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viernes, 12 de agosto de 2022
Petro y Francia, del realismo mágico y el genocidio a la Colombia de lo posible
Petro y Francia, del realismo mágico y el genocidio a la Colombia de lo posible
Por Aram Aharonian | 12/08/2022 | Colombia
Fuentes: CLAE - Rebelión
Gustavo Petro, un economista, exsenador y exguerrillero del Movimiento 19 de Abril (M-19) y Francia Márquez, una lideresa negra y ecologista de un pequeño poblado rural del Cauca, asumieron como presidente y vicepresidenta de Colombia para prometer que “es la hora del cambio, empieza la Colombia de lo posible”.
Un día antes de la ceremonia oficial Petro fue investido de manera simbólica por pueblos originarios, afrodescendientes y campesinos, quienes le pidieron paz en los territorios apartados, defensa del medio ambiente, protección de las minorías, cambios en las políticas de lucha antidrogas, defensa de los derechos humanos, renovación de las fuerzas armadas.
“Estamos aquí contra todo pronóstico, contra una historia que decía que nunca íbamos a gobernar, contra los de siempre, contra los que no querían soltar el poder”, destacó Gustavo Petro, quien dio a conocer un decálogo de compromisos ante el pueblo colombiano, y desde el primer instante demostró que no sólo es el nuevo presidente sino también el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
Su primera medida fue ordenar a los militares llevar al acto de asunción la espada del libertador Simón Bolívar, robada por el M-19 en 1974 y devuelta en la década de los 90. El presidente saliente Iván Duque había negado la autorización para sacar de la espada del palacio presidencial y exhibirla durante la ceremonia de toma de posesión.
El mayor desafío que tiene el próximo gobierno colombiano es el de promover la paz, silenciar los fusiles, pero también, atacar las causas de la violencia armada como el hambre, la enorme desigualdad social y la garantía de derechos, que mucho tienen que ver con el abandono del Estado, el racismo, la plutocracia, la corrupción, el narcotráfico y el paramilitarismo que garantizan la producción y el envío de coca a Estados Unidos.
Es hora del cambio, de la Colombia real, tan lejos y tan cerca del realismo mágico de Gabriel García Márquez y del genocidio del uribismo. El optimismo y la esperanza volvieron a Colombia y se notó en el rostro sonriente de la población blanca, afrodescendiente, indígena. Ancianos, mujeres y hombres de todas las edades, pero en su mayoría jóvenes, que coparon la Plaza Bolívar y las calles bogotanas. Sí, sí se pudo.
Un cambio de verdad, en medio de un complicado panorama de poderes fácticos, violencia, descomposición social y una oligarquía que ha mantenido el país bajo su férula durante casi toda su historia, que no ha dudado en recurrir a la guerra sucia contra toda aquel o aquello que cuestionara su poder y que no parece dispuesta a ceder sus privilegios de buenas a primeras.
“Uniré a Colombia. Uniremos, entre todos y todas, a nuestra querida Colombia (…) tenemos que decirle basta a la división que nos enfrenta como pueblo. Yo no quiero dos países, como no quiero dos sociedades. Quiero una Colombia fuerte, justa y unida”.
Entre las primeras definiciones como nuevo presidente subrayó su voluntad de cumplir el Acuerdo de Paz de La Habana y abrir en diálogo con los grupos armados para terminar con seis décadas de conflicto violento, que dejó al menos 450 mil muertos, la mayoría civiles, sólo entre 1985 y 2018.
“Este es el Gobierno de la vida, de la paz, y así será recordado”, afirmó tras señalar que lo principal será “defender a los colombianos y colombianas de las violencias y trabajar para que las familias se sientan seguras y tranquilas.”
Y señaló que para que la paz sea posible se debe cambiar la política sobre los estupefacientes. «La guerra contra las drogas ha fracasado», dijo, en alusión a la política antinarcóticos apoyada económica y militarmente por EE.UU.
Hizo un llamado a una Convención Internacional que acepte este fracaso de la política impulsada por Washington que ha llevado a los Estados a cometer crímenes y ha evaporado el horizonte de la democracia, así como su denuncia de la desigualdad, a la que calificó de un despropósito y una amoralidad.
Sorprendió que el gobierno estadounidense mandara una delegación encabezada por Samantha Power, administradora de la “agencia estadounidense de ayuda al desarrollo” USAID y no por el secretario de Estado. Una de las principales incógnitas que deberá despejar el nuevo gobierno, será el difícil equilibrio en la relación con EEUU, para no verse forzado a continuar siendo peón de la política exterior de aquel país en la región.
«La guerra contra las drogas ha dejado un millón de latinoamericanos asesinados, durante estos 40 años, y deja 70 mil norteamericanos muertos por sobredosis cada año. La guerra contra las drogas ha llevado a los Estados a cometer crímenes y ha evaporado el horizonte de la democracia». resaltó.
¿Curioso?: la prensa hegemónica trató de minimizar el mar de ciudadanos que acompañó a la pareja presidencial en el acto de asunción de cargos y antes de cumplir 24 horas en el gobierno, le recordó que aún no había cumplido con sus promesas electorales…
El modelo
Se trata de ir desandando el modelo neoliberal arraigado desde hace décadas en Colombia y para ello el nuevo gobierno propone como primeras medidas para enfrentar la pobreza, que afecta a más del 45 por ciento de la población de unos 50 millones de habitantes, una ley contra el hambre y una renta básica, que figuran en el programa del Pacto Histórico. Cuatro de cada diez colombianos pasa hambre, señalan las encuestas.
Señaló que «el 10 % de la población colombiana tiene el 70 % de la riqueza, es un despropósito y una amoralidad» y habló de una reforma tributaria.
El nuevo gobierno encuentra un país entre la crisis y la bancarrota, con un déficit fiscal que supera el siete por ciento del PIB. Si pretende llevar a cabo medidas redistributivas requiere recursos fiscales que deben ser provistos por la reforma tributaria. «Es simplemente el pago solidario que alguien afortunado hace a una sociedad que le permite y garantiza la fortuna», dijo.
Esta reforma tributaria puede tener un valor estimado de 12 mil millones de dólares, equivalente a 4 o 5 puntos del PIB y necesita redefinir la estructura tributaria que hasta ahora ha favorecido al gran capital. “Es decir, poner a tributar los patrimonios de los grandes potentados. No castigará a los sectores medios y pobres con mayores impuestos».
Recordó en su discurso que sus planes también contemplan educación universitaria pública gratuita, cambios al sistema de salud y subsidios para los ancianos pobres que no reciben jubilación.
Sus promesas económicas, incluida una reforma al sistema de pensiones y la prohibición de nuevos proyectos de exploración petrolera en favor de las energías renovables, provocaron nerviosismo en los empresarios e inversionistas, a pesar de que nombró ministro de Hacienda al reconocido economista José Antonio Ocampo. El mandatario también se comprometió a luchar contra la corrupción y el cambio climático e impulsar la industria nacional.
Aunque la izquierda no logró la mayoría de las 295 curules del Congreso, Petro consolidó una coalición con las fuerzas de centro y partidos tradicionales, como el Liberal, que le garantizarían la aprobación de sus reformas y la gobernabilidad.
El nuevo mandatario anunció que la igualdad de género es posible, y que se deben contemplar las tareas de cuidado, dado que las mujeres suelen dedicar el triple o cuádruple de horas a las mismas. «Es hora de combatir esas desigualdades y de equilibrar la balanza» dijo, y anunció que Francia Márquez dirigirá el Ministerio de la Igualdad.
El camino no es fácil: se trata de reconstruir el tejido social desgarrado por la consagración del egoísmo y el individualismo; de establecer puentes de diálogo en una sociedad contaminada por la retórica de odio y desprecio a la diferencia. Así, los sectores oligárquicos han legitimado su dominio por dos centurias.
Gobierno verde
Asimismo, el gobierno de Petro-Márquez encarará un futuro verde, apostando por un modelo sostenible, equilibrando la economía con la naturaleza. “Estamos dispuestos a una economía sin carbón y sin petróleo, pero poco ayudamos a la humanidad con ello. No somos nosotros los que emitimos los gases efecto invernadero. Son los ricos del mundo quienes lo hacen. ¿Dónde está el fondo mundial para salvar la selva amazónica?», preguntó
Gustavo Petro propuso cambiar deuda externa por gastos internos en favor de proteger el medio ambiente: «Si el Fondo Monetario Internacional ayuda a cambiar deuda por acción concreta contra la crisis climática, tendremos una nueva economía próspera».
La fórmula progresista logró derrotar a esa oligarquía que puso todo lo que tenía para mantenerse en el poder: dinero, drogas, carteles de la droga, instituciones del estado, todas las fuerzas políticas conservadoras, liberales derechistas con sus variantes, las fake news y las shit news, el poder subrepticio estadounidense, medios de comunicación nacionales y extranjeros cartelizados. El triunfo no fue sólo de Petro: fue de un pueblo hastiado de tanta represión, corrupción, hambre… y sin futuro a la vista.
Pero una cosa es el gobierno y otro la toma de poder. Y para eso, tiene cuatro años por delante. Por ahora, déjenlos gobernar.
Ante la presencia de una decena de jefes de Estado, entre otros, Alberto Fernández, Luis Arce (Bolivia); Gabriel Boric (Chile), Xiomara Castro (Honduras), Guillermo Lasso (Ecuador) exhortó Petro a que América latina sea una en proyectos concretos. «La unidad latinoamericana no puede ser mera retórica. ¿Hemos acaso logrado una red de energía eléctrica que cubra a toda América? Es hora de trabajar juntos», señaló.
Es sumamente alentador que Colombia rompa inercias centenarias para girar hacia el progresismo, sobre todo en el horizonte de la integración regional. Con sensibilidad social e impronta soberanista, esperamos que el nuevo gobierno colombiano sea un nuevo motor para encarar juntos los desafíos comunes del subcontinente latinoamericano y caribeño.
*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)
Fuente: https://estrategia.la/2022/08/09/petro-y-francia-del-realismo-magico-y-el-genocidio-a-la-colombia-de-lo-posible/
China y EE. UU., juegos de guerra en un mundo crispado
China y EE. UU., juegos de guerra en un mundo crispado
Por Esteban Mercantante | 12/08/2022 | Economía
Fuentes: La izquierda diario [Ilustración: Juan Atacho]
La visita a Taiwán de Nancy Pelosi, presidente de la Cámara de Representantes de EE. UU., produjo un nuevo salto en las tensiones con China. La respuesta de Pekín fue poner en marcha ejercicios militares en las narices de Taiwán. Juegos de guerra al filo de la navaja.
El martes último, la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, aterrizó en Taiwán. Este territorio insular es reclamado por China como propio, motivo por el cual la visita de la política estadounidense fue tomada como una agresión. Apenas trascendió que la funcionaria podría hacer una escala en Taipéi (capital de Taiwán) como parte de su gira por países asiáticos, los representantes de la República Popular advirtieron sobre las duras consecuencias que podría tener esta visita si se concretara. Dos días después de que esta tuviera lugar, China inició unos extensos ejercicios militares en el estrecho de Taiwán. La armada China dejó virtualmente bloqueado el tránsito marítimo. Al menos nueve misiles arrojados en estos ejercicios sobrevolaron Taiwán, y varios de ellos cayeron en la zona económica exclusiva de Japón, según denuncias realizadas por autoridades de este último país.
La situación creó una escalada sin precedentes en décadas, en un momento particularmente cargado de tensión en las relaciones interestatales, dominado por la guerra en Ucrania con uno de los principales aliados de Pekín. Si bien ni China ni EE. UU. –ni mucho menos Taiwán– parecen tener intenciones, por distintos motivos, de seguir incrementando el nivel de agresión, las posibilidades de cruzar el Rubicón y terminar en una conflagración no buscada están al límite.
Taiwán y el imperialismo
En la historia reciente de China, Taiwán se conformó como un Estado separado cuando el partido nacionalista Kuomitang, derrotado por la revolución dirigida por el Partido Comunista de Mao Zedong en 1949, hizo base en el estrecho y conformó allí un régimen hostil a la República Popular. Desde entonces hasta 1971 Taiwán usurpó la representación de China en la Organización de Naciones Unidas (ONU), con apoyo de EE. UU. y sus aliados. En octubre de 1971 la Resolución 2758 de la ONU reconoció a la República Popular de China (RPC) como “el único representante legítimo de China ante las Naciones Unidas” y expulsó “a los representantes de Chiang Kai-shek del puesto que ocupan legalmente en las Naciones Unidas”.
Cuando Richard Nixon se acercó a China como parte de una política para aislar a la Unión Soviética, y viajó en 1972 a Pekín para tener una cumbre histórica con Mao Zedong, se abrió un nuevo período respecto de la política imperialista hacia China y Taiwán. Es lo que se llamó la “ambigüedad estratégica”. ¿En qué consistía esta? Se trataba, básicamente, de no otorgarle un reconocimiento formal a Taiwán –que perdió reconocimiento como Estado en la ONU–, pero sí manifestar preocupaciones contra cualquier amenaza de avasallamiento por parte de Pekín. Todo esto, sin clarificar si saldría en ayuda de Taipéi en caso de una invasión, aunque esto nunca le impidió brindarle múltiples apoyos económicos y de diversos recursos.
Deng Xiaoping propuso la doctrina de “un país, dos sistemas” en el contexto de este acercamiento con EE. UU. durante el final de la Guerra Fría, y cuando daba los primeros pasos en las transformaciones que abrirían el camino de la restauración capitalista en China. La propuesta estaba dirigida a crear un marco para la restitución de los territorios dominados con Gran Bretaña y Portugal, Hong Kong y Macao, pero también apuntaba hacia Taiwán. Desde Taiwán siempre se rechazó este planteo. Líderes como el expresidente Lee Teng-hui le contrapusieron una teoría de “dos Estados”, obviamente rechazada por Pekín.
Con la creciente hostilidad que viene caracterizando la relación entre China y EE. UU. ya desde que Obama anunciara hace 11 años el “pivot al Pacífico”, lo que implicó mayores esfuerzos para que EE.. UU. siguiera siendo un protagonista en Asia, alineando países en su favor de cada a mayores disputas con Pekín, Taiwán se convirtió en un foco de atención cada vez mayor. Por el lado de China, desde que asumió Xi Jinping la cuestión de la reunificación de China y Taiwán, siempre presente en la política del PCCh, adquirió mayor relieve como parte de un nacionalismo más enfático que viene caracterizando al régimen.
La situación se hizo más ríspida desde 2016, con el arribo a la presidencia de Taiwán de Tsai Ing-wen, perteneciente al independentista Partido Progresista Democrático, poco antes de que Donald Trump se instalara en la Casa Blanca. El magnate rompió como presidente de EE. UU. una tradición vigente desde Nixon, al aceptar una conversación bilateral con la mandataria de Taiwán, otorgándole un rango de jefa de Estado. A partir de ahí, Trump realizó múltiples gestos que empezaron a dar por tierra con esta “ambigüedad estratégica”, pero nunca explicitó su abandono.
El giro respecto de Taiwán fue parte de una política más ofensiva de conjunto. La disputa global, relativamente larvada, para mantener o ganar influencia y por cimentar alianzas, con foco en Asia pero extendidas a todo el planeta, dejaron lugar en el último lustro a roces más abiertos. Las “guerras comerciales” iniciadas por Trump, cuyo énfasis más allá del título estaba no tanto en el enfrentamiento comercial como en la disputa por la primacía en tecnologías fundamentales, y posteriormente la disputa por el 5G que continúa, generaron un enrarecimiento en las relaciones entre ambos países que no se desvaneció con la llegada de Joe Biden. EE. UU., que todavía mantiene el liderazgo en la tecnología e innovación por varios cuerpos –aunque observa con preocupación las iniciativas exitosas de China para cerrar la brecha o incluso liderar en terrenos como la inteligencia artificial– no desperdicia oportunidad para tratar de bloquear el acceso de Pekín a eslabones críticos para el desarrollo tecnológico. Al mismo tiempo, intenta concentrar recursos estatales, en colaboración con las grandes firmas privadas, para recuperar la iniciativa en terrenos donde ha sido superado, como el de los microchips. Curiosamente, es Taiwán, y no China, el país que se alzó hace años con el liderazgo en este terreno; su firma TSMC, sobrepasó ampliamente durante la última década a empresas históricamente líderes como Intel, que fueron incapaces de sostener, de manera rentable, el ritmo de inversiones exigido para mantenerse en carrera. Pero China también acecha con sus propias innovaciones en este terreno estratégico. La administración de Biden se propone recuperar protagonismo en la rama, aunque los últimos anuncios, de un fondo de USD 200.000 millones, parecen magros para los esfuerzos que se proponen.
Aunque la invasión de Rusia a Ucrania abrió otro frente que atender, Biden no desvió su atención de China. Por el contrario, la revitalización de la OTAN gracias a esta guerra dio nuevos bríos a los estrategas yanquis. Biden, igual que su antecesor, continuó con gestos que dejan atrás la “ambigüedad estratégica” respecto de Taiwán. En mayo de este año le advirtió a China, desde Tokio, contra cualquier intento de tomar a Taiwán por la fuerza. La idea de una invasión, afirmó Biden entonces, “no es apropiada. Dislocaría toda la región y sería un acto similar a lo que ha ocurrido en Ucrania”, haciendo un claro paralelismo con la agresión rusa, que habilitó como respuesta las duras sanciones por parte de EE. UU. y sus aliados de la OTAN.
No sorprende que una eventual disputa por Taiwán que pueda derivar en guerra directa entre EE. UU. y China se ubique entre las principales hipótesis de conflicto que trazan los estrategas de ambos países, resultados de estos ejercicios, en el caso del imperialismo norteamericano, no suelen terminar con resultados tranquilizadores.
Motivos para no escalar
Pero aunque el conflicto por Taiwán ocupa hace rato la atención de los gabinetes militares, la escala de Pelosi en Taipéi parece haber forzado tiempos y disparado acciones que no estaban en los cálculos. La última vez que tuvo lugar una visita de rango equivalente fue en 1997, cuando recaló allí Newt Gingrich, entonces también presidente de la cámara baja. Pero, como observa Claudia Cinatti,·el contexto no puede ser más distinto·. En el plano interno, “mientras que Pelosi y Biden son del mismo partido, Gingrich era un opositor cerril de la administración demócrata de Bill Clinton. Y el consenso del establishment imperialista era integrar a China al ‘orden neoliberal’”, impulsando su entrada en la Organización Mundial del Comercio.
La decisión de la representante, inconsulta, otorga una muestra de las divisiones que imperan en el bipartidismo estadounidense y de la debilidad del actual gobierno, que salvo el logro –probablemente efímero– de resucitar el compromiso atlantista de los socios europeos gracias a la guerra en Ucrania, no tiene muchos éxitos que mostrar y podría sufrir una dura derrota en las elecciones de medio término. Biden hizo saber que desaconsejaba el aterrizaje de Pelosi en Taiwán. Las agencias de inteligencia y usinas diplomáticas también la desaconsejaban. Aunque la rivalidad con China está en el centro de toda la articulación estratégica estadounidense, este no aparece como el mejor momento para estimular un choque abierto entre China y Taiwán. Pero el presidente nunca le solicitó formalmente a la jefa de la cámara de representantes que no realizara la visita. El temor a ofrecer un nuevo flanco de ataque a los republicanos en el medio de las elecciones se impuso a cualquier otra consideración. También buscó evitar grietas en las filas demócratas, permitiendo que los halcones del partido se impongan a las consideraciones del jefe de Estado (lo que también puede ser en algunos momentos una ventajosa división de tareas, aunque esta coyuntura se vuelve muy peligrosa). El experto en temas internacionales Ian Bremmer observaba, con algo de ironía que “Biden intentó impedir la visita de Pelosi a Taiwán… pero no lo suficiente para comenzar una pelea con ella. En vez de eso, se arriesga a una guerra con China”. Esta dificultad para marcar los tiempos por parte del jefe de Estado en la disputa más estratégica, condicionado por la disputa electoral pero también por su propia interna, es otra muestra palmaria de los límites que encuentra la todavía principal potencia imperialista para mostrar una intervención coherente. El conflicto de fondo en el establishment político norteamericano es sobre el curso a seguir para intentar dar vuelta las tendencias que, paulatina pero firmemente, muestran una declinación de su poder y un cambio en el centro de gravedad de la economía mundial capitalista, orientada hacia China.
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Provocar a China en este momento puede tener, como observa el columnista Thomas Friedman, del New York Times, derivaciones peligrosas en la guerra de Ucrania, en la cual Rusia está logrando hacer pie en el Donbass, pero con un costo mucho mayor que el previsto inicialmente por Putin. Si bien China, como muchos otros países, no acompañó las sanciones económicas impulsadas por la OTAN, sí parece haber tomado nota de las advertencias realizadas por EE. UU. sobre cualquier asistencia a Rusia. Friedman recoge de fuentes oficiales que Biden “le dijo personalmente al presidente Xi Jinping que si China entraba en la guerra en Ucrania del lado de Rusia, Beijing estaría arriesgando el acceso a sus dos mercados de exportación más importantes: Estados Unidos y la Unión Europea”. China, continúa Friedman, “ha respondido no brindando ayuda militar a Putin, en un momento en que EE. UU. y la OTAN han estado brindando apoyo de inteligencia y una cantidad significativa de armas avanzadas a Ucrania”. El riesgo no es solamente un choque con China en el estrecho de Taiwán, sino que Xi de un giro en su política y disponga una colaboración más activa con su aliado que pueda producir un resultado en Ucrania todavía más adverso del que se está dibujando en este momento, con Rusia controlando 20 por ciento del país. Para EE. UU. no resulta inconveniente una guerra que se prolongue en el tiempo y exija de Rusia grandes esfuerzos, con el consiguiente desgaste. Si China interviene más activamente ayudando a recomponer los pertrechos del ejército ruso y sosteniendo su economía, los esfuerzos bélicos pueden volverse más manejables y Putin puede volver a aumentar sus ambiciones yendo más allá de lo conquistado hasta ahora.
Para China, la visita de Pelosi dio una oportunidad para realizar un impactante despliegue militar. En plenos preparativos de Xi Jinping para asumir un nuevo mandato, y ser el primer líder después de Deng Xiaoping en gobernar más de 10 años, buscando una eventual extensión indefinida de su presidencia, el roce con EE. UU. le permite dar rienda a la inflamación nacionalista.
Sin embargo, el momento también resulta riesgoso para iniciar una escalada. La economía va rumbo a mostrar el segundo año de peor crecimiento en la última década, solo superado por el 2020 cuando emergió la pandemia. Las dificultades para controlar los nuevos brotes en estos meses, que fueron respondidas por Pekín con la política de “covid cero” que llevó al cierre de muchas ciudades durante semanas. En el segundo trimestre de este año la economía creció solo 0,4 % respecto de igual período de 2021, y retrocedió 2,6 % respecto del primer trimestre de este año, mostrando el impacto de las restricciones sanitarias. La previsión es que este año el PBI no crecerá más de 4 %, cifra que podría ser envidiable fuera de China, pero que es mucho menor al desempeño habitual en este país y se ubica por debajo de lo previsto hasta hace poco tiempo.
La economía no padece solamente los estragos de la política de “covid cero”. El desinfle de la burbuja inmobiliaria, en buena medida empujado por el gobierno del PCCh cuando forzó a las firmas del sector a bajar los niveles de apalancamiento con deuda, y que llevó a firmas como Evergrande al borde de la bancarrota, continúa extendiéndose. El retraso de las obras, por dificultad de financiamiento en el marco de las restricciones impuestas por el gobierno para endeudarse, condujo a muchos compradores de casas a dejar de pagar sus créditos hipotecarios. Las casas en China se pagan por adelantado, y las constructoras vienen dependiendo cada vez más de estos fondos para edificar. El “boicot de las hipotecas” amenaza con paralizar la construcción todavía más por falta de fondos, y dejar a más compradores enojados.
La posibilidad de responder a los contratiempos económicos volviendo a estimular el crecimiento en base a deuda, un recurso al que el gobierno del PCCh apeló en numerosas oportunidades, se vuelve más complejo cuando los bancos centrales de todo el mundo, y sobre todo el de EE. UU., suben las tasas para hacer frente a la inflación y se convierten en “aspiradoras” de activos que buscan rendimientos elevados, pero también confiables. Hacer política expansiva en estas condiciones puede estimular la salida de capitales, a pesar de los controles que la limitan. El recuerdo del episodio atravesado en 2015, cuando la fuga de activos se aceleró abruptamente, está muy presente en las autoridades Chinas.
Las tensiones internas suelen ser un acicate de la agresividad internacional, como hemos visto en numerosas oportunidades. Pero la coyuntura encuentra a Xi Jinping con varios frentes abiertos como para acelerar ahora los tiempos de esta guerra para la que todos los actores se vienen preparando hace tiempo.
Otro salto sin vuelta atrás
La lógica de los acontecimientos, una vez iniciados, no necesariamente se ciñe a las motivaciones que puedan tener los principales actores de este drama para no seguir tensando la cuerda. Los próximos días o semanas veremos si las provocaciones cruzadas son respondidas solo con reproches diplomáticos cruzados, como está ocurriendo en estos días, o se va un paso más allá. Por lo pronto, el gobierno de China ya avisó que suspende el diálogo con EE. UU. por el cambio climático, lo que puede tener graves derivaciones.
Pero aunque la cosa no pase todavía a mayores en términos bélicos, la rivalidad que se viene exacerbando queda irremediablemente un escalón más arriba. De ambos lados, la puesta en escena de estos días ha sido una especie de ensayo general, o primer acto, de una conflagración hacia la que siguen avanzando y de cara a la cual seguirá produciendo acciones al filo de la navaja.
Mirando el panorama más de conjunto, se sigue agravando el peso de las disputas geopolíticas sobre una economía capitalista mundial que conoció en las últimas décadas una internacionalización productiva sin precedentes, cuyos beneficios fueron cuantiosos para las principales multinacionales que dominan el comercio mundial, la mayoría de ellas radicadas en EE. UU. y la Unión Europea, aunque cada vez más China cuele las suyas en los rankings de firmas líderes. La renuencia a renunciar a estos beneficios por parte del gran capital se choca con la agresividad creciente de los Estados, cuyas sanciones económicas, choques militares todavía localizados y preparativos para conflictos más globales torpedean la integración económica o como mínimo fuerzan a disciplinarla bajo nuevas estrategias, privilegiando a la hora de invertir los países más afines y no necesariamente más baratos en términos de costos. Algo que no se lleva muy bien con las necesidades de abaratar la producción para imponerse en la competencia global.
En este clima enrarecido, así como no hubo vuelta atrás de las “guerras económicas” de Trump, tampoco la habrá del affaire Pelosi y los juegos de guerra de Xi Jinping. El conflicto es cada vez menos una hipótesis y cada vez más una perspectiva palpable, imponiendo una lógica de carrera de velocidad para asegurar aliados y pertrecharse, sin descuidar en ningún momento los frentes de la economía y de la innovación, que resultan determinantes en cualquier conflicto de gran envergadura como este que, más allá de que pueda tener el disparador inmediato en Taiwán, apunta a rediscutir cómo se ordena y quién domina el capitalismo mundial.
Cuando estalló la guerra en Ucrania, evaluábamos que “la tendencia al desorden mundial da un salto cualitativo con esta guerra […] nos acercamos un paso más hacia los enfrentamientos para los cuales se viene preparando largamente el imperialismo norteamericano con la ascendente potencia oriental”. Los juegos de guerra en el estrecho del Taiwán vienen a confirmar que este es el signo de los tiempos.
Fuente: https://www.izquierdadiario.es/China-y-EE-UU-juegos-de-guerra-en-un-mundo-crispado
jueves, 11 de agosto de 2022
ganadores y los perdedores de la guerra en Ucrania
Ya se sabe quiénes son los ganadores y los perdedores de la guerra en Ucrania
Por Marc Vandepitte | 11/08/2022 | Mundo
Fuentes: Rebelión [Foto: Max Pixel / CC0 1.0]
Traducido del neerlandés para Rebelión por Sven Magnus
La invasión de Ucrania dura ya más de cinco meses y las hostilidades pueden continuar durante algún tiempo. En términos militares, el resultado es todavía incierto, pero lo que ya está claro es quiénes son los grandes ganadores y perdedores de este conflicto.
Los ganadores
Para los fabricantes de armas esta guerra es como un regalo del cielo. Ante la insistencia de la OTAN los países europeos aumentarán su esfuerzo armamentístico en cientos de billones en los próximos años. En Europa Central podemos esperar una nueva carrera armamentística, basta con pensar en la amenaza de la instalación de armas nucleares en Bielorrusia.
En la región del Ártico seguramente pase lo mismo con la adhesión de Finlandia y Suecia a la Alianza Atlántica. El impulso de la llamada «OTAN global» amenaza con una nueva y peligrosa carrera armamentística también en Asia.
Esta militarización y las nuevas amenazas de guerra han hecho que se disparen las acciones de las empresas de defensa en Estados Unidos. Lo mismo ocurre con las grandes empresas de combustibles fósiles. Debido al espectacular aumento de los precios del gas y el petróleo, sus beneficios aumentaron un 350%.
El tercer gran ganador es la OTAN. Tras la caída de la Unión Soviética la alianza dejó de tener razón de ser y bajo Trump se declaró todavía su muerte cerebral. Hoy en día la alianza militar está más viva que nunca.
En Europa se añaden dos miembros y las tropas de combate operativas pasan de 40.000 a 300.000 efectivos. En Asia, pero también en otros continentes, se está gestando otra expansión, ya sea a través de nuevas asociacionesi o aumentando la presencia militar.ii
En el último cuarto de siglo la OTAN ha librado guerras contra Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia y Siriaiii, ue han tenido como resultado casi un millón de muertos. Con una alianza vibrante y ampliada, podemos esperar muchas más aventuras militares.
El cuarto vencedor claro es Estados Unidos. Hace veinticinco años Zbigniew Brzezinski, principal asesor de varios presidentes estadounidenses, escribió que para Estados Unidos el control sobre el continente euroasiático era esencial para mantener su hegemonía. Se debía evitar a toda costa una cooperación estrecha entre Europa, Rusia y China. Según sus palabras: «Los tres grandes imperativos de la geoestrategia militar son impedir que los vasallos cooperen y garantizar que sigan siendo dependientes en términos de seguridad; mantener a los subordinados obedientes y protegerlos; e impedir que los bárbaros se unan».iv
En la última década se han reforzado las relaciones económicas entre Europa, China y Rusia. Esta guerra invierte esa tendencia. Por ejemplo, la dependencia europea del gas ruso se está reduciendo a un ritmo acelerado, principalmente a favor del gas procedente de Estados Unidos. Las sanciones cortaron casi todos los demás vínculos económicos entre Rusia y Europa.
Pero esta guerra también está dirigida a China. Mike Pompeo, exdirector de la CIA y Secretario de Estado con Trump, lo dice claramente: «Hay que evitar la creación de un coloso pan-euroasiático en el que Rusia sea absorbida, pero que esté dirigido por China. Para ello debemos reforzar la OTAN, y vemos que nada impida que Finlandia y Suecia se unan a esa organización».
También se debe considerar en este contexto el reciente discurso de Liz Truss, ministra de Asuntos Exteriores del Reino Unido, en el que aboga por una «OTAN económica». Un bloque económico de estas características aislará en gran medida a China y Rusia de las economías occidentales, lo que haría imposible la integración del continente euroasiático y permitiría a Estados Unidos seguir ejerciendo su hegemonía.
Los perdedores
En primer lugar, toda la población ucraniana ha sido duramente golpeada por esta invasión: miles de civiles muertos y heridos, decenas de miles de soldados muertos y heridos, y millones de habitantes desplazados. Gran parte de la infraestructura del país ha sido destruida, la cosecha se ha reducido a más de la mitad y el país se dirige a la bancarrota total.
A causa de la ley marcial, los derechos democráticos se han visto gravemente erosionados. Once partidos políticos fueron suspendidos y, según la ONU, los periodistas han sido «objeto de ataques, torturas, secuestros, agresiones y asesinatos». Los trabajadores lo pasan mal: se legalizan los contratos de cero horas y se exime de protección laboral al 70% de los trabajadores.
El pueblo ruso también sufre. Decenas de miles de soldados rusos perdieron la vida y muchos más resultaron heridos. El pueblo ruso está sufriendo las sanciones de Occidente y el aumento de la represión en su país.
Esta guerra ya ha costado decenas de miles de vidas en Ucrania, pero este conflicto también puede destruir millones de vidas lejos del campo de batalla. La guerra es especialmente perjudicial para el sistema alimentario mundial, ya debilitado por el covid-19, el cambio climático y los altos precios de la energía.
Afortunadamente, se ha llegado a un acuerdo para reanudar las exportaciones de grano desde los puertos ucranianos. Pero eso no impide que mientras tanto los precios de los alimentos suban fuertementev y que, por tanto, sean inasequibles para una cantidad cada vez mayor de personas. Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA), un total de 50 millones de personas en 45 países están al borde de la hambruna y, según la ONU, este conflicto podría desnutrir gravemente a otros 13 millones de personas este año.
Otro gran perdedor es Europa y su población. Según Willy Claes, antiguo Secretario General de la OTAN, se trata esencialmente de una guerra entre Estados Unidos y Rusia, en la que Europa quedó fuera de juego.vi Aunque la guerra se libra en el continente europeo, no es la Unión Europea, sino la OTAN, controlada por Estados Unidos, la que marca la pauta. Los europeos se quedan mirando pasivos.
Pero es aún peor, con las sanciones contra Rusia Europa simplemente se está disparando en el pie. Se avecina una gran escasez de gas para el invierno, lo que no solo causará mucha miseria, sino que también aumentará las posibilidades de una recesión económica.
El problema no es solo la escasez. El precio del gas se ha multiplicado casi por diez en comparación con el año pasado. Además de disparar la inflación, esto está empobreciendo a grandes sectores de la población. Y mientras tanto Rusia ve cómo su tesorería se llena y su rublo se fortalece debido a los astronómicos precios del gas.
Europa perdió mucho prestigio ante muchos países no occidentales a causa de esta guerra. Estos países no pueden entender cómo la Unión puede renunciar casi por completo a su soberanía exterior y bailar al son de las melodías y los gritos de guerra de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Otro gran perdedor es la estabilidad mundial. Tras la caída de la Unión Soviética nos quedamos temporalmente con un mundo unipolar, completamente dominado por Estados Unidos. Con el auge de China y otros países emergentes parecía que avanzábamos hacia un mundo multipolar. Eso era una evolución positiva, pero bajo el impulso de esta guerra y los discursos que la rodean parece que ahora nos dirigimos a una división del mundo en dos campos: por un lado, un bloque dominado por Occidente, por otro lado el resto del mundo.vii Es muy dudoso que esto tenga éxito, ya que solo una cuarta parte de los países de todo el mundo se han mostrado dispuestos a apoyar las sanciones contra Rusia.viii Pero, en cualquier caso, es una evolución negativa.
Otra víctima de este conflicto armado es el planeta. Los daños ecológicos siempre son enormes en un conflicto armado. Esta guerra no es diferente. El intercambio de fuego tendrá un impacto considerable en el entorno urbano y rural. Como resultado, Ucrania y la región circundante pueden cargar con un legado tóxico para las generaciones venideras. Así lo afirma un estudio preliminar realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y organizaciones asociadas.
Pero esta guerra también pone en peligro la urgente lucha contra el calentamiento global. Este conflicto podría haberse aprovechado para acelerar la gran transición energética. Pero no se hizo nada, al contrario. Se están construyendo nuevas plantas de gas e incluso se están reiniciando plantas de carbón.ix Desgraciadamente, en lugar de conseguir una reducción de las emisiones de CO2, estamos consiguiendo otro récord de emisiones de carbono.
La primera víctima de la guerra es la verdad y en este conflcto es más evidente que nunca. Los principales medios de comunicación adoptaron la versión de la OTAN casi al unísono. Apenas se escuchan las voces discrepantes del movimiento pacifista o del mundo académico. Las excepciones confirman la regla, como siempre.
Los numerosos giros que han dado los medios de comunicación en los últimos meses han sido a veces dolorosos. Antes de la guerra se describía a Ucrania como «el país más corrupto» de Europa; hoy en día el país es el epítome de los ideales liberales.
Antes del conflicto había un problema con los neonazis. Posteriormente se presentó a estos grupos como héroes. Y así sucesivamente.
En tiempos de paz los medios de comunicación dominantes a veces se hacen un lío. En tiempos de guerra meten la pata olímpicamente. Esto deja claro una vez más por qué los medios de comunicación alternativos son tan importantes en un panorama mediático dominado por gigantes de los medios de comunicación propiedad de poderosos grupos de capital.
Se requiere un frente amplio
Cuanto más se prolongue la guerra mayores serán las pérdidas para los ucranianos, los rusos, los hambrientos del Sur y los trabajadores de occidente, y más perjudicial será para el planeta, la paz mundial y el periodismo fiable.
Se necesita urgentemente un frente amplio entre el movimiento pacifista, el movimiento tercermundista, el movimiento obrero y el movimiento ecologista para detener esta locura bélica.
Notas
i Es el caso, en particular, de Asia, con el QUAD (Diálogo de Seguridad Cuadrilateral entre Australia, India, Japón y Estados Unidos), AUKUS (pacto de seguridad entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos) y los llamados Five Eyes (colaboración en materia de inteligencia entre Nueva Zelanda, Australia, Canadá, Reino Unido y Estados Unidos).
ii Por ejemplo, se habla de una nueva base militar estadounidense en Zambia. Fuera de las fronteras europeas la OTAN tiene como socios a los siguientes países: Colombia, Australia, Irak, Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Mongolia y Pakistán.
iii En Siria la OTAN proporcionó apoyo logístico a los combatientes musulmanes extremistas para derrocar al presidente Assad del poder. Hoy la OTAN apoya a Turquía, que ocupa parte de ese país.
iv Brzezinski Z., The Grand Chessboard: American Primacy and Its Geostrategic Imperatives, Nueva York 1997, p. 40.
v En comparación con la situación de hace un año, el precio de los cereales aumentó un 27,6%. El precio medio de los alimentos aumentó un 23,1%. Fuente FAO (ONU).
vi Willy Claes en De Afspraak, 24 de mayo: «Si se me permite decirlo con un poco de descaro, se trata de un enfrentamiento ahora entre Rusia y Estados Unidos. Con todo el respeto y la simpatía hacia los ucranianos, y por cierto, Europa que no toma parte en el juego».
vii El G7 está intentando desarrollar una contrapartida a la Nueva Ruta de la Seda. Al mismo tiempo que Putin viaja por África Macron también se dirige al continente para asegurar o ampliar la esfera de influencia occidental. En América Latina Biden intenta contrarrestar la influencia de China con su iniciativa Build Back Better World (B3W). Y así sucesivamente.
viii Según la Unidad de Inteligencia de The Economist, dos tercios de la población mundial vive en países neutrales o amigos de Rusia en relación con la guerra de Ucrania.
ix Alemania, Austria y los Países Bajos vuelven a poner en marcha las centrales de carbón clausuradas o reducen las restricciones de producción.
Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2022/07/29/oorlog-in-oekraine-de-winnaars-en-verliezers-zijn-gekend/
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión como fuente de la traducción.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Petro, el presidente que buscará unir a una Colombia dividida
Petro, el presidente que buscará unir a una Colombia dividida
Gustavo Petro, nuevo presidente de Colombia - Sputnik Mundo. 08.08.2022
este domingogo 7 de agosto, el líder de la izquierda tomó posesión como máximo mandatario de los colombianos. En Bogotá hubo fiesta alrededor del inicio del primer Gobierno progresista en más de 200 años de independencia.
Lo que se vivió este domingo en el centro de Bogotá no fue la previa a una ceremonia soporífera, como suelen ser los eventos políticos. Todo lo contrario, fue una fiesta, fue la ilusión de miles que, creyendo en el cambio, caminaron por las calles para celebrar la llegada de Gustavo Petro a la presidencia de Colombia, para estar en la Plaza de Bolívar en la posesión del primer mandatario de izquierda en 213 años republicanos.
Fue complicado caminar, pero el baile, la música y las arengas hicieron más llevadera la dura tarea de pasar por lo que fue un carnaval, el espacio de quienes creyeron hace 49 días que el cambio era necesario y obligatorio, un cambio real. Y aunque estaba estipulado que el presidente electo subiera a eso de las tres de la tarde, desde las ocho de la mañana la gentes se dirigieron hasta el corazón de la capital con tal de ver y para que nadie les contara.
Magnolia Perea, madre afrocolombiana, viajó desde Quibdó (al suroccidente del país) para acompañar la posesión de Petro. Más de 14 horas en un bus, dos para ingresar a la Plaza de Bolívar y siete de pie contra una valla para estar lo más cerca posible al nuevo mandatario, a Francia Márquez, la nueva vicepresidenta, la voz de su región, una fuerza capaz. “Y me devuelvo hoy mismo”, reconoció.
Y Mientras Magnolia aguantaba el calcinante sol bogotano (a 2.600 metros de altura pega más fuerte), como otros 100 mil asistentes en ocho plazas de la ciudad (hubo pantallas y muestras culturales en cada una), al norte de la capital, Gabriel Boric, presidente de Chile, caminaba por una de las avenidas más importantes como cualquier transeúnte (carrera séptima) y Alberto Fernández, presidente de Argentina, y Luis Arce, presidente de Bolivia, se reunía con Petro a puerta cerrada. Muchas cosas a la vez, todas importantes para el nuevo mandatario.
A las tres en punto, como estaba estimado, y con una plaza a reventar, apareció Petro y su familia por la puerta del Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería (a unos metros de la Plaza de Bolívar). El presidente caminó por una calle de honor y cinco minutos después, como si se tratara de un rock star (la multitud alborozada), subió a la tarima ubicada enfrente del Congreso de la República. Saludó a su Boric y a Felipe VI, Rey de España. “Petro, amigo, el pueblo está contigo”, se escuchó al unísono.
La espada del nuevo camino
Un día antes de la posesión de Petro, Iván Duque, presidente saliente, dio una orden que para la oposición fue vista como el cierre de su administración, déspota y alejada de la realidad del país: no autorizar que la espada de Simón Bolívar, símbolo de la independencia colombiana, estuviera en el evento. Y lo que fue la última órden de Duque también fue la primera de Petro como mandatario: “Le solicito a la Casa Militar traer la espada de Bolívar”.
Eso sucedió luego de que Roy Barreras, presidente del Congreso, le tomara el juramento a Petro, de que María José Pizarro -hoy senadora-, hija de Carlos Pizarro, líder de la guerrilla del M-19 asesinado en 1990, le pusiera la banda presidencial a quien también hizo parte de la extinto grupo revolucionario. Un gesto emotivo que desencadenó en las lágrimas de Pizarro y una muestra de que las luchas que costaron la vida hoy tienen su rédito.
eguido, Petro, ya presidente, tomó el juramento de Francia Márquez como su vicepresidenta. “Juro ante Dios y al pueblo cumplir fielmente la constitución y las leyes de Colombia. También juro ante mis ancestros y ancestras hasta que la dignidad se haga costumbre”, dijo Márquez.
Después, Barreras, presidente del Congreso, pidió una pausa de 10 minutos para esperar por la espada, pues Petro la quería en tarima antes de dar sus primeras palabras ante el pueblo colombiano.
Una nueva oportunidad para Colombia
El discurso de Gustavo Petro empezó por lo emotivo y el recuento de una lucha que este 7 de agosto tuvo su punto máximo: ser el presidente de Colombia. Más allá de agradecer a su familia, el mandatario lo hizo con el pueblo colombiano, al que prometió no defraudar. “La espada de Bolívar es la espada del pueblo. Y por eso quería que estuviera a mi lado, para decirle al pueblo colombiano que hoy comienza nuestra segunda oportunidad”, dijo el mandatario.
Petro se refirió a la paz y prometió implementar de lleno el Acuerdo firmado con la extinta guerrilla de las Farc (2016), seguir las recomendaciones del Informe Final entregado por la Comisión de la Verdad el pasado 29 de junio y hacer un llamado a los grupos al margen de la ley a dejar las armas y aceptar los beneficios jurídicos a cambio de la paz. “La paz será posible si se cambia la política de las drogas”, añadió.
Al cierre, tras referirse al tema de la equidad y de la participación de la mujer que desea fomentar en el país, y del cambio climático, Petro cerró su intervención con un decálogo de 10 puntos: paz definitiva, cuidado total de la mujer, diálogo con todos los sectores (un Gobierno de puertas abiertas), una administración cercana a la gente y sus problemáticas, al seguridad de las familias, la mano firme contra la corrupción, la protección de suelos, subsuelos y recursos hídricos, el desarrollo de la industria nacional y el cumplimiento de la Constitución.
“Uniremos a nuestra querida Colombia. Tenemos que acabar con la división. No quiero dos países, no quiero dos sociedades. Quiero una Colombia fuerte, justa y unida. Este es el Gobierno de la vida y de la paz. Y así será recordado”. Mandamientos claros, pero nada sencillos de lograr.
Después de las palabras, como está estipulado en el protocolo, Petro bajó de la tarima y recibió los honores de las Fuerzas Militares, de quien es comandante supremo por mandato de la Constitución. El presidente colombiano saludó a una oficial de la Policía que con su espada demostró la lealtad de la Fuerza Pública.
Luego, con su familia, Petro caminó hasta la Casa de Nariño, su hogar durante los próximos cuatro años. Allí, frente al Batallón de Guardia Presidencial, marchó hasta la entrada junto a los comandantes de las cuatro fuerzas militares: Ejército, Fuerza Aérea, Armada y Policía. En la puerta lo esperó el expresidente Iván Duque.
Gustavo Petro con su esposa, Verónica Alcocer - Sputnik Mundo, 1920, 08.08.2022
Gustavo Petro con su esposa, Verónica Alcocer
© Foto : Prensa Presidencia
Frases cortas y cordiales entre ambos, quizá algo frías, y el intercambio de poder. Petro entrando, Duque saliendo. En seguida la foto oficial de Petro con su familia, la imagen del Gobierno que quiere ser el del cambio, el premio para un hombre que ha luchado toda su vida y al que por fin, gracias a las mayorías de un país dividido, le hacen justicia.
Inicia una nueva era. Será el tiempo el que se encargue de los adjetivos para calificarla, para determinar si tuvo éxito o no.
miércoles, 10 de agosto de 2022
“Rusia x Ucrania. Por el fin de la OTAN”
Presentación del libro “Rusia x Ucrania. Por el fin de la OTAN”
Un debate fundamental sobre la nueva coyuntura internacional abierta
Por Olmedo Beluche | 04/08/2022 | Mundo
Fuentes: Rebelión
(Los compañeros y amigos, Berna Menezes y Mario Azeredo, dirigentes de la corriente Fortalecer del Partido Socialismo y Libertad, PSOL, de Brasil, me han hecho el honor de presentar este libro que es una contribución muy importante al análisis del momento actual que vive el mundo).
Saludo la aparición de esta publicación, “Rusia x Ucrania. Por el fin de la OTAN”, sobre el conflicto que abre el siglo XXI. Es un gran aporte de los compañeros y compañeras de la corriente Fortalecer del PSOL a la comprensión de una guerra que está dando paso a una nueva etapa de la lucha de clases y la geopolítica mundial, aunque aún sus resultados concretos sean bastante inciertos.
La invasión rusa a Ucrania marca el final de la etapa que se abrió con la desaparición de la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, a inicio de los años 90 del siglo pasado, cuando el Departamento de Estado norteamericano podía propagandizar “el fin de la historia” y el supuesto triunfo del capitalismo liberal contra el socialismo.
La guerra iniciada el 24 de febrero de 2022, como se desprende de este documento, expresa el momento más agudo de una crisis del sistema capitalista mundial de múltiples dimensiones: la no superación de la crisis económica de 2008 y su profundización por la pandemia de la COVID-19 en 2020, la alta inestabilidad política que caracteriza amplias regiones del planeta, la catástrofe humanitaria producida por la miseria capitalista y la falta de empleos para la juventud cuya consecuencia son millones de personas migrando por el mundo, la amenaza del inminente desastre climático y ecológico, ente otros factores.
Esta guerra ha puesto en cuestión lo que este análisis de la corriente Fortalecer llama la actual (IV) fase del sistema imperialista, marcada por el mundo unipolar, la imposición del neoliberalismo, la “guerra al terrorismo” capitaneada por Estados Unidos como justificativo para someter a diversos países independientes, el parasitismo de la burguesía norteamericana respecto de la economía global.
La invasión rusa a Ucrania va más allá de las consecuencias visibles a primera vista: destrucción de la infraestructura de ese país, miles de muertos y millones de migrantes. Esta guerra estremece la hegemonía de Estados Unidos sobre el mundo, y en particular sobre Europa, a través de la OTAN, y el control norteamericano de la economía mundial a través del sistema monetario en que el dólar es el rey, y de otros mecanismos (Banco Mundial, FMI, OMC, etc.).
Nunca ha sido más evidente la existencia de lo que Hegel llamó “la astucia de la historia”, y en términos latinoamericanos, Nahuel Moreno denominó “la ley del bombero loco”, que pretende apagar un incendio echando más combustible en vez de agua. Las sanciones económicas impulsadas por el gobierno de Biden, desde Estados Unidos, para llevar al colapso a Rusia y al gobierno de Putin, se han vuelto como un bumerang: exacerbando la crisis capitalista con una alta inflación acicateada por el aumento de los precios de los combustibles producto de las restricciones a las exportaciones rusas.
Por momentos, pareciera que quien se tambalea no es Putin, sino el propio Biden amenazado por la ultraderecha yanqui, cuya cabeza es Trump y el partido Republicano, y su incapacidad para resolver ningún problema interno a largo plazo.
A su vez, el efecto de las sanciones ha exacerbado las condiciones sociales ya deterioradas, lo cual conduce a protestas masivas contra la carestía en todo el planeta, aumentando la inestabilidad política, desgastando a los gobiernos y partidos del sistema. Ecuador, Argentina y Panamá son algunos de los países que en nuestro continente se ven remecidos por el eco de las sanciones contra Rusia.
En medio de este panorama cargado de crisis, incertidumbre y drama multidimensional, lo que sigue siendo el centro del problema, y agudo ahora que, en la década de 1930, cuando lo señaló León Trotsky, es la crisis de dirección revolucionaria, como bien lo establece Fortalecer. La ausencia de una alternativa política que brinde esperanzas a la humanidad de “otro mundo es posible”.
Pero la crisis de dirección tiene un punto de partida en los errores de caracterización de la coyuntura que conducen a equivocaciones en la formulación política. La única manera de superar las falencias políticas es con un mayor debate abierto y sincero dentro del movimiento obrero, socialista y “progresista”. Allí es donde esta contribución de Fortalecer tiene su mayor importancia.
En la presente coyuntura de la guerra en Ucrania se han producido dos errores extremos en la izquierda internacional, casi que complementarios uno del otro:
A. Quienes en cierta forma parecen nostálgicos de la extinta URSS, y sobre todo de Stalin, que creen ver en la Rusia actual y en Putin una reencarnación de la situación de la década de 1930-40, apoyando incondicionalmente la invasión a Ucrania como “una operación especial” antifascista como si se tratara del Ejército Rojo marchando sobre el Berlín de los nazis. Quienes así actúan no perciben el enorme daño que hace a la conciencia y unidad de la clase trabajadora mundial, ucraniana y rusa, cuando los derechos a la autodeterminación nacional de un pueblo son pisoteados de manera violenta.
Pero, como toda opinión tiene un ápice de verdad, estos sectores aciertan en que la guerra es consecuencia del expansionismo de la OTAN y de Estados Unidos, y de los gobiernos títeres de la Unión Europea. También aciertan al caracterizar al gobierno de Zelensky como ultraderechista y al famoso Batallón Azov como neofascista.
B. Quienes solo denuncian la invasión rusa y la política de Putin, sin criticar (ni “en los días de fiesta”) a la OTAN y su política. Buena parte de la izquierda europea, incluyendo sectores del trotskismo, parecen comprar acríticamente la versión de los grandes medios de comunicación en manos del imperialismo norteamericano sobre el conflicto, para ubicarse como “pacifistas” que solo exigen la salida de Rusia de Ucrania, o, peor aún, algunos pretenden una especie de alianza antifascista con la OTAN, la Unión Europea, Estados Unidos para armar al gobierno de Zelensky contra los rusos.
Pero, como toda perspectiva tiene un milímetro de verdad, es cierto, que la invasión rusa, con sus víctimas civiles y devastación causada es completamente reprobable y no sirve a los intereses del movimiento obrero mundial, mucho menos a la clase trabajadora rusa y ucraniana.
Como bien señala este documento de Fortalecer el objetivo debe ser la construcción de una política revolucionaria independiente de la clase obrera mundial que ponga como centro la lucha por una salida socialista, la cual no se encuentra haciendo seguidismo ni de los intereses del gobierno de Putin y sus métodos inhumanos, así se trate de una respuesta militar defensiva, ni mucho menos de hacerle el juego al imperialismo norteamericano y la OTAN y su proyecto de mundo unipolar.
El valor de una política revolucionaria independiente se mide, para empezar, por la capacidad de cualquier dirección política de enfrentar a su propia burguesía, a su propio gobierno burgués, a su propio imperialismo.
No puede haber en Rusia una dirección revolucionaria si no denuncia las políticas de Putin contra la clase trabajadora rusa y su invasión a Ucrania por objetivos que nada tienen que ver con el socialismo y sí con la defensa de la oligarquía corrupta del Kremlin.
No puede haber en Ucrania una dirección revolucionaria que no empiece por oponerse al gobierno burgués, derechista y oligárquico de Zelensky y su sumisión al imperialismo yanqui, europeo y a la OTAN. Solo sobre esa base podrá combatir la invasión rusa a su país desde una política consecuentemente antiimperialista y obrera.
Ninguna dirección política de los países de la Unión Europea puede ser considerada revolucionaria, si no empieza su política por exigir la salida de su país de la OTAN, romper con el sometimiento a los designios del imperialismo yanqui y sus instrumentos políticos. Para hablar de paz desde Europa y Estados Unidos, primero hay que hablar de disolver la OTAN. Para denunciar a Putin, hay que denunciar la expansión de la OTAN al este.
Termino saludando nuevamente esta publicación de la corriente Fortalecer por aportar a este debate fundamental sobre la nueva coyuntura internacional que se ha abierto, y por poner sobre la mesa de discusión temas tan relevantes, que van desde la caracterización de la fase actual del sistema imperialista, hasta saber si Rusia es un país imperialista o no (cuestionamiento al que también ha aportado el economista argentino Claudio Katz), y definir cuáles deben ser los ejes de una política revolucionaria mundial construida desde los intereses de la clase trabajadora.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
UCRANIA: EL CAPITALISMO ELIGE LA GUERRA
mejores frases del histórico discurso de Petro como nuevo presidente de Colombia
Las mejores frases del histórico discurso de Petro como nuevo presidente de Colombia | Video
La toma de posesión de Gustavo Petro no sólo fue trascendente por representar el arribo del primer Gobierno de izquierda en la historia colombiana. El discurso ofrecido por el mandatario también cobró gran relevancia debido a su carácter emotivo e histórico que tocó algunas de las heridas más profundas del país sudamericano.
Basta de desigualdad
"El 10% de la población colombiana tiene el 70% de la riqueza: es un despropósito y es una verdadera amoralidad. No naturalicemos la desigualdad y la pobreza. No es cierto que el mundo sea igual. No es cierto que en la mayoría de los países esta desigualdad que tenemos en Colombia exista. Somos una de las sociedades más desiguales en todo el planeta Tierra y esa es una aberración que no podemos continuar si queremos vivir en paz".
La historia decía que no podíamos gobernar
"Los colombianos y colombianas hemos sido, muchas veces en nuestra historia, enviados a la condena de lo imposible, a la falta de oportunidades, a los no rotundos. Quiero decirles a todos los colombianos y colombianas que me están escuchando [...], que hoy empieza nuestra segunda oportunidad. Nos la hemos ganado. Se la han ganado. Su esfuerzo valió y valdrá la pena. Es la hora del cambio. Nuestro futuro no está escrito. Somos dueños del papel y podemos escribirlo juntos en paz y en unión. Hoy empieza la Colombia de lo posible. Estamos acá contra todo pronóstico, contra una historia que decía que nunca íbamos a gobernar, contra los de siempre, contra los que no querían soltar el poder. Pero lo logramos. Hicimos posible lo imposible con trabajo, recorriendo y escuchando, con ideas, con amor, con el corazón y con el cerebro, con esfuerzo. Desde hoy empezamos a trabajar para que más imposibles sean posibles en Colombia. Si pudimos, podremos".
Colombia: ¿Estado criminal?
"Es hora de una nueva convención internacional que acepte que la guerra contra las drogas ha fracasado rotundamente. Que ha dejado un millón de latinoamericanos asesinados, la mayoría colombianos, durante estos últimos 40 años. Y que deja 70.000 norteamericanos muertos por sobredosis cada año, por drogas que ninguna se produce en América Latina. Que la guerra contra las drogas fortaleció a las mafias y debilitó los Estados. Que la guerra contra las drogas ha llevado a los Estados a cometer crímenes. Nuestro Estado ha cometido crímenes [...]. Llegó la hora de cambiar la política antidrogas en el mundo".
Al estilo Robin Hood
"[Debemos] llevar una parte de la riqueza de las personas que más tienen para abrirle las puertas de la educación a toda la niñez. Y esto no debe ser mirado como castigo o sacrificio: es simplemente el pago solidario de alguien afortunado [...]. Proponemos una reforma tributaria, un pago solidario a una sociedad que le permite y garantiza la fortuna. Así seremos más justos y estaremos más en paz. Es un asunto de solidaridad humana".
Hermandad latinoamericana
"Agradezco la presencia de otros pueblos hermanos de Latinoamérica en tiempos en los que vemos a naciones hermanas entre sí matarse y acribillarse. Aquí, en el corazón de Colombia, en el corazón de América Latina, hay una decena de presidentes de la región con diversidad ideológica, con diferentes trayectorias, pero todos unidos compartiendo esta fiesta de la democracia. Es hora de dejar atrás los bloques, los grupos y las diferencias ideológicas para trabajar juntos. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Juntos somos más fuertes. Hagamos realidad lo que soñaron nuestros héroes como Bolívar [...]. No es una utopía ni es romanticismo: es el camino para hacernos fuertes en este mundo complejo. Si somos poder del conocimiento, de la economía, de la vida, si actuamos juntos, la voz de América Latina se escuchará en el concierto de los pueblos del mundo".
Llamado al desarme
"Este es el Gobierno de la vida y de la paz y así será recordado. La paz es posible si desatamos en toda Colombia el diálogo social para encontrarnos en medio de las diferencias. Para expresarnos y ser escuchados. Para buscar, a través de la razón, los caminos comunes de la convivencia. Es la sociedad toda la que debe dialogar sobre cómo no matarnos y cómo progresar. Convocamos a todos los armados a dejar las armas, a aceptar los beneficios jurídicos a cambio de la paz, a trabajar con una economía próspera, pero legal".
futuro de Ecuador: ante la protesta contra el neoliberalismo y el viraje regional a la izquierda
futuro de Ecuador: ante la protesta contra el neoliberalismo y el viraje regional a la izquierda
En medio de protestas sociales extendidas desde 2019 contra el modelo neoliberal y ante un resurgimiento de líderes progresistas en toda la región latinoamericana, Ecuador debate su orientación política, si bien aún faltan tres años para dar lugar a la sucesión presidencial.
La orientación ideológica del país impulsada por Rafael Correa, presidente del país latinoamericano entre 2007 y 2017, se vio interrumpida luego de que quien fuera su vicepresidente, Lenín Moreno, virara hacia la neoliberalización, hecho que se vio radicalizado con el ascenso de un banquero al poder, Guillermo Lasso, gobernante desde 2021.
En un momento político en que Latinoamérica elige en bloque líderes progresistas, como Andrés Manuel López Obrador en México, Pedro Castillo en Perú, Gustavo Petro en Colombia, Luis Arce en Bolivia, Alberto Fernández en Argentina, Xiomara Castro en Honduras y Gabriel Boric en Chile, el modelo económico de Moreno y Lasso ha sido repudiado de manera constante en las calles mediante protestas populares.
Sputnik conversó con la analista argentina Paula Giménez, investigadora en el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE), para vislumbrar los alcances y resonancias del proceso popular y crítico que vive el Ecuador.
Protestas contra un modelo, no un presidente
"La impugnación política y social que se vive en Ecuador no es a la presidencia de Guillermo Lasso, sino al modelo económico neoliberal que en Ecuador implicó e implica la dolarización de la economía, configurando un país de servicios incapaz de satisfacer las demandas económicas y sociales de la ciudadanía", distingue de arranque Giménez.
Las protestas sociales ecuatorianas, recuerda la analista, iniciaron antes de la detonación de la pandemia mundial de COVID-19, paralelas al estallido social que en Chile y Colombia alzó la voz contra los entonces presidentes Sebastián Piñera e Iván Duque, respectivamente.
"Lo interesante de las propuestas de este año es que empezaron a mostrar una articulación entre lo político-social y lo político institucional que, necesariamente, se ha convertido en el basamento de una nueva propuesta política popular", apunta la investigadora argentina.
Entre los protagonistas de las últimas movilizaciones figura la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), que se describe como representante de 18 pueblos y 15 nacionalidades indígenas desplegadas en las regiones de la Costa, la Sierra y la Amazonía ecuatorianas.
Entre sus principales demandas figuran el respeto a la autodeterminación, el autogobierno, el ejercicio de derechos colectivos, la conservación de la naturaleza y los recursos naturales, así como la conservación de la cultura, identidad, saberes ancestrales de las comunidades indígenas, y un modelo de educación intercultural multilingüe que contemple las lenguas indígenas ecuatorianas.
La relevancia del izquierdismo regional
Giménez considera que, si bien la influencia de los líderes progresistas regionales en Ecuador no va a ser total, sí será significativa.
Un ejemplo de transformaciones estratégicas es el desmantelamiento del llamado Arco del Pacífico, articulación de países andinos con administraciones neoliberales para oponerse a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), señala.
El triunfo de Boric, Castillo y Petro en los países latinoamericanos con salida al Pacífico han dejado sin plafón político al Ecuador de Lasso, evidencia Giménez.
Además, la analista argentina llama a recordar la vieja premisa de geopolítica suramericana que apunta que el continente se mueve hacia donde se mueva Brasil, país en que podría triunfar eventualmente el aspirante del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva.
Brasil no sólo es el país más poblado de toda Latinoamérica, sino también su economía más poderosa, con una participación estratégica en vínculos de relevancia geopolítica intercontinental, como el BRICS, compuesto por el gigante suramericano, Rusia, la India, China y Sudáfrica.
"En ese sentido, un triunfo de Lula en Brasil habilitaría empezar a reconstruir los mecanismos de integración destruidos por el neoliberalismo tardío del llamado Grupo de Lima", recuerda Giménez, una alianza abiertamente en contra del proceso bolivariano de Venezuela.
Aunque con la victoria de Castillo en 2021 el Grupo de Lima perdió Lima, el acuerdo fue inicialmente suscrito en 2017 por la Argentina de Macri, el Brasil de Bolsonaro, el Chile de Piñera, la Colombia de Duque, el México de Peña Nieto, Canadá, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panamá, Paraguay, Perú, Guyana, Haití y Santa Lucía, a la que se sumaría la Bolivia de Jeanine Áñez.
"Pero más allá de quién gobierne, la principal tarea en relación a la direccionalidad de las políticas de gobierno en toda Latinoamérica tiene que ver con la capacidad de los sectores populares movilizados de ejercer presión para orientar dicha política en beneficio de las grandes mayorías, ya que las presiones del establishment norteamericano no dejan de ser una realidad efectiva en el territorio", apunta la analista argentina.
Es decir, agrega Giménez, Washington sigue teniendo capacidad de cabildeo para descarrilar las iniciativas populares que sustentan a líderes progresistas y para sustituirlas por programas neoliberales.
Un periodo de ofensiva imperialista
Los liderazgos ecuatorianos de Moreno y Lasso, a pesar de la presidencia de Correa, se inscriben en un periodo de ofensiva imperialista contra los procesos latinoamericanos, califica Giménez.
A finales de 2015 y 2016, repasa la analista, se impulsó el juicio de destitución de la entonces presidenta de Brasil Dilma Rousseff, el macrismo arribó a Argentina, se impulsó el no a la paz en Colombia y el rechazo al referéndum constitucional en Bolivia.
El imperialismo, agrega, utilizó ataques multidimensionales para imponer su voluntad y torcer el camino de integración con soberanía y justicia social que se emprendió en Latinoamérica desde 1999, con el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela.
Y los procesos fueron atacados desde frentes judiciales, mediáticos, económicos y diplomáticos, entre otras formas, abunda Giménez.
"Lenín Moreno resultó un traidor, pero todo traidor tiene que tener un marco. Y el marco fue una avanzada imperialista contra el arco popular y progresista de la región, luego de 15 años de una política de integración que logró romper con el 'consenso de Washington' impuesto por el poder angloamericano en la década de los 90", problematiza la investigadora.
El presidente banquero
No obstante, las protestas populares, el movimiento indígena, la inconformidad social contra los programas neoliberales de Quito, lo cierto es que Lasso, extitular del Banco Guayaquil, está mandatado hasta 2025.
Giménez explica que la victoria del empresario estuvo acompañada de una fuerte campaña mediática en contra de Rafael Correa, antecesor y aspirante a regresar al ejecutivo ecuatoriano como vicepresidente.
"Incluyó propaganda sucia. Merece especial atención la campaña en la red social TikTok, que se llamó ‘Hola, TikTok. Lasso presidente’, en la cual se lo veía con zapatos y campera roja, con una muleta en su brazo derecho y, al ritmo del Bad de Michael Jackson, el banquero alcanzó 335.000 de likes y 4,4 millones de vistazos", apunta la analista argentina.
Además, el triunfo electoral de Lasso estuvo antecedido de la proscripción de Correa para participar en las elecciones y fue acompañado del apoyo de sectores de la economía trasnacional, además del apoyo incondicional de la Organización de los Estados Americanos (OEA), con sede en Washington, acusa Giménez.
Esta última, la OEA, repasa la investigadora, incluso sostuvo una reunión con el Consejo Nacional Electoral (CNE) ecuatoriano el 13 de febrero de 2021, el entonces candidato Lasso y el candidato Yaku Pérez, del movimiento Pachakutik, fuerza electoral de la Conaie.
"Dudosos movimientos en los que la OEA jugó un rol irregular, que demuestran que Lasso no es Lasso, sino tan sólo un brazo de maniobra más de la estrategia imperialista en el continente, al igual que Áñez en bolivia, Macri en Argentina, Piñera en Chile, Duque en Colombia, Lacalle Pou en Uruguay", califica.
"Y la lista sigue, no son individuos, no son proyectos de país, son estrategias de poder articuladas continentalmente", concluye.
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