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martes, 12 de abril de 2016
El sionismo no es realmente secular
El sionismo no es realmente secular
Jonathan Ofir
Mondoweiss
Traducido del inglés para Rebelión por J. M.
David Ben-Gurion
Mientras el Estado de Israel se autodenomina Estado judío, muchos sionistas y particularmente los sionistas liberales a menudo crean una fuerte separación entre el judaísmo y el sionismo, señalando que el sionismo es esencialmente una ideología secular y que su manifestación, Israel, es esencialmente un Estado laico. La separación entre el judaísmo y el sionismo es también común entre los antisionistas y entre los grupos propalestinos (incluidos los judíos y los no judíos) y la distinción sirve para marcar una separación fundamental entre el Estado y la religión: que el sionismo, como representación de la idea de un estado judío "secular", que se manifiesta en el Estado de Israel, no es una religión y que por lo tanto, la oposición a las acciones de Israel no es antijudío ni tampoco antisemita.
Mondoweiss publicó recientemente una entrevista a Zvia Thier, exsionista liberal, donde habla de forma contundente de esta separación.
Pero voy a hacer algo polémico. Voy a decir lo que pienso acerca de cuán artificial, remota y falsa es esta separación. Voy a mostrar que el sionismo es un nacionalismo judío y como tal una forma de religión. De este modo el punto es que los judíos sionistas son en realidad religiosos, aún cuando dicen ser seculares.
Tzvia Thier enfatiza en la entrevista el punto de que el judaísmo y el sionismo no son una y la misma cosa y que por lo tanto el antisionismo no se puede considerar antisemitismo. Hasta aquí todo bien. No son una y la misma cosa, pero todavía pueden estar muy cerca, si no están inextricablemente relacionadas. Thier trae la posición de los judíos ultrarreligiosos que están contra el sionismo. Esto es algo que he escuchado muchas veces, mayormente de los activistas propalestinos -y no voy a comprar el núcleo del argumento por las siguientes razones: hay judíos religiosos que creen que el "retorno" a la "santa tierra” de Sion debe esperar el regreso del Mesías. Esta idea ha sido generalmente aceptada en la cultura judía durante muchos siglos. Pero con el aumento del sionismo, la vena nacionalista del judaísmo fue atraída para dar cabida a un retorno propiciado por el hombre. El Rabino Zvi Yehuda Kook (muerto en 1982), líder espiritual del movimiento del colonialismo religioso, junto con su padre, Abraham Isaac Kook (muerto en 1935 ) fueron los padres fundadores del movimiento nacional-religioso y defendieron el hecho de que el "retorno" urdido por el hombre no era anatema para la llegada del Mesías, sino que más bien lo adelantaría.
El judaísmo es una religión que no está tallada en la piedra. La ortodoxia judía en realidad no usa la Biblia como su guía diaria, sino que más bien utiliza las interpretaciones religiosas posteriores a ella (que históricamente tomó forma en el Talmud). Así, la corriente de interpretación rabínica de las Escrituras es un tema central en el judaísmo y esto significa que está abierto a la discusión.
Por lo tanto se puede decir que si bien el sionismo y el judaísmo no son lo mismo, se han entrelazado en forma no casual. Esos judíos ultraortodoxos que se oponen al sionismo hacen esto debido a una interpretación rabínica que tiene más que ver con la sincronización que con la moral. Si tuvieran que creer que el Mesías realmente llegó tal día, no tendrían ningún problema con la promulgación de lo que iban a determinar como un "retorno" autorizado por Dios como la toma de control de Eretz Israel.
Así es como he reconocido que la separación es semántica. El movimiento religioso no sionista no se opone moralmente al sionismo en su esencia; para ellos es una cuestión de tiempo.
Ahora para los sionistas “seculares”:
La creencia en el "retorno" está más profundamente arraigada en el sionismo "secular" de lo que uno podría pensar.
En 1936 hubo una revuelta de masas de la población indígena palestina conocida como “La Gran Revuelta Árabe”. El Gobierno británico, que en ese momento controlaba Palestina con su mandato, envió una comisión para escuchar a los representantes de ambas partes y tratar de resolver el “conflicto árabe-judío”. El presidente del comité era Lord Peel y uno de los testigos que declaró ante la Comisión Peel fue el presidente de la Agencia Judía David Ben-Gurion. Este habló del derecho de los judíos a la tierra de Israel. Cuando terminó, Peel se volvió hacia él y le preguntó: "Sr. Ben Gurion, ¿dónde nació?”. “En Plonsk, Polonia", respondió. Peel continuó: "Si un hombre vive en una casa durante muchos años y de repente aparece alguien y reclama la propiedad de la casa, el derecho internacional dicta que la carga de la prueba recae sobre el demandante, no sobre el actual ocupante. Señor Ben Gurion, ¿tiene un título de propiedad o contrato de venta que le da el derecho a ocupar el lugar de los árabes nativos que han vivido aquí por generaciones?”. En el estrado de los testigos había una copia de la Biblia sobre la que los testigos habían jurado. De repente Ben Gurion levantó la Biblia en la mano y declaró: "¡Estos son nuestros hechos!"
Con todo su deseo ostensiblemente "secular" y "humano" a fin de resolver el “problema judío”, el sionismo, a pesar de algunas ideas abortadas para colonizar otro lugar, se centró rápidamente en Palestina como su objetivo codiciado. Era ZION-ismo, después de todo, y la tierra histórica donde supuestamente los antepasados israelitas y jud í os reinaron y vivían y que por lo tanto resultaba un fuerte elemento de anhelo para la cultura judía. Pero con Palestina el reclamo por la tierra iba más allá de lo incidental, porque ya estaba habitada. Los sionistas se dieron cuenta de que tal "reemplazo de la población" tendría que llevarse a cabo en ciertas condiciones y no podía justificarse simplemente reclamando por un deseo de escapar de la persecución. La demanda moral se opondría a la persecución de la población indígena. De ahí la acentuación de la Biblia y el decreto “piadoso”, incluso entre los sionistas seculares, como demuestra el ejemplo de Ben-Gurion.
La idea del "retorno" fue algo religioso y tenía que tener su base en el concepto de que los judíos, además de personas que comparten una fe, también comparten una herencia étnica. Uno podría tender esencialmente a afirmar que descienden de los antiguos judíos. Pero tal afirmación es muy discutida científicamente, por decirlo suavemente. La mayoría de los judíos de hoy no son ni siquiera semitas (no son originarios de Oriente Medio) y los sionistas que colonizaron Palestina hasta 1948 eran mayoritariamente europeos. Como también reconocen los investigadores israelíes no hubo un verdadero exilio en la época de los romanos (70 DC, cuando fue aplastada la gran revuelta de los judíos). Los romanos pudieron haber mandado al exilio a algunos intelectuales y dirigentes de la época, pero no era su forma ni su interés el exilio de un proletariado que les proporcionaba cultivos e impuestos. De hecho, como Ben-Gurion puso en relieve en un estudio que realizó en 1919 (junto con Itzjak Ben-Zvi, futuro segundo presidente de Israel), parece probable que el proletariado palestino sea descendiente de los mismos antiguos judíos que se quedaron y se convirtieron, en el ínterin, a otras religiones.
Así, los sionistas seculares tuvieron que forjar un lazo ideológico nacionalista e indisoluble con la tierra que codiciaban. Además de fomentar los mitos de que estaban llegando a su "tierra deshabitada" (que serviría para aliviar moralmente la tarea de tener que limpiar étnicamente a la población indígena) y "hacer florecer el desierto” (que serviría a la idea de que en realidad estaban ayudando al país y trayendo el progreso sin importarles su gente), los sionistas tuvieron que acentuar los mitos religiosos concernientes a la relación de la “nación” con los “‘antepasados” y la “Tierra de Israel”.
Todos estos son mitos que, incluso si fueran verdad, no calificarían para algún tipo de “título de propiedad” y tampoco el truco de la biblia de Ben Gurion en la comisión Peel.
El aspecto intrínsecamente poderoso de la religión es que trasciende la razón. Y el sionismo tenía que tener este aspecto místico, enraizado en el judaísmo mismo para persuadir a su electorado de que se trata de un "caso especial"; la persuasión de que esto no es sólo acerca de la religión, sino de la supervivencia como nación.
Los sionistas seculares a menudo se refieren a la persecución judía como una señal de que tal nación existe de hecho. Pero la persecución de un grupo de personas que comparten las creencias religiosas no demuestra necesariamente que sea una nación. Si los musulmanes suníes o chiíes se persiguen unos a otros eso no quiere decir que hay una nación chiita y otra sunita. Por supuesto estos son problemas que necesitan resolverse, pero no necesariamente a través de la creación de un "estado-nación" para esa religión. La persecución de los judíos no significa que los judíos sean una nación, solo que los otros los perciben así.
Así es que el sionismo creó el "Estado judío". Uno podría hacerse y con razón la simple pregunta, ¿cómo la tierra podría ser un estado "secular" cuando, por su propia definición, es religiosa?
Este es el truco. El sionismo tomó el mito de la "nación judía", de la cultura judía. Se extrapoló la corriente nacionalista inherente al judaísmo y lo convirtió en un movimiento aparentemente "secular" y nacional. Pero este elemento nacionalista depende de la “contraparte” religiosa para existir.
De este modo llego a la conclusión de que el sionismo es una especie de religión, enmascarada como un mero nacionalismo secular.
Corrección: Originalmente este artículo no reconoció al padre del rabino Zvi Yehuda Kook, Abraham Isaac Kook.
Jonathan Ofir es músico israelí, director de orquesta, escritor y bloguero residente en Dinamarca.
Fuente: http://mondoweiss.net/2016/04/zionism-is-not-really-secular/
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.
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lunes, 11 de abril de 2016
Antiguas escrituras militares arrojan luz sobre cómo se escribió la Biblia
Antiguas escrituras militares arrojan luz sobre cómo se escribió la Biblia: Los resultados de un estudio apoyan las teorías modernas sobre cómo la Biblia fue escrita en hebreo.
Las paradojas de la santidad
Las paradojas de la santidad
Santiago Alba Rico
Atlántica XXII
Siempre me interesó el cristianismo primitivo. Frente a un imperio en decadencia, injusto, arbitrario y apocalíptico, promiscuo y ya postmoderno, los mártires cristianos afirmaban la posibilidad de una “conversión” sin retorno, reivindicaban con el cuerpo la intolerancia de una sola doctrina y sustituían los lazos familiares insuficientes por una red de vínculos solidarios entre desconocidos. Hay muy distintas combinaciones posibles de estos tres elementos (transformación subjetiva, disposición al sacrificio y comunitarismo), unas mejores y otras peores, pero podemos llamarlas a todas “religión”, a condición de añadir que el capitalismo, incompatible con todas ellas, induce por eso mismo las reacciones más fanáticas, violentas y extremas. Cuando no hay espacio para la “religión” en su modalidad republicana, se impone en sus formas más reaccionarias. La respuesta a la religión no puede ser individualista y consumista: solo puede ser también “religiosa”. En resumen: para combatir al Opus Dei o al Estado Islámico hace falta “otra religión”.
Pero yo quería relatar la historia de San Ginés. Ginés era el actor más celebrado del siglo III, admirado por el propio emperador, que lo invitaba con frecuencia a actuar en su palacio. Diocleciano, como sabemos, fue el último gran perseguidor de cristianos de la Roma imperial y Ginés, ferozmente anticristiano también, decidió escenificar ante él una pieza cómica en la que se satirizaban los discursos y prácticas cristianas. Pero ocurrió un milagro. Mientras recitaba fórmulas del Evangelio y mimaba las liturgias del primitivo cristianismo para regocijo de los espectadores, a Ginés se le aparecieron dos ángeles y, en mitad de una escena, se convirtió de pronto a la fe cristiana. A partir de ese momento siguió recitando el guión preestablecido, pero ahora en serio, sin que nadie notara el cambio. Ginés creía y el emperador y sus cortesanos creían que no creía; cuanto más sincero era el tono del actor más celebraba el público su genio y más gozaban los oyentes con su interpretación. Al final Diocleciano, claro, comprendió la verdad y mandó matar al actor, que conquistó así los ansiados laureles del martirio.
De esta historia fabulosa (la de un hombre que se convierte en lo que dice y hace mientras lo dice y lo hace) podemos extraer una ficción y una lección. Imaginemos un final diferente en el que Ginés, incapaz de convencer a nadie de su conversión, se pasa la vida “imitando” a los cristianos para disfrute de los paganos e indignación de los seguidores de Cristo. Para sí mismo es cristiano, para los demás es un actor genial que, sin embargo, con el tiempo aburre y cansa. Se ha “encasillado” en un solo papel y, empobrecido y despreciado, acaba muriendo sin obtener ni el reconocimiento ni el martirio, tratado por todos como “ese pobre loco que se cree cristiano”. ¿Cuál es la moraleja? Que para ser creído tienen que darse las condiciones y que esas condiciones son al mismo tiempo discursivas y políticas. El triunfo del cristianismo, por ejemplo, hizo “creíbles” las apariciones de la Virgen mientras que hoy meteríamos en un manicomio a Elio Arístides, a quien visitaba el dios Esculapio cuando los dioses paganos eran aún los oficiales y dominantes.
Arrimando la ficción a nuestra época, podemos decir que los formatos televisivos y el ejercicio del Gobierno en Europa hacen poco creíble cualquier “conversión” pública. Al igual que el talento de Ginés y las condiciones teatrales de su discurso, las condiciones teatrales de nuestras instituciones y de nuestros procesos electorales, por no hablar de nuestros medios de comunicación, distancian o anulan cualquier efecto racional de verdad y –por eso mismo– de “credulidad”. El “no nos representan” del 15-M era también un “están representando”. Hasta la nueva política se vuelve “vieja” bajo esas luces. Ese es uno de los graves peligros que acechan a Europa y una de las grandes ventajas del destropopulismo o neofascismo; y una de las máximas dificultades de las fuerzas levógiras o de ruptura, como es el caso de Podemos en España.
En cuanto a la lección, la historia de Ginés demuestra que es muy fácil ponerse a creer a partir o como consecuencia de un gesto o de una palabra pública. O, al revés, que es muy difícil distanciarse emocionalmente de los propios gestos y los propios discursos. Hay mucha menos hipocresía en el mundo de la que imaginamos, pero las conversiones son mucho más superficiales y livianas. Podemos creer verdaderamente en dos ideas distintas y hasta contrarias con tan solo cambiar de lugar o de postura corporal (o, desde luego, de novia o de novio). El mal es tan ligero como el bien. Para cambiar de costumbres o de convicciones, en efecto, es necesario desplazarse en el espacio, caer en otro contexto social, resbalar por casualidad en otro marco lingüístico. Por eso, si la religión solo puede combatirse con otra religión, si queremos hallar una buena combinación de conversión individual, disposición no suicida al sacrificio y comunitarismo democrático, la condición es transformar las condiciones de la “representación” a partir de un criterio. Es imperativo cambiar, si se quiere, de escenario; cambiar el escenario; ponerse otro traje y otra nariz; actuar, en definitiva, en otra obra.
La alternativa es: o “religión” o religión. El capitalismo consumista, que impide la “religión”, alimenta las respuestas religiosas –teocráticas o ateas– más violentas y menos tolerantes. La incredulidad es el verdadero umbral del fanatismo y del fascismo. Ni crédulos ni conversos. El que no cree en nada puede creer en cualquier cosa. Creamos, pues, en pocas cosas y en el lugar justo; solo así seremos al mismo tiempo muchos, buenos y convincentes.
Fuente original: http://www.atlanticaxxii.com/4601/las-paradojas-de-la-santidad
El Papa, J’Tatik y los indígenas (contrastes)
El Papa, J’Tatik y los indígenas (contrastes)
Maciek Wisniewski
La Jornada
Ya me dirán malpensado.
Pero mientras la mayoría de los observadores pensaba en las “similitudes” entre Francisco y Samuel Ruiz, el antiguo obispo de San Cristóbal (1959-1999) –y celebraba la “cercanía” entre ambos– yo solo podía pensar en las diferencias.
Allí donde en el gesto papal de orar unos minutos en la tumba de J`Tatik en la catedral sancristobalense la mayoría veía “el gran simbolismo”, “la re-significación” y “el reconocimiento tardío”, yo solo podía ver una gran simulación a fin de ganar más simpatías y seguir seduciendo a los círculos progresistas dentro y fuera de la Iglesia (con el “obispo indio” y los indígenas como objetos y una atractiva decoración).
Allí donde la mayoría veía “la validación de la lucha de años” y “el tributo a la Iglesia autóctona y a la Teología India” yo solo podía ver una “jugada” de Jorge Mario Bergoglio –un viejo político peronista– que “homenajeando” la rama “progresista” del clero mexicano la usaba como contrapeso en su pugna contra los ultra-conservadores.
Tal vez algo parecido le pasaba a Antonio García de León.
El clásico de la historiografía de Chiapas –una vez cercano a J’Tatik– autor entre otros de “Resistencia y utopía” (1985), advertía de antemano: “el tributo” de Francisco, un conservador que fue enemigo de la Teología de la Liberación, va a ser un “gesto vacío” y “puro espectáculo de declaraciones” con los indígenas por delante, pero en práctica solo en calidad de escenografía (El Economista, 14/2/16).
¿Y qué pensaban los miembros del viejo equipo pastoral de J’Tatik?
Raúl Vera su ex coadjutor, hoy obispo de Saltillo que acompañó a Francisco en todo su viaje por México –y para quién el hecho de que orara en la tumba de Don Samuel “equivalía a su beatificación” (Ídem)– veía con muy buenos ojos sus gestos y su “apertura” hacia la Iglesia autóctona; igual Gonzalo Ituarte, ex vicario diocesano, para quién fue la señal de “legitimidad” de la Iglesia chiapaneca tras años de ataques y controversias (Excelsior, 16/2/16).
Pero si alguien pensaba que todo esto se debía a alguna “predilección particular” de Francisco hacia los pueblos indígenas o su “afinidad especial” con J’Tatik se quedará decepcionado; Felipe Arizmendi –el actual obispo de San Cristóbal– ya hace unos años cuando estaba en medio de gestiones para levantar la prohibición vaticana de ordenar diáconos indígenas lo explicó de otra manera.
Francisco desde luego “podía ayudar más” –decía– porque era “un latino” y “entendía mejor la región” (aclarando a la vez que el veto no fue por “la mala voluntad de Vaticano”, sino por... “la falta de comunicación”), no obstante la “apertura” –que ya venía– se debía más a que simplemente... ¡todos los Papas –también el nuevo– “aman a los indígenas”!:
–“Cuando alguien ama, no importan las razas ni las culturas. Juan Pablo II demostró un amor extraordinario a los indígenas sin serlo (¡sic!). Benedicto XVI (el mismo que emitió la prohibición en 2006) desde que era prefecto (de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ex Inquisición) estuvo muy pendiente de la Teología India (¡sic!) y nos pidió que no ocurriese lo que pasó con la Teología de la Liberación que provocó choques (¡sic!)” (Vatican Insider, 17/12/13).
En fin.
Para mi mente malpensada lo más significativo de la visita de Francisco en San Cristóbal no era que éste “engrandeció a J’Tatik” (¿...de veras hacía falta?), sino que J’Tatik (ya que el otro decidió de ponerse a su lado...) “empequeñeció a Francisco” exponiendo varias de sus lagunas (muchas de “cuando aún era Bergoglio”).
Ni modo: la relación entre Samuel Ruiz y Jorge Mario Bergoglio vel Francisco –si nos tomamos la molestia de recordar un poco el pasado y “rascar” tantito al presente–, se entiende más por los contrastes, que por las semejanzas.
¿No es verdad que mientras el primero abrazó los cambios que trajo el Concilio Vaticano II (1962-65), el segundo –un joven clérigo– se mantuvo al margen de este proceso y solo después abrazó su “lectura conservadora” (Teología Popular) nacida para contrarrestar la Teología de la Liberación?
¿No es verdad que mientras el primero por su dedicación y enfoque con el paso del tiempo se volvió el sinónimo de la Teología de la Liberación (e India), el segundo desde el principio la trató como el sinónimo del “mal” y como provincial de los jesuitas se dedicó a perseguirla?
¿No es verdad que mientras el primero “despertándoles la consciencia” a las comunidades indígenas contribuyó a su politización y auto-organización (incluso en la medida que no ha previsto...), el objetivo del segundo era “de-politizar” y “contener” las villas bonaerenses y mantenerlas bajo su tutelaje (castigando y removiendo a curas que “se atrevían” a hablar allí de la política e incluso delatándolos ante los militares)?
¿No es verdad que mientras el primero se comprometió de lleno a la defensa de los derechos humanos (alzando su voz y fundando un centro alusivo), el segundo en la dictadura se comprometió a quedarse callado ante sus violaciones y en la democracia hacía todo para boicotear los esfuerzos de los tribunales y los organismos civiles –incluso de los familiares de los desaparecidos– que buscaban justicia en Argentina?
¿No es verdad que mientras el primero (sobre todo a partir del Congreso Indígena, 1974) destacó por denunciar abusos de las autoridades y sus complicidades en el sometimiento indígena afectando intereses concretos, para el segundo fue algo ajeno y ahora –como el Papa– destaca más bien por la vaguedad de sus “criticas” en cuales nadie es culpable ni plenamente identificado y las víctimas aparecen a menudo a la par que los victimarios?
And last but not least : mientras Don Samuel, en principio muy “tradicionalista”, ha ido cambiando acorde a su realidad social mediante un proceso “de abajo” (véase: “Cómo me convirtieron los indígenas”, 2003), Bergoglio nunca salió del “corsé conservador” y su transformación en “Francisco-la voz de los desprotegidos” solo fue posible mediante un proceso “de arriba” (la investidura) y una serie de simulaciones ideológicas.
Pero el premio del año se llevan los biempensantes que en el calor del acto en la catedral aseguraban que J’Tatik “era visto como maestro por Bergoglio que seguía sus pasos”.
¡¿What...?!
De ser así, no habría llegado a ser el Papa “en ésta Iglesia”. Punto.
*Periodista polaco
Twitter: @periodistapl
http://www.jornada.unam.mx/2016/03/11/opinion/018a2pol
lunes, 4 de abril de 2016
La fe necesita la increencia
Religion y violencia
La fe necesita la increencia
Mikel Arizaleta
Rebelión
En medio de tanto tambor y redoble por las calles, de cristos crucificados, de dolorosas y capirotes descalzos, de sermones en radios y televisiones, de procesiones del dolor, de látigos y sangre… he encontrado un artículo sensato en Der Spiegel de Georg Diez ofreciendo una explicación y que me ha recordado, también a mí, un libro de Emmanuel Carrère, titulado Le Royaume y que apareció en Anagrama como El reino. Dice el artículo de Georg Diez:
Un predicador mesiánico ambulante, que anunciaba el “reino de dios”, tuvo que ser considerado por los romanos como un opositor. ¿Y cómo un mensaje subversivo se trocó en un mensaje del amor?
Las religiones monoteístas se asientan en la violencia. Su fundamentación es: no debes tener otros dioses, yo soy tu único dios. Por tanto este dios, que tanto desconfía del hombre, que le prohíbe pensar, que permite a su pueblo vagar errante eternamente por el desierto, este dios en cuyo nombre se asesina y degolla, este dios, que se divierte malamente con Job y todavía le tilda de inútil en comparación suya, este dios que inventa el pecado para así prometer el perdón, este dios, que finalmente sacrifica a su hijo y predica el amor…, por lo visto llega un momento en el que ya no se le cree más.
Este dios, que dice una vez y otra que se enoja y se enfada, que como un niño mimado sólo él quiere reinar, que no tolera a nadie a su vera que le haga sombra, tampoco a los hombres, este dios hacia dentro exige obediencia y hacia fuera busca enemigos. Son los enemigos quienes le legitiman: “¡eh, ved, necesitáis que os proteja!”. Y así se encuentra dios en la guerra, no sólo en el Antiguo Testamento –la Biblia termina como es conocido violenta e impetuosamente en el Apocalipsis de Juan. “Y quien supere y cumpla mis mandatos hasta el final, se dice, a ése le daré poder sobre los paganos y él los apacentará con mano de hierro, y hará añicos de ellos cual ánforas de barro, e igual que yo he recibido de mi padre quiero entregarle la estrella de la mañana”
El mundo dividido en ellos y nosotros
La fe necesita de enemigos, es el medio más antiguo de cualquier dominio, confiere sentido, mantiene unido, la fe divide el mundo en un nosotros y los demás. La fe necesita de esta desfiguración del mundo, necesita de un sistema de verdades, que exista independientemente de las verdades de los demás o incluso de todos los demás.
La fe, al menos originariamente, necesita también de la increencia –y quien separa a la gente de esta forma ése tal sí quiere que los hombres desconfíen entre sí, que se odien, que se peleen.
La estabilidad del sistema de fe monoteísta descansa y se basa en la inestabilidad del mundo: resulta una paradoja que el hombre se haya inventado un dios para poner orden y a través de él crear el desorden.
De muchas maneras, lo muestra ya el Antiguo Testamento, se reflejan conflictos mundiales por motivos religiosos; de muchas maneras, lo muestra la actualidad, el mundo religioso produce conflictos bélicos. Y se da una escalada en cadena, que se sustenta en la fe misma y recorre el mundo, el regalo de dios al hombre fue el miedo y éste le agradeció con la sumisión y la dependencia.
Jesús como amenaza
También Jesús forma parte de este contexto, de este conglomerado guerrero, también Jesús fue un guerrero, quizá un guerrero de la palabra, pero en cualquier caso amenaza lo suficientemente grande para que los romanos lo ejecutaran. Un “revolucionario celoso”, le denomina el científico americano-iraní de la religión, Reza Aslan, en su libro sobre Jesús, es claro que un predicador mesiánico ambulante, que predica el “reino de dios”, automáticamente es visto y considerado como opositor de la ocupación romana.
Pero éste no es el Jesús, que se celebra en pascua, el Jesús terrorista. En la pascua se celebra un Jesús aseado, liberado de su historia y de la historia de su tiempo, y con ello liberado de la violencia que él representa y que brota de él.
El escritor francés Emmanuel Carrère en su fascinante libro, recién aparecido, “El reino”, describe cómo ocurrió que un mensaje de la amenaza y de la revolución se convirtiera y trocara en un mensaje del amor y de la reconciliación.
Según Carrère todo comenzó con un falseamiento de la verdad, se podría decir, con una mentira: los evangelistas -que contaron, compactaron e inventaron la historia de Jesús- determinaron presentar a Jesús, en contra de la verdad histórica, “como opositor de la religión judía y no como opositor de la ocupación romana”.
O dicho de otro modo: la invención del cristianismo desde el espíritu del antisemitismo. La razón fue sencilla: Un “Che Guevara”-Jesús, como Carrère le denomina, hubiera sido siempre un impedimento al tratar de fundamentar una Iglesia sobre él. Que es lo que especialmente quiso Pablo, para quienes, según Carrère y otros muchos, es el verdadero fundador del cristianismo, ese Jesús pascual marcado por la crucifixión y la resurrección. Es decir, Pablo en su narración posterior del hecho buscó culpabilizar a otros de la muerte de Jesús en la cruz, y encontró a los judíos, quienes habrían ejecutado al judío Jesús.
El círculo del poder y de la violencia
Fue un golpe genial y taimado, ya que “Jesús, que tres siglos antes fracasó como rey de los judíos, se convirtió en rey de todos menos de los judíos”.
Y aquí se cierra el círculo del poder y la violencia: El hombre Jesús, que quería dinamitar y echar abajo el estado, porque lo rechazaba, se convirtió en el hombre que suministró la religión al estado sobre la que fundar su poder.
Sigue siendo una historia torcida y atravesada por la mecánica monoteísta de la exclusividad y del egoísmo espiritual de ambos, de dios y de los cristianos; por parte de un dios, que rabia y mata si hay alguien que le haga sombra, y por parte de los creyentes, que se cabrean y matan si encuentran personas libres.
“Señor, compadécete de mí”, se escucha en la radio, y se realza y ensalza el sufrimiento. Esta religión necesita la muerte, celebra la muerte y promete algo a cambio: “Cristo es mi vida, morir mi ganancia”.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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Por qué la jerarquía católica boliviana acusa de narcogobierno al gobierno de Evo Morales?
¿Por qué la jerarquía católica boliviana acusa de narcogobierno al gobierno de Evo Morales?
Ollantay Itzamná
Rebelión
La Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), bajo el sugestivo título de “Hoy pongo ante ti la Vida o la Muerte”, a inicios del presente mes, publicó su controvertida Carta Pastoral sobre Narcotráfico [1].
El documento comienza intentado justificar su “oportuna aparición” indicando que “los Obispos de Bolivia, en estos últimos decenios, ha expresado repetidamente su preocupación permanente ante el flagelo del narcotráfico”. (n. 1º).
Esto es falso. Los jerarcas católicos jamás publicaron Carta Pastoral alguna sobre el narcotráfico antes. Incluso cuando, en las últimas décadas del pasado siglo, gobiernos como el del dictador Luis García Meza (1980-1981) permitían el acopio y la compraventa de la droga en lugares públicos sin restricción alguna. La CEB jamás se pronunció oficialmente cuando los agentes de la DEA (agencia antidrogas norteamericana) masacraban a campesinos bolivianos productores de la hoja de coca en su intento de controlar la industria del narcotráfico.
Pero, ahora, curiosamente cuando aún la oligarquía pro norteamericana (reaccionaria al Proceso de Cambio) celebra su supuesta victoria en la consulta popular del 21 de febrero pasado, y en un contexto de una “guerra mediática” sin cuartel, ni tregua, en contra del gobierno de Evo Morales, los comedidos obispos publican su Carta donde acusan, sin mencionar nombres, ni prueba alguna, al gobierno boliviano de narcogobierno en los siguientes términos:
“(…) el narcotráfico, (…), penetra incluso estructuras estatales y fuerzas del orden, comprando conciencias. La corrupción ha minado la credibilidad de las autoridades de la lucha contra el narcotráfico. (n. 35º). El documento continúa afirmando que el sistema judicial, la economía boliviana han caído bajo el poder del narcotráfico. Situación que hace que la violencia, la incertidumbre y sentimientos de frustración se apoderen de la ciudadanía. Es decir, hagan de la Bolivia actual un Estado fallido.
Luego de estas gruesas acusaciones infundadas, incluso contrariando los reconocimientos de la ONU y de la Unión Europea respecto a las políticas antidrogas emprendidas por el actual gobierno del país suramericano, los obispos ofrecen “el rostro misericordioso del Padre” para que “el Hijo Pródigo vuelva a la casa del Padre para rehabilitarse” (n. 46º).
El contenido de esta Carta Pastoral evidencia no sólo la coincidencia de la CEB con la postura de desaprobación del gobierno de los EEUU a la política antidrogras que emprende el gobierno de Evo Morales, ni sólo confirma que los jerarcas católicos son los nuevos agentes de la DEA en Bolivia, sino también es un llamado expreso al insubordinado gobierno de Evo Morales a la “rehabilitación” política.
Según la retórica de la actual geopolítica del gobierno norteamericano, ante la obsolescencia del estigma de “comunismo ateo” para deslegitimar y derrocar gobiernos contrarios a sus intereses, la estrategia es “convertirlos” en narcogobiernos y corruptos. Para así quitarles la legitimidad social, sacar a la población de las redes sociales a las calles, y así destituir gobiernos incómodos al Imperio.
Históricamente para esta estrategia geopolítica, la jerarquía católica fue y es servil a los intereses imperiales de turno.
Ocurrió en Guatemala, en 1954, donde al gobierno revolucionario de Jacobo Árbenz, le quitaron su legitimidad y apoyo popular mediante la Carta Pastoral donde se lo acusaba de comunista y ateo. Y así, las inconclusas historias de América Latina están empedradas y ensangrentadas por contubernios nefastos entre obispos y gobiernos yanquis.
El problema no es el narcotráfico, sino el control o monopolio de esta suculenta industria. A nadie le conviene matar a esta siempre floreciente industria que inyecta ingentes cantidades de dinero a las desinfladas finanzas mundiales. Mucho menos a la Iglesia Católica, cuya feligresía, en países como Colombia, Honduras, Guatemala o México, subsiste gracias a la “providencia” de devotos narcotraficantes. Donde muchos curas y obispos celebran misas en lujosos templos donados por narcopadrinos católicos.
Nota:
[1] http://www.iglesiaviva.net/wp-content/uploads/2016/04/carta-narcotrafico.pdf
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
viernes, 1 de abril de 2016
ESPERANZA DE UN NUEVO PACTO EN TIEMPOS DE MUCHA CONFUSION
ESPERANZA DE UN NUEVO PACTO EN TIEMPOS DE MUCHA CONFUSION
Base Biblica: Jeremias 31:31-34 y Ezequiel 36:24-32 , Jeremias 14:13-14.
Los primeros textos hablan del nuevo pacto.
Todos los profetas han anhelado que el pueblo de Dios, se mantenga fiel a Dios, fiel a sus demandas, por lo que hacen una analogía del esposo- las demandas son a mantener una conducta apegada a la ley de Dios, ley que pretende que la sociedad demandada también sea misericordiosa, compasiva, que refleje el amor de Dios y que aborde el tema de la desigualdad, de la inequidad, de la violencia , de la injusticia.
Que paso con el pacto antiguo? La alianza o testamento , los profetas anunciaron que ese pacto, el cual estaba escrito en piedra- una figura- para enunciar que la ley existe, que esta escrita y que se conoce, pero que no ha sido entendida en su espíritu, en su intencionalidad y que esa es la razón por la cual el pueblo ha entrado en un nivel de relaciones injustas , reflejándose en la mayor pobreza y marginalidad que trae la opulencia y el lujo en el que viven unos pocos hombres y mujeres de la sociedad.
Tal situación injusta social y económicamente- tiene un soporte religioso- tiene profetas que no solo toleran esa situación, sino que también la defienden, y además , atacan al profeta que asume el anuncio del regreso al pacto, de la conversión, de la vuelta a Dios.
Una sociedad injusta en la que la pobreza se multiplica, la violencia prospera y unos pocos tienen el disfrute del producto social, se ha alejado de Dios, esto es asi, aunque tal sociedad se precie , pretenda o incluso presuma del conocimiento de la ley de Dios o de su teología, sus ministros son simplemente unos falsos profetas. Dichos falsos profetas, muy aceptados en el entarimado de la sociedad injusta ofrece “palabra de dios” que habla de Paz y de su Seguridad, pero es su paz y su seguridad, muy alejada del propósito de Dios: la paz , la Shalom para todos, el bienestar de todos, la verdadera seguridad.
Aquí es donde aparece la promesa de Dios de un nuevo pacto.
La búsqueda de Dios- su fin ultimo, es que halla una humanidad que se regrese a El, que vuelva a buscar la sociedad justa, compasiva, solidaria, cuyos actos reflejen toda la misericordia , el amor posible, y esto sucede, porque se ha entendido- lo cual no es solo conocimiento- sino también actitud- la ley de Dios. Y que en este caso, el profeta de esta nueva sociedad, usa otra figura: la ley escrita, ya no en piedra, lo cual habla de una sociedad insensible, sino una ley de Dios escrita en sus entrañas, en su corazón en la sensibilidad social por los pobres de la tierra y los desposeídos.
El mensaje de los profetas tiene mucha actualidad, y dichos textos leidos en esta ocasión nos permiten observar la sociedad en la que vivimos: ha crecido la injusticia? Ha crecido la pobreza? Ha crecido la violencia?
En ese plano social observado, donde estamos?- donde estoy?- defendiendo esa situación, pidiendo su estabilidad y paz, o como los antiguos profetas llamando a la conversión, a la sensibilidad social por los pobres. Ese es el nuevo pacto escrito en el corazón.
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