría rendir homenaje a un hombre cuyo legado perdura en los millones de personas a las que sirvió de inspiración.
Madiba vive en cada protesta por la justicia, en cada llamamiento a la democracia, en cada marcha con una reivindicación justa. Madiba vive en cada barrio marginal y cada barrio pobre en el que la dignidad sigue siendo inalcanzable, y vive en cada persona que lucha por alcanzar esa dignidad, que trabaja toda la jornada y vuelve luego a casa con alimentos para los hambrientos y medicinas para los enfermos. Madiba vive cada vez que alguien es testigo de la opresión, la privación o la miseria, y no lo acepta como algo inevitable, sino como algo contra lo que puede luchar cada uno de nosotros. Muchos de nosotros sólo estamos donde estamos hoy —sólo podemos concebir lo que se basa en principios como algo posible— porque Madiba nos mostró el camino.
En todos los sentidos, Madiba fue el primero. El primer presidente negro de Mzansi [“Sur” en lengua xhosa, término para designar a Sudáfrica]. El primer jefe de Estado de Sudáfrica elegido en unas elecciones democráticas, cuando le votaron sudafricanos de todos los colores de piel. Pero para un niño de cinco años que, en 1996, en Ciudad del Cabo, vio el rostro de Madiba en las pancartas que ondeaban en las fachadas de los edificios, representaba él un tipo de «primero» completamente distinto. Madiba fue el primer presidente que conocí: un hombre que, por lo que parecía, tenía el poder de cambiar el mundo.
Resulta difícil explicar lo que eso significaba para un niño, de manera que permítanme expresarlo así: junto a los imanes de nevera de mi infancia, de David Seaman, Sylvain Wiltord y la plantilla del Arsenal, había un imán de Madiba con la camiseta de los Bafana Bafana. Cuando vuelvo con la memoria a aquellos primeros años de mi vida, la lección que más recuerdo es que la justicia debe constituir algo más que un ideal; debe ser algo tangible. Y recuerdo a un líder, más grande que la vida misma, que veía el mismo mundo que yo apenas empezaba a vislumbrar y que intentaba, intentaba siempre, utilizar su poder para cambiarlo.
En los años previos a su muerte, elevaron a Madiba a un panteón más allá de los simples mortales. Hoy en día, el Centro Nobel para la Paz lo describe como «un mesías para millones de personas». Si alguien merecía semejante reverencia, ese era Madiba. Quizás era en él en quien pensaba Riky Rick cuando rapeaba: «Todo lo que yo hago, quieren ellos hacerlo / Todo lo que yo digo, quieren ellos decirlo».
Y, sin embargo, esta noche, al reunirnos para renovar nuestro compromiso con lo que el liderazgo de Madiba demostró que era posible, también debemos reconocer que tratarlo más como un mito que como un hombre significa hacerle un flaco favor. Significa santificar a un hombre que, como es bien sabido, declaró en cierta ocasión: «No soy un santo, salvo que consideremos que un santo es un pecador que sigue intentándolo».
Era un hombre, tan propenso a las dudas como cualquiera de nosotros. Formaba parte de un movimiento tan dado a las luchas internas como cualquier colectivo en una marcha larga y sinuosa hacia un noble objetivo. Fue un líder que logró victorias trascendentales y, sin embargo, la lucha por conquistar la Sudáfrica con la que soñaba sigue pendiente.
Qué gran regalo es que Madiba tuviera defectos como todos nosotros, pues resulta imposible emular a un Mesías; lo único que podemos hacer es venerarlo. Y es su humanidad la que nos permite mirar a la próxima generación de líderes y decirles con sinceridad: también vosotros podéis ser Madiba.
Nos reunimos esta noche para lanzar el Foro de Liderazgo Global de la Fundación Mandela, para continuar la lucha por la dignidad que guio a Madiba durante casi un siglo. Nos reunimos para trazar un rumbo a través de las turbulentas aguas que se abren ante nosotros: un panorama global convulsionado por dictadores y corrupción, donde los derechos se hurtan en la oscuridad de la noche y donde persiste el apartheid en sus diversas formas. Estamos todos juntos, buscando respuestas, tratando de comprender estas fracturas, esforzándonos por hacer de líderes en medio de la agitación.
A menudo, en ocasiones como esta, quien tiene la fortuna de estar donde estoy yo ahora mira al público y les pide que imaginen qué habría dicho y hecho Madiba si estuviera hoy aquí. ¿Por qué no nos preguntamos, en cambio: cuando estuvo aquí, ¿qué dijo?? ¿Y qué le respondimos nosotros?
No hace falta ir muy lejos para encontrar la respuesta. Abrid estas puertas, caminad dos minutos hasta la estación de metro B o D en la calle 42 y tomad el tren hasta la calle 125. Caminad luego diez minutos y os encontraréis frente al Aaron Davis Hall de CUNY (City University of New York). Fue allí, el 21 de junio de 1990, apenas cuatro meses después de su liberación de Robben Island, donde acudió Madiba a un encuentro con el público presentado por Ted Koppel, de ABC News. Los ojos del mundo habían estado fijos en Madiba desde que saliera de prisión en febrero, como lo habían estado durante décadas; pero por primera vez, pudo reflexionar y responder si era todo aquello en lo que se le había convertido. Muchos estaban interesados en dejar claro que no lo era. Koppel había disfrazado una emboscada de encuentro con el público. Entre el público, además de los que participaban vía satélite desde Sudáfrica, se encontraba gente con preguntas preparadas para atacar y aislar a Madiba.
Ken Adelman, un comentarista conservador que más tarde se convertiría en uno de los defensores más acérrimos de la invasión de Irak, interrogó a Madiba sobre su relación con líderes mundiales considerados enemigos por los Estados Unidos. Madiba rechazó la provocación y respondió: «Uno de los errores que cometen algunos analistas políticos es creer que los enemigos suyos deben ser enemigos nuestros».
Koos Van Der Merwe, líder del Partido Conservador Sudafricano, sermoneó a Madiba como si fuera un colegial malcriado, diciéndole: «Deje de lado la campaña violenta, siéntese, compórtese como una persona normal y hablemos; y, ya para terminar, olvídese del comunismo». Madiba sonrió. Luego, en afrikáans, respondió: «Me alegra conocerle. Espero que algún día tengamos la oportunidad de hablar de los asuntos de nuestro país».
Ya se pueden imaginar cómo transcurrieron los 80 minutos restantes. Una y otra vez, Madiba se veía tratado con condescendencia y tachado de terrorista, extremista violento y obstáculo para la paz. Después de cada pregunta hostil, Koppel metía el dedo en la llaga, esperando a ver si Madiba cedía. Y en cada ocasión, Madiba respondía a las preguntas con calma y sosiego.
Una hora después de iniciado el acto, Koppel volvió a preguntar sobre el apoyo de Madiba a la causa palestina. ¿Acaso esa solidaridad, preguntó, significaba que Madiba estaba dispuesto a enemistarse con la comunidad judía?
Era una pregunta tan rebuscada que Madiba tuvo que preguntarle a Koppel qué quería decir exactamente. Es también una pregunta que, francamente, resulta familiar —una pregunta que a mí mismo me han hecho muchas veces de modo similar—: si oponerse a los crímenes de guerra israelíes y a las violaciones del Derecho internacional te convierte de alguna manera en una persona que odia a un pueblo.
Madiba rechazó esa premisa. Muy al contrario, la transformó en una pregunta distinta: si puede existir una política de universalismo que esté plagada de excepciones. Si puede ser libre cualquiera de nosotros si hay quienes no lo son.
Hacia el final de su respuesta, dijo: «Pueden considerarlo una cuestión política o moral, pero ¿quién cambia sus principios según con quién trate? No es el caso de un hombre capaz de liderar una nación».
La hipocresía, la conveniencia política: estas fuerzas ejercen una gran atracción. Con frecuencia, es más fácil ceder, renunciar a una creencia arraigada, abandonar un principio, que mantenerse firme.
Ese fue el caso cuando el mundo le pidió a Madiba que transigiera sobre el partheid. Lo fue cuando muchos le pidieron que abandonara la lucha palestina por la libertad. Y sigue siendo verdad hoy.
Pero en ese momento, mientras Ted Koppel lo presionaba bajo los focos, Madiba nos mostraba el poder de la solidaridad universal e inquebrantable: una solidaridad que se extiende a todos, aun cuando se cuestiona la injusticia, aun cuando hay muchos que intentan negar la verdad. La solidaridad, como nos decía el Papa Francisco, es incómoda. La solidaridad, como demostró Madiba a lo largo de 95 años, no es sólo un valor, es una estrategia.
En esa exigencia suya de solidaridad, tanto para sí mismo como para cada uno de nosotros, Madiba se convierte en algo más que un hombre, más que un Mesías: se convierte en un espejo.
Cuando escuchamos su negativa a abandonar a aquellos con quienes compartía una causa común, ¿nos reconocemos? Cuando escuchamos su disposición a renunciar al poder antes que a sí mismo, ¿nos reconocemos? Cuando escuchamos su devoción por la solidaridad, no como un concepto abstracto sino como un llamamiento a la acción, ¿nos reconocemos? ¿O sólo reconocemos la versión de Mandela que no nos exige nada? Son demasiados los que lo hacen.
Pienso en los conservadores del Reino Unido, quienes, tras su muerte, describieron a Madiba como un «verdadero héroe mundial», a pesar de haberse dedicado en la década de 1980 a oponerse a las sanciones, al CNA (Congreso Nacional Africano) y a su liberación.
Pienso en quienes ocupaban los más altos cargos de nuestro gobierno federal, que decían venerar a Madiba, pero lo mantuvieron en las listas de vigilancia antiterrorista hasta 2008, cuando tenía 90 años de edad.
Pienso en los carceleros que abusaron de Madiba, que le causaron daños permanentes en la vista al trabajar sin protección en una cantera de cal, y que aun así asistieron a su funeral.
Pienso en cada una de estas personas, en cada uno de estos momentos de hipocresía, y me siento impotente. Y entonces recuerdo a Madiba: un hombre con la capacidad de perdonar, un hombre que mostraba solidaridad con todos.
Sólo gracias a esa solidaridad pudo Sudáfrica vislumbrar un futuro diferente al pasado. Sólo gracias a esa solidaridad podemos hacer lo mismo.
Dentro de tres días, el mundo conmemorará el Día de Nelson Mandela. Los niños de primaria harán presentaciones, los líderes mundiales emitirán declaraciones y serán millones los que se congreguen para honrar el legado de Madiba.
También conmemoraremos aquí el Día de Mandela, en la ciudad de Nueva York. Los neoyorquinos de los cinco distritos reflexionarán sobre la incansable lucha de Madiba por la libertad.
Pensaremos en organizaciones como Judíos por la Justicia Racial y Económica (JFREJ), que se reunieron por primera vez la semana del foro público de Ted Koppel para demostrar, de hecho, la gran cantidad de judíos neoyorquinos que se solidarizaban con Madiba y para celebrar un servicio de Shabat que recaudó 50.000 dólares para la lucha contra el apartheid.
Y al recordar a Madiba, el hombre, algunos, entre los que me incluyo, nos haremos una pregunta más profunda: ¿a quién tratamos hoy como se trató a Madiba antes de que la historia lo proclamara mesías? Por cada palabra de elogio que hoy usamos para describir a Madiba, ¿a quién se describe hoy tal como lo describió Ted Koppel entonces?
¿Quién más ha visto su humanidad condicionada, a quien le han dicho que su libertad puede esperar? ¿Quién más lidera una causa que glorificaremos en retrospectiva, pero que está siendo vilipendiada en el presente? ¿Quién más necesita nuestra solidaridad?
Pienso en Omar El Akkad, autor del libro One Day, Everyone Will Have Always Been Against This[Algún día todo el mundo habrá querido estar siempre en contra, Libros del kultrum, 2025]. Esa frase resume una de las costumbres más crueles y recurrentes de la historia. Con el tiempo, casi todos afirman haberse opuesto al apartheid. Con el tiempo, casi todos afirman haber apoyado a Madiba, a Martin Luther King Jr. Con el tiempo, casi todos afirmarán haberse opuesto a gran parte de la injusticia que hoy justifican.
Pero la justicia no se mide por nuestra posición después de que la historia haya emitido su veredicto, sino por nuestra posición mientras aún se está dictando.
¿Por qué tenemos que esperar a que entierren miles de padres más a sus hijos, a que miles más pierdan sus extremidades, sus hogares y su futuro, para unirnos e insistir en la libertad palestina?
¿Por qué el doctor Hussam Abu Safiya debe esperar más de 18 meses para verse liberado de su detención en Israel —una detención que continúa a día de hoy— después de que el mundo presenciara su secuestro al salir del hospital y cómo languidece en prisión?
¿Por qué tenemos que esperar mientras Umar Khalid entra en su sexto año de cautiverio en Delhi, un preso político encarcelado bajo las mismas acusaciones inventadas de terrorismo que se le imputaron a Madiba?
¿Por qué tenemos que esperar para solidarizarnos con los inmigrantes que son blanco de ataques y abusos, como Joan Sebastián Durán Guerrero, asesinado de un disparo en la cabeza por el ICE en Biddeford, estado de Maine, el lunes, o Amaramiro Emmanuel y Ekpeyong Andrew, dos nigerianos asesinados la semana pasada en las calles de Sudáfrica, por donde se ha extendido la xenofobia? ¿Por qué debemos esperar a poner en práctica la solidaridad hasta que ya no nos cueste nada?
La responsabilidad de responder a estas preguntas, con honestidad y plenitud, recae sobre cada uno de nosotros. Es la responsabilidad de integrar la solidaridad aún más en nuestras vidas, en nuestra política, en nuestra forma de interactuar con el mundo.
No es esta tarea fácil. El mundo en el que vivimos está diseñado para separarnos. El afán de lucro y los algoritmos están concebidos para enfrentarnos unos contra otros. Unos pocos con mucho explotan a muchos con poco. Seguimos lidiando con el genocidio en Gaza y la guerra en todo el mundo. Y, como siempre, se ganar dinero y se conquista poder demonizando a los pobres y avivando las llamas del odio racial.
Todas estas son fuerzas diseñadas para separarnos. Para alejarnos unos de otros. Pero, ¿acaso no eran estas las mismas condiciones que superó Madiba? Cuando Madiba llegó a la Isla Robben, azotada por el viento, con su conexión con el mundo exterior cortada, ¿acaso eso propiciaba la solidaridad? Cuando Madiba soportaba décadas de dominación racial y deshumanización, ¿acaso eso propiciaba la solidaridad? Cuando gobiernos y corporaciones movilizaban una riqueza y un poder extraordinarios para preservar el apartheid, ¿acaso eso propiciaba la solidaridad?
La verdad es que la solidaridad quizás se nutra mejor en medio de las condiciones que tratan de destruirla. Los trabajadores se levantan cuando los jefes restringen sus derechos. Los ciudadanos se unen cuando los autoritarios imponen represiones brutales. Toda lucha por un futuro mejor comenzó en un momento en el que ese futuro parecía inalcanzable. Como dijo Martin Luther King la noche antes de su asesinato: «Sólo en la oscuridad se pueden ver las estrellas».
Sin duda, hoy hay suficiente obscuridad. Pero sin duda, juntos en esta sala, podemos ver las estrellas. Esos pequeños focos de luz que son los trabajadores unidos para exigir dignidad. Que son los manifestantes manifestándose con calor y frío para pedir el fin de la guerra, del sufrimiento. Que son aquellos que, sin apenas nada, extienden sus manos para compartir lo poco que tienen con quienes tienen aún menos.
La solidaridad no es perfección. La solidaridad no es pureza. La solidaridad es que las personas se elijan unas a otras, a veces hasta por encima de sí mismas. La solidaridad, amigos míos, parece a menudo imposible, como si fuera algo que sólo una figura mítica podría hacer realidad. Y, sin embargo, tal como nos recuerda Madiba, a través de su vida, su liderazgo y sus palabras: «Siempre parece imposible hasta que se consigue». Logrémoslo juntos.
Muchas gracias.
Zohran Mamdani, miembro de los Democratic Socialists of America, desempeña desde el 1 de enero de 2026 el cargo de alcalde de la ciudad de Nueva York
Fuente: Oficina del Alcalde de la Ciudad de Nueva York, 16 de julio de 2026
Traducción: Lucas Antón
Fuente: https://sinpermiso.info/textos/nelson-mandela-un-espejo-para-la-humanidad-que-nos-enseno-lo-que-significa-la-solidaridad
¿Ya tienen una 'cabeza de turco' en el Gobierno de EEUU si son derrotados de Irán
Mundo
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Ajedrez de Geopolítica, Conduce Javier Benítez.
¿Ya tienen una 'cabeza de turco' en el Gobierno de EEUU si son derrotados de Irán?
El portavoz de la Cancillería de Irán, Esmail Baghaei, afirmó que el memorando de entendimiento firmado con EEUU ha entrado en "una fase crítica". En este contexto, indicó que su país nunca ha sido el que ha violado los compromisos. Mientras, parece que en Washington ya tienen una 'cabeza de turco' por si acaban derrotados en Irán.
Vuelta al punto de partida
Baghaei responsabilizó a EEUU de la situación en el estrecho de Ormuz, donde el país norteamericano busca evitar "la ruta segura y coordinada" con Irán, al tiempo que reafirmó el derecho de su país, como Estado costero, de "tomar las medidas necesarias para proteger su seguridad e intereses nacionales" en esa vía marítima.
En este escenario, Baghaei sentenció que la "impaciencia" de Washington por "romper el acuerdo" fue tal que ni siquiera permitieron que expirara el plazo de un mes para que Teherán cumpliera sus compromisos respecto al estrecho de Ormuz.
Pero desde los intestinos de la Casa Blanca, ya se lanzó una caza a un chivo expiatorio, y ese sería el vicepresidente, J. D. Vance, quien, según un medio estadounidense, podría ser el responsable del fracaso del diálogo entre Washington y Teherán y del incumplimiento del memorando de Islamabad, ya que fue el principal participante en las negociaciones con el Estado persa.
"Él [Vance] es quien corre mayor riesgo de perder. Es probable que este memorando sea un fracaso, y este es su [borrador]", afirma la publicación, que cita a un exfuncionario de la Casa Blanca.
Al respecto, el analista político internacional Manuel Monereo sostiene que en Washington "ya apuntan a 'una cabeza de turco'". "Esa 'cabeza de turco' se apunta [desde el sector] de Marco Rubio. Lo que hay en el equipo actual de [el presidente de EEUU] Donald Trump es [que] sobre temas esenciales, [hay] diversas políticas que se van enfrentando cada vez más. No es ninguna novedad que entre el vicepresidente [Vance] y el secretario de Estado [Rubio] hay divergencias profundas, que a su vez influyen sobre la conducta de Donald Trump", concluye Monereo.
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