martes, 27 de noviembre de 2018

Comentario del santo evangelio según san Lucas (19,11-28)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,11-28):
EN aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida. Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”. Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”. Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”. Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”. El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”. A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”. El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”. Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”. Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”. Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”. Os digo: “Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”». Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén. 
Palabra de Dios
1. Esta parábola no es sino una versión distinta de la parábola de los talentos (Mt 25, 14-30). Pero la enseñanza es la misma: el Dios, que nos vino a revelar Jesús no soporta a los que le tienen miedo. Porque el miedo, representado en el que devolvió la onza tal como la recibió, paraliza, es improductivo y, sobre todo, desagrada a Dios.
2.  Lo peor que podemos hacer en esta vida es dejarnos llevar por el miedo, no solo en nuestras experiencias religiosas, sino en el conjunto de nuestra vida.  Una persona asustada y timorata no va a ninguna parte. Y no será sino una carga para quienes conviven con tal persona. Porque el miedo bloquea, inutiliza, paraliza y, al final, es la perdición del hombre asustado ante Dios y ante la sociedad y sus semejantes en general. Con lo cual estamos diciendo también que el peor servicio, que podemos hacerle a la causa del Evangelio y de la Iglesia, es dedicarnos a predicar el miedo a Dios y el miedo a las instituciones públicas, de la forma que sea. Lo que importa de verdad no es la responsabilidad angustiosa ante Dios y ante los demás, sino saber fiarnos tanto de Dios como de todos los que merecen nuestra confianza.
3. Esto es tan serio y tiene tal importancia, que debemos llegar hasta perder el miedo a pensar. Sentirse libre para pensar es el paso indispensable para ser una persona creativa y productiva. El que bloquea su propia mente será un inútil en la vida, por más que se empeñe en disimularlo.
José Ma. Casillo
La Religión de Jesús

No hay comentarios:

Publicar un comentario