sábado, 27 de junio de 2026

¿A quién "amaba Jesús histórico, con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas "?

¿Quién era Dios para Jesús? ¿A quién "amaba Jesús histórico, con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas "? Algunas pinceladas Si se contempla a Jesús dentro de los imaginarios apocalípticos judíos del siglo I, la imagen de Dios que emerge de sus parábolas, oraciones y enseñanzas está inseparablemente unida a una profunda insatisfacción con el mundo presente. El punto de partida no es la contemplación de un orden armónico, sino la experiencia de una realidad percibida como desviada de la voluntad de Dios. La enfermedad, la pobreza, la injusticia, la violencia, la dominación extranjera, la corrupción de los poderosos y la muerte constituían señales de que algo fundamental no funcionaba como debía. El mundo existente no era considerado la expresión plena del gobierno divino, sino una situación transitoria que debía ser corregida. Esta percepción no era exclusiva de Jesús. Aparece en numerosos textos apocalípticos judíos de los siglos anteriores y contemporáneos. En ellos se respira con frecuencia una mezcla de dolor, frustración y descontento frente al estado de las cosas. Los justos sufren mientras los impíos prosperan. Los débiles son humillados mientras los poderosos gobiernan. Israel vive bajo la autoridad de imperios extranjeros. La muerte continúa alcanzando a todos. El sufrimiento parece ocupar demasiado espacio en una creación que debería reflejar la justicia de Dios. Precisamente de esa percepción surge la expectativa de una intervención decisiva. La esperanza mesiánica y la espera del Reino no nacen de la satisfacción con el presente, sino de la convicción de que el presente resulta inaceptable para quien cree en el Dios de Israel. Si Dios es justo, si es soberano y si gobierna la historia, entonces el estado actual del mundo no puede ser definitivo. Debe existir un momento en que la realidad sea puesta en conformidad con su voluntad. Por eso Jesús habla de Dios como "Padre nuestro" y como "el Señor del cielo y de la tierra", pero al mismo tiempo enseña a pedir: "Venga tu Reino". La petición presupone que ese Reino aún no se ha manifestado plenamente. Dios sigue siendo el soberano último de la creación, pero su gobierno todavía no aparece de manera visible en todos los aspectos de la vida humana. El mundo continúa mostrando señales de una situación incompleta, provisional y profundamente insatisfactoria. Muchos grupos apocalípticos explicaban esta realidad mediante la convicción de que fuerzas hostiles a Dios ejercían un dominio temporal sobre el mundo. Satanás, Belial, los espíritus malignos o los poderes de las naciones aparecen como expresiones de un orden contrario al designio divino. No se trata de poderes iguales a Dios ni de un dualismo absoluto. Dios continúa siendo el creador y soberano. Sin embargo, permite durante un tiempo la actividad de esas fuerzas mientras la historia avanza hacia su desenlace. En este contexto, Satanás representa algo más que una figura individual. Simboliza la persistencia de todo aquello que contradice la voluntad de Dios: la enfermedad, la opresión, el engaño, la muerte y las estructuras que producen sufrimiento. Su dominio es considerado real, pero también limitado y transitorio. Existe porque Dios todavía no ha decidido instaurar plenamente su Reino. La paciencia divina ocupa entonces un lugar central. Dios espera. Tolera temporalmente una realidad que no coincide plenamente con su voluntad. Permite que continúe una historia marcada por contradicciones y sufrimientos. Esta espera no es interpretada como indiferencia ni como incapacidad. Es el intervalo que precede a la intervención definitiva. Por eso las parábolas presentan repetidamente situaciones en las que el desenlace se demora, pero finalmente llega. Mientras tanto, los seres humanos viven en una situación de tensión. Reconocen a Dios como rey, pero observan que el mundo sigue dominado por fuerzas que parecen desafiar ese reinado. Reconocen a Dios como justo, pero contemplan injusticias que permanecen sin resolver. Reconocen a Dios como fuente de vida, pero continúan enfrentando la enfermedad y la muerte. De esa tensión nace la expectativa apocalíptica. Las acciones atribuidas a Jesús adquieren significado precisamente dentro de este marco. Las curaciones y los exorcismos no aparecen simplemente como actos de compasión individual. Son señales de que el orden presente comienza a ceder. Cada enfermo restaurado, cada persona liberada de un espíritu maligno y cada marginado reintegrado constituye una anticipación de la realidad futura. "Los ciegos ven y los cojos caminan". "Si yo expulso los demonios por el poder de Dios, entonces ha llegado a ustedes el Reino de Dios". Lo que se manifiesta en estos episodios es la convicción de que el dominio de las fuerzas hostiles está comenzando a resquebrajarse. Las advertencias dirigidas a ricos, poderosos e indiferentes también deben entenderse desde esta perspectiva. No expresan solamente una crítica moral. Reflejan la convicción de que las estructuras que producen sufrimiento forman parte de un orden destinado a desaparecer. "¡Ay de ustedes, los ricos!". "¡Ay de ustedes, los que ahora están saciados!". El problema no es únicamente la conducta individual, sino la pertenencia a una realidad que está siendo juzgada por Dios y cuyo tiempo se aproxima a su fin. Así, el Dios que aparece en las enseñanzas de Jesús es un Dios que espera y hace esperar. Un Dios que todavía permite la existencia de aquello que se opone a su voluntad, pero que no lo permitirá indefinidamente. Un Dios paciente, pero no resignado. Un Dios que escucha el sufrimiento de los pobres, contempla la enfermedad, observa la injusticia y conoce el peso de la muerte, sin considerarlos elementos permanentes de la creación. La esperanza del Reino surge precisamente de esa mirada crítica sobre el presente. El mundo tal como existe no constituye la meta final de Dios. La pobreza no es definitiva. La enfermedad no es definitiva. La exclusión no es definitiva. La muerte no es definitiva. Tampoco lo son los poderes que dominan a las naciones ni las fuerzas espirituales que oprimen a los seres humanos. Todo ello pertenece a un tiempo transitorio. "Venga tu Reino" resume la expectativa de que Dios pondrá fin a esta situación, derrotará aquello que contradice su voluntad y manifestará de manera visible un gobierno que siempre le ha pertenecido, pero que aún no se ha revelado plenamente en el mundo. Diego Quiroga, grupo Jesus Histórico.

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