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lunes, 1 de julio de 2013
El mundo surgido de la Biblia
El mundo surgido de la Biblia
Richard Elliott Friedman
Traducido para Rebelión por Mikel Arizaleta del libro “Wer schrieb die Bibel? So stand dal Alte Testament” de Richard Elliott Friedman.
Nota del traductor: Si días atrás les presenté la traducción de la introducción del famoso libro ¿Quién escribió la Biblia? del profesor y gran investigador Richard Elliott Friedman, hoy les presento su capítulo final, el 14, a modo de conclusión. Ya saben, entre medio 13 capítulo de sumo interés y de gran clarificación.
***
El producto final
¿La Biblia es más que la suma de sus partes y sus libros?
Por supuesto.
La mezcolanza de las distintas narraciones, leyes, poesías, escritos e intenciones produjo como resultado cosas que no pensaba ni ambicionaba ninguno de sus autores.
El autor de E (Ge. 22, 1-10) escribió la narración de Abraham, que estuvo a punto de sacrificar a su hijo Issac; es uno de los relatos más conocidos, enigmáticos e inquietantes de la Biblia. Describe a un Abraham, entregado y obediente a la voluntad de su Dios de tal manera que se muestra dispuesto a sacrificar a su hijo. Una intervención divina le para y salva la vida de Isaac en el último momento.
Quizá 100 años más tarde el autor de P (Ge. 25, 20) escribió el relato de la compra de la cueva de Machpelab por Abraham. Abraham compra la cueva como sepultura familiar, porque su mujer Sara había muerto.
Unos 200 años después el redactor coloca la narración de la muerte de Sara y la compra de la cueva inmediatamente después de la narración del sacrificio de Isaac. El sacrificio de Isaac se narra en Génesis 22; la muerte de Sara en Génesis 23.
Desde entonces la interpretación se presenta siempre de nuevo como que la muerte de Sara estuvo causada porque tuvo que asistir y ver cómo su hijo debíó ser sacrificado; que Sara murió de pesar y pena. Y ésta no fue la intención del autor que escribió el relato E, ni tampoco de quien escribió el relato P. Quizá ni fue tampoco del relator mismo. Lo cierto es que el resultado final es que aparece así. La mera yuxtaposición de ambos textos enriqueció la narración con un elemento humano añadido o complementario. Se introdujo un nuevo elemento psicológico y se dio paso a nuevas posibilidades interpretativas. Se lanzaron nuevas preguntas y se provocó nuevas respuestas.
Hay cientos, miles de ejemplos de este tipo, que muestran cómo de la mezcla de las fuentes surgieron y dieron a luz nuevos elementos e ideas, nuevas formas de rumbo, de desenlace y desarrollo de las narraciones mismas, nuevas dimensiones psicológicas y nuevas posibilidades interpretativas. Con ello apenas si hemos comenzado a comprender el efecto de la historia anómala del origen de la Biblia en su forma y en la importancia de la redacción final.
Pero lo más llamativo de todo ello es lo siguiente: esta historia ha afectado y ha abordado la imagen de la Biblia acerca de la relación entre Dios y la humanidad.
Sobre la imagen de Dios
En la historia de la creación en Génesis 1 Dios hace, crea a los hombres, al hombre y a la mujer, a su imagen. La importancia de la expresión “a la imagen de Dios” no es clara. ¿Se piensa en un parecido o semejanza corporal, el que Dios tiene un rostro y un cuerpo como nosotros? ¿O se trata de un parecido espiritual? ¿O una semejanza intelectual? Sea lo que fuere una cosa es clara, en la Biblia al hombre se le ve como alguien que participa del ser divino y que en ello se diferencia de los animales. En el hombre hay algo divino y este algo es preponderante y decisivo en los sucesos del Edén tras la creación.
A los hombres se les prohíbe comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, pero la culebra a pesar de todo les seduce. ¿Y qué dice la culebra? ¿Qué hace a los hombres el no atenerse a la prohibición? La culebra aclara a la mujer: que si come del árbol “será como Dios…” (Ge. 3, 5). Según los conceptos bíblicos este argumento no hubiera tenido ningún efecto en un animal, en un pájaro o en un pez, porque no gozaba de participación divina. Y es que sólo los hombres habían sido creados a imagen divina y, por tanto, el deseo por lo divino sólo se suponía en los hombres. La creación a imagen de Dios es por tanto en Ge. 1 fundamental y básico para entender lo que en Ge. 3 hacen los hombres en el Edén.
Pero Ge 1 y Ge. 3 proceden de dos autores diferentes. La narración del Edén procede de J (Ge. 2, 4b-25), en la que nunca se afirma que el hombre fue creado a imagen de Dios. Por el contrario el relato de la creación proviene de P (Ge. 1, 1-2, 3), que en ninguna parte considera o tiene presente a plantas o árboles con tal tipo de influjo o virtualidades ni tampoco a culebras parlantes. Y el redacto engloba e incluye ambas narraciones en su integridad de manera que no se puede saber si él mismo fue conciente o no de la mezcolanza transcendental de ambas fuentes.
La unión y fusión de J y P dio como resultado en este pasaje algo más que la suma de los relatos individuales. El relato resultante se enriqueció, desarrolló nuevas posibilidades de sentido y explicación. Colocó las actuaciones de los hombres en el Edén bajo otro foco y prisma, bajo una perspectiva totalmente nueva. Dios los crea a imagen divina y les prohíbe comer del fruto, cuyo atractivo consiste en surtirle, dotarle, equiparle de una capacidad divina. Dios comparte una cualidad y propiedad divina única y exclusivamente con los hombres y luego los trata como súbditos, subordinados. Les encarga dominar a las demás creaturas y comunicarse con ellas casi exclusivamente mediante órdenes. El escenario está montado de modo tan forzoso y coercitivo que a los hombres prácticamente no les queda más remedio que desobedecer a Dios. Y posiblemente ningún lector se sorprenderá que los hombres se dejen convencer por la noticia de que: “Si coméis del árbol seréis como Dios”, es decir, que coman el fruto.
Ya lo expresó Mark Twain: “¿Si Dios no quería que los hombres fueran rebeldes por qué les creó a su imagen?”
Éste es tan sólo un punto de vista bajo el que se puede contemplar el texto. Existen 100 y más interpretaciones posibles, unas más reverentes y otras más cínicas. Y precisamente éste es el punto capital, aquí está el busilis. La mezcla de las fuentes en la constitución de un texto enriqueció las posibilidades interpretativas de la Biblia para la posteridad.
Cósmico y personal
La mezcolanza de las fuentes no sólo ha afectado y tenido su influjo en los relatos particulares y aislados bíblicos, sino que afecta al mismo conocimiento de Dios en la Biblia.
J, E y D describieron y pintaron a Dios mediante formas muy personales: paseando por la tierra, con aspecto, cuerpo y talla humana, enfrascado en diálogos e incluso en discusiones con los hombres. En cambio la idea de Dios en P corresponde a una divinidad cósmica y transcendental.
La historia de la creación de P (Ge. 1, 1-2, 3) comienza con la formación de la estructura cósmica: luz y tinieblas, día y noche, mar y tierra, el “firmamento” y los astros. La historia de la creación de J está en sentido literal apegada al terruño (Ge. 2, 4b-25). Comienza con las condiciones para la vegetación y le sigue la creación de los hombres, de las plantas y los animales, sin mencionar siquiera una vez la luz y la oscuridad o los cielos y el mar.
Expresado en sus propias palabras, P es el relato del “cielo y la tierra” y J el de la “tierra y el cielo”.
El relato del diluvio de P (Ge. 7, 8-9; 11; 13-16ª; 21; 24; 8, 1-2ª; 3b-5; 7; 13ª; 14-19; 9, 1-17) es una crisis cósmica: se abren y revientan las ventanas del cielo y las fuentes de las profundidades. El agua sobre el firmamento se vierte y precipita hacia abajo. El agua bajo la superficie de la tierra brota al exterior. La parte habitable del universo se convierte en una burbuja de aire rodeada de agua y las aguas amenazantes invaden y entran por arriba y abajo. En cambio el relato del diluvio de J (Ge. 6, 5-8; 7, 1-5; 7; 10, 12; 16b-20; 22-23; 8, 2b-3ª; 6; 8-12, 13b; 20-22) habla simplemente de 40 días y 40 noches de lluvia ininterrumpida.
En las narraciones de P sobre la creación y el diluvio Dios sigue y se muestra por encima y más allá de todo, domina, gobierna y dirige al hombre y a la naturaleza. En el relato de J Jahvé pasea personalmente por el jardín del Edén, fabrica los primeros vestidos para los hombres, cierra el arca y huele los sacrificios de Noé.
En el relato, cuando Moisés en Meribá golpea la roca, en la fuente E (Ex. 17, 2-7) Dios se halla sobre una roca, en la versión P no.
En el relato de J (Ex. 19, 18) del monte Sinaí Jahvé personalmente baja al monte en el fuego, en el de P (Ex. 24, 16-17) no. En J y E Moisés ve realmente a Dios (Ex. 33-34), en P no. En J (Ge. 18, 23-33)
Abraham implora a Dios que aleje y evite el destino de las ciudades de Sodoma y Gomorra, y en el relato del emisario Moisés intercede por el destino de su pueblo (Nu 14, 13-20). También en E Moisés suplica por el pueblo en el relato del becerro de oro y más tarde interviene apasionada y elocuentemente ante Dios a quien ha aprendido a hablarle “como un hombre con su amigo” (Ex. 32, 7-14; 33, 11). Incluso es capaz de decirle al mismo Dios: “¿Por qué tratas mal a tu siervo”? o “¡Si vas a tratarme así, mátame por favor!” (Deu. 11, 11; 15). En D Moisés pide a Dios insistentemente que le permita experimentar la llegada a la tierra prometida, pero Dios lo rechaza (Deu. 3, 23-26). En P jamás se permite a los hombres hablar con Dios con tal familiaridad.
En P Dios es más transcendente, guarda más las distancias. Hay mandamientos y se ejecuta su voluntad (Ge. 1, 3; 9. 6, 22; Ex. 7, 6. 39, 32). En D en cambio dice Moisés al pueblo: “Porque este mandamiento que yo te prescribo hoy no es superior a tus fuerzas, ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, como para decir: “Quién subirá por nosotros el cielo y nos lo traerá, para que lo oigamos y lo pongamos en práctica? Ni está al otro lado del mar, como para decir ¿quién irá por nosotros al otro lado del mar y nos lo traerá para que lo oigamos y lo pongamos en práctica? Sino que la palabra está bien cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la pongas en práctica” (Deu. 30, 11-14).
Para no supravalorar el argumento: En el relato de P Dios es visto ocasionalmente como persona y en J, E y D es presentado a veces de modo transcendental, pero de modo general la diferencia es inmensa y profunda. Cuando el redactor unificó todas estas fuentes mezcló dos imágenes de Dios diferentes.
Con ello formó un nuevo equilibrio especial entre las propiedades personales y transcendentes de la divinidad, así surgió una imagen de Dios como un Dios universal y al mismo tiempo extraordinariamente personal. Jahvé era el creador del cosmos, pero también “el Dios de nuestros padres”. La mezcolanza fue en lo artístico dramática y teológicamente profunda, pero desarrolló también una tensión nueva. Ahora mostraba a los hombres en un estrecho diálogo personal con el señor todopoderoso del universo.
Todo esto era un equilibrio que no fue perseguido ni planificado por ninguno de los autores individuales. Pero, pretendido o no, lo cierto es que ahora este equilibrio se había instalado en el centro del judaísmo y del cristianismo. Como Jacob en Pniel desde este momento ambas religiones han vivido y luchado con un Dios cósmico y personal. Y esto vale para el teólogo más delicado como también para el hombre de la fe del carbonero. Se trata de las cosas últimas, y ello significa para toda persona que “el señor del universo se preocupa de ti”. Una idea desacostumbrada. Una visión distinta. Y, repito de nuevo, no planificada por ninguno de los autores. Probablemente nadie de ellos se imaginó tal idea. Fue integrado en el texto de tal manera que el redactor no pudo hacer otra cosa que articular exactamente esta nueva ecuación si quería seguir siendo realmente fiel a sus fuentes.
Justicia y misericordia
La unificación de las fuentes produjo otro resultado todavía más paradójico. Creó una nueva dinámica entre la justicia de Dios y su misericordia.
Recuerden ustedes que la palabra “misericordia” no se emplea en P ni una sola vez, de igual modo las palabras “gracia” o “penitencia”. Tampoco se menciona jamás la fidelidad de Jahvé. El sacerdote que escribió P resalta mucho más el aspecto divino de la justicia, es decir, se recibe lo que se merece. La obediencia será recompensada, las transgresiones castigadas. Allí no se hay misericordia alguna por parte del juez divino en la que quepa confiar.
J y E constituyen prácticamente su contrapunto. Resaltan el aspecto divino de la misericordia. Por las violaciones y transgresiones se puede obtener mediante la penitencia el perdón. Dios es misericordioso y de modo magnánimo fiel a su alianza. La experiencia fundamental humana de lo divino se presenta en J cuando Moisés ve realmente a Dios en el Sinaí y Jahvé le aclara que él es Jahvé, Dios misericordioso, clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad… (Ex.34, 6-7).
Los conceptos que P nunca nombra aparecen en J, E y D alrededor de 70 veces.
Y no es sólo una cuestión de vocabulario, también en las historias que cuentan J, E y D desarrollan la idea del Dios misericordioso de modo mucho más marcado que P. En el relato E del becerro de oro (Ex. 32, 1-33, 11) Jahvé aclara primero que él destruirá a todo el pueblo y en su lugar colocará un nuevo pueblo con la descendencia de Moisés. Pero Moisés apela a la misericordia de Yahvé y Dios se enternece. En el relato del emisario de J ocurre lo mismo. Jahvé dice que quiere destruir al pueblo y llevar a cabo un nuevo comienzo con Moisés. Moisés apela de nuevo a su misericordia y no hay nueva petición de Moisés.
También en este contexto resultaría falso trazar una línea de separación absoluta entre las fuentes. J, E y D pueden también presentar ocasionalmente a Dios actuando estrictamente conforme a la justicia, y también puede ocurrir que P muestre a Dios como misericordioso. Pero teniendo en cuenta esto es claro que aquí, en este campo, se da una diferencia notoria y dramática. P se concentra en primera línea en la justicia divina, las demás fuentes se concentran en la misericordia divina. Y el redactor las fusionó. Y cuando hizo esto creó una nueva fórmula en la que justicia y misericordia se equilibraban, equilibrio que antes jamás se había dado. Y un equilibrio tan aproximado entre justicia y misericordia no existió antes en ninguno de los textos documentales. Dios era ambas cosas: justo y misericordioso, airado y compasivo, rígido y dispuesto al perdón. Esta relación fuerte y sólida de tensión fue determinativa, decisiva para el Dios de la Biblia. Fue una fórmula nueva y muy variada. Fue la fórmula que se ha convertido en parte consustancial del judaísmo y cristianismo a lo largo de más de 2500 años.
La relación de justicia y misericordia es tanto psicológica como teológicamente más crítica y extremada que la relación entre la dimensión cósmica y personal. En Jahvé domina, se da una tensión permanente entre su justicia y su misericordia y ambas no concuerdan entre sí. ¿Cuándo se sobrepone una a la otra?
Todo el que haya sido alguna vez padre, madre o hijo conoce el problema. El padre o la medre dicen: “Si haces esto serás castigado”. A pesar de todo el niño lo hace. Y entonces el padre o la madre debe optar qué hacer. La justicia reclama castigar, pero también existe la compasión. En la mayoría de las familias se desarrolla entre ambas un equilibrio, un equilibrio en el que a veces tiene la última palabra la disciplina y otras el perdón. Posiblemente muy pocos padres podrían nombrar todos los factores que les determinan a optar en una ocasión así y en la otra de otro modo. Entre los factores contradictorios se cuenta las percepciones de la ira y el amor.
En el texto bíblico refundido Dios es zarandeado como todos los padres amantes. Él establece una alianza con los hombres y el contrato encierra condiciones. Si los hombres no las respetan puede ocurrir de inmediato su reacción justa, que va desde la conclusión de la alianza hasta la entrada en vigor de aquellas maldiciones que se narran en el Levítico 26 y Deuteronomio 28. Pero su misericordia ralentiza y/o suaviza casi siempre el ejercicio de la justicia.
La imagen, citada tan a menudo, “del Dios veterotestamentario de la justicia y la ira” no es nunca más que una mitad de la imagen real. Quien ve a Dios en el sentido de la cita de arriba parece que sólo ha leído P y no el texto restante. Curiosamente esta imagen usualmente parece descansar y fundamentarse en el principio de derecho de “ojo por ojo y diente por diente” (Ex. 21, 24). Pero este principio es más propio de la justicia humana. En los relatos bíblicos Dios actúa casi siempre de modo más misericordioso y compasivo que lo que corresponde a este principio.
Y así ambas religiones se desarrollaron en torno a una Biblia que presenta a Dios a veces como un padre amante y fiel pero otras como airado y colérico. En la medida que esta imagen de la Biblia concede y otorga a los lectores más autenticidad y realidad hay que decir que también el redactor ha tenido más éxito de lo que él quizá pretendía. Y en la medida que la relación tirante entre la justicia y la misericordia de Dios se convirtió o es en sí un factor importante en la historia de la Biblia hay que decir que de igual modo la Biblia ha terminado siendo o es también más que la suma de sus partes.
La síntesis
Y así en cierta medida se cierra el círculo, y como al inicio nos ocupamos de nuevo de la Biblia total, en su conjunto. Y esto ha faltado en muchas investigaciones sobre los autores de la Biblia; a menudo se ha tratado de un demoler y un desmontar sin componerlo de nuevo. Y ésta puede ser también en parte la razón de por qué un tal análisis han herido tanto a los creyentes del catolicismo como del judaísmo. Desde hace tiempo da la impresión como si todo el interés científico persiguiera el objetivo de desmontar la Biblia, descuartizarla en numerosos trozos particulares perdiéndose la visión en conjunto o, en frase castiza, haciendo que los árboles no dejasen ver el bosque. Posiblemente este atrevimiento en las anteriores fases pudo conducirnos a esto. Pero ahora hemos alcanzado un punto en el que nuestros descubrimientos sobre los orígenes de la Biblia nos pueden conducir a un mayor conocimiento y respeto de la Biblia en su forma definitiva y concluyente
Desde las primeras informaciones de los eruditos medievales se ha recorrido un camino considerable. Lo que comenzó como ocupación de algunos pasajes enigmáticos en los cinco primeros libros de Moisés condujo al cuestionamiento de que algunas líneas de estos libros no provenían del mismo Moisés. A ello se añadió el conocimiento de partes extensas del texto provenían de autor distinto a Moisés. Luego los científicos y eruditos separaron varias obras diferentes en general y las identificaron en virtud de características lingüísticas y de contenido. Y luego comenzamos a determinar con mayor precisión y métodos más refinados cada una de estas obras y a anotar el proceso de constitución de la Biblia.
Mientras avanzaban las investigaciones por este camino se dieron nuevos conocimientos revolucionarios en la arqueología y en nuestro conocimiento de la historia política y social del mundo bíblico. Mediante la conexión de lo que aprendimos de estos trabajos literarios e históricos conseguimos la imagen desarrollada aquí, una imagen y visión del origen de la Biblia que está inseparablemente unida con el mundo histórico de sus autores. En el contexto de un reino dividido, el de Israel y el de Judá, nosotros encontramos a dos autores que escribieron dos versiones de la historia de su pueblo, la J y la E. Cada una de estas dos versiones estaba íntimamente unida con la vida de la sociedad de la que emanaba -la una desde Israel, redactada por un representante de la familia sacerdotal de Silo, que posiblemente era un descendiente de Moisés; la otra desde Judá, por un representante de la casa real de David-. En el contexto de la caída del reino de Israel y la reunificación del pueblo dividido encontramos a alguien que une las dos versiones y las amalgama y funde en una narración, que pudiera servir a la sociedad ahora reunificada de nuevo.
De parecida forma según mi convicción el encuadre histórico de la obra literaria sacerdotal (P) hay que situarla en la época del rey Ezequías (rey del reino de Israel, 727-698). Una época en la que se introdujeron las diferencias en el grado sacerdotal, por razón de las cuales el sacerdocio aaronita (descendiente de Aarón) de Jerusalén ocuparon un puesto privilegiado. La obra, el texto sacerdotal (P), fue la alternativa de este clero a la obra JE, que reflejaba una visión de Dios, de la historia de otro tipo y a menudo contrapuesto, y sobre todo una postura enemiga frente a su antepasado Aarón.
Sus rivales en la disputa por la jerarquía sacerdotal, el clero de Silo (posiblemente descendiente de Moisés, sito en el reino de Israel), vieron llegado su momento con el reinado del rey Josías (rey del reino de Israel, 639-609). En esta época se confirmó el código de leyes, guardado por ellos, del rey como el libro de la Torá (D). Un representante de este clero, Jeremías o quizá Baruc, escribió una historia que se extendía desde Moisés y este código de leyes hasta la época del autor mismo (D1). La muerte de Josías y el ocaso del reino motivó al autor a escribir una nueva edición de esta historia en la que se consideraban las nuevas circunstancias históricas catastróficas. (D2).
La unificación de estas partes en una narración ininterrumpida, “la primera Biblia”, hay que situarla también en su contexto histórico, refleja la vida de una sociedad, que regresa del exilio y afronta con esperanza el restablecimiento de su país, de sus lugares de adoración y de su culto. Fue una época en la que todas las versiones de los textos eran ya tan conocidas que no se las podía ignorar. El escriba, responsable de esta redacción (R) y al que yo identifico como Esra, era un representante de los sacerdotes aaronitas, que por esta época se convirtieron en fuerza dirigente. Aprovechó sus intereses y la situación en general de su pueblo en este momento histórico. Guardó y conservó sus valiosas obras de una forma que pudo, aceptada durante milenios, formar y constituir el contexto en el que también otros textos sagrados debían ser entendidos.
La Biblia se convierte así en una síntesis de historia y literatura, que unas veces harmónicamente y otras cargada de tensión, emoción y contradicciones pero, en todo caso, inseparable. Y una gran parte de esta historia y de esta síntesis se ha hecho, como yo creo, hoy, siglos después, por fin visible y comprensible para nosotros.
De dónde y hacia dónde
¿Qué debemos hacer ahora con estos conocimientos?
Hasta ahora se ha reflejado la búsqueda de los autores de la Biblia principalmente en el ámbito de un estudio de la historia. Los científicos se interesaron sobre todo por la historia de la religión, la historia de Israel o la historia del nacimiento mismo de la Biblia..
Aquellos que contemplan la Biblia como literatura y aquellos que se interesan por el estudio religioso de la Biblia, es decir de la Biblia como escritura sagrada raramente han hecho uso de tal conocimiento. Y eso se debió en parte a que un análisis de ese tipo era visto como amenaza a la religión. Pero también se debió a que el análisis no estaba completo, acabado. En nuestro conocimiento sobre los autores había grandes lagunas: no sabíamos cuándo vivieron, por qué escribieron, qué relación existió entre lo que escribieron y lo que sucedía en el mundo.
Pero la situación ha cambiado. La amenaza para la religión en realidad nunca ha sido tal. Wellhausen explicaba que él acabó de enseñar esta materia a los estudiantes de teología porque “les hacía inservibles para su oficio”. Pero la experiencia de las generaciones posteriores ha demostrado que sé equivocaba. Muchos –posiblemente la mayoría- clérigos protestantes, católicos y judíos han estudiado y enseñado a lo largo de un siglo y han podido conciliar su fe con sus tradiciones.
Los principios para tal compaginación estaban dados desde los tiempos de los primeros investigadores. Dicho simplemente, nunca se trató de “¿quién inspiró la Biblia?” o de “¿quién reveló la Biblia?” sino tan sólo sobre ¿quién o quiénes escribieron realmente la Biblia? Sobre si se hizo por dirección, por dictado o por inspiración divina es una cuestión de fe. Joseph ben Eliezer Bonfils, quizá el primer erudito judío, que anotó de manera clara sobre un versículo de la Tora: “Esto no lo ha escrito Moisés”, lo expresó nítidamente ya hace 600 años. Dijo:
“... en tanto que tenemos que creer en las palabras recibidas y en las de las profecías qué más me da si las escribió Moisés u otro profeta, porque ahí sus palabras son verdad y son acogidas como profecía”.
El autor cristiano Andreas von Maes aclaraba hace más de 400 años que un redactor, posiblemente Esra, cuando menos introdujo o añadió palabras explicativas. Pero también von Maes era de la convicción que para el creyente no hay razón para discutir sobre qué mano humana ha anotado ahora el texto:
“De verdad no es necesaria una disputa sobre el amanuense mientras creamos que Dios es el autor tanto de los sucesos mismos como de las palabras con las que se nos han transmitido…”.
El desafío que presenta esta investigación vale no sólo para la fe en la Biblia como manifestación o inspiración sino también para las tradiciones redactadas por personas en pergaminos.
El estado incompleto de los análisis ya no es el problema que fue en tiempos. Es verdad, sigue habiendo lagunas, los nombres de los autores de J y E por ejemplo nos son desconocidos. Pero finalmente la Biblia hebrea fue escrita a lo largo de casi mil años y todavía duró un par de siglos hasta que los cristianos le añadieran el Nuevo Testamento. Si ha durado tanto tiempo en crearse el enigma, no debiéramos admirarnos si dura 1000 años (desde los investigadores medievales) en descubrirse. Lo importante está en que los descubrimientos de los últimos años –literarios, lingüísticos y arqueológicos- nos pongan ahora en la situación de servirnos de ellos.
Ahora nosotros podemos reconocer el alto valor y aprender a degustar lo que aporta el nacimiento de cada una de las partes del libro. Podemos reconocer las múltiples experiencias humanas distintas a lo largo de cientos de años y aprender a valorar lo que las han hecho tan ricas y copiosas. Podemos aprender a entender en qué medida las partes aisladas y separadas de los libros respondían a intereses reales y a situaciones vitales existentes. Si hablamos de la grandeza del libro ahora podemos entender mejor por qué es tan grandioso.
Se leerá la Biblia con ojos completamente distintos. Conscientes de su historia extraordinaria y de la complejidad resultante nosotros podemos –y probablemente tenemos- leer la Biblia con una nueva sensibilidad más profunda y con mayor atención. Podemos leer una página de la Biblia y saber que –separados por siglos- tres o cuatro hombres, todos ellos artistas, todos ellos escribieron desde su propia experiencia y en su propia época histórica, contribuyeron a la composición de esta página. Y al mismo tiempo podemos leer la página tal como es, para recrearnos en la narración, para aprender de ella y encontrar cómo otros hombres la han interpretado durante siglos.
Para aquellos entre nosotros que leen la Biblia como literatura, este nuevo saber puede transmitirles un nuevo conocimiento de las personas que la escribieron, una nueva posibilidad para la interpretación de su arte y una nueva admiración de la belleza definitiva y de las diversas capas y puntos de vistas.
Para quien entre nosotros leen la Biblia indagando en la historia esta perspectiva de investigación abre continuamente nuevos caminos para descubrir lo que ocurrió en los distintos momentos históricos y una nueva capacidad para ver cómo los hombres de la sociedad bíblica responden ante tales momentos.
Para quienes entre nosotros contemplan la Biblia como escritura sagrada se abren nuevas posibilidades de interpretación; el nuevo conocimiento puede llevar a una nueva veneración ante la gran cadena de acontecimientos, personas y siglos que tan íntimamente se reunieron para crear un libro incomparable de enseñanzas.
Para todos nosotros, que vivimos dentro de esta cultura que de manera tan central ha sido conformada por la Biblia, este saber abre la posibilidad de entrar en un contacto más estrecho con las gentes y las fuerzas que influyen en nuestro mundo.
Por último no se trata sólo de saber quién escribió la Biblia sino de quién es el que la lee.
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miércoles, 26 de junio de 2013
“Francisco debe alentar a los jóvenes a asumir compromisos”
I
“Francisco debe alentar a los jóvenes a asumir compromisos”
Fabíola Ortiz entrevista a FREI BETTO, teólogo e intelectual brasileño
Por Fabíola Ortiz © Reproducir este artículo| | Imprimir | Enviar por correo
El brasileño Frei Betto, exponente de la Teología de la Liberación, durante la entrevista. Crédito: Fabíola Ortiz /IPS
El brasileño Frei Betto, exponente de la Teología de la Liberación, durante la entrevista. Crédito: Fabíola Ortiz /IPS
RÍO DE JANEIRO, 21 jun 2013 (IPS) - La Iglesia Católica se volvió esclerótica y teme afrontar los asuntos de la postmodernidad, criticó el teólogo brasileño Frei Betto, aunque tiene la esperanza de que el primer papa latinoamericano, Francisco, la reimpulse al centrarse en temas sociales y en la defensa de los pobres.
En una entrevista con IPS, el fraile dominico, asesor especial del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011) en el primer bienio de su mandato presidencial, también llamó a las autoridades de Brasil a dialogar “cara a cara” con los movimientos sociales para escuchar sus reivindicaciones, sin palabras vacías y promesas huecas.
Carlos Alberto Libânio Christo, conocido universalmente como Frei Betto, espera que el argentino Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires hasta que asumió el papado el 13 de marzo, aliente a los jóvenes a volver a soñar, comprometerse con temas sociales y creer en utopías, cuando visite Brasil entre el 22 y 29 de julio.
Francisco realizará su primer viaje como Papa para participar en la 28 edición de la Jornada Mundial de la Juventud, que se realizará entre el 23 y el 28 de julio en Río de Janeiro.
Autor de más de 56 libros y ganador de importantes premios literarios y por su defensa de los derechos humanos, Frei Betto acaba de lanzar una nueva obra, “O que a vida me ensinou (Lo que la vida me enseñó)”.
IPS: ¿Qué es lo que la vida le ha enseñado?
FREI BETTO: En este libro, lo especial son los relatos autobiográficos que nunca había hecho públicos antes, como mi participación en los últimos días de Tancredo Neves (el primer presidente electo tras la dictadura 1964-1985, muerto antes de asumir el cargo), o como cuidé a mi padre, un dependiente químico.
También cuento como enfrenté un intento de corrupción, en que me ofrecían ganar dos millones de dólares, y dedico tres capítulos a mi visión actual sobre la espiritualidad.
IPS: Como exponente de la Teología de la Liberación, qué papel asigna a esta corriente dentro del catolicismo latinoamericano?
FB: No hay que hablar de ella en pasado. La Teología de la Liberación todavía ejerce un papel importante dentro de la Iglesia Católica de América Latina, especialmente a través de comunidades eclesiales de base, de círculos bíblicos, de encuentros de fe y de política, como el próximo que se realizará en Brasilia en noviembre.
Creo que esta corriente, además, obligó a cambiar el discurso de los papas sobre asuntos sociales. En los últimos tiempos ellos han sido más contundentes al respecto, como muestran las críticas hechas por Juan Pablo II y Benedicto XVI al neoliberalismo, o esta vez en modo positivo, la visita que los dos hicieron a Cuba.
IPS: ¿Cómo interpreta la renuncia de Benedicto XVI y que se haya elegido para sucederlo por primera vez a un latinoamericano, Francisco, y no a un europeo?
FB: Renunciar fue un acto de humildad evangélica de Benedicto XVI, cuando desde hace siglos ningún Papa lo había hecho.
Tengo mucha esperanza en el pontificado del “papa Chico Bento” (como le llama a Francisco en referencia a un popular personaje del caricaturista brasileño Maurício de Sousa, de vestimenta, comportamiento y maneras pueblerinas), por ser latinoamericano. Está abierto a las cuestiones sociales y, sobretodo, comprometido con la defensa de los derechos de los más pobres.
El hecho de adoptar el nombre del santo más emblemático de la historia cristiana, Francisco, ya dice mucho. Vamos a esperar los 12 discursos que pronunciará en la Jornada Mundial de la Juventud.
IPS: ¿Ve posible una reforma de la Iglesia Católica? ¿Cuáles son a su juicio los asuntos más sensibles que enfrenta esta iglesia?
FB: El papa Chico Bento tendrá que abrir el debate dentro de la Iglesia Católica sobre asuntos urgente y candentes, que permanecen congelados: el fin del celibato obligatorio, la ordenación de mujeres en el sacerdocio, el uso de preservativos, la biogenética o la reforma de la curia romana.
IPS: La Jornada Mundial supondrá el estreno internacional de Francisco. ¿Qué expectativas tiene sobre este acontecimiento?
FB: Espero que la Jornada a través de los gestos y palabras del Papa traiga esperanzas a los jóvenes y los aliente a asumir un compromiso por un mundo de justicia, libertad y paz. Estoy convencido de que cuanta más utopía, menos drogas, como sucedió en mi generación, que tenía 20 años en la década de los 60.
Y cuanta menos utopía, como ocurre en este mundo “globoconolizado” actual, más drogas. Es que ahora se vive sin soñar.
IPS: ¿Cree que la Jornada supondrá un llamado a la Iglesia a renovarse, para contrarrestar así la pérdida o apatía de fieles?
FB: Sí, la Iglesia Católica se esclerotizó por miedo a enfrentar los temas de la postmodernidad, como los relacionados con la fe y la ciencia, la desigualdad social, los nuevos perfiles sexuales y las relaciones de género.
IPS: Usted fue muy cercano a Lula. ¿Desde ese lugar, cómo analiza a su sucesora, la presidenta Dilma Rousseff? ¿Le parece que el gobernante Partido de los Trabajadores (PT) ha cambiado su rumbo?
FB: Lamento que el PT haya cambiado su proyecto sobre Brasil por un proyecto de poder. Aun así, considero que los gobiernos de Lula y de Dilma son los mejores de nuestra historia republicana. Falta realizar reformas estructurales –agraria, política y otras- y mantener un mayor diálogo con sus orígenes, los movimientos sociales.
IPS: ¿Cómo administra a su juicio la presidenta los numerosos conflictos y movilizaciones sociales que han tomado las calles de las principales ciudades?
FB: Sin suficiente empeño, de modo tímido y con el recelo de desagradar a los retrógrados de su alianza y los barones del gran negocio agropecuario. El PT se separó de sus bases sociales, de los movimientos que movilizan la esperanza, y ahora corre el riesgo de caer víctima de ellos.
Las únicas salidas para el gobierno son dialogar cara a cara con esos movimientos sociales, sin palabras vacías y promesas huecas, y para el PT retornar al trabajo de base, junto a los sectores oprimidos y excluidos de la población.
El gobierno va bien en distribución de la renta económica y mal en la distribución de la ‘renta política’. No hay diálogo con los liderazgos populares ni avances en la demarcación de tierras indígenas y en la reforma agraria, al igual que no hay consulta, tal como exige la Constitución, a los pueblos indígenas sobre la construcción de grandes obras en sus territorios.
IPS: ¿Qué opina en particular sobre las actuales protestas sociales, que comenzaron por el incremento del pasaje del transporte público y fueron alimentadas por la dura represión policial en Río, São Paulo y otras ciudades?
FB: Hay un fenómeno nuevo. Los analistas todavía no se dieron cuenta: basta con estar vinculado a las redes sociales para sentir la movilización, sea a través de información o la movilización en las calles. Esas protestas confirman que nuestros gobiernos están muy distantes de los movimientos sociales, de la juventud organizada, en especial el gobierno de São Paulo y el federal.
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lunes, 17 de junio de 2013
Neopentecostales, estado laico y conservadurismo popular en Brasil
Neopentecostales, estado laico y conservadurismo popular en Brasil
Bruno Lima Rocha y Sabrina Stieler
Rebelión
El diputado pastor Marco Feliciano y la política de lo grotesco
Parece broma, pero es tragedia. Por un acierto entre los llamados cardenales del Congreso brasileño – el colegio de líderes– los dirigentes de los partidos políticos tuvieron el coraje, hace algunos meses de ultrapasar los límites del sentido común. El pastor Marco Feliciano (PSC-SP), doble de hombre de medios (tele evangelista), pastor neopentecostal, fue puesto al frente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara. Esta es más una de las caras más grotescas, aunque coherentes, de la política profesional brasileña. Coherentemente, la mayoría de los parlamentarios, dirigentes partidarios y ocupantes de los primeros escalones de los tres niveles de gobierno se mueve según los criterios de la supervivencia y de la conveniencia. Cuando el senador alagoano Renan Calheiros (del Partido del Movimiento Democrático del Brasil, del estado de Alagoas) fue elegido para la cámara alta (Senado) y el potiguar (natural del estado del Rio Grande del Norte), Henrique Eduardo Alves (PMDB-RN) para comandar la mesa de los diputados federales, el Brasil se vio de rodillas ante un partido, el infame PMDB, operando como federación de oligarquías y coligación de intereses.
Renan Calheiros es un viejo (apenas) conocido de la población brasileña. Renunció el mismo cargo en 2007 por implicación en escándalos de corrupción (fue descubierto entonces que parte de sus cuentas era pagada por empresas de construcción civil). El diputado federal Henrique Eduardo Alves, del mismo partido de Renan, es blanco de una serie de denuncias. Aún así, fue elegido presidente de la Cámara con el apoyo del PT de la actual presidente Dilma y del ex-presidente, Lula. El PMDB sirve como carta comodín en el juego político y forma parte de la base aliada de quien está en el poder.
Ahora, el Legislativo expone sus vísceras al nombrar a un creacionista para una Comisión que debería defender el pensamiento de vanguardia. Vale acordar que Feliciano es predicador de la Iglesia Asamblea de Dios, estando al frente del Ministerio Tiempo de Renacimiento. Este ramo fue fundado por él “a través de una visita del señor de forma sobrenatural”, según el dominio de Internet que lleva su nombre. Cuando alguien afirma tamaño absurdo y es electo diputado federal, poco resta a comentar, además de la indignación.
La indicación de Feliciano al cargo es atribuida a una articulación del líder del PMDB, Eduardo Cunha, otro integrante también de la bancada evangélica – aunque Cunha sea un camaleón de la política, hombre que hace la intermediación entre las demandas de la bancada y las ansias políticas del Ejecutivo. Actualmente, Feliciano es campeón de audiencia de desaprobación en las manifestaciones populares y en las redes sociales. Su última hazaña fue insertar en la pauta de la Comisión propuestas conectadas a la “cura gay”, que permite que psicólogos intenten curar homosexuales y otra penalizando la discriminación contra, vea bien, heterosexuales.
Nada de eso acontecería y este tipo de político jamás sería electo, si el país tuviera una severa Ley Anti-Secta (cómo la que existe en Francia) y no hubiera tamaña permisividad en la venta de horarios en las rejillas de programación en los canales de TV privados. Vale la misma crítica en escala mayor, pues el Brasil convive con canales enteros bajo control de entidades religiosas, dedicando buena parte o la totalidad de su programación para el proselitismo de la fe. En una sociedad de iletrados, donde el analfabetismo funcional atraviesa las opciones por el voto, predicar supersticiones como si fueran bendiciones es más fácil que explicar los mecanismos inflacionarios o los factores estructurales de la desigualdad. La ignorancia transformada en poder político fortalece la bancada neopentecostal.
Feliciano es otro reflejo del abismo ideológico, pues la sensible mejoría de la calidad de vida de los brasileños no vino acompañada de un cambio de mentalidad en las clases bajas. El resultado es esta combinación grotesca de representación política basada en el conservadorismo popular y teología de la prosperidad. En el valle todo por la tal gobernabilidad, la división de cargos y funciones, indicó el pastor de la ignorancia para un puesto sensible. Menos mal que hubo reacción popular. Ahora es cuestión de tiempo hasta que sea quitado de la referida presidencia para salvar la imagen de aliados y correligionarios.
La bancada “evangélica” y el pensamiento reaccionario
La intelectualidad brasileña y sus categorías artísticas son bastante avanzadas en lo que concierne a los usos y costumbres. Ya era el momento de ver un acto público en el auditorio de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI), Centro del Río de Janeiro, como el ocurrido en mayo de este año. En esa ocasión, artistas de la Red Globo, políticos de centro-izquierda y profesores universitarios se reunieron con líderes de movimientos sociales y redes de defensa de derechos humanos, teniendo como blanco la difusión de odio e ignorancia proveniente de los neopentecostales. Marco Feliciano (PSC-SP) viene operando como epicentro de la opinión pública brasileña, movilizando justificadas preocupaciones. En el periodo de la Apertura (1977-1979), el local era escenario de las luchas por la redemocratización y también, por la equivocada bandera de la Amnistía Amplia, General e Irrestricta para torturadores y criminales de lesa humanidad. Ahora, en 2013, grupos de minoría activa, intelectuales y artistas, nuevamente se reúnen para intentar detener el avance del pensamiento autoritario, galvanizado por el presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara Federal. La paradoja es la siguiente: si las masas son convocadas, la parte activa va a empujar hacia la derecha.
El Partido Social Cristiano de Feliciano, según su presidente Vítor Nósseis, es un partido en el cual “el cristianismo es profesado sin neurosis y prejuicios”. Neurótica está quedando la población brasileña con los discursos perjudiciales de Feliciano. Según su interpretación del libro Génesis de la Biblia, la causa de los problemas socio-económicos y políticos del continente africano es culpa de la “Maldición de Cam”. Ya dejó bien clara su posición sobre homosexuales afirmando, en la red social twitter, que “la putrefacción de los sentimientos de los homo afectivos llevan (sic) al odio, al crimen, al rechazo”. Feliciano no perdonó ni los muertos, pues en pleno culto religioso atacó el ex-beatle John Lennon y dije que su muerte fue una “venganza divina”. Después el diputado se lamenta diciendo que es culpa de la prensa haber creado de su imagen como un “monstruo”.
Si el político y pastor paulista (natural del estado de São Paulo) carga en su discurso la marca del grotesco, este perfil no es exclusivo. El conjunto de tele-evangelistas viene predicando diariamente, hace más de treinta años, principios de doctrina vinculados a la Teología de la Prosperidad. De hecho viene acumulando poder y fuerza social. Hoy, este sector es representativo, batiendo casi treinta puntos de porcentaje electoral con el llamado “voto evangélico”. Tal clivaje se basa en formulaciones obscuras, trayendo interpretaciones bíblicas al pie de la letra, reforzando los aspectos del pensamiento conservador de las clases bajas. Para el consumo suntuoso, es el mejor de los mundos. Para transformar la sociedad, estamos en malas aguas.
La bandera de los neopentecostales es combatir la concepción de Estado Laico. Si existe la laicidad en el Brasil, donde teóricamente la religión no interfiere en el Estado, el Frente Parlamentario Evangélico viene tomando espacio en el Congreso Nacional y preocupando a los menos conservadores. Está compuesto por políticos de partidos distinguidos que unifican sus actuaciones en razón de los intereses de sus iglesias, verdaderas franquicias de comercio de la fe ajena, en general, teniendo cómo público-objetivo los sectores más vulnerables de la sociedad brasileña. Sus banderas son siempre las peores posibles. Articulan de forma contraria las cuestiones como la criminalización de la homofobia, la legalización del aborto y tantas otras que son adversas sus predicaciones. Si fueran comparadas las bancadas de los partidos, la bancada evangélica sería la tercera mayor del Congreso. Nada de eso es sin ton ni son y acompaña el ascenso de la economía brasileña a través de una década de gobierno de coalición, donde las luchas populares dieron lugar a la inclusión a través del consumo.
En varios momentos de la historia, la clase trabajadora mejoró su condición de vida, arrancando conquistas y derechos. En el Brasil, en el siglo XXI, todo cambió. Hoy, el ministro de Pesca y obispo licenciado de la Iglesia Universal del Reino de Dios, Marcelo Crivella (ex-senador por el PRB, del estado del Río de Janeiro), del Partido Republicano Brasileño, agradece a un ex-líder sindical (Lula) y una ex-guerrillera (Dilma), por la ampliación del crédito y del poder de compraventa del salario. Su alegato llega a ser simplista. Con más dinero en circulación, mayor es el número y volumen del diezmo pagado por los fieles. Si eso no es una crisis de paradigma, ¿qué es?
Con más dinero en mano, fruto de las transformaciones estructurales (ejecutadas de modo parcial, intentando domesticar la furia de la Banca, y con éxito relativo) y al papel de políticas públicas (como el salario social conocido como Bolsa Familia), el brasileño puede acompañar, a través de sus aparatos nuevos de televisión, los predicamentos de los partidos reaccionarios y arcas enteras de adoración. Como la TV Record, de Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios y también tío del empresario predicador, cantante góspel, y ya investigado por el Grupo Especial de Represión al Crimen Organizado, el ya aquí citado “obispo” Marcelo Crivella. Si no fuera realidad, podría ser el guión de una novela.
Vivimos un momento en el Brasil donde a veces hasta sentimos nostalgia del periodo de Guerra Fría y de la Doctrina de Fronteras Ideológicas. La ironía es irresistible. Nuestro mayor dramaturgo, Nelson Rodrigues, también periodista de deportes y costumbres, además de un ácido crítico social, peleaba contra el sector religioso más a la izquierda, a quien llamaba de “padre de marcha”. ¿Qué diría el escritor acerca de políticos como Feliciano y Crivella, ambos en la base volátil de un gobierno –con un partido otrora reformista radical (el PT de los años ’80 del siglo XX)– cuyo pasado y trayectoria política se forja en la acción de pastorales sociales, entidades de base y movimientos vinculados a la Teología de la Liberación?! Ciertamente, nuestro mayor dramaturgo “era feliz y no sabía”. Es preferible un predicador de tela ofreciendo un sermón intentando alterar las relaciones sociales, a un doble de pastor, presentador y político, reforzando el prejuicio y el pensamiento reaccionario.
El Estado laico y la propaganda de la intolerancia
Como dijimos arriba, la lucha entre la propaganda religiosa conservadora vinculada a los neopentecostales y la postura de diversos sectores en defensa del Estado Laico, es una pugna en constante combate. La resolución del Consejo Nacional de Justicia (CNJ) –órgano colegiado que sería la instancia revisora superior de la Justicia brasileña, cuyo comando pertenecía a la presidencia del Supremo Tribunal Federal (STF, Suprema Corte brasileña) datada de 14 de mayo, obligando los notariados del Brasil a registrar la boda civil entre personas del mismo sexo– trae más luz a un tema atravesado por el obscurantismo y la ignorancia sistémica. En teoría, el Estado brasileño es laico. Sólo en teoría. Para nuestra desgracia, el discurso de lo sagrado, confundiendo intérpretes de la fe dentro de la vida privada, hoy marca las acciones más retrógradas en la sociedad. Ya escribimos sobre eso en este texto y lo repetimos, porque parece broma pero sigue siendo tragedia. En el inicio del siglo XXI, el pensamiento conservador descendió de la pirámide social y camina codo con codo con lo peor de la política brasileña. Las sectas neopentecostales y la legión de tele-evangelistas dobles de políticos profesionales, andan abrazados con el coronelismo electrónico (los propietarios de redes regionales y estaduales de Radio y TELE) y refuerzan la corrupción endémica y el clientelismo de los operadores de la política nacional.
El problema de la difusión reaccionaria utilizando mecanismos casi caricaturescos y reproduciendo la Teología de la Prosperidad es que ésta es tan legítima como la acumulación capitalista –y por consecuencia, el consumo suntuario– o como las posturas de intolerancia. Los derechos homo-afectivos, así como los derechos reproductivos –y la legalización del aborto– deberían ser hechos consumados y no tabúes insuperables. Deberíamos discutir la naturaleza del poder y del ejercicio democrático, y no temas recurrentes como el racismo y la homofobia. Pero, la correlación de fuerzas es otra. La simple presencia del diputado y pastor Marco Feliciano (PSC-SP) al frente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara nos obliga a la continuación del debate.
Toda predicación intolerante refuerza comportamientos idénticos, en todos los niveles. La violencia contra los homosexuales es retroalimentada por el lenguaje violento de la predicación conservadora. Los pastores que predican la intolerancia son co-responsables por cada hombre y mujer agredidos en forma cobarde. Si la homofobia fuera encuadrada como crimen, ningún dublé de político y presentador de TELE podría usar este argumento como pavada creacionista. Por eso es por lo que el texto del Proyecto Ley 122 –que hace un crimen cualquier predicación que resulte en idea pro-homofobia– es tan importante. Infelizmente, es otra ley que camina a pasos lerdos y por lo visto no sale tan rápido.
El CNJ tomó una decisión acertada, pero podría ir a más. Tanto el Consejo como el Supremo podrían seguir los pasos de la Suprema Corte del Canadá. Allá, ningún discurso bíblico –ni aún el escrito– puede ser usado contra la homosexualidad y quién lo haga es encuadrado en el crimen de odio y así es castigado. La opción sexual es un derecho individual y así debe ser respetada. El Estado laico tiene que ser forzado a respetar estos derechos y castigar a quién los ataca.
Observación: Pedimos disculpas por aplicar el término evangélico al referirme a la bancada neopentecostal. Se trata de una exigencia periodística, considerando el problema de espacio y atención del lector. Neopentecostal es el concepto correcto, pero evangélico es el eufemismo empleado para los pastores de la Teología de la Prosperidad, diversificados en sus distinguidas sectas recaudadoras, aunque políticamente aliados.
Bruno Lima Rocha es politólogo, profesor de relaciones internacionales y de periodismo (www.estrategiaeanalise.com.br / blimarocha@gmail.com), Sabrina Stieler es estudiante de periodismo y militante estudiantil (facebook.com/sabrinastieler)
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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viernes, 10 de mayo de 2013
¿Jesús el Rojo?
¿Jesús el Rojo?
Terry Eagleton
Redpepper
Traducido del inglés para Rebelión por Christine Lewis Carroll
A raíz de la elección del Supremo Pontífice de la Iglesia Católica Romana (también conocido como el Papa) cabe recordar que la cristiandad se basa en lo contrario de una figura respetada de autoridad.
Jesús de Nazaret fue ejecutado probablemente por ser opositor político del Estado imperial romano. Sabemos esto porque la crucifixión era un castigo que los romanos reservaban principalmente para los delitos políticos. El propósito del castigo no era tanto la atroz agonía que implicaba como la exposición pública de los disidentes como una advertencia sombría a otros agitadores potenciales. Sus cuerpos rotos se convirtieron en anuncios del poder de Roma.
Aun así Jesús se libró de mayores penurias. Si es verdad que sólo estuvo seis horas en la cruz, como relata el Nuevo Testamento, entonces su destino podría haber sido mucho peor. Algunos crucificados se tiraban días en la cruz. Lo que seguramente lo ayudó fueron los latigazos que se dice que recibió poco antes de su muerte. La pérdida masiva de sangre permitió que muriera más rápidamente.
¿Fue Jesús realmente un rebelde político? Seguramente no, aunque es verdad que lo que decía podría parecer al espectador ocasional cosa de los zelotes.
Revolucionarios clandestinos
Los zelotes, satirizados memorablemente en La Vida de Brian de Monty Python, eran revolucionarios judíos clandestinos que planearon la caída del Estado romano mediante la fuerza. No eran, sin embargo, tan admirables como esta afirmación los hace parecer. Eran también nacionalistas judíos extremistas que soñaron con crear un Estado teocrático una vez expulsadas las fuerzas de ocupación. De alguna manera, por lo tanto, no se diferenciaban tanto de los fundamentalistas israelíes o islámicos de hoy. Los fariseos, que no eran en absoluto tan oscuros como los pintan los escritores del Evangelio (debido a los propios intereses políticos de éstos), constituían su ala teológica. Quizá Jesús los maldecía con tanta contundencia con el fin de poner algo de distancia entre él y los zelotes.
Aun así seguramente había zelotes en su séquito inmediato. Se refiere específicamente a uno de sus camaradas, Simón, como un zelote, mientras a otros dos Jaime y Juan, se les da el apodo de Hijos del Trueno, lo que podría sugerir que eran simpatizantes de los zelotes. El apellido de Judas Iscariote podría referirse a su lugar de nacimiento, pero también se puede traducir como “hombre de puñal”, lo que lo podría colocar asimismo entre los insurgentes anticolonialistas. Quizá traicionara a Jesús ante las fuerzas de ocupación porque esperaba que fuera como un Lenin y estaba amargamente desencantado. Hasta Pedro, mano derecha de Jesús, llevaba espada, cosa rara en un pescador de Galilea. Los supuestos ladrones que crucificaron a ambos lados de Jesús seguramente eran zelotes, igual que Barrabás, el preso que liberó Poncio Pilato en lugar de Jesús.
Cuando María, embarazada de Jesús, visita a su prima Isabel, el Evangelio de Lucas relata cómo profiere el cántico triunfal que la Iglesia llama Magnificat. Habla de un Dios que ensalza a los humildes y los agasaja, despreciando a los poderosos. Este tema del giro revolucionario es casi un tópico en las escrituras hebreas: conocerás al verdadero Dios cuando lleguen los pobres (a quienes San Pablo llama pintorescamente la mierda de la tierra) al poder.
Los desposeídos se conocen en las escrituras hebreas como anawim y Lucas nos presenta a la propia María, una joven mujer desconocida de Galilea escogida por Dios, como su representante, de la misma manera que su hijo: sin techo ni propiedades, célibe, peripatético, contrario a los bienes materiales, hostil hacia la familia o un espino en la carne de la clase dirigente política.
Jesús es también tremendamente relajado en cuanto al sexo, como sugiere la historia de la mujer de Samaria sobre la que bromea por haberse casado con cinco hombres y cuyo compañero del momento no era su marido. De hecho prácticamente no se habla del sexo en el Nuevo Testamento, un hecho del que algunos de sus seguidores obsesionados con el sexo no parecen haberse dado cuenta.
Algunos eruditos creen que lo que canta María es un tipo de cántico fanático, algo que los zelotes habrían en las manifestaciones si los romanos hubiesen sido tan liberales como para permitirlas.
Un dios no religioso
Yaveh, en otras palabras, no es un dios religioso. La única imagen que existe de él es de carne y hueso humanos. En los libros proféticos de la Biblia, les dice a los judíos que odia sus sacrificios y que su incienso le huele mal. ¿Qué hacen, pregunta, por acoger a los inmigrantes, proteger a las viudas y los huérfanos y resguardar a los pobres de la violencia de los ricos? El propio Jesús encaja en esta tradición judaica: no son los píos los que entran en el reino de Dios sino aquellos que alimentan a los hambrientos y visitan a los enfermos. De hecho, en un momento extraordinariamente audaz del Nuevo Testamento, sugiere que la chusma de la tierra entrará antes en el reino que los fieles a la ley de Moisés. Él mismo come con ladrones y prostitutas sin pedirles antes que se arrepientan, en clara violación de la ortodoxia judaica.
Sin embargo es difícil clasificar a Jesús como zelote. Si los romanos hubieran sospechado de verdad que lideraba un grupo traidor de insurrectos, habrían detenido a sus discípulos después de su muerte, lo que no parece que sucediera. Además Jesús, aparentemente, estaba de acuerdo con pagar impuestos al Estado romano, mientras los zelotes no lo estaban.
Esto no quiere decir que apoyara a las fuerzas imperiales. “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” no quiere decir que la política sea una cosa y la religión otra muy distinta. Tal distinción es una interpretación anacrónica. Es sólo en la edad moderna cuando se implementa una clara división entre la política y la religión. Los judíos que escucharon las palabras de Jesús sabían muy bien que lo que es de Dios incluye la justicia, la compasión, la entrega a los pobres, despreciar la arrogancia de los poderosos, etc. No significaba ir a la iglesia. No había iglesias.
¿Por qué fue asesinado Jesús?
Si Jesús no fue un revolucionario nacionalista entonces, ¿por qué lo asesinaron? La verdadera respuesta es que no lo sabemos. Los relatos de los juicios contenidos en los Evangelios son parciales y confusos. Quizá los mismos escritores evangélicos no lo tenían claro. Después de todo no fueron testigos oculares.
Jesús, desde luego, no fue ejecutado porque alegaba ser el hijo de Dios. En primer lugar porque todos los judíos se consideraban hijos e hijas de Dios. No había nada blasfemo en la afirmación. De todas formas Jesús seguramente no quiso decirlo en sentido literal, ya que no se considera generalmente que Dios tenga testículos. En segundo lugar si Jesús hubiera pretendido sugerir que él mismo era divino, le habrían dilapidado en el acto por blasfemia, una buena razón para no hacer tal declaración. Sólo una vez en el Nuevo Testamento, y ambiguamente, parece rubricar el título. En general, sin embargo, es cauteloso de que lo etiqueten y esquiva las etiquetas que otros intentan atribuirle.
Desde luego que no se presenta como el Mesías, jefe militar que arrancaría a sus enemigos una victoria triunfal para el pueblo judío. Los Mesías no se dejan crucificar. La idea de un Mesías crucificado habría parecido a los judíos del momento una obscenidad moral.
Al contrario, Jesús parece desvivirse por minar las expectativas fervientes de sus seguidores. Mientras algunos de estos seguidores anticipan una marcha victoriosa hacia la capital judía, Jesús entra en Jerusalén a lomos de un burro, en un gesto deliberadamente carnavalesco. Es todo lo contrario de un Mesías; sus acciones constituyen un comentario satírico sobre la naturaleza del poder político. El poder que él representa es el único auténtico y duradero, la fuerza que emana de la solidaridad con la descomposición y el fracaso, de un pacto con los “nadies” y los despojados que son los anawim. Cuando San Juan habla de los poderes del mundo, se refiere al tipo de régimen corrupto y violento que mató a Jesús.
Es dudoso que los romanos o el Sanedrín -la casta dirigente judía- realmente sospecharan que Jesús tuviera intenciones sediciosas. Probablemente había visitado Jerusalén varias veces, pero las autoridades no habían tomado ninguna represalia contra él. Pero podría haber sido políticamente conveniente para él poder fingir que tuviera propósitos subversivos.
Jesús viajó a Jerusalén en el momento de la Pascua judía, la fiesta que conmemora la liberación de su pueblo de la esclavitud en Egipto y el ambiente político de la capital fue probablemente eléctrico. La liberación de los egipcios había puesto en primera línea la liberación de los romanos y habría pululado por la ciudad la habitual diversidad de profetas menores, visionarios, apocalípticos y santurrones. Conscientes de la popularidad de Jesús entre las masas, los sumos sacerdotes habrían temido que su presencia suscitara una sublevación, provocando la ira del poder romano hacia el pueblo judío; por esta razón se realizó una acción preventiva contra él.
Alboroto en el Templo
Como prueba de su intención perturbadora, los sacerdotes quizá apelaran al alboroto en el Templo cuando Jesús volcó las mesas de los que cambiaban el dinero y los echó del lugar. No fue una manifestación anticapitalista ni anticomercial. Jesús sabía que el sumo sacerdote podría rechazar por impuras las ofrendas de los que acudían al Templo para sacrificar animales, por lo que necesitarían comprar nuevas ofrendas en el mismo lugar de sacrificio. Por esta razón podrían necesitar cambiar la moneda local por la metropolitana.
La oposición de Jesús se debía probablemente a que los sacrificios que se ofrecían eran ajenos. Más bien formaron parte de un comercio lucrativo que enriqueció a las autoridades clericales, lo que parece suficiente para provocar la furia plebeya de Jesús. También muestra una falta de respeto potencialmente blasfema hacia el Templo al afirmar que lo sustituiría con su propia carne y hueso. Ataca todo el aparato del poder sacerdotal, lo que podría haber sido suficiente para detenerlo.
Sin embargo no sería suficiente para ejecutarlo. El derecho a ejecutar estaba reservado a los romanos, que no tendrían interés en las trifulcas teológicas esotéricas de sus subordinados. No era de su incumbencia si un desconocido patán itinerante de la Galilea provincial tenía delirios de grandeza religiosa. El sitio estaba atiborrado de chalados y fanáticos religiosos.
Sin embargo seguro que se habrían alarmado si Jesús hubiese supuesto una amenaza política, que es lo que el Sanedrín consiguió venderles. De manera que a Jesús, probablemente, lo sentenciaron a muerte por agitador político, sin que los judíos o los romanos comprobaran la acusación. Lo que urgía era quitarlo de en medio. El letrero de la cruz -Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos- fue un desprecio bien calculado.
Perdónalos, padre…
El Nuevo Testamento presenta al gobernador romano, Poncio Pilato, como un liberal vacilante y bienintencionado con una mentalidad metafísica (“¿Qué es la verdad?” pregunta a Jesús). Sin embargo esto es una parodia.
Da la casualidad de que sabemos un poco sobre el personajillo de Pilato, suficiente para estar seguros de que fue un déspota cruel que ejecutaba a la más mínima. De hecho lo despidieron del servicio imperial por conducta deshonrosa. Había que ser bastante deshonesto para que los romanos te mandaran a paseo. Debido a sus propios intereses políticos, los escritores del Evangelio querían culpar a los judíos, antes que a los romanos, por la muerte de Jesús. El mismo Jesús se niega a responsabilizar a sus asesinos y apela a una especie de falsa conciencia para librarlos: “Perdónalos, padre, porque no saben lo que hacen”.
La creencia cristiana es que la crucifixión no es el fin. Por muy extremas que sean las circunstancias, el poder que surge del acto de despojarse de lo material triunfará a la larga. En la doctrina cristiana esto se conoce como la resurrección. Los camaradas de Jesús estaban tan convencidos de que el Calvario no representaba el fin que algunos de ellos estaban dispuestos a morir también por la fe.
El hecho de que Jesús resurgiera de la muerte fue informado por primera vez por mujeres, a quienes los antiguos judíos no consideraban testigos aceptables. Se concedió esta revelación a ciudadanas de segunda clase. El cuerpo que contemplaron estos testigos estaba marcado por las heridas de la crucifixión, lo que significa que no hay existencia transformada sin hacer el trayecto completo de despojarse de lo material, con la esperanza -aunque sin garantías- de llegar a algún lugar del otro lado.
Como muchas tragedias el discurso de la crucifixión y la resurrección significa que no se puede rehacer nada sin que se produzca primero una ruptura con lo anterior, lo que tiene implicaciones políticas. O, como dijo W. B. Yeats de forma memorable, “Nada está solo o entero que no se haya desgarrado primero”.
Finalmente mataron a Jesús porque habló sin miedo de amor y justicia en un mundo que encontraba estas dos cosas profundamente amenazadoras. En resumen fue un mártir, que ofreció a otros su vida como regalo preciado, igual que lo hicieron Martin Luther King, Steve Biko o los que han muerto en el transcurso de la primavera árabe. De acuerdo con la doctrina de la resurrección, se le recompensó tan profusamente porque estaba dispuesto a sacrificarse, sin pensar en la compensación o la restitución.
Como relata el Nuevo Testamento, los que pierden la vida la encontrarán, y de acuerdo con los escritores del Evangelio, los menos capaces de hacer esto son los ricos y los poderosos. Los hay que consideran que el Evangelio es fuente de falso consuelo, una quimera y el opio del pueblo. Está claro que no han tomado nota de su mensaje central: si no amas estás muerto y si amas te matarán.
Terry Eagleton es teórico y crítico literario. Yale University Press publicará este año su nuevo libro How to read literature.
Fuente: http://www.redpepper.org.uk/
rCR
lunes, 25 de marzo de 2013
Memoria esperanzada de una iglesia pobre y comprometida
En la siempre encrucijada del 24 de marzo
Memoria esperanzada de una iglesia pobre y comprometida
Diego Facundo Sánchez y Francisco Bosch
Rebelión
La historia tiene bisagras, momentos que marcan nuevas posibilidades y nuevos tiempos. Estas bisagras históricas son construidas por los pueblos en largos procesos de vida, de lucha y de muerte. El sol alumbra las mañanas porque alguien del otro lado del mundo está soñando y se empeña luchando para que el sol despunte y la luz sea finalmente para los más.
Y cuando se abren nuevos tiempos, los seres humanos enfrentan una nueva encrucijada, al decir del diccionario, un cruce de caminos, un peligro de emboscada o una situación de discernimiento para tomar la opción correcta ante el peligro. Y hoy, cualquier ser humano abierto al dolor de este mundo, siente en los nuevos vientos el huracán de una encrucijada que interpela y exige opciones y compromisos radicales.
América Latina, sus 30 mil años de Pueblos Originarios y sus 500 años de resistencia, son la clave de lectura para dos geografías y un solo calendario. Un día que condensa todas las encrucijadas: 24 de Marzo. Dos rincones que guardan historias que deletrean el continente: Argentina y El Salvador. Que la historia de su palabra…
Argentina, 24 de marzo de 1976
‘Se comunica a la población que, a partir de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional
de la junta de Comandantes Generales de las FF.AA’ Se recomienda a todos los habitantes el estricto acatamiento (…)’
Comunicado N°1 de la Junta Militar
A mediados de los setenta, y luego de más de dos décadas de ininterrumpida violencia, las fuerzas del imperio norteamericano (con su estrategia represiva para toda América Latina) y sus cómplices locales del poder militar y civil asestaron el Golpe de Estado final. El sexto del siglo y sin lugar a dudas el más criminal. El empate entre las fuerzas sociales y económicas, entre el poder obrero y el poder del capital fue dramáticamente quebrado en favor del segundo. Camuflados en una supuesta lucha contra el peligro ‘rojo’ internacional se buscó quebrar la organización obrera, desmantelándose el aparato productivo y desarticulándose también el tan ‘peronista’ estado de bienestar. Haciendo un ejercicio inusitado de violencia para diseminar el terror, se puso en marcha el proceso de disciplinamiento más violento de toda la historia argentina. Treinta mil desapariciones forzadas, entre torturas, violaciones, fusilamientos y campos de exterminio. Un verdadero genocidio ‘planificado’ se abrió camino en la historia de este país del sur (como en la mayoría de países del cono sur). El Terrorismo de Estado se cobró la vida de lo mejor -lo más militante y consciente- de dos generaciones enteras.
La Iglesia Católica Argentina, a diferencia de alguna de sus vecinas, bendijo el Golpe. Fue promotora ‘del baño redentor de sangre’ y del ‘necesario restablecimiento por la fuerza de los valores cristianos y occidentales’. Fue cómplice estructural de la masacre, al menos en el núcleo más duro y reaccionario de la jerarquía. Junto a todas las fuerzas del orden, la dirigencia eclesiástica entendía que todo aquello que tuviera que ver con la lucha contra la pobreza y la injusticia, debía ser perseguido y eliminado por subversivo y comunista.
Pero no pudo imponerse la obediencia debida, tampoco al interior de la iglesia. Una parte importante de sus bases eclesiales, confirmaron su decidido acompañamiento con los sectores más desposeídos y con las luchas de la inmensa mayoría. No se fueron del país ni claudicaron. No les ganó el silencio. En horas de cruz, cuando la muerte soplaba la nuca y las balas rozaban el pecho, se quedaron con el pueblo. Obispos como Angelelli o De Nevares, congregaciones religiosas enteras como los Pasionistas, los Palotinos, los Asuncionistas, o los Hermanitos del Evangelio, las entrañables monjas Francesas o los hermanos Yorio Y Jalics de la Orden Jesuita, las catequistas de los barrios pobres como Mónica Mignone o Fatima Cabrera. Fueron cientos (¡miles!) de militantes cristianos los que, en la encrucijada del 24 de marzo no eligieron el acatamiento. Optaron por dar la vida, o al menos, correr el infinito riesgo. Beber el cáliz de la pasión. Por amor a los pobres, por amor al Evangelio.
37 años después, y caminando lentamente hacia el sol de la justicia, cada pieza del rompecabezas se ha logrado ir uniendo. Por la verdad de los juicios (¡santa conquistas de los blancos pañuelos!) va logrando revelarse el sentido del pasado, de lo mucho que se hizo y de los sueños y esperanzas que quedaron truncados.
Y también se van aclarando los tantos. Porque no todos fueron héroes, o mártires, traidores, o asesinos. En medio de la feroz dictadura, muchos hombres y mujeres que sabían lo que estaba pasando, saltaron la encrucijada sin poner, aparentemente, tan en peligro sus vidas. Y aunque no fueron abanderados de los Derechos Humanos, tampoco fueron cómplices de la dictadura o genocidas. Por presión, por estrategia de sobrevivencia, por miedo o simplemente, por exceso de prudencia…lograron hacer ‘lo que desde cada lugar se podía’. Sólo el que ha vivido esos tiempos puede dar cuenta de lo difícil que fue transitarlo. Difícil, doloroso y complejo. Quizás el cardenal Bergoglio -por esos años superior jesuita- podría ser uno de ellos1.
El Salvador, 24 de marzo de 1980
“Quiero asegurarles a ustedes, y les pido oraciones para ser fiel a esta promesa, que no abandonaré a mi pueblo
sino que correré con él todos los riesgos que mi ministerio exige”
Monseñor Romero (11.11.1979)
“El Salvador marcaba 24 de marzo y agonía”, dice el poeta-profeta Dom Pedro Casaldaliga. Una bala cobarde pagada por el Imperio y lanzado por los sicarios de siempre mata al arzobispo de San Salvador.
El país ardía en el inicio de una guerra civil que se cobró la vida de más de 75 mil compañeros. El pueblo había agotado todos los caminos institucionales durante la década de 1970 y los militares que llevaban más de 40 años en el poder, realizaban continuos fraudes y baños de sangre para este pueblo que sólo pedía justicia y luchaba por su dignidad. La rabia se organizó haciendo nacer a los grandes grupos guerrilleros, que unificados en 1980 en el FMLN enfrentaron al ejército. La carne del pueblo fue triturada, quemada, pisoteada… los pobres volvieron a poner los muertos y el país más pequeño de América lloró ríos de sangre. En ese tiempo, en esa encrucijada fue entregada la vida de Monseñor Romero.
El 24 de marzo de 1980 Romero moría asesinado. Pero esta no fue su primera muerte. El arzobispo Romero moría por primera vez el 13 de Marzo de 1977. Ese día, el Padre Rutilio Grande era masacrado junto a Manuel Solorzano, de 72 años y Nelson Rutilio Lemus, de 16. La sangre de su pueblo le abrió los ojos al pastor: no era posible ser discípulo del destazado en la cruz, sin ponerse del lado del pueblo crucificado. Esta fue su primera muerte, en la que murió a la comodidad de las casas lujosas y las grandes hartadas, para hacerse uno en la defensa de los más pobres, de los últimos, de los ninguneados. En la encrucijada de la violencia de la década de 1980, Romero ofrendó su vida quedándose resucitado, para siempre, en su pueblo.
33 años después, el 24 de marzo es el día para recordar la dignidad y la verdad de las víctimas. Verdad que todavía es negada en los tribunales del país, pero es la luz que alumbra la esperanza de este pueblo hacia su verdadera libertad.
La nueva encrucijada, la de siempre: 24 de marzo de 2013
“Una vuelta a los pobres por amor es una vuelta al evangelio”
Ignacio Ellacuria (Teólogo y Mártir)
En este año 2013, este día tan especial no debería ser para la Iglesia un día cualquiera. Hoy, domingo 24 de marzo, es coincidentemente Domingo de Ramos…memoria, compromiso y profecía de un pescador de Galilea que en medio de las encrucijadas de su tiempo optó por radicalizar junto al pueblo la compañía. Y frente a los poderosos…la osadía. La conciencia sobre el estado injusto de las cosas, sobre el empobrecimiento masivo del pueblo, sobre la represión permanente del imperio para mantener el orden y la paz y sobre todo, la conciencia sobre la traición permanente de los representantes del Templo, que hicieron de una religión liberadora como la judía un elemento de opresión para el disciplinamiento… todo eso llevo a Jesús a la decisión de subir a Jerusalén, ciudad santa pero también centro judío del poder, para desenmascararlos públicamente.
Sabía Jesús que lo que hasta ahora había sido camino, ahora se transformaría en destino. Sabía que era la entrega en cruz lo que le esperaba. Decisión que un Domingo de Ramos, finalmente encarno. Burlándose del poder imperial, que entraba en grandes caballos a las ciudades invadidas o conquistadas, entró en un burrico a la ciudad santa junto a la gente empobrecida que le acompañaba. Pudiendo hacerlo, no eludió el conflicto de haber optado por oprimidos. Y si la consecución del proyecto le exigía la muerte, así lo haría. Y evidentemente, así lo hizo. Su entrega, dejó al desnudo su radical amor a los desposeídos, y al mismo tiempo desnudó a los opresores de siempre y a su poder maldito.
Hoy vuelve a ser 24 de Marzo. Y es 24 de marzo en otra América Latina. Un tanto diferente a la América de Romero y a la de los desaparecidos. Después de la privatizadora y desbastadora década neoliberal de 1990, la resistencia que volvió a recomponer el tejido social, exploto en propuestas y se constituyo como nuevo sujeto histórico. Una enorme diversidad de movimientos sociales logra una nueva configuración geopolítica del continente y del mundo: un indígena ocupa la silla presidencial de la plurinacional Bolivia; un Obispo de los pobres gobernó la eterna colorada Paraguay; un gremialista de a pie grita por la dignidad brasileña; un comandante de los marginados sigue los pasos de Bolívar en Venezuela (hoy llorado por los pobres de todo el continente); una mujer valiente se pone de pie frente a la impunidad debida en Argentina; un compañero sencillo camina por las calles de Uruguay… Incluso, quienes fueron casi aniquilados por su propia Iglesia, por su opción de querer vivir una fe latinoamericana (pobre y junto al pueblo), hoy animan y se esperanzan en la elección de un Papa Latino y “sencillo”.
Hoy es 24 de Marzo en este mundo nuestro: un mundo profundamente amenazado por la violencia del imperio desesperado por la pérdida de hegemonía, por una crisis financiera que mueve a los Estado del mundo a salvar bancos y no seres humanos, y por la crisis eco-sistémica, que pone en peligro la vida en el planeta por la ambición de los poderosos. En este contexto la encrucijada se vuelve evidente, necesaria y urgente.
Y la Iglesia, levadura para el cambio y sal para la sazón de este mundo, se encuentra frente a su siempre nueva encrucijada, la misma del Domingo de Ramos, la misma de todos los 24 de marzo: la complicidad con el poder opresor o el compromiso martirial con los pobres, por amor al Evangelio, por el siempre añorado sueño de ver cumplido el Reino de Dios en este bendita tierra.
Más que nunca reafirmamos, junto a los desaparecidos de todos los tiempos, que nuestra esperanza no está en los grandes personajes sino en los pueblos que escriben la historia. En todos aquellos que luchando nos precedieron. Siguiendo sus pasos enfrentamos la encrucijada. Por eso nos permitimos corregir a Machado desde las venas abiertas, diciendo: “caminante/militante si hay camino, el de los que nos precedieron al luchar”.
24 de marzo que también es PASCUA, es el paso glorioso de la muerte a la vida. Como hace 2000 años lo vivieron en comunidad mujeres marginadas y pescadores; como hoy lo viven las víctimas del terrorismo de Estado en Argentina; como hoy lo sienten los cristianos de pie que resucitan a Romero en sus vidas… de la misma manera que esperamos que este mundo resucite y la iglesia reverdezca al volver a los pobres por amor.
Nota:
1 Resulta interesante en este punto ver la declaración ante la justicia de Bergoglio en 2010 (http://www.clarin.com/webtv/tema/declaracion-bergoglio.html), además de la declaración del presidente de la corte suprema de Argentina que hablo de “Principio de inocencia” y las palabras del premio nobel de la Paz, Pérez Esquivel (detenido y torturado por la dictadura), que afirmo que el Jesuita no fue un cómplice de la dictadura (http://www.adolfoperezesquivel.org/?p=3000).
Diego Facundo Sánchez (Mendoza, Argentina)
Francisco Bosch (Las Palmas, El Salvador)
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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lunes, 18 de marzo de 2013
Mujeres frente a Dios y sus hombres
Nazanín Armanian
Mujeres frente a Dios y sus hombres
17 mar 2013
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Fumata rosa, contra el humo negro y blanco del Vaticano. Así, las activistas católicas exigían la ordenación sacerdotal de la mujer. Ellas ya conocían la inquietante respuesta de la Santa Sede: es igual de pecaminoso el sacerdocio femenino que la pederastia. Equiparación cuya intención no ha sido ofender (¡aun más!) a las mujeres, sino rebajar el grado de la criminalidad que hay en el abuso a decenas de miles de niños.
El Vaticano como Estado es el único del mundo donde las mujeres aun no tienen derecho a voto. Pero, aunque se tiñan de rosa todas las instituciones religiosas del mundo y con mujeres en sus cónclaves, no cambiará nada si los textos sagrados, la fuente principal de la violencia física, psicológica y económica que sufre la mujer en nombre de Dios, no se conviertan en objeto de estudios críticos. Las interpretaciones “progresistas” que menosprecian la inteligencia y el conocimiento de la audiencia, solo retrasan aun más estas reformas tan necesarias para los derechos de las propias mujeres creyentes. Estas instituciones arcaicas, oscuras y con ideas antinaturales, han sobrevivido a lo largo de la historia, principalmente, gracias a la manipulación de los complejos sentimientos religiosos de sus feligreses, utilizando la pedagogía del terror terrenal y celestial, esperanza, castigo y recompensa, dependencia económica, etc., y quienes las gestionan no cambiarán su estructura si hasta hoy les ha dado magníficos beneficios sin traba alguna.
No deja de ser otra trampa que las activistas judías, cristianas y musulmanas presenten su afán de manejar el poder, como la lucha “feminista” sin reformar la mirada vejatoria y misógina de dichos textos hacia la mujer. Si no, se convertirán en otro transmisor de la visión del hombre primitivo sobre la mitad de la humanidad.
Las llamadas “feministas islámicas”, nacieron en la década de 1990 en Irán, una vez que fue aplastado el movimiento laico de la mujer. Eran esposas e hijas de las autoridades del país, que empezaron a sufrir en su propia piel lo que significa ser considerada menor de edad eternamente con incapacidad mental incluida, y necesitada de un tutor varón aunque tuviera 50 años y varios títulos universitarios. Sus intentos de “interpretar” las leyes coránicas a favor de la mujer fueron frustradas: ningún ayatolá estaba dispuesto a ceder ni un ápice de los derechos divinizados masculinos. Pues, el problema principal no está en los líderes-hombres de la religión, sino en la propia cosmovisión y por ende en su “programa” político-social.
¿Cómo ven estas mujeres los mil y un consejos de los “Libros” a los hombres sobre cómo oprimir, golpear, torturar, violar y matar a las mujeres, incluso sin motivo alguno? Todos conocéis el relato de Lot del libro Génesis, el mismo utilizado por los homosexuales cristianos cuando intentan dar otra explicación al motivo de la destrucción de Sodoma. Sería tema de otro artículo la homosexualidad en la Biblia y en el Corán. Lo que nos interesa aquí es mostrar hasta qué punto un hecho escalofriante de un relato tantas veces narrado, no ha levantado la ira de nuestras “activistas”, cuando Lot dice: “Yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado”.
Qué clase de padre puede proponer a unos hombres violar a sus dos hijas que, siendo vírgenes, deberían tener menos de 12-13 años, pues a esta edad ya estarían casadas. Si tan hospitalario era, ¿por qué no se ofreció él mismo? Han integrado la violencia contra la mujer en nuestras culturas hasta tal punto que han anulado nuestra capacidad de reaccionar ante tales barbaries. Ahora que la derecha está devolviendo a Dios a las aulas, podría analizar cada uno de los capítulos de los libros sagrados, sin complejo, censura y miedo.
Que expliquen a los creyentes cómo puede llegar a ser profeta un señor como Abraham, que abandona a su propia esposa e hijo pequeño en el desierto para que muriesen de hambre y sed. Hoy estaría acusado de maltrato y dos intentos de asesinato. Y aun hay madres que ponen el nombre “ibri” y derivados, a sus recién nacidos.
La plaga de pederastia que azota a la Iglesia no es fruto del celibato —la mayoría de los violadores de niños están casados e incluso abusan de sus propios hijos—, sino del machismo que autoriza al hombre ejercer el poder sobre la mujer y sobre los niños. Se trata de un patriarcado que durante siglos ha sido santificado bajo la firma del propio Creador.
No hace mucho, la religión se presentaba como la última garante de la moral y ética en una sociedad capitalista que había creado a un nuevo Dios: el dinero. A los jefes religiosos hoy no les queda ni eso. Han podido servir a la vez “a Dios y a Mammón”, y a otras divinidades y demonios terrenales sin despeinarse.
Que las “feministas” religiosas pretendan aplicar la misma versión arcaica-patriarcal de su religión agravará el problema de la discriminación de la mujer.
De Creadora a criadora
Hubo un tiempo en que Dios fue mujer. Varios miles de figurillas encontradas en Mesopotamia, Sumeria y Susa, Perú, Rusia y China muestran hasta qué punto ellas dominaban el cielo de aquella gente y sin duda también su tierra. Eran las Creadoras, pese a que en la exposición titulada Siete mil años del arte persa y organizada por CaixaForum habían puesto la etiqueta “mujer” debajo de cada estatuilla: ¿Qué afán de negar su dimensión divina? Si se trataba de “mujeres”, ¿por qué no han encontrado miles de figuras de hombres, niños o ancianos? Al admitir la existencia de aquellas deidades, tendrían que cambiar su relato “creacionista” con la de “evolución de la especie” y de la sociedad humana, y eso despojaría la santidad y la eternidad al patriarcado.
La propiedad privada y la aparición de los primeros guerreros-héroes acabaron con el poder de las mujeres y también con las deidades femeninas. Las tablillas que muestran rostros de mujeres barbudas, exhiben este periodo de transición. A partir de ahora, solo eran “creadoras” de los herederos del hombre. Tarea tan primordial que en el islam una madre puede pedir recompensa económica al marido por amamantar a los hijos en común. ¿Un chollo? No: ella nunca es tutora de sus propios hijos. Se los arrancan cuando quieran.
Sorprende que las mismas mujeres menospreciadas por sus dioses, que les colocan en el Décimo Mandamiento junto con otras propiedades del hombre: el buey y el asno, sean las más fieles. Pues, obediencia más resignación, quizás sea igual a algo de paz en la “otra” vida.
En las sociedades capitalistas avanzadas las mujeres son el “segundo sexo” y se enfrentan a un techo de cristal para avanzar; donde la religión tiene peso, caen en la categoría de “subgénero” y se enfrenta a un techo de hormigón armado.
Este mundillo tenebroso vuelve a necesitar más Luz y más Razón.
33 comentarios:
#1 Comentario por entretierras
17/03/2013 10:08
La mujer ha de ser igual en cualquier lugar, pero para eso a lo mejor todos los seres humanos debemos de ser iguales; sin diferencia de clase, raza o género ... http://entretierras.net/2012/12/07/una-liberacion-necesaria/
#2 Comentario por ateo666666
17/03/2013 10:09
Estas personas alienadas, defensoras del mayor papel femenino en la iglesia, no entiende que la democracia y la igualdad no se construyen permitiendo el acceso de las minorías a entidades antidemocráticas y represoras. Así, no es igualitario luchar porque las mujeres puedan acceder a los títulos nobiliarios. Tampoco es democrático esforzarse por conseguir que los negros ingresen en el KKK o los judíos en el partido nacionalsocialista alemán. Nunca será integrador que la iglesia católica nombre a una mujer papisa o ya puestos que haya un papa homosexual declarado. Porque todo ello no cambia para nada la estructura real e ideológica de éstas organizaciones represoras nacidas de la superstición y del odio al diferente. Lo que en realidad hay que hacer por el contrario, es luchar por la desaparición de todas estas organizaciones símbolos evidentes de la discriminación, la intolerancia y el fanatismo sectario. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2012/11/el-oximoron-de-la-igualdad-entre-sexos.html
nte a Dios y sus hombres
17 mar 2013
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Fumata rosa, contra el humo negro y blanco del Vaticano. Así, las activistas católicas exigían la ordenación sacerdotal de la mujer. Ellas ya conocían la inquietante respuesta de la Santa Sede: es igual de pecaminoso el sacerdocio femenino que la pederastia. Equiparación cuya intención no ha sido ofender (¡aun más!) a las mujeres, sino rebajar el grado de la criminalidad que hay en el abuso a decenas de miles de niños.
El Vaticano como Estado es el único del mundo donde las mujeres aun no tienen derecho a voto. Pero, aunque se tiñan de rosa todas las instituciones religiosas del mundo y con mujeres en sus cónclaves, no cambiará nada si los textos sagrados, la fuente principal de la violencia física, psicológica y económica que sufre la mujer en nombre de Dios, no se conviertan en objeto de estudios críticos. Las interpretaciones “progresistas” que menosprecian la inteligencia y el conocimiento de la audiencia, solo retrasan aun más estas reformas tan necesarias para los derechos de las propias mujeres creyentes. Estas instituciones arcaicas, oscuras y con ideas antinaturales, han sobrevivido a lo largo de la historia, principalmente, gracias a la manipulación de los complejos sentimientos religiosos de sus feligreses, utilizando la pedagogía del terror terrenal y celestial, esperanza, castigo y recompensa, dependencia económica, etc., y quienes las gestionan no cambiarán su estructura si hasta hoy les ha dado magníficos beneficios sin traba alguna.
No deja de ser otra trampa que las activistas judías, cristianas y musulmanas presenten su afán de manejar el poder, como la lucha “feminista” sin reformar la mirada vejatoria y misógina de dichos textos hacia la mujer. Si no, se convertirán en otro transmisor de la visión del hombre primitivo sobre la mitad de la humanidad.
Las llamadas “feministas islámicas”, nacieron en la década de 1990 en Irán, una vez que fue aplastado el movimiento laico de la mujer. Eran esposas e hijas de las autoridades del país, que empezaron a sufrir en su propia piel lo que significa ser considerada menor de edad eternamente con incapacidad mental incluida, y necesitada de un tutor varón aunque tuviera 50 años y varios títulos universitarios. Sus intentos de “interpretar” las leyes coránicas a favor de la mujer fueron frustradas: ningún ayatolá estaba dispuesto a ceder ni un ápice de los derechos divinizados masculinos. Pues, el problema principal no está en los líderes-hombres de la religión, sino en la propia cosmovisión y por ende en su “programa” político-social.
¿Cómo ven estas mujeres los mil y un consejos de los “Libros” a los hombres sobre cómo oprimir, golpear, torturar, violar y matar a las mujeres, incluso sin motivo alguno? Todos conocéis el relato de Lot del libro Génesis, el mismo utilizado por los homosexuales cristianos cuando intentan dar otra explicación al motivo de la destrucción de Sodoma. Sería tema de otro artículo la homosexualidad en la Biblia y en el Corán. Lo que nos interesa aquí es mostrar hasta qué punto un hecho escalofriante de un relato tantas veces narrado, no ha levantado la ira de nuestras “activistas”, cuando Lot dice: “Yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado”.
Qué clase de padre puede proponer a unos hombres violar a sus dos hijas que, siendo vírgenes, deberían tener menos de 12-13 años, pues a esta edad ya estarían casadas. Si tan hospitalario era, ¿por qué no se ofreció él mismo? Han integrado la violencia contra la mujer en nuestras culturas hasta tal punto que han anulado nuestra capacidad de reaccionar ante tales barbaries. Ahora que la derecha está devolviendo a Dios a las aulas, podría analizar cada uno de los capítulos de los libros sagrados, sin complejo, censura y miedo.
Que expliquen a los creyentes cómo puede llegar a ser profeta un señor como Abraham, que abandona a su propia esposa e hijo pequeño en el desierto para que muriesen de hambre y sed. Hoy estaría acusado de maltrato y dos intentos de asesinato. Y aun hay madres que ponen el nombre “ibri” y derivados, a sus recién nacidos.
La plaga de pederastia que azota a la Iglesia no es fruto del celibato —la mayoría de los violadores de niños están casados e incluso abusan de sus propios hijos—, sino del machismo que autoriza al hombre ejercer el poder sobre la mujer y sobre los niños. Se trata de un patriarcado que durante siglos ha sido santificado bajo la firma del propio Creador.
No hace mucho, la religión se presentaba como la última garante de la moral y ética en una sociedad capitalista que había creado a un nuevo Dios: el dinero. A los jefes religiosos hoy no les queda ni eso. Han podido servir a la vez “a Dios y a Mammón”, y a otras divinidades y demonios terrenales sin despeinarse.
Que las “feministas” religiosas pretendan aplicar la misma versión arcaica-patriarcal de su religión agravará el problema de la discriminación de la mujer.
De Creadora a criadora
Hubo un tiempo en que Dios fue mujer. Varios miles de figurillas encontradas en Mesopotamia, Sumeria y Susa, Perú, Rusia y China muestran hasta qué punto ellas dominaban el cielo de aquella gente y sin duda también su tierra. Eran las Creadoras, pese a que en la exposición titulada Siete mil años del arte persa y organizada por CaixaForum habían puesto la etiqueta “mujer” debajo de cada estatuilla: ¿Qué afán de negar su dimensión divina? Si se trataba de “mujeres”, ¿por qué no han encontrado miles de figuras de hombres, niños o ancianos? Al admitir la existencia de aquellas deidades, tendrían que cambiar su relato “creacionista” con la de “evolución de la especie” y de la sociedad humana, y eso despojaría la santidad y la eternidad al patriarcado.
La propiedad privada y la aparición de los primeros guerreros-héroes acabaron con el poder de las mujeres y también con las deidades femeninas. Las tablillas que muestran rostros de mujeres barbudas, exhiben este periodo de transición. A partir de ahora, solo eran “creadoras” de los herederos del hombre. Tarea tan primordial que en el islam una madre puede pedir recompensa económica al marido por amamantar a los hijos en común. ¿Un chollo? No: ella nunca es tutora de sus propios hijos. Se los arrancan cuando quieran.
Sorprende que las mismas mujeres menospreciadas por sus dioses, que les colocan en el Décimo Mandamiento junto con otras propiedades del hombre: el buey y el asno, sean las más fieles. Pues, obediencia más resignación, quizás sea igual a algo de paz en la “otra” vida.
En las sociedades capitalistas avanzadas las mujeres son el “segundo sexo” y se enfrentan a un techo de cristal para avanzar; donde la religión tiene peso, caen en la categoría de “subgénero” y se enfrenta a un techo de hormigón armado.
Este mundillo tenebroso vuelve a necesitar más Luz y más Razón.
33 comentarios:
#1 Comentario por entretierras
17/03/2013 10:08
La mujer ha de ser igual en cualquier lugar, pero para eso a lo mejor todos los seres humanos debemos de ser iguales; sin diferencia de clase, raza o género ... http://entretierras.net/2012/12/07/una-liberacion-necesaria/
#2 Comentario por ateo666666
17/03/2013 10:09
Estas personas alienadas, defensoras del mayor papel femenino en la iglesia, no entiende que la democracia y la igualdad no se construyen permitiendo el acceso de las minorías a entidades antidemocráticas y represoras. Así, no es igualitario luchar porque las mujeres puedan acceder a los títulos nobiliarios. Tampoco es democrático esforzarse por conseguir que los negros ingresen en el KKK o los judíos en el partido nacionalsocialista alemán. Nunca será integrador que la iglesia católica nombre a una mujer papisa o ya puestos que haya un papa homosexual declarado. Porque todo ello no cambia para nada la estructura real e ideológica de éstas organizaciones represoras nacidas de la superstición y del odio al diferente. Lo que en realidad hay que hacer por el contrario, es luchar por la desaparición de todas estas organizaciones símbolos evidentes de la discriminación, la intolerancia y el fanatismo sectario. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2012/11/el-oximoron-de-la-igualdad-entre-sexos.html
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