miércoles, 3 de marzo de 2021

feminismo se abre paso en el espacio islámico

Feminismo & Mundo islámico El feminismo se abre paso en el espacio islámico en medio de la controversia Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someone Por Aristóteles Moreno | 03/03/2021 | Feminismos Fuentes: www.publico.es El debate sobre la igualdad de la mujer gana terreno en un mundo condicionado por el cliché y los prejuicios. Tres voces reflexionan sobre la cuestión de género en países de mayoría musulmana. Noor Ammar Lamarty tiene 23 años. Nació en Tánger en el seno de una familia musulmana practicante, que la educó bajo las coordenadas del llamado «feminismo islámico». Salvo su abuela, ninguna de las mujeres de su casa llevó nunca velo. De hecho, pudo estudiar, recibir una educación razonablemente abierta y desbordar los límites geográficos de su país. Y hoy, siguiendo los pasos de su tía, doctora en Filología Hispánica por la Universidad Complutense, completa su formación en Madrid, donde ha orientado su especialización hacia el derecho internacional público con perspectiva de género. Su visión sobre el papel de la mujer en los contextos árabes e islámicos ha experimentado una significativa evolución. El conocido como feminismo islámico ya no da respuesta a buena parte de sus interrogantes personales. «Fallaba la constante justificación de las injusticias que vivíamos las mujeres, incluso a nivel legal; de por qué seguimos estando discriminadas en nuestro ordenamiento jurídico», argumenta en un perfecto castellano a través del teléfono. «Y hay que plantarle cara yendo al origen de los textos que desarrollan leyes machistas«. Noor Ammar Lamarty es una de las cada vez más frecuentes voces que reclaman igualdad de género en el diverso espacio islámico, que incluye una heterogénea población de más de 1.500 millones de personas en latitudes geográficas y sociales bien distintas. El debate sobre la situación de la mujer en el mundo islámico ha vuelto a cobrar fuerza en los últimos años, aunque está contaminado por clichés y prejuicios etnicistas y religiosos, que dificultan significativamente su análisis. Muchas y conflictivas son las perspectivas que confluyen en el examen de una cuestión, a menudo, controvertida. La investigadora de origen sirio Sirin Adlbi Sibai publicó en 2017 un polémico estudio que cargaba contra el «feminismo hegemónico» occidental portador, en su opinión, de un discurso colonialista y excluyente de las mujeres del tercer mundo. La escritora reprobaba la visión «racista e islamófoba» que se ofrece de la mujer musulmana y negaba la presunta incompatibilidad entre feminismo e islam. «El feminismo islámico es una redundancia. El islam es igualitario», aseveraba en una entrevista Sirin Adlbi Sibai, con quien Público ha intentado ponerse en contacto sin éxito. El punto de vista de Sirin Adlbi Sibai es compartido por muchas mujeres musulmanas. Otras tantas lo cuestionan. Es el caso de la escritora marroquí residente en Catalunya Najat el Hashmi. Sus reflexiones sobre el feminismo islámico son enormemente críticas. «El islam nunca fue feminista», ha argumentado en innumerables entrevistas a medios españoles en los últimos años. Bajo su prisma, todas las religiones monoteístas nacen en sociedades patriarcales y lo vertebran de forma normativa. Sus posibilidades de evolución son mínimas o inexistentes, agrega El Hashmi. Noor Ammar Lamarty comparte con la escritora marroquí algunas de sus observaciones. Puntualiza que existen sustanciales diferencias entre mujeres musulmanas de distintas procedencias y contextos socioeconómicos, pero admite la existencia de discriminación. «Por supuesto. Por más que nuestras familias sean modernas o cultas, que nos den acceso a la educación y quieran que nos emancipemos, siempre está el factor de que somos mujeres. Y tenemos limitaciones claras. Estamos reguladas por un código moral social y un establishment religioso que nos indica cómo tenemos que ser buenas mujeres y buenas musulmanas», declara. Y agrega: «Incluso las que hemos gozado de cierta libertad en nuestra educación, no somos tan libres para decidir y sufrimos el miedo constante a la imagen social. Se nos ve peor si fumamos, si bebemos, si vestimos de forma menos recatada, si salimos a determinadas horas o si tenemos pareja no musulmana. Y sufrimos el mito de la virginidad, que nos invalida y nos pone contra la pared por sentirnos peores personas o indignas. No tenemos la misma libertad de los hombres de no ser juzgadas por lo que decidamos». En su país, asegura, las libertades individuales se encuentran restringidas y un buen número de artículos del código civil discriminan legalmente a las mujeres. ¿Es la religión la que incorpora todos estos rasgos machistas? Para la joven marroquí, fundadora de la revista digital Women By Women, desvincular religión y cultura es imposible. «Hay un miedo atroz a decir que la religión nos discrimina. Muchas feministas islámicas han intentado reformar el islam desde dentro y han sido marginadas y vilipendiadas«, señala Lamarty. «Es un tema complejo», admite. Y asegura: «Las instituciones islámicas están masculinizadas y la legislación está impregnada de misoginia». El escritor Abdennur Prado sostiene una visión diferente. En el Corán hay ciertos rastros machistas que han sido «sobredimensionados» por la tradición islámica y que son reflejo de la sociedad patriarcal de su época. Sin embargo, él defiende una hermenéutica global del libro sagrado que se centre en sus «fundamentos éticos» y en su «concepción de la dignidad». «Aquella es una lectura patriarcal del Corán que no se sostiene si se analiza en su conjunto», asegura. «Lo masculino y lo femenino están equilibrados en lo divino. Y hay toda una serie de principios éticos, además del concepto de justicia, entroncados con una ética feminista». Abdennur Prado (Barcelona, 1967) fue el principal promotor de las cuatro ediciones del Congreso Internacional de Feminismo Islámico que se celebraron entre 2005 y 2010 en Madrid y Barcelona, con la participación de ponentes, organizaciones y activistas del mundo musulmán. Y ahora está a punto de publicar El rostro materno de Allah. Aportaciones al feminismo islámico, donde revisa la cuestión de género en el espacio musulmán. El escritor afincado en Córdoba admite que el feminismo islámico, tal como lo entiende él, resulta minoritario en los países musulmanes. «Hay muchas dificultades», argumenta. «La primera es el propio término feminismo. Los clérigos conservadores no paran de decir que el feminismo es algo occidental que amenaza la moral islámica tradicional y llaman a combatirlo. A esto ayuda que el colonialismo lo ha utilizado como caballo de Troya», añade. «El feminismo islámico se enfrenta», por tanto, y según su perspectiva, «a las pretensiones de universalidad del colonialismo cultural y económico». De alguna manera, el escritor barcelonés, autor de numerosos estudios sobre el islam, se sitúa en una posición equidistante entre el feminismo occidental y el discurso conservador de algunos clérigos «que están al servicio de estados autoritarios». Un ejemplo de ello es el recurrente debate sobre el velo islámico. «Para mí, es sencillo: la libertad de las personas es el criterio», afirma. Desde ese punto de partida, rechaza tanto la imposición del hiyab en países como Irán o Arabia Saudí como su prohibición en «estados que se pretenden laicos». «Me parece contrario al feminismo y al principio de autodeterminación de las personas», subraya. Bajo su punto de vista, las razones que impulsan a una mujer a usar el velo son muy diversas. «Puede ser por imposición cultural, por costumbre, por adherencia a una tradición o por utilizarlo en un contexto de discriminación. El uso no define a la persona», aduce Abdennur Prado. El escritor cree que el feminismo tiene ante sí un gran espacio por recorrer en el mundo islámico. Entre otras cosas, porque cada vez hay más mujeres musulmanas con acceso a la lectura del Corán, que ya no dependen de las interpretaciones de los clérigos. «En el contexto de algunos países islámicos, la mayor parte de las discriminaciones se pretenden justificadas en el Corán y, cuando se analiza, se desmoronan«, arguye. «La contradicción es tan grande que me provoca esa necesidad de revisión de ese discurso. Y eso es imparable». La profesora de Estudios Árabes Nieves Paradela ha dedicado parte de su labor investigadora al examen de la historia del feminismo árabe. El movimiento por la igualdad de género tiene unas sólidas raíces en el mundo islámico a lo largo del siglo XX, fundamentalmente en Egipto, pero también en otros países del Magreb y de Oriente Próximo. «Había un feminismo muy potente, con una importante producción en prensa, ensayística y literaria, que ya en los años 50 o 60 del siglo pasado hizo bandera de quitarse el velo», señala. Todas esas generaciones de mujeres feministas lograron derechos políticos de calado en el contexto de regímenes autoritarios. «La mujer entró en la Universidad egipcia ya en 1929. Y consiguió importantes conquistas en las décadas siguientes. Es verdad que había una especie de feminismo de Estado, propiciado por Gamal Abdel Nasser para vender una imagen de modernidad», explica la profesora de la Universidad Autónoma de Madrid. De todo ese movimiento de mujeres activistas beben hoy las nuevas generaciones de jóvenes feministas de origen islámico que, como Noor Ammar Lamarty, alzan su voz en las redes sociales. «Hay mujeres muy valientes, como Najat El Hashmi, que habla en sus libros de su proceso de liberación y constituye un referente para las más jóvenes», asegura Paradela. El concepto del feminismo islámico emergió en la década de los 90, según indica la arabista, como efecto secundario del fenómeno de reislamización identitaria que experimentaron los países árabes. Esta nueva mirada sobre la mujer musulmana trató de buscar en el Corán la base para la conciliación de la fe y la igualdad de género. «En parte, fue un movimiento intelectual y académico, que pretendía una relectura feminista del texto sagrado para encontrar un fundamento igualitario», manifiesta Paradela. Muchas no estaban cómodas con el propio concepto «feminismo» porque lo vinculaban con connotaciones occidentales y eurocéntricas. «¿Se puede llamar feminismo a ese movimiento?», se pregunta la investigadora. «Depende. A mí no me parece demasiado convincente desde el punto de vista intelectual», precisa. Nieves Paraleda ve un cierto ejercicio de «voluntarismo» para intentar salvar los aspectos arcaicos y patriarcales del libro sagrado. «Tratar de encontrar en un texto del siglo VII una guía que rija las vidas de las mujeres del siglo XXI me parece un ejercicio casi imposible», concluye. Fuente: https://www.publico.es/sociedad/igualdad-genero-feminismo-abre-paso-espacio-islamico-medio-controversia.html

¿Estado de bienestar o de mercado?

¿Estado de bienestar o de mercado? Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someone Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda | 03/03/2021 | Opinión Fuentes: Informe Fracto, México En América Latina los caminos para edificar Estados de bienestar han sido bloqueados permanentemente. El economista canadiense-norteamericano John K. Galbraith (1908-2006) tuvo destacada influencia académica y pública en su época (profesor en Harvard, asesor de John F. Kennedy, etc.) y dejó numerosas obras que buscaban ajustar la teoría económica a las realidades históricas, lo que condujo a contraponer su pensamiento a los dogmas del mercado. Uno de sus libros menos conocidos es Historia de la Economía (Economics in Perspective. A critical History, 1989), en el que dedica una sección especial al “Estado de bienestar”. Los antecedentes se hallan en Alemania y Gran Bretaña. Durante la época de Otto von Bismarck (1815-1898) y con el propósito de evitar una revuelta social proveniente de las luchas obreras y su fuerte sindicalismo, se aprobaron leyes que introdujeron los seguros por accidentes laborales, enfermedades, ancianidad e invalidez. En Gran Bretaña el propósito fue distinto, pues se trataba de mitigar los rigores del capitalismo decimonónico, de modo que iguales seguros se introdujeron en 1911, además del impuesto sobre las rentas y, ante todo, el pionero seguro de desempleo. Para la década de 1920 en los EE.UU. pesaron esos antecedentes. Un grupo de políticos, economistas y académicos encabezaron las reformas sociales a través del “Plan Wisconsin”, que propuso tarifas para servicios públicos, limitar los intereses crediticios bancarios, apoyar al movimiento sindical, introducir el impuesto a las rentas y un sistema estatal de subsidio al desempleo, que fueron adoptados primero como políticas del Estado de Wisconsin y que se transformaron en políticas nacionales durante el “New Deal” de Franklin D. Roosevelt en la década de 1930. El “Estado de bienestar” en los EE.UU. se tradujo en un sistema de subvenciones para ancianos, hijos de familias de bajos recursos, subsidios por desempleo, pensiones jubilares, impuestos directos, mejores salarios, diversificación de empleos, vivienda para familias con bajos ingresos, capacitación profesional, inversiones y regulaciones estatales. Esta benéfica y positiva experiencia, sirvió de base a las formulaciones teóricas de John M. Keynes (1883-1946), quien enfatizó en las capacidades de la demanda, la actuación de los Estados y las orientaciones de las políticas económicas. Más que las reacciones de los economistas “ortodoxos”, el Plan Wisconsin y el New Deal fueron atacados desde el “mundo de los negocios”, que son los términos diplomáticos que usa Galbraith para no hablar directamente de los empresarios. Los industriales se quejaron del “seguro de desempleo”; los fabricantes advirtieron que sobrevendría “la dominación definitiva del socialismo”; A. P. Sloan Jr. (General Motors) afirmó “los peligros están a la vista”; J. L. Donnelly (fabricantes de Illinois) declaró que se destruiría “la iniciativa, desalentando el ahorro y sofocando la responsabilidad individual”; C. Denby Jr. (abogados) sostuvo “en un momento u otro acarreará el inevitable abandono del capitalismo privado”; A. M. Schlesinger Jr.: “con el seguro de desempleo, nadie trabajaría; con el seguro de vejez y de supervivencia, nadie ahorraría”; J. Taber (New York): “nunca en la historia del mundo se ha preconizado una medida destinada… a eliminar toda posibilidad de que la patronal cree puestos de trabajo”; y G. P. Chandler (comercio de Ohio) llegó a decir, con singular fantasía histórica, que la caída de Roma se debió a medidas de esa índole. Desde sus inicios, el “Estado de bienestar” ha sido recurrentemente atacado. El fin de ese sistema, como en forma insistente lo señala Joseph Stiglitz en su libro Capitalismo progresista (2020), llegó con el gobierno de Ronald Reagan (1981-1989) quien liquidó el camino del bienestar y entronizó al neoliberalismo como el nuevo paradigma económico de un mundo que enseguida cayó en la globalización ante el derrumbe del socialismo soviético. Stiglitz destaca, en forma pormenorizada, el hundimiento social en los EEUU y el ascenso de los privilegios y de la concentración de la riqueza en una elite, a consecuencia de volver a los dogmas del “mercado libre”. En América Latina los caminos para edificar Estados de bienestar han sido bloqueados permanentemente. El primer avance constituye la Revolución Mexicana, cuya Constitución de 1917 inauguró los derechos sociales y laborales fundamentales, que se difundieron en la región a distintos ritmos, de acuerdo con el ascenso de las clases trabajadoras. Desde la década de 1920, más por influjo del ideario social surgido en México, así como por los principios socialistas que se expandieron a raíz de la Revolución Rusa (1917), diversos gobiernos (en Ecuador los de la Revolución Juliana, 1925-1931) iniciaron las primeras bases de economías sociales; y los “populismos” clásicos, desde la década de 1930, fueron, en esencia, continuadores de ese tipo de economías, orientadas a crear Estados de bienestar bajo las condiciones latinoamericanas. Incluso fueron esfuerzos para derrotar a los regímenes oligárquicos precapitalistas e impulsar, al mismo tiempo, la modernización capitalista. Las resistencias y reacciones de las oligarquías tradicionales (hacendados, comerciantes y banqueros) siempre estuvieron presentes e impidieron el fortalecimiento y la continuidad de la construcción de las economías sociales. Paradójicamente, durante las décadas de 1960 y 1970, tanto de la mano inicial del programa norteamericano “Alianza para el Progreso” como por el avance de las tesis “desarrollistas” de la época (a menudo confundidas como “keynesianismo”), en buena parte de los países latinoamericanos se logró superar definitivamente el régimen oligárquico y se afirmó la vía industrial capitalista. Ese proceso conservó algunas conquistas teóricas en cuanto a derechos laborales o seguridad social, aunque también las políticas de guerra fría contra el “comunismo” y el “castrismo”, sirvieron para reprimir movimientos sociales y afectar conquistas históricas de los trabajadores. El cambio de época también llegó a la región con la “revolución reaganista”. El neoliberalismo, como ideología económica y con sus dogmas técnicos, se difundió por América Latina gracias al despegue de los intereses empresariales privados, los gobiernos conservadores y la supervigilancia continental de los EEUU y de las instituciones financieras y reguladoras como el FMI. Las dos décadas finales del siglo XX produjeron el quiebre histórico de cualquier avance en la construcción de Estados de bienestar. Esa edificación fue retomada por el ciclo de los gobiernos progresistas durante los primeros tres lustros del siglo XXI, que literalmente volvió a ser arrasado por los gobiernos conservadores que les sucedieron, como ha ocurrido en Ecuador a partir de 2017. Existe suficiente material histórico en cuanto a estudios, libros, estadísticas y datos económicos y sociales para evaluar los resultados y avances que en sus diversos momentos han tenido los dos modelos en pugna en la región: economías sociales o economías empresariales. No hay posibilidad alguna para negar que, en esos mismos términos históricos, América Latina siempre logró mejores condiciones de vida y trabajo con las economías de tipo social. Pero, como bien supo señalarlo Galbraith en su “viejo” libro de historia económica, la “retórica del mercado libre”, convertida en dogma teológico, se basa en una “fuga técnica de la realidad”, que se vuelve incapaz de comprender que lo que finalmente se impone es el conservadorismo gubernamental, así como el poder económico y político basado en los intereses privados tanto en los EE.UU. como en América Latina. Pero vale aclarar, nuevamente, que en nuestra región se trata de los intereses de elites empresariales que no se desembarazaron por completo de la mentalidad oligárquica heredada de la época precapitalista, de modo que hoy esconden tras su “neoliberalismo”, viejas consignas de dominio social y explotación laboral que garanticen su poder. Informe Fracto, México – https://bit.ly/3kFQEIV Blog Historia y Presente: www.historiaypresente.com __________________________________________________________________

incidirá el resultado electoral en el mandato del presidente Bukele?

El Salvador: ¿cómo incidirá el resultado electoral en el mandato del presidente Bukele? hace 6 horas (actualizado: hace 3 horas) 44:39 RSS Síguenos en Tras la realización de las elecciones legislativas y municipales en el país centroamericano, el analista político Luis Contreras dialogó con 'GPS Internacional' para realizar un balance del proceso electoral, así como de las perspectivas en torno a la nueva configuración del legislativo salvadoreño. La magistrada presidenta del Tribunal Supremo Electoral de El Salvador, Dora Martínez, confirmó que en los recientes comicios legislativos y municipales participó un 51% del padrón de 5,3 millones de votantes. En este marco, los resultados inidcan que el partido oficialista, Nuevas Ideas, obtuvo una victoria contundente en las elecciones de este 28 de febrero para elegir a los 84 diputados de la Asamblea Legislativa, los 20 a Parlamento Centroamericano y los 262 concejos municipales. El partido de Gobierno consolida su poder político Al respecto, "lo que ocurrió en el país fue una fiesta cívica, en la que el oficialismo consiguió un fuerte apoyo por parte del electorado", afirmó Contreras. En este sentido, "eso es algo bastante atípico en El Salvador, ya que nunca un partido político nuevo había tenido un caudal electoral tan masivo", indicó. Asimismo, "el presidente ha sido bastante pragmático, particularmente en políticas públicas que tuvieron apoyo popular, como el plan de seguridad pública, el cual ha sacó al país de los más violentos del mundo", apuntó. Iraquí gana gran lotería de EE.UU....¡desde Bagdad! Y los latinos quieren seguir sus pasos theLotter.com Una inversión en Amazon podría darte un salario extra Investingops El curso de inglés online #1 en San Martín. ¿Qué estás esperando? Open English Las 30 mujeres que te robarán un suspiro con su belleza HealthSupportmag.com por TaboolaEnlaces Promovidos Con respecto a la denuncia de Bukele hacia el Tribunal Electoral, atribuyéndole errores intencionales para perjudicar a su partido, "hubo un magistrado que sentó una posición favorable a la oposición política, a partir de lo cual fue cuestionado por el oficialismo", indicó el analista. Asimismo, "las querellas verbales que mantuvo con el presidente fue caldeando el ambiente político del país", aseveró. Sin embargo, "la votación masiva fortaleció la democracia y la institucionalidad del país", concluyó.

martes, 2 de marzo de 2021

Marxismo ecológico, elementos teóricos

Marxismo ecológico, elementos teóricos Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someone Por Juan Camilo Delgado Gaona | 02/03/2021 | Ecología social Fuentes: Rebelión Uno de los puntos de partida en la búsqueda de algún atisbo político-ecológico en la obra de Marx y Engels, es el análisis que los fundadores del materialismo histórico hacen del metabolismo entre la sociedad y la naturaleza mediada por el trabajo. A pesar de los prejuicios en el ecologismo en relación con la teoría marxista, cabe resaltar los diversos pasajes en los cuales Marx y Engels analizaron los vínculos entre el mundo social y el mundo natural (Sabbatella y Tagliavini, 2011a), específicamente, el intercambio material que existe constantemente entre la sociedad y la naturaleza mediante la actividad productiva del ser humano, la cual se sustenta de la misma naturaleza a la que transforma y por la que es transformado(Arias Maldonado, 2004, p. 78). La teoría marxista identifica al ser humano como parte de la naturaleza, no como esta creada para el ser humano. Como menciona Schmidt: “la naturaleza es para Marx un momento de la praxis humana y al mismo tiempo la totalidad de lo que existe”(1977, p. 23). El trabajo permite crear las condiciones necesarias para el desarrollo de la vida humana en la naturaleza, es la actividad que permite al ser humano, a diferencia de los demás seres vivos que pueden adaptarse de manera orgánica al medio natural, sobrevivir a este medio(Bosch, Carrasco y Grau, 2005, p. 329). Por medio del trabajo se actúa sobre la naturaleza, de esa forma se crea una realidad objetiva externa la cual da sentido y fundamenta la existencia del ser humano(Ortega Hernández, 2018, p. 4). Además, como señala Arias Maldonado: “la transformación de la naturaleza a través del proceso del trabajo es, a fin de cuentas, el origen y motor de la historia en el materialismo histórico marxista” (2004, p. 63).Es decir, el estudio de la historia de la sociedad parte del análisis del intercambio material entre el ser humano y la naturaleza. “Es a partir de este a priori social como Marx puede construir toda una concepción de la sociedad, constituyendo una teoría verdaderamente comprensiva de la totalidad social” (Koppmann, 2013, p. 30). Para Marx la transformación de la naturaleza externa al ser humano es, al mismo tiempo, una transformación de su naturaleza interna. La relación del ser humano con su naturaleza externa es dialéctica, pues el ser humano no solo transforma el medio, sino que, al hacerlo, se transforma a sí mismo en sus propias relaciones interespecíficas (Foladori, 2005, p. 123). Por ende, en la teoría marxista deja de tener fundamento la consideración del ser humano como un ente abstracto y totalmente aislado. La ciencia (marxista) de la sociedad adquiere un nuevo concepto de naturaleza, reunificando la ciencia natural con la ciencia de la sociedad en la medida en que ambas constituyen la ciencia de los seres humanos en el mundo social (Koppmann, 2013, p. 30). La naturaleza contiene desde el punto de vista del análisis marxista un elemento objetivo y otro subjetivo. Como señala Foladori, el elemento objetivo está dado por las características materiales del medio, por ejemplo, la biodiversidad, mientras que el elemento subjetivo está dado por el hecho de que la biodiversidad sea apropiada yexplotada, y las consecuencias ambientales de su transformación y destrucción afecten de forma desigual a los diferentes grupos y clases sociales (2005, p. 123).En los Tomos I y III de El Capital, expuso Marx las consecuencias diferenciadas de la apropiación de las características materiales del medio, específicamente en relación con el desarrollo de la agricultura moderna del sistema capitalista: la acumulación en pocas manos de grandes extensiones de tierra tiene como consecuencia el desplazamiento rural y, por consiguiente, el hacinamiento urbano de los desposeídos y la disminución gradual de los medios de vida (Bellamy Foster, 2000, pp. 240-241).Marx no analizó la agricultura de manera abstracta, sino el desarrollo de la agricultura capitalista en una sociedad dividida en clases antagónicas, haciendo énfasis en la producción de plusvalía mediante la explotación tendencialmente creciente de la naturaleza y la clase trabajadora, objetivo último de las fuerzas productivas en el capitalismo (Pérez y Ramírez Chaves, 2020, pp. 61-62). Fue Marx el primer economista en incorporar en su estudio de la sociedad capitalista las nociones de energía y entropía, que surgen de la primera y segunda leyes de la termodinámica. Por ende, su análisis de la ruptura del metabolismo entre los seres humanos y el suelo, parte del “resultado del traslado de alimentos y fibras a la ciudad, donde los nutrientes extraídos del suelo, en lugar de regresar a él, terminan contaminando el aire y el agua” (Bellamy Foster,citado en Boltvinik, 2015, p. 21). Marx subrayó la naturaleza y el trabajo como fuentes de la riqueza, distinguiendo y criticando a quiénes consideraban únicamente al trabajo como fuente de toda riqueza. En general, la naturaleza en la obra de Marx adquiere un carácter fundamental, entendida ésta como la fuente de los valores de uso, que al final son los que verdaderamente integran la riqueza material.Y especial énfasis hace Marx en la irracionalidad de la propiedad privada de los bienes naturales, cuando la función de la humanidad es su conservación para garantizar el sostenimiento (generacional) de la especie humana sobre la Tierra: Desde el punto de vista de una formación económico-social superior, la propiedad privada del planeta en manos de individuos aislados parecerá tan absurda como la propiedad de un hombre en manos de otro hombre. Ni siquiera toda una sociedad, una nación o, es más, todas las sociedades contemporáneas reunidas, son propietarias de la tierra. Sólo son sus poseedoras, sus usufructuarias, y deben legarla mejorada, como boni patres familias [buenos padres de familia], a las generaciones venideras (Marx, 2009, p. 987). ParaSacristán, generaciones de marxistas profundizaron su análisis, por ejemplo, en cuestiones relacionadas con la tecnificación de la agricultura o la reducción de la población agrícola en relación con los pasajes acerca de la agricultura capitalista en El Capital, “pero sin reparar en lo que decían acerca de la relación entre la especie humana y la naturaleza” (1984, p. 46). No obstante, la desestabilización del metabolismo sociedad-naturaleza a escala planetaria debido al proceso de acumulación infinita de capital, conllevó a una fundamentación más ecológica de la teoría marxista, resaltando la importancia del intercambio material y las consecuencias en las relaciones de clase de la apropiación desigual de las condiciones materiales (Bellamy Foster, 2017, p. 96). Teniendo en cuenta que “los problemas de ecología política son problemas prácticos, no ideológicos” (Sacristán, 1984, p. 40), la teoría marxista ha influido en la práctica ecológica, y la ecología ha influido en la práctica socialista. Por ende, la relación entre la teoría marxista y la ecología ha sido compleja, interdependiente y dialéctica (Bellamy Foster, 2017, p. 88). Respecto al marxismo ecológico en sí, fue James O’Connor (2001) quien acuñó el término basándose en el metabolismo sociedad-naturaleza de la teoría marxista y analizando la inminencia de crisis económicas derivadas de la subproducción de capital que la apropiación y destrucción de la naturaleza suscita. Lo anterior, debido a la degradación de las condiciones naturales de producción, cuyos costos ecológicos disminuyen la rentabilidad del capital (Boltvinik, 2015, p. 25). A lo anterior, O’Connor le llamó la segunda contradicción del capitalismo. Figura 1. La transformación de la naturaleza Fuente: elaboración propia. La segunda contradicción del capitalismo O’Connor (2001) distingue el origen de las crisis económicas en la teoría marxista tradicional del origen en la teoría marxista ecológica. Para la teoría marxista tradicional, el origen de las crisis económicas es la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Es decir, la contradicción entre la producción y la realización (o apropiación) del valor y la plusvalía. Para la teoría marxista ecológica, el origen de las crisis económicas es la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, por un lado, y las condiciones naturales de producción, por el otro. Dichas contradicciones son denominadas primera y segunda contradicción del capitalismo, respectivamente. Marx distinguió tres tipos de condiciones naturales de producción (O’Connor, 2001): (1) las condiciones físicas externas (condiciones naturales); (2) la fuerza de trabajo (condiciones personales); y, (3) el medio construido (condiciones comunales). Las condiciones naturales de producción no son producidas de manera capitalista, sin embargo, el capital las trata como si fuesen mercancías. Por lo tanto, “sus condiciones de oferta (cantidad y calidad, lugar y tiempo) tienen que ser reguladas por el Estado o por capitales que actúan como si fuesen el Estado”. En general, la base fundamental de la segunda contradicción del capitalismo es la apropiación autodestructiva por parte del capitalismo de las condiciones naturales de producción, que al final constituye la creación de límites físicos para la acumulación infinita del capital, generando una crisis de costos. El capital, para existir, debe expandirse de manera infinita, y, por ende, tiende a degradar las condiciones de su propia producción (Kovel, citado en Crevarok, 2006, p. 238). Para el capital no basta con apropiarse de la naturaleza para tratarla como una mercancía, sino “rehace[r] a la naturaleza y sus productos biológica y físicamente (y política e ideológicamente) a su propia imagen y semejanza” (O’Connor, 2000, p. 16). La sustentabilidad del capitalismo tambalea cuando se incrementan significativamente los costos de las condiciones naturales, personales y comunales, ya que además de la primera contradicción, el capitalismo enfrenta la posibilidad de una segunda contradicción, que está acompañada de una crisis económica (O’Connor, 2000, p. 21).El capital es incapaz de abstenerse de autodestruir sus propias condiciones naturales de producción, lo cual genera un aumento de los costos. Además, la cuestión del abastecimiento de las condiciones naturales de producción puede ocasionar un problema para la producción de la plusvalía, representando una barrera externa para la acumulación de capital (Sabbatella y Tagliavini, 2011). O’Connor señala que la crisis de costos se origina de dos maneras: primero, cuando el capital obtiene ganancias degradando las condiciones materiales y sociales de producción, sin lograr mantenerlas en buen estado durante largo tiempo. Por ejemplo, el incremento de los costos de las condiciones sanitarias de trabajo o el descenso de la productividad de la tierra. Y segundo, cuando la presión de los movimientos sociales obliga al capital a preservar y restaurar las condiciones naturales de producción (2000, p. 22). No obstante, la segunda contradicción no puede entenderse de manera abstracta, sino objetiva y subjetivamente según el análisis marxista. Es decir, la afectación diferenciada de la crisis según la clase social. Y en el marco de la globalización, según la marcada diferencia entre el Norte rico y el Sur pobre. No es un secreto que el capitalismo en su afán de acumular ocasiona la destrucción ecológica más descarada, e incluso que pueda lucrarse con la degradación de la naturaleza hasta llegar al punto de no-retorno (Boltvinik, 2015, p. 26). Cuando las condiciones naturales de producción del Norte empiezan a degradarse y generar tensión en la formación social capitalista, el problema es desplazado al Sur. El Sur es obligado, por ejemplo, a aceptar los residuos del Norte, someterse a severas limitaciones de producción industrial, e incluso desarrollar formas de producción ecológicamente más sustentables en nombre del desarrollo (Wallerstein, citado en Sabbatella y Tagliavini, 2011b). Lo anterior, es una característica del proceso de valorización infinito de la naturaleza en general que traspasa las fronteras del Estado-nación, pero que enfrenta las barreras físicas de las condiciones naturales de producción, más cuando la restauración de dichas condiciones lleva más tiempo del que se tardó en ser destruidas. Claramente la consecuencia de la destrucción de los bienes naturales afecta desigualmente según la clase social, independientemente si adquiere dimensiones globales. La segunda contradicción que genera en un primer momento una crisis ecológica “constituye cada vez más la amenaza más obvia no sólo para la existencia del capitalismo sino para la vida del planeta” (Bellamy Foster, 1992, p. 167). Pero mientras el capital encuentra en la práctica salidas a sus barreras físicoeconómicas, la población en general, y las clases trabajadoras con mayor razón, se ven sometidas, crecientemente, a vivir en un mundo cada vez más inhóspito por causa principal, aunque no exclusiva, de las relaciones mercantiles y capitalistas (Foladori, 1996, p. 133). Figura 2. La segunda contradicción del capitalismo Fuente: elaborado a partir de O’Connor, Causas naturales. Ensayos de marxismo ecológico, 2001. Referencias Arias Maldonado, M. (2004). Prometeo desencadenado. Sobre la concepción marxista de la naturaleza. RIPS, 3(2), 61-83. Bellamy Foster, J. (1992). La ley general absoluta de la degradación ambiental en el capitalismo. Ecología Política, 4, 167-169. Bellamy Foster, J. (2000). La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza. Ediciones de Intervención Cultural / El Viejo Topo. Bellamy Foster, J. (2017). Marxismo y ecología: fuentes comunes de una gran transición. Contraste Regional, 5(9), 87-101. Bosch, A., Carrasco, C. y Grau, E. (2005). Verde que te quiero violeta. Encuentros y desencuentros entre feminismo y ecologismo. En E. Tello.La historia cuenta: del crecimiento económico al desarrollo humano sostenible (pp. 321-346). El Viejo Topo. Boltvinik, J. (2015). Límites objetivos del capitalismo, múltiples tendencias que anuncian el fin del capitalismo y paradoja de Lauderdale. Mundo Siglo XXI, 11(37), 11-26. Crevarok, C. (2006). El capitalismo y la ‘crisis ecológica’. Lucha de Clases, 6, 235-246. Foladori, G. (1996). La cuestión ambiental en Marx. Ecología Política, 12, 125-138. Foladori, G. (2005). Una tipología del pensamiento ambientalista. En G. Foladori y N. Pierri (Coords.).¿Sustentabilidad? Desacuerdos sobre el desarrollo sustentable(pp. 83-136). Universidad Autónoma de Zacatecas. Koppmann, W. (2013). Reflexiones sobre la naturaleza y la praxis en Marx. Hic Rhodus, 4, 27-38. Marx, K. (2009). El Capital. Tomo III. Vol. 8. (11.a ed.). Siglo Veintiuno Editores. (Original publicado en 1894). O’Connor, J. (2000). ¿Es posible el capitalismo sostenible? Papeles de Población. 6(4), 9-35. O’Connor, J. (2001). Causas naturales. Ensayos de marxismo ecológico. Siglo Veintiuno Editores. Ortega Hernández, M. C. (2018). Materialización del sujeto y subjetivación de la materia. Líneas de Fuga, 4, 3-6. Pérez, C. y Ramírez Chaves, Y. La vorágine desarrollista y la crisis ecológica del capitalismo. Líneas de Fuga, 6, 55-66. Sabbatella, I. y Tagliavini, D. (2011a). Marxismo ecológico: elementos fundamentales para la crítica de la economía-política-ecológica. Herramienta,47. Sabbatella, I. y Tagliavini, D. (2011b). Apuntes para la construcción de una ecología marxista. IX Jornadas de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires. Sacristán, M. (1984). Algunos atisbos político-ecológicos de Marx. Mientras Tanto, 21, 39-49. Schmidt, A. (1977). El concepto de naturaleza en Marx. (2.a ed.). Siglo Veintiuno Editores. Juan Camilo Delgado Gaona. Ingeniero Ambiental. Militante de la Juventud Comunista Colombiana

Eurasia y Centroamérica dan un nuevo paso para intensificar su cooperación económica y comercial

Eurasia y Centroamérica dan un nuevo paso para intensificar su cooperación económica y comercial hace 5 horas 07:49 RSS Síguenos en La Comisión Económica Euroasiática [CEE] —regulador del mercado común integrado por Rusia, Armenia, Bielorrusia, Kazajistán y Kirguistán— y la Secretaría de Integración Económica Centroamericana [SIECA] —que promueve la unión económica regional— firmaron un memorándum de entendimiento destinado a intensificar los lazos entre sus respectivos países. El documento, sellado por el ministro de Integración y Macroeconomía de la CEE, Serguéi Glaziev, y el secretario general de la SIECA, Melvin Redondo, comprende trabajar en la eliminación de los obstáculos para el desarrollo de la cooperación económica y comercial entre las partes, algo que incluye contactos en temas que abarcan, desde cuestiones regulatorias y de estandarización, hasta las del campo industrial o del complejo agroindustrial, entre otros. Según manifestó Glaziev, el memorándum abre "nuevas oportunidades para ampliar la cooperación" entre la CEE y la SIECA: "Los países de Centroamérica y el Caribe son nuestros viejos y buenos socios. Aunque el volumen de nuestro intercambio comercial es moderado, vemos un gran potencial para la cooperación", sostuvo Glaziev. En este contexto, señaló que desde 2015 el flujo comercial entre las partes creció más del 22%. Asimismo, constató que ni siquiera las dificultades del año pasado lograron golpear fuertemente los vínculos económicos, registrándose una caída de tan solo el 2,4% respecto a 2019. ¿1,6 billones de dólares? ¡La mayor lotería del mundo llega a El Salvador! theLotter.com Con las acciones Amazon podrías ganar 200 USD al día con una pequeña inversión desde casa. Investingops Acajutla.¡Cumple tu meta de hablar inglés! Open English Así cambió la vida de la estrella del salto con pértiga por una simple foto Good Time Post por TaboolaEnlaces Promovidos Por su parte, el director del Departamento Latinoamericano de la Cancillería rusa, Alexander Schetinin, calificó al documento como "un gran paso en la promoción de la cooperación multilateral entre ambos bloques de integración": "El memorándum permitirá desarrollar su diálogo, contactos y vínculos, así como intercambiar experiencias y fomentar el conocimiento mutuo. Es muy importante y estamos seguros de que va a contribuir al fortalecimiento de las posiciones internacionales de la CEE y la SIECA", apuntó el diplomático. A su vez, la primera secretaria de la Embajada de Rusia en Guatemala, Larissa Plachinda, resaltó la contribución de la misión diplomática para que se alcance un documento que apunta a acelerar la recuperación de los países involucrados del daño que ha supuesto la pandemia del COVID-19. Indicó además que la cooperación bilateral ya tiene ejemplos bien concretos. Entre ellos, mencionó el funcionamiento en Nicaragua del Instituto Latinoamericano de Biotecnología Mechnikov, una planta de vacunas instalada con tecnología rusa, o la Compañía Guatemalteca de Níquel, creada con la participación del capital ruso.

lunes, 1 de marzo de 2021

Tus privilegios no son universales

Tus privilegios no son universales Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someone Por Vijay Prashad | 27/02/2021 | Opinión Fuentes: Instituto Tricontinental de Investigación Social - Imagen: José Balmes (Chile), Lota el Silencio, 2007. Escrita con esténcil en las paredes de Santiago de Chile hay una declaración de hecho: “tus privilegios no son universales”. Se trata de una declaración factual porque los privilegios del poder y la propiedad no se comparten a través de la enorme división entre clases. Consideremos el hecho de que, antes de que nos golpee la pandemia el año pasado, más de 3.000 millones de personas —la mitad de la población mundial— no tenía acceso a atención de salud. Este dato aparece en un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2017 que hace seguimiento de asuntos importantes como acceso a servicios básicos de saneamiento en los hogares (de lo que carecen 2.300 millones de personas) y atención médica para la hipertensión (que sufren 1.000 millones de personas). Un informe de Oxfam del 25 de enero de 2021 llamado El virus de la desigualdad señala que “la pandemia podría provocar el mayor aumento de la desigualdad desde que se empezó a medir, ya que precipita un incremento sustancial simultáneamente en muchos países”. Antes de la pandemia, el Banco Mundial calculaba que alrededor de 2.000 millones de personas “permanecen en la pobreza, esto es, viven por debajo los estándares que sus propias sociedades han establecido para una vida digna”. Debido a que la pandemia desata una crisis de empleo, es probable que, como señala Naciones Unidas, para el final de la década 500 millones de personas más se hundan en la pobreza, las cifras del Banco Mundial coinciden. “Y con la pandemia”, escriben los analistas del Banco Mundial, “es más probable que los nuevos pobres vivan en zonas urbanas congestionadas y que trabajen en los sectores más afectados por los confinamientos y las restricciones a la movilidad. Muchos se dedican a trabajos informales y las redes de seguridad social existentes no los alcanzan”. Estos son los miles de millones que se hundirán más profundamente en la deuda y la desesperación; con la educación y la atención sanitaria escapándoseles de las manos a medida que aumentan las tasas de hambre. Nada de lo escrito arriba es una exageración. Todo ello procede de investigadores y analistas de organizaciones convencionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial, ninguna de las cuales es conocida por inflar los efectos nocivos de las políticas capitalistas. Por el contrario, estas organizaciones tienden a minimizar los peligros de las privatizaciones y de las políticas basadas en demandas de las empresas, instando a realizar más recortes a los sistemas públicos. Durante el mandato de Gro Harlem Brundtland al frente de la OMS (1998-2003), la organización estimuló la creación de Asociaciones público-privadas (APP) y Asociaciones para desarrollo de productos (ADP). El énfasis de la OMS en el sector privado —junto con la presión del Fondo Monetario Internacional por recortar el financiamiento del sector público— aceleró la hemorragia de los sistemas públicos de salud en muchos de los países más pobres. Cuando la OMS debía haber liderado la lucha por la mejora de los sistemas públicos de salud y la creación de sistemas de producción farmacéutica nacionales y regionales, la agencia produjo plataformas APP como la desfinanciada Alianza Mundial para las Vacunas y la Inmunización (GAVI por su sigla en inglés). Junto con otras agencias, GAVI está ahora se está debatiendo para proporcionar vacunas contra la Covid-19 a los países de bajos ingresos. Los que produjeron la austeridad global, un desierto de posibilidades, solo ahora reconocen los peligros del virus de la austeridad. Preocuparse por la desigualdad no es suficiente. Las organizaciones populares de todo mundo exigen una serie de reformas posibles y de sentido común, que incluyen: Salud pública universal y gratuita. Esto se ha conseguido en países pobres como Costa Rica y Tailandia así como en Estados socialistas y debería ser, por lo tanto, el objetivo de todos los países del planeta. Vacuna popular. El impulso para poner a disposición una vacuna popular está creciendo. Esto debe incluir no solo el acceso abierto a todas las patentes de vacunas para Covid-19, sino también la creación de instalaciones de producción farmacéutica en los Estados de bajos ingresos y en el sector público. Estas dos medidas básicas podrían financiarse fácilmente con el dinero que ahora se exporta para el servicio de las odiosas deudas. Pero estas soluciones lógicas que proporcionarían alivio inmediato a la gente se dejan de lado. A pesar de los fuertes términos sobre los problemas causados por la austeridad, se exigirá más austeridad y se producirá más desorden social. En lugar de centrar la atención en los problemas reales que enfrentan los pueblos del planeta y reconocer las demandas democráticas de manifestaciones y organizaciones populares, un gobierno tras otro se ha refugiado en un comportamiento antidemocrático. Por ejemplo, lxs campesinxs y trabajadorxs agrícolas en la India continúan en su protesta de meses contra tres leyes anti pequeños agricultores impulsadas por el gobierno indio de extrema derecha. El gobierno del Primer Ministro Narendra Modi sabe que su compromiso con el gran capital —personificado en las ricas familias Adani y Ambani— le impide cualquier negociación seria con lxs campesinxs y trabajadorxs agrícolas. En vez de ello, el gobierno ha intentado retratarlos como terroristas y antinacionales. Cuando esto no funcionó, el gobierno persiguió a lxs periodistxs y a los medios de comunicación que amplificaron la lucha de lxs campesinxs. Muchxs de lxs que hicieron reportajes, participaron o mostraron solidaridad con los manifestantes han sido detenidxs, —como en los casos del periodista Mandeep Punia, la activista de los derechos de lxs trabajadorxs Nodeep Kaur y la activista Disha Ravi que creó y compartió una conjunto de herramientas para apoyar a lxs campesinxs. Finalmente, en un acto de lawfare, el gobierno condujo una redada de 113 horas contra NewsClick, uno de los medios de comunicación clave en la cobertura de la protesta. Intentaron ensuciar —con acusaciones de lavado de dinero— el nombre de NewsClick que se ha ganado la confianza de millones de lectorxs y espectadores con sus reportajes de primera línea que elevaron los sentimientos y demandas de lxs campesinxs. Mientras tanto, el ministro de Educación de India lanzó una orden el 15 de enero que exigía que cualquier conferencia o seminario web en línea que discutiera “asuntos internos” de la India y aquellos que recibieran auspicio extranjero debían solicitar la autorización previa del gobierno. Del mismo modo, el gobierno francés comenzó un proceso para indagar las investigaciones académicas que promuevan ideas “islamo-izquierdistas” y que, por lo tanto, de acuerdo con el ministro de Educación Superior “corrompen la sociedad”. En nombre del orden, la libertad de expresión se deja de lado fácilmente, la fragilidad de la naturaleza formal de la democracia queda expuesta. El ataque a NewsClick, junto con la investigación de académicos en Francia revela la enorme brecha entre los ideales democráticos y la práctica del arte de gobernar. A pesar de los US$ 364.000 millones del programa prêt garanti par l’état (PGE) [préstamo respaldado por el Estado] para aliviar a la población francesa, hay un grave problema de desigualdad y falta de empleo a largo plazo. En vez de centrarse en ello, el gobierno francés se ha dedicado a luchar contra un adversario ilusorio: los islamo-izquierdistas. De la misma manera, ante los desplazamientos masivos y el sufrimiento social profundizados por la pandemia, el gobierno indio libra una guerra contra lxs campesinxs y los medios de comunicación sensibles a los asuntos planteados por estos. Estas dos democracias formales conservan sus constituciones y sus leyes, sus elecciones y sus audiencias públicas, todo ello parte de la panoplia de las democracias modernas. Sin embargo, no escuchan realmente el sufrimiento del pueblo, mucho menos sus demandas, permanecen insensibles a la posibilidad de un futuro más viable para nuestras sociedades. Durante el período de la dictadura militar en Pakistán, el poeta comunista Habib Jalib cantaba: Kahin gas ka dhuan hae kahin golian ki baarish Shab-e-ehd-e-kum nigahi tujhay kis tarah sarahein Humo de gas lacrimógeno en el aire, llueven las balas alrededor ¿Cómo alabarte, noche del período de miopía? Sus privilegios no son universales, ya que sus privilegios hacen que unos pocos ganen la mayor parte de la riqueza social; cuando el pueblo expone sus opiniones, le disparan gas lacrimógeno y balas. Creen que su miopía les permitirá una noche eterna. Alabamos las esperanzas y las luchas del pueblo, cuyo deseo de hacer avanzar la historia atravesará su represión. Fuente: https://www.thetricontinental.org/es/newsletterissue/8-crisis-sanitaria/

EE.UU. e Israel no integran la CPI pero sí la (des)califican

Corte Penal Internacional EE.UU. e Israel no integran la CPI pero sí la (des)califican Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someone Por Luis E. Sabini Fernández | 26/02/2021 | Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Rebelión La CPI con el apoyo en sus (hoy) 123 estados adherentes declara públicamente ejercer una justicia suprafronteriza. Se llama “Coalición” la institución resultante. No resulta fácil conocer los vericuetos de funcionamiento de tamaña red, que se constituyó entre 1998 y 2002. Ese tribunal cuenta con un fiscal general, a cargo de las investigaciones. En 2012 fue designada para este puesto clave; una especie de fiscalía internacional o si se quiere universal, Fatou Bensouda, jurista gambiana (el primero fue Luis Moreno Ocampo, argentino). A mediados de febrero de 2021, unos 4 meses antes del cumplimiento del mandato de Bensouda, fue elegido, en instancia plenaria, el nuevo fiscal que entrará en funciones en junio 2021, Karim Khan, británico. Según DW, “Khan asumirá un cargo muy complicado y lleno de presiones, como ha podido atestiguar Bensouda, que llegó a ser sancionada por la administración del expresidente Donald Trump por su insistencia en investigar supuestos crímenes estadounidenses.” [1] En setiembre de 2020, tras el informe de fiscalía sobre delitos cometidos por militares estadounidenses en Afganistán, asesinatos y otras acciones repudiables, el canciller de ese país, Mike Pompeo, condenó públicamente a Bensouda por “entrometerse” con ciudadanos estadounidenses y prometió sanciones. Pero la arremetida contra Bensouda no era exclusivamente por su investigación sobre lo actuado por EE.UU. en Afganistán. La fiscal de la CPI, tras cinco años de análisis (2015-2020), el 5 de febrero de 2020, presentó su informe sobre delitos cometidos por el ejército israelí en territorios palestinos. Este segundo informe recogió así dos iras, ya no una, de los gobiernos de EE.UU. e Israel. La fiscalía se había limitado a observar violaciones graves y flagrantes a los derechos humanos, algo que procura defender o cuidar la CPI, pero Israel rechaza, y airadamente, toda consideración sobre si han abusado de su poder, si han tenido particular animosidad contra la población palestina, si han matado palestinos porque en Israel eso no se pena ni se juzga. Y el gobierno de EE.UU. sostiene la inimputabilidad de sus militares y sus actos, en cualquier lugar del mundo (una magnífica definición de imperio). Hay que destacar que hay un puñado de países significativos que no pertenecen a los actuales 123 estados que han firmado el Pacto de Roma, forjador de la CPI; Estados Unidos, Rusia, China, India, Israel, Cuba e Irak (Irak virtualmente no existía como nación independiente cuando se constituye la CPI). Esta no adhesión se expresa en distintos niveles; EE.UU. adhirió a la formación de la CPI pero se negó a ratificarla; China e India ni siquiera manifestaron interés por semejante tribunal internacional). Y la situación de EE.UU. e Israel al no atender o acatar las resoluciones de la CPI, tendría el amparo de su no pertenencia. Un verdadero dilema: la justicia suprafronteriza que se ha construido pretende, por su propia naturaleza, no limitarse en fronteras nacionales que protejan abusos y arbitrariedades bajo una férula nacional. Y a la vez hay estados que no aceptan encuadrarse en una justicia supranacional (que altera, precisamente, sus intereses nacionales). Desde el comienzo estuvo latente tamaño conflicto, pero con el avance de actuaciones ha alcanzado un grado institucional, grave, en sentido clínico; porque pone en riesgo de vida o de actividad, el nervio motor de la CPI. Podrán sustraerse a la jurisdicción por no ser estado miembro. Pero cuestionar la calidad de la investigación, o su seriedad, es otra cosa. Las investigaciones de la CPI se concentran en, por ejemplo, acciones de genocidio: “a) Matanza de miembros del grupo; b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial.” Es lo que vemos año a año, día a día, con el artero sitio a la Franja de Gaza, dejando la población a la intemperie, entre viviendas bombardeadas, casi sin comida, sin medicamentos, sin atención de salud (salvo que el enfermo acepte hacer delación a cambio), bombardeando sistemáticamente los servicios básicos de zonas urbanas; usinas potabilizadores, de energía, de tratamiento de residuos. En lo referente a “Crímenes de lesa humanidad”, por ejemplo, la CPI enumera: “d) Deportación o traslado forzoso de población; e) Encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho internacional; f) Tortura.” ¿Qué es lo que conocemos de Guantánamo, en el caso de EE.UU., o, mucho más filtrado mediáticamente, de las cárceles que israelíes han construido para palestinos? Cubículos de un metro y algunos centímetros por lado… las tres dimensiones, es decir el prisionero jamás puede erguirse o estirarse.[2] Pero además, ¿qué han sido esos enormes movimientos de población que han sufrido los palestinos a lo largo del tiempo; por ejemplo, la última, la judaización de Jerusalén? (numeral d de los crímenes de lesa humanidad). El 5 feb 2021 la CPI dictaminó: “un fallo en el que ratifica que sí tiene jurisdicción en los territorios que Israel ocupa hace más de 50 años y que Palestina alega como propios.” [3] Bensouda dijo en su momento que no necesitaba otra autorización para abrir una investigación en esos lugares, ya que Palestina se adhirió al Estatuto de Roma desde 2015. Allí entra en colisión la realidad y los estatutos diferenciados. Porque Israel no reconoce a la CPI. Y estamos sobre un mismo territorio. Hemos visto que ni EE.UU. ni Israel pertenecen a ”los estados parte”. Pero vemos que –otros recortes de la realidad– el maltrato y el asesinato por parte de tropas estadounidenses en Afganistán o de símiles israelíes en Palestina, tipifican los delitos atroces que CPI procura erradicar. Por otra parte, así como vemos las aspiraciones de la CPI de regir “para todos”, vemos que EE.UU., por ejemplo, interviene activamente para impugnar lo actuado por la fiscal Fatou Bensouda. Es decir, sin ser miembro, interviene. Lo mismo podríamos decir de Israel. Por no adherir a la CPI, para poder seguir ampliando su impunidad internacional, no acusa recibo del informe lapidario de la fiscalía de la CPI. Pero Netanyahu hace su propia cosecha; “que esa decisión ratificaba que el tribunal era ‘un organismo político y no una institución legal’.” Y remató infaltablemente con que la CPI tiene un procedimiento o un perfil “antisemita”.[4] Si tuviéramos una pizca más en alto nuestros niveles intelectuales este último comodín de Netanyahu resultaría penoso. [1] https://www.dw.com/es/brit%C3%A1nico-karim-khan-nuevo-fiscal-general-de-la-corte-penal-internacional/a-56556393 [2] Celdas que parecen perreras. Gilad Atzmon recuerda que el contacto con esa brutal realidad lo llevó a abandonar el ejército “más moral” del mundo, y poco después el estado; Israel, y finalmente abjurar de su condición de judío. Lo que provocó un fuerte rechazo entre los judíos antisionistas que también denuncian la conducta del Estado de Israel. [3] https://www.france24.com/es/medio-oriente/20210206-palestina-israel-cpi-territorios-ocupados. [4] https://www.jornada.com.mx/notas/2021/02/06/mundo/antisemita-decision-de-cpi-sobre-territorios-palestinos-netanyahu/