jueves, 10 de enero de 2019

Galileo fue encarcelado y torturado por defender el copernicanismo?

¿Galileo fue encarcelado y torturado por defender el copernicanismo?

El Viejo Topo


Nota de edición: El 8 de enero de 1642 moría Galileo Galilei. Fue perseguido, juzgado y condenado por la Iglesia católica y pasó largos años bajo arresto domiciliario. ¿Pero fue realmente encarcelado y torturado como afirman muchos autores?

El gran Galileo, a sus ochenta años, pasó sus últimos días en las mazmorras de la Inquisición porque había demostrado de un modo irrefutable el movimiento de la Tierra. (Voltaire, “Descartes y Newton”, 1728)
El célebre Galileo […] fue encarcelado por la Inquisición durante seis años, y torturado, por decir que la Tierra se movía. (Giuseppe Baretti, La biblioteca italiana, 1757)
Decir que Galileo fue torturado no es una afirmación temeraria, sino simplemente repetir lo que dice la sentencia. Especificar que fue torturado por su intención no es una deducción arriesgada, sino, una vez más, repetir lo que dice el texto. Son afirmaciones basadas en la observación, no intuiciones mágicas; hechos probados, no introspecciones cabalísticas. (Italo Mereu, Historia de la intolerancia en Europa, 1979)

Durante los primeros años del siglo XVII el matemático y filósofo natural italiano Galileo Galilei (1564-1642) propugnó abiertamente la teoría del movimiento de la Tierra elaborada en el libro de Nicolás Copérnico Sobre las revoluciones de las esferas celestes (1543). A consecuencia de ello fue perseguido, juzgado y condenado por la Iglesia católica. Pasó los últimos nueve años de su vida bajo arresto domiciliario en su casa a las afueras de Florencia. Pero ¿fue realmente encarcelado y torturado como afirman los autores arriba citados, y otros muchos?
Galileo no empezó a propugnar el copernicanismo hasta 1609. Antes, estaba ya al corriente de la obra de Copérnico y valoraba el hecho de que contuviese un argumento nuevo y significativo sobre el movimiento de la Tierra. Galileo había estado trabajando en una nueva teoría del movimiento y había intuido que la teoría copernicana encajaba mejor con la nueva física que la teoría geoestática. Pero aún no había publicado o articulado esta intuición. Además, era consciente de las muchas pruebas existentes contra el copernicanismo procedentes de la experiencia sensorial directa, de la observación astronómica, de la física tradicional y de varios pasajes bíblicos. En consecuencia, juzgaba que los argumentos anticopernicanos superaban de mucho los procopernicanos.
En 1609, sin embargo, perfeccionó un instrumento recién inventado, el telescopio, y durante los años que siguieron hizo una serie de impresionantes descubrimientos con este nuevo instrumento: montañas en la Luna, innumerables estrellas además de las visibles a simple vista, densos cúmulos estelares y nebulosas en la Vía Láctea, cuatro satélites en torno a Júpiter, las fases de Venus, y las manchas del Sol. Describió todos estos fenómenos en Sidereus Nuncius [El mensajero sideral, 1610] y en Cartas sobre las manchas solares (1613).
A medida que Galileo empezó a mostrar que la nueva evidencia que aportaba el telescopio convertía al copernicanismo en un serio aspirante a la verdad física, fue siendo cada vez más atacado por filósofos y clérigos conservadores. Estos le acusaban de hereje porque creía que la Tierra se movía, y el movimiento de la Tierra contradecía lo que se exponía en las Escrituras. Galileo pensó que no podía permanecer callado y decidió refutar los argumentos bíblicos en contra del copernicanismo. Formuló su crítica en forma de unas largas cartas privadas que envió en diciembre de 1613 a su discípulo Benedetto Castelli y en la primavera de 1615 a la gran duquesa viuda Cristina.
La carta de Galileo a Castelli provocó aún más a los conservadores, y en febrero de 1615 un fraile dominico presentó una queja formal contra Galileo ante la Inquisición en Roma. La investigación resultante duró aproximadamente un año. El propio Galileo no fue convocado a Roma, en parte porque el testigo clave le exoneró, en parte porque sus cartas no habían sido publicadas, y en parte porque sus publicaciones no contenían ni una afirmación categórica a favor del copernicanismo ni una negación de la autoridad científica de las Escrituras.
En diciembre de 1615, sin embargo, Galileo fue a Roma por propia decisión a defender la teoría copernicana. Pese a vencer en el plano de los argumentos intelectuales, sus esfuerzos prácticos fueron vanos. En febrero de 1616, el cardenal Roberto Bellarmino (en nombre de la Inquisición) le hizo a Galileo una advertencia en privado prohibiéndole sostener o defender el punto de vista de que la Tierra se movía. Galileo decidió acatarla. En marzo de aquel mismo año, el Índice de Libros Prohibidos (el departamento encargado de la censura de los libros) publicó un decreto, sin mencionar a Galileo, en el que se declaraba que el movimiento de la Tierra era físicamente imposible y que contradecía lo que se afirmaba en las Sagradas Escrituras, y en el que se condenaba hasta que fuese revisado el libro de Copérnico.
Hasta 1623, año en que el cardenal Maffeo Barberini se convirtió en el papa Urbano VIII, Galileo mantuvo silencio respecto al tema objeto de la prohibición. Pero como Barberini era un viejo admirador suyo, Galileo se sintió con libertad para escribir un libro que defendiese indirectamente y de un modo implícito el copernicanismo. Escribió, pues, un diálogo en el que tres personajes discuten sobre aspectos cosmológicos, astronómicos, físicos y filosóficos del copernicanismo, evitando los de tipo bíblico o teológico. Publicado en 1632, este Diálogo mostraba que los argumentos a favor del movimiento de la Tierra eran más poderosos que los que sostenían el punto de vista geoestático. Galileo consideraba al parecer que el libro no “sostenía” la teoría del movimiento de la Tierra porque no afirmaba que los argumentos a favor de ella fuesen conclusivos; no estaba “defendiendo” la teoría porque el libro era un examen crítico de los argumentos de ambos bandos.
Pero los enemigos de Galileo se quejaron de que el libro sí defendía el movimiento de la Tierra y que contravenía por ello la advertencia de Bellarmino y el decreto del Índice. Se formuló un nuevo cargo: el libro violaba un mandamiento especial que se le había hecho a Galileo en 1616 prohibiéndole discutir la idea del movimiento de la Tierra en cualquiera de sus formas. El do­cumento acababa de ser descubierto en los archivos del caso precedente, por lo que esta vez fue convocado a Roma para ser sometido a un juicio cuyas deliberaciones empezaron en abril de 1633.
En la primera vista del caso Galileo admitió haber recibido de Bellarmino una advertencia acerca de que no podía sostener o defender el movimiento de la Tierra, pero negó haber recibido explícitamente la orden de no discutir el tema de ninguna forma. En su defensa presentó un certificado que había obtenido de Bellarmino en 1616 en el que se mencionaba solamente la prohibición de sostener o defender la teoría. Galileo también declaró que el Diálogo no defendía el movimiento de la Tierra sino que simplemente mostraba que los argumentos favorables no eran conclusivos, con lo que consideraba no haber contravenido la advertencia de Bellarmino.
A la luz del certificado de Bellarmino y de diversas irregularidades relativas al mandato especial, los funcionarios de la Inquisición intentaron llegar a un acuerdo extrajudicial: prometieron retirar el cargo más grave (violación del mandato especial) si Galileo se confesaba culpable de un cargo menor (transgresión de la advertencia de no defender el copernicanismo). Galileo aceptó el trato, y así, en las vistas subsiguientes del juicio (celebradas el 30 de abril y el 10 de mayo) admitió que el libro había sido escrito de una forma que podía dar la impresión a los lectores de que se estaba defendiendo el movimiento de la Tierra. Sin embargo, negaba que esta hubiese sido su intención y atribuía su error al engreimiento.
El juicio terminó el 22 de junio de 1633, con una sentencia más dura de la que Galileo había sido llevado a esperar. El veredicto le encontraba culpable de una categoría de herejía intermedia entre la más grave y la menos grave, calificada de “vehemente sospecha de herejía”. Las creencias consideradas inaceptables eran la tesis astronómica de que la Tierra se mueve y el principio metodológico de que la Biblia no es una autoridad científica. Se vio obligado a recitar una humillante “abjuración” retractándose de sus creencias. Pero el Diálogo fue prohibido.
El prolijo documento de la sentencia también relataba los procedimientos iniciados en 1613, resumía los cargos de 1633 y hacía constar la defensa y la confesión de Galileo. Proporcionaba además otros dos detalles sumamente importantes. El primero describía un interrogatorio: “Porque creemos que no habéis dicho toda la verdad acerca de vuestras intenciones, consideramos necesario proceder contra vos mediante un riguroso examen. Aquí contestasteis de una forma católica, aunque sin prejuzgar las cosas arriba mencionadas confesadas por vos y deducidas en contra de vos acerca de vuestras intenciones”. El segundo le imponía un castigo adicional: “Os condenamos a una pena de reclusión formal a discreción de este Santo Oficio”.
El texto de la sentencia de la Inquisición y el de la abjuración de Galileo fueron los únicos documentos del juicio que se publicaron entonces. La Inquisición mandó copias a todos los inquisidores y nuncios papales provinciales, con el encargo de difundir aquella información. De este modo, la noticia de la suerte corrida por Galileo circuló ampliamente en forma de libros, revistas y panfletos. Esta publicidad sin precedentes fue el resultado de las órdenes expresas del papa Urbano, que quería que el caso Galileo sirviese de aviso a todos los católicos y que pretendía de este modo reafirmar su propia imagen como defensor intransigente de la fe.
La cláusula sobre la reclusión en la sentencia estipulaba claramente que Galileo tenía que ser recluido en una cárcel del edificio de la Inquisición en Roma por un período indefinido cuya duración se dejaba al arbitrio de las autoridades. Todos los lectores de la sentencia dieron naturalmente por supuesto que la Inquisición había llevado a cabo la sentencia impuesta.
Aunque la sentencia no utilizaba la palabra tortura, sí hablaba de “un examen riguroso”, un término técnico que implicaba tortura. Además, el pasaje explicaba el motivo por el que los jueces habían decidido someter a Galileo a un riguroso examen: después de los varios interrogatorios que le habían hecho, incluido el de su confesión (de haber defendido el copernicanismo), seguían teniendo dudas acerca de si su transgresión había sido intencionada (aumentando de este modo la gravedad de su delito) o involuntaria (como declaraba). En la práctica de la Inquisición (y también en la de los tribunales laicos) tales dudas justificaban la administración de la tortura (para resolverlas). El pasaje citado informaba a los lectores de que Galileo había pasado el “examen riguroso” al afirmar que había contestado “de una forma católica”. Es decir, Galileo había contestado como un buen católico, alguien que no haría voluntariamente algo que la Iglesia había prohibido. Finalmente, el pasaje clarificaba, una vez más de acuerdo con la práctica inquisitorial, que la negativa de Galileo de albergar intenciones maliciosas (sus “respuestas católicas”) no debilitaban las pruebas incriminatorias procedentes de su confesión y de otras fuentes (por ejemplo, las opiniones del Diálogo escritas por tres especialistas). Los lectores de la sentencia que estaban familiarizados con la terminología y la práctica legal llegaron lógicamente a la conclusión de que Galileo había sufrido tortura a manos de sus inquisidores.
La impresión de que Galileo había sido encarcelado y torturado siguió pareciendo plausible mientras la evidencia principal acerca del juicio de Galileo fue la procedente de estos documentos, la sentencia y la abjuración. La cosa quedó así hasta que –tras más de 150 años de existencia de la tesis del encarcelamiento, y más de 250 años de la tesis de la tortura– salieron a la luz una serie de documentos relevantes en el sentido de que Galileo no había sufrido ni una cosa ni otra.
La nueva información acerca del encarcelamiento procede de una serie de cartas de 1633, principalmente las del embajador toscano en Roma (Francesco Niccolini) al secretario de estado toscano en Florencia, y secundariamente de la correspondencia de estos con el propio Galileo. Los funcionarios toscanos estaban es-pecialmente interesados en el caso de Galileo porque este ocupaba el cargo de primer matemático y filósofo del gran duque de Toscana, porque le había dedicado el libro a él, y porque le había pedido –y conseguido– su ayuda para publicar el libro en Floren-cia. Por ello el gobierno toscano consideraba el juicio como un asunto de estado, con Niccolini discutiendo constantemente la situación directamente con el papa en las reuniones que celebraba con él regularmente y enviando informes de las mismas a Florencia. Además, Galileo estaba en muy buenas relaciones con Niccolini y su esposa.
La correspondencia de 1633, que apareció en 1774-1775, muestra que Galileo, respondiendo a la llamada de la Inquisición, salió de Florencia el 20 de enero y llegó a Roma el 13 de febrero. La Inquisición le permitió alojarse en la embajada toscana (que era también el lugar donde residía Niccolini) a condición de que permaneciese allí recluido hasta el comienzo del juicio. El 12 de abril Galileo acudió al edificio de la Inquisición para el primer interrogatorio. Permaneció allí durante dieciocho días más siendo sometido a otros varios interrogatorios, pero estuvo alojado en unos aposentos de seis habitaciones puestos a su disposición por el acusador, juntamente con un criado que le llevaba la comida dos veces al día desde la embajada toscana. El 30 de abril, una vez registrada y firmada su segunda declaración, Galileo regresó a la embajada y estuvo allí cincuenta y un días, con una sola interrupción el 10 de mayo para una tercera declaración en el palacio de la Inquisición. El lunes 20 de junio fue convocado para que al día siguiente se presentase ante el tribunal. El martes fue sometido al “examen riguroso” y permaneció en el palacio de la Inquisición hasta la tarde del 24 de junio. No está claro si fue llevado a una celda o se le permitió seguir en los aposentos del acusador. El 22 de junio fue al convento de Santa Maria sopra Minerva para escuchar la sentencia y hacer la abjuración. Dos días más tarde se trasladó desde el palacio de la Inquisición a la Villa Medici en Roma, un suntuoso palacio propiedad del gran duque de Toscana. El 30 de junio el papa le concedió permiso para viajar a Siena, donde viviría bajo arresto domiciliario en la residencia del arzobispo, un buen amigo de Galileo. Vivió en esta residencia durante cinco meses. En diciembre de 1633 regresó a su propia casa en Arcetri, cerca de Florencia, donde permaneció bajo arresto domiciliario hasta su muerte en 1642, exceptuando un breve período en 1638 durante el cual vivió dentro de los límites de la ciudad florentina.
Con la posible excepción de tres días (del 21 al 24 de junio de 1633), Galileo nunca estuvo en la cárcel, ni durante el juicio (como era costumbre entonces) ni después (una vez pronunciada la sentencia). Incluso durante estos tres días probablemente vivió en los aposentos del acusador, no en una celda. La explicación de este tratamiento desacostumbradamente benigno no está del todo cla­ra pero incluye los siguientes factores: la protección de los Medici, el hecho de que Galileo fuese una celebridad y la actitud de amo­r­-o­dio del papa Urbano, un antiguo admirador.
La evidencia a favor del hecho de que Galileo no fuera encarcelado no nos dice nada respecto a si pudo evitar ser torturado. La respuesta a esta pregunta tuvo que esperar hasta que las actas del juicio fueron publicadas y asimiladas a finales del siglo XIX.7 Dos documentos fueron cruciales en este sentido.8 El primero son las actas de la reunión de la Inquisición del 16 de junio de 1633 presidida por el papa. Después de emitirse varios informes y opiniones y de una considerable discusión,
Su Santidad decidió que el propio Galileo tenía que ser interrogado, incluso bajo amenaza de tortura; y que si se resistía después de una vehemente abjuración en una reunión plenaria del Santo Oficio tenía que ser condenado a prisión a discreción de la Santa Congregación, y que tenía que ser conminado a no tratar en el futuro de ninguna forma (ni por escrito ni oralmente) del movimiento de la Tierra o de la estabilidad del Sol, ni de su contrario, so pena de reincidencia; y que el libro escrito por él y titulado Dialogo di Galileo Galilei Linceo tenía que ser prohibido.
Este avance de la sentencia real menciona un procedimiento nuevo: el interrogatorio bajo amenaza de tortura. Las actas del interrogatorio, con fecha de 21 de junio y firmadas por Galileo, revelan que el inquisidor que le interrogó le preguntó varias veces si sostenía la teoría copernicana del movimiento de la Tierra; y cada una de las veces Galileo negó haberlo hecho después de la condena de dicha doctrina en 1616. Vale la pena citar de un modo más extenso parte del interrogatorio:
P: Habiendo llegado a nuestro conocimiento por medio del propio libro y por las razones propuestas por el lado afirmativo, a saber, que la Tierra se mueve y que el Sol permanece inmóvil, se debe suponer, como se ha dicho, que él sostiene la opinión de Copérnico, o al menos que la sostenía entonces, y en consecuencia se le dijo que, a menos que decidiese decir la verdad, se podría recurrir a los remedios de la ley y a tomar las medidas apropiadas en su contra.
R: No sostengo esta opinión de Copérnico ni la he sostenido después de ser conminado a abandonarla. Por lo demás, estoy aquí en vuestras manos; haced lo que creáis conveniente.
P: Y se le conminó a decir la verdad o de lo contrario se recurriría a la tortura.
R: Estoy aquí para obedecer, pero no he sostenido esta opinión desde que se tomó aquella determinación, como ya he dicho.
Y dado que no se pudo hacer nada más para la ejecución de la conclusión, después de firmar, fue enviado a su casa.
Yo, Galileo Galilei, he testificado lo antedicho.
Esta declaración no deja ninguna duda de que Galileo fue amenazado con la tortura durante el interrogatorio del 21 de junio. Pero no hay pruebas de que fuese efectivamente torturado, o de que sus acusadores planeasen realmente torturarlo. Aparentemente, el “examen riguroso” mencionado en la sentencia significaba un interrogatorio bajo amenaza de tortura, no un interrogatorio con tortura.
La forma más común y corriente de tortura en Roma en aquella época era la “tortura de la cuerda”. Consistía en atar las manos del reo a su espalda y después atar sus muñecas unidas al extremo de una larga cuerda que pasaba por una polea colgada del techo. El verdugo sostenía el otro extremo de la cuerda de modo que el reo podía ser elevado dos o tres metros y se le dejaba así suspendido durante diferentes períodos (una regla estándar especificaba un máximo de una hora). Para aumentar la tensión, a ve­ces se colocaban unas pesas en los pies del reo. Alternativamente, se dejaba caer violentamente al reo desde diversas alturas deteniendo la caída a pocos centímetros del suelo; cuanto mayor era la altura desde la que se le dejaba caer, mayor era el dolor en las articulaciones del reo (de hecho, los valores numéricos de la distancia recorrida en la caída proporcionaban una medida cuantitativa de la severidad de la tortura).
Debido a la severidad de la tortura de la cuerda, podemos estar casi seguros de que Galileo no fue torturado de este modo. Dada su avanzada edad, sesenta y nueve años, y su delicado estado de salud, habría sufrido daños permanentes en brazos y hombros, y no hay pruebas de ello. Además, si hubiese sido torturado, la tortura habría tenido lugar el 21 de junio y no hubiera estado en condiciones de asistir a la lectura de la sentencia en la que pronunció su abjuración, el día 22. Por otra parte, las normas de la In­quisición especificaban que las sesiones de tortura, incluidos los gritos y lamentos de la víctima, fuesen registrados, pero las actas no mencionan este dato. Las normas de la Inquisición también estipulaban que las confesiones obtenidas durante la tortura fuesen ratificadas veinticuatro horas más tarde, fuera de la cámara de tortura, pero no existe ningún registro ni ratificación en este caso. Y antes de que un acusado pudiese ser torturado tenía que producirse un voto formal de los asesores recomendándolo, aparte de un decreto de los inquisidores; pero las actas del proceso no indican que se tomase ninguna de estas medidas en el caso de Galileo.
Además, las autoridades de la Inquisición en Roma raramente practicaban la tortura, lo que reduce aún más la probabilidad de que Galileo sufriese este castigo. Las normas inquisitoriales eximían de la tortura a las personas viejas y enfermas (además de a los niños y a las mujeres embarazadas), y Galileo no sólo era viejo sino que tenía artritis y una hernia. Las normas también exoneraban a los clérigos, y ahora sabemos que Galileo había recibido la tonsura clerical (el corte de pelo ceremonial que se hacía a los hombres que eran investidos como clérigos) el 5 de abril de 1631 para así beneficiarse de una pensión. Por motivos que resulta fácil adivinar, las normas de la tortura estipulaban que un reo no podía ser torturado antes de transcurridas diez horas desde la última vez que había comido; pero el ritmo al que se celebró el juicio no dejó ningún período de esta duración. Finalmente, otra norma decía que el acusado no podía ser torturado durante la investigación de un delito a menos que la transgresión fuese tan grave como para requerir un castigo corporal. El supuesto delito de Galileo no llegaba siquiera a ser una herejía formal, lo que hubiera justificado el castigo corporal; en consecuencia, torturarle hubiera sido inapropiado.
Naturalmente, todas las normas y prácticas recién mencionadas estaban sujetas a excepción. Por ejemplo, aunque los viejos no podían ser sometidos a la tortura de la cuerda, sí podían sufrir la tortura del fuego en los pies. Y aunque los clérigos no podían ser torturados por un laico, sí podían serlo por otro clérigo. Además, algunos funcionarios se saltaban a menudo las reglas o las in­terpretaban de un modo abusivo.12 Había además varios pasos intermedios entre los dos extremos de la amenaza durante el interrogatorio fuera de la cámara de tortura y la tortura real infligiendo daño físico en la cámara de tortura, como mostrar al acusado los instrumentos de tortura o desnudarlo y atarlo a dichos instrumentos como si se dispusieran efectivamente a torturarlo, etc. Para referirse a estos pasos intermedios se utilizaba la expresión territio realis (“intimidación real”), para distinguirla de la territio verbalis (“amenaza verbal”). Algunos estudiosos han conjeturado que Galileo fue sometido a territio realis. Esta versión de la tesis de la tortura no es incompatible con las órdenes papales del 16 de junio ni con el hecho de que Galileo no mostrase signos de dislocación después del 21 de junio, que tuviese fuerzas suficientes para asistir a la lectura de la sentencia y a la abjuración el día 22, que no hubiese ratificación de la confesión mediante tortura real, y que no hubiese un voto de los asesores recomendando la tortura ni un decreto de los inquisidores imponiéndola. Sin embargo, es inconsistente con la declaración del 21 de junio, que no contiene ninguna descripción de estos pasos intermedios. Por consiguiente, esta versión de la tesis de la tortura presupone la inautenticidad de dicha declaración.
Se podría objetar que aunque Galileo no fuese torturado físicamente, el tratamiento que recibió –o sea, la amenaza de tortura en su último interrogatorio y el arresto domiciliario perpetuo tras la condena– equivale a una forma de tortura moral o psicológica. En efecto, desde mediados del siglo XIX han sido muchos los autores que han sostenido la tesis de la tortura moral.14 Pero este argumento de la tortura moral es un camino resbaladizo sin un final a la vista.
A la vista de la evidencia disponible, la postura más sostenible es la de que Galileo fue interrogado con la amenaza de ser torturado pero que no sufrió una tortura real ni una territio realis. Aunque permaneció bajo arresto domiciliario durante el juicio de 1633 y los nueve años siguientes de su vida, nunca fue a la cárcel. Hemos de tener en cuenta, sin embargo, que durante 150 años después del juicio la evidencia pública disponible indicaba que Gallileo había sido encarcelado, y durante 250 años que había sido torturado. Los mitos de la tortura y el encarcelamiento de Galileo son, pues, mitos genuinos: ideas que de hecho son falsas pero que en su día parecían verdaderas, y que siguen siendo aceptadas como verdaderas por las personas poco informadas y por algunos estudiosos poco rigurosos.
Capítulo 8 del libro editado por Ronald Numbers Galileo fue a la cárcel y otros mitos acerca de la ciencia y la religión.
Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/galileo-fue-encarcelado-y-torturado-por-defender-el-copernicanismo/

miércoles, 9 de enero de 2019

Comentario del santo evangelio según san Juan (1,29-34

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,29-34):
AL día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: "Trás de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel.» Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»    
Palabra  de Dios
En la tradición cristiana, conocer a Dios no es primeramente un asunto de formarse ideas adecuadas o propias sobre él, sino de implementar la vida a partir de lo que sabemos de él. El punto crítico, que san Juan resalta en el fragmento de hoy, es el de su justicia. Si sabemos que Dios es justo, sus hijos no pueden vivir sino practicando la justicia. Lo contrario es el pecado. Hacer justicia es una manera muy semita que equivale a cumplir los mandamientos de Dios, Padre. Esa práctica o ejercicio es lo que transforma la vida hasta manifestar lo que se es. Poco se habla del pecado en nuestros días, lo que no significa que esté ausente. La rebeldía al mandato de Dios tiene múltiples expresiones, y cada una de ellas patentiza un abuso a la dignidad humana; el pecado mina la imagen de Dios impresa en cada persona humana. No cabe dañarnos. ¿Cuáles expresiones de justicia queremos fomentar durante este año?

 Diario Bíblico
Misioneros Claretianos

lunes, 7 de enero de 2019

Así se inventó la “misión imposible” de los Reyes Magos

Así se inventó la “misión imposible” de los Reyes Magos



El cuento bíblico de los Reyes Magos que supuestamente llegan de Oriente a Belén para legitimar el “rey de los judíos” y adorarle es uno de los más extraños de los textos sagrados escritos en Occidente sobre un supuesto hecho ocurrido en Oriente: pues es totalmente desconocido, en todas sus versiones, por la gran mayoría de los habitantes de aquellas tierras. Si fueron, como dicen algunas tradiciones, tres astrólogos persas que visitaron Belén y fueron bautizados y después asesinados, ¿por qué no existe ni siquiera como mito en ningún registro escrito u oral persa?
Como iraní, al conocer el relato, me sorprendió:
  1. El parecido de los nombres Melchor, Gaspar y Baltasar con los de los monarcas mitológicos de la prehistoria de Irán Manucher, Garshasp y Bastavarai.
  2. Que hubiesen ido de “Oriente” a Jerusalén (que también es Oriente) hace 2019 años les sitúa en los dominios del Imperio Persa constituido en el siglo VI a. C., por lo que habría sido enviados por el emperador iraní.
  3. El parecido del término indoeuropeo “mago” al nombre de los sacerdotes mithraístas: “mog”. El culto a la diosa solar Mithra era profesado por los arios que habitaron las tierras actuales de Irán e India. De hecho, la ciudad iraní de Mogan, una de las urbes más antiguas e importantes de la región, a la que los griegos llamaban “Hecatompylos” (la Ciudad de Mil Puertas), fue uno de los principales centros de esta religión.
  4. Marco Polo afirma haber visitado las tumbas de los “Reyes Magos” en Savé, cerca de Teherán: ¡Posiblemente, era el recuerdo de una fantasía mágica de su infancia!
El ejercito inmortal de los emperadores aqueménidas, Persépolis, Irán.
  1. Por fin, su aspecto reflejado en algunas iglesias: Los hombres iraníes de entonces se parecían más a la fila de los señores estáticas del monumento de Persépolis: no eran rubios, tampoco negros aunque Hollywood, eso sí desde el supremacismo blanco, en “300” tiñe el rostro del rey Jerjes con carbón.
“Porque mi religión es más legítima que la tuya”
¡Sería la primera vez en la historia que los sacerdotes de una religión establecida y poderosa (como la fue el Mithraísmo, que se extendió por medio mundo, llegando también a España), van a abrazar una nueva que acabaría con sus instituciones y el poder! Este es justamente el objetivo del relato inventado: anunciar a los mithraístas europeos que el fundamento y los ritos de su credo indo-iraní se mantendrá: Declararon Yalda («Nacimiento» en persa) -que es el solsticio de invierno, y el día del nacimiento de Mithra- como la Natividad de Jesús; tomaron prestados la sotana morada, el anillo de los “Mog y llamaron Mithra al gorro que adornaba sus cabezas.
También incorporaron en cristianismo, -al igual que judaísmo e islam-, su dualismo creador, la lucha entre los polos incompatibles y complementarios: el Bien y el Mal, el Dios y anti-Dios (el Demonio), el Paraíso y el Infierno, la Luz y las Tinieblas. También integraron su escatología de la inmortalidad de alma, el fin del mundo, la Resurrección, el Juicio Final, la angelología y la demonología, y hasta la figura del Salvador iraní Sushiyans (que será engendrado en el vientre de una doncella virgen quinceañera) para en un futuro rescatar al mundo. Los judíos exiliados en Persia le denominaron Yehoshuah (o Joshua), y los chiitas de un islam iranizado, le pusieron el nombre de Mahdi que “aparecerá” algún día con Jesús.
Tampoco alteraron el concepto del “paraíso” («pardis», jardín amurallado, en persa), que si bien era sinónimo de «conciencia tranquila» en zoroastrismo, con tiempo cobrará la forma una oasis soñada: libre del hambre, de enfermedades y del sufrimiento, un lugar de jubilación a la pensión completa; su opuesto, el infierno, la «conciencia atormentada» que hacía referencia a un reformatorio oscuro, maloliente y lleno de reptiles (reflejo del peor lugar en la “Tierra” que podían imaginar los persas), aparecerá en los textos judíos como un mar de hogueras: Gehena, el infierno bíblico (también reflejo de su memoria del peor lugar de “su” mundo) que existió de verdad: se trataba de un vertedero situado en el sur de Jerusalén, donde los adeptos del dios Baal ofrecían sacrificios animales y humanos, para luego incinerarlos, evitando enfermedades; fue este acto al que los griegos llamaron “holocausto”. Joseph Ratzinger insistió en la existencia real del escalofriante infierno, dando razón a los que llegaron a vender parcelas del Cielo a los aterrorizados creyentes, a los que el científico persa, Omar Jayyam Omar, nueve siglos antes, intentó tranquilizar, advirtiendo del engaño:
“Cuando la llegada de nuevas flores se cante
diles, oh amor mío, que repartan de vino lo bastante.
Libérate de huríes, infierno y paraíso
pues esos te los dan, mi vida, a cada instante.”
Es interesante, por otro lado, la coincidencia del nombre del “primer hombre” del zoroastrismo, Mashya con el Mesías.
Los sumerios «los del Pelo Negro» también transmitieron su imaginario del nacimiento del hombre a partir del barro a los credos semitas, aunque, se tergiversó radicalmente ¡será el cuerpo del hombre que “dará a luz” a la mujer, con el fin de que “él no esté solo”!, justificando la supeditación de la existencia de la mujer a la felicidad del hombre. El mito original contaba cómo la diosa Ki crea un paraíso para el descanso de los seres humanos, prohibiendo la entrada a los dioses. Pero el dios Enki salta la orden, entra en el recito y mordisquea las frutas prohibidas. La maldición divina caerá sobre él, dejándole postrado en la cama, hasta que la compasiva diosa se apiada de él y asigna una enfermera para cada miembro dañado. Una será para su espalda: Ninti «la Dama de la costilla» en sumerio se convertirá en Eva «Dadora de la vida».
¡Separen la espiritualidad de la religión, y échenle a la segunda una mirada crítica para que el mundo sea un lugar mejor para los creyentes y también para los ateos: los primero no se matarán ente sí, y los incrédulos no serán perseguido por los hombres y mujeres de los dioses!

viernes, 4 de enero de 2019

Comentario del santo evangelio según san Juan 1,19-28

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,19-28):
Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»  Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»  Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?» Él dijo: «No lo soy.» «¿Eres tú el Profeta?»  Respondió: «No.»  Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?» Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.» Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.» Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando..
Palabra de Dios

1.     Lo primero que hay que tener presente, cuando leemos el IV evangelio, es que su lenguaje se diferencia bastante del de los sinópticos. En este relato concretamente, es necesario saber que, en el evangelio de Juan, el término “judíos” designa casi siempre a las autoridades religiosas, los que tenían los cargos de mando (Jn 2, 18; 5, 10. 18; 9,22), especialmente los dirigentes (Jn 1, 19; 11, 47; 7. 12), sobre todo las autoridades supremas (Jn 8, 31; 11, 19; 12, 11) (Juan Mateos). Pues bien, estos mandatarios se pusieron nerviosos con la fama y la influencia que iba teniendo Juan Bautista ante la gente. Por eso mandaron a los funcionarios del Templo para decir en público lo que les preocupaba. ¿Qué les preocupaba a los hombres del Templo?

2.   No les preocupaba si lo que decía y hacía Juan Bautista era verdad o mentira; si el bautismo de Juan acercaba a la gente a Dios o la alejaba de Dios. Lo que les interesaba era saber “qué títulos tenía” Juan para decir y hacer todo aquello. Es característico de los “hombres de la religión” centrar sus intereses y preocupaciones en tener y acumular títulos, cargos, nombramientos. Es decir, ser importantes, no por su forma de vivir, sino por dejar claro ante la gente el poder que tienen. Y por tener buen nombre, con poder e importancia en la institución religiosa. Esto es así, por más que se disfrace con apariencias de obediencia y humildad como virtudes ejemplares.

3.    Juan Bautista, que era un profeta y un verdadero hombre de Dios, se veía a sí mismo sin título alguno. Era un “don nadie”. Y “don nada”. Solo una “voz”. Una voz en un desierto. Una voz sin audiencia, sin resonancia, sin propaganda. Un grito que pide solamente una cosa: que los caminos de la vida se allanen; que esta vida no sea tan tortuosa, tan costosa, que podamos recuperar la libertad perdida y volver al propio hogar. A esto se refería el profeta Isaías (40, 3) que anunciaba el regreso de los desterrados judíos de Babilonia a su patria. Así, con esta forma de vivir y con este mensaje, fue como Juan le preparó el camino a Jesús.
José Ma. Casillo
   La Religión de Jesús

Netanyahu, gran aliado de Bolsonaro y los 'evangelistas sionistas'

Netanyahu, gran aliado de Bolsonaro y los 'evangelistas sionistas'

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Alfredo Jalife-Rahme
Hermenéutica Geopolítica (39)
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Se ha gestado un eje Trump/Netanyahu/Bolsonaro, uno de cuyos pegamentos teogeopolíticos principales es el 'evangelismo sionista', continuación de la misma Santa Alianza paleobíblica de los 'cristianos sionistas' asentados en el 'cinturón bíblico', bastión electoral del presidente Trump y su supremacismo blanco, aliado al supremacismo sionista.
Como versa el apotegma penal, a confesión de partes, relevo de pruebas. Esto fue justamente lo que pronunció el primer israelí Netanyahu, hoy con serios problemas judiciales por varios actos de corrupción, al ser premiado con un timbre postal con su efigie (también impreso en hebreo con la palabra 'salvador'), durante su triunfal visita a Brasil, por el estado de Amazonas donde sentenció: "No tenemos mejores amigos en el mundo (sic) que la comunidad evangelista". El evento en el estado de Amazonas fue patrocinado por los Brasileños Amigos Cristianos de Israel.
El estado de Amazonas es uno de los 26 estados de la federación, ubicado en el noroeste de Brasil: mide casi 1,6 millones de kilómetros cuadrados, su capital es Manaos y tiene una población de cuatro millones. Casi el 32% del estado de Amazonas es evangelista, frente al 60% de católicos quienes aún no se pronuncian por la alianza teogeopolítica de su estado, con Netanyahu, además de Bolsonaro.
La satisfacción de Netanyahu en su visita triunfal a su gran aliado, el flamante presidente Jair Bolsonaro, fue inocultable: "Brasil es un país enorme con gran potencial para el Estado de Israel".
Mas allá del traslado de la Embajada de Brasil de Tel-Aviv a Jerusalén, el líder israelí ofreció una panoplia de instrumentos desde la vigilancia en materia de seguridad hasta la venta de drones con reconocimiento facial.
La cooperación de Netanyahu y Bolsonaro abarcará también la economía y la agricultura. ¿De qué grado y alcances será la colaboración militar de ambos?
En general, los católicos en el mundo (1.200 millones cuyo 40% se encuentra en Latinoamérica), ni el Vaticano en particular, se han pronunciado sobre el amasiato político de los 'evangelistas sionistas' de Brasil, encabezados por el presidente Bolsonaro, con Netanyahu.
Cabe señalar que Brasil ostenta el mayor número de católicos en el mundo con un 64,6% (135 millones) de su población, seguido por México (111 millones), Filipinas (83,6 millones) y EEUU (72,3 millones).
No es nada descabellado tener presente en el radar teogeopolitico de Brasil un enfrentamiento entre un sector fundamentalista de los 135 millones de católicos y otro sector de 'evangelistas sionistas' pertenecientes a los 46 millones de protestantes alebrestados por el eje Trump/Netanyahu/Bolsonaro.
No faltan grupos católicos en Brasil que critican como un grave error geoestratégico que el Colegio Cardenalicio no haya seleccionado a un papa brasileño, Odilo Scherer, en lugar del papa jesuita argentino Bergoglio. El tiempo lo dirá, ya que en el momento de la sucesión se requería a un jesuita.
¿Llegaran el estado de Amazonas y el mismo Bolsonaro hasta anhelar privatizar el río Amazonas de casi 7.000 kilómetros, el más largo del mundo cuando se define por su caudal (la quinta parte de agua dulce en estado líquido del planeta), para beneficio de la estatal hidráulica israelí Mekorot envuelta en múltiples escándalos en varios lugares del mundo ('guerras del agua' de Israel: 'apartheid acuífero' desde Cisjordania hasta Iztapalapa")?
En México, el PES, un partido evangelista de reciente formación, pero que tuvo un pésimo desempeño electoral al grado de haber perdido su registro, se pronunció por reconocer a Jerusalén como capital de Israel, en un portal poco riguroso que se ostenta como portavoz de la comunidad judía.
Va viento en popa la alianza con Israel de un grupo de voluntarios 'evangelistas sionistas', provenientes del 'cinturón bíblico' de EEUU, que se coludió con los colonos israelíes en los asentamientos de la ocupada Cisjordania de Palestina.
Ya había elucidado la marca evangelista que impregnó al excapitán Bolsonaro, cuya tercera esposa lo convirtió al evangelismo. Los evangelistas constituyen el 22% (46 millones) del total de la población, lo que contribuyó notoriamente en su triunfo electoral.
El hoy evangelista Bolsonaro fue rebautizado en las aguas del río Jordán y dos de sus hijos han exhibido sin rubor camisetas del Mossad (la agencia de espionaje israelí) y del Ejército de Israel.
Sea coincidencia o no, en su primer acto de Gobierno, el evangelista Bolsonaro emitió un decreto que abre la explotación de la Amazonia para deleite del poderoso 'lobby' agroindustrial y minero. ¿Qué advendrá de las 462 reservas indígenas con cerca de un millón de 'indios' cuya mayoría habita en la Amazonia?
Fue altamente significativa la presea otorgada a Netanyahu por el estado de la Amazonia, donde la poderosa industria agrícola de Israel podrá conseguir lucrativos negocios, mientras que los ambientalistas han lanzado el grito al cielo por la futura depredación que es probable contribuya aún más al temible cambio climático.
De antaño eran bien conocidos los vínculos estrechos entre Israel y una porción de evangelistas estadunidenses, primordialmente del ala fundamentalista del Partido Republicano, quienes fueron bautizados como 'cristianos sionistas' y profesan la creencia de que la instauración del Estado de Israel y el regreso de los judíos a Tierra Santa cumplen las profecías bíblicas. Más allá de la muy respetable fe religiosa, el problema radica en que habría antes que definir el significado de 'judío', ya que hoy la mayoría de esa respetable religión son conversos askenazis de origen jázaro centroasiático mongol conversos a la religión judía en el siglo VIII. d.C.
¿Cómo pueden 'regresar' los askenazis/jázaros, hoy aplastante mayoría de Israel, donde nunca estuvieron antes de su masiva migración del siglo XX a la antigua Palestina?
Para el círculo de 'cristianos sionistas', muy poderosos en el llamado 'cinturón bíblico', ubicado en el sureste de Estados Unidos: desde Virginia hasta el norte de Florida; y en el oeste de Texas, Oklahoma y Misuri, en especial los 'bautistas sureños' y metodistas, coincidentemente fervientes votantes del supremacismo blanco de Trump, el cumplimiento de tales profecías paleobíblicas anuncian la parusía de Cristo.
Dejo de lado el conglomerado de otras denominaciones cristianas, no se diga los católicos y los ortodoxos quienes rechazaron en la Declaración Conjunta de Jerusalén al 'sionismo cristiano' como un mero 'programa político-militar'.
Bolsonaro se sumó al eje Trump/Netanyahu, por lo que lo han definido como el Trump tropical. Este eje en Latinoamérica comportará características de hípermilitarismo debido a las tres personalidades que lo conforman y que, desde ahora, pone en jaque al chavismo mediante su mantra anticomunista.
Como aduje en mi reciente libro'Trump y el supremacismo blanco: palestinización de los mexicanos', este eje prolonga la guerra religiosa del siglo XVII una nueva guerra de los 30 años entre protestantes y católicos, donde no se puede soslayar la pertenencia evangelista presbiteriana de Trump y la afiliación ultraortodoxa talmúdica de su polémico yerno Jared Kushner.
Para la coyuntura presente, ha quedado rebasada la necesaria, pero insuficiente, categoría de 'izquierda' y 'derecha' que ha sido sustituida por la contienda sin cuartel entre 'globalistas' contra 'nacionalistas'.
Así que no es de extrañar la declaración del flamante canciller brasileño Araujo quien se manifestó en contra del 'globalismo' con la singularidad de que Bolsonaro practicará un neoliberalismo microeconómico sin adherirse a la macroeconomía neoliberal de la globalización.
Guste o disguste, esta nueva dicotomía de 'globalistas' contra 'nacionalistas' es la que más refleja, con sus debidos matices, la realidad contemporánea conformada por dos ejes antagónicos: el primero, de los globalistas, por el eje de los banqueros Rothschild/George Soros/los Clinton/Obama; y los segundos, los supuestos 'nacionalistas', tildados despectivamente por los multimedia neoliberales de 'populistas', por el eje Trump/Rockefeller/Kissinger/Jared Kushner/Sheldon Adelson/Netanyahu, al que Bolsonaro se ha sumado sin tapujos.

jueves, 3 de enero de 2019

Comentario del santo evangelio según san Juan (1,1-18)

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,1-18):
EN el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.  Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."» Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Palabra de Dios
1.     El autor (desconocido) del IV evangelio quiso anteponer a su relato este himno cuyo origen es discutido entre los especialistas. El himno presenta a Dios como “Palabra”. Y, como sabemos, toda “palabra” es “comunicación”. O sea, Dios se nos comunica, se nos da a conocer. Es decir, el Trascendente –sin dejar de serlo- entra en el ámbito de lo inmanente. Dios, que (por definición) no está a nuestro alcance, ni es posible para los humanos conocerlo, se nos da a conocer. ¿Cómo lo hace?
2.   “La Palabra se hizo carne”. Esto quiere decir que Dios se nos comunica “haciéndose carne”. O sea, humanizándose. Lo cual quiere decir que Dios se nos dio a conocer en Jesús. Dios se s presente, visible y tangible en un ser humano, un modesto y sencillo galileo, que es Jesús de Nazaret. Por tanto, en la vida, en las costumbres y preferencias de Jesús aprendemos y nos enteramos de lo que es Dios, lo que le gusta a Dios y lo que Dios no soporta. Este es el sentido profundo de este texto genial.
3.   “La Palabra se hizo carne” (Jn 1, 14). En la cultura griega, la palabra “carne” (“sarx”) estaba especialmente ligada a la condición de debilidad y de fugacidad de la vida humana. Por eso, para los griegos, los dioses no eran sarx, sino que eran noús, razón, fuerza. Por eso, cuando decimos que “la Palabra (Dios) se hizo sarx”, en realidad lo que afirmamos es que a Jesús lo encontramos en lo débil, lo pobre, lo pequeño, de este mundo.
4.   La conclusión final es que “a Dios nadie lo ha visto jamás” (Jn 1, 18). Es decir, no conocemos, ni podemos conocer a Dios, porque es el Trascendente. La originalidad del cristianismo está en que conocemos a Dios en un ser humano, Jesús. En Jesús vemos a Dios (Jn 14, 9) y palpamos a Dios (Jn 20, 25. 27). Solo la pasión por lo humano y por la debilidad de lo humano, nos dice dónde está lo que quiere Dios y cómo lo encontramos.
José Ma. Casillo
   La Religión de Jesús