lunes, 16 de marzo de 2026

My Lai no terminó en My Lai.

My Lai no terminó en My Lai Hace hoy 58 años, el 16 de marzo de 1968, soldados del ejército de Estados Unidos entraron en la aldea vietnamita de My Lai. En pocas horas asesinaron a entre 347 y 504 civiles desarmados: mujeres, ancianos, campesinos y niñas y niños. No había combate. No había soldados enemigos. Solo personas. El ejército intentó ocultarlo, pero salió a la luz cuando periodistas y veteranos empezaron a contar lo que había pasado realmente. La investigación confirmó ejecuci_nes, violaci_nes y cuerpos amontonados en zanjas. La historia oficial habló de un “exceso”. La historia real habló de un sistema que había deshumanizado por completo al enemigo. My Lai no fue un accidente aislado. Fue la consecuencia lógica de una guerra que convirtió a toda una población en sospechosa. Hoy, 58 años después, la historia vuelve a sonar inquietantemente familiar. Cuando un presidente de Estados Unidos puede bromear con bombardear una isla iraní “por diversión”, cuando los ataques aéreos se presentan como espectáculo geopolítico, cuando el lenguaje militar vuelve a reducir territorios enteros a simples “objetivos”, la memoria de My Lai debería encender todas las alarmas. Porque las masacres nunca empiezan con las balas. Empiezan con las palabras. Empiezan cuando se normaliza la idea de que ciertas vidas valen menos. Cuando el enemigo deja de ser una persona y se convierte en un punto en el mapa. My Lai nos recuerda algo incómodo: la barbarie no necesita monstruos, solo necesita obediencia y silencio. Por eso recordar My Lai no es solo mirar al pasado. Es preguntarnos si el mundo ha aprendido algo… o si seguimos caminando exactamente hacia el mismo lugar.

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