viernes, 15 de febrero de 2019

EL PAPA, EN LA DIANA POR SER NEUTRAL

El Papa, en la diana por ser neutral en Venezuela

© REUTERS / Carlos Jasso
EL PAPA, EN LA DIANA POR SER NEUTRAL
Francisco Herranz
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La profunda crisis que oprime a Venezuela se ha convertido en una patata caliente difícil de digerir para el primer sumo pontífice latinoamericano de la Historia. Francisco está siendo extremadamente criticado por quienes no comparten su posición de "neutralidad positiva" ante el peligroso conflicto que mantienen Nicolás Maduro y la oposición.
El 'error' del obispo de Roma fue no alinearse sin dilación al lado de las cancillerías de Washington, Buenos Aires, Brasilia o Madrid, que reconocieron, una detrás de otra, la autoproclamación de Juan Guaidó como "presidente encargado" del país. El santo padre adoptó una postura prudente.
La noticia del paso dado por los opositores, orquestado y supervisado a distancia desde la Casa Blanca, le pilló al líder vaticano de viaje en Panamá. Durante su habitual conferencia de prensa en el avión de Alitalia en pleno vuelo de regreso, Francisco subrayó que no le correspondía a él pronunciarse sobre quién ocupa legítimamente el poder en Venezuela pues él, añadió, es un pastor que debía estar por encima de esa discusión.
El sumo pontífice de origen argentino manifestó que es partidario de una "solución justa y pacífica para superar la crisis, respetando los derechos humanos y buscando el bien de todos los habitantes del país, evitando un derramamiento de sangre".
Ese mensaje de equilibrio ya se ha transformado en una especie de mantra que repiten sus ayudantes y voceros cada vez que alguien pregunta sobre ello. El lógico temor de Francisco es precisamente que se desate un enfrentamiento prolongado que degenere en guerra civil.
​Las dos terceras partes de la población venezolana son católicas. Maduro es cristiano practicante. Y Guaidó también. De ahí que el segundo participara, acompañado de su mujer, Fabiana Rosales, y su hija de pocos meses en una jornada de oración mundial organizada por su familia. O que el primero haya solicitado la mediación de Franciscopor escrito. Captar el apoyo del líder de la comunidad católica resulta esencial para los intereses de cada uno de ellos.
Después de hacerse pública la carta de Maduro, Guaidó apeló al Papa para que les ayude en la convocatoria de unas rápidas elecciones presidenciales. El Vaticano dio a entender que la petición debía ser por escrito. Quizás esa recomendación motivó que una delegación de Guaidó se desplazara hasta Roma para entrevistarse con las autoridades católicas. Los emisarios fueron recibidos por el número tres en el organigrama de la Santa Sede, el arzobispo Edgar Peña Parra, oriundo de Maracaibo, quien ocupa desde 2018 el cargo de sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado.
La reacción de Jorge Mario Bergoglio a la petición de Maduro fue muy mesurada. Declaró que las mediaciones las tienen que pedir las dos partes de un conflicto, y puso el ejemplo de una disputa conyugal. "Las condiciones iniciales son claras: que las partes lo pidan, siempre estamos disponibles. Como cuando la gente va a ver al cura porque hay un problema entre marido y mujer: va uno, ¿y la otra parte, viene o no viene?, ¿quiere o no quiere? Siempre se necesitan ambas partes. Esta es una condición que los países deben tener en cuenta antes de pedir una facilitación o la presencia de un salvador o una mediación. Ambas partes, siempre". No fue una respuesta evasiva, pero tampoco la que buscaba el sucesor de Hugo Chávez. La oposición no quiere volver a sentarse en la mesa del diálogo, lo que casi hace imposible que solicite a Francisco que ejerza de nuevo el papel de intermediario.
La mediación es un bocado incómodo y duro que Francisco ya ha tenido que probar. Lo intentó a finales de 2016, cuando se suspendió el referéndum revocatorio contra Maduro. No tuvo éxito, pese a que envió a Venezuela un equipo de primera: el nuncio apostólico en Buenos Aires, Emil Paul Tscherrig, y un experimentado diplomático vaticano, Claudio Celli. En aquel esfuerzo también participaron los expresidentes de República Dominicana, Leonel Fernández; de Panamá, Martín Torrijos; así como el expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.
Situación en Venezuela
© REUTERS / CARLOS BARRIA
La actitud papal de escrupulosa neutralidad, similar a la que están siguiendo otros dos estados latinoamericanos —Uruguay y México—, ha sacado de quicio a muchos opositores venezolanos, y quienes les secundan fuera de sus fronteras. Todos ellos esperaban que el Vaticano se decantara por el grupo encabezado por el presidente de EEUU, Donald Trump. La Santa Sede nunca rompió con la Cuba de Fidel Castro ni con el Chile de Augusto Pinochet. Y ha mantenido esa línea de independencia en el caso de Venezuela, lo que le ha valido al papa un buen aluvión de críticas, voces que han expresado su decepción, frustración, incomprensión e incluso indignación.
Algunas de esas voces no han dudado en tacharle a Francisco de izquierdista. Otras han sido más sutiles y han utilizado los escritos ya publicados por el propio Papa para que los recuerde en estos momentos tan difíciles y le ayuden a distanciarse de Maduro y sus políticas. Estas personas consideran que el líder venezolano no defiende a los más necesitados. Así, por ejemplo, citan un fragmento de su exhortación apostólica titulada Evangelii Gaudium, difundida en noviembre de 2013, donde Francisco escribió lo siguiente: "Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo".
¿En qué consiste esa "neutralidad positiva"? En estar sobre las dos partes enfrentadas y actuar sobre ambas de forma proactiva, pero con mucha discreción. El secretario vaticano de Estado, Pietro Parolin, lo explicó muy bien, en plan homilía: "No es la actitud de quienes se sientan delante de la ventana y observan de una manera casi indiferente". El propio Parolin es un personaje altamente cualificado en esta historia pues fue el nuncio apostólico (embajador del Vaticano) en Venezuela desde 2009 hasta que Bergoglio le aupó al número dos del Gobierno de la Santa Sede en agosto de 2013. Es decir, conoce muy bien Caracas y el movimiento bolivariano.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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