miércoles, 22 de julio de 2026

Jesús, un predicador apocalíptico: Escatología próxima y conversión moral.

Jesús, un predicador apocalíptico: Escatología próxima y conversión moral. ¿Estamos ante un predicador apocalíptico convencido de la cercanía del Reino de Dios? ¿O ante un hombre preocupado principalmente por la conversión, la fidelidad a Dios y la renovación de la conducta? ¿Una? ¿La otra? ¿O ambas? Los relatos que tenemos a mano no obligan necesariamente a escoger entre una imagen y la otra. El judaísmo del siglo I conocía diversas expectativas sobre la intervención futura de Dios, la restauración de Israel, el juicio y la renovación del mundo. Dentro de ese marco, las tradiciones más antiguas atribuidas a Jesús parecen girar principalmente en torno al Reino de Dios. Sus enseñanzas, sus parábolas y buena parte de su actividad pública cobran sentido en ese horizonte. La impresión general es la de un hombre convencido de que Dios estaba próximo a actuar. Al mismo tiempo, los relatos muestran una insistencia constante en la conversión, la confianza en Dios, el perdón, la misericordia y la justicia. El anuncio no parece "limitarse" a comunicar un acontecimiento futuro. También implica una determinada manera de vivir "mientras" se espera la acción de Dios. Las fuentes parecen encajar mejor con la idea de que "ambas cuestiones se encuentran estrechamente vinculadas". La cercanía del Reino otorga urgencia a la conversión. La esperanza en la intervención de Dios impulsa una nueva manera de relacionarse con los demás. La misericordia hacia quienes sufren, el perdón de las ofensas, la reconciliación y el desprendimiento no aparecen aislados de la expectativa escatológica, sino integrados dentro de ella. Quizá por eso resulte innecesario decir que son excluyentes un Jesús apocalíptico y un Jesús preocupado por la conducta concreta de las personas. La confianza en Dios, la misericordia y la conversión parecen formar parte del mismo horizonte que alimenta la esperanza en el Reino. Ambas dimensiones aparecen entrelazadas, aunque no necesariamente con el mismo peso. Vista desde esta perspectiva, la figura que emerge de los sinópticos no es la de un hombre apartado de la realidad cotidiana ni la de un predicador absorbido exclusivamente por acontecimientos futuros. Lo que encontramos es, más bien, a un judío del siglo I convencido de la cercanía de la acción de Dios y que, precisamente por esa convicción, invita a vivir desde ahora de acuerdo con aquello que espera. La expectativa del Reino y la renovación de la conducta no parecen presentarse como caminos alternativos. En los relatos, una suele dar sentido a la otra. La esperanza en lo que Dios está por hacer se convierte en el fundamento de cómo conviene vivir mientras todavía queda tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario