martes, 7 de junio de 2016

FALLECIO EL OBISPO FEDERICO PAGURA


Falleció el obispo Federico Pagura, un incansable luchador por los derechos humanos

Tenía 93 años y lo velarán hasta esta tarde en el Concejo Municipal. Sus amigos lo recuerdan como un hombre "imprescindible".
Hasta hoy a las 14, en el Concejo Municipal, la ciudad despedirá a uno de sus ciudadanos ilustres, personalidad internacional, referente de los movimientos ecuménicos y luchador incansable por los derechos humanos. Federico Pagura, obispo emérito de la Iglesia Metodista, tenía 93 años y falleció ayer al mediodía. Sus amigos y compañeros de ruta despidieron a un hombre de la Iglesia, la política y la cultura, "verdaderamente imprescindible".
Había sido declarado ciudadano ilustre de Rosario en octubre del 96 "por su conducta sobresaliente y por haber brindado todo en beneficio del prójimo, realizando una tarea ejemplar en defensa de los derechos humanos en los difíciles tiempos de terrorismo de Estado".
Su biografía excede largamente la extensión de cualquier artículo periodístico. Un repaso rápido enumeraría que fue maestro, licenciado en teología por la Facultad Evangélica de Teología de Buenos Aires, con estudios de posgrado en Unión Theological Seminar (Nueva York) y en Claremont School of Theology (California).
Fue ordenado presbítero de la Iglesia Metodista en Argentina en 1950, obispo de la Iglesia Metodista en Costa Rica y Panamá, ocupó la presidencia honoraria de la comisión latinoamericana de educación cristiana, del Consejo Latinoamericano de Iglesias, del Colegio de Obispos Metodista de América Latina, del Comité de Solidaridad con Nicaragua y del Comité Argentino contra el Apartheid, entre otras.
Integró la comisión para la paz en Guatemala y fomentó el encuentro latinoamericano contra la impunidad en Santiago de Chile. "Estuvo en todo tipo de mediaciones relacionadas con la violación de los derechos humanos, con la búsqueda de la paz y fue amigo de los grandes obispos latinoamericanos", señala su amigo y compañero de andanzas, Oscar Lupori, y remarca que cuando se habla de "don Federico" hay que tener en cuenta que se trata "de un verdadero dirigente internacional".
Pero también de un hombre de grandes y pequeñas preocupaciones, "de andar a pie, atento a lo que les pasaba a todos, preocupado por los asuntos personales de sus conocidos, por los problemas de inseguridad de su barrio en la zona sur, por juntarse con los vecinos para ver qué se podía hacer".Y de un lector voraz, un escritor punzante (en internet se pueden leer las cartas que dirigió a personalidades como Barack Obama o el Papa Francisco), un amante de la música y un escritor de populares tangos.
Memoria. Sin embargo, por encima de todo esto, en el país se lo recuerda sobre todo por haber integrado y presidido el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (Medh), un mes antes de que comenzara la última dictadura militar. Un organismo desde donde se promovió y se movilizó a iglesias, instituciones y "personas de buena voluntad" a comprometerse con la defensa de los derechos humanos.
Lupori destaca que la preocupación de Pagura "obedecía a una visión amplia, a una capacidad de análisis y atención de los problemas nodulares, y de provocar encuentros para ver cómo se podía y reaccionar frente a esa situación".
Y recuerda que, a principios de los 90, organizaba encuentros sobre las iglesias y el narcotráfico. "Era un luchador porque tenía un horizonte cristiano, aquel que indica que hay que construir el reinado de Dios luchando por la Justicia, asumiendo por ejemplo la lucha de los pueblos de Africa o acompañando las reivindicaciones de género de las mujeres", explica.
En la ciudad, Pagura resultó una pieza clave para la creación y la mudanza del Museo de la Memoria a su sede actual de Córdoba y Moreno. Integró la primera comisión directiva de la institución "en uno de sus momentos más álgidos, en los años en que se peleaba por la expropiación de su sede definitiva (el edificio donde funcionó el Comando del II Cuerpo de Ejército) y ocupó un lugar importante en todos los reclamos y las negociaciones para que el museo ocupara ese lugar", apunta el ex director del museo, Rubén Chababo.
Según advierte, en esos días de intensos diálogos, "dos personas resultaron grandes pilares por sus trayectorias de vida y por sus compromisos: Iván Hernández Larguía y Federico Pagura. Y si Iván era siempre la palabra justa, la de Federico era la palabra ecuánime, esa que trataba siempre de encontrar lugares de diálogo e intercambio".
Cien años de proyectos. Lucas Almada coordina el centro de estudios de historia reciente argentina y latinoamericana del Museo de la Memoria. Y acompañó a Pagura en los dos últimos grupos en los que trabajó más activamente. El Pronapo (Proyecto Nacional y Popular) y la Cátedra Ecuménica. Con sus integrantes se reunía todos los miércoles y hace apenas unos días había empezado a elaborar un documento advirtiendo sobre la necesidad de mantener el proceso de integración entre los países latinoamericanos.
"Era una persona increíble, trabajador incansable, de mucho humor, amaba la música. Tenía una vida y un espíritu muy juvenil, de esos tipos con cabeza abierta que no se sorprende por nada, un religioso con espíritu ecuménico que podía ir mucho más allá de cualquier cerrazón que tienen a veces las instituciones", describe Almada.
Algo de esto había confesado el mismo Pagura: "No le tengo miedo a la muerte, sí a una vida sin sentido", había dicho en una entrevista con este diario hace dos años.
Inagotable
Hace apenas dos días, Pagura hilvanó una idea para hacer una cantata de Navidad. Ya había entusiasmado a Pablo Sosa, un pastor y músico de la Iglesia Metodista y pensaba llevar la propuesta a la Municipalidad. "Vivía intensamente su vida. Tenía proyectos como para vivir 120 años más. Era un tipo imprescindible", dijo uno de sus colaboradores.

CONVERSATORIO EN CEIPES, CON PABLO RICHARD

Ayer tuvimos una espontánea y familiar tertulia teológica en la UCA, acompañé José María Vigil (teólogo coordinador la Agenda Latinoamericana, de los servicios d Koinonia...), a Pablo Richard (teólogo del DEI...) a visitar al padre Jon Sobrino y al padre Hernández Pico... mucho buen humor, recuerdos históricos y reflexiones profundas... una bendición estar con estos testigos de la Iglesia Latinoamericana. Los 2 primeros vinieron para participar en el Encuentro Centriamericano d CEBs

miércoles, 1 de junio de 2016

Para repensar El Salvador



Para repensar El Salvador

Alainet


En estos días, cuando se evalúa el ejercicio de los poderes ejecutivo, legislativo y municipal, es necesario contar con criterios que nos ayuden no solo a tener un juicio crítico sobre lo prometido y lo realizado por estos representantes, sino también a sopesar la responsabilidad e incidencia de la ciudadanía en el destino del país. Hay, en este sentido, dos documentos que pueden ayudarnos a evaluar y actuar. El primero es el informe de desarrollo humano del PNUD para 2013, en el que se plantea la necesidad de imaginar una nueva nación y la urgencia de hacerla posible. El documento tiene un valor teórico y operativo a la hora de las evaluaciones, diagnósticos y propuestas sobre la realidad del país. En el documento se busca responder a una pregunta histórica, que es acicate para la sociedad salvadoreña: ¿por qué en casi dos siglos no hemos podido alcanzar un desarrollo humano alto? La doble respuesta que da el PNUD pone de manifiesto graves desaciertos humanos y sociales: haber ignorado que la verdadera fuente de riqueza está en invertir en las capacidades de la gente y haber descuidado los ámbitos clave (hogar, educación y trabajo) para que la gente desarrolle y aproveche sus capacidades.
De ahí que, según el PNUD, El Salvador necesita reinventarse, y para ello debe cambiar de rumbo de forma radical y comprometer a todos sus actores sociales en el esfuerzo de buscar consensos y sellar pactos para construir una nueva realidad con y para todos los salvadoreños. Ahora bien, ¿cuál es ese rumbo que puede llevarnos al país que queremos?, ¿qué consensos y pactos son necesarios para alcanzarlo? Una respuesta a estas interrogantes la encontramos en la primera carta pastoral del arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar, titulada “Veo en la ciudad violencia y discordia”. Este es el segundo documento que sugerimos tener en cuenta en esta coyuntura de evaluación y proyección. En especial, recomendamos examinar las exhortaciones dirigidas a los diferentes actores de la sociedad salvadoreña. Veamos algunas relacionadas con la necesidad de tomar acción en el ámbito político, económico, jurídico y cultural.
El cambio de rumbo que necesita el país pasa por hacer de la política pública uno de los instrumentos principales para frenar el mal común y posibilitar su contrario. Frente a este reto, el arzobispo invita a los gobernantes a que “no se sumerjan en conflictos partidaristas o ideológicos […], sino que velen por el bien común, por el bienestar de las grandes mayorías” Y con fuerza los emplaza a que “hagan de El Salvador un país totalmente inclusivo y destierren la exclusión social, así como la inequidad de él”. Frente al predominio de una economía de la exclusión, la sociedad salvadoreña requiere de una política económica incluyente y equilibrada, que permita superar la angustia e inseguridad que provoca la falta de empleo o su deterioro. El llamado del arzobispo a los que controlan la economía lo formula en términos de petición, interpelación y compromiso:
[Exhorto] a los que detentan el poder económico para rogarles por una economía más solidaría, no del derroche, y a contra pelo con los modelos neoliberales que permiten la acumulación de la riqueza en pocas manos. Creen más plazas de trabajo, en lugar de despidos. [Los pobres] tendrán trabajo y consecuentemente, lo suficiente para mantener a sus familias no en condiciones de sobrevivencia sino en condiciones dignas. Que la alimentación, salud, vivienda, educación, esparcimiento, sistema de pensión, entre otras necesidades, sean suplidas con calidad a través de un sueldo que responda a las exigencias de la actualidad. Propiciando más puestos de trabajo evitan que más y más personas ingresen a las estructuras delictivas de este país […].
La sociedad salvadoreña también necesita estar fundada en el Estado de derecho y tener un sistema judicial eficaz, comprometido con el combate a la corrupción y la impunidad de cualquier orden. Las siguientes palabras del arzobispo, dirigidas a los aplicadores de la ley, están orientadas a la necesidad de unificar el derecho con la justicia: “[Pido] a los encargados de la ley que no permitan la impunidad ni la injusticia en ninguna de sus formas. No tengan preferencias a la hora de aplicar la ley, sino que haya verdadera justicia. [Lo contrario] solo hace perder credibilidad en ustedes y anima a otros a la comisión de delitos”.
Y respecto a las estructuras sociales que necesita El Salvador para posibilitar hogares dignos, educación de calidad y participación ciudadana, y orientadas a la transformación cultural, el mensaje del arzobispo centra la atención en los educadores, responsables de formar a la niñez y la juventud:
Fomenten en sus alumnos y alumnas valores morales y civiles que propician un clima cordial en las relaciones interpersonales. Ustedes pueden ayudar a concientizar a las familias de sus alumnos en la necesidad de prescindir de la violencia, enseñándoles que el dialogo es la forma correcta de resolver los conflictos interpersonales. […] Fomenten la pedagogía de la vida, del amor y del cuido por la naturaleza.
En suma, con el informe del PNUD se anima a privilegiar acciones que generen dinamismos nuevos en la sociedad, hasta que fructifiquen en cambios estructurales. Y las exhortaciones del arzobispo, inspiradas en la fe cristiana que no evade la realidad histórica, nos recuerdan que la creación de una sociedad nueva solo es posible si asumimos el compromiso de sustituir la idolatría del dinero, la discriminación social y el poder excluyente por comportamientos y relaciones sociales de equidad, solidaridad y justicia.
Carlos Ayala Ramírez es director de radio YSUCA, El Salvador.
Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/177786