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sábado, 26 de septiembre de 2026
Guerra de narrativas cognitivas en la Asamblea General de la ONU
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Guerra de narrativas cognitivas en la Asamblea General de la ONU
Por Ignacio Figueroa Foessel | 25/09/2026 | Mundo
Fuentes: Rebelión
El debilitamiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha sido paulatino pero constante. Tras la Primera y Segunda Guerras Mundiales algunos líderes avizoraron que una organización supranacional sería capaz de mantener la paz después de tanto dolor y destrucción producidos por los conflictos armados.
La Sociedad de las Naciones fue el primer intento por perpetuar la paz, pero las aspiraciones de los ciudadanos y de algunos dirigentes no coincidieron con las ambiciones de regímenes que siguieron utilizando la fuerza militar para asegurar el poder de avasallar a sus vecinos.
Lejanos son los días en que el principal impulsor en crear una asociación de naciones era el presidente de los EE. UU., Woodrow Wilson, que se manifestó como un defensor de la democracia y la diplomacia. En contraposición, en nuestros días, el primordial cuestionador de la organización es el propio primer mandatario estadounidense, reflejando una humanidad que se hunde en la confrontación para imponer la voluntad de la fuerza por sobre las consideraciones humanitarias y morales, de un imperio en decadencia que carece de la legitimidad para prevalecer por la razón por sobre la brutalidad.
A la 81 Asamblea General de la ONU se llega con varios conflictos abiertos donde los protagonistas son los países más poderosos, en un desorden mundial sin precedentes en la historia moderna, con la nación más acaudalada usando la fuerza para mantener la supremacía que se les escapa de las manos.
La guerra en Ucrania propiciada por el cerco contra Rusia por la OTAN y la confrontación en Asia occidental con la expansión sionista y el ataque a Irán son los temas candentes que hacen girar los debates pero donde existen otros que se mantienen en un estado de menos exposición como asuntos geopolíticos: la masificación de la inteligencia artificial con el aumento de la desigualdad entre naciones; la producción de alimentos en una situación de colapso de las canales de suministros; el cambio climático; carrera espacial; entre otros.
En el contexto actual de la Asamblea lo único esperable es el uso de la tribuna mundial para hacer aspavientos de las decisiones unilaterales de las potencias -como las amenazas de Trump a Irán- y de las aspiraciones de los países subordinados para intentar conservar su soberanía o de convertirse en testaferros de los poderosos.
Desde que China amaga la hegemonía de los EE. UU. desde el punto de vista económico, las naciones que buscan una nueva relación del orden mundial donde no se imponga la fuerza sino las relaciones comerciales, se ha construido una narrativa con conceptos que buscan señalar la realidad emergente con palabras como el Sur Global, la multipolaridad, colaboración, genocidio, Asia occidental o soberanía tecnológica que luchan por convertirse en la designación corriente en colisión con los términos que representan el antiguo régimen: unipolar, imperialismo, occidente colectivo, oriente próximo o Siglo Americano.
De esta forma, la 81 Asamblea general se transforma en una lucha de narrativas cognitivas (en psicología, estructuras mentales que dan sentido e identidad) que buscan entregar material para el triunfo en la creación de opinión pública mundial. En la sociedad digitalizada es aún indispensable mantener a los ciudadanos bajo el manto de que se hace lo correcto, especialmente, cuando se acercan las elecciones de medio término en los EE. UU. donde se juega gran parte de la apuesta hecha por Trump sobre la guerra contra Irán y los ataques de Ucrania sobre las refinerías rusas con las consecuencias de la subida del precio de los combustibles, el desabastecimiento de diésel, el encarecimiento de los alimentos y el incremento de la inflación con el aumento de la tasa de interés de la Reserva Federal.
Comunicación y medios
Los desafíos para las naciones del mundo están en constante cambio, lo que ayer fue determinante ahora puede ser irrelevante y viceversa. La Asamblea debiera recoger y resolver sobre la importancia de los cambios tecnológicos en tres áreas principales: inteligencia artificial, medios de comunicación y redes sociales.
En materia de IA se hace necesaria una gobernanza mundial o al menos que la ONU promueva la entrega de la opinión de los liderazgos nacionales que señalen las certezas respecto a cómo se emplea en materia geopolítica, ya sea en el área militar o los cambios económicos de la productividad que ahonden las diferencias entre los países desarrollados y las naciones pobres. La IA se ha convertido en una fuente permanente de especulación mediática donde se justifican los enormes gastos producidos en energía o en apuestas bursátiles. Se ha creado una ansiedad transversal en los pueblos sobre el futuro de las personas y sus descendientes que debiera ser aclarado como una forma mínima de planificación de la propia existencia.
Los medios se convierten en los grandes vectores para llevar a los ciudadanos hacia el convencimiento que la política correcta es atacar a los rivales geoestratégicos. El drama de los pueblos es la falta de una prensa independiente que tenga un real impacto en las audiencias; solamente las corporaciones tienen el poder económico para llegar a millones de personas con una fuerza de creación de realidad.
La prensa independiente no puede competir con las transnacionales ya sea en cobertura o plataformas de difusión; es innegable el trabajo que hacen en crear conciencia, sin embargo, su subsistencia se permite al no ser capaces de disputar la opinión pública, su existencia solamente se reduce a una justificación de demostrar la presencia de la libertad de prensa en la democracia liberal.
Un punto que debiera ser debatido en la Asamblea General es el aspecto mediático, su importancia en la posibilidad de crear medios transnacionales con capacidad económica supraestatal para informar de manera independiente con financiamiento garantizado por la propia ONU. De esta forma, se lograría un derecho humano elemental para que los ciudadanos decidan qué es lo que les conviene sin la densidad de las noticias falsas, medias verdades o encuadres claramente manipuladores.
Las redes sociales tampoco son objeto de un debate de carácter estratégico, se presentan como una verdad inalterable pero no se entra al detalle del poder que tienen en determinar las preferencias de los ciudadanos en decidir su futuro. Las redes son gobernadas como una cuña que sirve al poder para lograr el consentimiento.
Estos aspectos de creación de opinión deben estar en la base de la gobernanza global cuando el conflicto alcanza niveles existenciales, convenciendo a los ciudadanos de Europa de que la guerra contra Rusia es inevitable. Lo menos que puede garantizar la democracia liberal y la organización supranacional es la posibilidad de elección a la población de forma informada sin tener que ser permanentemente bombardeados por la propaganda.
Liderazgo en la organización
A nivel de quién es el indicado para liderar la secretaria general de la organización, relevante sería de qué quién fuese escogido no sea un adminículo del poder, sino alguien con la suficiente independencia y capacidad para actuar por sobre las presiones de las potencias.
Una persona que por su prestigio pudiera no temer de decir la verdad sin importar si agradan o no al poder. Si bien por lo general el liderazgo ha sido otorgado a representantes de naciones pequeñas o de jerarquía relativamente baja, esto solo ha servido como tapadera para la consideración del silencio.
La ONU se encuentra en una encrucijada, el Consejo de Seguridad no tiene la capacidad de resolución de conflictos, queda en la inoperancia por la facultad de veto de sus miembros. El diseño de representación quedó obsoleto con países que no están a pesar de su creciente importancia como Brasil o la India y otros, como Reino Unido o Francia, que han descendido hacia la irrelevancia geopolítica. La Asamblea General, que representa al grueso de la población mundial, carece de cualquier poder resolutivo, e incluso simbólicamente ha decaído por la labor tergiversadora de los medios de comunicación corporativos.
Hoy, incluso más que en los conflictos del siglo XX, se necesita de una organización mundial capaz de incidir en momentos en que las amenazas existenciales ponen en peligro a toda la población del planeta.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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