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martes, 6 de enero de 2026
Recomiendo: Entrevista a Eric Blanc,El antitrumpismo liberal gira a la izquierda
Recomiendo:
Entrevista a Eric Blanc, Waleed Shahid y Leah Greenberg
El antitrumpismo liberal gira a la izquierda
Por Daniel Denvir | 30/12/2025 | EE.UU.
Fuentes: Jacobin América Latina - Imagen: Zohran Mamdani y Bernie Sanders.
«Bienvenidos a la Resistance». Durante la primera presidencia de Donald Trump, a los socialistas les encantaba repetir esta frase con ironía. La Resistance liberal [el entramado liberal anti-Trump surgido a partir de 2016], sostenían, se limitaba a gestos performativos de oposición, a culpar de todo a Rusia y a depositar una fe ingenua en que los «adultos responsables» del Partido Demócrata retomarían el control y devolverían las cosas al statu quo previo a 2016. Sin embargo, desde que Trump volvió a la Casa Blanca, la situación cambió de manera bastante drástica.
Una vez más, buena parte de la base liberal está en abierta rebelión contra una dirigencia que fracasó de forma estrepitosa en el objetivo de frenar el avance sostenido de la extrema derecha. Pero ahora muchos liberales votan a Zohran Mamdani, se desplazan hacia la izquierda en relación con Palestina y miran con creciente simpatía al socialismo como respuesta al fenómeno Make America Great Again [Hacer grande de nuevo a los Estados Unidos, MAGA, por sus siglas en inglés].
Daniel Denvir, conductor del podcast de Jacobin Radio The Dig, conversó con el organizador y activista de Democratic Socialists of America (DSA) de Nueva York Eric Blanc; con el estratega político progresista Waleed Shahid y con la codirectora ejecutiva de Indivisible Project, Leah Greenberg, sobre cómo y por qué los liberales y la llamada Resistance se radicalizaron. Esta transcripción fue editada por extensión y claridad.
DD: Una parte importante de lo que la izquierda socialista viene intentando hacer es convencer a la base liberal demócrata de que la única forma de abordar las causas profundas del fenómeno MAGA y de Trump es enfrentando al neoliberalismo y a las guerras eternas, y desplazando al establishment del Partido Demócrata.
Lo que parece especialmente significativo en este momento es que estas políticas populistas de izquierda y de socialismo democrático, del tipo que vemos tanto en la coalición de Zohran Mamdani como en la gira Luchar contra la oligarquía de Bernie Sanders, están irrumpiendo con mucha fuerza. ¿Cómo se radicalizó tanto en los últimos doce meses la base liberal, que antes había depositado su confianza en el establishment demócrata para protegerse de Trump?
LG: No creo que en este momento se pueda separar la reacción de la base liberal de las dinámicas sociales más amplias que venimos viendo desarrollarse. Durante la administración Trump 1.0 al menos existía una pretensión bastante sólida, por parte de actores corporativos y de muchas instituciones de la sociedad, de que estaban tratando de sostener unas ciertas normas de la democracia liberal, de proteger a algunas poblaciones vulnerables, etcétera. Podemos ser muy claros en que eso no surgía de la bondad de sus corazones. Pero sí generaba un contraste significativo. Lo que vimos esta vez fue un colapso institucional prácticamente total de las élites frente al trumpismo, que comenzó casi inmediatamente después de la elección.
Entonces, para quienes creyeron lo que les decía la dirigencia demócrata —que esto era un «fascismo en ciernes», que iba a representar una amenaza personal directa para ellos, sus comunidades y sus vecinos—, ver esta combinación de ineptitud de la dirigencia demócrata, que se replegó hasta enredarse en discusiones internas circulares culpando a distintos grupos en lugar de hacer algún tipo de balance serio, y al mismo tiempo observar cómo un montón de otras instituciones —desde Jeff Bezos y Mark Zuckerberg hasta [la cadena minorista] Target y prácticamente cualquier corporación que se te ocurra— se apresuraban a arrodillarse ante Trump, dejó mucho más claro que el proyecto de consolidar el poder político de MAGA y el proyecto de consolidar el poder corporativo eran una misma cosa. Eso preparó el terreno para gran parte de lo que vino después.
WS: Si se mira a las universidades, estudios jurídicos, al gobierno federal, a los medios y a los empleados de organizaciones afectadas por la consolidación del Big Tech, hay una diferencia tangible entre 2017 y 2025 en cuanto al tipo de trabajadores de cuello blanco, de clase media o media-alta, probablemente liberales en términos ideológicos o prácticos, que hoy están siendo realmente presionados y atacados por esta administración. No solo en el plano retórico, sino también en el de las políticas concretas.
J. D. Vance, Donald Trump y Elon Musk realmente odian a esta clase liberal. Fantasean con reemplazarla por robots y por inteligencia artificial. Creo que hay una forma muy concreta en la que esta clase está siendo asfixiada, mientras que el partido y los representantes electos que supuestamente deberían representarla no muestran ninguna voluntad de pelear por ella de manera contundente.
EB: Coincido con Leah en que el punto central es que no solo Trump es mucho peor esta vez, sino que además las instituciones lo están resistiendo mucho menos. Esa contradicción resulta profundamente radicalizante.
Creo, además, que esto antecede a la elección. Por ejemplo, la incapacidad del establishment del Partido Demócrata para desplazar a Joe Biden y todo el fiasco en torno a su edad, que ya medio olvidamos, puso en evidencia ante una parte importante de la base liberal que, más allá de la retórica, las motivaciones de quienes están en la cima parecen tener mucho más que ver con el ego y la carrera personal que con enfrentar seriamente al fascismo. Fue una experiencia muy reveladora.
También hay una dinámica más general: dado que el impulso autoritario de esta nueva administración es tan profundo, los liberales, por razones legítimas aunque quizás limitadas, perciben el ataque a la democracia como algo central para su política, en un grado que tal vez otros sectores de la población no sienten de la misma manera.
Eso genera una radicalización como respuesta a los acontecimientos. Si nunca creíste que el sistema funcionaba tan bien, como ocurre con muchos sectores de izquierda o con trabajadores no universitarios, quizás los ataques a la democracia no ocupen un lugar tan central en tu cabeza. Pero si realmente creías —y considero que los liberales tienen razón en creerlo— en la importancia de defender la democracia liberal, entonces este momento se vive como un llamado a la acción más potente que para casi cualquier otro sector de la población.
DD: Joshua Cohen publicó hace poco un post interesante en el que sostenía que el problema central no era solo Trump, sino que el liberalismo había perdido la capacidad de ofrecer una explicación convincente de por qué la democracia liberal valía la pena. En ese vacío, argumentaba, la derecha autoritaria pudo imponer su propio relato. Me interesa saber hasta qué punto creen que ese diagnóstico ayuda a entender por qué sectores de la base liberal parecen hoy más abiertos a ideas socialistas o populistas de izquierda.
WS: Dos de las principales movilizaciones de masas que tuvieron éxito en el último año fueron las protestas contra Tesla y No Kings [No a los reyes], que para mí son dos iteraciones distintas de lo que quizá pueda llamarse «la revuelta liberal autónoma». Creo que estos esfuerzos muestran que la gente está buscando expresar su bronca y su frustración y quiere poder hacerlo de una manera que no se sienta necesariamente como ideológica, ni siquiera socialista, sino como parte de una lucha contra Donald Trump y el fascismo.
Creo que la tercera movilización más exitosa con impacto nacional fue la elección de Zohran Mamdani. Donde realmente se pone a prueba todo esto es, obviamente, en las elecciones, porque hay muy pocos lugares en los que personas que son socialistas o incluso socialdemócratas puedan ganar una elección solo con quienes se identifican con esos términos. Hay que construir una coalición que cruce ideologías y demografías. Y muchas veces esas personas —algunos de los candidatos socialistas populistas más jóvenes— encarnan esa lucha contra el autoritarismo mucho mejor que el establishment demócrata.
LG: Retomando ese argumento, sobre por qué existe esta crisis de confianza en este momento, la propuesta fundamental de Biden 2020 era que el trumpismo era una locura pasajera que podía corregirse eligiendo al candidato más anodino, más persuasivo. Lo ponías en el cargo, los adultos volvían a estar al mando, las cosas se acomodaban y la fiebre se se terminaba. Esa era la promesa. Y mucha gente la compró, o incluso la aceptó a regañadientes.
Y creo que el problema básico que estamos viendo ahora es que no hay una propuesta posterior, no hay una promesa de continuidad por parte de la dirigencia demócrata electa que explique este momento. Claramente no se trata de una fiebre pasajera. MAGA es una fuerza en la política estadounidense y va a serlo durante un período prolongado.
¿Cómo se sale realmente de una situación en la que, cada cuatro años, cada elección se vuelve un referéndum sobre la democracia y una amenaza de consolidación autoritaria? No creo que la dirigencia demócrata haya ofrecido una teoría significativa que reemplace el marco aquél de «esto es una fiebre temporal». Que alguien logre formular de manera convincente una propuesta alternativa es, de hecho, la forma en que vamos a desplazar nuestra política en una dirección que no implique confrontaciones constantes con el peor 30 por ciento de la sociedad estadounidense. Creo que ese es el camino para romper ese techo.
EB: Lo que yo agregaría es que esta es, en muchos sentidos, una dinámica sorprendente para la izquierda, en el sentido de que el voto liberal resulta, en varios aspectos, un desarrollo inesperado para la izquierda socialista. No creo que la gente estuviera realmente preparada para ver no solo una repetición de la Resistance 1.0, y eso explica en parte por qué estamos teniendo esta conversación hoy. Hubo un corrimiento hacia tratar de entender lo que está pasando, pero creo que probablemente tengamos que ir más lejos para ser realmente concretos. Por ejemplo, DSA recién se sumó hace poco a la coalición No Kings, y creo que eso es una buena señal de que se está intentando pensar cómo trabajar con este tipo de movimiento de resistencia liberal más amplio.
Pero también existió, a veces, una tendencia a ser un poco condescendientes con la protesta de No Kings, por ejemplo. Entonces, cuando pensamos en cómo nos relacionamos con la resistencia liberal, creo que esto es algo importante a tener en cuenta. Nuestra tarea principal en este momento no es solo diferenciarnos de los liberales —especialmente de los liberales que están ahí afuera peleando—, sino involucrarnos con ellos y ser los mejores constructores posibles de las movilizaciones No Kings.
WS: Algo más sobre la trayectoria del liberalismo del Partido Demócrata: las advertencias del establishment demócrata a los liberales sobre la amenaza del fascismo hacen que la inmigración pase a ser un tema central en esta historia, ya que, contra lo que suele creerse, los liberales blancos tienden a ser un sector demográfico muy favorable a los derechos de los inmigrantes en este país.
Solo en la última semana, desde el ala derecha y el ala izquierda del liberalismo demócrata, tanto David Brooks como Michelle Goldberg publicaron columnas en el New York Times sobre derechos de los inmigrantes. La columna de Goldberg era sobre organizaciones que defienden los derechos de los inmigrantes a las que se podía donar durante las fiestas. David Brooks escribió una columna sobre una iglesia en Connecticut que está ayudando a inmigrantes indocumentados y a personas que buscan asilo para enfrentar al ICE [Servicio de Control de Inmigración y Aduanas].
Dado que hoy que los funcionarios electos no están liderando la lucha en torno a la inmigración con la misma intensidad, creo que eso genera una apertura enorme para que este sector de personas, que realmente se preocupa por la inclusión, el pluralismo y la protección de los más vulnerables, encuentre formas autónomas de involucrarse y llenar un vacío que la dirigencia de su propio partido no está cubriendo.
LG
Si puedo ofrecer el reverso, la imagen especular de eso, creo que las dos primeras señales de la disociación entre la base y la dirigencia electa fueron el proyecto H. R. 9495, la llamada «ley asesina de organizaciones sin fines de lucro», con la que intentaron avanzar de manera bipartidaria inmediatamente después de la elección, y luego la Ley Laken Riley, en enero.
Un recuerdo muy nítido que tengo es el de haber intentado comunicarle a dirigentes demócratas electos que nuestra base estaba genuinamente alarmada y enojada, y que no entendía por qué íbamos a otorgarle a Donald Trump más poder en materia de control y fiscalización, más poder sobre las organizaciones sin fines de lucro, más poder para ir contra los inmigrantes y consolidar una fuerza policial secreta, para recibir como respuesta algo que oscilaba entre la desestimación y el desprecio. Y frente a esto escuché a personas decir, básicamente: no solo no estamos de acuerdo, sino que además esta es la razón por la que perdimos la elección.
Después, hacia mediados de febrero, cuando las llamadas, el volumen y la bronca estaban desbordando, me encontré con muchos de esos mismos integrantes del establishment demócrata preguntándose: «¿Por qué está todo el mundo tan enojado?». Nuestra reacción fue: «Venimos diciendo que esto se estaba acumulando. Hay una brecha constante entre lo que ustedes le comunican a la gente sobre lo que les importa y las cosas que efectivamente están haciendo. Y eso ahora vuelve para atacarlos».
DD
Leah, muchos señalaron que, para la base liberal, la división no pasa tanto por «izquierda versus centro» como por «quienes pelean versus quienes se pliegan». ¿Pero ambas definiciones no están volviéndose cada vez más lo mismo?
LG
Yo lo describiría como un eje x y un eje y: el eje horizontal es qué tan a la izquierda están tus posiciones políticas; el eje vertical, en qué medida crees que este momento es el de una emergencia que requiere usar todas las herramientas disponibles. Y que eso, en última instancia, exige reformas estructurales que aborden de manera significativa las raíces de la crisis.
Lo que diría sobre nuestra gente es que se ubican a sí mismos en lugares muy distintos del eje izquierda-centro, pero que todos están en niveles muy, muy altos del eje de «esto es una emergencia que requiere poner en juego todo lo que tenemos». Y suele haber una fuerte correlación entre quienes están más a la izquierda y quienes perciben este momento como una emergencia. Hay mucha superposición respecto de lo que se es necesario hacer.
Cuando hoy hablamos de reformas estructurales, no estamos solo volviendo a lo que discutíamos en 2021. No se trata únicamente de la For the People Act [Acta para la gente]. Estamos hablando de la Ley de Derecho al Voto, pero también de derechos electorales, además de qué vamos a hacer con la Corte Suprema, qué vamos a hacer con el sistema bipartidista que sigue produciendo estos conflictos, qué vamos a hacer con la concentración del poder corporativo que permitió que los fascistas del Big Tech operen como respaldo de esta administración.
Creo que hay mucha superposición cuando uno piensa en cuál es el conjunto final de soluciones para el momento en el que estamos, soluciones que permitirían construir de manera efectiva un país donde las personas puedan ser parte, vivan con dignidad y tengan voz. Así que no pondría el foco tanto en las etiquetas en sí mismas, pero sí creo que, cuando hablamos concretamente de cómo salir de este momento y de cómo mejorar genuinamente la vida de la gente, hay un enorme potencial de convergencia.
DD
No son solo los liberales los que cambiaron desde la primera administración Trump, como ya comentó bastante gente. La izquierda socialista también está en una situación bastante distinta. En los años posteriores a la elección de 2016, una gran cantidad de personas rechazaron desde la izquierda, o al menos miraron con escepticismo y suspicacia, muchos aspectos de la Resistance liberal. Para una parte de la izquierda socialista, esa política de la Resistance encuadraba a la elección de Trump como el producto de la «interferencia rusa» y buscaba simplemente hacer retroceder el reloj para volver a la política previa a Trump, es decir, a esa idea de que, como mencionaba Leah antes, «la fiebre se va terminar cuando los adultos vuelvan a la casa».
Al mismo tiempo, hubo un debate intenso dentro de la izquierda socialista acerca de si el proyecto de Trump era fascista o no. Toda la izquierda se oponía a Trump. Pero hubo un debate a veces interesante, a veces bastante arcano, sobre si «fascista» era el concepto adecuado. Ahora, en cambio, toda la izquierda online ama a Jennifer Welch y está de acuerdo en que el proyecto de Trump es fascista. Si bien hay sectores de la izquierda que pueden tener algunas reservas respecto de la Resistance, me parece que una creciente mayoría coincide en que deberíamos enlazar nuestros brazos y sumarnos.
Eric, ¿cómo describirías esa trayectoria dentro de la izquierda socialista y la política interna de la izquierda socialista respecto de cómo relacionarse con la Resistance liberal?
EB
Lo primero que diría es que el hecho de que esta vez la Resistance liberal esté enfrentando de manera muy explícita al establishment del Partido Demócrata es algo que lo cambia todo. Si hay algo que a los socialistas nos gusta hacer es pelear contra el establishment demócrata. Así que ahí hay una afinidad evidente, que explica buena parte de la apertura para involucrarse.
También creo que hay una cuestión de urgencia. La última vez, muchos en la izquierda, yo incluido, teníamos una lectura, en parte válida, según la cual la administración Trump no representaba una ruptura tan radical con el republicanismo y la política de derecha. Pero, como sostenían los liberales, esta vez quizás incluso subestimamos la amenaza. Lo digo sin vueltas: yo no pensé que esta vez Trump fuera a ser tan malo como lo fue. Creo que muchos subestimamos eso. Y después hay algo inmediato, no solo en abstracto, sino en términos muy concretos: qué significa el hecho de que, hablando desde mi experiencia personal, como izquierdista, por primera vez en mi vida tuve que considerar qué pasaría si pierdo mi trabajo por expresarme políticamente.
Hay una urgencia, y lo digo desde un lugar de privilegio relativo. Tengo un trabajo sindicalizado. Doy clases en una universidad pública. Pero creo que la intensidad del ataque autoritario en todos los frentes generó en la izquierda una sensación de llamado de «todos a sus puestos» en un grado que no se sentía tanto la última vez. Entonces la pregunta que me hacía era: ¿qué se hace con eso?
Siento que lo que la izquierda sabe hacer muy bien es pelear contra el establishment demócrata. No creo que tengamos tanta experiencia reciente en cuanto a cómo trabajar en coalición con los liberales contra la derecha. No es que alguien se oponga, pero esto exige cosas distintas, que no hemos hecho de manera consistente en los últimos tiempos. Así que la tarea pasa por pensar realmente cómo escalar en una pelea más amplia. Y eso exige seguir planteando que nuestra lucha principal ahora mismo es contra la derecha, y no contra la Resistance liberal.
WS
Otra cosa de la que tenemos que dar cuenta —y es algo muy raro, que casi nunca pasa— tiene que ver con el hecho de un candidato de izquierda que gana una elección siendo públicamente conocido como izquierdista o haciendo campaña explícitamente en esos términos. Así que hay una reconfiguración constante de cómo se define la pelea dentro del Partido Demócrata (una reconfiguración en la que yo mismo participé) entre la vieja guardia y la nueva gene
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