viernes, 18 de septiembre de 2026

Yemen, ¿ahora qué?

Recomiendo: Yemen, ¿ahora qué? Por Guadi Calvo | 17/09/2026 | Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Rebelión Hasta ahora incontenibles, los hutíes se afianzan en todo el litoral yemení sobre el mar Rojo, la isla de Mayyun o Perim, como también se la conoce, que divide en dos el estrecho de Bab al-Mandeb, con cerca de 30 kilómetros de ancho y que conecta el mar Rojo con el Índico. En las últimas horas también han capturado las islas Gran Hanish y la Pequeña Hanish, a unos 160 kilómetros al norte de Bab al-Mandeb, reforzando su presencia en uno de los pasos más sensibles del mundo para el comercio marítimo. En momentos en que, gracias a la torpeza de Trump, que compró la guerra llave en mano a Benjamín Netanyahu, a quien le habían asegurado que la solución final de la cuestión iraní era cosa de un fin de semana, el estrecho de Ormuz se hace cada día más angosto para las embarcaciones que sacan el petróleo y el gas del Golfo Pérsico. (Ver: Yemen: Reto a la Meca). La ofensiva de los rebeldes ha obligado al reino saudita, que desde 2014 articula todas las políticas de Yemen, nación a la que ha convertido de facto en un protectorado, a recuperar el territorio capturado por los hutíes, operación que deberá realizar condicionado por la derrota sufrida en la guerra entre 2015 y 2022, que consiguió detener Irán tras su acercamiento con los sauditas negociado por China en su momento (Ver: Yemen, la guerra que perdió Occidente), al tiempo que tendrá que evitar más ataques contra sus instalaciones petroleras y el oleoducto Este-Oeste, de 1.200 kilómetros, que bombea entre 2,6 y 4 millones de barriles de petróleo diarios hacia los puertos del mar Rojo como el de Abqaiq o el de Yanbu, lo que le evita el paso por Ormuz. Los daños ya producidos al oleoducto agravan todavía más el envío del petróleo saudí a sus diferentes mercados. Según los técnicos, estas reparaciones, de no recibir más ataques, podrían estar terminadas en una semana. Desde los mercados europeos se estima que, de prolongarse la crisis, elevará los precios superando los 110 dólares por barril, con todas las consecuencias que esto obligatoriamente traerá. Al tiempo que se conoce que la actual producción petrolera de 6,24 millones de barriles al día de agosto fue el nivel más bajo desde 1990. En las últimas horas, la comandancia de Ansarullah (Seguidores de Allah), el nombre oficial de los hutíes, denominados así en homenaje a su fundador Hussein al-Houthi, padre del actual líder Badr al-Din al-Houthi, una influyente familia del norte yemení, ha denunciado que Riad realizó cerca de sesenta ataques aéreos contra poblaciones civiles en territorio yemení, los que se suman a los 140 realizados días antes del comienzo de su ofensiva el pasado miércoles 9, lo que obligó el despliegue de unos cien mil pobladores, que han buscado refugio en 200 escuelas del suroeste yemení. Mientras que otras dos mil personas se embarcaron en el cruce del mar Rojo para buscar protección en la ciudad de Obock (Djibouti) al otro lado del estrecho de Bab el-Mandeb, donde también se encuentra Camp Lemonnier, la única base militar permanente de Estados Unidos en África, con una dotación aproximada de cuatro mil hombres, ubicada en cercanías del Aeropuerto Internacional de Yibuti-Ambouli, lo que le permite el control aéreo del estrecho, gran parte del Cuerno de África y el mar Rojo hasta el canal de Suez. Riad tampoco ha conseguido reponerse del ataque con drones que sufrió la base de Sharurah, un importante centro de mando y control que, además, según la insurgencia yemení, también guarda el mayor arsenal del ejército saudí. En la noche del lunes, Riad denunció nuevo ataque hutí contra la ciudad de al-Tawwal, a escasos tres kilómetros de la frontera de Yemen, donde golpearon una mezquita, varios edificios públicos y habría dejado algunos heridos. Mientras las fuerzas militares de Yemen a disposición de Riad anunciaron haber atacado la ciudad de Mocha, tomada hace unos días por Ansarullah, además de algunas posiciones rebeldes en Taiz en el suroeste del país, sin especificar los daños provocados. Sultan Alí al-Arada, gobernador de la provincia de Marib y miembro del Consejo Presidencial creado por Riad para dirigir Yemen después de la renuncia del presidente Mansour al-Hadi, responsable principal de la tragedia que vive el pueblo yemení desde 2012, en una entrevista televisada el sábado por la noche informó que las Fuerzas de Resistencia Nacional, una milicia mercenaria, se están reagrupando “para volver a la batalla de una forma u otra”. Batalla que hasta el momento ha dejado cerca de 2.500 muertos. La guerra civil entre la élite prooccidental y grupos terroristas como al-Qaeda para la península arábiga, contra los hutíes junto a diversas tribus y sectores sociales sunitas y chiitas, que consume a Yemen desde 2014, sumado al genocidio perpetrado por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos a partir de 2015, que ha generado una catástrofe humanitaria con cientos de miles de muertes, desplazados, epidemias y 17 millones de personas en riesgo de hambruna, lo que no ha tenido precedentes desde finales de la Segunda Guerra Mundial, ahora superada por la guerra civil sudanesa. En este marco de la invasión de 2015, tras las desavenencias entre sauditas y emiratíes, estos últimos articularon con el Consejo de Transición del Sur, que mantiene una agenda separatista, por lo que Abu Dabi, sin la ostentación de Riad, de manera callada ha conseguido hacer base en Yemen. El acuerdo que no funciona El cacareado Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, firmado el pasado 7 de agosto, que comprometía a sus tres firmantes (Arabia Saudita, Pakistán y Turquía) a responder en conjunto a cualquier agresión contra alguno de ellos, a casi una semana de los ataques hutíes contra territorio saudí, parece no haber tomado nota hasta el momento, quizás a espera de que Trump por fin responda a los desesperados llamados del príncipe heredero de la casa Saud, Mohamed bin Salman, para que opere contra posiciones de los rebeldes yemeníes. (Ver: Teatro de títeres sobre la península arábiga). Quizás esto responda más que nada a algún tipo de presión de Occidente a Islamabad y Ankara, ya que, según reveló el mando de Ansarullah: “El comercio internacional en el mar Rojo y Bab al-Mandeb son seguros y se desarrollan con normalidad”, por lo que ese infierno al que tanto temen enfrentarse los mercados europeos del cierre de Bab al-Mandeb todavía no parece tener voluntad de corporizarse. Lo que también da más entidad a la versión iraní de que los hutíes, más allá de su proximidad ideológica y religiosa, son independientes de las posiciones que pueda tomar Teherán. De todas formas, se prevé una caída entre el 50 y el 55 por ciento en los buques que transitan por el mar Rojo. Que, desde noviembre del 2023, con la fase final del genocidio en Gaza, a manos de la entidad sionista, los hutíes fueron los únicos que operaron contra naves que tuvieran intereses en común con los judíos, desde entonces y hasta el año pasado. Fueron atacados un centenar de buques mercantes en el mar Rojo que, según los rebeldes, estaban vinculados a los sionistas o a sus aliados. Por lo que las principales navieras han continuado el desvío por el Cabo de Buena Esperanza, lo que agrega entre 20 y 25 más a la derrota de esas embarcaciones, elevando sus costos totales del transporte. En este particular juego de influencias y presiones que han instaurado los hutíes en toda la región aledaña al mar Rojo, ha habido un jugador que hasta hace algunos años era capital en este contexto: Egipto, que la reducción del tráfico afecta de manera directa sus ingresos, ya que depende en mucho de los peajes de Suez. Según datos oficiales, Egipto perdió cerca de siete mil millones de dólares solo entre 2023 y 2024, alrededor del sesenta por ciento del total de sus ingresos por ese tributo. El nuevo encuadre de la seguridad en el mar Rojo beneficia de manera directa a Eritrea, que al otro lado del estrecho de Bab el-Mandeb tiene un papel geoestratégico del que podría beneficiarse. Más allá de las políticas aislacionistas del presidente Isaias Afwerki, el país tiene muy poco o nulo juego más allá de sus fronteras, aunque sea cierto su solapado entendimiento con Washington y Tel Aviv. Con la embestida de la semana pasada de los hutíes, no solo conquistaron puertos, islas y el estrecho. Sino que han provocado un monumental movimiento de las muchas fichas que juegan en esa partida de la que obviamente ni Estados Unidos, ni Rusia ni China están ausentes, por lo que habrá que observar cómo se reacomodan, si alguna vez sucede. Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 17 de septiembre de 2026

La prohibición británica del comercio con los asentamientos debe sancionar a Israel para surtir efecto

Recomiendo: La prohibición británica del comercio con los asentamientos debe sancionar a Israel para surtir efecto Por Jonathan Cook | 14/09/2026 | Europa, Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Voces del Mundo Ed Miliband, ministro de Asuntos Exteriores británico, anunció esta semana planes para prohibir el comercio y los servicios con los asentamientos judíos ilegales de Israel, en una medida que el Gobierno ha promocionado como un «reinicio integral» de las relaciones con dicho país. Al Reino Unido se sumaron otros 11 Estados occidentales que dieron a conocer o propusieron sanciones similares: Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Islandia, Irlanda, Noruega, Polonia, Portugal, España y Suecia. Se supone que esperan dar la impresión de que están uniendo fuerzas gracias a su número, aumentando la presión sobre Israel para que ponga fin a la ocupación y allane el camino hacia la creación de un Estado palestino. De forma más realista, cada uno de ellos espera que resulte más difícil para la Administración Trump e Israel señalarlos como objetivo en la inevitable reacción contra estas medidas, que son demasiado modestas. En una rápida represalia, Israel tomó la medida sin precedentes de cerrar el consulado británico en Jerusalén Este, es decir, en territorio que ocupa en violación del derecho internacional. Pero la idea de que estas sanciones supondrán un «reinicio» de las relaciones entre el Reino Unido e Israel parece más bien una ilusión. Poco antes del anuncio de Miliband, Bloomberg informó de que diplomáticos británicos habían asegurado en privado a Washington que la prohibición comercial sobre los asentamientos era «en gran medida simbólica». Según Alex Wickham, editor político para el Reino Unido de la agencia de noticias, las medidas del Gobierno «no tendrían ningún impacto significativo en la relación general del Reino Unido con Israel en materia de comercio o seguridad». El comercio del Reino Unido con los asentamientos judíos de Israel representa una minúscula fracción de su comercio total con Israel, que asciende a 6.000 millones de libras (6.993 millones de euros). Y tras dos décadas de «amenazas» en gran medida ineficaces por parte de Europa para empezar a etiquetar los productos de los asentamientos, Israel ideó hace tiempo formas de ocultar la procedencia de dicho comercio. Simplemente reetiqueta los artículos procedentes de los asentamientos como «fabricados en Israel». Por eso el Ministerio de Asuntos Exteriores lleva tiempo argumentando que sería imposible aplicar una prohibición del comercio con los asentamientos. El «impacto significativo», tal y como, según se informa, están diciendo los diplomáticos británicos a Washington, será prácticamente inexistente. Razonamiento deshonesto Del mismo modo, los asesores del primer ministro británico, Andy Burnham, han estado restando importancia al asunto ante los diputados laboristas. La noche anterior al discurso de Miliband el programa Newsnight informó de que se había comunicado a los diputados de a pie que el Gobierno evitaría cuidadosamente cualquier eco de la demanda palestina, que viene de lejos, de boicot, desinversión y sanciones (BDS) tanto contra Israel como contra los asentamientos. Hace una década Burnham describió el movimiento BDS —respaldado por miembros destacados de la sociedad civil palestina— como «rencoroso». Durante su discurso, Miliband también se esforzó por destacar su oposición «incondicional» al BDS. Pero hay algo fundamentalmente, y de forma evidente, deshonesto en este planteamiento. Se está diciendo a la opinión pública británica que el Reino Unido debe tomar «medidas decisivas» en forma de sanciones contra los asentamientos de Cisjordania, mientras que a Israel no se le toca en absoluto. Y el Gobierno justifica sus medidas, muy limitadas, alegando que los asentamientos son la principal amenaza para una solución de dos Estados. Pero ninguno de estos argumentos tiene el más mínimo sentido. Una de las principales preocupaciones del Gobierno británico es la reciente decisión de Israel de impulsar un gran proyecto de asentamiento denominado E1, en territorio palestino cercano a Jerusalén. Se considera el último clavo en el ataúd de la creación de un Estado palestino. La verdad, sin embargo, es que Israel lleva décadas ampliando sus asentamientos ilegales en Cisjordania, utilizando milicias armadas para expulsar a los palestinos de sus tierras. Esto no es nada nuevo. Si el Reino Unido se tomara realmente en serio castigar a Israel por sus violaciones de la ley, habría «reiniciado» las relaciones por el asunto aún más grave de que Israel haya arrasado Gaza y haya asesinado y mutilado a decenas de miles de niños en los últimos tres años. Resulta bastante absurdo que el Gobierno de Burnham se dedique a lamentarse públicamente por el daño que supone para las posibilidades de una solución de dos Estados la construcción por parte de Israel de 1.200 viviendas en el corazón de un futuro Estado palestino. Al fin y al cabo, Gran Bretaña acaba de pasar tres años ayudando a Israel a borrar la mitad de ese Estado potencial: la mitad que comprende Gaza. La destrucción generalizada por parte de Israel de ese diminuto enclave debería ocupar un lugar central en cualquier justificación para un cambio de política, si Burnham realmente tuviera la intención de castigar a Israel y poner fin a la complicidad británica. En cambio, el genocidio de Israel ha quedado relegado a un segundo plano, mientras que el foco de atención se centra en la violencia de los colonos, algo que viene de muy lejos. Esto no es una «acción decisiva». Se trata más bien de más cortinas de humo. No hay un Israel «respetuoso con la ley» Aún más preocupante es que el Reino Unido pueda, de hecho, ayudar a Israel al reforzar una distinción ridícula entre los asentamientos «ilegales», por un lado, y un Israel supuestamente «respetuoso con la ley», por otro. El efecto será sugerir, de forma totalmente falsa, que los asentamientos son, de algún modo, independientes del propio Israel. Pero es Israel quien establece los asentamientos en las tierras palestinas robadas. Es Israel quien les proporciona infraestructuras, desde carreteras y electricidad hasta colegios y transporte público. Es Israel quien anima a los judíos a trasladarse a los asentamientos ilegales mediante ayudas para la vivienda y otras subvenciones. Es Israel quien envía soldados para proteger los asentamientos y aplastar cualquier oposición por parte de los palestinos. Y es Israel quien arma a las milicias de colonos para aterrorizar a los palestinos y expulsarlos de las tierras que Israel desea para seguir con su colonización. Es el Estado israelí —que se esconde tras su autoproclamada condición de «judío»— el responsable de este proceso de limpieza étnica que se prolonga desde hace décadas, diseñado para erradicar cualquier posibilidad de que surja un Estado palestino. A pesar de las referencias de Miliband a la «conducta del Gobierno israelí» —en alusión al Gobierno de extrema derecha del primer ministro Benjamin Netanyahu—, existe un apoyo multipartidista en Israel a la expansión de los asentamientos y al bloqueo a la creación de un Estado palestino. Yair Lapid, líder de la oposición israelí, considerado de centroizquierda en Israel, arremetió contra las sanciones del Reino Unido contra los asentamientos, calificándolas de «impulso para Hamás y las organizaciones terroristas». Si Gran Bretaña quiere poner fin a los criminales asentamientos, debe aplicar sus medidas no solo contra estos síntomas visibles de la ocupación, sino contra la causa fundamental: el Estado israelí. Aliado del apartheid Sin lugar a duda, el discurso de Miliband ante la Cámara de los Comunes tuvo aspectos positivos, entre los que destaca la decisión del Gobierno de aceptar por fin un fallo de 2024 de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) según el cual la ocupación israelí del Estado de Palestina es en sí misma ilegal, y no solo los asentamientos. Su uso del término «limpieza étnica» en referencia a Cisjordania —aunque, al parecer, no a Gaza— sienta un precedente que ya está animando a algunos periodistas destacados a alzar la voz contra la ocupación, aunque sea muy tarde. El hecho de que el Gobierno haya incluido en sus medidas la ampliación de la financiación de los servicios financieros le proporciona una herramienta potencial para sancionar a las empresas extranjeras y a los bancos israelíes que operan en el Reino Unido, en caso de que desee utilizarla. Hubo franqueza en la descripción que hizo Miliband de los colonos que actualmente llevan a cabo pogromos en las comunidades palestinas de toda la Cisjordania ocupada, a los que calificó de «terroristas». Ese lenguaje suena audaz solo porque todos los gobiernos británicos anteriores han evitado nombrar una realidad de larga data. Sin embargo, Miliband restó importancia al hecho de que todos los gobiernos israelíes hayan respaldado a estos colonos terroristas. Para Miliband resultó una ficción conveniente sugerir, en cambio, que la violencia se debía en gran medida a que el gobierno de extrema derecha de Netanyahu hacía «la vista gorda» ante esta criminalidad. Otros aspectos del discurso de Miliband resultaron aún más preocupantes. Declaró que su «apoyo al Estado de Israel era inquebrantable». Pero la CIJ, el tribunal más alto del mundo, también concluyó en 2024 que Israel había impuesto un sistema de apartheid sobre el pueblo palestino durante más de medio siglo. ¿Cómo puede el Reino Unido pretender situarse en una posición moral superior y llevar a cabo un «reinicio» de las relaciones, cuando expresa un «apoyo inquebrantable» a un Estado israelí que practica el apartheid? Miliband también afirmó: «Nuestra discrepancia no es con el pueblo de Israel, con el que el Reino Unido mantiene lazos inquebrantables. Nuestra discrepancia es con la conducta de su Gobierno». Pero, si seguimos manteniendo «lazos inquebrantables» con el pueblo de Israel, ¿cómo podemos presionar a esa sociedad —inmersa en la ideología supremacista judía del sionismo— para que deje de elegir, año tras año, década tras década, gobiernos que persiguen la limpieza étnica de los palestinos de su patria histórica? Encuesta tras encuesta se pone de manifiesto que la población judía de Israel se opone de forma abrumadora a la creación de un Estado palestino —el objetivo explícito de la nueva política de sanciones británica— y está a favor de la expulsión de los palestinos de todas las partes de su patria. En pleno genocidio de Gaza, casi la mitad de los israelíes se mostró a favor de exterminar a toda la población del enclave, incluidos los niños. ¿Cómo se habría puesto fin al apartheid en Sudáfrica si el Reino Unido y otros Estados occidentales hubieran preferido mantener «lazos inquebrantables» con la población blanca, en lugar de imponer boicots y sanciones a toda la sociedad? El objetivo de Miliband es tratar a Israel como algo independiente de sus milicias de colonos y de los miembros más fanáticos del actual Gobierno —figuras como el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, y el ministro de Hacienda, Bezalel Smotrich—. Pero se trata de una distinción sin una diferencia significativa. Considera erróneamente que la violencia burda, abierta y a escala relativamente pequeña de los terroristas colonos es categóricamente más importante que la violencia controlada, encubierta, gradual y a una escala mucho mayor ejercida contra los palestinos por todos los gobiernos a lo largo de la historia de Israel. La culpa no recae en unos pocos elementos rebeldes de los asentamientos, sino en el conjunto de una sociedad que ha optado por el apartheid, la limpieza étnica y, finalmente, el genocidio como «soluciones» para acallar la reivindicación del pueblo palestino nativo de soberanía sobre parte de su patria histórica. El elefante en la habitación El elefante que arrasa la habitación, aquel que se supone que debemos ignorar, son los tres años de complicidad del Reino Unido en la destrucción de Gaza. El Partido Laborista ha quemado su credibilidad en la cuestión moral más importante de la política exterior de nuestro tiempo al permitir que Gran Bretaña colabore activamente en las atrocidades israelíes. El nuevo primer ministro entiende este problema de sobra. Poco antes de tomar el relevo de Keir Starmer, Burnham publicó una disculpa pública a través de las redes sociales en un intento por distanciarse de su predecesor. En un monólogo de tres minutos ante la cámara, expresó un vago arrepentimiento por el hecho de que el Partido Laborista «se hubiera equivocado» con respecto a Gaza, sin especificar en qué. Señaló débilmente que «parece que se han cometido» crímenes de guerra y lamentó el sufrimiento «humanitario» de los palestinos en el enclave. Burnham también comprometió al Reino Unido a defender la visión de una solución de dos Estados, con un Estado palestino junto a un Estado judío autoproclamado. Pero Starmer le robó a Burnham el protagonismo al reconocer la condición de Estado de Palestina hace casi un año —aunque, como era de esperar, la declaración tuvo un efecto insignificante—. Ese reconocimiento —aclamado también como trascendental— ha resultado ser totalmente irrelevante. Tanto es así que, como señaló en un correo electrónico John Whitbeck, asesor jurídico desde hace mucho tiempo de los negociadores palestinos, Miliband se refirió repetidamente a la violencia de los colonos en los «territorios ocupados» en lugar de —como debería dictar la política oficial del Reino Unido— al «Estado ocupado de Palestina». Con el congreso del Partido Laborista a la vuelta de la esquina, Burnham necesitaba sacar su propio conejo de la chistera para demostrar su seriedad. Lo encontró en las sanciones comerciales contra los asentamientos de la Cisjordania ocupada. Aparentemente castigan a Israel, aunque tienen un impacto práctico mínimo. Burnham considera que la ruidosa reacción de Israel, de la Administración Trump y de los numerosos defensores de Israel en el país le ayudará a recuperar a los votantes de izquierda que Starmer ha ahuyentado del Partido Laborista y que se han refugiado en el Partido Verde de Zack Polanski. Esos votantes son necesarios para que Burnham y el Partido Laborista tengan alguna posibilidad de ganar las próximas elecciones generales. Pero, al mismo tiempo, la falta de verdadero rigor en las sanciones de su Gobierno contra los asentamientos está pensada para evitar represalias significativas por parte de Washington. Eso podría explicar la respuesta inesperadamente tibia del secretario de Estado Marco Rubio inmediatamente después del discurso de Miliband. Papel activo en el genocidio Burnham sabe que tiene que dar la impresión de que está haciendo algo. Y hay indicios de que la opinión pública británica podría dejarse llevar por todo el revuelo que han suscitado sus sanciones a los asentamientos y llegar a creer que se han tomado medidas significativas. Una encuesta de opinión publicada esta semana muestra que casi la mitad de los británicos está a favor de una prohibición comercial de los productos de los asentamientos, mientras que solo el 18% se opone. Pero, lamentablemente, el discurso de Miliband dio toda la impresión de que prefería cambiar la retórica —y la imagen— en lugar de la esencia de la política exterior británica hacia Israel. Miliband se refirió al «trauma y sufrimiento más inimaginables» de los palestinos de Gaza, como si hubieran sufrido una catástrofe natural en lugar de una campaña de genocidio por parte de Israel. Reconoció un «profundo sentimiento de vergüenza» por el hecho de que la comunidad internacional no hubiera actuado antes, al tiempo que ignoraba el papel activo que Gran Bretaña desempeñó —y sigue desempeñando— en el genocidio de Gaza. Es posible que el Reino Unido prohíba pronto a las tiendas británicas vender vino «israelí» procedente de viñedos cultivados en tierras palestinas robadas. Pero Gran Bretaña sigue proporcionando el comercio y los servicios que necesita Israel para seguir borrando del mapa el diminuto enclave de Gaza, donde unos dos millones de palestinos supervivientes se ven ahora confinados en menos de un tercio de sus ruinas. El Reino Unido sigue vendiendo armas a Israel, incluidos componentes para sus aviones de combate F-35 y sus drones de ataque. Gran Bretaña sigue transfiriendo armas estadounidenses y alemanas a través de una base de la Fuerza Aérea Real en Chipre, además de realizar vuelos de vigilancia sobre Gaza y proporcionar información de inteligencia a Israel. El Reino Unido sigue guardando silencio mientras Washington libra una guerra contra la Corte Penal Internacional por intentar que Israel rinda cuentas por los crímenes de una ocupación a la que el Gobierno de Burnham dice querer poner fin. Gran Bretaña guarda igualmente silencio ante los continuos abusos que comete Estados Unidos contra la experta de las Naciones Unidas en los territorios ocupados, Francesca Albanese. En el ámbito nacional, el Gobierno sigue considerando ilegal, como organización terrorista, a Palestine Action, y detiene y encarcela a quienes protestan con demasiada vehemencia contra la complicidad británica en el genocidio. Por el contrario, ese mismo Gobierno se niega a investigar las acciones de ciudadanos británicos —al menos 2.000 de ellos— que, según se informa, participaron o colaboraron en el genocidio de Gaza. Estos siguen entrando y saliendo libremente del Reino Unido. Los grupos de presión proisraelíes en Gran Bretaña, vergonzosamente siempre dispuestos a excusar los crímenes de Israel e incitar contra los palestinos, siguen atrayendo como miembros a políticos británicos, incluidos ministros del Gobierno laborista. Si Burnham se tomara realmente en serio el cambio de las relaciones de Gran Bretaña con Israel, todo esto tendría que abordarse, en lugar de barrerse bajo la alfombra. Su «acción decisiva» respecto al comercio con los asentamientos es, en realidad, una tapadera para la continua «inacción decisiva» del Gobierno ante los crímenes genocidas de Israel y la complicidad británica en los mismos. Un subtexto espeluznante Pero hay un último y espeluznante subtexto en el discurso de Miliband que no debe pasar desapercibido. Al intentar desesperadamente mantener viva la solución de dos Estados de Occidente, el Gobierno de Burnham no solo está ignorando la realidad: el hecho de que no hay ningún interlocutor en Israel —elegible o no— para llevar a cabo tal visión. Burnham y Miliband también insisten, en el caso totalmente improbable de que se pueda arrancar un Estado palestino a Israel, en que se exija al pueblo palestino que haga las paces con un Estado racista, fuertemente militarizado y sin remordimientos, que recientemente ha cometido un genocidio en Gaza. Al parecer, ninguno de los once Estados que se han sumado esta semana al Reino Unido para sancionar los asentamientos puede imaginar que los palestinos lleguen a vivir alguna vez en algo más que un pequeño pseudo-Estado desmilitarizado y económicamente dependiente, sin una elección real de sus líderes ni control sobre sus fronteras y su economía. Del mismo modo, no se sugiere en absoluto que un Estado israelí vecino, con un territorio reducido, tenga que reformarse ideológicamente, ni que se le obligue a participar en ningún tipo de proceso de verdad y reconciliación, ni que se le impongan sanciones hasta que reconozca sus errores. La ideología supremacista judía del sionismo, la lógica deshumanizadora de la mentalidad colonialista de los colonos israelíes y el fundamentalismo religioso de amplios sectores de la población israelí —todos ellos elementos fundamentales para la justificación del genocidio de Gaza— seguirían sin cuestionarse. Según este punto de vista, parece que los impulsos arraigados hacia el apartheid y el genocidio simplemente se evaporarían, mientras Occidente sigue complaciendo todos los caprichos de Israel. Esta no es una receta para la paz, ni siquiera de las más imperfectas. Es una exigencia de que el cordero palestino siga conviviendo con el lobo israelí. La verdad que el Gobierno de Burnham se niega a afrontar, al igual que todos los gobiernos anteriores, es que la paz no llegará por arte de magia con la creación de un Estado palestino. Un Estado palestino —o, más probablemente, un único Estado que acoja tanto a palestinos como a judíos israelíes— solo podrá surgir cuando Israel haya sido desmantelado como Estado colonialista de asentamientos fuertemente armado, tal y como ocurrió con el apartheid en Sudáfrica. La sociedad israelí tendrá que ser reeducada mediante un doloroso proceso de verdad y reconciliación, tal y como ocurrió también en la Sudáfrica del apartheid. Habrá que obligar a los israelíes a afrontar los hechos sobre un siglo de atrocidades cometidas contra el pueblo palestino autóctono. Gran Bretaña no se plantea hacer nada de esto, porque las pistas que revelan los crímenes de Israel y del movimiento sionista conducirían directamente a la puerta del número 10 de Downing Street y a otras potencias occidentales. Israel no es ningún monstruo de Frankenstein. Está haciendo exactamente aquello para lo que fue creado: servir como un implante colonial occidental —un Estado fortaleza militarizado— que proyecta su poder en el Oriente Medio, rico en petróleo. Israel no quiere ser nada menos que eso y, retórica aparte, la clase dirigente británica no está dispuesta a tomar ninguna medida concreta para ponerlo en su sitio. Jonathan Cook es autor de tres libros sobre el conflicto palestino-israelí: Blood and Religion: The Unmasking of the Jewish State (2006), Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (2008) y Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair (2008). Ha ganado el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Vivió en Nazaret durante veinte años, de donde regresó en 2021 al Reino Unido. Sitio web y blog: www.jonathan-cook.net Texto original: Middle East Eye, traducido del inglés por Sinfo Fernández. Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/09/12/la-prohibicion-britanica-del-comercio-con-los-asentamientos-para-que-surta-efectos-debe-sancionar-a-israel/

Juan José Tamayo, teólogo: “Jesús de Nazaret fue una persona vulnerable, frágil, para nada un héroe, más bien un fracasado”

Juan José Tamayo, teólogo: “Jesús de Nazaret fue una persona vulnerable, frágil, para nada un héroe, más bien un fracasado” El venerable profesor, en vísperas de cumplir 80 años, se confiesa en EL PAÍS sobre Dios, Jesús, las traiciones del cristianismo y política: “Ha surgido una nueva religión con cada vez más seguidores: el cristoneofascismo” El Nobel de Literatura José Saramago y el teólogo Juan José Tamayo salen juntos del Hotel Los Seises de Sevilla. A las nueve en punto pasan delante de la Giralda y empiezan a repicar las campanas. –Tocan las campanas porque pasa un teólogo –murmuró Saramago. –No –respondió Tamayo–, tocan las campanas porque un ateo confeso y convicto está a punto de convertirse al cristianismo. –Ah, de eso nada. Ateo he nacido, ateo he vivido y ateo moriré, y lo podrás comprobar porque eres mucho más joven que yo. Tamayo replicó con una definición de Dios: “Dios es el gran silencio del universo, y el ser humano el grito que da sentido a ese universo”. Saramago saltó como un resorte: “¡Esa definición es mía!”. –Por eso la he citado. Y esa definición está más cerca de un místico que de un ateo. O quizá místicos y ateos tienen más relación de lo que parece. No se olvide de que el gran místico Maestro Eckhart define a Dios como “la Nada” y Juan de la Cruz dice que a Dios se le encuentra en el vacío y la desnudez. “La conversación duró apenas dos minutos. Son testigos Pilar del Río y la pintora Sofía Gandarías”, concluye Juan José Tamayo (Amusco, Palencia, 79 años), una de las figuras más relevantes de la teología contemporánea en lengua española, autor de más de 50 libros —también articulista de medios como EL PAÍS— y de expediente académico abrumador, como abrumadoras han sido sus disputas con el Vaticano y la Iglesia española. “No es posible ser teólogo sin ser heterodoxo”, escribe a este periodista después de la entrevista. “Lo decía el filósofo de la esperanza alemán Ernst Bloch: ‘Lo mejor de las religiones es que crean herejes’ y antes Pablo de Tarso: ‘Conviene que haya disensiones para que resplandezca la verdad’. El profesor vive en Cadalso de los Vidrios (Madrid) desde la pandemia, donde enfermó de gravedad. En los dos últimos años ha publicado dos ensayos, Cristianismo radical (Trotta) y Política y religión (Tirant). Pregunta. Mal nombre “cadalso” para un teólogo en la lista negra. Respuesta. Peor sería en el siglo XVI. Como heterodoxo, hubiera corrido peligro mi vida y posiblemente mi cuerpo hubiera servido para las llamas. P. A las llamas metafóricas lo arrojaron en 2003. R. Siempre he tenido la censura delante de mí: en 1976 el Tribunal de Orden Público condenó y secuestró mi libro Por una Iglesia del pueblo. Y en 2003 la Congregación para la Doctrina de la Fe que dirigía Ratzinger antes de ser Papa se cebó en mi libro Dios y Jesús. Es uno de los libros más espirituales y religiosos que he escrito, pero la sentencia ya estaba dictada previamente por unos artículos que publiqué en EL PAÍS con motivo de la canonización de Escrivá de Balaguer. Llevaron enseguida mi último libro a Roma y allí fue objeto de condena y censura severa. Yo presentaba la imagen de Jesús de Nazaret de otra manera: como un hombre libre que realizó prácticas de liberación. Por eso lo mataron, y la resurrección es el triunfo de la justicia. Esa es básicamente la síntesis del libro. P. Jesús fue mucho más incómodo que el cristianismo que después se construyó alrededor de él. R. Sin duda, porque el cristianismo de Jesús es un movimiento igualitario de hombres y mujeres, un discipulado en el que las mujeres tuvieron un importantísimo protagonismo. La ética de Jesús de Nazaret es una ética radical. Él es una persona vulnerable, frágil, para nada un héroe; es más bien un fracasado. Y el fracaso se muestra en el final de su vida. Fue procesado, condenado y ejecutado como subversivo. Esta imagen de Jesús de Nazaret, que es el punto de partida o el origen del cristianismo, muy poco tiene que ver con el cristianismo posterior. Una de las claves fundamentales de la ética de Jesús es la opción por las personas más vulnerables, por los colectivos oprimidos. P. Pero el Vaticano… R. Durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI se produjeron numerosísimas condenas contra teólogas y teólogos que hicieron esta opción por los pobres y no he conocido en esos 33 años una sola condena contra teólogos que optaron por los ricos. También el estilo de vida de Jesús nada tiene que ver con el estilo de vida de nuestros jerarcas: una vida itinerante, una austeridad compartida, sin posesiones, sin seguridad, sin hogar. Podríamos decir que perteneció al colectivo de lo que hoy llamamos sinhogarismo. Y hay algo clave que no practica en este momento la jerarquía católica: la incompatibilidad que Jesús establece entre servir a Dios y al dinero. P. Cumple 80 años el 7 de octubre. Su biografía académica, teológica y divulgativa es apabullante. ¿Por qué la teología? R. El gran empeño de mi madre fue siempre que los hijos consiguieran una educación y se acercaran al mundo de la cultura al que ella no pudo acceder. En 1957 me mandó al seminario por eso. Estudié humanidades, filosofía y teología. La teología que estudié allí fue más bien escolástica. Pregunté al profesor de Teología el primer año: “¿Qué es un teólogo?”. Y me dijo: “Un teólogo es una persona muy sensata y sesuda que pasa toda una vida encerrado entre libros intentando dar respuestas precisas y exactísimas a preguntas que nadie se plantea”. P. ¿Qué respondió? R. Nada. Tenía 18 años y mi primer impulso fue coger el tren, ir a mi pueblo, a 20 kilómetros de Palencia, y subirme al tractor de mi padre para trabajar la tierra. Pero muy pronto me acerqué a la Teología de la Liberación, en la que estoy ahora ubicado. Allí me encontré con otra definición de teología que me agradaba más, la de Gustavo Gutiérrez: “La reflexión crítica sobre la praxis histórica a través de la fe”. P. Y eso le cambia la vida. R. Descubrí que en el principio del cristianismo no existían los dogmas, sino el mensaje de Jesús de Nazaret, la liberación de los pobres. Esa es la clave de mi orientación a la teología, que se convirtió en una teoría crítica de la religión y en una fuerza de lucha contra la injusticia. Un profesor de Teología me decía que si se hubieran presentado 4.000 paparazis en el momento de la resurrección, la foto habría salido totalmente borrosa” P. Mire atrás, muy atrás: ¿cuál es la mayor traición histórica del cristianismo a Jesús? R. La alianza entre el trono y el altar a partir del siglo IV: ahí se produce esa identificación entre el poder político y el poder religioso. P. ¿Qué ocurrió? R. Esa alianza constituye un falseamiento del conflicto que Jesús de Nazaret y los primeros seguidores y seguidoras tuvieron con el poder. De la liberación se pasa al dogma; de la presencia y protagonismo de las mujeres en el movimiento de Jesús y en los primeros siglos de la Iglesia se pasa a la discriminación de las mujeres y a su exclusión de los espacios de responsabilidad; y de la Iglesia como comunidad de iguales se pasa al clericalismo, un fenómeno en el cual los jerarcas, todos ellos varones, ejercen todos los poderes y desposeen a la comunidad cristiana de cualquier tarea activa y de cualquier responsabilidad en la marcha de la Iglesia. P. No duda de la existencia de Jesús. ¿Tampoco de la resurrección? R. De su existencia no hay dudas por las aportaciones y los testimonios de historiadores romanos y, por supuesto, de los Evangelios, que son testimonios de la relación con él. La resurrección, sin embargo, no es un hecho empíricamente verificable. Un profesor de Teología de mis primeros años de seminario decía: “Si se hubieran presentado 4.000 paparazis en el momento de la resurrección, la foto que hubiera aparecido estaría totalmente borrosa”. Porque no es la reanimación de un cadáver. No es la vuelta a la vida de la figura de Jesús de Nazaret cuando existió en Galilea, en Israel, sino la experiencia que viven algunos de los grupos que le acompañaron: que la vida ha triunfado sobre la muerte y que los verdugos no han triunfado sobre su víctima. P. Cuando reivindica el carácter feminista o igualitario del movimiento de Jesús, hay un dato: tuvo 12 apóstoles y los 12 eran hombres. ¿Corremos a veces el riesgo de convertir a Jesús en feminista porque necesitamos que lo sea? R. No, para nada. Jesús no fue feminista porque el feminismo y los movimientos de liberación de las mujeres son mucho más posteriores, arrancan hace tres siglos. Pero la vida de Jesús y su relación con las mujeres se corresponde con la propuesta de liberación de las mujeres que hace el feminismo. Ahora mismo hay una reflexión muy potente dentro de la Iglesia católica que es la teología feminista. Y el cristianismo feminista tiene su base en la incorporación que hace Jesús de Nazaret de las mujeres a su movimiento en igualdad de condiciones con los varones. Una gran biblista y teóloga feminista alemana arraigada en Estados Unidos, Elisabeth Fiorenza, dice que las mujeres en el movimiento de Jesús tuvieron un protagonismo en la solidaridad desde abajo. En muchos relatos evangélicos se habla de los discípulos liderados por Pedro, Santiago y Juan y, al mismo tiempo, de mujeres que le acompañaban en el anuncio del Reino de Dios, le seguían y le apoyaban. P. Esto choca con lo que hoy es la Iglesia católica. R. Es una patriarquía donde el poder absoluto lo tienen los varones con las mujeres sometidas. Son excluidas de los ministerios sacerdotales, de los espacios donde se toman las grandes decisiones y del acceso directo a lo sagrado: para acceder a lo sagrado y a Dios necesitan la mediación de los varones. En el cristianismo originario no fue así. Las comunidades que crea Pablo de Tarso en la cuenca mediterránea son comunidades que en muchos casos tenían un liderazgo femenino. P. Si el cristianismo debe combatir el capitalismo, el patriarcado, el racismo o la desigualdad, ¿cuándo deja de ser una religión y pasa a ser un programa político? R. Lo que más me preocupa es que ha surgido una nueva religión con cada vez más seguidores: el cristoneofascismo. Es la alianza y la complicidad entre la extrema derecha y parte de la derecha política, social y cultural, y los movimientos cristianos fundamentalistas dentro de la Iglesia evangélica protestante y los movimientos integristas dentro de la Iglesia católica. La figura física del diablo no existe, pero sí sus representaciones. Por ejemplo, en Netanyahu y en Trump, que hacen una interpretación belicista, antiinmigrante y antisolidaria de los textos de la Biblia hebrea y de la Biblia cristiana P. ¿Usted se ha indignado alguna vez con Dios? R. Sí. Pero la indignación con Dios no tiene su origen en mi actitud, sino en Jesús de Nazaret. La relación que Jesús tiene con Dios es de padre y madre. La palabra que utiliza para relacionarse con Dios es Abba, una palabra aramea que significa padre y madre. Es una relación de confianza, familiaridad y cariño. Experimenta a Dios como una persona de quien podía fiarse plenamente. Él era el centro, el horizonte de su proyecto liberador y quien daba sentido a la vida. No era el Dios lejano sino el Dios de la esperanza, el Dios abogado de los pobres, el Dios compasivo, y nada había que le separara de él. ¿Qué pasa en los momentos cruciales del final de la vida de Jesús? Que, llegado el momento de la prueba y la persecución en Getsemaní, siente verdadero pavor, angustia y una profunda tristeza. Y entonces se dirige a Dios con la misma confianza pero en una actitud de súplica y de indignación: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, tomando las palabras de un salmo de la Biblia hebrea. Jesús le pide cuentas a Dios por haberle abandonado. P. Duro. R. Hay una crisis de fe y de esperanza de Jesús. Un momento en el que toca fondo y en el que, como dice el gran teólogo alemán Jürgen Moltmann, sintió desesperación. Esa es la gran paradoja que vive Jesús de Nazaret en los momentos finales: después de una relación tan estrecha y directa con Dios, que le dio la fuerza para proponer una nueva religión liberada de la ortodoxia judía, Dios le deja en total soledad. P. Y se enfada. R. Con todos. Con las autoridades religiosas, económicas y políticas; incluso con sus discípulos, que no acaban de entender cuál es su proyecto de liberación y cuál es su imagen del Reino de Dios, que no es la de un líder triunfante, sino la de una persona totalmente fracasada. La pregunta es: ¿dónde está Dios en medio de tantas catástrofes en las que quienes sufren son los pueblos, los sectores más marginados y empobrecidos? ¿Dónde está Dios? De ahí la crítica que hacemos a la omnipotencia de Dios. ¿Cómo puede Dios ser todopoderoso, omnipotente, omnisciente, omnipresente, y no actuar ante situaciones de destrucción de la naturaleza y de la vida de los sectores más empobrecidos y de las mayorías populares? P. ¿Y dónde está? R. Elie Wiesel estuvo en los campos de concentración de Auschwitz y también se preguntaba dónde estaba Dios. Cuenta una escena en la que están siendo crucificadas tres personas y alguien de la multitud pregunta: “¿Dónde está Dios?”. Y la respuesta es: “Dios está con las víctimas que están siendo crucificadas”. Esa es mi idea del pueblo crucificado, Jesús crucificado, el Dios crucificado, que es el que nos libera de nuestro estado confortable, de una actitud egoísta que nos impide ver el sufrimiento de los demás seres humanos. P. Hábleme del diablo. R. Su figura física no existe, pero sí tiene sus representaciones. Hoy está representado en los oligarcas, en los plutócratas y en los nuevos teólogos del neofascismo. Ahí está la diablura representada, por ejemplo, en Netanyahu y en Trump. Yo defino a Netanyahu y a Trump como los teólogos del neofascismo, que hacen una interpretación belicista, antiinmigrante y antisolidaria de los textos de la Biblia hebrea y de la Biblia cristiana. Ahí encuentro encarnado al diablo

"México no se doblega, arrodilla o vende", asegura Sheinbaum

Mundo Sputnik "México no se doblega, arrodilla o vende", asegura Sheinbaum La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, afirmó que la nación latinoamericana nunca estará bajo las órdenes de otro país. "México no será nunca colonia, ni protectorado de nadie. México no se doblega, no se arrodilla y nunca se vende", dijo durante su discurso en el desfile que conmemora el inicio de la Independencia nacional. Asimismo, la mandataria resaltó que el pueblo mexicano "es noble, valiente y trabajador" y que el Estado no se explica "sin su lucha constante por la soberanía". Previamente, Sheinbaum resaltó que la lucha de Independencia se forjó "con la resistencia indígena que durante tres siglos de colonia defendió su lengua, su cultura, su forma de vida y organización. Así, nuestra independencia surgió como una causa popular".

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Cómo redefine Ansarullah la guerra moderna Informe especial: Yemen y la paradoja de la asimetría

Recomiendo: Cómo redefine Ansarullah la guerra moderna Informe especial: Yemen y la paradoja de la asimetría Por «Ali Reza» Peralta | 16/09/2026 | Palestina y Oriente Próximo Fuentes: Rebelión En el panorama de la geopolítica contemporánea, el conflicto en Yemen -y específicamente el accionar del movimiento Ansarullah- ha desafiado todos los manuales de la guerra moderna. Para los analistas de defensa, la capacidad de este grupo para resistir, contraatacar y poner en jaque a coaliciones y fuerzas marítimas con una abrumadora superioridad en armamento y tecnología constituye un fenómeno de estudio militar altamente complejo. Este informe desglosa los factores que explican cómo una fuerza teóricamente inferior sostiene un desafío de tales proporciones, ahora con las voces directas de sus protagonistas. La ecuación del costo: la guerra asimétrica como doctrina de Estado Ansarullah no compite en el campo de batalla convencional. Ha perfeccionado la guerra de desgaste. Su lógica es de costo-efectividad, utilizar drones de bajo costo y misiles antibuque adaptados para neutralizar o evadir sistemas de defensa que cuestan millones de dólares por cada intercepción. Su estructura descentralizada y el uso del terreno montañoso y accidentado de Yemen anulan gran parte de la ventaja de la vigilancia satelital y los bombardeos de alta precisión. Esta no es una táctica improvisada, sino una estrategia coordinada a nivel regional. El propio líder del movimiento, Abdul-Malik al-Houthi, afirmó que el grupo está preparado para cualquier escalada y que se está «coordinando estrechamente con sus aliados regionales en relación con los acontecimientos en Líbano y los acontecimientos en la República Islámica de Irán». El factor moral: la fe como centro de gravedad del Eje El segundo pilar es el moral. Yemen es históricamente el «cementerio de los imperios» porque la resistencia a la intervención extranjera es identidad nacional. El Eje de la Resistencia reconoce este factor como doctrina oficial. El líder mártir de Irán, el Ayatolá Alí Jamenei, lo definió con claridad teológica: «Yemen lucha porque tiene fe. Hizbullah lucha porque el poder de la fe lo lleva a actuar. Hamás y la Yihad [islámica] luchan porque sus creencias los impulsan». Jamenei rechazó el relato de «proxies» para explicar la autonomía, cuando sostuvo que «la nación yemení tiene su propia motivación y los grupos de resistencia de la región tienen sus propias motivaciones. Irán no necesita aliados». Y al mismo tiempo, celebró su accionar en el Mar Rojo, aplaudiendo los ataques y expresando su deseo de que «continúen hasta lograr la victoria» frente a Israel. El admirado Secretario General de Hizbullah, el maestro de los mártires, Sayyed Hassan Nasrallah, aportó la visión geoestratégica. Agradeció públicamente a las «fuertes y valientes» fuerzas respaldadas por Irán en Yemen e Irak por haberse involucrado en la guerra y años antes había elogiado la «firmeza» del pueblo de Yemen. Para Nasrallah, el efecto de Ansarullah fue transformar el mapa marítimo mundial al sostener que «el mar se ha convertido en un campo de batalla de misiles, drones y buques de guerra». Y advirtió que los ataques estadounidenses en el Mar Rojo «perjudicarán la seguridad de toda la navegación marítima». Esta resiliencia bajo asedio es celebrada por todo el Eje de la Resistencia. Uno de los asesores del Líder Supremo iraní, Mojtaba Jamenei, calificó el reciente avance hutí en Bab el-Mandeb como «contundente victoria de Ansarullah», mientras la Guardia Revolucionaria iraní lo celebró como una «victoria divina». La voz de los arquitectos: Soleimani y Al-Houthi en primera persona El General Mártir Qassem Soleimani, el Arquitecto Estratégico. Soleimani fue quien inscribió a Yemen en la doctrina de exportación de la Revolución. En 2015 en Kermán, declaró: «Hoy estamos viendo los signos de la exportación de la Revolución Islámica en toda la región, desde Bahréin a Irak a Siria, Yemen y el Norte de África». En 2019, tras los ataques con drones yemeníes a Aramco, elevó a Ansarullah a un nivel espiritual: «Nuestras victorias en todos los frentes estuvieron garantizadas por el apego a la cultura del Imam Husein […]. Hoy, Ansarullah en Yemen sigue el camino del Imam Husein y de su familia.» Para Soleimani, Yemen era la prueba de que el modelo Hizbullah era replicable. Sayyed Abdul-Malik Badr al-Din al-Houthi, la doctrina operacional. El líder yemení ha sido explícito sobre sus objetivos y su pertenencia al frente único. Sobre su control del Mar Rojo: «Mantenemos los ojos abiertos para vigilar y buscar constantemente cualquier barco israelí en el mar Rojo, especialmente en Bab el-Mandeb y cerca de las aguas territoriales yemeníes». Sobre la vinculación total con Palestina: «La batalla en Yemen está completamente vinculada a lo que está sucediendo en Gaza». Sobre su postura disuasiva actual: «Estamos manteniendo una disposición constante para intervenir de inmediato si el enemigo israelí reanuda cualquier escalada, comete actos de genocidio, impone un asedio a Gaza o niega alimentos y medicinas al pueblo de Gaza». Y sobre la unidad del Eje, tras el martirio de Ismail Haniyeh, líder mártir de Hamas, sentenció que «debe haber una respuesta militar a estos crímenes peligrosos […] existe un consenso en tomar acciones de represalia entre los grupos que integran la alianza antiisraelí de la resistencia». Epílogo profético: Yemen en la palabra del Profeta Muhammad (paz sea con él y su descendencia). Para cerrar, es imposible entender la resiliencia yemení sin el sustrato espiritual que el Islam le otorga. El Profeta Muhammad mencionó a Yemen en recordados hadices. Dos de ellos son la base moral que citan los combatientes: Narró Abu Huraira que el Mensajero de Alah -la paz y las bendiciones sean con él- dijo: «La fe es del Yemen y la sabiduría es del Yemen, encontré la misericordia y buenos sentimientos en (la gente) del Yemen». En otro relato narración dijo señalando con su mano en dirección a Yemen: «Os llegaron la gente del Yemen con el más débil de los corazones, el más delicado de los corazones; el entendimiento es Yemenita, la sabiduría es Yemenita». Conclusión El caso de Yemen demuestra que en los conflictos del siglo XXI la supremacía tecnológica no garantiza una victoria automática. Si Soleimani vio en Ansarullah el camino del Imam Hussein (a.s.), Jamenei vio la fe que da la victoria, Nasrallah vio la firmeza que convirtió al mar en campo de batalla, y Al-Houthi ejecuta la batalla vinculada a Gaza es porque para el Eje de la Resistencia, Yemen no es una guerra importada. Es, como dicen los hadices, la tierra donde la fe y la sabiduría se hicieron pueblo. Por eso un dron de bajo costo puede desafiar a una flota, porque no pelea solo con tecnología, pelea con una convicción de 1.400 años que ha transformado a este pueblo en un rival formidable que ha obligado a las superpotencias a replantear sus estrategias de control global, sin encontrar de momento respuestas frente a las victorias en el campo que vienen obteniendo los honorables resistentes del Yemen libre. «Ali Reza» Peralta es director de la Academia del Pensamiento Estratégico y su plataforma comunicacional ApeTv. Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Si Europa ataca a Rusia, la guerra será diferente y "muy corta", advierte

- Sputnik Mundo Si Europa ataca a Rusia, la guerra será diferente y "muy corta", advierte Lavrov Rusia no busca una confrontación con Occidente ni tiene intención de atacar a los países europeos. Sin embargo, si Europa ataca a Rusia, Moscú responderá y la guerra "será muy corta", enfatizó el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, en el Festival Mundial de la Juventud. Además, se refirió al reciente discurso del presidente ruso, Vladímir Putin, quien volvió a hacer hincapié en ello. "Ahora escuchamos declaraciones de dirigentes de la Unión Europea sobre la necesidad de prepararse para una guerra con nuestro país. Este se ha convertido en el tema más recurrente de los discursos de las actuales élites europeas y de los dirigentes afincados en Bruselas", denunció el jefe de la diplomacia rusa. En caso de que mejoren las relaciones entre Rusia y Europa, Rusia no firmará ningún acuerdo con políticos europeos en ámbitos relacionados con la seguridad del país, declaró Lavrov. "Cuando y si alguno de los países europeos desea reanudar un diálogo serio, en primer lugar escucharemos qué tienen en mente y qué pueden ofrecer. Y después decidiremos si nos conviene o no", precisó. Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Rusia - Sputnik Mundo, 1920, 08.09.2026 Internacional El Occidente nunca ha sabido competir de forma leal a lo largo de toda su historia, denuncia Lavrov Al mismo tiempo, Lavrov señaló que Occidente intenta castigar incluso a sus propios aliados por mantener relaciones comerciales con Rusia mediante la imposición de sanciones. En general, añadió, Occidente percibe el fortalecimiento de la multipolaridad como una amenaza para su dominio. "Solo este año, en su intento por defender su dominio cada vez más efímero, [Occidente] llevó a cabo la invasión de Venezuela, el secuestro del presidente legítimamente elegido, el asesinato del líder supremo de Irán junto con miembros de su familia y, en general, la agresión armada contra la República Islámica", dio varios ejemplos de acciones agresivas por parte de los políticos occidentales. Ucrania, en este sentido, es "un eslabón" en la misma cadena; la crisis ucraniana es "consecuencia directa" de la política expansionista de Occidente, agregó. En la actualidad, los países europeos buscan preservar en el poder al régimen nazi en Ucrania y desplegar fuerzas en el territorio controlado por Kiev, aseveró Lavrov. "El régimen que actualmente gobierna Kiev es un régimen abiertamente nazi. Es el único régimen del mundo que ha prohibido todo un idioma", comentó. En Ucrania se están destruyendo libros en ruso, tal y como hacía la Alemania nazi, subrayó el ministro. Rusia está dispuesta a negociar sobre Ucrania y nunca ha intentado complicar el proceso, subraya Lavrov ayer En lo que concierne al diálogo de paz, todos los procesos de negociación sobre Ucrania se interrumpieron por iniciativa ajena a Rusia, lamentó Lavrov. "Nunca nos hemos negado a participar en ellos. Todos estos procesos de negociación se interrumpieron por causas ajenas a nosotros", indicó. En este sentido, recordó los distintos intentos de abrir un diálogo de paz: desde las negociaciones entre Rusia y Ucrania celebradas en Bielorrusia y Turquía en marzo y abril de 2022, que culminaron en Estambul sin un acuerdo, hasta las posteriores conversaciones bilaterales en Ginebra y las trilaterales en Abu Dabi, con participación de EEUU. En estos momentos, Rusia está dispuesta a participar en distintos formatos de negociación para buscar una solución al conflicto ucraniano. Aunque Moscú permanece abierta a las propuestas, no se hace ilusiones, prosiguió Lavrov.

martes, 15 de septiembre de 2026

El largo historial de graves errores de Estados Unidos en Asia Occidental, aparte de Irán

Recomiendo: El largo historial de graves errores de Estados Unidos en Asia Occidental, aparte de Irán Por Ramzy Baroud | 15/09/2026 | Mundo Fuentes: Rebelión Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos El Gobierno estadounidense sigue redoblando su apuesta, a pesar de que su obstinación le sale muy cara, no solo en términos materiales, sino también de influencia geopolítica. Washington está perdiendo rápidamente poder y prestigio en Asia Occidental, una decadencia que podría producir un más amplio efecto dominó que tendría repercusiones en todo el mundo. La última expresión de esta arrogancia provino del Secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent, que declaró en su intervención en el encuentro de ministros de Finanzas del G20 en Asheville, Carolina del Norte, el pasado 1 de septiembre que dentro de dos años el Estrecho de Ormuz sería un «charco de agua sin valor alguno» puesto que el petróleo se iba a transportar por tierra gracias a oleoductos. Bessent fomenta un relato que insiste en la guerra económica en vez de en la militar. Anunció en un artículo publicado en Financial Times el 23 de agosto que «se avecina un Día D económico para Irán» y amenazó con graves consecuencias económicas a aquellos países que continúan comerciando con Irán. Suena menos a una estrategia de política exterior seria que a la admisión por parte de Washington de su incapacidad de cambiar el curso de la guerra actual. Han surgido dos escuelas de pensamiento dominantes para explicar cómo llegó Washington a esta posición. La primera, que promueven en gran medida amplios sectores de los medios de comunicación estadounidenses, antiguos altos cargos y mandos militares retirados, sostiene que la guerra contra Irán fue desde un principio un error y que Washington carecía de la preparación logística y militar para emprenderla. La segunda explicación sitúa a Irán en el centro y sostiene que fundamentalmente Washington subestimó la capacidad militar de Irán, su resiliencia política e influencia regional, y trató al país como si fuera otra Venezuela que podía ser sometida por medio de sanciones, amenazas y una limitada presión militar. Ambas explicaciones son ciertas en parte, aunque ninguna proporciona una explicación más profunda, menos defensiva y con más fundamento histórico que se requiere para explicar la envergadura de actual fracaso de Estados Unidos. Uno de los críticos más contundentes de la guerra de Estados Unidos ha sido el destacado politólogo y experto en relaciones internacionales estadounidense John J. Mearsheimer, que el 15 de julio [de 2026] afirmó «Trump está atrapado y no tiene salida», con lo que reiteraba una afirmación hecha reiteradamente desde el inicio de la guerra. «Con ello quiero decir que la decisión de atacar Irán el 28 de febrero de 2026 fue uno de los errores más graves de la historia de la política exterior estadounidense», añadió. A menudo, y como es lógico, tanto Mearsheimer, como Jeffrey Sachs, Scott Ritter y otras voces estadounidenses críticas analizan estos «enormes errores» desde la perspectiva estadounidense. Sin embargo, para millones de personas que viven en Asia Occidental este análisis colectivo no es un ejercicio intelectual o estratégico, sino que describe su realidad cotidiana. Han vivido en medio de estos errores de cálculo catastróficos y han pagado el coste humano de la intransigencia, el militarismo y el fracaso político de Estados Unidos. La historia de la política exterior estadounidense en Asia Occidental ofrece innumerables ejemplos de este modelo destructivo, el ejemplo más perdurable de lo cual sigue siendo el apoyo de Washington a Israel, que es la mayor fuerza desestabilizadora de la zona. La población palestina, libanesa, siria y otras de la zona no necesitan un nuevo marco estratégico para llegar a una conclusión similar a la de Mearsheimer. Han sufrido directamente las consecuencias del poder de Estados Unidos: guerras, invasiones, ocupaciones, sanciones, injerencias políticas y apoyo incondicional a Israel. Estados Unidos también estableció un desastroso historial con su invasión y ocupación de Iraq. Logró derrocar al gobierno de Sadam Husséin en 2003, pero fracasó estrepitosa y catastróficamente a la hora de gobernar el país, estabilizarlo o reestructurar Asia Occidental según la «idea» que había afirmado tener. El resultado no fue un nuevo orden estadounidense, sino la devastación de Iraq, una larga inestabilidad y la aparición de unas fuerzas políticas que Washington no había previsto ni logró controlar. Los aliados occidentales de Washington también fueron arrastrados a lo que se conoció como el lodazal de Iraq y pagaron un considerable precio político, militar y económico por una guerra cuyas premisas demostraron ser falsas y cuyas consecuencias continúan sin resolverse. Como es natural, esos antiguos socios tienen poco interés en participar durante un periodo indefinido en una mucho más larga y potencialmente más destructiva guerra contra Irán, en especial cuando la crisis está siendo gestionada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu, dos dirigentes profundamente impopulares e impulsivos, y que suscitan una enorme desconfianza. Pero Asia Occidental han cambiado. Los Estados de la región tiene ahora una mucho mayor agencia política, cuentan con unas alianzas más diversificadas y se juegan mucho más que en 2003. Ya no actúan dentro de un orden regional en el que Washington es el único centro importante de poder mundial. Uno de los muchos ejemplos de ello es la reciente visita del presidente chino Xi Jin Ping a Egipto. «Debemos defender el principio de que los pueblos de Asia Occidental son los dueños de sus propios asuntos», afirmó Xi en su encuentro el 2 de septiembre con el presidente egipcio Abdel Fattah el-Sisi. El presidente chino también instó a los países a oponerse a las «interferencias externas» y a fortalecer el diálogo regional sobre la paz y la seguridad. Al igual que Egipto, otras potencias regionales están diversificando sus socios en vez de contar exclusivamente con Washington. Dirigentes fundamentales de Asia Occidental comprenden que una prolongada guerra contra Irán no quedará confinada a este país, sino que podría desestabilizar toda la zona, devastar tanto economías como infraestructuras, amenazar rutas de energía vitales y generar unas guerras interrelacionadas cuyas consecuencias podrían persistir durante décadas. Todo esto nos lleva a Israel, que históricamente ha sido la piedra angular de la estrategia estadounidense en la zona, pero ahora está considerablemente debilitado. Está al límite desde el punto de vista militar y político, dividido socialmente y es incapaz de concluir de forma decisiva ninguna de las guerras que ha emprendido, a pesar de las reiteradas declaraciones de victoria de Netanyahu. Con todo, la difícil situación en la que está Washington no se puede explicar únicamente por el agotamiento de sus arsenales, una pobre planificación militar, la impulsividad de Trump o las manipulaciones de Netanyahu, ni tampoco se puede entender simplemente como el resultado de haber subestimado a Irán. Su fallo más profundo radica en el intento por parte de Washington de imponer un caduco modelo de dominio regional a un Asia Occidental y a un mundo que han cambiado sustancialmente. Ramzy Baroud es un periodista palestino-estadounidense y director de The Palestine Chronicle. Es autor de seis libros, entre ellos Our Vision for Liberation, My Father was a Freedom Fighter y ‘The Last Earth, siendo el más reciente Before The Flood: A Gaza Family Memoir Across Three Generations of Colonial Invasion, Occupation and War in Palestine. Baroud es también investigador senior no residente en el Centro para el Islam y los Asuntos Globales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul (IZU). Su página web es www.ramzybaroud.net. Texto original: https://znetwork.org/znetarticle/beyond-iran-americas-long-record-of-middle-east-blunders/ Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.