viernes, 4 de septiembre de 2026

Estados Unidos entre la «Trampa de los Gracos» y el ascenso de China

Recomiendo: Estados Unidos entre la «Trampa de los Gracos» y el ascenso de China Por Pedro Barragán | 04/09/2026 | EE.UU., Mundo Fuentes: Rebelión Durante décadas, Estados Unidos ha ocupado una posición de liderazgo indiscutible en el sistema internacional. Su superioridad militar, la influencia global del dólar, el peso de sus empresas tecnológicas y la capacidad de proyectar poder político y cultural le han permitido consolidar una hegemonía sin precedentes tras el final de la Guerra Fría. Sin embargo, cada vez son más los analistas que sostienen que ese ciclo histórico estaría entrando en una fase de agotamiento. No se trata necesariamente de un colapso repentino, estamos ante un proceso gradual de pérdida de capacidad para imponer su voluntad en un mundo cada vez más multipolar. Algunos especialistas han recurrido a la denominada «Trampa de los Gracos» para interpretar esta evolución. El concepto, inspirado en la crisis de la República romana tras el fracaso de las reformas impulsadas por los hermanos Tiberio y Cayo Graco, describe el momento en que la polarización política, la incapacidad de reformar las instituciones y el enfrentamiento entre las élites terminan debilitando la posición de una gran potencia. La comparación no pretende establecer un paralelismo absoluto entre Roma y Estados Unidos, pero sí advertir de que las fracturas internas pueden convertirse en el principal factor de erosión de un imperio. Uno de los elementos que alimentan esta interpretación es la creciente polarización política estadounidense. El sistema institucional atraviesa una etapa de confrontación permanente en la que los consensos básicos resultan cada vez más difíciles de alcanzar. La alternancia entre administraciones de signo opuesto provoca cambios bruscos en las prioridades nacionales e internacionales, dificultando la continuidad de las políticas públicas. Esta dinámica alimenta una sensación de parálisis que reduce la capacidad del Estado para afrontar los problemas estructurales norteamericanos como el envejecimiento de las infraestructuras, el aumento de la desigualdad o la modernización del sistema educativo y sanitario. La fragmentación social acompaña a esta crisis política y la brecha entre las élites económicas y amplios sectores de la población ha aumentado durante las últimas décadas. Aunque la economía estadounidense continúa siendo una de las más dinámicas del planeta, el crecimiento de la riqueza se ha concentrado en una parte relativamente reducida de la sociedad. El encarecimiento de la vivienda, la deuda universitaria, el elevado coste de la atención médica y la precarización de determinados empleos han contribuido a generar un profundo malestar entre millones de ciudadanos. A ello se suma una creciente pérdida de confianza en las instituciones. Encuestas realizadas durante los últimos años muestran un descenso sostenido de la credibilidad del Congreso, los partidos políticos, los medios de comunicación e incluso del sistema judicial. Desde la perspectiva de la «Trampa de los Gracos», esta erosión institucional constituye uno de los síntomas más preocupantes, ya que limita la capacidad del país para corregir sus propios desequilibrios antes de que se conviertan en problemas estructurales. En el ámbito económico también aparecen señales contradictorias. Estados Unidos conserva una extraordinaria capacidad de innovación, lidera o colidera sectores estratégicos como la inteligencia artificial, la biotecnología o la industria aeroespacial y continúa atrayendo inversión internacional. Sin embargo, estas fortalezas conviven con problemas estructurales como el elevado endeudamiento público, los persistentes déficits fiscales y una creciente presión sobre el papel internacional del dólar. Aunque la divisa estadounidense sigue siendo el principal activo de reserva mundial, numerosos países buscan diversificar sus sistemas de pago y reducir su dependencia financiera de Washington. Todo ello se suma al ascenso de China. En apenas cuatro décadas, China ha pasado de ser una economía atrasada a convertirse en la segunda economía mundial, o la primera en términos de poder adquisitivo, y en el principal competidor estratégico de Estados Unidos. Su expansión industrial, su liderazgo en numerosas cadenas de suministro, sus éxitos en inteligencia artificial, telecomunicaciones, energías renovables y transporte de alta velocidad han modificado profundamente el equilibrio económico internacional. A diferencia de otros competidores históricos de Washington, China dispone de una combinación excepcional de tamaño demográfico, capacidad industrial, desarrollo tecnológico y creciente influencia diplomática. Iniciativas como la Nueva Ruta de la Seda, la expansión del grupo BRICS o la creación de nuevas instituciones financieras internacionales reflejan el esfuerzo chino por construir una arquitectura económica menos dependiente del liderazgo estadounidense. Esta transformación implica que el declive relativo de Estados Unidos no responde únicamente a sus problemas internos y que el ascenso sostenido de China le disputa su influencia en prácticamente todos los ámbitos. Mientras Washington concentra buena parte de sus recursos en mantener su red global de alianzas y su superioridad militar, Pekín ha priorizado la expansión comercial, las inversiones estratégicas y el desarrollo tecnológico como instrumentos de proyección internacional. Las dificultades también se manifiestan en el plano geopolítico. Tras el final de la Guerra Fría, Estados Unidos disfrutó de un margen de actuación prácticamente ilimitado. Sin embargo, las prolongadas intervenciones militares en Afganistán e Irak evidenciaron los límites del poder militar para resolver problemas políticos complejos. Al mismo tiempo, diversos aliados reclaman una mayor autonomía estratégica y muchas economías emergentes prefieren mantener posiciones equidistantes entre Washington y Pekín antes que alinearse plenamente con alguno de los dos. La competencia entre ambas potencias ya no se limita al comercio. Abarca la innovación tecnológica, el acceso a materias primas críticas, la carrera espacial, los semiconductores, las infraestructuras digitales y la influencia sobre las organizaciones internacionales. Todo ello configura un escenario muy distinto al de la etapa unipolar posterior a 1991. No obstante, conviene evitar interpretaciones excesivamente deterministas. Estados Unidos continúa siendo la mayor potencia militar del mundo, alberga universidades prestigiosas, conserva un enorme atractivo para la inversión internacional y mantiene una extraordinaria capacidad de innovación científica y empresarial. Además, su sistema institucional ha demostrado históricamente una notable capacidad de adaptación tras períodos de crisis. La pregunta, o la duda, es si esas fortalezas bastarán para evitar que la «Trampa de los Gracos» termine consolidándose como una realidad política. Si las divisiones internas continúan profundizándose mientras China sigue ampliando su peso económico, tecnológico y diplomático, la transición hacia un orden internacional claramente multipolar podría acelerarse durante las próximas décadas. En definitiva, el debate sobre el declive del poder estadounidense no gira tanto en torno a un colapso inmediato como a una pérdida gradual de la capacidad para ejercer una hegemonía incuestionable. La combinación de polarización política, tensiones sociales, problemas fiscales y creciente competencia estratégica con China dibuja un escenario en el que el liderazgo global de Washington ya no puede darse por garantizado. El siglo XXI parece dirigirse hacia un equilibrio internacional más complejo y multilateral, donde el ascenso de China constituye el principal motor del cambio y donde Estados Unidos deberá adaptarse a compartir el protagonismo que durante décadas ejerció casi en solitario. Pedro Barragán. Economista y editor de China Información y Economía. Autor del libro Por qué China está ganando. Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Tremenda respuesta de Rusia e Irán a la amenaza de EEUU

Tremenda respuesta de Rusia e Irán a la amenaza de EEUU Las imágenes de Vladímir Putin reuniéndose con su homólogo iraní, Masud Pezeshkián, para afianzar aún más su alianza, constituyen el mejor resumen de la última cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái: Eurasia no acata las directrices occidentales, sino que se ha consolidado firmemente como un polo de poder soberano, sólido y potente.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Israel y América Latina: las relaciones peligrosas (Parte I)

Recomiendo: Israel y América Latina: las relaciones peligrosas (Parte I) Por Marco Consolo | 02/09/2026 | América Latina y Caribe, Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Nodal ¿Quizás no todos saben que, en el pasado reciente, Israel proporcionó armas, inteligencia y entrenamiento a las dictaduras civil-militares fascistas de América Latina? ¿Y que, en la actualidad, Israel está cada vez más activo en el continente latinoamericano? El sueño sionista del «Gran Israel» no se limita a Oriente Medio, sino que también se extiende a América Latina. Esta nota, dividida en dos partes, aborda las relaciones peligrosas entre Israel y América Latina, tanto en el pasado reciente, como en la actualidad. Se basa en diversas investigaciones realizadas por el movimiento BDS latinoamericano, en cientos de noticias, y en contactos sobre el terreno que el autor ha establecido a lo largo de casi 40 años de presencia en el continente latinoamericano y al Caribe. La «creación» de Israel y América Latina Las relaciones diplomáticas entre Israel y América Latina comenzaron inmediatamente después de la creación de Israel en 1948. En 1947, durante los primeros debates de las Naciones Unidas sobre Palestina, en general los gobiernos liberales de América Latina se mostraron a favor de la creación de un Estado judío en el territorio palestino, mientras que, por el contrario, los gobiernos católicos conservadores tuvieron una postura menos receptiva. Desde el principio, Uruguay, Guatemala y Perú adoptaron una línea marcadamente pro-sionista en el Comité Especial de las Naciones Unidas sobre Palestina (UNSCOP), una comisión de investigación creada en 1947 para analizar las causas del conflicto en Palestina, proponer una solución para su futuro gobierno y elaborar la propuesta de partición. Bajo la presión de Estados Unidos y de los respectivos lobby sionistas, esos tres países, en su calidad de miembros de la UNSCOP, junto sobre todo con Brasil (que en ese momento presidía la Asamblea General de la ONU), convencieron a muchos de los gobiernos latinoamericanos de que apoyaran la partición de Palestina [i]. En el caso de Brasil, el diplomático Oswaldo Aranha, en su calidad de presidente de la Asamblea General de la ONU, desempeñó un papel procedimental y político crucial en la promoción del Plan de partición de Palestina (Resolución 181). Aranha aplazó la votación para consolidar una mayoría de dos tercios a favor del plan y ejerció una gran presión sobre las distintas delegaciones. Acciones por las que posteriormente recibió reconocimientos públicos por parte de Israel [ii]. Finalmente, en noviembre de 1947, trece de los veinte países latinoamericanos de entonces votaron a favor del Plan de Partición [iii], seis se abstuvieron [iv] y solo Cuba votó en contra [v]. Pasaron unos pocos meses y, en mayo de 1948, los primeros en reconocer a Israel fueron los Estados Unidos de Harry Truman [vi]. Solo tres días después, Guatemala fue el segundo (y el primero en América Latina), seguido por Uruguay, Nicaragua, El Salvador y la República Dominicana. A esta primera ola se sumaron luego Argentina, Brasil, Costa Rica, Ecuador y Panamá. Un año después, en mayo de 1949, dieciocho de los veinte países apoyaron la admisión de Israel en la ONU, mientras que tanto Brasil, como El Salvador se abstuvieron. La Argentina peronista, que se había abstenido en la votación sobre la partición, fue la primera en abrir una embajada en Tel Aviv, capital de Israel. Le siguieron Brasil y Uruguay. Por el contrario, en 1955, Guatemala estableció la primera representación latinoamericana en Jerusalén. Por su parte, entre 1949 y 1953, Israel abrió sus primeras misiones diplomáticas en Uruguay, Argentina, Brasil y México. En 1967, tras la «Guerra de los Seis Días» entre Israel y los países árabes, en la Asamblea General de la ONU, la Unión Soviética y los «países no alineados» exigieron la retirada incondicional de Israel de los territorios ocupados. Por su parte, veinte Estados latinoamericanos promovieron una resolución basada en la retirada, el fin de las hostilidades y la «coexistencia basada en la buena vecindad». El proyecto latinoamericano fue rechazado, pero su presentación fue un factor decisivo en la formulación de la famosa Resol. 242 del Consejo de Seguridad [vii]. Hasta la fecha, a pesar del genocidio en Gaza y Cisjordania, y de la guerra contra el Líbano e Irán, solo Belice, Colombia, Cuba (que rompió relaciones en 1973), Nicaragua y Venezuela no tienen relaciones diplomáticas con Israel. Israel arma a las dictaduras fascistas Si bien es cierto que la presencia israelí en el continente latinoamericano viene de lejos, las relaciones se profundizan y, sobre todo, cambian de carácter a partir de finales de los años 60 y durante los años 70: con el auge de los golpes de Estado civiles-militares fascistas, Israel comienza a armar y entrenar a las Fuerzas Armadas de muchas dictaduras latinoamericanas. Las mismas dictaduras responsables de las masacres de pueblos indígenas, campesinos, movimientos populares y sindicales, y líderes de la oposición. No hay ningún país del continente que no haya tenido relaciones comerciales con Israel en el sector de la «seguridad» militar o la defensa, un intercambio que aún hoy va viento en popa. Desde entonces, las relaciones de Israel con el continente han ido de la mano del incremento de la represión y el militarismo en la región. Los militares israelíes han entrenado a las fuerzas represivas, vendido armamento y software de espionaje, y «asesorado» a las dictaduras civil-militares y a muchos gobiernos, principalmente de derecha. Por lo general, las visitas diplomáticas han estado y siguen estando acompañadas por empresarios, directivos de empresas de «seguridad», vendedores de armas y/o de tecnología militar. Un vendedor global de muerte ¿Pero cómo comenzó esta relación y por qué Israel se ha convertido en un vendedor de muerte a nivel mundial? La respuesta está en sus relaciones con Estados Unidos. Demos un paso atrás. Como se recordará, ya a finales de 1972 muchos países africanos habían interrumpido sus relaciones con Israel. Pero el punto de ruptura llegó tras la cuarta guerra árabe-israelí de 1973, con una condena generalizada contra la entidad sionista. Así fue como, para ampliar su influencia y en busca de nuevos mercados, Israel inició una ofensiva diplomática y comercial hacia el continente latinoamericano. Según el investigador Fernando Cordero, hasta 1973, América Latina y el Caribe recibían solo el 20 % de los asesores militares israelíes. Pero apenas tres años después, esta cifra se disparó al 67 % [viii]. En el contexto de la «Guerra Fría», la estrecha colaboración de Israel, en particular con las dictaduras de Argentina, Chile y Uruguay, se basaba en una visión compartida de la contrainsurgencia, el «antiterrorismo» y la guerra contra una «amenaza existencial». Y así, ya desde entonces, los «viejos enemigos fascistas» se convirtieron en los «nuevos amigos» de los sionistas. Las puertas giratorias entre EE. UU. e Israel Al crecimiento exponencial de las ventas de armamento israelí también contribuyeron las críticas internas e internacionales a la Casa Blanca por su apoyo militar a las criminales dictaduras civiles-militares que violaban los derechos humanos. El mecanismo era bastante sencillo y estaba bien establecido: cuando Washington era objeto de críticas y se veía obligado a interrumpir los suministros militares, así como el entrenamiento de las fuerzas represivas de las dictaduras, Israel entraba en escena como su sustituto, sin pestañear y haciendo buenos negocios. Los ejemplos de complicidad abundan. En la segunda mitad del siglo XX, en Centroamérica, Israel apoyó a las dictaduras de El Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala. En Sudamérica vendió armas a la dictadura argentina (1976-1983), a la brasileña (1964-1985) y fue el principal proveedor de armas de la chilena de Pinochet (1973-1990), en una triangulación con la Sudáfrica del apartheid. Colombia y México también han sido clientes habituales de Israel en la compra de armas, el entrenamiento y la capacitación de la policía y el ejército, la adquisición de tecnología como el ya famoso software espía Pegasus [ix]. El caso de la colaboración de Israel con la dictadura uruguaya (1973-1985) es ligeramente diferente. Pero vayamos por partes. Israel y Pinochet En el caso de Chile, el año decisivo fue 1976, cuando las críticas y las presiones obligaron a Washington a suspender la cooperación militar con la sangrienta dictadura de Pinochet (1973-1990). Israel toma su lugar y se convierte en el principal proveedor de material bélico al régimen chileno, incluyendo misiles aire-aire, patrulleras, aviones, tanques y sistemas de inteligencia. Entre los documentos desclasificados posteriormente, hay un télex de la embajada de EE. UU. en Santiago durante la dictadura en el que se afirma claramente que Washington no puede declarar un embargo militar, dada la presencia de Israel. Es decir, por un lado se muestra preocupación por la violación de los derechos humanos y, por otro, se da luz verde a esas mismas violaciones, pero con armamento israelí. En 2016, algunas de las víctimas de la dictadura chilena le pidieron a Israel que «desclasificara» 19 000 documentos para aclarar su responsabilidad. Desde Tel Aviv nunca llegó ninguna respuesta y tampoco se hizo público ningún documento. El apoyo a los gorilas Durante la dictadura de Somoza en Nicaragua, en 1978 Estados Unidos se vio obligado a suspender la ayuda militar al régimen. Y hasta la victoria de la revolución sandinista en julio de 1979, Israel se convirtió en el proveedor oficial de armamento de ese país centroamericano. Durante las dictaduras en Argentina (1976-83), El Salvador (1972-79) y Honduras (1972-81), el porcentaje de armamento israelí adquirido fue, respectivamente, del 95 %, 92 % y 81 %. Las compras aumentaron exponencialmente en los momentos de mayor represión y de la llamada «guerra sucia» contra la oposición. En el caso de El Salvador, la década de los 70 estuvo marcada por una sangrienta represión con decenas de asesinatos contra los movimientos de oposición, lo que condujo a la guerra civil de los años 80. Otro ejemplo es Ecuador, donde Israel estableció excelentes relaciones con los gobiernos militares que estuvieron en el poder en la década de los 70, hasta 1979. El país también se destacó por enviar a jóvenes oficiales a las academias militares israelíes. Aquí también, tras el golpe de Estado de 1972 que llevó al segundo gobierno militar, Israel comenzó a vender una gran cantidad de armamento de pequeño calibre, municiones y explosivos. El gigante Brasil En los últimos años, se ha sabido muy poco sobre las relaciones y la estrecha colaboración entre Israel y la dictadura brasileña (1964-1985). Los vínculos en materia militar durante ese período están envueltos en la niebla de la censura del Ministerio de Defensa israelí, que no hace públicos los documentos relacionados con las exportaciones en el sector de la defensa. Por su parte, Brasil no ha llevado a cabo ninguna investigación pública significativa tras la caída del régimen militar, a diferencia de sus vecinos en el continente. Por el lado brasileño, los documentos desclasificados han puesto de manifiesto, además de los habituales intercambios en materia de armamento y experiencias militares, también acuerdos de cooperación científica y nuclear con los militares. En este último sector, se firmaron cuatro acuerdos (1964, 1966, 1967 y 1974). El primero data del 10 de agosto de 1964, apenas cuatro meses después del golpe de Estado. Según los documentos, algunos científicos israelíes viajaron a Brasil, entre ellos, a principios de la década de los 70, el director de la Comisión de Energía Atómica de Israel, Shalhevet Freier, quien fue recibido con los brazos abiertos en el país sudamericano. Sin embargo, un año después de la firma del último acuerdo complementario en 1974, se produjo un distanciamiento notable en el período posterior a la guerra de Yom Kippur [x]. Al mismo tiempo, según documentos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Tel Aviv, gracias a sus estrechos vínculos con la dictadura, Israel esperaba deshacerse de los palestinos enviándolos a Brasil. Además de la venta de armas (las fuerzas armadas brasileñas estaban equipadas, entre otras cosas, con metralletas Uzi), los diplomáticos israelíes en Brasil centraron sus esfuerzos en la hasbara, la propaganda que presentaba al Estado sionista como un aliado en la lucha contra el «terrorismo global». Entre las afirmaciones falsas en ese sentido, se encontraba la de que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) estaba entrenando y apoyando a las organizaciones guerrilleras en Brasil. En 1966, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Tel Aviv escribió que «la OLP está poniendo en peligro el régimen vigente». Algunas fuentes señalan que la unidad de inteligencia que dirigió la represión contra los opositores a la dictadura brasileña había sido entrenada en Israel (Mack, 2018). Ya en 1973, Israel exhibió sus mejores productos militares en una feria aeronáutica en São Paulo, entre los que se encontraban aviones, misiles y equipos electrónicos. El caso de Uruguay A diferencia de otros países de América Latina en la década de los 70, las fuerzas armadas uruguayas no representaban un mercado significativo para las armas israelíes y la relación era más bien de carácter político. Durante el período de la dictadura civil-militar (1973-1985), el régimen uruguayo e Israel mantuvieron una estrecha alianza política y de inteligencia. Ambos gobiernos se identificaban como baluartes de los intereses, las ideas y la cultura occidentales en sus respectivas regiones, en lucha contra el comunismo y el «radicalismo del Tercer Mundo», lo que facilitó la cooperación en la represión, el intercambio de información y los favores diplomáticos [xi]. Uruguay se convirtió en el régimen sudamericano más hostil hacia la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), mientras que Israel ayudó a los militares uruguayos a manipular a la opinión pública. En cuanto a la colaboración entre sus respectivos servicios secretos, compartieron información de inteligencia y operaron conjuntamente en materia de prensa y espionaje contra la oposición. La represión fascista no tuvo piedad con los militantes de la izquierda uruguaya, algunos de los cuales eran de origen judío. Entre los casos más conocidos, se encuentran el asesinato del comunista Eduardo Bleier y el secuestro por parte de la dictadura del rehén tupamaro Mauricio Rosencof. Pero los diplomáticos israelíes cerraron los ojos e hicieron oídos sordos, anteponiendo la alianza con el régimen fascista a sus escasas convicciones éticas de solidaridad entre correligionarios [xii]. También en este caso, las excelentes relaciones de la dictadura con Estados Unidos se deterioraron en 1976, cuando el Congreso de EE. UU. decidió suspender la ayuda militar debido a las graves violaciones de los derechos humanos. Por otro lado, la dictadura uruguaya no era el principal aliado anticomunista de Israel en el Sur del mundo. Desde un punto de vista estratégico, la alianza de Israel con el régimen sudafricano del apartheid era mucho más importante, mientras que sus relaciones con las dictaduras chilena y argentina eran mucho más rentables [xiii]. Las masacres en Guatemala Pero tal vez el país donde las huellas de la presencia israelí son más evidentes y remotas sea Guatemala. De 1977 a 1981, Israel fue el único proveedor de armamento de este país centroamericano. Un dato para todos: allá por 1982 había al menos 300 «asesores» israelíes en este pequeño país centroamericano. Según información del Washington Post, muchos asesores israelíes (algunos en calidad oficial, otros bajo la apariencia de «empresas privadas») colaboraron con el ejército guatemalteco en la «seguridad para localizar grupos clandestinos internos» [xiv]. Durante la dictadura de 1978 a 1983, bajo el mandato de Fernando Romeo Lucas y luego de Efraín Ríos Montt, se cometieron innumerables masacres y asesinatos en masa. En el pasado, la justicia guatemalteca juzgó a Manuel Lucas García, hermano del dictador y exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, por el genocidio de la comunidad Ixil, con una pena solicitada de 2860 años de prisión [xv]. Uno de los episodios más brutales de la guerra civil guatemalteca ocurrió en la aldea de Las Dos Erres (en el departamento de Petén). Entre el 6 y el 8 de diciembre de 1982, una unidad especial del ejército conocida como los Kaibiles arrasó la aldea, torturando y asesinando a unos 250 civiles [xvi]. Los responsables directos de esa masacre habían sido entrenados en Israel. El informe de la «Comisión de la Verdad» de 1999 puso de manifiesto que todas las pruebas balísticas recuperadas eran de origen israelí. Para evitar la cárcel, en los años siguientes, algunos de los responsables de la masacre se refugiaron en EE.UU. y Canadá. México, tan lejos de Dios… Lamentablemente, entre los clientes de Israel no ha habido ni hay solo dictaduras. Por ejemplo, México, que durante décadas ha comprado armamento y capacitación para la policía y el ejército. En los años 70 y 80, este país norteamericano compró una decena de aviones ARAVA a la empresa Israel Aircraft Industry (IAI), que también se utilizaron en los infames «vuelos de la muerte» durante la «guerra sucia» (1960-1980). En el mismo período se adquirieron 60 morteros a la empresa Soltan Systems. En esa época, Israel impartía cursos de «protección e inteligencia» a la entonces «Dirección Federal de Seguridad» (DFS). Cuando en 1985 desapareció la DFS y se creó la Dirección General de Investigación y Seguridad Nacional (DISEN), el entonces director, Pedro Vázquez Colmenares, afirmó haber «recibido un intenso período de capacitación en Israel, incluida una visita al Mossad, durante un mes». Estas «relaciones comerciales» se intensificaron con el aumento de la militarización y la represión, gracias a la «guerra contra las drogas» y contra las formaciones guerrilleras. En 1994, tras el «levantamiento zapatista» del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), las compras de armamento aumentaron exponencialmente. Según datos de la ONU y del Banco Mundial, mientras que en 1990 las compras a Israel ascendieron a solo 300 000 dólares, en 1994 se dispararon a 1 573 000 dólares [xvii]. También en México, esta fuerte expansión se vio facilitada por un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México e Israel [xviii], que entró oficialmente en vigor en julio de 2000, eliminando gran parte de los aranceles aduaneros. Las cifras aumentaron hasta alcanzar su punto más alto durante el sexenio de Felipe Calderón (2006–2012), cuando se anunció la «guerra contra el narcotráfico». Durante esos seis años, la compra de armamento y aeronaves a Israel alcanzó los 93 millones de dólares. Desde los años 90 hasta hace poco, Israel ha impartido cursos de capacitación al ejército y a diversas fuerzas policiales mexicanas. Y a pesar de la llegada del presidente progresista Manuel López Obrador (2018-2024), las compras no se detuvieron y solo en 2023 el gasto de su gobierno fue de aproximadamente 1 400 000 dólares. Colombia y el genocidio de la Unión Patriótica En Colombia, las relaciones comerciales con Israel se remontan a 1949 y se han mantenido hasta años recientes. También en este caso, las relaciones se intensificaron en los momentos de mayor represión, en particular durante la década de 2000, con el crecimiento exponencial de los escuadrones de la muerte paramilitares. En cuanto al pasado reciente, son conocidos los casos de dos agentes israelíes como Yair Klein, ex teniente coronel de las Fuerzas Armadas de Israel, y Raifal Eithan, ex alto mando del Mossad. Ambos participaron directamente en el entrenamiento de los escuadrones de la muerte paramilitares en Colombia, desde la década de los 80. Carlos Castaño, uno de los fundadores de las «Autodefensas Unidas de Colombia» (AUC), una de las organizaciones paramilitares más sanguinarias [xix], habló extensamente de Yair Klein en su autobiografía. Castaño confesó haber estudiado en la Universidad de Jerusalén y en varias escuelas militares. «En Israel me convencí de que era posible derrotar a la guerrilla en Colombia». Alabando el sionismo, afirmó que «siempre ha tenido la función de defenderse, invadir y ganar territorio», llegando incluso a copiar de los israelíes el concepto de «Autodefensas». En otras palabras, los escuadrones de la muerte colombianos heredaron sus tácticas de las Fuerzas Armadas israelíes, que entrenaron a terroristas colombianos responsables de más de 90 000 asesinatos. Además de entrenar a las bandas paramilitares, Klein también entrenó a los sicarios del narcotraficante Pablo Escobar [xx]. Otro caso conocido es el de Raifal Eithan, exalto oficial del servicio secreto Mossad, famoso por haber capturado al jerarca nazi Adolf Eichmann en Argentina. En 1986, Eithan fue contratado por el entonces presidente colombiano Virgilio Barco como asesor del ejército colombiano para impartir cursos de «tácticas contra el terrorismo». El trágico resultado fue el exterminio de la Unión Patriótica, un partido de izquierda surgido de los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC. Un caso calificado de «genocidio político» (la historia se repite) por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, mientras que la justicia colombiana lo ha declarado «crimen de lesa humanidad» y «crimen de guerra». Pero, lejos de interrumpirse, las relaciones se fortalecieron con la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia e Israel, aprobado en 2017 y que entró en vigor durante la presidencia de Iván Duque (2018-2022). Gracias al TLC, más del 94 % de las exportaciones colombianas a Israel consistieron en carbón, a cambio de casi el 50 % de las importaciones en armamento. Al mismo tiempo, Colombia ha pagado caro el mantenimiento de la flota de aviones supersónicos israelíes Kfir, adquiridos a Israel a partir de 1989 y luego en 2008. Cuando en 2024, durante el genocidio en Gaza, el actual presidente progresista Gustavo Petro anunció su intención de suspender las relaciones diplomáticas con Israel, este último amenazó con interrumpir el suministro de repuestos a Colombia. En octubre de 2025, tras el secuestro por parte de Israel de una flotilla humanitaria con activistas colombianas a bordo, Petro ordenó la expulsión de toda la delegación diplomática israelí y revocó el Tratado de Libre Comercio. A finales de 2025, Colombia retiró los antiguos aviones israelíes y formalizó un contrato con Suecia para la adquisición de 17 nuevos cazas Gripen E/F. A modo de conclusión Tras el fin de las dictaduras y los regímenes autoritarios en los años 80 y 90, casi todos los gobiernos de la región, ya sean conservadores o progresistas (con excepción de Cuba, Nicaragua y Venezuela), han establecido o mantenido relaciones militares y de seguridad con Israel, centrándose en cuatro áreas: armamento, sistemas de seguridad, seguridad cibernética e inteligencia, capacitación de las fuerzas de seguridad en la «lucha contra el terrorismo» y la «contrainsurrección». Pero las relaciones actuales serán objeto de la segunda parte de esta nota. [i]Sabini Fernández, L. (2022) ONU 1947: Uruguay en el origen de Israel. Montevideo: Editorial Los Libros. Véase también: Ramos Tolosa, J. (2012) «El primer fracaso de la ONU en Palestina: el “plan de partición”, Pablo de Azcárate y la Comisión de Palestina». Universidad de Valencia. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4721952 [ii]https://www.tni.org/es/art%C3%ADculo/de-las-favelas-y-el-brasil-rural-a-gaza [iii]Bolivia, Brasile, Costa Rica, Repubblica Dominicana, Ecuador, Guatemala, Haiti, Nicaragua, Panama, Paraguay, Perù, Uruguay e Venezuela. [iv]Argentina, Colombia, Cile, El Salvador, Honduras e Messico [v]Durante la votación de la Resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 29 de noviembre de 1947, el delegado cubano, el doctor Ernesto Dihigo, se opuso al plan. Cuba formó parte de un grupo de solo 13 países que votaron en contra de la propuesta, siendo el único país latinoamericano en adoptar esta postura. [vi]https://www.trumanlibraryinstitute.org/israel/ [vii]https://digitallibrary.un.org/record/90717?v=pdf [viii]https://iberoamericana.se/articles/10.16993/iberoamericana.325 [ix]El libro «El militarismo israelí en América Latina», de Isabelle Rikkers y German Romano, publicado por la campaña BDS, aborda el tema en detalle. https://bdscolombia.org/wp-content/uploads/2018/11/El-militarismo-israel-en-Am%C3%A9rica-Latina.pdf [x]https://agenciaajn.com/noticia/salieron-a-la-luz-los-vinculos-entre-israel-y-la-dictadura-en-brasil-107935 [xi]https://brecha.com.uy/colaboraciones-y-silencios/ [xii]https://www.carasycaretas.com.uy/politica/la-politica-exterior-uruguay-las-fuerzas-progresistas-israel-y-los-acuerdos-n85040 [xiii]The political partnership between Israel and authoritarian Uruguay in Taylor & Francis Online. [xiv]https://www.washingtonpost.com/world/the_americas/as-guatemala-pursues-war-criminals-a-dark-secret-emerges-some-suspects-are-living-quiet-lives-in-the-us/2019/12/27/8854efa4-2681-11ea-9cc9-e19cfbc87e51_story.html [xv]https://www.labottegadelbarbieri.org/guatemala-impunita-per-benedicto-lucas-garcia/ [xvi]https://nsarchive.gwu.edu/dos-erres-massacre [xvii]https://comtradeplus.un.org/ [xviii]https://www.iea.org/policies/19162-free-trade-agreement-israel-and-mexico. [xix]https://www.lafeltrinelli.it/mi-confesion-autobiografia-de-carlos-audiobook-mauricio-aranguren-mauricio-aranguren-molina/e/9789179234034?srsltid=AfmBOoq0ipNIkLkmGcusu2MJ0PkJ8_ll2jFkVZfBGOiJnGAnu_VpROXD [xx]La Base TV, https://www.youtube.com/watch?v=nuCt7MK5qhY (minuto 5,58) Marco Consolo, Periodista italiano, residente en Chile. Licenciado en Ciencias Políticas de la Univers. Federico II de Nápoles y encargado de proyectos de cooperación sobre medios de comunicación comunitarios en América Latina.

No nos enfrentamos a Israel, sino a EEUU": ¿cuál es la situación actual en Palestina?

- Sputnik Mundo "No nos enfrentamos a Israel, sino a EEUU": ¿cuál es la situación actual en Palestina? Ante todo, Palestina se enfrenta a Estados Unidos, y no a Israel, que no podría continuar la guerra sin el respaldo estadounidense, señala en una entrevista para Sputnik el exdirector de la Autoridad Palestina para Asuntos de Prisioneros, Ashraf Ajrami. Mientras tanto, el principal frente del conflicto se desplazó a Cisjordania, indica. El Gobierno israelí está interesado en el aumento de las tensiones, que a su vez responde a sus objetivos políticos internos al permitirle ampliar el apoyo electoral. Al mismo tiempo, la escalada se mantiene dentro de los límites que Washington considera aceptables, subraya Ajrami. "En realidad, no nos enfrentamos a Israel, sino a Estados Unidos. Fue precisamente la Administración estadounidense la que dio luz verde a Israel para ampliar la actividad de asentamientos en Cisjordania bajo el paraguas del llamado 'acuerdo del siglo', y es también Estados Unidos quien suministra armas a Israel. Sin el apoyo imperialista occidental, Israel no podría continuar su agresión", enfatiza. El movimiento Hamás, por su parte, se encuentra debilitado frente a Israel debido a la guerra y actúa dentro de las limitaciones regionales, maniobrando dentro de los márgenes permitidos, explica el exfuncionario palestino. Al mismo tiempo, a su juicio, las facciones palestinas no cuentan con el potencial necesario para hacer frente eficazmente a la agresión ni para responder de manera adecuada a ella. Cisjordania, el principal frente en la actualidad "La principal amenaza se concentra hoy precisamente en Cisjordania, donde Israel busca ampliar el proyecto de asentamientos y reforzar el control sobre los territorios con vistas a su posterior anexión", afirma. De acuerdo con él, el actual Gobierno israelí no solo autorizó la creación de cientos de nuevos puestos avanzados de colonos, sino que dio apoyo al terrorismo judío. Al mismo tiempo, las autoridades están impulsando esfuerzos para judaizar la conciencia de los palestinos como parte de un proyecto más amplio de judaización de Jerusalén, señala Ajrami. Esto incluye, en particular, la eliminación de los programas educativos palestinos en las escuelas de Jerusalén Este, su transferencia al control del Ministerio de Educación israelí, su integración en la narrativa israelí, así como la prohibición de enseñar historia palestina y cuestiones de relevancia nacional, llegando incluso a intentos de cerrar estos centros educativos, precisa. ¿Cabe esperar una tercera intifada? A pesar de la creciente presión por parte del Estado judío, "actualmente no se observan indicios de un levantamiento popular palestino", sugiere el interlocutor de Sputnik. Además, los palestinos están siendo presionados para que lleven a cabo acciones aisladas en Cisjordania, lo que, en su opinión, responde a los intereses del Gobierno israelí de cara a las elecciones y se utiliza para justificar la política de limpieza étnica, concluye. El 9 de octubre de 2025, Israel y Hamás, con la mediación de Egipto, Catar, EEUU y Turquía, acordaron implementar la primera fase del plan de paz presentado por el presidente estadounidense, Donald Trump. Al día siguiente, entró en vigor un alto el fuego en Gaza. Según el acuerdo, las tropas israelíes se retiraron hasta la denominada línea amarilla, y mantienen el control de más del 50% de la Franja. En enero pasado, el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, anunció el inicio de la segunda fase del plan de paz para Gaza, que prevé la creación de un gobierno tecnocrático transitorio, el desarme de Hamás y la transición del alto el fuego hacia la reconstrucción del territorio. Sin embargo, el proceso se estancó debido a las contradicciones fundamentales entre las partes en torno al desarme del movimiento palestino y la retirada de las tropas israelíes.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

La Junta de Paz utiliza los fondos para la reconstrucción de Gaza para borrar las pruebas del genocidio israelí

Recomiendo: La Junta de Paz utiliza los fondos para la reconstrucción de Gaza para borrar las pruebas del genocidio israelí Por The Cradle News | 02/09/2026 | Mentiras y medios, Palestina y Oriente Próximo Fuentes: The Cradle. Crédito de la foto: periódico Ha-Macom. Traducido del inglés por Marwan Pérez para Rebelión Israel ha retirado unilateralmente cientos de miles de toneladas de escombros que contienen los cuerpos de miles de palestinos de Gaza, en preparación para una ocupación y colonización a largo plazo del enclave. La Junta de Paz del presidente estadounidense Donald Trump está financiando directamente las operaciones de retirada de escombros y pavimentación de carreteras en toda Gaza, borrando así las pruebas del genocidio israelí y allanando el camino para la anexión y el asentamiento judío en la Franja. El investigador y escritor político palestino Muhammad Shehada, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, informó el 27 de agosto que la Junta de Paz está «pagando los gastos del traslado encubierto de escombros (mezclados con cadáveres) fuera de Gaza por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel«. «El dinero proviene de los fondos para la reconstrucción de Gaza», destacó Shehada. Hasta la fecha, solo Estados Unidos, Marruecos y los Emiratos Árabes Unidos han aportado fondos al Consejo de Paz. Según informes, diplomáticos de la UE informaron a Shehada que «Israel ha estado trasladando discretamente cientos de miles de toneladas de escombros mezclados con cadáveres fuera de Gaza para enterrar las pruebas de su genocidio». «Cuando la UE preguntó a Israel por qué o si filtraban los restos humanos de entre los escombros, nunca obtuvimos respuesta», añadió Shehada. Desde el inicio de su genocidio en Gaza, Israel ha asesinado al menos a 73.000 palestinos, en su mayoría mujeres y niños. Miles más permanecen sepultados bajo los escombros de sus hogares destruidos. Al retirar los escombros antes de que se pueda llevar a cabo una búsqueda de víctimas con maquinaria pesada, los palestinos no sabrán si sus familiares están muertos o secuestrados por las fuerzas israelíes y retenidos en su red de centros de tortura. Shehada indica que la prueba de la participación de la Junta de Paz en la financiación de la remoción de escombros se encuentra en un documento de licitación publicado por la junta el 20 de mayo de 2026, en el que se buscaban contratistas para trabajos de «nivelación y compactación» en Gaza. Según informa Shehada, una empresa israelí, Terra Firma, ha estado retirando escombros en Gaza utilizando maquinaria pesada diseñada para triturar los restos y convertirlos en polvo, incluso para ayudar al ejército israelí a construir carreteras, concretamente cerca de Erez. Como resultado, la Junta de Paz «está pagando, compensando, subvencionando y ayudando activamente a empresas israelíes, contratistas, al ejército israelí y al gobierno israelí por estas operaciones de retirada de escombros y pavimentación de carreteras», escribe el Gaza Herald . «Estas operaciones borran sistemáticamente las pruebas de crímenes de guerra y profanan restos humanos», añadió el Herald , ya que no se toman medidas para separar los restos de las víctimas de los escombros ni para preservar las posibles fosas comunes cubiertas por las carreteras recién construidas. Al mismo tiempo, infraestructuras civiles críticas como las redes de agua, los sistemas eléctricos, las instalaciones de alcantarillado, los hospitales y las panaderías permanecen deliberadamente sin reparar. Según el Dr. Ramy Abdu, un destacado defensor palestino de los derechos humanos, la Junta de Paz «actúa como una tapadera estructural para las continuas expropiaciones de tierras y los desplazamientos forzosos». La Junta de Paz se creó tras el “alto el fuego” de octubre de 2025, respaldado por Estados Unidos. Trump declaró que la junta supervisaría la reconstrucción de Gaza, supuestamente en beneficio de los palestinos. Sin embargo, en los últimos 10 meses, «las fuerzas israelíes han intensificado una campaña sistemática de eliminación en la zona de Gaza que está directamente bajo su control», según una investigación de New Humanitarian . «En esta zona prácticamente despoblada, Israel ha estado arrasando lo que queda, prendiendo fuego a los campos y destruyendo con excavadoras pueblos y comunidades agrícolas que antes eran verdes», constató New Humanitarian . La actividad del ejército israelí indica que está creando «un lienzo en blanco» en Gaza y estableciendo la infraestructura necesaria para la ocupación a largo plazo y la anexión final de la Franja. Los líderes israelíes han dejado clara en repetidas ocasiones su intención de llevar a cabo una limpieza étnica de Gaza, eliminando a sus aproximadamente 2 millones de palestinos para allanar el camino al establecimiento de asentamientos para que los israelíes judíos vivan en las ruinas de ciudades y pueblos palestinos. Fuente: https://thecradle.co/articles/board-of-peace-using-gaza-reconstruction-funds-to-erase-evidence-of-Israels-genocide#google_vignette Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

martes, 1 de septiembre de 2026

Occidente encarado hacia la guerra mundial

Recomiendo: Occidente encarado hacia la guerra mundial Por Glenn Diesen | 01/09/2026 | Mundo Fuentes: rafaelpoch.com/ A medida que Occidente se prepara para una guerra perpetua con la promesa de traer una paz perpetua, se sacrificarán las normas que legitimaban a la potencia hegemónica. La libertad de expresión, la libertad de navegación, las normas del sistema financiero internacional, el comercio internacional y otras normas que garantizaban un mundo abierto y conectado están siendo arrasadas. Lo que antes eran principios sagrados se abandonan con el apoyo de grupos yihadistas y fascistas, llegando incluso a hacer aceptable el genocidio. La diplomacia se tacha de «apaciguamiento» e incluso el miedo a la guerra nuclear se descarta con ligereza como una capitulación ante el chantaje nuclear. La cuestión más importante de los sistemas sociales es: ¿qué es lo que crea orden en la gestión de intereses contrapuestos? En materia de seguridad internacional, debemos, por tanto, plantearnos la pregunta: ¿cómo gestionamos los intereses de seguridad contrapuestos de los Estados? Hace mucho tiempo que no nos planteamos esta pregunta, ya que el orden mundial posterior a la Guerra Fría se organizó en torno a la hegemonía colectiva de Occidente. Un sistema hegemónico no gestiona los intereses de seguridad contrapuestos de los Estados, sino que busca la estabilidad, el orden y la paz a través del dominio. Sin embargo, esa hegemonía ya no existe y debemos volver a abordar los intereses de seguridad contrapuestos de los Estados. La hegemonía como valor universal Abordar las preocupaciones de seguridad de otros Estados resulta especialmente difícil para una antigua potencia hegemónica, ya que se percibe como una traición a los valores universales. Las potencias hegemónicas siempre tratan de legitimar su dominio como un bien común, razón por la cual los intereses y privilegios particulares de la potencia hegemónica se presentan como «valores universales». Occidente ya no habla de la seguridad internacional en términos de intereses de seguridad contrapuestos, sino de valores universales. El orden mundial de la hegemonía liberal posterior a la Guerra Fría presentaba la hegemonía colectiva de Occidente como una «fuerza del bien» que, supuestamente, promovía los valores democráticos liberales. La clase política occidental, surgida en las últimas décadas, abrazó plenamente una ideología basada en la teoría de Fukuyama sobre el «fin de la historia», según la cual el mundo se unificaría bajo la democracia liberal y el liderazgo occidental. La hegemonía liberal se convirtió en una norma hegemónica, ya que estos valores universales solo podían prevalecer bajo el dominio occidental. Acciones previsibles de una potencia hegemónica en declive Es previsible que una potencia hegemónica en declive intente debilitar a las potencias emergentes, y que todos los «valores universales» que ya no sustenten su hegemonía pueden tirarse por la ventana. ¿Cuál es la respuesta previsible de la antigua potencia hegemónica? La respuesta previsible sería una guerra económica contra China para impedir su ascenso tecnológico y económico y, si eso no funciona, escalar hasta una guerra real. En Europa, la hegemonía puede restablecerse mediante el expansionismo de la OTAN y guerras por poder para debilitar a Rusia como potencia rival. En Oriente Medio, Irán sería el principal objetivo de un cambio de régimen o de destrucción, al ser la principal potencia rival en la región. El hemisferio occidental debe volver a someterse a la Doctrina Monroe, África se convertirá en un campo de batalla por la influencia y los aliados de la potencia hegemónica deberán pagar tributo. Sin embargo, la hegemonía ya ha desaparecido. China puede resistir la coacción económica, Rusia puede contrarrestar el expansionismo de la OTAN, Irán ha derrotado triunfalmente a EE. UU. y la sobreexpansión imperial de Washington se ha acelerado ahora mucho más allá de lo que es sostenible. No hay soluciones a la crisis económica que se avecina que puedan salvar la situación. Reflexiones sobre la paz en un mundo multipolar ¿Solo puede haber paz si la economía y la tecnología estadounidenses dominan a China? ¿Solo puede haber paz en Europa si persiste el expansionismo de la OTAN y esta puede atacar a otros Estados sin obstáculos? ¿Solo puede haber paz en Oriente Medio si se produce un cambio de régimen o se destruye a todos los Estados rivales de Occidente en la región? ¿Solo pueden existir la paz y el orden si Occidente puede entrometerse en los asuntos internos de otros Estados? Si se pregunta a los fundamentalistas ideológicos de Occidente qué es lo que crea el orden, la respuesta siempre hará referencia a alguna forma de «valores universales» vinculados a la hegemonía occidental. Nuestro mayor reto en Occidente es adaptarnos a una nueva distribución internacional del poder: ¿cómo logramos la paz y el orden en un mundo poshegemónico? Occidente optará por la guerra Abandonar las ideologías hegemónicas y desarrollar, una vez más, sistemas que gestionen intereses de seguridad contrapuestos no es fácil. La nueva clase política surgió en las últimas décadas desde la convicción de que desempeñaba un papel único en la historia: era responsable de la transición de un mundo antes caótico a otro más benigno, justo y estable. En una nueva y virtuosa misión civilizadora, Occidente dominaría a perpetuidad, y ello redundaría en beneficio de toda la humanidad. En cambio, se encuentra presidiendo una era que pone fin a 500 años de dominio occidental. En un entorno así, los fundamentalistas ideológicos de Occidente se negarán a debatir la adaptación a la nueva distribución internacional del poder. Desde luego, no abordarán las preocupaciones en materia de seguridad de los Estados rivales, algo que se percibe como una traición a los valores universales. En cambio, vemos cómo los halcones militantes ganan terreno rápidamente si logran promover la ilusión de que una gran guerra puede restaurar la época dorada. A medida que Occidente se prepara para una guerra perpetua con la promesa de traer una paz perpetua, se sacrificarán las normas que legitimaban a la potencia hegemónica. La libertad de expresión, la libertad de navegación, las normas del sistema financiero internacional, el comercio internacional y otras normas que garantizaban un mundo abierto y conectado están siendo arrasadas. Lo que antes eran principios sagrados se abandonan con el apoyo de grupos yihadistas y fascistas, llegando incluso a hacer aceptable el genocidio. La diplomacia se tacha de «apaciguamiento» e incluso el miedo a la guerra nuclear se descarta con ligereza como una capitulación ante el chantaje nuclear. Al rechazar un sistema que busca el orden y la paz gestionando intereses de seguridad contrapuestos, Occidente ha optado por la guerra para restaurar su inalcanzable paz hegemónica. (Publicado en: The West on the Path to World War – Glenn Diesen’s Substack ) Fuente: https://rafaelpoch.com/2026/08/21/occidente-encarado-hacia-la-guerra-mundial/#more-2674

Hamás no debe ceder en las negociaciones lo que Israel no logró en el campo de batalla

Recomiendo: Hamás no debe ceder en las negociaciones lo que Israel no logró en el campo de batalla Por Sami Al-Arian | 01/09/2026 | Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Voces del Mundo [Foto: dos miembros de Hamás aseguran la zona mientras funcionarios de la Cruz Roja buscan los restos del último prisionero israelí en el barrio de Zeitoun, ciudad de Gaza, en diciembre de 2025 (Omar al-Qattaa/AFP)] Algunos momentos en la historia de los movimientos de liberación exigen valentía para actuar; otros, igual valentía para esperar. La Operación Inundación de Al-Aqsa, el 7 de octubre de 2023, fue una decisión audaz que destrozó las suposiciones que habían regido la cuestión palestina durante años. Volvió a situar a Palestina en el centro de la política mundial, expuso la ilusión de que podía ser controlada o eludida, y confrontó a Israel y a sus aliados occidentales con un conflicto que se habían convencido de que podía contenerse indefinidamente. Nada de lo que siguió justifica transferir la responsabilidad de la destrucción de Gaza de quienes la destruyeron a quienes se resistieron. La responsabilidad de la devastación de Gaza, la matanza de sus civiles y la destrucción de sus hogares, hospitales, universidades y colegios recae en quienes la llevaron a cabo. Las críticas a la estrategia palestina no deben convertirse nunca en un mecanismo para exculpar a los responsables y a quienes los apoyan. La magnitud de ese sacrificio exige un análisis más riguroso de cómo se está gestionando políticamente. Hamas se enfrenta hoy quizá a la transición más difícil de su historia. El movimiento que entró en la «Inundación de Al-Aqsa» como organización de resistencia armada se enfrenta ahora a una enorme presión para salir de la guerra desarmado, apartado del gobierno de Gaza, integrado en un sistema político palestino reconstruido y dependiente de acuerdos diseñados principalmente por EE. UU. e Israel con el apoyo tácito de los mediadores regionales. La flexibilidad táctica es indispensable para cualquier movimiento de resistencia, pero debe estar al servicio de una estrategia coherente, en lugar de ir desplazándola gradualmente. Hay cuatro acontecimientos que deberían preocupar a cualquiera que crea que la resistencia debe preservar su independencia: la trayectoria política señalada por el documento de Hamás de 2017, la gestión de las negociaciones de posguerra, la creciente presión para el desarme y el reacercamiento del movimiento a sus antiguos rivales alineados con Fatah. Una apuesta política El «Documento de Principios y Políticas Generales» de Hamás de 2017, publicado mucho antes de la «Inundación de Al-Aqsa», se interpretó ampliamente como un intento de mostrar al mundo una imagen más pragmática. En él se aceptaba un Estado palestino soberano dentro de las fronteras del 4 de junio de 1967 como fórmula de consenso nacional, al tiempo que se rechazaba reconocer la legitimidad del Estado sionista y se mantenía el derecho a la resistencia. Esta postura tenía una larga tradición. Ya en 2009, Jaled Meshaal, entonces jefe de la oficina política de Hamás, declaró al New York Times que su grupo «había aceptado un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967, incluida Jerusalén Este, el desmantelamiento de los asentamientos y el derecho al retorno de los refugiados palestinos sobre la base de una tregua a largo plazo». El documento representaba una apuesta política: que la moderación rompería el aislamiento del movimiento y abriría puertas en Europa y más allá. Varias figuras europeas debatieron si esto justificaba el diálogo. El ex primer ministro británico Tony Blair, tras dejar su cargo como enviado del Cuarteto para Oriente Medio —que incluía a EE. UU., la UE, la ONU y Rusia—, cortejó a los dirigentes de Hamás y más tarde reconoció que el boicot impuesto tras la victoria del movimiento en las elecciones de 2006 había sido un error. Sin embargo, la apertura política más amplia nunca llegó. Ahí radica la lección: un movimiento de liberación debe distinguir entre la flexibilidad a cambio de beneficios políticos concretos y las concesiones ofrecidas con la esperanza de obtener la aceptación occidental. El verdadero peligro es un proceso en el que cada concesión se convierte en el punto de partida para la siguiente. Fatah ya recorrió ese camino hace décadas, presentando cada concesión como la puerta de entrada al siguiente avance diplomático: el reconocimiento debía generar reciprocidad, la negociación conducir a la creación de un Estado y la cooperación en materia de seguridad fomentar la confianza, mientras se suponía que el propio acuerdo de Oslo era transitorio. En cambio, lo transitorio se convirtió en permanente a medida que los asentamientos se expandían, la ocupación se intensificaba y la soberanía se reducía, dejando a Fatah hoy en día como una sombra de lo que fue. Hamás debería estudiar esa experiencia y negarse rotundamente a ceder jamás una posición estratégica a cambio de una promesa de reciprocidad futura. La aprobación occidental no debe ser un objetivo nacional palestino. Influencia desperdiciada La segunda preocupación es más inmediata. Las negociaciones son una contienda de intereses que se libra mediante el poder de negociación; sin embargo, desde que la guerra entró en su fase diplomática, Hamás se ha mostrado repetidamente dispuesto a renunciar a su influencia antes de asegurarse beneficios recíprocos y exigibles. La liberación del soldado israelo-estadounidense Edan Alexander en mayo de 2025 se presentó como un gesto de buena voluntad destinado a reabrir el espacio diplomático, pero la buena voluntad solo tiene valor en una negociación cuando la otra parte la trata como algo a lo que hay que corresponder. La prueba más importante llegó con la iniciativa de Gaza del presidente estadounidense Donald Trump en septiembre de 2025. En su respuesta inicial, Hamás accedió a liberar a los cautivos israelíes, vivos y muertos, en el marco de la fórmula de intercambio, y aceptó la transferencia de la administración de Gaza a un órgano tecnocrático palestino independiente. Sin embargo, en lo que respecta al futuro general de Gaza y a los derechos fundamentales de los palestinos, insistió en que esas cuestiones debían enmarcarse en un contexto nacional global. Yo había defendido precisamente este enfoque días antes de que el movimiento emitiera su respuesta el 3 de octubre de 2025. Una vez intercambiados los rehenes y cumplido ese compromiso, Hamás debería haber considerado la posibilidad de dar un paso atrás en las negociaciones directas sobre las cuestiones de mayor alcance, ya que los líderes de la resistencia no tienen por qué llevar a cabo todas las negociaciones por sí mismos. Podría haber confiado las negociaciones a negociadores palestinos independientes y experimentados, versados en derecho internacional, diplomacia, política estadounidense, prácticas de negociación israelíes, cartografía y acuerdos de seguridad, mientras que ellos mismos definían los objetivos y las líneas rojas. Una de las tragedias de la experiencia negociadora palestina desde la década de 1980 ha sido la repetida confusión entre la legitimidad revolucionaria y la competencia negociadora, lo que constituyó uno de los errores más costosos de Fatah bajo el liderazgo de Yasser Arafat. El historial de Oslo pone de manifiesto esta asimetría. Israel contó con equipos especializados, generales en activo y el veterano abogado del Ministerio de Asuntos Exteriores Joel Singer; como el propio Mahmud Abás reconoció más tarde, los palestinos negociaban frente a «una delegación experimentada y capaz» sin disponer de una experiencia comparable por su parte. La negociación es una profesión, y reconocer que a un movimiento le falta esa capacidad cuesta mucho menos que fingir lo contrario. Los vietnamitas lo entendieron bien. A lo largo de las largas conversaciones de París, Hanói trató la diplomacia como un instrumento más dentro de una estrategia política y militar más amplia: el Politburó fijaba los objetivos y las concesiones admisibles, mientras que negociadores veteranos como Le Duc Tho llevaban a cabo las negociaciones. Cuando las negociaciones iban más allá de las posiciones que los dirigentes estaban dispuestos a aceptar, se ordenaba a los negociadores que volvieran al acuerdo anterior como base para el acuerdo. El arte consistía en saber qué se podía negociar, qué había que preservar y cuándo el compromiso servía al objetivo general. Más allá de las armas Estas cuestiones se han vuelto urgentes porque Hamás ha pasado de debatir sobre la gobernanza a barajar fórmulas relativas a sus armas. Las propuestas recientes prevén que se almacenen o se transfieran como parte de un acuerdo de desmilitarización vinculado a la retirada israelí, un enfoque que Israel ha rechazado al insistir en que primero se produzca un desarme completo. ¿De verdad se espera que los palestinos entreguen sus armas mientras los tanques siguen en la frontera? El patrón resulta familiar al de los años de Oslo: una concesión palestina pasa a formar parte del historial diplomático, Israel rechaza el acuerdo por considerarlo insuficiente y la siguiente negociación parte de esa concesión en lugar de partir de la posición que la precedió. La recompensa por una concesión no correspondida suele ser otra exigencia. El desarme afecta, por tanto, a la identidad y al propósito estratégico del propio movimiento. La moderación puede ser en sí misma una forma de resistencia, y Hamás no tiene por qué volver a gobernar Gaza: renunciar a la administración directa podría incluso liberar al movimiento de la contradicción entre gobernar a una población sitiada y funcionar como organización de resistencia. Dejar el gobierno y abandonar la resistencia son propuestas totalmente diferentes. El mayor peligro es que un movimiento agotado por la guerra y sometido a una presión extraordinaria por parte de los mediadores y las potencias internacionales pueda transformarse, de forma gradual, en una mera facción palestina más que busca un lugar en un orden electoral cuyos parámetros han diseñado otros. La transformación de Fatah se produjo exactamente de esa manera. Una concesión se justificó por razones tácticas, otra fue necesaria para preservar el proceso político y otra se exigió para demostrar seriedad, hasta que una organización creada para liberar Palestina se convirtió en el componente gobernante de una autoridad que opera bajo la ocupación. El acercamiento del movimiento a sus antiguos rivales en la esfera de influencia de Fatah forma parte del mismo conjunto de preocupaciones. En agosto, Hamás se reunió con responsables del Bloque de Reforma Democrática del antiguo jefe de seguridad de Gaza, Mohammed Dahlan, en unos contactos que un responsable de Hamás confirmó a Al Jazeera, antes de las elecciones legislativas palestinas previstas para noviembre. Semanas antes, un alto asesor había afirmado que Dahlan intervino en las negociaciones sobre el desarme a través de contactos directos con el yerno del presidente de EE. UU., Jared Kushner. Las circunstancias políticas cambian y antiguos adversarios se reúnen. Sin embargo, Hamás debería preguntarse qué propósito persiguen estos regresos y por qué las mismas potencias que ahora presionan para su desarme parecen sentirse tan cómodas con ellos. Paciencia estratégica Los defensores del rumbo actual preguntarán cuál es la alternativa, y la respuesta es la paciencia estratégica: un movimiento sometido a una presión inmensa no tiene por qué resolver todas las cuestiones de inmediato. Hamás puede cumplir los acuerdos limitados que ha suscrito, al tiempo que se niega a negociar cuestiones que pertenecen al pueblo palestino en su conjunto, aprovechando el tiempo que transcurra para reorganizarse mientras se aclara el panorama. La región ha cambiado desde 2023 de formas cuyas consecuencias aún se están desarrollando. Un número cada vez mayor de analistas sostiene que el enfrentamiento entre Irán, Israel y EE. UU. podría dejar a Teherán en una posición estratégicamente más fuerte de lo que muchos esperaban. Washington y Tel Aviv, por su parte, han gastado un enorme capital militar, político y diplomático. La propia Gaza sigue bajo un frágil alto el fuego, sin que se haya resuelto la secuencia de la retirada y el desarme israelíes. ¿Por qué debería Hamás negociar como si el equilibrio de poder actual fuera permanente? Las elecciones son un instrumento legítimo de representación popular, y las instituciones palestinas necesitan urgentemente una renovación tras años de estancamiento y de erosión de la legitimidad democrática. Participar en ellas es una cosa; permitir que redefinan la relación del movimiento con la resistencia es otra muy distinta. Hamás debe dejar claro cuáles considera ahora sus constantes estratégicas y cómo encajan en ellas las formas de resistencia armadas, populares, políticas, legales y diplomáticas. Estas cuestiones no pueden resolverse mediante acuerdos fragmentarios negociados bajo presión. Hay un momento para luchar, un momento para negociar y un momento simplemente para mantener la propia posición, lo que a veces no es más que la negativa a hacer concesiones irreversibles bajo una presión temporal. La «Inundación de Al-Aqsa» supuso un coste humano casi inimaginable para Gaza, y ese coste nunca debe utilizarse para deslegitimar la resistencia palestina ni para desviar la responsabilidad de quienes devastaron la Franja. La magnitud del sacrificio palestino tampoco exime a los líderes palestinos de su responsabilidad estratégica: un movimiento de resistencia debe proteger el valor político de los sacrificios realizados en nombre de su causa. Hamás puede abandonar el Gobierno de Gaza, presentarse a las elecciones en las condiciones adecuadas y negociar cuando las circunstancias lo requieran, sin permitir que las concesiones tácticas realizadas bajo una presión extraordinaria redefinan sus principios. Cuando su propia capacidad de negociación sea insuficiente, debería tener la confianza necesaria para confiar la negociación a profesionales, conservando al mismo tiempo la autoridad para establecer las líneas rojas. El peligro más grave al que se enfrenta Hamás ahora se encuentra más allá del campo de batalla. Tras haber sobrevivido a una de las guerras más destructivas de la historia moderna, podría ir cediendo poco a poco en la mesa de negociaciones lo que sus adversarios no lograron por la fuerza. Lo que Israel no pudo acabar mediante el poderío militar y el genocidio no debería cederse a través de la letra pequeña de un acuerdo urdido en Washington. Sami Al-Arian es el director del Centro para el Islam y Asuntos Globales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul. Originario de Palestina, vivió en Estados Unidos durante cuatro décadas (1975-2015), donde fue académico titular, destacado orador y activista de derechos humanos antes de trasladarse a Turquía. Es autor de varios estudios y libros. Pueden ponerse en contacto con él en: nolandsman1948@gmail.com. Texto en inglés:Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández. Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/08/29/hamas-no-debe-ceder-en-las-negociaciones-lo-que-israel-no-logro-en-el-campo-de-batalla/