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jueves, 4 de junio de 2026
Las afirmaciones israelíes sobre una «amenaza» iraní fueron siempre una mentira y ahora tenemos pruebas
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Las afirmaciones israelíes sobre una «amenaza» iraní fueron siempre una mentira y ahora tenemos pruebas
Por Jonathan Cook | 02/06/2026 | Mundo
Fuentes: Voces del Mundo [Foto: El expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad fotografiado en Teherán el 2 de junio de 2024 (Atta Kenare/AFP)]
¿Podría ser que el discurso que Israel ha mantenido durante treinta años sobre Irán —el mismo que convenció al presidente estadounidense Donald Trump para que emprendiera una guerra de agresión criminal y desastrosa— fuera siempre una ficción, una invención urdida en Tel Aviv?
Lejos de que Teherán represente un peligro existencial para Israel, como ha afirmado durante décadas el primer ministro Benjamin Netanyahu, ¿podría ser que el verdadero temor de Israel sea que un Irán más fuerte socavara su influencia única sobre Washington, amenazando su estatus como única potencia nuclear de la región —potencia sin supervisión alguna—?
¿Podría ser que gran parte del mundo se enfrentara a un colapso económico simplemente para que Israel pudiera seguir siendo el líder indiscutible de Oriente Medio, un Estado de apartheid que no rinde cuentas y que comete genocidio contra el pueblo palestino y lleva a cabo una limpieza étnica en el sur del Líbano?
La semana pasada obtuvimos una respuesta definitiva, cortesía del New York Times. Es un sí rotundo a todas estas preguntas.
El periódico informó de que Netanyahu no solo vendió mal a Trump la idea de un rápido cambio de régimen en Irán tras una breve campaña de bombardeos de «conmoción y pavor». También identificó ante la Casa Blanca quién iba a sustituir al ayatolá Alí Jamenei, líder religioso supremo de Irán.
Sorprendentemente, según el Times, Netanyahu designó para el puesto al expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad. El objetivo al inicio de la campaña aérea era que Israel eliminara a Jamenei y, a continuación, liberara a Ahmadineyad del arresto domiciliario atacando a los guardias que lo tenían recluido.
Se suponía, al parecer, que Ahmadineyad debía asaltar la ciudadela y hacerse con las llaves del palacio. Pero sólo el asesinato de Jamenei salió según lo previsto.
Se cree que Ahmadineyad, a quien, según se informa, se le había consultado previamente sobre el plan, resultó herido en el ataque israelí cerca de su domicilio. Se echó atrás, posiblemente sospechando que también le estaban tendiendo una trampa para asesinarlo, y pasó a la clandestinidad. Se desconoce su paradero actual y su estado de salud.
El hombre del saco definitivo
Ni los funcionarios estadounidenses ni los israelíes quisieron hacer comentarios al Times sobre el supuesto complot para un cambio de régimen, un plan que el periódico calificó de «audaz». Ese es el eufemismo de todos los eufemismos.
La idea de que Ahmadineyad contara con el apoyo popular, por no hablar de la autoridad religiosa y el poderío militar que lo respaldaban, para enfrentarse al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, la fuerza militar de élite de Irán responsable de proteger el régimen clerical, es una idea que no puede creerse nadie.
Que alguien en la Casa Blanca se tomara en serio este plan, por no hablar de que lo llevara a cabo, es una idea realmente asombrosa. Pero la hipótesis de que Ahmadineyad pudiera volver a tomar las riendas del poder en Irán es posiblemente la parte menos descabellada del plan.
Aunque es posible que los lectores más jóvenes no reconozcan el nombre de Ahmadineyad, todos los demás deberían hacerlo. Apareció en los titulares casi cada semana durante gran parte de sus ocho años de presidencia, que comenzaron en 2005. ¿Por qué? Porque Israel lo convirtió en el hombre del saco definitivo.
Tras el derrocamiento y la ejecución de Sadam Husein en el vecino Iraq en 2006, a raíz de la invasión ilegal por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña, se presentó a Ahmadineyad como la nueva amenaza implacable para la paz regional.
Las afirmaciones sobre Ahmadineyad dieron por primera vez un aire de verosimilitud al guion, ahora indiscutible, de Israel según el cual un Irán supuestamente fanático y desquiciado no dejaría piedra sin remover en su intento de destruir a Israel. Ahmadineyad, nos repetían una y otra vez, pretendía fabricar una bomba nuclear, incluso después de que Jamenei hubiera emitido un edicto religioso en 2003 que prohibía estrictamente su desarrollo.
En 2006 Ehud Olmert, entonces primer ministro israelí, advirtió al mundo de que Ahmadineyad era un «psicópata de la peor calaña», y añadió: «Habla como lo hizo Hitler en su época sobre el exterminio de toda la nación judía».
Olmert se hacía eco de una campaña alarmista dirigida por Netanyahu, entonces líder de la oposición israelí, según la cual era necesario atacar a Irán de inmediato para salvar a Israel y al mundo.
«Estamos en 1938 e Irán es Alemania», declaró Netanyahu en una reunión de líderes judíos estadounidenses celebrada ese mismo año. «E Irán se apresura a dotarse de bombas atómicas». Sobre Ahmadineyad, afirmó: «Creedle y detenedlo… Está preparando otro Holocausto para el Estado judío».
Bajo el mandato de Ahmadineyad, Irán supuestamente estaba empeñado en destruir Israel, convirtiéndolo en un gigantesco Auschwitz. También en 2006, Netanyahu declaró en la Radio del Ejército israelí: «Israel sería sin duda la primera parada en la gira de destrucción de Irán».
Ahmadineyad estaba tan desquiciado, dijo Netanyahu, que no se detendría ante la erradicación de Israel: «Irán está desarrollando misiles balísticos que alcanzarían Estados Unidos, y ahora preparan misiles con un alcance suficiente para cubrir toda Europa».
«Intención genocida»
Poco tiempo después, la campaña de alarmismo de Israel alcanzó su punto álgido en Londres. Netanyahu dijo a los miembros del Parlamento británico que Ahmadineyad debía ser llevado urgentemente ante la Corte Penal Internacional —el tribunal de crímenes de guerra de La Haya— por su «visión mesiánica y apocalíptica del mundo».
Ironía de ironías, Netanyahu —quien veinte años después es un fugitivo de ese mismo tribunal, acusado de crímenes contra la humanidad por matar de hambre al pueblo de Gaza— hizo hincapié en la supuesta intención genocida de Ahmadineyad hacia Israel.
«En la década de 1930 tampoco nadie creía que Hitler fuera capaz de pasar a la acción porque no hablaba explícitamente de exterminar al pueblo judío», dijo Netanyahu a los diputados británicos. «Por el contrario, el presidente iraní anuncia públicamente sus intenciones y nadie intenta detenerlo».
Michael Gove, un exministro del Gobierno conservador que presidió la reunión, se mostró totalmente de acuerdo, haciendo caso omiso de un dato desconcertante: que miles de judíos han vivido en Irán durante siglos.
Gove afirmó ante los asistentes que «la retórica de Ahmadineyad es más que preocupante, equivale a una incitación al genocidio».
La preocupación de Gove por el genocidio no se ha extendido posteriormente a Gaza. Ha denunciado repetidamente a cualquiera, incluidos expertos jurídicos y estudiosos del Holocausto, que haya señalado el genocidio de Israel allí.
En medio de la matanza masiva en Gaza, Gove llegó incluso a pedir que el ejército israelí recibiera el Premio Nobel de la Paz.
Humo y espejos
Hace dos décadas, el mensaje de Netanyahu era claro: Ahmadineyad era tan rabiosamente antisemita que merecía ser comparado con Hitler.
Ahmadineyad estaba tan ansioso por llevar a cabo un programa de armas nucleares que estaba dispuesto a desafiar al líder religioso supremo del país. Era tan inestable mentalmente que estaba dispuesto a utilizar esas armas para exterminar a Israel, a pesar de que tal medida garantizaría un contraataque nuclear de represalia contra su propio país.
No olvidemos que Ahmadineyad tenía fama de llevar a cabo represiones tan despiadadas contra sus oponentes políticos que Amnistía Internacional señaló en 2014 que su mandato había «sentenciado a muerte la libertad académica en Irán».
Sin embargo, dos décadas después, según se ha informado, Netanyahu considera ahora que Ahmadineyad es la persona más indicada para dirigir Irán; la persona por la que valía la pena acabar con Jamenei, el dirigente con más influencia en Irán que se oponía al programa nuclear.
El New York Times informa de que, en los últimos años, existían fuertes sospechas dentro de Irán de que Israel, Gran Bretaña y Estados Unidos estaban estrechando lazos con Ahmadineyad y su entorno, sospechas que ahora parecen confirmarse con el aparente plan de cambio de régimen de Israel.
El periódico informa además de que Ahmadineyad había viajado recientemente tanto a Guatemala como a Hungría, países con vínculos muy estrechos con Israel.
¿Tiene todo esto algún sentido? Y, sin embargo, para los medios occidentales, el hecho de que Netanyahu defendiera a Ahmadineyad como el salvador de Irán, y que la Administración estadounidense se sumara de todo corazón a esta idea, no es más que «sorprendente».
En realidad, esto echa por tierra toda la narrativa de Israel sobre Irán. Es un recordatorio revelador de la enorme brecha que existe entre lo que se nos ha contado sobre Irán durante décadas y lo que realmente ha estado ocurriendo.
La imagen y la realidad no se parecen en casi nada. Todo esto ha sido humo y espejos.
«Borrado del mapa»
En mi libro de 2008 Israel and the Clash of Civilisations señalé que nada de lo que Israel nos contaba sobre su rival en Oriente Medio podía aceptarse sin más, y menos aún la afirmación de Israel de que Ahmadineyad era un «nuevo Hitler» que odiaba a los judíos.
Muchas de las afirmaciones difundidas hace veinte años por Israel sobre la intención genocida de Ahmadineyad se derivaban de una traducción errónea de un discurso en el que el líder iraní había citado al difunto ayatolá Ruhollah Jomeini, quien lideró la Revolución Islámica de 1979.
Según los políticos y los medios de comunicación occidentales, Ahmadineyad había pedido que Israel fuera «borrado del mapa», lo que se interpretó ampliamente como una ambición de lanzar un ataque nuclear contra Israel.
En realidad, Ahmadineyad había estado repitiendo la observación de Jomeini de que Israel no podía sobrevivir indefinidamente como Estado ilegítimo supremacista judío que oprimía a otro pueblo. Señalaba que los días de Israel como Estado racista estaban contados, al igual que lo habían estado los del apartheid sudafricano.
El sentimiento que subyace a la declaración de Jomeini debería resultar mucho más claro en las circunstancias actuales, cuando es Israel, y no Irán, el que se ha dedicado a borrar a personas del mapa —en Gaza y en el sur del Líbano—.
Del mismo modo, Israel y sus aliados occidentales armaron un gran revuelo en 2006 cuando Ahmadineyad convocó en Teherán lo que se tergiversó ampliamente como una conferencia de «negación del Holocausto». De hecho, Ahmadineyad había organizado lo que pretendía ser una maniobra provocativa —y, para algunos, ofensiva— para cuestionar los tabúes occidentales sobre Israel y poner de relieve la hipocresía de Occidente hacia los musulmanes.
El argumento de Ahmadineyad era doble: en primer lugar, si los musulmanes no tienen derecho a que los occidentales respeten sus creencias y sensibilidades —como quedó patente en el «asunto de las caricaturas danesas» de 2005 y en la defensa de la «libertad de expresión» para presentar caricaturas del profeta Mahoma—, ¿por qué deberían los occidentales esperar que sus propias sensibilidades sobre Israel y el Holocausto quedaran exentas de cuestionamiento?
También quería analizar la creencia occidental de que otros, el pueblo palestino, deben pagar un alto precio, incluyendo décadas de despojo y abuso, por los crímenes de Occidente contra los judíos de Europa.
Espectáculo de horror
La desinformación sobre Irán debería haber sido demasiado evidente ya en 2006, si se hubiera informado adecuadamente de ella; al igual que debería serlo ahora, dos décadas después, si los periodistas occidentales hicieran su trabajo en lugar de actuar como taquígrafos de Israel y la Casa Blanca.
Las mentiras, ahora como entonces, sirven al mismo fin: justificar el aplastamiento de Irán —entonces mediante sanciones, más tarde añadiendo bombardeos ilegales— para que pueda protegerse el derecho de Israel a pisotear las vidas de las personas de toda la región sin consecuencias.
Irán, que ahora se niega a soltar su garra sobre el estrecho de Ormuz y el suministro mundial de petróleo, exige que el precio incluya el fin del respaldo estadounidense al espectáculo de horror dirigido por Israel en Oriente Medio.
Como un niño malcriado, Trump se está revolviendo, mientras saca provecho de la volatilidad de los mercados petroleros, intentando imponer las viejas reglas, cuando los términos del enfrentamiento ya no están bajo su control exclusivo.
Su última pataleta —urdida tanto en Tel Aviv como en Washington— consiste en obligar a la mayoría de los Estados árabes, incluidos los vecinos de Irán en el Golfo, a firmar los llamados Acuerdos de Abraham con Israel. Esto se presenta como el marco de un «acuerdo de paz» regional en el que participa Irán. En realidad, es todo lo contrario.
Los acuerdos están diseñados para consolidar la posición de Israel como líder indiscutible de Oriente Medio, subordinando los intereses de los Estados árabes a los de Israel y, de ese modo, aislando a Irán en la región y dejando al pueblo palestino y al Líbano a merced de un Israel genocida.
Se trata de otra estafa, como la «Junta de Paz» de Trump, que disfraza la agresión criminal y el genocidio de EE. UU. e Israel como un proceso de paz.
Lo que los últimos 20 años de mentiras y engaños han tratado de ocultar es un simple hecho: no es Teherán quien está liderado por megalómanos desquiciados y genocidas que amenazan la seguridad de la región y del mundo. Son Tel Aviv y Washington.
Desde que ambos lanzaron su guerra criminal de agresión contra Irán hace tres meses, Teherán ha mostrado moderación, ha actuado con cautela y ha demostrado su voluntad de negociar de buena fe. Lástima que no haya adultos responsables al otro lado con quienes pueda llegar a un acuerdo.
Jonathan Cook es autor de tres libros sobre el conflicto palestino-israelí. Ha ganado el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Vivió en Nazaret durante veinte años, de donde regresó en 2021 al Reino Unido. Sitio web y blog: www.jonathan-cook.net
Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/05/31/las-afirmaciones-israelies-sobre-una-amenaza-irani-fueron-siempre-una-mentira-y-ahora-tenemos-pruebas/
miércoles, 3 de junio de 2026
Consejo del Genocidio y eje Washington-Israel
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Consejo del Genocidio y eje Washington-Israel
Por William I. Robinson | 04/06/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: La Jornada - Imagen: Israel ha hecho caso omiso del cese al fuego, en tanto se filtró a la prensa un plan para Gaza redactado por Washington, conocido como Reconstrucción, Aceleración Económica y Transformación de Gaza (GREAT, por sus siglas en inglés). Foto Afp
Si bien los sionistas continúan persiguiendo su esquivo “Gran Israel”, Estados Unidos encabeza un proyecto estratégico de alcance mucho más vasto.
La guerra estadunidense-israelí contra Irán ha desviado la atención internacional de Gaza justo cuando Israel transita de un genocidio de alta intensidad a uno de baja. Si bien los sionistas continúan persiguiendo su esquivo “Gran Israel”, Estados Unidos encabeza un proyecto estratégico de alcance mucho más vasto en que Gaza se perfila como un campo de experimentación para una nueva y más letal fase del capitalismo global.
La crisis de sobreacumulación del capitalismo global genera una intensa presión para la expansión, a medida que la clase capitalista trasnacional (CCT) emprende una búsqueda depredadora de lugares donde colocar ingentes cantidades de capital excedente y abrir nuevos espacios para la obtención de beneficios. Esta expansión violenta conlleva la apropiación de mercados y recursos en todo el mundo mediante la guerra, el desplazamiento y la represión.
La globalización en la región de Asia occidental se inició en los años 80 y se aceleró con la invasión y ocupación estadunidense de Irak en 2003, así como de un sinfín de acuerdos de libre comercio, programas de ajuste estructural y políticas de austeridad supervisadas por el FMI. Esta globalización desató una cascada de inversiones corporativas y financieras trasnacionales en Asia occidental. Congregó el capital del Golfo, entrelazándolo a todos de manera indisoluble en los circuitos globales emergentes de acumulación. De este modo, las burguesías árabes se transformaron en burguesías trasnacionales, a medida que toda la región se incorporaba al sistema globalmente integrado de producción, finanzas y servicios.
Israel se integró en estas redes capitalistas trasnacionales en expansión a raíz de los acuerdos de Oslo firmados en 1993, a medida que las burguesías israelí y árabe comenzaban a desarrollar intereses de clase comunes. En 2020, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin firmaron los Acuerdos de Abraham, sumándose así a Egipto y Jordania en la normalización de las relaciones con Israel, una apertura que permitió a los grupos de inversión del Golfo inyectar miles de millones de dólares en la economía israelí.
Entre tanto, al viraje del siglo Israel comenzó a importar mano de obra migrante transitoria para eliminar la necesidad de recurrir a la mano de obra palestina políticamente problemática. Para la década de 2010, cientos de miles de trabajadores migrantes procedentes de Tailandia, China, Nepal, Sri Lanka, India, Europa del Este, Filipinas, Kenia y otros lugares pasaron a constituir la fuerza laboral predominante en la agroindustria israelí y, cada vez más, en otros sectores de la economía.
A medida que el proletariado palestino se convirtió en humanidad excedente, se interponía no sólo en el camino de la expropiación de sus tierras, sino también en el de una nueva ronda de expansión capitalista global en todo Oriente Medio. El genocidio se fue convirtiendo, cada vez más, en una opción atractiva tanto para el Estado sionista como para los sectores más violentos y depredadores de la CCT.
El significado más amplio del “Consejo de Paz” (Consejo del Genocidio) cobra ahora nitidez, arrojando luz sobre el emergente complejo hegemónico del capital trasnacional que se sitúa en el epicentro del actual torbellino mundial. Este bloque triangular congrega a las gigantes tecnológicas, al capital financiero trasnacional y al complejo militar-industrial, y tiene fuertes inversiones en Israel. Este complejo está profundamente involucrado en sistemas trasnacionales de guerra, control social, represión y vigilancia que se están digitalizando, automatizando e integrando en la economía y la sociedad globales.
Estos sistemas constituyen una importante vía para descargar el excedente de capital acumulado, al tiempo que abren a la fuerza el acceso a mercados y recursos. Israel es el tercer centro tecnológico más grande del mundo. Se globalizó con base en un complejo de alta tecnología, militar, de seguridad y de vigilancia. Su economía se nutre de la violencia, los conflictos y las desigualdades permanentes a escala local, regional y global.
El genocidio israelí constituye un macabro laboratorio para la nueva modalidad de acumulación de la CCT, conocida como Pax Silica, fundamentada en una alianza entre Israel y los Estados del Golfo que debía consolidarse por medio del Consejo del Genocidio, inaugurada por Trump en enero pasado.
Israel es una potencia tanto en tecnologías digitales como militares, habiendo combinado ambas en su represión contra el pueblo palestino.
El consejo tiene por objeto abrir la franja a sus recursos de gas y petróleo, a sus bienes raíces frente al mar y a su potencial turístico. Sin embargo, su misión fundamental consiste en convertir a Gaza en un centro neurálgico para el eje de poder público-privado, en torno al cual la tecnología y las finanzas gozarán de total libertad para desarrollar un feudo corporativo soberano.
Israel ha hecho caso omiso del cese al fuego, en tanto se filtró a la prensa un plan para Gaza redactado por Washington, conocido como Reconstrucción, Aceleración Económica y Transformación de Gaza (GREAT, por sus siglas en inglés). Dicho proyecto contemplaba una salida “voluntaria” de los palestinos hacia otro país y una serie de megaciudades de alta tecnología y criptomonedas impulsadas por inteligencia artificial.
Aquellos palestinos que se queden como mano de obra barata serán estrictamente controlados mediante la vigilancia biométrica israelí.
Gaza fue la primera guerra de inteligencia artificial del siglo XXI: un genocidio algorítmico. Si el trumpismo global se sale con la suya, Gaza se convertirá en el banco de pruebas donde las clases dominantes subyugarán mediante el autoritarismo tecnocrático la sangre y el capital. Mientras tanto, los palestinos continuarán resistiendo, tal como lo han hecho durante más de un siglo.
William I. Robinson: Profesor distinguido de sociología en la Universidad de California en Santa Bárbara.
Fuente: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/05/31/opinion/consejo-del-genocidio-y-eje-washingtonisrael
¿Por qué los enemigos europeos de judíos y palestinos abrazaron el sionismo?
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Por Joseph Massad | 03/06/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: Voces del Mundo
Tras la expulsión de los cruzados católicos y el desmantelamiento de su colonia de asentamientos, el «Reino Latino de Jerusalén» en los siglos XII y XIII, Palestina ha seguido estando en el punto de mira de los cristianos fanáticos de Europa.
A los seguidores de la nueva vertiente del cristianismo, el protestantismo, se unieron los imperialistas fanáticos de Europa a finales del siglo XVIII.
Desde entonces, los enemigos europeos del pueblo palestino han persistido en sus esfuerzos por despojarlo de su patria.
Napoleón Bonaparte conquistó el sur y el centro de Palestina, marchando desde Gaza hasta Yafa entre febrero y mayo de 1799, antes de ser derrotado en Acre.
Su proclamación de abril de 1799, inspirada en los pensadores protestantes hugonotes franceses, instaba a los judíos de Europa a colonizar el país, pero fue ignorada.
Mientras tanto, desde finales del siglo XVIII, los británicos buscaban activamente convertir a los judíos europeos al protestantismo anglicano y enviarlos a Palestina para despojar a los palestinos de su patria, al tiempo que aceleraban la Segunda Venida de Jesucristo.
Además de los regímenes británico y francés, entre los enemigos de los palestinos se contaban los protestantes evangélicos blancos estadounidenses, los protestantes evangélicos ingleses y escoceses y los protestantes evangélicos alemanes, todos los cuales establecieron colonias protestantes blancas en Palestina durante el siglo XIX.
A finales del siglo XIX, se unieron a ellos colonos judíos rusos, la Organización Sionista fundada por Theodor Herzl en 1897 y la burguesía judía de Europa occidental que financiaba a ambos.
Antes del final de la Primera Guerra Mundial, a estos implacables enemigos del pueblo palestino se unirían los regímenes de gran parte de Europa occidental y de Estados Unidos. Todos ellos siguen hoy igual de decididos a despojar a los palestinos de su patria.
Para que quede claro, todos estos enemigos de los palestinos eran también enemigos de los judíos europeos. Los funcionarios británicos y los protestantes evangélicos blancos intentaron colonizar Palestina ellos mismos y convertir a los judíos europeos para que, como compañeros protestantes, se unieran a ellos en la colonización del país.
El Imperio británico protestante fue el principal patrocinador de los esfuerzos por convertir a los judíos europeos antes de enviarlos como colonos a Palestina.
Enemigos comunes
La Organización Sionista era considerada, con razón, un enemigo de los judíos por todos los sectores principales de la sociedad judía europea y estadounidense.
Entre ellos se encontraban los rabinos, tanto del judaísmo ortodoxo como del reformista, que expulsaron a Herzl y a su primer congreso sionista de Múnich en 1897; los judíos liberales asimilados de Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y Alemania; y los judíos socialistas y comunistas de Europa del Este y Rusia, entre otros.
La burguesía judía de Europa occidental y la intelectualidad judía asimilada se oponían a la inmigración de judíos pobres de Europa del Este a Europa occidental, por temor a que socavara los logros de la comunidad judía de Europa occidental y alimentara el antisemitismo.
En su lugar, trataron de expulsarlos por completo de Europa —un objetivo compartido por los gobiernos antisemitas de Europa occidental—, facilitando y financiando su migración a América y Palestina como colonos.
En lugar de ayudarles a superar la pobreza y luchar por sus derechos en sus propios países, como pretendía hacer el Bund Obrero Judío Internacional antisionista —la organización sindical judía también fundada en 1897—, financiaron su partida.
Todos estos grupos y países afirman hoy amar a los judíos, equiparando esto con el apoyo al sionismo, al que la mayoría de los judíos se siguieron oponiendo hasta la Segunda Guerra Mundial por considerarlo un movimiento antijudío patrocinado por potencias antisemitas. Algunos incluso afirman amar a los palestinos, equiparando ello con el apoyo al régimen colaboracionista de la Autoridad Palestina.
En efecto, todos ellos siguen siendo enemigos de ambos pueblos. El supuesto apoyo de Estados Unidos y Europa a la Organización Sionista, que es antijudía, y a la Autoridad Palestina, que es antipalestina, sigue la misma lógica.
Nueva formulación del antisemitismo
Irónicamente, el antisemitismo del sionismo cristiano y judío y del imperialismo protestante llegó a ser identificado por sus defensores como una postura «projudía» después de 1917, y especialmente después de 1945, mientras que los judíos antisionistas fueron tildados por esos mismos sionistas antisemitas, especialmente después de 1967, de «antisemitas» y «judíos que se odian a sí mismos».
La lucha anticolonial de los palestinos contra la colonización cristiana y judía de su país y la tutela imperialista desde el siglo XIX también pasó a ser descrita por esas mismas potencias imperialistas colonialistas y antisemitas como una «lucha antisemita».
En contra de la opinión de la mayoría de los judíos, el sionismo pretendía representar a todos los judíos mientras buscaba colonizar Palestina en su nombre. La resistencia palestina ante esa colonización fue entonces reformulada no como una «lucha anticolonial», sino como hostilidad hacia su supuesto «carácter judío».
Esta propaganda ilógica sólo convenció a los antisemitas, a los imperialistas y a sus partidarios racistas, como así sigue haciéndolo hoy en día.
Es cierto que, desde 1948, y más aún desde 1967, la mayoría de los judíos europeos y estadounidenses pasaron del antisionismo al no sionismo y al sionismo. Sin embargo, en el último cuarto de siglo un sector importante de la comunidad judía occidental ha recuperado sus posturas antisionistas y ahora se opone firmemente a la colonización israelí y a sus guerras genocidas.
Entre los palestinos, a pesar de la subordinación de su lucha de liberación que comenzó a mediados de la década de 1970 —un proceso que culminó con la rendición definitiva de la Organización para la Liberación de Palestina ante Israel en 1993—, la mayoría sigue resistiéndose a diario contra las depredaciones coloniales israelíes y contra un sadismo y un racismo coloniales y genocidas inimaginables.
Sin embargo, los enemigos de ambos pueblos siguen comprometidos con el apoyo al sionismo, el movimiento judío más antisemita de la historia del judaísmo, y a la Autoridad Palestina al estilo de Vichy, cuya completa subordinación y colaboración con la agenda imperialista de EE. UU. y Europa no tiene precedentes en la historia palestina.
Este es el callejón sin salida al que se enfrentan hoy EE. UU. y los patrocinadores europeos de Israel. Siguen comprometidos de forma intransigente con un mundo en el que puedan coaccionar a todos los palestinos para que se sometan a las políticas coloniales y genocidas de Israel y amenazan con la excomunión a todos los judíos antisionistas.
La resistencia perdura
La guerra lanzada contra los palestinos y sus partidarios judíos y cristianos, por no hablar de los musulmanes, no ha remitido desde principios del siglo XIX, a pesar de su fracaso absoluto a la hora de asegurar el saqueo total de la patria palestina o garantizar la supervivencia de la colonia de colonos sionistas.
Por mucho que lo intenten, estos enemigos del pueblo palestino libran una batalla perdida, una batalla que saben que podría acabar con el colapso de las estructuras genocidas y racistas del Estado israelí.
Mientras Israel celebraba este mes su 78º aniversario, los medios de comunicación occidentales y sus magnates, las empresas occidentales, las universidades occidentales serviles comprometidas con la supresión de la libertad académica y la defensa de sus Estados de seguridad nacional y los brazos represivos y judiciales de los regímenes coercitivos de EE. UU. y Europa continuaron movilizándose en la tarea de preservarlo.
Tras dos siglos patrocinando y propiciando el robo de Palestina, estos enemigos del pueblo palestino no han logrado completar su tarea colonial. Sin embargo, su compromiso de privar a los palestinos de su patria sigue siendo tan obstinado como siempre.
La resistencia palestina ha demostrado ser no menos duradera. Al igual que sus predecesores de los siglos XII y XIII, que expulsaron a los colonos católicos cruzados, no ha cesado desde que los fanáticos colonos protestantes evangélicos estadounidenses establecieron numerosas colonias en Palestina en el siglo XIX. La primera, «Mount Hope», se fundó en Yafa en 1851, seguida de la «American Mission Colony» en 1854 y muchas otras a partir de entonces, todas las cuales fueron finalmente desmanteladas.
Esta resistencia persiste hoy en día frente a los colonos sionistas, igualmente fanáticos, y sus estructuras coloniales en todo el territorio palestino, denominado «Israel».
Es esta resistencia y la solidaridad mundial que ha fomentado, incluso entre la comunidad judía occidental, lo que se interpone en el camino de los planes depredadores que traman continuamente los enemigos coloniales occidentales de los palestinos y sus agentes locales.
Joseph Massad es profesor de Política Árabe Moderna e Historia Intelectual en la Universidad de Columbia, Nueva York. Es autor de numerosos libros y artículos académicos y periodísticos. Entre sus libros figuran Colonial Effects: The Making of National Identity in Jordan; Desiring Arabs; The Persistence of the Palestinian Question: Essays on Zionism and the Palestinians y, más recientemente, Islam in Liberalism. Sus libros y artículos se han traducido a una docena de idiomas.
Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.
Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/06/01/por-que-los-enemigos-europeos-de-judios-y-palestinos-abrazaron-el-sionismo/
martes, 2 de junio de 2026
Petro afirma tener pruebas de presunto fraude en las presidenciales de Colombia
Petro afirma tener pruebas de presunto fraude en las presidenciales de Colombia
Sputnik Mundo, 02.06.2026
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, escribió en su cuenta de X que tiene "bases comprobadas" de un posible fraude en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. También aseguró que puede entregar la información a una autoridad competente.
"Presento las bases comprobadas del posible fraude. Que puedo entregar a autoridad competente", aseveró.
El mandatario indicó que no reconoció los datos del preconteo "del software" y alegó que el registrador "se negó permanentemente a entregar el código fuente", algo que Petro consideró un requisito de transparencia. Asimismo, agregó que una decisión del Consejo de Estado de 2018 había advertido vulnerabilidades del sistema.
Según Petro, el padrón de 41.421.973 fue cambiado a 42.307.373 con una diferencia de 885.409 cédulas "que no se inscribieron en la fecha legal". Además, se aumentaron los puestos de votación de 13.742 a 14.438 con unos 696 adicionales, al igual que las mesas, pasando de 120.527 a 122.020 con unas 1.493 de más, detalló.
¿Qué hay detrás del apoyo cosechado por Abelardo de la Espriella en las elecciones de Colombia?
A la vez añadió que en el conteo aparecen 5.300 mesas con más de 300 votos e incluso hasta 700 votos en un día, y sostuvo que "en esas mesas es donde se ubica la ventaja de 635.000" con la que el candidato del movimiento Defensores de la Patria, Abelardo de la Espriella, superó en el preconteo al candidato oficialista, Iván Cepeda.
El preconteo divulgado al cierre de la jornada electoral del pasado 31 de mayo ubicó primero a de la Espriella con el 43,72% de los votos, seguido de Cepeda con el 40,92%, con 673.168 sufragios de diferencia. Se tiene previsto que la segunda vuelta se realice el próximo 21 de junio.
lunes, 1 de junio de 2026
¿Irán podría ser el Vietnam de Trump?
- Sputnik Mundo
¿Irán podría ser el Vietnam de Trump?
Lo pregunta el diario 'The Guardian', que señala que la ofensiva militar del presidente estadounidense —en alianza con Israel— contra la nación persa podría transformarse en una derrota estratégica con dramáticas consecuencias geopolíticas, tal como el conflicto bélico contra la nación asiática.
El diario sostiene que a pesar de que los borradores de las negociaciones paz sugieren un simple retorno al statu quo anterior, esta guerra quedará marcada en la historia como un monumento a la mala planificación y las suposiciones erróneas de EEUU, asemejándose a los históricos tropiezos de otros presidentes atrapados por subestimar a rivales militarmente inferiores.
El análisis de The Guardian enfatiza que, si bien la escala de este conflicto en el Oriente Medio no es comparable con la guerra de Vietnam —la cual duró años y cobró la vida de decenas de miles de soldados estadounidenses, además de casi dos millones de vietnamitas—, sus repercusiones internacionales podrían ser geopolíticamente más profundas y duraderas.
El artículo señala que el colapso de Saigón en 1975 no provocó el temido "efecto dominó" del comunismo en el sudeste asiático. Por el contrario, los errores estratégicos cometidos por el Gobierno de Trump frente a Irán amenazan con desmantelar permanentemente la estructura de poder y la influencia global de Washington en un mundo que rechaza tutelajes y hegemonías unilaterales.
"Estamos consiguiendo lo que queremos": Trump dice estar seguro de los avances en el diálogo con Irán
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Entre las consecuencias geopolíticas inmediatas, la nota de The Guardian argumenta que esta guerra representa el colapso de la estrategia de dos décadas de Israel para provocar un cambio de régimen en Teherán, debilitando su influencia política en Washington.
Asimismo, las monarquías del golfo Pérsico están reevaluando la utilidad real de albergar bases militares estadounidenses para su seguridad, prefiriendo ahora buscar una paz imperfecta, pero directa con Irán, lo que vuelve absurda e impracticable cualquier pretensión de la Administración Trump de normalizar las relaciones de la región con Israel bajo los Acuerdos de Abraham.
Desde una perspectiva estrictamente militar, The Guardian resalta que, a pesar de que el secretario de Guerra de EEUU, Pete Hegseth, prometió una "devastación masiva" desde el cielo, los miles de objetivos atacados no trajeron la victoria, sino un preocupante agotamiento de las reservas de misiles —y de los recursos financieros del tesoro estadounidense— sin debilitar la resiliencia de la nación persa.
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El impacto del conflicto también golpeará con dureza a Europa, según el diario británico. El incremento en el costo de vida derivado del choque energético global debilitará políticamente a los mandatarios de Francia, Alemania y el Reino Unido de cara a sus procesos electorales, erosionando la arquitectura interna de la Unión Europea.
Esta situación podría agravarse drásticamente si Trump cumple con sus reiteradas amenazas de retirar tropas de las naciones pertenecientes a la OTAN como represalia por lo que él consideró una "cobarde" negativa de sus aliados a sumarse a su intervención militar.
Para los expertos en política exterior citados por The Guardian, los errores cometidos en Irán confirman de manera definitiva el fracaso de la diplomacia instintiva y personalizada de Trump, asestando un golpe letal a la continuidad del orden internacional liderado por EEUU, que ya se encontraba debilitado. La desconfianza generada ha provocado que las potencias medias y los antiguos aliados históricos de Washington comiencen a formar coaliciones independientes y a orbitar hacia nuevos centros de poder.
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The Guardian concluye afirmando que, tras el fracaso de su estrategia para derrocar al régimen —el cual resistió gracias a una arraigada cultura nacional de resistencia y a una cohesión militar interna—, la Casa Blanca se enfrenta al dilema de firmar un acuerdo de paz de 50.000 millones de dólares que lo regresa al punto de partida.
En pocos meses, el mandatario estadounidense parece haber transitado por las mismas etapas de frustración que Vietnam provocó en el pasado, reviviendo la "Teoría del Loco" de la era de Nixon mediante amenazas de destrucción masiva que no lograron intimidar a un Irán que descubrió en el bloqueo del Estrecho de Ormuz su activo geopolítico más valioso.
«Si la Unión Europea impusiera a Israel la mitad de las sanciones que impone a Rusia, salvaría a miles de palestinos»
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Entrevista a Ilan Pappe
«Si la Unión Europea impusiera a Israel la mitad de las sanciones que impone a Rusia, salvaría a miles de palestinos»
Por Meritxell Freixas | 01/06/2026 | Palestina y Oriente Próximo
Fuentes: El Diario
“[La guerra contra Irán] es una guerra política que tenía como objetivo ayudar a Netanyahu a ganar las próximas elecciones”, señala el autor de ‘El final de Israel’.
Referente de la corriente de “nuevos historiadores” israelíes, que desde los años 80 cuestionan el relato oficial sionista sobre la fundación de Israel, Ilan Pappé es una de las voces más destacadas sobre colonialismo y ocupación de la Palestina histórica. Su último libro, El final de Israel, describe las señales del colapso que, según él, el país hebreo ya ha empezado a transitar y que culminará en un futuro no tan lejano.
Oriundo de Haifa y hoy profesor en la Universidad de Exeter, Reino Unido, donde se instaló en 2007 por las amenazas que recibió tras investigar la limpieza étnica contra la población palestina, es un firme defensor de la creación de un único Estado laico y democrático para árabes y judíos.
Es conocido por su defensa del boicot y las sanciones a Israel y sostiene que la Unión Europea (UE) debería “desempeñar un papel mucho más eficaz en el cambio”, pero no lo hace porque “los políticos aquí tienen miedo”.
Atiende a elDiario.es en una visita a Barcelona para participar en la Fira Literal y debatir sobre colonización, apartheid y genocidio.
¿Cómo ha cambiado el conflicto entre Israel y Palestina con el segundo gobierno de Donald Trump?
Trump en su segundo período trajo algo nuevo que es el apoyo internacional total de Estados Unidos a Israel. Haga lo que haga. La pregunta no es Trump. Trump no va a cambiar. La pregunta es después de Trump, ¿qué? ¿Ha cambiado realmente el Partido Demócrata? Yo creo que sí. Y creo que será una América muy diferente dentro de diez años. Trump representa la América de antaño, no la nueva.
¿Hay una nueva América por llegar?
No solo eso. Quienes apoyan a Trump empiezan a sospechar que Israel lo está manipulando. Algunos miembros de su propio partido, incluido el vicepresidente, creen que la guerra en Irán se produjo porque Netanyahu convenció a Trump y que fue una decisión estúpida. No quieren una guerra en Irán.
El Mossad convenció a Trump de que esto sería como Venezuela, que en dos o tres semanas obtendrían mucho petróleo iraní y Teherán diría ‘lo que usted quiera’. Sin embargo, Irán está ganando en muchos sentidos y el panorama general no ha cambiado, excepto por los precios del petróleo. Habrá que esperar para evaluar el efecto Trump, porque aún no ha terminado y ahora la situación es un poco distinta a la del principio, cuando Netanyahu parecía tener carta blanca. Él quiere que la guerra contra Irán y contra Líbano continúe porque cree que eso lo hace más popular.
¿Esta hipótesis que sostiene sobre el final de Trump conecta con la tesis de su nuevo libro El final de Israel, sobre el final del sionismo y la llegada de una nueva época?
Todo va de la mano. Ahora estamos en un mal capítulo de la historia en Palestina, en Estados Unidos, lo que pasó en Venezuela, Cuba… Pero creo que ese es el final de este capítulo. Lo que sostengo en mi libro es que en 10, 15 o 20 años será muy difícil seguir así, con este tipo de política y este tipo de agresión. El Estado sionista no podrá sostenerse social, económica y militarmente. La reacción estadounidense contra Trump también salpicará a Israel por todo lo que le contribuyó en su mandato. Es un proceso lento. No sucederá mañana ni pasado mañana. Pero este proceso ha comenzado.
¿En qué lo observa?
Por ejemplo, en (el alcalde Zohan) Mamdani en Nueva York. Antes, para ser candidato del Partido Demócrata en Estados Unidos, era clave mostrar un apoyo incondicional a Israel. Ahora, para ser presidente demócrata, la clave es mostrar apoyo a los palestinos. Es un cambio radical.
¿Cómo se producirá este cambio en el Estado israelí, vendrá empujado desde adentro?
Vendrá de afuera. Después, quizás el cambio llegue desde dentro. Pero primero se necesita que el mundo, la región y el mundo árabe digan ‘basta’, ‘ya no son legítimos’. Ahí es cuando empezará todo. Empezará cuando los países árabes dejen de normalizar sus relaciones, cuando la UE empiece a imponer sanciones y, eventualmente, Estados Unidos se unirá a ellos. Todo eso es necesario. También se necesita un movimiento nacional palestino más unido porque está fragmentado y, si mañana Israel se va, no hay un relevo. Y vendrá con la visión de un solo Estado. Si seguimos hablando de dos Estados, la misma situación continuará durante mucho tiempo.
¿Por qué apuesta por un solo Estado como salida?
Debe ser un solo Estado para palestinos y judíos. Ya existe un Estado, pero hoy es un Estado de apartheid. Debe convertirse en un Estado democrático a través de la presión externa y la insistencia de los palestinos en que esto es lo que quieren. Israel es una minoría y depende del mundo árabe. Si el mundo árabe decide que quiere la liberación de Palestina, ni siquiera tiene que ir a la guerra con Israel. Solo tiene que decir: “Eso es lo que quiero”. Pero no lo están diciendo por varias razones: no son democracias, son gobernantes a los que Israel ayuda a mantenerse en el poder y todos quieren ser amigos de EEUU —e Israel es el mejor amigo de Washington—.
¿Cuándo empezará este proceso de cambio?
En mi libro digo que esto no sucederá al menos hasta 2048. Tenemos que esperar. Pero no ocurre de la noche a la mañana. Hay etapas, es un proceso. Ojalá dentro de diez años empecemos a ver cambios más drásticos.
A raíz del genocidio en Gaza, la Corte Penal Internacional (CPI) emitió una orden de detención contra Netanyahu y su exministro de Defensa, Yoav Gallant, por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad en la Franja. También hay una acusación de genocidio contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia. ¿Tiene confianza en el derecho internacional?
No mucha. Me alegra que el procedimiento se esté llevando a cabo; que se esté utilizando el lenguaje adecuado, pero no creo que realmente tengan el poder de cambiar la realidad porque Estados Unidos está tratando a la Justicia como criminales. El impacto será a largo plazo.
Dentro de muchos años, cuando miremos atrás, diremos que fue un momento importante, pero lamentablemente no será el próximo año o dentro de dos. Además, necesitamos reestructurar todo el sistema jurídico internacional porque no está funcionando contra países como Israel, que no va a ser tratado como Rusia.
¿Queda en el plano simbólico entonces?
Sí, a menos que alguien tenga el valor de decir ‘arrestaré al señor Netanyahu si viene a mi país’. Pero no creo que eso vaya a suceder.
Hacia septiembre del año pasado, varios países –entre ellos Francia, Reino Unido, Canadá, Australia, Portugal– reconocieron el Estado palestino. Otros han rechazado públicamente abusos y violencias de Israel. ¿Sirve de algo la presión diplomática si no se toman acciones concretas más contundentes?
La presión diplomática no basta. Son muchas palabras y muy poca acción. Lo único que serviría serían las sanciones. Sería la única solución. Si la UE impusiera a Israel el 50% de las sanciones que impone a Rusia, salvaría la vida de miles de palestinos. Lo mismo ocurrió en Sudáfrica.
Usted ha puesto como ejemplo el final del apartheid sudafricano como posible salida a la ocupación israelí. ¿Cómo sería?
Absolutamente. En Sudáfrica, mientras las acciones se limitaron al boicot y a la desinversión, no lograron la caída del régimen del apartheid. En el momento en que los gobiernos estuvieron dispuestos a seguir a sus sociedades y añadieron al boicot las sanciones, la presión internacional se convirtió en una herramienta eficaz para ayudar al Congreso Nacional Africano a derrocar el régimen del apartheid. Ese fue el camino, junto con la lucha interna, por supuesto.
Aunque muchos países siguen acogiendo a Israel en eventos culturales y deportivos, cada vez van apareciendo más muestras de rechazo internacional hacia este país. ¿Ha sido un punto de inflexión el genocidio en Gaza y la guerra?
Sí, el apoyo social a Palestina no tiene precedentes. No se compara con ningún otro período de la historia. Disminuyó un poco después del alto el fuego en octubre de 2025, pero aún se mantiene en niveles nunca antes vistos. Creo que los palestinos tienen una oportunidad histórica para aprovecharla, pero están demasiado divididos. Necesitan unirse para sacar el máximo provecho de este apoyo. Porque este momento es excepcional.
Dice en su libro que cuanto más derechista y neosionista sea la política de Israel, más aislado se irá quedando. Sin embargo, nadie lo ha apartado a nivel económico, sigue exportando sus productos y tecnología de guerra a todo el mundo.
No se puede dar por sentado que la gente siempre comprará armas israelíes, no es el único en el mundo que produce armas. Es como cuando los diamantes se convirtieron en diamantes de sangre del Congo y la gente dejó de comprarlos. Puede que la gente lo encuentre cada vez más problemático y no se puede construir una economía solo sobre la industria armamentística.
Al final, no depende de EEUU, depende de la UE. La UE es el socio comercial más importante de Israel. Si la UE bloqueara el comercio, Israel estaría en una posición muy problemática. La UE puede desempeñar un papel mucho más eficaz en el cambio, pero los políticos aquí tienen miedo a hacerlo.
Usted separa el sionismo histórico del sionismo de hoy, a pesar de que, dice, tienen mucho en común. ¿En qué se diferencian?
Hay muchas cosas que son iguales en ambos, al final es el colonialismo de asentamiento. Pero el sionismo de hoy es más mesiánico, mucho más teocrático, más racista, más peligroso y mucho más extremo. No solo para Palestina, sino también para los países vecinos. El histórico era imposible, pero aun así esperaban conciliar, de alguna manera, valores universales como la democracia o el liberalismo, con el racismo y el colonialismo.
Una pregunta que debe haber respondido muchas veces… ¿Cómo puede un pueblo que ha sufrido tanto llegar hasta este punto?
Las víctimas a menudo se convierten en victimarios. Los niños que sufrieron abusos tienen muchas probabilidades de ser padres abusivos. Así que, en primer lugar, psicológicamente podemos entenderlo. En segundo lugar, creo que hay un malentendido: la mayoría de los judíos que viven hoy en Israel no son víctimas del Holocausto. El número de personas que realmente sufrieron el Holocausto en Israel es muy reducido y no reciben un trato justo.
La mayoría de los judíos que murieron en el Holocausto no eran sionistas. Muchos creían en el socialismo, eran judíos religiosos. Los nazis mataron a muy pocos sionistas y mataron a muchos judíos. Por lo tanto, no es que las víctimas del Holocausto sean quienes hagan esto. Es el Estado que se autoproclama representante de las víctimas quien lo hace.
¿Habrá consecuencias para Netanyahu por el conflicto entre Israel y Palestina y el genocidio en Gaza en este año electoral?
No sabemos qué consecuencias puede tener todo esto para Netanyahu porque tiene una base de apoyo que no sabemos cómo es de grande, de gente que le votará pase lo que pase. En noviembre de 2022, esa base le bastó para obtener más de 64 escaños.
Las encuestas indican que esta vez no los conseguirá y que no tendrá los suficientes votos para formar gobierno. Por eso, podría impedir que se celebren las elecciones o alegar que fueron fraudulentas. Incluso si pierde las elecciones, no será el final de Netanyahu. Si pierde, volverá. Y no estoy seguro de que vaya a perder.
¿Qué futuro vaticina para la guerra de EEUU e Israel contra Irán?
Creo que no habrá un gran acuerdo. De repente, todos dirán: ‘hemos ganado’. Estoy seguro de que terminará así. Y terminará cuando haya elecciones de medio mandato en Estados Unidos y elecciones en Israel. No antes porque la guerra es muy política. No tiene nada que ver con el peligro para la existencia de Israel o las bombas atómicas. Es una guerra política que tenía como objetivo ayudar a Netanyahu a ganar las próximas elecciones.
Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/ilan-pappe-si-ue-impusiera-israel-mitad-sanciones-impone-rusia-salvaria-miles-palestinos_1_13249506.html
domingo, 31 de mayo de 2026
Reventó Irán la línea de flotación de EEUU en el golfo Pérsico?
- Sputnik Mundo,
Ajedrez de Geopolítica, Conduce Javier Benítez.
¿Reventó Irán la línea de flotación de EEUU en el golfo Pérsico?
El líder supremo de Irán, el ayatolá Mojtabá Jameneí, afirmó que EEUU ya no podrá utilizar a los países de Oriente Medio como escudos para sus bases, ni tener ningún lugar seguro en la región. Mientras tanto, el ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, afirmó que su país cuenta con un respaldo sin precedentes por parte de Washington.
EEUU se desmorona en Oriente Medio
Como un castillo de arena al alcance de las olas, así podría estar desmoronándose definitivamente la presencia militar de EEUU en el golfo Pérsico. "Una cosa es segura: el tiempo no retrocederá y los pueblos y países de la región ya no servirán de escudo para las bases estadounidenses. EEUU ya no tendrá lugares seguros para sus bases y convoyes militares y está perdiendo posiciones progresivamente", afirmó Jameneí.
De esta manera, el líder supremo de Irán hizo un llamado a todos los países musulmanes para que fortalezcan la amistad, la cooperación y el apoyo mutuo con el fin de resolver todos los problemas de forma conjunta.
En este contexto, el ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, para sorpresa de nadie, aseveró: "Tenemos la administración más favorable que haya estado jamás en la Casa Blanca. Nunca antes habíamos visto algo así. Recibimos pleno apoyo para el esfuerzo bélico en todos los ámbitos. Y como dije, hay que saber cómo manejarlo, pero para alcanzar el resultado deseado".
Para el periodista y analista internacional Pablo Jofré Leal, todas estas cuestiones "están relacionadas, en el sentido de lo que ha expresado Mojtabá Jameneí, al afirmar que efectivamente que lo que ha acontecido en este tiempo [tras el inicio de la agresión injustificada de EEUU e Israel] es un punto de inflexión en la zona de Asia occidental".
"Es un punto de inflexión respecto a la postura a lo que Irán ha sufrido en estos [últimos] 48 años. Es decir, una política de máxima presión que se ha ejercido sobre la nación persa, un país que ha resistido, un país que ha tenido un apoyo activo a toda la resistencia en la zona de Asia occidental y que desde junio [de 2025] ha entrado en guerra directa contra el régimen israelí, que cuenta con el apoyo de EEUU. Por tanto, todo lo que hay de EEUU en la zona es blanco de ataques para Teherán", enfatiza Jofré Leal.
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