miércoles, 5 de agosto de 2026

Irán desmiente a EEUU sobre negociaciones y deja a Washington en 'fuera de juego'

- Sputnik Mundo, Ajedrez de Geopolítica, Conduce Javier Benítez. 'Vamos al VAR': Irán desmiente a EEUU sobre negociaciones y deja a Washington en 'fuera de juego' El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Esmaíl Bagaí, afirmó que las declaraciones del presidente de EEUU, Donald Trump, sobre las negociaciones entre Teherán y Washington son falsas. Subrayó que su país solo está conversando con Omán acerca de la cuestión de garantizar la navegación segura en el estrecho de Ormuz. Golpe sobre la mesa Trump anunció días pasados que EEUU e Irán comenzarían las negociaciones para un acuerdo de paz el 3 de agosto. En su cuenta de su red social Truth Social destacó que había aceptado cancelar un ataque contra Irán para poder llegar a un acuerdo. "EEUU está preparado para atacar a la República Islámica de Irán con un nivel de terror militar, fuerza y poderío no visto desde la Segunda Guerra Mundial. A pesar de ello, Irán y otros países de Oriente Medio nos han pedido que detengamos cualquier ataque, dado que se han acordado los términos de un acuerdo. Este acuerdo incluiría la apertura inmediata, completa y total del estrecho de Ormuz y el fin de la amenaza nuclear iraní. En respuesta a esta solicitud, he accedido, por el bien del mundo y, asimismo, por la supervivencia de un Irán próspero, a cancelar el ataque, siempre y cuando se pueda concretar rápidamente un acuerdo. Israel se une a este compromiso. ¡Manos a la obra!, ¡Gracias por su atención! Presidente Donald J. Trump", escribió el mandatario norteamericano. Entonces, Bagaí lo desmintió categóricamente. "En este momento, no estamos entablando conversaciones con EEUU. Se están llevando a cabo negociaciones con Omán para alcanzar un acuerdo sobre una ruta que garantice la navegación segura a través del estrecho de Ormuz", le respondió el diplomático persa. Para el analista internacional Eduardo Luque, EEUU ha perdido el contacto con la realidad. "Se atribuye cosas que no se corresponden en forma alguna con lo que está ocurriendo. La realidad es otra. Las negociaciones [de Irán] con Omán se están produciendo desde hace bastante tiempo en el sentido de que el corredor omaní y el iraní controlan todo el estrecho de Ormuz", destaca el experto.

martes, 4 de agosto de 2026

Cuando los titulares desaparecen, el mundo guarda silencio sobre Gaza

Avanzada Recomiendo: 4 Cuando los titulares desaparecen, el mundo guarda silencio sobre Gaza Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someone Por Vijay Prashad | 04/08/2026 | Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Instituto Tricontinental - Imagen: Laila Shawa (Palestina), Target (Blanco de ataque), 2013. Queridas amigas y amigos, Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Algunas catástrofes desaparecen porque llegan a su fin. Otras desaparecen porque se prolongan tanto tiempo que el mundo se acostumbra a ellas. Dejan de interrumpir la programación televisiva y los reels de Instagram, así como también dejan de ocupar las portadas de los periódicos. Los mercados financieros retoman sus cálculos habituales, la maquinaria cotidiana de la vida política y económica recupera su ritmo familiar, y se les pide a los diplomáticos que guarden sus carpetas de informes sobre ese tema cansador, pero doloroso. No obstante, la catástrofe permanece intacta: el genocidio del pueblo palestino en Gaza perpetrado por Estados Unidos e Israel no ha desaparecido debido a una nueva paz, sino porque la permanencia del genocidio lo convierte en una noticia que ya no vende. Hubo un tiempo en que cada explosión en Gaza aparecía al instante en mi celular: imágenes horribles de niñxs rescatadxs de entre los escombros. Personal médico tratando de atender a pacientes mientras el propio hospital era bombardeado. Familias gritando de dolor mientras las bombas israelíes arrasaban con linajes palestinos enteros. Los ataques de Israel continúan mientras las familias huyen de un refugio temporal a otro y lxs niñxs buscan, entre los escombros de concreto, fragmentos de las vidas que alguna vez conocieron. Pero la atención del mundo se ha desplazado hacia otra parte, a medida que el genocidio se ha convertido en rutina. Nos hemos vuelto cómodamente insensibles. La magnitud de la muerte y la destrucción es imposible de comprender. El Ministerio de Salud palestino informó que, desde octubre de 2023, la violencia israelí ha asesinado al menos a 73.221 palestinos (la mitad de ellos, mujeres e infancias) y ha dejado 173.654 personas heridas. Hasta febrero de 2026, al menos21.289 niñas y niños habían sido asesinados y 44.500 heridos en Gaza. Incluso después de que el supuesto alto el fuego entrara en vigor el 11 de octubre de 2025, la violencia israelí ha asesinado a 1.100 palestinxs, entre ellos al menos 260 niñxs, y ha herido a otros 3.546. Esto significa que, en promedio, lxs israelíes han asesinado a cuatro palestinxs por día desde entonces. Hay momentos en la historia en que las palabras pierden su sentido. No porque se reescriban los diccionarios, ni porque el lenguaje mismo cambie, sino porque el poder político vacía las palabras de las realidades que alguna vez describieron. La palabra “alto el fuego” ha adquirido, cada vez más, esa cualidad desoladora cuando la usan funcionarios israelíes y estadounidenses. Lo que alguna vez se entendió como la suspensión de la violencia, el silenciamiento de las armas y la creación de un espacio político para la paz se ha convertido por completo en otra cosa: un término administrativo para la prolongación del bombardeo, el desplazamiento, el asedio y el control militar en nombre de la paz. Las estadísticas intentan cuantificar la horrible destrucción, pero los números no pueden capturar la ausencia. Detrás de cada número hay una familia con una historia rota y un niño o niña que siempre recordará un hogar que ya no existe o, en muchos casos, un linaje familiar entero borrado. Estas cifras son ya bastante espantosas por sí solas, como se refleja en los informes del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA por su sigla en inglés). Para ellos una donación está pendiente. Cada informe de la ONU se lee menos como un boletín de emergencia y más como un archivo de catástrofe permanente. ¿Qué sentido tiene la indignación cuando no parece acarrear ningún costo político por la violación total del derecho internacional por parte de Israel? Más allá de las ruinas de Gaza, el mapa de Palestina continúa reescribiéndose en la Cisjordania ocupada y Jerusalén Este. No pasa un día sin informes de confiscaciones de tierras y expansión de colonias, demoliciones de viviendas palestinas y ataques violentos por parte de colonos, y la fragmentación constante del territorio palestino. Ir Amim (Ciudad de los Pueblos), una organización de defensa pública y jurídica de Jerusalén, informó que las autoridades de planificación israelíes votaron a favor de demoler 800 viviendas del barrio palestino de Umm Lison, en Jerusalén Este ocupada, y construir 450 viviendas para colonos ilegales, como parte de una políticamás amplia de expulsión y anexión. Mientras Gaza es devastada por una fuerza militar abrumadora, Jerusalén Este y Cisjordania están siendo transformadas mediante la anexión burocrática, pretextos legalistas, asentamientos permanentes y la brutalidad infligida a la población palestina a través de la detención administrativa y la demolición de viviendas. Estos ataques contra el Territorio Palestino Ocupado son expresiones de un mismo proyecto: el genocidio del pueblo palestino y el despojo de sus tierras en nombre de la construcción de un supuesto “Gran Israel”. Mientras grupos como Ir Amim continúan documentando, meticulosamente, la expansión de colonias y el despojo, la decadencia moral en la sociedad israelí se ha propagado con una nueva intensidad. En 2014, la columnista de Haaretz Carolina Landsmann escribió con claridad que el régimen militar israelí sobre el pueblo palestino no es un mecanismo oculto operado únicamente por el ejército, sino “el proyecto más grande y visible, con una participación más amplia que cualquier otra iniciativa en Israel”. En otras palabras, la ocupación se sostiene no solo por su presencia militar, sino también por las instituciones, los recursos, los hábitos y la participación cotidiana de la propia sociedad israelí. Más de una década después, Landsmann volvió sobre la cuestión de la transformación interna de la sociedad israelí, al sostener, en una columna del 10 de julio de 2026, que el lenguaje de la identidad “israelí” ha sido desplazado, cada vez más, por la identidad “sionista” y, por lo tanto, por una identidad sionista-militar. Si bien la identidad israelí ha estado ligada al sionismo desde su origen, este giro es significativo porque indica que incluso la posibilidad limitada de una identidad cívica, una que no estuviera organizada enteramente en torno a la ocupación, la militarización y la supremacía judía, ha sido empujada aún más fuera de la vista. Las consecuencias psicológicas de este orden social son visibles dentro de la sociedad israelí. Como mostró un informe reciente del Centro Israelí para las Adicciones y la Salud Mental, uno de cada cuatro israelíes ha recurrido a drogas duras para hacer frente a la tensión psicosocial producida por esta sociedad sionista-militar y su genocidio contra el pueblo palestino. Estos datos nunca deben usarse para crear una falsa equivalencia entre quienes ocupan y quienes son ocupados, ni deben distraer de la devastación incomparable infligida a lxs palestinxs. Sin embargo, revelan algo importante: una sociedad organizada en torno a la militarización permanente no puede permanecer indemne ante la violencia que ella misma inflige. El miedo, el trauma, la adicción, el daño moral y el aislamiento se han entretejido en la vida cotidiana en Israel. Mis amigas y amigos de Palestina en Gaza, mientras tanto, me cuentan que ya han sobrevivido bombardeos antes y que están seguros de que podrán reconstruir sus hogares. Lo que resulta más difícil de reconstruir, dicen, es la confianza del pueblo palestino en su vida política colectiva y la esperanza de que esta conduzca a un futuro mejor. La educación interrumpida, las enfermedades sin tratar, el desplazamiento repetido, el hambre generalizada y la pérdida de redes familiares dejan cicatrices que se extienden mucho más allá de los muros de concreto. Lo mismo ocurre con la violencia psicológica infligida sobre los niños y niñas de Gaza, casi todos los cuales, según estimaciones de la UNICEF, necesitarán apoyo en salud mental y psicosocial durante décadas. Los edificios pueden reconstruirse, pero el pueblo de Gaza necesita la reconstrucción no solo del lugar, sino del propio tiempo histórico: el tiempo necesario para aprender, sanar, hacer duelo, organizarse e imaginar un futuro. Para recuperar ese futuro, también tendrán que reconstruir la confianza y los instrumentos políticos mediante los cuales la esperanza colectiva se convierta en poder colectivo. En un intento por clausurar el futuro del pueblo palestino, Israel también ataca su pasado. El feroz asalto sobre Gaza, junto con la campaña continua de desplazamiento en Jerusalén Este y Cisjordania, va acompañado de la destrucción sistemática de la memoria. La violencia israelí ataca, quirúrgicamente, archivos, cementerios, fotografías familiares, galerías, bibliotecas, registros municipales, museos, hitos del barrio y teatros. La violencia contra estas instituciones busca borrar los fundamentos materiales a través de los cuales un pueblo se recuerda a sí mismo, permitiendo que la negación histórica se convierta en hecho consumado. Están las personas muertas y heridas, pero también está la terrible violencia infligida sobre la conciencia palestina. Quizás esta sea una de las razones por las que la conversación internacional sobre Gaza se ha vuelto más silenciosa. No porque la violencia haya disminuido en absoluto, sino porque sus implicaciones son demasiado terribles para que el mundo las enfrente con honestidad. Enfrentar esta violencia significa reconocer el colapso absoluto de un orden moral que todavía dice hablar en el lenguaje de los derechos humanos. Significaría formular preguntas incómodas sobre la venta y transferencia de armas, la protección diplomática, la censura mediática, las alianzas militares y el valor desigual asignado a diferentes vidas humanas. Debido a esa incomodidad, algunos nombres desaparecen antes de que sus tumbas se hayan asentado, mientras otros quedan grabados en la memoria pública. La destrucción cae en el olvido antes de que llegue a perturbar las conversaciones en las cenas, ahogada por el sonido de los cubiertos abriéndose paso entre los mejores cortes de carne. Las y los escritores y artistas no pueden despejar los escombros con la eficiencia de equipos de rescate entrenados, ni liderar la reconstrucción de hospitales y escuelas. Pero sí podemos negarnos al silencio e insistir en que la historia se mide no solo por tratados y campañas militares, sino también por las canciones de cuna interrumpidas, los poemas dejados sin terminar y las voces que continúan cantando entre las ruinas. El Instituto Tricontinental de Investigación Social ha sido muy claro, desde nuestra fundación hace una década, en que la violencia sistemática infligida sobre el pueblo palestino y la amnesia sobre esa violencia son inaceptables, y que nunca permitiremos que el olvido se vuelva normal. Ver el nuevo video musical de nuestros amigos Roger Waters y la aclamada cantante palestina Mona Miari nos recuerda esta negativa. Su canción Comfortably Numb Re-imagined [“Cómodamente anestesiado” reimaginada] no pretende que la música pueda superar la catástrofe, sino que se propone una tarea más discreta: impedir que el sufrimiento de Gaza se vuelva ordinario. En un mundo que está siendo entrenado para mirar hacia otro lado, su canción nos pide seguir mirando e insistir en el recuerdo como base de la lucha por un mundo mejor. Toda formación imperialista busca no solo la obediencia, sino también el olvido. Comfortably Numb Re-imagined, cuyas ganancias se destinan al Palestine Children’s Relief Fund[Fondo de Ayuda a los Niños de Palestina], ofrece la persistencia frágil, pero indispensable, de la solidaridad humana y una negativa a dejar que las historias de las víctimas desaparezcan de nuestra imaginación moral. En el centro de la canción está Hind’s Lullaby [El arrullo de Hind], un segmento escrito por Mona Miari en honor a Hind Rajab, una niña palestina de seis años asesinada en Gaza mientras suplicaba que los rescatistas llegaran hasta ella. El arrullo convierte ese recuerdo insoportable en una promesa de liberación: أسمع صوت ملاكٍ يناديني باسمي أحرار باقين أحرار.. باقيين لو من الأرض للسما.. طالعين لابد ان تتحرّر فلسطين Escucho la voz de un ángel que me llama por mi nombre Libres… y persistentes Libres… y persistentes Si desde la tierra al cielo…ascendemos Palestina debe liberarse Cordialmente, Vijay Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/silencio-sobre-gaza/

lunes, 3 de agosto de 2026

¿Trump peso muerto?

Recomiendo: ¿Trump peso muerto? Por Luis Linares Zapata | 01/08/2026 | EE.UU. Fuentes: La Jornada - Imagen: Según las encuestas alrededor de un 60% de estadounidenses se opone a la guerra de Estados Unidos contra Irán. Aun en el tiempo de sus horas altas, D. Trump no llegó a ser considerado un presidente de prestigio, ni tampoco eficaz, al frente del gobierno estadounidense. Menos aún como el líder internacional, «envidiable» entre los muchos del mundo. Aunque, ciertamente, prevaleció un fundado temor a sus exigencias y amenazas arancelarias. Tan pronto como se introdujo en la Casa Blanca empezaron a fluir, con desorden notable, sus aires de gran mandatario que nunca ha sido. Él se ve a la altura de héroes consagrados, G. Washington o F. Roosevelt como ejemplos. Lo que sí apareció fue el inestable disruptor del orden establecido. No para modificarlo, en bien de la comunidad mundial y de su mismo país, sino para ser visto, y sobre todo apreciado, como un personaje descentrado, caprichoso y gandalla. Andando los días de su gestión aparecieron, en sucesión inevitable, una densa colección de sus defectos como persona y político. La imagen pública, encuestada, lo muestra en pronunciado descenso en su aceptación ciudadana. A tal punto, que apenas logra conservar puntuaciones cercanas a 30 por ciento. Los juicios que recibe entre sus conciudadanos no son los que su mismo aprecio personal pudiera desear. La coalición –MAGA– que lo llevó a la presidencia, padece tensiones internas debido a sus inestables decisiones, deshonestidades y afrentas. La aureola que creyó continua y duradera, como resultado de la reciente captura del venezolano Nicolás Maduro, se esfumó tan pronto como llegó prisionero. La veloz extracción, sin baja alguna de sus enviados, la presumió y, todavía la usa, para amenazar a otras naciones, Cuba, como insignia de su gran poder. El respeto que podría recabar, entre la comunidad internacional, se reduce a un grupo de mandatarios de poca o ninguna monta. (66 de ellos) Noboa en Ecuador o los de Honduras, El Salvador y similares, incluyendo a J. Milei de una Argentina angustiada y revuelta. Habrá que asentar, en su favor, los enormes ingresos derivados de los aranceles sin inflación significativa paralela. Hay, también, un flujo de inversiones que vuelven a instalarse en su territorio. Pero el gran contraste que padece, continuamente, se refiere a la figura del chino Xi Jinping. Verlos juntos permite apreciar mejor la crudeza del contraste. La aureola de poder proyectado no le favorece del todo a pesar de presidir la potencia que fue y sigue siendo. Sus acciones y omisiones han logrado que, delante de sus pretensiones, se erija un verdadero contrabalance opositor. Los BRICS +, ahora son ese grupo de naciones que reclaman buena parte de la riqueza del mundo. Y, por si fuera poco, la sólida unión y acuerdos que han logrado tanto Rusia como China, alargan una sombra militar de inmenso alcance actual. Todo esto se ha consolidado en relativamente poco tiempo. Mucho de lo cual se debe a los temores y trampas, continuas amenazas esparcidas sin cesar. La cotidiana colección de aranceles, impuestos a diestra y siniestra, no se detiene ante consideración alguna entre razones que la misma ley rebate. Los anuncia y cancela o reduce sin cesar, logrando desconcierto hasta para los propios encargados de administrarlos. No son pocos los que han sido rechazados por jueces, magistrados o legisladores. Todo este desbarajuste disminuye su muy reducido catálogo de logros. La cercanía de las elecciones de medio tiempo es, sin duda, una pesadilla para Trump y para muchos de sus correligionarios republicanos. Para el resto del mundo, una acariciada esperanza y oportunidad. Varios de sus militantes padecen creciente nerviosismo ante la posibilidad de perder sus curules, alcaldías o gubernaturas. De materializarse el ya notorio conjunto de pérdidas supuestas, Trump quedará mermado en sus facultades para decidir tal y como lo ha hecho hasta este día. Pero algo de lo descrito palidece si se sitúa frente a dos consideraciones de validez (tragedias) humana. La complicidad real con Israel en el genocidio palestino y la feroz acometida contra Cuba que, para un creciente número de observadores, raya en otro efectivo genocidio. La ciudadanía estadunidense transita, de una fingida ignorancia a indiferencia ilegítima, acerca de esta doble culpabilidad social y de valores. Finalmente, su reclamada corona de vencedor ha quedado mancillada por la inconclusa guerra contra Irán que, para no pocos observadores, ha perdido. El ataque combinado con Israel los ha llevado a infligir, al mundo, elevados costos de energía, no previstos, al bloquear el estrecho de Ormuz. Los objetivos planteados por la invasión conjunta no se cumplieron. Las negociaciones son lastradas por la adicional vulnerabilidad de otro vital estrecho, afectado por los hutíes, aliados de Irán. Todo un problema, de magnitud considerable que hoy es el constante dolor de cabeza del gobierno republicano. Lanzar la repentina cruzada contra las izquierdas mundiales terminará por radicalizar las tensiones internas sin compensación ni lucro político a la vista. Fuente: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/07/29/opinion/trump-peso-muerto

Teherán no negocia con EEUU, subraya la Cancillería iraní

Mundo - Sputnik Mundo, Teherán no negocia con EEUU, subraya la Cancillería iraní Irán no mantiene actualmente negociaciones con EEUU y centra sus conversaciones con Omán en garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz, informó el portavoz de la Cancillería del país persa, Esmail Baghaei. "Nuestras negociaciones actuales son con Omán y se centran en establecer un corredor marítimo seguro en el estrecho de Ormuz. Estamos trabajando para establecer, lo antes posible y en colaboración con Omán, una ruta provisional a través de la cual podamos garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz", detalló. Mientras Washington "siga mostrando una actitud agresiva" y mantenga el bloqueo, la situación en el estrecho de Ormuz no cambiará, advirtió. Con anterioridad, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró que Estados Unidos e Irán iniciarían las negociaciones para alcanzar un acuerdo de paz el 3 de agosto. Además, el inquilino de la Casa Blanca escribió en la red social Truth Social que, con el mismo fin, aceptó cancelar el presunto potente ataque previsto contra el país persa. EEUU habría atacado una vivienda familiar en Irán con una bomba de casi una tonelada, revela una investigación Ataque ucraniano contra un buque iraní "Hay pruebas claras, entre ellas las declaraciones de Zelenski, que indican que Ucrania atacó deliberadamente un buque iraní", declaró el vocero. Añadió que Teherán tomará todas las medidas necesarias para que Kiev responda por lo que hizo. Anteriormente, Irán informó que Ucrania había llevado a cabo un ataque militar contra un buque mercante iraní. Como consecuencia del incidente, un marinero falleció y otro resultó herido.

La «Junta de Paz» ha anunciado que un organismo palestino se hará cargo de las armas de Hamás. No es lo mismo que dijo Trump

Recomiendo: La «Junta de Paz» ha anunciado que un organismo palestino se hará cargo de las armas de Hamás. No es lo mismo que dijo Trump Por Yasmine El-Sabawi | 03/08/2026 | Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Voces del Mundo El presidente de EE. UU., Donald Trump, declaró el viernes a los periodistas que será la «Junta de la Paz» la encargada de recoger las armas de Hamás a medida que el grupo comience a desarmarse, a pesar de que la propia junta había anunciado que un organismo tecnocrático palestino asumiría esa función. Los detalles son importantes porque estas declaraciones supusieron la primera oportunidad ante las cámaras que tuvo el presidente para generar confianza en el anuncio de la Junta de la Paz, una organización de la que es presidente vitalicio. «A medida que Hamás se desarme como parte de este plan, ¿quién cree que se hará cargo de las armas que poseen? ¿Pasarán a manos del nuevo Gobierno?», preguntó un periodista a Trump durante su reunión del Consejo de Ministros en la residencia presidencial de Camp David, en Maryland. «Se encargará de ello la Junta de Paz. Esta Junta de Paz ha sido increíble. Está dirigida por personas extraordinarias», respondió el presidente. Apenas unas horas antes, la Junta había comunicado en X que habría «un marco que incluye la desmilitarización total, la desradicalización y la transferencia de todas las autoridades civiles y de seguridad de Gaza al Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG, por sus siglas en inglés)». «Solo el NCAG poseerá, almacenará o controlará cualquier arma en la Franja», afirmó la Junta. Es probable que esa formulación fuera clave para garantizar que Hamás aceptara el traspaso, dado que ha dejado claro en repetidas ocasiones que solo negociará con otros palestinos, en un intento por demostrar la unidad nacional. «Esto no es más que la última manifestación de la naturaleza caótica de todo este asunto», declaró a Middle East Eye Guy Ziv, director asociado del Centro Meltzer Schwartzberg de Estudios sobre Israel de la American University. Bishara Bahbah, el palestino-estadounidense y expresidente de «Arab Americans for Trump», que pasó la mayor parte del año pasado actuando como canal de comunicación extraoficial entre Hamás y el equipo negociador de Trump antes del anuncio del alto el fuego de octubre, declaró a MEE que no cree que haya declaraciones contradictorias entre la Junta y Trump. «No es una contradicción. La Junta de Paz se encargaría de recoger las armas, es decir, el comité tecnocrático que gobernaría Gaza, y no se las van a quedar ellos mismos. Probablemente se las entregarán a alguna otra parte, muy seguramente a los egipcios», afirmó. «Y una vez que los egipcios tengan esas armas, estas habrán desaparecido. Lo que significa que Hamás no las volverá a ver jamás». El diablo está en los detalles El anuncio del jueves de que Hamás había aceptado desarmarse —algo que ya figuraba en el plan de 20 puntos de Trump del año pasado— sigue siendo más una hoja de ruta que una fase de aplicación paso a paso. Hamás afirmó el viernes que cualquier acuerdo para el «desarme completo» de las facciones palestinas en Gaza depende de que Washington e Israel cumplan los compromisos adquiridos en el acuerdo de alto el fuego del 10 de octubre. Los ataques con drones israelíes seguían produciéndose el viernes en toda Gaza, causando la muerte de al menos dos personas. Ghazi Hamad, representante de Hamás, declaró el viernes a Reuters que el grupo conservaría sus armas hasta que Israel detuviera sus ataques, permitiera la entrada de más ayuda y mercancías en Gaza y retirara sus fuerzas. Cuando se le preguntó qué garantías había dado Israel para cumplir con su parte del acuerdo, Trump afirmó el viernes que tiene «un entendimiento con Israel» y que «Israel está muy contento al respecto». «Israel nos ha ayudado y se ha portado muy bien». Michael Koplow, director de políticas del grupo de expertos Israeli Policy Forum, afirmó el X que cree que «la estrategia israelí con Trump ha consistido en decir que sí, contar con que la otra parte diga que no y achacar la culpa a la parte palestina cuando nada avance». El ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben-Gvir, sin embargo, afirmó que el Gobierno no ha aceptado absolutamente nada. «El borrador del acuerdo publicado por el ‘Consejo de Paz’ no es aceptable para Israel», escribió en hebreo. «Los asesinatos selectivos en Gaza deben continuar, hay que fomentar la emigración, Israel debe ganar», añadió. A menos de dos meses de las elecciones israelíes, el primer ministro Benjamin Netanyahu se ha mostrado decidido a no dar la impresión de ceder en ningún asunto relacionado con los palestinos. Bahbah declaró a MEE que Trump debe mantener personalmente «el pie en el acelerador» y «presionar con firmeza» a Israel para que este acuerdo se haga realidad. «Tenemos, francamente, un secretario de Estado tan proisraelí y antipalestino que está haciendo cuanto está en su mano, como no permitir que los palestinos utilicen sus pasaportes para entrar en Estados Unidos o no concederles visados», dijo Bahbah refiriéndose a Marco Rubio. «Así que, a menos que el propio presidente se convenza… de que esto es una prioridad, Israel va a encontrar una excusa tras otra». Ziv se preguntó qué papel consideraría Trump que le corresponde respecto a los palestinos y a la creación de un Estado propio, una exigencia y expectativa fundamental de casi todos los signatarios de la Junta de Paz, y en particular de las partes interesadas árabes, musulmanas y europeas. «¿Cuál es la visión que tiene su administración? En realidad, no están utilizando el discurso de los dos Estados que se ha venido empleando durante 25 años desde Bill Clinton», señaló. «¿Cómo van a cuadrar el círculo en este caso? Netanyahu no va a aceptar… un Estado palestino. Eso no va a suceder». MEE informó ya con anterioridad que el presidente de EE. UU. podría estar dispuesto a esperar y ver si Netanyahu es destituido en octubre. La reacción internacional Aunque sigue sin estar claro hasta qué punto Hamás se desarmará si el grupo sigue percibiendo una amenaza militar israelí persistente, las armas pesadas del grupo, como los morteros y los lanzacohetes, serían las primeras en desaparecer, seguidas de sus fusiles Kalashnikov. «Hamás se ha comprometido a no fabricar armas, a no introducir armas de contrabando y a no exhibir ningún tipo de símbolo militar en Gaza, y creo que no les ha resultado fácil llegar a esa conclusión, precisamente porque los israelíes han estado violando el acuerdo de alto el fuego a diario y han estado atacando a sus líderes en Gaza», declaró Bahbah a MEE. Hasta el jueves, el Ministerio de Sanidad de Gaza había identificado al menos a 73.341 palestinos muertos en Gaza desde los ataques liderados por Hamás contra el sur de Israel el 7 de octubre de 2023. Más de 1.200 de ellos murieron por disparos de francotiradores israelíes o por ataques aéreos tras el anuncio del alto el fuego del 10 de octubre por parte de Trump. Otros 174.086 palestinos han resultado heridos en total. Arabia Saudí, con la que Netanyahu está ansioso por alcanzar un acuerdo de normalización que quedó en gran medida frustrado por los ataques del 7 de octubre, calificó el viernes de «histórico» el anuncio de la Junta de Paz. «El Reino elogia el liderazgo y el firme compromiso del presidente Trump, que han sido fundamentales para alcanzar este importante hito», afirmó el Ministerio de Asuntos Exteriores saudí en un comunicado. «El Reino también destaca la importancia de la retirada total de las fuerzas israelíes de la Franja de Gaza, el despliegue de la Fuerza Internacional de Estabilización y la entrega continua y sin obstáculos de ayuda humanitaria y apoyo a la reconstrucción al pueblo palestino». Kaja Kallas, alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, calificó estos avances de «constructivos». «Tienen que encajar muchas piezas para que esto funcione. El éxito depende del compromiso pleno de todas las partes. Verificar el cumplimiento por parte de Hamás supondrá un reto importante. Israel tendría que retirarse finalmente de Gaza», escribió en X. «La UE es el mayor donante humanitario de Gaza. En julio, la UE se comprometió a aportar 900 millones de euros en proyectos de ayuda para que Gaza se recupere de la guerra». El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, que actualmente participa en la mediación de las conversaciones entre EE. UU. e Irán, declaró en X que «acoge con satisfacción» la noticia del desarme junto con la de la retirada israelí. «Los países mediadores, entre ellos Estados Unidos, Egipto, Catar y Turquía, merecen un reconocimiento especial por sus esfuerzos para lograr este avance. Bajo el valiente liderazgo del presidente Trump, esto representa un logro significativo para la Junta de Paz», escribió Sharif. «Pakistán también espera que estos esfuerzos conduzcan a la consecución del derecho a la autodeterminación del pueblo palestino». Canadá —al que Trump retiró la invitación para formar parte de la Junta de Paz cuando criticó la estructura de composición de la misma— calificó el anuncio sobre el desarme de «un paso importante». «Como uno de los mayores donantes para la crisis humanitaria en Gaza y Cisjordania, Canadá está dispuesto a contribuir a este esfuerzo», declaró el primer ministro Mark Carney el día X. «Seguimos comprometidos con una resolución justa y duradera del conflicto entre Israel y Palestina, basada en una solución negociada de dos Estados en la que los pueblos israelí y palestino puedan vivir en paz, seguridad y dignidad». Yasmine El-Sabawi es reportera y productora de campo. Ha cubierto la política interna y exterior de Estados Unidos durante las administraciones de Obama, Trump y Biden para la Kuwait News Agency, TRT World y ahora Middle East Eye, con especial atención a la diplomacia, la democracia, el militarismo y la diáspora árabe y musulmana. Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández. Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/08/01/la-junta-de-paz-ha-anunciado-que-un-organismo-palestino-se-hara-cargo-de-las-armas-de-hamas-no-es-lo-mismo-que-dijo-trump/

domingo, 2 de agosto de 2026

El genocidio de Gaza ha convertido la cuestión palestina en el problema israelí

Recomiendo: El genocidio de Gaza ha convertido la cuestión palestina en el problema israelí Por Sami Al-Arian | 01/08/2026 | Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Voces del Mundo El genocidio en Gaza desde octubre de 2023, que ha asesinado a más de 73.000 palestinos, ha marcado un punto de inflexión histórico en la lucha palestina y en la naturaleza del conflicto con el proyecto sionista. Lo que se ha desarrollado ha ido mucho más allá de otra guerra o de otro episodio de violencia israelí; ha puesto al descubierto ante el mundo la verdadera naturaleza del proyecto sionista como una empresa colonialista de asentamientos basada en la limpieza étnica, el apartheid y la eliminación sistemática del pueblo palestino indígena. Desde su surgimiento a finales del siglo XIX, el movimiento sionista ha tratado de establecer un Estado colonialista en Palestina mediante la movilización de las potencias imperialistas occidentales y una alianza duradera con las fuerzas dominantes del sistema internacional. Mientras que el colonialismo clásico buscaba principalmente explotar a las poblaciones indígenas, el sionismo pertenece a la tradición de los movimientos coloniales de asentamiento que pretendían sustituirlas. Desde sus inicios, el movimiento fue más allá de la búsqueda del dominio político, con el objetivo de transformar el carácter demográfico, político y cultural de Palestina. El sionismo nunca fue un movimiento autóctono de Oriente Medio. Fue una solución colonial europea a lo que los propios europeos denominaban la «cuestión judía», impuesta al pueblo palestino. Durante más de un siglo, el proyecto sionista se ha sustentado en tres pilares estratégicos: el apoyo político, militar y financiero inquebrantable de Occidente; la fragmentación del entorno árabe e islámico circundante y su enredo en conflictos internos; y la creación deliberada de hechos irreversibles sobre el terreno hasta que el despojo sea aceptado como realidad política. A pesar de las inmensas ventajas políticas y militares de las que goza el régimen sionista, el pueblo palestino ha logrado, gracias a su resistencia y firmeza continuas, frustrar su objetivo central: eliminar la presencia palestina u obligarla a someterse. Desde la Nakba de 1948, los palestinos se han mantenido firmemente apegados a su tierra, su identidad y sus derechos históricos, pagando un precio extraordinario para preservar su existencia, mantener su lucha y asegurar el futuro de las generaciones venideras. Históricamente, los proyectos coloniales de asentamientos rara vez se derrumban únicamente por una derrota militar. Comienzan a desmoronarse cuando la población indígena se niega a desaparecer, cuando se derrumba la legitimidad internacional del régimen y cuando el coste interno y geopolítico de mantener la ocupación se vuelve insostenible. El colapso de Oslo El proceso de Oslo, junto con la ilusión de una paz negociada, supuso un intento de transformar la cuestión palestina de una lucha por la liberación nacional, la autodeterminación y la independencia en un proyecto para gestionar la ocupación. Más de tres décadas después, su fracaso es indiscutible. Los asentamientos israelíes se expandieron de forma espectacular, el territorio palestino se redujo de manera constante y la Autoridad Palestina se convirtió en una entidad fragmentada con una autoridad muy limitada, que opera bajo el dominio y las restricciones estructurales impuestas por la ocupación. Mientras tanto, el Estado sionista siguió creando realidades irreversibles sobre el terreno que han hecho prácticamente imposible el establecimiento de un Estado palestino independiente, incluso uno desmilitarizado, territorialmente fragmentado y privado de soberanía genuina. Los acontecimientos del 7 de octubre de 2023 destrozaron de raíz el statu quo político, alteraron la trayectoria del conflicto y pusieron al descubierto la quiebra de los supuestos que habían regido la política regional durante más de tres décadas. El genocidio que siguió supuso el fin moral y político del paradigma de Oslo y de la ilusión de que el conflicto pudiera resolverse mediante interminables negociaciones llevadas a cabo en condiciones de asimetría abrumadora. El mito de la solución de dos Estados se derrumbó finalmente bajo el peso de la realidad política. Las reivindicaciones israelíes sobre la tradición de la democracia liberal occidental y el Estado de derecho sufrieron quizá su mayor crisis de credibilidad desde la fundación del Estado. El mundo reconoció cada vez más que la cuestión nunca se redujo simplemente a una cuestión de fronteras o acuerdos de seguridad, sino que se trataba de una lucha entre un pueblo indígena que buscaba la libertad y un proyecto colonialista de asentamientos basado en la exclusión, la supremacía y la dominación permanente. El genocidio también asestó un golpe devastador a la visión de Benjamin Netanyahu de un «Nuevo Oriente Medio». Apenas unas semanas antes del 7 de octubre, se presentó ante las Naciones Unidas mostrando un mapa que, en la práctica, borraba a Palestina y presentaba a Israel como el centro indiscutible de un nuevo orden regional construido sobre la normalización, la integración económica y la hegemonía estratégica. Proyectos como el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC, por sus siglas en inglés) estaban diseñados para institucionalizar a Israel como el puente comercial y de seguridad indispensable que une Asia, el Golfo, Europa y África. Gaza echó por tierra esa visión. En lugar de inaugurar una era de hegemonía sionista indiscutible, devolvió a Palestina al centro de la política regional e internacional, frenó el impulso de la normalización y demostró que ningún orden regional puede alcanzar una legitimidad duradera mientras excluya al pueblo palestino y le niegue sus derechos inalienables. Solidaridad global El mundo fue testigo del surgimiento del mayor movimiento de solidaridad global con Palestina de la historia moderna. Millones de personas se manifestaron en capitales de Oriente y Occidente. Las universidades, los sindicatos y las organizaciones de base de la sociedad civil se convirtieron en escenarios de confrontación política y moral con el Estado sionista y sus redes globales de apoyo. Palestina volvió a convertirse en uno de los temas clave de los debates contemporáneos sobre el colonialismo, el racismo, el derecho internacional, los derechos humanos y la liberación nacional. Este movimiento difiere notablemente de las oleadas de solidaridad anteriores. Es más joven, más internacional, está menos limitado por las instituciones políticas tradicionales y, lo que es más significativo, está dispuesto a cuestionar los fundamentos ideológicos e institucionales del propio sionismo. Quizás por primera vez desde la creación de Israel, su relato oficial ya no goza de un cuasi monopolio en amplios segmentos del discurso público occidental. La importancia de Gaza va mucho más allá de Palestina. El genocidio se produjo en un momento en el que el sistema internacional ya estaba experimentando una profunda transformación. El orden unipolar que surgió tras el fin de la Guerra Fría en 1991 ha ido cediendo terreno progresivamente a un mundo cada vez más disputado y multipolar. Gaza puso de manifiesto la profunda crisis moral existente en el establishment político occidental y puso de relieve la capacidad cada vez menor de Estados Unidos y sus aliados para imponer sus relatos preferidos o traducir su abrumadora superioridad militar en una política duradera. A pesar del apoyo diplomático, militar y financiero sin precedentes de Occidente a Israel, Washington se mostró incapaz de restablecer la legitimidad internacional de Israel, aislar a la resistencia palestina o frenar la oleada de solidaridad mundial. En toda Asia, África y América Latina, así como entre la juventud y la clase trabajadora de Occidente, Palestina se ha convertido en un punto de convergencia para los movimientos que se resisten a las estructuras desiguales heredadas de la era colonial. Una nueva visión Gaza ha cambiado las preguntas que se plantea la gente. El debate ya no se limita a lo que ocurrió en Palestina, sino a cómo un orden internacional que dice defender los derechos humanos pudo permitir que tal destrucción se desarrollara a la vista de todos. La cuestión estratégica ya no es cómo reactivar un proceso de negociación que hace tiempo que quedó agotado, sino cómo formular una nueva visión para la lucha de liberación capaz de responder a las transformaciones históricas provocadas por Gaza. El conflicto nunca ha sido una disputa territorial. Es, en esencia, una lucha contra un proyecto colonialista y supremacista arraigado en el desplazamiento, la exclusión y la dominación permanente. Por lo tanto, el objetivo estratégico no puede consistir en gestionar la ocupación ni en adaptarse a ella. Debe consistir en el desmantelamiento del propio proyecto sionista racista y de las estructuras políticas, jurídicas, militares e ideológicas en las que se sustenta su dominio. Desmantelar el proyecto sionista no es una expresión de hostilidad hacia los judíos, ni supone la negación de sus derechos, ni se trata de un conflicto religioso. El sionismo no es el judaísmo, y desmantelar el proyecto sionista no significa desmantelar la vida judía en Palestina ni en ningún otro lugar. Significa desmantelar un orden político colonial construido sobre el privilegio racial, la exclusión y el despojo, del mismo modo que el desmantelamiento del apartheid sudafricano solo requirió la abolición de las estructuras que institucionalizaban la dominación racial. Las últimas décadas demuestran que, aunque el pueblo palestino sigue estando en el centro de esta lucha, no puede llevarla a buen término por sí solo. Sin embargo, sigue siendo su punta de lanza esencial. La firmeza de los palestinos en su patria, el compromiso inquebrantable de los refugiados con el derecho al retorno y la resistencia continua al desplazamiento han preservado la causa palestina a pesar de los repetidos intentos de borrarla de la historia. Un movimiento global La acción palestina en la escena mundial se ha vuelto indispensable. Hoy en día, aproximadamente la mitad de los 15,5 millones de palestinos vive fuera de la Palestina histórica. Muchos de los centros políticos, económicos, financieros, académicos y mediáticos que configuran la opinión y la política internacionales se encuentran fuera de Palestina. Nuestra tarea principal es reconstruir un movimiento de solidaridad eficaz en todo el mundo y transformarlo en una fuerza global organizada capaz de impulsar la lucha por la liberación. Este papel va mucho más allá de la ayuda humanitaria o la solidaridad simbólica. Exige un movimiento global organizado capaz de actuar simultáneamente en los ámbitos político, jurídico, económico y cultural. Los movimientos de liberación exitosos siempre han comprendido que las luchas contra el colonialismo no se ganan únicamente en el campo de batalla; se libran igualmente en las universidades, los tribunales, los parlamentos, los sindicatos y las organizaciones sindicales, las asociaciones profesionales, las instituciones culturales, los mercados financieros y el ámbito de la opinión pública. El movimiento sionista logró históricamente construir una amplia red internacional que sustentó su proyecto política, financiera, diplomática, intelectual y culturalmente durante más de un siglo. El reto para la liberación hoy en día consiste en ir más allá de la mera respuesta a estas estructuras y construir redes alternativas arraigadas en los valores universales de justicia, igualdad, libertad y autodeterminación. El objetivo es debilitar sistemáticamente las fuentes de la influencia global sionista, al tiempo que se ponen al descubierto los cimientos coloniales del propio proyecto. Esto requiere una estrategia a largo plazo. Los movimientos de liberación rara vez triunfan solo mediante la movilización espontánea. Prevalecen gracias a la construcción paciente de instituciones, la educación de las nuevas generaciones, la formación de amplias coaliciones y el mantenimiento de la disciplina estratégica a lo largo del tiempo. La organización política, más que la reacción emocional, ha distinguido históricamente a los movimientos de liberación nacional exitosos de aquellos que, en última instancia, se fracturaron o se disolvieron. La organización en favor de la liberación palestina y la desionización debe desarrollarse en múltiples niveles para comprender y cuestionar las estructuras políticas, financieras, culturales y mediáticas a través de las cuales se reproduce la influencia sionista en numerosas sociedades. Debe reforzar las campañas de boicot, desinversión y sanciones; exigir la rendición de cuentas por crímenes de guerra ante los tribunales nacionales e internacionales; ampliar la cooperación con movimientos de liberación, instituciones religiosas, universidades y organizaciones de derechos humanos; y profundizar la participación en los partidos políticos, los medios de comunicación, los centros de investigación, los campus universitarios, los sindicatos y las organizaciones sindicales, los foros culturales y las organizaciones de la sociedad civil. El derecho internacional ocupa un lugar importante dentro de esta estrategia, pero no debe confundirse con la estrategia en sí misma. Los procedimientos ante la Corte Internacional de Justicia, en particular en el caso de Sudáfrica, junto con las acciones ante la Corte Penal Internacional y otros foros judiciales, han debilitado las reivindicaciones de larga data de Israel en cuanto a su excepcionalismo y su impunidad. Sin embargo, la historia demuestra que las victorias jurídicas solo adquieren un significado duradero cuando están respaldadas por una acción política organizada y una movilización popular sostenida. Los tribunales pueden reforzar la lucha política, pero no pueden sustituirla. La presión económica es igualmente crucial: a lo largo de la historia, los sistemas coloniales se han basado tanto en la integración financiera internacional y los privilegios comerciales como en la superioridad militar. Las campañas dirigidas contra las inversiones, las cadenas de suministro, las alianzas institucionales, la complicidad empresarial y la normalización económica constituyen un componente esencial de cualquier estrategia a largo plazo destinada a desmantelar las estructuras de dominación colonial. Causa universal El movimiento de liberación palestino también debe recuperar sus dimensiones árabes, islámicas y universales. Palestina nunca ha sido meramente una preocupación de un pueblo aislado que busca la independencia nacional; ha estado íntimamente ligada al futuro de la región, a su identidad, a su independencia política y a su proyecto civilizatorio. Gaza ha demostrado una vez más que el proyecto sionista no amenaza únicamente a los palestinos. Pretende institucionalizar un orden regional basado en la supremacía militar, la dependencia política, la subordinación económica y la fragmentación permanente. Esto exige un replanteamiento fundamental del papel de la umma. Palestina no puede considerarse simplemente como una causa humanitaria que merece compasión. Sigue siendo la cuestión civilizatoria central a la que se enfrenta el mundo musulmán, ya que el proyecto sionista ha funcionado como un instrumento estratégico para preservar la fragmentación regional e impedir un desarrollo político independiente. La lucha por desmantelar las estructuras sionistas no puede, por lo tanto, separarse del proyecto más amplio de reconstruir la umma en los ámbitos político, intelectual, económico y espiritual. La liberación de Palestina y la renovación de la umma se han convertido en procesos históricos que se refuerzan mutuamente. Palestina nunca debe reducirse a una causa sectaria, étnica o estrictamente ideológica. Una de sus mayores fortalezas siempre ha sido su atractivo moral universal. Llega a todos aquellos que rechazan el colonialismo, el racismo, el apartheid y la injusticia. Por esa razón, Palestina debe seguir sirviendo como causa unificadora para las personas de conciencia, independientemente de su religión, origen étnico, nacionalidad o afiliación política. Palestina ocupa ahora un lugar similar al que ocupó Sudáfrica durante las últimas décadas del siglo XX. Se ha convertido en una de las cuestiones morales y políticas definitorias de nuestro tiempo. Al igual que Sudáfrica simbolizó en su día la lucha mundial contra el apartheid, Palestina simboliza cada vez más la lucha contemporánea contra el colonialismo de asentamientos, la dominación racial y la hegemonía imperial. La responsabilidad histórica a la que se enfrentan los palestinos y sus aliados va más allá de resistir las consecuencias inmediatas de la ocupación: consiste en participar conscientemente en el largo proceso histórico de desmantelamiento de las estructuras políticas, intelectuales e institucionales que han mantenido el proyecto sionista durante generaciones. Esta tarea tampoco recae únicamente sobre los palestinos. Palestina sigue siendo la causa central de la umma y se ha convertido también en una causa cada vez más importante para la humanidad en su conjunto. Un grupo de activistas sostiene pancartas en las que se lee «UE: Dejad de comprar lo que Israel roba» durante una manifestación celebrada en Bruselas el 17 de junio de 2026 para pedir a los líderes de la UE que prohíban los productos procedentes de los ilegales asentamientos israelíes (Nicolas Tucat/AFP) La lucha afecta al futuro de un orden internacional que afirma basarse en la justicia, la igualdad y los derechos humanos. Un mundo dispuesto a normalizar el genocidio, el apartheid y la ocupación permanente en Palestina pone, en última instancia, en peligro esos principios en todas partes. Gaza ha redefinido el conflicto de formas que van mucho más allá de las fronteras de Palestina. Lo que hace solo unos años parecía políticamente inimaginable se debate ahora abiertamente en universidades, parlamentos, instituciones internacionales, organizaciones profesionales, sindicatos, medios de comunicación y centros comunitarios. Las creencias aceptadas desde hace tiempo sobre el sionismo, la política occidental, el derecho internacional y el futuro de Palestina están siendo objeto de un replanteamiento cada vez mayor. El período que se avecina exige mucho más que simples muestras de solidaridad. Requiere una nueva visión estratégica, organización política y la paciencia disciplinada necesaria para una lucha prolongada. Todos los movimientos de liberación que han tenido éxito han combinado la resistencia inmediata con la construcción paciente de instituciones capaces de transformar los momentos de crisis en un cambio político duradero. Redefinir el conflicto Cualquier debate sobre el futuro seguirá siendo incompleto a menos que redefinamos primero el conflicto. La causa palestina abarca la lucha de un pueblo oprimido y reviste un profundo significado civilizatorio y religioso por sus lugares sagrados. Sin embargo, en su esencia subyace la naturaleza y el carácter del proyecto sionista. Hablar exclusivamente de la «cuestión palestina» ya no es suficiente. El principal reto al que se enfrenta la región es el «problema israelí»: la existencia de un Estado colonialista soberano cuya estructura política se basa en la exclusión de la población indígena y cuya supervivencia depende de la expansión territorial, el dominio militar, la fragmentación regional y el respaldo permanente de Occidente. La historia ofrece varios ejemplos de sistemas políticos que llegaron a ser reconocidos no solo como Estados, sino como problemas estructurales que amenazaban la estabilidad regional e internacional. El «problema alemán» generado por el nazismo y el militarismo en la primera mitad del siglo XX, y más tarde el rég

Qatar pidió al grupo "terrorista" Hamas que el acuerdo de desarme ponga fin al “sufrimiento” en la Franja de Gaza

Infobae Qatar pidió al grupo "terrorista"(las comillas son mias, Hamas que el acuerdo de desarme ponga fin al “sufrimiento” en la Franja de Gaza La llamada del primer ministro qatarí Mohamed bin Abdulrahman al líder de la milicia, Khalil Al-Hayya, refleja la apuesta de Doha por convertir el avance negociador en un alivio humanitario para la población en el enclave El primer ministro y titular de Exteriores de Qatar, Mohamed bin Abdulrahman, expresó el viernes en una conversación telefónica al líder del grupo terrorista Hamas, Khalil Al-Hayya, su esperanza de que el acuerdo sobre el desarme del movimiento ponga fin al sufrimiento en la Franja de Gaza. Bin Abdulrahman celebró la decisión de Hamas de “aceptar la hoja de ruta para completar la implementación de la segunda fase del acuerdo de alto el fuego en la Franja de Gaza”, según informó la cartera de Exteriores en un comunicado. El jefe de la diplomacia qatarí manifestó su deseo de que este paso contribuya “a poner fin al sufrimiento del pueblo palestino y a lograr sus aspiraciones de seguridad y estabilidad". El ministro subrayó la necesidad de que la comunidad internacional asuma sus responsabilidades y pida a Israel que cumpla con sus obligaciones en virtud del acuerdo, lo que llevaría a garantizar la culminación de la hoja de ruta y el logro de la paz y la estabilidad en Gaza. Qatar actúa como uno de los principales mediadores en el conflicto entre Israel y el grupo terrorista, especialmente en la guerra de Gaza, en coordinación con Egipto, Estados Unidos y Turquía. Por su parte, el ministerio de Exteriores de Arabia Saudita expresó su satisfacción por el anuncio del presidente estadounidense Donald Trump sobre el “histórico acuerdo relativo a la desmilitarización de la Franja de Gaza”. Arabia Saudita agradeció a Egipto, Qatar, Turquía, Estados Unidos, a la Junta de Paz y a todos los socios involucrados en los esfuerzos que permitieron avanzar hacia este acuerdo. La ONU celebró el acuerdo para el desarme de Hamas (Europa Press) La ONU celebró el acuerdo para el desarme de Hamas (Europa Press) Riad recalcó “la importancia de la retirada completa de las fuerzas israelíes de la Franja de Gaza, el despliegue de una fuerza internacional de estabilización y la garantía del flujo continuo e ininterrumpido de ayuda humanitaria y apoyo a la reconstrucción para el pueblo palestino”. Además, secretario general de la ONU, António Guterres, calificó la confirmación del acuerdo como “la única buena noticia en días recientes” en una región marcada por la guerra. “El acuerdo anunciado por el presidente de Estados Unidos para que Hamas entregue sus armas y para que Israel retire sus fuerzas de Gaza es la única buena noticia en días recientes”, afirmó Guterres. El titular de Naciones Unidas advirtió que “lo que había comenzado como un conflicto regional hace seis meses se convirtió en un motivo de inestabilidad global”. Guterres subrayó ante la prensa la necesidad de poner fin a los combates “en todos los frentes” de la región. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el viernes que la Junta de Paz creada para resolver conflictos, comenzando por el de Gaza, alcanzó un acuerdo para el “desarme total” de Hamás y otros grupos armados palestinos en el enclave, calificándolo como un paso “histórico” hacia la creación de un nuevo gobierno en la Franja. A su vez, declaró que Israel está “muy contento” con el acuerdo. “Tenemos un entendimiento con Israel. Israel está muy contento con esto. Israel nos ayudó y se ha portado muy bien”, afirmó Trump a periodistas en la residencia presidencial de Camp David. Sin embargo, más temprano, el ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, calificó como “inaceptable” el acuerdo, que prevé una retirada progresiva de Israel del territorio palestino. “Detener los combates contra el movimiento islamista palestino equivale a aceptar que Hamas prepare la próxima masacre”, escribió Ben Gvir en Telegram, aludiendo a los ataques del 7 de octubre de 2023, en los que murieron 1.221 personas. “Israel debe ganar”, añadió. Por su parte, Hamas confirmó el acuerdo para su desarme y aseguró que incluye “la obligación de Israel de retirarse de la Franja de Gaza”, luego del anuncio realizado por Trump. El negociador de Hamas, Ghazi Hamad, explicó a medios árabes que el pacto contempla “la obligación de la ocupación de retirarse de la Franja de Gaza, abrir los cruces fronterizos y cesar los asesinatos”. Hamad advirtió: “Si Israel no cumple el acuerdo, nosotros tampoco lo cumpliremos”.