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lunes, 12 de octubre de 2026
«Viva Cristo Rey», un grito de muerte y no de fervor religioso
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«Viva Cristo Rey», un grito de muerte y no de fervor religioso
Por Renán Vega Cantor | 10/10/2026 | Opinión
Fuentes: El Colectivo (Medellín) - Rebelión / Caricatura de Alejandro Motavita
“Un grupo de labriegos liberales charlaba en una tienda del marco de la plaza y compraba lo indispensable para regresar a sus campos, cuando seis policías en estado de embriaguez dispararon contra ellos. ‘Viva Cristo Rey’ gritaron, ‘Viva el partido conservador’”. -Silvia Galvis, !Viva Cristo Rey!, Planeta, Bogotá, 1991, p. 339.
En las peroratas poco coherentes que suele pronunciar el inquilino de la Casa Blanca tropical, situada en Barranquilla, ya es común escuchar el grito de Viva Cristo Rey. Ese alarido pretendería demostrar el carácter religioso del mismo personaje, ahora ferviente católico, que no hace mucho tiempo se proclamaba ateo y se ufanaba de quemar gatos. Detrás de esa consigna política, disfrazada de creencia religiosa, se oculta una tenebrosa historia de muerte y sangre que desborda las fronteras colombianas. Vale la pena recordarla en forma sucinta.
MEXICO Y ESPAÑA
La primera vez que se escuchó el grito de Viva Cristo Rey fue el 6 de enero de 1914 en la capital de Mexico, el día en que ese país fue consagrado como la Patria del Sagrado Corazón de Jesús. Ese alarido aparentemente inocente adquirió un sentido abiertamente político y militar en 1926, cuando el gobierno de Plutarco Elías Calles decretó la separación de Iglesia y Estado, implantó la educación laica, prohibió las escuelas religiosas en educación primaria y nacionalizó los bienes raíces de la iglesia.
Los católicos, alentados por obispos, llamaron a un boicot antigubernamental, que incluía no pagar impuestos, reducir el consumo de productos comercializados por el gobierno, no comprar billetes de lotería nacional y no usar automóviles para reducir el consumo de gasolina. Luego, convocaron a la insurrección armada. Los grupos armados (los cristeros) fueron creciendo, siendo sus dos principales lemas incendiarias Viva Cristo Rey y Viva Santa María de Guadalupe.
Ese grito salió de los templos católicos y se convirtió en una consigna política y militar alentada desde El Vaticano, puesto que en 1925 Pio XI promulgo su encíclica Quas Primas (Las Primeras), en la que instituyó la fiesta de Cristo Rey. Con esto se pretendía imponer a un personaje religioso (Cristo), cuya existencia histórica no está demostrada, en un regulador determinante de la vida pública de los seres humanos.
Fueron dos las guerras cristeras. La primera (1926-1929) y la segunda (1934-1941) a raíz de las disposiciones de la educación socialista en el gobierno de Lazaro Cardenas. En esta segunda guerra los cristeros mostraron toda su brutalidad al perseguir a los maestros rurales. A muchos profesores les quitaron las orejas (“maestros desorejados”) y más de 300 fueron asesinados, incluso algunos fueron quemados vivos por los seguidores de Cristo Rey. Las guerras cristeras dejaron 250 mil muertos, lo que indica que el estribillo Viva Cristo Rey tiene un tinte sangriento, de infausta recordación. Como parte de la impunidad asesina del grito Viva Cristo Rey, el papa Pío XI proclamó indulgencia plenaria (absolución total) a los mexicanos que murieran en campo de batalla gritando «¡Viva Cristo Rey!». Con lo que se santificaron las armas y los crímenes de los “enviados de Dios”.
En la misma década de 1930, Viva Cristo Rey fue entonado en España por las fuerzas falangistas que se sublevaron durante la Segunda República. Representaban a la Iglesia Católica y los intereses más retrógrados de la sociedad ibérica e impusieron la dictadura de Francisco Franco, quien gobernó con mano de hierro a España durante 36 años. Otra vez, ese no era un grito de fe, sino un aullido de muerte, puesto que las fuerzas falangistas y católicas, en plena guerra y luego en el poder, mataron a miles de personas, a las que acusaban de ser ateas y comunistas.
Durante la guerra, los falangistas entonaban Viva Cristo Rey a la hora de combatir y luego el lema fue reciclado por Franco, quien lo repetía en sus discursos y alocuciones. Y lo repetían más allá los falangistas de América Latina, seguidores de Franco y El Vaticano, uno de los cuales fue presidente de Colombia en 1950.
COLOMBIA
En las décadas de 1940 y 1950 los conservadores y sus ejércitos privados y oficiales (chulavitas, aplanchadores, pájaros, contrachusmeros, la popol…), influenciados por la mayor parte de las jerarquías de la Iglesia católica, convirtieron la consigna de Viva Cristo Rey en un lema de terror, sangre y muerte.
En el fondo del asunto se encontraban los intereses del Partido Conservador y su eterno aliado la Iglesia Católica, empezando por el Vaticano, que se opusieron a las tímidas reformas que impulso el partido liberal en la década de 1930. Para contrarrestarlas se difundió la mentira de que esas eran medidas diabólicas y los liberales eran comunistas disfrazados. Esto se acentuó tras el 9 de abril de 1948, cuando liberales, gaitanistas y comunistas se convirtieron en uno y en el mismo enemigo que debía ser liquidado a sangre y fuego. Desde los pulpitos, los obispos y los curas de pueblo azuzaban a matar liberales y comunistas a nombre de Cristo Rey. Eso mismo hacían desde el poder central los políticos conservadores, entre los que sobresalió por su odio visceral y sectario de Laureano Gómez, quien fue presidente de Colombia entre 1950 y 1953, período durante el cual se exacerbó la violencia contra todos sus supuestos enemigos. En ciudades, pueblos y veredas de gran parte del territorio colombiano eran masacrados los campesinos, dirigentes sindicales, los nueveabrileños por grupos armados ligados al Partido Conservador. Sus matones terminaban sus faenas asesinas gritando Viva Cristo Rey. Para señalar un ejemplo, el Condor León María Lozano, el más célebre sicario conservador, durante las masacres de liberales en el Valle del Cauca gritaba con sus matones Viva Cristo Rey. Este hecho histórico se revive en la película Cóndores no entierran todos los días de Francisco Norden [1984], una representación de la novela de Gustavo Álvarez Gardeazabal [1971].
En Colombia, Viva Cristo Rey es una invocación de ingrata recordación, puesto que está relacionado con el asesinato de unos trescientos mil colombianos entre 1945 y 1957, un baño de sangre, con responsabilidad directa la alta jerarquía católica de este país. Tras una consigna aparentemente inocente y fervorosamente religiosa se encuentra una historia de muerte y dolor, que hoy se quiere revivir en Colombia. Y eso lo demuestra otro grito asesino, Viva Israel, que entona el falso tigre, una invocación sádica que aplaude el genocidio de niños y mujeres por parte de los sionistas.
No por casualidad detrás del gobierno de Abelardo, entre bambalinas, los que mueven los hilos del poder sean miembros de la familia Gómez, los nietos del monstruo Laureano Gómez, uno de los responsables directos de miles de muertos durante la «Primera Violencia» en Colombia.
Publicado en papel en El Colectivo, Medellín, octubre de 2026.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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